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He visto al Señor y me ha dicho esto.

domingo, 20 de abril de 2025
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Domingo-de-Resurreccion-Ciclo-C-5-660x330Jn 20, 1-9

Es ya un lugar común identificar a María de Magdala con el domingo de resurrección pues cada año leemos el relato, que preservó el evangelio de Juan, sobre su encuentro con Jesús resucitado la mañana de Pascua. Pero lo curioso es que el Domingo de Pascua no se suele leer la parte más significativa de su experiencia sino el primer momento en el que ella se encuentra el sepulcro vacío y se lo cuenta a Pedro y Juan y ambos se acercan a constatar el hecho. El relato se cierra con la profesión de fe del “discípulo amado” y se renuncia a recordar el encuentro que Magdalena tienen a continuación con Jesús y el mandato que recibe.

Hoy, la invitación es a encontrarnos con esta mujer cuyo testimonio fue central para impulsar de nuevo a la misión a la comunidad de Jesús. Ella supo atravesar el dolor y la impotencia que suponía la cruz de Jesús y abrirse a la Vida que Dios le regalaba en su encuentro con el Maestro. Ella tuvo la audacia de confiar en lo que no parecía posible. A través de su fe pudo buscar sentido a lo acontecido e inviar a su comunidad a hacer lo mismo.

Magdalena en la memoria del evangelio según Juan [1]

La aparición a María Magdalena en el evangelio de Juan está enmarcada en la construcción literario-teológica que define el capítulo 20 de este evangelio. El capítulo se construye a través de cuatro episodios que describen como fue creciendo y ahondándose la fe en Jesús en la primera comunidad a partir de los acontecimientos pascuales. Más allá de los rasgos personales de los protagonistas, lo que se resalta es el carácter prototípico de la experiencia vivida por la comunidad en su conjunto (Jn 20, 1-18). Este proceso encarnado en los primeros seguidores y seguidoras de Jesús es propuesto como referente para las generaciones futuras (Jn 20, 30-31).

La figura de María Magdalena aparece en los dos primeros episodios. En ellos va a encarnar un itinerario hacia la fe desarrollado en varias secuencias narrativas. Los dos primeros versículos la muestran perpleja ante lo que ve. Sola llega al sepulcro y lo encuentra vacío (Jn 20, 1). En este momento no es capaz de ver más que la ausencia de Jesús en él y sale corriendo a contárselo a Pedro y al discípulo amado (Jn 20,2). Los tres regresan al sepulcro y contemplan los signos que permanecen tras la desaparición del cuerpo: las vendas de lino y el paño de la cabeza que había recubierto el cuerpo de Jesús. El texto dice que el discípulo amado vio y creyó, es decir interpreto los signos a la luz de los recuerdos de Jesús. Pero esto no parece suficiente y los discípulos regresan a casa y guardan silencio.

Los versículos siguientes describen un segundo paso en la fe (Jn 20, 3-18). María Magdalena se encuentra ante el sepulcro llorando la pérdida del maestro. En su dolor vuelve a interrogar a los hechos, buscando comprender lo que ha pasado. El encuentro con los ángeles primero y con Jesús después, la encaminan a comprender la hondura que lo que está viendo y a verbalizar su confesión de fe.

El camino que recorre desde que ve la piedra rodada del sepulcro al comienzo del relato hasta su confesión de su fe al final, es la síntesis de su itinerario como creyente. Su diálogo con el resucitado irá mostrando el proceso de ese itinerario. Al comienzo la presencia de Jesús es extraña y desconocida, lo confunde con un jardinero (Jn 20, 15). Pero Jesús toma la iniciativa y la llama por su nombre y ella entonces lo reconoce (Jn 20, 16). El reconocimiento viene acompañado por una revelación y un envío a la comunidad (Jn 20, 17). María regresa a la comunidad y proclama su fe: he visto al Señor y narra su encuentro con él (Jn 20, 18).

María Magdalena, en su encuentro con Jesús, lo llama maestro, reconociéndose, así como discípula y capacitándose para recibir una enseñanza nueva, ahora a la luz de la experiencia pascual (Jn 2016-17). En las palabras que Jesús le dirige se cumple lo que él les había anunciado en los discursos de despedida: “Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros” (Jn 14, 20). Ahora María comprende y corre a anunciar a los demás discípulos/as: “He visto al Señor y que le había dicho estas palabras” (Jn 20, 28). Ella en la perspectiva joánica se hace portadora de la auténtica revelación. Ella entra a formar parte de aquellos o aquellas por los/as que otros/as llegaran a creer (Jn 17,20).

María de Magdala, modelo de fe

Los relatos que evocan el encuentro de Magdalena con Jesús resucitado la proponen como paradigma de fe para todo/a creyente. Su testimonio encarna para nosotros/as ese camino que va de la incertidumbre y la oscuridad de la cruz, a la luz y las certezas hondas que emergen en el encuentro personal con el Resucitado.

Ella es modelo de actuación para todo aquel o aquella que quiera hacer el camino de encuentro con Jesús, el Cristo y se quiera configurar con él, viviendo su fe en una comunidad construida desde los valores del reino.

Ella fue enviada por el Resucitado a anunciar lo que había visto y experimentado. Sus palabras apenas vislumbradas en los textos evangélicos iluminaron, sin duda, el corazón de la primera comunidad. Hoy, su figura, su fe sigue siendo provocadora de experiencia e indicador que oriente el caminar de todos aquellos o aquellas, que se arriesguen a ser discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret.

Carme Soto Varela

[1] Cfr. Carme Soto Varela “María Magdalena, discípula y testigo”, Reseña Bíblica, 77, (2013), 35-43.

Fuente Fe Adulta

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Sólo el amor puede ver.

domingo, 20 de abril de 2025
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IMG_0778Comentario al evangelio del domingo 20 abril 2025

Jn 20, 1-9

Simón y el discípulo amado ven exactamente las mismas cosas, pero solo el segundo sabe ver la realidad más allá de la apariencia. Esta forma de “ver”, que equivale a comprender, requiere, de entrada, dos condiciones: no reducirse a la mente y mantener vivo el amor.

La tradición mística cristiana ha hablado de los “tres ojos del conocimiento”: el ojo de la carne, el ojo de la razón y el ojo espiritual.  Únicamente este “tercer ojo” (del silencio de la mente o de la contemplación) nos capacita para acceder a lo que transciende a la mente. “Si no se cultiva el tercer ojo –escribe la maestra zen Ana María Schlüter–, este permanecerá ciego. Estar fuera del paraíso es exactamente esto: no percibir ya la Presencia, carecer del órgano capaz de experimentar, de «ver» a Yavé, al-que-es, al-que-está-con… La cultura occidental, que ha desarrollado preponderantemente el ojo de la razón, sufre ahora esta ceguera de un modo especial”.

La mente es incapaz de entender ni de explicar lo que ocurre ahí, porque se pierde por completo fuera del mundo de los objetos. Pero justo ahí, donde, la mente se pierde de manera irremediable, el amor aporta sabiduría. Si nos hemos liberado de la tiranía de la mente, comprobaremos que quien ama, ve, y quien ve, ama.

El amor amplía siempre la mirada y permite alcanzar una profundidad que, sin amor, no puede percibirse. Podemos comprobarlo en el campo de las relaciones humanas. Y lo verificamos cuando muere una persona amada. La mente no capta nada, ni siquiera es capaz de poner palabras a lo experimentado, pero quien lo vive sabe que es verdad. El discípulo amado vio a Jesús porque lo amaba.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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A la fe en la resurrección se llega antes -y mejor- por el amor. El que más ama, más corre (Discípulo Amado)

domingo, 20 de abril de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Tomás Muro Ugalde

01. Nota previa

        Haremos bien en leer y acoger estos relatos de resurrección con sensibilidad poética que nos habla de la realidad de la vida y nos lleva a la fe.

Acceder a estos relatos y a la resurrección del Señor con una mentalidad científica, como algo que ocurriera en el “tanatorio” es no llegar a la vida, a la resurrección.

        Unas consideraciones al hilo del texto evangélico que hemos escuchado.

02.- El primer día de la semana / La nueva creación

        El evangelista San Juan compone el cuarto evangelio tomando con “plantilla” de fondo el Génesis. Ya en el principió existía la Palabra… Dios creó la vida en siete días…

        La mañana de Pascua, dice el texto evangélico que estaban, estamos,  en el primer día de la semana: el primer día de la creación, de la nueva creación. La pasión, muerte y resurrección abren un tiempo nuevo y una esperanza nueva.

Este es el gozo de la Pascua cristiana: estamos en una nueva creación, en una nueva historia, en la esperanza infinita de la vida para la humanidad.

03.- Amanecer – a oscuras

        Son las contraposiciones que emplea S Juan: verdad – mentira, vida – muerte, luz  tinieblas.

Aunque estaba comenzando el día, sin embargo aquella comunidad naciente estaba en tinieblas, de noche.

¿No será esta la situación de amplios estratos de la humanidad, de nuestra sociedad? ¿No estamos también nosotros a oscuras, en una noche espesa? ¿No estamos viviendo en la misma Iglesia enfrentamientos que reflejan situación de tinieblas más que de luz?

María magdalena. la resurrección de Jesús desde el Cantar de los Cantares

        El evangelio de Juan presenta a Magdalena (de Magdala) como una mujer cercana, amiga – discípula de Jesús.

        La clave de lectura de todo el pasaje de la Magdalena y la resurrección está en el Cantar de los Cantares (un canto de bodas, de amor del AT).

  • Magdalena -comenta un santo Padre- “amó a Jesús vivo, lo amó muerto, lo amó resucitado”. Al Señor llegamos siempre por vía del amor.
  • Magdalena se levanta muy temprano, cuando todavía está oscuro, como la amada del canto de bodas se levanta y busca al amado en la ciudad santa de Jerusalén, en la noche de la vida (Cantar de los Cantares (CC) 3,1 / Jn 20,1)
  • Ambas mujeres, la del Cantar de los Cantares y Magdalena, preguntan a las personas con quienes se encuentran: los guardias de la ciudad / los ángeles / el jardinero, si lo han visto, (CC 3,3 / Jn 20,13.15).
  • La esposa del Cantar de los Cantares y Magdalena terminan por encontrar al amado. (CC 3,4a; Jn 20,17).

        El amor es lo que le hace llegar a Magdalena, y a todos, a la fe (confianza) en la Resurrección.

La muerte de Jesús y Adán (Génesis).

  • San Juan nos relata la muerte de Jesús como una “dormición”. Jesús inclinando la cabeza entregó su espíritu, una serena dormición como la de Adán en el Paraíso (Gn 2,21).
  • Del costado de Adán brotó Eva, la esposa, la madre de la humanidad.
  • Del costado de Cristo brota la vida (agua y sangre) sobre la nueva humanidad, nace la Iglesia (esposa de Cristo) presente en La madre y el Discípulo Amado.

04.- El discípulo amado [1] y Pedro

El «Discípulo Amado» es una “figura” propia y exclusiva del evangelio de San Juan. Aparece en cinco ocasiones al final del evangelio de Juan y siempre como “contrapunto” de Pedro.

  1. En la cena quien más cerca está de Jesús (no es una cuestión meramente física) es el «discípulo amado«. Pedro no sabe lo que allí ocurre y por eso le dice al Discípulo Amado, que le pregunte a Jesús quién le va a entregar, (Jn 13, 23 ss)
  1. Pedro reniega de Cristo por tres veces en la pasión, mientras que el Discípulo Amado le sigue hasta la cruz y recibe el encargo de acoger a la madre de Jesús, naciendo así la Iglesia. (Jn 19, 35-37). El creyente descansa en Cristo, como Cristo descansa en el Padre.
  1. Ahora camino de la fe en la Resurrección el «Discípulo Amado» llega antes que Pedro a la fe en Cristo resucitado. (Jn 21, 7).
  1. Tras la resurrección (Jn 21) el discípulo amado reconoce inmediatamente a Cristo en el lago de Tiberíades, ¡Es el Señor!, mientras que Pedro sigue dudando.
  1. Jn 21, 20 es el enigmático texto final en el que aparecen Pedro y el Discípulo Amado.

«Discípulo Amado» es todo creyente libre, carismático, que sigue a Cristo por la fuerza del amor (representada por esta figura del «discípulo a quien Jesús quería«) y no por la ley. Quien más ama, más corre. Corre más el que tiene experiencia del amor y de la cruz. A la vida, a la esperanza en la vida se llega antes y mejor por el amor y la bondad que por otros caminos.

Se llega antes y mejor a la fe en el Señor por la fuerza del amor, que por la fuerza de la ley.

El Discípulo Amado es un modo de ser en la Iglesia, que escasea y suele ser sustituida por la ley.

Celebremos con gozo la Pascua de Resurrección y de vida.

[1] BROWN, R, La comunidad del Discípulo amado, 32-35.

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“Hoy también se nos revelan los signos de la resurrección en los que se juega nuestro creer o no creer”, por Consuelo Vélez

domingo, 20 de abril de 2025
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De su blog Fe y Vida:

Vigilia Pascual (20-04-2025)

Empieza el tiempo de la resurrección: María Magdalena constata que Jesús no está en la tumba

Será el discípulo amado quien al ver los signos, «cree«. Por eso él es modelo de discipulado

En el evangelio de hoy, todavía no hay una aparición del Resucitado. Solamente hay signos de su resurrección

Estos signos corresponden a todo aquello que transforma la muerte en vida, la exclusión en inclusión, la injusticia en justicia social. Que hoy nosotros creamos en estos signos y demos testimonio de ello.

Consuelo Vélez

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo:

– «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.

Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.

Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos

(Juan 20, 1-9).

Seguimos el evangelio de Juan y en este capítulo 20 va a comenzar el tiempo de la resurrección. Comienza señalando que María Magdalena va a la tumba y ve la piedra quitada. No dice si entró, si vio algo más, sino que corre buscando a Pedro y al discípulo amado para contarles la experiencia que acaba de tener: no encontró a Jesús y no sabe a dónde lo llevaron. Aquí Juan deja de lado a María Magdalena y se centra en la figura de Pedro y del discípulo amado. Retomara a María Magdalena después de terminar lo que sucede a Pedro y al discípulo amado y, es entonces, cuando Jesús se le aparece a María Magdalena y la envía a anunciar la resurrección a los discípulos. De allí sale el título que en la actualidad ya se le ha reconocido de primera anunciadora de la resurrección, de verdadera apóstola entre los apóstoles.

Pero sigamos con el texto que hoy nos convoca. El discípulo amado es la figura central del evangelio de Juan, pero no por eso se deja de lado a Pedro. Sin embargo, la experiencia va a ser distinta y el que va a mostrar un discipulado más comprometido, será Juan. El texto dice que Pedro vio las vendas y el sudario. El discípulo amado vio las vendas y, aunque sale y luego vuelve a entrar después de Pedro, el texto dice que “vio y creyó”. Y aquí está la clave de todo el evangelio de Juan: el creer. De ahí que el discípulo amado sea el discípulo perfecto, el modelo para los demás porque ve los signos y cree. Por el contrario, Pedro solo ve y no afirma que haya creído. El texto termina diciendo que todavía no habían comprendido lo que decía la escritura sobre la resurrección de Jesús de entre los muertos.

En el evangelio seguirán otros textos de aparición de Jesús a sus discípulos. Pero en este texto, todavía no hay una aparición del Resucitado. Solamente hay signos de su resurrección. Y son estos signos los que permiten creer, como lo hizo el discípulo amado, o permanecer en la indiferencia ante lo que allí se está revelando.

Celebramos la vigilia pascual, es decir, el misterio central de nuestra fe, la resurrección del Señor. Tampoco ahora se va a aparecer Jesús resucitado. Lo que se nos revela son los signos de la resurrección y en ellos se juega nuestro creer o no creer. Estos signos corresponden a todo aquello que transforma la muerte en vida, la exclusión en inclusión, la injusticia en justicia social. Quien descubre en esos signos la presencia del reino, sigue comprometiéndose con hacer posible un mundo mejor cada día, sabiendo que la resurrección, palabra definitiva de Dios a la humanidad, nos fortalece, nos sostiene, nos mantiene en fidelidad en esta promesa de Dios para la humanidad.

(foto tomada de: https://www.arquisantioquia.co/que-es-la-vigilia-pascual-del-sabado-santo/)

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“Pascua: el amor vence a la muerte ”, por Kamiruaga

domingo, 20 de abril de 2025
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resurreccion-y-vide-eternaDe su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Hoy celebramos la Pascua, la fiesta de las fiestas, fundamento de la fe cristiana. En este día estamos llamados a anunciar con alegría a todos los hombres la victoria de la vida sobre la muerte, porque Jesús, el Mesías, ha resucitado y está vivo para siempre: Él, que se hizo hombre como nosotros, murió de muerte violenta y fue sepultado, ha resucitado de entre los muertos, primicia de todos nosotros (cf. 1 Co 15,20; Col 1,18), llamados en Él y con Él a la vida eterna. Sí, Jesús fue resucitado por Dios como respuesta a su vida vivida, a su modo de vivir el amor hasta el extremo: nos abrió así un camino para recorrer aquí en la tierra y después en el más allá, un camino que nada ni nadie podrá cerrar jamás…

Pero escuchemos el relato de la resurrección de Jesús según la “otra” perspectiva del cuarto evangelio. El texto se abre con una expresión extraña, que literalmente suena como: «el primero de la semana». El autor está parafraseando el libro de Génesis, donde el primer día de la creación es llamado “día uno” (Gen 1,5). De este modo quiere decirnos que la resurrección de Jesús es el cumplimiento de la primera creación, es la nueva creación: el Espíritu Santo que había hecho surgir la vida en las aguas primordiales preside ahora la resurrección de Jesús, acontecimiento que da origen al día sin ocaso, a la vida eterna abierta a todos los hombres y a toda la creación.

Aquel primer día, cuando todavía era de noche, la noche que comenzó con la traición de Judas (cf. Jn 13,30), María Magdalena fue al sepulcro. Su corazón está envuelto en las tinieblas de la desesperación y de la no fe, porque aún no ha comprendido el cumplimiento que se produjo en la muerte de Jesús, no puede creer en la resurrección de la que ciertamente le había hablado su Maestro.

María no va a ungir el cadáver, como nos cuentan los otros evangelios, sino simplemente porque no puede separarse de Jesús a quien había seguido y amado. Ella había sido una mujer pecadora, habitada por siete demonios (cf. Lc 8,2), pero en el encuentro con Jesús había florecido como nueva criatura: Él la había cuidado, había depositado en ella la confianza en la posibilidad de una conversión, de una vida nueva, y ahora ella cuida a Jesús, abandonada por todos…

Pero le espera una novedad inaudita: «Vio que la piedra había sido removida del sepulcro». Asustada y asombrada por esta visión, María corre hacia Pedro y el discípulo amado para anunciarles su interpretación del sepulcro vacío: «¡Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto!». Aquí termina la primera parte de su historia –la encontraremos de nuevo un poco más adelante, cerca del sepulcro, y entonces el Resucitado se le revelará llamándola por su nombre (cf. Jn 20,11-18)– y comienza la de los dos discípulos.

Corren juntos, pero el discípulo amado corre más rápido que Pedro y llega primero a su destino. Sin embargo, reconoce la precedencia de Pedro y no entra en el sepulcro, sino que espera que Pedro llegue y entre primero: uno llega primero al sepulcro por el amor con el que es amado, el otro entra primero por la elección de la comunidad cristiana como «Roca» por parte del Señor.

Pedro, sin embargo, aunque «vio las vendas en el suelo y el sudario doblado en un lugar apartado», no comprende en la fe el acontecimiento extraordinario de la resurrección de Jesús y, por el momento, permanece en la oscuridad de la incredulidad.

Para el discípulo amado, sin embargo, las cosas son diferentes: «el otro discípulo entró también… y vio y creyó». ¿Qué vio? Ningún objeto en particular, es la ausencia misma la que, interpretada por el amor, revela una Presencia a su corazón. En el amor que lo une a Jesús, el discípulo amado deja espacio dentro de sí a la buena noticia por excelencia, que también Pedro proclamará más tarde: «Dios resucitó a Jesús, librándolo de los dolores de la muerte» (Hch 2, 24).

Sí, la fe pascual nace del amor: sólo el amor a Jesús nos permite comprender en profundidad la Palabra de Dios contenida en las Escrituras y discernir, a partir de un sepulcro vacío, que «Cristo ha resucitado según las Escrituras» (1 Co 15,4).

Así, en palabras de un antiguo Padre de la Iglesia, «quien conoce el misterio de la resurrección llega a conocer el propósito por el cual Dios en el principio creó todas las cosas».

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo de Pascua, 20 de abril de 2025

1.- Pascua de Resurrección: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/pascua-de-resurreccion.html

2.- Pascua: el amor vence a la muerte: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/pascua-el-amor-vence-la-muerte.html

3.- Pascua: la fragancia de la Vida: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/pascua-la-fragancia-de-la-vida.html

4.- Pascua: Resurrección y Vida: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/pascua-resurreccion-y-vida.html

5.- Pascua: Quien conoce el amor creerá: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/pascua-quien-conoce-el-amor-creera.html

6.- Corriendo hacia Ti: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/corriendo-hacia-ti.html

7.- Pascua: Los ojos de la fe: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/03/pascua-los-ojos-de-la-fe.html 

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Domingo de Resurrección

domingo, 20 de abril de 2025
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Resurrección

Hermanos y hermanas, los que llamamos “Testigos” fueron personas en cuya vida se cruzó un día un galileo como ellos, de Nazaret. Hoy, día de gran fiesta para todos nosotros, puede ser una buena ocasión para preguntarnos si nosotros también nos hemos encontrado con el Resucitado. Oremos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!

• Padre Madre buena, que nuestra Iglesia sea mensajera y pregonera de la gran noticia de la Resurrección de Jesús. Que todos los hombres y mujeres que se acerquen se encuentren con el rostro vivo y cercano de Jesús de Nazaret.

Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!

• Padre Madre buena, que todos nosotros y nosotras seamos testigos de la Resurrección de Jesús siendo cauces de vida y liberación; que nuestras palabras y gestos sean Buena Noticia y vida en nuestros contextos cotidianos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!

• Padre Madre buena, que llegue la luz y la alegría de la Resurrección de Jesús a todos los hombres y mujeres que todavía viven bajo el yugo de la enfermedad, la oscuridad y el sin sentido existencial.

Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!

• Padre Madre buena, que la certeza de la Resurrección de tu hijo nos llene de paz y esperanza cuando nos sintamos tristes por la muerte de nuestros familiares y amigos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!

• Padre Madre buena, que en este tiempo de Pascua que hoy comenzamos seamos fuerza liberadora y sanadora junto a todos los que sufren por cualquier causa.

Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!

Padre Madre buena, que acertemos a contagiar la alegría que vivimos en este día, que seamos Palabra, Vida, Sentido, Esperanza en lo de cada día y con los de cada día.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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Sábado Santo: Vigilia Pascual en la Noche Santa

sábado, 19 de abril de 2025
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Textos para la Vigilia Pascual

Primera lectura:

Génesis 1,1-2,2

Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: “Que exista la luz.”

Y la luz existió.

Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz “Día”; a la tiniebla, “Noche”.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.”

E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda.

Y así fue.

Y llamó Dios a la bóveda “Cielo”.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.”

Y así fue.

Y llamó Dios a los continentes “Tierra”, y a la masa de las aguas la llamó “Mar”.

Y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.”

Y así fue.

La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.

Y vio Dios que era bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.”

Y así fue.

E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla.

Y vio Dios que era bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

Y dijo Dios: “Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.”

Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Y Dios los bendijo, diciendo: “Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.”

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

Y dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.”

Y así fue.

E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.”

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.”

Y dijo Dios: “Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.”

Y así fue.

Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.

Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

*

Salmo responsorial: 103.

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor;
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R.

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. R.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R.

O bien; :

Salmo responsorial: 32.:

La misericordia del Señor llena la tierra

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.

*

Segunda lectura:

Génesis 22, 1-18

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:

– “¡Abrahán!

Él respondió:

– “Aquí me tienes.”

Dios le dijo:

– “Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.”

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.

El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:

– “Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.”

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abrahán, su padre:

– “Padre.”

Él respondió:

– “Aquí estoy, hijo mío.”

El muchacho dijo:

– “Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?

Abrahán contestó:

– “Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.”

Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

– “¡Abrahán, Abrahán!

Él contestó:

Aquí me tienes.”

El ángel le ordenó:

– “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.”

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio “El Señor ve”, por lo que se dice aún hoy “El monte del Señor ve”.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

– “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.Leer más…

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Vigilia Pascual.

sábado, 19 de abril de 2025
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Hermanos y hermanas, esta noche, celebramos a Jesús triunfador de la muerte y del pecado, por la fuerza del Espíritu. La misma fuerza del Espíritu hace nuestra vida nueva. Oremos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús, nuestro Señor

• En esta noche santa, te presentamos Padre, nuestra iglesia, con todos sus pastores y responsables, que sean testigos de la liberación que tú nos ofreces y pongan todo su empeño en proclamar la vida nueva resucitada.

Verdaderamente ha resucitado Jesús, nuestro Señor

• En esta noche santa, nos presentamos ante ti, Padre, todos los seguidores de tu hijo Jesús, que nuestro encuentro personal con tu hijo resucitado, nos lance a ir por la vida siendo luz, descanso y servicio junto a los más desfavorecidos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús, nuestro Señor

• En esta noche santa, te presentamos, Padre, a todos los catecúmenos y niños que recibirán su bautismo, que la fuerza del tu Espíritu les acompañe en el camino de sus vidas y les conceda la gracia de ser testigos de tu Resurrección.

Verdaderamente ha resucitado Jesús, nuestro Señor

• En esta noche santa, queremos recordar, Padre, a todos los hombres y mujeres que no sienten motivos para la alegría y la esperanza en sus vidas, que la fuerza de tu resurrección nos empuje a ser compasivos y misericordiosos con ellos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús, nuestro Señor

• En esta noche santa te presentamos, Padre, a todos los enfermos sin esperanza de curación, que la certeza de tu resurrección les llene de paz y confianza en estos difíciles momentos.

Verdaderamente ha resucitado Jesús, nuestro Señor

Padre Madre buena, en esta noche nuestro gozo es profundo y verdadero. Te damos las gracias por darle la razón a tu Hijo y así decirnos a nosotros que la vida entregada por los demás es la vida más fecunda. Te damos las gracias por mediación de Jesús Resucitado.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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Vigilia de Pascua, Ciclo C

sábado, 19 de abril de 2025
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“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.”

(Lc 24,1-12)

Esta noche Jesús deja de estar en el mundo de una manera, para pasar a estar en él de otra. Ya no está ni vivo ni muerto como se entendían la vida y la muerte hasta entonces. Está vivo después de haber pasado por la muerte, de manera que está Vivo con mayúscula. La vida resucitada es aquella en que todo ha llegado a la plenitud, todo ha florecido, todo se ha desvelado, todo es lo que está llamado a ser, todo es como Dios lo ha soñado y creado.

La mañana del domingo las mujeres se encontraron con que el cuerpo de Jesús ya no estaba con ellas. A partir de entonces su amigo estaría entre ellas de otra manera, para siempre. Llegan al sepulcro del Maestro con óleos aromáticos, con lo necesario para tratar a un muerto, y ven que no está. Dos ángeles les dicen que Jesús vive, y ellas recuerdan que ya lo había anunciado. Creen, comprenden, y se convierten en anunciadoras de la noticia más inverosímil. Pero los apóstoles no las creen.

También a nosotras nos cuesta creernos las buenas noticias, a veces. Nos cuesta confiar y creer que de verdad Dios quiere nuestro bien y actúa en nuestra vida. Nos cuesta alegrarnos, celebrar con todo nuestro ser, dejar que el bien y la alegría que aparecen en nuestra vida nos empapen y nos llenen del todo, a menudo con miedo a perderlo.

Desde esta noche, ya no hay nada que perder. Porque desde hoy sabemos que, incluso cuando nuestro cuerpo muere, ganamos la Vida. Desde hoy vivimos como personas resucitadas, que quiere decir personas que reconocemos que tenemos la vida de Dios dentro de nosotras, y que sabemos que lo que ahora parece seco, feo o torcido en nosotras, un día encontrará su plenitud.

Oración

Concédenos, Padre, sentirnos vivas con la Vida de tu Hijo, que es Vida de esperanza y de alegría.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Getsemaní…

jueves, 17 de abril de 2025
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I
GETSEMANÍ
I
SOLEDAD EN GETSEMANÍ

Llegó Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Sentaos aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Y llevándose a Pedro
y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
(Mt. 26, 36-37)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y la noche de Jerusalén ya no escondía
la densidad del abandono.
El Maestro lo supo,
y no un presentimiento, una certeza
comenzó a golpearle contra la soledad.
Ahora la soledad no era
aquella extensión dulce donde encontrar al Padre,
ni era
el campo de batalla donde el Hijo
de Dios fuera tentado como Hijo
de Dios.
La soledad era una fuerza
incontenible: vaciaba de luz
todas las casas del espíritu, dolía
como el frío
cuando hiela la sangre.
La soledad mordiendo
el corazón del hombre,
la soledad poniendo al descubierto
al hombre, solo al hombre.
(La soledad es una calle larga
que lleva a la tristeza).
Quiso salir de la ciudad. Bajo la luna
la espalda de los que se volvían era un incendio
que le abrasaba la memoria.
Acaso
fueran piadosos los olivos con su óleo
de intimidad donde resuena
la palabra del Padre.
¡Oh paradoja del ascenso
donde los pies se hunden
en el lodo del hombre!
¡Oh paradoja del conocimiento
donde todo es maraña de raíces!
Getsemaní no es una zarza ardiendo,
es la espesura sin piedad
donde el hombre está solo,
desnudamente solo, sin asilo,
despojado del hombre,
despojado de Dios.
Getsemaní no es óleo, es agonía,
es otra vez un campo de batalla donde el Hijo
del Hombre ha de enfrentarse
con todos los demonios del hombre:
el tedio, la amargura, la angustia, los peldaños
que van a dar al morir.
Getsemaní no es óleo. Es agonía:
y en el centro del huerto queda solo
un verdadero hombre verdadero
abrazado al silencio de Dios, pero obediente.
Fiat, Señor, digo hoy contigo,
fiat, Señor, aunque me duela.

II

NO ERA EL SUEÑO, SEÑOR…

Bajo la luna llena encanecían los olivos.
La quietud era sólida y destilaba
un plomo ardiente que invadía los cuerpos.
El silencio
se había vuelto mineral
y en la sangre aún rompían las palabras
anunciadoras y terribles
que se habían mezclado con el vino.

Regresó y volvió a encontrarlos dormidos,
pues sus ojos estaban cargados
(Mt. 26, 43)

No era el sueño, Señor, era el espanto
lo que subía
río arriba del alma hasta los ojos:
era el espanto
de ver luchar a Dios y no hacer nada.

III

 EL BESO

Entonces todos los discípulos
lo abandonaron y huyeron.
(Mt. 26, 56)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y ahora
iban subiendo entre las luces,
ensayando
el más turbio, el más falso
de los besos.
¿Quién dijo que el amor era un abrazo?
Este beso no es beso, es un cuchillo
que asesina de lejos y empozoña
el corazón de muchos y lo cubre
de la callosidad del abandono.
En el puente del beso se ha cumplido
lo que dijeron los profetas, pero
Señor te pido ahora que me quites
esa suerte de puente y que me dejes
del lado del amor, en tus orillas.

IV

ORACIÓN PARA NO DORMIR

 Pedro lo siguió de lejos
(Mt., 26, 58)

Oh, Señor, en esta hora
en que también se confunde
la distancia con el miedo,
si Tú me ves que me aparto
de tu agonía y que duermo
para no ver al que sufre
ni ver mi interior desierto,
mírame, que yo te sigo,
aun como Pedro de lejos.
Mírame y en tu mirada
sostenme para que el fuego
de tanto amor me despierte
siempre que me venza el sueño.

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

El día de Jueves Santo se celebra la memoria de la primera vez que Nuestro Señor tomó el pan y lo convirtió en su cuerpo, tomó el vino y lo transformó en su sangre. Esta verdad requiere de nosotros una gran humildad, que sólo puede ser un don suyo. Me refiero a esa humildad de mente por la que conocemos la verdad de que lo que antes era pan ahora es su cuerpo y lo que antes era vino ahora es su sangre. Por eso nos arrodillamos para honrar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Sucesivamente, cuando se ora ante el altar de la Reserva, nos damos cuenta de cómo estamos unidos a él en el sufrimiento del huerto de Getsemaní, tan cercanos a él como María Magdalena cuando lo encontró en el huerto el primer domingo de pascua: este hecho es el que nos causa más extrañeza.

El día de Jueves Santo […] evocamos también cómo nuestro Señor, durante la última cena, se levantó y se puso a lavar los pies de sus apóstoles y, con este gesto, nos mostró algo de la divina bondad.

Jesús nos revela en qué consiste lo divino. Jesús lavó los pies de sus discípulos para mostrar las atenciones y la gran bondad que Dios tiene con nosotros. Es un pensamiento maravilloso que podría ocupar nuestra mente y nuestras plegarias.

Si esta bondad divina puede manifestársenos, ¿qué podremos hacer nosotros a cambio? ¿No deberíamos igualar esta dulce bondad suya, que rebosa amor por nosotros, y brindar la misma bondad y el mismo amor? Esto demostraría que el amor, la caridad cristiana, no es sólo una palabra fácil, sino algo que nos lleva a la acción y al servicio, especialmente al de los pobres y al de cuantos pasan necesidad.

*
Basil Hume,
El Misterio y lo absurdo,,
Cásale Monf. 1999, 107s

***

***

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Una semana diferente…

martes, 15 de abril de 2025
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En estos tiempos de LGTBIfobia asesina en muchas partes del mundo, de pérdida de derechos como consecuencia de la entrada de la extrema derecha en las instituciones y gobiernos (Argentina, El Salvador, algunas comunidades autónomas de España…) como vemos casi a diario en esta página Cristianos Gays,  esta Semana será muy, muy diferente… Para algunos será una semana de retiro, para alguno, quizá, de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

Y comenzamos con este poema del Poeta visiblemente homosexual, exiliado de la España Franquista tras la Guerra Civil Española:

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«Luna llena en Semana Santa»

Denso, suave, el aire
Orea tantas callejas,
Plazuelas, cuya alma
Es la flor del naranjo.

Resuenan cerca, lejos,
Clarines masculinos
Aquí, allí la flauta
Y oboe femeninos.

Mágica por el cielo
La luna fulge, llena
Luna de parasceve.
Azahar, luna, música,

Entrelazados, bañan
La ciudad toda. Y breve
Tu mente la contiene
En sí, como una mano

Amorosa. ¿Nostalgias?
No. Lo que así recreas
Es el tiempo sin tiempo
Del niño, los instintos

Aprendiendo la vida
Dichosamente, como
La planta nueva aprende
En suelo amigo. Eco

Que, a la doble distancia,
Generoso hoy te vuelve,
En la leyenda, a tu origen.
Et in arcadia ego.

*

Luis Cernuda
1962

***

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Hay que salvar a Dios

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras de Henry Grouès: “Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto.

Os invitamos a seguir con Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua …

Cristo en Auschwitz

Cristo en Auschwitz

Porque la Pasión de Jesucristo revela en el tiempo el amor eterno de Dios para con el hombre, Dios será eternamente crucificado mientras haya un único ser, una sola criatura que diga no. No hay parcialidad en Dios. Dios no es una madre que discierne entre sus hijos; cada criatura es el objeto de una ternura infinita y, mientras haya una sola que no sea recogida en las cosechas eternas, Dios será crucificado. Esto es el Infierno, el Infierno de Dios, el Infierno en la luz de la Cruz, el Infierno al cual condenamos a Dios y del cual absolutamente hay que librarlo. Es la única manera de escuchar la llamada de la Cruz. No se trata de un sacrificio ofrecido a Moloch por un inocente acosado y abandonado, se trata de esta inocencia del Dios revelado en Jesús. Se trata de la Pasión de un Dios que es madre, infinitamente más que todas las madres, y cuya justicia maternal contiene esta sustitución de la inocencia infinita a la culpabilidad ilimitada. Y si esto es verdad,  hay que revertir absolutamente todas las perspectivas: no es a nosotros, es a Dios a quien hay que salvar.  Hay que salvar a Dios de nosotros mismos, como es necesario salvar la música de nuestro ruido, la verdad de nuestros fanatismos y el amor de nuestra posesión. La Cruz finalmente es la cicatrización de todas las heridas que Dios no ha cesado de soportar en el curso de la Historia, ya que todos los males y las catástrofes que afectaron el Universo, la Vida y la humanidad, fueron otras tantas heridas en el Corazón de Dios.

***

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Cristo en Gaza (Lazarus/Pepe Gómez)

Señor Jesús, Tú que consentiste que te hirieran, gracias por venir para habitar mi gran herida. Dame la gracia de abandonarme en Ti en la confianza, Tú que conoces el peso de los días y la dureza del camino …

 *

Maurice Zundel

David Trullo+Ecce Homo

(David Trullo+Ecce Homo)

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“Conspiración contra Jesús, el carpintero de Nazareth”, por Guillermo Jesús Kowalski

martes, 15 de abril de 2025
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Viacrucis con las víctimas


Del blog de Jesús Kowalski Poliedro y periferia:

La semana de la compasión de Dios

Es un Dios que se hizo carpintero, como uno de tantos, pobre y sin “contactos” o “enchufes” que lo pudieran sacar airoso de la situación…pero hizo falta un complot religioso-militar para “acabar” con Él, ya que su tiraje popular ponía en riesgo los sistemas de este mundo basados en el tener, el poder, la violencia, la vanidad del lujo…

Él sabe lo que es la pobreza desde que nació… Centra su atención en los que sufren, en los descartados, desprecia a los soberbios, como proclamó su madre en el Magnificat (Lc 1,46). Y a los que ayuda les pide que no lo anden divulgando (Mc 1,43), que Él no vino para montar un club de fans en las redes para alimentar su vanidad.

Más de una vez se pasaba por alto las normas rituales cuando lo que estaba en juego era el hambre o la salud de la persona. A nadie andaba “psicopateando” con eso de la “culpa” para manipular la conciencia de la gente. Hoy también busca liberarnos del egoísmo y la vanidad, no para caer en otras esclavitudes rituales e ideológicas, sino para “amar como Él nos ha amado

“Los dirigentes religiosos se dieron cuenta de que Jesús y ellos eran incompatibles…fueron lúcidos y consecuentes: o él o nosotros. Y tomaron la decisión lógica: hay que matarlo. Los sacerdotes exigían sumisión (hasta la muerte), mientras que Jesús daba la vida (para siempre).” (J.M.Castillo)

Jesús es la redención de la puerta de al lado. La salvación desde los pequeños, como el grano de mostaza, que se vuelve grande y estructural.

Jesús no llevó a cabo una de estas guerras moralistas actuales para demostrar que el adversario es peor. Él no vino a condenar, sino para salvar. El que lo sigue ya está cambiando el mundo para siempre, dejando una marca de eternidad en la historia.

Su nueva ética consistió en vivir la experiencia del mal en carne propia, solidarizándose con el doliente. Él decía con su vida: lo que a ti te pasa, a mí me pasa y vamos a hacer lo posible para solucionarlo, que para eso he venido al mundo, ése es el sentido de mi vida.

No le interesaba ser “bueno” cumpliendo con el “deber” o los reglamentos escritos por “los que mandan“. Conocía la trampa burguesa de los que “cumplen y mienten”. Era bastante criticado por esto. Más de una vez se pasaba por alto las normas rituales cuando lo que estaba en juego era el hambre o la salud de la persona. A nadie andaba “psicopateando” con eso de la “culpa” para manipular religiosamente las conciencias. Hoy también busca liberarnos del egoísmo y la vanidad no para caer en otras esclavitudes rituales e ideológicas, sino para “amar como Él nos ha amado” (Jn 13,34). No es un mandamiento más, sino uno “Nuevo“.

IMG_3738Sabía que el pecado era algo muy serio y no había que disimularlo en un mar de contravenciones ritualistas de control clerical. El pecado del mundo tiene que ver con usar los talentos de modo egoísta, para hacer daño, para someter y aprovecharse de los demás, para ser indiferentes al sufrimiento humano y la complicidad silenciosa con los sistemas injustos, máquinas reproductoras del mal.

A los “doctores de la ley” de ayer y de siempre no les gusta esta simplicidad, porque destruye su emperifollado chiringuito montado para “colar el mosquito y tragar el camello (Mt 23,24). Por eso “Jesús no se fiaba de ellos, porque sabía lo que había su corazón” (Jn 2,24) Podrían engañar a muchos y sostener su sistema con trampas e hipocresía, pero “Dios ve en lo secreto” (Mt 6,6) y “no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz”. (Mc 4,22). La pandemia de pederastia de clérigos “célibes“, es una muestra de ese pus que sale a la superficie de un sistema farsante y soberbio, tan habituado a juzgar, condenar y discriminar a los demás.

A Jesús le interesaba las personas, ellas son lo real, no las ideas. Le interesaba y disfrutaba al darles de comer, curarlas, compartir la mesa, aliviar las cargas de la vida… Jesús es una vida para los demás, que Él llamó Reino de Dios y su Justicia.

Él no enseñó técnicas de introspección para gurúes, exóticas espiritualidades intimistas “fuga mundi” para unos pocos iluminados, sino la compasión para vecinos de la puerta de al lado. Puso todo de sí para darse de comer a los pobres y nos pidió que hagamos eso “en memoria de Él”…, en vez de “hacer tres carpas” para una embriaguez mística que nos aleje de la realidad. (Mc 9,5)

El centro de la vida de Jesús es la convivencia como fruto de la misericordia y el amor, no de la superioridad moral para justificar el dominio sobre los otros.  Él vino para convivir, no para “mandar” y que le hagan reverencias…por ser “más sagrado” que la plebe “profana”. Las reverencias deben ser para los que sufren, a quienes llama “bienaventurados” y son el Templo de la Nueva Alianza. El mérito no es competir y ganarle a los demás, sino hacer crecer los talentos para el bien común, que nunca será “bien” si no tiende a ser “común” y alcanza a los excluidos.

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se anonadó así mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz”. (Filipenses 2 6)

Él es un Dios hecho carpintero, uno del montón, pobre y sin “contactos” o “enchufes” que lo pudieran sacar airoso de los problemas. No era como tantos otros delincuentes que hoy vemos entrar por una puerta y salir por la otra. Sin embargo, hizo falta un complot religioso-militar para “acabar” con Él, ya que su tiraje popular ponía en riesgo los sistemas de este mundo basados en el tener, el poder, la violencia y la vanidad del lujo protegido por un exagerado “derecho” de propiedad para pocos a costa de muchos.

Los dirigentes religiosos del judaísmo se dieron cuenta de que Jesús y ellos eran incompatibles. El peligro mayor estaba en la fe de los que tomaban a Jesús en serio. La fe, cuando es fe de verdad, representa una amenaza de muerte para el templo y para todo sistema religioso-político. Los hombres del Sanedrín fueron lúcidos y consecuentes: o él o nosotros. Y tomaron la decisión lógica: hay que matarlo. Los sacerdotes exigían sumisión (hasta la muerte), mientras que Jesús daba vida.” (“La religión de Jesús…”J.M.Castillo)

Al comenzar su vida pública en el desierto, Jesús había sido tentado por el príncipe del mal para usar sus mismas artimañas . Pero para Él, el fin no justifica los medios. No usa el método del demonio para hacer la voluntad de Dios. Es la historia que se repite todos los días. Y cada día tiene su aflicción y su juicio.

 La asimetría del poder económico, político o religioso generan las estructuras de pecado que condenan a Jesús. Ésta solo puede ser confrontada con la estructura de Gracia que Él inaugura y se llama Reino de Dios. Es un tejido de perdón y amor donde las asimetrías del sometimiento son allanadas y los dones e iniciativas individuales crecen para el servicio al Bien Común y no para las falsas meritocracias del postureo.

Jesús es la redención de la puerta de al lado. La salvación desde lo pequeño, como el grano de mostaza, que se vuelve grande y estructural. Su prédica no es bonachona y complaciente. Su propuesta de ser como niños para entrar en la lógica del Reino implica nacer de nuevo, una conversión profunda, una transformación que no está al alcance de lo humano pero que nos hace mucho mas humanos.

IMG_3737Jesús y el poder religioso.

Él pone el dedo en la llaga permanentemente. Su misericordia es conflictiva, “hace lío. Polemiza a rabiar con los escribas y fariseos que se creen “dueños de Dios”, llama “zorro” a Herodes, hecha a los mercaderes del templo a latigazos.

 Él sabe lo que es la pobreza desde que nació. No es como esos ricos buenorros con sentimiento de culpa que hacen un poco de beneficencia y volunturismo por el mundo para tranquilizar la conciencia y de paso posturearse aún más. Centra su atención en los que sufren, en los descartados, desprecia a los soberbios como proclama su madre en el Magnificat (Lc 1,46). Y a los que ayuda les pide que no lo anden divulgando (Mc 1,43), que Él no vino para montar un club de fans en las redes para alimentar su vanidad, como tantos predicadores del “éter“.

Ni se defiende en un juicio amañado cuya sentencia ya fue preparada de antemano. Incluso se muestra irreverente en el momento de ser juzgado ante Pilato: “ninguna autoridad tendrías sobre mi si no te fuese dada de arriba” (Jn 19)

Así como fue perseguido Jesús, sus seguidores de verdad, también lo son. Asistimos actualmente a una persecución fariseo- integrista del papa Francisco. Un fundamentalismo destructivo para la convivencia, la comunión eclesial y el servicio a la humanidad. El objetivo siempre es el mismo: callar a uno para que la ideología de este mundo siga beneficiándoles.

Una intransigencia pseudocatólica, cerrada al diálogo, que tiene más de Maurrás que de Francisco de Asís. Inspirados en los retrógrados Syllabus y Mirari vos más que en el esperanzador Gaudium et Spes. Reacios a comprender la evolución de la cultura y la ciencia, la democracia, las libertades, los derechos humanos, el nuevo papel de la Iglesia del Vaticano II y la Sinodalidad que vencen la soberbia del clericalismo y la autorreferencialidad eclesiástica.

El Nazareno continúa con su revolución de la compasión en las calles y en la voz de profetas como Francisco. Difícil encontrarlo en domesticadas imágenes en los templos de los mercaderes. Por eso están vacías las iglesias a no ser para el consumismo turístico que todo lo fagocita. Jesús es aclamado de día con ramos por un Pueblo sencillo que lo reconoce por su amor cercano que cura, alimenta y comparte. De noche, los conspiradores siguen planificando el sacrificio de los crucificados del mundo para perpetuar las estructuras del pecado.

Fuente Religión Digital

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El canto de tu pueblo.

lunes, 14 de abril de 2025
Comentarios desactivados en El canto de tu pueblo.

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Hoy queremos cantarte,
uniéndonos a la creación entera,
un canto nacido del corazón,
en las plazas y lugares de encuentro
de aldeas, pueblos y ciudades.

Porque tu paso y presencia
traen la alegría a nuestras vidas
y la paz a todos los rincones de la tierra.

Estamos cansados de las canciones militares,
pomposas y llenas de arrogancia,
que quieren comprar nuestra voluntad
y anuncian victoria con un gusto amargo
de sangre inútilmente derramada.

¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!

Las canciones religiosas
que resuenan en los templos e iglesias,
en otros tiempos tan llenas de fe y vida,
no atraen y dejan vacíos esos lugares de encuentro,
pues ya no conectan con nuestros sentimientos.

Tampoco las que las se oyen concursos y festivales
nos conmueven y enganchan;
sus notas, ritmo y letras
no sintonizan con nuestras necesidades,
pues nos ofrecen un mundo irreal
en el que no podemos ser protagonistas.

Llenando ondas y programas a todas las horas
se hacen presentes las canciones de amor
y, aunque sean artículo de consumo diario,
se marchitan en nuestros labios sus notas
que se negocian, venden y compran sin pudor.

En los nuevos templos, salas de fiestas y discotecas,
las noches de vísperas y fines de semana,
los disc-jockeys nos invitan con canciones
a ritmo trepidante y ensordecedor,
a olvidar fracasos, decepciones y penas.

Y las canciones populares de fiestas y romerías
parecen de otro tiempo y cultura,
pues aunque las cantemos y bailemos,
no nos proporcionan la vida y el gozo
del que hablan nuestros padres y abuelos.

¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!

Déjanos entonarte nuestro canto,
el canto que nace de la vida nueva
que Tú nos das cada día y hora.
Déjanos cantar y bailar,
con ritmo alegre y fraterno,
el sentir de nuestra vida,
hecho canción y danza sin miedos
para jóvenes, ancianos y niños de pecho.

Unidos a la creación entera,
a los pequeños, débiles y pobres,
a emigrantes, refugiados y sin patria,
a creyentes, agnósticos, ateos e indiferentes,
queremos cantarte una canción nueva.

La canción de la fraternidad y la esperanza,
porque Tú nos amas,
y hemos visto y sentido tu paso
por nuestro pueblo, iglesia y casa,
y te has dignado pararte y llamar
a las puertas de nuestras entrañas.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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Domingo de Ramos de 2025: Un Evangelio para un momento desgarrador

lunes, 14 de abril de 2025
Comentarios desactivados en Domingo de Ramos de 2025: Un Evangelio para un momento desgarrador

IMG_0773La publicación de hoy es de la Dra. Nicolete Burbach, colaboradora invitada y responsable de justicia social y ambiental en el Centro Jesuita de Londres, Reino Unido. Su investigación se centra en el uso de las enseñanzas del Papa Francisco para abordar las dificultades de la Iglesia en su encuentro con lo trans.

Las lecturas litúrgicas de hoy (Domingo de Ramos) se pueden encontrar haciendo clic aquí.

¿Qué decir de la lectura del Evangelio de hoy? Nos enfrentamos a todo el caos y la complejidad de una historia que abarca no solo la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, sino también los misterios de la última cena, la agonía en el huerto, el arresto y el juicio de Cristo, las traiciones de Pedro, la flagelación, la crucifixión y, finalmente, la muerte y sepultura de Cristo.

Al igual que los discípulos, me abruma la tarea de tener que dar sentido a todo esto. Pero hay algo extrañamente familiar en esta sensación. Un vistazo a las noticias pinta la imagen de un mundo en agonía, temblando en su propio Getsemaní ante lo que está por venir, o retorciéndose en las muchas cruces de nuestra época, o colgando muerto, en la oscuridad, con toda esperanza aparentemente perdida. Vivimos en un tiempo de incertidumbres, miedos y ansiedades. Un tiempo que exige explicación, y sin embargo, parece desafiarla constantemente.

Escribiendo como persona trans, soy consciente de cómo nuestra historia sigue de cerca el Evangelio en este aspecto: tuvimos nuestra propia entrada triunfal a principios de la década de 2010, creciendo lentamente en aceptación hasta el punto de que la vida trans se hizo posible como nunca antes. Y luego todo se vino abajo.

Aquí en el Reino Unido, los medios de comunicación se volvieron contra nosotros, las instituciones fueron capturadas por quienes nos ven como enemigos, y la opinión pública degeneró en hostilidad. La capitulación ideológica ante la extrema derecha y grupos aliados ha convertido la transfobia en la política de todos nuestros principales partidos, mientras que los tribunales se han convertido en un escenario para la discriminación punitiva de género y el acoso. En Estados Unidos, donde imagino que vive la mayoría de mis lectores, la transfobia fue una piedra angular de la reciente campaña presidencial de Donald Trump, y su victoria fue seguida rápidamente por una serie de crueles órdenes ejecutivas transfóbicas.

Como los discípulos en el Cenáculo, nos reunimos con nuestros seres queridos. En un gesto que esperábamos fuera cristiano, juramos que siempre estaríamos ahí el uno para el otro, pasara lo que pasara. Sin duda, fue como un discipulado, porque aún estamos aprendiendo el verdadero significado de esa promesa.

Ahora nuestras protecciones legales están siendo cuestionadas, si no despojadas activamente. Nuestros derechos al reconocimiento, a la atención médica —tanto de niños como de adultos— y a la privacidad están siendo pisoteados. Estas acciones a menudo se basan en consejos sesgados, a los que se les da un crédito que se nos niega repetidamente, sin tener en cuenta las injusticias que conllevan.

IMG_0775Esperamos que lleguen los soldados. Para los inmigrantes, con quienes no solo nos unen lazos de afecto y solidaridad, sino entre quienes muchos de nosotros nos contamos, los soldados ya han llegado. Se están llevando a la gente lejos.

Las autoridades nos están entregando para burla y flagelación, arrojando a las mujeres trans a cárceles para hombres para ser agredidas y violadas como las víctimas del primer siglo de la brutal «justicia» romana. Nos están torturando en campos de detención de inmigrantes. Se presentan descaradamente ante sus víctimas, exhibiendo su crueldad. Quienes deberían apoyarnos se han vuelto contra nosotros.

Morirá gente. Está muriendo. Cruces en las laderas, testimonio de la violencia del Estado. La oscuridad cubre la tierra. Los cuerpos son bajados y enterrados. Es todo lo que se puede hacer por ellos.

Existen diferencias vitales entre la situación de los discípulos y la nuestra. Aunque hoy podemos ver a Cristo en las personas crucificadas, no deben ser sacrificadas. Nuestra responsabilidad hacia ellas va más allá de ser un testigo mudo y pasivo, lamentando su destino al pie de la cruz, tras haber permanecido impasibles mientras se clavaban los clavos. Es deber de todo cristiano defender a las personas que son secuestradas de las calles, detenidas o privadas de los derechos y recursos que necesitan para vivir. Esto significa más que simplemente hablar de ello. Resiste arrestos y deportaciones. Identifica las organizaciones que se oponen a estas injusticias en tu zona y únete a ellas. Trabaja con humildad, en silencio, para no revelar nada que pueda perjudicar tu causa.

Pero recuerda también que esta lucha será larga. Y en este sentido, el Evangelio de hoy nos deja desolados. No ofrece una conclusión consoladora ni para su historia ni para la nuestra. Sin embargo, hay un pequeño indicio de lo que está por venir; un pequeño gesto de violencia, absorbido por el horror de la Crucifixión, que, sin embargo, habla más allá de sí mismo: el velo ante el Santo de los Santos, el centro del Templo, el eje del mundo, se rasga. Es como si las sombras detrás se precipitaran a inundar la tierra; pero esto también es una especie de iluminación: Dios está más cerca de nosotros en este momento que nunca en la historia del mundo. Él está allí, colgado en la Cruz.

IMG_0774Hoy recordamos la Pasión. Y en ella, recordamos la cercanía de Dios, no a pesar del terror y la oscuridad de nuestro tiempo, sino simplemente en él.

Este consuelo tiene sus límites. El Evangelio termina con el cuerpo frío y destrozado en el sepulcro. Del mismo modo, la mera cercanía de Dios no nos saca de esta oscuridad. Sin embargo, en la figura del velo rasgado, podemos vislumbrar la verdadera naturaleza de la Crucifixión. Del cuerpo rasgado de Cristo fluye la promesa de salvación; una que une al mundo entero en la justicia de Dios. Una promesa de que todo cuerpo azotado será levantado de la cruz, todo daño reparado, todo régimen brutal derrocado.

Si nuestro momento actual parece informe e incierto, es porque sus bordes están deshilachados, como un paño rasgado. Es porque está desgarrado y lacerado, como la epidermis abierta de un cuerpo traspasado. Es un momento desgarrado por la violencia.

Pero esta apertura da a algo más que violencia. Porque esos cuerpos, colgados en la cruz o destrozados en la tumba, un día resucitarán.

—Dra. Nicolete Burbach, Centro Jesuita de Londres, 13 de abril de 2025

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Fuente New Ways Ministry

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“Testigos de la esperanza en el Dios que no defrauda”, por Consuelo Vélez

lunes, 14 de abril de 2025
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IMG_0677De su blog Fe y Vida:

Este año viviremos la semana santa en el contexto del jubileo de la esperanza

Es bonito pensar que la Iglesia universal se pone en marcha y los frutos de este año jubilar se podrán traducir en esa “esperanza inquebrantable” por una iglesia más parecida al querer de Jesús y una sociedad más justa y buena para todos y todas

Que esta Semana Santa, sea tiempo propicio para proclamar con todas las fuerzas “que el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos” no dejará frustrada nuestra esperanza. Por el contrario, ella será colmada, alcanzada, realizada

Este año viviremos la semana santa en el contexto del jubileo de la esperanza. Este jubileo convocado por el Papa Francisco en diciembre de 2024 está propiciando que diferentes colectivos hagan la peregrinación a Roma en señal de conversión y compromiso para ser “testigos de la esperanza” en este mundo nuestro que se debate entre tantos problemas.

El calendario del año en Roma está marcado por la peregrinación de estos colectivos: mundo de la comunicación (enero); fuerzas armadas, policía y cuerpos de seguridad, artistas y mundo de la cultura, diáconos (febrero); mundo del voluntariado, sacerdotes (misioneros de la misericordia) (marzo); enfermos y mundo de la sanidad, adolescentes, personas con discapacidad (abril); trabajadores, empresarios, bandas y música popular, iglesias orientales, cofradías, familias, niños, abuelos, mayores (mayo); movimientos, asociaciones y nuevas comunidades, santa sede, deportes, gobernantes, seminaristas, obispos, sacerdotes (junio); misioneros digitales e influencers católicos, jóvenes (julio); trabajadores por la justicia, catequistas (septiembre)*; migrantes, mundo misionero, vida consagrada, espiritualidad mariana, mundo educativo (octubre); pobres, coros y corales (noviembre); presos (diciembre). Todos aquellos que puedan unirse a estos grupos podrán vivir celebraciones específicas para cada colectivo y, sin duda, será una linda y fructífera experiencia.

Pero no todos los peregrinos de este jubileo necesitan ir a Roma. En cada iglesia local se han dispuesto ciertos templos a los que también se puede peregrinar para vivir la dinámica de conversión y cambio, fortaleciendo la esperanza. Es bonito pensar que la Iglesia universal se pone en marcha y los frutos de este año jubilar se podrán traducir en esa “esperanza inquebrantable por una iglesia más parecida al querer de Jesús y una sociedad más justa y buena para todos y todas.

Pero la esperanza no se fortalece simplemente porque Francisco haya convocado este año jubilar. Precisamente nuestra esperanza radica en el misterio pascual que volvemos a conmemora este mes. La resurrección de Jesús es la prenda que “en esperanza” nos mantiene comprometidos con nuestro presente.

¿Qué significa la esperanza?El misterio pascual abre el horizonte de esperanza más allá del ahora que vivimos. El evangelio de Mateo, por ejemplo, lee el conflicto de Jesús con las autoridades de su tiempo a la luz del texto de Isaías: el siervo de Yahvé “no gritará, no oirá nadie en las plazas su voz, la caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante”, pero, precisamente en Él, las naciones pondrán su esperanza (12, 18-21). Es decir, aunque no parezca que haya sino debilidad, de ahí brota la fuerza de Dios porque él tiene la última palabra. Por su parte, el libro de los Hechos, al narrarnos los inicios del cristianismo, manifiesta cómo después de los acontecimientos de la muerte de Jesús, se afirma que “que Dios lo resucitó” y por eso “se ha alegrado mi corazón y se ha alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposará en la esperanza” (Hc 2, 26).

El apóstol Pablo escribiendo a los Romanos afirma: “nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la pacencia; la paciencia, virtud probada, la virtud probada esperanza y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5, 3-5). Y, así mismo, al despedirse en esta misma carta, les dice a los destinatarios: “el Dios de la esperanza les colme de todo gozo y paz en su fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo (Rom 15, 13). A los Tesalonicenses les dice: “tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de su fe, los trabajos de su caridad y la tenacidad de su esperanza en Jesucristo nuestro Señor (1 Tes 1, 3). Precisamente por esto les recomienda: “Hermanos no queremos que estén en la ignorancia respecto de los muertos, para que no se entristezcan como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús (1 Ts 4, 13-14). La carta a los Hebreos también exhorta a mantener la esperanza: “mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (10,23).

Con esa esperanza firme a la que nos llaman los textos bíblicos, celebremos el misterio pascual de manera que se traduzca en nuestra vida y en nuestra realidad. En concreto, la esperanza nos fortalece para no decaer en el trabajo por la justicia social. Esto es lo que Dios quiere para la humanidad. También nos da la fuerza para trabajar por el cuidado y la preservación de la creación, garantizando así, la vida de nuestra “casa común”. La esperanza en el Dios de la promesa, el Dios de la paz, no nos deja resignarnos a no alcanzar la paz, a nivel global y a nivel local. Por el contrario, nos empuja a seguir apostando por el diálogo, no como una actitud ingenua sino como una decisión creyente de quienes no enfrentan los problemas con la violencia, sino que siguen buscando los caminos del diálogo, del entendimiento, de la concertación, de la paz. Y la esperanza también nos sostiene para seguir renovando a la Iglesia para que llegue a ser una Iglesia sinodal misionera en la que quepan todos y todas.

Y así, cada uno podría nombrar todas aquellas situaciones que sabe que han de cambiar y frente a las cuales la esperanza no nos deja quedarnos en la queja o en la indiferencia, sino que, apoyados en la resurrección de Jesús, nos fortalece para transformarlas. Que esta Semana Santa, sea tiempo propicio para proclamar con todas las fuerzas “que el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos” no dejará frustrada nuestra esperanza. Por el contrario, ella será colmada, alcanzada, realizada.

(Foto tomada de: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=544008528513620&id=100087134336582&set=a.114498151464662&locale=ga_IE)

* Nota de Cristianos Gays:

En Septiembre se realizará, también, la peregrinación jubilar organizada por el grupo italiano LGBTQ+ La Tenda di Gionata (La Tienda de Jonathan),  que se titulará: “Iglesia: hogar para todos, cristianos LGBT+ y otras fronteras existenciales”.

El grupo, en 2022, pidió a New Ways Ministry que publicara un libro de historias de padres italianos de lesbianas y gays. Puedes comprar su propia copia de este libro haciendo clic aquí. Para obtener información sobre todas las publicaciones de New Ways Ministry, haz clic aquí.

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“Con los crucificados” Domingo de Ramos – C (Lucas 22,14-23,56). 10 de abril 2022

domingo, 13 de abril de 2025
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El mundo está lleno de iglesias cristianas presididas por la imagen del Crucificado, y está lleno también de personas que sufren, crucificadas por la desgracia, las injusticias y el olvido: enfermos privados de cuidado, mujeres maltratadas, ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin papeles ni futuro. Y gente, mucha gente hundida en el hambre y la miseria en el mundo entero.

Es difícil imaginar un símbolo más cargado de esperanza que esa cruz plantada por los cristianos en todas partes: «memoria» conmovedora de un Dios crucificado y recuerdo permanente de su identificación con todos los inocentes que sufren de manera injusta en nuestro mundo.

Esa cruz, levantada entre nuestras cruces, nos recuerda que Dios sufre con nosotros. A Dios le duele el hambre de los niños de Calcuta, sufre con los asesinados y torturados de Iraq, llora con las mujeres maltratadas día a día en su hogar. No sabemos explicarnos la raíz última de tanto mal. Y, aunque lo supiéramos, no nos serviría de mucho. Solo sabemos que Dios sufre con nosotros. No estamos solos.

Pero los símbolos más sublimes pueden quedar pervertidos si no recuperamos una y otra vez su verdadero contenido. ¿Qué significa la imagen del Crucificado, tan presente entre nosotros, si no vemos marcados en su rostro el sufrimiento, la soledad, la tortura y desolación de tantos hijos e hijas de Dios?

¿Qué sentido tiene llevar una cruz sobre nuestro pecho si no sabemos cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros? ¿Qué significan nuestros besos al Crucificado si no despiertan en nosotros el cariño, la acogida y el acercamiento a quienes viven crucificados?

El Crucificado desenmascara como nadie nuestras mentiras y cobardías. Desde el silencio de la cruz, él es el juez más firme y manso del aburguesamiento de nuestra fe, de nuestra acomodación al bienestar y nuestra indiferencia ante los que sufren. Para adorar el misterio de un «Dios crucificado» no basta celebrar la Semana Santa; es necesario además acercarnos más a los crucificados, semana tras semana.

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José Antonio Pagola

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“He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”. Domingo 13 de abril de 2025. Domingo de Ramos

domingo, 13 de abril de 2025
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22-ramosC cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
Salmo responsorial: 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.
Filipenses 2, 6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Lucas 22, 14-23. 56: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

El tema central de las lecturas del Domingo de Ramos, como bien puede verse, es el del Mesianismo. Éste tiene varias etapas en la Biblia. «Mesías» significa ungido, siervo, enviado, pero en sí, la idea más profunda de «Mesías» que el pueblo de Israel asumió es la espera de la aparición salvífica de un líder carismático descendiente de David que habría de instaurar definitivamente en la tierra «el derecho y la justicia».

En el Primer Testamento es Isaías el profeta quien más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios. Mesías que él entiende como el Siervo de Yavé que llega. El Mesías es para el profeta la gran realidad de Dios viviendo con nosotros, la realidad del gran restaurador que libera de la esclavitud, de la gran violencia (violencia estructural diríamos hoy), de la gran miseria (pobreza extrema y masiva diríamos actualmente) a la que ha sido condenado el pueblo de Dios (los muchos pueblos de Dios). El Mesías, en su calidad de Ungido de Yavé, no es sino su enviado, su representante, el encargado de promulgar sus designios.

La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo elegido, a la nación que se creía a sí misma la elegida por Dios. La llegada del «Mesías» es la instauración del reinado de Dios en la historia y en el tiempo, y es allí donde, según la concepción judía (según, pues, un pensamiento muy humano, no según una revelación divina), Israel se vengaría de los «paganos» (la mayor parte de ellos tan religiosos como los propios israelitas), de los no judíos.

La idea mesiánica del Primer Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convierta en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yavé por Dios. Como se ve, un mesianismo muy humanamente comprensible…

El Mesianismo es una de las herencias que el Segundo Testamento recibe de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos esperaban entonces la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.

En el ciclo C de la liturgia leemos el relato de la Pasión del Señor según Lucas. Consideremos las características teológicas que nos presenta este relato.

Lucas, como es sabido, es considerado como el evangelista de la misericordia, o lo que es lo mismo, como el evangelista que ha marcado toda la tradición que nos entrega, con el pensamiento del amor infinito de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Ninguno de los evangelistas ha percibido como él la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres, entre los que sufren, entre los marginados. No es difícil constatar en el evangelio de Lucas la preocupación de Jesús por los débiles, por las viudas, por los huérfanos, por los pecadores, por las mujeres.

Este mismo interés se manifiesta en la narración de los acontecimientos de la Pasión del Señor. En primer lugar, porque todo este relato está sustentado por un conocimiento del alma de Jesús, cuya intimidad nos es desvelada por el evangelista cuando nos deja ver su estrecha relación con el Abba misericordioso, en los momentos de oración (Lc 22,42); o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento (Lc 22,43).

En segundo lugar, la cruz aparece en este relato de la Pasión como un verdadero sacramento del amor divino: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento. Lucas no pone la atención en los aspectos negativos y crueles de esta situación. En su narración se omiten recuerdos o referencias que aparecen en los otros evangelistas como la flagelación o la coronación de espinas que sirven para inculpar a los que llevaron a Jesús a la muerte. Lucas nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia su Hijo y hacia todos los hombres, aún en esta situación de dolor. Jesús no aparece abandonado en el Calvario (no se cita a Zac 13,6 sobre la dispersión del rebaño): está acompañado de amigos y conocidos (Lc 23,49 en contraposición con Mt 27,55-56 y Mc 15,40-41). Y reemplaza el grito del Salmo 21 (22) que cita Mateo por la manifestación ilimitada de confianza del Salmo 30,6 (31,6): “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

A la luz de todo esto es comprensible el papel que desempeña en este relato de la Pasión la actitud del perdón, sólo explicable desde el misterio de la misericordia. En definitiva todo el mundo queda limpio y se insiste en hechos positivos, sólo explicables desde la virtud reconciliadora del sufrimiento de Jesús o desde su actitud de perdón: el caso de Pilato (Lc 23,4.13-15.20-22); el del agresor a quien Pedro cercenó una oreja y que es sanado por Jesús (Lc 22,51); el de Pedro (Lc 22,61); el de todos los judíos (Lc 23,34); el del malhechor bueno (Lc 23,39-43); el del centurión (Lc 23,47); el de la reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc 23,6-12).

Jesús aparece claramente como el inocente, el justo perseguido. Aun en el proceso de los romanos, Pilato proclama la inocencia de Jesús. El centurión también reconoce su inocencia.

Sólo en Lucas Jesús se dirige con palabras consoladoras a las mujeres que de lejos los siguen. Realmente, Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres y de la misericordia con los más pobres e ignorados, y las mujeres hacían parte de la clase marginada en Israel. Pero para Jesús, en todo el evangelio de Lucas, las mujeres hacen parte del discipulado y merecen un trato respetuoso. Ahora, camino del Calvario, la fidelidad de las mujeres a su maestro es reconocida por el Señor.

La Pasión y la muerte de Jesús son una verdadera revelación: la manifestación de la misericordia del Padre. Sólo quien ha comprendido una actitud tan conmovedora, como la que nos trae este evangelio en la parábola del padre misericordioso, podrá entender por qué el evangelista ha mirado así el misterio del sufrimiento y de la muerte de Jesús.

Lucas concibió el relato de la Pasión como una contemplación de Jesús. Por eso este relato es una invitación al lector-oyente a aproximarse al Señor, a seguirlo, a llevar con él la cruz de cada día (9,23). En la palabra que dirige en la cruz al malhechor arrepentido, ese ‘hoy’ nos remonta a Lc 4,21 cuando en la sinagoga de Nazaret, Jesús declara que “hoy se ha cumplido” el pasaje de Is 61,1-2 que acababa de leer. El tiempo se ha cumplido y él, que ha venido para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor” ha cumplido su misión, porque va a morir colgado de la cruz pero seguirá viviendo en medio de nosotros.

Nota para lectores críticos

El evangelio de hoy es más largo que de ordinario: toda la Pasión de Jesús, por lo que muchas homilías hoy serán más breves. Por otra parte, la homilía debería enfocarse pues hacia el conjunto de la Pasión y su significado. También el viernes santo se leerá la Pasión, según san Juan. Y durante toda la semana, el trasfondo litúrgico-espiritual es ése: la pasión y muerte de Jesús. Es pues un momento apropiado para plantearse algunos criterios críticos respecto a la interpretación de la pasión de Jesús en su significado de conjunto.

Si somos cristianos, y si el cristianismo profesa la convicción de la significación salvadora de Jesús, necesitamos tener un «modelo soteriológico» («sotería» = salvación), o sea, una explicación de cómo Jesús salva a la humanidad y en qué consiste esa salvación. Es claro que esto es el corazón de la fe cristiana.

Pues bien, en la historia ha habido varios «modelos soteriológicos».

El modelo que nos ha llegado a nosotros es, fundamentalmente, el que elaboró san Anselmo de Cartebury en el siglo XI sobre la tradición jurídica del derecho romano. En este sentido. El ser humano ofendió a Dios con el pecado original, y con ello se rompieron las relaciones de Dios y la humanidad. Dios fue ofendido en su dignidad, y el ser humano, por su parte, quedó privado de la gracia de la relación con Dios y no tenía capacidad para superar esta situación, pues aunque había ofendido a Dios, no tenía capacidad para reparar una ofensa de carácter infinito. En su obra Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) Anselmo elabora la teoría de la «satisfacción penal sustitutoria»: Jesús muere en sustitución de la humanidad pecadora culpable, para satisfacer con ello la dignidad ofendida de Dios, y restablecer así las relaciones de Dios con la humanidad.

Por una parte, hay que hacer notar que esta explicación, que nos ha llegado a todos nosotros en una tradición tan longeva, no deja de ser «una» explicación, la del siglo XI en concreto; es decir: no es «la» explicación, no es la única. Además, no está en el Nuevo Testamento: es una elaboración teológica, muy posterior, que asume las categorías y la lógica del derecho romano «recepcionado» en el mundo feudal europeo de la alta Edad Media: el derecho inapelable y absoluto de los señores, la servidumbre de los siervos, las obligaciones jurídicas relativas a la ofensa y a la satisfacción o reparación. Es la teología de la «redención», del redimir («re-d-emere»), re-comprar al esclavo para liberarlo de su antiguo dueño.

Esta teología, hoy ya insostenible, es, sin embargo, la que la mayor parte de los cristianos y cristianas, incluyendo a muchos agentes de pastoral tienen todavía en su conciencia, en su comprensión del cristianismo, o en su subconsciente al menos. Y es para muchos de ellos «la» explicación mayor del misterio cristiano, el misterio de la «redención».

Hay que recordar que los modelos soteriológicos, como todo el resto de la teología, no dejan de ser un lenguaje metafórico, y que la metáfora nunca debe ser tomada al pie de la letra, tanto sea en n sentido directo como en un sentido metafísico, sobre todo en el segundo término al que traslada el sentido (“meta-fora” = cambio, traslado de sentido). Las teologías y los modelos soteriológicos se apoyan sobre las lógicas y los símbolos de las culturas en las que son creados. Por eso, cuando la evolución cultural cambia de lógica y de símbolos, esos modelos soteriológicos, y en general, esas teologías, aparecen crecientemente desfasadas, se hacen incluso ininteligibles, y finalmente quedan obsoletas. La visión de Dios como «Señor» feudal irritado por una ofensa de la primera pareja humana… para cuyo aplacamiento habría sido necesaria la reparación de la ofensa por medio de la muerte cruel y cruenta de su Hijo, es una imagen de Dios hoy sencillamente insostenible, e inaceptable. La sola idea de que un mítico pecado de Adán y Eva hubiera torcido los planes de Dios, y hubiera sumido en las tinieblas del pecado y del alejamiento de Dios a toda la humanidad desde la primera pareja, durante miles y miles de años –hoy la ciencia nos dice que habrían sido millones de años-, hasta la aparición de Jesús, es absolutamente inaceptable para la mentalidad actual. La misma fórmula jurídica de la «satisfacción sustitutoria» resulta hoy día inviable desde los mínimos éticos de nuestra época. Un Dios así resulta increíble, provoca ateísmo, con razón.

Si este modelo nos parece hoy día sobrepasado, no debemos dejar de considerar que ha habido otros modelos todavía más inadecuados. En el primer milenio la teología dominante, en efecto, no fue la de la «satisfacción sustitutoria», sino la del «rescate»: por el pecado de Adán la humanidad había quedado «prisionera del demonio», literalmente bajo su poder (sic). Según san Ireneo de Lyon (+ 202) y Orígenes (+ 254) el Diablo tendría un «derecho» sobre la humanidad, debido al pecado de Adán. Jurídicamente, la humanidad estaba bajo su dominio, le pertenecía, y Dios «quiso actuar con justicia incluso frente al diablo» (Ireneo, Adversus Haereses, V, 1,1), al anular tal derecho sólo mediante el pago de un rescate adecuado. Para ello, entregó a su Hijo a la muerte, a fin de liberar a la humanidad del dominio «legítimo» del diablo. San Agustín lo dice aún más explícitamente: Dios decretó «vencer al Diablo no mediante el poder, sino mediante la justicia» (De Trinitate XIII, 17 y 18).

Este modelo del «rescate pagado al Diablo» para rescatar a la humanidad, aún resuena en las personas que tuvieron una formación cristiana. Pero hoy nos resulta no sólo inaceptable, sino inimaginable, y hasta grotesco: no podemos aceptar un Diablo, concebido como un contra-poder cuasi-divino, que está apostado frente a Dios y que retiene a la humanidad bajo su poder, durante milenios, hasta que es «justamente resarcido» por Dios, nada menos que con la muerte del Hijo de Dios, un Diablo que sólo así sería «derrotado por la victoria de Cristo»…

¿Qué queremos decir con todo esto? Muchas cosas:

-que las teologías son metafóricas, no narraciones históricas ni descripciones metafísicas;

-que las teologías son muchas, variadas, no sólo una… y que cuando adoptamos una de ellas no debemos nunca perder de vista que se trata sólo de «una» teología, no de «la» teología;

-que las teologías son contingentes, no necesarias;

-que son elaboraciones humanas, no revelaciones divinas bajadas en directo del cielo, y que están construidas con elementos culturales de la sociedad en la que han sido concebidas;

-que son también transitorias, no eternas, y que con el tiempo y los correspondientes cambios culturales pierden plausibilidad y hasta inteligibilidad y pueden acabar resultando inaceptables y hasta desechadas;

-que los agentes de pastoral que atienden al Pueblo de Dios han de estar atentos a no prolongar la vida de una teología sobrepasada, superada, que ya no habla de un modo adecuado a las personas de hoy;

-que pueden (y deben) tratar de encontrar nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas respuestas interpretativas de parte de nuestra generación actual a las preguntas de siempre.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto. Leer más…

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Ramos. 13.4. 25 . Hija-Sion danzando gozosa, Rey de Paz en un asno

domingo, 13 de abril de 2025
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IMG_0756Del blog de Xabier Pikaza:

Danza con fuerza, Hija-Sion; grita aclamando, Hija-Jerusalén. Tu tu rey viene a ti; justo y amoroso, montado sobre un asno. Destruirá el carro de  combate de Efraim, el caballo de Jerusalén, el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones de mar a mar, del torrente a las extremidades de la tierra (cf. Zac 9,9-10).

Hacia comienzos del III a. de C., asumiendo quizá temas y hasta textos anteriores, el autor a quien llamamos 2º Zac (Zac 9-14), redacta una obra profética centrada en el mesianismo escatológico: culminando su acción anterior e invirtiendo los medios de poder que triunfan en el mundo (violencia de los imperios).

El el mismo Dios va a desve­lar su misterio en Sión/Jerusalén. Desde ese fondo ha de entender­se cl último y, en algún sentido, el más paradójico y fuerte de todos los pasajes que tratan de la Hija-Sion, de la Nueva Jerusalén

Danza con fuerza, Hija-Sión; grita aclamando, Hija-Jerusalén; he aquí que tu rey viene a ti; justo y vencedor es él; humilde, montado sobre un asno, sobre un pollino, cría de borrica. Destruirá el carro de Efraim y el caballo de Jerusalén Y destruirá el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones; y su dominio será de mar a mar, del torrente a las extremidades de la tierra, (Zac 9,9-10).

La traducción del texto es fácil, aunque el principio del verso 10 está en el TH en primera persona  (y yo destruiré …), como si fuera el mismo Dios y no el rey mesiánico el encargado de que­brar la fuerza guerrera de Efraín y Judá. Sea como fuere, el sentido de fondo parece el mismo y así conservamos la traducción visual, en tercera persona: el anunciador profético sigue invitando a la Hija-Sion al canto gozo, conforme a lo visto en Sof 3,14-18 y Zac 2,14-17, pero ahora los motivos para el gozo son algo distintos.

Comencemos por cl mismo gozo de la Hija-Sión. Ella tiene que ponerse a danzar en gesto de fiesta solemne; danza y grita aclamando, porque llega el monarca. Estamos en una liturgia de entronización: avanza el rey, se forma el cortejo y, mientras va llegando, se le acerca la Hija-Sion para recibirle con la alegría desbordante de su baile. Organizador de fiesta mesiánica es el profeta, danzante jubiloso el pueblo (Hija-Sión), majestuoso el rey que viene.

Sof 3,14-18a iniciaba una danza nupcial: Zac 2,14-17 invi­taba al baile religioso; sin negar del todo estos aspectos, Zac 9,9-10 nos lleva al centro de una gran ceremonia de coronación: al baile de un pueblo/muchacha que recibe con gozo emocionado y entu­siasta a su rey salvador. I:1 rey que llega y la mujer que sale a reci­birle danzando: este es el misterio final, el último acto de la historia.

Desaparecen o pasan a segundo plano los restantes ofi­cios y figuras de la tierra: sacerdotes, militares, potentados… Toda la humanidad se ha condensado en esta Hija-Sión, esta ciudad­-mujer, esta doncella que llena de juventud y esperanza se prepara para la danza triunfal de su rey. Ella no tiene más oficio que cantar y alegrarse; para eso se prepara. Ella podrá cantar porque tiene su rey En los dos casos anteriores el rey (o plenitud de poder) era un personaje divino.

Por eso, la Hija-Sión significaba la humanidad entera, varones y mujeres incluidos en esa figura femenina. Ahora, en cambio, la Hija-Sión, sin perder esa visión de totalidad, tiende a recibir y reali­zar una función particular porque el rey que viene es también figu­ra humana (humilde, montado en un asno…).

Ciertamente, el rey que viene es justo, en la línea cíe la justicia de Dios, pero es tam­bién justo con los israelitas (y humanos) justos de la historia. Este rey es vencedor, en cuanto trae la victoria de Dios; pero el término empleado en este caso es pasivo, como para indicar que no realiza la salvación por sí sino que la recibe de Dios. Es rey hunnilde como humildes eran aquellos que formaban e1 resto de Israel en Sof 3,12. Viene montado en un asno, como en asno montaban los primeros salvadores y reyes de la historia israelita (cf Gen 49,11; Jc 5,10; 10,4; 12,14).

Una muchacha que danza gozosa, un rey  de paz que avanza montado sobre un asno… Esta es la representación de la historia total. Los dos unidos forman el signo de la humanidad. Por eso hay que entenderlos uno desde el otro y con el otro.

La muchacha danzante sólo tiene sentido allí donde la vida no se entiende como guerra, allí donde el auténtico poder no es el caballo de -batalla ni el dinero sino el ser humano nuevo que avanza sobre un asno.

Por otra parte, la humildad amorosa del rey expresa algo que es mucho más que una virtud interna: no es el gesto interior e1 que aparece en pri­mer plano sino todo el signo externo del varón que ha renunciado a las armas, a la lucha por la conquista, a la soberbia del dinero.

El asno del que aquí se trata no es un signo momentáneo que se apli­ca desde fuera a un ~<rey o varón que normalmente cabalga en tren de guerra o se impone en actitud de duro mando. El asno es la expresión permanente de la voluntad de diálogo, de la paz muma, de la renuncia a la violencia.

Este rey y esta mujer se encuentran. Son uno para el otro, uno con el otro, de tal forma que sus signos pueden cíe algún modo intercambiarse: monta la muchacha en el asno, danza el rey… o danzan ambos y ambos montan en camino nuevo de paz universal.Sion era cuanto tal ha desaparecido. Aquí no hay ciudad externa, ni templo separado. Ellos dos, cl varón y la mujer, en diálogo danzan­te, son el signo de la nueva humanidad, son todo Sion, si es que pudiera utilizarse ese lenguaje.

Pero el texto sigue diciendo que destruirá (¿quién? Dios o el mismo rey, según se lea el TH) el carro de Efraim y el caballo de .Jerusalén (9~,10). Normalmente, en la vieja tradición hímnica y pro­fética de Israel carros y caballos suelen ir vinculados como expresión de poderío guerrero (cf Ex 15,1; Mi 5,9; Is 2,7). La novedad de nuestro texto está en el hecho de que separa ambos signos y atribu­ye los carros a Efraím y los caballos a Jerusalén, poniendo así sobre el mismo plano de violencia (y con la misma necesidad de conver­sión) a judíos y samaritanos. Ciertamente, la salvación está simboli­zada en la Hija-Sion y en su rey. Pero esta Hija-Sión no pertenece ya sin más a Jerusalén; ella se abre al nuevo pueblo de la paz edifi­cado por este rey humilde.

La paradoja (que el nuevo testamento ha captado en pro­fundidad: Mt 21,5) consiste en el hecho de que este rey sin armas simboliza (y en algún sentido realiza) la victoria de la nueva huma­nidad sobre los grandes pueblos armados. No se trata de pedir  que se desarmen los otros,, que empiecen renunciando a la violencia los pueblos enemigos. Este nuevo rey es signo cíe condena para los hermanos enfrentados, para judíos y samaritanos, en un tiempo (siglo III a. de C.) en que ambos se están enfrentando en visión de odio social y militar que será definitivo.

Sólo entonces, cuando judíos y samaritanos (Efraím y Jerusalén) depongan sus armas, cuando puedan darse la mano de la paz en torno al rey de no violencia, montado sobre un asno, podrá salir la Hija-Sión a bailar. Ambos, rey pacífico y muchacha danzante, forman como las dos caras de un mismo ideal mesiánico abierto hacia todos los pueblos, porque el texto sigue diciendo «destruirá el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones».

E1 arco constituye, con los carros y caballos, el signo máximo de guerra (cf 1 Sam 2,4). Parece que los pueblos han vivi­do hasta cl momento dominados por un tipo de lógica militarista: arco y espada han definido y decidido siempre sus disputas. Pues bien, asumiendo una lógica nueva de paz escatológica, que pode­mos ver en textos como Is 2,2-4; 11,1-9, nuestro pasaje ha elabora­do un ideal de paz universal. Leer más…

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La Pasión según Lucas. Domingo de Ramos. Ciclo C.

domingo, 13 de abril de 2025
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Titian_-_Christ_and_the_Good_Thief_-_WGA22832Tiziano, Jesús y el buen ladrón

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Resulta imposible comentar en pocas líneas el relato de la Pasión en el evangelio de Lucas. De los diversos episodios exclusivos suyos, considero de especial interés las tres palabras que pone en boca de Jesús en la cruz. Ninguno de los evangelios trae las siete famosas palabras de Cristo en la cruz. Mateo y Marcos, solo una; Juan, tres; Lucas, otras tres. Sumándolas tenemos siete. Las tres de Lucas pueden servir de reflexión y oración.

  1. Morir perdonando

            Jesús y los dos malhechores acaban de llegar al Calvario. Crucificar a tres personas es un trabajo más lento y cruel de lo que puede imaginarse, pero Lucas no entra en detalles. Se limita a indicar lo que decía Jesús en este momento: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

            El tema de los enemigos y del perdón ha aparecido en este evangelio desde el comienzo. Zacarías, el padre de Juan Bautista, alaba a Dios porque ha suscitado a un descendiente de David “para que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, le sirvamos con santidad y justicia toda nuestra vida”. Su esperanza no se cumplirá como él espera. A su hijo lo decapitará Herodes. Y Jesús no habla de verse libres de los enemigos. Lo que manda a sus discípulos es: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ahora, en el momento decisivo, Jesús va más adelante. No solo reza por los enemigos, sino que intenta comprenderlos y justificarlos: “no saben lo que hacen”.

  1. Nunca es tarde para convertirse

            Que Jesús fue crucificado entre dos malhechores lo dicen también Mateo y Marcos (aunque estos los llaman “ladrones”, que equivale a “terroristas”, cosa más lógica porque a los ladrones no los crucificaban, sino que los vendían como esclavos). Pero la mayor diferencia consiste en que en Mateo y Marcos los dos insultan a Jesús. Lucas cuenta algo muy distinto: mientras uno anima irónicamente a Jesús a salvarse y salvarlos, el otro lo defiende, reconoce su inocencia y le pide que se acuerde de él cuando llegue a su reino. Todos sabemos la respuesta de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

            Algún escéptico podría decir que Lucas ha inventado esta conversión tan inesperada del buen ladrón. Él respondería: “Si no fue así, pudo serlo”. Porque lo que intenta enseñarnos es que nunca es tarde para convertirse. En una parábola que comentamos hace tres domingos, el labrador pedía un año de plazo para la higuera estéril. Zaqueo tuvo el resto de su vida para demostrar su conversión. El buen ladrón solo dispone de unas horas antes de morir, aprovecha la ocasión de inmediato, y esas pocas palabras le sirven para salvarse. Al mismo tiempo, las palabras de Jesús suponen un consuelo para todos nosotros cuando se acerque la muerte: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

  1. Morir en manos de Dios

            Lo último que dijo Jesús antes de morir también varía según los evangelios. Marcos y Mateo ponen en su boca el comienzo del Salmo 22: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué he has desamparado?”. Parece un grito de abandono, sin esperanza. Quien sigue leyendo el salmo advierte que el olvido de Dios y el sufrimiento dan paso a la victoria final. Aunque esto sea cierto, Lucas piensa que sus lectores no van a entenderlo y se pueden quedar con la sensación de que Jesús murió desesperado. Por eso, las últimas palabras que pone en su boca son: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. De este modo, el final de la vida terrena de Jesús empalma con el comienzo de actividad apostólica. En el bautismo escuchó la voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado”. Ahora, en el momento del dolor y la muerte, cuando parece que Dios lo ha abandonado, Jesús lo sigue viendo como “Padre”, un padre bueno al que puede entregarse por completo.

 

El relato de la pasión es una historia de dolor, injusticia, sufrimiento físico y moral para Jesús. Pero Lucas ha querido que sus últimas palabras nos sirvan de enseñanza y consuelo para vivir y morir como él.

Un comentario completo al relato de la pasión puede verse en J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús (Verbo Divino 2021), págs. 449-510.

 

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13 Abril. Domingo de Ramos. Ciclo C

domingo, 13 de abril de 2025
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“Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.”

(Lc, 22,14-23,56)

El domingo de Ramos nos abre un gran pórtico que nos muestra, este año a través del Evangelio de Lucas, lo que vamos a celebrar a lo largo de esta Semana Santa.

¡Siéntate, corazón mío!

Como todos los que conocían a Jesús, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, que estaban allí presenciando todo (Lc 23,49), déjate tocar, déjate asombrar, déjate enamorar.

¡Siéntate, silénciate, contempla…!

Accede, corazón mío, a ese pórtico, ábrete a que sea el Espíritu mismo de Jesús quien te ayude a descubrir la fidelidad del Maestro en su entrega total, su confianza en el Padre. Es el corazón misericordioso que Jesús te ofrece lo que te hará misericordioso. Y esa misericordia entrañable te acercará a las hermanas/os que hoy siguen el camino de Jesús de Nazaret en medio de persecuciones, abusos, torturas, arrestos e incluso la muerte por ser fieles al Maestro. Recordamos los sentimientos de aquel cristiano, en tierras sirias, que en medio de la tortura dijo algo así a sus verdugos: queréis que renuncie a mi fe cristiana, pero no puedo, porque mi corazón es de Cristo, está marcado por el amor a Cristo Jesús.

Corazón mío, no hagas de estos días santos como aquella gente que había acudido al espectáculo” (Lc 23,48) sino déjate sorprender, para que con el amor que Dios Padre te entrega a través del Espíritu puedas tú también decir con la confianza y abandono de Jesús: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,46).

Lo que te preparas a celebrar no es la muerte, aunque ésta sea la de Jesucristo, sino el camino hacia la Pascua.

Oración

Tiempo de vida, tiempo de de luz, tiempo de amor.
Señor, Jesús, Maestro bueno,
dame un corazón que sepa
contemplar, acoger, perdonar, amar…
coge mi mano y conduce mis pasos
a escuchar tu invitación: ¡Sígueme!

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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