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Cumplir la norma no garantiza salvación humana.

domingo, 2 de septiembre de 2018
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pilate_washes_his_hands-by-jan_lievensMc 7, 1-23

Terminado el paréntesis de los cinco domingos que hemos dedicado al c. 6 del evangelio de Jn, retomamos el de Mc. Después de la multiplicación de los panes. Jesús se encuentra en los alrededores del lago de Genesaret, en la parte más alejada de Jerusalén, donde eran mucho menos estrictos a la hora de vigilar el cumplimiento de las normas de purificación. No se trata de una trasgresión esporádica de los discípulos de Jesús. El problema lo suscitan los fariseos, llegados de Jerusalén, que venían precisamente a inspeccionar.

Hoy no se requieren mayores explicaciones. El texto contrapone la práctica de los discípulos con la enseñanza de los letrados y fariseos. Jesús se pone de parte de los discípulos, pero va mucho más lejos y nos advierte de que toda norma religiosa, escrita o no, tiene siempre un valor relativo. Cuando dice que nada que entra de fuera puede hacer al hombre impuro, está dejando muy claro que la voluntad de Dios no viene de fuera; solo se puede descubrir en el interior y está más allá de toda Ley.

Podemos seguir manteniendo la Ley y la tradición como norma, pero no debemos olvidar que Jesús desbarató el sentido absoluto que le daban los fariseos. Hoy sabemos que Dios no ha dado directamente ninguna norma. Dios no tiene una voluntad que pueda comunicarnos por medio del lenguaje, porque no tiene nada que decir ni nada que dar. La Escritura es una experiencia personal sancionada por la aceptación de un pueblo. Las experiencias del Éxodo las vivió el pueblo en el s. XIII a. de C., pero se pusieron por escrito a partir del VIII. Los evangelios se escribieron 50 años después de morir Jesús.

Todas las normas que podemos meter en conceptos son preceptos humanos; no pueden tener valor absoluto. Un precepto que puede ser adecuado para una época, puede perder su sentido en otra. Es más, las normas morales tienen que estar cambiando siempre, porque el hombre va conociendo mejor su propio ser y la realidad en la que vive. El número de realidades que nos afectan está creciendo cada día. Las normas antiguas puede no servir para resolver situaciones nuevas. Algunas cosas, que eran importantes para el ser humano en el pasado, han perdido ahora todo interés en orden a dar plenitud humana.

En todas las religiones las normas se dan en nombre de Dios. Esto tiene consecuencias desastrosas si no se entiende bien. Todas las leyes son humanas. Cuando esas normas surgen de una experiencia auténtica y profunda de lo que debe ser un ser humano y nos ayudan a conseguir nuestra plenitud, podemos llamarlas divinas. La voluntad de Dios no es más que nuestro propio ser en cuanto perfeccionable. Eso que puedo llegar a ser y aun no soy, es la voluntad de Dios. Dios es un ser simple que no tiene partes. Todo lo que tiene lo es, todo lo que hace lo es. No existe nada fuera de Él y nada puede darnos que no sea Él.

El precepto de lavarse las manos antes de comer no era más que una norma elemental de higiene, para que las enfermedades infecciosas no hicieran estragos entre aquella población que vivía en contacto con la tierra y los animales. Si la prohibición no se hacía en nombre de Dios, nadie hubiera hecho puñetero caso. Esto no deja de tener su sentido. Si comer carne de cerdo producía la triquinosis, y por lo tanto la muerte, Dios no podía querer que comieras esa carne, y además si lo comías, te castigaba con la muerte.

Lo que critica Jesús, no es la Ley como tal, sino la interpretación que hacían de ella. En nombre de esa Ley, oprimían a la gente y le imponían verdaderas torturas con la promesa o la amenaza de que solo así, Dios estaría de su parte. Daban a la Ley valor absoluto. Todas las normas tenían la misma importancia, porque su único valor era que estaban dadas por Dios. Esto es lo que Jesús no puede aceptar. Toda norma, tanto al ser formulada como al ser cumplida, tiene que tener como fin primero el bien del hombre. Ni siquiera podemos poner por delante a Dios, porque el único bien de Dios es el del hombre.

Las normas de la religión son normas en las que se recoge lo mejor de la experiencia humana, que buscan el bien del hombre. Los diez mandamientos intentan posibilitar la convivencia  de una serie de tribus dispersas y con muy poca capacidad de hacer grupo. En aquella época, cada país, cada grupo, cada familia tenía su dios. Para hacer un pueblo unido, era imprescindible un dios único. De ahí los mandamientos de la primera tabla. Los otros van encaminados a hacer posible una convivencia, sin destruirse unos a otros.

La segunda enseñanza es consecuencia de esta: No hay una esfera sagrada en la que Dios se mueve, y otra profana de la que Dios está ausente. En la realidad creada no existe nada impuro. Tampoco tiene sentido la distinción entre hombre puro y hombre impuro, a partir de situaciones ajenas a su voluntad. Por eso la pureza nunca puede ser consecuencia de prácticas rituales ni sacramentales. La única impureza que existe la pone el hombre cuando busca su propio interés a costa de los demás.

Las tradiciones son la principal riqueza de un colectivo, hay que valorarlas y respetarlas en grado sumo. La tradición es la cristalización de las experiencias ancestrales de los que nos han precedido. Sin esa experiencia acumulada, ninguno de nosotros podríamos alcanzar el nivel de humanidad que tenemos. Pero no podemos dar valor absoluto a ese bagaje, porque lo convertiremos en un lastre que nos impide avanzar hacia mayor humanidad. En el instante en que nos impida ser más humanos, debemos abandonarla. Es lo que quiere decir Jesús: dejáis a un lado la voluntad de Dios por aferraros a las tradiciones de los hombres.

Todo el que pretenda daros leyes en nombre de Dios, os está engañando. La voluntad de Dios, o la encuentras dentro de ti, o no la encontrarás nunca. Lo que Dios quiere de ti, está inscrito en tu mismo ser, y en él tienes que descubrirla. Es muy difícil entrar dentro de uno mismo y descubrir las exigencias de mi verdadero ser. Por eso hacemos muy bien en aprovechar la experiencia de otros seres humanos que se distinguieron por su vivencia y nos han trasmitido lo que descubrieron. Gracias a esos pioneros del Espíritu, la humanidad va avanzando en el camino de una mayor dedicación a los demás, superando el egoísmo.

Todo lo que nos enseñó Jesús, es la manifestación de su de su ser más profundo. “Todo lo que he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer”. Esa experiencia completamente original, hizo que muchas normas de su religión se tambaleasen. La Ley hay que cumplirla porque me lleva a la plenitud humana. Para los fariseos, el precepto hay que cumplirlo por ser precepto, no porque ayude a ser humano. El tema no puede ser más actual. En la medida que hoy seguimos en esta postura “farisaica”, nos estamos apartando del evangelio.

El obrar sigue al ser, decían los escolásticos. Lo que haya dentro de ti, es lo que se manifestará en tus obras. Es lo que sale de dentro lo que determina la calidad de una persona. Yo diría: lo que hay dentro de ti, aunque no salga, porque lo que sale puede ser una pura programación. Lo que comas te puede sentar bien o hacerte daño, pero no afecta a tu espíritu. La trampa está en confiar más en la práctica externa que en la actitud interna. Las prácticas religiosas pueden ser una coartada para dispensarnos de ser.

Meditación-contemplación

Todo culto, que no proceda del corazón
y no lleve a descubrir la cercanía de Dios, es inútil.
Los ritos, ceremonias, sacramentos y oraciones
son útiles en la medida que me llevan al interior de mí mismo,
y me hagan descubrir lo que Dios es para mí en ese instante.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Religiosidad verdadera.

domingo, 2 de septiembre de 2018
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abriendo-puertas1“En un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres.” (Suetonio) 

2 de septiembre. Domingo XXII del TO

Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23

¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los mayores, sino que comen con manos impuras?

Jesús no ignora las tradiciones de sus antepasados, pero combate el concepto legalista de las mismas que, en 2, 21 pone un ejemplo -el del trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo- que justifica esta doctrina. Sus discípulos, a imitación del Maestro, habían empezado ya a liberarse de leyes que esclavizan y no están al servicio de la vida. “Como raposos entre ruinas son tus profetas, Israel”, decía el profeta Ezequiel en 13, 4. Y Jeremías en 23, 1, “¡Ay de los pastores que dispersan y extravían mi rebaño!”.

La libertad es la experiencia esencial de la vida humana. El tema de la libertad es fundamental para entender el Evangelio, porque el mensaje de Jesús es un mensaje liberador: “A los judíos que habían creído en él les dijo: Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis realmente discípulos míos, entenderéis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn  8, 31). El Maestro de Nazaret fue siempre un hombre soberanamente libre y se opuso a toda forma de opresión: ante la Ley: “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27); ante la familia: “Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo: Mirad, estos son mi madre y mis hermanos” (Mc 3, 34), ante las costumbres de su tiempo: “Tú no me diste el beso de saludo; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies” (Lc 7, 45); ante el templo (Jn 4, 21): “Créeme, mujer, llega el momento en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre” (Jn 4, 21).

Los poemas de Hesíodo (s. VII a. C.), poeta de la Antigua Grecia, abrieron la conciencia individual al hombre antiguo, el reconocimiento a un Derecho sancionado por la divinidad y, lo que es más importante, a la organización espacial y temporal, religiosa e histórica del mundo. Una de las figuras más destacadas, entre las ninfas era Lisianasa, señora de la libertad de encantadora figura y belleza que, con hermosa forma de sirena, nada libremente por los espacios del mar sin que la embriden las olas gobernadas por Neptuno. John William Waterhouse pintó una de ellas a principios del XIX en estilo prerrafaelista. La criatura mitológica peina su blonda cabellera, y brilla en todo su esplendor con proporciones, luminosidad, colores, fondo y movimiento. Actualmente se encuentra en la Royal Academy, Londres, Reino Unido. ¿Será también el suyo, como el de Jesús, un pincel libre de una legalidad que oprime las conciencias?

El occidente medieval vivió toda una serie de transformaciones de carácter sociocultural, y espiritual del siglo XI al XIV en todos los estratos sociales. Una auténtica rebelión contra el poder y el orden establecido por la Iglesia oficial. La beguina Margarita Porete (1250-1310) fue una mística radical declarada herética y quemada en la hoguera por la Inquisición por no negar ni prohibir la difusión de su obra Espejo de las almas simples y anonadadas.

En una semana de contacto que tuve la suerte de participar en unas sesiones con el Dalai Lama en Freiburg (Alemania) hace unos diez años, a la pregunta de ¿cuál es para Vd. la mejor religión? La respuesta fue rápida y taxativa: “La que a Vd. le haga más feliz”. Aquella noche dormí a pierna suelta con la conciencia plenamente tranquila, pues como ya decía Sócrates: “La buena conciencia es la mejor almohada para dormir.

El historiador y biógrafo Gayo Suetonio (70-126) escribió: “En un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres”. Porque, como entona mi Poema de hoy, el viento vive libre en mi casa / y vive bajo mi techo. Y como en mí, en el de toda persona que se precia de ser libre.

 PUERTAS AL VIENTO

¿Hay osado que se atreva
a poner puertas al viento?

Mis murallas personales,
derribadas hace tiempo
están abiertas al campo.

No hay alarmas ni porteros
que me den la voz de alarma
en mis vigilias o sueños.

El viento es libre en mi casa,
y vive bajo mi techo:
Yo le acojo y él me acoge.

Mis murallas se rindieron
a sus vitales poderes
y al soñar de su misterio.

Él me inhala, yo le inhalo,
él me siente, yo le siento,

Somos una misma vida
que vive en un mismo cuerpo.
¡¡En él estamos fundidos
en un solo ser eterno!!

*

(El legendario reino de los sentimientos.
Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Religión es relación.

domingo, 2 de septiembre de 2018
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18_01_11_abriendo_fronteras-1No dejes que la relación se convierta en rutina.

La primera lectura de ese domingo nos remonta al principio de la formación del pueblo de Israel. Pone el libro del Éxodo en boca de Moisés la Palabra de Dios que promete la posesión de la tierra, la sabiduría e inteligencia y sobre todo la cercanía de ese mismo Dios. Los preceptos y mandatos que se derivan de esta relación son siempre en beneficio del prójimo. El pueblo judío conservaba esta tradición pasada de unas generaciones a otras como algo sagrado, intocable.

En la liturgia dominical la primera lectura y el evangelio están siempre profundamente relacionados. Los garantes de la ley, fariseos y letrados critican a los discípulos de Jesús por no llevar esta tradición a rajatabla y le cuestionan a Jesús por ello.

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. Is.29, 13a, cita Jesús para mencionar una relación que se ha anquilosado con el paso del tiempo. “El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Is.29, 13b; simple rutina, añade otra traducción.

Mientras el pueblo de Dios estaba en camino, a la intemperie, viviendo el día a día, sin saber muy bien a dónde se dirigían necesitaban de un Dios cercano, protector. Con el paso del tiempo y el asentamiento los intereses iban por otro lado y convenía más un Dios lejano que no se entrometiera mucho en su día a día. Los preceptos sirven ahora para distinguir a los que están dentro de los que están fuera, los que pertenecen a los elegidos y los que no. Incluso ayudan a no seguir la propia conciencia y auto engañarse.

Eso es lo que capta Jesús y denuncia claramente: “Dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a las tradiciones de los hombres”. Mc 7, 8.

Cuando la religión (relación), se convierte en culto vacío, palabras que se lleva el viento, simple rutina, se acaba la vida y languidece hasta morir. Ya no hay sabiduría, (saboreo), ni inteligencia, ni cercanía de Dios.

La religión no puede ni debe anular la conciencia de la persona. Sería un engaño intentar acallar con preceptos y normas lo que la voz de Dios nos sugiere en el interior.

Formar esa conciencia es la tarea de todo ser humano para llegar a la plenitud de su ser. Por eso tampoco nos podemos dejar llevar por opiniones sin profunda reflexión personal.

De ahí nace la sabiduría fruto del saboreo uniendo mente y corazón. En esa cercanía de Dios que habita en mí y me conecta al universo se fragua mi identidad de hij@ de Dios hermana de tod@s. Cuando conecto con esta realidad toda mi vida se equilibra y cobra sentido. He dado con la fuente.

¿Cómo alcanzo yo esa sabiduría que anhelo profundamente?

“Nosotros somos la Tierra que camina, que piensa, que ama, que venera. Debemos aprender del universo, que es un sistema abierto, a estar también siempre abiertos y atentos para lo nuevo que pueda irrumpir”. Leonardo Boff

Carmen Notario

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No es lo mismo seguir a Jesús (Moral) que cumplir con la Ley.

domingo, 2 de septiembre de 2018
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seguimiento-de-jesusDel blog de Tomás Muro, La Verdad es Libre:

01. ALGUNAS ACLARACIONES PREVIAS.

v 1. FARISEOS. Grupo religioso y político caracterizado por el mantenimiento riguroso y exacto de la Ley escrita (Torá) como identidad nacional y religiosa. Tenían una gran estima de la Ley oral: Tradición de los mayores fielmente transmitida y que constituía un cuerpo de jurisprudencia que determinaba el comportamiento de los individuos).

LETRADOS (ESCRIBAS) DE JERUSALÉN. Responsables centrales de esa jurisprudencia, pertenecientes al movimiento fariseo. Ejercían una especie de derecho de inspección.

MORAL
es una palabra derivada del latín (mos-moris) y significa: costumbre/s. La moral es la regulación -el ordenamiento- de las costumbres, de los hábitos y comportamientos de la vida.

La vida hay que estructurarla, regularla.

v.2 MANOS IMPURAS: No se trata de una norma higiénica sino de la tradición de los mayores, sino de una pureza ritual indispensable en el AT para un trato adecuado con Dios.

A Dios no se puede acercar uno de cualquier manera.

CORAZÓN: era la sede (simbólica) de la interioridad humana consciente y responsable.

02. NACIMIENTO DE LA MORAL
La vida hay que estructurarla, configurarla, regularla: la familia, la sociedad, la educación, el trabajo, las fiestas, el tráfico, etc; hay que organizarlos. Tal regulación la realiza la moral, la ética y, en sus formas más concretas, el derecho (los diversos derechos).

Toda moral, todo comportamiento brota de lo que creemos y de lo que pensamos. Vivimos conforme a lo que creemos, aun con nuestras incoherencias (en términos cristianos, pecado).

Toda moral-ética no dependen de sí mismas, sino de la fe en que viva una persona, una iglesia, una sociedad, un pueblo.

o Pensemos, por ejemplo, que la moral islámica depende de la fe islámica. De la fe islámica se deriva el modo de entender el matrimonio, la mujer,la alimentación, el odio y persecución a los cristianos, etc.

o Auschwitz y la shoa no se habrían producido sin un “sueño del Reich”. La ética nazi dependía de la “fe e idealismos nazis (grandeza y superioridad de un pueblo, de una etnia, etc.)”.

o El archipiélago Gulag y las purgas de Stalin son consecuencia de una soñada “sociedad perfecta”.

o Si yo creo en un Dios que “no deja pasar una” y “el que la hace la paga”, estamos muy cerca de la moral en la que muchos de nosotros fuimos educados, moral a la que se quiere volver en muchos ambientes eclesiásticos.

Hoy en día hablamos mucho de crisis u ocaso de los valores (de la ética-moral), y, por tanto, solemos decir que hemos de inculcar valores. La intención es buena, pero los valores no existen en sí, dependen de la “fe” (o si no se es creyente del techo cultural en que vivamos). Infundir los valores por sí mismos puede constituir un voluntarismo que no hace bien y que servirá de muy poco. Se trata de comunicar una fe que valga la pena.

Nos comportamos (moral – ética) desde lo que creemos (fe, pensamiento, ideología).

03. EL MIEDO Y LA SEGURIDAD FRENTE A LA GRACIA Y LA LIBERTAD.

amerindia-congresoEl primer gran problema de la Iglesia fue el de los JUDAIZANTES: la tendencia legalista a cumplir estrictamente lo que ordenaba la ley del AT. Parte de los primeros cristianos no querían dejar el judaísmo como pauta moral y cultural.

Judaizante es la postura que busca la seguridad que proviene del derecho, del cumplimiento de la ley. Tal actitud ve la liturgia es estrictamente un vademecum de ritos. La teología es un prontuario de afirmaciones con pretensión de abarcar la Verdad y que ya casi nadie entiende. La moral un código de normas a cumplir.

A duras penas y con fuertes enfrentamientos, incluso rupturas, superaron -si lo lograron- este problema de romper con el Antiguo Testamento. Un buen sector de cristianos provenientes del AT querían permanecer en la ley de Moisés, en las purificaciones, alimentos puros e impuros, la circuncisión, etc. San Pablo fue el líder de la libertad, quien liberó a la iglesia naciente de tanta rémora legalista.

En el fondo es el miedo que tenemos en nuestro interior y, por tanto, la búsqueda de seguridad. El cumplimiento de la ley confiere una cierta satisfacción y seguridad, pero ello no significa que uno tenga buen corazón, ni tan siquiera significa que la ley cumplida sea buena ni nos vuelva buenos.

No es lo mismo cumplir que confiar, no es lo mismo Derecho Canónico que Gracia (gratuidad).

o Yo sé que si saco el DNI y tengo los “papeles” en regla, ya soy legal y nadie me puede decir nada. Si soy legal “me siento seguro, estoy asegurado”.

o Si tengo una seguridad social, Osakidetza, un buen dinero en el banco, ya estoy a buen recaudo.

o ¿Si cumplo con la ley estoy salvado?

Este esquema, este mecanismo lo aplicamos a Dios. Si cumplimos con las normas, ya estamos asegurados, nuestros miedos quedan despejados, (¿).

La tendencia judaizante es constante en la historia y también hoy en algunos ámbitos de nuestra iglesia estamos volviendo a una situación judaizante.

Esto se puede apreciar en la normativa que emanan los obispados: días de precepto y no precepto; se aprecia en la meticulosidad judaizante en la liturgia, en el lenguaje teológico, etc.

La cobarde exigencia al papa Francisco para que dimita o renuncie que ha hecho hace unos días el ex nuncio en Washington, Viganó, en el fondo no es sino la punta del iceberg del grupo ultraconservador lleno de miedo y con ansias del poder, que piensa que Francisco es excesivamente laxista y hay que volver a la más estricta observancia legalista.
(Cfr. Nota al final de esta liturgia).

04. LA MORAL DE JESÚS NO TIENE NI SU FUENTE, NI “SU SEDE” EN LA LEY, SINO EN EL INTERIOR DEL SER HUMANO. JESÚS FUE UN “ILEGAL”.

congresoJesús fue un hombre libre y liberador. Jesús no tiene ningún reparo en saltarse todas las leyes habidas y por haber en aras de salvar una vida, una persona.

o De hecho Jesús transgredió muchas normas y muchas leyes de la cultura-religión judía: la hemorroísa se acerca a Jesús, (hemo: sangre / reo: fluir: perdía sangre), y a los judíos no les estaba permitido tocar). Aquella mujer toca el manto de Jesús y quda curada.

o ¿A cuántos leprosos se acercó Jesús, los tocó y sanó? (los leprosos eran seres marginados que no podían acercarse a la convivencia de la vida normal).

o Jesús se acerca a ese mundo difícil de la epilepsia y enfermedades psíquicas. ¿Cuántos demonios echó Jesús?, (los endemoniados vivían igualmente a las afueras, en los cementerios, etc.

o Jesús se salta igualmente las prescripciones sobre la impureza de la muerte (Jesús está cerca de los que mueren a su alrededor: Lázaro, etc.).

o La mujer era menospreciada y postergada. Jesús no puso verjas de hierro para hablar con la samaritana, con la Magdalena, con la madre de Jairo y con otras muchas mujeres. De hecho es acusado de comer con toda clase de mujeres y pecadores, de tratar con samaritanos y paganos, extranjeros.

o Jesús tampoco anduvo muy fino y muy legal con el tinglado del Templo cuando les volcó las mesas del sistema religioso. Ese culto está vacío, son preceptos humanos.

Jesús está mucho más cerca de lo que habían dicho ya los profetas:

“Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos”. (Isaías 1, 14-15).

Yo quiero amor, no sacrificios, (Oseas 6,6)

Ya Ezequiel había anunciado que Dios arrancaría nuestro corazón de piedra (aludiendo a cuando la moral se convierte solamente en las piedras del Sinaí), y nos pondría un corazón humano, (Ez 36,24-28)

El bien y el mal no surgen de la mera confrontación matemática de un comportamiento con determinada ley eclesiástica o civil.

No todo lo legal es moralmente bueno. El sistema económico vigente es legal pero es profundamente inmoral; la pena de muerte es legal (al menos en determinados países y estados), pero es profundamente inmoral). (Gracias a Dios Francisco la ha quitado hace unos meses del catecismo de la Iglesia Católica). La legislación sobre los emigrantes y pateras será legal, pero antihumana y nada moral.

Del hecho de que una persona cumpliera con todas las normas y preceptos del Código de Derecho Canónico no se concluiría que fuese cristiano.

05. ES HERMOSO Y REALIZADOR SEGUIR A CRISTO.

BERNARD HÄRING, “padre de la nueva visión de la moral cristiana”, que brotó en torno al Vaticano II, publicó allá en los años conciliares una gran obra titulada: La ley de Cristo. La moral cristiana es el seguimiento de Cristo, no el cumplimiento de unas leyes: la moral cristiana es vivir libre y gozosamente conforme a Cristo. Y vivir conforme a Cristo hace personas.

Se trata de seguir a Cristo, no preceptos humanos.

Decía K. Rahner que, probablemente, en la Iglesia solamente existe un criterio moral: el amor. Es lo que decía San Agustín: ama y haz lo que quieras.

Tal vez suene un poco fuerte, pero hace pensar aquellas palabras de Paul Tillich:

Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias convicciones y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide -ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: el Nuevo Ser, el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera.

Es hermoso y realizador escuchar y seguir a Cristo: las bienaventuranzas, la paz, la libertad, “hoy estarás conmigo en el Paraíso”, amaos unos a otros, perdonar setenta veces siete…

Seguir a Cristo la moral cristiana no es un conjunto de leyes a cumplir, sino el estar con el Señor y vivir con él.

El bien hace bien a todos, el amor humaniza a todos. La moral de Jesús es: misericordia quiero y no sacrificios (Mt 12,7), porque un corazón contrito y humillado Dios no lo desprecia, (Salmo 50,12).

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Enjugar las lágrimas De Dios allí donde llora

sábado, 1 de septiembre de 2018
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Vino la Segunda Guerra Mundial, con todo el dolor que quedó grabado de manera indeleble en mi memoria. No quise tomar partido sino por el amor y contra el odio. En un país oprimido por la ocupación enemiga, sostuve que los cristianos están obligados a amar a sus enemigos y que defraudarlos sistemáticamente con las pruebas normales y las manifestaciones del amor fraterno es pecado grave. Tuve amigos entre los comunistas y en el Ejército alemán, entre los colaboracionistas, en la Resistencia y entre los voluntarios que combatían contra los rusos en el frente oriental. Eso me trajo a menudo dificultades.

Y es que casi todos los que se comprometían personalmente estaban convencidos de que la patria, Europa, Dios, el Orden Nuevo y todos los restantes ideales únicamente podían ser servidos de una sola manera: la que ellos mismos consideraban justa.

Después de la guerra, puse la misericordia por encima del derecho. Mendigué amor para el enemigo derrotado. Defendí a los inermes, a los prisioneros, a los expulsados de sus casas y de sus tierras, a los perseguidos, a los pobres y a los oprimidos.

Esto fue el comienzo de mi verdadera vocación. La esencia de mi vocación consiste en enjugar las lágrimas de Dios allí donde llore. Como es natural, Dios no llora en los cielos, donde mora en una luz inaccesible y goza eternamente de su felicidad infinita.

Sus lágrimas corren, sin interrupción, por el rostro divino de Jesús, que, aun siendo uno con el Padre celestial, aquí, en la tierra, sobrevive y sufre, está hambriento y es perseguido por los enemigos de los suyos. Las lágrimas de los pobres son las suyas, puesto que Jesús ha querido identificarse enteramente con ellos.

Y las lágrimas de Jesús son lágrimas de Dios.

*

W. van Straaten,
Donde Dios llora,
Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid 1971

***

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Rebajas.

jueves, 30 de agosto de 2018
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rebajas-de-verano-asi-seran-en-espana-2-960x480No me gusta comprar en una tienda que ponga sus productos en rebajas. Me está indicando que lo que ahora vale, luego valdrá menos. Si valen, valen ahora y más tarde. Las rebajas indican que se sienten agobiados y es preciso rebajar las ganancias para poder sobrevivir.

Encuentro que es una invitación al consumo, porque ya que está tan barato, voy a comprar… Y ¿si estuviesen prohibidas? Significaría que los productos están ofrecidos a su auténtico valor. Así jugamos, todos, un poco al engaño. Y lógicamente, debo esperar a que se rebajen los precios de aquello que antes costaba más.

Las rebajas me recuerdan a los partidos políticos que prometen unas cosas y luego rebajan aquello y “se hace lo que se puede”. Veo que este sistema no educa, pues ya sé que lo que me dicen y me prometen, luego se va a quedar reducido a la mitad. Se da carta de normalidad a no pensar bien lo que ofrezco antes de ponerlo en el escaparate del programa político.

Cierto que es precisa la comprensión y atender a las circunstancias, pero sin dejar nunca de pensar y valorar las cosas por lo que son y valen realmente.

¿Educa este sistema económico? Porque actualmente lo que interesa es que funcione el negocio… La educación es de otro ministerio.

También hay rebajas en nuestro cristianismo. Por ejemplo, la pobreza o las bienaventuranzas que Jesús plantea a todo seguidor suyo, las hemos reducido y aplicado solamente a los miembros de vida consagrada. Y Jesús lo que dice es para todo seguidor suyo: “Si quieres seguirme, deja lo que tienes, dáselo a los pobres y luego, ven y sígueme”. Y detrás de las rebajas religiosas, hemos reducido el evangelio a religiosidad.

Detrás de las rebajas religiosas está el ansia de número, de multitudes, de búsqueda de un Dios protector y tapagujeros.

Con las rebajas del evangelio, nos quedamos en fórmulas, en ritos, pero no llegamos a construir el reinado de Dios. Y eso es lo que quiere y nos plantea Jesús. Aunque seamos pocos, que tengamos la vitalidad de la mostaza.

En época de rebajas, busquemos los productos auténticos, aunque cueste, como el seguimiento de Jesús. No queremos sucedáneos, aunque eso traiga multitudes.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta.

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Tú solo tienes palabras de Vida eterna

domingo, 26 de agosto de 2018
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Cristo en el Otero y Campesino Ibérico oteando

Imagen: Cristo en el Otero y Campesino Ibérico oteando (Palencia)

*

Te busco desde siempre. No te he visto
nunca. ¿Voy tras tus huellas? Las rastreo
con ansia, con angustia, y no las veo.
Sé que no sé buscarte, y no desisto.

¿Qué me induce a seguirte? ¿Por qué insisto
en descubrir tu rastro? Mi deseo
no sé si es fe. No sé. No sé si creo
en algo, ¿en qué? No sé. No sé si existo.

Pero, señor de mis andanzas, Cristo
de mis tinieblas, oye mi jadeo.
No sufro ya la vida ni resisto

la noche. Y si amanece, y yo no veo
el alba, no podré decirte: “He visto
tu luz, tus pasos en la tierra, y creo”.

*

Juan José Domenchina
incluido en Dios en la poesía actual (B.A.C., Madrid, 1970,
selec. de Ernestina de Champourcin).

***

 

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

“Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

“¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. “

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:

-“Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce:

-“¿También vosotros queréis marcharos?”

Simón Pedro le contestó:

-“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

*

Juan 6, 60-69

***

La experiencia de los que se encuentran en misión es que sólo rara vez es posible ofrecer el pan que da la vida y curar verdaderamente un corazón que ha sido destrozado. Ni siquiera el mismo Jesús curó a todos, ni tampoco cambió la vida cíe todos.

        La mayor parte de la gente simplemente no cree que sean posibles los cambios radicales. Los que se encuentran en misión sienten el deber de desafiar persistentemente a sus compañeros de viaje a escoger la gratitud en vez del resentimiento, y la esperanza en vez de la desesperación. Las pocas veces en que se acepta este desafío son suficientes para nacer su vida digna de ser vivida. Ver aparecer una sonrisa en medio de las lágrimas significa ser testigo de un milagro: el milagro de la alegría. Desde el punto de vista estadístico, nada de todo esto es demasiado interesante. Los que te preguntan: ¿cuántas personas habéis reunido? ¿Cuántos cambios habéis aportado? ¿Cuántos males habéis curado? ¿Cuánta alegría habéis creado?, recibirán siempre respuestas decepcionantes. Ni Jesús ni sus seguidores tuvieron gran éxito. El mundo sigue siendo todavía un mundo oscuro, lleno de violencia, de corrupción, opresión y explotación. Probablemente, lo será siempre.

        La pregunta no es «¿a qué velocidad y cuántos?», sino «¿dónde y cuándo?». ¿Dónde se celebra la eucaristía? ¿Dónde están las personas que se reúnen en torno a la mesa partiendo el pan ¡untas? ¿Cuándo tiene lugar esto? […] ¿Hay personas que, en medio de este mundo que se encuentra bajo el poder del mal, viven con la conciencia de que él vive y mora dentro de nosotros, de que él ha superado el poder de la muerte y ha abierto el camino de la gloria? ¿Hay personas que se reúnen alrededor de la mesa y que hacen en memoria suya lo que él hizo? ¿Hay  personas que continúan contándose sus historias de esperanzas y que marchan juntas a ocuparse de sus semejantes, sin pretender resolver todos los problemas, sino llevar una sonrisa a un moribundo y una pequeña esperanza a un niño abandonado?

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H. J. M. Nouwen,
La fuerza de su presencia, Brescia 52000, pp. 85ss).

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“Pregunta decisiva”. 21 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,60-69)

domingo, 26 de agosto de 2018
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descubrir-a-jesucristo_560x280El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento, «muchos discípulos se retiraron y ya no iban con él».

Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo no las retira, sino que se reafirma más: «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida, pero algunos de vosotros no creen». Sus palabras parecen duras, pero transmiten vida, hacen vivir, pues contienen Espíritu de Dios.

Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva: «¿También vosotros queréis marcharos?». No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos, sino amigos. Si quieren, pueden volver a sus casas.

Una vez más, Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.

«Señor, ¿a quién iríamos?». No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente. Si no siguen a Jesús, se quedarán sin saber a quién seguir. No han de precipitarse. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.

Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte? ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?

Hay algo que Pedro no olvida: «Tus palabras dan vida eterna». Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Dónde podrían encontrar una noticia mejor de Dios?

Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús ha descubierto que viene del misterio de Dios. Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: «Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». Seguirán junto a Jesús.

José Antonio Pagola

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“¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.” Domingo 26 de agosto de 2018. Domingo 21 º ordinario

domingo, 26 de agosto de 2018
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47-ordinarioB21 cerezoDe Koinonia:

Josué 24, 1-2a. 15-17.18b: Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!
Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Efesios 5, 21 – 32: Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
Juan 6, 60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Josué organiza la gran asamblea de Siquem, como la reunión constitutiva del pueblo de las tribus. Es el punto de partida de un movimiento nuevo que arranca del Éxodo. El pueblo debe aceptar su nueva identidad teológica, social, cultural. Es fundamental identificar al Dios del Éxodo: el que ve la opresión del pueblo, el que oye el griterío de dolor y conoce sus sufrimientos, el que está decidido a bajar para librarlo del poder de los opresores (Ex 3,7-8). El Dios de sus Padres, el Dios de la Historia.

Las tribus proceden de diferentes orígenes culturales, religiosos, étnicos, pero ahora se aglutinan, gracias a la fe en este Dios del éxodo, en un solo pueblo: Israel. Es la teología, la fe en Yahvé y no la sangre quien los compacta para una alianza tribal.

El corazón de esta alianza tribal es la fe común en este Dios de los pobres. Pero supone también, identificar a los dioses »extraños» a los dioses cananeos y egipcios, imágenes corrompidas de Dios, que generan esclavitud y muerte: un sistema de impuestos, una vida de esclavos, una religión opresora. Cambiar esos dioses por el Dios del Éxodo, fundando una sociedad de leyes para la vida, de reparto de la tierra, de culto nuevo basado en la pascua es el tema central de esta gran asamblea de Josué en Siquem.

Las tribus de Israel hacen un pacto de amor con este Dios de los pobres. Unos desposorios, como nos insinúa la carta a los Efesios. «Una Iglesia dócil al Mesías» «para hacerla radiante, sin mancha, ni arruga, ni nada parecido».

Las palabras de Jesús chocan con la mentalidad vigente. Hace veinte siglos parecía inadmisible que una persona pudiera comunicar un mensaje tan exigente y tan liberador. Hoy, seguimos en el mismo plan: tratamos de endulzar las palabras de Jesús para que no hieran nuestros prejuicios. Con frecuencia queremos convertir la palabra de Jesús en el ejercicio de un conjunto de ritos. Pero, la palabra de Jesús nos desestabiliza, nos desquicia y nos lleva a cuestionar la vida diaria. A veces, incluso, decimos como los discípulos. «Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? No obstante, si queremos seguir a Jesús, la única respuesta posible es un «sí» rotundo, un «amén» decidido y generoso. Queremos seguirlo y queremos ser como él. No deseamos contentarnos con los laureles que nos ofrece el mundo, sino que anhelamos caminar con el Nazareno la difícil y tortuosa vía del pueblo de Dios en la historia.

¡Qué útil sería examinar nuestras eucaristías…! ¿Generan un «movimiento de Jesús» en dirección hacia la Utopía solidaria de lo que Él llamaba Reino? ¿Van cambiando nuestro modo de pensar y actuar? ¿Nos hacen capaces de identificar las otras presencias del Dios entre los desheredados de la vida? El mismo Jesús, en cuya boca Juan puso estas palabras: «Yo soy el Pan de Vida», según Mateo también dijo: «tuve hambre y me diste de comer, cada vez que lo hicieron con mis hermanos más pequeños, era conmigo mismo con quien lo estaban haciendo» (Mt 25,35).

Completamos nuestra reflexión con palabras de José Antonio Pagola que continúan las que citábamos la semana pasada, sobre la forma actual de celebrar la Eucaristía: Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo. Leer más…

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26.8.18. Muchos entonces se fueron ¿Nos vamos también o seguimos con Cristo?

domingo, 26 de agosto de 2018
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39941017_1068105143366677_1754508159189254144_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 21, ciclo b. Jn 6, 60-69. Termina este domingo el “sermón de Jesús” sobre la Iglesia y muchos se marcharon, diciendo que “éste no es nuestro camino». A su lado quedaron sólo Pedro y unos pocos, diciendo que tiene palabras de vida, aunque no le entienden del todo tampoco.

Han pasado desde entonces veinte siglos, y muchos, que han venido y quedado hasta hoy con Jesús, el menos en sentido externo fundando una iglesia importante, aunque muy clerical, empiezan a marcharse otra vez, entrado este siglo XXI, pero con la diferencia de que ahora algunos de ellos echan en parte la culpa a Pedro y a sus clérigos, en medio de una gran catástrofe moral.

Con grandes dificultades, Pedro y sus amigos (compañeros) habían edificado a lo largo de siglos una iglesia, que era de gloria de propios y admiración de extraños… Pero, tras siglos de gloria externa, parece que la luz de la Iglesia se apaga, de forma que Jesús vuelve a mirar, como hizo entonces en Cafarnaúm, sintiéndose nuevamente solo (y alguno diría “mal acompañado”) y nos dice: ¿Os vais también vosotros?.

Aquella primera vez quedó Pedro (históricamente hacia finales del I d.C.), para fundar y dirigir un tipo de iglesia que ha tenido grandes valores. Pero hoy (2018) muchísimos cristianos se preguntan si no ha llegado de verdad la hora de marcharse de ella, de crear otra iglesia… o de apartarse para siempre de todas las iglesia? Quizá nunca se ha dado una crisis tan fuerte como ésta, de manera que muchos empiezan a sentirse perplejos, y piensan incluso en el fin de la Iglesia del Cristo de Pedro y de sus primeros seguidores. ¿Qué haremos?

39940243_1067573923419799_2292974243517825024_n‒ ¿Irse de Jesús, abandona la Iglesia?
‒ ¿Quedarse con Jesús, pero sin esta iglesia de Pedro?
— ¿No tener más Dios ni evangelio que el mercado, como indica la imagen?

Muchos han planteado unas preguntas como esas en este mismo portal (RD), echando la culpa a tirios y troyanos, clérigos y legos… No se puede resolver en unas línea, pero el evangelio de hoy nos ayuda a plantearlas mejor, pues indica que la crisis no es nueva, que hubo una parecido en los primeros decenios de la Iglesia, y que muchos marcharon, dejaron a Pedro y los doce. Así lo he querido mostrar de algún modo en las imágenes que he salpicado en el texto.

Entre ellas he querido poner cuatro principales (algunas se repiten):

1. Salir de la Iglesia o convertirla en mercado (como la de San Antonio de los Conventuales de Salamanca, convertida en área comercial).

2. ¿Cómo seguir en una iglesia antigua, oscura…? toda del pasado, sin más luz que la puerta de salida?

39983970_1069025539941304_7685582459928313856_n3. ¿Cómo seguir en una Iglesia que ha sacralizado hasta hoy (24.8.18) la llamada “cruzada” hispana, y a los 40 años de la muerte del Autócrata guerrero allí enterrado?

4. ¿Cómo seguir en una iglesia con un clero que, en parte pequeña pero significativa, ha podido apelar a su su poder «sagrado»para «utilizar» sexualmente a menores, de un modo mentiroso y quizá malvado?

Como he dicho, y vuelvo a repetir, en esta circunstancia, hoy mucho más que en tiempos del evangelio de Juan, millones de hombres y mujeres abandonan la práctica eclesial, al menos en el viejo Occidente. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?

‒ ¿Echar la culpa a Jesús, porque su mensaje está obsoleto y es hoy inviable?
‒ ¿Condenar a las “masas” de esta nueva sociedad, que no quiere ya consumo religioso?
‒ ¿Retomar el camino de Jesús como hicieron entonces Pedro y unos pocos… o dejar un tipo de iglesia de Pedro, para caminar con Jesús sin ella. ?

39982242_1069028803274311_6956065505740324864_n— La “historia” antigua del abandono de Jesús (proyectada hacia el tiempo de su vida), sucedió hacia el año 90-100 d.C., cuando una parte de las comunidades cristianas entraron en crisis y pasaron a una especie “gnosis” pre-cristiana, o dejaron simplemente de creer…

‒ Ahora, casi dos mil años más tarde, sentimos que vuelve un tipo de crisis semejantes: miles y millones de creyentes abandonan a Jesús, no pueden o no quieren escuchar su mensaje, ni seguir camino ¿Qué se puede hacer?
Responda cada uno tras leer este evangelio. Buen domingo a todos.

Texto. Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?
El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. «Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Gran desencanto

39957051_1068107646699760_5003574008633884672_nEn la mayor parte de los países “avanzados”, y en amplias capas sociales, sobre todo urbanas, de América Latina se está produciendo una fuerte ruptura, un gran desencanto ante los valores de un tipo de modernidad y cristianismo. Los grandes ideales de las revoluciones (sociales, económicas y culturales) no han llegado a cumplirse y muchos han perdido ya toda esperanza en la historia.

En este contexto, la fe religiosa que sostenía la vida de grandes capas de la población parece apagarse, y muchos (desde diversas perspectivas) afirman que no hay remedio, ni emancipación, ni redención posible.

Tres males

‒ El primero de los males es quizá la desintegración personal que crece allí donde, fallando los bienes tradicionales y el entorno afectivo, el hombre queda encerrado en sus propias limitaciones, sin saber qué hacer de sí mismo, y sin encontrar en Jesús una salida, en medio de una sociedad y un mercado de opulencia que ofrece mucho, pero que abandona a grandes masas y quita a muchos el deseo vivir.

‒ El segundo parece la crisis social de un mundo que no tiene más Dios que el dinero y el mercado… con la gran mayoría deiglesias de países como España convertidas en lamento del pasado, objeto de lucha económica (inmatriculaciones), simples museos… o centros comerciales como el de Salamanca.

39990203_1067573523419839_4504793782897606656_o‒ El tercero es un tipo de fracaso del estamento clerical… La Iglesia universal parece que había terminado por identificarse con el “clero”, como una gran empresa dirigida por “sacerdotes” (obispos, presbíteros) superiores… Pero el estamento clerical han tendido a convertirse en un tipo de superestructura ideológica, que quizá ha tenido y tiene grandes ideales, pero que está perdiendo el pie en la realidad (y quizá en el evangelio)

Las utopías de diverso tipo han perdido su capacidad de convocatoria, de manera que en boca de un tipo de iglesia el evangelio se a podido convertir en dys-angelia, la utopía del Reino en distopia.

‒ Por otra parte, las reacciones integristas de los poderes fácticos, encabezadas por grupos, económicos y nacionales, vinculados con frecuencia a las mismas iglesias, no han logrado cumplir sus promesas, ni han liberado al pueblo al que decían representar.

‒ El Estado ha perdido gran parte de las funciones que se le habían atribuido, cayendo en manos de una economía supra-estatal, dirigida por las grandes corporaciones-multinacionales, al servicio del Capital, convertido de hecho en único poder dominante.

En esa línea, más que signo de evangelio, buena nueva, cierta Iglesia parece convertirse en museo de ideas y experiencias ya muertas. En

Pedro dijo ¿dónde iremos?

39922771_1067579640085894_1477760193419804672_nEs esta momento, la Iglesia tiene que dejarlo todo (¡digo todo!), para dárselo a los pobres y para vivir en seguimiento de Jesús, como buena nueva de vida.

— fe en la libertad creadora de Jesús, en la libertad y autonomía de los hombres y mujeres…
— fe en el valor y tarea de la comunión por la que los hombres y mujeres crean “cuerpo” (se vuelven Cuerpo Mesiánico) como ha venido diciendo Jesús en el Sermón de la Carne y de la Sangre del Hijo del Hombre (Jn 6).

‒ No se trata de crear partidos religiosos, ni de bendecir naciones y estados, ni en mantenerse en lugares como el Valle de los Muertos, sino de animar y potenciar la vida personal y social, en libertad y solidaridad, en todos los planos, sin tomar el poder de ningún modo, pero potenciando el surgimiento de una conciencia más honda de humanidad concreta, personal y social, en libertad plena, en comunión social.

No se trata sólo de una comunión de meros “indignados” que protestan en contra de las condiciones sociales de injusticia que han surgido, pero es evidente que la unión de los cristianos en forma de Iglesia tiene un elemento fuerte de “protesta”, es decir, de indignación en contra del poder social injusto que domina en gran parte del mundo. Sin esta fuerte “reserva profética” al servicio de la justicia y de la solidaridad carece de sentido la iglesia.

Nosotros preguntamos: ¿Dónde iremos?

‒ Se trata de encarnar la autoridad liberadora de Jesús y su experiencia de comunión en un mundo que parece condenado a la expulsión y división social. La Iglesia no es un estado frente al Estado, pero tampoco es una institución meramente privada, sino que supera la oposición entre lo estatal y lo privado, situándose en el plano de lo “público”, no en línea de poder sino de autoridad social, como fermento de humanidad. Leer más…

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Abandono, seguimiento y traición. Domingo 21. Ciclo B.

domingo, 26 de agosto de 2018
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3b32a400-f8f1-4ffa-bc94-18d9c966940dDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado terminamos de leer el debate de Jesús sobre el pan de vida. Lo curioso, y extraño, es que el evangelista no cuenta la reacción final del auditorio. Anteriormente, en dos ocasiones, los judíos ha interrumpido a Jesús mostrando su desacuerdo. Ahora no dicen nada, como si no mereciera la pena seguir discutiendo. Sin embargo, se cuenta la reacción de los discípulos de Jesús, con dos posturas muy distintas (unos lo abandonan, otros lo siguen) y el aviso de la traición de uno de ellos.

Evangelio (Jn 6, 60-69)

En aquel tiempo muchos de los discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

-«Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?».

    Jesús, conociendo que sus discípulos hacían esas críticas, les dijo:

«¿Esto os escandaliza? ¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes! El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero entre vosotros hay algunos que no creen». (Jesús ya sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a traicionar).

Y añadió:

-«Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre».

     Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.

     Jesús preguntó a los doce:

«¿También vosotros queréis iros?».

   Simón Pedro le contestó:

-«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios».

Abandono

     «Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.» Es un momento de crisis muy fuerte. Hasta ahora, los discípulos de Jesús no han tenido ningún problema, aunque debemos reconocer que las noticias del cuarto evangelio sobre ellos son escasas hasta este momento. Ha contado la vocación de los cinco primeros (Juan, Andrés, Pedro, Felipe, Natanael), pero no la de los otros muchos que se fueron agregando, ni siquiera la elección del grupo de los Doce. Las referencias de pasada son positivas. En las bodas de Caná se dice que «creyeron en él» (Jn 2,11). Cuando purifica el templo, se acordaron de lo que dice un salmo («El celo por tu casa me devora») y justifican su actitud violenta (Jn 2,17). No lo conocen todavía muy a fondo, porque cuando les dice: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis», lo único que se les ocurre pensar es que alguien le ha traído de comer (Jn 4,32-33). En el importante episodio de la curación del enfermo de la piscina, con el largo discurso posterior de Jesús, el evangelista ni siquiera los menciona (Jn 5).

     Tras este extraño silencio, en la multiplicación de los panes y los peces y el debate en la sinagoga de Cafarnaúm, los discípulos adquieren gran protagonismo. Pero divididos en dos grupos: la mayoría y los Doce.

     La mayoría abandona a Jesús. ¿Por qué? Ellos lo justifican diciendo que «este discurso» (o` lo,goj ou-toj) es duro, intolerable, inadmisible. No se refieren solo a la idea de comer su carne y beber su sangre; se refieren a todo lo que ha dicho Jesús sobre sí mismo: que es el enviado de Dios, que ha bajado del cielo, que resucitará el último día a quien crea en él, que él es el verdadero pan de vida. En el fondo, comer el cuerpo y beber la sangre de Jesús equivalen a «tragárselo», a aceptarlo tal como él dice que es. Y eso, la mayoría de los discípulos, no está dispuesto a admitirlo. Lo han visto hacer milagros, pero eso no les extraña. También en el Antiguo Testamento se habla de personajes milagrosos. Sin embargo, ninguno de ellos, ni siquiera Moisés, dijo haber bajado del cielo y ser capaz de resucitar a alguien.

     Jesús interpreta el abandono desde un punto de vista muy distinto. Empieza echando leña al fuego: si se escandalizan de lo que ha dicho, podría darles más motivos de escándalo. El problema es que enfocan todo desde un punto de vista humano, carnal; y para creer en él hay que dejarse guiar por el espíritu. Pero esto solo lo consigue aquel a quien el Padre se lo concede. Estas palabras de Jesús resultan desconcertantes: por una parte, cargan la culpa sobre los discípulos que se sitúan ante él con una mirada puramente humana; por otra, responsabiliza a Dios Padre, ya que solo él puede conceder el acceso a Jesús («nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre»).

    Quizá el evangelista está pensando en los cristianos que han abandonado la comunidad a causa de las persecuciones o por cualquier otro motivo. ¿Qué les ha pasado a esas personas? ¿Es solo culpa suya? ¿Hay un aspecto misterioso, en el que parte de la culpa parece recaer sobre Dios? Pensando en la gente que conocemos y cómo han evolucionado en su vida de fe, estas preguntas siguen siendo de enorme actualidad.

Seguimiento

    El momento más dramático se cuenta con enorme concisión. Tras el abandono de muchos solo quedan los Doce. La pregunta de Jesús («¿También vosotros queréis iros»), sugiere cosas muy distintas: desilusión, esperanza, sensación de fracaso… La respuesta inmediata de Pedro, como portavoz de los Doce, recuerda a su confesión en Cesarea de Filipo, según la cuentan los Sinópticos: «Tú eres el Mesías».

     Pero hay unas diferencias interesantes. Pedro no comienza confesando, sino preguntándole: «Señor, ¿a quién iremos?» Abandonar a Jesús y volver a sus trabajos es algo que no se les pasa por la cabeza. Necesitan un maestro, alguien que los guíe. ¿Dónde van a encontrar uno mejor que él? ¿Uno cuya palabra te hace sentirte vivo? Lo primero que hace Pedro es reconocer que necesitan a Jesús, no pueden vivir sin él. Luego sigue la confesión de fe. Pero no dice que Jesús sea el Mesías, sino «el Santo de Dios».

      No queda claro que quiere decir Pedro con este título, que solo aparece una vez en el Antiguo Testamento, aplicado al sumo sacerdote Aarón, con sentido honorífico o por su estrecha relación con el culto (Sal 106,16). En el Nuevo Testamento, Mc y Lc lo ponen en boca del endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que lo aplica a Jesús (Mc 1,24 = Lc 4,34; Mt omite este pasaje). Sin duda, Pedro confiesa que Jesús está en una relación especial con Dios, sin meterse a discutir si ha bajado del cielo.

Traición

judas

     En el texto litúrgico, este tema solo aparece de pasada: Jesús sabía «quien lo iba a traicionar». Si no hubiesen mutilado el evangelio, quedaría mucho más claro. Porque, inmediatamente después de la intervención de Pedro, Jesús añade: «“¿No os he elegido yo a los Doce? Pero uno de vosotros es un diablo.” Lo decía por Judas Iscariote, uno de los Doce, que lo iba a entregar.»

     Con ello surge una nueva pregunta y un nuevo misterio: ¿por qué Judas no abandona a Jesús en este momento, cuando tantos otros lo han hecho? ¿Por qué Jesús, si lo sabe, lo mantiene en el grupo? ¿Cómo puede llegar alguien a desilusionarse de Jesús hasta el punto de traicionarlo?

1ª lectura: el compromiso de los israelitas con Dios (Josué 24,1-2.15-18)

     Estamos en el capítulo final del libro de Josué. Los israelitas, a las órdenes de Josué, han conquistado todo el territorio que Dios les había prometido (es preferible no recordar cómo lo consiguieron, porque lo que ocurre actualmente en la frontera de Gaza resulta un juego entretenido). En ese momento, Josué reúne a todas las tribus en Siquén, les recuerda los beneficios pasados de Dios y les ofrece la alternativa de servir o no servir a Yahvé. Es un diálogo espléndido, dramático, en el que Josué, contra lo que cabría esperar, se esfuerza por convencer al pueblo de que no sirva a Yahvé. Es un dios celoso que no los perdonará si lo traicionan. Sin embargo, los israelitas porfían en que quieren servirlo, y todo termina con la alianza entre el pueblo y Dios.

     Quienes han seleccionado el texto han demostrado, una vez más, que no les entusiasma la Biblia: han mutilado la intervención de Josué, el diálogo con el pueblo, y el final. De 28 versículos, solo se han salvado 6.

En aquellos días Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos, jefes, jueces y escribas, y en presencia del Señor dijo a todo el pueblo:

-«Esto dice el Señor, Dios de Israel: Vuestros padres, Téraj, padre de Abrahán y de Najor, vivían antiguamente al otro lado del río Éufrates y adoraban a otros dioses. Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor».

El pueblo respondió:

-«Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la casa de la esclavitud; ha realizado ante nuestros ojos estos grandes prodigios y nos ha protegido durante todo el camino que hemos recorrido y en todos los pueblos por los que hemos pasado. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios».

     Si se hubiera leído completo, el texto ofrecería una relación más estrecha con el evangelio. Tanto Josué como Jesús hablan de manera clara y dura, como queriendo desanimar a sus seguidores. La gran diferencia radica en la diversa reacción de los oyentes. El texto de Josué ofrece un final feliz, ajeno por completo a la realidad: los israelitas siguieron sirviendo a otros dioses y abandonando a Yahvé. El evangelio traza un cuadro más realista, incluso pesimista: muchos discípulos abandonan a Jesús; solo quedan doce, y uno de ellos será un traidor.

2ª lectura: ¿Sería mejor suprimirla? (Efesios 5,21-32)

     Este es el texto que ninguna novia quiere que se lea el día de su boda. En los tiempos que corren, decirle que «sea sumisa a su marido», que «le debe estar sujeta en todo», porque no hay igualdad entre ambos, sino que «el marido es la cabeza de la mujer», no es lo más agradable. Aunque luego le diga al marido que ame a su esposa como a su propio cuerpo. De esta segunda parte de la lectura, ni se entera.

      Me limito a dos aclaraciones.

    1) Este texto, que tanta crítica le ha valido a Pablo de misógino y machista, no es suyo. La carta a los Efesios no la escribió él, sino un discípulo suyo. «Al Cesar lo que es del César».

    2) Esta mentalidad sobre el matrimonio, que hoy día nos escandaliza, era progresista en el siglo I. Basta mirar lo que ocurre en algunos países árabes. La mujer acepta con naturalidad estar sometida al marido. Pero el marido no siempre es consciente del cariño y delicadeza con que debe tratar a su mujer. La corrupción moral, tan extendida en el siglo I, explica que el autor exija a los matrimonios cristianos un comportamiento fundado en el respeto mutuo, por fidelidad a Cristo. Ojalá en todos los matrimonios cristianos actuales hubiera ese mismo respeto.

Hermanos, respetaos unos a otros por fidelidad a Cristo. Que las mujeres sean sumisas a sus maridos como si se tratara del Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual él es el Salvador. Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres lo deben estar a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó él mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra, para prepararse una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa y perfecta. Así los maridos deben también amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie odia jamás a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida, como hace Cristo con la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Éste es un gran misterio, que yo aplico a Cristo y a la Iglesia.

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Domingo XXI del Tiempo Ordinario. 26 de agosto de 2018

domingo, 26 de agosto de 2018
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“Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: -¿También vosotros queréis marcharos?”

(Jn 6, 60-69)

Cabe una primera reacción ante este texto: Pensar así como: “¡menudos discípulos! ¡Qué gente tan inconsistente! ¡Qué falta de compromiso!”

Es una reacción de pura lógica humana. Las cosas no salen bien, no tienen éxito, porque siempre hay personas que vienen a estropearlo todo. Y en este caso concreto la cosa está muy clara. Los que criticaron a Jesús y se marcharon son los malos de la película.

Sin embargo, aquí el evangelio no nos está hablando ni de buenos ni de malos. Habla, más bien, de un Reino que se abre camino en medio de las dificultades, de una fuerza amorosa que atraviesa la existencia humana; toda la existencia humana, también la parte más oscura.

A lo largo de todo el Antiguo Testamento hay una enseñanza constante que llegadas a este punto parece que se nos olvida: Dios siente debilidad por lo pequeño.

Elige a Sara, a Jacob, a Raquel, a José… que son los pequeños, los que no cuentan; que son las estériles, las que no valen. Y elige también ejércitos pequeños, casi ridículos, para vencer a quienes se creen poderosos.

El amor de Dios no avanza “gracias” a los méritos humanos, sino, muchas veces, a pesar de los errores humanos.

No es Jesús quien necesita a sus discípulos, son los discípulos los que tienen que optar por Jesús.

El Reino sigue creciendo. Crece hoy gracias a la crisis de vocaciones que vive la Iglesia. Crece a pesar de los errores de la jerarquía y también a pesar de cada uno de nuestros fallos. El Amor de Dios sigue imparable, seduciendo corazones dentro y fuera de los límites de nuestra Iglesia.

Así son las cosas de Dios: sorprendentes, imparables y gratuitas. Siempre gratuitas, generosas, metidas de lleno en el ámbito del exceso. Porque el Amor, por definición, es siempre excesivo y generoso.

Entonces puede libremente preguntarnos: ¿también vosotros queréis marcharos?

Ahora la pelota está en nuestro tejado.

Oración

Aumenta, Trinidad Santa, nuestra fe y nuestra confianza para que podamos caminar con la libertad que solo el Amor nos puede brindar.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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¡Triste desenlace! A la inmensa mayoría no le interesa el Espíritu y la Vida que Jesús ofrece.

domingo, 26 de agosto de 2018
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juan-6-60-69-3-660x330Jn 6, 61-71

Llegamos al final del c. 6 del evangelio de Jn. Llega la hora del desenlace. La disyuntiva es clara: o acceder a la verdadera Vida, o permanecer enredados en la pura materialidad. Recordar lo que decíamos el primer día: no tomar ninguna decisión es mantener el camino fácil del hedonismo, en el que estamos. ¿Qué resultado tiene hoy la oferta de Jesús?

Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso? Son inaceptables estas propuestas, para ellos y para nosotros. Van en contra de toda lógica, pues contradicen nuestras apetencias más íntimas. Quieren llevarnos más allá de lo razonable. Todo aquel que se deje guiar por el sentido común, se “escandalizará”. Lo que nos pide Jesús es salir del egoísmo y entregarse a los demás. ¡Qué disparate! Desde el punto de vista religioso, se trata de sustituir a Dios por el hombre. ¿Cómo podemos dejar de servir a Dios para dedicarnos a los demás?  ¿No es el primer deber de todo ser humano dar “gloria” a Dios?

La incapacidad de comprender es consecuencia de entender desde la carne. Y ojo, que no se trata de despreciar y machacar la carne. Entendido de esa manera maniquea, tampoco tiene ninguna salida el mensaje de Jesús. Se trata de descubrir que el verdadero sentido de la vida fisiológica y terrena, para un ser humano, el verdadero sentido de la carne, está en la trascen­dencia; es decir desplegar las posibilidades más sublimes que el ser humano tiene de crecer y ser más que simple biología. La vida terrena no puede ser meta para el hombre.

El espíritu es el que da Vida, la carne no sirve para nada. Este versículo es clave para entender todo el capítulo. Aquí, carne y espíritu no se refieren a dos realidades concretas y opuestas, sino a dos maneras de afrontar la existencia humana. Solo una actitud espiritual puede dar pleno sentido a una vida humana. Vivir desde las exigencias de la carne sola cercena la meta del ser humano. En teoría no se entiende y en la práctica, ¿quién de nosotros se cree, de verdad, que la carne no vale para nada? ¿Por qué luchamos? ¿Cuál es nuestra mayor preocupación? ¿Cuánto tiempo dedicamos al cuerpo y cuánto al Espíritu?

Después de remachar por activa y por pasiva que había que comer su carne, ahora nos dice que la carne no vale para nada; que lo único que vale es el espíritu. Estas palabras nos obligan a hacer un esfuerzo sobrehumano para poder comprender lo que nos quiere decir. No es ninguna contradicción. Se trata de descubrir que el valor de la “carne” le viene de estar informada por el espíritu. Con el espíritu, la carne lo es todo. Sin el espíritu, la carne no es nada. De nuevo queda claro el profundo sentido que da Jn a la encarnación.

Las propuestas que os he hecho son Espíritu y son Vida. Las palabras no tienen valor por sí mismas, debemos ir más allá de ellas y descubrir el Espíritu al que hacen referencia. Como en el discurso de Nicodemo y el de la Samaritana, la referencia al Espíritu es clave para entender a Jesús. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. “Dios es espíritu, y hay que acercarse a Él en espíritu y en verdad”. Todo el capítulo viene diciendo que él es el pan… Ahora nos dice que son sus palabras las que dan la Vida. Para el hombre, la única propuesta que le llevará a la plenitud es la que hace Jesús.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En este proceso de alejamiento entre Jesús y los que le siguen, se da el último paso, el abandono. Fijaos bien que, hasta ahora, los que le criticaban y murmuraban eran «los judíos»; ahora son «los discípulos» los que deciden abandonar a Jesús. Tal vez la mayoría de los oyentes ya le habían abandonado antes. Recordemos que todo el capítulo se ha planteado como un proceso de iniciación. Terminado el proceso, hay que tomar una decisión.

¿También vosotros queréis marcharos? Jesús no busca la aprobación general. Tanto los políticos como los medios lo condicionan todo a la audiencia. Lo importante es vender. Jesús acepta el reto que su doctrina provoca. Está dispuesto a quedarse completamente solo antes que ceder en la radicalidad de su mensaje. La pregunta manifiesta un deje de profunda amargura. Pero también deja muy clara la convicción que tiene en lo que está proponiendo.

¿Con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican Vida definitiva. Pedro, da la única respuesta adecuada: “Nosotros creemos”. La mayoría de los que escuchan a Jesús, se sienten más seguros con el cumplimiento de la Ley. En la comida eran cinco mil. Quedan doce. Más tarde demostrarían que ellos tampoco lo entendieron. Para entenderlo tuvieron que pasar por la experiencia pascual. Juan deja claro que el fundamento de la Iglesia que se empieza a organizar, son los doce, y que Pedro es la cabeza que la dirige.

También en los sinópticos, Jesús empieza siendo aclamado con entusiasmo por la multitud, pero termina siendo abandonado por todos. Si hoy nos declaramos cristianos dos mil millones de personas, se debe a que no se exige la radicalidad de su mensaje y estamos en el engaño de lo que nos puede dar, no en la conciencia de lo que nos exige. Si descubriéramos que la médula del mensaje de Jesús es que tenemos que dejarnos comer, ¿Cuántos quedarían? Eso es lo que nos pide Jesús. Antes que morder debo dejarme comer.

Jn intenta aclarar las condiciones de pertenencia a la comunidad de Jesús: La adhesión a Jesús y la asimilación de su propuesta de amor. Su ‘exigencia’ es una dedicación al bien del hombre a través de la entrega personal. El mesianismo triunfal queda definitivamente excluido. En contra de lo que se nos sigue diciendo, Jesús ni busca gloria humana o divina, ni la promete a los que le sigan. Seguirlo significa renunciar a toda ambición personal.

Hoy seguimos ignorando la propuesta de Jesús. En nombre del evangelio seguimos ofreciendo unas seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas. No se invita a los fieles a hacer una elección de la oferta de Jesús, porque no se les presenta dicha oferta. Hemos manipulado el evangelio para salirnos con la nuestra. No nos interesa el mensaje de Jesús, sino nuestros propios anhelos de salvación que no van más allá de la sola carne.

Es decepcionante que la celebración de la eucaristía no tenga ninguna repercusión en nuestra vida real. No es casualidad que en el evangelio se hable de Vida al tratar de expresar la realidad espiritual que descubrió Jesús más allá de la vida. El paralelismo nos puede llevar a comprender que no existe una VIDA separada de la materia. Ni en el orden espiritual, ni en el biológico, la vida puede andar por ahí separada de la materia sensible. Dios es Vida, pero no está en algún lugar del universo y desde allí nos hace partícipes de ella.

En el orden biológico, a la hora de definir la vida, tenemos que recurrir a su manifestación. Nunca nos encontraremos con la vida, sino con un ser vivo. En el orden espiritual sucede lo mismo. Nunca nos encontraremos con el Espíritu pero podemos encontrarnos con un ser atravesado por el Espíritu. ¿Cómo lo sabremos? Solo a través de sus relaciones con los demás seres. Si es capaz de descentrarse y descubrir en los demás seres aquello que le identifica con ellos, se trata de un ser que tiene Vida espiritual.

Meditación-contemplación

Jesús manifiesta en su vida, esa Vida plena y definitiva.
La experiencia pascual llevó a los discípulos a hacer suya esa Vida.
No fue fácil superar el apego a las seguridades de su religión.
Nosotros, con una religión tan anclada en la Ley como la judía,
también tenemos que arriesgarnos
si no queremos caminar hacia la nada.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La Eucaristía, banquete celestial.

domingo, 26 de agosto de 2018
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eucaristia-720_270x250“Veo descender del cielo a la Música como una voz sonora que nos invita a pasear por los jardines del Señor. Cantar ha sido para mí la alegría de abrir mi alma a la más pura elevación ¡Gracias a ti, Música” (Federico García Lorca)

26 de agosto. Domingo XXI del TO

Jn 6, 60-69

El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida 

El ancla es un espléndido símbolo de la esperanza: “Ella es como un ancla firme y segura del alma”, dice Pablo en Hebreos 6, 19, pero, por definición se trata de un objeto que impide, precisamente, que el barco avance. Personalmente me gusta más la imagen de Le Petit Prince de Antoine de Saint-Exupéry: “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en alguna parte”. Y lo más apremiante es descubrir dónde se encuentra.

En su novela para espíritus selectos, El tonto emocional, J. Maronna y D. Samper relatan que “El Viajero llevaba meses, años, siglos buscando a alguien que le diera razón sobre la Razón Última de la Razón, y no le pareció excesivo emprender un nuevo periplo hacia el sur”. El mencionado personaje, que nos puede ahorrar un viaje interminable, es Jesús de Nazaret.

“Él siempre supo adónde llevaban los caminos, y nos ayudará a encontrar las adecuadas respuestas”, decía Juan Ramón Jiménez. Platero tenía un agudo sentido de la orientación, y lleva a su dueño siempre a su destino.

“Jesús vino a mostrar la misericordia y la compasión de Dios, cuyo amor es un refugio que nos protege, incluso, del rigor de la Ley. Jesús vino a mostrar la misericordia y la compasión de Dios, cuyo amor es un refugio que nos protege, incluso, del rigor de la Ley”, dice Paramahansa Yogananda en su obra El Yoga de Jesús. Lo demostró durante toda su vida pública dándose plenamente a los demás:  invitando a todos al banquete en su reino (Lc 14, 15-24), cuando dice a los fariseos que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 13), o en la última cena (Mt 26, 28).

“Veo descender del cielo a la Música como una voz sonora que nos invita a pasear por los jardines del Señor. Cantar ha sido para mí la alegría de abrir mi alma a la más pura elevación ¡Gracias a ti, Música” (Federico García Lorca). Voz que nos invita a ser escuchada en las palabras de Jesús: El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida” (Jn 6, 63).

Jon Kabat-Zinn, hablando de la generosidad, nos da en Maindfulness en la vida cotidiana, este saludable consejo: “Lo que sugiero es más bien que practique el hecho de compartir la plenitud de su ser, la mejor parte de usted, su entusiasmo, su vitalidad, su espíritu, su confianza, su apertura y, sobre todo, su presencia. Compártala con usted mismo, con su familia, con el mundo”.

Una vez que nuestros corazones se liberan de apegos, el estrecho círculo de la familia y los amigos crece. Incluso vemos que los animales y las plantas son hermanos nuestros, y sentimos la interdependencia con todos los seres. Como fue el corazón de tu madre, querida Inma: dando luz y calor a toda nuestra vida, siempre entregada a todos.

EUCARISTÍA
(A Conchita Torrejón, esplendoroso sol de nuestras vidas)

II. Comunión

Florecerán en tu jardín del alma
jazmines, ruiseñores y camelias.

Era un amanecer en mediodía…
un otoño, estación de recogida
de frutos sazonados
del multiforme árbol de tu vida.

Los vendimiamos todos,
y todos los colgamos en el nuestro.
Gracias por tanta gracia y don, Conchita.

Se adelantó la Primavera:
en tu jardín del alma han florecido
jazmines, ruiseñores y camelias.
Y en él ha florecido tu Feadulta.

Un jardín donde tú sigues viviendo
dando luz y calor
a toda nuestra vida,
a todos nuestros sueños.

Coros, Ángeles, Arcángeles,
Tronos y Potestades celestiales,
entonan ya evangélicas canciones
al Amor que en su seno te ha acogido.

Y tú, Conchita,
de tan divina-humana orquesta
has sido nominada concertino.

En este amanecer en medio día,
desde esta brecha abierta
del costado del cielo,
serena y cordialmente
te decimos mientras te comulgamos:

-“¡Contigo, amiga, unidos para siempre!

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Tiempo de prueba y criba.

domingo, 26 de agosto de 2018
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caminante%2520by%2520stevewalkercomJn 6, 60-69

Paso a paso, domingo a domingo, con este cinco en total, nos llevas por un tiempo de prueba y criba, sintetizada en la pregunta a los Doce que resuena con un eco de tristeza: “¿También vosotros queréis marcharos?”.

Intentar comprender la contestación de Pedro (“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”), me llevó hasta  al versículo 1 del capítulo 6 de Juan.

Te siguen  multitudes que buscan ser alimentados, pero no conocen más que el alimento del cuerpo y el anhelo de una vida mejor. Les enseñas que, con lo poco puesto en común, haces milagros. Pero no entienden: quieren soluciones rápidas y convertirte en el líder que les provea y saque de problemas. Te fuiste, pero volvieron en tu busca… “me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. Murmuran, critican, debaten… Tus palabras descolocan, escandalizan.

Y tú seguías avanzando en tu mensaje directo a tus discípulos, esos que se iban uniendo por los caminos y que se sentían atraídos por ti, justo hasta el momento en que tus palabras… “este modo de hablar es duro”… se convirtieron en incomprensibles… “El que come de mi carne y bebe de mi sangre tiene vida eterna… Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Quizás ese compromiso de unión les resultara demasiado complicado y comprometido.

Dejaron de escucharte, taparon sus oídos y muchos se marcharon buscando otros “profetas” más light. No sabían que tus palabras eran, y siguen siendo hoy, espíritu y vida, preludio de la Eucaristía.

Tiempo de poner a prueba. Tiempo de criba. Tiempo de preguntar a los Doce, a los cristianos de nuestro tiempo, a la Iglesia: “¿También vosotros queréis marcharos?… Tiempo de respuestas comprometidas: personales y en comunidad.

Abrámonos desde el silencio interior a la escucha de tu pregunta. Sólo creerá quién se deje tocar por el Espíritu descubriendo ese sutil toque de vida eterna que emana de cada palabra que sale de tu boca.

Mari Paz López Santos

Para FEADULTA 26  agosto 2018

Fuente Fe Adulta

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No es lo mismo ateo que frívolo.

domingo, 26 de agosto de 2018
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discipulos-detalle-300x193Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Las lecturas de hoy reflejan situaciones humanas que se repiten constantemente en la historia.

JOSUÉ REUNIÓ A LAS TRIBUS DE ISRAEL.

¿Qué otra cosa son los parlamentos y la democracia?

Las personas, los grupos humanos vivimos en sociedad y como seres sociales hemos de comportarnos. No somos seres aislados, que hacemos cada cual lo que nos parece: la familia, el trabajo, los bienes, la cultura, la amistad, la sexualidad, la familia, la fiesta, etc. son cuestiones comunitarias

Conviene reavivar nuestra conciencia social, comunitaria.

SI NO OS PARECE BIEN SERVIR AL SEÑOR, ESCOGED HOY A QUIÉN QUERÉIS SERVIR:

icr_6403-265x198Aquella asamblea convocada por Josué en el fondo era, como nuestros parlamentos, para ver ante quién nos postramos y cómo vivimos. Si no os parece bien nuestra traditio, escoged cómo vivir y a qué dioses queremos servir, porque siempre habrá algún dios o ídolo en nuestra vida.

¿A quién servimos y cómo configuramos nuestra vida? ¿Adoramos al dios Dionisios y vivimos desde el placer? ¿Quizás nos postramos ante el dios patria? ¿tal vez nos fascina el dinero o la magia del poder?

02. ¿DOCTRINA DURA?

Resulta un poco extraño que después de haber multiplicado los panes, el trabajo ¿Cómo o por qué pudieron decir aquellos discípulos que multiplicar los panes y el trabajo, dar de comer a la gente es una doctrina dura? Resulta una postura un tanto absurda.

A los primeros cristianos -como a todos- les costó mucho esfuerzo abandonar la idea de poder, de un Mesías militar poderoso. Cristo hubo de trabajar a fondo para liberar de la fiebre de poder a la suegra y a la familia de Pedro, (Mt 8,14-15). El ansia de poder está presente en gran parte de los discípulos de Jesús: ¿Quién va a ser el mayor en tu Reino? (Mt 18,1ss).

Lo de Cristo va por otros derroteros: el servicio y el amor (Jn 13 / Jn 15). El amor y el servicio crean solidaridad, que es por donde comienza este capítulo del pan de vida, 6º de Juan: la multiplicación de los panes.

El milagro no consiste en que Cristo diera de comer a la gente por arte de magia, sino porque el “asunto Cristo” trastoca los criterios humanos, cambia nuestra mentalidad y comenzamos a ser solidarios.

Esto resulta una doctrina dura. La dificultad está en el servicio, en el amor y en la solidaridad. Es más frecuente y habitual creer en el poder, en la ley del más fuerte y en tener lo mío aumentándolo, si puedo, y los demás que se pudran.

La doctrina dura es que ningún país europeo quiere acoger a los que pasan en pateras, ni ayudarles en sus lugares de origen.

En estos momentos en un lugar de “acogida” de inmigrantes subsaharianos en Andalucía solamente tienen como medicamento “Almax” y los escasos tres médicos que atienden a estas pobres gentes recetan para todo y para todos tal medicamento.

03. MUCHOS DEJARON DE SEGUIR A JESÚS. TRÁNSFUGAS HA HABIDO SIEMPRE.

50ordinariob21Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

No se trata de la marcha al estilo del hijo pródigo. El hijo menor se marcha de casa, es una cuestión moral, pero aquel hijo tenía siempre en la cabeza la referencia de la casa de su padre. Las referencias las tenía bien puestas, la “cabeza bien amueblada” aunque en aquel momento de su vida se había despistado. ¿Y quién no ha tenido despistes en su vida?

Cuando san Juan dice que dejaron de seguir o de estar con Jesús, es que se acabó la “conversación”. Rompieron el “carnet” y rompieron con todo. Hasta aquí hemos llegado y no quiero saber nada.

Esta historia del abandono nos es muy familiar en nuestro tiempo y en nuestro pueblo. Mucha gente, muchos estratos de la sociedad han marchado del seno de la Iglesia, otros muchos no han estado dentro nunca. Pensemos en el recorrido de los últimos cincuenta / setenta y cinco años. Entre los compañeros de Jesús, -y en nuestro tiempo- hubo y hay muchos tránsfugas.

04. EL ATEÍSMO ES UNA POSIBILIDAD RAZONABLE. JESÚS NO SE ASUSTA. (ENTRE CREYENTES Y ATEOS HAY DIÁLOGOS / ABSTÉNGANSE FRÍVOLOS).

o En nuestra vida personal nos lamentamos de que tanta gente no esté ya en la Iglesia, sean increyentes, el laicismo, la secularización, los jóvenes que no se casan, la mitad de los niños que nacen no son bautizados, etc.

o Con una ingenuidad que pretende sedar la situación, decimos: ya volverán a la Iglesia, los seminarios se repoblarán, etc.

o Pastoralmente se funciona como si nada hubiese ocurrido y como si todos “continuásemos siendo del partido”, cuando en realidad somos conscientes de que las cosas no van a volver a una cristiandad ya desaparecida.

Ser creyente es una opción razonable y seria. Ser ateo, también.

Para ser un buen cristiano, hay que ser un buen pagano.

Quien llega a la conclusión de configurar su vida desde la ultimidad, que denominamos Dios, plasmada en una traditio: Cristo, iglesia, cultura cristiana, etc. tal opción -que es la nuestra- es muy razonable. Puede que haya personas que por circunstancias de recorridos personales, sociales, históricos, vivencia eclesiásticas, etc. piensen (que viene de pensar) que configurar su vida desde otras posturas laicas, ateas. Quien, tras una seria reflexión, decide vivir y estructurar su vida en otros ámbitos, es digno de ser respetado y es una opción seria y válida.

Otra cuestión es la frivolidad. Frívolo es, según el diccionario de la real Academia: Ligero, veleidoso, insustancial. Es cierto que en la vida hay de todo y todos podemos tener algo de todo. Pero una cosa es ser “ateo como Dios manda” y otra muy distinta es ser ligero, veleidoso e insustancial.

Me parece a mí que hoy en día tenemos frívolos, ligeros y superficiales. ¡Ya quisiéramos tener ateos como Dios manda!

05. PRIMER PASO HACIA LA FE:

Pastoralmente nuestra diócesis -y otras- está haciendo jeroglíficos y juegos de malabar para salvar no tanto la seriedad de la fe y de la vida, sino para salvar “los muebles” de un sacramentalismo barato.

Quizás las cosas se puedan ver y plantear de otras maneras, pero como no seamos serios en la fe, en la solidaridad, lo eclesiástico va a terminar siendo una “carrocería de chapa y pintura”

Posiblemente evangelizar hoy en día entre nosotros signifique

o Ser conscientes de que “muchos han dejado de seguir a Jesús”. Pero ser conscientes significa “enterarnos”. No digamos que las cosas están muy mal, hay pocos cristianos, menos curas, para luego seguir funcionando mentalmente como si estuviésemos en la cristiandad tridentina.

o En segundo lugar, no asustarse. Jesús tampoco se rasga las vestiduras y comienza a lamentarse de los pocos curas que tenía. El ateísmo es posible.

o En tercer lugar, ayudar y enseñar a pensar las cosas, los problemas, las situaciones, la vida. La frivolidad, la ligereza, veleidad, e insustancialidad de en la vida no se resuelven con más la ligereza, veleidad, e insustancialidad eclesiásticas.

06. «¡LEJOS DE NOSOTROS ABANDONAR AL SEÑOR PARA SERVIR A DIOSES EXTRANJEROS! EL SEÑOR ES NUESTRO DIOS; SEÑOR, ¿A QUIÉN VAMOS A ACUDIR? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA HUMILDAD DE LA FE

Una vez que hemos echado una “pensada” a la vida llegamos a las opciones y decisiones. Al acto de fe en Cristo Jesús.

Hasta cierto punto hemos de vivir como el hijo pródigo la fascinación de la “herencia”, del dinero, de los “dioses extranjeros”, para entrando en nosotros mismos “recapacitar”. El hijo menor, entrando en sí, recapacitó, (Lc 15,17).

Cristo es hombre de Palabra y su Palabra es Luz y Vida (Jn 1).

A ciertas alturas de la vida uno ya no cree, ni estamos para medias palabras, medias verdades y tontadas político, cultural, eclesiásticas.

¿A dónde vamos a ir? Solamente Cristo tiene palabras de vida eterna.

Cuando ya más que adulto uno comienza a ser anciano, creer, lo que se dice creer solamente cree en Dios por medio de JesuCristo y desde Él confíanos, servimos, respetamos y amamos la vida y el ser humano. Amemos la Palabra y seamos personas de palabra y amemos la Luz y la Vida.

La fe es algo muy humilde, incluso frágil y pobre. Creer en unas utopías como la solidaridad, el amor, la justicia, es tan poca cosa… Pero, como la semilla, que también es pequeña, pero llena de vida. La semilla de la fe es la que da sentido a nuestra vida y su transcurrir.

Nosotros creemos que tú eres el Santo de Dios.

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Bernardo de Claraval: Amo porque amo, amo por amar

lunes, 20 de agosto de 2018
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Celebramos hoy la fiesta de San Bernardo,  místico del camino  hacia la unión espiritual con Dios, cantor del amor esponsal… Traemos uno de los textos del Oficio de Lectura preparados para hoy… Excelente meditación.

Amo porque amo, amo por amar

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El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la creatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.

El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?

Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la creatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.

Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la creatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.

*

De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los Cantares
(Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)

***

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Bernardo de Claraval – obra de Rowan Lewgalon

Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.

Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.

 

***

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El fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo que implica el conocimiento de la relación del hombre con Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios: mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este modo, «sale» de él mismo y se eleva, crece, «se extiende» a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso. Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de nuestro tiempo, salir al «mí mismo» del «yo»: despierta al yo a la libertad del «mí mismo», le hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión de solidaridad con todos.

En Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria, condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza indefectible en la gloria que está ya en él y no espera más que manifestar sus efectos. La función de la expresión literaria será hacer ver un poco de esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como también en otros grandes espirituales que fueron escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente, la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de todos.

Sus escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos mismos.

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J. Leclercq,
Bernardo de Claraval,
Edicep, Valencia 1991, pp. 212-213.

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«Recuperar el cristianismo de María Magdalena», por Juan José Tamayo

lunes, 20 de agosto de 2018
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mary-magdalene-6e5a131d0dc85e1439fe556313b910251421f22f-s6-c30Leído en la página web de Redes Cristianas

Con motivo de la fiesta de María Magdalena, que se celebra el 22 de julio

En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.

La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud, entendida y practicada patriarcalmente como obediencia, sumisión, recato, silencio, humildad (=humillación), servicio, abnegación, sacrificio. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.

Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento en igualdad e condiciones que los varones.

La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.

En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.

A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra” (Gál 3,28).

Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del Reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas.

¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.

Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana y que recuperó la teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal, de la teología escolástica, que entendía la Iglesia como una monarquía.

Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace cinco años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.

Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública.

Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. Hay que reconstruir la línea de continuidad de los movimientos emancipatorios a lo largo de la historia y establecer nuevas alianzas inclusivas, creadas desde abajo y no desde el poder, en lucha contra la exclusión social, política y religiosa de las mujeres, que desemboca en violencia de género, y contra la discriminación de las mujeres, que tiene carácter interseccional: por clase social, cultura, etnia, religión, identidad afectivo-sexual, etc.

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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid. Entre sus obras dedicadas al feminismo cabe citar: Otra teología es posible. Interculturalidad, pluralismo religioso y feminismo (Herder, Barcelona, 2012, 2ª ed.); Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013), que ofrece un perfil intelectual de catorce mujeres pioneras de la igualdad; Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que dedica un capítulo a la utopía feminista; Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2017, 2ª ed.). Islam: sociedad, política y feminismo (Dykinson, Madrid, 2018, 1ª reimpresión).

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Así mi cuerpo os doy como alimento…

domingo, 19 de agosto de 2018
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“Corpus Christi”

Todo fue así: tu voz, tu dulce aliento
sobre un trozo de pan que bendijiste
que en humildad partiste y repartiste
haciendo despedida y testamento.

“Así mi cuerpo os doy como alimento…”
¡Qué prodigio de amor! Porque quisiste,
diste tu carne al pan y te nos diste,
Dios, en el trigo para el sacramento.

Y te quedaste aquí, patena viva;
virgen alondra que le nace al alba
de vuelo siempre y sin cesar cautiva.

Hostia de nieve, nube, nardo, fuente;
gota de luna que ilumina y salva.
Y todo ocurrió así, sencillamente.

***

Sencillamente, como el ave cuando
inaugura, de un vuelo, la mañana;
sencillamente, como la fontana
canta en la roca, agua de luz manando:

sencillamente, como cuando ando,
como cuando Tú andabas la besana,
cuando calmabas sed samaritana
cuando te nos morías perdonando.

Sencillamente. Hora de paz. ¡Qué leves
tus manos para el pan, para el amigo!
Cena de doce y Dios. Noche de Jueves.

Y era en Jerusalén la primavera.
Y era blanco milagro ya aquel trigo.
Sencillamente: “Éste es mi cuerpo“. Y era.

***

Que viene por la calle Dios, que viene
como de espuma o pluma o nieve ilesa;
tan azucenamente pisa y pesa
que sólo un soplo de aire le sostiene.

Otro milagro, ¿ves? Él, que no tiene
ni tamaño ni limites, no cesa
nunca de recrearnos la sorpresa
y ahora en un aro de aire se contiene.

Se le rinde el romero y se arrodilla;
se le dobla la palma onduleante;
las torres en tropel, campaneando.

Dobla también y rinde tu rodilla,
hombre, que viene Cristo caminante
-poco de pan, copo de pan- pasando.

*

“Corpus Christi”,
de Antonio Murciano (España, 1929) y Carlos Murciano (España, 1931)

***

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***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

Disputaban los judíos entre sí:

– “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.”

*

Juan 6, 51-58

***

Decía Agustín: «Oh Dios, mi corazón está inquieto hasta que no repose en ti», pero cuando examino la tortuosa historia de nuestra salvación veo que no sólo nosotros deseamos ardientemente pertenecer a Dios, sino que Dios también anhela pertenecer a nosotros. Parece como si Dios nos estuviera diciendo a grandes voces: «Mi corazón estará inquieto hasta que no pueda reposar en vosotros, mis amadas criaturas» […]. Dios desea comunión: una unidad que sea vital y viva, una intimidad que proceda de ambas partes, un vínculo que sea verdaderamente mutuo […].

        Este intenso deseo que siente Dios de entrar en la más íntima relación con nosotros es lo que constituye el núcleo de la celebración y de la vida eucarística. Dios no sólo quiere entrar en la historia humana convirtiéndose en una persona que vive en una época y en un país específico, sino que quiere llegar a ser nuestro alimento y nuestra bebida diarios en todo tiempo y en todo lugar.

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H. J. M. Nouwen,
La fuerza de su presencia,
Brescia 52000, pp. 61 ss).

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“Alimentarnos de Jesús”. 20 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,51-58)

domingo, 19 de agosto de 2018
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20_to_bSegún el relato de Juan, una vez más los judíos, incapaces de ir más allá de lo físico y material, interrumpen a Jesús, escandalizados por el lenguaje agresivo que emplea: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Jesús no retira su afirmación, sino que da a sus palabras un contenido más profundo.

El núcleo de su exposición nos permite adentrarnos en la experiencia que vivían las primeras comunidades cristianas al celebrar la eucaristía. Según Jesús, los discípulos no solo han de creer en él, sino que han de alimentarse y nutrir su vida de su misma persona. La eucaristía es una experiencia central en los seguidores de Jesús.

Las palabras que siguen no hacen sino destacar su carácter fundamental e indispensable: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida». Si los discípulos no se alimentan de él, podrán hacer y decir muchas cosas, pero no han de olvidar sus palabras: «No tendréis vida en vosotros». Para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, nutrirnos de su aliento vital, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida. Este es el secreto y la fuerza de la eucaristía. Solo lo conocen aquellos que comulgan con él y se alimentan de su pasión por el Padre y de su amor a sus hijos.

El lenguaje de Jesús es de gran fuerza expresiva. A quien sabe alimentarse de él le hace esta promesa: «Ese habita en mí y yo en él». Quien se nutre de la eucaristía experimenta que su relación con Jesús no es algo externo. Jesús no es modelo de vida que imitamos desde fuera. Alimenta nuestra vida desde dentro.

Esta experiencia de «habitar» en Jesús y dejar que Jesús «habite» en nosotros puede transformar de raíz nuestra fe. Ese intercambio mutuo, esta comunión estrecha, difícil de expresar con palabras, constituye la verdadera relación del discípulo con Jesús. Esto es seguirlo sostenidos por su fuerza vital.

La vida que Jesús transmite a sus discípulos en la eucaristía es la que él mismo recibe del Padre, que es Fuente inagotable de vida plena. Una vida que no se extingue con nuestra muerte biológica. Por eso se atreve Jesús a hacer esta promesa a los suyos: «El que coma de este pan vivirá para siempre».

Sin duda, el signo más grave de la crisis de la fe cristiana entre nosotros es el abandono tan generalizado de la eucaristía dominical. Para quien ama a Jesús es doloroso observar cómo la eucaristía va perdiendo su poder de atracción. Pero es más doloroso aún ver que desde la Iglesia asistimos a este hecho sin atrevernos a reaccionar. ¿Por qué?

José Antonio Pagola

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