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Archivo para Domingo, 16 de junio de 2019

Relación de Comunión

Domingo, 16 de junio de 2019
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Maurice Zundel escribió páginas emocionantes sobre el corazón humano, este espacio donde la conciencia que se despierta accede en el sentido de su dignidad de su inviolabilidad, y que se revela, detrás del mí prefabricado y condicionado que lo recubre, como un espacio de pura acogida del otro, el espacio que no puede ser violado por principios autoritarios, ni siquiera divinos, sino que vive de la apertura y de la comunión con el Otro, a la imagen del Dios de Pobreza que  se desposee de él mismo perpetuamente en la relación de ofrenda que mantienen entre ellas las tres Personas de la Trinidad.

” (…) La Trinidad es la liberación de una pesadilla en la que la humanidad se debate cuando se sitúa frente a una divinidad de la que depende y a la que es sometida: ¿Por qué Él bastante más que yo? ¿ Por qué soy la criatura, y Él el Creador? ¿ Por qué, si es mi creador, me puso en esta situación de saber que yo soy su esclavo? ¿ Por qué me dio justo bastante inteligencia para comprender que dependo de Él? ¡ Hay una rebelión sorda e implacable qué sube del corazón del hombre en esta confrontación de su espíritu con esta especie de Dios que aparece en él como la apisonadora del espíritu!

En la apertura del Corazón de Dios a través del Corazón del Cristo, hay justamente esta manifestación increíble y maravillosa que Dios es Dios porque se comunica, que es Dios porque se da todo, porque el es la desapropiación infinita y eterna, porque tiene la transparencia de un niño, la transparencia en la que toda especie de apropiación es imposible, donde la mirada siempre es dirigida hacia “El Otro”, donde la personalidad, donde el yo, es sólo un altruismo puro e infinito. ¡ Allí está la gran confidencia qué resplandece en el Evangelio de Cristo! ¡ La perla del reino, es para que Dios sea este Dios!

¡Jesús, revelándonos la Trinidad, nos libró de Dios! Nos libró de este Dios pesadilla, exterior a nosotros, límite y amenaza para nosotros: ¡ nos libró de aquel Dios! Nos libró de nosotros mismos que necesariamente estábamos, y sordamente, aunque no nos atrevíamos a reconocerlo, en rebelión contra este Dios.

Con la Trinidad, entramos en el mundo de la relación. (…)

Subsistir en forma de don, subsistir como una relación con los demás otro, subsistir en una respiración pura de amor, tenemos ahí el Dios que se transparenta y se revela personalmente en Jesucristo. (…)

Lo que justamente es tan patético, y lo que nos hace sensible la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y el paso que trasciende que hay que obrar del uno al otro, es que, mientras que en el Antiguo Testamento el pecado supremo, el pecado original, es querer ser como Dios, en el Nuevo,  es esto mismo lo único que es necesario. (…)

¡ Se trata de ser como Dios! Y, en el fondo, esta intuición nietzscheana, esta voluntad de ser Dios, de no sostener a ningún Dios aparte de sí mísmo, es el bosquejo de una vocación auténtica. ¡ Pero atención! ¡ Sí, ser como Dios, pero después de haber reconocido en Dios justamente  la desapropiación infinita, la pobreza suprema, el despojo translúcido!

Si Dios es aquel Dios, si hay en nuestro corazón una espera infinita, ser como Dios, ahora esto quiere decir desapropiarnos fundamentalmente de nosotros mismos para que nuestra vida se cumpla como la suya en un don sin reserva.”

*

Maurice Zundel, “Le Problème que nous sommes“, Le Sarment, Fayard, 2000, pp 39-42

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”

*

Juan 16, 12-15

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Lentamente he empezado a darme cuenta de que en el gran circo, lleno de domadores de leones y de trapecistas que con sus maravillosas acrobacias reclaman nuestra atención, la historia verdadera y real la contaban los payasos. Los payasos no están en el centro de los acontecimientos. Aparecen entre una gran exhibición y otra, se mueven con torpeza, caen y nos hacen sonreír de nuevo tras la tensión creada por los héroes que veníamos a admirar. Los payasos no están coordinados entre ellos, no consiguen realizar las cosas que intentan hacer; son cómicos, se mueven con un equilibrio precario y son desmañados, pero… están de nuestra parte. No reaccionamos ante ellos con admiración, sino con simpatía; no con estupor, sino con comprensión; no con la tensión, sino con una sonrisa. De los acróbatas decimos: «¿Cómo conseguirán hacerlo?». De los payasos decimos: «Son como nosotros». Los payasos, con una lágrima y una sonrisa, nos recuerdan que compartimos las mismas debilidades humanas […].

Entre las acciones emocionantes de los héroes de este mundo, tenemos una constante necesidad del payaso, de personas que con su vida vacía y solitaria -de oración y de contemplación nos revelen la otra cara y nos ofrezcan así consuelo, alivio, esperanza y una sonrisa. En esta grande, ajetreada, fascinante y turbadora ciudad continuamos sintiendo la tentación de unirnos a los domadores de leones y a los trapecistas, que reciben la máxima atención. Pero cada vez que aparecen los payasos se nos recuerda que lo que cuenta realmente es algo diferente a lo espectacular y a lo sensacional: es lo que pasa entre una escena y otra. Los payasos, con su comportamiento «inútil», nos muestran no sólo que muchas de nuestras preocupaciones, de nuestros afanes, de nuestras ansias y tensiones tienen necesidad de una sonrisa, sino que también nosotros tenemos pintura blanca en nuestro rostro y estamos llamados a comportarnos como payasos (H. J. M. Nouwen, / c/own di Dio. Una vita spirituale per ¡I nostro tempo, Brescia 2000, pp. 7 y 162, passim).

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“Misterio de Bondad”. Fiesta de la Trinidad – C (Juan 16, 12-15)

Domingo, 16 de junio de 2019
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09-SANT-TRINIDAD-C-600x399A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por profundizar en el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios, Jesús lo llama «Padre» y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos «Dios» es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en el mundo.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como «Hijo» de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el «Espíritu» de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.

José Antonio Pagola

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“Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará”. Domingo 16 de junio de 2019. Santísima Trinidad

Domingo, 16 de junio de 2019
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34-TrinidadC cerezoLeído en Koinonia:

Proverbios 8, 22-31: Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada.
Salmo responsorial: 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!.
Romanos 5, 1-5: A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu.
Juan 16, 12-15: Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.

(Comentario homilético elaborado en un ciclo anterior por Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua)

La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad antes que doctrina ha sido evento salvador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor, introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres personas. Por eso se puede hablar de una preparación de la revelación de la Trinidad divina antes del cristianismo, tanto en la experiencia del pueblo de la antigua alianza tal como lo atestiguan los libros del Antiguo Testamento, como en las otras religiones y en los eventos de la historia universal.

El Nuevo Testamento, más que una doctrina elaborada sobre la Trinidad, nos muestra con claridad una estructura trinitaria de la salvación. La iniciativa corresponde al Padre, que envía, entrega y resucita a su Hijo Jesús; la realización histórica se identifica con la obediencia de Jesús al Padre, que por amor se entrega a la muerte; y la actualización perenne es obra del don del Espíritu, que después de la resurrección es enviado por Jesús de parte del Padre y que habita en el creyente como principio de vida nueva configurándolo con Jesús en su cuerpo que es la Iglesia.

La primera lectura (Prov 8,22-31) es un himno a la sabiduría divina considerada en su doble dimensión trascendente e inmanente. La Sabiduría es trascendente pues ella es el proyecto de Dios, su voluntad, sus designios, su Palabra, su Espíritu; pero también es encarnada ya que el proyecto divino se realiza en la creación y en la historia, la voluntad de Dios se manifiesta en la Escritura y a través de su Espíritu se convierte en una realidad interior al ser humano. De esta forma la reflexión sapiencial bíblica supera la simplificación panteísta o dualista en su visión de Dios.

En los vv. 22-25 el autor bíblico nos sitúa “antes” de la creación, en la eternidad de Dios, presentando la Sabiduría como una realidad divina y trascendente, anterior a todas las realidades cósmicas: “El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas… cuando no había océanos, fui engendrada, cuando no existían los manantiales ricos de agua”. En los vv. 26-31 la Sabiduría parecer ser una realidad creada pues aparece contemporánea a la creación. La Sabiduría está presente también en el ser humano, en su inteligencia, en su felicidad: “Cuando consolidaba los cielos allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando señalaba al mar su límite… a su lado estaba yo como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los seres humanos”.

Este himno ha llegado a ser en la tradición cristiana un preanuncio de la encarnación de la Palabra (Jn 1), que “al principio estaba junto a Dios, todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir” (Jn 1,2-3), y que al final de los tiempos “se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

La segunda lectura (Rom 5,1-5) es una especie de declaración paulina de sabor trinitario sobre la situación del ser humano que ha sido justificado gracias a la fe en Cristo: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo… y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv. 1.5). Pablo afirma la dimensión trinitaria de la vida creyente. Reconciliados con Dios por la fe, estamos en una situación de “paz” y de “esperanza”, paz que supera la tribulación y esperanza que transforma el presente.

El evangelio (Jn 16,12-15) constituye la quinta promesa del Espíritu en el evangelio de Juan. Se habla del Espíritu como defensor (“Paráclito”) y como maestro, llamándolo “Espíritu de la verdad”. La verdad es la palabra de Jesús y el Espíritu aparece con la misión de “llevar a la verdad completa”, es decir, ayudar a los discípulos a comprender todo lo dicho y enseñado por Jesús en el pasado, haciendo que su palabra sea siempre viva y eficaz, capaz de iluminar en cada situación histórica la vida y la misión de los discípulos.

El Espíritu tiene una función “didáctica” y “hermenéutica” con relación a la palabra de Jesús. El Espíritu Santo no propone una nueva revelación, sino que conduce a una total comprensión de la persona e del mensaje del Señor Resucitado. El Espíritu, por tanto, “guía” (v. 13) hacia la “Verdad” de Jesús, es decir, hacia su revelación, de tal forma que la podamos conocer en plenitud. Leer más…

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16.6.19: Fiesta de la Trinidad Bautizándoles en el Nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo

Domingo, 16 de junio de 2019
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Trinidad-RubliovDel blog de Xabier Pikaza:

Me llaman Trinidad

EL NOMBRE DE DIOS ES TRINIDAD

   Es uno, son tres, son nombres infinitos… pues todo lo que puede nombrarse y ser en Dios, como dice 1 Cor 15, 28: “Él será todo en todos”. En ese sentido, la historia de la humanidad, según la Biblia, es la historia de los nombres de Dios:

  1. El primer nombre de Dios es Yahvé, el que hace ser (y para los cristianos el Padre). Así lo ha definido y marcado para siempre el texto del Dios de la Montaña, donde arde el fuego inextinguible en el arbusto que Moisés ha visto a los pies del Sinai. Fuego inextinguible de vida sobre la estepa de los hombres, eso es Dios. Y cuando Moisés le pregunta “cómo te llamas” él responde: Soy el que soy (en hebreo Yahvé), soy la presencia de vida, soy la vida que arde sin consumirse, son el Padre del que todo viene, soy la Vida que se derrama y extiende en todo lo que existe.
  2. El segundo nombre de Dios es Jesús, que significa Yahvé salva, conforme al  himno de Flp 2, 6-11. Salvar significa liberar de la muerte, es dar la vida “muriendo”, esto es, entregando el propio ser, para que los hombres y todos los seres del mundo sean. Éste es el Dios de Jesús, Dios, aquel que no ha querido imponerse por la fuerza, sino aquel que se ha dado  “muriendo” (=dando vida), para resucitar en nosotros, para que así seamos en su nombre. Por eso, los cristianos saben, sabemos, que el nombre de Dios es Jesús (nos salva de perdernos, nos hace ser para resucitar (=vivir superando la muerte, en cada uno de nosotros, en los otros), y ante “doblamos la rodilla”, como sigue diciendo Glp 2, 6-11, es decir, nos levantamos y somos, en esperanza de resurrección, “para gloria de Dios Padre”. Y así decimos que Dios es Hijo, es decir, somos nosotros, hijos e hijas de Dios.
  3. El tercer nombre de Dios es Espíritu Santo, es decir, la Vida de todo lo que existe, pues en él vivimos, nos movemos y somos (Hch 17, 28). Dios es el Espíritu de todos los espíritus… pero entendiendo “espíritu” en el sentido fuerte de “carne y sangre”, de tiempo y eternidad, de amor en el que todo se arraiga y existe, el amor del Padre y del Hijo, del que da la vida y del que la recibe, de Yahvé (el que es) y de Jesús de Nazaret, el resucitado, amor sin más, sólo amor, amor en todo y para todos.

Por eso decimos tres nombres. pero sabiendo que Dios es Uno, siento todos los nombres, que se concretan y expresan, para los cristianos, según el evangelio (Mt 28, 16-20) en el NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO  Y DEL ESPÍRITU. Un único Nombre que son Tres, pues en tres los resumimos y condensamos, como Padre, Hijo  y Espíritu,  sabiendo que es Uno y es Todo, son tres, somos tres, la Vida que triunfa de la muerte, aquel que se manifiesta en Jesús y se expande y vive en nosotros como Espíritu Santo.

    Así lo indicaré en este Domingo de la Trinidad, domingo del Dios todo en todos, del Adviento y Navidad, de la Cuaresma y de la Pascua, domingo del Pentecostés ampliado, de los cincuenta días de Dios que son todo el tiempo y toda la eternidad. En ese fondo empezaré comentado el evangelio de este domingo que sigue siendo domingo del Espíritu… y el evangelio de la misión trinitaria.

1.EVANGELIO DEL DOMINGO DE LA TRINIDAD. CICLO C, AÑO 2019

Juan 16, 12-15 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

Evangelio del Espíritu Santo, Evangelio de la Trinidad

    La palabra clave es “cuando venga el Espíritu Santo… os guiará a la verdad completa…”, os llevará a conocer a Dios, a vivir en Dios, que es Trinidad, que es Padre-Yahvé, siendo HIjo-Jesús (Dios salva), siendo Espíritu Santo.

220px-Retaule_de_la_Trinitat_1489._Museu_Rigau_Perpinyà_2Al conocer de esa manera a Dios (al conocer la verdad completa), creyentes realizarán por tanto no sólo las obras (erga) de Jesús, sino aún mayores “porque voy al Padre” (14, 12), y lo harán en la línea de un “plus” eclesial,es decir, del Espíritu Santo , que no es un portador subordinado de la memoria de Jesús, sino el impulsor de vida y futuro en el que vivimos y actuamos:

Haréis obras mayores que las mías, el Espíritu del Padre. Los creyentes de la comunidad del Discípulo Amado han vivido y expresado la experiencia de Amor, sin instituciones fuertes, pero con un fuerte impulso del Espíritu al servicio de la verdad completa, en una línea distinta, pero complementaria, a la de Efesios (cf. cap. 19):

 ‒ Si me amáis, guardaréis mis mandatos y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, que esté con vosotros por siempre (Jn 14, 15-16). Estas cosas os he dicho estando con vosotros. Pero el Consolador, Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas lo que os he dicho (14, 25-26).

Cuando venga el Consolador, que Yo enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí y vosotros daréis también testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio (15, 26-27). Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no (las) podéis soportar. Pero cuando venga Él, el Espíritu de verdad, os guiará a la Verdad completa (cf. 16, 7-13).

                       Estas palabras nos sitúan en el centro de la experiencia y teología del Trinidad, del Dios cristiano, en la línea del Espíritu Santo como Paráclito (abogadode perseguidos y humillados, defensor en el juicio) y Consolador (amigo íntimo que nos ofrece su ánimo). Éste es el Espíritu de Dios, que aparecía en diversos lugares del AT (sobre todo en relación con los profetas y el Mesías, cf. cap. 5‒6) y en algunos momentos principales de la historia de Jesús (resurrección, bautismo, concepción por el Espíritu…), el Espíritu de Dios que ahora define la vida y acción de los creyentes:

‒ Es el Espíritu del Padre, en su doble dimensión de origen (Jn 15, 26) y envío, pues el Padre lo ofrece o emite (Jn 14, 16. 26), como impulso de conocimiento y plenitud de vida, en línea de filiación (para que los hombres sean en Jesús hijos de Dios). Siglos más tarde, desde la controversia del Filioque (¡y del Hijo!), cristianos de tradición bizantina y romana han discutido extensamente sobre este motivo, precisando de formas algo distintas la relación del Paráclito con el Padre y con el Hijo.

‒ Es Espíritu del Hijo, pues el Hijo ruega, y el Padre lo envía en su nombre (cf. Jn 14, 15-26. 25-26). Más aún, el mismo Jesús glorificado, como Hijo de Dios, puede enviar y enviará el Espíritu a quienes se lo pidean, para realizar así la obra de Dios (Jn 14, 26-27; 15, 26-27). En esa línea podemos añadir que el Espíritu Santo es “el otro Paráclito”, es decir, el mismo Jesús hecho presente, de un modo nuevo (pascual, resucitado: cf. tema 17), como amor activo en aquellos que acogen (creen) y cumplen su mensaje, volviéndose así “cristos”, capaces de realizar las obras de Jesús y aún mayores, como he destacado ya.

 Entendido así, el Paráclito es la Autoridad de Amor que consuela y fortalece a los creyentes, para que puedan ser en comunión, realizando las obras de Jesús y aún mayores, es decir, llevando a plenitud su tarea mesiánica. En esa línea, Jesús no marca un “fin”, no es un tope que nos impide seguir caminando, sino al contrario: En él empieza el auténtico camino de transformación humana, en unidad de amor (que todos sean uno) y en elevación de vida. El Espíritu es por tanto el mismo Dios, que se expresa en Jesús como amor del Padre y el Hijo, siendo así, al mismo tiempo, comunión de amor de los creyentes, “de manera que todos sean Uno, como nosotros somos Uno: tú, Padre, en mí y yo en ti; para que el mundo crea que tú me has enviado” (17, 21). Ser unos en otros, en el despliegue de Dios, éste es el misterio central de la resurrección[1].

Dios es Espíritu, Dios es Trinidad, en sí mismo y en nosotros (es en sí mismo, siendo en nosotros), es Padre en-por Jesús, es Hijo, en el Espíritu.Desde ese fondo se entiende la respuesta de Jesús a la samaritana, superando la visión y religión de los cultos nacionales de Jerusalén y el Garizim, que separan y dividen a los hombres:

  Créeme, mujer: llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque ciertamente el Padre busca tales adoradores. Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarle en Espíritu y en Verdad (Jn 4, 21-24)

              Esta palabra ratifica la promesa del Espíritu, poniendo de relieve el sentido de la adoración en Espíritu y Verdad, como experiencia de transformación universal en amor, desde el Dios presente como Vida en nuestra vida:

 ‒ Rogaré al Padre y os enviará otro Paráclitopara que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Jesús había sido defensor de sus discípulos: Primer Paráclito, consuelo en el amor. Pero, culminado su camino, él ruega al Padre que envíe Otro Paráclito, el Espíritu Santo (cf. Mc 13, 11), para defender a los perseguidos en la prueba. En un sentido, Jesús se va, ya no acompaña a los creyentes de un modo inmediato, pero él pide al Padre que les envía “otro Paráclito”, presencia interior y compañía, en comunión y libertad completa (no os dejaré huérfanos: Jn 14, 18).

‒ El Espíritu os lo enseñará todo: “Pero el Paráclito…, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14, 26). El Espíritu “recuerda”, esto es, permite entender y revivir, en línea personal y en comunión de amor (consuelo), el mensaje y vida de Jesús, reinterpretando su camino, en verdad (en conocimiento: ¡os lo enseñará todo!) y en vida (retomando el camino y las obras de Jesús).

Espíritu y testimonio: “Cuando venga el Paráclito, a quien yo enviaré del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,26-27). El testimonio de Jesús no está ligado a instituciones u obras externas, sino a la presencia del Espíritu, que es garantía de su presencia y acción en la Iglesia.

Presencia resucitada: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16, 7). Hay una presencia de Jesús que ha debido terminar. Sólo marchándose, realizando su tarea de Dios hasta el final, Jesús podrá enviar el Espíritu de Dios, para que también sus discípulos sean como él y realicen sus obras[2].

Notas de la primera parte

[1] El Espíritu aparece así como “otro Paráclito” (allon Paraklêton: Jn 14, 16), pues el primero es Jesús, Hijo de Dios. Es “otro” y, sin embargo, es el mismo Jesús hecho herencia de vida y comunión en los creyentes. El Paráclito deriva de Jesús y, siendo plenitud y cumplimiento de su promesa, esto es, Reino y Verdad de (Jn 14,15), puede realizar obras “mayores” que las suyas. No es simple promesa de un Reino Futuro, que vendrá al final, por encima y fuera de la historia, sino que actúa en este mundo (en la línea del “milenio” de Ap 20, 1‒6), suscitando un Reino de justicia y verdad. Algunos movimientos post‒cristianos entendieron está venida del Paráclito de un modo apocalíptico (Montano), dualista (Mani) o incluso político‒social (Mahoma), pero es evidente que, según el evangelio, ella ha de verse en línea de cumplimiento del mensaje y vida de Jesús, en clave de transformación (Unción) interior. “Pero vosotros habéis recibido la Unción del Santo, y todos conocéis la verdad. La Unción que de Él recibisteis permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe. Porque su Unción os enseña todas las cosas, y es verdadera y no mentira…” (1 Jn 2, 20. 26‒27). Estas palabras definen y concretizan la promesa del Paráclito como “unción del Santo”, transformación en la verdad, de manera que ya no sea necesario que unos enseñen a los otros desde fuera (por imposición externa), pues la verdad y la vida se identifican con el mismo Espíritu que actúa y se expresa en la vida de los creyentes.

[2] Esa palabra (conviene que me vaya)ha de entenderse en sentido radical: Durante su vida en el mundo, Jesús ha sido “hijo de David”, como indicaba con toda precisión Rom 1, 3‒4, con las limitaciones que ellos suponía (en línea intraisraelita). Sólo con la resurrección (es decir, culminando su obra mesiánica) Jesús ha podido volverse portador del Espíritu Santo, presencia universal y de transformación.

2. MISIÓN CRISTIANA Y TRINIDAD. MT 28, 16-20

 Los once fueron a la Montaña… Jesús les dijo: Se me ha dado toda autoridad en cielo y tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os mandé; y yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo (28, 18-20).

          evangelio-de-mateo   Estos once, reunidos en la montaña de la pascua, a partir del testimonio de las mujeres de la tumba vacía, son los discípulos/hermanos de Jesús,  aquellos a los que Jesús había llamado, para acompañarle en su tarea de reino, son todos los creyentes, somos todos nosotros, portadores del Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

           Éstos que van a la montaña de Galilea, en el día de Pentecostés, que es día del Dios Trinidad somos todos nosotros…. todos los creyentes, varones y mujeres, que abren desde la montaña de Galilea el mensaje y vida de Jesús a las naciones[1].

Eso significa que la función anterior de Jesús centrada en  Jerusalén ha terminado (cf. 21, 43; 22, 7; 23, 37-39), ha cesado el judaísmo del templo y la ley nacional del reino judío de David, y la verdadera teología de Israel (con su mensaje universal) ha de extenderse a todas las naciones desde Galilea, esto es, desde el “monte” de la vida‒mensaje de Jesús (no desde Jerusalén y Roma como supone Hech 1 y 28), ratificando la misión universal  del judaísmo galileo de Jesús, no el jerosolimitano, el verdadero judaísmo cristiano del Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo (cf. Mt 4, 12‒16, con Is 8, 23‒9, 1)[2].

 Bautismo Cristiano: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo[3].

Estas palabras finales del Evangelio de Mateo… marcan el comienzo de la nueva Iglesia universal, la iglesia del Dios pleno (Padre, Hijo, Espíritu), la Iglesiaq que debe “bautizar a todos los hombres”, es decir, ofrecerles el misterio del Dios de amor completo…  Ciertamente, Mateo afirma que Jesús ha venido a ratificar el camino anterior del judaísmo (Mt 5, 17), pero el principio de identidad de los cristianos no Yahvé como Dios nacional, ni su ley o templo particular, ni la conversión para perdón de los pecados, como en Juan Bautista (3, 11), sino la nueva experiencia de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Leer más…

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Fiesta de la Trinidad. Ciclo C.

Domingo, 16 de junio de 2019
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trinidadDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El ciclo litúrgico se abre con la venida de Jesús y culmina con la venida del Espíritu; el Padre está presente en todo momento. Es lógico que se dedique una fiesta en honor de la Trinidad. Para ella había que elegir textos que hablaran de las tres personas, al menos de dos de ellas. Pero no pretenden darnos una lección de teología sino ayudarnos a descubrir a Dios en las circunstancias más diversas. La primera, llena de belleza y optimismo, en los momentos felices de la vida. La segunda, incluso en medio de las tribulaciones, dándonos fuerza y esperanza.           La tercera, en medio de las dudas, sabiendo que nos iluminará.

Dios presente en la alegría (Proverbios 8, 22-31)

            Del Antiguo Testamento se ha elegido un fragmento del libro de los Proverbios que polemiza con la cultura de la época helenística: ¿cuál es el origen de la sabiduría? Para muchos, es fruto del pensamiento humano, tal como lo han practicado sobre todo los filósofos griegos. Frente a esta mentalidad, el autor del texto de los Proverbios afirma que la verdadera sabiduría es anterior a nuestras reflexiones y estudios; y lo expresa presentándola junto a Dios muchos antes de la creación del mundo, acompañándolo en el momento de crear todo.

Así dice la sabiduría de Dios:

            «El Señor me estableció al principio de sus tareas,

            al comienzo de sus obras antiquísimas. 

            En un tiempo remotísimo fui formada,

            antes de comenzar la tierra. 

            Antes de los abismos fui engendrada,

            antes de los manantiales de las aguas.

            Todavía no estaban aplomados los montes,

            antes de las montañas fui engendrada. 

            No había hecho aún la tierra y la hierba,

            ni los primeros terrones del orbe. 

            Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;

            cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;

            cuando sujetaba el cielo en la altura,

            y fijaba las fuentes abismales. 

            Cuando ponía un límite al mar,

            cuyas aguas no traspasan su mandato; 

            cuando asentaba los cimientos de la tierra,

            yo estaba junto a él, como aprendiz, 

            yo era su encanto cotidiano,

            todo el tiempo jugaba en su presencia: 

            jugaba con la bola de la tierra,

            gozaba con los hijos de los hombres.

            ¿Por qué se eligió esta lectura? San Pablo, en la primera carta a los Corintios, dice que Cristo es “sabiduría de Dios” (1,24). Y la carta a los Colosenses afirma que en Cristo “se encierran todos los tesoros del saber y del conocimiento” (Col 2,3). Este fragmento del libro de los Proverbios, que presenta a la Sabiduría de forma personal, estrechamente unida a Dios desde antes de la creación y también estrechamente unida a la humanidad (“gozaba con los hijos de los hombres”) parecía muy adecuado para recordar al Padre y al Hijo en esta fiesta.

Dios presente en los sufrimientos (Romanos 5, 1-5)

Curiosamente, en este texto, que menciona claramente a las tres personas, los grandes beneficiarios somos nosotros, como lo dejan claro las expresiones que usa Pablo: “hemos recibido”, “hemos obtenido”, “nos gloriamos”, “nuestros corazones”, “se nos ha dado”. Él no pretende dar una clase sobre la Trinidad, adentrándose en el misterio de las tres divinas personas, sino que habla de lo que han hecho por nosotros: salvarnos, ponernos en paz con Dios, darnos la esperanza de alcanzar su gloria, derramar su amor en nuestros corazones. Para Pablo, estas ideas no son especulaciones abstractas, repercuten en su vida diaria, plagada de tribulaciones y sufrimientos. También en ellos sabe ver lo positivo.

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Dios presente en las dudas (Juan 16, 12-15)

            El evangelio también menciona a Jesús, al Espíritu y al Padre, aunque la parte del león se la lleva el Espíritu, acentuando lo que hará por nosotros: “os guiará hasta la verdad plena”, “os comunicará lo que está por venir”, “os lo anunciará”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

            Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. 

            Pienso que el texto se ha elegido porque habla de las relaciones entre las tres personas. El Espíritu glorifica a Jesús, y todo lo recibe de él. Por otra parte, todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Tampoco Juan pretende dar una clase sobre la Trinidad, aunque empieza a tratar unos temas que ocuparán a los teólogos durante siglos.

            Para entender el texto conviene recordar el momento en el que pronuncia Jesús estas palabras. Estamos en la cena de despedida, poco antes de la pasión. Sabe que a los discípulos les quedan muchas cosas que aprender, que él no ha podido enseñarles todo. Surgirán dudas, discusiones. Pero la solución no la encontrarán en el puro debate intelectual y humano, será fruto del Espíritu, que irá guiando hasta la verdad plena.

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Solemnidad de la Santísima Trinidad. 16 junio, 2019

Domingo, 16 de junio de 2019
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Dice Jesús:

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo”
(Jn 16,12-15).

Compartimos con vosotras la alegría que esta comunidad de monjas trinitarias de Suesa tiene en esta jornada. Entra a borbotones el contento en un corazón cristiano en este día de la fiesta de la Santísima Trinidad.

¿Por qué? Sencillamente por el modo que Dios, nuestro Dios Trinidad, tiene de relacionarse con sus criaturas, con toda la creación y especialmente con el ser humano. En este día la creación entera desborda de gozo.

La fiesta de hoy, puede ser que la entiendan mejor las gentes sencillas. Quienes saben de cercanía, de bondad, de perdón para hacer la vida más bella, más en sintonía con nuestro Dios que se nos regala compartiendo con sus hijas lo que le es más consustancial: el AMOR.

“Dios es amor” (1 Jn 1). Y el amor, a todas nos gusta recibirlo. Ese amor que no sabe de fronteras. No sabe de listos y tontos, de ricos y pobres. No sabe de encasillados, de que yo soy más que tú, etc.

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento”. Quizá lo que nos quiere decir Jesús con estas enigmáticas palabras es que serán los corazones sencillos quienes descubran al Espíritu, la Santa Ruah. Porque son las personas humildes las que mejor perciben: “que el Espíritu de la verdad, os irá guiando a la verdad plena”.

Pues, a esta Santa Trinidad celebramos, con Ella nos gozamos. Porque creemos en este Dios celebramos y descubrimos la vida más bella. Por eso ¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

Trinidad Santa,

que nos has hecho semejantes a Ti,

que tu Palabra expresada en Jesús, nuestro Maestro,

sea nuestro Camino, Verdad y Vida.

Guíanos con la luz de tu Espíritu,

haznos portadoras del mensaje del Amor.

Gloria al Padre, al Hijo y Espíritu Santo.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Para nosotros Trinidad es una unidad.

Domingo, 16 de junio de 2019
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24.the_trinity-blanchard-lowresJn 16,12-15

De Dios no sabemos ni podemos saber nada, ni falta que nos hace. Tampoco necesitamos saber lo que es la vida fisiológica, para poder tener una salud de hierro. La necesidad de explicar a Dios es fruto del yo individual que se fortalece cuando se contrapone a todo bicho viviente, incluido Dios. Cuando el primer cristianismo se encontró de bruces con la filosofía griega, aquellos pensadores hicieron un esfuerzo para explicar el evangelio desde su filosofía. Ellos se quedaron tan anchos, pero el evangelio quedó hecho polvo.

El lenguaje teológico de los primeros concilios, hoy, no lo entiende nadie. Los conceptos metafísicos de “sustancia”, “naturaleza” “persona” etc. no dicen absolutamente nada al hombre de hoy. Es inútil seguir empleándolos para explicar lo que es Dios o cómo debemos entender el mensaje de Jesús. Tenemos que volver a la simplicidad del lenguaje evangélico y a utilizar la parábola, la alegoría, la comparación, el ejemplo sencillo, como hacía Jesús. Todos esos apuntes tienen que ir encaminados a la vivencia no a la razón.

Pero además, lo que la teología nos ha dicho de Dios Trino, se ha dejado entender por la gente sencilla de manera descabellada. Incluso en la teología más tradicional y escolástica, la distinción de las tres “personas”, se refiere a su relación interna (ab intra). Quiere decir que hay distinción entre ellas, solo cuando se relacionan entre sí. Cuando la relación es con la creación (ad extra), no hay distinción ninguna; actúan siempre como UNO. A nosotros solo llega la Trinidad, no cada una de las “personas” por separado. No estamos hablando de tres en uno sino de una única realidad que es relación.

Cuando se habla de la importancia que tiene la Trinidad en la vida cristiana, se está dando una idea falsa de Dios. Lo único que nos proporciona la explicación trinitaria de Dios es una serie de imágenes útiles para nuestra imaginación, pero nunca debemos olvidar que son imágenes. Mi relación personal con Dios siempre será como UNO. Debemos superar la idea de que crea el Padre, salva el Hijo y santifica el Espíritu. Esta manera de hablar es metafórica. Todo en nosotros es obra del único Dios.

Lo que experimentaron los primeros cristianos es que Dios podía ser a la vez: Dios que es origen, principio, (Padre); Dios que se hace uno de nosotros (Hijo); Dios que se identifica con cada uno de nosotros (Espíritu). Nos están hablando de Dios que no está encerrado en sí mismo, sino que se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo Él mismo. Un Dios que está por encima de lo uno y de lo múltiple. El pueblo judío no era un pueblo filósofo, sino vitalista. Jesús nos enseñó que, para experimentar a Dios, el hombre tiene que mirar dentro de sí mismo (Espíritu), mirar a los demás (Hijo) y mirar a lo trascendente (Padre).

Lo importante en esta fiesta sería purificar nuestra idea de Dios y ajustarla a la idea que de Él nos transmitió Jesús. Aquí sí que tenemos tarea por hacer. Como cartesianos, intentamos una y otra vez acercarnos a Dios por vía intelectual. Creer que podemos encerrar a Dios en conceptos, es ridículo. A Dios no podemos comprenderle, no porque sea complicado, sino porque es absolutamente simple y nuestra manera de conocer es analizando y dividiendo la realidad. Toda la teología que se elaboró para explicar a Dios es absurda, porque Dios ni se puede ex-plicar, ni com-plicar o im-plicar. Dios no tiene partes que podemos analizar.

Entender a Dios como Padre Todopoderoso nos conduce al poder de la omnipotencia y la capacidad de hacer lo que se le antoje. Los “poderosos” han tenido mucho interés en desplegar esa idea de Dios. Según esa idea, lo mejor que puede hacer un ser humano es parecerse a Él, es decir, intentar ser más, ser grande, tener poder. Pero ¿de qué sirve ese Dios a la inmensa mayoría de los mortales que se sienten insignificantes? ¿Cómo podemos proponerles que su objetivo es identificarse con Dios? Por fortuna Jesús nos dice todo lo contrario, y el AT también, pues Dios, empieza por estar al lado, no del faraón, sino del pueblo esclavo.

Un Dios que premia y castiga, es verdaderamente útil para mantener a raya a todos los que no se quieren doblegar a las normas establecidas. Machacando a los que no se amoldan, estoy imitando a Dios que hace lo mismo. Cuando en nombre de Dios prometo el cielo (toda clase de bienes) estoy pensando en un dios que es amigo de los que le obedecen. Cuando amenazo con el infierno (toda clase de males) estoy pensando en un dios que, como haría cualquier mortal, se venga de los que no se someten.

Pensar que Dios utiliza con el ser humano el palo o la zanahoria como hacemos nosotros con los animales que queremos domesticar, es hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza y ponernos a nosotros mismos al nivel de los animales. Pero resulta que el evangelio dice todo lo contrario. Dios es amor incondicional y para todos. No nos ama porque somos buenos sino porque Él es bueno. No nos ama cuando hacemos lo que Él quiere, sino siempre. Tampoco nos rechaza por muy malos que lleguemos a ser.

Un dios en el cielo puede hacer por nosotros algo de vez en cuando, si se lo pedimos con insistencia. Pero el resto del tiempo nos deja abandonados a nuestra suerte. El Dios de Jesús está identificado con nosotros. Siendo ágape no puede admitir intermediarios. Esto no es útil para ningún poder o institución. Pero ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios que, siendo Espíritu, tiene como único objetivo llevarnos a la plenitud de la verdad. Y aquí “Verdad” no es conocimiento sino Vida. El Espíritu nos empuja a ser auténticos.

Un Dios condicionado a lo que hagamos o dejemos de hacer, no es el Dios de Jesús. Esta idea, radicalmente contraria al evangelio ha provocado más sufrimiento y miedo que todas las guerras juntas. Sigue siendo la causa de las mayores ansiedades que no dejan a las personas ser ellas mismas. Cada vez que predico que Dios es amor incondicional, viene alguien a recordarme: pero es también justicia. ¿Cómo puede querer Dios a ese desgraciado pecador igual que a mí, que cumplo todo lo que Él mandó?

Lo que acabamos de leer del evangelio de Jn, no hay que entenderlo como una profecía de Jesús antes de morir. Se trata de la experiencia de los cristianos que llevaban setenta años viviendo esa realidad del Espíritu dentro de cada uno de ellos. Ellos saben que gracias al Espíritu tienen la misma Vida de Jesús. Es el Espíritu el que haciéndoles vivir, les enseña lo que es la Vida. Esa Vida es la que desenmascara toda clase de muerte (injusticia, odio, opresión). La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús. Jesús intentó hacer partícipes, a sus seguidores, de esa vivencia.

S. Juan de la Cruz

Entreme donde no supe, / y quedeme no sabiendo.
Yo no supe donde entraba, / pero cuando allí me vi, /sin saber donde me estaba, /
grandes cosas entendí; / no diré lo que sentí, / que me quedé no sabiendo.
Estaba tan embebido, /tan absorto y agenado, / que se quedó mi sentido /
de todo sentir privado, /y mi espíritu dotado / de un entender no entendiendo.
El que allí llega de vero / de sí mismo desfallece; / cuanto sabía primero /
Mucho bajo le parece, / y su sciencia tanto crece, / que se queda no sabiendo.
Este saber no sabiendo / es de tan alto poder, / que los sabios arguyendo /
jamás lo podrán vencer, / que no llega su saber / ano entender entendiendo.
Y si lo queréis oír, / consiste esta suma sciencia / en un subido sentir /
De la divinal esencia; / es obra de su clemencia / hacer quedar no entendiendo, /
Toda sciencia trascendiendo.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Himno a la Sabiduría.

Domingo, 16 de junio de 2019
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sabidEn corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida (Salomón)

16 de junio. SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Proverbios 8, 22-31 dice:

“Desde el principio fui formada / desde el principio, antes del origen de la tierra; / no había manantiales ni hontanares; / todavía no estaban encajados los montes. / Cuando trazaba la bóveda celeste sobre la faz del océano, / cuando sujetaba las nubes en la altura / y reprimía las fuentes abismales”.

La Sabiduría se interpreta bajo varias facetas fundamentales:

Su dignidad, íntimamente relacionada con la sagacidad y la reflexión, que le otorgan autoridad para aconsejar con acierto y así lograr que quienes ejercen poder y autoridad desempeñen el papel de gobernantes sabios y justos.

Su origen. Observamos la autoconciencia de ser una criatura como las demás en el universo, pero al tratarse de la primera creación “acompaña” al Creador en su trabajo. Valorada como ser preexistente, la Sabiduría se declara un don ofrecido al resto de las criaturas.

Es la alternativa que tiene que solucionar el ser humano desde la libertad: poseer la Sabiduría, buscarla cada día, es caminar hacia una meta feliz sugiriendo que las relaciones éticas y morales se deben fundamentar en los cimientos que el corazón les brinda con amor. La boca, es decir, la palabra debe estar al servicio de la verdad y la justicia.

Las diosas de la Sabiduría en la mitología:

En Egipto Isis, Amaterasu en el Sintoísmo; en la celta Scatha; Guan Yin en la budista, y en la hindú Sarasvati. Freiya en la nórdica; Lilit en la mesopotámica. En Grecia, Juno y Hera, y la romana Minerva, diosa de la sabiduría, las artes, la estrategia militar, además de la protectora de Roma y la patrona de los artesanos, de ella se dijo que “iluminaba el mundo y podría lucir más que todas las estrellas”.

¿Por qué la Sabiduría tiene casi siempre rostro de mujer?

Tengo en mi casa de muñecas, los sueños de la ciencia, que he vestido con trajes de colores. Las de color rojo encendido, cantan; las de amarillo pálido fantasean; y las de negro profundo lloran. ¿Por qué llorarán tanto las vestidas de negro, si hoy es Domingo Trinitario? ¡Los Coros Celestiales están siempre cantando!

Cantan esperando que suceda lo que le ocurrió a Miguel Ángel cuando esculpía unas esculturas inacabadas, conocidas como la serie de los esclavos. Unos bloques de piedra de los que surgen unos cuerpos que parecen liberarse de la materia que los aprisiona. El contraste de la piedra en bruto con el pulido de la parte de las figuras que emerge es de una belleza subyugante. Esto es lo que suele acontecer cuando queremos cincelar módulos de Sabiduría: hay que despojarla de toda la masa, para que quede espiritualmente viva, en este caso, dentro de nosotros.

¿O es que ignoran acaso lo que dice el Libro de los Proverbios en el Himno de la Sabiduría?

 

El rey Salomón, que siempre fue muy sabio, dijo: En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida”.

Rosalind Franklin (1920-1958), igualmente sabia y judía, que trazaba también bóvedas celestiales pronunció esta ilustrada frase en una carta escrita a su padre:

“La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían estar separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida…No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros como individuos, la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta. Refiriéndome a la pregunta de un Creador: ¿Creador de qué?… No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo”.

¡¡Soberana bóveda celeste sobre la faz del pensamiento humano!!

Abraham Maslow (1908-1970), pionero de la Psicología Humanista afirmó en A Theory of Human Motivation quelas necesidades de crecimiento individual y felicidad no pueden ser conquistadas sin satisfacer primero la necesidad básica de conexión humana.

Procedente de una familia rusa de emigrantes judíos, dijo en cierta ocasión: “Yo era un niño pequeño judío en un barrio no judío. Era un poco como ser el primer negro en una escuela de blancos”.

Cuando nos vemos, intercomunicamos -Trino y Uno-, cambiamos nuestra historia.

En el corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida, decía Salomón.

Y como cabría esperar de su Sabiduría, nos dice en Proverbios 11:

LA HONRADEZ SALVA A LOS DE CORAZÓN RECTO

La honradez guía a los buenos,
la falsedad destruye a los traidores.

La honradez del íntegro allana su camino,
el malvado caerá por su maldad.

La honradez de los rectos los salva,
los malvados quedan prendidos en su codicia.

Quien desprecia al prójimo no tiene juicio,
el hombre prudente se calla.

La mujer sensata se hace respetar.
la que odia la rectitud, se sentará en la picota.

Fruto de la honradez es un árbol de vida,
el sensato se gana a la gente.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Acogemos la verdad de nuestro Dios y nuestra propia verdad?

Domingo, 16 de junio de 2019
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trinidad-misericordiosaJn 16, 12-15

¿Hemos experimentado muchas veces la imposibilidad de comunicar lo más hondo que sentimos o vivimos? ¿Nos hemos dado cuenta de que no lográbamos hacernos entender, porque no encontrábamos las palabras apropiadas?

Algo semejante ocurre con el evangelio de este domingo, fiesta de la Santísima Trinidad. Lo que Jesús tiene que decir a sus discípulos, lo que le gustaría comunicarles, excede la capacidad de comprensión que tienen. No pueden  “cargar con ello”.

Hace falta que vivan un proceso y que el Espíritu les vaya conduciendo a la verdad plena, completa. El verbo que usa san Juan: guiar hacia la verdad, evoca el ponerse movimiento, dirigirse hacia… No se trata de comprendan algo racionalmente, sino de situarse de otro modo ante el misterio de Dios.

En el concilio de Nicea (325) y en el de Constantinopla (381) los teólogos hicieron un esfuerzo por expresar “la verdad” sobre Jesús, tal como la comprendían entonces y formularon la doctrina sobre la Trinidad con las categorías que tenían a su alcance.

Desde entonces, el esfuerzo lo hemos tenido que hacer los hombres y mujeres que, desde niños, hemos aprendido esa doctrina en el catecismo, intentando hablar de Dios, el ser, la esencia, las personas, las naturalezas… y salir airosos del intento, sin suspensos ni castigos. Y, lo que es más grave, creyendo que esa definición era el camino que nos llevaba al misterio de Dios, a comprender claramente su identidad.

A la luz de la fiesta de la Trinidad es importante que nos preguntemos: ¿cuál es la verdad plena?  ¿Cómo la hemos ido percibiendo a lo largo de nuestra vida? ¿Con qué símbolos, gestos y palabras la traducimos hoy?

No nos conformemos con lo que hemos recibido “formulado, atado y bien atado”. Conectemos con nuestra propia experiencia vital y espiritual; con nuestra experiencia personal y comunitaria; con nuestra historia de salvación.

¿Cómo traduciríamos hoy, a través del arte, la imagen clásica de un anciano varón, sentado junto a otro varón más joven, una paloma en el centro y multitud de angelitos sin sexo alrededor?

¿Cómo traducimos y vivimos la experiencia de Jesús que nos invita a llamar “Abbá” al Ser que le ha dado la vida y le envía a comunicarla? ¿Cómo encarnamos su palabra, sus gestos, sus prioridades, para irnos configurando con el Hijo?

¿Cómo conectamos continuamente con el Paráclito que se nos ha dado? Es decir, con  quien nos defiende y nos impulsa. Nos han dicho que es como el viento que nos da vida y nos mueve o como la energía que nos anima. ¿Con que otras imágenes y símbolos lo expresaríamos hoy?

La fiesta de la Trinidad y el evangelio de este domingo nos impulsan a tomar distancia de lo que se ha quedado obsoleto en la dimensión doctrinal para buscar de nuevo el rostro de Dios. Nos invitan a  cuidar la dinámica del vaciamiento, la desapropiación  y la donación para avanzar en la dimensión fraternal y comunitaria.

Si aceptamos la invitación a dejarnos guiar por la Trinidad, encontraremos que el  amor que difumina “lo tuyo” y “lo mío”, crea comunión entre nosotros y con nuestro Dios, nos define y plenifica, da sentido y solidez a nuestra vida, nos hace felices. Nos acercaremos a la verdad de Dios y a nuestra propia verdad.

Hechos a imagen de Dios, la Trinidad nos revela lo más hondo de nosotros mismos, nuestras aspiraciones y deseos, incluso aquellos de los que no somos conscientes, porque nuestra realidad no se agota en nosotros mismos, nos transciende y nos configura con el mismo Dios.

El evangelio de hoy nos invita a dejarnos conducir por el Espíritu, a vivir la vida como un proceso abierto, con mociones, dones, sequías, nube del no-saber, aventura y pasión.

Lo contrario es quedarnos en nuestra verdad, nuestras pequeñas verdades intocables, que nos dejan cómodamente en nuestra zona de confort, seguros y sin sobresaltos, afianzados en lo que creemos conocer. Desde ahí nos vamos desplazando hacia el inmovilismo, el fanatismo y la descalificación de los demás.

Se nos llama a buscar la verdad plena. ¿Entra dentro de nuestras aspiraciones, como seguidores y seguidoras de Jesús?

No se trata de rompernos la cabeza para entender el misterio de la Trinidad, sino de abrir nuestro corazón y nuestra vida para acoger al Dios que se nos comunica y nos pone en relación con Él y con sus criaturas.

¡Amplia tarea que vale la pena emprender!

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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La paradoja de la verdad.

Domingo, 16 de junio de 2019
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20150512132102def655Fiesta de la Trinidad

16 junio 2019

Jn 16, 12-15

El autor del evangelio pone en boca de Jesús la promesa del Espíritu, a quien nombra como “Espíritu de la verdad”, que habrá de conducir a los discípulos hasta la “verdad plena”.

Habitualmente confundimos la verdad con las creencias, sean estas del tipo que sean. Y, en nuestra ignorancia, no es raro que nos sorprendamos diciendo: “Esta es la verdad” o “Yo tengo razón”. Olvidamos que la verdad no puede ser atrapada por la mente, no puede ser pensada ni puede ser pronunciada. Todo lo pensado y hablado –todo lo que puede salir de nuestra boca– son solo construcciones mentales.

La Verdad desnuda y relativiza las creencias. Y no está más cerca de la Verdad quien más creencias tiene, sino quien más la encarna porque lo es –y la vive en forma de Unidad, de Amor…–. La Verdad no se puede pensar; solo se puede ser; y cuando se es, se conoce. Lo que ocurre es que, como ha escrito Javier Melloni, “todas las religiones corren el riesgo de creer que, en lugar de pertenecer a la Verdad, la Verdad les pertenece”.

La verdad no puede ser pensada; puede ser vivida. Como dijera Jesús, somos la verdad. Porque la verdad es una con realidad. De ahí que no lleguemos a ella por medio de un conocimiento mental –por reflexión–, sino gracias al conocimiento por identidad: conocemos la verdad porque –y cuando– la somos. Imposible de ser pensada, solo puede ser “sida” y vivida.

Ese es el motivo por el que la verdad nunca fanatiza, no es proselitista, no sostiene nuestra necesidad de tener razón… La verdad, más bien, nos desnuda y nos silencia y, de ese modo, nos transforma en –siempre la paradoja– aquello que somos.

Tiene razón el cristiano ortodoxo Paul Evdokimov, cuando presenta al verdadero teólogo como aquel que solo habla de aquello que sabe; por eso mismo, es también alguien que “no especula sino que se transforma”. Donde no hay transformación, no hay verdad: puede haber mucha erudición, muchas creencias, muchos conceptos, mucha información…, pero nada de eso es la Verdad.

La Verdad nos lleva a reconocer la paradoja que aparece expresada cuando unimos las palabras de Sócrates y las de Jesús: “Solo sé que no sé nada” “Yo soy la verdad”.

Cuando reconozco y comprendo que nuestra identidad no es el yo o personaje, sino el Fondo de lo que es, experimento que soy uno con la Verdad. Y en ese mismo instante caigo en la cuenta de que mi mente, en realidad, no sabe nada.

Es decir, la paradoja se resuelve en cuanto caemos en la cuenta de que, en contra de lo que parece a primera vista, el sujeto de aquellas dos frases no es el mismo. El “yo” que no sabe nada es el yo-mental (el yo separado que la mente piensa que somos); por el contrario, quien afirma ser la Verdad es el “Yo” único que se experimenta como “Yo Soy” –sin añadidos– y que constituye nuestra identidad profunda.

¿Vivo, en la práctica, de manera consciente, esa paradoja?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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¿Ateos o idólatras?

Domingo, 16 de junio de 2019
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índiceDel blog de Tomás Muro La verdad es Libre:

  1. religión.

         Todo ser humano es religioso por naturaleza puesto que toda persona se religa con algo o con alguien en la vida. Tal es el sentido original de la palabra religión.

         Con qué o con quién me religo, me vinculo en la vida, es otra cuestión, decisiva por otra parte.

         Aquello con lo que nos vinculamos de modo absoluto en la vida, ese es nuestro “dios”. Nos podemos religar con el poder, con el placer, con el dinero, con la raza, con el pueblo, etc…

         ¿Cuál es mi “dios”? Aquello que amo me tomo absolutamente en serio en el fondo de mi ser, aquello por lo que incluso estoy dispuesto a dar mi vida, ese es mi “dios”, aunque quizás y al mismo tiempo, milite en una religión.

Es evidente que para muchas personas e ideologías, lo más importante, lo absoluto es la patria, el poder, el dinero, el progreso, etc. Pues bien, ese es su “dios”, aunque después -o al mismo tiempo- “consuman” una religión: tengan ritos, defiendan doctrinas y tradiciones.

         Por eso, creo que se puede pensar que gran parte de nuestra sociedad no es que sea atea, sino más bien está formada por idólatras, que adoran al “becerro de oro”.

Lo que podemos observar es que el ser humano sigue pensando, amando, casándose y divorciándose, trabajando, en paro y con huelgas, disfrutando y sufriendo, siendo feliz y triste a la vez los humanos seguimos envejeciendo, enfermando física y psíquicamente, y finalmente muriendo.

¿Dónde hallar una respuesta a los problemas humanos? ¿En el “becerro de oro” de la banca, en la etnia-nación? ¿Habremos de aprender a vivir en la nada?

Cuando se siembra nada, se recoge vacío.

         ¿Cómo hacer ver a nuestras gentes: políticos, niños, universitarios que no es sano adorar la patria, ni el poder, ni el dinero, ni el placer?

  1. Creer en Dios.

         El ateísmo es un fenómeno relativamente nuevo, ya que nace a mediados del siglo XIX. La humanidad no ha sido atea, ni lo es a excepción del mundo occidental. Apenas llevamos 150 años de ateísmo explícito.

Nietzsche moría el año 1900, es decir en el umbral del siglo XX. Este filósofo fue el que proclamó la muerte de Dios: Dios ha muerto y las iglesias son sus tumbas.

Dos consideraciones:

02.1 Creer en Dios es creer en el Ser

En lenguaje filosófico creer en Dios es creer en el ser. Frente al vacío y el absurdo que puede embargar la existencia humana, creer en Dios significa creer en el ser, y en que somos y seremos en Dios. Ni venimos de la “nada”, ni vamos hacia la “nada”. Somos en el que es. Yo soy el que soy, (Ex 3,14).

Es triste y angustioso tener la “nada” por origen y destino.

La “nada” “nihiliza” la vida, la “nada” hace que la vida no tenga consistencia, ni valor.

         Aunque no sepamos ni podamos definir qué sea el ser, ni cómo sea Dios, porque a Dios nadie le ha visto nunca, (Jn 1,18-20), es bueno, hace bien descansar en el que es.

         Desconocemos cómo es Dios, cómo será nuestro futuro. Lo que sabemos y creemos es que será, lo cual constituye la piedra angular de nuestra existencia.

02.2 El Dios de Jesús.

         La percepción que Jesús tiene de Dios es que es Padre.

         El Dios de Jesús es padre y es bondad. Dios es amor, (1Jn 4,8).

         El mundo, la humanidad está, -lo sepa o no- impregnado de gracia: ningún ser humano es des-graciado”. Ningún ser humano escapa a la bondad de Dios. Dios nos quiere a todos. El Dios que Jesús nos anuncia es el Dios de la misericordia. JesuCristo es feliz con los pecadores.

La tradición de San Juan es reiterativa, el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. (1Jn 4,8). Quien permanece en el amor, permanece en Dios, (1Jn 4,16).

A veces se puede pensar que el catolicismo no nos ha transmitido el Dios de Jesús, el Dios padre del hijo pródigo, el Dios de amor. Dios está en el amor de los jóvenes que se abren a la vida, en el amor matrimonial, en el amor con que el padre y la madre de familia trabajan por construir su vida, por sus hijos. No sé si Dios está en el templo al que tenían que ir el sacerdote y el levita, pero donde está Dios es en el amor del buen samaritano, que no pasa de largo, sino que se queda a ayudar aquel hombre herido.

Donde hay amor, allí está Dios. Quien cree en el amor, quien ama, ese tal no es ateo. A Dios no le amamos directamente, como tampoco le conocemos directamente como si tuviésemos el número de su móvil. A Dios le amamos y conocemos en la medida en que tenemos experiencia del amor en la vida y amamos a los demás.

Quien ama de verdad y a fondo a su marido / mujer, a sus hijos, a los pobres, a los despreciados, a las misiones, a los maltratados, a las personas enfermas-dementes, ese tal no es ateo, sino creyente, aunque explícitamente quizás no llegue a pronunciar la palabra “Dios”. Quien ama conoce a Dios.

Permaneced en mi amor, (Jn 15,9)

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