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Archivo para Miércoles, 30 de septiembre de 2020

El Intruso

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

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(Koldo Chamorro, El Santo Christo ibérico)

El intruso.

Caminaba sobre el agua, llenaba las redes,
los pescadores abandonaban su oficio por seguirlo.
En una boda faltó el vino.
Él se hizo cargo:
centenares de litros,
un golpe de maestro viñador,
agua en vasos de piedra convirtiéndose en vino.
Es mejor, dijeron los invitados, sí, es mejor
el vino que surge sin pisar la uva,
el pan hecho sin grano ni horno, el pez que se mete en la barca de un salto.
Desencadenaba el gratis que pertenece a la gracia,
apasionada y violenta.
Venía de un bautismo en aguas del Jordán,
murió poco más allá
sobre un travesaño con forma de T
y, cuando un hierro le atravesó el costado,
brotó agua, como la incisión de un parto.
Murió convertido en fuente.
He aquí el intruso del mundo,
empapado de la grasa de todas las culpas,
perdiendo el color, pálido de frío, en un abril
o incluso en un marzo, más allá de ochocientos metros
sobre el nivel del mar jamás tocado.
Un gargarismo de aguas en el fondo de un pozo seco,
un carraspeo en la tubería de las arterias:
así diluvia su
resurrección”.

*
Erri De Luca

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“Lamentarse ante nuestra tumba”, por Carlos Osma

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

portrait-4573464_1920De su blog Homoprotestantes:

“Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo. Muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro recién salido el sol” (Mc 16,1-2).

Carmen Bernabé, profesora de Sagrada Escritura en la Universidad de Deusto, explica en un artículo publicado en el libro Reimaginando los orígenes del cristianismo[1] que la tradición de la visita al sepulcro por parte de las mujeres para ir a ungir el cuerpo de Jesús, ha sido elaborada con un interés teológico comunitario por parte de cada uno de los evangelistas. Sin embargo, considera que tras ella existe una tradición oral con diferentes versiones, que tiene su origen en la visita a la sepultura de Jesús de varias discípulas para hacer duelo y lamentarse. Una costumbre que los estudios sociológicos y la arqueología han corroborado a pesar de estar condenada oficialmente en el judaísmo. Las visitas a las tumbas de los difuntos se habían extendido entre la población judía del siglo primero, y las mujeres probablemente lo hacían al amanecer o el atardecer para intentar no encontrarse a nadie en el camino.

Al leer el texto evangélico y el comentario de Carmen Bernabé me he preguntado por la relación de los cristianos LGTBIQ con la sepultura donde enterraron su yo heterosexual y/o cisgénero, pero probablemente también su comunidad de fe, su familia, algunos proyectos y sueños, el trabajo, la ciudad, la Biblia, o incluso la fe. Hay personas que afirman que hace mucho tiempo que dejaron atrás esa sepultura, otras que lo suyo no fue una sepultura sino más bien una incineración, y que las cenizas resultantes se las llevó el viento. Personalmente me cuesta creerlo porque esas sepulturas, o cenizas, no están fuera de nosotros, sino que forman parte de quienes somos ahora. No nacimos el día en el que nos liberamos y dijimos al mundo entero quienes éramos, el día en el que asumimos nuestra identidad ante nosotros y ante los demás. Nacimos tiempo antes, y lo que ocurrió entre ambos nacimientos siempre nos acompaña. Podemos esconder en lo más profundo nuestro sepulcro o urna particular, pero está ahí, y quizás como las mujeres del evangelio, deberíamos acercarnos a él para lamentarnos.

Dice Carmen Bernabé que las mujeres eran las encargadas de ir a las tumbas, de cuidarlas, y que ante ellas realizaban lamentos rituales. Con esos lamentos, que eran composiciones poéticas que se cantaban sin instrumentos musicales, expresaban el dolor que sentían. Es verdad que en algunas ceremonias también había lugar para que los hombres pudieran cantar, pero sus canciones servían más bien para elogiar a los difuntos, recordando sus acciones heroicas. Por una parte, creo que la forma en la que los hombres se comportaban frente a la tumba de quienes habían fallecido podría servirnos de ejemplo a las personas LGTBIQ para aproximarnos a nuestro sepulcro, al dolor padecido, a la pérdida. Y es que tenemos razones más que de sobra para elogiarnos y subir nuestra autoestima: nos hemos enfrentado a la LGTBIQfobia con determinación, hemos luchado por la justicia, no hemos agachado la cabeza, y hemos ganado muchas batallas. Sin embargo, tengo la impresión que más que una aproximación a la sepultura en la que un día vivimos (morimos), con esta estrategia estamos intentando huir de ella. Y es lógico, porque nos trae a la memoria tanta humillación, que preferimos imaginarnos como héroes y heroínas. Sentimos tanta claustrofobia al volver a recordarnos dentro de ella, que nos refugiamos en la libertad que nos ofrece la vida que ahora hemos construido.

Las mujeres frente al sepulcro con sus lamentos intentaban elaborar su pérdida. Una visión superficial de esta forma de actuar puede parecer poco liberadora, pero si nos aproximamos y la analizamos un poco, descubriremos que tiene mucho que aportarnos. Para empezar porque con sus lamentos querían mantener vivo el recuerdo y la presencia del difunto, y las personas LGTBIQ no deberíamos olvidar nunca la experiencia opresiva que vivimos, ni pasar por alto que esa experiencia todavía hoy influye en muchas de nuestras acciones sin darnos cuenta. También pretendían reivindicar la historia de quien había fallecido, y en nuestro caso, nadie reivindicará nuestra historia si no lo hacemos nosotros. Al niño marica, a la adolescente trans, a la joven bollera, que no tenía las herramientas necesarias para enfrentarse a un sistema opresivo que lo ocupaba todo, podemos darle el último golpe de gracia para deshacernos de él o de ella. Podemos borrarlo, avergonzarnos de ella, de sus contradicciones y mentiras para sobrevivir, podemos decir que no existió. Pero también tenemos la posibilidad de mirarlo con amor y reconocer que hizo todo lo que supo y pudo para sobrevivir.

Hay una función más que tenían los lamentos ante las tumbas de los difuntos: la de denunciar las injusticias sufridas. Para hacernos una idea de lo subversivas que podían llegar a ser las lamentaciones de las mujeres en los ritos de duelo, en la antigua Grecia se regularon por temor a provocar alteraciones del orden. También se intentaron controlar más tarde en el cristianismo introduciendo como modelo el comportamiento sereno de María, la madre de Jesús, a los pies de la cruz. Pero las seguidoras de Jesús que lamentaban la muerte de su maestro, reivindicaban también su vida y, por tanto, condenaban las acciones de quienes habían acabado con ella en una cruz. Acercarnos a nuestras propias tumbas, al lugar donde dejamos a aquella persona que un día fuimos, se puede hacer con la determinación de denunciar la LGTBIQfobia que padecimos y a las instituciones que las promueven, algunas en nombre de dios. Ante nuestra acción determinada siempre habrá la voluntad de desprestigiarnos, de silenciarnos, o de decirnos cuál es la manera correcta y “cristiana” de lamentarse, pero nuestro ejemplo a seguir son los gritos y las lágrimas de unas mujeres a las que nadie pudo impedir que denunciaran una injusticia.

Pasar página para tratar de construir una nueva vida tratando de olvidar aquella en la que la LGTBIQfobia nos crucificó, es una acción que creo que al final no libera, no ayuda a curar las heridas. La experiencia que tuvieron las mujeres que fueron al sepulcro tres días después de la muerte de Jesús para lamentar su pérdida, nos permite ver que el lamento no siempre es un círculo vicioso del que no se puede salir, algo que nos revictimiza y que no puede liberarnos. El lamento puede ser una manera de no dejar atrás la persona que un día fuimos, de reivindicarla, y de denunciar el sufrimiento padecido. Según el Evangelio de Marcos la experiencia de la resurrección de Jesús no fue dada a los hombres que habían huido de la cruz y del sepulcro, sino a las mujeres que asumieron la tarea de acompañar a su maestro y lamentar su muerte. El grito de dolor puede ser creativo, y tiene la capacidad de abrirnos a la resurrección. Una resurrección que nos trae esperanza no solo a nosotros, sino a todas aquellas personas cuyo cuerpo ha sido introducido en un sepulcro. No nos avergoncemos, por tanto, atrevámonos a gritar y lamentarnos por la injusticia de la LGTBIQfobia que todavía trata de destruir la vida de tantas personas, y a las instituciones e iglesias que la amparan.

Carlos Osma

[1] Bernabé, C. & Gil, C. Reimaginando los orígenes del cristianismo (Estella; Editorial Verbo Divino, 2008), pp. 307-352.

Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”

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María Magdalena: más allá de El código da Vinci

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

maria-magdalenaSu memoria se halla en la geografía, en dichos populares y en obras de arte

Tuvo una gran significación en los orígenes del cristianismo: fuente de autoridad, estuvo al lado de Jesús en los momentos más importantes, y fue testigo ocular en las apariciones, la primera en anunciar al resucitado

Juan Pablo II la definió como “apóstol de los apóstoles”

El presente número de la revista Reseña Bíblica, gracias a las aportaciones de prestigiosos colaboradores, trata de contribuir a ofrecer luz, desde una perspectiva actual, a esta enigmática y fascinante figura de la Biblia

Editorial Verbo Divino acaba de publicar un nuevo número, el 107, de la revista Reseña Bíblica. Sobre esa mujer que llamaron Miriam, originaria de la ciudad pesquera de Magdala, y que de manera generalizada conocemos como María Magdalena. Su memoria se halla en la geografía, en dichos populares y en obras de arte, e innumerables iglesias se han construido bajo su advocación. Su figura, sabida y desconocida por igual, sigue fascinando y suscitando interés en cuanto se la nombra; su memoria ha sido leída y releída, construida y deformada, según circunstancias e intereses diversos.

Tuvo una gran significación en los orígenes del cristianismo, su memoria ha sido fuente de autoridad, estuvo al lado de Jesús en los momentos más importantes, y fue testigo ocular en las apariciones, la primera en anunciar al resucitado. Juan Pablo II la definió como “apóstol de los apóstoles”, y el papa Francisco la ha colocado en el calendario romano de los santos.

Pero, ¿quién fue realmente María Magdalena? El presente número de la revista Reseña Bíblica, gracias a las aportaciones de prestigiosos colaboradores, trata de contribuir a ofrecer luz, desde una perspectiva actual, a esta enigmática y fascinante figura de la Biblia y para reconocer a todas las mujeres que han sido y son protagonistas en el anuncio de Jesús. ¡Ya a la venta! Más información en Núm. 107- Reseña Bíblica María Magdalena; puede encontrarla en  EVD, en su librería o quiosco habitual.

Fuente Religión Digital

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Movimiento LGBTI logra inscribir la marca “Movilh” tras arremetida neonazi que buscaba apropiársela

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

movilh-820x394Fue inscrita en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi) del Ministerio de Economía.

Tras un año y medio de trámites, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) logró inscribir como propia su marca, luego de que un sujeto neonazi intentará apropiarse de la misma.

De esa manera, “terceros ya no podrá usar la marca “Movilh” para ninguna actividad contraria a los principios y objetivos de nuestra organización. Todo uso de la marca deberá para todos los efectos contar con nuestra autorización.”, señaló la vocera del Movilh, Daniela Andrade.

La tramitación de la marca estuvo a cargo de la abogada del Movilh, Mónica Arias, luego de conocerse el año pasado que un  neonazi identificado como Luis Andrés Luces Armado había iniciado las gestiones ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi),  del Ministerio de Economía , para inscribir a la marca “Movilh”  como propia.

Tras ello, el Movilh ha recibido diversos ataques neonazis por medios electrónicos y en el frontis del Sede, todo lo cual ha sido denunciando ante la Policía de Investigaciones y la Fiscalía.

Fuente MOVILH

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Matt Bomer sobre su adolescencia gay en una familia religiosa conservadora

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

original-o-elle-matt-bomer-casting-cincuenta-sombras-de-grey-quien-es-matt-7344175-1-esl-es-quien-es-matt-jpgMatt Bomer ha hablado de su lucha al crecer como gay en una familia religiosa ultraconservadora, describiendo su crianza como un entorno “bifurcado”.

El galardonado actor de American Horror Story explicó en una entrevista con The Guardian que tuvo que navegar por los cambiantes valores religiosos de su familia cuando era niño.

Se dio cuenta de que era gay en su adolescencia, dijo, “pero yo también era parte de una familia muy religiosa que vivía en un ambiente hiperconservador en el cinturón bíblico en Texas, por lo que se convirtió en una experiencia bifurcada para mí”.

La familia era tan conservadora que incluso la televisión y el cine estaban prohibidas en ocasiones. “Los límites cambiaron bastante”, dijo Bomer. “A veces se mostraban relajados, a veces más estrictos, dependiendo de dónde estuvieran los valores religiosos de mi familia en un momento dado. Si papá estaba realmente en llamas por el Señor de repente, sabías que el martillo caería. Aunque mi hermano y yo siempre encontramos la manera de acceder a todo lo que queríamos ver “.

El actor, que ahora es padre de tres hijos con su pareja Simon Halls, le confesó por primera vez a su hermano a la edad de 24 años. Le dio la noticia a sus padres en una emotiva carta dos años después, solo para encontrarse con seis meses de silencio seguidos de una ardiente disputa cuando regresó de la universidad.

Bomer salió públicamente en un discurso de premiación en 2012 en el que agradeció a Halls y a sus hijos por enseñarle “lo que es el amor incondicional”. Si bien este acto de valentía claramente no ha perjudicado su carrera, en los años que siguieron le costó algunas oportunidades que antes tenía abiertas. “Te estaría mintiendo si dijera que ciertas cosas no cambiaron para mí”, admitió. “Ciertas habitaciones que solía frecuentar, de repente la puerta se cerró. Pero también me involucré con artistas a los que no les importa, que solo quieren al actor que creen que es mejor para el papel, y esos son los artistas con los que quería trabajar de todos modos, así que no lo considero ningún tipo de pérdida. “

Bomer está abrazando su sexualidad en su última película, The Boys in the Band, que es una adaptación de la famosa obra queer de 1968.

Bomer protagonizó el renacimiento del 50 aniversario de la obra en Broadway en 2018, y la película contará con el mismo elenco totalmente gay, incluidos Jim Parsons, Zachary Quinto, Andrew Rannells y Charlie Carver. “Todo tiene lugar unos meses antes de Stonewall”, dijo Bomer. “Se trata de este momento justo antes de esa explosión, esa revolución, y de alguna manera los personajes sienten que van a quedar atrapados en esta obra hasta que algo cambie. Mi frase favorita es cuando Michael pregunta qué hora es y yo respondo: ‘Es temprano’. Creo que eso es cierto para el movimiento y dónde estaban estos hombres; realmente fue temprano en su desarrollo. Donald está mirando al horizonte en busca de algo más allá de todo esto y no hay nada allí, es un territorio inexplorado “.

Fuente Pink News

Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas , , , ,

El Supremo condena al pederasta del colegio Gaztelueta, del Opus Dei, a dos años de prisión: no pisará la cárcel

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

aubsu_560x280-1Rebaja en nueve años la pena de la Audiencia Nacional al aplicar el Código de 2010

El Tribunal Supremo ha condenado al numerario José María Martínez Sanz a dos años de prisión por abusos sexuales continuados, y le prohíbe acercarse a la víctima durante cuatro años

Juan Cuatrecasas: “Se demuestra, sin posibilidad de apelar, que mi hijo fue abusado de forma continuada por un profesor del Colegio del Opus Dei, por un pederasta”

Llamo al señor Ocáriz (Prelado del Opus Dei) a que ponga orden en esa prelatura, llame a las cosas por su nombre y pida perdón a mi hijo y a toda mi familia”

Final agridulce en el ‘caso Gaztelueta‘. El Tribunal Supremo ha condenado al profesor del colegio del Opus Dei Gaztelueta a dos años de prisión por abusos sexuales continuados, y le prohíbe acercarse a la víctima durante cuatro años. El Alto Tribunal confirma así la pena dictada por la Audiencia de Bizkaia en 2018, aunque rebaja sensiblemente la pena, amparándose en el Código Penal de 2010 (más favorable al pederasta), y rebaja el castigo de once a dos años de prisión. Al carecer de antecedentes, el numerario José María Martínez Sanz no pisará la cárcel.

Ni el Opus Dei ni el centro, por el momento, se han pronunciado al respecto. Sí lo ha hecho, en conversacion con RD, el ‘padre coraje’ del caso, Juan Cuatrecasas, quien en una primera valoración apunta quees una condena. Se demuestra, sin posibilidad de apelar, que mi hijo fue abusado de forma continuada por un profesor del Colegio del Opus Dei, por un pederasta”.

“Reducen la pena porque lo basan en el Código de 2010, y porque no consideran suficiente que mi hijo contara algo más tarde algunos episodios”, lamenta Cuatrecasas, quien insiste en que “las víctimas no cuentan cuando quieren, cuentan cuando pueden”.

Que el Opus Dei pida perdón

En cuanto a la Prelatura, el presidente de Infancia Robada tiene claro que “el Opus Dei tendrá que hacer acto de presencia en algún momento de esta historia, por la que ha pasado supuestamente ‘de puntillas’, y pedir perdón a una víctima de abusos sexuales continuados”.

“Mi hijo ha sido víctima de abusos sexuales continuados, el colegio lo ha despreciado, con calumnias, injurias, faltándole al respeto. A él y a su familia. Esto no se me ve olvidar en la vida”, recalca Cuatrecasas, quien interpela directamente al prelado del Opus Dei. “Llamo al señor Ocáriz a que ponga orden en esa prelatura, llame a las cosas por su nombre y pida perdón a mi hijo y a toda mi familia. El Opus Dei, y el colegio, siguen manteniendo silencio. Como siempre.

Fallo del Supremo

La Audiencia vizcaína condenó al docente a once años de prisión por cinco episodios fácticos de abusos sexuales cometidos por el acusado en su despacho al dar credibilidad a la víctima, basándose en el testimonio aportado por los peritos de la acusación. La víctima tenía entre 12 y 13 años cuando ocurrieron los hechos.

El Supremo estima de forma parcial el recurso del profesor por vulneración del derecho a la presunción de inocencia y excluye de los hechos probados dos de los cinco episodios que condicionaron la gravedad de la pena al apreciar “una insuficiencia probatoria y un discurso valorativo que no se puede avalar”.

El tribunal explica que la víctima describió los tres primeros episodios, consistentes en tocamientos, desde el momento en que decidió contar lo sucedido a sus padres. Añade que, sin embargo, los otros dos hechos no se los contó ni a ellos ni a los diferentes profesionales que le trataron a partir de mayo de 2011.

Tampoco a la Fiscalía de Menores el año que se siguieron diligencias por acoso escolar, ni ante el fiscal superior de la CAV en 2013, haciéndolo en fecha próxima a 2015 a un psiquiatra, y a partir de ahí los narró en su totalidad en la querella y posterior declaración judicial, aclara el Supremo.

El alto tribunal fundamenta que “no se trata de un hecho inicial que luego va siendo objeto de matizaciones, incluso retractaciones, por parte de quien lo narra”.

Estamos en presencia de un menor de edad que sufre abusos sexuales, que narra su existencia a sus padres y a los profesionales que le asisten cuando ya ha cumplido 15 años y que finalmente, cuando ya ha alcanzado los 19 años, enriquece su relato con dos hechos de una gran trascendencia penológica”, apunta el Supremo en su Sentencia.

El fallo relata que la razón de la omisión inicial y la falta de continuidad en el relato de la víctima la obtiene la Audiencia de Bizkaia de las declaraciones del menor, que explicó la vergüenza y la culpa que sintió por lo ocurrido, y en el dictamen de los peritos que atribuyen el silencio a esos mismos sentimientos.

“No basta la mera convicción de que aquello tuvo que haber pasado para sustentar una condena que asciende a 11 años de privación de libertad”, indica el Supremo, que añade que tampoco es suficiente que la versión de la víctima inspire credibilidad.

Asimismo, afirma que el reproche inherente a cualquier acción penal «se hace más intenso cuando se proyecta sobre un niño», pero «ni siquiera en esas circunstancias puede rebajarse el canon impuesto por el derecho constitucional a la presunción de inocencia».

Por ello considera que la indignación y la repulsa por unos hechos nunca puede actuar como un elemento que debilite el cuadro de garantías con el que una sociedad democrática quiere que sea enjuiciado cualquier acusado de un hecho delictivo”.

Fuente Religión Digital

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