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En la conciencia de un Dios que libera

domingo, 27 de enero de 2019
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FDCF6441-B5EC-42FC-9569-1040DC8B1CA5Lc 1,1-4;4,14-21

En este primer tramo del Tiempo Ordinario, la liturgia nos invita a dar un paseo por los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. En el texto de hoy se da la bienvenida al Evangelio de Lucas, pero da un salto en lo que se refiere a los relatos de la Infancia y al Bautismo de Jesús. Tras intentar dar solidez a los testimonios de la comunidad lucana y a todo lo que han fijado por escrito, nos sitúa directamente en su vida pública y ya con el discernimiento hecho sobe cuál es su misión, en principio con cierta claridad.

Comienza este Evangelio en un formato epistolar dirigido a Teófilo. Lucas lo sitúa al principio del Evangelio y al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles para darle un carácter literario, como una larga carta que remite a su compañero Teófilo. Pero no es sólo una carta subjetiva desde lo experimentado, sino que alude a una investigación diligente para dar consistencia y solidez a los hechos que han marcado profundamente esta visión de Dios y del ser humano.

Avanzando en el texto, nos muestra a Jesús al inicio de su ministerio y exponiendo su proyecto en la sinagoga de Nazaret. Es la etapa del inicio de su predicación, posteriormente las primeras curaciones y la llamada a sus primeros discípulos ya serán en Cafarnaún. Jesús acude a la sinagoga como tenían costumbre los judíos y le entregan el pergamino donde estaba escrito un texto del profeta Isaías. No vamos a hacer una comparación profunda de este texto, pero sí es importante destacar que Jesús realiza dos variaciones importantes en la lectura. Isaías no habla de “dar la vista a los ciegos” sino para “curar los corazones desgarrados”. Tal vez este cambio no tuvo mucha importancia, aunque podría referirse Jesús a la ceguera que ya percibía en las autoridades judías y los fariseos. Sin embargo, la omisión del último versículo sí es de mucha trascendencia porque ponía en juego el mismo ser de Dios. Se siente con la autoridad suficiente para comenzar a reinterpretar la ley judía desde la coherencia con su nueva conciencia: sentirse habitado por ese Espíritu que le había fortalecido en el desierto y desde ese amor recibido como hijoexperimentado en el Bautismo. El versículo que omite es “anunciar un día de venganza para nuestro Dios”. Este último versículo va a dar cohesión y consistencia a todo el programa que presenta. La imagen de un Dios vengativo choca frontalmente con la imagen de un Dios Madre-Padre que cuida, protege, dignifica y lanza al crecimiento, a la libertad y a la autonomía desde un vínculo profundo.

Se trata de un paso a la conciencia adulta de una concepción de la religiosidad que no encaja con la dinámica infantil del premio-castigo, del enfado-contento por lo que se haga bien o mal. Jesús nos sitúa ante un Dios que forma parte de nuestra misma identidad y que se manifiesta como “gracia”, es decir, como luz, fuerza, sanación y empoderamiento desde la dignidad que nos confiere. Una conciencia de libertad que favorece la elección de aquello que va a dar un hondo sentido a la vida. Y este engranaje vital tiene unas clarísimas consecuencias como expone Jesús en esa recuperación del texto de Isaías.

Jesús remarca su misión para que le sigan y se sumen a su movimiento mesiánico. Sin duda, todo un proyecto que presenta claramente la “liberación” como eje fundamental de quienes quieran seguirle. La liberación refiere a un movimiento de contraste y de apertura, de transformación de todo aquello que empequeñece, limita, juzga y excluye; es un nuevo dinamismo que sana, restablece, perdona e incluye a todo ser humano como indica el texto de Isaías recuperado por Jesus. Somos invitados a participar de esta corriente divina que va impregnando a toda la humanidad de una nueva visión en la que se hacen evidentes los valores del Reinado de Dios: la justicia, la solidaridad, el amor generoso e inclusivo, una clara apuesta por todos aquellos que sufren y que son víctimas del poder, de la opresión, de la ceguera de los que se sienten dirigentes del mundo y poseedores de la verdad.

Al terminar la lectura Jesús exclama: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Ojalá sepamos hacer realidad la escritura del mensaje liberador que no quiere esclavizar a nadie, que no se muestra como miedo y control, que es capaz de superar todo lo que se opone a la autenticidad y libertad.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 Rosario Ramos

27 de enero de 2019

Fuente Fe Adulta

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Somos presencia

domingo, 27 de enero de 2019
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BC991827-59B3-41DD-A5C5-D2D8A427BA67Domingo III del Tiempo Ordinario

Lc 1, 1-4;  4, 14-21

Lucas se presenta como un historiador de la época: dirige la obra –que dividirá en dos partes: el evangelio y los Hechos de los Apóstoles– a un personaje ilustre –real o imaginario–, alude al proceso de redaccional a partir de los “testigos oculares” y manifiesta su intención de escribir un relato ordenado, con un objetivo preciso: garantizar la solidez de las enseñanzas recibidas.

Tras ese pórtico general a su obra, el texto elegido para la liturgia de este domingo da un salto de tres capítulos para mostrarnos a Jesús en la sinagoga de Nazaret, “donde se había criado”, proclamando lo que se conoce como el “discurso programático”, a partir de un texto de Isaías.

Se trata de un discurso magníficamente elaborado, que subraya acentos sobre los que incidirá constantemente el relato de Lucas: Jesús ungido y conducido por el Espíritu; Buena Noticia que sale al paso de los pobres, como libertad para los cautivos, vista para los ciegos y liberación para los oprimidos; anuncio de un “año de gracia”; y –esta es la novedad– todo ello sucede “hoy”, en la persona de Jesús.

En consonancia con el mensaje profético y las expectativas del pueblo, el tiempo mesiánico es presentado como liberación, que se centra de manera prioritaria en los pobres.

Esa presentación parece pivotar en torno a tres ejes: la consciencia de Jesús, la compasión y el “ahora”.

Todo comienza con la consciencia de Jesús como “ungido” (Cristo o Mesías, en griego y en hebreo, respectivamente) y conducido por el Espíritu. Aquí se halla la clave decisiva: en la comprensión de quienes somos, en la consciencia lúcida de que somos uno con el Espíritu, o mejor aún, de que somos el Espíritu experimentándose en forma humana. La fe cristiana, deudora de las representaciones culturales de aquel momento histórico, lo afirmaría de Jesús de una manera exclusiva; sin embargo, lo que se dice de él es válido para todo ser humano. Como él, todos somos “ungidos”, constituidos por el Espíritu; cambia la consciencia o no que tengamos de ello y la lucidez y docilidad para vivirnos desde ahí.

La comprensión se traduce y se muestra en compasión: la certeza de no-separación radical con todos los seres –compartimos la misma y única identidad, en “formas” diferentes pero no separadas– conduce a tratar a los otros como deseo que me traten a mí, a querer para todo otro lo mismo que quiero para mí. Sabiduría es compasión, comprensión es compromiso. Y todo ello de manera gratuita y desapropiada, como vemos que lo vivió el propio Jesús.

Y ello se vive en una consciencia clara del “aquí y ahora”, es decir, en estado de presencia. Cuando nos perdemos en los vericuetos de la mente, reduciéndonos a ella hasta terminar literalmente “perdidos”, nos resulta imposible “dejarnos conducir” por el Espíritu y vivir la auténtica compasión. Porque la identificación con la mente nos convierte en marionetas: ya no nos conduce el Espíritu –la Presencia que somos–, sino nuestras ideas, proyectos, expectativas, intereses, miedos o necesidades…

Sabemos que el “Hoy”, de Lucas, no se refiere a un momento puntual, sino al “Ahora” atemporal, siempre presente y vivo. Recordemos otros textos del mismo evangelio, en los que aparece este mismo “hoy”. En el relato (mitológico) del anuncio del nacimiento de Jesús, los ángeles dicen a los pastores: “Hoy os ha nacido un Salvador” (2,11). Tras la curación de un hombre paralítico, símbolo de la humanidad aplastada, la gente proclama: “Hoy hemos visto cosas extraordinarias” (5,26). En el encuentro con el publicano Zaqueo, Jesús le dice: “Hoy tengo que alojarme en tu casa” (19,5), para terminar con una constatación: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (19,9). Finalmente, ya en la cruz, al compañero de suplicio que le pide compasión, Jesús le responde con una palabra esperanzadora y cargada de vida: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (23,43).

Para quien sabe ver, siempre es “hoy”. De hecho, basta detectar la trampa mental para advertir que, siempre y en todo lugar, únicamente existe el Ahora, el puro presente atemporal. La idea de una secuencia temporal –pasado, presente, futuro– es solo una ilusión óptica de la mente. En ese sentido, bien podría decirse que vivir en el “hoy” equivale a trascender el estado mental vivir en estado de presencia.

¿Vivo en estado de presencia? ¿En comprensión y compasión?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Hoy estamos salvados.

domingo, 27 de enero de 2019
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20110816144535df618aDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

EXCELENTÍSIMO TEÓFILO (THEOS: DIOS / FILOS: AMIGO)

Teófilo no es un señor, sino que “Teófilo” somos todos: Dios es amigo de todos nosotros. (En el misal romano hay una plegaria eucarística en la que se dice: “cuando por desobediencia perdimos tu amistad, no nos abandonaste…” ¿Y quién ha dicho que Dios ha dejado nunca de ser amigo del hombre? Dios no ha retirado nunca su amistad al ser humano y si no, volvamos a la parábola del padre de los dos hijos (hijo pródigo), Lc 15.

Todos y siempre somos amigos para Dios: Teó-filo.

02. ¿CUÁL ES LA FUERZA Y LA IDEOLOGÍA DE CRISTO?

Tras los relatos del nacimiento de Jesús, que hemos escuchado en Navidad, San Lucas comienza su evangelio situando a Jesús adulto en la sinagoga de su pueblo, de Nazaret.

Pudiéramos decir que Lucas presenta a Jesús pronunciando su “discurso programático”.

La “fuerza” ´le viene a Jesús no de una ideología poderosa, ni eclesiástica, ni de las pulsiones patrias, sino que Jesús vive y comienza a actuar impulsado por el estilo, la fuerza, el ESPÍRITU DE DIOS.

EL ESPÍRITU ESTÁ SOBRE MÍ.

El modo de ser y vivir de Cristo es el del Espíritu de Dios. El mismo espíritu creador y creativo del Génesis, alienta ahora a Jesús. Un Espíritu de VIDA. El mismo Espíritu libertador que presidió el Éxodo. Espíritu de LIBERTAD (no de esclavitud). El espíritu es suave BRISA. (1 Re 19, 12), DESCANSO, (Is 63, 14), es CONSUELO Y ÁNIMO, (Jn 16,7). Es el mismo Espíritu de fecundidad y vida (María-Jesús). Espíritu a la comunidad cristiana. Y ese Espíritu es PAZ, ALEGRÍA E IMPULSO E ILUSIÓN para vivir. (Jn 20, 22).

La vida y la misión de Jesús está presidida no tanto por esquemas religiosos, sino por la CREATIVIDAD, LA LIBERTAD Y LA VIDA, EL ÁNIMO, CONSUELO, PAZ, ALEGRÍA impulso para la misión.

03. BUENA NOTICIA

1cf8f3_evangelistas1HE SIDO ENVIADO A ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES, PARA ANUNCIAR A LOS CAUTIVOS LA LIBERTAD, Y A LOS CIEGOS LA VISTA. PARA DAR LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS; PARA ANUNCIAR EL AÑO DE GRACIA DEL SEÑOR

La palabra eu – angelion significa buena noticia.
El evangelio es anterior a los evangelios y muy anterior al dogma, a la liturgia, a la jerarquía, etc. Jesús -Él mismo en persona- es la buena noticia para los pobres.

Jesús estaba cerca de los pobres y de los débiles: enfermos físicos y psíquicos, estaba cerca de las personas problemáticas. Jesús celebraba la vida, celebraba la libertad frente al sistema legalista de los fariseos religiosos.

Hay personas que en sí mismas son una buena noticia, un don, tienen y transmiten paz, serenidad.

Los periódicos y telediarios están llenos de malas noticias. La vida y la historia son así. Los cristianos creemos en JesuCristo como buena noticia. Llevamos unos años en los que también en los ámbitos eclesiásticos se ha filtrado la condena, solamente se habla de tres o cuatro problemas de tipo moral. La Gaudium et Spes (Vaticano II) fue un acercamiento de la buena noticia al mundo Hoy el acercamiento es más bien condenatorio, recriminatorio, cuando JesuCristo es buena noticia también y precisamente cuando las cosas van mal.

LIBERACIÓN A LOS CAUTIVOS Y OPRIMIDOS.

Dos veces aparece la libertad – liberación de los cautivos / oprimidos.

Desde Egipto y el destierro de Babilonia, cautividades y opresiones hay muchas en la vida, en la historia de los pueblos y de las personas. Opresiones económicas, sociales, eclesiásticas, políticas, raciales. Cautividades también en el orden personal, esclavitudes morales.

Es hermoso y cristiano sentirse, ser libre y ayudar a que los demás vivan en libertad.

04. ESTAMOS SALVADOS.

Jesús podía haber continuado con el texto de Isaías: he sido enviado a anunciar el día de venganza de nuestro Dios, pero no lo hizo. Jesús cortó de raíz toda lectura de un Dios vengativo y rencoroso (como aparece en el texto de Isaías que, ahora, relee Jesús).

Lo de JesuCristo es otra cuestión. Viene a anunciar el tiempo amable de Dios, un tiempo, una historia de gracia, de amabilidad.

El evangelio -de Lucas- es el evangelio de la misericordia y del perdón.

05. Y ESTAMOS SALVADOS YA “HOY”.

No olvidemos nunca que los cielos se abrieron: bautismo y transfiguración del Señor. Si se abrieron no fue para comunicarnos “el crónico enfado de Dios”, sino para todo lo contrario. HOY estamos salvados:

Lc 2, 11 Os ha nacido HOY, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Lc 4, 21 Al comienzo de su ministerio en la sinagoga: HOY se cumple ante vosotros esta profecía».

Lc 5, 26 Tras la curación del paralítico, todos quedaron atónitos y alababan a Dios llenos de temor, diciendo: HOY hemos visto cosas extraordinarias

Lc 19, 5.9 Jesús levantó los ojos y le dijo:

– Zaqueo baja enseguida, porque HOY tengo que alojarme en tu casa. Jesús le dijo:

HOY ha llegado la salvación a esta casa.

Lc 22, 34 Te aseguro, Pedro, que HOY mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces.

Lc 23, 43 Jesús le dijo (al buen ladrón):

Te aseguro que HOY estarás conmigo en el Paraíso.

HOY, no mañana, los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores, estamos salvados.

La alegría futura se hace presente en el hoy de nuestra historia.

Hoy estamos salvados.

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Buscando la presencia de Dios en el mundo

lunes, 21 de enero de 2019
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Del blog de Henri Nouwen:

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«En la modalidad de contemplación de Nouwen, la imaginación no campa libremente por sus fueros, ni se produce una retracción de la realidad. Era importante para Henri que la contemplación no se viera como una forma de evasión. Vincent van Gogh, Thomas Merton y Henri Nouwen no estaban mirando más allá de este mundo en busca de un reino celestial. Los tres buscaban la presencia de Dios en el mundo que hay a nuestro alrededor. Esta era la razón de que Vincent, a pesar de ser un hombre tan espiritual, evitara los motivos religiosos, tales como las escenas sacadas de la Biblia. Le parecía que ello era pura imaginación. Vincent quería mostrar que Dios está presente en el mero hecho de pintar unos huertos de olivo de forma tal que pudiera conducir al espectador hacia cosas más elevadas. Merton y Nouwen sostenían este mismo principio

La forma que tenía Henri de lograr que las cosas no dejaran de parecer reales era evitando la intelectualización, y de hecho no solía hacer referencia a las autoridades espirituales e incluso ni tan siquiera a la doctrina. Nouwen evitaba el lenguaje religioso y las referencias religiosas. Sorprendentemente, mostró de hecho escaso interés por algunas de las figuras clásicas de la tradición espiritual cristiana. A pesar de centrarse en la Biblia y la eucaristía, prefirió analizar los elementos más corrientes de la existencia y la evolución que trazaban sus propias emociones».

*

Michael O’Laughlin
El Amado de Dios.
Biografía espiritual de Henri Nouwen.
DDB 2006, Página 170/171.

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Ya no te rezo más.

lunes, 21 de enero de 2019
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mama-hijo-adultoEstábamos sentados tranquilamente, tomando el sol en una mañana de finales de diciembre, cuando mi madre entre varios comentarios sobre sus dolencias, la familia y las amistades, me espetó de pronto: “He dejado de rezar a Dios, porque no escucha mis oraciones. ¿Cómo es posible que siendo todopoderoso, no pueda curar las dolencias de tus hermanos y las tuyas? Ya lo hice también cuando el accidente de tu hermana: ¿Si no la ayudas, se acabó, para qué voy a pedirte nada si no me haces caso?”.

Yo intenté decirla que Dios no es todopoderoso, ni tiene que cumplir todo lo que le pedimos, pero me cambió de tema y no insistí, ahí se quedó sin resolver nuestro debate teológico.

He estado pensando estos días sobre la enorme desinformación, el desconocimiento y, sobre todo, la deformación que tenemos sobre la existencia, la realidad, el ser o la verdad de Dios. En gran medida por la pésima enseñanza en muchas de las catequesis que se han recibido, tanto en las parroquias y en los colegios, como en la preparación para el bautismo de nuestros hijos y las hijas, o para la preparación del matrimonio. Reducirlo toda la vida de fe a la doctrina del catecismo creo que es un craso error. Porque el mero conocimiento de una doctrina, sin una experiencia vital, tanto personal como comunitariamente, no sirve para nada, no tiene ninguna consistencia.

Yo le podía haber comentado que Dios no es todopoderoso, sino al contrario, que es pura debilidad, porque es bondad y la bondad se identifica, se compadece y se encarna junto a los más débiles, que no tienen nunca poder. O que Dios no puede satisfacer las peticiones que le hacemos, porque no está en su mano librarnos de la enfermedad o que siempre seamos felices, librándonos de todo dolor y sufrimiento en la vida.

Podría haberle dicho que Dios es la Realidad última, la Fuente originara de todo lo que existe, el Aliento de todo ser, el Eco de fondo de todo el universo, la Luz, el Fuego y la Esperanza que nos habita y palpita en lo más íntimo de nosotros mismos, la Ternura que nos urge a la acogida, a la misericordia, a la justicia, a la fraternidad.

Tendría que haberle comentado que la mayoría de las cosas, si no todas las que le han enseñado a ella y a mí sobre Dios, tendríamos que someterlas a una profunda crítica. San Agustín dice que todo lo que decimos de Dios no es Dios. Tendríamos que dejar, como dice Pedro Casaldáliga, a Dios ser Dios, e intentar vivirle, respirarle, transparentarle con el testimonio de nuestra vida, sin tantas palabras, definiciones, dogmas… Incluyendo todas estas palabras que estoy diciendo.

Cuando volvimos a casa, me dijo mi madre: “Estuve tres meses llorando cuando te marchaste en 1978. Creía que no te iba a volver a ver más…”.

Gozando del sol de aquella mañana, junto a mi madre en el banco del parque, notando su mano que se sostenía en mi brazo para poder caminar mejor, recordando las lágrimas que derramó por mí durante tres meses… en cada uno de esos momentos y otros muchos más durante mi vida, sentí que estaba presente de alguna forma la Divinidad, la Ternura del Amor, la Dulzura del Encuentro, en nuestra más auténtica y profunda humanidad. Sin tener ni querer definir nada. Solo sintiendo su Presencia vivificante en la vida cotidiana.

Miguel A. Mesa Bouzas

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“Un gesto poco religioso”, 2º Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)

domingo, 20 de enero de 2019
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02-TO-CHabía una boda en Galilea. Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética «salvando» una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal.

En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su «primer signo», el que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de su misión salvadora.

El evangelista Juan no habla de «milagros». A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre «signos». No quiere que sus lectores se queden en lo que puede haber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuenta de que «no les queda vino» y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes viven decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario.

José Antonio Pagola

 

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“En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”. Domingo 20 de enero de 2020. 2º domingo del Tiemp

domingo, 20 de enero de 2019
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10-ordinario2 (C) cerezoDe Koinonia:

Isaías 62, 1-5:La alegría que encuentra el esposo con su esposa.
Salmo responsorial: 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
1Corintios 12, 4-11: El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece.
Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos.

La vida de Jesús se desarrolló dentro de la normalidad propia del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. Los discípulos descubren a Jesús como un hombre normal, en un ambiente normal y sin ningún tipo de manifestaciones espectaculares o extraordinarias. Esta realidad de una vida normal en Jesús, hace que entre los discípulos y él no haya ningún tipo de distanciamiento, antes por el contrario, una vida verdaderamente humana como la de Jesús, hace que su experiencia del Dios sea más creíble y mucho más accesible a la conciencia y a la vida de los que le escuchan y le siguen. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.

Para la lógica del Evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental en la teología del evangelio de Juan. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de la Eucaristía. El Banquete es por tanto un signo mesiánico, donde se anuncia la llegada del Reino y se presenta a Jesús, Soberano del Reino. Es un símbolo fundamental que explica en la cotidianidad la presencia del Reino en medio de la historia.

Las bodas de Caná están en el imaginario de los primeros cristianos y de todo la Iglesia a lo largo de la historia, por ese hecho inolvidable: en lo mejor de la boda, el vino se acaba. ¿Cómo es posible que no se haya previsto esta parte en la fiesta? La acción de Jesús de Nazaret frente a la falta de vino, hará que este relato de las bodas de Caná, quede inmortalizado en la simbología cristiana.

El milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente por la falta de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil, mediatizada por ritos fríos y carentes de sentidos.

No se dice sin embargo que las tinajas estuvieran con agua. Son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, más bien estorbaban en la vida normal de la gente, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús: el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios. Tenemos que acabar en nuestra vida y en la vida comunitaria, con los sistemas religiosos deshumanizantes, para lograr entrar en la dinámica liberadora, incluyente y festiva que Jesús inauguró.

¿Complicada esta interpretación? Efectivamente, es complicada, con la complicación que brota de un texto sofisticado, muy elaborado, con toda una trastienda de alusiones veladas y crípticos mensajes. Leer, proclamar, comentar el evangelio de Juan como si se tratara de una simple y llana historieta de unas bodas, en las que además Jesús funda el sacramento del matrimonio, sin más complicaciones… resultaría una lectura fácil y cómoda, pero sería profundamente carente de veracidad. Aunque sea más laborioso y menos grato, es mejor tratar a nuestros oyentes como adultos, y no ahorrarles la complejidad de unos textos que interpretados directamente a la letra nos llevarían solamente por caminos de fundamentalismo. Leer más…

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Dom 20.1.19.María quiere vino: Las bodas de la Iglesia

domingo, 20 de enero de 2019
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bodas_canaDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 2, Ciclo 3. Jn 2, 1-11. El texto de las Bodas de Caná de Galilea ofrece el tema final de la Navidad (es decir, de la Epifanía de Jesús), con los oros dos motivos anteriores: Adoración de los Magos y Bautismo de Jesús.

Es un evangelio rico en motivos históricos, cristológicos, eclesiales y marianos, que deberían exponerse con más cuidado. Yo lo he titulado María (=la madre de Jesús), quiere vino, no para ella, sino para la Iglesia, para todos los que buscan y quieren a Jesús, para todos los hombres y mujeres de la tierra.

— Hay ciertamente un recuerdo de Jesús participando en bodas, hombre de vida, al servicio del amor y de la vida.. Éste es el Jesús verdadero, iniciador de bodas, hombre de amor y de vino, promotor de una esperanza de paz (shalom), simbolizada en la Biblia con buenas bodas.

— Hay un matiz de Iglesia, es decir, de humanidad: Debemos pasar de las bodas de agua y purificación (mucha ley, muchas normas, piedra a piedra, gran pobreza) a las bodas del vino . Que todos los hombres y mujeres de la tierra, todas las casas, tengan lo necesario para vivir (pan, agua, casa…), pero también algo de vino, que es el gozo de la vida, algo que sobra para el regalo, para el amor, para las bodas…

Hay un recuerdo de la Madre de Jesús, que es persona concreta y signo de Israel, una mujer festera, promesa de vino y de amor para hombres cargados de leyes, de miedos y normas frustradas (los cántaros de piedra para las purificaciones).

a. Santa María de las bodas

49937771_1155522287958295_7210638752929021952_nLa Madre de Jesús se sitúa ante las bodas humanas (antes judías, hoy cristianas) y descubre en ellas mucha mucha ley (agua de purificaciones, normas bien aseguradas…), pero sin vino de vida, que es la alegría de los novios que se irradia y expande a todos los invitados. Por eso critica las bodas antiguas (de Israel, quizá de gran parte de las bodas de nuestras Iglesias, cargadas de leyes y normas de piedra y agua, con poco vino de vida.

La Virgen de muchas «apariciones marianas» habla más de penitencia que de vino; ella puede ser piadora, pero no es la Virgen de Caná de Galilea, iniciadora de evangelio, de vino y de bodas, de alegría esperanzada (es decir, cristiana).

b. San Jesús del Vino

Jesús se manifiesta en Cana para dar vino y «marcha» de vida (esperanza, alegría) a las bodas de la historia humana, pasando de la pura ley (cántaras de agua de purificaciones) a la vida intensa, al vino abundante, sobrado, bueno, de la fiesta, con María su Madre (que es signo del paso, de camino que se debe hacer para ir del Antiguo al Nuevo Testamento).

Hemos manipulado a Jesús (hemos manipulado a su Madre), muchas veces, para seguir teniendo a la puerta de nuestras iglesias las seis cántaras de agua de las purificaciones (prohibiciones, normas…). Jesús, en cambio, ha venido y su madre le ha «presentado» para que sea fuente de vino, es decir, de amor, de bodas para el conjunto de la humanidad. Éste es el mensaje del evangelio de hoy.

Todo eso y mucho más está latente en este texto prodigioso, que comentaré en tres partes:

a) Comentario básico
b) Manifiesto del vino
c) Observaciones finales

Imágenes Son normales todas… menos la segunda: Una Fiesta de Bodas del pintor judío M. Chagall… Parece Caná de Galilea, bullicio de fiesta, con Jesús en algún lado, con la Madre, con los novios… y todos con sus ánforas de vino. Es la mejor representación moderna que conozco de las Bodas de Caná.

Buen domingo a todos.

Texto: Juan 2, 1-11

280px-Giotto_-_Scrovegni_-_-24-_-_Marriage_at_CanaEn aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»
Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis cántaras de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo. «Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

1. COMENTARIO BÁSICO

El evangelio nos sitúa en el centro del misterio humano, allí donde nos dice Gén 2, 24 que los hombres se encuentran a sí mismos para unirse: abandonan a los padres y se unen entre sí para formar una sola carne. Bodas son celebración de amor, fiesta de la humanidad que goza en su mayoría de edad, como unión matrimonial y promesa de vida.

Lógicamente, la madre de Jesús estaba allí (2,1).

No se dice que haya venido o que la inviten. Ella pertenece al espacio de las bodas, al lugar del surgimiento mesiánico, al camino de la nueva esperanza de familia de los hombres. Está precisamente en su función de madre y de esa forma se la llama, silenciando su nombre propio de María. En este primer plano, ella refleja la experiencia israelita: es la madre creadora de familia, entregada plenamente a la fiesta de esponsales de los hombres.

Pues bien, el hilo de la narración, la historia de la boda, se corta para introducir una novedad que cambiará toda la línea del relato: «pero también fue invitado Jesús y sus discípulos a la boda» (2,2). Ellos no estaban allí desde el principio, vienen de fuera a interrumpir y transformar el curso de los acontecimientos. Precisamente su venida pone al descubierto la carencia de la fiesta: ¡no tienen vino! En un nivel externo, aquí puede tratarse de carencia material, pero es evidente que el relato apunta a otro nivel: no es que se haya acabado un vino que antes hubo, aunque fue escaso; es que no hubo ni hay vino de ninguna especie.

Israel no puede terminar la fiesta de sus bodas: tiene la promesa y el camino, pero no llega por sí mismo al cumplimiento, porque falta el vino;
tiene anhelo de familia, pero no logra crearla, porque se clausura en el padre (tradiciones) de la tierra. La Iglesia actual se parece mucho a ese Israel aquí criticado, incapaz de abrir para los hombres y mujeres el tiempo de las bodas.

Los novios de aquel antiguo Israel y de esta iglesia 2019 no han podido conseguir el vino de la vida, como indica certeramente la madre (Jn 2,3). Solamente tienen el agua de las purificaciones judías, el agua de los ritos y las leyes, que limpia una vez, externamente, para que volvamos de nuevo a descubrir que nuestras manos siguen estando manchadas (cf. Heb 9,23-10,18). Precisamente en ese fondo de insuficiencia israelita y búsqueda de bodas que no pueden culminar, viene a situarse la palabra de María. Sin entrar en sus matices teológicos más hondos señalamos su manera de ponerse ante las bodas. 49

En primer lugar,
María se muestra preocupada y atenta.

Por ser obvio, este nivel aparece pocas veces destacado. No sabemos si es que había otros que vieron y sintieron la carencia de vino, a la llegada de Jesús, pero sabemos que María lo ha advertido. Ella mira atenta a las necesidades de los hombres, gozosa ante unas bodas que prometen dicha. Pudiéramos decir que está al servicio de la fiesta del amor y de la vida: quiere que haya gozo, que haya vino y, mientras otros están quizá perdidos en quehaceres más pequeños, ella sabe mantener distancia y descubrir las necesidades de los hombres, lo mismo que lo ha hecho en el Magníficat (Lc 1, 46-55). Leer más…

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En vez de ayuno, banquete de bodas. Domingo 2º del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

domingo, 20 de enero de 2019
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canc3a1-3Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado leímos el relato del bautismo de Jesús. Si hubiéramos seguido el orden del evangelio de Lucas (base de este ciclo C), hoy deberíamos leer el ayuno de Jesús en el desierto y las tentaciones. Sin embargo, con un salto imprevisible, la liturgia cambia de evangelio y nos traslada a Caná. ¿Por qué?

Las tres epifanías (o “manifestaciones”)

Para la mayoría de los católicos, solo hay una fiesta de Epifanía, la del 6 de enero: la manifestación de Jesús a los paganos, representados por los magos de oriente. Sin embargo, desde antiguo se celebran otras dos: la manifestación de Jesús en el bautismo (que recordamos el domingo pasado) y su manifestación en las bodas de Caná.

Un comienzo sorprendente

Si recordamos lo que ha contado hasta ahora el cuarto evangelio, el relato de la boda de Caná resulta sorprendente. Juan ha comenzado con un Prólogo solemne, misterioso, sobre la Palabra hecha carne. Sin decir nada sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, lo sitúa junto a Juan Bautista, donde consigue sus primeros discípulos. ¿Qué hará entonces? No se va al desierto a ser tentado por Satanás, como dicen los otros evangelistas. Tampoco marcha a Galilea a predicar la buena noticia. Lo primero que hace Jesús en su vida pública es aceptar la invitación a una boda.

¿Qué pretende Juan con este comienzo sorprendente? Quiere que nos preguntemos desde el primer momento a qué ha venido Jesús. ¿A curar unos cuantos enfermos? ¿A enseñar una doctrina sublime? ¿A morir por nosotros, como un héroe que se sacrifica por su pueblo? Jesús vino a todo eso y a mucho más. Con él comienza la boda definitiva entre Dios y su pueblo, que se celebra con un vino nuevo, maravilloso, superior a cualquier otro.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.» Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

El simbolismo de la boda: 1ª lectura (Is 62,1-5)

            Para los autores bíblicos, el matrimonio es la mejor imagen para simbolizar la relación de Dios con su pueblo. Precisamente porque no es perfecto, porque se pasa del entusiasmo al cansancio, porque se dan momentos buenos y malos, entrega total y mentiras, el matrimonio refleja muy bien la relación de Dios con Israel. Una relación tan plagada de traiciones por parte del pueblo que terminó con el divorcio y el repudio por parte de Dios (simbolizado por la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia).

            Pero el Dios del Antiguo Testamento no conocía el Código de Derecho Canónico y podía permitirse el lujo de volver a casarse con la repudiada. Es lo que promete en un texto de Isaías:

“El que te hizo te tomará por esposa:

su nombre es Señor de los ejércitos.

Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–.

            La primera lectura de hoy, tomada también del libro de Isaías, recoge este tema en la segunda parte.


Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

            Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.

El simbolismo del vino

            En el libro de Isaías hay un texto que habría venido como anillo al dedo de primera lectura:

“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte

un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

manjares enjundiosos, vinos generosos”.

            Este es el vino bueno que trae Jesús, mucho mejor que el antiguo. Además, este banquete no se celebra en un pueblecito de Galilea, con pocos invitados. Es un banquete para todos los pueblos. Con ello se amplía la visión. Boda y banquete simbolizan lo que Jesús viene a traer e Israel y a la humanidad: una nueva relación con Dios, marcada por la alegría y la felicidad.

El primer signo de Jesús, gracias a María   

            A Juan no le gustan los milagros. No le agrada la gente como Tomás, que exige pruebas para creer. Por eso cuenta muy pocos milagros, y los llama “signos”, para subrayar su aspecto simbólico: Jesús trae la alegría de la nueva relación con Dios (boda de Caná), es el pan de vida (multiplicación de los panes), la luz del mundo (ciego de nacimiento), la resurrección y la vida (Lázaro).

            Pero lo importante de este primer signo es que Jesús lo realiza a disgusto, poniendo excusas de tipo teológico (“todavía no ha llegado mi hora”). Si lo hace es porque lo fuerza su madre, a la que le traen sin cuidado los planes de Dios y la hora de Jesús cuando está en juego que unas personas lo pasen mal. Jesús dijo que “el hombre no está hecho para observar el sábado”; María parece decirle que él no ha venido para observar estrictamente su hora. En realidad no le dice nada. Está convencida de que terminará haciendo lo que ella quiere.

            Juan es el único evangelista que pone a María al pie de la cruz, el único que menciona las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. De ese modo, Juan abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos.

La tercera Epifanía

El final del evangelio justifica por qué se habla de una tercera manifestación de Jesús. “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.” Ahora no es la estrella, ni la voz del cielo, sino Jesús mismo, quien manifiesta su gloria. Debemos pedir a Dios que tenga en nosotros el mismo efecto que en los discípulos: un aumento de fe en él.

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20 de Enero. Domingo II. Tiempo Ordinario

domingo, 20 de enero de 2019
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“Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”

(Jn 2, 1-12)

¿No había ningún fariseo en aquella boda? Para que se indignara y le dijera a la gente algo parecido a lo del episodio de la mujer encorvada (“seis días tenéis para venir a curaros…”). Algo así como: -“Otros recipientes tenéis para llenarlos de vino, dejad las tinajas de las purificaciones”.

Desde luego si en esa casa había seis tinajas para las purificaciones parece indicar que la gente que vivía allí era religiosa y cumplidora de la Ley. Pero nadie se queja, bueno Jesús un poco, le dice a su madre que no ha llegado su hora. Todos los demás se callan. Solo abren la boca para beber vino.

Con todo, el gesto de Jesús es osado, casi escandaloso. En lugar de decirles a los siervos que traigan las jarras vacías del vino y las llenen de agua les hace llenar las tinajas de las purificaciones.

Bien pensado poco podría decirnos a nosotros que Jesús convirtió 600 litros de agua en vino, a regañadientes, en una boda. El sentido de ese gesto tiene un algo más. Y creo que los tiros tampoco van por el piadoso empeño de ver aquí el papel de intercesora de María.

El gesto de Jesús

El gesto de Jesús es mucho más subversivo pero se nos pasa desapercibido con tanto vino. Jesús convierte el agua de las purificaciones, de la Ley, en vino de fiesta. Y no para una fiesta religiosa sino para una fiesta “mundana”, humana. En una boda se celebra el amor humano, el inicio de una nueva familia.

Y es ahí donde Jesús transforma el agua de la Ley en vino de boda. El Dios de Antiguo Testamento que se ha cansado de repetir que el Templo se le queda pequeño, se escapa ahora también de la Ley y se mete en nuestras fiestas.

La novedad de Jesús no es que Dios venga a habitar en medio de su pueblo, eso ya era una realidad para el pueblo de Israel. Yahve tenía su morada en medio de Israel. Israel tenía el Templo y la Ley. La novedad es que Dios en Jesús dice que Él es mucho más que el Templo y la Ley. Que a Dios no le podemos poner unos límites. Él ocupa TODO nuestro espacio, todos nuestros espacios.

Es más, nos está diciendo que Él quiere ser la alegría de nuestras fiestas. El vino abundante, desbordante, esplendido. Dios no quiere que se acabe nuestra fiesta.

Oración

Danos, Trinidad Santa, de ese vino para que nos embriaguemos de la alegría que viene de ti. Que sepamos entrar en la fiesta sin fin de tu Reino. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El agua-Ley limpia por fuera. El vino-amor vivifica desde dentro.

domingo, 20 de enero de 2019
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693d39cd99e5ab83560037a6d04e605aJn 2, 1-12

Celebramos hoy la tercera de las manifestaciones de Jesús que durante siglos se celebraban el día de Epifanía. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera un regalo para los novios. No, como todos los “milagros” narrados por este evangelista, se trata de signos que nos llevan a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.

Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema. Está dentro de toda lógica la respuesta de Jesús: “¿Qué nos importa a ti y a mí?”. Tampoco es lógico que sea Jesús el que solucione el problema. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de unos cien litros, dedicadas a las purificaciones. Por último, no tiene sentido que el maestresalas increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él quien ordenaba qué vino se servía.

El relato no es una crónica de lo sucedido en una boda. Es fruto de una minuciosa y larga elaboración. No nos dice ni quienes eran los novios ni que relación tienen con Jesús. Lo que normalmente llamamos “el milagro” pasa casi desapercibido. Ni siquiera nos dice cuándo se convierte el agua en vino. Sería imposible separar lo que pudo suceder realmente de los símbolos que envuelven el relato. Pero lo que hoy nos cuenta Jn es teología. La clave para entenderlo es el trasfondo del AT, y la “hora” de la glorificación de Jesús en la cruz.

La boda era, desde Oseas, el signo más empleado para designar la alianza de Dios con su pueblo. La idea de Dios novio y el pueblo novia se repite una y otra vez en el AT. La boda lleva inseparablemente unida la idea de banquete; símbolo de tiempos mesiánicos. El vino era un elemento inseparable del banquete. En el AT, era signo del amor de Dios a su pueblo. La abundancia de vino era la mejor señal del favor de Dios.

La Mujer es un misterio en este relato. Nos aporta un poco de luz la segunda carta del Tarot: la Sacerdotisa. Un mujer madura, pero en plenas facultades que simboliza lo nuevo de la sabiduría. No le llama hijo, ni Jesús le llama Madre. Símbolo de la Alianza que está ya caducada. Jesús y los discípulos son el nuevo pueblo, que están allí de paso. Es completamente inverosímil que María pidiera a Jesús un milagro y menos aún que adelantara la hora de hacerlo. La hora para Jn es siempre la hora de la muerte de Jesús.

El vino es símbolo del amor entre el esposo y la esposa. En la boda, (Antigua Alianza) no existe relación de amor entre Dios y el pueblo. La Madre, por pertenecer a la boda se da cuenta de la falta. María representa al Israel fiel que espera en el Mesías. Jesús nace del verdadero Israel y va a dar cumplimiento a las promesas. El primer paso es mostrarle la carencia: «No tienen vino». No se dirige al presidente, ni al novio. Se dirige a Jesús, que para Jn es el único que puede aportar la salvación que Israel necesita.

Jesús invita a su madre a desenten­derse del problema. No les toca a ellos intervenir en la alianza caducada. Está indicando la necesidad de romper con el pasado. Ella espera que el Mesías arregle lo ya existente, pero Jesús le hacer ver que aquella realidad no se puede rehabilitar. Jesús aporta una novedad radical. Jn está constantemente haciendo referencia a la «hora» (la cruz). Jesús invita a la esperanza, pero la realización no va a ser inmediata. El vino nuevo depende de aquella hora. Anunciar la hora significa que la salvación está cerca.

Haced lo que él os diga. Solo en el contexto de la Alianza, la frase puede cargarse de sentido. El pueblo en el Sinaí había pronunciado la misma frase: «Haremos todo lo que dice el Señor». También el Faraón dice a los servidores: haced lo que él (José) os diga. Se ve con claridad que el trasfondo del relato y lo que quiere significar. Como en el AT, el secreto de las relaciones con Dios está en descubrir su voluntad y cumplirla.

Las tinajas estaban allí colocadas, inmóviles. Se ve el carácter simbólico que van a tener en el relato. El número 6 es signo de lo incompleto. El número de la perfección era el 7. Es el número de las fiestas que relata este evangelio. La séptima será la Pascua. Eran de piedra, como las tablas de la ley. La ley es inmisericorde, sin amor. La ley (imposible de cumplir) es la causa del pecado (falta de amor-vino). Jesús les hace tomar conciencia de que están vacías; es decir que el sistema de purificación era ineficaz.

Jesús ofrece la verdadera salvación, pero ésta no va a depender de ninguna ley, (tinajas). El agua se convertirá en vino fuera de ellas. «Habían sacado el agua». La nueva purificación no se hará con agua que limpia el exterior, sino con vino que penetra dentro y transforma el interior del hombre. Solo después de beberlo se da cuenta el mayordomo de lo bueno que es. Esta interioridad es la oferta original de Jesús.

Lo que sacan los criados de las tinajas es agua. El mayordomo (clase dirigente) no se enteró de la falta de vino. Significa que los jefes se despreocupan de la situación del pueblo. Les parece normal que no se experimente el amor de Dios, porque esa es la base de su poder. No conocen el don mesiánico, los sirvientes sí. El vino-amor como don del Espíritu es el que purifica, lo único que puede salvar definitivamente.

El vino es de calidad. “Kalos” indica siempre excelencia. El maestresala reconoce que el vino nuevo es superior al que tenían antes. Pero le parece irracional que lo nuevo sea mejor que lo antiguo. Por ello protesta. Lo antiguo debe ser siempre lo mejor. Esta actitud es la que impidió a los jefes religiosos aceptar el mensaje de Jesús. Para ellos la situación pasada era ya definitiva. Toda novedad debe ser integrada en el pasado o aniquilada.

El último versículo es la clave para la interpretación de todo el relato. Nos habla del “primer” signo de una serie que se va a desarrollar durante todo el evangelio. Además, como signo, va a servir de prototi­po y pauta de interpretación para los que seguirán. El objetivo de todos los signos es siempre el mismo: manifestar “su gloria”. Ya sabemos que la única gloria que Jesús admite es el amor de Dios manifestado en él. La gloria de Dios consiste en la nueva relación con el hombre, haciéndole hijo, capaz de amar como Él ama.

Lo más sorprendente es que se emplee la imagen de una boda para hablarnos de las relaciones de Dios con el hombre. Dios se manifiesta en todos los acontecimientos que nos invitan a vivir. Dios no quiere que renunciemos a nada de lo que es verdaderamente humano. Dios quiere que vivamos lo divino en lo que es cotidiano y normal. La idea del sufrimiento y la renuncia como exigencia divina es antievangélica.

El mensaje para nosotros hoy es muy simple, pero demoledor. Ni ritos ni abluciones pueden purificar al ser humano. Solo cuando saboree el vino-amor, quedará todo él limpio y purificado. Cuando descubramos a Dios dentro de nosotros e identificado con todo nuestro ser, seremos capaces de vivir la inmensa alegría que nace de la unidad. Que nadie te engañe. El mejor vino está sin escanciar, está escondido en el centro de ti.

Meditación

Con apaños exteriores no puedo llegar a Dios.
Dogmas, ritos y preceptos, o los vivo o están muertos.
Nuestra religión es falsa si no nos da Vida auténtica.
La doctrina será el agua que solo te dará vida
si la bebes y trasformas en lo más hondo de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La realidad de la Iglesia.

domingo, 20 de enero de 2019
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2-TOC-ev“No amemos de palabra, sino con obras” (Papa Francisco citando la carta de Juan)

20 de enero. Domingo II del TO

Jn 2, 1-11

Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor.

Desafortunadamente hoy la riqueza llena los depósitos bancarios de los ricos, frecuentemente escoltada por los esbirros de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, creando una humillante sociedad de pobres.

Ante tal indigno teatro no se puede permanecer ociosos, ni sumisos tampoco. En su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres el 13 de noviembre de 2017, El Papa Francisco recordaba las palabras de la primera Carta de Juan, de no hablar de palabra y de boca, sino de verdad y con obras, cuando se trata de amar a los pobres (1 Jn, 3-18).

Esta preocupación está atestiguada ya desde las primeras páginas de Los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres “llenos de espíritu y sabiduría”  (Hch 6, 3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres.

En la Carta del apóstol Santiago, 2, 1, se manifiesta esta misma enseñanza con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: “Supongamos que en vuestra congregación entra uno con anillo con anillos de oro y traje elegante, y también un pobre andrajoso; os fijáis en el de traje elegante y le decís: Siéntate aquí en un buen puesto; y al pobre le decís: Quédate en pie o siéntate bajo mi estrado, ¿no estáis discriminando y siendo jueces de criterios perversos?”

Pero afortunadamente tampoco faltan ejemplos contarios. Francisco de Asís en el siglo XII, al que han imitado hoy otros muchos cristianos: Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer, Pedro Casaldáliga… y un largo etc., no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: “Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo” (Test 1-3; FF 110).

Y tampoco olvidemos que en el mundo también hay animales y plantas menesterosas, que necesitan nuestras atenciones. Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, personas, plantas y animales; a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres -como solía decir Pablo VI- pertenecen a la Iglesia por “derecho evangélico” (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963), y obligan a la opción fundamental por ellos.

En la Primera Jornada de los Pobres 19 de junio de 2017 el Papa Francisco dijo: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

Fiel a su pensamiento de que “hay que pasar a los hechos”, él es el primero en hacerlo invitando, con motivo de la Navidad, a un grupo de pobres a participar en una comida de Navidad, organizada por medio de la Limosnería Apostólica, celebrada en el Centro Deportivo de la Guardia de Finanza en Castelporziano. Las personas que comerán invitados por el Papa son pobres, gente sin hogar, inmigrantes y personas en situación de exclusión que reciben atención de Cáritas de la Diócesis de Roma.

Tras resultar elegido en el cónclave, el Papa Francisco dijo: «¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!«

PEDRO CASALDÁLIGA, POETA DE LOS POBRES

Durante más de 33 años –toda la vida de Cristo– Pedro Casaldáliga (1928), pensador, poeta y circunstancialmente obispo de Sao Félix de Arauaja, Brasil, ha vivido dedicado a trabajar a favor de los indígenas, campesinos y a la causa de la justicia. Obispo católico ordenado, siempre se negó a vestir como tal, sin ofensivas ínfulas, mitra, báculo o anillo de oro, llevando él mismo una vida de pobreza.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Tu madre vio y los que servían experimentaron.

domingo, 20 de enero de 2019
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canc3a1(Jn, 2, 1-11)

Adentrémonos en la boda más famosa de la historia: “Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.

La mirada de tu madre era de largo alcance y te conocía tanto como para ver que tu momento había llegado: “No tienen vino”, sinónimo de que una fiesta sin vino no es una fiesta y de la sensibilidad y empatía de María.

Te vio nacer, crecer, hacerte hombre y ese día intervino discretamente pero con la elegante contundencia de una madre que ve el paso siguiente de la historia de su hijo, más allá de si él todavía no lo ve; obviando que pueda parecer inoportuna la observación.

Efectivamente, respingaste: “¿Qué tengo yo contigo, mujer?, todavía no ha llegado mi hora”. Lo que equivale a decir: “¿Qué a mí y a ti?”(1), término utilizado en el AT y el NT para indicar el rechazo de algo que no se cree incumbencia del interpelado. Hoy diríamos algo parecido: “¿Y a ti y a mí que nos importa?

Tu madre se saltó tu improcedente respingo y resolvió dirigiéndose a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”.

¿Qué pasó en tu cabeza? ¿Cabeza?… No, lo que pasó venía directo desde tu corazón. Las palabras de tu madre debieron resonar como un eco interior que al instante te despertó a la comprensión de que había llegado tu hora: “Llenad las tinajas de agua”… y sucedió.

María debió retirarse después de su materna intervención. El mayordomo estaría de los nervios sabiendo que se había acabado el vino y eso le traería problemas cuando acabara la boda. Los discípulos y demás invitados centrados en el banquete y ajenos a lo que estaba sucediendo entre bastidores no se enteraron de nada. Y al novio, lo podemos imaginar, extrañado y sorprendido por el comentario del atónito mayordomo: “Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio has reservado el vino bueno hasta ahora”.

¿Quiénes fueron los únicos que vivieron como experiencia inolvidable el comienzo de los signos que realizaste en Caná de Galilea? Sólo los sirvientes que habían llenado de agua las tinajas, sabían lo que había pasado.

¿Qué contarían cuando volvieran a casa? Quizás quisieron verte de nuevo y te siguieron el tiempo que permaneciste por esas tierras, y se hicieron mensajeros de primera mano de lo vivido, como experiencia interior.

Me pregunto quiénes son hoy esos sirvientes. ¿Serán quienes experimentan en primera persona tu paso por sus vidas?

Creo que son quienes saben que lo que era oscuro se transforma en luz; que lo que era insípido se vuelve sabroso; que lo que era frustración desemboca en autoestima; que la desesperación se convierte en esperanza; y que sólo el Amor, como dice la canción (2), “engendra la maravilla, sólo el Amor consigue encender lo muerto”. Así con música, sin olvidar que la fiesta sigue, como en la Boda de Caná.

Somos llamados a ser sirvientes activos y comunicar con sencillez y alegría que nos invitas a un banquete en donde todo puede suceder si no falta lo principal: el Amor.

Mari Paz López Santos

 

  1. Semitismo bastante frecuente en el AT y NT (Biblia de Jerusalén, Nueva Edición Manual, Ed. Desclée De Brouwer, pág. 1546)
  2. De la canción “Sólo el amor”, Silvio Rodríguez
 Fuente Fe Adulta

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El vino bueno de la presencia.

domingo, 20 de enero de 2019
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03Domingo II del Tiempo Ordinario

Jn 2, 1-11

Nos hallamos ante un relato completamente simbólico –algún exegeta ha llegado a afirmar que, antes que relato, fue sencillamente una parábola–, en el que cada elemento encierra todo un mensaje cargado de contenido.

La boda, las tinajas de agua, el vino, la figura de la madre, las propias expresiones utilizadas…, todo ello está hablando de la novedad que, según el autor del evangelio, aporta Jesús: el paso de una religión ritual (el agua de la purificación) y vacía (“no les queda vino”) a la plenitud de una vida desbordante de gozo (el vino bueno que sorprende al mayordomo).

Habitualmente, en nuestra existencia parecen alternarse el “agua” y el “vino”, la rutina y la novedad, el “ir tirando” y una sensación viva de plenitud. Es bueno ser conscientes de que la causa de hallarnos en una u otra de esas vivencias no depende de lo que ocurre, sino del “lugar” desde el que nos estamos viviendo.

Cuando vivimos en la mente no observada –la mente que cavila, elucubra, rumia–, nos vemos sometidos a sus vaivenes, terminamos creyendo lo que pensamos y en la práctica funcionamos como marionetas que son movidas por hilos que (momentáneamente) han escapado a nuestro control.

En esos casos, la mente pensante parece ocupar todo el terreno y nosotros terminamos perdidos, en la confusión y, antes o después, en el sufrimiento. Lo cual es fácil de comprender en cuanto tenemos en cuenta que todo el sufrimiento es producido por la mente, por la lectura que ella hace de todo lo que sucede.

Las circunstancias son como son: agradables o desagradables, sencillas o difíciles, placenteras o dolorosas…, y sentimos el impacto que producen en nuestra sensibilidad. Pero el sufrimiento nace en el momento mismo en que nuestra mente añade una interpretación, dramatizando, magnificando o construyendo cualquier “historia” en torno a lo que simplemente sucede. Al hacer esto, venimos a ser esclavos de nuestra mente que se convierte para nosotros en una jaula que puede llegar a asfixiarnos.

Sin embargo, podemos también observar la mente con todas sus idas y venidas, pensamientos que aparecen y desaparecen, sin identificarnos con ella. Al hacer así, salimos de la jaula, mantenemos la distancia, dejamos de creernos las historias que la mente pudiera elaborar y nos anclamos en la atención (la consciencia Testigo) que observa.

Hemos trascendido el estado mental para acceder al estado de presencia, el “lugar” de la plenitud, donde reconocemos que no somos el “yo” al que le suceden cosas, sino la misma y única Vida que ha tomado forma temporal en este “yo”. La Presencia consciente que somos disuelve todas las “historias” que la mente podía contarnos y, de ese modo, nos libera de rumiaciones interminables y de sufrimiento inútil. Solo hay Presencia…, el “vino bueno” de la alegría.

¿Vivo en la rutina de la mente o en el gozo de la Presencia?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Una Iglesia con piedras, agua y purificaciones, pero sin amor

domingo, 20 de enero de 2019
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bodascana-asombro400Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

ALGUNAS NOTAS PREVIAS.

o El Evangelio (la tradición de San Juan) data de finales del siglo I, pasado el año 90. Es, por tanto, una tradición tardía y tiene una teología, una cristología muy desarrollada y delicada.

o Si ningún evangelio es una biografía (vida) de Jesús, el de Juan lo es menos. Naturalmente que tiene elementos históricos, pero están elaborados como una sinfonía en la que se combinan diversos elementos para componer un “todo” espléndido.

o Quizás hemos perdido la sensibilidad literaria (simbólica y poética), por lo que nos cuesta mucho trabajo adentrarnos en relatos como el que hemos escuchado hoy: las bodas de Caná.

01. UNA BODA.

Posiblemente una boda es de los momentos más felices e importantes de la vida. Los que os habéis casado tenéis experiencia de ello: La boda es encuentro, amor, alegría, fiesta, ilusión, esperanzas…

Quizás por esto la boda es figura de los tiempos mesiánicos. El banquete de bodas es un signo muy utilizado por Jesús: el Reino de Dios es como un banquete de bodas al que estamos invitados todos. (Mt 22,1-14).

Las relaciones entre Dios y su pueblo (la humanidad), son unas relaciones de amor.

En una boda se supone que hay amor, familias, encuentro, ilusión, esperanzas. Es lo que

Dios tiene y siente por el ser humano.

El amor humano es el mejor símbolo que encontramos para expresar lo que Dios siente por nosotros, un Dios que nos quiere, un Dios Padre que nos mira siempre con ternura, por duro que se haya vuelto nuestro corazón.

02. VINO.

Quizás porque Israel y Jesús eran mediterráneos, vieron en el vino (y en el trigo-pan) signo de abundancia y alegría. Esto está muy presente en la Biblia y también en la cultura popular.

El vino es un tema muy empleado por Jesús -Yo soy la vid- para hablar de la nueva situación del Reino: a vino nuevo, odres nuevos, (Mt 9,17).

La vida de Jesús transcurrirá entre comidas y encuentros, banquetes y bodas, multiplicación de los panes, etc.

No es muy complicado entender que el cristianismo es alimento y vida en todos los sentidos de la palabra

03. UNA BODA SIN VINO.

El relato que hemos escuchado es una boda en la que se han quedado sin vino. Es decir, se ha terminado la alegría y el amor y se han quedado en el más puro legalismo del agua, de los ritos de purificación, pero sin vida y sin amor.

Dios se había hecho ilusiones con su pueblo, con la humanidad, pero perdimos el amor y nos quedamos con los “papeles” en la mano, como tantos matrimonios. La religión se ha convertido en papel mojado: en agua.

04. SOLAMENTE TIENEN SEIS TINAJAS DE PIEDRA Y AGUA.

o Seis: número que significa imperfección (frente al 7 que es la plenitud.)

o Tinajas de piedra: que son una alusión a la ley de piedra del Sinaí.

o Agua es el puro rito vacío, sin contenido.

Llama la atención la sobreabundancia de vino: 6 tinajas de unos cien litros cada una, que cuando pasen a ser vino serán la alegría desbordante del encuentro, que Jesús sellará en el Calvario.

Israel se quedó sin vino, sin amor, con tinajas de piedra y con ley.

¿No será el caso del momento eclesiástico en que vivimos?

No estamos en un momento especialmente amable, festivo, alegre, optimista.

¡Qué lejos nos queda ya la ilusión del Vaticano II! ¿No estamos en un momento legalista, donde el rito es más importante que la fiesta y el Derecho rige más que el Evangelio? ¿No habremos vuelto a la situación judaizante de la antigua alianza? ¿Por qué -si no- quienes tienen poder en la Iglesia se enfrentan y oponen a la bondad y modos de amor de Francisco?

Dios quiere, ama, y es siempre fiel al pueblo, al ser humano.

El Dios de Jesús no es legalista, ni hace pasar a todo el mundo por ventanilla.

Dios no nos manda, nos quiere.

¿No será el momento de volver al amor inicial?

05. NUEVO VINO. (NUEVA ALIANZA): EL MAESTRESALA Y LOS SIRVIENTES.

El segundo vino es mejor. La Alianza de JesuCristo es plenitud y Evangelio. El Sinaí y el Derecho Canónico dejan paso al Evangelio de JesuCristo.

¿No tenemos siempre la tendencia judaizante, legalista -en el fondo miedosa- de volver una y otra vez al cumplimiento de la ley.

La vida es a veces dura y con muchos problemas, pero la vida en Cristo (ser cristiano) es una liberación y una paz interior, una felicidad.

06. ¿NO HABÍA INVITADOS EN AQUELLA BODA?

05Una cosa llama la atención: ¿en esta boda no hay convidados?

Al menos no se hace mención a los invitados

Lo que sí hay soy sirvientes y un maestresala.

El maestresala es el celoso guardián de la institución y mantenedor del orden público de la fiesta ni se entera de que faltaba el vino y después de dónde venía el nuevo y mejor vino.

Tiene alguna semejanza con el relato de los magos (Mateo): ni Herodes ni los “ilustrados” del Templo saben dónde está el rey de los judía. Ahora, el guardián del orden público de la boda, tampoco.

Curiosamente los servidores (diáconos) sí saben de dónde viene el vino nuevo. Y es que la comunidad eclesial se construye con el servicio (Jn 13), “si alguno me sirve, que me siga, (Jn 12,26). Los apóstoles (servidores) son los que reparten el pan en la multiplicación de los panes, (Jn 6,10-13)

¿Y si mirásemos al mundo eclesiástico? ¿Nuestro cristianismo no se habrá quedado también exhausto, sin vida? Ya casi, como el maestresala, ni sabemos de dónde nos viene la alegría y la serenidad.

La alegría y viveza del cristianismo (y de la Iglesia) no vendrá por la mayor rigidez de la ley, sino que la evangelización vendrá por el amor y el servicio.

07 LA MADRE DEL SEÑOR, LA MUJER, LA IGLESIA Y LA HORA

Este evangelista nos ofrece un mosaico de luces que resultan de gran hondura e iluminación cristiana.

LA MADRE

Resulta llamativo cómo este evangelio de Juan solamente menciona en dos ocasiones a la madre del Señor (sin decir nunca que se llamaba María) . Las dos ocasiones son:

o En las bodas de Caná

o El Calvario: la cruz, (Jn 19,25)

MUJER

En los dos momentos Jesús llama a su madre ¿un tanto fríamente?: “mujer”:

o Mujer, no ha llegado mi hora.

o Mujer, ahí tienes a tu hijo, (Jn 19,26).

Es evidente la alusión al Génesis, a Eva: su nombre será mujer por ser la madre de los vivientes, (Gn 2,23). La madre de Jesús es la madre de la iglesia naciente.

LA IGLESIA

Igualmente resulta llamativo que la iglesia (la comunidad cristiana) está naciendo: inmediatamente antes de Caná Jesús había llamado a Juan, Andrés, Santiago, Simón Pedro, Natanael y Felipe. En la cruz está la iglesia naciente representada por la madre del Señor y el Discípulo Amado (todos somos discípulos amados)

AGUA Y SANGRE

Otro universo simbólico es que en los dos momentos hay agua y vino: sangre: vida y espíritu. En Caná surge una nueva alianza, un nuevo vino. Del costado de Cristo en la cruz mana agua y sangre.

Se podría decir que San Juan termina su evangelio del mismo modo que lo comienza. En Caná hay agua y vino (espíritu). Cuando Jesús muere, de su costado brota agua y sangre, (Jn 19,31-37). Es el nacimiento de la Iglesia.

LA HORA

Finalmente, en Caná: todavía no ha llegado mi hora. Poco antes de llegar a la cruz: Jesús, sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, (Jn 13,1).

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son. El estilo del evangelio de Juan es un universo simbólico.

Puede que en un primer momento nos preguntemos si estás cosas sucedieron al pie de la letra, menos nos preguntemos por la moralina o moraleja que contienen. Los símbolos no son históricos, son reflejo de la verdad.

Sintámonos discípulos amados y desde ese momento en que nos sintamos queridos como el Discípulo amado.

HAGAMOS LO QUE ÉL NOS DIGA Y
DESDE AQUELLA HORA EL DISCÍPULO LA ACOGIÓ EN SU CASA.

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«¿Me considero todavía cristiano?», por José Arregi

jueves, 17 de enero de 2019
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39062220942_85f8b0738b_zLeído en su blog:

Apenas estrenado el 2019, conversé largamente con una persona que durante mucho tiempo me mostró su más cálida empatía con mis planteamientos teológicos. En los últimos años me reprocha haber ido demasiado lejos. Se sentía especialmente dolido por mi reciente artículo “¿Qué Navidad celebro?”. Sobre él giró nuestra conversación. Y no tardó en espetarme a bocajarro: “¿Te consideras todavía cristiano?”.

No es una pregunta que me pille desprevenido –ya van tantas veces–, pero cada vez me descompone un poco y me obliga a empezar de cero, como si volviera a la catequesis de primera comunión en aquella iglesia de San Agustín de Azpeitia, hoy reconvertida en centro cultural. Así que le respondí desde lo más adentro, con las palabras que me enseñaron en los primeros bancos de aquella iglesia sin saber aún lo que decía: “Me considero cristiano por la gracia de Dios o de la Vida”.

“Pero ¿qué es para ti ser cristiano? –repuso–. ¿Qué consideras lo esencial del cristianismo, lo que lo distingue de las demás religiones?”. “Pues muy sencillo –respondí–. Es lo del evangelio de Juan que hemos vuelto a escuchar y meditar estos días: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Lo esencial del cristianismo no es una creencia, sino carne que siente y vida en movimiento, cuestión de entrañas. Además, lo esencial del cristianismo no es lo que lo distingue y menos aun lo hace superior a las demás religiones y espiritualidades, sean religiosas o laicas, sino lo esencial de todas ellas y lo que las une en el fondo, más allá de nombres y conceptos. La entraña de la vida, lo que somos, nos hermana por encima de los credos”.

“Sinceramente –replicó él–, me parecen escapatorias. ¿No se diluye así la fe en la Encarnación en una especie de gnosis, tan de moda, donde todo se vuelven palabras y símbolos huecos? Eso ya no es fe cristiana. ¿Dónde queda la realidad de la Encarnación del Hijo de Dios en Jesús? ¿Qué significa para ti?”.

Acusé el embate, pero me remitía a un terreno argumental que me es familiar. De modo que respondí tranquilo:

“¿Qué significa para mí la Encarnación? Me alegro de que me lo preguntes así, y no me pidas que te explique en qué consiste. Puedo decirte lo que significa para mí, lo haré gustosamente, pero nunca decirte lo que es en sí, pues es indecible por definición, como Dios. Siempre discutimos sobre significados, y no importa que sean diversos para ti y para mí, pues bien podría suceder que significados distintos o incluso contradictorios se refieran a la misma realidad, cosa que me reconforta profundamente en mi vivencia y en mi pensamiento. Recuerda aquello de Santo Tomás de Aquino, que ha sido norma de la teología católica más tradicional y fiable: la fe no se refiere al enunciado, sino a la realidad misma. De modo que la realidad de la fe no la constituyen ni la fórmula dogmática ni su significado mental, sino el Misterio indecible al que apuntan o que sugieren, más allá de sí, todos los conceptos y significados teológicos. Las creencias y sus significados cambian en el tiempo, y pueden ser distintos para uno y para otro, dependiendo simplemente de lo que para uno es ‘creíble’ o pensable –que viene a ser lo mismo– de manera razonable, en coherencia con el propio paradigma o marco básico de comprensión de la realidad. Pero la vida apenas se juega en ello, sino en la vida entrañada. ¿Qué significa, pues, para mí la Encarnación? Significa la presencia más íntima del Misterio en la vida de Jesús, en su bondad creadora, en su humanidad libre y prójima, más allá de la metafísica del dogma con sus conceptos de ‘una persona divina’ y ‘doble naturaleza humano-divina’, como si lo divino y lo humano fuesen dos esencias diversas. Más allá del ‘Dios’ dogmático, mental, fabricado por nuestro cerebro. Más allá también del hombre particular Jesús, varón judío de hace 2000 años”.

¿Más allá de Jesús? –protestó–. He ahí tu problema fundamental. ¿A eso llamas Encarnación? ¿Dónde queda la divinidad de Jesús, el ‘Dios de Dios, luz de luz’ que dice el Gloria de la misa? Ahí es donde no puedo seguirte. Eso es lo que nos separa”.

Yo insistí:Pues sí, más allá del hombre histórico Jesús, individuo de la especie Sapiens en evolución. Y no creo de ningún modo que este Jesús nos separa, sino que nos une desde el fondo, más allá de las formas. Jesús nos convoca a todos a Dios o, mejor, al ‘Reino de Dios’, a la mesa o la ‘tienda de campaña’ universal de Dios donde la libertad y la fraternidad podrán por fin unirse y unirnos, cuando se realicen en todos los seres. En eso consiste para mí la verdadera Encarnación, presente y futura más que pasada. En ella y hacia ella caminamos. Sí, pienso que la Encarnación nos remite más allá de la particularidad física, biológica, cultural, religiosa de Jesús. Toda particularidad, por supuesto también la de Jesús, hunde sus raíces en el Absoluto eterno, pero ninguna forma particular, tampoco la de Jesús, agota el Absoluto ni se identifica con él. De hecho, Jesús nunca se identificó plenamente con Dios. Y a ninguno de sus seguidores y seguidoras judías de las dos primeras generaciones se le pasó por la cabeza identificarlo sin más con Dios, aunque nadie negaba su divinidad, entendiéndola, eso sí, de manera diversa. Es la ley de la Encarnación: conlleva particularidad, contingencia, limitación, como todas las formas del mundo. Queda el Misterio que nos salva. A El/Ella/Ello nos conduce Jesús, más allá de sí”.

“¡Uff! –exclamó como cansado–. Reconocerás que ese Dios del que hablas no es precisamente el Dios de Jesús, el Dios Personal, padre/madre llena de misericordia”.

También yo empezaba a desistir, pero intenté exponer un nuevo argumento, fundamental en el punto al que habíamos llegado: El problema es que no podemos conocer exactamente cómo imaginaba Jesús a Dios, entre otras cosas porque tanto la imagen de Jesús como su imagen de Dios difieren bastante de un evangelio a otro, de Marcos a Juan, por ejemplo. Pero aun cuando supiéramos exactamente cómo imaginaba Jesús a Dios, seguirían siendo imágenes humanas del Misterio inimaginable. Dios trasciende radicalmente todas las imágenes que de ÉL/ELLA/ELLO nos hacemos los humanos, y por consiguiente también las imágenes que pudiera hacerse Jesús. Por otro lado, ¿crees acaso que lo que tú imaginas como ‘Dios’ es lo mismo que imaginaba Jesús? Sabemos con bastante seguridad que él lo imaginaba a imagen y semejanza humana, dotado de rasgos y emociones propias de un Homo Sapiens.

Por ejemplo, como rey sentado sobre un trono en lo más alto del cielo, rodeado de ángeles; como Creador que había creado el mundo en seis días, con la tierra en el centro y el ser humano en la cima, un mundo al que iba a poner fin de manera inminente para el Juicio Final; como padre misericordioso que perdona sin medida, pero puede también condenar al infierno… Pocos creen hoy esas cosas, pero ni siquiera quien las cree las puede imaginar como Jesús. ¿Qué importa? Dios trasciende todas las imágenes y los significados que le daba Jesús. Es infinitamente más que todo lo que entendemos con el término persona, de acuerdo a nuestro cerebro y nuestra cultura. Es el Corazón eternamente latiente de la realidad, la bondad libre y creadora que se manifiesta en la vida de Jesús y en toda vida buena.

¿Quién es cristiano? Es cristiano quien reconoce a Dios en Jesús y trata de vivir como él. Humildemente, yo también me considero cristiano, porque Jesús es para mí el Icono del Misterio y aspiro a vivir a mi manera lo que él vivió. Todo lo demás son palabras sin carne”.

No lo convencí, pero no se trataba de eso ni yo lo pretendía. Y, en pleno siglo XXI y estando el mundo como está, me ruborizo de dedicar todavía tanto tiempo y esfuerzo a pensar sobre estas cuestiones, pero difícilmente lo puedo evitar, y me justifico malamente con aquello de que una buena teoría puede ser la condición de una buena praxis. Así sea.

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“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”

domingo, 13 de enero de 2019
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KÉNOSIS

Entra en picado
por aquella kenosis
que el Verbo aventuró
desnudamente,
de abismo en abismo,
hasta el foso fecundo de la muerte.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

***

Así dice el Señor:

“Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”

 (Lucas 3, 22)

.

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.”

*

(Isaías 42, 1-4. 6-7)

***

 «Jesús, que no tiene pecado, se pone en fila con los pecadores, esperando ser bautizado por Juan. Cuando Jesús comienza su ministerio, elige entrar en solidaridad con la humanidad pecadora… Jesús elige el camino de la humildad. No aparece con fanfarrias como un salvador poderoso, anunciando un nuevo orden. Por el contrario, viene calladamente, con muchos de los pecadores que van a recibir el bautismo de arrepentimiento… En las tentaciones que siguieron, se hace claro cuán radical es esta elección… Es difícil creer que Dios nos revelaría su presencia divina en el hombre de Nazaret humilde y que se autodespoja. Hay tanto en mí que busca influencia, poder, éxito y popularidad. El camino de Jesús es el camino del ocultamiento, la impotencia y la pequeñez. Sin embargo, cuando entre en comunión verdadera y profunda con Jesús, descubriré que este camino pequeño es el que lleva a la paz real y a la alegría.

En esta fiesta del bautismo del Señor, rezo por el coraje de elegir el camino pequeño y seguir eligiéndolo».

*

Henri Nouwen

Camino a casa. Un viaje espiritual

LUMEN

***

El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías.

Entonces Juan les dijo:

Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Un día en que se bautizó mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo:

Tú eres mi Hijo el amado, en ti me complazco.

*

Lucas 3,15-16.21-22

***

Tu verdadera identidad es ser hijo de Dios. Es ésta la identidad que debes aceptar. Una vez que la la has reivindicado y te has instalado en ella, puedes vivir en un mundo que te da mucha alegría y también mucho dolor. Puedes recibir alabanzas o calumnias que llegan a ti como una ocasión para fortalecer tu identidad fundamental, porque la identidad que te hace libre ha clavado su ancla más allá de toda alabanza y de toda calumnia humana. Tú perteneces a Dios, y como hijo de Dios has sido enviado al mundo. Necesitas un guía espiritual. Necesitas personas que te mantengan anclado a tu verdadera identidad. Subsiste siempre la tentación de cortar el lazo con el lugar profundo en el que Dios te habita y de dejarte ahogar por la alabanza o la calumnia del mundo.

        Mientras lo más profundo dentro de ti, donde se hunden las raíces de tu identidad como hijo de Dios, te ha sido desconocido, los que eran capaces de «tocarte» han tenido sobre ti un poder imprevisible y a menudo aplastante. Han llegado a ser parte de tu identidad; ya no podías vivir sin ellos. Pero ellos no podían desempeñar el papel divino y te han dejado, y tú te has sentido abandonado.

        Pero precisamente esta experiencia de abandono es la que te ha hecho volver a tu identidad de hijo de Dios. Sólo Dios puede habitar plenamente en lo más profundo de tu alma y darte sentido de seguridad. Pero queda el peligro de que dejes entrar a otros en tu lugar sagrado, hundiéndote así en la angustia.

*

H. J. M. Nouwen,
La voz interior del amor, Madrid 1998

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«Iniciar la reacción». Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

domingo, 13 de enero de 2019
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Bautismo_CEl Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los «bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia de hoy es «la mediocridad espiritual». La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

En no pocos cristianos esta creciendo el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los «signos de los tiempos».

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categorías premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos cristianos.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida».

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Que importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

José Antonio Pagola

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 13 de enero de 2019. Bautismo del Señor

domingo, 13 de enero de 2019
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09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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13.1.19. Bautismo de Jesús, bautismo cristiano. Breve teología.

domingo, 13 de enero de 2019
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86C0FC36-F34A-48BB-91E4-E3818E03BA2EDel blog de Xabier Pikaza:

La primera fiesta tras la Navidad y Epifanía es la del Bautismo de Jesús. El evangelio dice así:

Lucas 3, 15-16. 21-22
Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo…En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

El bautismo es el primer sacramento cristiano, signo de nuevo nacimiento y de vinculación a la Iglesia. Ayer presenté el tema, al ocuparme de la Navidad y de la Resurrección de Jesús. Hoy lo competo desde la perspectiva del nacimiento de Jesús y de los nuevos cristianos en la Iglesia.

Sería importante tratar de la problemática actual del bautismo en la Iglesia, con las consecuencias que implica para la unidad y libertad de los cristianos (varones y mujeres), pero ése es un tema requiere mayor atención, por eso quiero dejarlo hoy a un lado.

Pero hay una cosa que no me resisto a decir: La iglesia actual ha tendido a olvidar la importancia del bautismo, insistiendo más en otros sacramentos «muy menores», como son el de la Ordenación ministerial y el Matrimonio. Así nos va.

Otro día me ocuparé del tema. Hoy me limito a presentar un esquema general del bautismo de Jesús y de los cristianos, según la teología del Nuevo Testamento. Buen domingo a todos.

Introducción. Bautismos judíos

Los judíos del tiempo de Jesús destacaban el carácter lustral (purificador) y legal de los bautismos, que limpian y purifican las manchas de los sacerdotes y fieles, capacitándoles para realizar legalmente los ritos. De todas formas, el rito básico de la identidad israelita (para los varones) era la circuncisión y además el perdón oficial no se lograba con agua, sino con sacrificios, como dice Lev 17, 11: «Os he dado la sangre para expiar por vuestras vidas» (cf. Lev 17,11).

Según eso, la purificación legal se realiza con sangre de animales, pues ella es signo de vida, principio de expiación y alianza (cf. Ex 12, 13.23; 24, 3-8; Lev 14, 4-7; 16, 16-19), aunque, como he dicho, la misma Ley pedía lavatorios y bautismos, para que los sacerdotes se purificaran al empezar y terminar sus ritos (cf. 2 Cron 4, 2-6; Lev 16, 24-26) y para aquellos que habían contraído alguna mancha ritual, que les separaba de la comunidad, como los leprosos curados (Lev 14, 8-9; cf. 2 Rey 5, 14) y los que habían tenido relaciones sexuales, poluciones o menstruaciones… (cf. Lev 14, 16-24).

1. Bautismo judío, iniciación de Jesús.

Conforme a lo anterior, las casas de los judíos puros (y ricos) tenían piscinas purificatorias (miqvot), para «limpiarse». Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida ritual (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban así cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En tiempo de Jesús había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados.

En un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan.
Éste el primero de los grandes cambios que nosotros conocemos: Él abandoNó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una poderosa “escuela bautismal” (como he puesto de relieve en cap. 13). Abandonó así la cultura social del entorno, pensó que el orden socio‒sacral de este munco está acabando, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible una nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe el bautismo de Jesús:

Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

Fue un gesto y momento de “estado naciente”, no un dato pasajero, sino un acontecimiento que marcó la historia de su vida, trazando una ruptura respecto a lo anterior y definiendo su nueva opción mesiánico‒profético al servicio del Reino, retomando, de forma distinta, no sólo la tradición apocalíptico‒mesiánica, sino su forma de entender (y “practicar”) la biblia israelita:

‒ El bautismo fue para Jesús un momento de iniciación y de promesa mesiánica, como ha destacado la tradición cristiana cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡ofreciéndole su Espíritu!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada desde la vida posterior de la Iglesia, pero en su fondo puede y debe haber existido un núcleo fiable, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

‒ Fue una experiencia de inversión, esto es, de cumplimiento profético y revelación mesiánica. En ella vino a expresarse un Dios que, conforme a la mejor tradición israelita, actúa a contrapelo de los hombres. Precisamente allí donde, llegando al fin de su mensaje apocalíptico, Juan le colocaba ante la meta de juicio y destrucción, experimentó y descubrió Jesús la verdad más alta de su misión, recuperando su vocación davídica, entendida como impulso y llamada mesiánica de Reino. Es como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo ha terminado (ha llegado el juicio) puede comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte.

‒ Esta experiencia profético-mesiánica marcó la nueva historia de Jesús. No queremos decir que las cosas sucedieran externamente como dice el texto, pero los hilos posteriores de su vida sólo pueden entenderse desde aquí, en una línea que lleva del antiguo Elías, profeta del juicio (como Juan), al nuevo Elías, mensajero de la brisa suave y del nuevo comienzo de Jesús (cf. cap. 5 y 16). Sólo en ese contexto, allí donde descubre que todo lo anterior se ha cumplido (ha muerto), puede iniciar Jesús su nueva trayectoria, desde la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”, y con la brisa del Espíritu (que le envía a realizar su obra).

‒Vocación filial de Reino. No ha sido un proceso racional en plano objetivo, algo que puede demostrarse por medio de argumentos, sino un tipo de “intuición” vital, que ha trasformado las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, de su forma de estar en el mundo y de su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que se trata de una “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser, un estado naciente. No es imposible que, en este momento crucial, haya escuchado la voz de Dios que le llama Hijo y haya “sentido” la experiencia del Espíritu, haciéndole asumir su tarea davídica de Reino. Todo el transcurso posterior de su vida se entiende a partir de esta llamada.

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