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El centro que nos descentra

domingo, 19 de mayo de 2019
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Nelson_Self_Control_710V Domingo de Pascua

12 mayo 2019

Jn 13, 31-33ª. 34-35

Fácilmente los humanos caemos en malentendidos, lo cual no es extraño, si tenemos en cuenta los condicionamientos que nos pesan y la perspectiva tan limitada de nuestra mente.

En lo que se refiere al conocido como “mandato del amor” o “mandamiento nuevo”, me parece que hemos caído en dos lecturas desajustadas. Por una parte, se ha insistido en que la vivencia del mandato dependía de la voluntad; por otra, parecía afirmarse que el amor a los otros negaba la necesidad de cuidar el amor a uno mismo. Y esto último a pesar de que la afirmación que se encuentra en los evangelios sinópticos lo afirma con total claridad: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12,31).

El amor no nace de la voluntad, sino de la comprensión. Y tampoco tiene que ver prioritariamente con el sentimiento o la emoción. Es una certeza, que nace de la comprensión de que formamos un todo no-separado. El “amor” que se identifica con el sentimiento, como el “amor romántico”, dura lo que dura la atracción: se halla a merced de factores que pueden socavarlo fácilmente. Porque, en rigor, no era amor, sino una búsqueda, con frecuencia inconsciente, del propio bien, un deseo de respuesta a las propias necesidades. Por el contrario, el amor genuino no muere nunca, porque la unidad de fondo es la característica definitoria de lo real. O, dicho con otras palabras, la realidad es no-dual. Cuando eso se comprende experiencialmente, el amor fluye, aunque en ocasiones nos suponga esfuerzo, renuncia, sacrificio… y hasta “muerte” del yo.

Tal comprensión no solo no excluye ni niega el amor a uno mismo. Al contrario, conociendo el modo como funciona el psiquismo humano, vemos con claridad que el cuidado del amor incondicional y humilde hacia sí es el cimiento imprescindible de una personalidad integrada y armoniosa, la condición para evitar ir por la vida mendigando el amor de los demás y cauce que facilita vivir el amor universal.

El amor es expansivo, inclusivo, universal. Al conectar con él, gracias a la comprensión de lo que somos, tocamos aquel Centro que nos descentra o, tal vez mejor, para evitar equívocos de lectura, nos desegocentra. Porque la comprensión no nos encierra ni nos hace girar en torno a nosotros mismos en un narcisismo infantil y asfixiante, sino que abre, como abrazo sin límites, a toda la realidad.

Otra paradoja: el amor es una poderosa fuerte centrípeta y centrífuga a la vez. En el mismo movimiento, unifica hacia “dentro” nuestra persona y abre hacia “fuera al encuentro de todos.

¿Cómo es la comprensión y la vivencia del amor en mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Lo del dios de Jesús es amar

domingo, 19 de mayo de 2019
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imagesDel blog de Tomás Muro, la Verdad es Libre:

  1. conversaciones -testamento- de despedida de jesús con los suyos.

El capítulo 13 y siguientes de san Juan constituyen algo así como el Testamento de Jesús; son como las últimas conversaciones de Jesús con sus discípulos.

En ese contexto, sabiendo Jesús que iba a pasar de este mundo al Padre…, habla con los suyos con gran intimidad. Hijitos míos. El texto tiene un clima intenso.

  1. Jesús ve la vida desde el amor, desde el amor de Dios.

         En último término Jesús ve y entiende la vida desde el amor.

         La experiencia fundamental de Jesús tiene su origen en Dios Padre, que es amor:

         Nos hará bien pararnos y quedarnos en esta vivencia: Dios es amor, (1Jn 4,8).

         Es bueno que nos dejemos embargar del amor de Dios. Dios nos ama. Dios es solamente amor. Cuando tengamos experiencia de sentirnos queridos por Dios, que nos ama, podremos también nosotros amar.

Hemos recibido una tradición religiosa muy poco cristiana, porque el amor quedaba desplazado y apenas estaba presente. El pecado, el infierno y la condenación hacían mejor carrera que el amor de Dios. Dios era bueno muy escasamente. El Dios en el que hemos sido educados era justiciero, más condenador que salvador.

Quizás hayamos de olvidar todo lo que hemos aprendido de Dios, pero si sabemos y vivimos que Dios es amor, sabéis mucho acerca del Dios de Jesús.

Y el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y nos envió a su Hijo, Jesús, (1 Jn 410).

Lo que caracteriza la experiencia cristiana, lo más íntimo y peculiar de la vivencia cristiana es la bondad y el amor.

Cristiano somos cuando hemos percibido la bondad y el amor de Dios y de los demás.

Dios es amor. (1Juan 4,8). El amor es Dios. Allá donde se vive o se intenta vivir en respeto, libertad, allá donde hay amor, está Dios.

Dios nos ama.

  1. En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros.

         Jesús -la Iglesia de Jesús- está allá donde hay un puñado de amor y bondad:

Por eso donde hay amor, Dios no está lejos, donde hay amor, allí está Dios. El amor humano es sacramento de Dios, que es amor.

De la vivencia de Dios como amor, también nosotros amaremos.

Son discípulos de Jesús los padres que se quieren y aman a sus hijos, son cristianos los jóvenes que se aman. Es discípulo de Jesús quien recoge a un herido en la carretera como el buen samaritano, quien ayuda a un emigrante o no emigrante que pasa por la vida. Es discípulo de Jesús quien sabe perdonar. Es cristiano quien va buscando y sembrando criterios de paz y de convivencia. Amar significa en ocasiones no airear pecados de otros y, mucho menos, levantar calumnias. Amar y ser cristiano es dar limosna, dejar paso a otras personas e ideas, crear, cultivar la amistad y el amor.

Nos conocerán que somos cristianos por lo que nos amamos y por lo que amamos. No nos conocerán por los ritos que celebramos, ni por la moral que intentamos meter a capa y espada; ni nos conocerán por el esplendor del Templo, sino que lo que nos ha de caracterizar como cristianos es el amor.

  1. El amor ilumina la vida.

Uno ve la complejidad de vida desde lo que cree. La existencia se configura desde lo que uno tiene en la cabeza y el corazón.

Hay personas e instituciones que piensan, viven y despliegan su actividad desde una mentalidad de poder o desde la defensa de su institución, también desde el odio, desde el interés, desde la patria / nación, desde la raza, desde el dinero, la economía, etc.

La fe cristiana ve la vida desde la bondad y el amor.

Y no es lo mismo ver la realidad desde el poder, desde la ley, desde las ideologías políticas o religiosas, que percibir la vida desde el amor y la bondad.

La utopía de Cristo –del cristianismo- es amaos porque todos vosotros sois hermanos.

  1. sentimientos y razón.

imagesaTodos tenemos experiencia de que a veces no es fácil amar. En ocasiones no podemos controlar todos los sentimientos e impulsos que puedan brotar en nuestro interior ante situaciones difíciles, quizás de odio, viejos problemas familiares, sentimientos enemistados por diferencias ideológicas, viejos asuntos pendientes.

La razón ha de entrar en juego para racionalizar las pulsiones y no dejarnos esclavizar por el odio, la venganza. Por eso, a veces, amar significa ser razonables, utilizar la cabeza para situar las cosas en su sitio. Las pulsiones son muy difíciles de controlar, pongamos un poco de razón en los sentimientos. Razón es respeto, educación, tolerancia, saber ver los problemas.

         A veces amar es ser razonable en la vida.

Ama y haz lo que quieras (San Agustin)

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No dijeron nada, tenían mucho miedo (Mc 16, 8)

viernes, 17 de mayo de 2019
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AC009833-0171-4991-9308-2D3A0F8293C5Del blog de  Xabier Pikaza:

No tengáis miedo, mujeres. Decid lo que habéis visto

Ante unas mujeres, creadoras de la Iglesia

El ángel de Jesús con las mujeres de pascua, mientras los hombres soldados duermen de miedo y mentira... Quiero que esa imagen presida presida mi nueva postal de la Pascua, con el nacimiento de una iglesia de mujeres.
El ángel de la pascua les dicen que vayan, que anuncien la noticia a Pedro y a los otros, que reinicien el camino de la Iglesia… Pero ellas no van, tienen miedo… (Mc 16, 1-8).
   ¿Qué significa eso? ¿Por qué no van? ¿Pueden y deben ir hoy todavía, el año 2020? En mi comentario de Marcos   le dediqué el tema muchas páginas, que he querido retomar aquí, en plano académico y actual, para aquellos que tengan tiempo y deseo de profundizar en el tema de la pascua en el primer evangelio (Marcos), con el surgimiento de una Iglesia de Mujeres.
1- MARCOS, UN FINAL ENIGMÁTICA
El tema del final del evangelio de la pascua en Marcos es el miedo de una mujeres que no se atreven a decir a Pedro y a los otros lo que han visto, porque tienen miedo: -¿Tienen miedo de Jesús, de lo que han visto?
-¿Tienen miedo de Pedro y de los hombres de la pascua porque no serán capaces de entender y aceptar lo que ellas han visto?
Según Marcos, es evidente que las mujeres han tenido miedo… y lo siguen teniendo, porque si dijeran lo que han visto y saben, y si nosotros las escucháramos, el mundo estallaría de un gozo distinto, de una vida diferente. 
Éste es el extraño y fascinante (real por imposible) del evangelio de Marcos, aquí se sigue situando (año 2010) el comienzo de la Iglesia, llamada a nacer de nuevo por la voz de una mujeres:
– Las mujeres de la Pascua de Mc 16   llegaron al sepulcro, vieron que estaba vacío y huyeron, poseídas por un pavor inmenso (tromos kai ekstasis), y no dijeron nada a nadie.
Sobre ese silencio clamoroso y pavoroso de las mujeres se asienta el evangelio de la pascua, la experiencia cristiana de la resurrección.

– Las mujeres ven lo que no puede verse (un sepulcro sin muerte) y escuchan lo que no puede decirse (¡no está aquí, ha resucitado!),recibiendo una misión que no puede cumplirse (¡decid a sus discípulos y a Pedro que les precede a Galilea!). No pueden decir ni hacer nada, simplemente huye, pues tenían miedo (ephobounto gar).

Con estas palabras, que terminan en una partícula explicativa que no sirve para explicar (gar), se cierra el evangelio y empieza la misión cristiana. Cien libros se han escrito sobre ese final, empezando por el añadido posterior de Mc 16, 9-20, que la Iglesia ha tomado como canónico, para evitar de alguna forma el “escándalo” de Marcos.

Comentario a Marcos para explicar este silencio de las mujeres

 He escrito un inmenso comentario al evangelio de Marcos, más de mil páginas,para explicar si es posible este final imposible de su evangelio, este silencio clamoroso de las mujeres que ha revolucionado la historia del mundo, la pascua cristiana

En ese silencio culmina y empieza la paradoja del evangelio: Al llegar la hora definitiva, da la impresión de que las mismas mujeres fracasaron, como habían fracasado antes los Doce. También ellas se escapan, huyen del sepulcro (unir Mc 14, 50 con 16, 8) y “parece” que no van a Galilea (como les ha mandado el joven de Dios), aunque no el texto no dice que “no fueron”, sino que huyeron con miedo, sin decir nada a nadie.

Esta huida y este silencio de las mujeres que no dicen nada a nadie, porque tienen miedo constituye (con Mc 14, 3-9: la unción de Betania) un signo clave para entender el evangelio. Por eso debemos estudiarlo con cierta detención, distinguiendo los planos de lectura del texto.

2. FORMAS DE ENTENDER EL FINAL DE MARCOS

 Plano textual, primer nivel.

Mc 16, 8 afirma que las mujeres han huido (ephygon) del sepulcro con miedo, y que no han dicho nada a nadie, de manera que parece que no han cumplido la palabra de Jesús. Ellas han huido lo mismo que los Doce en Getsemaní (donde emplea la misma palabra: ephygon, 14, 50), y lo mismo que el joven desnudo de la sábana (también con ephygen, 14, 52). En los tres casos ha empleado Marcos la misma palabra (huyeron), pero en sentidos muy distintos.

Los discípulos varones de 14, 50 habían quedado marcados por el “miedo de la muerte” del Mesías, de manera que no habían podido ser testigos de la cruz. El joven de 14, 52 huye desnudo dejando su sábana inútil, porque es testigo de una “vida” que nadie puede sujetar y encerrar en un sepulcro (por eso hemos dicho que en el fondo era el mismo Jesús, presentado de un modo simbólico). La mujeres, en cambio, huyen porque tienen miedo de lo que han visto y escuchado en el sepulcro de Jesús. No les ha detenido la muerte (por eso han estado ante la cruz y han ido al sepulcro). Pero les detiene el miedo (el pavor sagrado) de la resurrección y por eso huyen.

El texto no dice que “no han dicho” a los discípulos lo que han visto, ni tampoco que “no han ido” a Galilea, sino sólo que han tenido un gran temor, un éxtasis, y que han huido del sepulcro sin decir nada a nadie (en ese momento).

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En un sentido es lógico que huyan, pues tampoco ellas se hallaban preparadas para entender y aceptar la novedad cristiana, para comprender el misterio de la vida que brota de la muerte. Todo lo que pueden decir resulta insuficiente, todo lo que hagan es al fin inadecuado, pues el mensaje del Jesús pascual desborda el nivel de sus acciones y palabras.

En la raíz de la pascua sigue habiendo un principio de miedo. Las mujeres tuvieron miedo de decir a Pedro que y a los demás que Jesús había resucitado…  La resurrección de Jesús es algo que no se puede decir…

− Plano histórico.

Parece claro que, de alguna forma, en contra de lo que dice externamente el texto, estas mujeres han ido a Galilea (al lugar del evangelio), contando la historia que no puede contarse (el mensaje pascual de la tumba vacía) y reiniciando allí el camino del Reino de Jesús. 

Conforme al ritmo de Marcos, puede suponerse que ellas han dicho la palabra a Pedro y al resto de los discípulos, asumiendo con ellos el proyecto de Jesús, en dimensión de pascua. Por eso han sido y siguen siendo las primeras hermanas y madres de Jesús, garantes del mensaje pascual, hecho palabra que se anuncia, para volverse de esa forma “pan” multiplicado y compartido. Así podemos afirmar que, en un sentido, ellas han cumplido su misión, iniciando el “rito pascual” del perfume (14, 3-9).

Pero, afirmado eso, podemos y debemos añadir, en otro plano, que ellas no han ido todavía (en el momento en que escribe Marcos) o, mejor dicho, no han llegado al final del mensaje de pascua, no se han integrado en la auténtica Iglesia. En ese sentido, Marcos sigue queriendo que ellas (y toda la iglesia representada por ellas) vayan a Galilea, de manera que su evangelio puede interpretarse como “guía para cristianos que quieren hacer el camino de Galilea” (es decir, el camino de la historia mesiánica de Jesús, que empezó en Galilea).

Conforme al testimonio de Hech 1, 13-14, las mujeres “estaban” en Jerusalén, iniciando allí la iglesia (iglesia jerosolimitana, no galilea), con los parientes de Jesús (y los Doce). Marcos supone que hay (ha habido) en Jerusalén una iglesia vinculada a los parientes de Jesús que no ha dejado el legalismo judío, no ha entendido la novedad de la muerte de Jesús ni el sentido de su pascua (cf. 3, 20-35). Pues bien, al escribir este pasaje, Marcos puede dirigirse a esas mujeres, que han formado parte de la iglesia de Jerusalén, centrada en Santiago y José (hijos de María, hermanos de Jesús), para que salgan (ellas, con Pedro y con los otros discípulos) del entorno jerosolimitano de la tumba vacía, para iniciar en Galilea el verdadero camino de evangelio, pues sólo allí (yendo a Galilea) podrán ver a Jesús (al verdadero Mesías).

Cuando las mujeres vayan  y digan a toda la Iglesia lo que es la Pascua de Jesús… cambiará el mundo. Todavía no les hemos dejado hablar. Ellas no han podido decir la Palabra, su Palabras.Ésta sigue siendo para Marcos, en este momento (hacia el 70 d.C.), la tarea pendiente de aquellos cristianos de Jerusalén que están representados por estas mujeres.

Por eso, la palabra del joven a las mujeres (y por ellas a los discípulos y a Pedro) es palabra de mandato actual, programa de refundación de iglesia, que han de retomar ellas (las mujeres, su comunidad) con Pedro y los restantes discípulos de Jesús, tras la gran catástrofe del 66-70 d.C., o mejor dicho ahora, el año 2019, el años de las mujeres de Pascua, creadoras de Iglesia.

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Espiritualidad femenina migrante

lunes, 13 de mayo de 2019
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navez1Una espiritualidad alternativa
Yolanda Chávez
Los Ángeles (USA).

ECLESALIA, 26/04/19.- Las relaciones íntimas con Dios tienen lugar en la realidad humana y trascienden toda certeza racional, social o política. En la experiencia de migrar se descubren atajos, shortcuts, puntos de encuentro escondidos donde una puede entregarse completa al indescriptible Misterio. Estos atajos pueden llegar a ser conocidos únicamente por quien ha migrado.

No es casualidad que hayan sido mujeres migrantes quienes con sus experiencias, tejieron el entramado que reveló a la humanidad un gran plan de salvación.

A Agar por ejemplo, una certeza racional, social y política la expulsó al desierto de la incertidumbre. Caminó sola con su hijo por ese desierto… quien haya cruzado las candentes moles arenosas con el espíritu herido por el dolor de no pertenecer, sabe lo que esto significa.

Hasta ese momento el destino de esta mujer lo habían decidido otros sin tomarla en cuenta, fue puesta en una situación donde las posibilidades de encontrar la muerte eran muy altas. De pronto se vio allí peregrinando con su hijo, sin agua y sin pan, expuestos a cualquier cosa. Ella sabía que en esa travesía se podía perder la vida. Pero ¿resistiría ver apagarse la vida que ella había dado a luz? la vida de su hijo, un niño frágil que lloraba asustado, cansado, sediento y hambriento, a punto de morir.

En esa realidad de hostilidad y muerte Agar tomó por primera vez en su vida una decisión: no iba a dejar que su hijo muriera sin cruzar las fronteras de la dubitación, del desierto de la incertidumbre. ¡Se resistió!

Fueron precisamente la incertidumbre, la aridez de la hostilidad, la soledad, la sed, el hambre y la desolación quienes le descubrieron el atajo escondido que la condujera al Dios con que tuviera un encuentro íntimo. Experiencia que culminó con una generosa promesa cumplida: “Haré tan numerosa tu descendencia, que no la podrás contar” (Gn 16, 10).

Y efectivamente; la relación profunda entre Dios y una mujer migrante dio lugar a una numerosa descendencia. Una mujer “indocumentada” es el primer personaje bíblico en ver a Dios y atribuirle un nuevo nombre. Le llamó El-Roi-Dios: veo al que me ve (Gn 16:13). A pesar de la vulnerabilidad de sus circunstancias por el contexto cultural y social que la había echado al desierto, no toleró el destino de muerte que los demás le habían impuesto a ella y a su hijo. La experiencia con Dios le dio a esa mujer una determinación que la llevó a realizar acciones bien concretas para cuidar la vida de su hijo.

El-Roi-Dios- Amor encuentra caminos alternativos cuando la intolerancia intenta detener su flujo. Establece puntos de encuentro para la intimidad que rompen el tiempo, los muros, las fronteras, los espacios racionales, sociales y políticos. De allí que la gran capacidad de amar que tienen las mujeres que cruzan desiertos se agudice en las inhóspitas circunstancias de los días oscuros donde todo parece imposible. Fue en esas mismas circunstancias que Agar encontró agua en el desierto para su hijo y evitó que muriera, de la misma forma las mujeres inmigrantes desarrollan la habilidad de optimizar los recursos durante los duros días sin trabajo por las redadas, los arrestos y las deportaciones, para preservar la existencia, para continuar con la procreación. Siguen amando para que el amor siga retoñando y floreciendo contra corriente, siguen sembrando fe, confiando; siguen generando esperanza, sonriendo; saben cómo encontrar esos caminos alternativos, esos atajos o shortcuts escondidos que las llevan al amante encuentro con el Misterio de Dios para seguir engendrando y gestando vida, a pesar de todos los obstáculos que a the huge evil mind se le puedan seguir ocurriendo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Escuchar y seguir a Jesús”. 4 Pascua – C (Juan 10, 27-30)

domingo, 12 de mayo de 2019
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jesus-buen-pastorEra invierno, Jesús andaba paseando por el pórtico de Salomón, una de las galerías al aire libre, que rodeaban la gran explanada del Templo. Este pórtico, en concreto, era un lugar muy frecuentado por la gente pues, al parecer, estaba protegido contra el viento por una muralla.

Pronto, un grupo de judíos hacen corro alrededor de Jesús. El diálogo es tenso. Los judíos lo acosan con sus preguntas. Jesús les critica porque no aceptan su mensaje ni su actuación. En concreto, les dice: «Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas». ¿Qué significa esta metáfora?

Jesús es muy claro: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna». Jesús no fuerza a nadie. Él solamente llama. La decisión de seguirlo depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jesús esa relación que lleva a la vida eterna.

Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidor o seguidora de Jesús. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.

Sin embargo, esa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo porque es comenzar a vivir de manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la fe cristiana.

Y lo primero para tomar esa decisión es escuchar su llamada. Nadie se pone en camino tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirlo cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.

Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.

Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús.

José Antonio Pagola

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“Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Domingo 12 de mayo de 2019. 4º Domingo de Pascua

domingo, 12 de mayo de 2019
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29-pascuaC4 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
Salmo responsorial: 99: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Apocalipsis 7, 9. 14b-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Juan 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poéticp-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”. Leer más…

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«Yo y el Padre somos Uno: Sobre el riesgo y amor de la Unidad» 12.5.19 Dom 4 pascua, Jn 10, 27-30

domingo, 12 de mayo de 2019
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56770803_2355385764690812_3104540175761785010_nDel blog de Xabier Pikaza:

La unidad gratuita, respetuosa y voluntad es un don,  pero la impositiva, violenta y excluyente en una de las mayores desgracias de la vida, tanto en la familia, como en la iglesia o política.

La Unidad es lo más alto, es un cielo, si es unión de amor, en comunión, como dice Pablo al decir que es Dios todo en todos. Pero ella puede ser lo más perverso, obra del diablo, como quisieron y quieren los imperios bestiales de la Biblia, los que imponen la unidad con sangre, como Nínive. Babel o Roma (en el Apocalipsis).

La unidad de Dios es gracia, en libertad; la unidad del Diablo es muerte, es imposición, inquisición, cárcel. Por un tipo de unidad como ésa han matado los estados, hasta el día de hoy.

Por eso, ante la palabra final del evangelio, que dice Yo y el Padre somos Uno pueden hacerse muchas consideraciones, pues mientras los cristianos la aceptan como don de vida, en libertad de amor, los judíos y musulmanes la condenan por antidivina.

El problema es  el tipo y forma de crear esa unidad. También la Iglesia es una, pero por su unidad ha matado bastantes veces; y es bueno un Estado unidad, pero por su unidad se han hecho guerras y se ha matado hasta ayer (¿hasta hoy?) entre nosotros.

Teóricamente, quien mejor trató de este tema fue Platón, en su Parménides… Pero la Iglesia cristiana se ha preocupado también desde el principio de este tema… y yo mismo le he dedicado muchos años de enseñanza en una Universidad Pontificia,  y he escrito algunos libros sobre el tema.  . En esa línea quiero ofrecer unas reflexiones algo largas, en parte tomadas del libro citado y de una postal anterior de Religión Digital.Org 232.04.2010.

9788430119080-esEmpezaré citando dos textos esenciales sobre el temas, para comentarlo después de manera escolar, insistiendo en la Trinidad como unidad de Dios y de los hombres  y en la forma de entender la perijóresis, que es la unidad formada  por la mutua presencia de uno en el otro: Del Padre en el Hijo y viceversa, del amante en el amado y viceversa, del hermano en el hermanos, y de todos los hombres del mundo.

PRIMER TEXTO:

Escucha Israel, Yahvé tu Dios es Uno, amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón…” (Dt 6, 6).Estas palabras que son todo el centro del Antiguo Testamento contienen una confesión de fe y un mandamiento:

Confesión: Yahvé, tu Dios es Uno. Frente a la multiplicidad de dioses y poderes del mundo, Yahvé es la unidad absoluta, en él se condensa todo lo que es, en línea de monoteísmo. Yahvé Dios es uno y único, no hay a su lado ningún otro poder, ningún otro principio de realidad.

Mandamiento: Amarás a Yahvé tu Dios. Pues bien,   ese Dios que es Uno dice a los israelitas (a los hombres) que le amen; no que le obedezcan, ni que se inclinen ante él, sino que le amen. Eso significa que la unidad de Dios es unidad para el amor, unidad de dos: de Dios y de aquellos que le aman, por gracia y no por imposición

 SEGUNDO TEXTO: (el evangelio de hoy):

im27718group‒ Yo y el Padre somos Uno (Jn 10, 30)…  Que todos sean Uno como Nosotros somos Uno  (Jn 17, 20-23).

 Ser Uno no es estar aislado, ser independiente, sino vivir en comunión. La unidad (el ser) es comunicación, de forma que no hay unidad ni hay realidad si no existe donación, regalo de vida de uno al otro. Ésta es la experiencia suprema,  de forma que uno sólo es Uno dando lo que tiene y recibiendo lo que le ofrecen, formando así unidad en presencia, conocimiento y comunión, es decir, en vida compartida.  Por eso, quien quiera ser Uno a solas, encerrado en sí, deja de serlo. Quien quiera ser Uno imponiendo a los otros su unidad se destruye a sí mismo y destruye a los otros.  Y con esto paso a la explicación más extensa del tema, en la línea de mi libro sobre la Trinidad y de la postal del 25.04.2010.

El-corro-de-la-patata-Posteres¡Yo y el Padre somos Uno! Es una palabra que brota de la vida del Jesús histórico, que la dijo Él para siempre y que, con él, la podemos decir de cada uno de nosotros, sus hermanos los cristianos (sus hermanos, todos los hombres y mujeres de la tierra).

Ésta es la palabra clave de Jesús hombre , es la palabra básica de la historia de todos los hombres y mujeres,a los que Jesús abre un camino (es pro-dromos), para que nos hagamos Uno siendo diferentes, comunión de solidaridad y amor, pudiendo decir y diciendo, cada uno de nosotros, yo el Padre somos Uno, yo y los otros hombres y mujeres somos Uno.

a) Éste es el gozo y tarea de Dios en nuestra vida,
como un «baile» de niños ante el mar inmenso de la Trinidad,
, aprendiendo a querernos y ser Dios en nuestra misma vida humana.

b)Éste es el gozo y responsabilidad social,que nos lleva al compromiso por la justicia,, a superar las divisiones y opresiones,para que todos en el mundo seamos una familia o comunión, que comparte y que baila en igualdad.

c)Éste es el supremo gozo de Dios, que es felicidad, como un descanso en medio y al final de la jornada , un Dios que se sienta y es uno en Sí, siendo uno con nosotros en la mesa común de la vida, como en el icono de Rublev.

Así lo dice el evangelio de hoy, desde la perspectiva del Dios Pastor (del Jesús Psstor-Amigo) que es Uno con sus ovejas:

«En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno»(Juan 10, 27-30)

Rublëv, Andrei Icono de la Trinidad 1411Por eso me atrevo a decir, con Jesús y por Jesús (como Jesús): Padre Nuestro… Yo y el Padre somos Uno. Dios está en mí, está en cada uno de nosotros. Por eso puedo añadir: nosotros somos los ojos por los que Dios mira, las manos por las que él trabaja, los pies por los que anda, las manos por las que trabaja.

Dios y yo somos Uno y, sin embargo, Dios es Dios, en sí mismo, para que yo sea Uno con él, en Jesús y por Jesús, y para que sea Uno con los demás hombres y mujeres. Éste es el misterio de Jesús, ésta es la Trinidad cristiana.

Cuando digo con Jesús Yo y el Padre somos Uno, estoy diciendo: “yo el otro somos uno”, y tenemos que serlo en experiencia de comunión y amor , de manera que el «otro» deje de ser otro y seamos yo y tú, tú y yo, nosotros, todos Uno en amor real, sin poderes ssuperiores ni sometimientos inferiores, poque en la montaña de Dios en que vivimos todo es amor.

1. Presentación

La base de la formulación cristiana de la Trinidad es la revelación de Jesús y del Espíritu Santo. Ciertamente, siguen al fondo las experiencias religiosas de otros pueblos y las especulaciones filosóficas de los pensadores, que han podido decir, desde sus propias perspectivas “yo y Dios somos uno”. Pero en el fondo de esta confesión cristiana está la vida y mensaje de Jesús, de nosotros decimos con él y por él (no en contra de Dios): Dios y yo somos uno. Leer más…

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Las ovejas, el pastor y los ladrones. Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

domingo, 12 de mayo de 2019
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vidriera-vocaciones-buen-pastorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Aunque hoy día mucha gente solo ha visto un rebaño en televisión, la imagen sigue siendo muy expresiva. Pero el capítulo 10 del evangelio del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.

Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)

Jesús comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la valla. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían.

Cuando termina de contarla, los presentes “no entendieron de qué les hablaba”. Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. A veces dice que él es la puerta del rebaño; otras, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, “que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.

La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis?” (literalmente: “tiene un demonio y está loco”). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.

El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas.

              En aquel tiempo, dijo Jesús: 

              – Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.  Yo y el Padre somos uno.

 

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de “mis ovejas”, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios”. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva a “la vida eterna”. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo.  La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían los “cristianos” que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: “Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”.

El Padre. A lo largo del c.10 hay diversas referencias a la relación de Jesús con “mi Padre”. A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22, donde el pastor es Dios. Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. “Yo y el Padre somos uno”. La reacción del auditorio es más dura en este caso: “cogieron piedras para apedrearlo”, y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis. ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: “El que me ha visto ha visto al Padre”. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

              La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé “tomaron asiento”; e inmediatamente se añade que “muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos”. Entonces, ¿para qué toman asiento?

              Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación va a ser muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde, incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. 

              Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquia de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios. 

              El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:

              – Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”. 

              Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

              Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

              Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: 

              – Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos.

 

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V Domingo de Pascua. 12 mayo, 2019

domingo, 12 de mayo de 2019
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Yo y el Padre somos uno.”

(Jn 10, 27-30)

Oímos a Jesús continuamente repetir: “El Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10, 38). “Yo estoy en el Padre y el Padre en mí” (Jn 14, 11).

Nos está llamando a participar en la experiencia de ser Uno con el Padre. En el yo de Jesús estamos todos. Jesús al encarnarse participa de nuestra naturaleza humana, y nos enseña que lo divino se ha manifestado en lo humano y que en lo humano se reconoce lo divino.

En Jesús no cabe el individualismo. Es el Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad. Jesús, con su muerte, nos abre el camino de la totalidad. Nuestra forma humana es la individuación, nuestro proceso para ser uno con Jesús y el Padre, es vaciarnos de nosotras. A medida que crecemos y caminamos hacia el hondón, hacia ese centro que somos, nos encontramos con quien nos habita y descubrimos la pluralidad como manera de ser y vivir.

Nosotras, personas cuyo ejemplo es la Trinidad, estamos llamadas a vivir en la comunión, desalojando todo ego y abriendo espacios y tiempos para los demás. Pluralidad, diversidad en la totalidad. Jesús y el Padre son uno, porque el Padre se vacía en el Hijo y el Hijo, en el Padre.

“Que todos sean uno como, como Tú Padre estás en mí y yo en Ti, que también ellos en nosotros sean uno” (Jn 17, 21.22.23)

No solo nos habla de comunión entre los humanos, que seamos uno, sino que seamos uno como ellos. Nos envía a beber a la fuente, a Dios, donde él bebe continuamente. Nos habla de participar del ser mismo de Dios.

Oración

Unifica nuestro ser disperso,
para que podamos ser Uno en Ti y con toda la humanidad,
para que las diferencias nos unan
y Tú lo seas Todo en Todos.”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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A través de Jesús llega a nosotros la misma Vida de Dios.

domingo, 12 de mayo de 2019
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1A02B5DF-87F6-4BE7-AE07-186DA73023EEJn 10,27-30

Hemos terminado con las apariciones, pero seguimos con un texto profundamente pascual. Juan nos habla de Vida definitiva, que es la clave del tiempo pascual. Es una pena que al hablar de vida eterna sigamos pensando en una vida biológica para más allá. La verdad es que los evangelios nos hablan de una Vida que hay que vivir aquí y ahora. Parece mentira el poco caso que hacemos al evangelio cuando no está de acuerdo con nuestras expectativas. En el evangelio de Jn está muy claro: “Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer del Espíritu”.

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoê”, significa la vida transcendente inmutable, “Bios”, la vida biológica concreta y “psykhê” significa la personalidad psicológica. Aquí dice psykhê. No se refiere a dar la vida biológica muriendo, sino a entregarse como persona durante la vida.

En el evangelio de Jn no habla Jesús sino la comunidad, que expresa lo que pensaban sobre Jesús. No concibo a Jesús creyéndose pastor de nadie. Jesús llega a su plenitud por las relaciones con los demás. Pero unas verdaderas relaciones humanas solo son posibles entre iguales. Porque nunca se creyó más que nadie, sino al servicio de todos, se presenta ante nuestros ojos como modelo de humanidad. Relación entrañable con los demás, de tal manera que se preocupa por todos como un pastor auténtico se preocupa por cada una de las ovejas.

Después de decir que ellos no son ovejas suyas, describe con todo detalle qué significa ser de los suyos, les está acusando de no querer seguirle, comprometiéndose con él al servicio del hombre. No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. La mayoría de las veces oímos y aceptamos solamente lo que está de acuerdo con nuestros intereses. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes. Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él y como Dios se dan.

Y ellas me siguen”. No basta escuchar, hay que ponerse en movimien­to y entrar en la nueva dinámica. La buena noticia de Jesús consiste en manifestar que hay una nueva manera de afrontar la existencia humana, una manera de vivir que esté más de acuerdo con las exigencias profundas del ser humano. Esa será la manera de cumplir lo que Dios espera de nosotros. La voluntad de Dios está ya en lo más profundo de mí. Jesús no nos pide ser borregos sino ser personas adultas y responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Esto es lo importante para nosotros. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Éste es el meollo del misterio pascual. Como modelo de pastor que defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones y bandidos. Ponerse en las manos de Jesús equivale a estar en las manos del Padre. «No hay quien libre de mi mano; lo que yo hago, ¿quién lo deshará? (Is 43,13)

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad de Jn tenía de Jesús. Hoy sabemos que los discursos del evangelio de Jn no son originales de Jesús, por lo tanto no tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia caer en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Jn, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba en identificación con Dios.

La Vulgata no dice “somos unus sino unum (neutro). Esto es más importante de lo que parece, porque nos está lanzando más allá del lenguaje ordinario. Jesús dice que él y el Padre (el Origen) no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera que tenga conciencia de sí mismo. No se puede ir más allá. El lenguaje humano no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. Buscamos la unión con Dios pero sin dejar de ser nosotros. No puede funcionar. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios no solo nos hace uno con Él sino con todos.

Una de las pocas palabras que podemos asegurar que pronunció Jesús, es abba”. Pero el concepto de padre que nosotros usamos no es suficiente para expresar lo que Dios es para Jesús y para cada uno de nosotros. Los padres biológicos nos han trasmitido la vida, pero esa vida sigue sus propios derroteros. En el caso de la Vida, que Dios nos comunica, se trata de su única Vida, que se convierte en nuestra propia Vida sin dejar de ser la de Dios.

El ser humano Jesús había llegado a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él, porque de él, de su falso yo, no quedaba nada. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Esta es la razón por la que, el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Jesús, como nuevo santuario, hace presente al Padre. El diálogo se dirige a los dirigentes del Templo. El Padre se manifiesta en Jesús que realiza su obra creadora llevando al hombre a plenitud. No hay nada en Jesús que se encuentre fuera de Dios. Todo en él es expresión del Padre. Eso excluye toda instancia superior a él. Los judíos no pueden encontrar nada en qué apoyarse para juzgarle. Solo cabe aceptación o rechazo, que es aceptar o rechazar a Dios.

Jesús, viviendo para los demás, está identificándose con lo que es Dios. Así manifiesta la verdadera Vida, que es la misma de Dios. Esa Vida es la que comunicará a los demás. Dios se la está comunicando a él y nos la está comunicando a todos. Jesús es así manifestación de Dios y modelo de Hombre. Donde hay amor hasta el límite, hay Vida sin límite. Para quien ama como Jesús amó, no hay muerte. Por eso la entrega de la vida es espontánea.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. La vida que se trasmite del padre al hijo es la misma vida del padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo, el que me come vivirá por mí«. Son realidades que nos desbordan.

Me habéis oído comentar decenas de veces la frase de Schillebeeckx: “Hoy puedo decir: si quitara de mí lo que hay de Dios, quedaría nada y si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada. Con el ejemplo matemático se entiende muy bien: 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí. Ya lo había dicho el Maestro Eckhart.

Meditación

Se trata de participar aquí y ahora de la misma Vida de Dios.
Desde la vida biológica, en la que me encuentro,
debo acceder a la Vida Divina, que también está en mí.
A esa VIDA no le afecta la muerte,
por eso, cuando la vida biológica termina, aquella continúa.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Músicos en la orquesta. Los Sonetos a Orfeo.

domingo, 12 de mayo de 2019
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87F78D95-DE69-4172-BE19-143F69D5BB40Vivimos en el mejor de los mundos (Leibniz)

12 de mayo. DOMINGO IV DE PASCUA

Hch 13, 14. 43-52

Al disolverse la asamblea, muchos judíos y devotos acompañaron a Pablo y a Bernabé, quienes les hablaban y les instaban a mantenerse en el favor de Dios (v4)

Is 49, 6: Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la Tierra.

Jn 10, 27-30

El Padre y yo somos uno (v 30)

“El camino de la Iglesia no puede ser otro que el de la coherencia, el de la consistencia entre lo que proponemos como ideal de vida humana y lo que hacemos. Como sacerdote, busco promover la amistad con Cristo, sacando lo mejor de cada persona, valorando todas las sensibilidades, porque en esa variedad está la riqueza de la Iglesia católica, que va construyendo unidad al tiempo que acoge y celebra la gran diversidad de cualidades y dones existentes en cada comunidad, ha dicho Monseñor Joseba Segura, obispo auxiliar de Bilbao.

En “Notas sobre la melodía de las cosas”, el mundo es descrito como una polifonía en donde encuentra acomodo la canción de todos y cada uno de sus elementos, sean objetos o personas.

La lectura, en 1912, de un tratado del ocultista Fabre d’Olivet supone otra vuelta de tuerca. La música es ahora canción y universo. En ella podemos estar todos unidos y ser unos, como lo fueron Jesús y el Padre, según relata el Evangelio.

Hace algunos años, los medios difundieron una sugestiva pieza musical llamada El sonido de Júpiter, captado por la sonda Juno de la NASA, lo que nos trae al recuerdo la famosa Música de las esferas, como lo llamó Pitágoras. Un sonido asociado a los planetas en su movimiento a través del sistema solar. Porfirio, Comentario a la Harmónica de Ptolomeo.

Un poema de 1918 refleja un radical cambio de actitud con respecto a la música, descrita posteriormente como “lo más íntimo nuestro, / lo que, sobrepasándonos, escapa”.

Las Elegías de Duino y sobre todo Los Sonetos a Orfeo, representan el punto álgido de una visión en donde la música se erige en punto de conjunción entre lo temporal y lo eterno, lo material y lo espiritual, lo individual y lo cósmico. Todo ello queda condensado en el admirable verso: El canto es el ser. En 1923, la violinista Alma Moodie interpreta ante Rilke las sonatas para violín solo de Bach. El poeta ve en este concierto la culminación de su relación con la música, a la que dedicará un último poema poco antes de morir: “Música: eres más que nosotros… liberada estás / de buscar cualquier meta”

Vivimos en el mejor de los mundos, dijo el filósofo alemán Leibniz, filósofo y teólogo alemán, aunque a mi entender el mejor para vivir es aquel en el que Jesús seremos uno con el Padre, aquel en el que la música suena salida de las manos que dirigen un único concierto, como el que protagonizó Pitágoras, el estelar concierto de una noche de Verano con William Shakespeare en el podium al frente de la Orquesta de El Sueño de una noche de verano. Una comedia romántica donde elementos sobrenaturales asociados a los bosques, los duendes y las hadas y forman un nocturno cortejo que influye en la vida y el amor de los humanos.

Un ilustre Willigis Jäger, teólogo alemán benedictino y Maestro Zen, exclaustrado del convento, compuso este espiritual Poema en su obra Sabiduría eterna.

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NOSOTROS SOMOS NUESTROS PENSAMIENTOS

Todas las cosas y todos los seres vivientes,
también los hombres,
consisten en la nada pura y originaria.
Somos una forma de la nada,
Como un anillo de oro es la forma del oro.
El anillo no es el oro, ni el oro es el anillo.
Como anillo de oro son uno.
El oro le da la existencia,
pero permanece intacto en ello.

Así, hombres, animales, árboles,
flores, piedras, agua, montañas, planetas,
lunas, soles, nebulosas,
nosotros mismos, nuestros sentimientos,
pensamientos e intenciones,
existen a partir de lo Uno.

Lo Uno permanece intacto de ello.
Lo Uno es como un apellido.
Todos somos de esa “única familia”.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Somos en unidad

domingo, 12 de mayo de 2019
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Nos encontramos en 4º domingo de Pascua. Todavía resuenan en toda la comunidad cristiana los ecos de la experiencia más esencial de nuestra fe. Este tiempo Pascual nos ofrece la oportunidad de conectar con el movimiento de la Vida. Estamos inmersos en la paradoja de la noche y la luz, la muerte y la vida, lo consciente y lo inconsciente. El mensaje de Pascua nos introduce en este movimiento para darnos a conocer que siempre triunfa la luz, la vida y la consciencia, aunque no sea como nuestra mente desea.

Este breve texto, propuesto por la liturgia de hoy, puede ayudarnos a comprender cómo se gesta en el interior del ser humano la experiencia de fe desde la Pascua. Para comprender estos versículos es importante conocer el contexto en el que Jesús lo expresa. Forman parte del capítulo 10 del Evangelio de Juan. En este capítulo Jesús se autodefine como el Buen Pastor y, curiosamente, es uno de los pasajes más íntimos que narra el autor del evangelio de Juan: presenta a Jesús en comunicación auténtica con quienes le siguen.

A lo largo de este capítulo se puede ver la gran controversia que ya había generado Jesús. Los judíos estaban alterados por la duda de si era el Mesías o no. Jesús había sido expulsado del templo por profanar las costumbres judías para las ofrendas, pero vuelve a él para celebrar la fiesta de la Dedicación. En esta fiesta se celebraba la purificación y consagración del templo por Judas Macabeo. Dice el texto, previo al evangelio de hoy, que Jesús se paseaba por el pórtico de Salomón que estaba al lado del Templo. Había traspasado los límites de una religión que consideraba el Templo como el lugar sagrado y espacio de poder; el Mesías transgrede esta ley dictada por las instituciones judías para afirmar que el lugar sagrado es su persona y todo el género humano.

Jesús recupera la imagen del Pastor que ya se había usado en algunos pasajes del Antiguo Testamento para hablar de Yahvé. Pero en estos escasos versículos expresa muy pedagógicamente lo que supone vivir “religados” a Dios; que, en definitiva, es lo esencial de toda religión al margen de sus dogmas e instituciones.

El proceso es muy claro y realiza un trayecto que va de las dimensiones más externas de la persona a las más profundas. El primer paso es “escuchar la voz”. Hay muchas voces que nos hablan en la vida y somos desafiados a descubrir la voz esencial, aquella que integra, equilibra y ensancha nuestra visión superando nuestro ego y sus ambiciones.

Quienes descubren esa voz se fían de ella y la siguen. Este es el segundo paso que ya no es una actitud sólo de escucha sino de puesta en movimiento. Comienza el éxodo personal, el viaje de la zona de confort a la zona de aprendizaje. Desde una experiencia de fe es la etapa de la consciencia de ese vínculo profundo con la trascendencia: “ellas me siguen y yo les doy vida eterna”.

Y la tercera etapa “el Padre y yo somo uno” es un paso esencial de todo creyente; es la mística de nuestra fe: Dios ya no es ese Otro al que tengo que ir o esperar a que venga, sino que forma parte de mi realidad, un espacio del que me puedo diferenciar, pero no separar: “nadie las arrancará de mi mano”.

Desde esta visión del ser humano, los desafíos de la vida pueden afrontarse desde la fuerza que da ser consciente de esta presencia que no es ni pasado, ni futuro; no se encontró un día y no me paso la vida buscándolo hasta la vida futura. Es PRESENTE, movimiento permanente de “vida eterna” como dice Jesús en el texto.

Deseo que este tiempo de Pascua no lo vivamos como espectadores de un acontecimiento histórico o desde la espera de la resurrección futura porque es un movimiento que “está siendo” en cada momento de la vida. Quizá lo que hay que buscar son las estrategias que nos ayuden a conectar con este espacio de VIDA y de LUZ.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Unidad, plenitud de vida, confianza.

domingo, 12 de mayo de 2019
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catedral-del-buen-pastorIV Domingo de Pascua

12 mayo 2019

Jn 10, 27-30

Parece claro que la imagen del pastor, nacida en un paradigma mítico –el término “mítico” no encierra contenido peyorativo alguno; con él me refiero a una forma de ver la realidad caracterizada por la consciencia de separatividad y la creencia en “otro piso superior” que sería sede de la divinidad– y en una cultura agraria y pastoril, no solo resulta ajena a la sensibilidad contemporánea, sino que choca frontalmente con el reconocimiento de la propia autonomía y la sospecha frente a todo lo que suene a seguidismo o “borreguismo”. La razón crítica –aunque en demasiadas ocasiones sea dejada de lado– nos ha vacunado contra cualquiera que se autoproclame “maestro” o “gurú”. Para nosotros resulta irrenunciable el grito de Kant que anunció el nacimiento de la Ilustración: “Sapere aude”, atrévete a saber, a conocer hasta el final, liberándote de los “tutores” que mantenían a la humanidad en una etapa infantil.

Y, sin embargo, es posible rescatar la intuición sabia que habita ese texto, “traduciéndolo” a otro paradigma o liberándolo del ropaje característico del momento en que nace.

Para empezar, no es posible asegurar que tales palabras salieran de la boca de Jesús. Ese no era su lenguaje ni su estilo. En realidad, el cuarto evangelio parece, más bien, todo él, una elaboración tardía, nacida y cultivada en un ambiente gnóstico, en torno al acontecimiento “Jesús”. Si fuera así, el texto que comentamos sería fruto de ese “ambiente” comunitario, que reconocía a Jesús como “maestro” y “salvador celeste”. A partir de ahí, en el evangelio, habrían puesto en su boca las afirmaciones que constituían el núcleo de la fe de aquella misma comunidad.

Clarificado el contexto, y liberado de su ropaje circunstancial, el texto ofrece certezas sabias, de validez universal y atemporal, relativas a la “vida eterna” (= plenitud de vida), la confianza estable y la unidad de todo lo real.

En la comprensión no-dual, aquellas tres afirmaciones que aparecen en este texto evangélico –y que la mente leería como separadas e incluso proyectadas en un “salvador” igualmente separado– no son sino tres modos diferentes de decir lo mismo. De manera que podrían traducirse así: Somos plenitud de Vida, en unidad con el Fondo de lo real (“Padre”) y eso constituye la Confianza que nos sostiene y que no es distinta de nuestra identidad profunda.

Según el cuarto evangelio, Jesús lo vio (“El Padre y yo somos uno”) y eso le permitió vivir en la certeza de que todo está a salvo siempre (“Nadie las arrebatará de mi mano”).

¿Dónde estoy en la comprensión de lo real? ¿Qué me sostiene?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Entre salteadores y el Buen Pastor

domingo, 12 de mayo de 2019
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cq5dam.web.1280.1280Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. El Buen Pastor.

La Palabra de este IV domingo de Pascua es la del Buen Pastor, el redil, el rebaño, las ovejas, la puerta, (Juan, 10).

En el transfondo de la imagen de Cristo como Buen Pastor subyace una amplia mentalidad del AT:

  •  Jesús llora ante el pueblo, que vivía como ovejas sin pastor, (Mc 6,30-34).
  •  Jesús defiende las ovejas frente a los depredadores (asalariados, salteadores).
  •  El salmo 22 es una espléndida oración a partir de la experiencia del buen pastor: Dios es nuestro Pastor.
  •  El Pastor sugiere y confiere Vida: yo les doy vida eterna y no perecerán. (v 28).

Inspira gran confianza saber que el Señor es el pastor que guía y apacienta nuestra vida.

  1. El pastor da vida y da su vida.

Para escuchar hay que guardar silencio. El silencio es el sonido de nuestro vacío personal. El silencio humano lo llena sola y plenamente la palabra del Pastor. (Podemos recordar lo que decía el escultor vasco, Jorge Oteiza, cuando hablaba de los vacíos (huecos) en sus apóstoles del friso de Aránzazu y en tantas otras esculturas suyas: esos vacíos los llena solamente Dios, decía Oteiza).

En la vida percibimos muchos sonidos, mucho ruido, la vida sociopolítica y los medios de comunicación… Nos atolondran con su palabrería tertulianos y eclesiásticos, etc. pero palabras de vida escuchamos menos, muy pocas.

  1. pastores hoy en día: en medio de dos campañas electorales

Hoy en día en gran medida el pastoreo de la sociedad lo ejercen los políticos, las ideologías, que son los que después rigen la vida social, los medios de comunicación, la educación de los niños y de los jóvenes, la Seguridad médica, la ética, la justicia, etc.

Esta temporada nos han pillado entre dos fuegos de dos campañas electorales.

No cabe duda de que también entre los políticos hay gente honesta, que quieren ser buenos pastores, pero hace daño el ansia de poder que muestran las ideologías, la ligereza y brutalidad con la que hablan.

Resuenan las palabras de Jesús cuando hablaba de salteadores o de los pastores que se apacientan a sí mismos (Ezequiel 34,2).

Todo el evangelio es una presencia de la palabra que vive con nosotros. La palabra es Cristo y esa Palabra es sentido de la vida, sensatez, luz y vida. En el principio existía la Palabra y la Palabra se hizo uno de nosotros, (Jn 1,1.14).

La Palabra es Cristo. También podemos hallar huellas de esa Palabra, semillas de Cristo, en la vida: en los pobres, en la creación, en la ciencia, en los voluntarios, en la caridad.

  1. Somos pastores: seamos buenos pastores.

para que tengan vida

         La alusión a nuestra tarea como pastores en la vida es directa. En algún sentido todos somos pastores: padres, maestros, educadores, ministerios en la Iglesia, médicos, políticos, periodistas, etc.

         Unos padres son guías, pastores de sus hijos. Un buen médico es un buen pastor, que no solamente receta, sino que enseña a vivir: que tengan vida. Un buen cura es un buen pastor. Un buen amigo es un buen pastor.

La tarea de ser buen pastor es hermosa y la responsabilidad grande.

  1. Sigamos al Buen Pastor: no errantes, sino peregrinos.

pastor-tareaEl pastoreo es trashumancia, como la vida es peregrinar. Estamos todos de paso. Es decir que la vida es siempre ir hacia delante.

Somos peregrinos hacia las “verdes praderas del Reino, no somos seres erráticos: que deambulamos de aquí para allá, (como nos condenó Nietzsche), somos peregrinos (per agrum: por los campos de la vida, por la mies del Señor) caminantes hacia el redil, hacia el aprisco del Señor

El que compuso el salmo 22 sabía por experiencia que en la vida pasamos por valles oscuros. Esto es así por ley de vida y por ley de los hombres: vamos a tener y sufrir crisis, enfermedades, envejecimiento, problemas de todo tipo, y muerte.

El Señor es nuestro pastor, nada nos falta.

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“Carta a María Magdalena, «admirada, amiga íntima de Jesús», por José I. González Faus

sábado, 11 de mayo de 2019
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FF9CE371-5960-48DC-8F2A-E9FAB92F1BBEAnthony Frederick Sandys – “María Magdalena” (h.1859, óleo sobre tabla, 33 x 28 cm, Delaware Art Museum)

De su blog Miradas cristianas:

 «En la mayoría de los casos la prostituta no es una pecadora sino una víctima»

«Más del 90% de las prostitutas que hay en España lo son contra su voluntad»

«Clama literalmente al cielo la situación de tantas muchachas, secuestradas como esclavas a las que se les ha robado la documentación, que las mantiene sometidas»

«No estoy nada seguro de que decir que María Magdalena no era una prostituta, sea una forma de defenderla y ensalzarla»

No te extrañe que te escriba. Si ya ¡hasta he escrito cartas a Dios! Me pasa que, de tanto escribir, pienso mucho mejor escribiendo. Y como el escribir a solas es aburrido, imaginarme un interlocutor me inspira más. Esta vez has sido tú la víctima, porque tengo alguna pregunta perdida por ahí.

No voy a preguntarte si fuiste tú la primera testigo de una aparición del Resucitado (como cuenta Juan) o si fue todo el grupo de mujeres (como cuenta Mateo) o si, como narra Marcos, las mujeres salisteis todas asustadas sin decir nada a nadie. Sabemos ya que estos interrogantes, tan importante para nuestra curiosidad (que no para nuestra fe), eran ajenos a las intenciones de los evangelistas que, además, se debieron encontrar con distintas tradiciones orales, en parte coincidentes y en parte distintas. Sé que lo importante para los evangelistas en este caso es el dato de que el Resucitado se refiere a los apóstoles como “mis hermanos, y en esto coinciden tanto Mateo como Juan. Lo importante es esa nueva situación nuestra desde la Resurrección de Jesús.

Pero me queda otra pregunta que puede tener más significado. No sé si tú eres la misma prostituta de aquella escena que cierra el capítulo 7 del evangelio de Lucas. Antes se daba por cierta esa identificación, quizás un poco a la ligera: pues Lucas nunca dice que esa escena de la pecadora ocurriera en Magdala, aunque es verdad que, solo 2 versículos después, nos cuenta que la primera de las mujeres que acompañaban a Jesús era María, la llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios”. Estos son los datos que yo conozco y creo que con ellos no se puede llegar a ninguna conclusión cierta.

Hoy hay muchos dan por evidente la no identificación entre la prostituta de Lucas 7, y tu persona. Me pregunto si no es más por razones afectivas que por argumentos científicos… Quizá se pueda añadir que, dado lo que eran los villorrios de en torno al lago por donde Jesús se movía, Magdala era uno los poquísimos que podían tener una prostituta, dado que tenía industrias de salazones (para llevar el pescado a Jerusalén) y eso le daba un aire más urbano y un nivel de vida superior a los del entorno. Flavio Josefo dice que tenía unos 40.000 habitantes pero tampoco son cifras seguras. Creo que no podemos decir nada más.

Pero si me intereso por tu identidad, creo que no es por pura curiosidad, sino porque esa pregunta científica puede esconder otra cuestión mucho más seria. Me explico:

Dos o tres veces he visto por ahí este título: María Magdalena no era una prostituta. Cabría preguntar al autor o autora que cómo lo sabe. Pero yo prefiero preguntarle si dice eso queriendo reivindicarte y defenderte a ti. Pues esa voluntad de “desfacer entuertos” a lo don Quijote, refleja una definición de la prostituta como pecadora.

Y esa es una definición totalmente machista, hecha desde una óptica masculina. Por supuesto habrá habido, y hay, algunas prostitutas que sean verdaderas pecadoras: como aquellas rameras contra las que avisa el libro bíblico de Ben Sira. Pero ese calificativo no vale para la mayoría de ellas.

En la mayoría de los casos la prostituta no es una pecadora sino una víctima. Y el poder patriarcal ha impuesto como evidente el primer adjetivo, como suele hacer también nuestra economía machista cuando nos dice que los pobres lo son “por su culpa”. Y claro que algunos lo serán por eso. Pero la mayoría no. Hace ya bastantes años escuché decir a Iñaki Gabilondo, en un programa de televisión, que más del 90% de las prostitutas que hay en España lo son contra su voluntad. Pero ahí siguen.

Con nuestra indiferencia ante esa tremenda tragedia, el verdugo queda libre de culpa y la víctima se convierte en culpable. Y repito: eso no es verdad en la mayoría de los casos. Por eso me duele que una rama del feminismo actual (el que llamo feminismo burgués), nunca haya abierto la boca para protestar contra tamaña calumnia: ¡como si esas pobres prostitutas no fueran mujeres de las que debería preocuparse todo feminismo auténtico!.

Si tú, querida Magdalena eras de ésas, como sospecho, me entenderás mejor que esas pseudofeministas: sabrías muy bien que uno de los mayores sufrimientos de cualquier víctima lo provoca el hecho de no poder verse reconocida como víctima ni como maltratada. Y solo Dios sabe la cantidad de lágrimas ahogadas, o derramadas en la soledad y el silencio, que ese dolor ha provocado en la mayoría de las prostitutas.

Concreciones de ese dolor hay muchas: es típica la crueldad irresponsable del macho que se niega a ponerse un preservativo aun a riesgo de contagiar a la pobre mujer. Es tópica esa relación en la que el eufemísticamente llamado “cliente se encapricha con una muchacha y juega con ella: cuando ella busca cariño la maltrata, pero cuando quiere dejarlo de una vez, se pone amoroso y tierno y la engaña. Es más frecuente de lo que pensamos que la relación sexual acabe con violencia física (moratones, mordiscos y demás golpes…): porque el hombre no soporta la dependencia que le ha creado aquella mujer o su propio descontrol sexual; y se venga castigándola a ella en lugar de castigarse a sí mismo.

Para otros casos en los que hay cambio constante de pareja, he oído dos veces a hombres casados el comentario de quecada día la misma comida, cansa. A lo que intenté responder que si tu mujer y las otras son para ti solo un plato, ya no hay más que hablar. Y clama literalmente al cielo la situación de tantas muchachas, secuestradas como esclavas a las que se les ha robado la documentación, se les ha impuesto una deuda bien alta, real o ficticia, que las mantiene sometidas, y ni se les permite salir de casa para que no puedan escapar.

Por todo eso, Magdalena admirada, amiga íntima de Jesús, siento mucho que el evangelista Lucas no aclarase más tu identidad. En el caso de que fueras aquella pecadora que unge a Jesús al final del capítulo 7 de Lucas, entrando en la casa del fariseo que le había invitado a comer, siento mucho que el evangelista, quizá por honestidad narrativa, no diga nada de qué fue lo que provocó esa conducta tuya. Me hubiera gustado saber cuál fue para ti eso que llama La puerta abierta: una gran película que solo podía ser hecha por una mujer. Saber si hubo alguna forma de encuentro previo: quizás una mirada furtiva y tierna que derritió todas tus murallas interiores, o si fue solo la fama y lo que oías decir de Jesús la que te dio suficiente fuerza, suficiente locura y suficiente arrojo como para jugártelo todo a una carta difícil, corriendo aquel riesgo con la certeza de que era un “ahora o nunca”. Tu fe te salvó, como solía decir el Maestro.

Nunca sabremos si eras tú o no la pecadora de esa escena que cuenta Lucas. Pero al menos se nos dice que habían salido de ti “siete demonios” (y 7 es número de plenitud). En cualquier caso, no estoy nada seguro de que decir que María Magdalena no era una prostituta, sea una forma de defenderla y ensalzarla. Tú sabes bien que si lo mejor de la tradición cristiana (que es lo menos conocido de ella) te llamó pecadora, no fue para denigrarte como mujer, sino para recordarnos que el amor de Dios es capaz de sacar del mayor pecador una santidad superior a las de todos los buenos, siempre tan amenazados por esa tentación del fariseísmo.

Temo pues que quien da por seguro que no fuiste una prostituta cuando los argumentos históricos son tan dudosos, todavía no haya sabido llevar a cabo aquel programa de J. B. Metz, de ir más allá de la religión burguesa”. Y me confirmo otra vez en que una de las cosas en que más difieren la fe cristiana y la religión burguesa es en el concepto de dignidad. Más cerca está el cristianismo del molesto Marxcuando afirma (en el Manifiesto…) que “la burguesía ha llegado a hacer de la dignidad personal un mero valor de cambio”.

Y si de veras fuiste una “víctima” en el sentido que he intentado describir aquí, cobra mucha hondura la otra escena de tu encuentro con el Resucitado en el capítulo 20 de Juan, y aquella sola palabra que te abrió los ojos: «¡María«!. Nada más.

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«La Biblia, el Cristianismo,y la Homosexualidad», por Justin R. Cannon.

jueves, 9 de mayo de 2019
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680x0-libros-biblia-cristianismo-homosexualidadEste brevísimo ensayo (apenas 45 páginas)  tiene, casi exclusivamente, un enfoque filológico. Ya en la portada un párrafo que acompaña a una humilde fotografía donde se compone una cruz con ladrillos dice: «No existe palabra alguna en el griego o hebreo bíblicos que sea equivalente a la palabra castellana homosexual. Esta palabra fue acuñada hace alrededor de unos cien años y apareció por primera vez en la Revised Standard Version (RSV)».

Guillermo Arroniz López

Este brevísimo ensayo (apenas 45 páginas) tiene, casi exclusivamente, un enfoque filológico.

Ya en la portada un párrafo que acompaña a una humilde fotografía donde se compone una cruz con ladrillos dice:

«No existe palabra alguna en el griego o hebreo bíblicos que sea equivalente a la palabra castellana homosexual. Esta palabra fue acuñada hace alrededor de unos cien años y apareció por primera vez en la Revised Standard Version (RSV)».

Es claramente una declaración de intenciones.

Hay que hacer una aclaración muy pertinente y es que el autor es sacerdote de la iglesia Episcopal de la Diócesis de California, es estadounidense de origen y ha fundado la «Inclusive Orthodoxy», ministerio de divulgación para lesbianas, gays, bisexuales y transexuales cristianos. Por lo tanto todas las versiones o traducciones de la Biblia a las que hace mención no son, en ningún caso, católicas y están bastante enmarcadas en la realidad religiosa americana.

Volviendo al primer punto la cita con la que hable el libro está extraída del Evangelio de Juan (aunque ignoro de qué traducción/versión bíblica):

«Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

Juan 8:31-32.

Quizá podría haber usado «En el principio era el verbo», aunque hay importantes diferencias entre ambas. En cualquier caso queda claro la importancia que el autor da a la palabra y a la correcta interpretación de los textos sagrados para abordar la fe y la forma en la que el Cristianismo debería aceptar al colectivo LGTB dentro de ciertos criterios de comportamiento.

El autor parece decirnos que lo que la Biblia condena son las relaciones de prostitución o la esclavitud sexual, en ningún caso las relaciones fieles de pareja. Para ello da vueltas en torno a los conceptos «homosexual», «sodomita» y «arsenokoites»hombre-cama»). Con estas armas filológicas en la mano y en el corazón se lanza a la batalla de analizar la historia de Sodoma (Génesis); la primera Epístola a Timoteo; la primera Epístola a los Corintios; la primera Epístola a los Romanos; así como el pasaje de creación de Adán y Eva, del mencionado Génesis; y, por supuesto, el Levítico.

Y en todos los casos su conclusión -por resumir- es que no hay una condena de la relación fiel entre dos hombres o dos mujeres, sino una condena a la falta de hospitalidad, al uso de esclavos sexuales, a la prostitución o a las conductas orgiásticas.

Curiosamente no hay en su libro otros argumentos de crítica a textos como algunos contenidos en el Levítico:

«Si un hombre yace con una mujer durante su menstruación y descubre su desnudez, ambos serán borrados de en medio de su pueblo» (Levítico 20:18).

«Ningún varón que tenga un defecto presentará las ofrendas, ya sea ciego o cojo, desfigurado o desproporcionado, enano o bisojo, sarnoso o tiñoso, o jorobado, o con un pie o una mano quebrados o con los testículos aplastados» (Levítico 21:18).

Porque, como sacerdote, no ataca al texto mismo, sino que sólo lo traduce o interpreta de la forma que cree, desde su verdad, correcta, y que no excluye al colectivo LGTB de la Iglesia. Aunque el libro contiene erratas (y falta un cuadro de texto al que se hace mención varias veces y que debería estar al final de la obra) y no se ha cuidado la traducción con la atención al detalle que exigiría un ensayo en el que lo filológico es clave, el mensaje queda claro y se comprende perfectamente que el autor haya sido llamado «héroe» por los integrantes de la causa de los homosexuales cristianos.

Un texto, desde mi punto de vista, audaz, valiente, y cargado de misericordia y bondad -pero queriendo en todo momento mantener el rigor del estudio filológico en el que basa sus conclusiones- que, ante todo, me hace plantearme esta pregunta: si en el mundo literario siempre nos planteamos hasta qué punto la traducción de cualquier texto (especialmente del género poético, pero todos sin excepción) es discutible y hace que se pierdan matices o incluso el sentido mismo de las cosas, ¿con qué autoridad se puede discutir que idiomas que se hablaban hace cientos de años en contextos sociales diferentes están traducidos sin que quepa duda alguna? Personalmente me quedo con la interpretación más misericordiosa e «inclusiva» porque Dios es Amor.

Fuente Universogay

Nota: Podéís encontrar el documento en nuestra sección DOCUMENTOS pinchando aquí)

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“Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.”

domingo, 5 de mayo de 2019
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No te he negado

Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.

Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.

Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.

No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

*

Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera,
Sal Terrae 1986

***

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

“Me voy a pescar.”

Ellos contestan:

“Vamos también nosotros contigo.

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

“Muchachos, ¿tenéis pescado?”

Ellos contestaron:

“No.”

Él les dice:

“Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.”

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:

“Es el Señor.

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:

– “Traed de los peces que acabáis de coger.”

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

“Vamos, almorzad.

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:

“Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”

Él le contestó:

“Sí, Señor, tú sabes que te quiero.”

Jesús le dice:

“Apacienta mis corderos.”

Por segunda vez le pregunta:

“Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”

Él le contesta:

-“Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

Él le dice:

“Pastorea mis ovejas.”

Por tercera vez le pregunta:

– “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:

-“Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.

Jesús le dice:

– “Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:

“Sígueme.”

*

Juan 21, 1-19

***

 

El amor de Cristo por Pedro tampoco tuvo límites: en el amor a Pedro mostró cómo se ama al hombre que tenemos delante. No dijo: «Pedro debe cambiar y convertirse en otro hombre antes de que yo pueda volver a amarlo». No, todo lo contrario. Dijo «Pedro es Pedro y yo le amo; es mi amor el que le ayuda para ser otro hombre». En consecuencia, no rompió la amistad

Para reemprenderla quizás cuando Pedro se hubiera convertido en otro hombre; no, conservó intacta su amistad, y precisamente eso fue lo que le ayudó a Pedro a convertirse en otro hombre. ¿Crees que, sin esa fiel amistad de Cristo, se habría recuperado Pedro? ¿A quién le toca ayudar al que se equivoca, sino a quien se considera su amigo, aun cuando la ofensa vaya dirigida contra él?

El amor de Cristo era ilimitado, como debe ser el nuestro cuando debemos cumplir el precepto de amar amando al hombre que tenemos delante. El amor puramente humano está siempre dispuesto a regular su conducta según el amado tenga o no perfecciones; el amor cristiano, sin embargo, se concilio con todas las imperfecciones y debilidades del amado y permanece con él en todos sus cambios, amando al hombre que tiene delante. Si no fuera de este modo, Cristo no habría conseguido amar nunca: en efecto, ¿dónde habría encontrado al hombre perfecto?

*

Søren Kierkegaard

S. Kierkegaard,
Las obras del amor,
Guadarrama, Barcelona, s. f.

***

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“Al amanecer”. 3 Pascua – C (Juan 21,1-19)

domingo, 5 de mayo de 2019
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san pedro el pescadorEn el epílogo del evangelio de Juan se recoge un relato del encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos a orillas del lago Galilea. Cuando se redacta, los cristianos están viviendo momentos difíciles de prueba y persecución: algunos reniegan de su fe. El narrador quiere reavivar la fe de sus lectores.

Se acerca la noche y los discípulos salen a pescar. No están los Doce. El grupo se ha roto al ser crucificado su Maestro. Están de nuevo con las barcas y las redes que habían dejado para seguir a Jesús. Todo ha terminado. De nuevo están solos.

La pesca resulta un fracaso completo. El narrador lo subraya con fuerza: «Salieron, se embarcaron y aquella noche no pescaron nada». Vuelven con las redes vacías. ¿No es esta la experiencia de no pocas comunidades cristianas que ven cómo se debilitan sus fuerzas y su capacidad evangelizadora?

Con frecuencia, nuestros esfuerzos en medio de una sociedad indiferente apenas obtienen resultados. También nosotros constatamos que nuestras redes están vacías. Es fácil la tentación del desaliento y la desesperanza. ¿Cómo sostener y reavivar nuestra fe?

En este contexto de fracaso, el relato dice que «estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla». Sin embargo, los discípulos no lo reconocen desde la barca. Tal vez es la distancia, tal vez la bruma del amanecer, y, sobre todo, su corazón entristecido lo que les impide verlo. Jesús está hablando con ellos, pero «no sabían que era Jesús».

¿No es este uno de los efectos más perniciosos de la crisis religiosa que estamos sufriendo? Preocupados por sobrevivir, constatando cada vez más nuestra debilidad, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado, que nos habla desde el Evangelio y nos alimenta en la celebración de la cena eucarística.

Es el discípulo más querido por Jesús el primero que lo reconoce: «¡Es el Señor!». No están solos. Todo puede empezar de nuevo. Todo puede ser diferente. Con humildad, pero con fe, Pedro reconocerá su pecado y confesará su amor sincero a Jesús: «Señor, tú sabes que te quiero». Los demás discípulos no pueden sentir otra cosa.

En nuestros grupos y comunidades cristianas necesitamos testigos de Jesús. Creyentes que, con su vida y su palabra, nos ayuden a descubrir en estos momentos la presencia viva de Jesús en medio de nuestra experiencia de fracaso y fragilidad. Los cristianos saldremos de esta crisis acrecentando nuestra confianza en Jesús. A veces, no somos capaces de sospechar su fuerza para sacarnos del desaliento y la desesperanza.

José Antonio Pagola

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“Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado”. Domingo 05 de mayo de 2019. 3er Domingo de Pascua

domingo, 5 de mayo de 2019
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28-pascuaC3 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41: Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.
Salmo responsorial: 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Apocalipsis 5, 11-14: Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza.
Juan 21, 1-19: Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

En el pasaje de Hechos, los apóstoles son llamados a rendir indagatoria ante el Sanedrín, o Junta Suprema de los judíos. Conviene reflexionar sobre lo que implica concretamente la fe en la resurrección de Jesús; esto es, el testimonio de que él continúa vivo y actuando no ya físicamente, sino a través de la comunidad que ha asumido con el coraje y la valentía de su Maestro el proyecto del Reino. La Resurrección carece de pruebas históricas, y el creyente no las necesita. La prueba más segura y contundente nos la da, precisamente, la comunidad misma de creyentes que se fue formando alrededor de la fe en la Resurrección y que da testimonio de ella a través de una experiencia vital que ha evolucionado desde una total ignorancia e incapacidad para comprender a Jesús, hasta un cambio tan radical que ya nadie teme dar testimonio de que Jesús está vivo y que su proyecto sigue adelante. Con una valentía increíble, aquellos que habían huido abandonando al Maestro en su prendimiento, recalcan ahora que seguirán predicando porque “hay que obedecer a Dios antes que a los humanos”. Esta situación se repetirá innumerables veces en la historia de la Iglesia, cuando la autenticidad del mensaje entre en conflicto con los intereses que se le oponen.

En el evangelio Jesús se presenta a los apóstoles junto al lago Tiberíades, en medio de la vida ordinaria a la que ellos estaban acostumbrados. Habían dejado de ser los pescadores de personas a que los había llamado Jesús, y tras el supuesto fracaso del Maestro habían vuelto a su oficio de siempre. Allí se les presenta Jesús y aprovecha lo que les es familiar. Y allí Dios les manifiesta su poder y su gloria, a través del símbolo de la pesca y de la comida.

El Resucitado los invita a tirar la red, que recogerá una pesca milagrosa; una red que es símbolo de la Iglesia y de la pesca multitudinaria que harían los seguidores de Jesús después de este encuentro, cuando vuelvan a tomar el rumbo que habían perdido.

El discípulo a quien el Señor más amaba le reconoce en el milagro de la abundancia de peces, y Pedro se siente nada delante de aquel que le encomendó una tarea especifica que dejó de cumplir.

El capítulo 21 del cuarto evangelio fue agregado posteriormente. Es claro que Jn 20,30-31 era la conclusión original. Y es interesante que el capítulo 21 esté centrado en la figura de Pedro. En todo el evangelio los grandes protagonistas habían sido “el discípulo amado”, los discípulos en general y especialmente las discípulas, y entre ellas la madre de Jesús y María Magdalena. La figura de Pedro tiene relieve secundario; más aun, aparece siempre contrapuesta y subordinada a la del “discípulo amado”. Para Juan lo más importante es ser discípulo/discípula. Ahora, en el capítulo 21, se afirma a Pedro como pastor a partir de la inquietante pregunta triple de Jesús resucitado: “Simón, ¿me amas?… Apacienta mis ovejas”. Pedro es reconocido como pastor porque ahora cumple la condición de buen discípulo. Durante la Pasión negó tres veces ser discípulo de Jesús. Ahora el Señor le pide una triple confesión de su sincero amor como discípulo.

Antes que jerárquica, la Iglesia es una comunidad de discípulos. En la tradición de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) es una iglesia fundada y dirigida por los 12 apóstoles, llamados también comúnmente los 12 discípulos. El capítulo 21 de Juan expresa la armonización de la dos tradiciones: Pedro es reconocido como pastor, pero bajo la condición de que acepte su definición fundamental como discípulo. Una vez reconocido como pastor, Jesús le anuncia la clase de muerte con la que glorificaría a Dios: su crucifixión en Roma. Después el Señor le reiterará su consigna favorita: “sígueme”, es decir, lo urge formalmente a ser su discípulo. Leer más…

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5.5.19 Pedro ¿me quieres? (Cura ¿ tú me amas?)

domingo, 5 de mayo de 2019
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Del blog de Xabier Pikaza:

Ministro del evangelio: una historia de amor

Saber amar, no hay otra condición

No hay otra condición para ser testigo de Jesús, ministro de la iglesia: papa, como Pedro (imagen 3), o cura de barrio como  Federico (Imagen 1).  Lo que importa es  querer ala gente de Jesús y ser querido por la gente. En esa línea, este Jesús resucitado que pregunta Pedro si le quiere para confiarle el encargo de animar a la iglesia (Jn 21) es cualquiera de los creyentes, la viejecita o el niño, el profesor o el carbonero.

Saber querer y ser querido por la gente: esa es la tarea del Papa de Roma o del vicario de Villagarcía, y al mismo tiempo la misión todos los cristianos y cristianas que realizan funciones de Jesús (¡todos!) en el ancho mundo y en la Iglesia.

Éste es el argumento del evangelio de este Dom. 3 después de Pascua (Jn 21). Después de Magdalena (dom. 1) y de Tomás (dom 2) vienen Pedro y el Discípulo Amado (dom. 3), y su experiencia de pascua como amor complementario de estos dos discípulos constituye el centro de la Iglesia.

pescamilagrosaContengo la respiración al comentar este evangelio, pues día tras día me avergüenzo de leer en la prensa escándalos de curas pederastas o poco finos en amores. A pesar de todo, pienso que es necesario comentar ese evangelio, con amor y temblor, con temor y  esperanza, pues la Iglesia de Jesús resucitado no tiene más herencia ni capital que el amor, de manera que sus ministros (Pedro y/o Discípulo Amado/a) han de saber que sólo en amor es mi ejercicio (Juan de la Cruz)

Todo lo demás, si papa y clérigos son casados o solteros (si son célibes por vocación o circunstancia), varones o mujeres, homo- o hetero-sexuales) es a la postre secundario, tomar el rábanos por la hojas y no por su «cuerpo» comestible.

   Varias veces he tratado de este argumento en mi blog. Ahora me limito a ofrecer un comentario general de Jn 21. Ciertamente, está en el fondo el tema de la pederastia o mal amor, pues donde es más grande la llamada al amor puede ser mayor su riesgo, sobre todo si va unido a un tipo de poder eclesiástico y/o civil.  Pero de aquí en adelante no me ocupo ya de la pederastia (aunque todo lo que digo puede aplicarse a ella).

Siga quien quiera, y que tenga buen domingo (domingo de la madre o del padre, del amigo… y de cura), pues Jesús pidió y ofreció a los suyos simplemente que se amaran, es decir, que amaran y se dejaran amar por los demás, de un modo integral, como buena nueva o evangelio de Dios.

   Este es el tema de fondo que he desarrollado en alguno de mis libros, cuya portada presento a continuación, especialmente la del Diccionario de la biblia o la de La novedad e Jesús. Buen domingo a todos.

Introducción. Jn 21, un evangelio especial, resumen de todo el evangelio.

   Habían pasado algunos decenios desde el comienzo de la Iglesia, con idas y venidas y variantes, y hacia el  año 100 una comunidad cristiana muy especial, de origen judío, que había empezado a desarrollarse primero en Jerusalén y después (quizá tras la guerra del 67-70) en alguna zona del entorno (Siria-Transjordania o Asia Menor), se integró en la Gran Iglesia.

pedro-me-amas-001Esa comunidad que llamó a las puertas de Pedro (símbolo de la Gran Iglesia) había estado animada por un personaje enigmático, que se presentaba como el «discípulo amado» (cf. Jn 21, 24), su máxima autoridad era el Espíritu Santo, que Jesús les había prometido y ofrecido (cf. Jn 14, 16; 15, 16; 16, 13) y desarrolló una intensa fraternidad, de tipo carismático, sin grandes instituciones externas.

Pues bien, pasados unos decenios (entre el 30-90 d. C.), esos «amigos de Jesús», a quienes podemos presentar como carismáticos del amor, representados por el Discípulo Amado, corrieron el riesgo de perder su identidad, entre disputas internas y tensiones de tipo gnóstico (impulsadas por un tipo de espiritualismo que podría separarles del Jesús de la historia) y entonces, algunos (quizá una mayoría) se integraron en la Gran Iglesia, donde la memoria y autoridad de Pedro aparecía como garantía de fidelidad cristiana y unidad eclesial [1].

Ellos trajeron consigo un evangelio (Jn) donde, al lado del Discípulo amado, que era signo clave de la comunidad, se  reconocía también a Pedro (Jn 1, 40; 6, 68; 11, 6-9) y se recordaba su figura en el contexto de la pascua (Jn 20, 1-17) y, sobre todo, de la misión de la iglesia, como indicaremos, comentando de un modo especial el capítulo final (Jn 21), añadido quizá en la última etapa de la redacción del evangelio, para trazar las relaciones históricas e institucionales entre Pedro (Iglesia organizada y misionera) y el Discípulo amado (libertad en el amor, identidad carismática cristiana).

Pedro Pescador, la iglesia misionera,iglesia de los Siete

Pedro, que aparece como representante de la iglesia institucional, sale a pescar en la barca, con otros seis discípulos, como para recordar que la misión fundadora de la iglesia, en su primera apertura a los pueblos, fue decisión y tarea de Siete discípulos del Cristo (no de los Doce, ni siquiera de otros misioneros como Pablo). Al frente de esos Siete (que recuerdan a los helenistas de Hech 6-7) se encuentra Pedro y a su lado, inseparable y necesario, está el Discípulo amado, que así aparece como testigo de la verdad del evangelio, pues se ha dejado transformar por ella y no tiene más autoridad y tarea que amar y ser amado, a partir de un Cristo a quien vemos como presencia de Dios (es Señor, Hijo Divino), siendo fundador de una comunión de «amigos» (Jn 15, 15).

Este discípulo expresa la esencia de la iglesia, refleja su verdad, pero debe mantenerse unido a Pedro. Por eso, si se aísla y separa, puede acabar destruyendo al mismo grupo, pues la comunidad necesita estructuras para organizar el amor. Así le vemos, y vemos a su Iglesia, en comunión con Pedro.

La función de Pedro aparecía anunciada al principio del evangelio (Jn 1, 42), cuando Jesús le dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que significa Pedro, es decir, Piedra-cimiento de la iglesia (como suponía Mt 16, 17-18). Por eso, el Discípulo Amado acepta a Pedro, como expresión de identidad eclesial, junto a la autoridad carismática del Espíritu (que aquí recibe el nombre de Paráclito: abogado, animador, consuelo).

maxresdefaultDe esta manera se indica la gran tarea de la Iglesia: La comunidad del Discípulo amado (que ha condensado su más honda experiencia en el Paráclito) debe dialogar con la iglesia institucional (simbolizada en Pedro); por eso tiene que aceptar y acepta al final de su evangelio a Pedro. En esa línea, este (Jn 21) parece la expresión de un pacto constituyente, quizá implícito, que se realizó en el paso del siglo I al II, entre la Gran Iglesia (representada por Pedro) y la comunidad del Discípulo amado.

Este pasaje, todo Jn 21, no quiere narrar unos hechos antes ignorados, nuevas historias sobre Jesús y sus discípulos, sino recrear la esencia cristiana, vinculando la comunidad del Discípulo amado con la iglesia de Pedro, como había hecho, desde otra perspectiva y con otro lenguaje, aunque con intenciones semejantes, el evangelio de Mateo (cf. Mt 16, 16-19).

(1) Según Mateo, Pedro era garante de una interpretación universal de la Ley, testigo y signo de la apertura del evangelio a los gentiles y a los pobres; por eso, los judeo-cristianos legalistas, que habían ido elaborando las tradiciones de Mateo, debían confiar en Pedro y aceptar su misión universal (Mt 28,16-20).

(2) Según Juan, Pedro es también garante de una misión universal que se funda en la pascua de Jesús y lleva a los creyentes desde el Mar de Galilea a todos los pueblos de la tierra; pero Jn 21 añade que esa misión debe realizarse conforme a los principios de un amor del Discípulo amado.

Los símbolos de Jn 21 (pesca milagrosa, comida a la orilla del lago…) son tradicionales (cf. Lc 5, 1-11). Nueva es su forma de entenderlos.

En el comienzo del relato está Simón Pedro que dice voy a Pescar. Sin esta decisión de Pedro, que asume la iniciativa misionera del evangelio (que de hecho parece haber surgido entre los helenistas y Pablo), no hubiera existido una iglesia universal. Pedro aparece así guiando un grupo de Siete discípulos (no Doce), con Tomás, Natanael, los zebedeos (Santiago y Juan) y otros dos cuyos nombres no se dicen (Jn 21, 2).

Uno de ellos, a quien la tradición posterior identificará sin pruebas con Juan Zebedeo, es el Discípulo amado. El tiempo de los Doce testigos de las tribus de Israel ha terminado, y también el de Santiago de Jerusalén. Estamos en el tiempo de los Siete (entre ellos Pedro y el Discípulo amado). Pedro lleva a sus amigos al «mar de Galilea», que es la tierra de Jesús y símbolo del mundo entero (no va a Roma como hace Pablo en Hechos).

Una noche sin pesca

Subieron a la barca y esa noche no pescaron nada. Amanecía y estaba Jesús a la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo:«¡Muchachos! ¿Tenéis algo de comer?». Respondieron: «¡No!». Él les dijo: «¡Echad la red a la derecha de la barca y encontrareis!». La echaron y no podían arrastrarla por la cantidad de peces. Entonces, el Discípulo al que Jesús amaba dice a Pedro: «¡Es el Señor!». Y Simón Pedro, oyendo es el Señor, se ciñó el vestido y se lanzó al mar (Jn 21, 3-7).

Pedro ha dirigido la faena, pero no conoce aún a Jesús, no le distingue en la noche, de manera que parece incapaz de discernir lo que está haciendo (lo que de verdad está pasando en la noche de la historia humana, sobre el mar desconocido). Por el contrario, el Discípulo amado ha conocido a Jesús en la noche y sabe lo que pasa y se lo dice a Pedro, compartiendo de esa forma su experiencia con los compañeros de la barca. Pedro dirige la faena (en la línea de lo que podrá hacer luego el Papa de Roma), pero depende de los otros y especialmente del Discípulo amado, y no sólo de Jesús que espera en la orilla, recibiendo los peces que traen los discípulos y ofreciéndoles el pan y el pez del Reino.

Oficio de amor

Pues bien, cuando todo parece haber terminado y los discípulos toman en la orilla el pan de Jesús con los peces de la pesca misionera, el texto sigue, de manera sorprendente, como seguiré comentando:

Después que comieron, Jesús dijo: «Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?». Le dijo «¡Sí, Señor! Tú sabes que te quiero». Le dijo: «¡Apacienta mis corderos!». Por segunda vez le dijo: «Simón, hijo de Juan ¿me amas?». Le dijo: «¡Sí, Señor! Tu sabes que te quiero». Le dijo: «¡Apacienta mis ovejas!». Por tercera vez le dijo: «Simón, hijo de Juan ¿me quieres?». Se entristeció Pedro, porque por tercera vez le había dicho ¿me quieres? Y le dijo: «¡Señor! Tú lo sabes todo, sabes que te quiero». Y le dijo:«¡Apacienta mis ovejas!» (Jn 21, 15-17).

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