¿Llamados, llamadas a cumplir la ley o a darle su plenitud?
Mateo 5,17-37
¿Qué era la Ley para Jesús? ¿Qué es para mí cumplir la ley?
En el evangelio de este domingo Jesús nos invita a pararnos y reflexionar sobre la ley. Tema posiblemente poco atractivo para la mayoría y más en estos tiempos, en los que en cada telediario oímos hablar de leyes nuevas, o leyes que se modifican, en unos tonos y términos que nos hacen sospechar que no siempre es el bien común o la justicia lo único que hay detrás.
Por eso, es posible que al escuchar esta primera afirmación que Mateo pone en boca de Jesús “No he venido a abolir la ley, sino a darle su plenitud”, o su cumplimiento, como se traduce a veces, no nos sintamos especialmente emocionados.
Las primeras comunidades cristianas procedentes del judaísmo, a las que se dirige Mateo, tienen la experiencia de haber vivido siempre buscando cumplir la Ley. Esa Ley que liberó al pueblo en tiempos de Moisés pero que en tiempos de Jesús se ha convertido en un montón de preceptos, 613 prescripciones que había que cumplir escrupulosamente o encontrar una justificación para saltárselos “quedando bien”. Y Jesús afirma que ha venido a cumplir y dar plenitud a la ley y a enseñar a todos a cumplirla. Y que quien haga como Él será grande en el Reino.
Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué era la Ley para Jesús? y ¿qué es para mí cumplir la ley? ¿Desde dónde hago lo que “tengo que hacer”? ¿Desde la rutina o la costumbre? ¿Desde la presión del qué dirán de mí?… ¿o desde el corazón?
El evangelio continúa introduciendo una nueva palabra, justica. Siempre en boca de Jesús Mateo afirma sorprendentemente que si nuestra justicia no es mayor que la de estos grupos que “oficialmente” son los cumplidores de la ley, no entraremos en el Reino. Esta afirmación es luminosa y liberadora, descubrimos en ella que Jesús no nos está hablando del cumplimiento de una multitud de preceptos al pie de la letra, deshumanizados y lejos de lo que se fragua en el corazón. Para Jesús la plenitud de la Ley es la justicia.
Si buscamos el significado de justica en el diccionario encontramos: “Principio moral que lleva a determinar que todos deben vivir honestamente. (…) constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.” (rae)
Es decir, que cumplir la ley en su plenitud no es cumplir preceptos, sino vivir en referencia a Dios y a los otros, a todo hombre y mujer que es mi prójimo. Y esta referencia a Dios y a los demás no de una forma aislada o separada. Si mi hermano o mi hermana, cualquiera que este sea, tiene algo contra mí, eso me impide acercarme a Dios intentando “cumplir” lo que entiendo como preceptos religiosos. Porque ¿cómo va a aceptar Dios, padre y madre misericordioso, una ofrenda nuestra si sus otros hijos tienen quejas contra nosotros y no las atendemos? La exigencia de esta manera de vivir la ley hace que nos vayamos transformando por dentro, que nuestro corazón se haga más comprensivo, que sepamos perdonar, que la reconciliación sea nuestro talante para poder hacer comunidad… porque la plenitud de la ley está en el corazón no solo en los hechos externos.
Lo que sigue en el texto evangélico concreta y expresa esta forma de cumplir la ley que Jesús quiere en situaciones candentes en las primeras comunidades, el tema del divorcio y de los juramentos.
El acta de repudio que cualquier varón podía dar a su mujer por causas mínimas, dejándola sin posibilidades de una vida digna, despreocupándose de ella, es claramente una costumbre injusta que va contra el fondo, el objetivo último de la ley y Jesús avisa de esto a sus seguidores. Ampliando nuestra mirada, ¿qué nos dice hoy a nosotros? ¿A cuántas personas damos cualquier tipo de “acta de divorcio” y nos desentendemos de ellas? Porque no son de los nuestros, porque no nos gusta lo que hacen o piensan…. Y luego, ¿podemos acercarnos sin más a celebrar la eucaristía?
En una sociedad en la que el valor de la palabra era inmenso porque no había otro tipo de contrato, se había llegado a desvirtuar el juramento. Ya no se apoyaba en la verdad de lo que se afirmaba jurar o prometer, sino en por quién o por qué se juraba, con lo que la verdad podía quedar abolida por retorcidas afirmaciones. El evangelio rechaza cualquier forma de juramento. Jesús nos invita a amar la verdad, a vivir en verdad y decir la verdad. Simplemente, sencillamente… lo demás no es del Reino. Seguro que estamos recordando ese otro pasaje en el que Jesús afirma que es la Verdad. (Jn 14, 6) ¿Qué valor real damos a la verdad? ¿La disimulamos, la ignoramos, hacemos pactos para lograr otros intereses que la desvirtúan?
Cuando este domingo escuchemos “Habéis oído que se dijo, pero yo os digo” caeremos en la cuenta de que Jesús no cambia, añade o quita preceptos, sino que los da hondura, los lleva al corazón, al centro, la raíz de la persona, de donde brota la justicia.
Acojamos esta invitación a dar plenitud a la ley en nuestra vida. Escuchemos la voz de Jesús que nos dice: ¡Cuidado! Hay formas de cumplir la ley que no nos hacen justos, buenos… Se lo dice a sus primeros discípulos y a nosotros, a nosotras, ¿somos justos, buenos, santos al cumplir la ley, los mandamientos, los preceptos de la Iglesia?
Si vivimos profundamente la Palabra de Dios, si su Ley cala directamente en nuestro corazón, lo que pensemos, digamos o hagamos será sincero, auténtico, profundo. Será expresión del amor, del perdón y la comprensión a los hermanos y así, solo así, el vivir los mandamientos, la Ley, nos acercará a Dios y nos hará felices. Porque, como dice el evangelio eso es llevar la Ley a su plenitud.
Mª Guadalupe Labrador Encinas fmmdp
Fuente Fe Adulta
Domingo VI del Tiempo Ordinario
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
El patriarca de Moscú vuelve a exaltar el poder patrio durante la Epifanía ortodoxa 
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, 
De su blog Miradas Cristianas:
Si la falta de Dios ha de soportar la plena inconsistencia de todo, la fe en Dios ha de soportar el escándalo del mal (y estoy hablando de fe, no de mera creencia). Y si la falta de fe tenía el recurso a la belleza para dar alguna consistencia a la moral (Nietzsche también puede ser ejemplo de eso, aunque ni la misma belleza pudo liberarle de la locura), la fe puede tener el recurso a la libertad del hombre, como conato de explicación de la ausencia de Dios. Fue un ateo como J. P. Sartre quien confesó que lo que le gustaba del Dios cristiano es que había preferido un mundo con libertad, aunque funcionase mal, que un mundo fascista que funcionara bien.
Pero me temo que esta pregunta tan importante, aún no nos la hemos hecho en serio. Y me duele pensar que, por causa de Ucrania, ha aumentado el número de españoles que creen conveniente incrementar nuestro presupuesto militar, cuando debería ser al revés. Corriendo los riesgos que sea si esa lección solo la aprende un pueblo concreto y no toda la humanidad. Pero sabiendo que, hasta hoy, todas las armas teóricamente defensivas, han acabado por ser sobre todo armas ofensivas y, además, fuente impresionante de negocios infames.
Desde que el pasado mes comenzó la invasión rusa sobre el territorio ucraniano, las transgresiones de los Derechos Humanos se han sucedido en multitud de ocasiones contra la población ucraniana y, especialmente, contra la comunidad LGTBI+, que con anterioridad ya se enfrentaba a una situación bastante hostil. A pesar de que ciudades como Kiev y Lviv han mostrado cierta apertura a la diversidad y de que el presidente Zelenskyy ha realizado declaraciones pro-LGTBI+, las actitudes hacia la comunidad siguen siendo ambivalentes.



Las personas LGBTQ en Ucrania corren un riesgo especial durante la invasión.
De los tres millones de refugiados que han huido de Ucrania, muchas personas LGTBI se encuentran entre ellos y, además de los peligros inherentes a la guerra, tienen mucho que temer de la invasión rusa.
Pau Venteo – Europa Press
Elya Shchemur
El patriarca católico ucraniano espantado por la situación de Mariúpol

Il Sismografo


«Soy el objetivo número cinco de la lista de rusos a los que hay que matar»
“¡Que el Señor proteja la tierra rusa y bendiga las armas que han de emplearse!”, dice
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