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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Raíces

miércoles, 21 de mayo de 2025
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«Dios espera donde están las raíces

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Rainer María Rilke

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“Sobre la elección del nuevo Papa León XIV: Llevar a Jesús, pero no simplemente ‘sólo a Jesús’”, por Mariano Delgado.

miércoles, 21 de mayo de 2025
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«Este enfoque jesuánico sugiere que el nuevo Papa se centrará en lo esencial, a saber, la invitación universal que Jesús mismo hizo»

«En la Biblia encontramos dos formas de entender el reino de Dios y la relación del hombre con él: una más ontológico-cúltual y otra más mesiánico-profética»

«El cristianismo mesiánico-profético en la unidad de mística y política y la Iglesia «samaritana», tan queridos por el Papa Francisco, caracterizarán también –con acentos propios– el pontificado de León XIV»

Tras la elección del cardenal Robert Francis Prevost (Martínez), el portal de noticias Vatican News publicó una entrevista con él como cardenal  (https://www.vaticannews.va/de/papst/news/2025-05/interview-prevost-kardinal-papst-leo-xiv-bischof-kirche-vatikan.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=NewsletterVN-DE), realizada por el redactor jefe de los medios de comunicación vaticanos, Andrea Tornielli.

Contiene palabras que podrían entenderse como un programa para el nuevo pontificado: «A menudo estamos ocupados enseñando la doctrina, pero corremos el riesgo de olvidar que nuestra primera tarea es comunicar la belleza y la alegría de conocer a Jesús». Esto recuerda a la recuperación de la «alegría de evangelizar» de la que hablaba el Papa Francisco.

Este enfoque jesuánico sugiere que el nuevo Papa se centrará en lo esencial, a saber, la invitación universal que Jesús mismo hizo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». (Mt 11, 28-30) Extender repetidamente esta invitación y animar a los cristianos a utilizar el testimonio «capilar» de su propio ejemplo de vida para ayudar a que encuentre una resonancia duradera en el mundo y en la Iglesia es una tarea esencial del sucesor de Pedro.

Pero esta concentración en el mensaje jesuánico no significa «sólo Jesús» en el sentido de los carismáticos evangélicos o católicos con su «cristianismo aleluya». Tanto las demás declaraciones del cardenal Prevost en esta entrevista como sus primeras palabras como León XIV muestran que es muy consciente de que lo mesiánico-profético forma parte de Jesús. Su ministerio público comenzó con una llamada a la conversión o reorientación hacia el reino de Dios. En su «discurso inaugural» en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-21), entendió el reino de Dios en la tradición mesiánico-profética de Israel, al igual que su madre María (cf. Lc 1,46-55), cuando alabó la grandeza del Señor, que «enaltece a los humildes».

En la Biblia encontramos dos formas de entender el reino de Dios y la relación del hombre con él: una más ontológico-cúltual y otra más mesiánico-profética. La primera tiende hacia el ritualismo y el espiritualismo, la otra hacia una comprensión del reino de Dios como reino de verdad y libertad, de paz y justicia en este mundo, con un compromiso de solidaridad y fraternidad universales con especial consideración hacia los cansados y agobiados de la historia. El cristianismo mesiánico-profético en la unidad de mística y política y la Iglesia «samaritana», tan queridos por el Papa Francisco, caracterizarán también –con acentos propios– el pontificado de León XIV.

Pues una cristiandad que no siga claramente este camino tras el Concilio Vaticano II no ha sabido reconocer los signos de los tiempos. La reforma de la Iglesia (sinodalidad, el papel de la mujer, etc.) también es importante, por supuesto, pero como consecuencia del cristianismo mesiánico-profético, no como un fin en sí mismo. También forman parte de ello el fomento de la participación y el desarrollo teológico del sacerdocio general de todos los bautizados. El nuevo Papa también es consciente de estos signos de los tiempos.

A la pregunta «Maestro, ¿dónde vives?» (Juan 1:38), la tradición cristiana -aparte de la presencia sacramental en la Eucaristía- da básicamente dos respuestas. Una respuesta se basa en Juan 14,23: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él». Según esto, a Dios hay que buscarlo en nuestro interior, en el «fondo del alma», porque es ahí donde ha hecho su morada y desde aquí nos invita a la amistad, al diálogo de amor. El conocimiento de sí mismo y el conocimiento de Dios coinciden aquí, como decía san Agustín. El primer Papa de la Orden agustiniana nos recordará siempre esta tradición «mística».

Otra respuesta –siguiendo a Mt 25,40En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis»)– es buscar a Cristo fuera, en los pobres y en los que sufren. Es el cristianismo mesiánico y profético que parte del acto de amor. El Concilio Vaticano II puso de relieve esta tradición en la transición a la nueva era de la Iglesia cuando afirma en «Lumen Gentium» 8 que la Iglesia «reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo».

Algo parecido dice el Concilio en «Gaudium et Spes» 1: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón».

El nuevo Papa conoció de cerca esta tradición mesiánico-profética durante su trabajo como «misionero» en Perú. A través de su trabajo pastoral en una diócesis pobre y de su amistad con Gustavo Gutiérrez, padre de una bien entendida teología de la liberación, ha llegado a comprender el significado de Mateo 25 en el cristianismo contemporáneo, no sólo en el sentido de las llamadas «obras de misericordia», sino también en la combinación de mística y política con el compromiso por una vida en abundancia para todos (Juan 10,10). Pues, como caja de resonancia de la invitación universal de Jesús, la Iglesia debe defender también los valores mesiánicos de verdad y libertad, paz y justicia, y especial solidaridad con los cansados y agobiados.

León XIV, que en sus primeras palabras dirigió el saludo de paz de Cristo resucitado a «todas» las personas, se verá también, al igual que Francisco, como «guardián de la familia humana», haciendo uso de su voz profética a tiempo y a destiempo, aunque con la necesaria prudencia que recomendó el mismo Jesús: «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas». Tenemos ante nosotros un papado jesuánico, «místico-político», no doctrinario, profético, pero a la vez «prudente».

*Mariano Delgado es Catedrático de Historia de la Iglesia en la Universidad de Friburgo (Suiza) y Decano de la Clase VII (Religiones) en la Academia Europea de las Ciencias y ls Artes (Salzburgo).

Fuente Religión Digital

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“Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”. (Nicea 325 – 2025)

martes, 20 de mayo de 2025
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1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea
20 de mayo de 325- 20 de mayo de 2025

1. El 20 de mayo de 2025, la Iglesia católica y el conjunto el mundo cristiano recuerdan con gratitud y alegría la apertura del Concilio de Nicea en el año 325: «El Concilio de Nicea marcó un hito en la historia de la Iglesia. La conmemoración de esa fecha invita a los cristianos a unirse en la alabanza y el agradecimiento a la Santísima Trinidad y en particular a Jesucristo, el Hijo de Dios, “de la misma naturaleza del Padre”, que nos ha revelado semejante misterio de amor» [1]. El Concilio ha permanecido en la conciencia cristiana principalmente a través del símbolo que recoge, define y proclama la fe en la salvación en Jesucristo y en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El símbolo de Nicea profesa la buena nueva de la salvación integral de los seres humanos por Dios mismo en Jesucristo. 1700 años después, se trata sobre todo de celebrar este acontecimiento con una doxología, una alabanza a la gloria de Dios, tal como se manifiesta en el tesoro inestimable de la fe expresada por el símbolo: la belleza infinita de Dios Padre que nos salva, la inmensa misericordia de Jesucristo nuestro Salvador, la generosidad de la redención que se ofrece a cada ser humano en el Espíritu Santo. Unimos nuestras voces a las de los Padres de la Iglesia, como la de san Efrén el Sirio, para cantar esta gloria:

«¡Gloria a Aquel que ha venido
a nosotros por su primogénito!
¡Gloria al Silencioso
que nos ha hablado por su voz!
¡Gloria al Sublime,
que se ha hecho visible en su Epifanía!
¡Gloria al Espiritual
que ha querido
que su Hijo se hiciera cuerpo,
para que por ese cuerpo fuese tangible su poder,
y por ese cuerpo vinieran a la vida
los cuerpos de los hijos de su Pueblo!»[2]

2. La luz que la asamblea de Nicea arroja sobre la revelación cristiana nos permite descubrir una riqueza inagotable que, a través de los siglos y de las culturas, se sigue profundizando y mostrando con facetas cada vez más hermosas y más nuevas. Estas diferentes facetas se actualizan especialmente mediante la lectura orante y teológica que la mayor parte de las tradiciones cristianas hacen del símbolo, cada una de ellas con una relación diferente al hecho mismo de la existencia de un símbolo. También es una oportunidad para que todos redescubran o quizá descubran por primera vez su riqueza y el vínculo de comunión que puede constituir entre todos los cristianos. «¿Cómo no recordar la extraordinaria relevancia de este aniversario para el camino hacia la plena unidad de los cristianos?» [3], subraya el Papa Francisco.

3. El Concilio de Nicea fue el primer concilio llamado “ecuménico”, porque por primera vez fueron invitados los obispos de toda la Oikoumenē [4]. Por tanto, sus resoluciones debían tener un alcance ecuménico, es decir universal: así fueron recibidas por los creyentes y por la tradición cristiana, mediante un largo y laborioso proceso. La cuestión eclesiológica es fundamental. El símbolo es parte de un movimiento más amplio en el que la enseñanza cristiana adopta progresivamente la lengua y la estructura del pensamiento griego que a su vez se verá, por así decir, transfigurado por su contacto con la revelación. El Concilio también marcó la importancia cada vez más grande de los sínodos y de las formas sinodales de gobierno en la Iglesia de los primeros siglos, al tiempo que constituyó un momento decisivo: en línea con la exousía (autoridad) conferida a los Apóstoles por Jesús y el Espíritu Santo (Lc 10,16; Hch 1,14-2,1-4), el acontecimiento de Nicea abrió de hecho el camino para una nueva expresión institucional de la autoridad en la Iglesia, la autoridad de alcance universal, reconocida ahora en los concilios ecuménicos, tanto en lo referido a la doctrina como a la disciplina. Esta coyuntura decisiva en el modo de pensar y de gobernar dentro de la comunidad de discípulos del Señor Jesús sacó a la luz elementos esenciales de la misión docente de la Iglesia y, por tanto, de su misma naturaleza.

*
Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador
1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea

Declaración de la Comisión Teológica Internacional
Introducción: doxología, teología y anuncio

***

Notas:

[1] Francisco, Bula de convocación del Jubileo Ordinario del año 2025, Spes non confundit, n. 17.

[2] Efrén, Himnos de Nativitate, III, 3, (CSCO 186, 21; CSCO 187, 18-19, traducción modificada; trad. francesa SCh 459, 64-65).

[3] Francisco, Discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 30 de noviembre de 2023.

[4] «Dado que inicialmente se había acordado que un sínodo de obispos debería celebrarse en Ancira en Galacia, ahora nos pareció, por muchas [razones], que sería mejor que se reuniera en la ciudad de Nicea, en Bitinia: tanto por los obispos venidos de Italia y de otras regiones de Europa, como por el buen clima, y porque seré un observador y partícipe cercano de lo que vaya sucediendo », Constantino, Carta a los obispos, H.-G. Opitz, Athanasius Werke III/1, 3. Berlin/Leipzig: Walter de Gruyter & Co., 1934/1935,  41-42. Urkunde 20 (Documento 22; FNS 30). Traducción propia. Siglas: Urkunde: Athanasius Werke. III/1. Documento: Dokumente zur Geschichte des arianischen Streites, hg. von H.-Ch. Brennecke – U. Heil – A. von Stockhausen – A. Wintjes, Berlin 2007. FNS: S. Fernández(ed.), Fontes Nicaenae Synodi. The Contemporary Sources for the Study of the Council of Nicaea (304-337), Paderborn 2024.

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“Retornar al Concilio de Nicea”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

martes, 20 de mayo de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

El aniversario del Concilio de Nicea de 325 – hace 1700 años – no es solo una conmemoración institucional, la celebración del primer Concilio Ecuménico convocado por el primer Emperador cristiano, Constantino. Es también algo más.

Porque fue en ese gran Concilio donde se expresó el Credo, el llamado Símbolo Niceno, que luego se completaría en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano del 381.

Y es sobre esta última fórmula de la fe cristiana que se abrirá la escisión entre las Iglesias destinada a ampliarse progresivamente y hacerse definitiva en el Gran Cisma de 1054, cuando el Papa León IX -¡atención al nombre!- y el Patriarca de Constantinopla Miguel I Cerulario se excomulgaron mutuamente y dieron inicio a la escisión entre la Iglesia occidental (católica) y la Iglesia oriental (ortodoxa), que a pesar de siglos de intentos, y aparte de la unión virtual de Ferrara-Florencia de 1438-39, aún no se ha superado.

No fue la Iglesia ortodoxa la que se separó de la Iglesia católica sino, en rigor histórico, al contrario. Fue en Occidente donde surgió la alteración del Credo que está en el centro del cisma: la adición del «Filioque» («y del Hijo») al «ex Patre» («del Padre») del Credo niceno-constantinopolitano, insertada en el symbolum fidei del Concilio de Toledo de 589 para combatir la herejía arriana durante el reino visigodo de España.

La idea de que el divino Pneuma procede «también del Hijo» nunca había sido una alternativa a la fórmula trinitaria tan cuidadosamente calibrada a la que habían llegado las grandes mentes teológicas griegas que, en los concilios ecuménicos de los siglos IV y V, habían discutido la procesión del Espíritu Santo.

Solo el Padre es el principio sin principio – arché ànarchos – de las otras dos personas trinitarias, la única fuente – peghé – del Hijo y del Espíritu Santo, que por lo tanto procede solo del Padre. Sin embargo, por razones menos auténticamente teológicas que políticas, la nueva fórmula fue adoptada por el papado de la época de Carlomagno y se convirtió en la base del frágil principio de legitimidad del Sacro Imperio Romano, en contraposición al sólido principio del Imperio Romano de Bizancio.

Desde entonces, se han escrito miles y miles de páginas para justificar el Filioque, creando una tradición teológica propia, que como tal ya no puede ser erradicada del patrimonio doctrinal de la Iglesia católica.

Precisamente por eso, volver a los orígenes, a Nicea, rendir homenaje al primer y puro Credo, más allá de siglos de beligerancia dogmática, tiene un significado literalmente desarmante en un momento histórico y político en el que el desarme ecuménico es prioritario para la paz no solo del cristianismo, sino del mundo.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Para reposar…

lunes, 19 de mayo de 2025
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Para reposar
no quiero proyectos ni sueños,
ni olvidos
que traen agujeros negros.

Tampoco quiero
los vacíos, que dan vértigo,
ni los llenos,
que nos dejan satisfechos.

Quiero, ya lo sabes,
tu regazo cálido y ondulado
y esas manos
que desatan los nudos de mi cuerpo.

Para reposar
quiero tus masajes y besos
y un rincón
sereno para la espera y los encuentros.

Así podré escuchar
tu mandato nuevo y claro
de amar a todos
como tú nos has amado.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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Saliendo del armario y viendo un nuevo cielo y una nueva tierra

lunes, 19 de mayo de 2025
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IMG_6753La reflexión de hoy (18 de mayo de 2025) es de Jim McDermott, un escritor independiente en Nueva York.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Quinto Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

Hace un par de semanas estaba caminando por Hell’s Kitchen en la ciudad de Nueva York, donde vivo, y con el rabillo del ojo noté a un hombre mayor sentado en la ventana de un bar tranquilo, tomando una bebida. Llevaba una camisa de franela abierta y pantalones vaqueros azules, y Dios mío, qué guapo era. Un Paul Newman mayor, guapo, curtido y cómodo consigo mismo.

Me sentí atraído por el chico, claro. Pero más que eso, me sentí agradecido de haber caminado por esta calle y haberlo visto, y por los vuelcos que dio mi estómago cuando lo hice.

Cuando vi la respuesta del salmo de esta semana: “Alabaré tu nombre para siempre, Rey mío y Dios mío”, ese momento volvió a mi mente. Estuve fuera del clóset con mis amigos durante mucho tiempo antes de hacerlo públicamente. Como sacerdote, entendía que mi orientación sexual era algo que debía guardar para mí. Cuando salí, no pensé que haría alguna diferencia en cómo veía el mundo. Pensé que hacerlo tenía más que ver con cómo me veía el mundo y con mi propio deseo de ser honesto.

Pero por más que pensé que estaba en casa conmigo mismo, salir del armario cambió mi experiencia del mundo. Me di cuenta de que había pasado gran parte de mi vida ignorando o quizás incluso huyendo de las cosas que podrían hacer que mi corazón latiera con fuerza, como un hombre increíblemente atractivo en una ventana. Y con eso, también me desconecté de mucha gratitud y asombro. Y realmente fue, como lo describe la segunda lectura de hoy, como “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”. Y ha aportado mucha más profundidad y sustancia a la idea de alabar el nombre de Dios.

IMG_1355Una de las cosas que me encanta de la temporada de Pascua es la idea de que es una temporada de encargo, una temporada en la que asumimos o somos invitados a nuevos ministerios. A menudo es la temporada en que los feligreses son instalados en nuevos ministerios dentro de su comunidad, y los sacerdotes y diáconos son ordenados. También es la época en la que nuestros jóvenes se gradúan de las escuelas y reciben el sacramento de la confirmación, una especie de encargo a la autoridad y al liderazgo dentro de la Iglesia.

Siendo queer, esto puede complicarse. Algunos líderes de la iglesia envían señales de que tenemos dones para compartir dentro de la comunidad de la iglesia. Incluso cuando el propio Papa dijo que los católicos transgénero podían ser padrinos bautismales, la reacción fue tan fuerte que su acción casi reforzó aún más lo contrario. Y no importa cuánto desarrollemos nuestra relación personal con Dios, también puede ser difícil eliminar esa pequeña voz interior que dice que realmente hay algo mal con nosotros, algo malo. O al menos así es para mí.

Pero al escuchar el salmo de hoy y recordar la gratitud y el asombro absoluto que sentí al captar ese destello de belleza, una belleza que solo conozco porque soy gay, me pregunto si nuestros puntos de vista no son en sí mismos el regalo que estamos destinados a compartir en la iglesia, las cosas que vemos y experimentamos como personas queer, la gratitud que surge de su propio tipo de encargo en el liderazgo y la autoridad.

Una vez vi al obispo Richard Sklba hacer confirmaciones en Milwaukee. En lugar de una pequeña y delicada cruz en la frente, untó el aceite en la cabeza de cada adolescente. “El amor de Dios por nosotros es temerariamente extravagante”, dijo a la congregación. Creo que así me sentí al ver a ese hombre, como testigo de la extravagancia temeraria del amor de Dios.

Todavía estoy aprendiendo a apreciar estos ojos que Dios me ha dado para ver, este corazón que salta (y a veces da un vuelco), este nuevo cielo y esta nueva tierra. Pero me pregunto si compartir momentos como este, en los que soy testigo del amor ridículo y extravagante de Dios dentro y alrededor de mí, en lugar de una fuente de vergüenza, no es lo que realmente significa seguir los pasos de Jesús y ser un católico queer en su iglesia.

–Jim McDermott, 18 de mayo de 2025

Fuente New Ways Ministry

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Tras la muerte de Ariel Castillo, el activismo denuncia un crimen organizado en apps de citas contra varones gays

lunes, 19 de mayo de 2025
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Ariel Castillo trabajaba en el Teatro Colón, tenía 47 años y vivía en San Martín. Los victimarios se encuentran prófugos. Activistas denuncian que es un crimen organizado que elige como víctimas a varones gays.

Fuente Agencia Presentes 

16 de mayo de 2025
Agustina Ramos
Edición: Ana Fornaro

Ariel Castillo, un varón de 47 años, murió ayer luego del ataque que sufrió en su casa tras una falsa cita de Tinder. El agresor tuvo tres cómplices. El hombre ingresó a la casa de Ariel  en el partido bonaerense de San Martín, lo drogó y con una banda robaron sus pertenencias. Están prófugos. “Es un crimen organizado”, dijo Pablo D’Elía, activista y víctima de un ataque con características muy similares en 2022.

La víctima, que trabajaba en el Teatro Colón, estuvo internada en terapia intensiva en coma tras caerse por las escaleras a consecuencia de la falta de reflejos que le provocaron las sustancias que le suministraron.

La investigación la lleva adelante el fiscal Ignacio Correa de la Unidad Funcional de Instrucción 5 del Departamento Judicial de San Martín, quien caratuló la causa como “homicidio criminis” (es decir, un homicidio para ocultar otro crimen) y “robo”.

El viernes pasado, luego de entablar una conversación a través de Tinder y de coordinar un encuentro, Ariel invitó al hombre a su domicilio, ubicado en Castro al 3400 de la localidad de Villa Libertad del partido de San Martín. Imágenes de cámaras de seguridad  muestran a ambos bajar del auto de la víctima e ingresar a la vivienda, donde el criminal drogó a Ariel. Luego permitió el ingreso de tres cómplices con quienes robó sus pertenencias, incluido el auto con el que llegaron a la casa, un Volkswagen Polo Track color gris.

Un amigo de Ariel lo encontró en la madrugada del sábado cuando llegó preocupado tras no recibir respuestas a sus mensajes y llamadas. Cuando ingresó, noto el caos de la vivienda y lo encontró dormido. Al despertarse, la víctima narró lo sucedido y ambos llamaron al 911. Sin embargo, cuando Ariel quiso volver a subir a la planta alta, perdió la estabilidad por la droga que le fue suministrada y cayó por las escaleras, momento en que recibió un fuerte golpe en la cabeza.

Al lugar arribó una ambulancia del servicio de emergencias del Municipio de San Martín, que lo trasladó al Hospital Thompson, donde lo asistieron por ingesta de sustancias ilícitas y alcohol. Debido a la gravedad del cuadro, lo derivaron al Sanatorio Méndez.

De momento no hay sospechosos porque en las filmaciones no se ven las caras de los criminales, que tenían guantes y robaron el celular de la víctima, informaron fuentes judiciales a Presentes. También indicaron que continúan las tareas investigativas para dar con ellos.

El rol de los medios

El caso tuvo repercusión en los medios nacionales y provinciales de la Argentina. En todos o la gran mayoría de ellos se espectacularizó el hecho al intentar atrapar a la audiencia con la figura de un “viudo negro. También se sumaron otros casos para dar contexto, en los que las criminales eran mujeres, “viudas negras”.

Cuando se dan esos otros ejemplos -que me parecen crímenes horribles y repudiables también- no se visibiliza la decisión prejuiciosa de elegir a una víctima de la comunidad LGBTIQ+: elegir a un varón gay y hacerse pasar por un varón gay”, expresó a Presentes el músico Pablo D’Elía, quien en septiembre de 2022 vivió un ataque en su domicilio durante la madrugada por parte de dos hombres. Lo habían contactado a través de la aplicación de citas Grindr. Lo ahorcaron, quisieron drogarlo y golpearlo. Publicó lo que le pasó en sus redes y comenzaron a llegarle mensajes de otras víctimas que les había pasado cosas similares.

El 30 de diciembre pasado, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 27 condenó a Leandro Reynoso a la pena de 12 años y 3 meses de prisión y a Enzo Bustamante a 2 años en suspenso. En el juicio abreviado los consideró culpables de atacar a cinco hombres y robar sus domicilios en la Ciudad de Buenos Aires en distintos meses de 2022. Fueron condenados por robo y lesiones agravadas por odio a la identidad sexual.

Si bien la condena se basó en cinco casos, en la investigación se constató que 30 hombres fueron atacados por Reynoso con la misma modalidad durante 2022. “No sé a cuantos putos robé ya. Jaja. Más de 30”, dijo el condenado a través de un audio clave en la investigación.

Es un crimen de odio” 

Esto fue un asesinato y un crimen de odio porque hay una selección prejuiciosa de la víctima. Estas personas cínicas trabajan en grupo, son bandas. No son pichis. Leandro Reynoso tenía diferentes víctimas y actuaba con distintos cómplices. Estamos hablando de mucha gente. Es crimen organizado”, enfatizó D’Elía, en relación al ataque que vivió Ariel y los demás que conoció en los últimos años.

En relación a los peligros en torno a las aplicaciones de citas, consideró que “a los varones nos criaron como varones (por lo que) no nos inculcaron esa precaución, ese cuidado que reivindica tanto el feminismo, por eso muchas veces tomamos menos recaudos”. En este sentido, el periodista y activista Lucas Gutiérrez armó este decálogo para disfrutar las aplicaciones de contacto.

El caso, para D’Elía, se enmarca en un contexto que busca deshumanizar a las diversidades. “Estamos viviendo un retroceso en relación a los derechos. Nos sacan el derecho a ser. Tenemos un gobierno que nos comparó con liendres, un presidente que dice que somos pedófilos. Ese contexto alimentan a este tipo de criminales. Es un perfil de odio hacia el género y hacia la diversidad. Están persiguiéndonos y tenemos un gobierno que avala que nos persigan”.

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Amaos unos a otros

domingo, 18 de mayo de 2025
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Repetimos este poema del blog Pays de Zabulon, porque en este contexto mundial y local, refleja claramente dónde hemos de responder al mandato de Jesús…

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Carolina del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

 

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

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***

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:

“Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.

*

Juan 13, 31-33a. 34-35

***

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (cf. Mt 22,37-39). Empiezo a experimentar que un amor a Dios total e incondicionado nace posible un amor al prójimo visibilísimo, solícito y atento. Lo que a menudo defino como «amor al prójimo» se muestra con excesiva frecuencia como una abstracción experimental, parcial y provisional, de sólito muy inestable y huidiza. Pero si mi objetivo es el amor a Dios, me es posible desarrollar asimismo un profundo amor al prójimo. Hay otras dos consideraciones que pueden explicarlo mejor.

Antes que nada, en el amor a Dios me descubro a «mí mismo»

de un modo nuevo. En segundo lugar, no nos descubriremos sólo a nosotros mismos en nuestra individualidad, sino que descubriremos también a nuestros hermanos humanos, porque es la gloria misma de Dios la que se manifiesta en su pueblo a través de una rica variedad de formas y de modos. La unicidad del prójimo no se refiere a esas cualidades peculiares, irrepetibles de un individuo a otro, sino al hecho de que la eterna belleza y el eterno amor de Dios se hacen visibles en las criaturas humanas únicas, insustituibles, finitas.

Es precisamente en la preciosidad del individuo donde se refracta el amor eterno de Dios, convirtiéndose en la base de una comunidad de amor. Si descubrimos nuestra misma unicidad en el amor de Dios y si nos es posible afirmar que podemos ser amados porque el amor de Dios mora en nosotros, podremos llegar entonces a los otros, en los que descubriremos una nueva y única manifestación del mismo amor, entrando en una íntima comunión con ellos.

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H. J. M. Nouwen,
Escuché el silencio. Diario de un monasterio trapense,
Brescia 199810, 82s.

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“Comunidad de amistad”. 5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)

domingo, 18 de mayo de 2025
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Jesús comparte con sus discípulos los últimos momentos antes de volver al misterio del Padre. El relato de Juan recoge cuidadosamente su testamento: lo que Jesús quiere dejar grabado para siempre en sus corazones: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. No está pensando en los de fuera. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como «amigos», porque así los ha querido Jesús: «Vosotros sois mis amigos»; «ya no os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos». La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Esta imagen de la comunidad cristiana como «comunidad de amigos» quedó pronto olvidada. Durante muchos siglos, los cristianos se han visto a sí mismos como una «familia» donde algunos son «padres» (el papa, los obispos, los sacerdotes, los abades…); otros son «hijos» fieles, y todos han de vivir como «hermanos».

Entender así la comunidad cristiana estimula la fraternidad, pero tiene sus riesgos. En la «familia cristiana» se tiende a subrayar el lugar que le corresponde a cada uno. Se destaca lo que nos diferencia, no lo que nos une; se da mucha importancia a la autoridad, el orden, la unidad, la subordinación. Y se corre el riesgo de promover la dependencia, el infantilismo y la irresponsabilidad de muchos.

Una comunidad basada en la «amistad cristiana» enriquecería y transformaría hoy a la Iglesia de Jesús. La amistad promueve lo que nos une, no lo que nos diferencia. Entre amigos se cultiva la igualdad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es superior a otro. Se respetan las diferencias, pero se cuida la cercanía y la relación.

Entre amigos es más fácil sentirse responsable y colaborar. Y no es tan difícil estar abiertos a los extraños y diferentes, los que necesitan acogida y amistad. De una comunidad de amigos es difícil marcharse. De una comunidad fría, rutinaria e indiferente, la gente se va, y los que se quedan apenas lo sienten.

José Antonio Pagola

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“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.”. Domingo 18 de mayo de 2025. 5º Domingo de Pascua

domingo, 18 de mayo de 2025
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30-pascuaC5 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.
Apocalipsis 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización. Leer más…

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18.5.25 Dom 5 Pascua: Nuevo (único) mandamiento: Que os améis unos a otros

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1316Del blog de Xabier Pikaza;

Domingo 5º de Pascua. Este es el domingo del mandamiento nuevo: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”. Es el mandamiento de la vida de Jesús, que “manda/pide” que seamos como él es, que nos amemos unos a los otros.Éste es el mandamiento de la revelación de Dios, de la manifestación  del ser humano, mujer y varón, varón y mujer, padres e hijos, hijos y padres… judíos y gentiles, del norte y del sur… Éste es el único mandamiento de la nueva humanidad, un mandamiento cristiano precisamente por ser humano. Dios no pide que le amemos a él, sino a los hermanos.Éste es el único mandamiento, los diez mandamientos en uno: que os améis, como ama Dios, como Jesús nos dice.

En el AT eran diez, recogidos en Ex 19 y en Dt 5, Pero Jesús empezó resumiéndolos en dos: Amarás a Dios de todo corazón… y amará al prójimo como a tí mismo..

Pero después, haciendo camino, llegado a la última cena, Jesús mismo resumió los diez y los dos en un sólo mandamiento, que es el amor al prójimo, así dice el evangelio de este domingo 5 cuaresma, que es el domingo del amaor:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros. (Jn 13, 34-35)

Texto clave del NT. Paralelos.

El mandamiento nuevo es sólo uno: amar al prójimo, amor a los demás, como Dios Dios ama, como Cristo ama. Este texto del amor al prójimo como único mandamiento ha sido destacado en los otros dos pasajes fundamentales del NT:

a. Rom 13,, 8-10. Pablo sabe que hay tres mandamientos negativo que condensan todo el AT: No adulterar, no matar no robar (los tres deseos que pone de relieve también el budismo). Pues bien, frente a ellos, sólo hay un mandamiento positivo amar al prójimo como  uno mismo.

b.  Mt 25, 31-46. Sólo hay un mandamiento: dar de comer, de beber, vestir al desnudo, acoger al extranjero, cuidar a enfermos y encarcelado… Ese es el único mandamiento de Cristo….

Único mandamiento… única religión, el prójimo

El Dios de Jesús, Jesús como tal, no manda que le amemos a él por separado… sino que amemos a los demás, porque ellos son Dios, ellos son cristo.

Dios no es egoísta, ni es egoísta a Cristo. No quiere que le amemos a él por separado, que amemos a Cristo… La religión no es amar a Dios, sino amar al prójimo…

Hemos hecho una religión falsa, como gran máquina de amar a Dios… Pues bien, dios no quiere que le amemos a él, sino que amemos a los hermanos, pues ellos son su amor.

Éste es el único mandamiento, los diez en uno, los dos mandamientos en uno, porque «amar a Dios y amar al prójimo» se resume en éste: amáos unos a los otros, porque aquí está Dios y amando al prójimo estáis amando a Dios (y manifestáis en vuestra vida el amor de Dios)

Primera de Juan (1 4)

El mejor comentario de este evangelio lo ofrece la primera carta de Juan (1 Jn), que  ha relacionado de manera muy intensa el amor mutuo (amor interhumano) con el ser de Dios, entendido como amor y de esa forma ha comentado el mandamiento del amor.

Parece que en un determinado momento la comunidad de Juan (es decir, del Discípulo Amado) había sufrido el riesgo del exclusivismo, cerrándose en un tipo de amor puramente interior, entre los miembros del grupo. Pero, más tarde, esa comunidad se ha integrado en la Gran Iglesia, ofreciendo su experiencia y exigencia de amor no sólo a los cristianos sino a todos los hombres y mujeres, entendidos desde Cristo como hermanos y amigos:

[a. A Dios nadie le ha visto]. Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

[b. Hemos conocido y creído. Confesión cristológica]. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.

[b’ Dios es amor. Confesión teológica]. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

[a’. Conclusión y mandamiento]. Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano (1 Jn 4, 7-21).

He dividido el texto en cuatro partes, que voy a comentar. Entre la primera (a) y la última (a’) hay una relación interna: ambas insisten en que Dios nos ha amado primero y vinculan amor a Dios y al prójimo, empleando el argumento de la visibilidad: nadie ha visto a Dios, pero su presencia se ilumina en el amor al prójimo a quien vemos. Las partes intermedias (b y b’) son de tipo más teórico/temático: una vincula el amor con Cristo, la otra con Dios.

a. A Dios nadie le ha visto (Amémonos unos a otros! (1 Jn 4,7-12).

Hemos puesto como título las palabras del final de este pasaje (“a Dios nadie le ha visto…”) donde se retoma y replantea, desde el amor, el argumento básico de Jn 1, 18: “a Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, ése nos lo ha manifestado”. Aquí se refleja un tema central del Antiguo Testamento, que dice: “no te fabricarás escultura, imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos o abajo en la tierra o en los mares por debajo de la tierra” (Dt 5, 8; Ex 20, 4).

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Jesús y Dios. Jesús, nosotros y los otros. Domingo 5º de Pascua. Ciclo C

domingo, 18 de mayo de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado leímos que las ovejas seguían al pastor. Hoy el pastor abandona temporalmente a su rebaño, dejándole un encargo de última hora. Las dos primeras lecturas hablan de las persecuciones presentes y de la gloria futura.

 Lectura del evangelio (Juan 13, 31-33a. 34-35)

El evangelio de hoy, tomado del discurso de Jesús durante la última cena, aborda brevemente dos temas: Jesús y Dios; Jesús, nosotros y los otros. En realidad, el texto del cuarto evangelio incluye entre estos dos temas un tercero: Jesús y los discípulos. Los responsables de la selección no desaprovecharon la ocasión de suprimirlo.

Jesús y Dios. (Puede extrañar que no escriba Jesús y el Padre”, pero en esta primera parte Jesús usa tres veces la palabra “Dios” y nunca “Padre”.)

 Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 

Estamos en la noche del Jueves Santo. Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes. Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.”

            ¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.

¿Qué es eso que ha ocurrido ahora y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda lo que dice la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.

            Jesús, nosotros y los otros.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Esta parte, muy conocida, es fácil de entender y muy difícil de practicar. El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad consiste en amar “como yo os he amado”. La idea de que Jesús amaba solo a uno de los discípulos (“el discípulo amado) no es exacta. Amaba a todos, y si a ellos les hubieran preguntado en aquel momento cómo los había amado Jesús dirían que eligiéndolos y soportándolos. Es mucho, pero hay una forma más grande de demostrar el amor: dando la vida por la persona a la que se quiere, como el buen pastor que da la vida por sus ovejas.

Cabe el peligro de concluir: “Si Jesús nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarlo a él”. Sin embargo, el mandamiento nuevo no habla de amar a Jesús, sino de amarnos unos a otros. Esto supone un cambio importante con respecto al libro del Deuteronomio, donde el mandamiento principal es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Jesús, de forma casi polémica, omite la referencia a Dios y habla del amor al prójimo. Y lo mismo que a los israelitas se los reconocía por creer en un solo Dios dentro de un ambiente politeísta, a los cristianos se nos debe reconocer por amarnos unos a otros.

Sin embargo, cuando se conoce la historia de la Iglesia, queda claro que los cristianos nos distinguimos, más que por el amor mutuo, por la capacidad de pelearnos, no solo entre diversas confesiones, sino dentro de la misma. Curiosamente, la situación ha mejorado mucho entre las distintas confesiones, mientras los conflictos abundan dentro de la misma iglesia. Lo cual es comprensible. Es más fácil pelearse con el hermano que vive contigo que con el que ha formado su propia familia y está más lejos.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

El domingo pasado se leyó la actividad de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y las dificultades que promovieron al final los judíos y algunas señoras importantes, obligándoles a huir de allí. Marchan entonces a Iconio, Listra y Derbe. Lo que allí ocurrió no se lee en la misa, pero es importante recordarlo brevemente para comprender la lectura de hoy (el que quiera puede leer el capítulo 14 de los Hechos, que es muy interesante).

En Iconio predican con bastante éxito, pero al final la gente se divide, algunos intentan apedrearlos y tienen que huir de nuevo.

            En Listra curan a un tullido y la gente los consideran dioses; ellos consiguen con dificultad que no les den culto. Pero vienen judíos de Antioquía e Iconio que ponen a la gente contra Pablo; lo apedrean y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Los discípulos lo recogen y al día siguiente huye con Bernabé hacia Derbe.

En Derbe anuncian el evangelio y ganan bastantes discípulos. Allí no se dan persecuciones. Terminada la predicación, emprenden el viaje de vuelta a Antioquía de Siria (donde habían comenzado el viaje misionero), pasando por las mismas ciudades que ya habían evangelizado. Este viaje de vuelta es el tema de la lectura de hoy.

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En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

            En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

El viaje de vuelta, contado tan esquemáticamente, debió de durar, como mínimo, uno o dos meses. Pero Lucas no se detiene a contar con detalle lo ocurrido. Para él es más importante indicar la conducta de los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:

         1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo de Hch (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (Hch 11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.

         2) Designar responsables. Esta palabra griega, presbitérous, etimológicamente designa a los ancianos”, pero en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.

         3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.

Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la segunda, del Apocalipsis, habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.

 Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en las dos primeras lecturas: ahora mismo, la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap), pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

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V Domingo de Pascua. 18 mayo, 2025

domingo, 18 de mayo de 2025
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5-Do-PAscua

 

«La señal por la que os reconocerán como discípulos míos…»

(Jn 13, 31-35)

¿Qué otra cosa podemos querer cada uno de nosotros en el momento de la muerte que dejar como legado a nuestros seres queridos un deseo de amor y unidad entre ellos, para nuestra familia, para nuestra comunidad, para nuestro grupo? Así, tan humano, se muestra Jesús en su última cena, en su última despedida: «amaos los unos a los otros».

Sin embargo da un paso más y nos invita a recibir nuestra identidad conscientemente y a trabajar por ser dignos, dignas, de llevarla encima. Se lo oí a un sacerdote en una homilía y mis oídos se estremecieron ante una afirmación tan rotunda y tan, he de  reconocerlo, profundamente verdadera. Dijo: «la señal de los cristianos no es la cruz sino el amor».

Como monja trinitaria la redención, el sentirme redimida, el saber a la humanidad redimida, forma parte de nuestra manera particular de vivir en la Iglesia. La cruz es un elemento clave porque nos recuerda que Cristo se entregó hasta la muerte por cada una de nosotras, por cada uno de nosotros.

Y a veces, es verdad, nos quedamos mirando las heridas que sangran y se nos pasa por alto el motivo, que no es el odio, ni la soledad, ni el abandono, el único motivo por el que Cristo está ahí clavado en la cruz es el amor. Tan fácil y tan complejo como amarnos a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestras incomprensiones, a pesar de nuestros conflictos. Siempre, por encima, Jesús nos recuerda que ha de estar nuestro amor mutuo y que solo ese amor será la manera de reconocernos como hermanos, como hijos.

Hoy también es el día del amor.

Feliz día. Feliz domingo.

Oración

“Tú me conoces y me sondeas,
tú me amas y confías en que el amor será el motor de mi vida,
el amor que tú has puesto en mi corazón
para entregar a mi prójimo
porque si no amo a quien veo,
¿cómo podré amarte a ti, a quien no veo?”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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El amor en la comunidad es sólo el primer paso para que el amor llegue a todos.

domingo, 18 de mayo de 2025
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37794D22-C6A8-438F-8838-1C1958876EA5DOMINGO 5º DE PASCUA (C)

Jn 13,31-35

El domingo pasado nos hablaba de ser “unum” con Dios, con Jesús y con los demás. Hoy nos invita a manifestar esa unidad con nuestras obras. Si descubres esa unidad, no necesitas preceptos ni mandamientos para manifestarla. Si no la descubres, lo que hagas será solo una programación que ni te enriquece ni enriquece a los demás.

Que os améis unos a otros” se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Eso se quedaría en egoísmo amplificado. Algunas formulaciones del NT pueden dar pie a esta interpretación. Amar solo a los nuestros iría en contra del mensaje de Jesús. El texto nos invita a amar como Jesús amó. Está claro que él amó a todos sin distinción.

Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-ágape. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora. No se trata de una programación sino de una vivencia que se manifiesta en la entrega.

El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al antiguo, ‘el amar a Dios’. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación externa con Dios. La nueva, basada en una relación de amor servicio a los demás.

Jesús no propone como ideal el amar a Dios, ni el amor a él mismo. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada ni nosotros le podemos dar nada. Dios es puro don. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa.

Jesús se presenta como “el Hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades de plenitud humanas. Amar es la única manera de ser plenamente humano. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, sino que vive el amor y dice: ¡Imitadme!

En esto conocerán que sois discípulos míos. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos, o normas. El distintivo será el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús propone una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo suyo y hermano de todos los seres humano sin excepción.

La pregunta que debo hacerme hoy es: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros.

El amor del que habla el evangelio no es un precepto que puede imponerse, sino la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser. Si llegáramos a tomar conciencia de lo que somos, el amor sería espontáneo y nadie podría dejar de amar. La Realidad en la que todos estamos identificados es lo que llamamos Dios y su ágape nos saca de nuestra individualidad y nos integra en el Todo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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A mí me lo hicísteis.

domingo, 18 de mayo de 2025
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amense los unos a los otrosJn 13, 31-35

«En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os améis los unos a los otros»

El cronista del Génesis nos muestra a Dios insuflando su espíritu en las narices del muñeco de barro, y aunque sólo sea una imagen, nos transmite su voluntad ‒la voluntad de Dios‒ de que el mundo participe de su espíritu; un espíritu que nos capacita para amar y nos capacita también para intuir a Dios en el amor humano.

A veces tratamos de conocer a Dios a base de asertos, con el entendimiento, y ése no es el camino. Sólo podemos acercarnos a Dios desde el corazón. Erich Fromm decía que «la consecuencia lógica de la teología es el misticismo», porque Dios no es objeto de conocimiento. Lo que encuentran los místicos en lo más íntimo de su ser no es comprensión de Dios, sino amor. Describen su experiencia como plenitud absoluta; como la del enamorado al fundir su espíritu con el de su amada. «Que muero porque no muero»… decía Santa Teresa

Jesús ‒rebosante de ese espíritu‒ centra su vida y su enseñanza en el amor, en la entrega, en la misericordia… y no es de extrañar que Juan —tan cercano a él‒ nos brinde hoy la joya que leemos en el evangelio: «En esto conocerán que sois mis discípulos…». No nos conocerán por nuestras conjeturas teológicas o metafísicas (tan doctas como estériles), ni por ser piadosos, ni por frecuentar el templo ni por cosa parecida. Nos conocerán por ser fraternos. Por dar fruto.

Como decía Ruiz de Galarreta: «Cristiano es quien se siente amado por Dios y responde amando»… Y ya está.

Y es que el sueño de Jesús ‒el Reino‒ es una humanidad de Hijos que sólo amándose como hermanos podrá realizarse. O dicho de otra forma, una comunidad de hermanos que se aman, se perdonan y se ayudan mutuamente. Y una vez más, es de admirar su genialidad al extender las relaciones que se establecen en el seno de la familia al conjunto de la humanidad. En una familia lo obligatorio es siempre mucho menos de lo que se está dispuesto a hacer por los otros, y Jesús nos invita a crear esa familia universal en la que todos nos veamos concernidos por la suerte de los demás.

Mateo expresa esta idea de manera espléndida en la parábola del juicio final que sitúa en el huerto de los olivos justo la víspera de la pasión. Una parábola soberbia, con una escenografía colosal, en la que Jesús resume toda su enseñanza: «Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber. Fui peregrino y me acogisteis. Estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y me asististeis»…

Y este texto nos interpela especialmente porque no tiene nada de abstracto, ni metafórico, ni simbólico, ni oscuro. Es el núcleo más íntimo del mensaje evangélico dicho en el lenguaje más llano que cabe imaginar. Es la norma de vida que, generalizada, cambiaría la faz de la tierra;  que transformaría de tal modo la sociedad, que la convertiría, sin eufemismos, en el Reino de Dios.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Amaos como yo os he amado.

domingo, 18 de mayo de 2025
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VOCACIÓN 67

COMENTARIO AL EVANGELIO Jn 13, 31-33a. 34-35.

18 de mayo de 2025

El Evangelio de este quinto domingo de Pascua hace referencia a un aspecto esencial del legado de Jesús. La escena en la que se desarrolla se sitúa en la Última Cena cuando deja uno de los mensajes más esenciales del cristianismo, no solo en su sentido espiritual sino también humano. Juan es el único Evangelio que no habla de la institución de la Eucaristía en el contexto de la Última Cena; no se centra en el rito sino en el significado y el impacto que pueda tener la integración de este mensaje.

Es curioso que el mensaje del Amor lo verbaliza una vez que Judas ha salido del cenáculo, como indica el texto. En la persona de Judas está simbolizada la traición, la falta de comprensión del auténtico mensaje cristiano, una traición que no siempre es tan descarada, como en este caso, a veces es sibilina y astuta. El mensaje del amor auténtico es incompatible con la incoherencia, con la doble moral, con una vida que ansía status, poder, prestigio, obsesión por el dinero, poseer, dominar, aparentar. Una mente así estructurada nunca va a escuchar, quizá sí oír, el mensaje del amor que nos propone Jesús y el cristianismo.

Jesús les dice que les deja un mandamiento nuevo, por tanto, hay novedad en ese mensaje de amor. Toda la tradición judía basada en la ley de Moisés queda superada y liberada con esta propuesta. No va de un amor exclusivo, solo para amar a las personas de nuestro círculo o situación social, religión, condición, opciones de vida. La novedad del amor de Jesús es de mucho calado y él se sitúa como referente, arquetipo y criterio. “Como yo os he amado”.

Ahora bien, ¿De qué Amor se trata? ¿Qué esencia tiene ese Amor? Se deja ver con mucha nitidez que este amor no es un deber moral, sino que es la vibración más profunda del ser humano, una corriente interna que nos conecta con otros seres semejantes. Estamos hechos de amor gratuito y liberador.

Amaos como yo os he amado”, dos veces repetido en esta breve escena, es una expresión que evoca un movimiento circular, una danza inclusiva, donde los otros, la realidad divina y mi realidad humana se sincronizan para generar un vínculo indestructible. Este amor brota de lo más profundo y sólo tiene vida si sale hacia fuera.  No viene del exterior, ni nadie me lo da, tan solo me hace ser consciente de que es la esencia de nuestra verdadera naturaleza.

Amaos como yo os he amado.  Dice Jesús que el signo de que somos sus discípul@s es la vivencia del amor. Y un amor que nos hace semejantes y nos sitúa en una horizontalidad y simetría que no se puede romper. Jesús nos llama a la circularidad, a una visión nueva de que el amor no es buscar que nos completen porque ya hemos sido diseñados como completos. No somos mitades o cuartos de nadie, sino unidades que peregrinan por esta historia estableciendo vínculos enraizados en un espacio interior donde cohabitan la humanidad y la divinidad entrelazadas. Es verdad que se expresa a través de gestos, palabras, actitudes, pero no para perfeccionar a nadie sino para despertar la consciencia de que todos somos valiosos y tenemos la misma dignidad. No es un amor romántico, acaramelado, sensible, es un amor que sana, libera, empodera y trasciende.

Amaos como yo os he amado. Se trata de un amor que no nace de la carencia sino de la abundancia. Cuando nos necesitamos para completarnos aparece la verticalidad, el dominio de uno sobre otro aunque suele ser más habitual de uno[s] sobre otra[s]; se rompe, entonces, el verdadero vínculo y aparecen todas las necesidades afectivas como un geiser que desestabiliza la vida y la convierte en un ego ansioso que busca equilibrarse por otro ser que de seguridad o al que se pueda dominar.

Amaos como yo os he amado. El amor de Jesús a la humanidad podemos verlo claramente en su vida, en su manera de relacionarse, en sus palabras, gestos, especialmente en su mirada al ser humano como “hijo” independientemente de su ideología, sexo, género, etnia, status social, etc. La mirada de Jesús a la humanidad va al fondo y no a la forma en la que nos ha tocado vivir o que hemos elegido vivir. Es una mirada que percibe la libertad y la capacidad de vivir en comunión y no en dominación.

Si el signo de ser discípul@s de Jesús es la vivencia de su paradigma del amor, no podemos quedarnos impasibles ante todas las personas que sufren, vulnerables, excluidas, fuera de juego. No podemos conformarnos, tampoco, con una iglesia que todavía expresa una imagen más de verticalidad que de horizontalidad, cuya ética del amor es muy potente con los de fuera, pero, a veces, descuida a los de dentro, especialmente a las de dentro. Ojalá en esta nueva etapa de la Iglesia veamos la realidad de una iglesia en igualdad y sinodalidad efectivas, identificada con el amor de Jesús.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Todo otro es no-otro en mí.

domingo, 18 de mayo de 2025
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Amistad-640x427Comentario al evangelio del domingo 18 mayo 2025

Jn 13, 31-35

¿Por qué me resulta tan difícil ver y vivir a la otra persona como no-separada de mí? O de otro modo: ¿qué me hace vivir encapsulado en los límites de mi personaje, ignorando la identidad común que compartimos?

La respuesta la encontramos en el momento evolutivo de nuestra especie y en el proceso de socialización.

Como especie, nos hallamos en una etapa del proceso evolutivo en el que no es fácil desidentificarse de la mente y, en consecuencia, del yo. En esta etapa sigue predominando el estado mental, que nos hace tomar como real solo aquello que la mente puede percibir. Y esta únicamente puede percibirnos como un yo particular, bien delimitado y separado de todo lo que no soy yo. Y donde hay identificación con el yo, hay miedo y tensión, ansiedad, insatisfacción, insaciabilidad y necesidad constante de auto-reafirmación.

Por lo que se refiere al proceso de socialización, es preciso entender que el niño es pura necesidad, en todos los sentidos. En concreto, para lo que aquí nos interesa, es necesidad de reconocimiento, de seguridad y de confianza. Cuando tal necesidad no encuentra respuesta adecuada, surgen de manera inevitable diferentes mecanismos de defensa -desde la agresión a la huida-, corazas de todo tipo, que fácilmente se convierten en una armadura rígida, la cual viene a constituir una segunda personalidad. Desde muy temprano, el niño se identifica con esa armadura porque piensa que, sin ella, corre peligro.

Si a eso se le añade el mensaje que recibe de todo su entorno y que le hace identificarse con su yo particular, se han creado las condiciones perfectas para que la persona se autoperciba como ese mero yo y viva amurallada, de una manera radicalmente egocentrada.

Dado que se trata de un error, no podremos dejar de advertir que algo chirría en nuestro interior. De entrada, no sabremos qué es, pero algo -en particular, el sufrimiento inútil- nos dice que vivimos equivocados. Será necesario todo un proceso de desaprender para poder comprender que, en nuestra identidad, no somos el yo con el que nos habíamos identificado, sino eso que observa o que es consciente de todos los movimientos cambiantes del yo, la consciencia una. Por lo que, al experimentarme como consciencia -llevando la atención a eso que, en “mí”, consciente-, descubro que esa consciencia que soy es lo que son en realidad todos los seres. La luz que brota de ahí contiene un mensaje inequívoco: si todo ser es no-otro de mí, solo acertamos cuando amamos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Necesitamos en la vida amar y ser amados

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1261Del blog de Tomás Muro, la Verdad es Libre:

01.- Conversaciones -Testamento- de despedida de Jesús con los suyos.

Podríamos decir en lenguaje coloquial que el capítulo 13 del evangelio de san Juan constituye como el testamento de Jesús; son como las últimas conversaciones de Jesús con sus discípulos.

Tal vez para enmarcar y comprender bien estas palabras, nos vendría bien recordar, evocar en nuestro interior, las últimas conversaciones y palabras que nos dijeron nuestro padre, nuestra madre, quizás algún hermano o amigo cuando estaban muriendo.

En ese contexto, sabiendo Jesús que iba a pasar de este mundo al Padre, habla con los suyos en una intimidad especial. Hijitos míos. La relación de Jesús con los suyos no es judicial, sino de gran amabilidad: hijitos. El texto tiene un intenso clima cristiano.

Acojamos en nuestra intimidad estas palabras de Jesús.

02.- Amor – Eucaristía.

El relato evangélico de hoy está situado en el contexto de la Última Cena. Curiosamente mientras los tres evangelios sinópticos (Mt, Mc y Lc) colocan la Eucaristía en la Última Cena, san Juan sitúa en la Última Cena no la Eucaristía sino el lavatorio de los pies (servicio) y el amor, el mandamiento del amor. Os doy -os regalo- (don) el amor como modo de vida

03.-  Os doy un Mandamiento Nuevo.

No es que Jesús nos dé o nos imponga una nueva ley distinta de los diez mandamientos.

Moisés bajó del Sinaí con las tablas de la ley, que contenían los diez mandamientos.

Jesús no nos impone una nueva ley, sino que nos da, nos regala su amor y nos llama a vivir en el amor: que os améis unos a otros como Él mismo nos ha amado.

04.- Necesitamos amar y ser amados en la vida.

En principio el amor no es una cuestión especialmente religiosa, sino humana. Todos los humanos, creyentes o ateos, necesitamos amar y ser amados.

En la vida podemos vivir sin muchas cosas. Podemos vivir -hemos vivido- sin muchos medios económicos, podemos vivir sin justicia, sin libertad, sin paz… pero no podemos vivir serenamente sin amar y sin ser amados.

05.- Amar en las diversas situaciones  de la vida.

No es sencillo decir, definir lo que es el amor. El amor es una dimensión humana tan hermosa como difícil.

El amor impregna la existencia humana en las más diversas situaciones y momentos de la vida:

* el amor hacia el niño recién nacido es muy importante porque ahí se ventila la acogida y la serenidad en la vida, en el mundo, en la familia de ese niño. Un niño no acogido, no querido lo va a tener muy difícil en su desarrollo humano, psicológico, etc.

* el amor de la juventud es un “tsunami” (valga la expresión) que encauza las fuerzas afectivas, sexuales, de encuentro en la vida…

* el amor en la familia (al menos en nuestra tradición cultural de familia) reviste otras características de abrirnos a la vida, acompañarnos y de protegernos en la vida.

* La amistad reviste otras tonalidades de sintonía, encuentro, ayuda… Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro, (Eclo 6,24).

* En ocasiones el amor es saber perdonar.

06.- El amor no es mera pulsionalidad.

El amor no es mera pulsionalidad, una simple instintividad, ni un fácil sentimentalismo.

A. En la vida, en la persona hay realidades buenas sobre las que hemos de poner razón, sensatez. El alimento, la sexualidad, el placer, la etnia, son realidades buenas: Vio Dios lo que había creado y era bueno… pero hemos de vivirlas con racionalidad.

B. También vivimos momentos pulsionales negativos: viejos conflictos familiares, políticos, odios, etc. Quizás los impulsos negativos nos dominan; ahí es donde hemos de poner también sensatez para que la razón “controle” la pulsionalidad.

Aristóteles fue quien dijo esa distinción en el ser humano: somos animales racionales. Nuestra dimensión corpórea-animal es lo pulsional e instintivo que ha de regular la dimensión racional, espiritual del ser humano

Dar y recibir amor en la vida es realizador de la persona.

07.- Cielos Nuevos y Tierra Nueva.

Hemos escuchado en la lectura del Apocalipsis: Vi unos cielos nuevos y una tierra nueva … donde no habrá ni llanto ni dolor.

Es palpable que no han llegado esos cielos y esa tierra nueva: Ucrania, Rusia, Israel, Gaza, hambre en el mundo, etc.

El amor es una fuerza transformadora. Nada realiza y dinamiza tanto como el amor como la experiencia de que alguien nos ama y ha hecho algo por nosotros.

Noble tarea vivir y sembrar amor, respeto, libertad. Tal es nuestra moral.

08.-  El Amor es el único principio de moral cristiana.

Posiblemente el amor es el único mandato, don, la única ética cristiana. En esto os conocerán que sois mis discípulos…

Amar (apreciar, respetar, valorar) hace bien a todos: a quien ama y a quien es amado.

San Agustín entendió bien a Jesús, cuando dijo aquello de que:

AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS

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«Una comunidad creíble es la que da testimonio del amor de los unos a los otros», por Consuelo Vélez

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1284De su blog Fe y Vida:

V Domingo de Pascua 18-05-2025

Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento

La muerte de Jesús que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida

El amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos

El amor mutuo es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven

Después que Judas salió, Jesús dijo:

«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros»

(Juan 13, 31-33a.34-35)

En este capítulo 13 del evangelio de Juan se nos relata el lavatorio de los pies y, posteriormente, el anuncio de la traición de Judas. Justamente con este hecho comienza el texto que se nos pone hoy a consideración. Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento. La primera parte se refiere a la pasión que va a vivir en breve, interpretada teológicamente: esa muerte que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida, en el vencer la muerte con la vida definitiva en Dios. Todo eso lo expresa con la afirmación de la glorificación del Hijo del hombre y la glorificación de Dios mismo en él.

Este acontecimiento es confiado a sus discípulos, a los suyos, dándoles un mandamiento nuevo. ¿En qué consiste la novedad de este mandamiento? En que el amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos. Como se puede ver, este mandamiento no es una regla para cumplir, una liturgia para realizar, una prohibición para respetar. Es una experiencia que se hace vida entre Jesús y cada persona y, porque es una experiencia real, se proyecta en el amor mutuo. Además, ese amor es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven.

De hecho, un padre de la Iglesia de los primeros tiempos escribió que la gente se admiraba del amor que se profesaban los cristianos entre ellos, diciendo: “miren como se aman” y, precisamente, por ese testimonio se iban añadiendo más creyentes a la comunidad.

Para nosotros que estos días estamos saboreando la experiencia de la resurrección de Jesús, ese mandamiento mantiene toda su actualidad. La gente podrá creer en los frutos de la pascua en la medida que vean comunidades alegres, unidas, servidoras, testigas del amor sincero de unos para con los otros. Que ese amor sea nuestro distintivo, haciendo creíble la presencia de Jesús en medio de la comunidad.

(Foto tomada de: https://www.hablarconjesus.com/meditacion_escrita/camino-de-emaus)

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“Elegir amar”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 18 de mayo de 2025
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imageDe su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

¿Qué nos queda?

En el caos que, de tantas formas y de modos diversos, atraviesa nuestras vidas, en la frenesí del cotidiano aturdidor y humillante, en el miedo. ¿Cómo podemos sobrevivir a este tiempo malsano?

Solo una cosa: seguir mirando hacia arriba. Seguir amando.

Porque ser discípulos significa dejarse amar y aprender a amar.

Convertirse en amados, que es uno de los nombres con los que se llamaba a los discípulos del Maestro.

Aquellos que descubren que son amados. Los amados.

Porque creemos en el Dios de Jesús, un Dios feliz que nos quiere felices.

Aprendiendo a amar. Esto da gloria a Dios. 

Gloria

En un mismo párrafo, Jesús habla cinco veces de gloria y glorificación y de cómo, gracias al Padre, está a punto de ser glorificado.

Quizá Jesús piensa que, a pesar de todo, al final su misión tendrá éxito y las cosas, de repente, tomarán otro rumbo. Confiado. Optimista. Incluso embriagado.

Solo que estas palabras las dice durante la última cena, poco antes de ser arrestado. Las dice en el mismo momento en que su destino está marcado. Las dice cuando Judas sale para ir a delatarle.

Jesús insiste, exagera: ahora mismo he sido glorificado, dice.

En el momento más doloroso de la traición, cuando una persona que te ama y te ha seguido te engaña, Jesús afirma que podrá manifestar plenamente su gloria.

¿Pero lo hace?

No, Jesús hace algo extraordinario: mira más allá del presente, ve el vaso medio lleno, no se encierra en sí mismo, deprimido o furioso, por el engaño. Como Judas lo está traicionando, podrá demostrarle que realmente lo quiere.

Precisamente porque está a punto de ser asesinado, podrá manifestar a todos los hombres cuánto los ama, cuánto nos ama, cuán seria es su amor. En la traición de Judas vemos la medida del amor de Jesús. 

Judas

Judas se ha perdido, cierto, verdad.

¿Pero el Señor no ha venido precisamente a salvar a los que estaban perdidos?

¿No es la perdición, precisamente, el lugar teológico de la salvación?

¿No nos salvan precisamente porque antes nos hemos perdido?

Con Judas, Jesús podrá demostrar cuál es la medida del amor de Dios: la ausencia de medida.

Todo hombre que toma conciencia de sí mismo se pregunta: ¿estoy perdido o salvado?

Jesús responde: estás perdido, y estás salvado.

Los Apóstoles no entienden, como no entendieron el gesto del lavatorio de los pies.

Pedro, poco después, dirá que está dispuesto a dar la vida por Jesús.

Pedro, ahora, se toma a sí mismo por Dios, quiere salvarlo.

Jesús le recordará que es él quien da la vida por sus discípulos.

Un gallo cantará, recordándole a Pedro su límite. No por causa de Dios debe morir, sino con Él.

Todo lo que puede hacer el discípulo es imitar al Maestro, no sustituirlo.

Jesús habla de su gloria, una gloria que consiste en manifestar cuánto nos ama.

Y nos pide que hagamos lo mismo.

La gloria es poder demostrar el propio amor.

Un amor sano, centrado, luminoso, concreto, humilde, oblativo, fecundo, respetuoso, liberador, libre.

¿Y si, en lugar de pasar la vida mendigando aplausos, pidiendo reconocimiento, haciendo pesar el dolor del pequeño pirómano que hay en nosotros, empezáramos a querer amar? 

Amaos

Entre Judas y Pedro, los otros evangelistas sitúan la Última Cena.

Juan omite el relato de la cena para sustituirlo por el lavado de los pies: la liturgia es falsa si no se convierte en servicio al hermano débil. Juan se atreve a más: entre las dos traiciones y las dos salvaciones (Judas es salvado del mal, Pedro del falso bien) inserta el único mandamiento del amor.

Jesús nos pide que nos amemos (amarme a mí, amarte a ti,…) del amor con el que Él nos ha amado.

Corrige a los otros evangelistas. El mayor mandamiento no es amar a Dios y al prójimo.

Sino amar al prójimo con el amor que recibimos de Dios. Amar con el amor de Dios.

De su amor, con su amor. No con el amor de la simpatía, de la elección, del esfuerzo, de la virtud.

Con el amor que, procedente de Cristo, puede llenar nuestro corazón para luego fluir hacia el corazón de los demás.

No puedo amar a las personas antipáticas, ni a las que me hacen daño. Solo el amor que viene de Dios, un amor teológico, me permite amar por encima de los sentimientos y las emociones. 

Señales y signos

Debemos ser conocidos por el amor.

No por las devociones, no por las oraciones, no por las señales externas, no por la organización caritativa, sino por el amor. El amor es lo que más debe importar en la Iglesia.

Que sea verdadero, que sea libre, que se haga evidente.

No teórico, no vinculado (te amo si), no humoral.

Un amor más grande que da vida. Porque a veces el amor mortifica.

Un amor en equilibrio entre emoción y elección, entre énfasis y voluntad, que se vuelva concreto y activo, tolerante y paciente, auténtico y accesible, que sepa manifestarse en el momento de la prueba y del engaño.

¿Quieres glorificar a Dios?

Déjate amar.

Aprende a amar.

Elige amar.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el V Domingo de Pascua, 18 de mayo de 2025

1. – El amor hace despertar la esperanza.

2.- Mendigos de amor.

3.- El arte de amar. 

3.- Qué amor.

5.- Dejarse amar para conocer la verdad.

6.- La medida del amor

7.- Elegir amar – Comentario al Evangelio de San Juan 13,31-33.34-35 –.

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