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Tres reacciones ante la resurrección de Jesús. Domingo de Pascua. Domingo de Pascua de Resurrección.

domingo, 1 de abril de 2018
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pedro-corriendo-al-sepulcroDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Una elección extraña

Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: “Cristo ha resucitado” y “Dios ha resucitado a Jesús”. Resumen las afirmaciones más frecuentes del Nuevo Testamento sobre este tema.

Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: 

Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.

Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado.

El evangelio de san Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).

¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?

Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

Las otras dos lecturas: beneficios y compromisos.

A diferencia del evangelio, las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Aunque son muy distintas, hay algo que las une:

  1. a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
  2. b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados. 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. 

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Domingo de Pascua de Resurrección. 1 Abril, 2018

domingo, 1 de abril de 2018
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“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro”.

(Jn 20, 1-9)

El amanecer de la Pascua comienza en medio de la oscuridad. Y las primeras señales de vida se dan en un paisaje de muerte.

Es curioso como tendemos a separar e incluso a enfrentar realidades que ni siquiera son opuestas, solo que unas nos gustan más que otras. O ni siquiera eso. Solo que unas creemos que nos hacen felices y las otras no.

Dividimos nuestra vida entre experiencias positivas y experiencias negativas. Asociamos lo positivo a lo que nos hace disfrutar sin ningún esfuerzo y lo negativo a lo que nos hace sufrir. Por esta regla de tres salir una noche con los amigos es positivo y pasar días estudiando para un examen negativo. Todo junto es un engaño.

La vida, y cada una de nuestras historias, no son una película en blanco y negro. Nuestra vida no está dividida en dos, por un lado la luz y, por el otro, la oscuridad. No, la vida, la realidad es a todo color. Todas las experiencias están llenas de luz y salpicadas de oscuridad. Lo más valioso suele venir con el corcho protector del esfuerzo y más de una vez en la caja del sufrimiento.

El sufrimiento no es positivo o negativo, tampoco la alegría. Hay alegrías tremendamente destructivas. La búsqueda de la alegría fácil e inmediata destruye a muchas personas. De la misma manera hay sufrimientos que engrandecen y liberan.

La vida es una armonía de luces y sombras, silencios, ruidos y melodías. Si la vivimos en blanco y negro resulta monótona y caprichosa. Cuando la disfrutamos a todo color y en todas sus dimensiones es apasionante.

Este es el mensaje de la mañana de Pascua. La vida no es ni blanca ni negra. Es blanca, negra y de otros muchos colores. La vida y la muerte no son dos cosas separadas. Tampoco la alegría y el sufrimiento son opuestos.

El secreto está en seguir buscando. María Magdalena, aun a oscuras va a buscar. En su oscuridad busca un cadáver en un sepulcro, pero en su camino amanece y encuentra la VIDA. Y tú, ¿todavía buscas?

Oración

Danos, Trinidad Santa, un corazón de buscadoras que nos haga avanzar incluso en la noche. Que nos haga a travesar nuestros paisaje de muerte. Y danos, también, esos ojos que descubren la VIDA. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Domingo 1º de Pascua (B)

domingo, 1 de abril de 2018
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16-bill-viola-emergence-seqJn 20, 1-9

La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno. Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe a una vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en nosotros.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto de paso, pero en un sentido distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica. Jn lo explica muy bien en el diálogo de Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.

Cuando el grano de trigo cae en tierra, “muriendo”, desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse qué pasó con el grano. La Vida, que los discípulos descubrieron en Jesús después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Solo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, que no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida, era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver no tiene nada que ver con la vida.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir vacía. Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos solo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase de ella ni el recuerdo. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo vieron como se hacía trizas su persona. Aquel, en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso, la experiencia de que seguía vivo fue para ellos una verdadera resurrección.

Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús no puede ser afectada por la muerte y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural era la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso. Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido y que ha desaparecido? El grano está ahí, pero ha desplegado sus posibilidades de ser, que antes sólo eran germen.

Meditación-contemplación

Comprender lo que pasó en Jesús no es el objetivo último.
Es solo el medio para saber qué tiene que pasar conmigo.
También yo tengo que morir y resucitar, como Jesús.
Como Jesús tengo que morir al egoísmo.
Día a día tengo que morir a todo lo terreno.
Día a día tengo que nacer a lo divino.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Pascua florida y hermosa.

domingo, 1 de abril de 2018
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tumblr_n0hrp0am2H1r2d8pzo1_400Nuestro Señor ha escrito la promesa de la resurrección, no en los libros, sino en todas las hojas de la primavera (Martín Lutero)

1 de abril. Pascua de Resurrección

Jn 20, 1-9

Entonces corre adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde le han puesto (v 2).

María Magdalena es la primera en ser testigo del mito de la resurrección. “Todavía a oscuras” (v. 1), es el símbolo desde donde se parte en la fe pascual. Lo que el evangelio de este domingo nos expone en la breve, pero profunda narración de los primeros acontecimientos de la supuesta resurrección de Jesús es a mi parecer, todo un vademécum de informaciones fundamentales acerca del comportamiento habitual imprescindible de quien se precie del honor de ser cristiano. María –las mujeres suelen disfrutar de un buen olfato en estas materias– es la primera en mostrarnos que lo posee. Así lo olfateó cuando en el recientemente estrenado film del australiano Garth Davis (febrero 2018) dice a Jesús: “estaré contigo hasta el final”, mientras los romanos le levantan ya crucificado. Y el cardenal Carlos Osorio ha manifestado recientemente que «el futuro de la humanidad depende en gran medida de la capacidad que tengamos los cristianos de dar testimonio de la verdad en estos momentos no fáciles de la misma».

Es el amanecer. El sol, señor de la luz que ilumina nuestro universo, difunde ilusión al corazón de la Magdalena y al nuestro para salir al encuentro de un Jesús interior en plenitud de Vida. En primer lugar, confía en sus creencias. Luego se va a comprobar los hechos y, posteriormente, se va a comunicarlos a Juan y Simón Pedro. Todos ellos vieron con sus propios ojos –también con el corazón y la mente– y creyeron. Una vez tomada conciencia de todo, a fondo y hecha carne la creencia en ellos, lo comunicarán en primer término a los demás apóstoles, y luego al mundo entero. Propuesta que nos concierne, y que conlleva descubrir todo lo que somos y manifestarlo a los demás plenamente. Sin esta comunicación, que también es competencia nuestra, el mensaje vivo de Jesús quedará prisionero o incluso muerto, detrás de los fríos barrotes de la cárcel de nuestros sentimientos.

La película Lope (2010), del director brasileño Andrucha Waddington, está imaginativamente basada en la vida del poeta español Lope de Vega que, con sus obras, rompió los cánones tradicionales de la composición. En el film, el protagonista (Lope) mantiene este diálogo con Jerónimo Velázquez: “He querido que mis personajes se parezcan más a la vida. El pueblo está harto de ver siempre lo mismo, y ahora es cuando tenemos la oportunidad de ofrecerles algo nuevo”.

Jerónimo: “¿Usted no se da cuenta de que va contra las normas del teatro?”.

Lope: “Las normas, don Jerónimo, están ahí, pero los tiempos han cambiado. ¿Por qué no poner a trabajar la imaginación?”.

El teólogo y reformador protestante Martín Lutero dijo en cierta ocasión: “Nuestro Señor ha escrito la promesa de la resurrección, no en los libros, sino en todas las hojas de la primavera”. Y, por cierto, ¿no somos todos árboles del bosque florecido en exuberante primavera? ¿Cubrimos de perfume cristiano –quizás Christian Dior, Kalvin Klein o Yves Saint Laurent, a cuantos vienen a pasear por nuestra floresta personal? El misterio pascual –Pascua Florida y Hermosa– tiene un poder transformador cuando dejamos que nos inunde el alma.

Antonio Machado nos ofrece uno de los poemas más expectantes de su obra. Como el sueño de María Magdalena, también el del poeta nos posibilita una respuesta soñada, una ilusión: ese Jesús resucitado, lo que tenemos dentro, y al que debemos dejar fluir como manantial de vida capaz de apagar la sed de cuantos se acerquen a beber en él.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes a mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Querientes

domingo, 1 de abril de 2018
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10098692613_7fe76e5d74_zDe su blog Miradas cristianas:

Quedó pendiente, de mi pasado artículo, explicar esa palabra del título. Vamos allá. Es una verdad de nuestra historia que, infinidad de veces, a los justos les van mal las cosas por ser justos, mientras que a los malvados les van bien por su misma maldad. Negar esa ley es una cobardía, aunque las voces oficiales de nuestra sociedad suelen negarla sin matices para justificar a los más ricos (“es que son mejores”), y aunque algunos victimismos se sirvan de ella para justificar sus fracasos, achacándolos a la maldad de los otros. Pese a tales posibles abusos, los salmos y el Primer Testamento bíblico están llenos de quejas que constatan: “a los malos les van mejor las cosas”.

Recordemos solo la queja de Jeremías: “Señor ¿por qué prosperan los impíos?” (12,1).

Esa constatación es tan antigua que en un poema babilónico fechado aproximadamente hacia el 1200 antes de Cristo, y que se conoce como “la teodicea babilónica”, leemos que “los dioses crearon al hombre proclive a la falsedad y a la malicia”. No obstante, y por las mismas fecha, la Biblia se revela contra esa afirmación: el autor del Génesis concluye su primer capítulo declarando que “todo lo que Dios había hecho era bueno”; aunque sólo cinco capítulos más tarde tendrá que añadir que, al ver Dios la maldad que había sobre la tierra, “se arrepintió de haber creado al hombre”. Y es que, para Israel esa nefasta ley de la historia no puede ser obra de Dios: pues entonces no habría lugar para la esperanza en nuestro mundo; es más bien fruto del orgullo y la libertad humana. De ahí arranca esa noción de “pecado original”, tan desafortunada en su formulación como atinada en la realidad que quiere expresar (Camus formuló mejor cuando habló de “La Caída”).

Así se le fue entreabriendo a Israel la posibilidad y la esperanza en un más-allá e incluso el atisbo de que una aceptación confiada de esa ley nefasta de la historia puede convertirse en camino de liberación para otros: eso es lo que insinúa ese extraño poema de Isaías 53, sobre una misteriosa figura de apariencia despreciable, porque han caído en él todas nuestras maldades, pero que, al fin del poema, se convierte en redentor para nosotros. Ahí se atisba otra ley de nuestra historia: entre nosotros, la mayoría de victorias liberadoras se consiguen a través de derrotas previas.

Jesús de Nazaret encarna ese atisbo y esa ley: el fracaso de su pretensión liberadora (la Cruz) se convierte en paso hacia su Resurrección definitiva. Por eso los primeros cristianos aplicaron enseguida a Jesús el poema citado de Isaías 53.

Y bien: la ilusión de tantas pretensiones revolucionarias de nuestra historia ha sido crear ese mundo donde a los buenos les fueran bien las cosas, y a los malvados mal; aspirando incluso a una desaparición de los malvados con la aparición del “hombre nuevo”, tan esperado antaño por muchos movimientos revolucionarios. Por eso no importa el destino (aparentemente) fracasante de las revoluciones, sino la verdad y el valor de su apuesta: porque si resultase que Dios es Amor, entonces creer en Dios no sería más que creer en la Bondad (tantas veces pisoteada), y creer en el Amor (pocas veces amado).

Y que Dios es Amor es precisamente lo que anuncia la divinidad de Jesús. Sin ella no podríamos saber que Dios es Amor: podríamos desearlo o barruntarlo, pero podría ser también que Dios fuese como los dioses griegos o babilónicos. Ahora bien: en el Amor y la Bondad no se puede creer de manera meramente intelectual; sólo se puede creer amando en intentando ser bueno. A eso apuntaba la ironía paradójica de Benjamin Constant, líder de la revolución francesa y amante de Madame Stael: “soy demasiado escéptico para ser incrédulo”

Hace unos meses, la revista Vida Nueva publicó una entrevista con Ana Palacios fotoperiodista que, confesándose atea, lleva una vida dedicada a trabajar por las víctimas de la historia, y que hacía un gran elogio de los misioneros porque siempre “le infunden paz”… Ante la sorpresa de la entrevistadora explicaba que ella no conseguía ser creyente, pero sí era “queriente”.

San Agustín le habría dicho que si amas de veras ya crees aunque no lo creas. Yo prefiero recordarle una vieja anécdota histórica del rabino judío Elischa ben Abuja que perdió la fe con gran escándalo de la comunidad. Pero otro rabino, tras un momento de silencio se limitó a comentar: “dichoso él porque ahora es dueño de hacer el bien sin buscar recompensa alguna”.

Esa es la gran interpelación que nos lanza un sector de la llamada increencia. Algunos podrán reconocer, y aquí me encuentro yo, que sin una Ayuda exterior no hubieran sido capaces de hacer el poco bien que hayan hecho. Pero lo válido para todos los cristianos y absolutamente fundamental, es que nosotros no esperamos el más-allá como una recompensa sino como un regalo del que nos fiamos por una Promesa.

Esto lo reflexionamos demasiado poco. Sin embargo hay ahí algo fundamental para entender la muerte y resurrección de Jesús.

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Queremos ser vida luz.

domingo, 1 de abril de 2018
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artwork_images_424157556_176230_david-lachapelleHermanos, cuando uno es cogido por la fuerza de la Resurrección de Jesús comienza a entender a Dios de una manera nueva, como un Padre apasionado por la vida de las personas y una vida digna. Oremos.

Jesús, queremos ser vida luz donde hay muerte y oscuridad.

• Padre bueno, que la Iglesia sea, la comunidad creyente que busca hacerse presente allí donde se produce muerte, para luchar con todas las fuerzas ante cualquier ataque a la vida.

Jesús, queremos ser vida luz donde hay muerte y oscuridad.

• Padre bueno, que todos nosotros seamos conscientes de la llamada permanente a ser y estar del lado de los más desfavorecidos; a despertar nuestra fe dormida, sabida y dejarnos sacudir por tanta situación injusta, insolidaria, egoísta…

Jesús, queremos ser vida luz donde hay muerte y oscuridad.

• Padre bueno, que todos los niños, jóvenes y adultos que durante esta Pascua van a recibir los Sacramentos del Bautismo y Confirmación, encuentren en muestras comunidades parroquiales y religiosas espacios donde compartir, reflexionar y madurar su opción por Jesús y su Reino.

Jesús, queremos ser vida luz donde hay muerte y oscuridad.

• Padre bueno, que celebremos la Pascua acogiendo el testimonio de los pobres, la esperanza de los que luchan por la justicia, el canto de los que aman la vida, la alegría de los que se entregan , el gozo de los que perdonan, la ternura de los que ofrecen misericordia.

Jesús, queremos ser vida luz donde hay muerte y oscuridad.

• Padre bueno, te recordamos en esta mañana de Pascua a todos los hombres y mujeres que entregan su vida día a día por hacer posible la utopía de un mundo más justo y más a la medida de tu corazón.

Jesús, queremos ser vida luz donde hay muerte y oscuridad.

Padre, tú sabes que queremos ponernos tras las huellas de tu hijo Resucitado, reconocerle en el hermano o hermana que tenemos al lado, también en los lejanos y… dejarnos encontrar por Él… Que la alegría de celebrar la Pascua nos lance a la vida de los demás. Te damos las gracias por entregarnos nuevamente y para siempre a tu hijo Jesús.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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31.3.18. Sábado Santo: Bajó al infierno, para acompañar (salvar) a los condenados

sábado, 31 de marzo de 2018
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29694940_957837304393462_3820348719622014621_nDel blog de Xabier Pikaza:

Éste es el día de Sábado Santo, que podemos empezar llamando Sábado Maldito, el día nefasto de todas las condenas, de todos los infiernos donde bajó Jesús, compartiendo así la suerte de los condenados, para así liberarles.

Los judíos del tiempo de Jesús, como los adventistas cristianos del siglo XXI, seguían esperando el Sábado Final de la Gran Reconciliación, el Día Séptimo (Gen 1-2), la Paz definitiva, Shalom de concordia de Dios y de los hombres.

Pero murió Jesús (fue asesinado por sacerdotes y soldados) y llegó de esa manera el Sábado Maldito de las mil destrucciones, el sábado sin nombre de los ajusticiados sin justicia, de los enterrados sin tierra honrosa, de todos los que bajaron y siguen bajando al extremo final de la destrucción, a los siete infiernos actuales de Dante (Divina Comedia):

29573173_957837594393433_2427226669008096682_nJesús bajó (le bajaron) al infierno de los  muertos por hambre y asesinato, por violación y aborto, por «justicia» injusta y guerra,por persecución directa o por «sistema»…

Así compartió la suerte de los hombres, mujeres y niños de los siete infiernos de la tierra.

En ese contexto, unos aseguran que el Papa Francisco ha dicho que no hay infierno de condena final de los malos, al fuego lento de la venganza de Dios… y se escandalizan por ello, llamándole casi hereje.

Otros responden que que al Papa le importan (como a Jesús) los infiernos de la tierra, que él no ha entrado en el posible (¿improbable?) infierno eterno. Al Papa le importan los infiernos de los marginados, expulsados, condenados a la muerte en vida, por obra de un sistema de injusticia.

En ese contexto de Sábado Maldito, que Dios ha transformado por Jesús en Sábado Santo de Vigilia Pascual, quiero ofrecer mi pequeña propuesta, de base bíblica, a partir de mi Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2015). Lo hago en tres partes:

gran-diccionario-de-la-biblia---epub(a) Una introducción sobre el infierno, los infiernos en las diversas religiones y culturas.

(b) Una reflexión sobre el sentido del «infierno» al que bajó Jesús, en este Sábado maldito/santo,vigilia de Pascua, con los condenados y ajusticiados de la tierra.

(c) Sólo en ese fondo se puede plantear el tema del infierno histórico (muy real y concreto, evitable…) y del infierno eterno..

Sólo quien haya sentido en su cuello el aliento de esos siete infiernos a los que Jesús ha descendido por su muerte (como sabe y dice la liturgia de silencia de este día, conforme al icono de arriba, podrá entender y celebrar el misterio de la Pascua.

Introducción

Las religiones que no ponen en su centro la gracia de Dios y la libertad (individualidad) del hombre no pueden hablar de infierno o condena final, pues en ellas todo se mantiene en un eterno retorno de vida y de muerte. Sólo las religiones que acentúan la experiencia de la gracia y dejan al hombre en manos de su propia libertad (como el judaísmo y cristianismo) pueden hablar de un infierno o condena definitiva, interpretada como castigo de Dios, en la línea de un judaísmo, cristianismo e Islam tomados en su pleno desarrollo «dogmático».

En esa línea, el Antiguo Testamento en cuanto tal apenas puede hablar de infierno, a no ser en sus últimos estratos y de un modo simbólico, como en Dan 12, 2 («Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua») en el libro de la Sabiduría (destrucción de los injustos).

El infierno, como lugar y estado perdurable de los condenados no aparece de un modo inequívoco y explícito en el conjunto de la Biblia; por otra parte, en el Nuevo Testamento, el infierno debería entenderse desde la gracia de Dios en Cristo, que es más fuerte que todas las posibles condenas de los hombres.

El nombre infierno (de inferus, lo inferior, lo de abajo) proviene de la versión latina de la Biblia (la Vulgata), que traduce con esa palabra diversos nombres y conceptos de la Biblia hebrea, que en general tienen un sentido genérico de muerte o de mundo inferior (sheol) donde se cree que están los que han muerto.

Según el Nuevo Testamento, no se puede hablar desde Dios del infierno, porque Dios es sólo Padre de Vida, es amor y cielo, pura gracia. Sólo la ausencia de Dios sería “infierno”. ¿Será el hombre capaz de negar a Dios de tal manera que se vuelva infierno? ¿Será un hombre capaz de negar a los restantes hombres, de manera que se queda aislado, sólo, separado, convirtiéndose en infierno, es decir, en negación de ser, de gracia?

Imágenes fundamentales.

El tema del infierno recibe en la tradición bíblica diversos sentidos y aplicaciones… y se debe entender desde la perspectiva de la historia de la “salvación”, como lo opuesto a Dios. Así aparecen signos e imágenes de infierno:

(a) Se puede hablar del infierno de los ángeles perversos, que han sido condenados a vivir en un «abismo de columnas de fuego que descienden», como templo invertido, donde penan y purgan su pecado (1 Hen 21, 7-10). «Aquí permanecerán los ángeles que se han unido a las mujeres. Tomando muchas formas, ellos han corrompido a los hombres y los seducen, para que hagan ofrendas a los demonios como a dioses, hasta el día del gran juicio en que serán juzgados, hasta que sean destruidos. Y sus mujeres, las que han seducido a los ángeles celestes, se convertirán en sirenas» (1 Hen 19, 1-3).

En esa línea se sitúa el simbolismo de Mt 5, 41, donde Jesús, Hijo de Hombre, dirá a los injustos: «apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles» (Mt 25, 41). Los hombres pueden participar, según eso, de una condena eterna, que deriva de la falta de solidaridad que han tenido con los necesitados.

(b) Se puede hablar de un infierno entendido como «vergüenza y confusión perpetua», propia de aquellos que resucitan al fin de los tiempos para la condena (Dan 12, 2). Aquí no se destaca el fuego de la destrucción, como en el caso anterior, sino la «falta de honor», la deshonra de aquellos que no participan en el brillo de la gloria de Dios.

(c) El signo más utilizado del infierno es la gehenna. Parece claro que Jesús ha puesto de relieve la imagen de la Gehenna, pequeño valle hacia el sur de Jerusalén donde se quemaban las basuras de la ciudad, como signo de la perdición. Esta imagen se encuentra especialmente vinculada con el pecado del escándalo: «si tu mano te escandaliza córtatela…; te es mejor entrar manco en el reino que ir con las dos manos a la Gehenna» (cf. Mc 9, 42-46 par).

Ella aparece también en textos parenéticos, en los que se invita a no tener miedo a los que pueden quitar la vida, pero no pueden mandar al hombre a la Gehenna, como puede hacerlo Dios (cf. Mt 10, 38; Lc 12, 5). Es evidente que esta imagen pone de relieve el riesgo de perdición en que se encuentra el hombre, pero quizá no puede aplicarse sin más a un tipo de infierno eterno. La Gehenna no es de Dios, pero puede ser un riesgo humano.

El infierno del Apocalipsis, experiencia cristiana.

Siguiendo tradiciones orientales, el libro del Apocalipsis concibe el lugar/estado de ruptura y destrucción total de los humanos como estanque o lago de fuego y azufre que arde sin cesar (Ap 19, 20; 20, 10.14.15; 21, 8), al parecer al fondo de la tierra, como pozo del abismo. No es el hades de la tradición griega, donde los muertos esperan aún la salvación, sino el estado final de aquellos que no han querido recibir al Cristo Cordero y no están inscritos en su Libro y/o en la Ciudad final, la nueva Jerusalén (cf.2, 10-15); es lugar de muerte sin fin.

A pesar de las imágenes de Ap 14, 9-11, el Apocalipsis no insiste en la condena o fracaso de los perversos como castigo-dolor sino como muerte (no vida). Por eso, en contra de la tradición simbólica posterior, reflejada por ejemplo en la Divina Comedia de Dante, el Apocalipsis no ha situado en paralelo el cielo y el infierno, como dos posibilidades simétricas de la vida.

Conforme a la visión del Apocalipsis, sólo existe una culminación verdadera: la ciudad de los justos (Ap 21, 1-22, 5); el infierno no está al lado del cielo, como si fuera el otro platillo de una balance judicial, sino que es sólo una posibilidad: la de no recibir la gloria que Dios ofrece a todos los hombres en Cristo.


En principio, el mensaje pascual del cristianismo es sólo experiencia de salvación, que se funda en el amor de Dios que ha dado a los hombres su propia vida, la vida de su Hijo (cf. Jn 3, 16; Rom 8, 32). Desde esa perspectiva deben replantearse todos los datos bíblicos anteriores, incluido el lenguaje de Jesús sobre la Gehenna y la amenaza de Mt 25, 41.

Ese replanteamiento no es una labor de pura exégesis literal de la Biblia, sino de interpretación social y cultural del conjunto de la revelación bíblica y de la historia de las religiones. En este campo queda por hacer una gran labor, que resultará esencial en los próximos decenios de la teología y de la vida de la iglesia, cuando se superen en ella una serie de supuestos legalistas y dualistas que han venido determinándola desde el surgimiento de las iglesias establecidas de occidente, a partir del siglo IV d. C.

Pero una vez que se replantea y se supera el tema del infierno escatológico (del fuego final de un juicio de Dios) viene a surgir con mucha más fuerza el tema del infierno histórico, creado por la injusticia de los hombres que oprimen a otros hombres y por los diversos de enfermedad y opresión que sufren especialmente los pobres. Éste es el infierno del que se ocupó realmente Jesús; de ese infierno quiso liberar a los hombres y mujeres, para que pudieran vivir a la luz de la libertad y del gozo del Reino de Dios. El tema de fondo de Mt 25, 31-46 (y de la parábola del rico Epulón) no es el infierno “más allá” (tras la muerte), sino el infierno de este mundo, el infierno al que condenamos a los demás, el infierno del hambre, de la soledad y de la muerte.

Entendidas así, las parábolas en las que hay un reino del diablo que se opone al de Dios (como algunas de Mt 13 y 25) pertenecen a la retórica religiosa, más al corazón del mensaje de Jesús, a no ser que se interpreten en forma de advertencia, para que los hombres no construyan sobre este mundo un infierno.

SÁBADO SANTO, EL INFIERNO DE JESÚS

. El credo oficial más antiguo de la iglesia (el apostólico o romano) dice que Cristo bajó a los infiernos, poniendo así de relieve el momento final de su encarnación: bajó al infierno para liberar a los que estaban sometidos a la muerte irremediable. Sólo desde ese fondo se puede entender la posibilidad (o, mejor dicho, la imposibilidad) de un infierno cristiano. Jesús bajó al infierno para liberar a los allí condenados.

Fundamento bíblico

(a) Bajó a los infiernos. Quien no muere del todo no ha vivido plenamente: no ha experimentado la impotencia abismal, el desvalimiento pleno de la vida humana. Jesús ha vivido en absoluta intensidad; por eso muere en pleno desamparo. Ha desplegado la riqueza del amor; por eso muere en suma pobreza, preguntando por Dios desde el abismo de su angustia. De esa forma se ha vuelto solidario de los muertos. Sólo es solidario quien asume la suerte de los otros. Bajando hasta la tumba, sepultado en el vientre de la tierra, Jesús se ha convertido en el amigo de aquellos que mueren, iniciando, precisamente allí, el camino ascendente de la vida.

(b) Jesús fue enterrado y su sepulcro es un momento de su despliegue salvador (cf. Mc 15, 42-47 y par; l Cor 15, 4). Sólo quien muere de verdad, volviendo a la tierra, puede resucitar de entre los muertos. Jesús ha bajado al lugar de no retorno, para iniciar allí el retorno verdadero. Como Jonás «que estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches…» (Mt 12, 40), así estuvo Jesús en el abismo de la muerte, para resucitar de entre los muertos (Rom 10, 7-9). Leer más…

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Ten misericordia de nosotros.

viernes, 30 de marzo de 2018
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pareja-gay-refugiadosPadre, ten misericordia de nosotros

Jesús, sales hacia el huerto, esta noche dormirás a la intemperie. Jesús que sufre con los transeúntes, con los sin techo, con los que no tienen donde ni con quién cobijarse. En tu sufrimiento nos encontramos con todos los que no conocen el confort de una cama, el calor de un hogar, el abrazo de alguien que te espera.

La noche es fría y sufre tu corazón con los que tiritan cada noche a la intemperie, con los que sienten congelar sus cuerpos en las pateras, surcando las aguas del Mediterráneo en busca de una vida mejor, con los que nunca han recibido una abrazo cálido.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús traicionado por uno de los suyos. En su traición recordamos a todos los que se sienten engañados, sometidos por sus parejas, utilizados y abusados por sus superiores, por los pederastas, por los chulos del burdel.

En esta noche te recordamos la soledad de la noche en el hospital, atemorizados ante la incertidumbre de un diagnóstico fatal, entristecidos por no sentirse acompañados ni valorados; amputados en su cuerpo y en el corazón porque no conocen el amor. Recordamos a todos los niños, jóvenes, adultos, ancianos desaparecidos en una noche fría como la tuya dejando rotos los corazones de padres, madres, parejas, familias enteras que no saben ya cómo vivir.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús que conoces el dolor y el rechazo. Recordamos a todos los inmigrantes, las prostitutas, los refugiados, los excluidos de lo pactado socialmente, a los discapacitados síquicos que señalamos y arrinconamos. Todos ellos te acompañan en tu soledad y en tu dolor. Recordamos a cada una de las víctimas de las guerras, cinco años de guerra en Siria con miles de muertos, miles de huérfanos, viudas, miles de amputados cada día por los bombardeos. Oramos también por los refugiados que pierden la vida en el camino hacía una vida posible y digna; a los que malviven en los campos de refugiados esperando que los gobernantes del mundo decidan abrir las fronteras y derribar todas las concertinas.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús que naciste niño en una aldea perdida. Contigo están todos los niños y niñas que nacen fruto de una violación, los que nacen con la vida sentenciada por el hambre y la guerra; los niños que son abandonados en los conteiner o los parques; los que son explotados laboralmente y los que son vendidos para el turismo sexual. Oramos también por los niños acosados en el colegio, por los niños que no tienen acceso a la escolarización y por aquellos que fracasan en sus estudios, por los que son abusados sexualmente por sus padres, por sus entrenadores o familiares o personas cercanas a su entorno.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús negado por Pedro. En su negación encontramos a todos los que se les niega un empleo, un salario digno, una vivienda donde cobijarse, una comida con que paliar su hambre. Recordamos a todos los que no encuentran respuesta a sus preguntas, a todos los que viven sin sentido ni esperanza, a los que suplican ayuda y no la encuentran. A todos los que les negamos el saludo porque son diferentes, a todos los que no nos atrevemos a abrazar porque han sido mutilados por accidentes de tráfico, por la violencia, por las minas anti persona o porque han nacido deformes.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús inocente y torturado. Recordamos a todos los hombres y mujeres que son torturados en las cárceles de todo el mundo, a los que mueren en celdas habitadas por causa de una sentencia injusta. Tu inocente, condenado por los que no te entienden. Recordamos a todos los que nosotros condenamos porque no piensan como nosotros, a los que condenamos a muerte por nuestra insolidaridad, a los que menospreciamos y no acogemos porque no han nacido aquí; a los que la hambruna mata cada día, a los que mueren sin que nos preocupen porque nos resultan sin valor o invisibles.

Padre, ten misericordia de nosotros

Al pie de tu cruz María, tu madre. Oremos por todas las mujeres. Por todas las madres que dedican sus vidas al cuidado de los hijos enfermos, dependientes; por aquellas que se preocupan y ocupan con mimo de sus padres también enfermos. Por las mujeres que viven el infierno de los malos tratos, que viven con miedo a perder su vida o la de sus hijos porque la pareja o padre es terriblemente violento. Por las mujeres y padres cuyos hijos desaparecen y son condenados a vivir el infierno de no saber qué ha sido de ellos. Por las mujeres que no se sienten valoradas por el mero hecho de ser mujer; a las que se les niega el acceso a ciertos puestos de trabajo y responsabilidad. Oremos por las amas de casa que dedican su vida y su tiempo al cuidado de la familia sin que nadie lo agradezca ni lo reconozca.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús que conociste la fragilidad de tus discípulos. Oremos por la mediocridad de nuestra Iglesia, por todos nosotros que vivimos dormidos, con una fe recibida, acomodada, y no apuntamos ni con nuestras palabras ni con nuestros gestos, hacía el Reino. Por los sacerdotes, religiosos y religiosas que han hecho de su vocación una costumbre, un estado de vida cómodo, asegurado, lejos de los más desfavorecidos. Oremos por una Iglesia que no se implica, no se moja, una Iglesia que abusa, que no acoge al diferente, que juzga y que no ofrece el perdón. Oremos por la Iglesia atrapada por el miedo al cambio, por los que no maduran ni crecen en la fe, por los de una fe pequeña que buscan la seguridad en la Tradición, por los que no nos atrevemos a correr riesgos en nuestras celebraciones, por los que nos preocupamos por el número pero no por el seguimiento. Por los que nos resistimos a perder dejando de ser signos del Evangelio.

Padre, ten misericordia de nosotros

Jesús mueres sin entender. En tu cuerpo también se enfrían todas las esperanzas que se abortaron, los corazones que al final de su vida fueron traspasados por la lanza del fracaso, los días que se oscurecieron de golpe por la tragedia; todas las vidas entusiastas que se entregaron por una causa que creyeron justa pero que cubrió el velo rasgado del olvido.

Padre, ten misericordia de nosotros

Vicky Irigaray

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Jueves Santo, huella y camino de amor: La próxima Copa en el Reino

jueves, 29 de marzo de 2018
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Jesús ha sabido beber y ha bebido la Copa del Reino, con sus seguidores y amigos, a quienes ha invitado al banquete de su vida. Desde ese fondo se entiende su gesto y entrega de amor hasta la muerte.

Él ha muerto, en el sentido antiguo (le han matado), pero ha empezado a vivir de un modo nuevo más alto. corazón de amor en la arena de la gran Playa del Mundo, abierta a todos los mares de la vida.

Sintiéndose amenazado, sabiendo que su anuncio y camino de Evangelio culminaba, Jesús quiso beber con sus amigos el vino del gozo compartido, desde esta ribera, junto al mar de todos, abierto a sus olas, prometiendo que la próxima vez lo bebería con ellos en el Reino.

29594654_956733327837193_3573620807152640304_n— Éste es el sentido del texto central del Jueves Santo: “La próxima copa en el Reino”: Al acabar su camino en el mundo antiguo, Jesús nos invita a la «nueva copa de Dios», que es nuestra vida (nuestra herencia).

— Esperando esa copa vivimos y bebemos, compartiendo la Eucaristía del camino, el signo supremo de la comunión: Vivir unos con otros (en los otros), sabiendo que esa misma comunión de amor es Dios.

— Por eso, el Jueves Santo es el día del amor fraterno, que es, al mismo tiempo, materno y paterno, filial y de amistad, amor enamorado y solidario, revelación de Dios, allí donde culmina el camino de Jesús y se abre a todos los hombres y mujeres.

29543277_956733124503880_6871875677606237905_nÉste es el principio y sentido del Jueves Santo, la raíz y sentido del amor cristiano, universal, gozoso… pues la copa final queda siempre pendiente para el Reino, pero el camino podemos y debemos recorrerlo, dejando nuestras huellas bien plantadas en la arena del reloj de la vida, que es Dios.

“Logion” o texto escatológico. El vino del reino.

Uno de los textos más misteriosos y profundos del evangelio es aquel donde Jesús, en su cenal final, de despedida, dice a sus discípulos que no beberá ya más vino en este mundo viejo… porque la próxima copa con ellos será la del Reino.

Por eso, el Jueves Santo es para los cristianos el día del Vino. Éste es el día del amor que se expresa del modo más perfecto por eel vino. “En verdad os digo, que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que beba (con vosotros) el vino nuevo del Reino” (Mc 14,25). Esta palabra tiene dos elementos, implicados:

Mc 14, 25a par. Voto de abstinencia: «En verdad os digo, que ya no volveré a beber del fruto de la vid…». Como he puesto de relieve en mi comentario de Marcos, este logion (pasaje) vincula dos elementos:
(1) Jesús hace un voto de renuncia, comprometiéndose a no tomar más vino mientras siga existiendo el mundo actual.
(2) Jesús hace un voto de abundancia: promete a los suyos el vino del Reino.

evangelio-de-marcosEl texto comienza de un modo elevado (en verdad os digo…), y sigue con una triple negación (que ya no beberé: ouketi ou mê…), que debe interpretarse como juramento o voto sagrado, en el que el mismo Dios actúa como testigo, en fórmula que podría traducirse: «así me haga Dios en el caso de que…».

En el momento más solemne de su vida, rodeado por sus discípulos, tomando con ellos la última copa, Jesús se compromete a no beber más hasta que llegue en plenitud el Reino que él ha prometido e iniciado (cf. Mc 9, 1; 13, 30). Este juramento puede interpretarse como voto de abstinencia escatológica, en línea de compromiso total, de tal manera que, de ahora en adelante, Jesús puede presentarse como nazareo (voluntario) del Reino de Dios.

El vino (con el pan) ha sido un signo importante de su vida y esperanza. Lógicamente, al acercarse el momento decisivo, Jesús proclama que ya no beberá más vino en este mundo viejo, en este orden de cosas (pues podrán matarle), pero añade que llega (se está acercando de inmediato) el reino.

Mc 14, 25b. Vino nuevo del Reino. Jesús promete abstenerse de beber vino “hasta que beba (con vosotros) el vino nuevo del Reino”. Eso significa que ha puesto su destino al servicio de la viña de Dios, es decir, de la plenitud escatológica. Con el “vino de este mundo”, en la fiesta de su despedida (entrega), ha prometido a sus amigos el “vino nuevo” (es decir, el vino de la nueva cosecha del Reino).

Este juramento escatológico deriva de todo su camino de evangelio: Jesús ha ofrecido su mesa (pan y peces) a los marginados y pobres, a los publicanos y multitudes. Ahora, en el momento final, asumiendo y recreando la mejor tradición israelita, él declara y proclama delante de sus amigos que ha cumplido su camino, ha terminado su tarea: sólo queda pendiente la respuesta de Dios, el vino del “año nuevo”, la fiesta del Reino.

Así pasa del “vino viejo” de esta fiesta de despedida (que el ritual de la institución eucarística interpreta como sangre de alianza: Mc 14, 23-24) al “vino nuevo” de la promesa de culminación mesiánica: al beber así la última copa (copa vieja), en compañía de sus discípulos, Jesús les está invitando a tomar la “nueva copa” en el Reino, es decir, en la vida compartida para siempre.

Entendido de esta forma, este logion desborda el nivel de los elementos centrales de la pascua judía (pan sin levadura, hierbas amargas o cordero sacrificado), abriéndose a la nueva tierra y vino del Reino.

Recordando esa palabra sobre el vino, la tradición evangélica sabe que Jesús se ha mantenido fiel a su proyecto de Reino, hasta la muerte. Sin esa “fidelidad” hubiera sido imposible el camino posterior del evangelio (el nacimiento de la Iglesia). Pues bien, esa fidelidad se inscribe en un contexto de “negación” de los discípulos que, en el momento decisivo, no han querido (o no han podido) aceptar el proyecto de Jesús, abandonándole y dejándole a solas con la muerte. En este mismo contexto se sitúa el relato de la “fundación eucarística” (Mc 14, 22-24 par).

Vino. La tradición de la entrega.

Junto al logion anterior (del vino), la tradición de Jueves Santo ha trasmitido la palabra de Jesús sobre el pan y el vino, es decir, la eucaristía. En su forma actual, el relato eucarístico consta de dos signos, uno de pan, otro de vino (cf. Mc 14, 22-24), que, al unirse, forman el mejor retrato de Jesús, hombre del pan compartido con los pobres (con todos), hombre del vino de la fiesta del Reino.

a. La bendición del vino

Tal como ha sido narrado por Marcos, ese signo del vino (Mc 14, 23-24 par: Mt 26, 26-0; Lc 22, 152º y 1 Cor 11, 23-25), que concretiza y desarrolla el sentido del “logion escatológico” del texto que acabo de explicar (Mc 14, 25), incluye tres momentos:

1. Tomó una copa (potêrion).
La copa es señal de agradecimiento (eukharistía). Mientras un grupo de hombres y/o mujeres sean capaces de beber juntos una copa podrán dar gracias a Dios, no están abandonados sobre un mundo adverso. El mismo vino, fruto de la tierra y del trabajo humano, es para ellos un signo del cuidado de Dios, expresión del valor de la vida. Jesús no ofrece a sus discípulos una sesión de ayuno, hierbas amargas, en plano de sudores, sino el más gozoso y bello producto de la tierra mediterránea. Leer más…

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Mt 6: Ha culminado el amor, Jueves Santo (Mt 25, 31-46)

jueves, 29 de marzo de 2018
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29062647_947728382071021_2766847485168511070_nDel blog de Xabier Pikaza:

Varias veces he presentado en este blog la liturgia del Jueves Santo, con sus diversos elementos:

Última Cena, gran despedida: Testamento de Jesús.

Lavatorio de pies, servicio mutuo: Amor universal

Mandato cristiano: el ministerio universal de Cristo,nuevo sacerdocio (como aparece en la primera imagen de las catacumbas)

Este año quiero hacerlo siguiendo el esquema del Curso de Mateo, con la lectura central del juicio en amor, conforme al pasaje clave: Mt 25, 31-46.

A la caída de la tarde nos examinarán en el Amor, Amor que es Dios, revelado en Cristo, por la Cena y la Eucaristía, Amor que es Dios, la Vida en Plenitud. Ésta es la tarde de la vida, el Jueves Santo, un día para descubrir y celebrar el amor.

29572434_956151161228743_263728227188611592_nMás de una vez he celebrado el Jueves Santo meditando este pasaje y descubriendo que Dios se ha hecho en Jesús hambriento y sediento de amor, exilado y desnudo en la tierra, herido, encarcelado. Con este pasaje de evangelio introduce Mateo su «semana santa», ofreciendo sentido y las implicaciones, el don y tarea del Jueves Santo de la vida.

Acompañar a Jesús en ese camino de Vida, ser y vivir (en) con él. Este es el principio y meta de la vida en Cristo, que aparece caminando con su Cáliz de Vino (invitando al amor) por las calles de la ciudad.

Que esta lectura (os) nos ayude a celebrar el Amor, es decir, el Jueves Santo.

Mt 25, 31-46. Una lectura adecuada para la Última Cena

Jesús ha sido el gran sediento de amor, dejándose querer y queriendo a corazón entero. Así le vemos en esa parábola hambriento de amor en todos los hambrientos…

evangelio-de-mateoEn esta “parábola” culminan del evangelio de Mateo, desde una perspectiva de revelación de Dios y juicio de los hombres. Algunos rasgos de esa revelación y juicio pueden encontrarse no sólo en Israel, sino en otras naciones y culturas cercanas y lejanas (de Mesopotamia a Grecia, de Egipto a China…). Pero en su conjunto, tal como aparece dentro de Mateo, esta parábola ofrece un mensaje único, y ha marcado no sólo la visión del cristianismo, sino de toda la cultura de occidente (y del mundo). Ésta es la gran parábola del día del amor fraterno, es decir, del Jueves Santo.

[Parábola] 25 31 Pues cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; 32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y colocará las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
[Salvación] 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; 36 estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí…

1. Un texto de juicio, revelación de la verdad

Mt 25, 31-46 es un texto de juicio, elaborado desde una perspectiva israelita de pacto, un juicio que invierte la forma normal de interpretar la vida, poniendo en el centro el derecho de los pobres, en clave de misericordia creadora. Es una obra cumbre de la tradición judía, en línea de apertura universal (sin referencia a Israel, ni a su Ley, ni a Jesús), identificando a Dios (a su representante) con los necesitados:

‒ Este pasaje responde al mensaje de Jesús, que había vinculado su Reino con el juicio que ha de aplicarse a todos, partiendo de la misericordia de Dios, la curación de los enfermos y la salvación de los hombres. En esa línea, el mismo Jesús o sus seguidores inmediatos han podido afirmar que Dios se identifica con los pequeños y los pobres, con quienes sufre y a quienes ofrece salvación.

‒ Este pasaje responde al mensaje de Mateo, con rasgos de “derecho escatológico” (Lc 12, 8-9; Mc 8, 38), expresado en la figura del Hijo del hombre, que, por un lado, comparte la suerte de los pobres (con quienes se identifica) y, por otro, les juzga según la manera que ellos han tenido de tratarles. En esa línea podemos afirmar que ha sido formulado en su sentido actual por una iglesia judeocristiana como la de Mateo.

Mt 25, 31-46 está poderosamente influido por las estructuras del pacto, es decir, de la vinculación del Mesías de Dios con los pobres y por la manera en que Dios ha de juzgar a los poderosos, por su forma de servir o no servir a los necesitados. (a) En esa línea, Jesús, el Emmanuel, Dios con nosotros (1, 23), aparece por un lado como el pobre por excelencia, pues ha compartido con los hombres hambre y sed, exilio y enfermedad. (b) Pero, al mismo tiempo, él se presenta, como aquel que ayuda a los pobres (pequeños, enfermos, hambrientos, excluidos). Leer más…

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El amor manifestado en Jesús es el Ágape.

jueves, 29 de marzo de 2018
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os_he_dado_ejemploJn 13,1-15

El tema central del Triduo Pascual es el AMOR. El Jueves se manifiesta en los gestos y palabras que lleva a cabo Jesús en la entrañable cena. El Viernes queda patente el grado supremo de amor al dar la vida por no renunciar al bien del hombre. El Sábado celebramos la Vida que surge de ese Amor incondicional. En la liturgia de estos días intentamos manifestar, de manera plástica, la realidad del amor supremo que se manifestó en Jesús. Lo importante no son los ritos, sino el significado que éstos encierran.

La liturgia del Jueves Santo está estructurada como recuerdo de la última cena. La lectura del evangelio de Jn nos debe hacer pensar; se aparta tanto de los sinópticos que nos llama la atención que no mencione la fracción del pan, pero en su lugar, nos narra una curiosa actuación de Jesús que nos deja desconcertados. Si el gesto sobre el pan y el vino tuvo tanta importancia para la primera comunidad, ¿por qué lo omite Juan? Y si realmente Jesús realizó el lavatorio de los pies, ¿por qué no lo mencionan los tres sinópticos?

No es fácil resolver estas cuestiones, pero tampoco debemos ignorarlas o pasarlas por alto a la ligera. Seguiremos haciendo sugerencias, mientras los exégetas no lleguen a conclusiones  más o menos definitivas. Sabemos que fue una cena entrañable, pero el carácter de despedida se lo dieron después los primeros cristianos. Seguramente en ella sucedieron muchas cosas que después se revelaron como muy importantes para la primera comunidad. El gesto de partir el pan y de repartir la copa de vino era un gesto normal que el cabeza de familia realizaba en toda cena pascual. Lo que pudo añadir Jesús, o los primeros cristianos, es el carácter de símbolo de lo que en realidad fue la propia vida de Jesús.

El gesto de lavar los pies era una tarea exclusiva de esclavos. A nadie se le hubiera ocurrido que Jesús la hiciera si no hubiera acontecido algo similar. Es una acción más original y de mayor calado que el partir el pan. Seguramente, en las primeras comunidades se potenció la fracción del pan, por ser más sencilla. Poco a poco se le iría llenando de contenido sacramental hasta llegar a significar la entrega total de Jesús. Pero esa misma sublimación llevaba consigo un peligro: convertirla en un rito estereotipado que a nada compromete. Aquí veo yo la razón por la que Jn se olvida de la fracción del pan. La explicación que da de la acción, lleva directamente al compromiso con los demás y no es fácil escamotearla.

Parece demostrado que, para los sinópticos, la Última Cena es una comida pascual. Para Jn no tiene ese carácter. Jesús muere cuando se degollaba el cordero pascual, es decir el día de la preparación. La cena se tuvo que celebrar la noche anterior. Esta perspectiva no es inocente, porque Jn insiste, siempre que tiene ocasión, en que la de Jesús es otra Pascua. Identifica a Jesús con el cordero pascual, que no tenía carácter sacrificial, sino que era el signo de la liberación. Jesús el nuevo cordero, es signo de la nueva liberación.

Los amó hasta el extremo. Se omite toda referencia de lugar y a los preparativos de la cena. Va directamente a lo esencial. Lo esencial es la demostración del amor. “Hasta el extremo” (eis telos) = en el más alto grado, hasta alcanzar el objetivo final. Manifestó su amor durante toda su vida, ahora va a manifestarse de una manera total y absoluta. “Había amado… y demostró su amor hasta el final”, dos aspectos del amor de Dios manifestado en Jesús: amor y lealtad, (1,14) amor que no se desmiente ni se escatima.

Dejó el manto y tomando un paño, se lo ató a la cintura. No se trata en Jn de la cena ritual pascual, sino de una cena ordinaria. Jesús no celebra el rito establecido, porque había roto con las instituciones de la Antigua Alianza. Dejar el manto significa dar la vida. El paño (delantal, toalla) es símbolo del servicio. Manifiesta cuál debe ser la actitud del que le siga: Prestar servicio al hombre hasta dar la vida como Él. Jn pinta un cuadro que queda grabado para siempre en la mente de los discípulos. Esa última acción de Jesús, tiene que convertirse en norma para la comunidad. El amor es servicio concreto y singular a cada persona.

Se puso a lavarles los pies y a secárselos con la toalla. El lavar los pies era un signo de acogida o deferencia. Solo lo realizaban los esclavos o las mujeres. Lavar los pies en relación con una comida, siempre se hace antes, no durante la misma. Esto muestra que lo que Jesús hace no es un servicio cualquiera. Al ponerse a los pies de sus discípulos, echa por tierra la idea de Dios creada por la religión. El Dios de Jesús no actúa como Soberano, sino como servidor. El verdadero amor hace libres. Jesús se opone a toda opresión. En la nueva comunidad todos deben estar al servicio de todos, imitando a Jesús. La única grandeza del ser humano es ser como el Padre, don total y gratuito para los demás.

¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Esta explicación, que el evangelista pone en boca de Jesús, nos indica hasta qué punto es original esa actitud. Retomó el manto pero no se quita el delantal. Se recostó de nuevo, símbolo de hombre libre. El servicio no anula la condición de hombre libre, al contrario, da la verdadera libertad y señorío. La pregunta quiere evitar cualquier malentendido. Tiene un carácter imperativo. Comprended bien lo que he hecho con vosotros, porque éstas serán las señas de identidad de la nueva comunidad.

Vosotros  me  llamáis  “Maestro” y “Señor” y decís bien porque lo soy. Jn es muy consciente de la diferencia entre Jesús y ellos. Lo que quiere señalar es que esa diferencia no crea rango de ninguna clase. Las dotes o funciones de cada uno no justifican superioridad alguna. Los hace iguales y deben tratarse como iguales. La única diferencia es la del mayor o menor amor manifestado en el servicio. Esta diferencia nunca eclipsará la relación personal de hermanos, todo lo contrario, a más amor más igualdad, más servicio.

Pues si yo os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Reconoce los títulos, pero les da un significado completamente nuevo. Es “Señor”, no porque se imponga, sino porque manifiesta el amor, amando como el Padre. Su señorío no suprime la libertad, sino que la potencia. El amor ayuda al ser humano a expresar plenamente la vida que posee. Llamarle Señor es identificarse con él, llamarle Maestro es aprender de él, pero no doctrinas sino su actitud vital. Sienten la experiencia de ser amados, y así amarán con un amor que responde al suyo.

Os dejo un ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Los sinópticos dicen, después de la fracción de pan: “Haced esto para acordaros de mí”. Es exactamente lo mismo, pero en el caso del lavatorio de los pies, queda mucho más claro el compromiso de servir. Lo que acaba de hacer no es un gesto momentáneo, sino una norma de vida. Ellos tienen que imitarle a él como él imita al Padre. Ser cristiano es imitar a Jesús en un amor que tiene que manifestarse siempre en el servicio a todos los hombres.

Es una pena que una vivencia tan profunda se haya reducido a celebrar hoy el día de la caridad. Tranquilizamos nuestra conciencia con un donativo de algo externo a nosotros, siempre de lo que me sobra, o por lo menos, que en nada compromete mi nivel de vida. Podemos aceptar que no somos capaces de seguir a Jesús, pero no tiene sentido engañarnos a nosotros mismos con ridículos apaños. Celebrar la eucaristía es comprometerse con el gesto y las palabras de Jesús. Él fue pan partido y preparado para ser comido. Él fue sangre (vida) derramada para que todos los que encontró a su paso la tuvieran también. Jesús promete y da Vida definitiva al que es capaz de seguirle por el camino que nos marcó. La misma Vida de Dios, la comunica a todo el que acepta su mensaje. No al que es perfecto, sino al que, con autenticidad, se esfuerza por imitarle en la preocupación por el hombre.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Jueves Santo 2018. 29 marzo, 2018

jueves, 29 de marzo de 2018
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pascua2018
Dios está aquí y yo no lo sabía.

Jacob es un personaje del libro del Génesis, un patriarca. Hijo de Isaac y hermano de Esaú. Esaú era el primogénito pero Jacob, con astucia y mentiras, despoja a su hermano de todos sus derechos. Esto provoca, naturalmente, el enfado de Esaú y Jacob tiene que huir. En su huida se encuentra con Dios en Betel (ahora hablaremos detenidamente de este lugar). Este encuentro es importante para Jacob pero no lo transforma. Después del encuentro se refugia en casa de su tío y prueba su propia medicina. Jacob saborea la mentira, el engaño de su tío Labàn. Durante 14 años Jacob servirá a Labàn antes de regresar a su casa y en el camino de vuelta se encuentra de nuevo con Dios, en Penuel y aquí sí, Jacob es transformado.

Podemos decir que Jacob vive una conflictiva e intensa experiencia de Dios.

Comienza robando el lugar de su hermano en la familia, huye para salvar su vida y retener la herencia sustraída con engaño. Pero su camino más que un viaje físico se convierte en un itinerario espiritual. Dios lo envuelve en su misterio y lo recrea en su amor. Dios lo espera en cada esquina, en cada acción sosteniéndolo y reconduciéndolo, esperando pacientemente que deje de sostenerse en sí mismo para abrazarse a él.

BETEL

Jacob salió de Berseba y se dirigió a Jarán. Acertó a llegar a un lugar; y como se había puesto el sol, se quedó allí a pasar la noche. Tomó una piedra del lugar, se la puso como almohada y se acostó en aquel lugar. Tuvo un sueño: una rampa, plantada en tierra, tocaba con el extremo el cielo. Mensajeros de Dios subían y bajaban por ella. El Señor estaba en pie sobre ella y dijo: —Yo soy el Señor, Dios de Abrahán tu padre y Dios de Isaac. La tierra en que yaces te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra; te extenderás a occidente y oriente, al norte y al sur. Por ti y por tu descendencia todos los pueblos del mundo serán benditos. Yo estoy contigo, te acompañaré adonde vayas, te haré volver a este país y no te abandonaré hasta cumplirte cuanto te he prometido. Despertó Jacob del sueño y dijo: —Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Y añadió aterrorizado: —¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que Casa de Dios y Puerta del Cielo. Jacob se levantó de mañana, tomó la piedra que le había servido de almohada, la colocó a modo de estela y derramó aceite en la punta. Y llamó al lugar Casa de Dios –la ciudad se llamaba antes Luz–. Jacob pronunció un voto: —Si Dios está conmigo y me guarda en el viaje que estoy haciendo y me da pan para comer y vestido con que cubrirme, y si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he colocado como estela, será una casa de Dios y te daré un diezmo de todo lo que me des.  (Gn 28, 10-22)

Betel es el eje de todo su camino, es donde recibe las promesas y adonde volverá para confesar la fidelidad de Dios. Tras su huida de la casa paterna Jacob experimenta la soledad, el miedo y en la noche Dios le hace sentir su presencia para regalarle lo que él había robado. Pero esto solo es el comienzo porque el regalo divino ha de ser acogido como don, pero Jacob todavía sigue mirándose a sí mismo. Dios se hace su compañero de camino y lo invita a un viaje hacia el interior. La debilidad de Jacob es el punto de partida para un encuentro liberador y rehabilitador de su persona. Dios le muestra su proyecto, pero lo impulsa a recrearlo y a hacerlo el centro de su existencia.

Jacob se sobrecoge ante el misterio de Dios que se le hace presente pero todavía duda, necesita confirmaciones que le aseguren que la revelación de Dios se cumplirá. En un sueño, el Dios de sus antepasados le hace la promesa sobre su futuro y sobre su presente, recibe de Dios asistencia y fidelidad. Él, por su parte, se compromete a hacer de Betel un santuario para el Señor, y sella este compromiso con un gesto simbólico: levanta la piedra y la unge. Es decir, derrama aceite sobre la piedra, de manera que esa piedra queda consagrada, queda convertida en altar.

Cada una de nosotras tenemos, en nuestro itinerario personal esos altares, esos lugares sagrados en los que nos hemos encontrado con Dios. Una mirada, una palabra, una persona, un atardecer… cada una de nosotras tenemos lugares, objetos o personas que se han convertido en altares porque nos han hecho descubrir que “Dios estaba AQUÍ”.

PENUEL

Pero volvamos con Jacob. Después de su encuentro con Dios su vida cambia, descubre una Presencia que lo acompaña, lo cuida y lo bendice, pero él todavía no ha aprendido a abandonarse. Jacob ha vivido importantes experiencias en casa de Labán. Se ha hecho rico, ha negociado y no ha dejado de ponerse a él el primero en todos los acontecimientos. Ahora, de regreso a su tierra natal, Dios vuelve a buscarlo y lo reta a un encuentro cara a cara con él.

Todavía de noche se levantó, tomó a las dos mujeres, las dos criadas y los once hijos y cruzó el vado del Yaboc. A ellos y a cuanto tenía los hizo pasar el río. Y se quedó Jacob solo. Un hombre peleó con él hasta despuntar la aurora. Viendo que no le podía, le golpeó la cavidad del muslo; y se le quedó tiesa a Jacob la cavidad del muslo mientras peleaba con él. Dijo: —Suéltame, que despunta la aurora. Pero Jacob respondió: —No te suelto si no me bendices. Le dijo: —¿Cómo te llamas? Contestó: —Jacob. Repuso: —Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y hombres y has podido. Jacob a su vez le preguntó: —Dime tu nombre. Contestó: —¿Por qué preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Jacob llamó al lugar Penuel, diciendo: —He visto a Dios cara a cara, y he salido vivo. Salía el sol cuando atravesaba Penuel; y marchaba cojeando –por eso los israelitas no comen el tendón del muslo de la cavidad del muslo hasta hoy, porque Jacob fue herido en la cavidad del muslo, en el tendón del muslo–.  (Gn 32, 23-33)

Jacob sigue sin estar contento consigo mismo, necesita reconciliarse con su pasado y de nuevo en la noche se experimenta solo y débil, con miedo a las represalias de su hermano y con un futuro incierto. El río que ha de traspasar se convierte en la frontera simbólica del cambio existencial que necesita dar a su vida. Penuel es el lugar de encuentro “cara a cara” con Dios. El encuentro se presenta como una lucha, un desafío. Al comienzo Jacob no sabe con quién lucha, pero el combate hasta el amanecer le va revelando de quién se trata. Dios lo coge por sorpresa, no le da tiempo a planear una estrategia y Jacob siente la amenaza, pero a la vez también la atracción. Hay certezas, pero a la vez oscuridad. Jacob lucha con Dios, pero en realidad lucha consigo mismo con su egoísmo, con su mentira, con el miedo a perder el control. El Señor le obliga a confesar su nombre, es decir, su pecado, su forma de ser y de actuar. El nombre de Jacob significa el suplantador. Tras la noche Jacob es una persona nueva, se ha dejado conquistar por Dios y recibe un nombre nuevo: Israel, símbolo de su nueva existencia marcada por la debilidad fortalecida y sus propias fuerzas derrotadas. La articulación dislocada de su muslo, su cojera, será el signo de lo que ha acontecido. Aquí queda enterrado el estafador embustero y nace una persona nueva. Con su fe y su oración Jacob/Israel ha superado la noche oscura; reconciliado con Dios, puede pedirle perdón a su hermano.

También nosotras hemos recibido un nombre nuevo: cristianas. Cristo significa el Ungido. Podemos ver esa lucha de Jacob en la que recibe la bendición de Dios como el aceite con el que un día, el día de nuestro bautismo, nos ungieron. Y también como el aceite que más tarde, en nuestra confirmación nos volvió a ungir. Hoy es un día muy propicio para volver a esos dos acontecimientos de nuestra vida, al bautismo y a la confirmación, ya que hoy en muchos lugares se reúnen el obispo, los sacerdotes y el pueblo para bendecir y consagrar los distintos aceites, óleos con los que se ungirá a los nuevos bautizados, confirmados, catecúmenos y enfermos.

Ungir es preparar, fortalecer, capacitar a alguien para algo. Algunos de los grandes personajes del Antiguo Testamento fueron ungidos para realizar distintas misiones, algunos eran reyes y profetas. Otros reyes, jueces y profetas. Otros sacerdotes y profetas… hasta que con el Nuevo Testamento, llega JESÚS. Jesús es el UNGIDO por excelencia, porque Él viene a realizar la gran MISIÓN. Jesús viene a SALVARNOS, a hacer de cada uno de nosotros hijos e¡ hijas de Dios. Y para realizar su misión recibe el ESPÍRITU SANTO. El Espíritu está presente desde el primer instante de la vida de Jesús; “María concibe por obra y gracia del Espíritu Santo.” Como nos cuenta Lucas al principio de su Evangelio. Será la Santa Ruah quien descienda sobre Jesús en el Jordán y quien le acompañe después al desierto. Jesús se sabe habitado por el Espíritu y por eso hace suyas las palabras de la profecía; “El Señor me ha ungido para proclamar la Buena Noticia…” Para Jesús el Espíritu es algo propio, por eso al Espíritu le llamamos también Espíritu de Jesús. Y porque es algo suyo puede ofrecerlo, Jesús promete enviar su Espíritu. El aceite con el que somos ungidas en el Bautismo, la Confirmación o la Unción de Enfermos representa la fuerza del Espíritu, la marca de Dios en lo más profundo de nuestros corazones. Y ahora que nos ponemos en marcha, ahora que nos decidimos, una vez más, a acompañar a Jesús en estos días de su Pasión, vamos a dejarnos ungir, como él mismo se dejó.

Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los Ázimos. (…) Estando él en Betania, invitado en casa de Simón el Leproso, llegó una mujer con un frasco de perfume de nardo puro muy costoso. Quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados: —¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haberlo vendido por trescientos denarios para dárselos a los pobres. Y la reprendían. Pero Jesús dijo: —Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena conmigo. A los pobres los tendréis siempre entre vosotros y podréis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no siempre me tendréis. Ha hecho lo que podía: se ha adelantado a preparar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, se mencionará también lo que ella ha hecho.  (Mc 14, 1. 3-9)

Para ayudar a la reflexión personal.

Sueño de Jacob, Betel “Casa de Dios” (Gn 28, 10, 22)

Después de leer el relato ¿Es mi debilidad lugar de encuentro con Dios? ¿Me siento regalada con una bendición y una promesa? ¿Cómo siento a Dios compañero de camino? Rememoro junto a Dios los momentos en que me he sentido atraída por Dios, pero no acababa de confiar en él. ¿Cuáles son mis resistencias? Todos los altares son etapas de un camino que sigue abierto, dirigido hacia el futuro que marcan las promesas. Recorre los altares de tu historia personal con un corazón agradecido.

Jacob lucha con Dios, Penuel “Cara de Dios” (Gn 32, 23-33)

Jacob teme encontrarse con su hermano porque es consciente de su pecado. ¿Qué pecados, qué miedos necesito poner delante de Dios para poder acercarme a mis hermanos?

La cojera de Jacob se convertirá en el signo de su encuentro con Dios, de su bendición, ¿cuál

es tu cojera, esa herida por la que Dios ha entrado en tu vida y te ha dejado marcada para siempre?

El aceite con el que un día nos ungieron en nuestro bautismo o en nuestra confirmación es el símbolo del Espíritu, de la Santa Ruah. Es la fuerza que hemos recibido para responder al proyecto que Dios tiene sobre cada una de nosotras. ¿Cómo recibo el proyecto que Dios ha puesto en mi vida?

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Se levantó de la mesa…

jueves, 29 de marzo de 2018
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041317-jn-13-1-15-660x330En la noche en que iba a ser entregado, Jesús realizó un gesto insólito: se levantó de la mesa distanciándose del lugar reservado a quienes presiden y se situó en el de los que, entonces y ahora, pertenecen a la categoría de “los que sirven”. Sabía que el lugar en que estemos situados condiciona nuestra mirada y por eso tomó distancia y adoptó la perspectiva que le permitía percibir otras dimensiones de la vida. Desde ese lugar se toca de cerca el barro, el polvo, el mal olor, la suciedad…, todo eso de lo que los sentados a la mesa creen estar a salvo o sencillamente ignoran y desprecian. A ras del suelo y en contacto con los pies de los demás, se produce un cambio de plano que revela lo elemental de cada persona, su desnudez, las limitaciones de su corporalidad. Y miradas desde ahí, cualquier pretensión de superioridad o dominio se descubre como ridícula y falsa.

Desde aquel lugar, el de “uno de tantos”, él veía cerca y dentro a los que otros consideraban lejos y fuera y, en cambio, los de arriba resultaban estar abajo. Porque para él los más, los mayores y los importantes eran aquellos que a nuestros ojos son menos. El lugar en que había decidido situarse había creado esta “revolución de adverbios” que tanto nos sobresalta y a la que tanto nos resistimos. La sola posibilidad de ese desplazamiento nos resulta amenazadora porque nos saca del terreno de lo conocido y nos invita a descubrir nuevos significados que no coinciden con los que consideramos evidentes. Y sin embargo él se lo exigirá a quien quiera seguirle: tendrá que estar dispuesto, lo mismo que él, a “no tener dónde reclinar la cabeza”, a ir más allá de todo aquello en lo que la cabeza (la de ellos y la nuestra) “se reclina”, descansando en lo que se cree saber, controlar o dominar.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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Contemplar y comprender.

jueves, 29 de marzo de 2018
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lavatorio-5Hermanos, hoy Dios se nos revela como servidor. Quiere reunirnos, sentarnos a su mesa, lavarnos los pies y mirarnos a los ojos y al corazón. Oremos.

Jesús, danos ojos para contemplar y comprender

Jesús nos reúne porque no quiere que faltemos ninguno a la fiesta. Nos reúne porque nos ve y siente dispersos. Nos reúne y nos quiere estrechar contra su pecho, como al discípulo amado. Le gusta vernos aquí, formando comunidad.

Jesús, danos ojos para contemplar y comprender

Jesús nos sienta a su mesa porque es un signo de su amistad y confianza; porque nos ve débiles, pobres y hambrientos. En su mesa hoy nos sentimos personas con dignidad, hijos, hermanos, familia, y él sirve y se da, para que no nos conformemos con lo que tenemos y compartamos con los que no tienen.

Jesús, danos ojos para contemplar y comprender

Jesús, nos lava los pies. Es su forma de decirnos quién es él y cómo nos ama él. Es para decirnos que el amor no tiene reparos en tirarse al suelo y llegar hasta lo más bajo. Es para decirnos que el amor está hecho de esmero y ternura; de pasta recia y sufrida. Es para que comprendamos que el amor duele.

Jesús, danos ojos para contemplar y comprender

Jesús nos mira a los ojos y al corazón. Hablar de amor y entrega, de siervos y esclavos, de dignidad y vida sólo puede hacerse mirando a los ojos y al corazón; poniendo al descubierto lo que El es y lo que somos nosotros. Deja actuar hoy a Jesús…

Jesús, danos ojos para contemplar y comprender

Padre bueno, el Evangelio de hoy es, no sólo una llamada e invitación a amar rompiendo todos los límites, sino también la experiencia de lo que es sentirse amados por un amor sin medida, gratuito y entrañable como es el tuyo. Te damos gracias Padre, por ponernos delante a tu hijo Jesús.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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La Iglesia nace del lavatorio de los pies, no del poder

jueves, 29 de marzo de 2018
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lavanda-dei-piediDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. JUEVES SANTO.
El Jueves Santo es como un mosaico compuesto por muchos contenidos y de muchas resonancias: la libertad (el Éxodo), la Eucaristía, el servicio en la iglesia y en la vida, el amor, etc.

Son grandes valores que construyen bien la existencia humana personal y comunitaria.

02. PECULIARIDADES DEL EVANGELIO DE JUAN.

El relato de la última Cena en el evangelio de Juan comienza con una gran solemnidad.
Jesús reunido con los suyos.

Consciente de su cercanía con Dios: viene del Padre y a Él vuelve.

Ha llegado la HORA.

Se quita el manto de SEÑOR y se ciñe la toalla de SIERVO.

Se pone a LAVAR LOS PIES de sus discípulos.

En la Última Cena del evangelio de Juan no se hace mención a la Eucaristía (como la hacen los sinópticos). Más bien San Juan sitúa la Eucaristía en la multiplicación de los panes (Jn 6). Ahí es donde JesuCristo se presenta como PAN DE VIDA: Yo soy el pan que ha bajado del cielo, quien coma de este pan, vivirá para siempre.

En la última cena según san Juan se ponen de relieve: El lavatorio de los pies y el mandamiento del amor.

03. EL LAVATORIO DE LOS PIES.

El lavatorio de los pies ha quedado relegado a un mero rito litúrgico del jueves santo. Pero el gesto de Jesús de lavar los pies a los suyos es un momento fundacional de la Iglesia.

En el lavatorio de los pies está “naciendo” la comunidad cristiana. Hay iglesia de Jesús donde hay creyentes, personas que se ayudan y sirve humildemente unos a otros.

El poder no es un valor cristiano (puede que desempeñe alguna función en la sociedad, pero no es especialmente humanista, ni cristiano). El superhombre (Nietzsche) y la prepotencia están muy distantes del Evangelio de Jesús y del humanismo.

Pedro no entiende nada de lo que allí se está gestando, por eso dice: tú no me lavarás los pies jamás … El poder no entiende de servicio.

Por desgracia el poder ha tenido un terreno abonado en los estratos eclesiásticos. Basta mirar la historia y la realidad eclesiástica: cargos y puestos en la iglesia, en las diócesis, puestos, diócesis y parroquias de mayor rango, etc.

El papa Francisco no se cansa de luchar contra el “carrerismo” en la Iglesia. Sin embargo muchos obispos, curas, cardenales, etc. viven ansiando un puesto mejor, una diócesis de “más rango” (¿), etc. Todo “perfectamente antievangélico y anticristiano”.

Una iglesia, una jerarquía, (curias, congregaciones, comunidades, etc.) que vivamos en una dialéctica y búsqueda de poder, de puestos y sedes, estará -estaremos- muy lejos de ser la iglesia de Jesús.

Cristo responde a Pedro (poder): Si no te lavo los pies no tienes nada que ver conmigo.

Solamente entiende lo que allí está ocurriendo quien ama, es decir: el Discípulo Amado.

La iglesia de Jesús nace y está allá donde unas personas se ayudan y se sirven unos a otros entre sí y a los demás.

04. EL AMOR A LOS SUYOS: DISCÍPULOS AMADOS.

El evangelio del lavatorio comienza con la solemnidad propia del estilo literario de san Juan: sabiendo Jesús que había llegado su hora, amando a los suyos, los amó hasta el final …

Jesús ama a los suyos, es decir: a todos. Los suyos aparece ya al comienzo del evangelio, Jesús vino a los suyos (Jn 1,11). Todos somos suyos

Somos Discípulos amados.

La figura del Discípulo Amado, comienza a aparecer en la Última Cena.

Somos discípulos si amamos y nos amamos, si nos respetamos, nos ayudamos unos a otros: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros. (Jn 15,9-10).

 El amor es esencial para ser humano (“la ley de la selva vive con otro código”). El amor es el medio y la meta de la vida humana.

 Vivir es amar. Quien no ama, permanece en la muerte, (1Jn 3,14). Los sentimientos de rencor y venganza nos hacen daño a nosotros mismos y a los demás.

 En algunos momentos de la vida podemos vivir situaciones fuertes, quizás afrentas. Es momento de dejarse amar por Dios en la profundidad de nuestro ser. Hemos de pensar y profundizar en nuestra vida hasta encontrarnos con el amor. Dios es amor, hasta sentir el amor como lo último y definitivo. Lo más profundo de la vida es el amor.

 El amor tiene consecuencias eclesiales. Sería hermosa una Iglesia que fuese un hospital de campaña donde se curan heridas. Sería muy cristiano y muy hermoso que nuestra diócesis viviera desde el lavatorio de los pies y desde el amor. En la comunidad del Señor no puede tener cabida la condenación, la descalificación, la condena.

 En estos momentos de dificultades eclesiales en nuestra diócesis nos hará bien a todos volver a la fuente, al origen, a Cristo. El centro de la iglesia es Cristo, no la jerarquía. El eje eclesial es el servicio el amor, no la ultraortodoxia y el fanatismo. La Iglesia es la asamblea de misericordia, de bondad, de respeto a las personas

 El amor (y el perdón) tienen repercusiones sociopolíticas: ¿cómo se van a solucionar -si no- los problemas raciales, los viejos rencores de nuestros pueblos y gentes? El odio u la venganza hurgan más las heridas. El amor reconcilia.

 Os conocerán no por el orden jerárquico, ni por la precisión de vuestras reuniones litúrgicas o doctrinales, ni por vuestro Derecho Canónico, ni por el catecismo. Os conocerán porque os amáis unos a otros. Jn 13,35: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros.

 El amor reviste muchas variantes según las diversas circunstancias de la vida: a veces es caridad, otras comprensión, perdón, en algunos momentos olvido, siempre discreto. San Pablo decía:

El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1Cor 13,4-7)

Permaneced en mi amor. (Jn 15,9)

05. MOMENTO ECLESIAL Y POLÍTICO

En nuestra diócesis y en nuestro pueblo la comunión eclesial, la paz y el amor (perdón) no están en un momento especialmente álgido.

La situación de nuestra diócesis es de división y enfrentamiento en el pueblo, en sus sacerdotes, en su jerarquía. Es evidente que la comunión eclesial, si existe, está en crisis. Esta situación está causando tristeza, desmotivación y muchos cansancios y canseras en muchos de nosotros.

El amor, perdón, pacificación tampoco están muy presentes en la vida sociopolítica

Los cristianos celebramos el jueves santo que es bueno vivir en la libertad del Éxodo, en caridad y amor. Entonces podremos celebrar la Eucaristía.

Permaneced en mi amor

Os he dado ejemplo, haced vosotros lo mismo

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Mateo 6. Semana Santa 2: Servidores y amigos (contra el poder y la hipocresía)

martes, 27 de marzo de 2018
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29026181_947642415412951_8567517690470133571_nDel blog de Xabier Pikaza:

El tema ha sido desarrollado por Mt 23, 2-12, en centro de una durísima polémica, que no se eleva contra los judíos como tales, sino contra un tipo de judíos y cristianos que entienden la vida como ejercicio de dominio de unos sobre otros.

Estos versículos elevan su condena en contra una forma de ejercer su autoridad, entendida y desplegada con hipocresía, es decir, con separación entre palabra y vida. Ellos (y todo Mt 23) no plantean ninguna acusación dogmática, esto es, doctrinal; ningún rechazo por la forma de entender a Dios o de enfrentarse a Jesucristo, sino una reflexión y condena retórica contra una manera de asumir y ejercer la autoridad que Mateo atribuye a los escribas y los fariseos, a los que, por otra parte, él considera como autoridad legítima:

‒ En este pasaje, los cristianos de Mateo aceptan en principio la autoridad judía, pero rechazan la hipocresía de algunos escribas y fariseos de ese momento (en torno al 85 dC), criticando su separación entre enseñanza y vida, su falta de transparencia: No son lo que dicen (representan), haciéndose infieles a la tradición de su verdad judía, porque anhelan el poder y los primeros puestos, convirtiendo la piedad en medio para el triunfo propio.

‒ Para responder a su raíz judía, pero en la línea de Jesús, los cristianos han de vivir en igualdad y transparencia; nadie entre ellos puede ser padre o maestro; todos han cumplir de cumplir la exigencia de la ley originaria y la verdad del judaísmo. De esa manera, este panfleto anti-rabínico de Mt 23 es un discurso a favor del verdadero judaísmo, parecido al que encontramos en otras críticas judías de aquel tiempo.

Estos versos (y todo Mt 23) condenan a los escribas y fariseos porque, en conjunto, ellos eran los más cercanos al cristianismo. En esa línea, bien leído, a pesar de la dureza de sus críticas, este capítulo constituye un homenaje al judaísmo fariseo, que ha sido capaz de recrear las tradiciones judías, aunque, al mismo tiempo, él (Mateo) condene de forma apasionada y retórica (¡injusta!) algunos de sus riesgos negativos.

Ciertamente, como he destacado, los cristianos de Mateo aceptan la interpretación petrina de la ley (16, 19) y la autoridad disciplinar de sus comunidades (18, 15-29), pero eso no les separa de otros grupos judíos regidos por escribas y fariseos, cuya autoridad admiten, aunque a su juicio no sean buen ejemplo, pues “no hacen lo que dicen”.
Éste es el evangelio del amor como servicio mutuo,que el el evangelio de Juan presentará como clave del Jueves Santo.

1. En la cátedra de Moisés se han sentado… (23, 2-7).

Este pasaje nos sitúa ante un tema clave de la identidad cristiana, en un momento en que la iglesia corre el riesgo de convertir el camino de Jesús en una carrera de honores:

23 2 En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos; 3 cumplid, por tanto, y guardad todo lo que os digan, pero no hagáis según sus obras, pues dicen y no hacen 4 Pues pesan cargas pesadas (e incapaces de soportar) y las echan a las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.5 Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y alargan los flecos; 6 buscan el primer puesto en los banquetes y la primera cátedra en las sinagogas, 7y los saludos en las plazas, y que los hombres le llamen Rabí (Mt 23, 5-7).

Mateo reconoce la autoridad magisterial de los escribas y fariseos (representantes de la tradición de Moisés), no sólo porque los seguidores de su evangelio vivían (o habían vivido) al interior de las comunidades judías, organizadas por intérpretes de la ley (escribas), siguiendo el ejemplo de los fariseos (testigos de un compromiso fuerte de pureza), sino porque su camino sigue siendo básicamente judío. En esa línea, al aceptar la autoridad de los maestros judíos, aunque negando su ejemplo (haced lo que dicen, no lo que hacen), Mateo defiende una continuidad básica con ellos, de forma que en principio, su Iglesia no despliega instituciones propias, pues se despliega desde el mismo judaísmo, en apertura mesiánica, aunque en contra de cierto rabinismo.

Mateo no propone, pues, un choque frontal, una salida violenta, sino una transformación interior, en defensa de aquellos a quienes escribas y fariseos están imponiendo una carga muy severa. No les critica para negarles, sino para invitarles a cambiar, pues están asumiendo un tipo de poder sobre las comunidades que, a su juicio, es negativo. Estamos pues ante un conflicto de autoridad y pertenencia. En esa línea, la crítica contra escribas/fariseos se dirige, al mismo tiempo, en contra del riesgo de algunos cristianos en la iglesia.

El mayor problema que Mateo ha visto en las comunidades es la hipocresía, el hecho de que se eleven en ellas unos vigilantes, imponiendo sobre los pequeños unos cargas y pesos que ellos no soportan. De esa forma condena un riesgo que él advierte en algunas comunidades regidas por escribas y fariseos, donde el purismo (a su juicio falso) de los dirigentes desemboca en la opresión de los pequeños, un pecado que él había destacado en el discurso eclesial (Mt 18), pues no se encuentra sólo en los judíos de fuera, sino también en los cristianos.

Mateo no ha inventado este reproche, sino que lo ha tomado del Q (cf. Lc 11, 46) y especialmente de Mc 12, 38-39, lo que indica que el problema surgió pronto en ciertos grupos, en un tiempo en que muchos cristianos seguían integradas en las sinagogas, y no se habían independizado de ellas, formando así comunidades mixtas. Ni los cristianos habían abandonado del todo las sinagogas judías, ni los judíos de tendencia rabínica se habían cerrado aún de un modo exclusivista, como harán más tarde al condenar a los “minim” o herejes (entre los que estarán después los cristianos).
Se trata pues de un problema de organización, que Mt 18, 15-20 había ya querido superar en claves de comunidad fraterna, dentro de un contexto donde los cristianos iban desarrollando sus principios de interpretación bíblica y comunitaria a partir del recuerdo y figura de Pedro (16, 17-19), en el mismo interior del judaísmo. Pues bien, en contra de esa fraternidad de iguales, algunas comunidades rabínicas, a las que se encuentran asociados los cristianos, están creando (conforme a las acusaciones de Mateo) un sistema de honores, con los siguientes rasgos:

‒ Poder de apariencia, hipocresía: “Dicen y no hacer…Hacen las cosas para ser vistos” (23, 5). Antes, en un contexto donde todos, en general, eran judíos, no había que acentuar los distintivos exteriores; cada uno “era lo que era”, y no tenía necesidad de decirlo expresamente (a no ser los sacerdotes de Jerusalén en un contexto de celebración). Ahora algunos sienten la necesidad de destacarlo, vistiéndose de un modo distinto, para que los otros les vean, interpretando la apariencia como verdad, en contra de la palabra clave del evangelio, donde se dice que la Palabra se hacer Carne, esto es, se revela, se manifiesta de un modo trasparente. La identidad entre ser y aparecer, eso es el evangelio. La oposición entre ser y aparecer, eso es la mentira, la hipocresía.

‒ Poder de presidencia: “Buscan los primeros asientos en los banquetes y las primeras cátedras en las sinagogas” (23, 6). La apariencia se muestra así como “autoridad fingida”, no la autoridad de la vida y del propio pensamiento/amor, sino la que se logra a través de un tipo de mentira organizada y egoísta. Surge así una religión hecha de autoridad en las comidas y reuniones, en las que, más que el diálogo personal y la ayuda mutua (comunicación entre iguales, desde los más pequeños, como había puesto de relieve Mt 18), importa un tipo de estratificación social. Ciertamente, éste es un riesgo de muchas comunidades instituidas (no sólo judías y cristianas), y así puede verse en grupos religiosos de diverso tipo, pues la crítica de Mateo se dirige no sólo a los escribas/fariseos, dirigentes de las comunidades judías en general, sino, y sobre todo, a los cristianos.

‒ Honor y poder social: “Y los saludos en las plazas, y que los hombres les llamen Rabí” (23, 7). Poder significa honor y afirmación pública en la sociedad antigua, un reconocimiento que tiene tanta importancia como la riqueza económica, con la que se vincula (cf. 6, 19-34 y 19, 16-30). Éste no es sólo un tema de pequeña moralidad para administradores eclesiales, sino un problema básico de institución comunitaria. De esa manera, el mensaje mesiánico, dirigido a los pobres y excluidos, a los que Jesús ha querido ofrecer toda la dignidad (cf. Mt 18), se convierte en un medio para el establecimiento de nuevas y más hondas desigualdades, fundadas en motivos religiosos.

Mateo no condena el buen judaísmo de la honradez y devoción profunda, ni el buen cristianismo del seguimiento de Jesús, sino un mal judaísmo y un cristianismo hecho de gestos y formas externas, que está surgiendo en ese tiempo (en torno al 85 dC) como amenaza para unos y otros. El poder de los vestidos (con su posible magia sacral) ha tardado más en introducirse en las iglesias cristianas; pero el honor y poder en banquetes y reuniones doctrinales se ha extendido en ellas más que en las sinagogas en las que nunca ha logrado imponerse (hasta el día de hoy) un tipo de monarquía episcopal (ni una oligarquía presbiteral), pues la autoridad básica ha seguido estando en manos de todos los miembros (varones) de las comunidades.

2. Ni rabino, ni padre, ni director (Mt 23, 8-12).

En la línea anterior, desde el interior del mismo judaísmo (en diálogo con el rabinismo de escribas y fariseos), el Jesús de Mateo ha roto los esquemas de dominación de la sociedad jerárquica de su entorno, para crear una fraternidad igualitaria y universal donde son importantes los ancianos (padres) como necesitados (personas), pero no como portadores de un poder que margina o rechaza a los impuros y pobres. En ese contexto se sitúan tres normas básicas, establecidas de forma negativa (no, no, no…: 23, 8-10), aunque con un fondo poderosamente positivo, para destacar la importancia de la fraternidad (cf. 18, 15-20), tal como se ratifica después, cuando se diga: ¡El que se eleve será humillado… (23, 10-11):

23 8 Pero vosotros no os dejéis llamar rabino, porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis a ninguno de vosotros padre en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. 10 Ni dejéis que os llamen director, porque uno es vuestro director, el Cristo.

Esta palabra recoge la doctrina central de la iglesia de Mateo, estableciendo, al mismo tiempo, una crítica en contra de un tipo de escribas/fariseos de sinagoga o de Iglesia, que tienden a convertir las comunidades en estructuras jerárquicas de poder. En esa situación recoge Mateo la mejor tradición anti-jerárquica del Antiguo Testamento, reinterpretada desde el mensaje de Jesús (cf. 20, 20-28). Este pasaje, profundamente evangélico, define, en clave negativa, las relaciones que deben establecerse en una iglesia donde no ha de haber rabinos, padres o dirigentes:

‒Nos os dejéis llamar Rabi. Contra el poder de magisterio (23, 8). El judaísmo que empieza a reconfigurarse tras la caída del templo (70 dC) se define como federación de sinagogas, y se constituye en torno a los rabinos, maestros, que recrean la tradición y se elevan como autoridad, para ser así reconocidos (ratificados) más tarde por la Misná. La palabra Rabi/Rabbino es una transliteración del hebreo rab: mucho, grande, y significa propiamente “mi grande”, mi Honorable Señor (Mon-Señor).

Los Rabinos judíos empezaban a destacar por su “saber” de Libro, en línea de hermenéutica textual (legal) y de fidelidad a las tradiciones que conforman la identidad del pueblo. El nuevo judaísmo que ellos recrearon, tras el 70 dC (y que ha durado hasta nuestros días) ha sido federación de sinagogas, con maestros que dirigen la vida del pueblo, sin obispos o señores sacrales como aquellos que han surgido y triunfado después en la comunidad cristiana. Humanamente, muchos rabinos han enseñado de un modo ejemplar, en diálogo y respeto, sencillez y estudio, entre las diversas escuelas de la tradición nacional judía.

A pesar de ello, Mateo ha rechazado en su Iglesia ese modelo de autoridad, que parece nacer de los mismos dirigentes a quienes les agrada que les llamen rabinos. Así les dice Jesús, precisamente a ellos “no os dejéis llamar (mh. klhqh/te, subjuntivo aoristo pasivo) rabinos”. Mateo no condena a los “fieles ordinarios” (¡que no llamen rabino a nadie!), sino a los dirigentes, para que no se dejen llamar de esa manera, pues en la comunidad de Jesús no existe más rabino (Didascalos, Maestro) que Jesús, que instituye el rabinato de la vida, propio de aquellos que enseñan con la entrega personal, como vamos viendo desde 16, 21.

‒ Y no llaméis a ninguno de vosotros Padre. Contra un poder patriarcal (23, 9). Jesús no quiere que en la iglesia haya padres que impiden descubrir al Padre del cielo (y convierten a los demás en menores en un sentido no cristiano). Esta palabra no se dirige a los “pretendidos rabinos” de fuera, sino a los miembros de la comunidad a los que ella manda que no llamen “padre” a nadie entre vosotros (u`mw/n). Al decir “no llaméis a nadie padre”, Mateo supone que algunos lo están haciendo, de manera que empieza a surgir en la iglesia una veneración jerárquica, dirigida a algunos que quieren hacerse “padres” de la comunidad, o de otros creyentes (que aparecen de esa forma como inferiores o subordinados).

El Jesús de Mateo se opone de forma tajante a esa exigencia “patriarcal” dentro de la comunidad, recuperando la mejor tradición cristiana (que no hablaba de padres, cf. Mc 12, 46-48), no para negar a los padres de familia (que, a diferencia de Mc 10, 30, aparecen en Mt 19, 29), sino para recrear la iglesia en línea de comunión. La comunidad cristiana no se entiende como “sistema” de paternidad-filiación, sino de fraternidad universal, y el símbolo “padre” se reserva sólo para Dios, de manera que ningún creyente puede realizar funciones de padre o superior respecto de otro.

‒ Directores, poder de guiar a los demás (23, 10). No ha de haber tampoco en la Iglesia directores, katheguetes (kaqhghtai, personas que guíen y dirijan a otras), con poder de marcar el camino a los demás, asumiendo así una autoridad particular, como instructores o líderes de otros. El kathêgetes es alguien que va por delante, que “adoctrina” a los demás y que se arroga el poder de dirigirles. Esa palabra y función tiene un sentido cercano al de maestro, aunque con un matiz de dirección socio/personal más que de mando doctrinal, en línea helenista. Pues bien, en contra de la advertencia de Mateo, la tradición posterior de la Iglesia hablará de esos kathegetas/catequetas como obispos de las comunidades, con un poder de orientación (dirección comunitaria) no simplemente doctrinal, actuando así como entrenadores, bajo cuya dirección han de ponerse el resto de los creyentes.

El katheguetes, dirigente no es simplemente un grande (rabí) que tiene más sabiduría o un padre, que está por encima, sino alguien que, además, quiere guiar a la comunidad, pudiendo convertirse en iniciador jerárquico de otros. Al prohibir que algunos actúen como kathegetas, el Jesús de Mateo afirma que cada creyente puede y debe vincularse de manera directa e inmediata a Cristo, que es el verdadero kathegeta de aquellos que creen en él. En esa línea, de una forma sorprendente, el evangelio de Mateo insiste en un tema que ha sido intensamente desarrollado por la comunidad del Discípulo Amado.

Las tres advertencias se entienden de un modo unitario: la primera (sobre los rabinos) y la tercera (sobre los dirigentes) resultan paralelas; en el centro queda la alusión contra aquellos que actúan como padres, ignorando que el único Padre verdadero es Dios. En contra de una tendencia, normal en nuestras sociedades, Jesús no ha fundado un grupo de rabinos y sabios, pues quiere que todos los miembros de su iglesia sean hermanos (se vinculen directamente entre sí). Nadie puede elevarse como director o guía, intermediario o bróker de los otros, pues todos tienen acceso directo a Dios Padre y al Cristo que es Rabi y Kathêgêtês de cada uno de sus fieles.

Conforme a la visión de Mateo, el judaísmo rabínico, entendido como religión de Ley y Libro, necesita intérpretes, rabinos/catequetas que ejerzan la función de padres. Pues bien, en contra de eso, el evangelio de Mateo propone una religión de encuentro personal con Cristo, sin necesidad de rabinos/padres/catequetas que se impongan sobre los demás. El objetivo de la iglesia de Mateo no es crear estructuras que funcionen bien (con buenos mandos), ni es superar a las demás instituciones en conocimiento o número, sino expandir y celebrar gratuitamente la gracia y el amor de Cristo, buscando el bien de todos (incluso de los otros grupos sociales) tanto o más que el propio. El objetivo de la Iglesia es ofrecer un testimonio y camino de fraternidad, no la creación de una buena empresa socio-religiosa. Por eso, al final de este pasaje, Mateo vuelve (como indicaré) a su doctrina fundamental, que sido desarrollada en los pasajes sobre los niños: El mayor de todos sea vuestro servidor, pues el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado (19, 13-15).

3. El mayor entre vosotros sea vuestro servidor… (23, 11-12).

Estos versos forman la conclusión y fundamento de las tres sentencias anteriores sobre los rabinos, padres y dirigentes, en la línea de Mc 10,41-45 (respuesta de Jesús a los zebedeos: Mt 20, 26-28) y de la tradición del Q (el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado: Lc 14, 11; 18, 14)

23 11 El más grande entre vosotros sea vuestro servidor. 12 Pues el que se eleve a sí mismo será humillado; y el que se humille será elevado.

Estas palabras transmiten una experiencia clave de Mateo, que aparece no sólo en los textos sobre los pequeños y los niños (18. 1-5; 19, 13-15), sino en la invitación radical al seguimiento, tras la confesión de Pedro (16, 24-28). Sólo en el espacio de comunión mesiánica abierto por Jesús en su camino hacia Jerusalén recibe sentido esta llamada a la fraternidad real y radical, que sólo puede surgir y mantenerse allí donde se invierte el fundamento jerárquico de las instituciones del entorno social donde los que mandan dominan a sus subordinados y se aprovechan de ellos (cf. 20, 20-28).
Este motivo, que proviene de la tradición israelita, radicalizada por Jesús, parece negativo y condenatorio y sin embargo resulta extraordinariamente positivo, pues no implica odio o rechazo de los grandes (rabinos-padres-directores), sino inversión creadora. Por eso afirma que el más grande (mei,zwn) tiene lugar e importancia en la comunidad, pero sólo en la medida en que se convierta en servidor de los demás (dia,konoj u`mw/n). No se trata de que la comunidad esclavice al grande, le rebaje y le obligue a humillarse, sino que el grande, por sí mismo, ha de hacerse servidor de los demás, descubriendo y realizando su auténtica grandeza, como el Hijo del Hombre que ha querido dar la vida, regalarla, como redención (lu,tron: 20, 28), es decir, como potencial transformador, a favor de los demás. Esta es la “inversión” del grande, que no es destrucción, sino confirmación de su grandeza, puesta de esa forma al servicio de los demás, como ratifica la sentencia posterior, de tipo paradójico: El que se eleva será abajado, el que se abaje será elevado (23, 12).

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Hay que salvar a Dios

lunes, 26 de marzo de 2018
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Del blog de la Communion Béthanie:

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras del abbé Pierre: “Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto.

Os invitamos a seguir con Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua …

 

Cristo en Auschwitz

Hay que salvar a Dios

Porque la Pasión de Jesucristo revela en el tiempo el amor eterno de Dios para con el hombre, Dios será eternamente crucificado mientras haya un único ser, una sola criatura que diga no. No hay parcialidad en Dios. Dios no es una madre que discierne entre sus hijos; cada criatura es el objeto de una ternura infinita y, mientras haya una sola que no sea recogida en las cosechas eternas, Dios será crucificado. Esto es el Infierno, el Infierno de Dios, el Infierno en la luz de la Cruz, el Infierno al cual condenamos a Dios y del cual absolutamente hay que librarlo. Es la única manera de escuchar la llamada de la Cruz. No se trata de un sacrificio ofrecido a Moloch por un inocente acosado y abandonado, se trata de esta inocencia del Dios revelado en Jesús. Se trata de la Pasión de un Dios que es madre, infinitamente más que todas las madres, y cuya justicia maternal contiene esta sustitución de la inocencia infinita a la culpabilidad ilimitada. Y si esto es verdad,  hay que revertir absolutamente todas las perspectivas: no es a nosotros, es a Dios a quien hay que salvar.  Hay que salvar a Dios de nosotros mismos, como es necesario salvar la música de nuestro ruido, la verdad de nuestros fanatismos y el amor de nuestra posesión. La Cruz finalmente es la cicatrización de todas las heridas que Dios noha cesado de sopotar en el curso de la Historia, ya que todos los males y las catástrofes que afectaron el Universo, la Vida y la humanidad, fueron otras tantas heridas en el Corazón de Dios.

David Trullo+Ecce Homo

Señor Jesús, Tú que consentiste que te hirieran, gracias por venir para habitar mi gran herida. Dame la gracia de abandonarme en Ti en la confianza, Tú que conoces el peso de los días y la dureza del camino …

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Maurice Zundel
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Mt 5. Semana Santa 1: Bienaventuranzas, una procesión de felicidad

lunes, 26 de marzo de 2018
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29026413_947635582080301_5500696618320610891_nDel blog de Xabier Pikaza:

Sigo ofreciendo los textos básicos de mi curso sobre Mateo, y hoy (ante el domingo de Ramos y de la purificación del templo) quiero recoger el tema de las bienaventuranzas, que son la clave de ese evangelio y de toda la vida cristiana, presentándolas en forma de Procesión (en la línea de las que «salen» a la calle estos días, para recordar y actualizar el misterio de la vida, muerte y resurrección de Cristo, en numerosos lugares del mundo).

El evangelio de Mateo ha reinterpretado las tres primeras bienaventuranzas de Lucas (Lc 6, 20-21), desde la perspectiva de su propia iglesia (hacia el 80 d. C.), presentándolas como un programa (un proceso-procesión) de felicidad cristiana.

— Ciertamente, son palabras de anuncio gozoso de Reino: Un programa de Dios, que es la felicidad (sumo Bien, sumo Alegría) de Dios, de su vida como Gracia. Se trata de salvar el mundo por la alegría y la belleza, como han sabido los grandes cristianos, desde San Francisco hasta Dostoievsky.

images— Al mismo tiempo, ellas ofrecen el curso más hondo de vinculación eclesial y de pacificación del hombre, en línea cristiana, siguiendo el curso sobre el Evangelio de Mateo que he desarrollado en Córdoba, ARG. Se trata de aprender a ser felices, y de serlo en el centro de un mundo angustiado por el miedo, la injusticia y la culpa.

Las bienaventuranzas recogen el tema central del mensaje de Jesús: Cómo ser felices, haciendo felices a los demás, en un camino de descubrimiento de Dios y de comunión creadora de vida con los demás:

Un tipo de Iglesia ha podido pactar con los poderes fácticos, convirtiéndose en pura sacralización de lo que hay (poder, dinero, y mentira de la , y espiritualizando así de un modo falso el mensaje de Jesús, en un mundo dominado por las tras concupiscencias: de los ojos, de la carne y de la vida (1 Jn 2, 16-17).

Pero las cuatro bienaventuranzas de Lucas (con las ocho de Mateo) presentan un mensaje universal de comunión y pacificación cristiana, en línea económica y social, mesiánica y teológica. Entendidas así, las bienaventuranzas son una gran protesta de vida: Ojos nuevos para ver, carne nueva para sentir y compartir, vida para crear.

images1Aquí suponemos conocidas las primeras bienaventuranzas de Lc 6, 20-21 (pobres, hambrientos, los que lloran y los perseguidos). Mateo parte, sin duda, de ellas, o de la tradición que está en su fondo, pero aumenta su número hasta ocho y las presenta como un programa de vida y de pacificación cristiana, en clave de Iglesia, y en esa línea las presentamos, de un modo unitario, como peldaños de una gran Escala de Paz, como la Via Pacis del Evangelio.

El mismo orden que ellas tienen en Mateo va marcando su avance y sentido, desde la primera (los pobres) hasta la última (los pacificadores y los perseguidos). No es posible ser pacificador, crear la paz, a no ser recorriendo ese camino de pobreza, mansedumbre, capacidad de sufrimiento, estando dispuesto a ser perseguido. Así lo iremos viendo, mientras vamos trazando un recorrido de comunión y paz para la Iglesia, para el conjunto de la humanidad.

Las ocho bienaventuranzas

Dios se ha comprometido positivamente a favor de los hombres, ofreciendo vida a todos, empezando por los pobres. Es un Dios parcial porque ama a los pequeños y perdidos, porque supera con su gracia y entrega creadora la justicia de la historia. Ciertamente, los ayes o malaventuranzas que Lc 6, 20-26 presenta inmediatamente después siguen resonando en Mateo, pero se sitúan en otro lugar y plano del evangelio, como muestran los textos del juicio (13, 24-43; 25, 31-46). Pero aquí, al principio del mensaje, él sólo ha querido ofrecer este “retablo” de bienaventuranzas, como compendio y sentido del Reino:

Mt 5 3 Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Dichosos los que sufren, porque ellos serán consolados.
5 Dichosos los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Estas bienaventuranzas se dirigen de un modo especial a dos tipos de personas: (a) Los más pobres, los que sufren hambre y opresión. (b) Los que ayudan a los pobres (cf. 25, 31-46). Ellas no son confesionales, en un sentido estrecho, sino que ofrecen un mensaje universal, que vale para todos, sin nada específico de la iglesia (bautismo, eucaristía, encarnación o Trinidad…). Pero, en otro sentido, ellas son el corazón del evangelio cristiano, un programa de vida integral de la Iglesia.

1. Dichosos los pobres de Espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 3)

Estos pobres son los ptojoi. A diferencia de penês, que es un hombre de pocos recursos, pero que puede mantenerse con su esfuerzo y trabajo, ptojos es aquel que no tiene nada, el pordiosero o mendigo, que sólo puede vivir de limosna (cf. Lc 14,13.21; 16, 20, 22). A menudo, los ptojoi suelen ser de mala fama, de manera que no se puede empezar hablando sin más de pobres espirituales, llenos de riquezas interiores (como en el caso de algunos anawim del judaísmo tardío). Estos pobres carecen de todo, de manera que sólo pueden vivir de la ayuda o sostén de los demás, es decir, como mendigos. Lc 6, 20 les llamaba simplemente pobres, prometiéndoles la dicha del evangelio. Mateo, en cambio, añade de espíritu, no para negar la bienaventuranza “material”, sino para matizarla desde una perspectiva cristiana, en dos líneas posibles:

— Camino de paz. Sólo se puede hablar de comunión eclesial y paz universal donde se empieza poniendo en el centro a los pobres. Mt 5, 3 ha dicho pobres de espíritu donde Lc 6, 20 decía simplemente pobres. Con eso, Mateo no ha negado la bienaventuranza de la pobreza material, pues él sigue hablando en su evangelio de pobres, vencidos y pequeños (cf. Mt 18, 1-14), pero ha querido referirse en especial a los cristianos. Leer más…

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“Identificado con las víctimas”. Domingo de Ramos – B (Marcos 14,1–15,47)

domingo, 25 de marzo de 2018
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domingo_ramos_b-600x400Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el Imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea.

No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del Imperio y con los olvidados por la religión del Templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

En ese rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda darle culto olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.

Si Dios ha muerto identificado con las víctimas, su crucifixión se convierte en un desafío inquietante para los seguidores de Jesús. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes. No podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.

Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días. No nos está permitido seguir viviendo como espectadores de ese sufrimiento inmenso alimentando una ingenua ilusión de inocencia. Hemos de rebelarnos contra esa cultura del olvido que nos permite aislarnos de los crucificados, desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una «lejanía» donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

No podemos encerrarnos en nuestra «sociedad del bienestar», ignorando a esa otra «sociedad del malestar» en la que millones de seres humanos nacen solo para extinguirse a los pocos años de una vida que solo ha sido sufrimiento. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si la miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte”. Domingo 29 de marzo de 2015. Domingo de Ramos

domingo, 25 de marzo de 2018
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24-ramosB cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 50,4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
Salmo responsorial: 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Filipenses 2,6-11: Se rebajo, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Marcos 14,1-15,47: Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte.

Un año más, pedimos disculpas a quienes buscarán un comentario bíblico-teológico «normal» para un domingo de Ramos; esperamos que podrán encontrarlo fácilmente en la red. Nosotros esta vez queremos volver a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que –como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado– se sienten mal ante ese conjunto de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un bucle teológico-litúrgico dentro el cual muchos de nosotros –que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida– sentimos que casi nos asfixiamos.

En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias teológicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica diferente a la real, y que parecen estar de antemano inmunizados contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, todo debe ser escuchado y recibido sin discusión, sin espíritu crítico, «con mucha fe». Los que tenemos una fe más o menos crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de celebrar y acoger la semana santa»?

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por acompañar a la familia –y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez religiosa–, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas… que elaboran un mensaje sobre la base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «Redención». Estamos en Semana Santa, y lo que celebramos –así perciben en el templo– es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la «Redención»… El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la Redención, para redimir al ser humano que cayó en «desgracia de Dios» desde la comisión de aquel «pecado original», debido a la infinita ofensa que dicho «pecado» le infligió a Dios.

Ese nuevo plan, de Redención, exigió la «venida de Dios al mundo», mediante su encarnación en Jesús, para así «asumir nuestra representación jurídica ante Dios y pagar por nosotros a Dios una reparación adecuada» por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «reparar» aquella ofensa y redimir así a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios y rescatándola del poder del demonio bajo el que permanecía cautiva.

Ésta es la interpretación, la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones en curso durante la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal, muy mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a un mundo imaginario que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida. Por este malestar, otros muchos cristianos no sólo se han marchado de la semana santa tradicional, sino que se han alejado de la Iglesia.

¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no nos obligue a transitar por el mundo manido de esa teología en la que tantos ya no creemos?

¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir –para alivio de muchos– que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (si lo fuera, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una genial construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la intuición medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo el secreto sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo admirablemente: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos tanto, que perduró hasta el siglo XXI. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone un cierto abandono de la hipótesis de la Redención, o, para decirlo de otra manera, de una interpretación de la significación de Jesús más allá de la Redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van más allá de él. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar –no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación– deja de pasar por la redención, por el pecado original, por los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús y por la genial «sustitución penal satisfactoria» ideada por Anselmo de Canterbury… Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, incomprensibles, o incluso suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo ya no es creíble, sino que invita vehementemente al rechazo.

¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por su misma Utopía… pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de las procesiones de semana santa, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI… estando como estamos en el siglo XXI…

Bajo la semana santa que oficialmente se celebra, no dejan de estar, allá, lejos, bien adentro de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya hacían sus celebraciones sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy diferentemente en cada cultura, y muy creativamente al ser heredada de un pueblo a otro, y al contagiarse de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los israelitas nómadas como fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita… Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó opacada bajo la interpretación jurídica de la redención…

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos» incesantemente renovados y recreados, y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad, responsabilidad y libertad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»… ¡y urgente! Y también legítima, por lo menos.

No vamos a desarrollar aquí nosotros una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos ahora cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables por desear que «otra semana santa fuera posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa. No en todas partes o en cualquier contexto será posible, pero sí lo será en muchas comunidades concretas. Si no lo es en la mía, podría serlo en alguna otra comunidad más libre y creativa que tal vez no esté muy lejos de la mía… ¿por qué no preguntar, por qué no buscarla?

Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/ Por su carácter dramatizado, y por la mentalidad crítica con la que ya pudo ser escrita hace treinta años, la serie «Un tal Jesús» presenta, de un modo muy pedagógico, la visión de la vida de Jesús desde la perspectiva de la teología de la liberación. Leer más…

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