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“Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.”. Domingo 23 de septiembre de 2018. Domingo 25º ordinario

domingo, 23 de septiembre de 2018
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52-OrdinarioB25 cerezoDe Koinonia:

Sabiduría 2, 12. 17-20: Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
Salmo responsorial: 53: El Señor sostiene mi vida.
Santiago 3, 16-4, 3:  Los que procuran la paz están sembrando paz, y su fruto es la justicia.
Marcos 9, 30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar. Incluso, al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le entonen vivas a su nombre, sino un grupo de personas responsables que sean capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas mas insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre. Nuevamente ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho. Una sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones la toman los que están arriba o miran por los intereses de los de arriba- no garantiza ni el Reino ni la Vida; ésta sólo puede sobrevivir en un mundo que desde abajo mire por los de abajo, los que no tienen derechos. Leer más…

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23.9.12. Y abrazando al niño, les dijo… Un programa de anti-pederastia

domingo, 23 de septiembre de 2018
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38162961_1044055222438336_2223410324671823872_nDel blog de Xabier Pikaza:

Mc 9, 33-37. Dom 25. Este evangelio recoge un tema clave de la vida y proyecto de Jesús: La prioridad del niño, en sentido social, afectivo y administrativo, y puede así centrarse en tres rasgos:

1. Un proyecto y camino social,abierto de un modo gratuito y poderoso a los últimos del mundo, en especial hacia los más pequeños y necesitados, que son los niños, carentes de abrazo. Sin solidaridad y afecto a hacia los más necesitados no existe evangelio.

2. Un proyecto afectivo, de aprendizaje de abrazo. El evangelio es un «modo de querer», un compromiso de amor generoso. No basta la ayuda social externa, es necesario el encuentro afecto que se expresa, de un modo privilegiado en el abrazo dirigido al niño (no para utilizarle de un modo sexual, pederasta), sino para comunicarle, cuerpo a cuerpo, el cariño más hondo, haciéndole así capaz de amor

3. Un compromiso organizativo, servidores de los niños y los necesitados.. Los elementos anteriores (proyecto social, abrazo) resultan inseparables del compromiso «militante» de aquellos que quieren seguir a Jesús, que han de renunciar a todo poder de imposición, para servidores sociales y afectivos de los más pobres, siendo en especial «amigos» y maestros de amor de los niños.

Este evangelio ofrece un intenso programa social de justicia afectiva (de abrazo) y organizativa (de servicio), en gesto de entrega de la vida, no de poder y de utilización social y sexual de los otros, sino de regalo de amor concreto, para que ellos (en especial los niños) puedan sentirse amados, acogidos… y crecer en libertad y esperanza de vida . Ésta es la raíz de toda anti-pederastia: que es interés y compromiso personal de amor, superando así (por elevación, no por negación) toda utilización de los niños.

Por eso, los cristianos, seguidores de Jesús, han de ser mujeres y hombres de justicia, de madurez afectiva desbordante (de abrazo) y de compromiso concreto a favor de los demás, desde el poder de la vida (que es el poder del evangelio), no desde el dominio de unos sobre otros.

imagesJesús resuelve el tema de un modo teórico (diciendo que quien quiera ser primero ha de hacerse servidor de todo), pero sobre todo de un modo práctico: Poniendo en el centro a los niños y añadiendo que el Reino de Dios sólo es posible allí donde los importantes son los niños.

1. Éste es un evangelio de justicia, que debe sonar como dinamita en un mundo como el nuestro donde cada día mueren docenas de miles de niños de hambre, porque nosotros (los grandes) seguimos discutiendo sobre quiénes son (somos, hemos de ser), para mantenernos de esa forma los primeros (que nuestra economía sea la más poderosa del mundo).

Éste es un evangelio tierno, emocionante… pero suena como trompeta apocalíptica en un mundo (una Iglesia) donde seguimos utilizando a los niños en función de ideales sociales o sagrados, a través de diversos tipos de pederastias o paido-fobias, construyendo un mundo en el que millones de niños no podrán vivir en comunión afectiva, en esperanza de vida.

3. Este es un evangelio de transformación organizativa de la iglesia,, un evangelio dirigido a los que gobiernan las comunidades, que tienen la tentación de imponer su poder religioso sobre los demás… Pues bien, en contra de eso, en el principio de la Iglesia, Jesús nos ofrece este de transformación de la autoridad, para convertirla en servicio de justicia y de amor hacia los niños.

Buen bien de semana. Siga quien quiera entrar en tema lea el texto de Marcos, y si quiere siga después con mi comentario.

Texto: Mc 9, 33-37

(a. Introducción). Llegaron a Cafarnaúm y, una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino ? Ellos callaban, pues por el camino habían discutido sobre quién era el más grande.

(b. Sentencia básica) 35 Y sentándose llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser primero, sea último de todos y servidor de todos.

(c. Fundamento)Luego tomó a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: Pues quien acoja a uno de los niños como estos éstos en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino a Aquel que me ha enviado.


9, 33-34. Introducción. Habían discutido en el camino

Llegaron a Cafarnaúm y, una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino ? Ellos callaban, pues por el camino habían discutido sobre quién era el más grande.

images-1Éste es un ejemplo claro de “disonancia” evangélica. Jesús dice una cosa, pero Pedro y los Doce entienden otra. Ellos avanzan con Jesús, y el mismo ritmo del camino (están en tê hodô, van a Jerusalén, lugar del cumplimiento mesiánico) les lleva a platear el gran problema, preguntando quién es más grande, pues el Reino debe implicar grandeza para sus portadores, es decir, un tipo de dominio sobre los demás.

Estando ya en casa, Jesús les pregunta sobre el tema del que habían discutido (dielogisesthe), pero ellos “callaban” (esiôpôn), porque se avergüenzan de aquello que habían discutido en el camino. Nos hallamos ante un proceso de ocultamiento. Jesús les habla abiertamente, pero ellos conspiran a su espalda. No conocen (no comprenden) lo que quiere Jesús, pero saben bien lo que ellos quieren. Por eso callan ante él.

–Han podido hablar de las implicaciones de su camino mesiánico (dejarlo todo y seguir a Jesús). Se les ha pedido mucho. ¿Qué se les dará? Supongamos que son padres de familia, que han dejado a sus mujeres y a sus hijos para asumir de un modo más directo el proyecto de Jesús. ¿Qué pasará con ellos y los suyos? ¿Qué ventajas podrán obtener del camino de Jesús? Por otra parte, posiblemente, Jesús les parece cada vez más “obsesionado” por el posible fracaso externo de su movimiento.

–De manera consecuente, ellos discuten sobre quién es (o ha de ser) el más grande (9, 34). El tema de la discusión podría personalizarse, diciendo que han surgido envidias, deseos de liderazgo, disputas sobre privilegios. Suele suceder. Jesús no es dictador, no impone su dominio por la fuerza; lógicamente, su movimiento tenderá a escindirse en grupitos de influjo o prestigio (como sabe la historia de los israelitas: cf. Núm. 14 y 16).

Pero también puede tratarse de una discusión de principios: precisamente allí donde Jesús, partiendo de su propia utopía sentimental, poco ajustada a la realidad, parece haberse inhibido (no organiza el poder) tienen que hacerlo ellos, sus discípulos, y por eso quieren corregir y mejorar su proyecto: Ser el más grande significa según ellos estar dispuesto a entregarse más, pero no para que les maten, sino para organizar y conquistar el reino.

Jesús había presentado su proyecto en claves de inversión de poder, abriendo un camino de Reino a través de su empeño y entrega personal. No domina, no se impone (no quiere hacerse el más grande), sino deja que los otros le acojan, le respondan (incluso que le maten), para que llegue así la humanidad de Dios, para que Dios mismo responda no en forma de venganza, sino en resurrección (9, 30-31). Quien desea instaurar el Reino debe abandonar la lucha para conseguirlo, renunciando a la violencia externa y quedando en manos de aquellos que le matan. Leer más…

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Unos discípulos torpes, miedosos y ambiciosos. Domingo 25. Ciclo B

domingo, 23 de septiembre de 2018
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25-T.O.BDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La confesión de Pedro («Tú eres el Mesías»), que leímos el domingo pasado, marca el final de la primera parte del evangelio de Marcos. La segunda parte la estructura a partir de un triple anuncio de Jesús de su muerte y resurrección; a los tres anuncios siguen tres relatos que ponen de relieve la incomprensión de los discípulos. El domingo pasado leímos el primer anuncio y la reacción de Pedro, que rechaza la idea del sufrimiento y la muerte. Hoy leemos el segundo anuncio, seguido de la incomprensión de todos.

Segundo anuncio de la pasión y resurrección

Salieron de allí y atravesaron Galilea. Jesús no quería que se supiera, porque estaba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero ellos no entendían estas palabras y no se atrevían a preguntarle.

La actividad de Jesús entra en una nueva etapa: sigue recorriendo Galilea, pero no se dedica a anunciar a la gente la buena nueva, se centra en la formación de los discípulos. Y la primera lección que les enseña no es materia nueva, sino repetición de algo ya dicho; de forma más breve, para que quede claro: ««El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y, después de muerto, a los tres días resucitará». En comparación con el primer anuncio, aquí no concreta quiénes serán los adversarios; en vez de sumos sacerdotes, escribas y senadores habla simplemente de «los hombres». Tampoco menciona las injurias y sufrimientos. Todo se centra en el binomio muerte-resurrec­ción. Para quienes estamos acostumbrados a relacionar la pasión y resurrección con la Semana Santa, es importante recordar que Jesús las tiene presentes durante toda su vida. Para Jesús cada día es Viernes Santo y Domingo de Resurrección.

Segunda muestra de incomprensión

Al primer anuncio, Pedro reaccionó reprendiendo a Jesús, y se ganó una dura reprimenda. No es raro que ahora todos callen, aunque siguen sin entender a Jesús: «ellos no entendían lo que les decían y temían preguntarle» (Mc 9,32). Marcos es el evangelista que más subraya la incomprensión de los discípulos, lo cual no deja de ser un consuelo para cuando no entendemos las cosas que Jesús dice y hace, o los misterios que la vida nos depara. Quien presume de entender a Jesús demuestra que no es muy listo.

La prueba más clara de que los discípulos no han entendido nada es que en el camino hacia Cafarnaúm se dedican a discutir sobre quién es el más importante. Mejor dicho, han entendido algo. Porque, cuando Jesús les pregunta de qué hablaban por el camino, se callan; les da vergüenza reconocer que el tema de su conversación está en contra de lo que Jesús acaba de decirles sobre su muerte y resurrección.

Una enseñanza breve y una acción simbólica nada romántica

Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó: «¿Qué discutíais por el camino?». Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido sobre quién entre ellos sería el más grande. Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: «El que quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos». Tomó en sus brazos a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado a mí».

Para comprender la discusión de los discípulos y el carácter revolucionario de la postura de Jesús es interesante recordar la práctica de Qumrán. En aquella comunidad se prescribe lo siguien­te: «Los sacerdotes marcharán los primeros conforme al orden de su llamada. Después de ellos seguirán los levitas y el pueblo entero marchará en tercer lugar (…) Que todo israelita conozca su puesto de servicio en la comunidad de Dios, conforme al plan eterno. Que nadie baje del lugar que ocupa, ni tampoco se eleve sobre el puesto que le corresponde» (Regla de la Congrega­ción II, 19-23).

Este carácter jerarquizado de Qumrán se advierte en otro pasaje a propósito de las reunio­nes: «Estando ya todos en su sitio, que se sienten primero los sacerdotes; en segundo lugar, los ancianos; en tercer lugar, el resto del pueblo. Cada uno en su sitio» (VI, 8-9).

La discusión sobre el más importante supone, en el fondo, un desprecio al menos importante. Jesús va a dar una nueva lección a sus discípulos, de forma solemne. No les habla, sin más. Se sienta, llama a los doce, y les dice algo revolucionario en comparación con la doctrina de Qumrán: «El que quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos». (El evangelio de Juan lo visualizará poniendo como ejemplo a Jesús en el lavatorio de los pies).

A continuación, realiza un gesto simbólico, al estilo de los antiguos profetas: toma a un niño, y lo estrecha entre sus brazos. Alguno podría interpretar esto como un gesto romántico, pero las palabras que pronuncia Jesús van en una línea muy distinta: «El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado a mí». Jesús no anima a ser cariñosos con los niños, sino a recibirlos en su nombre, a acogerlos en la comunidad cristiana. Y esto es tan revolucionario como lo anterior sobre la grandeza y servicio.

El grupo religioso más estimado en Israel, que curiosamente no aparece en los evangelios, era el de los esenios. Pero no admitían a los niños. Filón de Alejandría, en su Apología de los hebreos, dice que «entre los esenios no hay niños, ni adolescentes, ni jóvenes, porque el carácter de esta edad es inconsistente e inclinado a las novedades a causa de su falta de madurez. Hay, por el contrario, hombres maduros, cercanos ya a la vejez, no dominados ya por los cambios del cuerpo ni arrastrados por las pasiones, más bien en plena posesión de la verdadera y única libertad».

El rabí Dosa ben Arkinos tampoco mostraba gran estima de los niños: «El sueño de la mañana, el vino del mediodía, la charla con los niños y el demorarse en los lugares donde se reúne el vulgo sacan al hombre del mundo» (Abot, 3,14).

En cambio, Jesús dice que quien los acoge en su nombre lo acoge a él, y, a través de él, al Padre. No se puede decir algo más grande de los niños. En ningún otro sitio del evangelio dice Jesús que quien acoge a una persona importante lo acoge a él. Es posible que este episodio, además de servir de ejemplo a los discípulos, intentase justificar la presencia de los niños en las asambleas cristianas (aunque a veces se comporten de forma algo insoportable).

Acoger, no violar

En las circunstancias actuales de la Iglesia, la acogida de los niños evoca algo menos teológico y más triste. Junto a los miles, quizá millones, de niños acogidos en nombre de Jesús a lo largo de siglos, alimentados, cuidados y educados, hay otros miles (¡ojalá no sean millones!) violados y humillados. A propósito de este segundo grupo, se podría parafrasear el evangelio: «Quien viola a un niño de estos, me viola a mí, y el que me viola a mí, viola al que me ha enviado».

[El tema de Jesús y los niños vuelve a salir más adelante en el evangelio de Marcos, cuando los bendice y los propone como modelos para entrar en el reino de Dios. Ese pasaje, por desgracia, no se lee en la liturgia dominical.]

1ª Lectura: ¿Por qué algunos quieren matar a Jesús? (Sabiduría 2,12.17-20)

            El libro de la Sabiduría es casi contemporáneo del Nuevo Testamento (entre el siglo I a.C. y el I d.C.). Al estar escrito en griego, los judíos no lo consideraron inspirado, y tampoco Lutero y las iglesias que sólo admiten el canon breve. El capítulo 2 refleja la lucha de los judíos apóstatas contra los que desean ser fieles a Dios. De ese magnífico texto, mutilándolo como de costumbre, se han elegido unos pocos versículos para relacionarlos con el anuncio que hace Jesús de su pasión y resurrección. Es una pena que del v.12 se salte al v.17, suprimiendo 13-16; los tengo en cuenta en el comentario siguiente.

En el evangelio Jesús anuncia que «el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres». ¿Por qué? No lo dice. Este texto del libro de la Sabiduría ayuda a comprenderlo. Pone en boca de los malvados lo que les molesta de él y lo que piensan hacer con él. «Nos molesta que se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende, nos considera de mala ley; nos molesta que presuma de conocer a Dios, que se dé el nombre de hijo del Señor y que se gloríe de tener por padre a Dios». En consecuencia, ¿qué piensan hacer con él? «Lo someteremos a la afrenta y la tortura, lo condenaremos a una muerte ignominiosa. Él está convencido de que Dios lo ayudará, nosotros sabemos que no será así». Se equivocan. «Después de muerto, al tercer día resucitará».

(Dijeron los malos): Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada. Veamos la verdad de sus palabras y probemos cuál será su fin. Porque si el justo realmente es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus adversarios. Probémoslo con ultrajes y tormentos, veamos su dulzura y pongamos a prueba su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, pues, según dice, habrá quien vele por él».

2ª lectura: envidias, peleas, luchas y conflictos (Carta de Santiago 3,16-4,3)

            Esta lectura puede ponerse en relación con la segunda parte del evangelio. En este caso no se trata de discutir quien es el mayor o el más importante, sino de las peleas que surgen dentro de la comunidad cristiana, que el autor de la carta atribuye al deseo de placer, la codicia y la ambición. Cuando no se consigue lo que se desea, la insatisfacción lleva a toda clase de conflictos.

Hermanos: donde hay envidia y espíritu de contradicción, allí hay desorden y toda clase de obras malas. La sabiduría de arriba, por el contrario, es ante todo pura, pacífica, condescendiente, conciliadora, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. El fruto de la justicia se siembra en la paz para los que obran la paz. ¿De dónde vienen las luchas y los litigios entre vosotros? ¿No provienen acaso de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Ambicionáis y no tenéis, entonces matáis; envidiáis y no podéis alcanzar nada, entonces combatís y os hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís para malgastarlo en vuestros caprichos.

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Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 23 de septiembre de 2018

domingo, 23 de septiembre de 2018
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“Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.”

(Mc 9, 30-37)

Este evangelio de hoy da para mucho, aunque solo son siete versículos. Pero nos vamos a quedar con lo que más duele, porque nos mete el dedo en el orgullo.

Todas las personas nacemos con una “inflamación” del “yo” que podemos llamar “importantitis”. Todas. Sí, tú también. Tú que estás pensando que nunca te has sentido importante. Todas.

Ciertamente a unas personas se les nota más que a otras, pero todas tenemos ese poco, o mucho, de orgullo que en algún momento nos hace sentirnos mejores que las demás. Y a veces incluso necesitamos verificarlo.

En esas andaban los discípulos cuando Jesús les pregunta. Jesús les había estado hablando de lo que iba a pasar: “el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán…” Ellos, sin embargo, aquejados de “importantitis” no había sabido escucharle y andaban el camino contrario de su maestro.

¿El más importante?

Les pasó a aquellos primeros discípulos, y a todas las discípulas y discípulos de después nos pasa lo mismo. Queremos ser importantes y si no podemos ser de “los importantes” del mundo, al menos ser más importantes que alguien.

Dios vino a regalarnos unas relaciones horizontales para que pudiéramos mirarnos a los ojos como hermanas y hermanos. Pero nuestro orgullo se incomoda, necesita algún privilegio.

Claro que decimos que todos somos iguales y que todos tenemos los mismos derechos. Eso nos lo ha grabado a fuego nuestra civilización de los “Derechos Humanos”.

Lo decimos, sobre todo, para recordarle al resto del mundo que respete nuestro derechos. Pero cuando lo que está en juego son los derechos de otras personas, y esos derechos podrían estropearnos nuestro “bien estar”… ¡cuidado! Aquí entramos en terreno peligroso.

Aquí salen miles de ejemplos y razones que ponen de manifiesto la “importantitis” que padecemos. Especialmente en los países “enriquecidos”. Por eso nos pasamos la vida, no discutiendo, sino aseverando lo importantes que somos nosotros… a la vez que negamos cualquier responsabilidad de cara a la pobreza de los “empobrecidos”.

Pero si nos vamos al terreno doméstico nos pasa lo mismo. Nos sentimos más importantes que nuestra hermana, o que nuestra pareja, o que nuestro compañero de trabajo. Siempre tenemos a alguien al que pisar para poder sobre salir un poco.

¿Cuando descubriremos que la importancia que necesitamos no nos la dará estar por encima de nadie sino al servicio de todos?

Oración

Humildad, derrama, Trinidad Santa, tu humildad sobre nosotras, que sea bálsamo que desinflame nuestra “importantitis”.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Solo el servicio al débil me hace plenamente humano.

domingo, 23 de septiembre de 2018
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maxresdefaultMc 9, 29-37

El tema principal que leemos hoy es el mismo que leíamos al final del domingo pasado y que no comentamos. Jesús atraviesa Galilea camino de Jerusalén, donde le espera la Cruz. El evangelio nos dice expresamente que quería pasar desapercibido, porque ahora está dedicado a la instrucción de sus discípulos. Esa nueva enseñanza tiene como centro la cruz. Trata de convencerles de que no ha venido a desplegar un mesianismo de poder sino de servicio a los demás, pero no lo consigue. Todos siguen pensando en su propia gloria.

Este segundo anuncio de la pasión es prácticamente repetición del primero. No deja lugar a dudas sobre lo que Jesús quiere transmitir. Los discípulos siguen sin comprender, a pesar de que ya el domingo pasado nos decía que se lo explicaba “con toda claridad”. Si les daba miedo preguntar es porque algo intuían que no les gustaba. Esa indicación nos muestra que más que no comprender, es que no querían entender, porque la muerte ignominiosa de Jesús significaba el fin de sus pretensiones mesiánicas. Hasta que no llegue la experiencia pascual, seguirán sin entender la parte más original del mensaje.

¿De qué discutíais por el camino? Jesús quiere que saquen a la luz sus íntimos sentimientos, pero guardan silencio porque saben que no están de acuerdo con lo que Jesús viene enseñándoles. Entre ellos siguen en la dinámica de la búsqueda del dominio y del poder. Tenemos que recordar que en aquella cultura el rango de las personas se tomaba muy a pecho, y era la clave de todas las relaciones sociales.

“Quien quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos”. Exactamente el mismo mensaje del domingo pasado. Y lo encontraremos una vez más en el episodio de la madre de los Zebedeos, pidiendo a Jesús los primeros puestos para sus hijos. No nos pide Jesús que no pretendamos ser más, al contrario, nos anima a ser el primero, pero por un camino muy distinto al que nosotros nos apuntamos. Debemos aspirar a ser todos, no sólo “primeros”, sino “únicos”. En esa posibilidad estriba la grandeza del ser humano.

Dios no quiere que renunciemos a nada. A veces los cristianos hemos dado a los de fuera la impresión de que para ser Él grande, Dios quería empequeñecidos. Jesús dice: ¿Quieres ser el primero? Muy bien. ¡Ojalá todos estuvieran en esa dinámica! Pero no lo conseguirás machacando a los demás, sino poniéndote a su servicio. Cuanto más sirvas, más señor serás. Cuanto menos domines, mayor humanidad. La sabiduría me hará ver que el bien espiritual (el mío y el del otro) está por encima del material. Si me pongo en esta perspectiva nunca haré daño al otro buscando un interés egoísta a costa de los demás.

Acercando a un niño lo abrazó y dijo. No es fácil descubrir el sentido y la conexión con lo que antecede. En tiempos de Jesús, los niños no contaban, eran utilizados como pequeños esclavos. Por otra parte, la palabra griega “paidion” que emplea el texto, es un diminutivo de “pais”, que ya significa niño y también criado y esclavo. En algún códice utiliza el artículo determinado, que indicaría “el chiquillo”, no uno cualquiera. Sería, el pequeño esclavo, el chico de los recados. En el contexto de la narración, sería el chico de los recados de la casa donde estaban o que el grupo tenía a su disposición. Aquí descubrimos la relación con el texto anterior. El niño estaría en la escala más baja de los que se dedican a servir.

El que acoge a un niño como éste, me acoge a mí. No se trata de manifestar cariño o protección al débil sino de identificarse con él. Al abrazarle, Jesús está manifestando que él y el muchacho forman una unidad, y que si quieren estar cerca de él, tienen que identificarse con el insignificante muchacho de los recados, es decir hacerse servidor de todos. Uno de los significados del verbo griego es preferir. Sería: el que prefiere ser como este niño me prefiere a mí. El que no cuenta, el utilizado por todos, pero sirve a los demás, ese es el que ha entendido el mensaje de Jesús y le sigue de verdad.

Y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Este paso es muy importante: acoger a Jesús es acoger al Padre. Identificarse con Jesús es identificarse con Dios. La esencia del mensaje de Jesús consiste en esta identificación. Repito, el mensaje no consiste en que debemos acoger y proteger a los débiles. Se trata de identificarnos con el más pequeño de los esclavos que sirven sin que se lo reconozcan ni le paguen por ello. Esa actitud es la que mantiene Jesús, reflejando la actitud de Dios para con todos.

Después de dos mil años seguimos sin enterarnos. Y además, como los discípulos, preferimos que no nos aclaren las cosas; porque intuimos que no iban a responder a nuestras expectativas. Ni como individuos ni como grupo (comunidad o Iglesia) hemos aceptado el mensaje del evangelio. La mayoría de nosotros seguimos luchando por el poder que nos permita utilizar a los demás en beneficio propio. Siguen siendo inmensa minoría los que ponen su vida al servicio de los demás y les ayudan a vivir sin esperar nada a cambio.

Hay dos maneras de servir: una es la del que voluntariamente se somete al poderoso para conseguir su favor y aprovechar de alguna manera su poderío. Esto no es servicio sino servidumbre, y lejos de hacer más humana a una persona la envilece. Esta actitud es muy criticada por Jesús. En torno a todo poder despótico pulula siempre una banda de aduladores que hacen posible el despotismo. La diaconía que se desarrolló en la primitiva Iglesia, significaba, en su acepción civil, “servir a la mesa”. En cristiano indicaba el servicio a los más necesitados por los que no tenían obligación de hacerlo. Este servicio es el que humaniza.

Si es la esencia del mensaje ¿Por qué ha fracasado estrepitosamente? El domingo dijimos que no podía conocer a Jesús si no me conocía a mí mismo. Dando un paso más, decimos hoy que sin ese conocimiento, es imposible llegar a ser auténtico cristiano. Ahora bien, como llegar a conocerse a sí mismo es muy difícil, la iglesia trató de racionalizar el mensaje con razones externas. Resumiendo mucho, tal vez demasiado, podíamos resumirlo en dos: 1ª Es la voluntad de Dios. 2º Si lo cumples, Dios te premiará; si no lo cumples, te castigará.

A la 1ª hay que decir: esa pretensión es tan etérea y difusa que con la mayor facilidad se puede tergiversar y deteriorar sin que tengamos posibilidad de advertirlo. Por otra parte, ¿Quién me asegura que esas exigencias son la voluntad de Dios? La 2ª es aún más burda. Bastaría caer en la cuenta de que es la misma técnica que utilizamos los seres humanos para domesticar a los animales: palo o zanahoria. ¡Cómo hemos podido llegar a pensar que Dios nos tiene que tratar como animales para que alcancemos nuestra meta!

Haríamos bien en superar la idea de un Dios antropomórfico con cualidades humanas y motivaciones exactamente iguales a las nuestras. Como no nos han conducido por el camino del conocimiento de nosotros mismos y el Dios que nos habían propuesto es absurdo, los cristianos nos hemos quedado con el culo al aire. Ni somos capaces de descubrir las exigencias del evangelio en lo hondo de nuestro propio ser, ni encontramos razones externas suficientes para que nos motiven. Hemos quedado en la inopia.

Meditación

Si me doy a los demás hasta consumirme,
¿Dónde colocaré los adornos (la gloria) que pretendo alcanzar?
Si estoy pensando en mí mismo, cuando me doy al otro,
¿Qué clase de entrega estoy llevando a cabo?
En la medida que sirva a los demás sin esperar nada a cambio,
en esa medida me estaré acercando al ideal cristiano.

 

Fray Marcos

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Instrumentos sonoros.

domingo, 23 de septiembre de 2018
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clean-20141024-articulo-03“No se tienen dos corazones, uno para los animales y otro para los humanos. Se tiene un corazón o no se tiene” (Alphonse Lamartine)

23 de septiembre. Domingo XXV del TO

Mc 9, 30-37

“El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” 

El comentarista de La Biblia del pueblo, viene a decir que los discípulos tenían dificultades en asumir las enseñanzas de Jesús. Respecto al poder, sus enseñanzas son contundentes: no es la dominación sino la capacidad de servicio lo que identifica al discípulo. Ya Santiago en su Carta a la comunidad cristiana plural y extendida por todo el mundo, en 1, 22-25, dice que no sólo hay que escuchar y hablar sino, y sobre todo, cumplir.: “Sed ejecutores del mensaje y no sólo oyentes que se hacen ilusiones. Pues si uno es oyente y no ejecutor se parece aquí a aquel que se mira la cara al espejo: ese marchó y muy pronto se olvidó de cómo era. El que se inclina a mirar la ley perfecta, la de los hombres libres –ayudar a los menesterosos, escuchar a las viudas-, y se mantiene no como oyente olvidadizo, sino como ejecutor de la obra, ése será dichoso en su actividad”.

En el AT. los profetas fueron radicales a este respecto, condenando sin reparo alguno los abusos sociales y el culto de las autoridades, tanto políticas como religiosas. Por ejemplo Isaías, que no encuentra obstáculos para enfrentarse a reyes y políticos: Los jefes son bandidos… No defienden al huérfano, no se encargan de la causa de la viuda”; Amós, cuyo mensaje es de indignación y denuncia ante la explotación del pueblo humilde a manos de una minoría coligada de políticos y aristócratas, y se presenta como un león que ruge cuando se topa con un oso: “Que fluya como el agua el derecho, y la justicia como arroyo perenne”; o Elías que dijo: “¡Atrapen a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno! Así que la gente los capturó y Elías los llevó al arroyo Quisón y los mató a todos”. (1 Reyes 18, 40)

Todos los grandes cantantes de la historia -Arcangelo Corelli, Madonna, Luciano Pavarotti, Kiri Te Kanawa- nos comunican, aunque no lo hagan a través de los sentidos corporales, vengan de donde vengan en el espacio o tiempo. Sus voces, dirigidas tanto al oído como al espíritu son conmovedoras.  Y lo hacen como la misma voz de Jesús, siempre acoplada a los oyentes con la gran vida del Universo. Momentos únicos en los que, como escribió en su obra Octavio Aceves: Cuando los ángeles cantan son momentos únicos “en que se toma contacto con lo invisible para encontrar un punto de apoyo y se tiene la sensación de coloquiar con Dios a través del misterio de los sonidos, los ritmos del tiempo y la resonancia de los espacios”.

El gran fabulista griego Esopo, dice en la fábula de la zorra y las uvas. Una mañana de otoño, la zorra vio unos apetitosos racimos de uvas y, deseosa de comer algo refrescante, se levantó, se remangó y se puso manos a la obra. Saltó, una y otra vez si conseguir alcanzarlos. Agotada y resignada se decidió a regresar al bosque con una mentirosa idea clara es su cabeza: “¡Están verdes!”.  En psicología, el término disonancia cognitiva hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, todo lo cual puede impactar sobre la conducta y el comportamiento.

Lo contrario de lo que suele suceder en música. Cuando se hacen sonar las cuerdas de un violín próximo a otro, su sonido hace vibrar las cuerdas de aquel, aunque no las tañan las cuerdas de ningún otro arco. Idea similar a lo que ocurre con la telepatía. Fenómeno que consiste en la transmisión o en la coincidencia de pensamientos entre personas, generalmente distantes entre sí, que se produce sin intervención de los sentidos o de agentes físicos conocidos.

Ahora bien, ¿Qué queremos ser nosotros? ¿Violines Stradivarius tocados delicadamente por Corelli, o trompas y trombones soplados fieramente por los instrumentistas de la orquesta? Arnold Schoenberg hubiera sido feliz con esta disonancia.

¿O preferimos más bien ser la zorra de Esopo que el zorro de nuestro Poema?

EL ZORRO

Emprendiste la huida auto zorro
para salvar la vida como Elías vida,
por haber pasado
vilmente a cuchillo a los profetas.

No te desees con él la muerte.

¿Quién es dueño del suave amanecer?
¿Quién del ocaso?

Una vida que dicen que me dieron.

Me dijeron: “El Señor va a pasar”.
Un huracán que descuajaba montes,
resquebrajaba rocas y deseos.

Pero el Señor no estaba ya en el viento.

Sonó una voz lejana en la tormenta:

“¡Vuelve por tu camino hacia el desierto!”

Y yo pregunté al zorro:
“¿Qué camino? ¿Qué desierto?”

Un silencio sonoro quebró el aire.

El zorro siguió huyendo…
quizás sin saber dónde.

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas.
Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Pequeñ@s y servidor@s para fortalecer la comunidad del Reino.

domingo, 23 de septiembre de 2018
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683f7dcfdf4f9ab12dd2d71f4614d7c7Una vez más “el profeta de Galilea” le da la vuelta a las expectativas de sus compañeros, y les propone como criterio de grandeza el servicio y de honor el cuidado de los/as pequeños/as. Esta es la lógica a la que estamos también llamadas/os los creyentes del siglo XXI, superando cualquier tentación de poder y prestigio, pues hoy como ayer seguimos con frecuencia discutiendo quien ha de ser el primero/a en la comunidad eclesial, olvidando estas palabras que Marcos hoy nos recuerda y desde las que se nos invita a construir fraternidad y sororidad de otra manera.

El relato evangélico de hoy nos sitúa en el comienzo del camino que llevará a Jesús a Jerusalén. Jesús en este momento de su vida tiene claro que las fuerzas que se oponen a la propuesta salvadora de Dios son muy fuertes y no van a claudicar en su objetivo de anular su propuesta. Él sabe que su vida comienza a estar en peligro, pero no va a ceder en su empeño de ofrecer el amor y la justicia bondadosa de Dios a los y las pequeños/as de esta tierra.

Los sinópticos expresan esta conciencia de Jesús a través de los anuncios de la pasión. Estos textos no significan que el Maestro predijera el futuro, sino que era realista al valorar las consecuencias de sus opciones. Esta conciencia le va a llevar a implicarse con intensidad en la formación de su comunidad para fortalecer sus certezas y opciones y en el caso que él falte puedan seguir adelante comprometidos/as con la causa del Reino (Mc 9, 31).

 Marcos expresa con claridad que sus compañeros/as no captan la trascendencia de las palabras de Jesús y tienen miedo de que todas sus expectativas se vengan abajo y se oscurezca el horizonte que los ha ilusionado por los caminos galileos. Ellos están lejos de entender los criterios del reino y siguen aferrados a sus ideales de éxito y poder.

Al llegar a Cafarnaúm, donde Jesús había ubicado su casa (Mc 2, 1), reúne a los doce para cuestionar sus humanas pretensiones de poder y honor (Mc 9, 33-34). Una vez más  “el profeta de Galilea” le da la vuelta a las expectativas de sus compañeros, y les propone como criterio de grandeza el servicio y de honor el cuidado de los/as pequeños/as.

El servicio, es el criterio que Jesús propone como referente en las relaciones dentro de la comunidad del Reino.  El valor central de la cultura de Jesús era el honor. Un valor que se entendía como la estima que una persona tiene a los ojos de los demás y depende de su origen familiar y del lugar social que se ocupa. Este honor se mantiene y se acrecienta con gestos públicos de beneficencia y ejemplaridad. Para Jesús sin embargo lo importante no es quien es el primero y cuales son los privilegios y estatus que ese lugar otorga. Para Jesús, por el contrario, el valor central es el servicio, pero no entendido como mera servicialidad, sino como la base de una nueva jerarquía de valores que pone en el centro a quien no cuenta inaugurando así un nuevo horizonte cargado de posibilidades inéditas de encuentro, de igualdad y de fraternidad y sororidad.

De este modo Jesús denuncia nuestras orgullosas jerarquías, nuestros planteamientos que incluyen “superiores” e “inferiores”. El servicio no es una cuestión meramente ascética, sino una propuesta profética que deslegitima cualquier pretensión de divinizar estructuras, de justificar privilegios, o pactar co l@s podero@sde este mundo.

En tiempos de Jesús los niños y niñas no tenían la visibilidad y protagonismo que tienen en los nuestros.  Los chiquillos/as eran los miembros más débiles de la sociedad. No era fácil crecer en un mundo continuamente amenazado de hambre, guerra, abusos…y llegar a la edad adulta era no era empresa fácil. Más del 60% de los niños/as morían antes de la adolescencia y pocos llegaban a adultos con ambos progenitores vivos[1]. Aunque tener hijos (especialmente varones) aseguraba la continuidad familiar, los niños/as ocupaban el último lugar en la jerarquía familiar y por eso coger a un niño/a era un gesto totalmente gratuito, pues no tenía nada que ofrecer de vuelta, no poseían bienes, ni capacidad para ofrecer honorabilidad y prestigio en su entorno.

En este contexto el hecho de que Jesús proponga a los niños como el paradigma de las relaciones de la comunidad del reino, supone un cambio de jerarquías. Se trata de identificarse con los más desfavorecidos/as, de considerar honorable lo que no cuenta. Se trata de entender que para los seguidores y seguidoras del Maestro los primeros lugares son para los últimos y no solo por un gesto de compasión, sino porque esa es la clave no solo de conducta, sino de entender a Dios.

De este modo, Jesús pone el servicio y la gratuidad en un lugar central en las relaciones dentro de la comunidad. Con su típico lenguaje provocador nos enseña a imaginar un mundo diferente. Desde su peculiar experiencia de Dios sitúa todo en otro horizonte, descubre nuevas posibilidades e introduce una lógica alternativa, la de la gratuidad y el desinterés propio. Esta es la lógica a la que estamos también llamadas/os los creyentes del siglo XXI, superando cualquier tentación de poder y prestigio, pues hoy como ayer seguimos con frecuencia discutiendo quien ha de ser el primero/a en la comunidad eclesial, olvidando estas palabras que Marcos hoy nos recuerda y desde las que se nos invita a construir fraternidad y sororidad de otra manera.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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El poder sirve para algunas cosas, pero no para hacer buenas a las personas.

domingo, 23 de septiembre de 2018
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59493834-jesucristo-mosaico-del-icono-de-monrelae-catedral-palermo-italiaDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01. DISCUSIONES ACERCA DEL PODER, V 33.

A los discípulos de Jesús les ocurría lo mismo que a nosotros: ¿De qué discutís? ¿De qué vamos hablando por la vida? Y casi siempre hablamos del poder, de quién va a ganar las elecciones, de quién tiene más poder armamentista, de quién manda en la Iglesia, de quién tiene más dinero, quien es el mejor futbolista y el equipo más poderoso; sin olvidar las pequeñas dosis de poder de la vida cotidiana en casa, en la vida matrimonial y familiar, en la vida comunitaria, en el aula con los alumnos, etc.

Los dictadores políticos y religiosos lo saben bien.

Por otra parte todos tenemos algo o mucho de dictadores en nuestro interior. ¡Cuántas afectividades mal resueltas sean en la vida matrimonial, de soltería o célibe, tratan de satisfacerse con una dosis de poder! La dosis de poderío en vena es el “orfidal” de problemas más profundos. Los sedantes no curan nada, pero te dejan adormecido.

Cuanto menos serenamente vivimos la afectividad, más despótica y tiránica se vuelve la persona. Los fanatismos tienen su cuna en una afectividad no o mal resuelta.

El poder sirve para tres o cuatro cosas: para hacer una autopista, una universidad, un hospital, etc., que no es poco; pero el poder no sirve para hacer buenas a las personas. Un partido político, una línea ideológica en la iglesia, un obispo pueden tener poder y tratarán de disponer y poner orden y concierto, pero no conseguirán nada más a golpe de poder.

Desde el Ayuntamiento o el Gobierno Vasco pueden remodelar la “Tabakalera” o rehacer el campo de fútbol de Anoeta, pero el poder no confiere bondad a las personas.

Desde el Obispado ordenarán, dispondrán, expulsarán y harán purgas “stalinianas”, pero no saldrá un hálito de bondad. Y cuidado que se manejan las diócesis, las iglesias locales desde el poder.

Entre vosotros no debe ser así, el que quiera ser el primero, que sea vuestro servidor, (Mt 20,26).

02. UN CANTO A LA IMPORTANCIA EN LA VIDA DE LOS SENCILLOS Y DE LO HUMILDE.

webcristo_humano-e5eed¿Quién es el más importante en la vida?

Enseguida pensamos en los príncipes de la tierra: pensamos en los grandes políticos, en los mitos del deporte o del cine, en los primeros rostros de las cadenas de televisión, pensamos en el papa, en los cardenales (es algo antievangélico que a los cardenales se les denomine “príncipes de la Iglesia”).

Nos gloriamos de ser amigos de tal persona importante en la sociedad o en la Iglesia, en la ciudad, etc.

Sin embargo el que quiera ser el primero es quien sirve, quien ayuda a los demás. Y ello con la sencillez de un niño.

Jesús entiende las relaciones humanas (también las eclesiales) desde el modelo de los niños: por su debilidad, fragilidad y dependencia.

Mc 10,14 Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis.

Mt 18,2-5 Llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

8462570540_3a6131df4f_zEn la vida y en la Iglesia existen muchas personas sencillas, sin relieve social, que sirven a la familia, a la comunidad, a la sociedad. Hay personas que prestan pequeños servicios, pero que son muy importantes. Voluntarios en el campo sanitario que cuidan enfermos, personas que atienden ancianos, catequistas, laicos que colaboran en las pequeñas o grandes tareas parroquiales, quienes visitan a los encarcelados. ¡Cuántos misioneros y misioneras viven “perdidos” en la selva atendiendo humana y cristianamente a aquellas gentes!

El talante de Jesús no está en las grandes concentraciones, masas, reconocimientos de poder, etc. Lo de Jesús es lo más sencillo de la vida: curar, bendecir, dar de comer, perdonar…

–Sabéis que, entre los paganos, los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos y los grandes descargan sobre ellos el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que entre vosotros quiera ser grande, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo., (Mt 20,25-26).

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Sólo el Amor es digno de Fe.

sábado, 22 de septiembre de 2018
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En primer lugar, el hombre se vuelve verdaderamente él mismo sólo porque es el interlocutor a quien Dios se dirige: como ha sido creado para esto, se adquiere, al convertirse en aquel que responde a Dios, plena y cabalmente en sí mismo. Él es el lenguaje del que Dios se sirve para dirigirle la palabra: ¿cómo podría jamás comprenderse a sí mismo de manera eminente?

Saliendo a la luz de Dios, entra en su propia luz, sin comprender (espiritualmente) su propia naturaleza o -por soberbia- su propia condición de criatura. Sólo la Redención puede salvar al hombre. El signo de Dios que se anula a sí mismo, haciéndose hombre y muriendo en medio del abandono más completo, explica la razón de que Dios haya aceptado bajar a este mundo, renunciando a sí mismo: respondía a su esencia y naturaleza absoluta manifestarse, en su infinita e incondicionada libertad, como el amor inconmensurable, que no es el bien absoluto puesto más allá del ser, sino que representa las dimensiones mismas del ser. Precisamente por eso el eterno prius de la Palabra divina de amor se esconde en una impotencia que concede el Prius a la criatura amada […].

La Palabra de Dios engendra la respuesta del hombre, convirtiéndose ella misma en correspondencia de amor que deja la iniciativa al mundo. Círculo vicioso, sin solución, por Dios y sólo por él pensado y realizado, que permanece eternamente por encima del mundo y precisamente por eso vive en el corazón del mundo. En el corazón está el centro: por eso adoramos el corazón de Jesús; su cabeza la adoramos sólo cuando está cubierta de llagas y de sangre, a saber: como revelación de su corazón.

*

H. U. von Balthasar,
Sólo el amor es digno de fe,
Sígueme, Salamanca 1990.

***

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La transmisión de la fe (II).

sábado, 22 de septiembre de 2018
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fe-en-dios24. ¿TÚ EN QUÉ CREES?

Si tuviera que concretar el corazón mismo de mi fe, ese sería la promesa central de Jesús, lo que llamaríamos ‘el Reino’. Creo que en algún momento esa realidad transformada, reconciliada, será real. Creo que el Hombre, y el mundo con él, tienen Futuro. Y creo en Jesús como el mayor exponente de que este anhelo ha comenzado ya, aquí, a ser real. Luego miro a mis propios hijos, y creo más y mejor.

Habrá que confesar también que creo un poco al estilo de Unamuno, para quien el creer era un ‘querer creer’. Y con Carlos Díaz afirmaré que ‘soy querido, luego existo’, me parece una estupenda forma de dar la primacía al amor en la realidad.

Confío en que, tras la muerte, se nos ofrezca una oportunidad para dar plenitud a la vida, todo lo que pudo ser y quebró. En este sentido también soy muy de Unamuno (y de Julián Marías). Espero que la salvación sea de las personas, no por exacerbación del ego, sino por la constatación de que cada vida es tan especial, los placeres, proyectos y sufrimientos tan individualizados que no funcionaría un ‘café para todos’. Dios nos quiere personalmente y cada ‘estancia’ en su Reino tendrá en cuenta quienes fuimos en el mundo.

Creo en las convicciones de Cristo precisamente por cómo es Cristo.

Creo también al modo de Job, con preguntas e interpelaciones incómodas a Dios. Para mí, Dios tiene mucho que explicar acerca del mal en el mundo. También el Hombre, pero seguramente en planos diferentes. La relación entre Dios y el mal no ha sido bien explicada por nuestra teología, lo que crea equívocos, perplejidades y discursos incoherentes que alejan de la fe. Es una de los grandes retos del cristianismo, repensar y reformular de forma honesta y convincente esta cuestión. Creo que, aunque mucha gente no lo exprese, el escándalo del mal está detrás de gran parte de la increencia. Personalmente es uno de los aspectos que encuentro más oscuros a la hora de encajar las piezas del destino humano. Esto hace que, en ocasiones, encuentre difícil creer. Con Iván Karamazov veo dolores que no puedo imaginar cómo serían superados por siquiera el mejor de los futuros posibles. Ahí la fe pierde referencias, no hace pie, y uno siente que el salto solicitado no viene precedido de ninguna garantía. O saltas o no saltas. Es todo.

Por último, si jugamos a especular acerca de la generación del mundo, no creo que la causa primera sea una generación espontánea a partir de la nada. Personalmente lo veo bastante menos razonable que la hipótesis de un creador. En el inicio (y en el final) de todo se halla una agradable sorpresa.

5. ¿EXISTE DIOS?

Me alegro de que me haga esta pregunta… Si lo supiera con certeza, de poco me iba a servir esta trémula fe.

A lo largo de la vida han caído en mis manos varios libros que abordaban esta pregunta en formato debate: ¿Sin dios o con dios?, de González Faus e Ignacio Sotelo; ¿Ateos o creyentes?, de Vattimo, Onfray y Flores d’Arcais; Ateísmo de la razón y razones de la fe, de Scola y Flores d’Arcais; también este mismo autor debatiendo con Ratzinger, etc… Considero muy interesante prestarse a jugar como espectador de estos ‘combates’ dialécticos, sobre todo para caer en la cuenta de que puede haber altura intelectual en ambas posturas y que nunca cesará de haber controversia.

¿Existe Dios? Albergo incertidumbre, dudas, pero, hoy por hoy, confío en su existencia. Y lo hago porque percibo su compañía, quizá al estilo de la brisa suave que tan bien captó Elías, realmente siento que tengo un soporte donde anclar la vida.

Sé bien que me hallo en una situación privilegiada para decir esto. Por la existencia de Dios debe preguntarse en primer lugar a las víctimas de este mundo, a las personas que objetivamente han recibido y reciben la espalda del mundo. En esa situación, la existencia de Dios puede ser una última esperanza, pero también un perfecto absurdo. ¿Quién está más capacitado para afirmar la existencia de Dios? ¿El ciudadano consciente de lo bella que es la vida y puede referir esa belleza a su potencial fuente o el ciudadano desesperado que quizá tenga en Dios a su última esperanza?

Creo que pocos increyentes sacan hasta las últimas consecuencias de lo que supone un mundo sin Dios. Si Dios no existiera, se podría argumentar que no es posible hablar de justicia, moralidad… puesto que al devenir de la Naturaleza no le incumben estas valoraciones. Este mundo, donde la suerte o la fuerza simplemente prevalecieran, merecería mi rechazo, no puedo expresarlo de otro modo.

6. ¿CON QUÉ DIMENSIONES DE LA VIDA RELACIONAS LA FE?

Una fe que no se relaciona con todas las dimensiones de la vida tiene aún un camino por recorrer. Todos los creyentes identificamos dimensiones de nuestra vida donde la fe no ha penetrado o ha penetrado sólo superficialmente. Hay aspectos donde la coraza es dura y el trabajo personal debe de ser más intenso. A medida que cumplimos años se hacen más patentes esas zonas de fracaso reincidente, donde permanentemente nos sentimos incoherentes, falsos, indignos de la fe que decimos abrazar.

En estas situaciones hay dos tentaciones muy claras: una es la de abandonar y declarar que el listón es demasiado alto para nosotros, que en una decisión que nos honra preferimos dejar el hueco a otros creyentes más sólidos; la otra es la de acogernos a la inagotable misericordia de quien sabemos nos quiere y abandonar cualquier dinámica de mejora. Soy débil y el Señor me quiere débil, por lo tanto ¿para qué luchar contra mi invencible debilidad? Sin embargo, entre estos dos polos se encuentra una tercera vía de aceptación pero no resignación. Un camino de auto-conocimiento que, a su debido tiempo, puede dar frutos inesperados. Hay victorias que requieren de la estrategia del asedio tranquilo pero constante y el aprendizaje del fracaso. Del mismo modo que un fumador puede llegar a dejar el tabaco al quinto intento, y en cada uno de los intentos precedentes se labró parte del éxito futuro, así también la fe puede conquistar parcelas de nuestro ser. Sin prisas ni pausas.

7. ¿CUÁLES SON LAS DIFICULTADES HOY PARA CREER?

– Una de las más importantes para mí ya la he mencionado, es el escándalo del mal y la insuficiente respuesta que, a mi modo de ver, conseguimos transmitir como creyentes.

– En el mundo occidental acomodado e individualista se sospecha de cualquier relato integral de sentido, pues se entiende que detrás de ello solo hay estructuras de poder que quieren someter a la persona dictándole cómo se tiene que comportar.

– La generación adulta que ahora debería transmitir la fe a sus hijos, tiene padres que en muchos casos abandonaron la fe por habérseles presentado con dureza o dogmatismo, al tiempo que empiezan a escasear los abuelos con fe sencilla y arraigada. La sociedad, por tanto, ha cambiado y la fe no se transmite por ósmosis, es preciso trabajarla personalmente y en familia. La globalización hace que religiones antaño lejanas sean hoy una opción accesible, y que multitud de combinaciones de filosofías y estilos de vida puedan escogerse a la carta con mayor grado de satisfacción que aceptar el lote completo de una única cosmovisión. Igual que ocurre en el supermercado con los yogures, la proliferación de oferta dificulta el tomar una decisión en un individuo que, ante todo, es visto como soberano.

– Hay un descuido de la interioridad que obstaculiza el involucrarse en aventuras espirituales. Si nos interesan prácticas como el yoga, el mindfulness, la meditación, son en tanto en cuanto las funcionalizamos para nuestro bienestar, no como parte de un proyecto personal de sentido integral.

– La adhesión a una fe no está de moda, no es signo de competencia intelectual sino de personas débiles, ha perdido mucho de su prestigio pasado. En el fondo la posible existencia de Dios es un tema del que podemos saber poco, de modo que es más sensato no perder el tiempo en ello y dedicarnos a lo que de verdad tiene utilidad.

– Falta un modelo de creyente atractivo para la sociedad, tanto de creyente laico como en el clero. ¿cómo estar en el mundo sin ser del mundo? En la Iglesia ofrecemos desgraciadamente demasiados ejemplos de por qué no somos merecedores de confianza y, aunque haya otros ejemplos en la dirección contraria, siempre tendrán menos repercusión mediática que los primeros. Debemos encontrar nuestro modo de expresarnos a través del estilo de vida como creyentes ciudadanos del siglo XXI, no contra el mundo erigiéndonos en lejanísimo bastión de lo sagrado, sino a través de un modelo que sea tan exigente como atractivo y cercano. Es preciso recrear el “mirad como se aman” de nuestros antepasados.

– El arte es un vehículo privilegiado para la transmisión de la fe. Sin embargo, mi percepción es que la contribución del mundo creyente a la esfera de lo artístico tiene muchos retos por asumir. No es suficiente con que un grupo de sacerdotes graben un disco de rock. La espiritualidad debe encarnarse en el arte hablando los lenguajes del hombre de hoy, con sutileza y calidad formal, sugiriendo y dando espacio al receptor para interpretar la obra, abriendo puertas. Mucho del arte cristiano actual es un ejercicio bienintencionado de evangelización por la vía rápida del mensaje directo y plano. Sin duda hay modelos de genial simbiosis entre arte y espiritualidad, por ejemplo la trayectoria del vídeo-artista Bill Viola, que muestran otro camino más complejo pero también con mayor potencial. Conozcámoslos y aprendamos de ellos para dialogar con la cultura actual tomándola verdaderamente en serio.

8. ¿POR QUÉ SEGUIR CREYENDO A CONTRACORRIENTE?

Porque si creer fuera una consecuencia de que la corriente me invita a ello, vana sería nuestra fe. Creer a contracorriente no se elige, pero sí puede ser una oportunidad para purificar y fortalecer nuestra fe, para personalizarla más a fondo y encontrar nuevos códigos con los que tratar de transmitirla. Ser minoría es incómodo en cierto sentido pero también liberador en otro. Podemos nuevamente, como ocurrió en otros tiempos, experimentar el ser fermento, sal, grano de mostaza, primicia, brote… Lo que sería un desastre es que la vida cristiana de quienes decidan ir a contracorriente sea ajena al espíritu del evangelio, esa situación no solo nos llevaría a la irrelevancia sino a la imposibilidad de ofrecer propuestas serias a la sociedad en el medio-largo plazo.

Una vez preguntaron al gran teólogo Karl Rahner por qué era creyente y él dio dos razones: porque de todas las alternativas que había conocido, y eran muchas, nada le había convencido como el cristianismo, y porque su madre rezó con él cuando era pequeño. Yo he conocido menos alternativas, pero sigo quedándome con la de Rahner. También mi madre me despertó en la infancia la curiosidad y el cariño por la figura de Jesús. Y añadiría un tercer factor que ayuda no poco: tener la suerte de compartir camino con cristianos de una pieza, alegres y aterrizados, cercanos y lúcidos, entregados y sencillos. Cuando uno encuentra verdaderos testigos en el camino, la fe se multiplica internamente y se consolida con facilidad. A favor o a contracorriente.

Luis Carlos Saiz Fernández

Fuente Fe Adulta

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La transmisión de la fe (I).

jueves, 20 de septiembre de 2018
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fe-en-dios2Hace varios meses un buen amigo se puso en contacto conmigo para proponerme una serie de preguntas tan sencillas de plantear como peliagudas de responder. En el fondo del asunto latía el eterno debate de qué viene a representar la fe y cómo deberíamos enfocar en el siglo XXI su transmisión. Finalmente el ejercicio en cuestión me pareció tan saludable que hoy me atrevo con temor y temblor a compartir su modesto resultado, convencido de que multiplicando esta reflexión personal tenemos muchas más posibilidades de acertar en el futuro con la palabra y el gesto oportuno.

Allá vamos, pues, pero antes de someterme a tan singular interrogatorio, permitidme un primer turno de convicciones personales. Sirvan como marco y paisaje a lo central del viaje que juntos vamos a recorrer.

– En este sentido, creo que debemos asumir riesgos y reforzar la calidad de los pasos que damos en el itinerario cristiano, en vez de diluirlos. Un ejemplo lo veo en el bautismo. Antaño fue un momento fuerte de adultos bien preparados, que experimentaban ese paso como un día crucial en su vida, un verdadero nuevo nacimiento. Hoy corremos el riesgo de perder la oportunidad de ese momento fuerte, llegando a la situación de que muchos de ellos, ni tienen una experiencia mínimamente personal del sacramento ni reciben posteriormente de sus mayores una vivencia y formación cristiana. En mi opinión se debería replantear con serenidad el mejor momento para proponer el bautismo y la primera comunión. Sinceramente creo que no compensa el exhibir como Iglesia un determinado número de bautizados cuando la realidad profunda es otra.

– San Pablo habló gráficamente de “correr bien la carrera”. Es curiosa la analogía con la vida de fe, ahora que por todas partes se ha producido el boom del ‘running’. ¿Qué ocurre para que desde hace unos pocos años tanta gente se haya puesto a correr de forma constante, invirtiendo tiempo y esfuerzo en una actividad de esta índole? Pienso que la gente que corre, lo sé por propia experiencia, conoce bien los beneficios de ese esfuerzo, siente reducir el estrés, aumentar la resistencia física, perder algún kilito, la euforia del reto conseguido… Y siguiendo el paralelismo, ¿qué ocurre para que tantas personas de fe hayan/hayamos abandonado parroquias, grupos, hábitos de oración…? ¿Por qué tanta gente no es capaz hoy de percibir los ‘beneficios’ de una vida de fe? ¿no aporta nada de valor? ¿es excesivo el peaje de compromiso, demasiado escaso el impacto positivo en la vida? Creo que se podría profundizar más en los mecanismos que conducen a muchas personas a implantar hábitos de este estilo, de forma que podamos identificar las deficiencias en nuestras propuestas de camino de fe (aquellas que puedan reformarse, claro, no se trata de ‘vender la gracia barata’).

– Creo importante ser honestos con nuestros coetáneos, transmitir junto a la experiencia de fe también la experiencia de duda que suele acompañarla. Ofrecer todas las perspectivas de la experiencia personal ayuda a ganar credibilidad y evita el ser tachado de “marciano” (cuando evitamos aludir a la cara gris de la vida de fe, el interlocutor debe pensar que, o este tío me miente, o debo encontrarme lejísimos de la genuina experiencia de Dios).

– Se hace muy necesario un ejercicio de “traducción” del evangelio a las categorías de la sociedad actual. Hoy todos nos preocupamos por aprender idiomas para poder comunicarnos con los demás. Los cristianos tendríamos que ser los expertos en el idioma de Jesús, de forma que todo el mundo interprete con facilidad los valores y sentido de cada pasaje sagrado.

En mi opinión, el cristiano debe situarse en la escena pública sin prejuicios y sin privilegios, en pie de igualdad y defendiendo los deberes y derechos que tiene como ciudadano. Ni mojigatos ni ‘sobraos’, bien plantados para decir a tiempo nuestra palabra.

1. ¿QUÉ ES PARA TI LA TRANSMISIÓN DE LA FE?

En mi opinión, la transmisión de la fe es sin duda una tarea de todo cristiano, pero tarea no entendida en clave de obsesión o de objetivo primordial. La transmisión de cristiano a increyente es ante todo consecuencia, fruto, que procede de la atracción que provoca el evangelio encarnado en ese cristiano fiel al estilo de vida de Jesús. Es cierto que para la Iglesia son tiempos de inquietud y duda por la progresiva pérdida de creyentes en nuestro entorno occidental. Es tiempo de aprender a vivir en minoría.

En este contexto, es tentador concebir el problema de la transmisión de la fe como nuestro principal problema. Y, sin dejar de ser importante, no deja de ser un aspecto secundario. El problema no es cómo persuadir mejor, el problema es cómo vivir con más altura la propuesta de Jesús para que nuestra vida ‘persuada’ por sí misma. Si nos obsesionamos con el deber de ‘transmitir’, algo que si somos honestos admitiremos que casi siempre se halla fuera de nuestro alcance, tenemos muchas posibilidades de que lo que hagamos en favor del evangelio suene forzado, cuando no hueco, con ecos de proselitismo, y perderemos el foco de lo esencial: confiar en la actitud de la parábola de los lirios del campo, dedicándonos a lo que sí está en nuestra mano, conformar la propia vida según el molde del evangelio.

Transmitir la fe cristiana es lograr que alguien se enamore en tan gran medida del proyecto cristiano como para hacerlo propio. Y ciertamente una buena estrategia le será útil al amante para enamorar a su soñada pareja. Sin embargo, la mejor estrategia no es nunca suficiente. Donde se juega el éxito duradero no es en la efectividad de fuegos artificiales o la pericia de unos astutos asesores de imagen. La genuina atracción procede de algo que está siempre más allá de la voluntad de la persona que desea enamorar. Es más, no es raro que un deseo exacerbado por gustar se constituya a veces en una barrera para el encuentro. Debemos estar atentos a no obstaculizar la transmisión de la fe y propiciar con naturalidad que, si tiene que ocurrir, ocurra. Dejando a Dios una parte fundamental de la tarea y cuidando con mimo nuestro jardín antes de lanzarnos a conquistar lejanos bosques.

2. ¿QUÉ BUENA NOTICIA CREES QUE PODEMOS TRANSMITIR A ESTE MUNDO?

En la Iglesia hay mucho que podría y debería reformarse para transmitir con mayor eficacia la buena noticia. Sin embargo, si hay algo que no precisa reforma, algo que conserva su potencial atractivo, eso es el propio mensaje. Tenemos la suerte de contar con un proyecto (y un líder del proyecto) que merecen ser escuchados con atención aquí y ahora. Ahora bien, si de lo que se trata es de ‘transmitir a este mundo’ deberemos comenzar por comprender con precisión cómo es ‘este mundo’ y qué dolores le aquejan. Desde esta perspectiva:

– A un mundo de ricos y pobres, anunciaremos la igual dignidad

– A un mundo de personas solas, anunciaremos comunidades abiertas

– A un mundo de víctimas, anunciaremos la convicción de un futuro superador

– A un mundo de superficialidad, anunciaremos interioridad y hondura

– A un mundo de fragmentación, anunciaremos un relato

– A un mundo de vuelta de todo, anunciaremos novedad y frescura

– A un mundo de extraños, anunciaremos fraternidad

Pero no sólo se trata de contraponer el evangelio a elementos negativos presentes en la sociedad. En ocasiones, el evangelio se debería anunciar para celebrar y reforzar lo que el mundo contiene de bueno y hermoso. Y así:

– A un mundo con sueños, aportaremos colaboración para realizarlos

– A un mundo con santos cotidianos, aportaremos la intuición de un Padre/Madre que les acompaña

– A un mundo con belleza artística, aportaremos el calor de símbolos que apuntan más allá

– A un mundo con niños, aportaremos cuidado y desarrollo integral

– Y a un mundo con buen humor, aportaremos nuestro buen amor. Porque a pesar de lo que diga la RAE, amor siempre se escribirá con ‘h’ de humor.

3. ¿QUÉ BUENA NOTICIA ES LA FE PARA TI?

Todos somos creyentes, todos pasamos por la vida creyendo, con mayor o menor intensidad en algo o en alguien. Incluso quienes tienen una visión desesperanzada del mundo se apoyan en argumentos, racionales o intuitivos, para defender su postura y su modo de encarar la existencia. La fe cristiana, es decir, la confianza radical y fundamental en los dichos y hechos de Jesús, es la carta en que deposito mi confianza como motor de sentido de mi vida y de la completa realidad. El mundo merece al Dios de Jesús, quizá yo diría más, exige al Dios de Jesús para tener una oportunidad de sanación, de reconciliación.

Las palabras, actitudes y hechos de Jesús son una gran noticia porque manifiestan una confianza absoluta en que ese Dios existe, nos cuida, nos guarda, nos respeta, nos espera. La fe en Jesús y lo que él propone es una opción perfectamente razonable en el marco de la perplejidad e incertidumbre en que el Hombre se tiene que desenvolver. Otras también lo son. Seguramente hay muchos factores, quizá algunos inconscientes, que explican por qué el evangelio siempre me ha cautivado, desde pequeño. Desde que lo recuerdo, lo hago en forma de buena noticia. La imagen del padre es una de las más potentes. La fe cristiana me anuncia que tengo un padre/madre y que lo comparto con toda la humanidad. No un padre cualquiera, un padre con los rasgos del padre del hijo pródigo. Decía antes que el mundo merece al Dios de Jesús. También podría decirse que el Hombre merece al padre del hijo pródigo. Y, sin saber muy bien por qué, intuyo / siento / aventuro / confío / espero / sé que esa buena noticia, aún sin estar plenamente contrastada, se cumple.

Luis Carlos Saiz Fernández

Fuente Fe Adulta

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¿Religiosidad o fe cristiana?

miércoles, 19 de septiembre de 2018
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los-picaosEs un poco mi caballo de batalla. Veo que hay bastante religiosidad en los pueblos: devociones, procesiones, santos, ermitas, romerías, novenas, fiestas. Velas, muchas velas y cepillos, muchos cepillos y muchos donativos…

Y me siento casi incapaz de ayudar a que demos el paso desde esa esa religiosidad a una fe cristiana, de seguidores de Jesús.

Veo que en la religiosidad se insiste sobre todo en pedir que Dios nos ayude, normalmente a través de un santo. El caso más llamativo es la recitación de la Salve. Las personas se sienten muy a gusto porque estamos “bajo la protección de la Santísima Virgen”. Cuando yo les explico que Dios está con nosotros, que no necesitamos que nadie nos ayude, no lo comparten. Nos cuesta mucho el ver a María como modelo y testigo del Evangelio.

El caso es que cuando les anuncio que estamos llenos de Dios, que nos habita y en Él vivimos, nos movemos y existimos, cambia un poco el panorama. Es preciso anunciar que Dios ya está en nosotros, que tenemos un ADN divino y una bendición original desde nuestro comienzo de existir, llegamos a ver las cosas un tanto distintas

Y es curioso que ahora que me toca predicar en diversos pueblos, las personas se alegran y sienten una visión distinta. Veo necesario el hacer un nuevo catecismo popular muy sencillo, al estilo de aquellos de Alandar, donde con lenguaje sencillo y claro demos una visión renovada del mensaje cristiano.

Siento la religiosidad popular como una coraza muy difícil de atravesar para descubrir el evangelio. Porque además todos los ritos, oraciones, celebraciones que hay en torno de ellos… afianzan a las personas religiosas en su certeza.

Veo que el papa Francisco va presentando una iglesia nueva, renovada de nuestras costumbres y pecados, pero me gustaría que plantease una teología sencilla renovada. Como ha pasado con el caso de la pena de muerte. Hay muchas personas acérrimas a sus convicciones. Por eso me encanta hablar con no creyentes. No para convencerles, sino para anunciar la visión positiva de la vida. Es una gozada anunciar las Buena Noticia, porque primero me supone a mí una alegría en Jesús Resucitado y me encanta animar y dar esperanza y abrir caminos de Salvación.

Mi primer paso suele ser sacar un folio con una X y preguntar qué ven. Todos me contestan que un aspa. No han visto lo blanco del folio… Pues camino abierto a ver lo bueno de la vida y lo positivo.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Quiero Creer… que Tú eres el Mesías, el Hijo del hombre

domingo, 16 de septiembre de 2018
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© Carmelo Blazquez 2013

© Carmelo Blazquez 2013

Quiero Creer

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver
quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.
Quiero creer.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.
Quiero creer.

Limpia mis ojos cansados,
deslumbrados del cimbel,
lastra de plomo mis párpados
y oscurécemelos bien.
Quiero creer.

Ya todo es sombra y olvido
y abandono de mi ser.
Ponme la venda en los ojos.
Ponme tus manos también.
Quiero creer.

Tú que pusiste en las flores
rocío, y debajo miel.
filtra en mis secas pupilas
dos gotas, frescas de fe.
Quiero creer

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
creo en Ti y quiero creer.

*

Gerardo Diego

***

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos:

“¿Quién dice la gente que soy yo?”

Ellos le contestaron:

“Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.”

Él les preguntó:

“Y vosotros, ¿quién decís que soy?”

Pedro le contestó:

“Tú eres el Mesías.”

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos:

“El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.”

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:

“¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”

Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:

“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.”

*

Marcos 8, 27-35

***

¿Quién es Jesucristo para Ignacio Silone? Es la expresión más elevada, más pura, más fecunda de la humanidad. En él se encarnan y se sintetizan esos valores que constituyen la base de toda civilización y que determinan la verdad -es decir, la autenticidad y la grandeza- de todo hombre.

        No elaboró un sistema filosófico o teológico, ni siquiera fundó una religión; no estableció pactos con el poder, no lisonjeó los bajos instintos del hombre, no vaciló en proponer una doctrina moral fuera de todos los esquemas, incluso «escandalosa», no tuvo miedo de ir contracorriente ni de introducir el desorden. Encarnando su mensaje en su persona, proclamó algunas verdades «locas», aunque sublimes y fecundas. En L’aventura d’un povero cristiano, Pier Celestino dirige a Bonifacio VIII estas palabras: «Pero si se despoja al cristianismo de sus llamadas cosas absurdas para hacerlo agradable al mundo, tal como es, y apto para el ejercicio del poder, ¿qué queda de él? Sabéis que la racionabilidad, el sentido común, las virtudes naturales existían, ya antes de Cristo, y se encuentran también ahora en muchos que no son cristianos. ¿Qué es lo que Cristo nos ha traído de más? Precisamente, algunas cosas absurdas en apariencia. Nos ha dicho: amad la pobreza, amad a los humillados y a los ofendidos, amad a vuestros enemigos, no os preocupéis por el poder, por la carrera, por los honores; son cosas efímeras, indignas de almas inmortales…» (p. 244).

        A causa de sus «absurdos», Jesús se ve o bien rechazado, o bien domesticado, o bien escarnecido. [El] prefirió el patíbulo de la cruz después de haber proclamado que quien quiera seguirle debe renegar de sí mismo y tomar su cruz. Pero los detentadores del sentido común y, sobre todo, los sacerdotes «cuentan con una experiencia secular en el arte de hacer la cruz inocua» (// seme sotto la nevé, p. 159). Aliándose con el poder, han reducido el cristianismo a instrumento de estabilidad social, pese a que aquél se fundamenta en la injusticia. Todo eso es traicionar a Cristo. Sustituyendo la imagen de Jesús crucificado y agonizante por la del Jesús «clerical, resucitado y triunfante», ha traicionado la Iglesia a su Señor. Afortunadamente para nosotros, no puede impedir «que, de vez en cuando, algunos cristianos sencillos tomen la cruz en serio y actúen como locos» (// seme sotto la nevé, p.159), ofreciéndose, a cuantos quieran verlo, como auténticos testigos de Jesús.

*

F. Castelli,
Volti ai Gesú nella letteratura moderna,
Cinisello B. 1987.

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“Reconocer a Jesús el Cristo”. 24 Tiempo Ordinario – B (Marcos 8,27-35)

domingo, 16 de septiembre de 2018
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6033250964_ac7b27717dEl episodio de Cesarea de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos. Después de un tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: «¿Quién decís que soy yo?». En nombre de todos, Pedro le contesta sin dudar: «Tú eres el Mesías». Por fin parece que todo está claro. Jesús es el Mesías enviado por Dios, y los discípulos lo siguen para colaborar con él.

Pero Jesús sabe que no es así. Todavía les falta aprender algo muy importante. Es fácil confesar a Jesús con palabras, pero todavía no saben lo que significa seguirlo de cerca compartiendo su proyecto y su destino. Marcos dice que Jesús «empezó a enseñarles» que debía sufrir mucho. No es una enseñanza más, sino algo fundamental que los discípulos tendrán que ir asimilando poco a poco.

Desde el principio les habla «con toda claridad». No les quiere ocultar nada. Tienen que saber que el sufrimiento los acompañará siempre en su tarea de abrir caminos al reino de Dios. Al final será condenado por los dirigentes religiosos y morirá ejecutado violentamente. Solo al resucitar se verá que Dios está con él.

Pedro se rebela ante lo que está oyendo. Su reacción es increíble. Toma a Jesús consigo y se lo lleva aparte para «increparlo». Había sido el primero en confesarlo como Mesías. Ahora es el primero en rechazarlo. Quiere hacer ver a Jesús que lo que está diciendo es absurdo. No está dispuesto a que siga ese camino. Jesús ha de cambiar esa manera de pensar.

Jesús reacciona con una dureza desconocida. De pronto ve en Pedro los rasgos de Satanás, el tentador del desierto que busca apartarlo de la voluntad de Dios. Se vuelve de cara a los discípulos y «reprende» literalmente a Pedro con estas palabras: «Ponte detrás de mí, Satanás»: vuelve a ocupar tu puesto de discípulo. Deja de tentarme. «Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Luego llama a la gente y a sus discípulos para que escuchen bien sus palabras. Las repetirá en diversas ocasiones. No han de olvidarlas jamás. «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga».

Seguir a Jesús no es obligatorio. Es una decisión libre de cada uno. Pero hemos de tomar en serio a Jesús. No bastan confesiones fáciles. Si queremos seguirlo en su tarea apasionante de hacer un mundo más humano, digno y dichoso, hemos de estar dispuestos a dos cosas. Primero, renunciar a proyectos o planes que se oponen al reino de Dios. Segundo, aceptar los sufrimientos que nos pueden llegar por seguir a Jesús e identificarnos con su causa.

José Antonio Pagola

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“Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho”. 16 de septiembre de 2018. Domingo 24º de tiempo ordinario

domingo, 16 de septiembre de 2018
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51-ordinarioB24 cerezoDe Koinonia:

Isaías 50, 5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban.
Salmo responsorial: 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Santiago 2, 14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta.
Marcos 8, 27-35: Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

 Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado… Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros… Véase el amplio comentario que hacemos al respecto en este próximo día 14, fiesta de la «exaltación» de la Cruz. Leer más…

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14.9.18. Recuperar a Pedro. Ante la tarea de Francisco

domingo, 16 de septiembre de 2018
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tu-es-petrusDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 24, tiempo ordinario. Mc 8, 27-33.

Éste es un pasaje enigmáticos del evangelio de Marcos, silenciado por Lucas, corregido por Mateo… un pasaje esencial de la Biblia, en el que Pedro dice a Jesús tú eres el Crito, y Jesús le responde (Mc 8: ¡Apártate de mí, Satanás, pues vas en contra de Dios…).

Ha existido un Pedro que ha querido convertir a Jesús en Cristo Político, con todo el poder social sobre la tierra, un Pedro que puede terminar siendo peligroso, pues va en contra del evangelio.

Por eso, Jesús ha tenido que corregir a ese Pedro, exigiéndole que retorno al buencamino (el de Jesús), que abandone la línea de poder, ques es la de Satanás.

La iglesia católica, en general, ha olvidado este pasaje de Marcos, en el que Jesús critica al deseo de poder de Pedro llamándole «Satanás»… Esa Igiesia ha insistido en una interpretación bastante triunfalista del pasaje queriéndose apoyar en un Pedro-Papa lleno de poder sobre la tierra.

Éste año 2018 es un buen momento para retomar este evangelio, después de haber escuchado y leído la carta de Mons. Viganó que acusa al Papa Francisco de conocer y no condenar ciertos males de la iglesia, pidiéndole que se «aparte», es decir, que renuncie al «poder papal», dejando abierto el paso para un Papa verdadero (en la línea de Mons. Viganó y de aquellos que están de su parte.

Estamos en un momento duro fuerte, cuando cardenales y obispos cristican abiertamene al Papa, cosa que es sí nos parece muy buena, pues un Papa al que no se pudiera criticar no sería Papa verdadero, signo de unidad en la diversidad de las Iglesia.

Pienso, sin embargo, que la crítica de Viganó no ha sido clara, no sirve en verdad para avanzar en solidaridad, buscando juntos caminos de evangelio… transformando la institución clerical-

En ese contexto de la crítica de Vigano y del «silencio activo» del Papa, dejando que los temas se aclaren dede su mismo fondo, tras haber convocado a los presidentes de las conferencias episcopales para tratar juntos del tema, quiero leer una vez más este pasaje de Marcos, utilizando elementos de mi Comentario a su libro, en solidaridad intensa con el Papa Francisco, no para que no puedan darse y disentir personas como Viganó, sino para que la disensión sea camino más alto de comunión en pluralidad de evangelio, al servicio de los máss indefensos, como son los niños (en el caso de fondo de una prepotencia clerical que unida a veces a un tipo de inmadurez afectiva y de deseo de poder ha podido desembocar en formas de pederastia).

jesus-y-pedroHa pasado el año 2017, los quinientos años de Lutero, que criticó al Papa/Poder a partir de este pasaje de Mc 8… Un Lutero que no quiso (o no pudo) llegar al Pedro de Mt 16… En ese camino que va de Mc 8 (Pedro satánico) a Mt 16 (Pedro piedra de la Iglesia) se sitúa toda la tradición critiana: Católicos, ortodoxos, protestantes…

Por eso es bueno que entremos hoy en este pasaje de Mc 8, sabiendo que este pasaje no es todo el NT (ni toda la Biblia, ni toda la historia cristiana…), pero es fundamental. Olvidar este pasaje es renunciar a la catolicidad cristiana. Así voy a indicarlo (retomando algunos elementos de mi comentario de Mc), en una postal algo larga, dividida en dos partes.

Esta postal quiere ser un ejercicio escolar (y dramático) de lectura de la Biblia, en este momento de la Iglesia. Buen domingo a todos.

Mc 8, 27-33. Un texto dramático. Esquema general.

1. Pedro formula la buena confesión de fe cristiana, diciendo que Jesús es el Mesías, es decir, el Cristo, no un simple profeta. Lo que dice es recto, pero corre el riesgo de cerrarse en tradición israelita muy limitada, en una postura común de la iglesia posterior, que busca el poder para triunfar (hacer que triunfe Dios). Éste es el Pedro que quiere “salvarse a sí mismo” (tomar el poder religioso) pensando que honra a Jesús.

2. Pero Jesús no acepta la “toma de poder” social y/o religioso que le propone Pedro. Por eso, le rechaza, diciendo que su postura es “diabólica”. Jesús no “salva” al Pedro del poder, sino que le condena, diciendo que representa y defiende a Satán, no al Dios creador del amor, que se introduce en la vida de los hombres, estando dispuesto a fracasar con (por) ellos.

3. El tema de fondo de Marcos es saber si Jesús rechaza para siempre a Pedro… o si deja abierto un camino de conversión y seguimiento. ¿Podrá salvarse Pedro, a pesar de todo? ¿Podrá salvarse el Papa? Ésta no es una pregunta retórica de teólogos (exegetas). Es una pregunta eclesial (formulada por Lutero y por los ortodoxos). Es una pregunta dolorosa y esperanzada: ¿Podrá salvarse el Papado? ¿Tendrá razón Vigano?

evangelio-de-marcosYo sigo aquí con Pedro-Francisco. Esta “confesión” de Pedro, con el rechazo y corrección de Jesús sigue estando en la raíz de la historia cristiana, representada por papas y simples cristianos que buscan, promueven y defienden (buscamos, promovemos…) el poder social o religioso de Cristo (¡poder, no amor de servicio!), equivocándose (equivocándonos) de bando, aunque se llamen (nos llamemos) cristianos. Por eso es bueno volver a este motivo, leer a Marcos, aunque la “postal” que ofrezco sea un poco larga.

1. PRIMERA PARTE. Mc 8, 27-30. PEDRO, LA BUENA CONFESIÓN

8, 27-28. ¿Quién dicen?

27 Y salieron Jesús y sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Filipo y en el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? 28 Ellos le contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que uno de los profetas.

La respuesta es semejante a la de Herodes y su corte: le siguen vinculando a Juan Bautista, Elías o un profeta (Mc 6, 14-16). Es normal. No pueden llamarle mesías, pues en ese caso deberían seguirle, pero tienden a verle como enviado escatológico, alguien que se pone al servicio de la renovación penitencial de Israel, en la línea del cumplimiento mesiánico. Esta respuesta de la gente es parcial y bondadosa, porque otros (cf. 3, 20-35) habían afirmado que es un emisario de Satán, alguien que quiere destruir la obra de Dios en su pueblo.

1. Es Juan Bautista. Algunos opinan que Jesús es el mismo Juan Bautista, que ha revivido, como pensaba Herodes con miedo: ¡Si Jesús es Juan que ha vuelto (ha resucitado) él puede venir a destruirnos! Pero, en nuestro caso, la gente que identifica a Jesus con Juan no lo hace por miedo, sino, básicamente, de un modo positivo, en la línea de las esperanzas de Israel.

2. Es Elías. En un contexto semejante se sigue situando la visión de aquellos que le identifican con Elías o con otro profeta, conforme a una tema que habíamos destacado al comienzo del evangelio (comentando 1, 1-7). La esperanza de un profeta escatológico ha sido el «humus» o caldo de cultivo principal del movimiento mesiánico judío, según ha destacado Flavio Josefo, tanto en el libro sobre La guerra judía como en Las antigüedades de los judíos.

8, 29-30. ¿Y vosotros? El Cristo de Pedro

29 El siguió preguntándoles: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro le respondió: Tú eres el Cristo. 30 Y les prohibió terminantemente que hablaran a nadie acerca de él

— Pedro confiesa ¡Tú eres el Cristo! (8, 29). Ese título (ho Khristos) había aparecido ya al comienzo, en el encabezamiento del libro, lo que significa que para Marcos es positivo y valioso (1, 1). Pues bien, el primero que lo proclama dentro del texto es Pedro, en palabra de fidelidad mesiánica y de compromiso de seguimiento, que Jesús no rechaza, en principio, pero que después matiza, de un modo radical (de manera que, a consecuencia de ello, Pedro le abandonará más tarde). En un aspecto, podemos afirmar que Pedro ha visto bien: ha sacado las consecuencias del camino anterior; ha entendido a Jesús como Cristo/Mesías y se muestra dispuesto a seguirle, pero en su línea, no en la de Jesús.

Quien habla así es el “Pedro histórico” (del tiempo de la vida de Jesús, cuyo recuerdo se mantiene en las comunidades), pero es también el Pedro de la Iglesia quien, según Marcos, ha visto y confesado a Jesús como Cristo, pero no dado el paso para confesarle de verdad como Hijo de Hombre que entrega la vida por todos. Éste es el momento clave de la “confesión de Pedro”, una confesión que, como indicará, a partir de aquí, todo el evangelio de Marcos, no es la adecuada, de forma que Jesús debe rechazarla (o corregirla). Leer más…

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Encuesta, examen teórico y ejercicio práctico. Domingo 24. Ciclo B.

domingo, 16 de septiembre de 2018
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Mc 8,27-35_2Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La encuesta

Cesarea de Felipe, junto a las fuentes del Jordán, es uno de los lugares más hermosos de Israel. El peregrino actual, que parte generalmente de Nazaret, tarda poco más de una hora en un cómodo autobús con aire acondicionado. Jesús y los discípulos tuvieron que hacer el camino a pie, salvando un desnivel de unos 800 ms: desde los 200 bajo el nivel del mar (Lago de Galilea) hasta los 500-600 sobre él (pie del monte Hermón). No es un paseo cualquiera. Hay tiempo para callar y tiempo para hablar. En esos momentos de comunicación, Jesús pregunta a los discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Hasta este momento, el evangelio de Mc ha ido planteando el enigma de quién es Jesús. Un personaje desconcertante, que enseña con autoridad y tiene poder sobre los espíritus inmundos (1,27), perdona pecados como si fuera Dios (2,7), escandaliza comiendo con publicanos y pecadores (2,16) y se considera con derecho a contravenir el sábado (2,27; 3,4). Los fariseos y los herodianos deciden muy pronto que debe morir (3,6), sus familiares piensan que está mal de la cabeza (3,21), los escribas que está endemoniado (3,22), y los de Nazaret no creen en él, lo siguen considerando el carpintero del pueblo (6,1-6). Mientras, los discípulos se preguntan desconcertados: «¿Quién es este que hasta el viento y el lago le obedecen?» (4,41). Ahora, cuando llegamos al centro del evangelio de Mc, Jesús aborda la cuestión capital: ¿quién es él?

En aquel tiempo salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le dijeron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas».

Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra». En cualquier caso, resulta interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas. En ello pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto.

Si la pregunta la hubiera formulado Jesús en nuestros días, la encuesta habría resultado más variada y desconcertante que entonces: Hijo de Dios, profeta, marido de la Magdalena, precursor de la dinastía merovingia…

Examen teórico

Él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».

Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías».

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta. Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta; habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás. Según Mc, la respuesta de Pedro se limita a las palabras «Tú eres el Mesías».

¿Qué significaba este título? En el Antiguo Testamento se refiere generalmente al rey de Israel; un personaje que se concebía elegido por Dios, adoptado por él como hijo, pero normal y corriente, capaz de los mayores crímenes. Sin embargo, la monarquía desapareció en el siglo VI a.C., y los grupos que esperaban la restauración de la dinastía de David fueron atribuyendo al mesías esperado cualidades cada vez más maravillosas.

Los Salmos de Salomón, oraciones de origen fariseo compuestas en el siglo I a.C., describen detenidamente el papel del Mesías: librará a Judá del yugo de los romanos, eliminará a los judíos corruptos que los apoyan, purificará Jerusalén de toda práctica idolátrica, gobernará con justicia y rectitud, y su dominio se extenderá incluso a todas las naciones. Es un rey ideal, y por eso el autor del Salmo 17 termina diciendo: «Felices los que nazcan en aquellos días».

Si imaginamos al grupo de Jesús, que vive de limosna, peregrina de un sitio para otro sin un lugar donde reclinar la cabeza, en continuo conflicto con las autoridades religiosas, decir que Jesús es el Mesías implica mucha fe en el personaje o una auténtica locura.

Lo que piensa Jesús de sí mismo

Y Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Desde entonces comenzó a declararles que el hijo del hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, morir y resucitar al tercer día. Esto lo decía con toda claridad.

En contra de lo que cabría esperar, Jesús prohíbe terminantemente decir eso a nadie. Y en vez de referirse a sí mismo con el título de Mesías usa uno distinto: «Hijo del Hombre», que parece inspirado en Ezequiel (a quien Dios siempre llama «Hijo de Adán») y en Daniel. Lo importante no es el origen del título, sino cómo lo interpreta Jesús: el destino del Hijo del Hombre es padecer mucho, ser rechazado por las autoridades políticas, religiosas e intelectuales, morir y resucitar. En una concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto es inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. Un profeta anónimo la encarnó en el personaje del Siervo de Yahvé (Isaías 53).

Conflicto entre Pedro y Jesús

Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle. Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, riñó a Pedro diciéndole: «¡Apártate de mí, Satanás!, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Igual que el poema del libro de Isaías, Jesús termina hablando de resurrección. Pero Pedro se queda en el sufrimiento. Se lleva a Jesús aparte y lo increpa, sin que Mc concrete las palabras que dijo.

Jesús reacciona con enorme dureza. Pedro lo ha tomado aparte, pero él se vuelve hacia los discípulos porque quiere que todos se enteren de lo que va a decirle: «¡Retírate, Satanás! ¡Piensas al modo humano, no según Dios!» La mención de Satanás recuerda lo ocurrido después del bautismo, cuando Satanás somete a Jesús a las tentaciones. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Jesús, que no ha visto un peligro en las tentaciones de Satanás, si ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, sino llena de violencia.

Ejercicio práctico

Llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará.

De repente, el auditorio se amplía, y a los discípulos se añade la multitud. Las palabras que Jesús deberían desconcertarnos y provocar un rechazo. ¿Se imagina alguien a un político diciendo: «El que quiera votarme, que esté dispuesto a perder las elecciones e ir a la cárcel»? Pero el punto de vista de Jesús no es el de los políticos. No pretende ganar las elecciones en este mundo, sino en el futuro. Para Jesús, el mundo futuro es como un hotel de cinco estrellas; el mundo presente, una chabola asquerosa situada en el entorno más degradado imaginable. Todos podemos salir de la chabola y alojarnos en el hotel. Pero el camino es duro, empinado, difícil. Jesús se ofrece a ir delante, y deja en nuestras manos la decisión: el que se aferre a la chabola, en ella morirá; el que la abandone y lo siga, tendrá un durísimo camino, pero disfrutará del hotel.

Y tú, ¿quién dices que es Jesús?

            El evangelio de hoy no puede leerse como simple recuerdo de algo el pasado. La pregunta de Jesús se sigue dirigiendo a cada uno de nosotros, y debemos pensar detenidamente la respuesta. No basta recurrir al catecismo («Segunda persona de la Santísima Trinidad») ni al Credo («Dios de Dios, luz de luz…»). Tiene que ser una respuesta personal, sentida. En la línea del evangelio de Juan: «El camino, la verdad y la vida». Pero, sea cual sea la respuesta, es más importante aún la decisión de seguir a Jesús con todas las consecuencias.

La aceptación del sufrimiento y la certeza del triunfo (1ª lectura: Isaías 50,5-10)

“El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me mesaban la barba; no he hurtado mi rostro a la afrenta y a los salivazos. El Señor Dios viene en mi ayuda; por eso soporto la ignominia, por eso he hecho mi rostro como pedernal y sé que no quedaré defraudado. Próximo está el que me hace justicia, ¿quién puede litigar conmigo? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi demandante? ¡Preséntese ante mí! Si el Señor Dios me ayuda, ¿quién puede condenarme? Todos se gastarán como un vestido, la polilla los consumirá.

En la concepción difundida a finales del siglo XIX por Bernhard Duhm, este fragmento sería el tercer canto dedicado al Siervo de Yahvé, un personaje misterioso, que termina salvando a su pueblo mediante el sufrimiento y la muerte. Es lógico que los cristianos vieran en él a Jesús (el 4º canto, Is 53, lo leemos el Viernes Santo).

            Jesús ha dicho en el evangelio que «el Hijo del hombre tiene que padecer y ser despreciado». Este breve poema anticipa esas ofensas: golpes, burlas, insultos, salivazos, antes de un juicio que se supone injusto. En este breve poema destacan dos detalles: la acción de Dios y la reacción del Siervo.

            La acción de Dios consiste en revelar a su servidor lo mucho que va a sufrir («me ha abierto el oído»), pero asegurándole que se mantendrá junto a él: «Mi Señor me ayudaba», «Tengo cerca a mi abogado», «El Señor me ayuda». Esto supone una gran novedad, porque en la teología habitual del Antiguo Oriente (y entre muchas personas de hoy día), el sufrimiento se interpreta como un castigo de Dios. En cambio, el Siervo está convencido de que no es así: el sufrimiento puede entrar en el plan de Dios, como un paso previo al triunfo, y en ningún momento deja Él de estar presente y ayudarle.

            Por eso, la reacción del Siervo es de entrega total: no se rebela, no se echa atrás, ofrece la espalda y la mejilla a los golpes, no oculta el rostro a bofetadas y salivazos.

            Si Pedro hubiera conocido y comprendido este texto de Isaías, no se habría indignado con las palabras de Jesús, que representan el punto de vista de Dios, mientras que él se deja llevar por sentimientos puramente humanos. Pero debemos reconocer que nuestro modo de pensar se parece mucho más al de Pedro que al de Jesús.

Una polémica muy antigua: la fe y las obras (2ª lectura: Santiago 2,14-18)

            «Genio y figura, hasta la sepultura». Eso le pasó a san Pablo. Radical antes de convertirse, lo siguió siendo en algunas cuestiones después de la conversión. Y su forma de expresarse se prestaba a ser mal interpretado. En su lucha con los cristianos judaizantes, partidarios de observar estrictamente la ley de Moisés, como si fuera ella quien nos salva, defiende que la salvación viene por la fe en Cristo. Él no excluye que el cristiano deba comportarse dignamente, todo lo contrario. Pero insiste tanto en la fe y en la libertad del cristiano que sus adversarios le acusaban de negar la necesidad de las buenas obras.

            En esta polémica se inserta el texto de la carta de Santiago, atacando la postura del que presume de tener fe, pero no hace nada bueno. El ejemplo que utiliza, la respuesta egoísta del que presume de tener fe a un hermano que pasa hambre, es esclarecedor y sigue inquietándonos actualmente.

Hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y les falta el alimento cotidiano, y uno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y alimentaos», sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve esto? Lo mismo es la fe: si no tiene obras, está muerta en sí misma. Por el contrario, alguien dirá: «Tú tienes la fe, y yo las obras. Muéstrame, si puedes, tu fe sin obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».

Si el autor de la carta y Pablo se hubieran reunido a charlar, habrían estado plenamente de acuerdo. Pablo podría haberle leído un fragmento de su carta a los Gálatas, en la que viene a decir lo mismo: «Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad, pero no vayáis a tomar la libertad como estímulo del instinto; antes bien, servíos mutuamente por amor» (Gal 5,13). Nos salva Jesús y la fe en él, pero esa fe debe impulsarnos a una vida que no se deja arrastrar por los bajos instintos (fornicación, indecencia, desenfreno, reyertas, envidias, borracheras, comilonas, etc.), sino que está guiada por los frutos del Espíritu de Dios (amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad…,) (Gal 5,19-25).

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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. 16 de septiembre de 2018

domingo, 16 de septiembre de 2018
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d-xxiv

Se lo explicaba con toda claridad.”

(Mc 8, 27-35)

“…, por el camino preguntó a sus discípulos…” Por el camino, de manera informal. Porque así son las cosas de nuestro Dios. No suele ceñirse a horarios ni lugares.

Nosotros construimos iglesias, pero luego Dios se hace el encontradizo en el silencio de la montaña o en el bullicio del mercado. Nosotros nos marcamos un tiempo para la oración o para las celebraciones. Pero luego va y resulta que el ENCUENTRO (con mayúsculas) es en una mirada o en una conversación.

Las cosas importantes de Dios pueden acontecer en cualquier lugar y a cualquier hora. Ah! Pero esta no es excusa para no dedicarle un tiempo y un espacio. Toda relación necesita de tiempos y espacios. La relación con Dios también. Pero le gusta “asaltarnos” cuando menos lo esperamos.

Y sé de más de una persona que en medio de sus idas y venidas tiene el rato de volver a casa en autobús como un momento “sagrado” en el que conversa tranquilamente con Dios. Hablan de como le ha ido el día, de lo que la inquieta… Y quizá en alguna ocasión Dios le pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?

El autobús, el coche, mientras esperan la cola del supermercado, al acostarse o levantándose un poco antes. Hay un montón de gente conversando con Dios. Llenando el mundo de oración.

Luego también hay monjas y curas, religiosas y obispos, que también oran dentro y fuera de las iglesias, dentro y fuera de las celebraciones.

Y es que Dios es un gran conversador y tiene mucho que decirnos a cada uno de nosotros. Sabe que necesitamos escucharle y que son sus preguntas las que nos sacuden la pereza. Por eso insiste hasta hacernos comprender.

Por eso nos lo explica “con toda claridad” y nos ayuda a colocarnos en el lugar que nos corresponde. Como hizo un día con Pedro, pero ya lo había hecho con Adán y Eva, y con muchos otros.

Originales, originales no somos. Caemos todos en el mismo supino error. ¡Queremos quitarle el sitio a Dios! Y Él, con su infinita paciencia nos tiene que recordar que nuestro sitio está a SU LADO. Junto a Él.

Oración

Pregúntanos, incrépanos, pero no te vayas de nuestro lado. Somos torpes, ya nos conoces. Después de reconocerte nos volveremos a equivocar de lugar. Pero TÚ sabes que somos TUYAS.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Para saber quién es Jesús, tengo que saber quién soy yo.

domingo, 16 de septiembre de 2018
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Jesús CarneMc 8, 27-35

Responder a la pregunta de ¿Quién es Jesús? Es un tarea tan desorbitada que se queda uno sin aliento al tener que planteársela en una homilía. Desde el día de Pascua, los seguidores de Jesús no han hecho otra cosa durante dos mil años que intentar responderla. Durante los tres últimos siglos, pero sobre todo en el siglo pasado, se ha dado un vuelco en la manera de entender los evangelios. Hasta ese momento nadie cuestionó que lo evangelios eran historia y había que entenderlos literalmente.

Hoy sabemos que son una interpretación de la figura de Jesús, condicionada por sus circunstancias de todo tipo. Nos transmitieron lo que ellos entendieron pero no lo que fue en realidad Jesús. No podemos seguir entendiendo su interpretación con la idea que hoy tenemos de ‘historia’. Hoy estamos en las mejores condiciones para hacer una nueva interpretación de Jesús y no podemos desaprovechar la ocasión. Tenemos la obligación de intentar traducir su figura a un lenguaje que podamos entender todos hoy.

La primera obligación de un cristiano será siempre tratar de conocerlo. Solo en la medida que le conozcamos mejor podremos vivir lo que él vivió. La idea que hoy tenemos de Dios, del mundo y del hombre nos tiene que llevar a una comprensión más profunda del mensaje evangélico. Jesús fue un ser humano tan fuera de serie que nos empuja a una nueva comprensión de lo que significa ser plenamente humanos.

La doble pregunta de Jesús parece suponer que esperaba una respuesta distinta. La realidad es que, a pesar de la rotunda respuesta de Pedro: “tú eres el Mesías”, la manera de entender ese mesianismo, estaba lejos de la verdadera comprensión de Jesús. Pedro, como se manifestará más adelante, sigue en la dinámica de un Mesías terreno y glorioso. Para él es incomprensible un Mesías vencido y humillado hasta la aparente aniquilación total. A penas tres versículos después, Pedro increpa a Jesús por hablarles de la cruz.

El Hijo de hombre tiene que padecer mucho. “Hijo de hombre” significa, perteneciente a la raza humana, pero en plenitud. Por cierto, “este hombre” es el único título que se atribuye Jesús a sí mismo. “Tiene que” no alude a una necesidad metafísica o a una voluntad de Dios externa, sino a la exigencia del verdadero ser del hombre. “Padecer mucho” hace referencia no solo a la intensidad del dolor en un momento determinado (su muerte), sino a la multitud de sufrimientos que se van a extender durante el tiempo que le queda de vida.

Jesús proclama, con toda claridad, cuál es el sentido de su misión como ser humano. Diametralmente opuesta a la que esperaban los judíos y la que también esperaban los discípulos de un Mesías. Nada de poder y dominio sobre los enemigos, sino todo los contrario, dejarse matar, antes de hacer daño a nadie. Pedro se ve obligado a decirle a Jesús lo que tiene que hacer, porque su postura equivocada le hace pensar que ni Dios puede estar de acuerdo con lo que acaba de proponer Jesús como itinerario de salvación.

Como Pedro habla en nombre de los apóstoles, Jesús responde de cara a los discípulos, para que todos se den por enterados del tremendo error que supone no aceptar el mesianismo de la entrega al servicio de los demás y de la cruz. Ese mensaje es irrenunciable. Pedro le propone exactamente lo mismo que le propuso Satanás: el mesianismo del triunfo y del poder, por eso le llama Satanás. Claro que esa manera de pensar es la más humana (demasiado humana) que podríamos imaginar, pero no es la manera de pensar de Dios.

Lo que acaba de decir de sí mismo, lo explica ahora a la gente. “Si uno quiere venirse conmigo, que se niegue a sí mismo…” No es fácil aquilatar el verdadero significado de esta frase; sobre todo si tenemos en cuenta que el texto no dice negarse, sino renegar de sí mismo. Aquí el ‘sí mismo’ hace referencia a nuestro falso yo, lo que creemos ser. El desapego del falso yo es imprescindible para poder entrar por el camino que Jesús propone.

“El que quiera salvar su vida la perderá…” No está claro el sentido de ‘psykhe’: No puede significar vida biológica, porque diría ‘bios’; tampoco significa alma, porque los judíos no tenían el concepto de alma. No se trata de elegir entre dos vidas, sino buscar la plenitud de la vida en su totalidad. El que no dejar de preocuparse de su individualidad, malogra toda su existencia; pero el que superando el egoísmo, descubre su verdadero ser y actúa en consecuencia, dándose a los demás, dará pleno sentido a su vida y alcanzará su plenitud.

La esencia del mensaje de Jesús sigue sin ser aceptada porque nos empeñamos en comprenderlo desde nuestra racionalidad. Ni el instinto, ni los sentidos, ni la razón podrán comprender nunca que el fin del individuo sea el fracaso absoluto. Por eso hemos hecho verdaderas filigranas intelectuales para terminar tergiversando el evangelio. Si creemos que lo importante es lo sensible, lo material que me da seguridades egoístas, lo defenderemos con uñas y dientes y no dejaremos que lo que vale de veras cobre su importancia.

¿Quién es Jesús? La respuesta no puede ser la conclusión de un razonamiento discursivo. No servirán de nada ni filosofías, ni psicologías, ni teologías. Los análisis externos de lo que hizo y dijo no nos llevan a ninguna parte, porque no son comprensibles. Solo una vivencia interior que te haga descubrir dentro de ti lo que vivió Jesús, podrá llevarte al conocimiento de su persona. Jesús desplegó todas las posibilidades de ser que el hombre tiene. La clave de todo el mensaje de Jesús es esta: dejarse machacar es más humano que hacer daño a alguien.

Debemos seguir preguntándonos quién es Jesús. Pero lo que nos debe interesar es un Jesús que encarna el ideal del ser humano, que nos puede descubrir quién es Dios y quién es el hombre. La pregunta que debo contestar es: ¿Qué significa, para mí, Jesús? Pero tendremos que dejar muy claro, que no se puede responder a esa pregunta si no nos preguntamos a la vez ¿Quién soy yo? No se trata del conocimiento externo de una persona. Ni siquiera se trata de conocer y aceptar su doctrina. Se trata de responder con mi propia vida.

La razón puede dejarse llevar de las exigencias biológicas y utilizar toda su capacidad para buscar el placer o para huir del dolor. Pero el hombre, desde su vivencia interior, puede descubrir que su meta no es el gozo inmediato, sino alcanzar la plenitud humana, que le llevará más allá de la satisfacción sensorial. Si la razón no cede a las exigencias del instinto, y pretende imponerse y buscar el bien superior, la biología reaccionará produciendo dolor. Este dolor es el que Jesús propone como inevitable para alcanzar la plenitud.

La cruz, como súmmum del dolor no tiene valor alguno, como símbolo de la entrega total, es la meta de la vida humana. La hora de la plenitud de Jesús fue la hora de la muerte en la cruz. Ahí consumó su carrera. Se identificó con Dios que es don total. Ya no necesita más glorificaciones ni exaltaciones; entre otras razones, porque no hay después, sino un eterno ser en Dios. Jesús vivió y predicó que, lo específicamente humano es consumirse en la entrega al bien del hombre concreto, el que me encuentro en el camino de cada día.

Meditación

Quién soy yo y quién es Jesús exige la misma respuesta.
Solo viviendo lo que vivió Jesús podré responder.
Mi meta, como la suya, es desplegar lo humano.
Desplegar lo humano es vivir lo divino.
Nuestro ser verdadero es lo que hay de Dios en nosotros.
Soy lo Infinito, solo queda vivirlo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Un pensador de alcurnia.

domingo, 16 de septiembre de 2018
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le-penseur-el-pensador-museo-rodin-auguste-bronce-escultura-sculpture-jardines-patina-detail-495“Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado” (Buda)

16 de septiembre. Domingo XXIV del TO

Mc 8, 27-35

Tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios

¿Cómo pudo negar Jesús tamaña obviedad, salida en esta ocasión de la cabeza terrenal del impetuoso Pedro, y cómo era física y mental y espiritualmente? Un análisis de la obra El Pensador, del francés Auguste Rodin, nos puede ayudar a responder a tal pegunta.

Auguste Rodin (1840-1917) esculpió en bronce -hoy en el Museo Rodin de Paris- una de las esculturas más famosas de dicho artista. Representa un cuerpo torturado y al mismo tiempo un hombre de espíritu libre decidido a trascender mediante la poesía. Aparece como un hombre desnudo, solitario, pasivo, reflexivo y preocupado. Rodin utilizaba sus conocimientos artísticos para poder expresar la psicología y los sentimientos de los seres humanos. En una ocasión dijo: “Lo que hace que mi Pensador piense, es que él piensa no sólo con su cerebro, con su ceño fruncido, con sus fosas nasales distendidas y sus labios comprimidos, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con su puño apretado y sus dedos de los pies agarrotados”Su imagen nos da a conocer el pensamiento del hombre y la trascendencia de la lógica en la humanidad.

Personalmente visité el Museo Rodin hace unos cuantos años y confieso que dicha escultura me invitó a sentarme y a pensar en mí y en el resto de mundo. Acepté la invitación, y permanecí una media hora, sentado como él, en la cima de una pequeña roca que había en el jardín. Fue un esculpir esquirla tras esquirla, y un recoser los múltiples girones de mi túnica inconsútil.

El hombre considerado como ente pensante, evolucionó desde unos pequeños simios que fueron llamados Procónsules (20 millones de años) y que existieron varios eslabones antes de que apareciera el Australopitecus, que fabricaba ya herramientas de piedra. Seguidamente, hace unos 2.5 millones de años, aparece el Homo Habilis, fabricante también de utensilios de piedra más acabados, y con un cerebro más desarrollado. Era de talla baja, alrededor de 1.40 m., y es considerado por los antropólogos como el primer espécimen de ser humano pensante. Finalmente, 130.000 años antes de nuestra era, apareció el homo Sapiens Sapiens y hace unos 40.000 años apareció el Cromañon.

A mi regreso de París se me grabó la impronta de aquel Pensador en mi cerebro de cromañón siglo XXI, y una vez más como él, seguí soñando, porque, como dijo el escritor filósofo británico James Allen (864-1912): “Los soñadores son los salvadores del mundo”.  ¿O no es verdad -y yo creo que sí- lo que en la India dijo Buda?: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado?”

Una obviedad de Pedro, a quien Jesús un día llamó “Piedra” reprochándole injustamente la roqueña textura de su dura cabeza: “Tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios”.

La poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957) compuso un poema –El Pensador de Rodin– que hace honor a la reflexión de Dante en la Divina Comedia ante las puertas del infierno, y que tiene la carne fatal desnuda delante del destino, ya que ante lo sobrenatural no hay una defensa válida. Otra característica presente de manera muy sutil a lo largo del poema, es el sentimiento de tristeza tan propio de la artista, la cual une un sentimiento interno como la angustia y los músculos que se hienden, identificando el sentimiento del protagonista.

EL PENSADOR DE RODIN

Con el mentón caído sobre la mano ruda,
El Pensador se acuerda que es carne de la huesa,
carne fatal, delante del destino desnuda,
carne que odia la muerte, y tembló de ternura. 

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,
Y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.
El de “morir tenemos” pasa sobre su frente,
en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores.
Cada surco en la carne se llena de terrores.
Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

que le llama en los bronces… Y no hay árbol torcido
de sol en la llanura, ni león de flanco herido,
crispados como este hombre que medita en la muerte.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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