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Archivo para domingo, 15 de junio de 2025

Relación de Comunión

domingo, 15 de junio de 2025
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Maurice Zundel escribió páginas emocionantes sobre el corazón humano, este espacio donde la conciencia que se despierta accede en el sentido de su dignidad de su inviolabilidad, y que se revela, detrás del mí prefabricado y condicionado que lo recubre, como un espacio de pura acogida del otro, el espacio que no puede ser violado por principios autoritarios, ni siquiera divinos, sino que vive de la apertura y de la comunión con el Otro, a la imagen del Dios de Pobreza que  se desposee de él mismo perpetuamente en la relación de ofrenda que mantienen entre ellas las tres Personas de la Trinidad.

” (…) La Trinidad es la liberación de una pesadilla en la que la humanidad se debate cuando se sitúa frente a una divinidad de la que depende y a la que es sometida: ¿Por qué Él bastante más que yo? ¿ Por qué soy la criatura, y Él el Creador? ¿ Por qué, si es mi creador, me puso en esta situación de saber que yo soy su esclavo? ¿ Por qué me dio justo bastante inteligencia para comprender que dependo de Él? ¡ Hay una rebelión sorda e implacable qué sube del corazón del hombre en esta confrontación de su espíritu con esta especie de Dios que aparece en él como la apisonadora del espíritu!

En la apertura del Corazón de Dios a través del Corazón del Cristo, hay justamente esta manifestación increíble y maravillosa que Dios es Dios porque se comunica, que es Dios porque se da todo, porque el es la desapropiación infinita y eterna, porque tiene la transparencia de un niño, la transparencia en la que toda especie de apropiación es imposible, donde la mirada siempre es dirigida hacia “El Otro”, donde la personalidad, donde el yo, es sólo un altruismo puro e infinito. ¡ Allí está la gran confidencia qué resplandece en el Evangelio de Cristo! ¡ La perla del reino, es para que Dios sea este Dios!

¡Jesús, revelándonos la Trinidad, nos libró de Dios! Nos libró de este Dios pesadilla, exterior a nosotros, límite y amenaza para nosotros: ¡ nos libró de aquel Dios! Nos libró de nosotros mismos que necesariamente estábamos, y sordamente, aunque no nos atrevíamos a reconocerlo, en rebelión contra este Dios.

Con la Trinidad, entramos en el mundo de la relación. (…)

Subsistir en forma de don, subsistir como una relación con los demás otro, subsistir en una respiración pura de amor, tenemos ahí el Dios que se transparenta y se revela personalmente en Jesucristo. (…)

Lo que justamente es tan patético, y lo que nos hace sensible la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y el paso que trasciende que hay que obrar del uno al otro, es que, mientras que en el Antiguo Testamento el pecado supremo, el pecado original, es querer ser como Dios, en el Nuevo,  es esto mismo lo único que es necesario. (…)

¡ Se trata de ser como Dios! Y, en el fondo, esta intuición nietzscheana, esta voluntad de ser Dios, de no sostener a ningún Dios aparte de sí mísmo, es el bosquejo de una vocación auténtica. ¡ Pero atención! ¡ Sí, ser como Dios, pero después de haber reconocido en Dios justamente  la desapropiación infinita, la pobreza suprema, el despojo translúcido!

Si Dios es aquel Dios, si hay en nuestro corazón una espera infinita, ser como Dios, ahora esto quiere decir desapropiarnos fundamentalmente de nosotros mismos para que nuestra vida se cumpla como la suya en un don sin reserva.”

*

Maurice Zundel, “Le Problème que nous sommes“, Le Sarment, Fayard, 2000, pp 39-42

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”

*

Juan 16, 12-15

***

 

Lentamente he empezado a darme cuenta de que en el gran circo, lleno de domadores de leones y de trapecistas que con sus maravillosas acrobacias reclaman nuestra atención, la historia verdadera y real la contaban los payasos. Los payasos no están en el centro de los acontecimientos. Aparecen entre una gran exhibición y otra, se mueven con torpeza, caen y nos hacen sonreír de nuevo tras la tensión creada por los héroes que veníamos a admirar. Los payasos no están coordinados entre ellos, no consiguen realizar las cosas que intentan hacer; son cómicos, se mueven con un equilibrio precario y son desmañados, pero… están de nuestra parte. No reaccionamos ante ellos con admiración, sino con simpatía; no con estupor, sino con comprensión; no con la tensión, sino con una sonrisa. De los acróbatas decimos: «¿Cómo conseguirán hacerlo?». De los payasos decimos: «Son como nosotros». Los payasos, con una lágrima y una sonrisa, nos recuerdan que compartimos las mismas debilidades humanas […].

Entre las acciones emocionantes de los héroes de este mundo, tenemos una constante necesidad del payaso, de personas que con su vida vacía y solitaria -de oración y de contemplación nos revelen la otra cara y nos ofrezcan así consuelo, alivio, esperanza y una sonrisa. En esta grande, ajetreada, fascinante y turbadora ciudad continuamos sintiendo la tentación de unirnos a los domadores de leones y a los trapecistas, que reciben la máxima atención. Pero cada vez que aparecen los payasos se nos recuerda que lo que cuenta realmente es algo diferente a lo espectacular y a lo sensacional: es lo que pasa entre una escena y otra. Los payasos, con su comportamiento «inútil», nos muestran no sólo que muchas de nuestras preocupaciones, de nuestros afanes, de nuestras ansias y tensiones tienen necesidad de una sonrisa, sino que también nosotros tenemos pintura blanca en nuestro rostro y estamos llamados a comportarnos como payasos.

*

H.J.M. Nouwen,
El payaso de Dios: una vida espiritual para nuestro tiempo,
Brescia 2000, pp. 7 y 162, passim.

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“¿Es necesario creer en la Trinidad?”. Fiesta de la Trinidad – C (Juan 16, 12-

domingo, 15 de junio de 2025
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¿Es necesario creer en la Trinidad?, ¿se puede?, ¿sirve para algo?, ¿no es una construcción intelectual innecesaria?, ¿cambia en algo nuestra fe si no creemos en el Dios trinitario? Hace dos siglos, el célebre filósofo Immanuel Kant escribía estas palabras: «Desde el punto de vista práctico, la doctrina de la Trinidad es perfectamente inútil».

Nada más lejos de la realidad. La fe en la Trinidad cambia no solo nuestra visión de Dios, sino también nuestra manera de entender la vida. Confesar la Trinidad de Dios es creer que Dios es un misterio de comunión y de amor. No un ser cerrado e impenetrable, inmóvil e indiferente. Su intimidad misteriosa es solo amor y comunicación. Consecuencia: en el fondo último de la realidad, dando sentido y existencia a todo, no hay sino Amor. Todo lo que existe viene del Amor.

El Padre es Amor originario, la fuente de todo amor. Él empieza el amor. «Solo él empieza a amar sin motivos; es más, es él quien desde siempre ha empezado a amar» (Eberhard Jüngel). El Padre ama desde siempre y para siempre, sin ser obligado ni motivado desde fuera. Es el «eterno Amante». Ama y seguirá amando siempre. Nunca nos retirará su amor y fidelidad. De él solo brota amor. Consecuencia: creados a su imagen, estamos hechos para amar. Solo amando acertamos en la existencia.

El ser del Hijo consiste en recibir el amor del Padre. Él es el «Amado eternamente», antes de la creación del mundo. El Hijo es el Amor que acoge, la respuesta eterna al amor del Padre. El misterio de Dios consiste, pues, en dar y también en recibir amor. En Dios, dejarse amar no es menos que amar. ¡Recibir amor es también divino! Consecuencia: creados a imagen de ese Dios, estamos hechos no solo para amar, sino para ser amados.

El Espíritu Santo es la comunión del Padre y del Hijo. Él es el Amor eterno entre el Padre amante y el Hijo amado, el que revela que el amor divino no es posesión celosa del Padre ni acaparamiento egoísta del Hijo. El amor verdadero es siempre apertura, don, comunicación desbordante. Por eso, el Amor de Dios no se queda en sí mismo, sino que se comunica y se extiende hasta sus criaturas. «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Romanos 5,5). Consecuencia: creados a imagen de ese Dios, estamos hechos para amarnos, sin acaparar y sin encerrarnos en amores ficticios y egoístas.

José Antonio Pagola

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“Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará”. Domingo 15 de junio de 2025. Santísima Trinidad

domingo, 15 de junio de 2025
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Leído en Koinonia:

Proverbios 8, 22-31: Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada.
Salmo responsorial: 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!.
Romanos 5, 1-5: A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu.
Juan 16, 12-15: Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.

(Comentario homilético elaborado en un ciclo anterior por Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua)

La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad antes que doctrina ha sido evento salvador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor, introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres personas. Por eso se puede hablar de una preparación de la revelación de la Trinidad divina antes del cristianismo, tanto en la experiencia del pueblo de la antigua alianza tal como lo atestiguan los libros del Antiguo Testamento, como en las otras religiones y en los eventos de la historia universal.

El Nuevo Testamento, más que una doctrina elaborada sobre la Trinidad, nos muestra con claridad una estructura trinitaria de la salvación. La iniciativa corresponde al Padre, que envía, entrega y resucita a su Hijo Jesús; la realización histórica se identifica con la obediencia de Jesús al Padre, que por amor se entrega a la muerte; y la actualización perenne es obra del don del Espíritu, que después de la resurrección es enviado por Jesús de parte del Padre y que habita en el creyente como principio de vida nueva configurándolo con Jesús en su cuerpo que es la Iglesia.

La primera lectura (Prov 8,22-31) es un himno a la sabiduría divina considerada en su doble dimensión trascendente e inmanente. La Sabiduría es trascendente pues ella es el proyecto de Dios, su voluntad, sus designios, su Palabra, su Espíritu; pero también es encarnada ya que el proyecto divino se realiza en la creación y en la historia, la voluntad de Dios se manifiesta en la Escritura y a través de su Espíritu se convierte en una realidad interior al ser humano. De esta forma la reflexión sapiencial bíblica supera la simplificación panteísta o dualista en su visión de Dios.

En los vv. 22-25 el autor bíblico nos sitúa “antes” de la creación, en la eternidad de Dios, presentando la Sabiduría como una realidad divina y trascendente, anterior a todas las realidades cósmicas: “El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas… cuando no había océanos, fui engendrada, cuando no existían los manantiales ricos de agua”. En los vv. 26-31 la Sabiduría parecer ser una realidad creada pues aparece contemporánea a la creación. La Sabiduría está presente también en el ser humano, en su inteligencia, en su felicidad: “Cuando consolidaba los cielos allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando señalaba al mar su límite… a su lado estaba yo como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los seres humanos”.

Este himno ha llegado a ser en la tradición cristiana un preanuncio de la encarnación de la Palabra (Jn 1), que “al principio estaba junto a Dios, todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir” (Jn 1,2-3), y que al final de los tiempos “se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

La segunda lectura (Rom 5,1-5) es una especie de declaración paulina de sabor trinitario sobre la situación del ser humano que ha sido justificado gracias a la fe en Cristo: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo… y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv. 1.5). Pablo afirma la dimensión trinitaria de la vida creyente. Reconciliados con Dios por la fe, estamos en una situación de “paz” y de “esperanza”, paz que supera la tribulación y esperanza que transforma el presente.

El evangelio (Jn 16,12-15) constituye la quinta promesa del Espíritu en el evangelio de Juan. Se habla del Espíritu como defensor (“Paráclito”) y como maestro, llamándolo “Espíritu de la verdad”. La verdad es la palabra de Jesús y el Espíritu aparece con la misión de “llevar a la verdad completa”, es decir, ayudar a los discípulos a comprender todo lo dicho y enseñado por Jesús en el pasado, haciendo que su palabra sea siempre viva y eficaz, capaz de iluminar en cada situación histórica la vida y la misión de los discípulos.

El Espíritu tiene una función “didáctica” y “hermenéutica” con relación a la palabra de Jesús. El Espíritu Santo no propone una nueva revelación, sino que conduce a una total comprensión de la persona e del mensaje del Señor Resucitado. El Espíritu, por tanto, “guía” (v. 13) hacia la “Verdad” de Jesús, es decir, hacia su revelación, de tal forma que la podamos conocer en plenitud. Leer más…

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5.6.25. Domingo de la Trinidad. Si ves el amor, ves la Trinidad

domingo, 15 de junio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

Hay tres trinidades falsas: Una es la del sistema neo-liberal (capital, empresa, mercado); otra es la del Dragón del Apocalipsis (bestia militar, falsa inteligencia, prostituta económica), otr las de los tres deseos de -Rom 13 (adulterar el amor, matar, robar).

En contra de eso dijo Pablo y repitió  Agustín: -si viven en amor «ves» la Trinidad (si caritatem vides, vides Trinitatem). Buen día.

14.06.2025

1.TRINIDAD DEL SISTEMA. CAPITAL, EMPRESA, MERCDO

No es una Trinidad cualquiera, sino la del sistema neo-liberal que impera actualmente sobre el mundo. Muchos imperios han sido virtualmente ternarios o trinitarios (Dios, Rey, Pueblo), pero éste es quizá el más claro de todos[1].

Dice que es tolerante y que la adoración de todos los dioses posibles, pero en el fondo sólo diviniza a Dios: Dios-Padre capital; Dios-Hijo empresa productora de todo tipo de bienes de consumo; Dios Espíritu Santo o donde todo se comra y vende, incluíds religiones, estados y personas[2]. Externamente es tolerante, pues deja en libertad a otros dioses, e incluso se gloría de que existan, distinguiéndose así del comunismo duro, que quería destruirlos Pero de hecho ha impuesto sobre el mundo su falso «monoteísmo trinitario»:

  • B Dios Padre, el Capital. Parece providente, ofrece beneficios tangibles a sus siervos y devotos, pero, conforme a la acepción que judíos y cristianos daban a ese término, es un «ídolo»: No es fuente de gracia (creador), ni comunicación real, sino Mamonasobre todos los grupos y personas (cf. Mt 6, 24). Vale en sí: es el principio al que todo lo demás se subordina. En ese plano, contra los posibles ensueños politeístas post-modernos, parece que sólo hay un Dios imperante, que no es Yahvé, Allah, ni Padre, sino el Capital todopoderoso.
  • B Dios Hijo, la Empresa, al servicio del capital. Hombres y mujeres vivían antaño en contacto inmediato con la realidad, campo y mar, lluvia y cosecha, que eran signo de Dios (hierofanía); las nuevas religiones han destacado la importancia de los enviados de Dios (Cristo o Mahoma, Buda o Krisna). Pues bien, el sistema neo-liberal ha divinizado la empresa productora. Más que los bienes naturales o el trabajo personal, importa la «fábrica», que no crea vida, sino medios de consumo. Ella parece el Cristo actual y se eleva sobre grupos y pueblos, sin fronteras. Procede del Capital y le sirven, ofreciendo trabajo y consumo a sus beneficiados, como Mesías productor.
  • B Dios Espíritu Santo, el Mercado. Antes había naciones (unidades de generación), iglesias (castas, Shanga, pueblo, comunidad, Umma…) o estados, lugares de manifestación de Dios y encuentro humano. Ahora los hombres tienden a comunicarse de un modo indirecto, a través del mercado, donde van los devotos a ver, admirar y comprar. Su influjo se extiende por doquier, de forma que todo se logra pagando, si uno «dios» está en el otro: capital en empresa y mercado; mercado en empresa y capital… El mundo entero es un mercado, sin distinciones ni trabas, donde se compran incluso personas[3].

Esta trinidad dominante (Banco-Capital, Fábrica-Empresa, Comercio-Mercado) define la infra-estructura del sistema y crea una super-estructura ideológica, a su propio servicio. Así se expresa el Dios neo-liberal y monolátrico, que exige adoración suprema, aunque a su lado permita que existan otros dioses privados (menores), mientras no le estorben, ni impidan cumplir su cometido. Cada hombre puede cultivar sus sueños particulares de tipo estético o afectivo, familiar o religioso, de manera que el sistema parezca espacio de libertad formal, contra toda dictadura externa. Pero esa libertad acaba estando al servicio del capital (que las empresas produzcan, que el mercado se extienda), no de las personas y grupos marginados[4].

Este mundo del mercado es un peligro para todos. Los vencedores pueden perder sus valores personales. Los vencidos pierden incluso la vida, quedando marginados. Parece que nadie mata a nadie, todos pueden vivir, pero los que quedan fuera del campo de valores del (sin capital, sin producción de bienes de mercado, parece que no existen. Surge así una situación de gran riesgo, que no es la muerte de Dios (a quien nadie puede matar, si es que existe), sino la muerte del hombre, que nosotros mismos podemos provocar, por la bomba, la manipulación genética y la angustia[5]:

 2.TRINIDAD SATÁNICA, APOCALIPSIS 12-18: PODER MILITAR, IDEOLÓGICO, ECONÓMICO

mperio militar, Bestia del mar (Ap 13, 1-10). Encarna la perversión de los poderes político-militares que reciben su fuerza del Dragón (Ap 12), para combatir contra «el resto de la estirpe de la mujer», es decir, contra los que son como Jesús (pobres del mundo). Hasta el siglo I d.C. nadie había presentado con esta radicalidad el el primero de los males, que es el poder de destrucción de los imperios militarea, que adoran como Dios a su propias armas. El Apocalipsis lo hace, siguiendo en la línea de. Dan 2 y 7; 1 Henoc, 2 Baruc y 4 Esdras).

Bestia de la tierra, ideología dominadora, artificial, antihumana (Ap 13, 11-18). Este poder es la perversión profético-religiosa, encarnada en los sacerdotes y/o filósofos al servicio de la Primera Bestia, funcionarios de su violencia social e ideológica (religiosa). Ap 6, 15 citaba a reyes, nobles, comandantes militares, ricos y poderosos de la tierra. Todos aparecen ahora condensados en esta figura mentirosa al servicio de la violencia del sistema. La Primera Bestia era el Poder militar del imperio. Pues bien, al servicio de ese poder ha surgido esta Segunda, que es la religión y/o conocimiento pervertidos[6].

Tercer poder: Megápolis, Estado perverso, prostituta económica (Ap 17). Esta prostituta, “amada” de las bestias es la Ciudad del Imperio,¡ emporio central de todas las riquezas, mercado donde se compra y vende todo. Ella aparece así como expresión definitiva y cumplimiento del sistema de poder total que el Dragón intenta elevar sobre la tierra, la racionalidad político‒económica encarnada en la ciudad del Roma.

          Esta Mujer‒Ciudad Prostituta puede defenderse, diciendo que ella representa el orden social y garantiza la riqueza y comercio, la relación y unidad entre los pueblos. Muchos filósofos y sabios del imperio la llamaban Diosa y la veneraban, quemando en su honor el buen incienso. Incluso Jesús pudo haber dicho «dad al César lo que es del César…”, identificando de algún modo al César con la ciudad de Roma. Por su parte, Pablo (o el autor de la glosa de Rom 12, 1‒7) aceptó la autoridad de Roma, diciendo que es preciso someterse a su poder, pues Dios le ha dado su encargo, para mantener el equilibrio económico del mundo, de manera que puede llevar con derecho la espada y cobrar con razón los tributos.

          A pesar de eso, el autor del Apocalipsis la ha condenado, presentándola como aliada de las Bestias, encarnación socio‒económica del Dragón sobre la tierra. Es muy posible que este pasaje de condena sea exagerado en sus matices, pero su juicio profético resulta brecogedor y certero: el profeta ha visto y destacado algo que normalmente no vemos, el riesgo de un sistema que se diviniza a sí mismo sobre bases de imposición y engaño (bestias), encarnándose en un orden político que expulsa y niega a los disidentes y contrarios, condenando a muerte a los pobres, y actuando de esa forma como prostituta

 Revelación de la anti-diosa

Se me acercó entonces uno de los siete ángeles… y me habló diciendo:

Ven. Te mostraré el juicio de la Prostituta grande, sentada sobre aguas caudalosas, con la que se prostituyeron los reyes de la tierra y se emborracharon los habitantes de la tierra con el vino de su prostitución. Me llevó en espíritu a un desierto y vi una Mujer sentada sobre una Bestia color escarlata, llena de nombres blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos.

La Mujer iba vestida de púrpura y escarlata, y estaba adornada de oro, piedras preciosas y perlas. En su mano tenía una copa de oro llena de abominaciones y de la impureza de su prostitución. Escrito en su frente tenía un nombre: ¡Misterio! Babilonia, la grande, la Madre de los prostitutos y de todos los abominables de la tierra.Y  vi a la Mujer emborrachándose con la sangre de los santos y la sangre de los mártires de Jesús (Ap 17, 1-6)

           La maldad de las Bestias anteriores (Ap 13) desemboca y se condensa Roma Prostituta Comercial, que recibe de ellas su poder y quiere presentarse como Diosa (un tipo de esposa/prostituta del Dragón), siendo en realidad la madre de los prostitutos de la tierra, es decir, de todos los que, en un sentido u otro, se venden por influjo social o dinero (desde los grandes comerciantes a los que viven en su plano del engaño y la mentira)[7].

          Desde ese fondo se entiende el despliegue de sus rasgos, que evocaremos. Ciertamente, en sí misma no es varón ni mujer. Pero, significativamente, desde una antigua tradición israelita, el texto la presenta de manera femenina, como ciudad infiel o anti-esposa (con lo que eso supone de posible devaluación de la mujer). Culminando la maldad de las Bestias simbólicamente masculinas (aunque en griego sean neutras: ta theria), se eleva esta Ciudad representada como Mujer prostituida, al servicio del dinero:

  Es la Prostituta Imperial (Pornê: Ap 17, 1-2), que los lectores del apocalipsis identifican con la ciudad-estado de Roma, que ha convertido todo lo que existe en objeto de un mercado donde nada vale en sí, sino para el negocio: eso es ella. Es el Poder que se ha vuelto prostitución o, a la inversa, la prostitución hecha poder: así recibe el dinero que le ofrecen las Bestias y de esa forma domina a los Reyes de los pueblos, poniéndolos a su servicio; así emborracha a los habitantes del mundo, haciéndoles beber su vino de olvido y muerte (cf. Ap 17, 2).

  1. Es Reina sentada (=entronizada) sobre la Bestia escarlata (17, 3). Al principio del texto la vimos sentada sobre las Aguas caudalosas del mar satánico (17, 1; cf. Ap 13, 1), que son los pueblos, naciones y lenguas: la totalidad de poderes del mundo en los que se asienta y domina la Mujer. Pues bien, aquí se añade, en otra perspectiva, que ella ha subido y cabalga sobre el trono de la Bestia de violencia militar de Ap 13, 1-10: no tiene su sede junto a (en el) Trono de Dios, como el Hijo vencedor (12, 5), sino en la Bestia. Sobre sus lomos cabalga, sobre su poder de destrucción se sienta. Bestia y Mujer se vinculan de esa forma, pero no en abrazo matrimonial gozoso y gratuito, de enriquecimiento personal, sino en contrato de manipulación: la Bestia utiliza a la Mujer-Ciudad, para conquistar de esa manera el mundo, con apariencia de cultura y orden; la Mujer cabalga sobre la Bestia, vendiendo su amor como Prostituta, para engañar a los pueblos de la tierra.
  2. Es Diosa falsa (Ap 17, 4). El lector podía esperar el triunfo de Roma como un despliegue de jinetes victoriosos o como expresión de una Diosa de justicia que extiende un orden de paz sobre la tierra (cf. Ap 6, 1-6). Pues bien, el Apocalipsis responde que la Diosa Roma es una simple y perversa Prostituta, que se vende al poder del dinero y cabalga sobre lomos de la Bestia. Está vestida de honor sacerdotal, como Reina y Señora del mundo, de púrpura y escarlata, con oro y pedrería, sentada en seña de honor (Ap 18, 7.16), como si pudiera conceder sus favores a todos los habitantes de la tierra. Pero ella sólo busca placer y riqueza: con todos se vende, a todos utiliza, para elevarse a sí misma. Por eso puede alzarse mucho, pero es simple apariencia destructora, diosa falsa: expresión de maldad, pecado que se encarna en unas instituciones de opresión, en la Ciudad del mundo Ha logrado su poder engañando y matando a los demás. No es diosa, como quieren sus devotos, ni autoridad neutral, sino poder de muerte: ha creado una religión imperial al servicio de sí misma, matando a los pobres[8].

  Es Babilonia, Madre de los prostitutos y abominables de la tierra (Ap 17, 5).Babilonia la Grande, la Ciudad y Torre que quiso elevar su poder sobre los cielos, sufriendo así el gran rechazo de Dios (cf. Gen 11, 1-9); es la capital del imperio que en otro tiempo destruyó a Jerusalén y cautivó a sus hijos, los judíos (el 587 a. de C.). Evidentemente, esa Ciudad es ahora Roma, que quiere elevarse como Diosa y Madre, siendo simplemente prostituta. Se le puede llamar madre, pero no como dadora de vida, sino todo lo contrario, como signo y principio de muerte, al servicio del Dragón: así concede su semilla a todos los «prostitutos y abominables» de la tierra, es decir, a los que se imponen por la fuerza a los demás y les engañan.

  1. Es la asesina. Toda la gloria y el poder de Roma culminan en el asesinato… El poder militar, la falsa sabiduría profética, la religión, el dinero… Todo está al servicio de la muerte. Por eso, el texto dice que ella se ha embriagado con la sangre de los santos: está loca y borracha: vive de matar, bebe la vida de los fieles. Ella representan el riesgo definitivo de la humanidad: es el Sistema político‒ideológico que se diviniza a sí mismo de manera destructora, en clave económica, de comercio de muerte. Entendida así, ella puede identificarse con Mamón, el anti‒Dios (cf. Mt 6, 24). Es la humanidad que niega a Dios, negándose a sí misma, para terminar convirtiéndose en muerte.

           Esta mujer‒prostituta aparece como la forma suprema de opresión del mundo: no es una simple ciudad, un orden político objetivo y neutral, que regula para bien de todos el aspecto más externo de la vida y deja que cada uno ejerza luego su religión particular, sino que es la economía imperial como Sistema de vida absoluto, sociedad destructora de lo humano, que se opone a la experiencia de Jesús, de tal manera que en ella se expresa y culmina el pecado de homicidio y engaño del Dragón antiguo (cf. 12, 4.9, en relación con 18, 24).

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Fiesta de la Trinidad. Ciclo C.

domingo, 15 de junio de 2025
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Andréi Rubliov, Trinidad (s. XV)


Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El ciclo litúrgico se abre con la venida de Jesús y culmina con la venida del Espíritu; el Padre está presente en todo momento. Es lógico que se dedique una fiesta en honor de la Trinidad. Para ella había que elegir textos que hablaran de las tres personas, al menos de dos de ellas. Pero no pretenden darnos una lección de teología sino ayudarnos a descubrir a Dios en las circunstancias más diversas. La primera, llena de belleza y optimismo, en los momentos felices de la vida. La segunda, incluso en medio de las tribulaciones, dándonos fuerza y esperanza. La tercera, en medio de las dudas, sabiendo que nos iluminará.

 

Dios presente en la alegría (Proverbios 8, 22-31)

Del Antiguo Testamento se ha elegido un fragmento del libro de los Proverbios que polemiza con la cultura de la época helenística: ¿cuál es el origen de la sabiduría? Para muchos, es fruto del pensamiento humano, tal como lo han practicado sobre todo los filósofos griegos. Frente a esta mentalidad, el autor del texto de los Proverbios afirma que la verdadera sabiduría es anterior a nuestras reflexiones y estudios; y lo expresa presentándola junto a Dios muchos antes de la creación del mundo, acompañándolo en el momento de crear todo.

Así dice la sabiduría de Dios:

«El Señor me estableció al principio de sus tareas,

           al comienzo de sus obras antiquísimas.

            En un tiempo remotísimo fui formada,

            antes de comenzar la tierra.

            Antes de los abismos fui engendrada,

            antes de los manantiales de las aguas.

            Todavía no estaban aplomados los montes,

            antes de las montañas fui engendrada.

            No había hecho aún la tierra y la hierba,

            ni los primeros terrones del orbe.

            Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;

            cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;

            cuando sujetaba el cielo en la altura,

            y fijaba las fuentes abismales.

            Cuando ponía un límite al mar,

            cuyas aguas no traspasan su mandato;

            cuando asentaba los cimientos de la tierra,

            yo estaba junto a él, como aprendiz,

            yo era su encanto cotidiano,

            todo el tiempo jugaba en su presencia:

            jugaba con la bola de la tierra,

        gozaba con los hijos de los hombres.

¿Por qué se eligió esta lectura? San Pablo, en la primera carta a los Corintios, dice que Cristo essabiduría de Dios (1,24). Y la carta a los Colosenses afirma que en Cristose encierran todos los tesoros del saber y del conocimiento (Col 2,3). Este fragmento del libro de los Proverbios, que presenta a la Sabiduría de forma personal, estrechamente unida a Dios desde antes de la creación y también estrechamente unida a la humanidad (gozaba con los hijos de los hombres) parecía muy adecuado para recordar al Padre y al Hijo en esta fiesta.

Dios presente en los sufrimientos (Romanos 5, 1-5)

Curiosamente, en este texto, que menciona claramente a las tres personas, los grandes beneficiarios somos nosotros, como lo dejan claro las expresiones que usa Pablo: hemos recibido”, “hemos obtenido”, “nos gloriamos”, “nuestros corazones”, “se nos ha dado. Él no pretende dar una clase sobre la Trinidad, adentrándose en el misterio de las tres divinas personas, sino que habla de lo que han hecho por nosotros: salvarnos, ponernos en paz con Dios, darnos la esperanza de alcanzar su gloria, derramar su amor en nuestros corazones. Para Pablo, estas ideas no son especulaciones abstractas, repercuten en su vida diaria, plagada de tribulaciones y sufrimientos. También en ellos sabe ver lo positivo.

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Dios presente en las dudas (Juan 16, 12-15)

El evangelio también menciona a Jesús, al Espíritu y al Padre, aunque la parte del león se la lleva el Espíritu, acentuando lo que hará por nosotros:os guiará hasta la verdad plena”, “os comunicará lo que está por venir”, “os lo anunciará.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

            Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará

Pienso que el texto se ha elegido porque habla de las relaciones entre las tres personas. El Espíritu glorifica a Jesús, y todo lo recibe de él. Por otra parte, todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Tampoco Juan pretende dar una clase sobre la Trinidad, aunque empieza a tratar unos temas que ocuparán a los teólogos durante siglos.

Para entender el texto conviene recordar el momento en el que pronuncia Jesús estas palabras. Estamos en la cena de despedida, poco antes de la pasión. Sabe que a los discípulos les quedan muchas cosas que aprender, que él no ha podido enseñarles todo. Surgirán dudas, discusiones. Pero la solución no la encontrarán en el puro debate intelectual y humano, será fruto del Espíritu, que irá guiando hasta la verdad plena.

Reflexión final

            En numerosas ocasiones, la liturgia repite la fórmula Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Es fácil caer en la rutina y rezarla mecánicamente. Hoy es el día más indicado para darle todo su valor, igual que a la recitación del Gloria, que se extiende en la alabanza del Padre y del Hijo (aunque al Espíritu solo lo menciona de pasada).

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Solemnidad de la Santísima Trinidad. 15 junio, 2025

domingo, 15 de junio de 2025
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Dice Jesús:

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo”

(Jn 16,12-15).

Compartimos con vosotras la alegría que esta comunidad de monjas trinitarias de Suesa tiene en esta jornada. Entra a borbotones el contento en un corazón cristiano en este día de la fiesta de la Santísima Trinidad.

¿Por qué? Sencillamente por el modo que Dios, nuestro Dios Trinidad, tiene de relacionarse con sus criaturas, con toda la creación y especialmente con el ser humano. En este día la creación entera desborda de gozo.

La fiesta de hoy, puede ser que la entiendan mejor las gentes sencillas. Quienes saben de cercanía, de bondad, de perdón para hacer la vida más bella, más en sintonía con nuestro Dios que se nos regala compartiendo con sus hijas lo que le es más consustancial: el AMOR.

Dios es amor (1 Jn 1). Y el amor, a todas nos gusta recibirlo. Ese amor que no sabe de fronteras. No sabe de listos y tontos, de ricos y pobres. No sabe de encasillados, de que yo soy más que tú, etc.

Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento”. Quizá lo que nos quiere decir Jesús con estas enigmáticas palabras es que serán los corazones sencillos quienes descubran al Espíritu, la Santa Ruah. Porque son las personas humildes las que mejor perciben: “que el Espíritu de la verdad, os irá guiando a la verdad plena”.

Pues, a esta Santa Trinidad celebramos, con Ella nos gozamos. Porque creemos en este Dios celebramos y descubrimos la vida más bella. Por eso ¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

Oración

Trinidad Santa,

que nos has hecho semejantes a Ti,

que tu Palabra expresada en Jesús, nuestro Maestro,

sea nuestro Camino, Verdad y Vida.

Guíanos con la luz de tu Espíritu,

haznos portadoras del mensaje del Amor.

Gloria al Padre, al Hijo y Espíritu Santo.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Con relación a nosotros Trinidad es unidad.

domingo, 15 de junio de 2025
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TRINIDAD (C)

Jn 16,12-15

De Dios ni podemos saber nada ni falta que nos hace. La necesidad de explicar a Dios es fruto de la racionalidad que siempre se identifica con mi falso yo. Tenemos que volver a la simplicidad del evangelio y utilizar un lenguaje sencillo, como hacía Jesús. Todo discurso sobre Dios tiene que ir encaminado a la vivencia, no a la razón.

El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao, el nombre que le podemos dar no es su verdadero nombre”. En nuestra teología hay una corriente apofántica que viene de muy lejos. San Agustín decía ya: si lo entiendes no es Dios. La analogía de la escolástica venía a decir lo mismo: todo lo digamos de Dios es literalmente falso.

Acudir a la revelación para justificar nuestro lenguaje sobre Dios no es más que una escapatoria pueril. Dios puede darse, pero no puede revelarse, porque es nuestra capacidad de comprensión la que falla, no la falta de información. Cualquiera puede vivir lo que Dios es, pero al meterlo en conceptos, esa vivencia queda desfigurada.

Pero, además, lo que la teología nos ha dicho de Dios Trino, se ha dejado entender por la gente sencilla de manera descabellada. Dios se manifiesta siempre como UNO. A nosotros solo llega la Trinidad, no cada una de las “personas” por separado. No estamos hablando de tres en uno, sino de una única realidad que es en sí misma relación.

Cuando se habla de la importancia que tiene la Trinidad en la vida cristiana, se está dando una idea falsa de Dios. Mi relación personal con Dios siempre será como UNO. En esta manera de hablar nosotros apropiamos a cada persona una tarea, pero todo en nosotros es obra del único Dios que es Espíritu.

Lo que experimentamos es que Dios es: Dios que es origen, principio, (Padre); Dios que se encarna (Hijo); Dios que se identifica con nosotros (Espíritu). Nos hablan de Dios que no está encerrado en sí mismo, sino que se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo Él mismo. Un Dios que está por encima de lo uno y de lo múltiple.

Lo importante en esta fiesta sería purificar nuestra idea de Dios y ajustarla a la idea que de Él transmitió Jesús. Aquí sí que tenemos tarea por hacer. No podemos comprender a Dios, no porque sea complicado, sino porque es totalmente simple y nuestra manera de conocer es dividiendo y separando. Dios ni se puede ex-plicar ni com-plicar o im-plicar.

El Dios identificado con todos no es útil para ningún poder o institución. Pero debemos tomar conciencia de que ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios Espíritu, tiene como único objetivo llevarnos a la plenitud de la verdad-Vida, empujándonos a ser auténticos.

Lo que acabamos de leer del evangelio de Juan, es la experiencia de los cristianos que llevaban setenta años viviendo esa realidad del Espíritu haciéndose presente en la comunidad. Ellos saben que gracias al Espíritu tienen la misma Vida de Jesús.

Es el Espíritu el que haciéndoles vivir, les enseña lo que es la Vida. Esa Vida es la que desenmascara toda clase de muerte (injusticia, odio, opresión). La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Padre, Palabra y Viento

domingo, 15 de junio de 2025
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Jn 16, 12-15

«Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa»

En Nicea, un grupo de teólogos presuntuosos creyó poder meterse en la esencia de Dios y proclamó el dogma de la Santísima Trinidad. Abandonaron el estilo de Jesús, pensaron que con la razón podían acceder a la intimidad de Dios y se equivocaron; porque de Dios solo conocemos lo que Él nos ha dicho de sí mismo por medio de Jesús.

Además, el misterio de la Santísima Trinidad, tal y como está formulado, nos resulta a algunos muy poco interesante, y la razón es doble; por una parte, porque tanta erudición nos desborda, y por otra, porque no nos ayuda a vivir. No obstante, si trascendemos su formulación dogmática podremos descubrir la raíz evangélica que en él subyace, ya que en Jesús hemos descubierto que Dios es para nosotros Palabra, Padre y Viento.

Palabra. El punto de partida es siempre Jesús, porque el quicio fundamental de quienes nos llamamos cristianos es creer en Jesús visibilidad de Dios sin poner en duda su humanidad. Dios se nos da a conocer en Jesús y se comunica con nosotros a través de Jesús y, por tanto, creer en él es creer que, no solo sus dichos, sino toda su vida, son Palabra de Dios

Padre. Pero hay más, porque cuando le escuchamos hablar de Dios –es decir, cuando Dios nos habla de sí mismo a través de Jesús– nos quedamos asombrados, porque no menciona ninguna de las cualidades maravillosas que siempre le habíamos atribuido, sino que nos habla de Abbá; el Padre que sale cada atardecer a esperar a su hijo perdido.

Viento. Y cuando le vemos dedicar su vida a enseñar y curar sin descanso, o le vemos rodeado de multitudes que le siguen fascinadas, o escuchamos sus criterios poderosos de vida, o le vemos capaz de llegar hasta las últimas consecuencias por fidelidad a su misión… creemos que en Jesús sopla un viento irresistible, elViento de Dios, el Espíritu de Dios que impulsa a la humanidad y actúa en cada uno de nosotros.

Mirando a Jesús vemos pues que Dios es el Padre con quien podemos contar, la Palabra que nos guía por la vida y el Viento que nos ayuda a caminar. Padre, Palabra y Viento. Dios se comunica con nosotros –Palabra–, actúa en nosotros –Espíritu– y es nuestro Padre –Abbá–. Y esto significa que Dios no es un ser misterioso e insondable, sino un sembrador que esparce la semilla de la Palabra continuamente y nos alienta en nuestro caminar por la vida.

Y esto es magnífico, porque ese dogma incomprensible y aparentemente estéril que pensábamos que no nos interesaba nada, se convierte en algo importante para nosotros, porque este conocimiento de Dios orienta nuestra vida, nos permite caminar correctamente por ella y, en consecuencia, es fuente de seguridad y estímulo.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Trinidad. Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

domingo, 15 de junio de 2025
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Jn 16, 12-15

15 de junio de 2025

A mediados de los años noventa, leí un texto sorprendente de la teóloga brasileña Ivone Gebara. El comentario del evangelio de hoy es fiel a esta intuición profética.

Hablar de la Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo es algo conceptual,  abstracto, es un discurso en el que nos quedamos dándole vueltas pero no nos hace avanzar. Estos significados forman parte del dinamismo de la vida, cambian, se transforman y se adaptan a las nuevas situaciones a las que nos enfrentamos. Las relaciones: “tres personas distintas y un solo Dios”, que aprendimos de nuestros antepasados y tradiciones, podemos afirmarlas de otra manera de acuerdo con nuevas percepciones e intuiciones. Se trata de superar una visión jerárquica y teocéntrica del mundo para avanzar en profundidad.

Hablar de la Trinidad en esos términos nos remite a “códigos cifrados”, es decir, formulaciones que requieren ser abiertas y traducidas de nuevo. Son símbolos que se refieren a las experiencias de la vida que han sido olvidados o absolutizados, dentro de una teoría eminentemente masculina y que no conecta con nuestras experiencias de vida; por eso debemos hacer un esfuerzo de comprensión e interpretación diferente.

Una teóloga norteamericana [1], decía con ironía, que hemos reducido la Trinidad “a un anciano, un hombre joven y un pájaro”. Se trata de recuperar una experiencia de Dios más honda para que aflore su extraordinaria riqueza. Es preciso captar cuál es la experiencia fundamental que subyace de la afirmación cristiana de que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta perspectiva crítica no significa el menosprecio de nuestro pasado cristiano que, a pesar de las limitaciones y condicionantes humanas, ha intentado establecer relaciones de justicia, amor y misericordia entre pueblos y personas.

Es sabido que el número tres indica pluralidad; es símbolo de inagotable riqueza y universalidad. La vida es múltiple, diversa, creativa y en constante evolución. De ahí la simbología de la multiplicidad/unidad.

Pero, ¿a qué experiencia humana corresponde el discurso sobre la Trinidad? [2]

Cuando ahondamos en nuestra experiencia religiosa utilizamos un lenguaje y unas expresiones aprendidas de las que nos da mucho miedo prescindir pero que tienen poco que ver con las cosas de cada día. El reto está en expresar de forma sencilla y comprensible las experiencias que son realmente significativas para nuestra vida. En ellas es donde se expresa nuestra fe, nuestros amores y anhelos más profundos, nuestro compromiso, nuestra solidaridad. Suponen también reconocer el sufrimiento, la discriminación, la competitividad, la lucha por la supervivencia, el dolor de la diferencia, la ambición y los obstáculos que vamos poniendo en las relaciones humanas levantando barreras de todo tipo. Esa es nuestra experiencia.

A partir de ella imaginamos a Dios como diferente, superior a esa limitación que nos constituye. Buscamos un Dios Uno que unifique toda esa diversidad que nos desborda. La Trinidad es expresión de la dolorosa historia humana pero es una Trinidad unificada, como si fuese el deseo de armonía y comunión con todo lo que existe, como si fuera la expresión del mundo transformado en el cual toda lágrima será enjugada y finalmente Dios, o sea el Uno, el Amor, será todo en todos.

Por eso es preciso dar la vuelta a nuestra experiencia cotidiana para verificar en ella el fundamento de nuestra imagen de Dios. La Trinidad que amamos y veneramos nace de nuestra propia experiencia humana, de nuestras entrañas, aunque sea infinitamente mayor que ella. No es algo que está fuera de nosotros. Existimos en ese gran misterio divino explicitado en múltiples facetas lo que conocemos es sólo lo que experimentamos e intentamos interpretar buscando su sentido, su significado. En otras palabras, somos diversas manifestaciones de una única consciencia Divina. Presentimos una profundidad infinita, sin fondo. A ese fondo inagotable de nuestro ser se refiere la palabra Dios Trinidad.

Dios significa la fuente de nuestro ser, la profundidad última de nuestra existencia, el alma, la conciencia. En el fondo íntimo de cada persona se experimenta una apertura de su “yo” a un “” personal y al “nosotros” que surge de ese encuentro. Así llevamos impreso en el fondo de nosotros la imagen de la Trinidad. Lo que percibimos en nosotros/as no es sino un pálido reflejo de Dios, somos sus hijos e hijas y llevamos una señal que es  trinitaria. “Nosotros/as no generamos la Luz, solo somos los rayos de ese gran Brillo” (K. Gibran).

Nos sabemos habitados y sustentados por una Presencia, por la permanente acción creadora de Dios en nuestro mismo ser. Es un presente que todo lo llena, todo lo abarca. Lo contemplamos desde la perspectiva del amor, del encuentro que nos nutre, que nos impulsa a experimentarle como familia, comunidad, don de sí, fuente de vida y de gozo, es Trinidad: Padre-Madre, Hijo y Espíritu Santo.

Todo ello me aleja de la tentación de crearme un Dios a mi medida, a mi antojo, que no me complique demasiado la vida, que no me cuestione mis propios argumentos, mis creencias… Dios Trinidad es vida, movimiento plural. No es un concepto abstracto, alejado de mi realidad, de nuestros anhelos más profundos, no es algo estático, inmutable. No es un ser separado sino el Misterio inefable que todo lo llena y en todo se manifiesta.

El reconocimiento de mi propia experiencia, de mi historia personal y colectiva, de mis fallos, de mis limitaciones me posibilita llegar a la experiencia de Dios en mí, en cada uno/a. Hemos sido creados a su imagen y semejanza, se nos invita a sumergirnos en el centro de la Trinidad y aprender a amar como Dios ama, como Jesús amó y dejarnos llevar por su Espíritu. Darnos cuenta de lo que Dios Trinidad es y lo que soy se identifica. Es el fundamento y la fuente de la mayor humanidad. ¿Lo vivimos?

Los últimos versículos del evangelio de Mateo son de los pocos textos que emplean la fórmula trinitaria. En ella se muestra la praxis cristiana de la primitiva Iglesia: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

En definitiva, contemplar y seguir construyendo, aquí y ahora, Trinidad en el universo, en la tierra, entre pueblos y culturas, en las relaciones humanas, en cada persona…

¡Shalom!

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Mª Luisa Paret

 

[1] Sandra Schneiders

[2] I. Gebara, Teología a ritmo de mujer, San Pablo 1995

Fuente Fe Adulta

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La verdad plena.

domingo, 15 de junio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 15 junio 2025

15 junio 2025

Jn 16, 12-15

El ser humano se halla habitado por un anhelo irrenunciable de verdad. Sin embargo, con enorme facilidad, tiende a confundir la verdad con su propia opinión o creencia. Olvida que la verdad no puede ser nunca un concepto o una creación de la mente. La verdad es una con la realidad.

La mente construye mapas y elabora criterios de autenticidad, que son válidos para el mundo fenoménico, de las formas u objetos. Pero no es herramienta adecuada para alcanzar la verdad de la que hablamos aquí. Por eso, cuando pretende alcanzarla o definirla, cuando presume de poseerla, convierte a la misma verdad en un objeto más, en una mera creencia.

La verdad se revela en el silencio de la mente. Y se verifica en la propia práctica de ese silencio. Al iniciarte en él, lo primero que emerge es la riqueza del no-pensamiento y la sabiduría del no-saber. Y, con ellos, una radical apertura, admiración, gratitud, sorpresa y respeto.

Poco a poco, al mantener la atención en el silencio, descubres que no es “algo” -un objeto más junto a otros-, sino eso que sostiene todos los sonidos y todos los ruidos, materiales, mentales y emocionales. Todos estos cambian constantemente; el silencio es lo único que permanece.

Al perseverar en la práctica, se te regala ver que el silencio tampoco es “algo” que tú haces o puedes dejar de hacer. Le prestes o no atención, el silencio es lo que es, lo que siempre permanece. Y, con más admiración aún, se te hace evidente que tu yo se hace a un lado, como si dejara de existir, y que tu verdadera identidad es, precisamente, silencio consciente. Eso es lo que eres, y sabes que esa es la verdad plena…, por más que, al darle forma de pensamiento o de palabra, ya la has convertido en otro mapa más.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Ya quisiéramos ateos «como Dios manda».

domingo, 15 de junio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La verdad es Libre:

01.- ¿Ateos o paganos?

        En el País Vasco hace no muchos años, en 1987, el 81% de la población se consideraba creyente, religiosa. Hoy en día, en 2025, han cambiado las tornas, y el 85 % de la población se considera no creyente, agnóstica, atea… (Siete de cada diez jóvenes entre 15 y 29 años se declaran ateos).[1]

        El seminario está casi vacío (1 seminarista) y las Iglesias con escaso público. La Iglesia de Gipuzkoa ha vendido y reconvertido en hoteles, viviendas o auditorios más de una treintena de edificios religiosos del territorio en la última década. (Diario Vasco, 8. Junio. 2025).

        ¿Detrás del movimiento que pretende demoler la imagen del Corazón de Jesús del monte Urgull hay un deseo democrático o un odio profundo hacia la tradición cristiana de nuestro pueblo?

        ¿Realmente “Dios ha muerto” (Nietzsche / nihilismo) y será mejor dejarlo “aparcado” en el trastero de las cosas “in-útiles”?

        Sin embargo el ser humano sigue creyendo. Hoy en día se sigue creyendo firmemente en el dinero, en la nación, en la etnia, en el poder, en el placer… De manera que, podríamos decir, que lo que han cambiado son los “dioses” y nos postramos ante el “becerro de oro”, ante cualquier ídolo, ante el “vacío existencial”. O, de otra manera, hoy en día se cree firmemente en la nada.

        Quizás hoy lo que existen son unos “excelentes” paganos que se postran ante cualquier fetiche. Vivimos en un país no de ateos, ni de “misión”, sino de paganos…

        Por otra parte, para ser “ateo como Dios manda” hay que pensar un poco más de lo que lo hacen muchos políticos, economistas, periodistas, “pseudo-filósofos”, “culturillas”, “influencers” e ilustrados de nuestro tiempo. Tal vez hoy más que ateos, agnósticos, etc. lo que existe es una frivolidad y ligereza infinitas.

        Y no es lo mismo ser ateo que ser un frívolo insustancial (y de estos abundan).

02.- ¿Y Dios?

        La primera lectura de hoy (Proverbios) nos presenta a Dios como sabiduría creadora. Dios creador de la vida.

        Podríamos pensar y decir que toda la creación, el universo, es sacramento, expresión de Dios. Como una pintura, una escultura, una obra nos habla de su autor, así el Universo nos habla de Dios.

        Hemos rezado el salmo 8: Cuando contemplo el cielo obra de tus manos… Hay que tener un cierto tono contemplativo para llegar a Dios a través de la creación. Contemplar es un modo de transcender hacia el Infinito…

        Santo Tomás escribió como cinco caminos (cinco vías) para llegar a intuir o conocer a Dios. El orden, el movimiento del Universo, de los astros, de la vida, de la misma persona humana nos hablan de Dios, tienen como una orientación hacia Dios. ¿O todo el orden existente es una pura casualidad y coincidencia de fuerzas? ¿Tendrá razón JP. Sartre cuando decía que: nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente?» Sería muy triste…

¿No será más sensato (sentido) poner un principio y fundamento (S Ignacio) a la existencia humana, a la historia?

            Tal fundamento es Dios. El Señor es la roca que nos salva.

03.- Dios en sí mismo y Dios para nosotros.

Haríamos bien en tomarnos en serio la afirmación de Jesús en el evangelio: A Dios nadie le ha visto jamás, (Jn 1,18; 1Jn 4,12), (“absténganse iluminados y fundamentalistas fanáticos”).

En la historia de la Iglesia, en la teología se ha dicho que Dios es Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu (podríamos decir que Dios es comunidad).

K Rahner distinguía entre Trinidad inmanente (Dios en sí) y Trinidad económica (Dios en su “economía” salvífica hacia nosotros). Lo que “Dios sea en sí” (Trinidad inmanente), lo desconocemos completamente. Pero sí sabemos algo de lo que Dios ha hecho por nosotros (Trinidad económica): salvarnos.

Podemos acoger y acogernos a la salvación que Dios nos ha ofrecido por medio de JesuCristo.

04.- JesuCristo.

JesuCristo es lo que Dios nos quería decir. Jesús es la palabra, el Verbo de Dios entre nosotros. Yo y el Padre somos uno. Quien me ve a mí, ve al Padre… La última palabra de Dios es Jesús. La última y definitiva palabra de Dios es salvación. En diciendo Jesús, Dios ya no tiene más que decirnos

Jesús nos ha dicho dos cosas de Dios: que es Padre y que es amor. Dios es amor, (1Jn 4,8). De manera que creer en Dios no es una mera afirmación doctrinal, sino percibir la vida del Padre, el amor de Dios para con nosotros.

Lo que Dios nos ha dicho y hecho es querernos y salvarnos.

Nosotros creemos en el Dios de Jesús, que es amor y queriéndonos es nuestro Padre.

05.- Dios es.

Dios es. En lenguaje bíblico aquella frase un poco enigmática” “Yo soy el que soy”. Dios es la roca que nos salva, Dios es el fundamento, descanso de nuestra existencia. Y esto lo dice el NT y lo decimos con expresiones que nos son familiares y nos aproximan a Dios. Dios es amor, Dios es Padre, Dios es pastor,  Dios es creador de la vida, etc.

Cuando uno cree en el ser, en la vida, en el amor, en la creatividad y en la libertad, en el amor y en el perdón, en la paz, está creyendo en Dios.[2]

[1] Fuente: periódico deia.

[2] K Rahner decía estas cosas con una expresión un poco difícil, pero que refleja bien esta idea: en cada fragmento de amor, de verdad, de libertad, Dios se nos hace presente de modo a-temático. No se nos hace presente totalmente, Dios no es un “tema” de nuestro conocimiento, pero sí que Dios se nos hace presente de modo sutil y delicado en cada momento y acontecimiento valioso de nuestra existencia humana.

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“Llamados a vivir una fe trinitaria que se exprese en el amor mutuo”, por Consuelo Vélez

domingo, 15 de junio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD 15-05-2025

La formulación dogmática sobre la Trinidad es fruto de reconocer en la historia de la salvación que Dios se ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo

Interesa comprender que el Dios que nos reveló Jesús es comunidad, es amor recíproco, es don de sí que se manifiesta en la creación y en la historia de amistad que ha entablado con la humanidad

Descubrir un Dios Trino que no se identifica con un Padre anciano, un hijo varón y una paloma sino en el Dios amor que se revela como Padre y Madre, en un Jesús resucitado que ofrece este don de la vida definitiva y un Espíritu Santo que es el mismo Espíritu de Jesús

Que la fe en Dios Trinidad nos comprometa más con la solidaridad, la comunidad, la entrega incondicional

Consuelo Vélez

Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: «Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes»

(Juan 16, 12-15)

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. En la Biblia no encontramos referencias explícitas a la Trinidad como la formulamos en la doctrina -tres personas distintas y un solo Dios verdadero-, sino que los textos bíblicos nos permiten ver como Jesús nos revela al Padre y nos deja al Espíritu Santo. Por esto, el evangelio de Juan, que se caracteriza por su referencia al Espíritu, ayuda a esta formulación ya que Jesús les dice a sus discípulos que les dejará el Espíritu de la verdad quien será el encargado de revelarles todo lo que viene de Dios y también les dice que todo lo que es del Padre es suyo.

Por tanto, la formulación dogmática sobre la Trinidad es fruto de reconocer en la historia de la salvación que Dios se ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Y lo más importante, más que intentar comprender como tres son uno o viceversa -lo que respondería a la racionalidad humana-, interesa comprender que el Dios que nos reveló Jesús es comunidad, es amor recíproco, es don de sí que se manifiesta en la creación y en la historia de amistad que ha entablado con la humanidad.

Lamentablemente, el dogma de la trinidad sigue siendo algo lejano a la cotidianidad de la vida cristiana porque se pone énfasis en que no se puede comprender, más que en mostrar a Dios trinidad es decir que Dios es comunidad y por eso nuestra fe no puede ser individualista ni, mucho menos, centrada en las leyes o ritos, dejando de lado las relaciones personales, la fraternidad-sororidad.

La teología actual también hace mucho énfasis en descubrir un Dios Trino que no se identifica con un Padre anciano, un hijo varón y una paloma sino en el Dios amor que se revela como Padre y Madre, en un Jesús resucitado que ofrece este don de la vida definitiva a varones y mujeres en igualdad de condiciones y un Espíritu Santo que es el mismo Espíritu de Jesús, impulsándonos a vivir como él vivió para hacer experiencia la vida trinitaria en nuestro aquí y ahora.

Necesitamos vivir una fe más trinitaria para que la vida comunitaria, la Iglesia, sea una experiencia que nos convoque más fuertemente y la solidaridad con todos sea el distintivo de nuestra fe en el Dios que es comunidad, amor, entrega recíproca.

(Foto tomada de: https://tratarentreamigos.blogspot.com/2019/06/la-trinidad-misericordiosa-escultura-de.html)

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“Dios danza” – San Juan 16, 12-15 – , por Joseba Kamiruaga Mieza

domingo, 15 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu que hemos recibido, escribe San Pablo. Es gracias al Espíritu que nos hemos descubierto -nos estamos descubriendo- agapetoi, amados por el Señor.

Y cuando nos descubrimos amados, crece la esperanza, que es confianza en el futuro, que es clave para interpretar y dar un giro al presente.

Estamos aquí, discípulos tenaces de lo imposible, testigos asombrados del asombro.

Custodios del misterio escondido durante siglos, llamados a contarlo, a decirlo.

Sabemos que Dios existe y que es hermoso.

No lo sabemos porque seamos genios -ni mucho menos-, sino porque Él, el Señor, se ha revelado.

Como en una búsqueda del tesoro, de pista en pista, impulsados por la alegría.

Porque el cristianismo tiene que ver con Dios. Y con la alegría.

Y también nosotros, como los Apóstoles aturdidos por tantas emociones, masticados y florecidos, sabemos que el Espíritu nos acompaña a la verdad completa.

Porque no podemos soportar el peso de toda la belleza, de todo el amor que Dios quiere derramar sobre nosotros. Lo hacemos por etapas, por partes, paso a paso.

Y es gracias al Espíritu, don del Resucitado, que los discípulos del Señor descubrieron una verdad que nos deja atónitos.

Dios existe, y es una relación de amor.

¿Qué Dios?

Y es irónico que esta banda de simpáticos discípulos que es la Iglesia, no esa chismosa de los medios de comunicación ni la descrita como desorganizada y moribunda que se lee en los sitios web de los católicos puros y duros, sino ese Pueblo de Dios santo y en conversión al que el Resucitado confía la construcción del Reino, gracias al Espíritu Santo, se pregunte en qué Dios estamos creyendo.

Y aunque poco a poco estamos dejando que la lógica del mundo nos contagie, que la política (la fea política para ser más exactos) trate la fe como un objeto contundente, que las paranoias, las fobias y las aproximaciones sustituyan a la vida espiritual, el mensaje que se nos transmite permanece.

No creemos en Dios. Creemos en el Dios de Jesucristo.

Es otra cuestión, sinceramente. Otro enfoque.

Yo nunca habría llegado a Dios si Él no hubiera venido a mi encuentro. 

El Dios monstruoso

Lo escribo y lo digo a menudo: estoy convencido de que todos llevamos en el corazón una imagen de Dios, incluso los que creen no creer.

No siempre es bella, sinceramente: una idea espontánea, inconsciente, cultural, ligada a nuestra educación y alimentada por alguna predicación o catequesis escuchada distraídamente.

Dios existe, claro, pero es incomprensible, lunático, inaccesible.

Te ama, se dice, pero luego, si no lo amas, Él, que te quiere tanto, te envía una gran desgracia.

Es omnipotente, pero no defiende al niño vendido para prostituirse. Ni aplasta al cura pedófilo que abusa de él.

Existe, obra, claro. Pero casi nunca hace mi bien.

Mejor mimarlo a Dios, nunca se sabe. Mejor tratarlo bien, esperando que no te pase una desgracia.

Y, a decir la verdad, quizá yo sería capaz de actuar mejor que Él y resolver algún que otro problemilla mundial.

La idea de Dios que llevamos en el corazón, seamos sinceros, es horrible en general.

Hasta que llegó Jesús y trastornó nuestras pequeñas, tantas veces pobres y mezquinas, ideas sobre Dios.

Y habló de Él como nadie había hablado antes y envió al Espíritu para que, finalmente, lo entendiéramos. 

El Dios de Jesús

Jesús nos revela que Dios es Trinidad, es decir, comunión.

Nos dice que, si vemos «desde fuera» que Dios es único, en realidad esta unidad es fruto de la comunión de un Padre/Madre que ama a un Hijo, y este amor es tan intenso que se convierte en una persona: el Espíritu Santo. Tan unidos que son uno, tan orientados el uno hacia el otro que están totalmente unidos.

Dios no es soledad, perfección inmutable y aséptica, supremo egoísta ególatra que se basta a sí mismo, sino banquete, abrazo, bienvenida, casa, comunión, encuentro, fiesta, familia, amor, tensión del uno hacia el otro.

Solo Jesús podía hacernos entrar en el hogar interior de Dios, solo Jesús podía revelarnos la alegría íntima, el tormento íntimo de Dios: la comunión, la esponsalidad. Una comunión plena, un diálogo tan armonioso, un don de sí mismo tan realizado, que nosotros, desde fuera, vemos un Dios único.

Dios es Trinidad, relación, danza, fiesta, armonía, pasión, don, corazón.

Entonces, por fin, entiendo la inútil lección de catequesis de cuando, de niño, veía al párroco escribir en la pizarra la suma: 1 + 1 + 1 = 1 y dibujaba un triángulo equilátero.

Qué tierno. Con el amor medio que un niño tiene por la geometría, se había metido en un buen lío.

Hoy lo entiendo.

Se equivocó en la operación. En Dios, 1x1x1=1.

Precisamente porque el Padre ama al Hijo, que ama al Padre, y este amor es el Espíritu Santo, nosotros, desde fuera, vemos una unidad absoluta. 

¿Y yo?

Si Dios es comunión, en Él estamos bautizados y a su imagen hemos sido creados; esta comunión habita en nosotros y a imagen de esta imagen hemos sido creados. La hermosa parábola del Génesis nos recuerda cómo Dios se miró en el espejo, sonriendo, para diseñar al hombre.

Pero, si esto es cierto, las consecuencias son enormes.

La soledad nos resulta insoportable porque es inconcebible en una lógica de comunión, porque estamos creados a imagen de la danza.

Si jugamos nuestra vida como solitarios egoístas, nunca encontraremos la luz interior porque nos alejamos del proyecto.

Jean Paul Sartre decía: «El infierno son los otros», Jesús nos reitera: «Sed perfectos en la unidad».

Y aunque la comunión sea difícil, es indispensable, vital, y cuanto más apuntamos a la comunión, más realizamos nuestra historia, más nos ponemos en la escuela de la comunión de Dios, más nos realizamos.

La Iglesia debe construirse a imagen de la Trinidad. Nuestra comunidad se inspira en Dios Trinidad, miramos a Él para tejer relaciones, para respetar las diversidades, para superar las dificultades.

Al observar nuestra forma de ser, de relacionarnos, de respetarnos, de ser auténticos, quienes nos rodean comprenderán quién es Dios y, para nosotros, la idea de un Dios que es Trinidad se convertirá en luz.

Este es el Dios que Jesús vino a anunciar.

Aquél por cuya existencia apuesto.

El que el Espíritu nos permite conocer y experimentar, descubriéndonos amados, entrando en la danza.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo de la Santa Trinidad, 15 de junio de 2025

1.- Comunión que se comunica.

2.- Una comunión de amor y vida.

3.- La Trinidad: fuente de sabiduría para vivir.

4.- La Trinidad: comunión de amor, flujo de vida divina.

5.- Lo que es del Padre es también nuestro.

6.- La Trinidad: infinita sabiduría de la vida.

7.- El Dios gozoso multiplica la vida.

8.- Dios danza – San Juan 16, 12-15 –.

9.- Trinidad, sonrisa de Dios.

10.- Trinidad, fe en movimiento.

11.- Trinidad, ventana del Misterio de Dios.

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 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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