Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Jesús’

¿Quién es Jesús para mí? ¿Cómo gestar la respuesta?

domingo, 16 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cómo gestar la respuesta?

jesusMarcos 8, 27-35

Podemos empezar recordando una experiencia común y habitual: cuando caminamos en grupo, van surgiendo diferentes temas de conversación; ese diálogo nos enriquece, nos cuestiona, nos descoloca…

Algo así recoge el evangelio de hoy, en forma de catequesis. La “charla” de Jesús con sus discípul@s, por el camino, nos invita a tomar conciencia de nuestra relación con Jesús-Cristo.

En aquel grupo nadie había comprendido quién era Jesús. Intentaron explicarlo a partir de las categorías que usaban: el Bautista, los profetas, el mesías anunciado, etc. Pensaban como los hombres y mujeres de su tiempo, pero no eran capaces de abrirse a algo nuevo, totalmente nuevo. No habían tenido un encuentro que les rompiera sus categorías y les introdujera en un ámbito nuevo, diferente.

Es más, la novedad de la cruz revolvió las tripas a Pedro y pretendió que fuera Jesús el que se metiera dócilmente en la categoría de mesías al uso. Se lo llevó aparte y le leyó la cartilla.

Me imagino que Pedro pudo decirle algo así:

– Jesús, has tenido la suerte de ser el mesías. Es la hora del triunfo, de vencer a Roma, de conseguir el poder; nosotros que somos parte de tu grupo lo compartiremos contigo… ¡déjate de padecimiento y muerte! ¡Eres el mesías, actúa como tal!

¡Qué catequesis tan sugerente para hoy! Creo que algo semejante están diciendo al papa Francisco ciertos grupos de presión. ¡Eres el papa, actúa como tal…! Es decir, le piden que actúe como esos grupos desean que sea el papado. Se han cerrado a la novedad que supone la misericordia, la transparencia, la austeridad, la justicia… y reclaman volver a categorías caducas que les beneficiaban ampliamente.

También creo que nuestra oración, nuestro diálogo con Dios, puede parecerse mucho al diálogo de Pedro con Jesús: Señor, líbrame de todo lo que me desagrada, o entorpece mis planes y ayúdame a conseguir lo que yo creo que es lo mejor para mí y los míos.

¿Para qué pedir que nos abramos a la novedad del Espíritu si creemos que con que Dios nos ayude a lograr nuestros planes es suficiente?

Si hoy nos preguntan: ¿quién es Jesús para ti? ¿Qué respondemos? ¿Utilizamos las respuestas que personas “eruditas” han elaborado, para que no nos molestemos en gestar las nuestras no sea que nos salgamos de la ortodoxia? Se ha insistido más en que sepamos decir quién es Jesús que en experimentar quién es.

¿De qué sirven formulaciones precisas, elaboradas por bien pensantes teólogos que matizan hasta la saciedad, si no tenemos sucesivas experiencias de encuentro personal que transforman nuestra vida?

¿De qué sirve aprender de memoria quien es Jesús, si lo conocemos de oídas?

¿En qué espacios y tiempos gestamos la respuesta a esa pregunta? ¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

Copio unos renglones (literales) de un catecismo escrito hace poco para niños y niñas (¿?). No dudo de la buena voluntad de los autores. Dudo de que esas palabras, que no son significativas para los peques, les ayuden a encontrarse con Jesús y a responder la pregunta de hoy:

“Él es nuestro Redentor; Jesús es el único nombre dado a los hombres para poder salvarse. ¿Por qué lo llamamos también Cristo y Jesucristo? Lo llamamos también Cristo y Jesucristo, porque es el Ungido, el Cristo o Mesías, anunciado por Dios a los Profetas”

¿Cuánto tiempo necesitarán estos niños y niñas para llegar a gestar una respuesta personal, dejando a un lado lo que aprendieron de memoria? ¿Qué proceso necesitarán para responder desde el encuentro con Jesús, vivo, presente en su vida y en las comunidades? ¿Qué sostendrá su fe?

En la historia de la Iglesia ha quedado patente que muchos hombres y mujeres, desbordados por el encuentro con Jesús, necesitaron cantar, llorar, danzar, escribir poesías y parábolas o hacer locuras… Querían compartir lo que no podían reducir a formulaciones.

Margarita Porete, beguina y mística, acabó en la hoguera. El tribunal que la juzgó no podía tolerar ni lo que experimentó ni la manera de narrarlo a través de su libro. El fuego quemó su cuerpo, pero la llama interior sigue dando luz y calor a quienes nos acercamos a su vida y su obra. ¿Bebemos de estas fuentes?

¿Y si en la respuesta que diéramos, nos jugáramos la vida? Este domingo, millones de personas oiremos el evangelio sentadas confortablemente en bancos de iglesias, sin ningún tipo de riesgo. ¿Qué nos evocarán las palabras: cargar con la cruz, perder la vida, etc.? ¿Tendremos presentes a los hombres y mujeres que, por confesar su fe en Jesucristo, han perdido la vida o corren el riesgo de perderla?

Acabamos retomando las palabras del profeta Isaías: “el Señor me abre el oído, yo no resistí ni me eché atrás”, “el Señor me ayuda”. Que nos ayude a gestar cada día la respuesta a esta pregunta central del cristianismo. Que soltemos con valentía respuestas y definiciones que pudieron ayudarnos en un momento, pero sobran en la vida de fe adulta.

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Quién es Cristo?

domingo, 16 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en ¿Quién es Cristo?

icono_cristo_pantocratorDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01. QUIÉN ES CRISTO.

No les fue fácil a los compañeros de Jesús, ni nos es fácil a nosotros saber quién es Jesús, ni la relación que existe entre Jesús y Cristo. De hecho, el mismo Jesús era consciente de que a Dios nadie le ha visto nunca jamás, (Jn 1,18).

Muchas personas vieron y convivieron con Jesús, pero fueron más bien pocos los que creyeron en Él.

También nosotros podemos conocer a Jesús por la historia, los evangelios, etc., pero quizás no llegamos a creer en Cristo, el Mesías.

Sin duda que con buena voluntad, algunos decían que Jesús era Juan Bautista, hombre recio y de gran personalidad; quizás Jesús podía haber sido un profeta como Elías, pero no lo fue. Jesús decepcionó a muchos: Jesús no fue un sacerdote del Templo, como esperaban los monjes de Qumrám, tampoco fue un político con lo que defraudó a mucha gente e incluso a parte de sus propios discípulos. Jesús decepcionó incluso a su propia familia que pensaba que estaba loco, (Mc 3,21). Jesús no fue un hombre de la ley, un moralista atormentado, con lo que desilusionó al movimiento fariseo.

También nosotros nos preguntamos, ¿quién es Cristo? Sobre todo los que ostentan el poder tienen todas las respuestas ya prefabricadas, como si tuviesen la vara de medir la verdad, el bien y el mal, incluso la estética.

02. DEJARNOS PREGUNTAR POR CRISTO

4a704a0f07f8c60c4d8f1dfb362f3f6eEn el texto de hoy es Jesús quien nos pregunta: ¿Quién decís vosotros que soy yo? ¿Quién soy Yo para vosotros?

Muchas veces y mucha gente puede pensar que Jesús un personaje religioso que lo puede todo, un “todopoderoso”.

Y algo de esto es lo que expresa Pedro: Tú eres el Mesías.

Pedro dice lo que hay que decir, lo establecido, lo políticamente correcto: Tú eres el Mesías.

Pero Pedro “no se ha enterado del asunto”.

En el momento en que Jesús concreta su mesianismo: el Mesías tiene que padecer, ser condenado, crucificado… y resucitar al tercer día, Pedro pega una «espantada”: No te puede suceder esto, a ti no te puede pasar esto.

Pedro tenía posiblemente como nosotros una imagen de un mesías poderoso, “salvapatrias”, inquisidor, “salva-doctrinas” y “salva-diócesis”. A Pedro le podríamos haber visto detrás de alguna pancarta que dijera: “Romanos, go home”.

Pero el Mesías salvador del ser humano, JesuCristo es totalmente diferente. Es un Mesías sencillo, humilde, que va a ser perseguido y crucificado.

03. VADE RETRO, SATANA.

El poder es la gran tentación humana: poder político, poder económico, poder físico, poder religioso, poder informativo, poder doméstico, etc.

El poder es un instinto pasional que alienta al ser humano. Probablemente el poder es la pasión más fuerte del ser humano

También en la Iglesia el peligro y la gran tentación es el poder: cardenales, obispos, curas, superiores religiosos, también laicos tenemos la misma tentación de los primeros discípulos. Mandar, disponer, ordenar. Iban discutiendo quién sería el primero…

Jesús hubo de ejercer de auténtico “exorcista” para expulsar el demonio del poder de sus discípulos. (Es muy significativo que Jesús curara de la fiebre a la suegra y a la familia de Pedro. Fiebre: fuego, ansias de poder)

Gracias a Dios, el papa Francisco es un hombre bueno, sencillo. No es un hombre de poder. Quizás por eso se le están enfrentando un buen grupo de cardenales y obispos.

Todo eso es “Satana”: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»

Al poder, las situaciones de injusticia y prepotencia que crea el poder se vence con el servicio, con un cristianismo de entrega, de curación, ayuda. Tú, poderoso, superior dominador, obispo prepotente, dirás y dispondrás lo que quieras, pero el seguimiento de Jesús Mesías es otra cosa.

Una Iglesia, una congregación religiosa, una comunidad, un superior que funcionen desde la dialéctica del poder, no son la comunidad ni la Iglesia de Jesús. ¡Y cuidado que hay comunidades y personas que viven desde el poder…! ¡Y cuánto daño hacen!

Por otra parte, recuerdo aquello que decía K Rahner: la obediencia al superior no exige someterse al más necio o inepto de la comunidad.

04. ENTREGAR LA VIDA.

pobresJesús es Mesías y lo es porque entregó su vida por nosotros.

Humanamente hablando parece que uno vive cuando se siente seguro, cuando busca y obtiene un buen nivel de vida, economía, medicina, confort, etc.

Sin embargo la vida humana no consiste siempre en el cuidado siempre del propio “ego”, sino que uno es persona cuando se entrega a los demás, cuando se trabaja, se ama. La vida no es un egoísmo en el que yo me cuido y estoy pendiente siempre de mí mismo, de mi doctrina (mundo eclesiástico), de mi ideología (política), mi salud, etc. Uno vive y crece como persona cuando entrega su vida, sus carismas y sus talentos a los demás.

Una afirmación de un filósofo danés del siglo XIX: Soren Kierkegaard

Señor Jesús, tú no viniste para ser servido, ni tampoco para ser admirado o, simplemente, adorado… Por eso, despiértanos, si estamos adormecidos en este engaño de querer admirarte o adorarte, en vez de imitarte y parecernos a ti.

Creer en Cristo confiere una profunda confianza y serenidad en la vida, despeja muchas discusiones y cortocircuitos inútiles.

Solamente Tú, Señor, eres el Mesías

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Dónde está Dios?, por Gabriel María Otalora

viernes, 14 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en ¿Dónde está Dios?, por Gabriel María Otalora

busqueda-de-diosDe su blog Punto de Encuentro:

«Los que dicen conocer a Dios, ¿qué significa creer en Él cuando llega el fracaso?»

«Los cristianos estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico»

(Gabriel María Otalora).- Es patente como va en aumento el nivel de insatisfacción de esta sociedad, atrapada entre ruidos y crisis de principios a todos los niveles. Son tiempos difíciles incluso para quienes tienen resueltas las necesidades básicas y no tan básicas; qué decir de los millones de personas sin medios ni dignidad humana que malviven por la codicia violenta de sus semejantes y ahora los tenemos a muchos de ellos vagando por el Mediterráneo en busca de un mundo digno. ¿Dónde está Dios en este pandemónium?

Anthony de Mello se refería a esto en forma de parábola: «Viendo a una niña marginada, aterida y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente, me encolericé y le dije a Dios: ‘¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?’ En pleno silencio, esa noche, Él me respondió: ‘Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti’«.

El silencio de Dios ante tanto dolor no deja de ser una llamada para que le dejemos actuar a través de nuestras manos. ¿Dónde está Dios?, pues está manifestándose en cada gesto de amor que realizamos al próximo, a quien Él quiere que le tratemos como a un hermano. Enredarnos en otras prioridades puede resultar un escándalo para tantísimas personas que buscan al Dios de la comprensión y la misericordia.

Incluso quienes no creen en la existencia de Dios se preguntarán en más de una ocasión: los que dicen conocer de Dios, ¿dónde le ven?, ¿por qué creen?, ¿qué significa en sus vidas creer en Él cuando llega el fracaso?, ¿qué sienten o saben?, ¿por qué tienen ese tipo de convicciones? Y seguro que se escandalizarán con nuestras peores contradicciones.

Aunque el ateísmo es un fenómeno relativamente moderno, la historia de las religiones solo demuestra la existencia del sentimiento religioso a lo largo de todas las épocas y de muy distintas maneras. La experiencia de Dios ha activado conductas revolucionarias por lo que de transformadoras tienen, pero que conviven con el lado humano más oscuro y provocador de tremendas confrontaciones entre personas religiosas cuando imponen la idea de su dios (el suyo propio) a quienes sienten de diferente manera, demostrando con sus actos no ya una experiencia de fe, sino lo peor de la condición humana.

No podemos demostrar donde está Dios, pero muchas personas han dado sobradas muestras de haber tenido a Dios consigo. Los cristianos estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico. En su pedagogía no cabe el interés calculador, como corresponde a un Dios amoroso. Es un Dios «absurdo» porque no se apoya en todo su poder sino que actúa respetando el buen o mal uso de la libertad de los hombres. No es alguien abstracto, sino a quien se siente en la humildad y en la escucha. Nuestro Dios va descubriendo, poco a poco, trocitos de su divinidad en la medida que nos abrimos a la escucha, libremente, desde la experiencia en medio de claroscuros que amenazan una fe que no se pierde jamás por buscar sin miedo la verdad.

Para salir de esta crisis existencial, es preciso amar más y dejarnos transformar desde los acontecimientos de la vida, aceptando el riesgo de una nueva manera de ver y obrar, de comprender y actuar. Solo quienes se mantienen en la voluntad de avanzar en esta dirección llegan a descubrir donde nos espera Dios: junto a tanta inocencia que sufre. Misterio y grandeza.

Religión Digital

Espiritualidad , , , , ,

Effetá… Ábrete

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Effetá… Ábrete

Hoy, ante el drama humanitario que estamos viviendo en esta Europa sorda y muda, esta Palabra se hace realidad más que nunca… Una vez más, Jesús, María y José no encuentran posada… Mientras Herodes le persigue … otros ojos indiferentes no quieren ver la tragedia… Effeta, Ábrete…  ¿Qué más tiene que pasar para que, salvo honrosas excepciones, se pongan de acuerdo las autoridades europeas?

inmigrantes-sirios2-1024x577

Effetá

Ruidos.
Nos rodean.
Nos envuelven.
Nos aturden.
Tertulias, canciones,
opiniones,
discursos, eslóganes.
Anuncios, promesas,
noticias, debates,
conversaciones.
Ruido, ruido incesante,
que termina
atronando
a base de exceso
hasta que las palabras
ya no significan nada.
Mientras,
como un rumor de fondo,
la Palabra trata de hacerse oír.
Habla de justicia,
de amor verdadero,
de camino, verdad y vida.
Toca, Señor, nuestros oídos,
que se abran de nuevo
al rumor de tu presencia.
Sé la Voz que grita,
en el desierto
de los indiferentes,
de los que están de vuelta,
de los ensordecidos.
Voz que despierta
los anhelos más nobles
que llevamos escritos
en la sangre y la entraña.

*
José Mª Rodríguez Olaizola, sj

***

PHOTO-AGENCYebacb7f419038aad6afa72dc03b2830af33230ce5921f5eb8574cf4aPar8254774

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:

“Effetá”, esto es “Ábrete”.

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

“Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.”

*

Marcos 7, 31-37

***

Para seguir a Jesús sería preciso abandonar las enseñanzas y actuar sólo como quisiéramos que obraran los otros. Sería menester reconocer, en verdad, que eso es precisamente lo que hace él. Tras haberle conocido de cerca, ahora sé que me ama, como ama a cualquiera de los ‘am ha’aresh que le siguen, sea un árabe, un griego, un romano o qué se yo. Más aún, ama a un extraño del mismo modo que ama a su madre, a sus parientes, a sus discípulos. Y cuando digo del mismo modo entiendo por ello que ya no existe diferencia alguna entre los que están unidos por este amor suyo universal. Ningún amor verdaderamente grande implica una gradación de valores; pues bien, su amor no parece tener límites. No puedo imaginar que sea capaz de negar nada a nadie, sea quien sea. La gente le pide milagros del mismo modo que pediría un préstamo que sabe ya por anticipado que no tendrá que devolver: y él se los concede. Los hace exaltando la misericordia, la bondad del Altísimo, o sea, señalando que todas las curaciones que a diario y en gran número realiza son una demostración evidente de que Adonai no puede obrar de otro modo con aquellos que confían en él.

        Parece decir: «Mira cómo es misericordioso y lo que puedes esperar aún de él. Esto debe mostrarte que puedes tener fe en él»

*

Jan Dobraczynski,
Cartas de Nicodemo,
Editorial Herder, Barcelona 1977

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , ,

“Curar la sordera”. 23 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,31-37)

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en “Curar la sordera”. 23 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,31-37)

23-852859-300x235La curación de un sordomudo en la región pagana de Sidón está narrada por Marcos con una intención claramente pedagógica. Es un enfermo muy especial. Ni oye ni habla. Vive encerrado en sí mismo, sin comunicarse con nadie. No se entera de que Jesús está pasando cerca de él. Son otros los que lo llevan hasta el Profeta.

También la actuación de Jesús es especial. No impone sus manos sobre él como le han pedido, sino que lo toma aparte y lo lleva a un lugar retirado de la gente. Allí trabaja intensamente, primero sus oídos y luego su lengua. Quiere que el enfermo sienta su contacto curador. Solo un encuentro profundo con Jesús podrá curarlo de una sordera tan tenaz.

Al parecer, no es suficiente todo aquel esfuerzo. La sordera se resiste. Entonces Jesús acude al Padre, fuente de toda salvación: mirando al cielo, suspira y grita al enfermo una sola palabra: Effetá, es decir, «Ábrete». Esta es la única palabra que pronuncia Jesús en todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo, sino a su corazón.

Sin duda, Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato. Conoce bien lo fácil que es vivir sordos a la Palabra de Dios. También hoy hay cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a nadie de su fe. Comunidades sordomudas que escuchan poco el Evangelio y lo comunican mal.

Tal vez uno de los pecados más graves de los cristianos de hoy es esta sordera. No nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús. No vivimos con el corazón abierto para acoger sus palabras. Por eso no sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño ni la atención de nadie.

A veces se diría que la Iglesia, nacida de Jesús para anunciar su Buena Noticia, va haciendo su propio camino, olvidada con frecuencia de la vida concreta de preocupaciones, miedos, trabajos y esperanzas de la gente. Si no escuchamos bien las llamadas de Jesús, no pondremos palabras de esperanza en la vida de los que sufren.

Hay algo paradójico en algunos discursos de la Iglesia. Se dicen grandes verdades, pero no tocan el corazón de las personas. Algo de esto está sucediendo en estos tiempos de crisis. La sociedad no está esperando «doctrina religiosa» de los especialistas, pero escucha con atención una palabra clarividente, inspirada en el Evangelio de Jesús, cuando es pronunciada por una Iglesia sensible al sufrimiento de las víctimas, y que sabe salir instintivamente en su defensa invitando a todos a estar cerca de quienes más ayuda necesitan para vivir con dignidad.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

“Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.” Domingo 9 se septiembre de 2018. Domingo 23º del tiempo ordinario

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en “Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.” Domingo 9 se septiembre de 2018. Domingo 23º del tiempo ordinario

49-ordinarioB23 cerezoDe Koinonia:

Isaías 35, 4-7a: Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará.
Salmo responsorial: 145: Alaba, alma mía, al Señor.
Santiago 2, 1-5: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?.
Marcos 7, 31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

El profeta Isaías es el profeta de la consolación. El pueblo en medio del dolor que ha generado el destierro, necesita de una voz de aliento y esperanza, por eso el profeta los invita a tener valor a que «no tengan miedo», es necesario confiar en Dios pues él va a salvar a su pueblo de la esclavitud.

El profeta evoca con sus palabras el recuerdo de la tierra de Palestina con sus riquezas naturales, torrentes y manantiales, una tierra fértil y espaciosa, un paraíso o una tierra prometida, que les espera después del exilio, a la que regresarán como en un nuevo éxodo. En esta tierra se volverán a instaurar y reconstruirán el Templo, la ciudad y la historia. Y vivirán en plenitud, llenos de vida y salud, con sus órganos de los sentidos completos, capaces de percibir lo que está pasando a su alrededor. En las mismas palabras del profeta, se puede descubrir la fuerza de Dios, que busca reanimar a los abatidos y transformar la tierra devastada. El profeta anuncia tantos bienes que parece la llegada de los tiempos mesiánicos.

La carta de Santiago es un reclamo fuerte a la fraternidad. El que hace distinción de personas en la asamblea, es decir, en la celebración litúrgica, no puede ser cristiano. Santiago en su carta nos habla de diferencias y desigualdades en el interior de la misma comunidad, paradójicamente donde se tendría que construir otro modelo que prefigure la relación que los seres humanos deben construir en la vida social. En una palabra: la fraternidad, como fruto del mandamiento del amor, empieza en la misma celebración litúrgica y se debe hacer realidad en las relaciones sociales de los miembros de la comunidad.

Cada vez que el cristiano celebra la eucaristía debe asumir el compromiso del amor real, un amor que se hace efectivo en las obras que enriquecen la vida y la llenan de contenidos de humanización. Ésta es una tarea que tenemos que asumir para hacer de la celebración cristiana un espacio de vida abundante y de experiencia profunda de amor.

El evangelio de hoy nos dice que los paganos también fueron destinatarios del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús. Que saliendo Jesús de nuevo de la región de Tiro se dirigió por Sidón hacia el mar de Galilea, por en medio de los límites de la Decápolis, todo en territorio pagano. Y le trajeron un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Es una de las poquísimas veces que vemos a Jesús fuera de su país; si creemos a los evangelios, Jesús, prácticamente, no viajó al extranjero. Es importante señalar que en aquel entonces, ir al «extranjero» es también ir al «mundo de los paganos»… no como hoy. En este fragmento del evangelio de Marcos observamos a Jesús pues en medio de gente de otra religión… Puede ser muy significativo para nosotros el comportamiento que tenga hacia esas personas que no creen en el Dios de Abraham que cree Jesús…

En efecto. Vemos en primer lugar cómo Jesús no está entre los gentiles o paganos con una actitud «apostólica», no lo vemos preocupado por catequizarles. Tampoco parece preocupado por hacer entre ellos proselitismo religioso: no trata de convertir a nadie a su religión, a la fe israelítica en el Dios de Abraham. Y tampoco vemos que Jesús aproveche su paso para «impartir la doctrina», «enseñar y divulgar las santas máximas de su religión». Más aún: observemos que ni siquiera predica, no da discursos religiosos. Más bien, simplemente «cura». Es decir: no teoría, sino práctica. Hechos, no dichos.

No podemos decir que Jesús pase por el territorio pagano con indiferencia, o con los ojos cerrados, como si no tuviera nada que hacer allí… Más bien diríamos que lo que considera es que no tiene mucho que decir. No lo vemos discurseando, ni dando su «servicio de la palabra», sino curando y sanando. No habla del Reino (lo que es su «profesión» y hasta su «obsesión» dentro de los límites de Israel); fuera de su territorio religioso calla sobre el Reino y «hace Reino». O como dice la gente al verle: «hace el bien», no habla sobre el bien. (Y ya sabemos que «ubi bonum, ibi Regnum», «donde se hace el bien, allí está el Reinado de Dios», una fórmula que nos hace caer en la cuenta de una cierta tautología que se da entre «bien» y «Reino»; ya lo decía la antífona-canto del salmo 71: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor…»).

Bien mirado, aunque Jesús no predica en esa región pagana, sí «ev-angeliza», en el sentido más exacto de la palabra: da la «buena noticia» («eu-angelo»). No «informa sobre ella», no trata de trasmitir «conocimientos salvíficos», ni siquiera de «poner signos» o de simplemente «anunciar-decir», sino de «hacer presente», de «poner ahí», de construir esos «hechos y prácticas» que son, por sí mismos, la «buena noticia». «Evangelización práctica», pues, sin teorías, ni palabras. (No estamos despreciando la teoría, la doctrina, la teología, la palabra… ni creemos que para Jesús no tuviera importancia… Lo que estamos queriendo decir -fijándonos en Él- es que también para nosotros, como para Él, el puesto de estas dimensiones «teóricas» es un puesto segundo; el primer puesto es para la Vida, para la acción, para la práctica del bien que identifica el Reino, no para la palabra que lo anuncia. Lo último que en definitiva perseguimos, es la práctica, los hechos, la realidad. La teoría, la palabra, la concienciación… también forman parte de la realidad, pero no como objetivos, sino como «instrumentos» para su consecución plena).

Excelente lección para nuestros tiempos de pluralismo religioso y de diálogo interreligioso. Tal vez nuestro histórico celo apostólico y misionero por la «conversión de los infieles», por la «llamada de los gentiles a la fe cristiana», por la «cristianización de las naciones de otra religión», o por «la expansión de la Iglesia» o su «implantación en otras áreas geográficas»… debieran mirar a Jesús y tomar nota de su peculiar conducta misionera. Tal vez hoy necesitaríamos, como Jesús, callar más y simplemente actuar. Es decir, dialogar interreligiosamente comenzando –como se suele decir técnicamente- con el «diálogo de vida»: juntarnos con los «otros» y conjugar nuestros esfuerzos en la construcción de la Vida (en la construcción del bien –«¡ibi Regnum!», ¡allí está el Reino!-). Porque si logramos estar unidos en la construcción del «Reinado de Dios» (no importa el nombre con que se designe, claro está), estaremos de hecho unidos en la adoración (práctica) del Dios del Reino. La doctrina, el dogma, la teología… vendrán después. Y caerán por su propio peso, como fruta madura, cuando el diálogo ya sea una realidad palpable en la práctica de la vida diaria.

«Todo lo hizo bien, hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos»; este versículo 37 tal vez sea una mala traducción, o una derivación de la exclamación que, más probablemente, brotó a los observadores de la conducta de Jesús: «Ha hecho todo el bien [que ha podido], hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos». O sea, sí que predicó Jesús a los gentiles, pero con «el lenguaje de los hechos», y no pidiendo una conversión “mental” a su religión, o a una nueva Iglesia que él no estaba pensando fundar, sino compartiendo con ellos su «conversión al Reino». Jesús no trataba de convertir a nadie a una nueva religión, sino de convertir a todos al Reino, dejando a cada uno en la religión en la que estaba. La conversión importante no es hacia una (u otra) religión, sino hacia el Reino, sea cual sea la religión en la que se dé.

La misión del misionero cristiano se inspira en Jesús. El misionero -todos nosotros, en determinadas circunstancias- no debe buscar la conversión de los «gentiles» a la Iglesia, como su primer objetivo, sino su conversión al Reino (sea cual sea el nombre con el que el “otro” lo llame, y recordando que de nominibus non est quaestio, que «acerca de los nombres no hay que discutir»). Y esa conversión, claro está, no es de diálogo teórico, ni de predicación doctrinal solo… sino de «diálogo de vida» y de construcción del Reino. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

9 09 18. Abrir los oídos, desatar la lengua. Jesús: el «sacramento» del effeta.

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en 9 09 18. Abrir los oídos, desatar la lengua. Jesús: el «sacramento» del effeta.

9d770bdb-46b2-4887-bfd6-e77c2c0d416cDel blog de Xabier Pikaza:

23º domingo de tiempo ordinario, ciclo B, año impar.

El evangelio nos sitúa ante uno de los temas característicos de Marcos: muchos judíos de su entorno, y muchos cristianos de su iglesia, tienen los oídos tapados (no escuchan la palabra), tienen trababa la lengua (no pueden hablar). Por eso, Jesús viene para abrir sus oídos y desatar la lengua:Que se escuchen, que se hablen, que se comuniquen.

Lógicamente, para extender su mensaje, Jesús ha de empezar abriendo el oído, desatando la lengua de los que somos sordo-mudos… Para que hablemos todos, es decir, para que nos comuniquemos en amor que es vida. No se trata de decir cosas, de impartir órdenes unos sobre otros, sino de comunicarnos, viviendo todos en comunión de amor.

Ésta es la tarea que Jesús nos ha dejado en el camino de su Iglesia: Que todos podamos escuchar y compartir la palabra, celebrando así la fiesta de la vida como experiencia de comunicación intensa, de oídos y boca, de ojos y manos, de cuerpo y de pan… Son muchos los poderes que impide la comunicación, el gozo de compartir la vida, la riqueza del Dios que es Palabra transparente, dialogada.

Pero Jesús está empeñado en realizar de nuevo el gran milagro de la vida humana, haciéndonos capaces, entre todos, unos con otros, de escuchar y responde, de comunicarnos y de compartir la vida, de un modo gozoso, completo, liberador, viviendo así los unos en los otros.

La religión no es una imposición sacral, un tipo de poder más hondo (en nombre de Dios), para así dominarnos a todos con su terror sagrado, sino el más hondo principio y camino de comunicación: que todos podamos hablar, ser unos en, con, para los otros, de forma que la palabra viva, de todos con todos, nos haga existir en comunión, sin más autoridad que el mismo Dios de Cristo, es decir, la palabra compartida.Éste no es un camino de terror sagrado, ni de obediencia superior, sino de comunicación admirada y admirable de la vida.

Por eso, el primer «sacramento» del evangelio es que se abran los oídos y la lengua, que se abra, que se expanda, que se comparta la palabra. Éste es para Marcos, el primeros de todos los sacramentos de Cristo y de la Iglesia, el sacramento del Effeta, que quiere decir, ábrase, abramos todos la palabra y el camino de la comunicación.

La Iglesia posterior ha incluido este signo y sacramento del «effeta» dentro del sacramento oficial del bautismo, pero de esa forma ha corrido el riesgo de que pierda su sentido originario, su poder vital, en el principio del camino de Jesús… a quien podemos presentar como «el hombre del effeta».

Buen domingo a todos.

Texto. Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es «Ábrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Milagro de comunicación

Es como un ritual o sacramento de iniciación a la palabra. Para entender la parte anterior del evangelio de Marcos y para acompañar a Jesús en el camino que se iniciará en Mc 8, 27, es necesario abrir oídos y lengua, aprendiendo a escuchar y decir. Este es un milagro que la iglesia ritualiza en forma de sacramento, abriendo los ojos y los oídos y la boca de los bautizados, para que estén atentos a la palabra.

Contexto

Jesús está haciendo el trayecto que lleva de Tiro (misión pagana) a sus raíces galileas, a través de la Decápolis (7, 31). Aún no ha llegado a Dalmanuza (lo hará en 8,10)… a través de un recorrido difícil de situar geográficamente pero humanamente muy significativo. Da la impresión de que a sus seguidores les cuesta comprender lo que hace. Es como si faltara un milagro, un giro epistemológico o cambio radical de paradigma: pasar de la comprensión nacional a la visión universal del ser humano.

Lógicamente, para visualizar este cambio de paradigma ofrece Marcos un milagro. Le traen un sordo (no escucha la nueva palabra) y tartamudo (tiene la lengua impedida y no puede expresarse). Es signo de aquellos que no entienden: prefieren mantenerse en sus esquemas viejos, escuchando sus palabras y razones, que en este caso son la razones de los fariseos de Mc 7, 1 s (estudiadas el domingo pasado).

Un enfermo de la comunicación

Este hombre es un enfermo de comunicación: no puede dialogar de verdad, sólo escucha lo sabido, sólo habla para dominar a los demás. En el fondo es un esclavo de su propia mudez y sordera: no logra entender lo que dicen, no puede decir lo que entiende. Así vive encerrado en una doble distorsión de lenguaje (de la escucha y habla), cautivo de su propia soledad hecha silencio. Estamos cerca del niño con demonio mudo de 9,14-29 y de las mujeres de 16,7-8 que por miedo no podrán decir lo que han visto.

Es enfermo de soledad pero no está completamente sólo: hay personas que le traen y ruegan a Jesús que le imponga las manos, en gesto de autoridad (que se repite con los niños en 10,16) y curación. Está enfermo de sordera, pero lo reconoce, en contra de los fariseos que se sienten sanos para escuchar y decir lo que quieren. Su curación se encuentra estratégicamente situada, al final del primer desarrollo de los panes. Para entender y decir el evangelio hay que abrir los oidos y la lengua. Jesús lo hace, en ritual de comunicación y/o una catequesis sacramental:


Gestos de Jesús

a. Toma al enfermo en privado, separándolo de la muchedumbre (7, 33), para destacar el contacto directo. Da la impresión de que el enfermo no ha recibido hasta ahora atención personal. Jesús se acerca, le toma consigo, le trata como hermano o amigo, iniciando una terapia de cercanía y conversación.

b. Mete sus dedos en el oído sordo (7, 33), en gesto que dramatiza una experiencia interior de limpieza auditiva y libertad, como diciendo que no tema las voces que llegan, que no rechace la palabra que viene, que no encierre su vida en el miedo de un silencio amargado, de una ley ya fija. Hay una sociedad hecha de mentiras y ocultamientos, sociedad donde sólo algunos pueden escuchar y saben lo que pasa, mientras otros, todos los restantes, se encuentran condenados, recibiendo solamente aquello que el sistema les impone. Evidentemente, el sordomudo es miembro de esa sociedad enferma, sin acceso a la palabra. Pues bien, Jesús abre con el dedo sus oídos, para que escuche la palabra.

c. Jesús toca con su propia saliva la lengua del mudo (7, 33). Parece que escupe en la mano, para después mojar la punta de su dedo y ungir así, con dedo ensalivado, la lengua sin palabra. La saliva es signo íntimo de la fuerza personal del ser humano, del cariño que cura, del beso que enriquece y vincula a los amantes. Pues bien, ungir con saliva la lengua muda significa fortalecer su palabra. Con ella transmite Jesús al enfermo su más hondo mensaje: que no tenga miedo, que escuche y confíe en los otros.

d. Finalmente, Jesús mira hacia el Cielo, suspira y dice (Ephatha! ¡Qué se abra! (7, 34). Que se abra evidentemente el Cielo (Dios), ofreciendo su gracia al enfermo, y que se abran (como el mismo texto indica luego: 7, 35) sus oídos y lengua cerrada. Todo el gesto sacramental (visualización sanadora) se condensa en este ruego de Jesús que actúa en realidad como creador de vida (en la línea de Gen 1) sobre la boca y oídos del enfermo.

Una sociedad de sordomudos

El sordomudo es reflejo de una sociedad que encierra al ser humano en su silencio, impidiéndole escuchar y decir, comunicarse. Vive en soledad enferma donde muchos resultan incapaces de acceder a la palabra. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Es Jesús un mago o el Mesías? Domingo 23. Ciclo B

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en ¿Es Jesús un mago o el Mesías? Domingo 23. Ciclo B

porta23-12Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La dificultad de curar a un sordo

Cuando llegamos al final del capítulo 7 del evangelio de Marcos, Jesús ha curado ya a muchos enfermos: un leproso, un paralítico, uno con la mano atrofiada, una mujer con flujo de sangre; incluso ha resucitado a la hija de Jairo, aparte de las numerosas curaciones de todo tipo de dolencias físicas y psíquicas. Ninguno de esos milagros le ha supuesto el menor esfuerzo. Bastó una palabra o el simple contacto con su persona o con su manto para que se produjese la curación.

            Ahora, al final del capítulo 7, la curación de un sordo le va a suponer un notable esfuerzo. El sordo, que además habla con dificultad (algunos dicen que los sordos no pueden hablar nada, pero prescindo de este problema), no viene por propia iniciativa, como el leproso o la hemorroisa. Lo traen algunos amigos o familiares, como al paralítico, y le piden a Jesús que le aplique la mano. Así ha curado a otros muchos enfermos. Jesús, en cambio, realiza un ritual tan complicado, tan cercano a la magia, que Mateo y Lucas prefirieron suprimir este relato.

«Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.  Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!». Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.»

            Conviene advertir cada una de las acciones que realiza Jesús: 1) toma al sordo de la mano; 2) lo aparta de la gente y se quedan a solas; 3) le mete los dedos en los oídos; 4) se escupe en sus dedos; 5) toca con la saliva la lengua del enfermo; 6) levanta la vista al cielo; 7) gime; 8) pronuncia una palabra, effatá (se discute si hebrea o aramea), misteriosa para el lector griego del evangelio.

            Desde el punto de vista de la medicina de la época, lo único justificado sería el uso de la saliva, a la que se concede un poder curativo. Las otras acciones, el gemido, la palabra en lengua extraña, nos recuerdan al mundo de la magia.

            Sin embargo, los espectadores no piensan que Jesús sea un mago. Se quedan estupefactos, pero no relacionan el milagro con la magia sino con la promesa hecha por Dios en el libro de Isaías, que leemos en la primera lectura: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.» La curación demuestra que con Jesús ha comenzado la era mesiánica, la época de la salvación.

La dificultad de curar a un ciego

Si la selección de los textos litúrgicos hubiera estado bien hecha (¡ojalá la Comisión de liturgia realice algún día su revisión!), dentro de dos o tres domingos habríamos leído un milagro parecido, de igual o mayor dificultad, y fundamental para entender el evangelio de hoy: la curación de un ciego. Como no se lee, recuerdo lo que cuenta Marcos en 8,22-26. Le presentan a Jesús un ciego y le piden que lo toque. Exactamente igual que ocurrió con el sordo.

            Jesús: 1) lo toma de la mano; 2) lo saca de la aldea; 3) le unta con saliva los ojos; 4) le aplica las manos; 5) le pregunta si ve algo; el ciego responde que ve a los hombres como árboles; 6) Jesús aplica de nuevo las manos a los ojos y se produce la curación total. Los relatos no coinciden al pie de la letra (aquí falta el gemido y la palabra en lengua extraña) pero se parecen mucho. No extraña que Mateo y Lucas supriman también este episodio.

La sordera y ceguera de los discípulos

            ¿Por qué detalla Marcos la dificultad de curar a estos dos enfermos? La clave parece encontrarse en el relato inmediatamente anterior a la curación del ciego, cuando Jesús reprocha a los discípulos: «¿Tenéis la mente embotada? Tenéis ojos, ¿y no veis? Tenéis oídos, ¿y no oís?» (Mc 8,17-18).

            Ojos que no ven y oídos que no oyen. Ceguera y sordera de los discípulos, enmarcadas por las difíciles curaciones de un sordo y un ciego. Ambos relatos sugieren lo difícil que fue para Jesús conseguir que Pedro y los demás terminaran viendo y oyendo lo que él quería mostrarles y decirles. Pero lo consiguió, como veremos el domingo 30, cuando Jesús cure al ciego Bartimeo.

1ª lectura: Las maravillas de la época mesiánica (Isaías 35,4-7)

            Ha sido elegida por la promesa de que «los oídos de los sordos se abrirán», que se ve realizada en el milagro de Jesús. De hecho, el texto del libro de Isaías se centra en la situación de los judíos desterrados en Babilonia, sin esperanza de verse liberados. Y, aunque se diese esa liberación, tienen miedo de volver a Jerusalén. Se consideran una caravana de gente inútil: ciegos, sordos, cojos, mudos, que deben atravesar un desierto ardiente, sin una gota de agua y con guarida de chacales. El profeta los anima, asegurándoles que Dios los salvará y cambiará esa situación de forma maravillosa. Estas palabras terminaron convirtiéndose en una descripción ideal de la época del Mesías y fueron muy importantes para los primeros cristianos.

Decid a los pusilánimes: ¡Ánimo, no temáis! Mirad, es vuestro Dios; ya viene la venganza, la revancha de Dios; viene él mismo a salvaros. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo gritará de júbilo, porque en el desierto brotarán corrientes de agua, y torrentes en la estepa; la tierra ardiente se trocará en estanque, el suelo sediento en hontanar de aguas; y el cubil donde yacían los chacales se volverá verdor de cañas y de juncos.

2ª lectura: Un milagro más difícil todavía (Carta de Santiago 2,1-5)

            Aunque sin relación con el evangelio, este texto puede leerse como una visión realista, nada milagrosa, de la época mesiánica. Aquí el pueblo de Dios no está formado por gente que se considera inútil y débil. Al contrario, está dividido entre personas con anillos de oro, elegantemente vestidas, y pobres con vestidos miserables. Y lo peor es que el presidente de la asamblea concede a los ricos el puesto de honor, mientras relega a segundo plano a los pobres. Como en el fastuoso funeral de Juan Pablo II, con tantas personalidades famosas en primer plano, mientras los fieles cristianos llenaban la plaza y la Via della Conciliazione. El nuevo milagro, la nueva época mesiánica, será cuando los cristianos seamos conscientes de que «Dios ha elegido a los pobres para hacerlos ricos en la fe».

Hermanos míos, no mezcléis con favoritismos la fe de nuestro Señor Jesucristo glorificado. Si entra en vuestra asamblea un hombre con anillo de oro y vestido elegantemente, y entra también un pobre con vestido miserable, y vosotros volvéis vuestra mirada al que viste elegantemente y le decís: «Tú, siéntate aquí, en el puesto de honor», y al pobre: «Tú estate de pie o siéntate aquí, a mis pies», ¿no hacéis así distinción entre vosotros mismos, y no juzgáis con pensamientos perversos? Mis queridos hermanos, escuchad. ¿No ha elegido Dios a los pobres según el mundo para ser ricos en la fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

 

Reflexión final

Tomado por sí solo, en el evangelio de hoy destaca la reacción final del público: «Todo lo ha hecho bien». Recuerda las palabras que pronunciará Pedro el día de Pentecostés, cuando dice de Jesús que «pasó haciendo el bien». El público se fija en la promesa mesiánica; Pedro, en la bondad de Jesús. Ambos aspectos se complementan.

Pero quien desea conocer el mensaje de Marcos no puede olvidar la relación de este milagro con la curación del ciego. Debe verse reflejado en esos discípulos con tantas dificultades para comprender a Jesús, pero que siguen caminando con él.

La segunda lectura, en la situación actual de la Iglesia, cuando tantos escándalos parecen sumirla en un desierto sin futuro, supone una invitación a la esperanza. Pero el milagro será imposible mientras las personas que tienen mayor responsabilidad en la Iglesia sigan luchando por los primeros puestos, los anillos de oro y los capelos cardenalicios.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. 09 de septiembre de 2018

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. 09 de septiembre de 2018

d-xxiii

“Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:

-Effetá (esto es, “ábrete”).

Y al momento se le abrieron los oídos,

se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.”

(Mc 7, 31-37)

La escena que nos presenta el evangelio de hoy es de una gran fuerza. Cuando no podemos oír ni hablar se dificulta enormemente la relación con las demás personas. Basta pensar en lo difícil que resulta comunicarse con alguien que habla una lengua que no conocemos.

Aquí encontramos que le presentan a Jesús una persona sorda y que, además, apenas puede hablar. Pero lo que nos quiere mostrar no es un caso concreto, es, más bien, un icono, un símbolo.

El evangelio nos está presentando el mundo pagano. Aquellas personas que no conocen al Dios de Jesús, que no pueden escuchar Su Palabra. En esta persona sorda están representadas todas las personas que no pueden “oír” la Buena Noticia que trae Jesús.

Y Jesús se acerca, toma aparte esta realidad y “pierde el tiempo” con ella. Le toca. Y ora sobre ella: “mirando al cielo, suspiró y le dijo… -¡Effetá! (Ábrete!) Al oír esta palabra se nota como caen muchos muros internos. Se abren esas puertas blindadas. Y lo que era cerrazón se convierte en espacio.

Todos necesitamos que Jesús pronuncie sobre nuestra mente y sobre nuestro corazón un “¡effetá!” que destruya cualquier obstáculo.

Pero si volvemos al símbolo quizá nuestro mundo pagano de hoy son los países “enriquecidos”. ¡Cuánto necesitamos que se cure la sordera globalizada! Tienen que caer los muros, las alambradas y los puertos cerrados.

No pueden seguir existiendo fronteras que blindan riquezas injustas.

Oración

Grita, Jesús, sobre nuestro países enriquecidos injustamente. Que se caigan las barreras que nos hacen creer que las demás no tienen derecho a una vida como la nuestra. Borra el egoísmo que nos hace sordas al clamor de las empobrecidas.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Toda la palabra está ya en ti.

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Toda la palabra está ya en ti.

jesus-curaMc 7, 31-37

El episodio que nos narra hoy Mc no tiene localización precisa como casi siempre. Solo dice que vuelve del Tiro al lago de Galilea, pasando por Sidón, atravesando la Decápolis. Podemos suponer que estamos en la Decápolis, tierra de paganos. Si alguno intentara marcar un recorrido geográfico lógico de los itinerarios de Jesús en el evangelio de Marcos, se encontraría con un galimatías indescifrable. Para Marcos la geografía no tiene ninguna importancia. Coloca a Jesús en cada momento donde más le interesa teológicamente.

En el AT, los tiempos mesiánicos se anunciaron como salvación para los marginados, los pobres, los que no tenían valedor en este mundo injusto. Seguramente hemos entendido demasiado literal­mente el anuncio hecho por los profetas de que, los sordos oirán, los mudos hablarán, los ciegos verán, los cojos saltarán… En realidad nunca se dice en toda la Biblia que el Mesías tuviera esa misión. También dicen los textos que nacerán fuentes en la estepa, que el león pacerá con el buey, que el niño cogerá la serpiente en la mano etc. y nadie espera que eso vaya a suceder en la realidad. Todo es signo del Reino, no el Reino.

Para aquella cultura, el hecho de que una persona fuera sorda, o muda o ciega, no era un problema de salud sino un problema religioso. Esa carencia era signo de que Dios le había abandonado. Si Dios lo había abandonado, la institución religiosa estaba obligada a hacer lo mismo. Eran por tanto, marginados por la religión, que era la mayor desgracia que podía recaer sobre una persona. Jesús, con su actitud, manifiesta que Dios está más cerca de los marginados, de los que sufren. Al curar Jesús les está sacando de su marginación religiosa, demostrando que Dios no margina a nadie y que la religión no actúa en su nombre.

El relato está plagado de simbolismos que hacen imposible interpretarlo como crónica de unos hechos. En el capítulo siguiente se narra la curación del ciego de Betsaida, utilizando el mismo cliché: Es presentado por otros, le piden que lo toque (le imponga las manos), lo separa de la multitud, hace un tocamiento con su saliva, y les manda que guarden silencio. En los profetas, la ceguera y la sordera son símbolos de resistencia a la palabra de Dios. En el evangelio son símbolos de la incomprensión y resistencia al mensaje de Jesús. Los discípulos de Jesús no comprenden el mensaje y por lo tanto, no pueden trasmitirlo.

Sordo y mudo en el AT, era, simbólicamente, el que no quería escuchar la palabra de Dios, y por lo tanto, tampoco podía cumplirla o proclamarla. Si tenemos en cuenta que la religión judía está fundamentada en el cumplimiento de la Ley, descubriremos que, el que no puede oírla ni proclamarla, queda totalmente excluido. La imposición de manos era signo de la comunicación del Espíritu. La mirada al cielo era signo de relación íntima con Dios. Apartarlo de la gente era separarlo del mundo. El dedo hace referencia al dedo de Dios que actúa con fuerza. La saliva se consideraba como vehículo del Espíritu. Aparentemente Jesús actúa como cualquier sanador de la época. Pero los taumaturgos hacían sus curaciones con la máxima ostentación posible. Jesús quiere hacer ver a todos que su objetivo es muy distinto.

Jesús nunca identifica el Reino de Dios con una supresión de las limitaciones. Las bienaventuranzas dejan claro que el Reino de Dios está abierto a todos, a pesar de las circunstancias personales. Él dice expresamen­te que el Reino de Dios está dentro de vosotros. El Reino de Dios es una actitud vital de cada persona. Es un descubrimien­to de Dios en lo hondo del ser. Claro que una vez que la persona entra en esa dinámica, tiene que manifestarse después en la manera de actuar. La atención a los marginados no es el Reino de Dios, sino la manifesta­ción de que está presente y visible a todo el que lo quiera ver.

Si queremos llevar a los marginados el Reino de Dios, antes de haber entrado nosotros en él, caemos en la trampa de la programación. Mientras no cambiemos nosotros, por mucha atención que reciban los que sufren, no ha llegado el Reino de Dios, ni para nosotros ni para ellos. Para el mismo Jesús, desde una perspectiva del AT, la señal de que el Reino de Dios ha llegado es que los sordos oyen, los cojos andan, los ciegos ven, y los pobres son evangelizados. Aquí encontramos la clave de interpretación del relato.

El Reino consiste en que los que excluimos dejemos de hacerlo, y los excluidos dejen de sentirse excluidos a pesar de sus limitaciones. El objetivo de Jesús no es erradicar la pobreza o la enfermedad, sino hacer ver que hay algo más importante que la salud y que la satisfacción de las necesidades más perentorias. Sacar al pobre de su pobreza no garantiza que lo hemos introducido en el Reino. Pero salir de nuestro egoísmo y preocuparnos por los pobres sí garantiza la presencia del Reino y puede hacer que el pobre descubra el Reino.

No podemos pensar en un Reino de Dios puramente espiritual. Hemos dicho muchas veces que una relación auténtica con Dios es imposible al margen de una preocupación por los demás. Creer que podemos servir a Dios al margen de los demás es una ilusión. No hemos aprendido la lección, ni como individuos ni como iglesia. El ejemplo de Santiago, dentro de su simplicidad, es esclarecedor. ¿Quién de los aquí presentes aprecia más a un andrajoso que a un rico? ¿Qué sacerdote, incluyéndome a mí, trata mejor la los pobres que a los ricos? La conclusión es clara: el Reino de Dios aún no ha llegado a nosotros.

El mensaje de Jesús tendría que operar en nosotros los mismos efectos que tuvieron su saliva y su dedo en el sordomudo. Escuchar es la clave para descubrir cuál debe ser mi trayectoria en la vida. La postura de cerrarse a la Palabra, es mucho más común de lo que solemos pensar. El miedo a equivocarnos nos paraliza. Un proverbio oriental dice: si te empeñas en cerrar la puerta a todos los errores, dejarás inevitablemente fuera la verdad. El episodio de hoy nos debe hacer reflexionar. Tenemos que abrirnos a la verdad y tratar de comunicarla a todos, llevándoles un poco de esperanza e ilusión.

Jesús dijo en Jn 10, 9: “Yo soy la puerta, el que entre por mí quedará a salvo, podrá entrar y salir y encontrará pastos”. Pero, “puerta” se puede entender como el hueco que permite el acceso a una estancia o el elemento material que girando sobre unos goznes puede permitir o impedir el paso. El contexto de la cita deja claro que se trata de la apertura para entrar y salir. Pero por desgracia utilizamos a Jesús como el elemento giratorio que nosotros utilizamos para dejar entrar o para impedir el paso a la intimidad de Dios. Con mucha frecuencia, hemos cerrado la puerta y nos hemos guardado la llave.

No nos salva escuchar la palabra de Dios, pero es el instrumento que nos permite descubrir dentro de nosotros la salvación. Las frutas defienden la vida que está latente en la semilla de dos maneras: rodeándola con gran cantidad de pulpa o con un caparazón duro que la aísla del entorno. En los dos casos, lo aparente, que es lo que parece importante, no es más que un medio para conservar la semilla hasta la primavera siguiente. Entonces la cáscara desaparecerá para germine la semilla. En el caso de la manzana o el melón, pudriéndose. En el caso de la almendra o la nuez, separándose las dos partes para dejar paso al germen.

Meditación-contemplación

La clave de toda vida espiritual es la apertura.
Como una esponja debes dejarte empapar.
Pero para ello, no tienes más remedio que exprimirte.
Si te vacías de todo lo terreno que hay en ti,
Lo divino que también está en ti, te inundará.
En la medida que te vacíes te llenarás.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Abrirse a la verdad.

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Abrirse a la verdad.

efata1El concepto del ser humano y solitario es realmente una contradicción (Desmond Tutu)

9 de septiembre. Domingo XXIII del TO

Mc 7, 31-37

Levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Efattá, que significa ábrete (v 34)

Dios está en nuestro interior, pero está lejos cuando el amor no florece en nuestro corazón. Lo ilustra el místico y poeta sufí iraní Al-Hallaj (858-922) de este modo: “Eres tú el que le velas a tu corazón lo íntimo de Su Misterio; y si no fuese por ti, no estaría tu corazón sellado. Pero hoy un Secreto te he mostrado que tanto tiempo en ti estuvo oculto; una Aurora para ti se ha levantado; aunque un poco la entenebreces todavía”.

¡Cuantísima importancia dio Jesús a la Verdad y cuánto apunta con el índice de su mano conminatoriamente a los cerrados! Habría que aplicarles lo que Mateo nos dice en 11, 16-17: “¿Con qué compararé a esa generación? Son como niños sentados en la plaza que gritan a otros:

Hemos tocado la flauta
y no habéis bailado.
Hemos cantado endechas
y no habéis hecho duelo”.

El poeta y dramaturgo irlandés, William Butler Yeats, envuelto en halo de misticismo, dijo: “Podemos hacer que nuestras mentes sean tan semejantes a las aguas que permitan a los seres que se reúnen en torno a nosotros ver, quizás, sus propias imágenes, y así vivir por un momento una vida más clara, tal vez incluso más intensa, gracias a nuestra seriedad”.

Que nuestra existencia se abra a la verdad sin violencias, con serenidad. Y para eso, nada más importante que seguir el consejo de Majjhima Nikaya: “Desarrolla una mente que sea amplia como el espacio, donde tanto las experiencias agradables como las desagradables puedan parecer y desaparecer sin conflicto, sin lucha, sin sufrimiento.

Estar abierto a la verdad es dejar que los demás -todo lo demás- invadan nuestro propio territorio y lo enriquezcan. Con la mente y el modo de pensar de las estrellas, el flotar de las nubes sobre nuestras cabezas, y el agua clara que fluye del nevero en la cúspide de la montaña perdida junto al cielo, de las fuentes con fondo de bruñido espejo.

Cuando me asomo al fondo de las demás cosas y veo la inmensa riqueza que atesoran, me admiro del poder de la vida dando vida, y permitiendo que la vida sueñe y siga permitiendo a la vida seguir siendo dentro y fuera. Quiero encontrarme a mí mismo y encontrar a otros. No quiero ser el señor Duffy, personaje de James Joice, que vivía siempre a cierta distancia de su cuerpo.

Todo lo contrario de lo que proponía Desmond Tutu, Arzobispo Anglicano de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y Premio Nobel de la Paz en 1984: “El concepto del ser humano y solitario es realmente una contradicción”. Que pueda ser para los demás una luz, un árbol de milagros.

PLEGARIA

Que pueda ser un guardián para los que necesitan protección,
un guía para los que caminan,
un bote, una balsa, un puente para los que desean cruzar un río.

Que pueda ser una luz en la oscuridad,
un lugar de reposo para los que están agotados,
una medicina salvadora para los que están enfermos,
una vasija de abundancia, un árbol de milagros. 

Y para las innumerables multitudes de seres vivientes,
que pueda aportarles el sustento y la iluminación
perdurables como la tierra y el cielo,
hasta que todos los seres se liberen del sufrimiento
y todos estén despiertos.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Todo lo ha hecho bien.

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Todo lo ha hecho bien.

23ordinarioMc 7,31-37

En el breve evangelio de hoy se condensan varios aspectos que se nos ofrecen como luz para nuestro aquí y ahora:

“Dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón atravesando la Decápolis”: Encontramos a Jesús fuera de su país, atravesando tierra extranjera, un espacio habitado por paganos, por quienes no profesan la fe en el Dios de Israel. Jesús se hace cercano al diferente, a quien es rechazado por ser distinto, por no tener las mismas ideas, la misma religión, la misma cultura… Hoy, para encontrarnos con extranjeros, con extraños, no necesitamos salir del país. Acercarnos al diferente se nos hace posible en cada espacio público: autobús, trabajo, calle, bar… Jesús nos ofrece un modo claro de relación: encuentro, acogida, diálogo y curación. Rompe las fronteras y los prejuicios, se acerca y permite que se acerquen, ofreciendo en la relación lo mejor de sí mismo y lo mejor para la otra persona.

“Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar”: Nos dice el texto que la persona es sorda y con dificultades para hablar, pero no que esté incapacitada para ponerse por sí misma en movimiento. Por eso esta expresión es significativa. En ella se muestra el valor de la amistad, el poder y la fuerza del grupo o de la comunidad. ¡Cuánto nos necesitamos unos a los otros! ¡Cuánto bien nos podemos hacer los unos a los otros! Quienes presentan ante Jesús a este hombre con sordera aparecen de modo anónimo. No sabemos quiénes son, si son familiares o amigos, ni siquiera cuántos forman el grupo. Lo que podemos intuir es que estas personas buscan el mejor modo de ayudar a quien tiene dificultad y son capaces de organizarse para ello. No solicitan algo para sí mismos, sino el bien para quien está más herido por alguna causa.

Cada uno de nosotros sabe cuál es su sordera, la que le incapacita para escuchar las palabras y la Palabra, la que le cierra a la realidad que le rodea. Aquello que le incapacita o bloquea. También cada uno de nosotros somos conscientes del bien que podemos hacer a quienes nos rodean a través de ese gesto o palabra oportuna, del acompañamiento personal o del abrazo en el momento preciso.

Unas relaciones positivas requieren la capacidad para percibir y acoger cómo está el otro, pero también para dejarse ayudar y acompañar por los demás. Porque, a veces, uno mismo está tan bloqueado que no puede, por sí mismo, salir de la situación en la que se halla. Si el sordo fue presentado ante Jesús es porque también él se dejó presentar.

– “Effetá (esto es “ábrete”)”: Es la única palabra que Jesús pronuncia en este episodio. Pero lo hace junto a numerosos gestos significativos: saca a la persona del entorno en el que se ha mantenido sorda y con dificultades para hablar apartándola un poco del grupo; le toca los oídos, la lengua… esas partes de su cuerpo donde se manifiesta el bloqueo; eleva sus ojos al cielo como expresión de oración, de conexión permanente con su Abba. El texto, con ello, nos hace fijarnos en la corporeidad de Jesús. Nos habla de sus manos, de sus dedos, saliva, ojos, respiración… todo su ser al servicio del bien.

Sólo pronuncia una palabra y, sorprendentemente, no es “oye”, “escucha” o “habla”… Es “ábrete”. ¿A qué nos invita hoy Jesús a abrirnos? ¿Qué apertura necesitamos para salir de nuestras sorderas y enmudecimientos?

“Todo lo ha hecho bien”Esta es la experiencia que Jesús nos ofrece. Al encontrarnos con Él su fuerza sanadora rompe nuestras ataduras y bloqueos. Así, como el hombre del evangelio, también nosotros experimentamos que se nos desata la lengua y podemos pronunciar nuestra propia palabra. Una palabra que se multiplica en el grupo. Todos, a pesar del deseo manifiesto de Jesús de que guarden silencio, no pueden dejar de proclamar que Jesús sana y libera, que todo lo hace bien.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

No es lo mismo oír que escuchar.

domingo, 9 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en No es lo mismo oír que escuchar.

effata-209x300Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA SORDERA NO ES SIEMPRE CUESTIÓN FÍSICA. OÍR Y ESCUCHAR

No es lo mismo oír que escuchar.

El oído (audición) es un órgano físico por el que percibimos los sonidos, voces, etc.

La escucha es una actitud, una disposición personal para acoger lo que nos dice la vida o los demás.

Puede haber personas que tengan una mala audición fisiológica, pero están atentos, escuchan. Y hay personas que oyen muy bien, pero no escuchan nada.

Hay diversos tipos de sordera en la vida:

La física.

La del que no sabe escuchar;

La del que no quiere escuchar, (no hay peor sordo que el que no quiere oír).

La sordera inconsciente, del que va por ahí “a su bola” oyendo su propia melodía, bien sea autoalabanza o letanía de quejidos:

A veces hay sorderas porque ya no les cabe más, puesto que se lo saben todo, tienen el absoluto de la verdad y ya no les vale la pena escuchar más.

Hay audiciones de trámite: algunos obispos y superiores oyen a los Consejos diocesanos, a las personas y con ello cumplen el expediente jurídico-canónico, pero luego, hacen lo que quieren sin haber escuchado ni atendido a razones.

En la tradición profética, la sordera -como la ceguera- son figura de quien no quiere ver ni escuchar: tienen oídos pero no escuchan (Salmo 115,6) (Is 6,9; 42,18; Jer 20-23, etc.).

El ser humano por naturaleza es el que “está abierto” (Effatá) a toda palabra que se pronuncia en la historia. Ser humano y ser cristiano es vivir abiertos, vivir abiertos en el mundo (Es la idea central de K. Rahner en su pensamiento y en su obra: Oyente de la Palabra).Somos seres abiertos.

Hay sorderas que no se curan con audífonos, sino con una actitud de escucha.

02. LA SALIVA.

effataLa saliva en la Biblia es una materizalización–concreción del propio espíritu, Tanto negativa (un salivazo) como positivamente, la saliva es algo muy íntimo, muy personal.

Es evidente la alusión de esta escena de la saliva al Génesis:

Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. (Génesis 2:7)

Este gesto lo repite Jesús con alguna frecuencia y es, por tanto, una alusión a la creación, a la nueva creación de la nueva humanidad. Jesús cura con su saliva: con su espíritu. La saliva significa el espíritu de una persona, en este caso el espíritu de Jesús. Es una escena muy semejante a la curación del ciego de Jericó: Jesús hace barro con su saliva: una nueva creación. (Jn 9). Jesús mirando al cielo -al poder de Dios- suspiró -como Dios creador en el Génesis-, infunde su espíritu a aquel sordo y exclama: Effatá, ábrete.

Es decir, Jesús vuelve a crear un hombre nuevo, abierto.

Cuando uno vive mirando a la ultimidad, a Dios, escucha, los pasos y palabras intermedias que se producen en la historia.

03. EFFATÁ: ÁBRETE.

El 25 de enero de 1959, Juan XXIII consultó y anunció a un grupo de cardenales la convocatoria y celebración del que sería el Concilio Vaticano II 1962-1965). Reunidos los cardenales, Juan XXIII mandó abrir algunas ventanas de la sala. Algún cardenal inquirió la razón por la que -en pleno invierno romano- se abrían las ventanas. Juan XXIII respondió: “para que salga el aire viciado y para que entre aire fresco”. (Effatá).

Casi hemos olvidado o perdido aquel rito que se hacía en el bautismo en el que se recordaba esta escena y se decía al niño: ¡Ábrete!

No se trata de una apertura clínica ni mágica. Es un abrirse personal. El niño poco a poco, se va abriendo a la vida, a la familia, a la convivencia, al idioma, a la cultura, al pueblo, a la fe.
Es sano y bueno vivir abiertos. Vivir enquistado es signo no solamente de egoísmo, sino de una psicología algo enfermiza. Es sano vivir abierto a los demás, a los amigos, a la cultura, a la teología.

¡Cuántas personas y movimientos eclesiales no se abrieron al Vaticano II! Sufren y hacen sufrir en las familias, en las comunidades religiosas, eclesiales. Ábrete a otros modos de pensar, a otras tradiciones eclesiales, a otras religiones y culturas, vivamos abiertos a la historia.

Hemos vivido y estamos viviendo en algunas diócesis tiempos de enorme cerrazón en la iglesia, que es lo contrario del effatá-ábrete. Todavía perdura ese estado de trincheras, sin ir más lejos, en nuestra propia diócesis.

Infunde ánimo y esperanza que el papa Francisco trate de crear una iglesia abierta, mejor es que tengamos un accidente a que nos intoxiquemos con el aire viciado que tenemos dentro para ver si esta iglesia deja de oler a formol y las ventanas abiertas (Juan XXIII) nos posibilitan respirar oxígeno puro.

La diferencia entre el modelo eclesial de Francisco respecto de posiciones anteriores y de algunos jerarcas y obispos actuales es que Francisco mira hacia delante, hacia fuera, (las periferias) y con bondad, mientras que algunos obispos miran hacia dentro, hacia atrás y hacia la doctrina, no a las personas.

Estas últimas semanas han recrudecido los embates y la cerrazón contra Francisco y contra la línea pastoral de Francisco. El caso del arzobispo y ex nuncio Viganò, es el ariete, la punta del iceberg de un gran sector de la jerarquía católica, así como de laicos y algunos movimientos religiosos contrarios a un Effatá evangélico.

04. SED FUERTES, NO TEMÁIS. (ISAÍAS 35,4-7A).

Puede que se cierren puertas y ventanas, puede que no se quieran abrir caminos y recorridos teológicos, nos está tocando vivir tiempos duros y sordos en nuestra iglesia diocesana. Esto produce mucha frustración y mina los cimientos de la existencia y de la esperanza Sin embargo: no temáis sed fuertes, (Isaías). La apertura hacia lo auténtico es un buen antídoto contra las cerrazones.

La saliva, el bautismo, el ESPÍRITU DE CRISTO nos hace seres nuevos y nos abre hacia el horizonte infinito.

¡ÁBRETE Y NO TEMAS: SÉ FUERTE EN LA VIDA! (ISAÍAS)

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Intercesión es compromiso.

miércoles, 5 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Intercesión es compromiso.

nativity-2017-csn-photo

Practicamos con una gran frecuencia la intercesión; oramos por nuestros padres, por aquellos que nos aman. Sin embargo, nuestra intercesión se limita, con excesiva frecuencia, a una llamada dirigida a Dios, aunque se trate de una llamada afligida y sincera: «¡Mira, Señor!», «¡Señor, ten piedad!», «¡Señor, ayúdanos! ¡Ven en ayuda de los que están necesitados!» […]. Lo que hacemos es una especie de recordatorio, dirigido a Dios, de lo que sigue siendo imperfecto en este mundo. Pero ¿cuántas veces estamos dispuestos a hablar como hace Isaías cuando oye preguntar a Dios: «¿A quién enviaré?» (Is 6,8)? ¿Cuántas veces estamos dispuestos a levantarnos y a decir: «Aquí estoy, Señor, envíame»? Sólo de este modo puede convertirse nuestra intercesión en lo que es por naturaleza.

Interceder no quiere decir hablar al Señor en favor de aquellos que se encuentran en necesidad; significa dar un paso, un paso que nos lleva al corazón mismo de una situación, que nos leva allí de una manera definitiva y hace que no podamos echarnos atrás de ninguna manera, porque ahora nos hemos entregado y pertenecemos a esta situación. En una situación de máxima tensión, el corazón es el punto donde el choque se vuelve más violento y el tormento más cruel: ahí es donde se sitúa el acto de intercesión. Todo compromiso que se vuelve intercesión implica una solidaridad de la que ya no queremos prescindir.

Esta solidaridad la encontramos en Dios: él se compromete en el mismo instante en que nos llama con su Palabra a la existencia, sabiendo que le abandonaremos, que le perderemos y que será él quien deba encontrarnos de nuevo no allí donde él está, sino allí donde nos encontremos nosotros, con todo lo que eso implica.

*

de una conferencia del metropolita A. Bloom,
citado en E. Bianchi [ed.], Letture per ogni giorno, Leumann 1980, pp. 412ss.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

Agua ideal: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro…

domingo, 2 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Agua ideal: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro…

IMG_1688

Agua ideal

Agua redonda y cerrada,
el agua del pozo piensa.

El agua andante del río
es buena como una arteria.

La del mar… está muy lejos
para la sed de la tierra.

El torrente lleva el agua
sin saber por qué la lleva.

La fuente, en su boca clara,
la lleva como un poeta.

…Yo busco un agua sin cauces,
pero pensativa y buena.
Honda y cercana. Y sonora.
¡Señor, el agua perfecta!

Los dos bueyes hermanos
sorben pausadamente
la sangre del ocaso.

Los plátanos aplaudían
en silencio, con sus manos verdes
y aterciopeladas.

La torrentera embestía
las rocas como una vaca
de lengua turbia.

Y la tarde
se moría desangrada…

En la feria de tus viñas,
los cascabeles dorados
—de miel y de sol—, Septiembre.
Bajo el toldo de tu cielo,
¡dulce domingo del año!

*

Pedro Casaldáliga,
Palabra ungida (Poemas), 1955

***

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. ( Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes la manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. ) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús

– “¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores“?

Él contesto:

“Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.”

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:

– “Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer la hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.”

*

Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

***

*

La lucha espiritual es un movimiento esencial de la vida espiritual cristiana. Se trata de una lucha interior, no dirigida contra seres exteriores a uno mismo, sino contra las tentaciones, los pensamientos, las sugestiones y las dinámicas que llevan a la consumación del mal. Pablo, sirviéndose de imágenes bélicas y deportivas (la carrera, el boxeo), habla de la vida cristiana como de un esfuerzo, de una tensión interior por permanecer en la fidelidad a Cristo, que implica desenmascarar las dinámicas a través de las cuales se abre camino el pecado en el corazón del hombre, para poder combatirlo en el mismo momento en que surge. El lugar de esta batalla es, en efecto, el corazón. Vigilancia y atención son la «fatiga del corazón» (Barsanufio) que permite al creyente llevar a cabo su purificación: es del corazón, en efecto, de donde brotan las intenciones malvadas y es el corazón el que debe transformarse en morada de Cristo gracias a la fe.

        En este sentido, la «custodia del corazón» constituye la obra por excelencia del hombre espiritual, la única verdaderamente esencial. En esta lucha es menester ejercitarse: es preciso, en primer lugar, saber discernir nuestras propias tendencias pecaminosas, nuestras propias debilidades, las tendencias negativas que nos marcan de un modo particular; en consecuencia, Tiernos de llamarlas por su nombre, asumirlas y no removerlas y, por último, sumergirnos en la larga y fatigosa lucha dirigida a hacer reinar en nosotros la Palabra y la voluntad de Dios.

        El órgano de esta lucha es el corazón, entendido en sentido bíblico como órgano de la decisión y de la voluntad, no sólo de los sentimientos. La capacidad de lucha espiritual, el aprendizaje del arte de la lucha (Sal 144,1; 18,35), resulta esencial para la acogida de la Palabra de Dios en el corazón humano. Los expertos en la vida espiritual saben que esta lucha es más dura que todas las luchas externas, pero conocen asimismo el fruto de la pacificación, de la libertad, de la docilidad y de la caridad que produce.

*

E. Bianchi,
La palabra de la espiritualidad,
Milán 1999.

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

“La queja de Dios”. 22 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)

domingo, 2 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en “La queja de Dios”. 22 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)

215px-missa_tridentina_002Un grupo de fariseos de Galilea se acerca a Jesús en actitud crítica. No vienen solos. Les acompañan algunos escribas venidos de Jerusalén, preocupados sin duda por defender la ortodoxia de los sencillos campesinos de las aldeas. La actuación de Jesús es peligrosa. Conviene corregirla.

Han observado que, en algunos aspectos, sus discípulos no siguen la tradición de los mayores. Aunque hablan del comportamiento de los discípulos, su pregunta se dirige a Jesús, pues saben que es él quien les ha enseñado a vivir con aquella libertad sorprendente. ¿Por qué?

Jesús les responde con unas palabras del profeta Isaías que iluminan muy bien su mensaje y su actuación. Estas palabras con las que Jesús se identifica totalmente hemos de escucharlas con atención, pues tocan algo muy fundamental de nuestra religión. Según el profeta de Israel, esta es la queja de Dios.

«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí». Este es siempre el riesgo de toda religión: dar culto a Dios con los labios, repitiendo fórmulas, recitando salmos, pronunciando palabras hermosas, mientras nuestro corazón «está lejos de él». Sin embargo, el culto que agrada a Dios nace del corazón, de la adhesión interior, de ese centro íntimo de la persona de donde nacen nuestras decisiones y proyectos.

Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido. Le falta la vida, la escucha sincera de la Palabra de Dios, el amor al hermano. La religión se convierte en algo exterior que se practica por costumbre, pero en la que faltan los frutos de una vida fiel a Dios.

La doctrina que enseñan los escribas son preceptos humanos. En toda religión hay tradiciones que son «humanas». Normas, costumbre, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura. Pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de lo que Dios espera de nosotros. Nunca han de tener primacía.

Al terminar la cita del profeta Isaías, Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy graves: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. En la religión cristiana, lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas, por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

“Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. Domingo 02 de septiembre de 2018. Domingo 22º ordinario

domingo, 2 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. Domingo 02 de septiembre de 2018. Domingo 22º ordinario

48-ordinarioB22 cerezoDe Koinonia:

Deuteronomio 4, 1-2. 6-8. No añadáis nada a lo que os mando. . ., así cumpliréis los preceptos del Señor.
Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?.
Santiago 1, 17-18. 21b-22.27: Llevad a la práctica la palabra.
Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23:Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

 Es antigua la tentación de considerar que lo esencial de una religión está en el cumplimiento de formalidades rituales, y no en la asunción de sus principios vitales. También esta tentación acompañó al «pueblo de Dios» de Israel -como a muchos otros «Pueblos de Dios»-, desde tiempos inmemoriales. Hoy, si alguna persona se atreve a cuestionar, aunque sea indirectamente, ciertos lastres históricos y a proponer alternativas coherentes con el evangelio, en poco tiempo es tachada de «desviarse de la auténtica doctrina». Sin embargo, como nos recuerda el Salmo, no son los muchos ornamentos ni el boato de las celebraciones lo que nos eleva a Dios, sino la justicia, la honestidad, la recta intención y el respeto. Anunciar la justicia y vivirla en el día a día constituye la exigencia fundamental de las Escrituras judeocristianas –y en esto coinciden con tantas otras Escrituras-. Los rituales, las prescripciones, las ceremonias… nos pueden ayudar a continuar por el camino de Dios, pero no pueden sustituirlo. Por esta razón, la exhortación que Moisés dirige a su pueblo se centra en la necesidad que tiene el pueblo de Dios de hacer una clara opción por el Dios de la libertad y de la justicia que los ha sacado de Egipto. De lo contrario, el sueño de la «tierra prometida» se puede convertir en una cruel pesadilla.

Los primeros cristianos experimentaron en carne propia la amenaza del formalismo y el ritualismo. Después de un tiempo de dedicación y fervor por la misión, los ánimos comenzaron a ceder y la comunidad se vio rápidamente atraída por las relaciones puramente funcionales y formales. De este modo se perdía la fraternidad que les daba identidad y coherencia.

La carta de Santiago nos pone en guardia contra una religión que no encarne los valores del Evangelio. La palabra escuchada en la Sagrada Escritura debe ser discernida según el Espíritu para vivirla dócilmente en la vida cotidiana. El cristianismo no es una formalidad social que cumplir, ni un ritual más en las prácticas piadosas de una cultura. El cristianismo se manifiesta como una opción vital que requiere del compromiso íntegro de la persona. La comunidad de creyentes es el espacio ideal para que la persona realice su opción y viva, en compañía de otros hermanos y hermanas, el llamado de Jesús.

Aunque el libro del Deuteronomio -que Jesús sigue muy de cerca- propone como religión una serie de principios éticos orientados a crear lazos de solidaridad, equidad y justicia; sin embargo, el judaísmo del primer siglo estaba más inclinado a valorar las formalidades. Lavarse o no lavarse la manos antes de ingerir alimentos había pasado de ser una norma elemental de higiene a convertirse en una norma que decidía quién era religioso y quién era un pecador. La tentación de canonizar los objetos, los rituales, los espacios y el tiempo le pueden hacer olvidar a la persona piadosa que la esencia de su relación con Dios no está en los protocolos culturales, sino en el respeto, la compasión y la misericordia.

Jesús nos invita a redescubrir la esencia del cristianismo en nuestra opción por construir la Utopía de Dios -lo que él llamaba en arameo «Malkuta Yavé», Reino de Dios- y por vivir de acuerdo con los principios del evangelio. Todas nuestras normas y protocolos están al servicio de una auténtica vivencia de sus enseñanzas. Nosotros no debemos renunciar a una vida auténtica y creativa para seguirlo a él. Todo lo contrario. Debemos recrear aquí ya ahora toda la novedad de su profecía y toda la radicalidad de su amor incondicional por los excluidos.

Conectado con todo este tema está aquel otro de «la letra y el espíritu»: la letra es el detalle de lo mandado, la prescripción, el rito, la acción concreta, la «verdad superficial» (Niels Bohr)… El espíritu es el sentido con el que ha sido concebida aquella práctica concreta, y la vivencia con la que debe ser vivida, la «verdad profunda» (Bohr). Por eso se dice que la letra (se entiende: la sola letra, o la letra sin espíritu, la verdad superficial) mata, mientras que el espíritu vivifica. La letra es medio, mientras que el espíritu es un fin. Éste puede darse aun sin aquélla, al margen o incluso «en contra» de ella: en efecto hay veces que, en circunstancias muy especiales, el espíritu de una ley o de una práctica ritual puede exigir hacer en aquella situación, «precisamente lo contrario» de lo que la letra prescribe. Esa flexibilidad, esa «libertad de espíritu» se exige a los cristianos, como a todo ser humano adulto y maduro.

Otro problema distinto –que no podemos abordar aquí, pero que sería bueno no dejar de mantenerlo dentro del horizonte- es que la religiosidad actual se está transformando. Por su propia naturaleza, las «religiones» (llamamos así aquí, técnicamente, a «la forma que ha revestido la espiritualidad del ser humano a partir de su sedentarización neolítica», a partir de la revolución agraria, hace sólo unos pocos miles de años -porque antes había espiritualidad, pero no «religiones»), han tenido en los ritos, en las prácticas rituales, minuciosamente prescritas, un medio importantísimo de expresión, y un modo a la vez de control social. La religión, en las sociedades agrarias, ha sido el mejor y más potente vehículo de identidad de la sociedad, y de control por parte del poder, y han sido los ritos su expresión más visible.

Hoy estamos llegando precisamente al fin de la edad agraria (el neolítico), después de la revolución industrial y tecnológica, la mundialización plural, y el progresivo advenimiento de la sociedad del conocimiento. Las «religiones agrarias» -en aquel sentido técnico preciso- ya no tienen cabida. (Sí lo tiene, insuperablemente, la espiritualidad, la religiosidad profunda, más allá de sus concreción en las diferentes «religiones»). El ser humano post-agrario ya no puede aceptar su identidad ni puede aceptar un control por los vehículos «religionales» basados en «creencias» (en sentido también técnico). Obviamente, la espiritualidad del ser humano va a continuar, es inamisible. Pero lo que han sido técnicamente «las religiones agrarias», está muriendo, va a desaparecer, y es bueno que desaparezca, porque la humanidad está en otra etapa de su historia. Los ritos, las prácticas religiosas prescritas… son, por eso, en alguna sociedades actuales avanzadas, realidades «residuales», que desaparecen vertiginosamente. Si la Iglesia no acepta afrontar sin miedo estos planteamientos, lo único que hace es retrasar el reconocimiento de una enfermedad que no deja de socavarle sus entrañas en los millones de fieles que silenciosamente se van autoexiliando cada año, no sólo en las sociedades llamadas «avanzadas», sino también ya en América Latina. Fue en el año 2008 que comenzamos a conocer «apostasías» voluntarias de cristianos en algunos países de América Latina, un fenómeno absolutamente nuevo en su historia, pero un fenómeno significativo -y creciente- en el momento actual de la historia globalizada del mundo. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

2.9.18. Si está limpio el corazón, toda comida es pura, todo amor es bueno

domingo, 2 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en 2.9.18. Si está limpio el corazón, toda comida es pura, todo amor es bueno

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 22,ciclo B. (Mc 7, 1-23), el tema es por tanto limpiar el corazón.

El evangelio del domingo selecciona sólo algunos versos de Marcos 7, carta magna de la libertad cristiana, en un plano de comida y amor (relaciones humanas). Pero he querido comentarlo por entero (Mc 7) , y aplicarlo, de un modo velado, a los diversos planos de la iglesia, desde el Vaticano hasta una casa de familia (incluidos seminarios y conventos, con pobres y empobrecidos, sexualmente excluidos etc.).

El tema es comer (¡que todos coman!) y amar (que todos amen), con buen corazón. Se trata, pues, de educar y sanar el corazón, no por más ley, sino por más libertad y verdad de amor

En esa línea, este evangelio de Marcos nos sitúa en el centro de la dinámica cristiana, en el lugar donde un judeo-cristianismo de ley se abre desde su interior (por impulso de la memoria de Jesús) a la gran libertad cristiana en la comida (tema que parece más externo) y en el amor y la familia (tema que puede parecer más exigente, pero que va unido al anterior). El texto puede dividirse en tres secciones:

1) Acusación de fariseos y escribas contra los discípulos de Jesús porque no guardan la pureza en las comidas, ni las tradiciones endogámicas del pueblo «elegido» (7, 1-5). Estos fariseos quieren comida y familia de ley (centrada en unos pocos puros).

2) Anti-acusación de Jesús que critica a sus críticos, diciendo que no cumplen el mandato fundante de Dios, que se expresa en forma de comunión universal (7, 6-13), que se expresa en forma de amor/comunión con los necesitados. Del nivel de la comida pasamos al plano del amor que es bueno, siempre que sea de buen corazón y lleve a la comunión de todos.

3) Enseñanza general sobre la pureza, esto es, sobre el valor universal del evangelio (de la buena nueva de Dios), abierta a todos los hombres,pero explicada después después de un modo especial a los discípulos. (7, 14-23).

Este evangelio no es una crítica en contra del “buen judaísmo” (¡que existe, gracias a Dios, y es admirable!), sino en contra de un mal legalismo judío o cristiano que puede pervivir y pervive en una parte de la Iglesia, que olvida el buen corazón, para seguir defendiendo tradiciones falsas de los presbíteros de turno.

Éste es un evangelio clave de la apertura universal del mensaje de Jesús, en línea de comida y afecto (de mesa y «lecho») una carta magna de la libertad cristiana, que no se cierra en un tipo de irenismo vacío (¡todo da lo mismo!), sino que se abre y expresa en forma de comunión responsable y creadora, que se puede y debe aplicar no sólo en temas de comida y mesa, que son esenciales, sino también de comunicación afectiva (en relaciones de familia y sexo) y de estructuras políticos sociales.

Buen domingo a todo. Siga leyendo quien tenga tiempo para entrar en eso que pudiéramos llamar la sala de máquinas del evangelio, el fuerte corazón del verdadero cristianismo.Todo será bueno, si es bueno el corazón. Se tratará, por tanto, de crear un buen corazón, en ternura y madurez, en justicia y libertad respetuosa. Ésa es la verdad del cristianismo.

1.- ACUSACIÓN LEGALISTA. SIEMPRE SE HA HECHO ASÍ, NORMAS DE COMIDA (mC 7, 1-5)

1 Los fariseos y algunos escribas procedentes de Jerusalén se acercaron a él 2 y observaron que algunos de sus discípulos comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavárselas 3.

[Es de saber que los fariseos y los judíos en general no comen sin antes haberse lavado las manos meticulosamente, aferrándose a la tradición de sus presbíteros; 4 y al volver de la plaza, si no se bautizan no comen; y observan por tradición otras muchas costumbres, como los bautismos de vasos, jarros, bandejas y lechos].

5 Así que los fariseos y los escribas le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los presbíteros, sino que comen el pan con manos impuras?

Fariseos y bautistas preguntaron ya sobre el ayuno (2, 18). Ahora lo hacen fariseos (quizá de Galilea) y escribas que vienen de Jerusalén (como en mC3, 22), con autoridad oficial, para inspeccionar la conducta de las comunidades cristianas (que aparecen así vinculadas al judaísmo). Su cuestión nos sitúa en el centro del mundo rabínico:

a: Ocasión (7, 1-2). Fariseos y escribas observan la impureza alimenticia de los discípulos.
b: Paréntesis explicativo (7, 3-4). Mc explica, en un aparte literario, las normas de pureza judías.
a’: Pregunta concreta (7, 5). Fariseos y escribas plantean a Jesús la cuestión de la pureza

Ellos (fariseos y escribas) mantienen la tradición de los presbíteros o antepasados que aparecen como padres fundadores, guardianes de la historia y garantes de la identidad actual del pueblo. Por eso defienden la vieja Ley Escrita (Pentateuco, Biblia Hebrea) y la completan y/o explicitan con la Ley Oral, fijada por las tradiciones que los escribas cultivan con esmero, siendo después codificadas (siglo II d. de C.). En el fondo identifican mandamiento de Dios y tradición de los presbíteros (paradosis tôn presbyterôn: 7, 3) como exige la Misná.

Así han trazado en torno al pueblo una especie de valla de seguridad (cf. MISNÁ, Abot 3, 13), un muro de protección que les permita vivir en santidad y pureza, tanto en plano personal (cada uno cumple la Ley) como a nivel comunitario (esa Ley identifica y distingue al pueblo). Dios mismo se revela a través de la tradición, de tal manera que la fe en Dios aparece como experiencia de vinculación nacional a través de los ritos (tradiciones) de los presbíteros

Un tipo de ley judía se explicita en forma de comunidad de mesa, pues ella distingue alimentos (puros e impuros) y fija la manera en que deben prepararse y consumirse, en un entorno de purificación ritual (lavatorios o bautismos), que convierte la comida en sacrificio sacerdotal. La casa y mesa de los judíos ha venido a convertirse de esa forma en templo. Por eso, ellos deben purificarse para comer y no pueden sentarse a la mesa con los gentiles, sobre todo en los días de fiesta. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Las manos sucias y el corazón limpio. Domingo 22. Ciclo B.

domingo, 2 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Las manos sucias y el corazón limpio. Domingo 22. Ciclo B.

manos-suciasDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después de cinco domingos leyendo el evangelio de Juan, volvemos al de Marcos, base de este ciclo B. Durante un mes nos ha ocupado el tema de comer el pan de vida. Este domingo el problema no será comer el pan, sino comer con las manos sucias. Una pregunta malintencionada de los fariseos y de los doctores de la ley (los escribas) provoca la respuesta airada de Jesús, una enseñanza algo misteriosa a la gente, y la explicación posterior a los discípulos. El texto de la liturgia ha suprimido algunos versículos, empobreciendo la acusación de Jesús y uniendo lo que dice a la gente con la explicación a los discípulos. Un ejemplo magnífico de lo que no se debe hacer con los textos bíblicos.

Evangelio: Marcos 7,1-8.14-15.21-23.

En aquel tiempo los fariseos y algunos maestros de la ley de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos se ponían a comer con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado. Porque los fariseos y todos los judíos, siguiendo la tradición de sus mayores, no se ponen a comer sin haberse lavado cuidadosamente las manos; y si vienen de la plaza, no comen sin haberse lavado; y tienen otras muchas prácticas que observan por tradición, tales como lavar copas, jarros y bandejas. Así que los fariseos y los maestros de la ley preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no observan la tradición de los mayores, sino que comen con las manos impuras?».

Él les contestó: «Hipócritas, Isaías profetizó muy bien acerca de vosotros, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto enseñando doctrinas que son preceptos humanos. Dejáis el mandamiento de Dios y os aferráis a la tradición de los hombres».

Llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended bien: Nada que entra de fuera puede manchar al hombre; lo que sale de dentro es lo que puede manchar al hombre. Porque del corazón del hombre proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricia, maldad, engaño, desenfreno, envidia, blasfemia, soberbia y estupidez. Todas esas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre».

Antes de dar la palabra a los fariseos y escribas es interesante recordar lo que cuenta Marcos inmediatamente antes. Después de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús ha cruzado a la región de Genesaret, recorriendo pueblos, aldeas y campos, acogido con enorme entusiasmo por gente sencilla, que busca y encuentra en él la curación de sus enfermedades.

La intervención de los fariseos y escribas

De repente, el idilio se rompe con la llegada desde Jerusalén de fariseos (seglares superpiadosos) y de algunos escribas (doctores de la ley de Moisés). No todos los escribas pertenecían al grupo fariseo, pero sí algunos de ellos, como aquí se advierte. Para ellos, lo importante es cumplir la voluntad de Dios, observando no solo los mandamientos, sino también las normas más pequeñas transmitidas por sus mayores. Lo esencial no es la misericordia, sino el cumplimiento estricto de lo que siempre se ha hecho. Por eso, no les conmueve que Jesús cure a un enfermo; pero les irrita que lo haga en sábado.

Con esta mentalidad, cuando se acercan al lugar donde está Jesús, advierten, escandalizados, que algunos de los discípulos están comiendo con las manos sucias. El lector moderno, instintivamente, se pone de su parte. Le parece lógico, incluso necesario, que una persona se lave las manos antes de comer, y que se lave la vajilla después de usarla. Es cuestión elemental de higiene. Sin embargo, aunque en su origen quizá también fuese cuestión de higiene entre los judíos, los grupos más estrictos terminaron convirtiéndola en una cuestión religiosa. Lo que está en juego es la pureza ritual. Por eso, los fariseos no se quejan de que los discípulos coman con las manos sucias, sino con las manos impuras, saltándose con ello la tradición de los mayores. Aunque el Antiguo Testamento contiene numerosas normas, algunas de carácter higiénico, nunca menciona la obligación de lavarse las manos ni de lavar copas, jarros y bandejas; esto forma parte de «las tradiciones de los mayores», tan sagradas para los fariseos como las costumbres de la madre fundadora o del padre fundador para algunas congregaciones religiosas, o de cualquier minucia litúrgica para algunos ritualistas.

La respuesta airada de Jesús

La reacción de Jesús es durísima. Tras llamarlos hipócritas, les hace tres acusaciones: 1) su corazón está lejos de Dios; 2) enseñan como doctrina divina lo que son preceptos humanos; 3) dejan de observar los mandamientos de Dios para aferrarse a las tradiciones de los hombres.

Estas acusaciones resultan durísimas a cualquier persona, pero especialmente a un fariseo, que desea con todas sus fuerzas estar cerca de Dios, agradarle cumpliendo su voluntad.

El problema, según Jesús, es que el fariseo termina dando a esas tradiciones más importancia que a los mandamientos de Dios. Incluso las utiliza para dejar de hacer lo que Dios quiere y quedarse con la conciencia tranquila. Para demostrarlo, Jesús cita un ejemplo que la liturgia ha suprimido. [También nuestro Señor ha sido víctima de la censura eclesiástica.] Dios ordena honrar a los padres, es decir, sustentarlos en caso de necesidad. Imaginemos un fariseo con suficientes bienes materiales. Puede atender a sus padres económicamente. Pero su comunidad le dice que esos bienes los declare qorbán, consagrados al Señor. A partir de ese momento, no puede emplearlos en beneficio de sus padres, pero sí de su grupo. «Y así invalidáis el precepto de Dios en nombre de vuestra tradición. Y de ésas hacéis otras muchas».

Un lector critico podría acusar a Marcos de tratar un tema tan complejo de forma ligera y demagógica. Conociendo a los fariseos de aquel tiempo (bastante parecidos a los de ahora), la reacción de Jesús es comprensible y su acusación justificada. Sobre todo, para los primeros cristianos, que sufrían los continuos ataques de estos que presumían de religiosos.

Enseñanza a la gente

Como los fariseos y escribas no responden, aquí podría haber terminado todo. Sin embargo, Jesús aprovecha la ocasión para enseñar algo a la gente a propósito de la pureza e impureza: «Nada que entra de fuera puede manchar al hombre; lo que sale de dentro es lo que puede manchar al hombre.»

La explicación a los discípulos

No sabemos si Jesús se quedó contento de esta breve enseñanza. Lo que es seguro es que la gente no la entendió, y los discípulos tampoco. Por eso, cuando llegan a la casa (nuevo detalle suprimido por la liturgia), le preguntan qué ha querido decir. Y él responde que lo que entra por la boca no llega al corazón, sino al vientre, y termina en el retrete. Entra y sale sin contaminar a la persona. Lo que la contamina no es lo que entra en el vientre, sino lo que sale del corazón. Para aclararlo, enumera trece realidades que brotan del corazón. [Resulta raro que Marcos no cite catorce, número de plenitud (2 x 7), pero ningún asistente a misa va a notarlo, y el predicador probablemente tampoco].

Esta enseñanza de que el peligro no viene de fuera, sino de dentro, resultará a algunos muy discutible. ¿No vienen de fuera la pornografía, la droga, las invitaciones a la violencia terrorista? ¿No nos influyen de forma perniciosa el cine, la televisión, la literatura?

Lo anterior es cierto. Pero Jesús no entra en estas cuestiones, se refiere al caso concreto de los alimentos. Otra de las frases del evangelio suprimidas en la liturgia de hoy dice que Jesús, con su enseñanza de que lo que entra en el vientre no contamina al hombre, «declaró puros todos los alimentos». Por eso los cristianos podemos comer carne de cerdo, de liebre, de avestruz, gambas (camarones en ciertos países de América Latina), cigalas, langostinos y cualquier alimento que nos apetezca, según nuestra costumbre y nuestra economía. Un cambio revolucionario, porque todas las religiones obligan a observar una serie de normas dietéticas.

Por otra parte, aunque Jesús se centre en los alimentos, su enseñanza tiene un valor más general y desvelan nuestra comodidad e hipocresía. El Papa Francisco habría caído en el error de los fariseos si hubiera culpado de la pederastia y los abusos sexuales en la Iglesia a los influjos externos, a la cultura del goce y el libertinaje. El mal no viene de fuera, sale de dentro. Y con el mismo criterio debe enjuiciar cada uno de nosotros su realidad. Nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos. No echemos la culpa a los demás.

1ª lectura: Deuteronomio 4,1-2.6-8.

La importancia que concede Jesús a la ley de Dios frente a las tradiciones humanas ha animado a elegir este texto del Deuteronomio como paralelo al evangelio. Pienso que los responsables de la elección no han caído en la cuenta de un problema. Moisés ordena: «No añadiréis ni suprimiréis nada de las prescripciones que os doy». Y Jesús añadió y suprimió. Por ejemplo, a propósito de los alimentos puros e impuros, como acabo de indicar; tanto el Levítico como el Deuteronomio contienen una extensa lista de animales impuros, que no se pueden comer (Lv 11; Dt 14,3-21). Esta primera lectura no debe interpretarse como una aceptación radical y absoluta de la ley mosaica, porque Jesús se encargó de interpretarla y modificarla.

Habló Moisés al pueblo diciendo: «Y ahora, Israel, escucha las leyes y prescripciones que te voy a enseñar y ponlas en práctica, para que tengáis vida y entréis a tomar posesión de la tierra que os da el Señor, el Dios de vuestros padres. No añadiréis ni suprimiréis nada de las prescripciones que os doy, sino que guardaréis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, tal como yo os los prescribo hoy. Guardadlos y ponedlos por obra, pues ello os hará sabios y sensatos ante los pueblos. Cuando éstos tengan conocimiento de todas estas leyes exclamarán: No hay más que un pueblo sabio y sensato, que es esta gran nación. En efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella como lo está de nosotros el Señor, nuestro Dios, siempre que le invocamos? ¿Qué nación hay tan grande que tenga leyes y mandamientos tan justos como esta ley que yo os propongo hoy?

2ª lectura: Carta de Santiago 1,17-18.21-27.

Los cristianos tenemos el mismo peligro que los fariseos de engañarnos, dando más valor a cosas menos importantes. El final de esta breve lectura ofrece un ejemplo muy interesante. ¿En qué consiste la religión verdadera, la que agrada a Dios? ¿En oír misa diaria, rezar el rosario, hacer media hora de lectura espiritual? Eso es bueno. Pero lo más importante es preocuparse por las personas más necesitadas; el autor, siguiendo una antigua tradición, las simboliza en los huérfanos y las viudas. Cuando recordamos la parábola del Juicio Final («porque tuve hambre…») se advierte que el autor de esta carta piensa igual que Jesús.

Queridos hermanos: Todo don excelente y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de las luces, en el que no hay cambio ni sombra de variación. Él nos ha engendrado según su voluntad por la palabra de la verdad, para que seamos como las primicias de sus criaturas. Por eso, alejad de vosotros todo vicio y toda manifestación de malicia, y recibid con docilidad la palabra que ha sido plantada en vosotros y que puede salvaros. Cumplid la palabra y no os contentéis sólo con escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La práctica religiosa pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y en guardarse de los vicios del mundo.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Domingo XXII del Tiempo Ordinario. 02 de septiembre de 2018

domingo, 2 de septiembre de 2018
Comentarios desactivados en Domingo XXII del Tiempo Ordinario. 02 de septiembre de 2018

2c0a38a9-4531-45d5-b2eb-a928c2284551

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de las gentes.”

(Mc 7, 1-23)

Lo que critica y pone de manifiesto Jesús en este fragmento del evangelio es el drama de todos los tiempos en toda religión. ¿Qué viene de Dios y qué inventos humanos?

En nombre de Dios todas la religiones han hecho (¡y hacen!) verdaderas barbaridades. ¿Por qué? Porque convertimos el estrecho punto de vista humano en voluntad de Dios. Es lo que nos relata el Génesis muy al principio (Gn 3, 1-20). La persona humana desea arrebatarle el puesto a Dios.

¿Pecado?

Dios al crearnos nos ofrece ser UNO con él. El pecado de la humanidad es no conformarse con ser “igual a Dios” y querer ser Dios en exclusiva.

Y ese pecado marca toda la historia humana y cada historia personal. Ese pecado es el que nos lleva a la violencia de la división.

Los fariseos del tiempo de Jesús eran los oficialmente buenos, los que cumplían con las tradiciones y preceptos. Pero, claro, si ellos al “cumplir” eran los buenos, a la fuerza todos los demás quedaban convertidos en “malos”.

Todo aquello que nos lleva a ocupar lugares exclusivos hunde sus raíces en el mal. Cualquier cosa que nos lleve a creer que somos mejores que las demás personas es un poderoso engaño.

Si queremos ser imagen de Dios tenemos que buscar todo aquello que armoniza y une. Todo aquello que dentro de nuestra Iglesia Católica divide y excluye es contrario a Dios Trinidad que es pura relación en la diversidad.

Todos aquellos dogmas, preceptos, cánones o normas que dividen entre buenos y malos son hechura humana. Dios no nos ha creado enfrentados ni para el enfrentamiento. Nos ha creado diversos y para la armonía.

Entonces, ¿no valen los preceptos y las normas? Solo valen si te llevan a amar más a quienes son más diferentes a ti.

La puerta del Reino de los Cielos no se abre a patadas, ni con violencia. Tampoco se abre gracias a los méritos acumulados. Ni está cerrada para quienes nos caen mal. La única llave que abre el Reino es el Amor.

El amor sale de dentro, del corazón, y al salir nos cura de “los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfrenos, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”.

Oremos

Trinidad Santa, no nos dejes caer en la tentación de creernos mejores que las demás. Haz crecer en nosotras el amor que sana, que cura. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.