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La duda audaz del apóstol Tomás es un regalo que los católicos LGBTQ+ comparten

lunes, 28 de abril de 2025
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IMG_1035La publicación de hoy es de  Phoebe Carstenscolaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Segundo  Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

Siempre he tenido debilidad por el apóstol Tomás, una de las figuras centrales del Evangelio de hoy. A menudo se le recuerda por su aparente «duda«, dada su negativa a creer que el Señor Resucitado se apareció porque no lo vio con sus propios ojos. Sin embargo, siempre he sentido que esta era una evaluación injusta de su situación. En su insistencia en ver a Jesús con sus propios ojos, Tomás muestra una característica que comparten los «bienaventurados» que ven sin creer: la audacia. Y es esta audacia, esta valentía, con la que tantos católicos queer podemos identificarnos al proclamar una fe y un Dios que trasciende la división y la duda humanas.

Creer sin ver es, sin duda, un acto audaz, y por eso Jesús declara «bienaventurados» a quienes «no han visto y han creído«. Muchos católicos queer podrían encontrarse adoptando esta postura, ya que, si bien es alentador y esperanzador que parezca haber un creciente apoyo a los católicos queer, lamentablemente también es cierto que aún queda mucho por hacer. Quizás creamos y anhelemos una visión del catolicismo que aún no hemos visto ni experimentado en primera persona. Muchos aún no hemos visto una comunidad parroquial que manifieste verdaderamente la bienvenida integral de Cristo. Algunos no hemos visto la imagen de Cristo reconocida y aceptada por otros en la experiencia de vida de una persona gay o trans. Algunos no hemos visto la misericordia de Dios reflejada en las acciones de familiares, amigos y líderes de la Iglesia.

Y, sin embargo, incluso sin haber visto estas cosas en primera persona, seguimos creyendo. Creemos en un Dios de amor y misericordia, incluso cuando las acciones de otros oscurecen esa visión. Creemos que el catolicismo es nuestro hogar, incluso cuando el signo de «bienvenida» a veces está oculto. Incluso cuando nuestras vidas están marcadas por el sufrimiento, la exclusión y el dolor, nos aferramos a la esperanza pascual de la resurrección, la plenitud de la vida y las «señales y prodigios» del poder de Dios, aunque aún no las hayamos recibido nosotros mismos. Es por esta razón que Jesús declara que quienes pueden creer sin ver son verdaderamente bienaventurados, porque su fe es verdaderamente audaz.

Pero yo diría que la bienaventuranza no termina ahí. Aunque muchas interpretaciones critican a Tomás, viendo solo su duda y su fe aparentemente insuficiente, que exige pruebas para creer, siempre he creído que esta no es una forma muy caritativa de entenderlo.

Solo puedo imaginar lo destrozado que debió sentirse Tomás al escuchar la noticia de los otros discípulos sobre su asombroso encuentro con Cristo. ¿Qué estaría pensando? ¿Jesús eligió el momento justo para aparecer cuando todos estaban cerca menos yo? ¿Acaso no le importaba que yo no estuviera allí? ¿Acaso Jesús no quería aparecerse a mí también?

Quizás su respuesta a los discípulos, «Si no veo la señal de los clavos en sus manos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré», no fue simplemente incredulidad, sino más bien una especie de oración. Una petición audaz, sin duda: Señor, quiero experimentarte por mí mismo. Quiero sentirte con mis propias manos, verte con mis propios ojos.

Después de todo, los demás discípulos —como nos dice el comienzo del Evangelio— pudieron ver a Jesús y observar sus manos y su costado sin siquiera tener que pedírselo. Al igual que Tomás, creen y se alegran solo después de haber visto a Jesús. La única diferencia es que Tomás tuvo la audacia de preguntar.

También en este caso, los católicos queer pueden sentir una resonancia con su propia postura de fe. Muchos de nosotros, excluidos o marginados por nuestras comunidades eclesiales, finalmente exigimos ver y reclamar a Jesús por nosotros mismos, en nuestros propios términos, cuando nos damos cuenta de que no hay ningún guardián ni valla que nos separe del encuentro con Dios. Buscamos reivindicar nuestro propio testimonio, descubrir la verdad de Cristo en nuestra propia experiencia, en lugar de confiar en las afirmaciones de otros. Oramos para que Dios nos permita verlo con nuestros propios ojos: ver las manos y el costado de Jesús, sentir su mirada y escuchar su voz, incluso si no estamos incluidos en el Cenáculo, incluso si nos excluyen. Como personas queer, buscamos un Dios que nos encuentre en nuestras vidas, y es un encuentro que a menudo debemos pedir con valentía.

La buena noticia para Tomás, y para nosotros, es que Jesús no deja que esa oración quede sin respuesta. Tomás no se queda solo; Jesús se aparece de nuevo a sus discípulos, esta vez para decirle: «Aquí estoy: mira, siente y cree». También a los católicos queer, Dios les responde: «Aquí estoy, compruébalo tú mismo». Dios está presente en nuestras familias elegidas, en nuestras vibrantes presentaciones, en nuestra alegría y resiliencia, en nuestras comunidades inclusivas y en nuestra esperanza inquebrantable. Cuando oramos para que Dios se nos revele de nuevo, Dios nos da una respuesta audaz a nuestra audaz pregunta.

Ciertamente, somos bendecidos cuando creemos sin haber visto. Creo que somos igualmente bendecidos, como Tomás, cuando tenemos la audacia de pedirle a Dios que nos muestre su presencia con claridad y la audacia de creer que nuestra esperanza de encontrarnos con Dios se hará realidad.

—Phoebe Carstens, Ministerio New Ways, 27 de abril de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Abrir las puertas”. 2 Pascua – C (Juan 20,19-31)

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0899El evangelio de Juan describe con trazos oscuros la situación de la comunidad cristiana cuando en su centro falta Cristo resucitado. Sin su presencia viva, la Iglesia se convierte en un grupo de hombres y mujeres que viven «en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos».

Con las «puertas cerradas» no se puede escuchar lo que sucede fuera. No es posible captar la acción del Espíritu en el mundo. No se abren espacios de encuentro y diálogo con nadie. Se apaga la confianza en el ser humano y crecen los recelos y prejuicios. Pero una Iglesia sin capacidad de dialogar es una tragedia, pues los seguidores de Jesús estamos llamados a actualizar hoy el eterno diálogo de Dios con el ser humano.

El «miedo» puede paralizar la evangelización y bloquear nuestras mejores energías. El miedo nos lleva a rechazar y condenar. Con miedo no es posible amar al mundo. Pero, si no lo amamos, no lo estamos mirando como lo mira Dios. Y, si no lo miramos con los ojos de Dios, ¿cómo comunicaremos su Buena Noticia?

Si vivimos con las puertas cerradas, ¿quién dejará el redil para buscar las ovejas perdidas? ¿Quién se atreverá a tocar a algún leproso excluido? ¿Quién se sentará a la mesa con pecadores o prostitutas? ¿Quién se acercará a los olvidados por la religión? Los que quieran buscar al Dios de Jesús nos encontrarán con las puertas cerradas.

Nuestra primera tarea es dejar entrar al Resucitado a través de tantas barreras que levantamos para defendernos del miedo. Que Jesús ocupe el centro de nuestras iglesias, grupos y comunidades. Que solo él sea fuente de vida, de alegría y de paz. Que nadie ocupe su lugar. Que nadie se apropie de su mensaje. Que nadie imponga un estilo diferente al suyo.

Ya no tenemos el poder de otros tiempos. Sentimos la hostilidad y el rechazo en nuestro entorno. Somos frágiles. Necesitamos más que nunca abrirnos al aliento del Resucitado para acoger su Espíritu Santo.

José Antonio Pagola

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“A los ocho días, llegó Jesús”, Domingo 27 de abril de 2025. 2º Domingo de Pascua

domingo, 27 de abril de 2025
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27-pascuaC2 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 5, 12-16: Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
Salmo responsorial: 117: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19: Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos.
Juan 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús.

El libro de los Hechos, el Apocalipsis y el evangelio de Juan se escribieron casi por la misma época. La Iglesia de Jesús, formada por muchas y diferentes comunidades, estaba recogiendo las diversas tradiciones sobre Jesús histórico y cada comunidad las reelaboraba y contaba de acuerdo a las nuevas situaciones que estaban viviendo. Eran tiempos de grandes conflictos con el imperio romano y con los fariseos de Jamnia (norte de Jerusalén), donde radicó el único grupo oficial judío que sobrevivió a la destrucción del templo el año 70. Es en este momento cuando se fragua la bifurcación de caminos entre el judaísmo oficial y el judaísmo cristiano, o judíos que creían en el también judío Jesús. A posteriori, la teoría (la hermenéutica, la interpretación que tenemos que elaborar para tranquilizar nuestros corazones y nuestras mentes dándonos un sentido) ha dicho que es que Dios decidió abrir una nueva etapa histórica manifestando un misterio escondido desde siempre, y otras varias teologías. Los estudios históricos hoy están en capacidad de trazarnos ya, más o menos, las causas históricas e ideológicas que de hecho cristalizaron en la separación. Hoy, a la altura de estos tiempos en los que la historia y la arqueología nos permiten conocer casi con toda seguridad cómo fue de distinta aquella historia, no estamos obligados a historificar la teología; tenemos derecho a saber la verdad, y a reconocer la teología como teología, como creación hermenéutica, que aquellas generaciones de cristianos necesitaron para interpretar y recrear su historia, pero que nosotros, en una sociedad culta y científica –con otra epistemología– no necesitamos para interpretar-recrear la realidad, podemos aceptar la historia como fue, como hoy sí sabemos que fue.

Lo mismo nos pasa con respecto al «calendario» de la muerte de Jesús – Pascua – Pentecostés… Lucas se tomó la libertad de imaginar/crear un calendario, un cronograma, que podemos de decir que se sacó de la manga, o sea, de su creatividad y genialidad catequética. Tan bien hecha resultó, que fue la que se llevó el gato al agua, la que se impuso, no por a la fuerza, sino por lo bien hecha que estaba y lo catequéticamente práctica que resultaba. (Estamos en un caso semejante a lo de la bifurcación entre cristianismo y judaísmo: lo que teologizamos no es realmente lo que sucedió con respecto al judaísmo oficial de Jamnia, pero es lo que «se impuso» –tampoco por imposición, sino por practicidad teórica; como sabemos, esta separación incluso abismo entre la realidad histórica real y nuestra propia visión-interpretación histórica, es mucho más frecuente que lo que ordinariamente pensamos).

En efecto, veamos. Jesús entra y se coloca en medio de la comunidad. Sopla sobre ellos/as y dice que les envía el Espíritu Santo. Para la comunidad de Juan (en la que, con la que escribe), la Pascua de Resurrección y Pentecostés acontecieron el mismo día en que Jesús resucitó. No hay que esperar 50 días para Pentecostés.

Y en esa Pascua-Pentecostés «toda la comunidad» de discípulos y discípulas recibe la autoridad para perdonar los pecados. Esto corresponde a la tradición que también Mateo ha conservado en su evangelio (Mt 18,18) y que luego la Iglesia, en su proceso de clericalización (reinterpretación clerical ésta sí, impuesta con poder de coerción) fue perdiendo, pero que sí recuperaron las Iglesias Evangélicas con la Reforma Luterana, que significó un esfuerzo sincero por reconciliarse con la historia real. Entonces, en el siglo XVI todavía no era tan posible como lo es hoy, por el avance de la ciencia; Ello querría decir que el avance del conocimiento de la humanidad, nos obliga a reconciliarnos con la realidad histórica, que cada vez conocemos mejor, y nos obliga a tomar conciencia del carácter construido de nuestras interpretaciones teológicas; tradicionalmente ha sido posible convivir con creencias y elaboraciones míticas, pero cada vez se nos hace más necesario relegar las creencias y las interpretaciones al cajón de las curiosidades históricas –con frecuencia muy ricas e instructivas– para quedarnos con una visión digna de esta humanidad que vive en una sociedad de conocimiento.

En la segunda parte de este evangelio nos encontramos con el diálogo de Jesús y Tomás. Hace tres años, nuestro comentarista, en este mismo comentario a este evangelio, escribió:

«Ojos que no ven corazón que no siente», dice el refrán. Cuentan que cuando Yury Gagarin, el astronauta ruso, regresó de aquel primer paseo a las estrellas, dijo: “He andado por el cielo y no he visto a Dios”. Pobre Yury tan parecido a Tomás, que podría llamarse su mellizo.

Hoy no nos atrevemos a tratar así a Yury Gagarin, ni al llamado «ateísmo científico» que en esa anécdota él simboliza. Los cristianos hemos estado dos o tres siglos enfrentados al materialismo científico, irreconciliablemente enfrentados a su ateísmo. La Iglesia empeñada en la existencia de un Dios concebido como un Señor, creador, todopoderoso, que lee nuestras conciencias, providente, que todo lo supervisa y lo autoriza o no, que habita en el cielo, que dice, piensa, decide, se ofende, se arrepiente, perdona… Y el ateísmo científico negando la existencia de tal «Señor», de rostro y características tan antropomórficas… La fe –decíamos entonces– consiste en «creer lo que no se ve», someter nuestro entendimiento y aceptar las fórmulas de la fe de la Iglesia aunque nos parezcan increíbles… Y se nos recordaba que tendríamos más mérito que Tomás el Apóstol, que sólo creyó cuando vio…

Se acabó aquel enfrentamiento inútil, aquel diálogo de sordos en el que las dos partes sólo tenían media verdad. Tenía razón el ateísmo científico en rechazar una imagen tan cosificada (dios como un ser, como un ente) y tan antropomórfica de Dios. Reivindicaba una verdad que los cristianos no acababan de entender. Había que dar la razón a Gagarin: efectivamente, por allí no pudo ver a Dios porque ese dios-ente celestial… no existe –y si efectivamente lo hubiera visto, habría que decirle que no era Dios eso que habría visto–. La fe no consiste en imaginar o en aceptar la existencia de un Señor por encima de las nubes ni en las alturas espaciales por donde Gagarin paseó; allí efectivamente no hay nada. Podemos seguir sintiendo la presencia del Misterio, a la vez que no creemos en duendes, en espíritus ni en divinidades antropomórficas. La fe es otra cosa. No es sumisión irracional del pensamiento, ni aceptación obligada de fórmulas o dogmas, o relatos míticos. El valor ejemplar de Tomás el Apóstol metiendo sus dedos en las llagas de Jesús, decididamente, no sirve en directo como metáfora para interpretar la fe en la coyuntura actual del mundo, por mucho que la forcemos. Es necesario dar un salto hacia delante, un salto cualitativo, por el que Dios deja de ser considerado un ente, ni un Señor, ni un habitante de las alturas del cielo… y la fe deja de ser sumisión del entendimiento, humillación de la persona, renuncia a la visión de la ciencia. Se acabó el tiempo del enfrentamiento con la razón y con la ciencia. Es preciso actualizar nuestras ideas, porque, con frecuencia, al hablar de la fe seguimos repitiendo los mismos tópicos sobrepasados del «creer lo que no se ve», de renunciar a la seguridad de lo que vemos, de ofrecer «el obsequio de nuestra razón», de humillarnos ante Dios… El ateísmo científico es un problema del siglo XIX, la ciencia actual abandonó esa posición hace bastante tiempo. Seguir utilizando para hablar de la fe aquellas metáforas combativas, no sólo no nos hace bien, sino que es dañino. Leer más…

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26-4-25 II Pascua. Cónclave de Cesarea (Mc 8,27-33)

domingo, 27 de abril de 2025
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2D2F0619-DB52-4D6A-8E85-FF6D0900E238Del blog de Xabier Pikaza:

No es lo mismo pero algo se parece.  Esta mañana se ha  celebrado misa fúnebre y sepelio del Papa Francisco. El Cardenal Re ha proclamado un hermoso sermón sobre Jn 21, con la pregunta de Jesús a Pedro “¿Me amas más que éstos?”.

Este pasaje  de Cesarea (ciudad del César)  no se puede aplicar sin más al próximo cónclave vaticano, pero puede ayudarnos a plantear algunas cosas. Piensen los lectores. Buena Pascua 

Haré una lectura “fuerte” del Cónclave de Jesús del que he tratado extensamente en  Comentario de Marcos. Además, ese evangelio tiene muchas semejanzas con el de Jn 20 de este Dom II de Pascua  (las dos primeras apariciones pascuales de Jesús, una sin Tomás y otra con Tomas, con Pedro al fondo). Buen domingo II de Pascua a todos. Feliz memoria de Francisco. Empecemos a pensar en el cónclave/sínodo próximo.

Mc 8, 27-33 “Cónclave en Cesárea 

Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». 28Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». 29Él les preguntó: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy?».

Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». 30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. 31Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». 32Se lo explicaba con toda claridad.

Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. 33Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Apártate de mí detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Pedro y sus compañeros. Diálogo con Jesús.

 . La relación de Jesús con sus compañeros-amigos no fue una historia de buenos-perfectos (Jesús) y malos (los otros), sino de búsqueda y compromiso compartido, de manera que la opción de Jesús se fue fraguando en un contexto dialogal dramático, de palabra discutida y recreada (recuperada) por pascua.

Simón-Pedro y los restantes compañeros se unieron a Jesús y le siguieron porque confiaban en él y/o porque esperaban cumplir por (con) él sus expectativas de poder, pasando de la penitencia del Bautista al poder, abundancia y riqueza del Reino. En este contexto no se puede hablar de un Jesús “héroe” que sabía y hacía bien todo, pero rodeado por una “banda” de ignorantes, sin ideas ni valores (entre los que sobresalía por terquedad Simón Pedro).

Al contrario, por el hecho de que habían estado con Juan Bautista, debemos suponer que Pedro y sus compañeros tenían ideas y valores, no sólo para dialogar con Jesús, sino incluso para enfrentarse con él. No le acompañaron para obedecerle a ciegas y callar, sino para colaborar en su camino, buscando y discutiendo estrategias adecuadas. No elevamos a Jesús rebajando a sus compañeros y amigos.       En este contexto se inscribe la institución de los Doce, que constituye un elemento clave de la historia de Jesús.

13 Subió Jesús después al monte, llamó a los que quiso y fueron donde él.14 Constituyó entonces Doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a proclamar el mensaje16 Constituyó a estos Doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro…

Jesús asume con sus doce discípulos, a partir de Pedro, la promesa y camino de las tribus de Israel. No quiere volver a la historia pasada, no se limita a recordarla, sino que se decide a cumplirla en su vida, de una forma nueva, con un grupo de compañeros, a quienes convoca a su lado. Ellos no son un grupo más, sino compendio de todo Israel y de esa forma simbolizan la suerte y promesa de la historia israelita… y el camino de Jesús que les había prometido darles doce tronos reales(no como la ínsula barataria de Don Quijote a Sancho Panza). Recordemos esto: Jesús les ha prometido doce tronos, con Pedro el primero

 Cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos juzgando a las doce tribus de Israel (cf. Mt 19, 28-29; Lc 22, 30),

 Estas palabras forman el principio de la promesa de Jesús, que ha debido cambiar, transformando la visión del Hijo de Hombre de Dan 7, en un camino que va de Mc 8, 27-28 (donde empieza diciendo a Jesús que es el Mesías, interpretando su camino en forma de triunfo por lo que Cristo debe reprenderle: apártate de mí Satanás), a Mc 10, 41-45 (donde empieza a decir que el Hijo de Hombre no ha venido a que le sirvan, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.

El problema de fondo no es la  identidad y función de Pedro y sus compañeros, sino la de Jesús cuando va descubriendo  en concreto, paso a paso, que la llamada de Dios no le lleva a triunfar sobre un trono con doce paladines, sino a morir por todos, como puede interpretarse la palabra citada. Empecemos por la primera promesa de Jesús, a la que Pedro apela cuando dice a Jesús que él es el Cristo). Esto es lo que Jesús había prometido a Pedro:

 ‒ Vosotros, los que me habéis seguido. Los Doce como una corporación mesiánica con opinión y palabra. Ellos son, por un lado, hombres concretos (cf. Mt 10, 2-4) y, por otro son signo (representación) de Israel. Jesús les presenta y ellos se toman como herederos de las promesas de Israel.

En la regeneración o renacimiento (palingenesía)… Esa palabra o su equivalente forma parte de una “filosofía” o esperanza muy extendida de tipo cultural/religioso que indica la culminación del tiempo (synteleia aiônos: Mt 13, 39.40.49), indicando en lenguaje helenista la transformación mesiánica de la humanidad.

Cuando el Hijo del hombre se siente en su Trono de Gloria. Esa transformación cósmica está vinculada a la esperanza israelita de la venida del Hijo de Hombre de Dan 7, que Jesús debió compartir con sus discípulos, a quienes invitaba a formar parte de su grupos, diciéndoles “os sentaréis también vosotros sobre Doce Tronos… juzgando a las Doce Tribus de Israel, en el sentido de “tener autoridad”, salvar…

 Ahora, cuando suben a Cesárea de Felipe estos Doce de Jesús, piensan con Pedro que ha llegado la hora de los tronos. No podía ser de otra manera. Todos siguen pensando lo mismo que Pedro, menos Jesús que descubre que el camino que han tomado no es de tronos, sino de cruces.

Jesús fue viendo que su “trono” y el de de sus colaboradores no era  de triunfo sobre otros, sino de entrega de la vida e incluso de muerte. Por eso les convoca a un cónclave especial; el tema es de todos y entre todos ha de tratarse. Por eso le pregunta qué piensan de él, de su caso y, cuando Pedro le dice que es el mesías/Cristo, Jesús le contesta que se calle, que no es eso

27 Y salieron Jesús y sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Filipo y por el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo?28Ellos contestaron: Unos, que Juan Bautista; otros, que Elías o uno de los profetas. 29 El siguió preguntándoles: Y vosotros quién decís que soy yo? Pedro le respondió: Tú eres el Cristo. Pero Jesús les prohibió terminantemente que hablaran a nadie acerca de él.

 La gente de fuera anda con cábalas: Que eres un profeta, una clonación de Juan Bautismo, o un tipo distinto de profeta… Eso dicen los de fuera, pero Pedro, en nombre de los doce responde. Tú eres el Cristo, y que has venido a imponer tu poder sobre el mundo como un César más alto que el de Roma y a nosotros nos debes doce tronos, para eso los prometiste.  

Esta fue la situación, la gran disputa entre Pedro,  que exigía a Jesús que cumpliera su palabra…y la de Jesús que ahora dice que no ha venido a tomar el poder sino a dar la vida y morir por los otros.

31 Jesús empezó a enseñarles que el Hijo de hombre debía (dei) padecer mucho, que sería rechazado por los presbíteros, sumos sacerdotes y escribas; que lo matarían, y a los tres días resucitaría….32 Entonces Pedro lo tomó aparte y se puso a increparlo. 33 Pero Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:¡Apártate de mí, Satanás o piensas las cosas de Dios, sino las de los hombres (Mc 8, 31-33).

Pedro había increpado a Jesús, exigiéndole que cambie de postura, pues según piensa en ese momento, siguiendo la primera promesa de Jesús), él piensa que la iglesia mesiánica sólo se puede edificar con gran poder, no dando la vida y muriendo por los otros.

Pero Jesús rechaza a Pedro llamándole Satán (Tentador). Al principio le había dicho como a los otros tres de Mc 1, 16-20: Andrés  y Pedro, los Zebedeos) : ¡venid! (deute opisô mou: Mc 1, 17); ahora le reprende ¡apártate! (hypage opisô mou: 8, 33), en palabra de condena, añadiendo: «El Hijo del hombre debe padecer…» (8, 31), utilizando una fórmula teológica: Dei (Dios lo quiere, es necesario…), que implica la transformación (inversión) del anuncio de triunfo mesiánico que he comentado ya en Dan 7.

Un problema de fondo un problema actual

 Para algo han venido al funeral de Francisco presidentes, reyes y magnates. Además, Pedro piensa con gran parte de la Biblia (AT) que sólo puede ser Cristo es quien domina a los demás, quien conquista el reino de Dios y ofrece a sus seguidores el dominio sobre los vencidos (es decir, sobre otros grupos menos importantes). Pues bien, Jesús le responde ahora y dice que auténtico Cristo es quien sabe padecer,dejando que le derroten, quien ama en gratuidad, poniendo la vida a merced de los otros, un tema que Mt 5 ha elaborado en las antítesis, que estudiaremos en la tercera parte de este libro.

Leer más…

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“Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Domingo 2º de Pascua. Ciclo C.

domingo, 27 de abril de 2025
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thomas-et-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

NOTA PREVIA: Este domingo se conoce como de la Divina Misericordia, devoción promovida a partir de 1930 por una religiosa polaca, Sor María Faustina, e instituida como fiesta por Juan Pablo II. Ya que el tema de la misericordia divina ha sido central en la Semana Santa, me limito a comentar los textos bíblicos, centrados especialmente en la fe.]

   Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

             Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

            – Paz a vosotros.

            Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

            – Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. 

            Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

            – Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

            Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

            – Hemos visto al Señor.

            Pero él les contestó:

            – Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

            A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

            – Paz a vosotros.

            Luego dijo a Tomás:

            – Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

            Contestó Tomás:

            – ¡ Señor Mío y Dios Mío!

            Jesús le dijo:

            – ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. 

            Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Las peculiaridades de este relato de Juan

1.- El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2.- El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotro. Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3.- Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4.- La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5.- La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6.- El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

“Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”

    En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatario. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión y les da el Espíritu. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros:Dichosos los que crean sin haber visto.

    Podríamos añadir: Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Basta pensar en las desgracias que ocurren a menudo en nuestro mundo, en los grandes fallos de la Iglesia, en las luchas más o menos ocultas por el poder dentro de ella, en otros detalles contrarios al evangelio. Para muchos, estos motivos son suficientes para abandonar la Iglesia o incluso la fe. Conviene escuchar a Jesús, que nos dice: Bienaventurados los que creen a pesar de lo que ven.

Una primera lectura que hay que leer con atención (Hechos 5,12-16)

    El evangelio ha proclamado dichosos a quienes creen sin ver. La primera lectura habla de la dicha de ver milagros y beneficiarse de ellos. Comienza diciendo que “los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Y termina subrayando el papel principal de Pedro; en opinión de la gente, incluso su sombra basta para curar a alguno. Por eso le traen enfermos hasta de los alrededores de Jerusalén.

       En una lectura rápida, parece que son estos milagros los que favorecen la expansión de la comunidad cristiana (“crecía el número de los que se adherían al Señor). Sin embargo, lo que cuenta Lucas es más sutil.

       Además de los apóstoles, juega un papel capital la comunidad (los fieles se reunían en común en el pórtico de Salomón”). Y es a ella a la que se adhieren los nuevos creyentes.

       Los milagros de los apóstoles y de Pedro continúan la labor de Jesús, que “pasó haciendo el bien”. Esos enfermos se benefician de ellos, pero no entran en la comunidad cristiana. Los que pasan a formar parte de ella son los que ven la forma de vida de la comunidad. En esta época de secularización, con la disminución creciente de los cristianos, es importante recordar que el numero de los creyentes depende en gran parte del ejemplo que demos a los demás.

Por manos de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba a los enfermos a las plazas y los ponía en catres y camillas para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados.

Lectura del libro del Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19

     Durante los domingos de Pascua, la segunda lectura se toma del libro del Apocalipsis, recogiendo pasajes sueltos, sin conexión especial entre ellos. Pero el Apocalipsis de Juan es una obra muy adecuada para la época de Pascua, porque alienta la esperanza en medio de las persecuciones y asegura que el triunfo ya conseguido por Jesús repercutirá en toda la Iglesia. El fragmento de hoy constituye el comienzo (mutilado, naturalmente) de la obra.

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.

El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente, como de trompeta, que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias».

Me volví para ver la voz que hablaba conmigo y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar y ceñido el pecho como un cinturón de oro. Cuando lo vi caí a sus pies como muerto, pero él puso su mano derecha sobre mí diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto.

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II Domingo de Pascua. 24 de Abril, 2022

domingo, 27 de abril de 2025
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“En la tarde de aquel día, el primero de la semana,
y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo:
“¡La paz esté con vosotros!”

(Jn 20, 19-31)

Tal vez nos resulta una escena muy familiar la de los discípulos. Un domingo por la tarde, encerrados en casa, ellos por miedo a los judíos, nosotros por… pánico al lunes. Sí, una razón tan simple como real. Pereza, modorra, o como lo queramos llamar, por comenzar otra semana, comenzar nuestras obligaciones, trabajo, estudios, gimnasio, extraescolares de los niños, aguantar al jefe, a los compañeros, a los clientes, y así, un largo etcétera.

Aguantar a los demás. Reflexionemos un poco. Los demás. Todos, absolutamente todos formamos parte de ese “los demás” para alguien. Esto quiere decir que a ti y a mí también nos tienen que aguantar los demás; con nuestras risas y también con nuestras lágrimas; con todo lo bueno que les aportamos y también con nuestras puertas cerradas; con nuestros viernes pero también sacamos a relucir nuestras tardes de domingo… ¿nos damos cuenta de ello o solo vemos lo de “los demás”?

Y es entonces, sin duda, en nuestras lágrimas, en nuestras puertas cerradas, en nuestras tardes de domingo cuando se pone Jesús en el medio y nos dice: “¡La paz esté con vosotros!” Él llena con su presencia cualquier resquicio de temor, cualquier oscuridad.

Y ahora, otro interrogante, ¿para creernos esto nos bastan las palabras o dejamos que aparezca nuestro Tomás interior?

Oración

Jesús, tú eres nuestro Maestro, a quien seguimos.
Tú nos dices una y otra vez “dichosos los que creen sin haber visto”.
Ayúdanos a creer que estás en medio de nuestras noches dándonos paz,
en medio de nuestras tormentas, en medio de nuestras soledades.
Ayúdanos a creer que estás cuando no te vemos.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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A Jesús lo descubrieron dentro de ellos, porque empezaron a vivir lo que Él vivió.

domingo, 27 de abril de 2025
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michel-ciry_-incredulite-deDOMINGO 2º DE PASCUA (C)

Jn 20,19-31

Lo que los textos quieren expresar con la palabra resurrección, es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es algo mucho más profundo que la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que va más allá de la vida biológica, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido. El relato fue la manera de trasmitir a los demás la vivencia pascual. Lo que quieren comunicar a otros es la experiencia de que seguía vivo porque ellos vivían lo que él vivió.

La cristología de la resurrección no fue ni la única ni siquiera la primera forma de expresar la experiencia que de Jesús vivo tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron antes o al mismo tiempo que hablar de la resurrec­ción de Jesús. La primera fue Jesús juez escatoló­gico que vendría a juzgar a todos.

Otra cristología es la de Jesús taumaturgo, que manifestaba con su poder la fuerza de Dios. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la compren­sión de Jesús. Esta cristolo­gía es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que tenía.

Una tercera cristología, que tampoco se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro, que, conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría.

Ninguna de ellas hace referencia a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada como exaltación y glorificación del humillado, tomando como modelo el AT. Estas maneras de explicar su experiencia, fueros concentrándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para comunicar la vivencia pascual.

Ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe. Estos relatos se habrían elaborado poco a poco como un intento de comunicar con imágenes muy vivas y que entraran por los ojos la experiencia pascual. Esa vivencia fue fruto de un proceso interior en el que tuvo mucho que ver la comunidad reunida, como expresan los relatos.

En Jesús, al morir, no pasó nada, pero en los discípulos se dio una transformación que les hizo cambiar la manera de entender a Jesús. Ese proceso de “iluminación” de los primeros discípulos se ha perdido. No solo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque es ese mismo proceso el que tiene que realizarse en cada uno de nosotros.

La resurrección quiere expresar la idea de que su meta fue la Vida no la muerte. La misma Vida de Dios: Esto no supone la anulación de la “persona”, sino su máxima potenciación. Los relatos responden a un esquema judío que nos dan la clave de interpretación:

No dan ese paso alegremente, sino con dudas. Hoy la incredulidad se personaliza en Tomás. Tomás no era más incrédulo que los demás, insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptara la nueva realidad que les desborda.

En todas las apariciones se repite un esquema muy concreto. Todo apunta a que la experiencia no es buscada, sino que se impone. a) Una situación de la vida real. b) Jesús se presenta sin esperarlo. c) Jesús les saluda. d) Hay reconocimiento e) Reciben una misión.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La ignorancia pide pruebas.

domingo, 27 de abril de 2025
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Bulgaria.6-640x589Comentario al evangelio del domingo 27 abril 2025

Jn 20, 19-31

Está bien que la mente exija pruebas en todo lo que se refiere al mundo de los objetos, porque la experiencia nos dice que los humanos fácilmente caemos en la credulidad, dejándonos llevar por engañosos cantos de sirena.

Sin embargo, en la dimensión profunda de lo real no caben pruebas, lo cual no significa caer en una credulidad infantil. Significa permanecer en silencio y, acallada la mente, acoger lo que en el silencio se nos regala.

Es ignorancia pedir pruebas de la resurrección -como hace Tomás, en este relato-, porque supone confundir completamente los niveles o dimensiones de lo real. Parece que Tomás no practicaba mucho el silencio de la mente y eso explica que lo confundiera todo.

El silencio no pide pruebas. En realidad, no las necesita; esta necesidad es solo de la mente y del yo, en su ilusorio afán de controlar todo. El silencio nos sitúa en “otro lugar”, donde no hay preguntas ni petición de pruebas. Hay un hondo y luminoso descanso en el no-saber y acogida gozosa y agradecida de lo que ahí se nos quiera revelar.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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En una Iglesia en la que Cristo está presente hay paz, alegría y aliento vital. (Gracias, Francisco).

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0908Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre: 

01.- A la muerte del papa Francisco.

      El lunes, 21 de abril, fallecía Jorge Mario Bergoglio, obispo de Roma, papa Francisco.

        Creo que ha sido un hombre, un pastor bueno que ha intentado llevar a la iglesia por caminos más evangélicos, una iglesia más sencilla, más de los pobres y humildes, “un hospital de campaña”.

        Quizás no ha conseguido, no ha podido llevar a cabo lo que soñaba y hubiese deseado, pero nos deja su idealismo, su espíritu.

        Los historiadores y los medios de comunicación dirán muchas cosas sobre Francisco.

        Me queda y me brota un sentimiento de agradecimiento hacia su persona, hacia su espíritu eclesial.

        Como buen pastor que ha sido, descansa ya en las “verdes praderas del Reino”.

02.- La Pascua en la Iglesia actual.

        Francisco ha vivido y ha muerto en Pascua. Nosotros también vivimos y moriremos en la Pascua del Señor.

        Los textos bíblicos son siempre los mismos, también los de Pascua. Pero las situaciones tanto personales como sociales y eclesiales cambian.

        El evangelio de hoy es un relato eclesial. JesuCristo no estaba presente en aquella comunidad eclesial (joánica) naciente y, por eso, se encontraban al atardecer (sin luz y sin “luces”), encerrada, con las puertas cerradas, con miedo a la sociedad (a los judíos), sin aliento vital, sin ganas de vivir.

        ¿No ha sido esta la situación de la iglesia en el largo y tardo postconcilio? Creo que ha sido el papa Francisco el que ha intentado remontar el vuelo en los doce años de su pastoreo como obispo de Roma. Ha intentado abrir puertas y caminos.

03.- ¿Y si nos remontamos al origen?

        Una comunidad cristiana, una iglesia en la que Cristo se hace presente vive en paz, con alegría y con espíritu, aliento vital

El texto de hoy se remonta al origen, al Génesis y a la resurrección: al primer día de la semana: a la luz y a la vida.

Jesús repite sobre los discípulos las mismas palabras que Dios pronunció  sobre Adán en el Génesis

Exhaló  su aliento sobre ellos y les dijo: recibid Espíritu, Vida. (Y Adán,- el ser humano- llegó a ser viviente, la comunidad cristiana se llenó de alegría, paz e ilusión (Espíritu).

        Cuando en la Iglesia no hay paz, cuando escasea o falta el espíritu y la alegría, volvamos al Espíritu del Señor, que se cernía en el caos inicial y en el caos eclesiástico. La presencia de Cristo nos confiere paz, alegría y espíritu, aliento vital y ganas de vivir.

04.- ¿No hemos intuido una Iglesia que mira al origen?

        El contexto eclesial de Francisco ha sido más evangélico que tiempos no lejanos. El paradigma ha cambiado. Lo principal ya no es el miedo, la doctrina y la ultraortodoxia a ultranza y contra quien sea. Hemos vuelto, al menos como mentalidad, al paradigma evangélico: Cristo, los pobres, el diálogo, la sencillez. Estamos en el núcleo central del evangelio del Señor: una iglesia sencilla, pobre, abierta a todos.

Hemos escuchado y visto que lo principal y central en la Iglesia es Cristo, no la Curia, ni el Magisterio. Cristo fundamenta el ministerio eclesial del magisterio, no al revés.

Suena a evangelio en estado puro escuchar que lo principal es la caridad: los pobres: una iglesia pobre y de los pobres. Una iglesia del buen samaritano es creíble y vivible. Una iglesia del Santo Oficio es más problemática.

Los gestos de Francisco han sido de sencillez:

  • las vestimentas cotidianas.
  • la celebración del jueves santo con los presos en una u otra cárcel de Roma. ¡El lavatorio de los doce”!: lava los pies de dos muchachas, una de ellas musulmana!
  • Francisco fue amante de la libertad de conciencia. En una audiencia con periodistas les decía: “muchos de vosotros no seréis creyentes, pero igualmente os bendigo…”
  • Llama la atención que en los doce años de pastoreo de Francisco no se ha condenado a ningún teólogo.
  • Y hemos visto cómo el pastor, Francisco, no impone nada, sino que pide a su iglesia que ore por él.
  • Hemos oído hablar de la periferia y no del “centro”.
  • Hemos oído hablar con afecto de y hacia los curas, hacia los pobres y “cartoneros”, hacia los emigrantes, hacia los marginados.

05.- Tomás no estaba en el grupo.

        Las grandes cuestiones de la vida son comunitarias: la familia, el pueblo, la cultura, el idioma,  la fe, los valores.

Tomás no estaba en el grupo. Por eso se marcha y no llega a la fe.

Es muy difícil vivir fuera del grupo, de la familia, del pueblo, de la propia cultura, de la comunidad cristiana.

Tomás vuelve a un grupo que “ha visto al Señor”, es decir un grupo que vive en paz, en alegría e ilusión. Si Tomás vuelve al grupo es porque en ese grupo se puede vivir y convivir en la paz y alegría del Señor. Nadie vuelve a Egipto o a Auschwitz.

Por eso dice a Cristo: ¡Señor mío y Dios mío!

¿Por qué se ha marchado tanta gente de la Iglesia y de la fe?

        ¿Por qué, como Tomás, se ha marchado tanta gente del grupo,  de la Iglesia?

        Es cierto que la iglesia se había tornado una institución cerrada, que infundía miedo., pero no es menos cierto, que han cambiado los “dioses” y los ídolos del pueblo. Hoy decimos “Señor mío y Dios mío” al dinero, a la patria, a las armas, al placer, etc.

¿Y si la iglesia fuese un remanso de paz, de sosiego, de convivencia, de contento, de vida? ¿Quién no quiere vivir en paz y alegría?

Algo de esto ha intentado sembrar el papa Francisco,

Gracias, Francisco, y descansa en paz. Amén.

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«Que podamos creer en el testimonio de la resurrección», por Consuelo Vélez

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0911De su blog Fe y Vida:

II Domingo de Pascua (27-04-2025)

Jesús se apaerce a los suyos pero las apariciones son la forma para decirnos que Jesús ha resucitado a una nueva vida, con otras características, con el cuerpo resucitado del que habla Pablo a los Corintios

Tomás no está con ellos y es la ocasión para que él haga una profesión de fe.

Las palabras de Jesús a tomás: dichosos los que sin ver creyeron, ya no son para Tomás sino para todos los que hoy tenemos que creer sin ver.

Este tiempo pascual y estos diferentes textos de apariciones de Jesús nos ayudan a profundizar en el núcleo de nuestra fe: Jesús ha resucitado

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo:

«¡La paz esté con ustedes!».

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo:

«¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

«Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron:

– «¡Hemos visto al Señor!».

Él les respondió:

– «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo:

– «¡La paz esté con ustedes!».

Luego dijo a Tomás:

«Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».

Tomas respondió:

– «¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo:

«Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

(Juan 20, 19-31)

Este segundo domingo de Pascua continua con los textos de apariciones de Jesús a los suyos. En la vigilia pascual recordamos el texto de la tumba a la que van María Magdalena, Pedro y Juan y la encontraron vacía. Esta es otra manera de afirmar que Jesús no está entre los muertos porque ha resucitado. El evangelio de Juan, continua con la aparición a María Magdalena, pero este texto no lo ha colocado en la liturgia en este domingo, sino que pasa a la aparición a los discípulos que están encerrados por temor a los judíos.

Jesús literalmente se les aparece -no entró por la puerta- pero esto no se refiere a poderes extraordinarios de Jesús para atravesar las puertas, sino que es la forma de decirnos que Jesús, efectivamente, ha resucitado a una nueva vida, con otras características, con otro cuerpo, ese cuerpo resucitado del que Pablo le hablará a los corintios 1 Cor 15,42-44). Pero esa nueva manera de estar no está desconectada de su vida histórica y por eso les muestra sus manos y su costado. Y en esto va a consistir la afirmación de fe de los discípulos: el crucificado es el resucitado. En otras palabras, a la vida histórica de Jesús, Dios le ha dado su sí con la resurrección.

El relato continúa mostrando los dones escatológicos que trae la resurrección: la paz, el Espíritu Santo que los capacita para perdonar los pecados y el envío misionero.

Luego viene una segunda parte del texto, en la que el protagonista es Tomás que no estaba con ellos. Y lo que va a estar en juego es el creer sin ver, como lo hizo el discípulo amado en el evangelio del domingo pasado. Por eso, nuevamente el primer día de la semana, los discípulos están reunidos y esta vez si esta Tomás con ellos. Él ya había afirmado que no se iba a contentar con algún fantasma del que tal vez, él creía hablaban sus hermanos. Él quiere meter el dedo en sus clavos y la mano en su costado. Es decir, afirmar la resurrección del crucificado. En ese contexto vuelve Jesús a aparecerse a ellos y responde a la petición de Tomás. Pero lo que interesa es la frase del creer sin ver. Esta llamada ya no es para Tomás sino para todos los que hoy tenemos que creer sin ver. Recordemos que todo el evangelio de Juan quiere ser testimonio de fe para los que hemos de creer por lo que el evangelio nos relata.

Precisamente este tiempo pascual y estos diferentes textos de apariciones de Jesús nos ayudan a profundizar en el núcleo de nuestra fe: Jesús ha resucitado y nuestra vida dará testimonio o no lo dará de esta experiencia de fe. Dar testimonio del Resucitado es actuar como él actúo. De lo contrario, nuestra fe no da razón de lo que afirmamos. Que estos textos nos ayuden a renovar nuestra fe y ahondar nuestro testimonio.

(Foto tomada de: https://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/2020/04/ii-domingo-de-pascua-jesus-y-santo-tomas.html)

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“Tu signo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0884De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Abandonamos apresuradamente el sepulcro, dejando de buscar entre los muertos a uno que estuviera vivo.

O al menos así debería ser.

Así es como me gustaría que fuese. Para mí. Para ti. Por nuestras comunidades tan devotas del crucifijo y tan poco dispuestas al encuentro con el Resucitado.

Esto es lo que me gustaría en estos tiempos en que prevalecen la oscuridad y la desesperación. Y el miedo.

Porque sí, tienes razón, no es fácil convertirse a la alegría. Abandonar el dolor. No amarlo.

Creer, confiar, poder decir también que los discípulos se alegraron cuando vieron al Señor.

Esta alegría cristiana, que es tristeza superada, exige una conversión todavía más radical que el exigente camino de la Cuaresma, ¿verdad?

No te hagas la víctima, no te sientas el centro de una conspiración, deja de mendigar juicios positivos de los demás, deja de pensar que el mundo (y Dios) está en nuestra contra, trata de evitar por todos los medios el sufrimiento que la vida inevitable y necesariamente nos pone delante para poder crecer.

Todo el mundo está dispuesto a creer en Dios, siempre y cuando Él nos garantice una vida sin dolor.

O sin demasiado dolor. Muchos están dispuestos a sentarle en el banquillo de los acusados: porque Dios no detiene las guerras, después de que nosotros o nuestra indiferencia o nuestra pereza las hayamos provocado.

Hay un largo camino por recorrer.

El Gólgota y el sepulcro están a escasos metros de distancia. Pero se convierten en un abismo infranqueable si no dejamos de llorar sobre nosotros mismos, como María Magdalena, y de quejarnos, como los discípulos de Emaús.

El tiempo de Pascua es un viaje de la desesperación a la alegría.

Del miedo a la confianza. De la guerra a la paz del corazón.

Jesús ha resucitado, por supuesto. Ahora nos toca a nosotros resucitar.

Los discípulos, tanto hombres como mujeres, trabajaron duro.

Los apóstoles trabajaron duro.

Tomás luchó.

El gemelo

A Tomás le apodan Dídimo, que significa gemelo.

Tomás es semejante a nosotros, es idéntico a nosotros, nosotros somos Tomás. Yo soy Tomás.

Él es igual a nosotros en su fe sufriente, dubitativa y cojeando.

¡Cómo quisiéramos vivir la bienaventuranza que pronuncia Jesús!

¡Cómo nos gustaría, en serio, ser felices aunque no lo hayamos visto!

Para nosotros, sin embargo, la fe es más sufrimiento e inquietud que felicidad. Creemos, sí, claro, fuimos y vimos. El Evangelio se ha revelado a los ojos de nuestra alma como la respuesta más sencilla y creíble, coherente y armoniosa a las grandes preguntas de la vida.

Si Dios es bueno, ¿por qué experimentamos violencia y odio? ¿Por qué en este odio siempre sucumben los débiles y los inocentes? Si Dios es luz, ¿por qué la oscuridad ocupa tanto espacio en mis pensamientos?

Creemos, sí, pero ese dolor siempre está presente.

Tomás es nuestro gemelo en esta fe vacilante nuestra.

Pero se nos asemeja también en el sentimiento de profunda desilusión hacia los hermanos creyentes, hacia los hombres de Iglesia.

De esta Iglesia que describen como perdida, que aparece (a menudo) en problemas, que parece abrumada por los escándalos.

Los otros

¡Hemos visto al Señor! Sus amigos se lo dicen con entusiasmo.

Quizás sea admisible, pero ¿cómo puedes creerles? ¿Cómo podrán Pedro y Andrés decirle esto llenos de alegría?

Ninguno de ellos estaba presente bajo la cruz. Nadie testificó. Nadie murió por Él. Todos huyeron y toda su fe quedó destrozada ante el primer destello de la espada. Una fe falsa. Más hipócritas que los hipócritas fariseos.

Tomás se siente decepcionado y amargado consigo mismo.

Y no cree en el testimonio de quienes, como él, han mostrado toda su fragilidad disruptiva.

Él es nuestro gemelo, Tomás.

Cuando los hombres y mujeres de Iglesia nos hacen sufrir, cuando niegan las palabras que profesan, cuando dicen y no hacen. Tomás es el patrón desilusionado de tantas personas que no son capaces de ver la presencia del Resucitado en esta multitud heterogénea que somos.

Pero, a diferencia de nosotros, Tomás permanece. Él no se va dando un portazo.

Él no se siente mejor.

Permanece, en esta Iglesia inconsistente. Y lo hace muy bien. Porque Jesús viene especialmente por él.

Ocho días después.

No estaba allí la primera vez. Quizás no había pensado que fuera apropiado estar con sus amigos. Quizás se llenó de lágrimas sólo por estar en compañía. Tal vez le inquietaba el sentimiento de culpa que se había apoderado de los corazones de todos. Y así, se perdió aquel primer encuentro.

Paciencia. Dios también espera a los que llegan tarde, como él. Al igual que nosotros.

Ligereza

Aquí está el Resucitado. Ligero, bello, sereno. Él sonríe, emana una fuerza abrumadora.

Otros lo reconocen y vibran. Tomás, todavía herido, lo mira incrédulo.

El Señor se acerca ahora a él y le muestra las palmas de sus manos traspasadas.

«Tomás, sé que has sufrido mucho. Yo también he sufrido mucho: mira aquí».

Y Tomás cede. La ira, el dolor, el miedo y la confusión se derriten como la nieve al sol.

Ahora cae de rodillas y besa esas heridas y llora y ríe.

“¡Mi Señor! ¡Dios mío!”

Pronuncia la primera profesión de fe de un creyente. La más desafiante.

La más grande.

Creer sin ver no es creer sin ninguna evidencia.

Pero la prueba que Jesús da a Tomás es inesperada: el dolor compartido.

La fe dolorosa que llevamos en el corazón, las preguntas que a veces se convierten en dudas insoportables, pero sólo quien duda cree, son compartidas por el Señor. Es un dolor sano, una inquietud sana que nos lleva a escarbar en la vida, a no vivirla resignadamente, a mirar más allá.

La prueba más espectacular de la resurrección de Cristo: sus manos traspasadas, como traspasados están nuestros ojos y nuestros pensamientos.

Hasta aquí llega la misericordia de Dios.

Esta es la señal que cambió a Tomás. Y a muchos otros que no se no ha contado, escribe Juan.

Recuerda cuál fue tu signo.

Recuerda cómo descubriste que eras amado.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el II Domingo de Pascua, 27 de abril de 2025

1.- Aquella paz que fluye de las heridas.

2.- En el corazón del cielo nuestro alfabeto del amor.

3.- Aquella presencia y aquella voz que nos hacen rendirnos.

4.- La Resurrección no cancela la cruz, culmen del amor.

5.- La invitación del Resucitado a superar las barreras.

6.- Tu signo.

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Ellas en marcha, ellos encerrados

lunes, 8 de abril de 2024
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IMG_3984II Domingo de Pascua-2024
Ellas en marcha, ellos encerrados
Versión femenina, libre y comunitaria

Mari Paz López Santos
Madrid.

ECLESALIA, 07/04/24*.- Ellas se pusieron en marcha temprano. No podían esperar. La noche, aliada, les regalaba todavía los reflejos de la luna que ya había empezado su repliegue. Conjugaron la prisa con las ojeras producidas por la falta de descanso y el cansancio del dolor vivido que seguía atenazando sus corazones.

¡Hay tanto movimiento en los inicios de la Pascua! ¡Hay tantos sentimientos contrarios! Miedo y alegría. Sorpresa y postración. Temor y consuelo. Intermediación y envío.

Suena un nombre “¡María!”, desaparece el temor y los pies se ponen de nuevo en marcha: hay una misión… y es comunitaria.

¡Cuánta Vida en los inicios de la Pascua!

Ellos… ¿Dónde están ellos? Paralizados por el temor. Encerrados por miedo a ser reconocidos y cerrándose a la novedad que cambiaría sus vidas tanto individual como comunitariamente. Incrédulos del mensaje de las mujeres y de los dos de Emaús. ¡No había nada que hacer!

Ellas no tenían voz en aquella sociedad, por tanto su palabra tampoco tenía credibilidad para aquellos con los que habían caminado siguiendo al Maestro.

Ellos si la tenían, pero de nada les servía. El pánico les había arrebatado la confianza en Aquel a quien siguieron hasta que los problemas empezaron, y el espanto, de lo que creyeron era el punto final, la muerte de Jesús, les arrastró al agujero negro de la desesperanza.

Ardua tarea que, aquella incipiente y pequeña comunidad aterrorizada, se dejara modelar por el testimonio de las mujeres y de los dos caminantes deprimidos. No fue suficiente.

Ellos necesitaron varias apariciones en directo y una buena regañina por “su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado”. Necesitaron encontrarle en su territorio cotidiano, entre barcas, peces y brasas encendidas en la orilla. “Es el Señor” dijo aquel discípulo.

Ellos, en su encierro, escucharon reiteradamente: “Paz a vosotros”… y, como no estaban abiertos a creer, les mostró sus manos y el costado como pruebas visibles. ¡Ahora sí, la alegría lleno sus corazones y recibieron el impulso del Espíritu para implicarse y contar al mundo lo que ellos se habían resistido a creer.

No quedó aquí la cosa porque faltaba uno, Tomás, que no se lo puso fácil a sus compañeros. Tuvieron que asumir la misma incredulidad y resistencias que ellos habían tenido y que eran idénticas a las del recién llegado. Él pedía datos científicos claros y contundentes. Como dice el refrán: “Si no lo veo, no lo creo”.

Amor incuestionable. Paciencia infinita. Volvió Jesús ofreciendo de nuevo paz y datos. Poniendo todo su empeño en que la comunidad, ellas y ellos, fueran a contar al mundo lo que el Espíritu les decía por dentro: ¡Sal y cuéntalo!

*Hoy, 7 de abril de 2024, se cumplen 20 años de la publicación de mi primer escrito en ECLESALIA. Aquel día era Viernes Santo y hoy II domingo de Pascua.

Mi agradecimiento a César y Cristina (y sus “becarios”) por esta gran posibilidad de publicar todo lo escrito. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS…

MARI  PAZ

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“Recorrido hacia la Fe”. 2º de Pascua – B (Juan 20,19-31)

domingo, 7 de abril de 2024
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Estando ausente Tomás, los discípulos de Jesús han tenido una experiencia inaudita. En cuanto lo ven llegar se lo comunican llenos de alegría: «Hemos visto al Señor». Tomás los escucha con escepticismo. ¿Por qué les va creer algo tan absurdo? ¿Cómo pueden decir que han visto a Jesús lleno de vida, si ha muerto crucificado? En todo caso, será otro.

Los discípulos le dicen que les ha mostrado las heridas de sus manos y su costado. Tomás no puede aceptar el testimonio de nadie. Necesita comprobarlo personalmente: «Si no veo en sus manos la señal de sus clavos… y no meto la mano en su costado, no lo creo». Solo creerá en su propia experiencia.

Este discípulo, que se resiste a creer de manera ingenua, nos va a enseñar el recorrido que hemos de hacer para llegar a la fe en Cristo resucitado a los que ni siquiera hemos visto el rostro de Jesús, ni hemos escuchado sus palabras, ni hemos sentido sus abrazos.

A los ocho días se presenta de nuevo Jesús. Inmediatamente se dirige a Tomás. No critica su planteamiento. Sus dudas no tienen para él nada de ilegítimo o escandaloso. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le entiende y viene a su encuentro mostrándole sus heridas.

Jesús se ofrece a satisfacer sus exigencias: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano, aquí tienes mi costado». Esas heridas, antes que «pruebas» para verificar algo, ¿no son «signos» de su amor entregado hasta la muerte? Por eso Jesús le invita a profundizar más allá de sus dudas: «No seas incrédulo, sino creyente».

Tomás renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo experimenta la presencia del Maestro, que lo ama, lo atrae y le invita a confiar. Tomás, el discípulo que ha hecho un recorrido más largo y laborioso que nadie hasta encontrarse con Jesús, llega más lejos que nadie en la hondura de su fe: «Señor mío y Dios mío». Nadie ha confesado así a Jesús.

No hemos de asustarnos al sentir que brotan en nosotros dudas e interrogantes. Las dudas, vividas de manera sana, nos rescatan de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, sin crecer en confianza y amor. Las dudas nos estimulan a ir hasta el final en nuestra confianza en el Misterio de Dios encarnado en Jesús.

La fe cristiana crece en nosotros cuando nos sentimos amados y atraídos por ese Dios cuyo rostro podemos vislumbrar en el relato que los evangelios nos hacen de Jesús. Entonces, su llamada a confiar tiene en nosotros más fuerza que nuestras propias dudas. «Dichosos los que crean sin haber visto».

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José Antonio Pagola

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“Porque me has visto, Tomás, has creído, -dice el Señor-. Dichosos los que crean sin haber visto”. Domingo 07 de abril de 2024. Domingo segundo de Pascua

domingo, 7 de abril de 2024
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28-pasuaB2 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 4,32-35: Todos pensaban y sentían lo mismo:
Salmo responsorial: 117: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
1Juan 5,1-6. Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.
Juan 20,19-31: Porque me has visto, Tomás, has creído, -dice el Señor-. Dichosos los que crean sin haber visto.

Tras la muerte de Jesús, la comunidad se siente con miedo, insegura e indefensa ante las represalias que pueda tomar contra ella la institución judía. Se encuentra en una situación de temor paralela a la del antiguo Israel en Egipto cuando los israelitas eran perseguidos por las tropas del faraón (Éx 14,10); y, como lo estuvo aquel pueblo, los discípulos están también en la noche (ya anochecido) en que el Señor va a sacarlos de la opresión (Éx 12,42; Dt 16,1). El mensaje de María Magdalena, sin embargo, no los ha liberado del temor. No basta tener noticia del sepulcro vacío; sólo la presencia de Jesús puede darles seguridad en medio de un mundo hostil.

Pero todo cambia desde el momento en que Jesús –que es el centro de la comunidad- aparece en medio, como punto de referencia, fuente de vida y factor de unidad.

Su saludo les devuelve la paz que habían perdido. Sus manos y su costado, pruebas de su pasión y muerte, son ahora los signos de su amor y de su victoria: el que está vivo delante de ellos es el mismo que murió en la cruz. Si tenían miedo a la muerte que podrían infligirles “los judíos”, ahora ven que nadie puede quitarles la vida que él comunica.

El efecto del encuentro con Jesús es la alegría, como él mismo había anunciado (16,20: vuestra tristeza se convertirá en alegría). Ya ha comenzado la fiesta de la Pascua, la nueva creación, el nuevo ser humano capaz de dar la vida para dar vida

Con su presencia Jesús les comunica su Espíritu que les da la fuerza para enfrentarse con el mundo y liberar a hombres y mujeres del pecado, de la injusticia, del desamor y de la muerte. Para esto los envía al mundo, a un mundo que los odia como lo odió a él (15,18). La misión de la comunidad no será otra sino la de perdonar los pecados para dar vida, o lo que es igual, poner fin a todo lo que oprime, reprime o suprime la vida, que es el efecto que produce el pecado en la sociedad.

Pero no todos creen. Hay uno, Tomás, el mismo que se mostró pronto a acompañar a Jesús en la muerte (Jn 11,16), que ahora se resiste a creer el testimonio de los discípulos y no le basta con ver a la comunidad transformada por el Espíritu. No admite que el que ellos han visto sea el mismo que él había conocido; no cree en la permanencia de la vida. Exige una prueba individual y extraordinaria. Las frases redundantes de Tomás, con su repetición de palabras (sus manos, meter mi dedo, meter mi mano), subrayan estilísticamente su testarudez. No busca a Jesús fuente de vida, sino una reliquia del pasado.

Necesitará para creer unas palabras de Jesús: «Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel». Tomás, que no llega a tocar a Jesús, pronuncia la más sublime confesión evangélica de fe llamando a Jesús “Señor mío y Dios mío”. Con esta doble expresión alude al maestro a quien llamaban Señor, siempre dispuesto a lavar los pies a sus discípulos y al proyecto de Dios, realizado ahora en Jesús, de hacer llegar al ser humano a la cumbre de la divinidad realizado ahora en Jesús (Dios mío)..

Pero su actitud incrédula le merece un reproche de parte de Jesús, que pronuncia una última bienaventuranza para todos los que ya no podrán ni verlo ni tocarlo y tendrán, por ello, que descubrirlo en la comunidad y notar en ella su presencia siempre viva. De ahora en adelante la realidad de Jesús vivo no se percibe con elucubraciones ni buscando experiencias individuales y aisladas, sino que se manifiesta en la vida y conducta de una comunidad que es expresión de amor, de vida y de alegría. Una comunidad, cuya utopía de vida refleja el libro de los Hechos (4,32-35): comunidad de pensamientos y sentimientos comunes, de puesta en común de los bienes y de reparto igualitario de los mismos como expresión de su fe en Jesús resucitado, una comunidad de amor como defiende la primera carta de Juan (1 Jn 5,1-5).

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Dom 2 Pascua. Pon tu mano en mi llaga. Inmersión mística y liberación pascual (Jn 20,19-31)

domingo, 7 de abril de 2024
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IMG_3982Del blog de Xabier Pikaza:

He comentado este evangelio en varios libros  sobre la vida de Jesús y el origen pascual de la Iglesia. Su tema  de fondo aparece en otros  lugares de la Biblia, especialmente en Hch 17 (discurso del Areópago), donde Pablo nos pasa de una mística de inmersión (en Dios vivimos, nos movemos y somos) a una  de Pascua (Dios muere en Cristo, para que  resucitamos con él, amando a los hermanos).

Tema de fondo y división 

Conforme a la tradición cristiana, Tomás es el apóstol “gnóstico”, autor de un famoso evangelio espiritual que no ha sido aceptado por iglesia (ha quedado como apócrifo). Tres son sus problemas de fondo:

  • Cree en un Cristo espiritual, signo de la hondura sagrada del hombre, no en Jesús crucificado por compromiso de amor y liberación hasta la muerte; no vive inmerso en la llaga sangrante de la historia humana
  • Vive su religión por libre, sin compromiso de comunión real con otros hombres y mujeres. No forma parte de una comunidad liberadora, de entrega mutua y de amor concreto a los pobres.
  • No cree, por tanto, en la resurrección, en la transformación real de la historia humana… sino en la hondura misteriosa de su vida.

El texto bíblico más parecido al de esta “conversión de Tomás”, según el evangelio de Juan, es el Discurso de Pablo en el Areópago (Hch 17). Según el evangelio de Juan, Tomás se convierte, entra en la iglesia de los que confiesan la muerte y resurrección carnal/social de Jesús. Por el contrario, conforme al discurso del Areópago, la mayoría de los atenienses se ríen de Pablo… y le dejan a solas, con sólo dos que acogen su camino: un tal Dionisio (el areopagita) y Dámaris, una mujer de la que no sabemos nada más. En la reflexión que sigue voy a mostrar, en forma casi telegráfica los cuatro momentos principales del discurso de Pablo:

  1. El Dios desconocido (Agnostô Theô). Los atenienses sabios no son ateos, sino “agnósticos”; no conocen al Dios verdadero de Cristo. Adoran a un Dios que no conocen, que se identifica en el fondo con su propio orgullo o ignorancia.
  2. La tarea: Habitar en el mundo (en un tiempo y un espacio), buscar a Dios, que se identifica en el fondo con buscar a Dios, que es nuestra respiración vital
  3. Mística de inmersión: En Dios vivimos, nos movemos y somos, que Dios sea en nosotros, que seamos nosotros en él. Valor y limitación de esta mística.
  4. Experiencia cristiana de Pascua: El Dios que muere y resucita en el hombre… , el hombre que resucita en Dios. El Dios de la pascua de Jesús, de la llaga de la historia (es el tema de Tomás, en Jn 20); los hombres como seres mortales en Dios, en sí mismos.

 1. DEL DIOS DESCONOCIDO (AGNOSTÔ THEÔ) AL HOMBRE DESCONOCIDO (AGNOSTÔ ANTHROPÔ)

 Los atenienses sabios no son ateos, sino “agnósticos”; no conocen al  Dios verdadero de Cristo (no conocen al hombre verdadero: agnosto anthropo). Adoran a un Dios que ignoran, que, según Pablo, se identifica en el fondo con su propio orgullo o ignorancia. Buscan a un hombre que no saben quién es, cómo es. Dicen que Diógenes de Sínope paseaba con un candil, día y noche, por Atenas, buscando a un hombre. Así empieza diciendo el texto:

Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. 23Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido” (Hech 22).

Este discurso que Lucas ha introducido en su historia de Pablo (Hch 17) comienza con una referencia al Dios Desconocido, cuyo altar había visto paseando por las calles de Atenas, que no se define ya como ciudad del conocimiento (gnosis), sino del desconocimiento. Los atenienses, los más sabios de los sabios del mundo,  desconocen a Dios (a pesar de su Partenón: Templo de las doncellas divinas de Atenea), a pesar de la diosa Atenea y del Areópago (tribunal del Dios Ares/Marte).

Siendo honrados como son, ellos han elevado un pequeño altar, en un cruce de calles, dedicándolo al Dios desconocido, que es en el fondo el hombre desconocido. Significativamente, no se ha encontrado entre las ruinas de Atenas un altar con ese título (al Dios desconocido), pero sí un altar semejante, titulado A los dioses desconocidos (Agnostois theois). Pero Lucas, autor de este discurso de Pablo no ha puesto “dioses desconocidos”, porque para él (de raza judía) no hay dioses, sino un solo Dios, al que los atenienses de todas las escuelas (platónicos y aristotélicos, estoicos, epicúreos y cínicos etc.) desconocen. El tema es que, si desconocen a Dios (lo divino, el sentido de la vida) desconocen también a los hombres…

Atenas, la ciudad de la cultura antigua, lo mismo que el mundo actual (año 2024) es un enorme monumento dedicado al hombre desconocido. Así comienza el discurso.

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2. TAREA DEL HOMBRE: HABITAR EN EL MUNDO, BUSCAR A DIOS (SIENDO ALIENTO DIVINO).

Pablo sabe que el título anterior (al Dios desconocido, al hombre desconocido) es un título parcial y limitado, pues los atenienses (y en el fondo todos los hombres) conocen de alguna forma a Dios (a lo divino) y al hombre (la tarea humana). Habitar en el mundo (en un tiempo y un espacio), buscar a Dios, que se identifica en el fondo con buscar a Dios, que es nuestra respiración vital. Por eso sigue diciendo, como hombre culto, resumiendo la historia y la identidad de los hombres (entre los que incluye, implícitamente a los orientales de la India: Budistas, hindúes):

Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo. 24El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, 25ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo.26De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, 27con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban.

Discurso teísta, Dios hacedor. Como judío que dialoga con el pensamiento, vida e historia de la humanidad, Pablo empieza hablando de Dios (ὁ Θεὸς), pero no del “dios desconocido” del altar de Atenas, sino del Dios-divinidad que todos los pueblos conocen…

Según Pablo , desde una perspectiva judía, ese Dios es conocido, y lleva artículo personal (el Dios)…,  pero en un sentido extenso, más que “Dios concreto”, es lo divino, lo sagrado, el espíritu/vida presente en todo lo que alienta y vive.  Ese dios es “hacedor” (ὁ ποιήσας). No tiene por qué ser “creador” de la nada, sino aquello/aquel del que todo proviene, que todo lo sustenta. Puede ser aliento cósmico, materia primigenia, pensamiento originario, energía… Quizá pudiéramos llamarle “el ser de todo lo que existe”, porque en el principio de lo que somos hay un tipo de ser/realidad (no la pura nada).

  1. Dios, vida y aliento de los hombres. Acotando el ancho espacio del “ser” de todo lo que existe, Pablo define lo divino como aquello/aquel que da (concede) a todas las cosas y en especial a los hombres la vida, la respiración y todas las cosas… (ζωὴν καὶ πνοὴν καὶ τὰ πάντα). Esas tres “cosas” están claramente delimitadas:
  2. Lo divino es la vida de todas las cosas: El cosmos entero es una realidad viva, habitada por lo divino, como han sabido y saben las “religiones cósmicas”, como sabe y dice un tipo de ecología moderna.
  3. Lo divino es en especial la respiración (el aliento vital, el “espíritu”) de platas, animales y hombres. Las religiones americanas llamaban a Dios “el gran Espíritu”, por su parte, los pueblos de Oriente han identificado a Dios con la respiración, de manera que la religión es una experiencia de inmersión cósmico-divina de tipo respiratorio (yoga). Es casi seguro que Pablo está pensando en un tipo de budismo que ha llegado a las fronteras del imperio romano.
  4. Dios, impulso, identidad y tarea de todos los pueblos (de la historia humana). Esto es lo que a Pablo, como judío que dialoga con la cultura universal, le importa más: La presencia de Dios en la historia humana, como indico a continuación:

  Pablo ha presentado a Dios como hacedor universal (poiesas), añadiendo que los hombres en general le conocen, pero sólo de un modo aproximado, aunque él es quien nos concede a todos vida, es decir, respiración, de manera que podemos decir que somos aliento de Dios, y que él es respiración o espíritu de todo lo que existe.

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Una aparición muy peculiar. Domingo 2º de Pascua. Ciclo B.

domingo, 7 de abril de 2024
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IMG_3934Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Domingo 2º de Pascua. Ciclo B.

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «Paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «No temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 4,32-35

Efecto de la resurrección en la comunidad cristiana, insistiendo en compartir los bienes.


En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

2ª Lectura: Primera carta de san Juan 5,1-6

Consecuencias para el cristiano de la fe en Jesús Mesías: 1) se convierte en hijo de Dios, ha nacido de él; 2) ama a Dios; 3) ama a los hijos de Dios (en esto consisten “sus mandamientos”, de hecho, uno solo: “amaos unos a otros como yo os he amado”); 4) vence al mundo, que niega que Jesús es el Hijo de Dios, o la realidad de su muerte; el Espíritu testimonia que “vino con agua y sangre”.

Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

José Luis Sicre

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07 Abril, 2024. II Domingo de Pascua, Divina Misericordia

domingo, 7 de abril de 2024
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La paz esté con vosotros”

(Jn 20, 19-31 )

En este Segundo domingo de Pascua nos encontramos a Jesús deseando la paz a sus discípulos. Y lo hace en tres ocasiones… por si se despistaban en la primera…

El Evangelio comienza: “al atardecer de aquel día”. El mismo domingo en que Pedro y Juan vieron el sepulcro vacío, en que María de Magdala se encontró con Jesús Resucitado y le confundió con el jardinero… Aquel día, al atardecer, cuando comenzaba la oscuridad, estaban encerrados, paralizados por el miedo ¿De qué nos inmoviliza nuestro miedo?

Jesús se presenta en medio de los discípulos (hombres y mujeres). Ya no se aparece solo a María. Se hace presente ante la comunidad. Quiere transmitir su mensaje a todas las personas que le han estado siguiendo.

Y les dice paz a vosotros. En la actualidad parece que esta palabra tiene el significado de ausencia de guerra. Pero estamos tan necesitadas… La humanidad grita paz; nuestras sociedades, familias y comunidades, la buscamos en el trabajo, en nuestra forma de relacionarnos… Anhelamos paz en nuestras entrañas, allí donde nos encontramos con Dios…

Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”. El aliento, en la Biblia, nos habla de vida. En el Génesis, en la Creación del hombre, podemos leer: “Dios sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Jesús quiere transmitirse, entregar su Espíritu Santo, a los discípulos a través de esa expiración…

Los discípulos, al ver al Señor, se llenan de alegría. Existe un gran contraste con el miedo anterior. El encuentro con Jesús Resucitado cambia la vida.

Esa paz que les transmite… La tercera vez (el número tres en las Biblia nos habla de plenitud) que Jesús lo repite es cuando la comunidad está completa, cuando Tomás también se encuentra reunido con los discípulos. A veces, cuando las cosas no son como nos gustarían, tenemos la tentación de huir, ya sea físicamente, emocionalmente, mentalmente… Es en comunidad donde recibimos la paz, donde somos enviadas, donde Jesús nos entrega la Santa Ruah.

Oración

Trinidad Santa, sopla tu aliento de vida sobre nosotras. Entréganos tu paz.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús VIVE la Vida verdadera a pesar de la muerte.

domingo, 7 de abril de 2024
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Jn 20,19-31

Este relato es la clave para entender el mensaje teológico de todas las apariciones pascuales. No pretenden decirnos qué pasó sino transmitirnos su propia vivencia interior. La experiencia pascual demostró que solo en la comunidad se descubre la presencia de Jesús vivo. La comunidad es la garantía de la fidelidad a Jesús. Es la comunidad la que recibe el encargo de predicar. La misión de anunciar el evangelio no se la han sacado ellos de la manga, sino que es un mandato que reciben de Jesús.

Juan es el único que desdobla el relato de la aparición a los apóstoles. Con ello personaliza en Tomás el tema de la duda, que es capital en todos los relatos de apariciones. “El primer día de la semana”. Jesús está ya fuera del tiempo y el espacio. Para él ya no hay días ni meses ni cuarentenas. En él no puede pasar nada, porque para que pase algo se necesita el tiempo y el espacio. Lo último que pasó en Jesús fue su muerte. Más allá de ella entra en la eternidad donde nada puede pasar.

Jesús aparece en el centro como factor de unidad. La comunidad está centrada en Jesús. No atraviesa la puerta o la pared, no recorre ningún espacio; se hace presente en medio de la comunidad. El saludo elimina el miedo. Las llagas, signo de su entrega, evidencian que es el mismo que murió en la cruz. La verdadera Vida nadie pudo quitársela a Jesús. La permanencia de las señales de muerte, indica la permanencia de su amor. Garantiza, además, la identificación del resucitado con el Jesús crucificado.

El segundo saludo les refuerza para la misión. Les ofrece paz para el presente y para el futuro. En los relatos de apariciones la misión es algo esencial; los había elegido para llevarla a cabo. La misión deben cumplirla, demostrando un amor total, semejante al suyo. Si toman conciencia de que poseen la verdadera Vida, el miedo a la muerte biológica desaparecerá por completo. La Vida que él les comunica es definitiva.

El verbo soplar, usado por Juan, es el mismo que se emplea en Gn 2,7 para indicar que Dios comunicó vida al monigote de barro que había fabricado. Con aquel soplo el hombre barro se convirtió en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da otra Vida. Se trata de la nueva creación del hombre. La condición de hombre-carne se transforma en hombre-espíritu. Esa Vida es la capacidad de amar como ama Jesús. Les saca de la esfera de la opresión y les hace libres (quita el pecado del mundo).

El Espíritu es el criterio para discernir las actitudes que se derivan de esa Vida. Debemos tener cuidado de no hacer decir a los textos lo que no dicen. El Espíritu no es la tercera persona de la Trinidad. Se trata de la Fuerza que les capacita para la misión. Del mismo modo, deducir de aquí la institu­ción de la penitencia es ir mucho más lejos de lo que permite el texto. El concepto de pecado que tenemos hoy no se elaboró hasta el s. VII. Lo que se entendía entonces por pecado era algo muy distinto.

En la comunidad quedará patente el pecado de los que se niegan a dar su adhesión a Jesús. Para Juan, el único pecado es la opresión, es decir la falta de amor. Ni Dios, ni Jesús, ni la comunidad condenan tienen que condenar a nadie. La sentencia se la da a sí mismo cada uno con su actitud. El Espíritu capacita a la comunidad para discernir la autenticidad de los seguidores de Jesús y salir del ámbito de la injusticia al del amor.

La referencia a «Los doce» designa la comunidad cristiana como heredera de las promesas de Israel. Tomás había seguido a Jesús, pero, como los demás, no le había comprendido del todo. No podían concebir una Vida definitiva que permanece más allá de la muerte. Separado de la comunidad, no tiene la experiencia de Jesús vivo. Una vez más se destaca la importancia de la experiencia compartida en comunidad.

Hemos visto al Señor. No se trata de una visión ocular sino de la constatación de una presencia de Jesús que les ha trasformado porque les comunica Vida. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que brilla en la comunidad. El relato insiste, porque al tratarse de una vivencia, no puede ser demostrada. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. A pesar de todo, los testimonios no pueden suplir la experiencia; sin ella Tomás es incapaz de dar el paso.

A los ocho días… Cuando se escribe este texto, la comunidad ya seguía un ritmo semanal de celebraciones. Jesús se hace presente en la celebración comunitaria, cada ocho días. La nueva creación del hombre que Jesús ha realizado durante su vida, culmina en la cruz el día sexto. Estaban reunidos dentro, en comunidad, es decir, en el lugar donde Jesús se manifiesta, en la esfera de la Vida, opuesto a «fuera«, el lugar de la muerte. Tomás, reintegrado a la comunidad, puede experimentar lo que no creyó.

La respuesta de Tomás es extrema, igual que su incredulidad. Al llamarle Señor, reconoce a Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Al decir “mío” expresa su cercanía. Jesús ha cumplido el proyecto, amando como Dios ama. “Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros”. “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Dándoles su Espíritu, Jesús quiere que ese proyecto lo realicen también todos los suyos y lo manifiesten con el amor como él lo manifestó.

Tomás tiene ahora la misma experiencia de los demás: Ver a Jesús en persona. El reproche de Jesús se refiere a la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Pero la adhesión no se da al Jesús del pasado, sino al Jesús presente, que es a la vez, el mismo y distinto. El marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo.

La experiencia de Tomás no puede ser modelo. El evangelista elabora una perfecta narración de apariciones y a continuación nos dice que no es esa presencia externa la que debe llevarnos a la fe. La demostración de que Jesús está vivo tiene que ser el amor manifestado. La advertencia es para los de entonces y para todos nosotros. El mensaje queda abierto al futuro. Muchos seguirán creyendo, aunque no lo vean.

El mensaje para nosotros hoy es claro: Sin una experiencia personal de Vida, llevada a cabo en el seno de la comunidad, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora les está comunicando. Para nosotros se trata del paso del Jesús aprendido al Jesús experimentado y manifestado en la entrega a los demás. Sin ese cambio, no hay posibilidad de entrar en la dinámica de la Vida. Que Jesús siga vivo no significará nada para mí, si yo no vivo su misma Vida.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Apariciones

domingo, 7 de abril de 2024
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IMG_3933Jn 20, 19-31

«Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído»

No son pocos los que identifican al “autor” del cuarto evangelio con Juan Zebedeo, y a Juan Zebedeo con el discípulo amado. Esto significaría que el cuarto evangelio habría sido escrito (o inspirado) por alguien muy cercano a Jesús, tanto, que según los especialistas alguno de sus pasajes parece estar escrito por el protagonista del hecho que se narra. A pesar de lo subido de su teología y de su aparente desconexión con la realidad, cuando se trata de precisar detalles, los exégetas otorgan a Juan más credibilidad que a los sinópticos.

Un ejemplo lo tenemos en la escena que describe el encuentro de Jesús con Juan y Andrés a orillas del Jordán en el entorno del bautista. En ella Juan apostilla: «Serían las cinco de la tarde» … y esta precisión es tan personal, que señala a un testigo presencial tan impactado por Jesús, que mucho después se acuerda hasta de la hora en que se produjo el encuentro.

Otro ejemplo lo tenemos en el relato del sepulcro vacío. María Magdalena encuentra la losa removida, piensa desconsolada que se han llevado al Señor, corre hacia el cenáculo, se encuentra con Pedro y Juan que salen corriendo a ver lo ocurrido. Juan es más joven, corre más y llega el primero, pero se queda en la puerta hasta que entra Pedro. Luego entró él, “vio y creyó”. Y este relato, y sobre todo esta expresión, sólo se entiende si está escrito por el propio protagonista. Difícilmente cabe otra lectura.

Este preámbulo pretende resaltar que es ese mismo discípulo tan cercano a Jesús, quien relata en su evangelio al menos dos ocasiones en que Jesús se mostró vivo tras su muerte (una tercera en el capítulo 21 añadido más tarde), por lo que no se trata del testimonio de un apologeta tratando de promover la fe de la gente, sino de un testigo presencial. Juan estaba allí, en el cenáculo, y narra lo que narra… ¿Por qué?

A los cristianos del siglo XXI no nos gustan los milagros, nos desconciertan e incluso nos contrarían. Nos parece que introducen en los evangelios elementos mágicos que les quitan credibilidad, y en muchas ocasiones preferiríamos que no estuvieran allí. Sin embargo, están ahí, y si los quitamos hacemos otros evangelios y, por tanto, otro Jesús. Lo mismo ocurre con los relatos de la Resurrección, y preferimos interpretarlos como profesiones de fe en el crucificado ajenas a cualquier hecho tangible sucedido.

La exégesis independiente alienta esta interpretación de los textos de la Resurrección, pero habría que preguntarse por el hecho (tangible o intangible) que provocó esa fe arrolladora que llevó a sus discípulos a afirmar, y apostar su vida en ello, que Jesús se había mostrado vivo tras su muerte; que les dio la fuerza necesaria para salir en tromba a proclamar su fe en el resucitado y soportar, quizá como nadie en la historia, la persecución, la tortura y la muerte por mantenerse fieles a ella.

Decía Guillermo de Occam que la explicación más sencilla suele ser la más acertada, y yo me inclino a creer que Jesús se mostró fehacientemente vivo tras su muerte.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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En casa.

domingo, 7 de abril de 2024
Comentarios desactivados en En casa.

0703still-doubting-jn-granville-gregory2º Domingo de Pascua.

Jn 20, 19-31

Está claro que todo escrito está dirigido a un destinatario. ¿Quiénes son los destinatarios de Juan 20,19-31? El último versículo nos da la clave: quienes lean estos relatos serán partícipes de la dinámica de la fe que aquí se narran. Al igual que los discípulos han recibido al Espíritu, al igual que Tomas ha tocado al Señor resucitado, quienes creen en lo que aquí se cuenta tienen la vida del resucitado. Hemos de releer este texto, conscientes de que fue escrito para que cuando los leamos o escuchemos, entremos a formar parte de la realidad que se narra. Para comprenderlo es necesario hacer caso a la intencionalidad del texto (esto con una hermenéutica performativa, colectiva y ritual). Veamos algunos detalles del relato:

Los discípulos se reúnen al anochecer en una casa. El miedo les hace cerrar las puertas para aislarse, protegerse. En contraste con el miedo Jesús en medio les ofrece paz. Una paz que no es solo individual, sino que es algo que se ofrece y que se recibe; es una forma de relación que pide apertura, comunicación, disponibilidad. Vemos entonces un cambio radical de actitud; del miedo se pasa a la comunicación, al encuentro. Fruto de la paz compartida será la alegría y la presencia del Espíritu que posibilita la vocación (como enviados) y el perdón recíproco.

Es llamativo que incluso después de este proceso (tan acelerado y condensado) volvamos a encontrar a los mismos personajes ahora junto a Tomas en una situación parecida: “dentro” y “estando cerradas las puertas”. Pero con algunas diferencias sustanciales: no “tenían miedo” y no se dice nada de una casa. Podríamos suponer que pasamos de estar en “una” casa a estar en casa. El espacio “dentro y juntos” se vuelve habitable.

El contexto del anochecer, del día primero de la semana y de las casas o de un “dentro” como lugar de reunión puede tener connotaciones rituales o por lo menos indicios de cierta forma de agrupación de las primeras comunidades en actitud de interpelación, de apertura, de espera… que tiene la respuesta de la presencia, la comunión, el sentido… El texto es manifiestamente comunitario y colectivo y las imágenes son claras: la presencia del resucitado elimina el miedo que encierra y aísla y habilita para el diálogo y la paz. La vida se sigue ofreciendo en medio de colectivos abiertos a la trascendencia, incluso o sobre todo de aquellos que han sufrido o sufren persecuciones o exclusiones o que están en los márgenes de la sociedad. La paz que brota de la resurrección sigue gestando espacios habitables y nos permite volver a estar en el mundo como en nuestra casa.

Paula Depalma

 Fuente Fe Adulta

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