26-4-25 II Pascua. Cónclave de Cesarea (Mc 8,27-33)
Del blog de Xabier Pikaza:
No es lo mismo pero algo se parece. Esta mañana se ha celebrado misa fúnebre y sepelio del Papa Francisco. El Cardenal Re ha proclamado un hermoso sermón sobre Jn 21, con la pregunta de Jesús a Pedro “¿Me amas más que éstos?”.
Este pasaje de Cesarea (ciudad del César) no se puede aplicar sin más al próximo cónclave vaticano, pero puede ayudarnos a plantear algunas cosas. Piensen los lectores. Buena Pascua
| Xabier Pikaza
Haré una lectura “fuerte” del Cónclave de Jesús del que he tratado extensamente en Comentario de Marcos. Además, ese evangelio tiene muchas semejanzas con el de Jn 20 de este Dom II de Pascua (las dos primeras apariciones pascuales de Jesús, una sin Tomás y otra con Tomas, con Pedro al fondo). Buen domingo II de Pascua a todos. Feliz memoria de Francisco. Empecemos a pensar en el cónclave/sínodo próximo.
Mc 8, 27-33 “Cónclave en Cesárea
Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». 28Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». 29Él les preguntó: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy?».
Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». 30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. 31Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». 32Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. 33Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Apártate de mí detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Pedro y sus compañeros. Diálogo con Jesús.
. La relación de Jesús con sus compañeros-amigos no fue una historia de buenos-perfectos (Jesús) y malos (los otros), sino de búsqueda y compromiso compartido, de manera que la opción de Jesús se fue fraguando en un contexto dialogal dramático, de palabra discutida y recreada (recuperada) por pascua.
Simón-Pedro y los restantes compañeros se unieron a Jesús y le siguieron porque confiaban en él y/o porque esperaban cumplir por (con) él sus expectativas de poder, pasando de la penitencia del Bautista al poder, abundancia y riqueza del Reino. En este contexto no se puede hablar de un Jesús “héroe” que sabía y hacía bien todo, pero rodeado por una “banda” de ignorantes, sin ideas ni valores (entre los que sobresalía por terquedad Simón Pedro).
Al contrario, por el hecho de que habían estado con Juan Bautista, debemos suponer que Pedro y sus compañeros tenían ideas y valores, no sólo para dialogar con Jesús, sino incluso para enfrentarse con él. No le acompañaron para obedecerle a ciegas y callar, sino para colaborar en su camino, buscando y discutiendo estrategias adecuadas. No elevamos a Jesús rebajando a sus compañeros y amigos. En este contexto se inscribe la institución de los Doce, que constituye un elemento clave de la historia de Jesús.
13 Subió Jesús después al monte, llamó a los que quiso y fueron donde él.14 Constituyó entonces Doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a proclamar el mensaje16 Constituyó a estos Doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro…
Jesús asume con sus doce discípulos, a partir de Pedro, la promesa y camino de las tribus de Israel. No quiere volver a la historia pasada, no se limita a recordarla, sino que se decide a cumplirla en su vida, de una forma nueva, con un grupo de compañeros, a quienes convoca a su lado. Ellos no son un grupo más, sino compendio de todo Israel y de esa forma simbolizan la suerte y promesa de la historia israelita… y el camino de Jesús que les había prometido darles doce tronos reales(no como la ínsula barataria de Don Quijote a Sancho Panza). Recordemos esto: Jesús les ha prometido doce tronos, con Pedro el primero
Cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos juzgando a las doce tribus de Israel (cf. Mt 19, 28-29; Lc 22, 30),
Estas palabras forman el principio de la promesa de Jesús, que ha debido cambiar, transformando la visión del Hijo de Hombre de Dan 7, en un camino que va de Mc 8, 27-28 (donde empieza diciendo a Jesús que es el Mesías, interpretando su camino en forma de triunfo por lo que Cristo debe reprenderle: apártate de mí Satanás), a Mc 10, 41-45 (donde empieza a decir que el Hijo de Hombre no ha venido a que le sirvan, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.
El problema de fondo no es la identidad y función de Pedro y sus compañeros, sino la de Jesús cuando va descubriendo en concreto, paso a paso, que la llamada de Dios no le lleva a triunfar sobre un trono con doce paladines, sino a morir por todos, como puede interpretarse la palabra citada. Empecemos por la primera promesa de Jesús, a la que Pedro apela cuando dice a Jesús que él es el Cristo). Esto es lo que Jesús había prometido a Pedro:
‒ Vosotros, los que me habéis seguido. Los Doce como una corporación mesiánica con opinión y palabra. Ellos son, por un lado, hombres concretos (cf. Mt 10, 2-4) y, por otro son signo (representación) de Israel. Jesús les presenta y ellos se toman como herederos de las promesas de Israel.
‒ En la regeneración o renacimiento (palingenesía)… Esa palabra o su equivalente forma parte de una “filosofía” o esperanza muy extendida de tipo cultural/religioso que indica la culminación del tiempo (synteleia aiônos: Mt 13, 39.40.49), indicando en lenguaje helenista la transformación mesiánica de la humanidad.
‒ Cuando el Hijo del hombre se siente en su Trono de Gloria. Esa transformación cósmica está vinculada a la esperanza israelita de la venida del Hijo de Hombre de Dan 7, que Jesús debió compartir con sus discípulos, a quienes invitaba a formar parte de su grupos, diciéndoles “os sentaréis también vosotros sobre Doce Tronos… juzgando a las Doce Tribus de Israel, en el sentido de “tener autoridad”, salvar…
Ahora, cuando suben a Cesárea de Felipe estos Doce de Jesús, piensan con Pedro que ha llegado la hora de los tronos. No podía ser de otra manera. Todos siguen pensando lo mismo que Pedro, menos Jesús que descubre que el camino que han tomado no es de tronos, sino de cruces.
Jesús fue viendo que su “trono” y el de de sus colaboradores no era de triunfo sobre otros, sino de entrega de la vida e incluso de muerte. Por eso les convoca a un cónclave especial; el tema es de todos y entre todos ha de tratarse. Por eso le pregunta qué piensan de él, de su caso y, cuando Pedro le dice que es el mesías/Cristo, Jesús le contesta que se calle, que no es eso
27 Y salieron Jesús y sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Filipo y por el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo?28Ellos contestaron: Unos, que Juan Bautista; otros, que Elías o uno de los profetas. 29 El siguió preguntándoles: Y vosotros quién decís que soy yo? Pedro le respondió: Tú eres el Cristo. Pero Jesús les prohibió terminantemente que hablaran a nadie acerca de él.
La gente de fuera anda con cábalas: Que eres un profeta, una clonación de Juan Bautismo, o un tipo distinto de profeta… Eso dicen los de fuera, pero Pedro, en nombre de los doce responde. Tú eres el Cristo, y que has venido a imponer tu poder sobre el mundo como un César más alto que el de Roma y a nosotros nos debes doce tronos, para eso los prometiste.
Esta fue la situación, la gran disputa entre Pedro, que exigía a Jesús que cumpliera su palabra…y la de Jesús que ahora dice que no ha venido a tomar el poder sino a dar la vida y morir por los otros.
31 Jesús empezó a enseñarles que el Hijo de hombre debía (dei) padecer mucho, que sería rechazado por los presbíteros, sumos sacerdotes y escribas; que lo matarían, y a los tres días resucitaría….32 Entonces Pedro lo tomó aparte y se puso a increparlo. 33 Pero Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:¡Apártate de mí, Satanás o piensas las cosas de Dios, sino las de los hombres (Mc 8, 31-33).
Pedro había increpado a Jesús, exigiéndole que cambie de postura, pues según piensa en ese momento, siguiendo la primera promesa de Jesús), él piensa que la iglesia mesiánica sólo se puede edificar con gran poder, no dando la vida y muriendo por los otros.
Pero Jesús rechaza a Pedro llamándole Satán (Tentador). Al principio le había dicho como a los otros tres de Mc 1, 16-20: Andrés y Pedro, los Zebedeos) : ¡venid! (deute opisô mou: Mc 1, 17); ahora le reprende ¡apártate! (hypage opisô mou: 8, 33), en palabra de condena, añadiendo: «El Hijo del hombre debe padecer…» (8, 31), utilizando una fórmula teológica: Dei (Dios lo quiere, es necesario…), que implica la transformación (inversión) del anuncio de triunfo mesiánico que he comentado ya en Dan 7.
Un problema de fondo un problema actual
Para algo han venido al funeral de Francisco presidentes, reyes y magnates. Además, Pedro piensa con gran parte de la Biblia (AT) que sólo puede ser Cristo es quien domina a los demás, quien conquista el reino de Dios y ofrece a sus seguidores el dominio sobre los vencidos (es decir, sobre otros grupos menos importantes). Pues bien, Jesús le responde ahora y dice que auténtico Cristo es quien sabe padecer,dejando que le derroten, quien ama en gratuidad, poniendo la vida a merced de los otros, un tema que Mt 5 ha elaborado en las antítesis, que estudiaremos en la tercera parte de este libro.
Del blog 
DOMINGO 2º DE PASCUA (C)
Jn 20, 19-31
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Comentario al evangelio del domingo 27 abril 2025
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