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“Privados de espíritu profético”. 4 Tiempo ordinario – C (Lucas 4,21-30)

domingo, 3 de febrero de 2019
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04-TO-C-600x447Sabemos que la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo fueron creciendo hasta acabar en su condena y ejecución en la cruz.

También lo sabe el evangelista Lucas. Pero, intencionadamente, forzando incluso su propio relato, habla del rechazo frontal a Jesús en la primera actuación pública que describe. Desde el principio han de tomar conciencia los lectores de que el rechazo es la primera reacción que encuentra Jesús entre los suyos al presentarse como Profeta.

Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los suyos a lo largo de los siglos.

A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos casi por completo algo que tiene gran importancia. Dios no se ha encarnado en un sacerdote, consagrado a cuidar la religión del Templo. Tampoco en un letrado ocupado en defender el orden establecido por la Ley. Se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación.

Olvidamos que la religión cristiana no es una religión más, nacida para proporcionar a los seguidores de Jesús las creencias, ritos y preceptos adecuados para vivir su relación con Dios. Es una religión profética, impulsada por el Profeta Jesús para promover un mundo más humano, orientado hacia su salvación definitiva en Dios.

Los cristianos tenemos el riesgo de descuidar una y otra vez la dimensión profética que nos ha de animar a los seguidores de Jesús. A pesar de grandes manifestaciones proféticas que se han ido dando en la historian cristiana, no deja de ser verdad lo que afirma el reconocido teólogo H. von Balthasar: A finales de siglo segundo «cae sobre el espíritu profético de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo».

Hoy, de nuevo, preocupados por restaurar «lo religioso» frente a la secularización moderna, los cristianos corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético. Si es así, nos puede suceder lo que a los vecinos de Nazaret: Jesús se abrirá paso entre nosotros y «se alejará» para proseguir su camino. Nada le impedirá seguir su tarea liberadora. Otros, venidos de fuera, reconocerán su fuerza profética y acogerán su acción salvadora.

José Antonio Pagola

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“Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos”. Domingo 03 de enero de 2018. 4º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 3 de febrero de 2019
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12-ordinario4 (C) cerezoLeído en Koinonia: 

Jeremías 1, 4-5. 17-19: Te nombré profeta de los gentiles.
Salmo responsorial: 70: Mi boca contará tu salvación, Señor.
1Corintios 12, 31-13, 13: Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.
Lucas 4, 21-30: Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos

El texto de Jeremías tiene dos partes, la primera (vv. 4-5) se refiere a su vocación, y la segunda (vv. 17-19) a su envío profético. El llamado de Jeremías está marcado desde el inicio por la palabra: “me llegó una palabra de Yahvé”. El profeta es llamado por la palabra para ser palabra de Dios en medio de su pueblo. La palabra lo conoce desde antes de su nacimiento, lo que significa una intimidad profunda de Dios con el profeta. La palabra lo consagra, es decir, Dios se lo reserva para sí, desde antes de nacer. Conocer y consagrar son el marco para la misión de Jeremías: ser profeta de las naciones.

A partir del v. 17 Jeremías se convierte en palabra de Dios ambulante. Debe decir en público lo que Dios le mande. Pero decir la verdad siempre ha sido problemático y peligroso porque se tocan los intereses de muchas personas y de las estructuras sociales. Por esto Dios se anticipa a decirle que no tenga miedo de afrontar su misión. El temor no es ajeno a la vocación profética; lo importante es no abandonar la vocación porque entonces sería Dios el que podría asustarnos, es decir, dejar de llamarnos, de elegirnos y de consagrarnos, dejar de confiar en nosotros, y ¿qué susto peor puede recibir un profeta?

La promesa de Dios no plantea su intervención para salvar al profeta en tiempos difíciles, sino que a él, personalmente, lo fortalecerá internamente como un “pilar de hierro”, y externamente lo consolidará como una “muralla de bronce”. La palabra será su fuerza en su lucha contra las autoridades (reyes, ministros, sacerdotes y propietarios), que han olvidado la alianza de Yahvé, oprimiendo y marginando a su propio pueblo. La fortaleza también la encuentra el profeta en la obediencia a la palabra que recibe y anuncia. Esto le asegura la compañía permanente de Yahvé.

Este bello canto al amor, tiene como contexto la discusión de los corintios en torno a los carismas. Con el texto de hoy, Pablo afirma categóricamente que el único “carisma” absoluto es el del amor. El amor al que se refiere el autor no es el amor helenista (eros), sino el amor cristiano (ágape), que es un amor que se recibe, se entrega, se sirve y hasta da la vida por los hermanos. Sin amor, no tiene sentido ni el mejor de los carismas; sin amor, la palabra profética queda en el vacío, sin amor el amor de Dios pasa de largo en nuestras vidas.

Podemos dividir el canto en tres partes. En la primera (vv. 1-3) se enumera una serie de carismas que no son nada si falta el amor. En la segunda (vv. 4-7) se enumeran quince características del amor cristiano; siete se plantean de forma positiva y ocho de forma negativa. En la tercera parte (vv. 8-13) Pablo termina su canto reafirmando la eternidad del amor. El amor, que puede cambiarlo todo, es el único que no cambiará, que será el mismo eternamente. Entre la fe, la esperanza y el amor, este último es el mayor, quedando clara, para los corintios y para los cristianos de todos los tiempos, la superioridad del amor sobre cualquier otro carisma.

El domingo pasado, después de la lectura que hizo Jesús del profeta Isaías, el evangelio terminaba diciendo que “todos los presentes tenían fijos los ojos en él…”. El evangelio de hoy continúa la escena, que —recordemos— se desarrolla en la sinagoga de Nazaret. Jesús dice que en él se cumplen las palabras de Isaías, es decir, que es «el ungido» (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos… y el «año de gracia» del Señor.

Los vv. 22-30 los podemos dividir así: v. 22: la reacción de la gente; vv. 23-27: la respuesta de Jesús; vv. 28-29: indignación e intentos de matar a Jesús por parte de los nazarenos; vv. 30: Jesús continúa su camino.

Es interesante constatar el contraste entre la reacción de la gente en el v. 22 y la de los versículos 28-29. Inicialmente los de su pueblo aprobaban, y se admiraban de su paisano, pero no alcanzaban a ver en Jesús la gracia de Dios que salía de sus labios, ni al profeta anunciado por Isaías, sino simplemente al Jesús hijo de José. Jesús percibe que sus paisanos no están interesados en sus palabras sino en sus hechos, les interesa ante todo un espectáculo milagrero, que cure los enfermos del pueblo y basta. Jesús les responde con otro refrán: “ningún profeta es bien recibido en su patria”, dejando claro que en Nazaret no hará ningún milagro.

Entre los vv. 25-27 Jesús acude al AT para explicar su situación. El verdadero profeta no se deja acaparar ni mucho menos presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo por el espectáculo o por intereses individuales, aunque sean los de sus familiares o su propio pueblo. El profeta es libre y se debe a la palabra de Dios. La historia de Elías y Eliseo recuerda a los nazarenos cómo éstos tuvieron que irse a tierra de paganos porque su propio pueblo no quería escucharlos. La característica de la mujer de Sarepta es su confianza en Dios, confiando su vida y la de su propio hijo en un extraño como Elías; y característico del sirio Naamán es que depone su orgullo y soberbia nacionalistas ante las palabras de Eliseo. La misma Iglesia reconocerá en este texto su misión de anunciar la Buena Noticia a los más alejados, es decir, que la Palabra echa sus primeras raíces en las personas y en las familias, pero ése no es su destino final; tiene que ser una palabra que busque siempre el camino de los más alejados y necesitados.

Las palabras finales de Jesús enfurecen a los presentes e intentan arrojar a Jesús por un barranco en las afueras del pueblo. Es curioso cómo los pobres de Nazaret, sujetos preferenciales del Anuncio de la Buena Nueva, desprecian la palabra presente en su tierra. Pero la palabra no puede morir, y Jesús continúa su camino misionero al servicio de los pobres, marginados y excluidos, con una palabra de vida, aunque amenazada siempre de muerte por quienes hacen de su vida una mala noticia de egoísmo.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente estos temas: Leer más…

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03.02.19. Disputa de Nazaret: Sólo para los nuestros o mesías para todos

domingo, 3 de febrero de 2019
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50666062_1162442780599579_1068189200085417984_nDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 4 tiempo ordinario. Ciclo C. Lc 4, 21-30. El evangelio del domingo anterior presentaba el comienzo del Sermón de Jesús en Nazaret. Éste sigue presentando la disputa posterior. Como buen hijo de José, Jesús tendría que haberse preocupado sólo de sus paisanos “nazoreos” (judíos mesiánicos nacionalistas, como se supone que era José). Pero él supera la visión «ortodoxa» de su padre y ofrece su buena nueva a todos los necesitados (como los antiguos profetas «galileos»: Elías y Eliseo). Por eso nace la disputa.

‒ Insiste en la liberación de los pobres, poniendo como lema de su misión la apertura a los necesitados, y no el triunfo nacional israelita.‒ Deja a un lado el tema de la venganza (la victoria sobre los enemigos), presentando así implícitamente un programa de liberación para todos los pueblos.

Sus paisanos de Nazaret le acusan de ello y quieren lincharle. El discurso de Jesús, proclamado en el centro neurálgico del mesianismo judío en Galilea (ante sus paisanos nazarenos/nazoreos, defensores de una política fuerte de defensa nacional) va en contra de los intereses de su gente. Por eso, ellos rompen con él….y Jesús tiene que “romper” con ellos.

Ésta es la primera gran disputa de Jesús, y ella nos sitúa ante un tema todavía no resuelto: la relación de Jesús (y del cristianismo) con el judaísmo nacional , con los intereses de una Iglesia establecida.

rechazadoÉste es el problema actual sangrante de la buena sociedad actual… que defiende sus intereses de grupos.., expulsando (dejando fuera) a millones y millones de personas de otros pueblos, de otros grupos sociales, extranjeros y distintos.

El resultado de esta disputa de Jesús con los nazoreos/nazareos y en el fondo con José sigue definiendo la esencia del cristianismo, aunque es posible que muchos (que seguimos leyendo el pasaje de forma «piadosa») tenemos dificultad en entenderlo.

— Imagen 3: Una escena normal de linchamiento, en contra de un «negro», alguien que rompe la unidad social de los «buenos» en la «vieja» USA
Buen domingo a todos.

Texto. Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino sólo una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino sólo Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

1. Introducción. Para situar el tema

El contraste entre Jesús y su pueblo (su familia) aparece en Mc 6, 1-6 y de forma parecida en Mt 15, 35-38, aunque todo nos permite suponer que la versión de Marcos (y Mateo) es históricamente menos exacta, porque ellos quisieron eliminar los “rasgos” nacionalistas de Jesús. Lucas, en cambio, conserva mejor el tenor original de la escena, “difuminado” por Marcos, en un sentido teológico, pero históricamente menos verosímil.

El texto de Luchas sigue siendo “teológico” (recrea una escena ideal de controversia mesiánica), pero es mucho más histórico que el de Marcos. Además, tiene la ventaja de hacernos ver mejor el trasfondo familiar de Jesús, vinculándole y separándole de “padre” José.

No sabemos si Jesús se enfrentó en su juventud a José (transmisor de las promesas nazoreas, educador primordial de Jesús), ni sabemos cuando debió morir José. Pero lo cierto es que, según el evangelio de Lucas, los vecinos de Nazaret (sus vecinos) suponen que Jesús no siguió en la “buena línea” de su “padre”, que fue de hecho un “renegado” (rebelde a su padre, y digno de muerte por ello).

1) Lucas presenta la escena de un modo solemne, como introducción de todo el evangelio, citando aquí el sermón programático de Nazaret (¡Anunciar la libertad a los cautivos!: Lc 6, 18-20), que aparecía en la liturgia del domingo anterior. Éste no es un sermón más de Jesús, es “su sermón”, su declaración básica de intenciones, ante los nazoreos de Nazaret, que van a “expulsarle” de su grupo (van a condenarle, por contrario a su padre José, por contrario a los verdaderos principios nazoreos). ((Varias veces he presentado en este blog la identidad y “teología” básica de los nazoreos mesiánicos)).

2) En vez de referirse a la madre y hermanos, Lucas cita a José de un modo muy significativo. Es evidente que todos en el pueblo conocen a José y que al preguntar ¿no es éste el hijo es José? no están refiriéndose a un parentesco biológico (dado por supuesto), sino “ideológico y práctico”. Los nazoreos/nazarenos están afirmando retóricamente que Jesús no sigue en la línea de su “padre” que para ello es la buena, de forma que Jesús aparece así como “renegado”.

3) Jesús se defiende apelando a dos famosos profetas del entorno galileo (Elías y Eliseo), quienes, siendo muy israelitas, han abierto su acción sanadora a personas del “odiado” entorno: fenicios y sirios. Él no niega su identidad “nazorea”, sino todo lo contrario. Pero en vez de vincularse directamente con el David rey nacional (al que apelan sus adversarios, al menos implícitamente) apela a los grandes profetas universales de la historia israelita, que siendo creadores de Israel fueran, al mismo tiempo, hombres abiertos a los gentiles, a quienes ofrecieron su servicio (sus curaciones).

4) Todo culmina en un linchamiento frustrado. Jesús ha roto con Nazaret, que parece una aldea de nazoreos mesiánicos; ha roto con sus principios mesiánicos, rechazando los ideales de su padre José y de su gente nazorea. Evidentemente, es digno de muerte (los que van en contra de los padres deben morir, según una norma esencial del Deuteronomio: 21, 18-21). Quieren matarle, y tienen derecho para hacerlo. Pero Jesús podrá escaparse, porque es sábado… Ésta “herida y ruptura” entre Jesús y su “padre” (y su gente nazorea) está en el origen del mensaje cristiano.

5) La figura de José ha sido recuperada “piadosamente” (en ámbito de fe) por Mt 1-2 y Lc 1-2 y así la venera la Iglesia (aunque de forma quizá muy insuficiente e incluso vergonzante). Todo nos permite suponer que la figura del José real, un recio nazareo, nacionalista mesiánica (en una línea que estaría más cerca de los celotas posteriores), aparece aquí mejor esbozada (lo mismo que en Jn 1, 45 y 6, 42, confirmándose así, una vez más, las conexiones entre Lc y Jn). La Iglesia necesita una recuperación del auténtico José, padre real de Jesús (no putativo, en sentido piadosito), nacionalista judía…, un José a quien Jesús se opone, según sus paisanos.

6) Se plantea así un tema apasionante, tanto en relación a José (un “justo” nazareo, buen judío mesiánico), como en relación con Jesús, su “hijo”, que aparece abriendo un camino de mesianismo universal, que está en la base del cristianismo. Es claro que no puedo desarrollar todos los temas aquí implicados, pero intentaré esbozar los más importantes, dejando quizá para otro día la figura de José y el sentido de la evocación de Elías-Eliseo. Quien se sienta interesado por el tema sigue leyendo.

2. Conexión con el texto anterior (Lc 4, 16-20).

Este pasaje es una continuación (y desenlace) del que hemos comentado en el domingo anterior: Jesús presenta en la sinagoga de su pueblo (de su gente nazorea) su programa mesiánico, su discurso de investidura:

a) Jesús viene a cumplir la gran promesa mesiánica de la liberación de los cautivo, el anuncio del año de Gracia del Señor… (cf. Lc 4, 18-20). Es una palabra central del mensaje israelita, una promesa de salvación mesiánica de Isaías… Pero como indiqué el domingo anterior Jesús no ha citado el texto de un modo completo, pues ha dejado a un lado (quizá ostentosamente) la parte relacionada con el juicio de Dios y la condena contra los enemigos de Israel.

b) Sus paisanos de Nazaret (nazoreos) le echan en cara su ruptura y diferencia respecto de José, con cuya tradición quieren enfrentarle. Así le presentan como un hombre que no es fiel a las tradiciones patriarcales de los nazareos, al abrir la promesa de Dios a los de fuera.

c) Jesús invoca para defenderse a Elías y Eliseo, figuras importantes de la tradición popular de Israel, vinculadas de un modo especial con Galilea. De ellos hablan con extensión los libros de 1 y 2 Reyes. Elías se abre a los extranjeros, alimenta a la viuda de Sarepta y resucita a su hijo… En esa línea de apertura hacia los de fuera se sitúa el mensaje y camino de Jesús. Por su parte, Eliseo: cura a Naamán el sirio… Su acción de sanador se abre más allá de las fronteras de Israel, rompiendo los límites de un nacionalismo religioso estricto.

3. Disputa de Nazaret: todos los pobres

Como he dicho, Jesús empieza afirmando que todo el programa de Isaías (entendido como promesa de liberación universal) se ha cumplido “hoy”, en el hoy de Nazaret, que aparece así como signo y principio de una misión universal. Es evidente que, en esta línea, la “iglesia” o movimiento de Jesús empieza en Nazaret. De “Nazaret a todo el mundo”, ese sería su programa. Jesús se presenta así “nazoreo” universal de la liberación mesiánica. Pero los “nazoreos” nazarenos no le admiten. Éste es el centro de la trama:

1. Los nazoreos-nazarenos condenan a Jesús, aunque al principio parecen admirarlo. Le condenan porque, al parecer, no actúa como José (¿no es éste el hijo de José?), es decir, porque quiere ayudar a todos los pobres y cautivos del mundo, no sólo a los judíos, porque cita y aplica mal el texto de Isaías.

4. Jesús se apoya en los profetas Elías y Eliseo, que ayudaban a los pobres de los pueblos del entorno, no sólo a los judíos (ayudaban y curaban a los sirios y fenicios), preocupándose no sólo de los nacionales (los judíos, los buenos cristianos, los españoles), sino también de los de fuera (no judíos, no cristianos, no españoles…).

4. Jesús y la ley Charles Lynch (1736‒1796), juez de Virginia

LincharLos nazarenos quieren “ajusticiar a Jesús”, porque no responde a los ideales de su nación, porque no es buen judío, y lo quieren hacer a través de un proceso de linchamiento (Ley de Lynch) colectivo, perfectamente estudiado por los antropólogos. Se trata de matar entre todos (como en la lapidación), pero de matar sin golpear directamente, acorralando al “ajusticiado” de tal forma que él mismo tiene que caer al precipicio y matarse. Es además un día de Sábado, y los buenos israelitas no pueden tirar piedras, ni dar golpes, pero pueden ir acorralando a Jesús hasta que se despeñe por el mundo.

Como he dicho, todos los textos clásicos de antropología citan casos como éste. Pero Jesús logra marcharse, abriéndose paso entre el gentío airado, aunque el texto no dice cómo (con qué resortes psicológicos o sociales)… Quizá simplemente abriéndose paso con decisión, porque es sábado y no pueden tocarle y empujarle. Leer más…

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Fracaso de Jesús en Nazaret. Domingo 4º. Ciclo C.

domingo, 3 de febrero de 2019
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Jesus - expulsoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como en una serie de televisión, el evangelio de este domingo comienza recordando lo contado en el episodio anterior. Jesús ha leído en la sinagoga de Nazaret un texto de Isaías que proclama una buena noticia a los pobres, ciegos, prisioneros, oprimidos. Cuando termina, afirma: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». ¿Cómo reaccionará el auditorio a estas palabras? Es lo que se cuenta en el evangelio de hoy, en el que podemos distinguir tres momentos: la reacción inicial del auditorio, un ataque desconcertante de Jesús, y la reacción final de los nazarenos.

La reacción inicial del auditorio

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

            Aparte de leer a Isaías, Jesús no ha dicho prácticamente nada. Sin embargo, Lucas indica de inmediato la triple reacción de los presentes: aprobación, admiración y desconcierto. Al parecer, les gusta lo que han oído, pero no comprenden que lo diga alguien a quien conocen desde pequeño.

Un ataque desconcertante de Jesús

            Si Jesús hubiera sido un político, habría aprovechado la ocasión para ganarse más aún al auditorio, solventando las posibles dudas sobre su autoridad. Sabe lo que esperan de él: no que lea textos de la Biblia sino que haga milagros. Le bastaría realizar algunos parecidos a los que ha hecho en Cafarnaúm para que todos le aplaudan y crean en él.

            Sin embargo, se niega a ello e incluso adopta una postura agresiva. Sin que los nazarenos hayan dado motivo, Jesús da por supuesto que lo van a rechazar. No se basa en nada concreto que hayan hecho o dicho, sino en un proverbio:“Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. En consecuencia, tampoco él mira bien a los nazarenos y no hará allí ningún milagro. Igual que Elías fue enviado por Dios a ayudar a una viuda fenicia, y Eliseo a un leproso sirio, él también se siente enviado a los paganos.

Y Jesús les dijo:

– «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Y añadió: «Os aseguro ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Reacción final de los nazarenos

            ¿Cuál sería la reacción lógica de los nazarenos? Levantarse e irse de la sinagoga, soltando probablemente bastantes maldiciones contra Jesús. Sin embargo, lo que cuenta Lucas es mucho más fuerte:

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

. Un relato desconcertante

           Cuando se lee con atención el relato de Lucas surgen varias preguntas:

            ¿Por qué adopta Jesús una postura tan agresiva?

            ¿Por qué da por supuesto que lo van a rechazar?

            ¿Por qué compara su actitud con la de Elías y Eliseo, enviados a los paganos, cuando reconoce haber hecho milagros en Cafarnaúm, que no es una ciudad pagana sino israelita?

            ¿Por qué reaccionan los nazarenos de forma tan terrible, queriendo matarlo?

            Para responder a estas preguntas conviene recordar cómo cuenta Marcos la visita de Jesús a Nazaret.

La versión de Marcos

            Marcos cuenta la visita de forma muy distinta. Jesús ya es bastante conocido cuando vuelve a Nazaret con sus discípulos. Y ocurre lo siguiente:

“Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto lo sentían como un obstáculo. Jesús les decía: “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad.”

            Las diferencias son claras. En Marcos, la reacción del auditorio no es de aprobación, admiración y desconcierto, sino de desconcierto y rechazo. Entonces es cuando Jesús recuerda que “a un profeta solo lo desprecian en su tierra”. Pero nadie intenta matarlo. Simplemente, no creen en él ni en su poder. Y Jesús se admira de su incredulidad.

Nazaret como símbolo

            ¿Por qué ha escrito Lucas un relato tan distinto? Porque él no ha pretendido contar lo ocurrido, sino convertir la visita de Jesús a Nazaret en símbolo de la relación de Jesús con el pueblo judío y con los paganos.

            Para ello, lo primero que hace es comenzar la actividad de Jesús con esta visita. Mientras Mateo y Marcos dicen que Jesús comenzó predicando por los pueblos y aldeas de Galilea, sin concretar cuáles, Lucas nos sitúa en la sinagoga de Nazaret. Sabe que Jesús no fue aceptado por los nazarenos, ni tampoco por su familia, que lo consideraba medio loco. Recoge y lleva al límite ese rechazo, convirtiéndolo en símbolo de la oposición de la mayor parte del pueblo judío, que terminó provocando su muerte.

            En el Nuevo Testamento se indican distintos motivos por los que Jesús entró en conflicto con las autoridades judías: por no observar el sábado, por ser un peligro desde el punto de vista político… En el relato de Lucas, el motivo principal de conflicto es el nacionalismo de los que quieren un Mesías al servicio exclusivo de Israel, mientras que Jesús se ve enviado a toda la humanidad. Pero nadie debe escandalizarse de eso, mucho menos los judíos: también Elías y Eliseo fueron enviados por Dios a los paganos en unos momentos en que los israelitas estaban muy necesitados de ayuda.

La primera lectura (Jeremías 1,4-5. 17-19)

            Ha sido elegida para probar que “ningún profeta es bien visto en su tierra”. Al contrario, encuentra la oposición de los más diversos estamentos del país: reyes, príncipes, sacerdotes, grandes propietarios (el término “gente del campo” fue cambiando de sentido, pero parece que aquí se refiere a los propietarios de grandes fincas).

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí;

antes de que salieras del seno materno, te consagré:

te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá,

frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.»

            Oráculo del Señor.

Las palabras finales coinciden muy bien con el final del evangelio, donde Jesús pasa serenamente entre quienes intentan matarlo y se aleja. Con una gran diferencia: Jeremías se verá libre gracias a la compañía de Dios; Jesús tiene en sí mismo el poder para enfrentarse al enemigo. Cuando muera será porque él lo acepta libremente.

Reflexión final

            El evangelio de hoy podría interpretarse como un ataque al nacionalismo político. En parte lo es, porque los judíos identificaban religión y política. Pero el ataque de Jesús se dirige sobre todo al “nacionalismo” religioso. Aplicándolo a nuestros días, a los cristianos que pensasen que son los elegidos de Dios y los únicos que merecen su atención. Cabe el peligro de parecernos a los nazarenos, de pecar de exclusivistas al hablar de la salvación de Dios.

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03 de Febrero. Domingo IV. Tiempo Ordinario

domingo, 3 de febrero de 2019
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“Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo… Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.”

(Lc 4, 21-30)

Con lo bien que había empezado todo… La semana pasada Jesús volvía con la fuerza del Espíritu y anunciaba una Buena Noticia. Y, además, nos decía que más que una noticia era una realidad, era nuestra realidad, pero veinte versículos después todo ha cambiado.

El clima ha dado un vuelco radical. Quienes “expresaban su aprobación y se admiraban” ahora están furiosos y quieren acabar con Jesús.

¿Qué ha pasado? Que Jesús nos ha dicho nuestra verdad. Toda nuestra verdad, la imagen que somos, pero también las sombras que queremos ocultar. No se ha callado nuestra mediocridad. Nunca se calla. Y nuestro orgullo se revela.

Viene y despierta nuestros demonios, aquellos con los que ya nos hemos acostumbrado a vivir. A fin de cuentas no somos malas personas. Es más, para lo que se ve por ahí, somos de lo mejorcito que hay.

Este Jesús, ¿quién se cree que es?

Somos buena gente y acabamos pensando que tienen que pasarnos cosas buenas. ¿Por qué va a ser Jesús menos generoso con nosotras que somos buenas que con los de Cafarnaúm?

Queremos los milagros, queremos los dones y bueno, Jesús también se puede quedar… Pero que no nos falte la salud, ni tampoco a nuestros seres queridos. Que tengamos trabajo y un buen sueldo. Que gane mi equipo de futbol y ya de paso que el año que viene me toque la lotería de Navidad. A fin de cuentas, soy buena gente.

Pero ahora viene Jesús a decirnos lo que nos falta, a decir en voz alta aquello que tanto nos esforzamos por silenciar. ¿Quién se ha creído que es? Nos enfadamos, y con razón.

¿Quién se cree que es ese conductor para pitarme? ¿O esa dependienta para ponerme mala cara? ¿Quiénes se creen que son los funcionarios para hacerme esperar? ¿Quién se cree que es el crío ese para faltarme al respeto? Todos juntos y cada uno por separado son Jesús viniendo a despertar nuestros demonios, nuestras mediocridades. ¡Ah! Y también viene con la apariencia cercana de: marido, hijos, mujer, hermanos. En sus gestos más desagradables, precisamente en los que nos enfurecen.

Por eso también nosotros, más de una vez, queremos despeñarlo. Sacar a ese molesto Jesús de nuestro pueblo. Sí, también nos pasa. Pero tampoco es para asustarse. Jesús no se asusta. Solo se aleja para que podamos tomar la perspectiva necesaria.

Oración

Te presentamos, Trinidad Santa, nuestras oscuridades, esas que son el verdadero motivo de nuestros enfados. ¡Ilumínalas! y serán luz. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La salvación que Jesús ofrece no es la que esperamos.

domingo, 3 de febrero de 2019
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maxresdefaultLc 4, 21-30

Seguimos con el tema del domingo pasado. “hoy se cumple esta escritura” pero no va a ser como esperan los de su pueblo. En todos los evangelios se habla de los milagros de Jesús como manifestación de su divinidad, pero a la vez se critica que los que le conocieron pretendan poner en las curaciones la salvación ofrecida por Jesús. Una salvación material que debía consistir en librarles de sus limitaciones desde fuera y por el poder de Dios, directo o a través de un intermediario. Seguimos arrastrando la idea de Dios del paleolítico: el todopoderoso que va a poner su poder a mi servicio si cumplo unos requisitos.

Hoy se cumple esa Escritura en cada uno de nosotros. Dios la cumple siempre sin tener que hacer nada. Que se cumpla hoy depende exclusivamente de mí. Por no tener en cuenta estos dos planos, la religión nos ha metido por un callejón sin salida y nos ha hundido en la miseria. Seguimos esperando que Dios haga que me toca hacer a mí. Soy yo el que tengo que preguntarme: ¿cumplo yo hoy esa escritura que acabáis de oír?

La misma iglesia, ya desde muy pronto, prefirió potenciar en Jesús la idea de Hijo de Dios y se olvidó de la de Mesías; aunque está claro que en los orígenes querían decir lo mismo. Así, la salvación, que se pensaba como acontecimiento que debía darse en la historia, se convirtió en la salvación trascendente y ahistórica para el más allá. El mordiente que encerraba la imagen del mesías, se disolvió como un azucarillo. Jesús ya no necesita hacer presente la liberación desde la historia sino desde la estratosfera de su divinidad.

Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban…” Pero hay una traducción alternativa: El verbo griego (martyreo) = dar testimonio, que se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”. Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse, es decir, una admiración negativa. Entonces la traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”. Así cobra pleno sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca provocando al personal.

La importancia de suprimir la última frase del texto de Is, queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Is, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La atención a la viuda de Sarepta y Naamán el sirio deja en evidencia la pretensión de salvación exclusiva que los judíos, como pueblo elegido, pretendían.

El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no solo no les convence, sino todo lo contrario, provoca la ira de sus vecinos que se sienten agredidos porque les echa en cara su ceguera. La tradición de Mc, que copia Mt, no hace alusión ni al texto de Is ni a Elías y Eliseo. Esto indica la intención de recalcar la oposición de sus paisanos en Lc. Los primeros cristianos se esforzaron por proponer a Jesús como continuación del AT, aprovechando cualquier resquicio para demostrar que en él “se cumplen las Escrituras”. Jesús sobrepasó, con mucho, todo lo que pudieron insinuar las Escrituras.

¿No es este el hijo de José? La única razón que dan los de su pueblo para rechazar las pretensiones de Jesús, es que no es más que uno del pueblo, conocido de todos. Me parece muy importante este planteamiento por parte del evangelista. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos los seres. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir y vivir en nosotros lo mismo que él descubrió y vivió.

La primera oposición que sufre Jesús en este evangelio no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a las expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto, (familia, pueblo, nación) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo responde, la mayoría de las veces, a esta dinámica completamente contraria al evangelio.

Los de su pueblo no pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él. El odio es siempre consecuencia de un amor imposible. El evangelista echa mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de extranjeros en apuros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura.

El Dios de Jesús es Amor incondicional. No puede tener privilegios, porque ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Dios ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Bin Laden… En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas. Es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es.

Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Pero esa salvación no depende de Dios ni de un intermediario de su poder sino de cada uno de nosotros. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los opresores. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios, se opongan, con uñas y dientes, a esa práctica liberadora. Si no estamos dispuestos a liberar al oprimido, somos opresores.

Tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo, le afecta en lo esencial. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad; pero yo, al ser la causa de su muerte, me hundo en la más absoluta miseria.

¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosi­dad es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios es una falacia. La única pregunta a la que debo contestar es ésta: ¿Amo sin exclusión? Sin amor, toda nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo.

Meditación

Ignoramos lo que realmente somos.
Tú eres, como Jesús, ungido.
Estás capacitado para la tarea que debes realizar.
Cuando despliegues tu verdadera salvación,
estarás en condiciones de ayudar a otros a encontrarla.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Enseñando en la sinagoga

domingo, 3 de febrero de 2019
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Untitled-1“El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca” (Kant)

3 de febrero. Domingo IV del TO

Lc 4, 21-30

Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero él, abriéndose paso entre la gente, se marchó.

Los jerarcas -personas de una categoría superior y principal dentro de una organización, especialmente en el orden de la Iglesia, como lo define el diccionario- representan una estructura que se establece en orden a su criterio de subordinación entre persona, animales, valores y dignidades. La palabra española “jerarquía” procede de la latina hierarquia, y ésta de la griega ἱεραρχία. A Jesús, a quien las normas y los ritos le traían al pairo, interpretaba en la sinagoga de Nazaret las rocosas palabras de la Biblia, a su aire. Un aire fresco y reconfortante que, en este caso, acatarraba a los jerarcas y al pueblo. Solución: despeñarle. Precio que, incluso, habría de pagar más tarde el Calvario como lo han pagado tantos otros rebeldes en la historia. Pero es el necesario tributo que hay que pagar para poder seguir creciendo.

El monje budista Walpola Rahula (1907-1997) dice en “Lo que Buda enseñó: “Las enseñanzas del Buda surgieron en la india como una fuerza espiritual contra la justicia social, contra los ritos supersticiosos degradantes, las ceremonias y los sacrificios, denunciaban la tiranía del sistema de casta, y abogaban por la igualdad de todos los hombres; emancipaban a las mujeres y les dieron la libertad espiritual”.

El Cristianismo nació en la misma fuente, aunque llegaron pronto los jerarcas, defensores de la Ley con ínfulas bien puestas en la mitra, y comenzaron a congelar las aguas, sin percatarse de que en tan rígidas condiciones, ideas, sueños y sentimientos, se quedarán enanos. Para ellos lo verdaderamente importante eran las palabras:

“Ya entendí”, dijo la rosa.

“No lo entiendas, vívelo”, dijo el pequeño príncipe.

Y ese mismo día empezaron a crecer en su Planeta las ideas, los sueños, los sentimientos, … ¡y los árboles!

“Nunca hace daño tener una opinión elevada de alguien; a menudo más personas se sienten ennoblecidas y actúan mejor como consecuencia”, dijo Nelson Mandela. Y también empezaron a prosperar en el mundo todas las especies naturales. ¿Fue aquí quizás entonces, cuando los de las ínfulas mitrales se quedaron enanos para siempre?

¡¡Por favor, Jesús, ven a salvarlos!! A ellos y posiblemente también a nosotros, pues el riesgo lo corremos todos. No podemos amarrar la barca a la luna, y descender luego hasta el mar para remar sobre las olas. Sería infinitamente mejor “abrirnos paso entre la gente y marcharnos” para impedir que nos lleven a un barranco.

“El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”, dijo Kant, si bien yo he de confesar que no siempre he sido suficientemente sabio y prudente como hubiera sido necesario.

En un libro titulado Poesía china, el sabio y poeta Li Bai nos habla de un Maestro que, aunque funcionario del estado, era sabio con los sueños y rompía las normas estatales, pues no escuchaba al emperador. Toda autoridad oficial tiene por habitual cometido el mantenimiento de los cánones que tutelan su gobierno y el de los súbditos con ansias de desarrollo; y también el de vulnerar dichos cánones cuando las reglas se convierten en freno que paraliza su evolución normal como persona. En mi jardín tengo unas encinas nacidas en los huecos de las rocas; y a medida que sus tenaces troncos se han desarrollado, han quebrado el rígido granito.

UN MENSAJE AL MAESTRO LENG (Li Bai)

Maestro, te saludo desde mi corazón,
tu fama es bien conocida por todo el mundo.
Renunciando a esa juventud ardiente de la nación
con sombrero y carro de funcionarios de alto rango,
ahora con el pelo blanco, eliges los pinos y las nubes
ebrio con la luna, sabio con los sueños,
flor hechizada, no escuchas al emperador…
¡Como una alta montaña, de qué manera podré llegar a tiempo
a la respiración de su dulzura desde aquí.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Pase lo que pase

domingo, 3 de febrero de 2019
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images(Lc 4, 14-30)

Impacta la absoluta y radical disponibilidad al Espíritu en cada paso de tu vida, Jesús. Vuelves a donde saliste, tu pueblo, Nazaret, el sitio donde creciste. Vuelves con el eco del día de tu bautismo: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Lc 3,22) que sigue resonando por dentro.

Te reconoces y revalidas el envío, tu misión: ir a los pobres, esclavos, oprimidos y proclamar la libertad; la interior, la que dignifica, para anunciarla a todos los que no la conocen, la han olvidado o perdido. Animas a dejarse hacer por la fuerza del Espíritu; volviendo una y otra vez al instante primero de comprensión para seguir adelante con el mismo ímpetu y comprensión que a Ti te movió.

Una cosa es que te escuchen los de fuera y queden entusiasmados, y otra muy distinta que te escuchen los que saben de ti desde la infancia: “¿No es éste el hijo de José? Esperan recibir de ti, como mínimo, lo que han recibido los de fuera. No se dan cuenta de que una cosa es la fe y otra muy distinta sentirse con derechos sobre tu misión por aquello de ser convecinos. Te están retando.

“En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su tierra”, les dices y nos dices. Es cierto y sigue sucediendo en todos los tiempos: en las familias, entre amigos, en grupos y comunidades, y en la propia Iglesia.

Por el bautismo, además de sacerdotes y reyes, nos dicen que estamos llamados a ser profetas. ¿Quiénes? ¿Cómo? Todo aquel que permanezca abierto al Espíritu con la misma radicalidad y disponibilidad que nos muestras en cada paso de Tu vida.

Si el profeta es consciente de su misión se abrirá paso, pase lo que pase, entre los que no le reconocen, le critican, le retan e incluso quieren quitárselo de encima, y seguirá tu Camino contra viento y marea.

Tengo una pregunta: ¿Crees que la voz femenina suena en la Iglesia como sinfonía profética?

Mari Paz López Santos

FEADULTA 3 febrero 2019

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De la intolerancia a la comprensión

domingo, 3 de febrero de 2019
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jesus_e_expulso_da_sinagoga(Lc 4, 14-30)

Incluso el lector menos atento advertirá rápidamente la disonancia que aparece en este relato: a la aprobación y admiración que manifiestan sus paisanos, Jesús responde con reproches, y la escena concluye con sentimientos de furia que a punto estuvieron de terminar en tragedia.

Parece que solo cabe una explicación: en un mismo relato se han mezclado dos episodios diferentes, probablemente porque ambos ocurrieron en el mismo lugar, la sinagoga de Nazaret. En uno de ellos, Jesús cosechó aplausos por parte de sus paisanos; en el otro, vivió un duro enfrentamiento con ellos.

Si atendemos al texto, el motivo del enfrentamiento y de la furia de sus oyentes parece claro: aun citando a dos grandes profetas del pueblo –Elías y Eliseo–, Jesús colocaba a personas extranjeras por encima de los propios connacionales. Para un judío piadoso resultaba inadmisible que cualquier pagano recibiera un favor divino antes que alguien perteneciente al “pueblo elegido”.

Los humanos –quizás como animales gregarios que somos– tendemos a marcar distancia entre el propio grupo –tribu, parentela, familia, club, pueblo, religión, nación…– y todos los demás. Se trata, sin duda, de un movimiento de autoafirmación, de búsqueda de seguridad y de defensa frente a lo diferente. Si, unido a todo ello, advertimos que nuestras propias creencias son cuestionadas, es probable que se despierten sentimientos de agresividad, que no son sino expresión del propio miedo.

Frente a esa tendencia atávica y, con frecuencia, virulenta, la comprensión relativiza muros y fronteras, reconociendo la identidad común y compartida, haciendo posible la vivencia de la alteridad en el respeto y la confianza. Es lo que apreciamos en las personas sabias, como se muestra en este caso en Jesús. Sarepta, Siria, Israel…, ¿por qué la diferencia debería entenderse como enfrentamiento o exclusión?

Al comprender lo que somos, se aflojan las rigideces instintivas del ego y la intolerancia de los esquemas mentales. Unas y otra no eran sino mecanismos de defensa activados automáticamente, pero carentes de sentido cuando nos situamos en la comprensión de lo que somos.

Es esa misma comprensión la que nos permite “abrirnos paso” y “alejarnos” de los errores de percepción que nos aíslan, empobrecen y enfrentan, en ocasiones hasta extremos crueles. Solo con tomar un mínimo de distancia de nuestros propios mapas mentales, seríamos capaces de sonreír ante tan ciegos patrones de pensamiento, ablandar durezas, ampliar horizontes y celebrar y vivir la unidad compartida en tanta variedad de formas diferentes.

¿Qué signos de intolerancia percibo en mi vida cotidiana? ¿Cuándo aparecen?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Católico es universal, no ultramontano

domingo, 3 de febrero de 2019
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teologia_liberacion101. LECTURAS DE GRAN CONTENIDO.

Las lecturas de este domingo son especialmente potentes dado su hondo calado y nos hacen tomar conciencia de dos dimensiones, dos valores más que notables en la existencia: el UNIVERSALISMO, y el AMOR.

02 UNIVERSALISMO.

El profeta Elías es enviado a ayudar a una viuda de Sarepta (Sidón), y Eliseo es enviado a un leproso sirio: a Naamán, ambos extranjeros, paganos. Jesús es de talante universal, abiertos y vive en esa tesitura.

TRES CONSIDERACIONES O POSTURAS SOBRE EL UNIVERSALISMO

1. Amar la propia familia, el pueblo en el que uno ha nacido, la propia cultura es bueno y es un modo sensato de ser en el mundo.

Ahora bien, de esa actitud no se puede derivar que lo mío es lo único y lo mejor del universo y tampoco es sensato pensar que lo que no es como yo soy o como yo pienso, como yo vivo y quiero, es malo o de segunda división.

La estima de lo nuestro: nuestra cultura, nuestro pueblo, nuestros idiomas, nuestra música, gastronomía, no significa que hayamos de despreciar a los demás ni mirarles por encima del hombro.

2. Por otra parte, universalismo no es lo mismo que globalización. La globalización tiene sus aspectos positivos -especialmente en el orden científico y tecnológico- pero el universalismo no significa estandarización de la vida, el arrasar con todas las culturas y que todo el mundo se pliegue ante un poder hegemónico. Globalización es que todo el mundo tenga ordenador, móvil, vaya a la moda de EEUU y beba coca-cola. Universalismo es acoger al que pasa en pateras, respetar el pensamiento de los demás, no imponer mis modos y maneras…

3. El universalismo consiste también en vivir un evangelio que es para todos, no para la jerarquía y los poderosos, sino sobre todo para los pobres, como son pecadores. Al mismo tiempo el evangelio requiere explicaciones y aplicaciones diversas según los momentos, los problemas, las situaciones, etc.

La verdad, el evangelio es uno, pero sus aplicaciones y mediaciones pueden ser diversas.
4. El universalismo es la actitud personal de vivir abiertos de mente y corazón a todos, y ello desde la igualdad fundamental de los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios. El universalismo cree firmemente que la salvación es para todos. Dios ofrece su salvación a todos los seres humanos.

Católico significa universal. Somos católicos por nuestra apertura los demás, a los demás pueblos y culturas, a otras mentalidades de dentro y fuera de la Iglesia. Muchas veces donde no hay apertura y universalismo es el propio seno de la Iglesia católica. Muchos obispos y curas de la Iglesia católica, determinados movimientos religiosos de la iglesia católica, no son universales ni abierto, no son católicos Demos gracias a Dios por que el papa Francisco es hombre de mentalidad abierta y universal.

03. AMOR.

San Pablo en la primera carta a los Corinitos hace un espléndido canto al amor. Todos los aspectos que apunta san Pablo son importantes y superan el marco del comentario de una homilía; más bien son para meditarlos.

El amor es lo único que hacer salir al ser humano de su guarida, de su propio “yo”. Quien se pasa la vida pensando en sí mismo, es imposible que llegue a abrirse por el amor a los demás: ni a la Verdad, ni que se alegre del bien ajeno, ni respete los modos y estilos de vida de los demás. Quien vive pensando todo el día –y toda la vida- en sí mismo, en su salud, en su economía, en sus derechos, en lo que le corresponde, en su poder, ese tal no vive, porque no ama.

En el fondo el amor es una postura inteligente propia solamente del ser humano. Las posiciones de odio, de mantener enfrentamientos, las posiciones enquistadas, de agresión fanática no es que sean solamente éticamente malas, sino que más bien son poco inteligentes: aunque solamente sea por el hecho de que se vive mejor en paz que en guerra y odio. Los odios, enrocamientos, los “no diálogos”, los atrincheramientos fanáticos político-eclesiásticos son posiciones poco inteligentes, propias de etapas anteriores a Atapuerca.

04. DIMENSIÓN POLÍTICA DEL AMOR.

Llama poderosamente la atención cómo en la vida social, política, incluso eclesiástica, hay dimensiones casi completamente ausentes, entre ellas el amor, el perdón, la verdad, la esperanza, la alegría por el bien ajeno, la afabilidad, que curiosamente son los valores de Cristo y son valores que construyen personas. Más bien en nuestra sociedad predominan la competitividad, la lucha, el poder, el brillo social, las multinacionales que explotan y son los rectores del poder.

La democracia es una buena manera de gobernar los pueblos. Pero, probablemente, la sola democracia no lleve a una sana convivencia. Una justicia sin caridad fácilmente terminará en venganza. El amor, el perdón, los encuentros, acuerdos, etc. son elementos necesarios de toda convivencia.

El amor cristiano tiene una vertiente política (polis significa: ciudad y por derivación: comunidad, convivencia).

Por desgracia se suele decir que la iglesia no debe entrar en política. La función de mediación, de propiciar el diálogo, la paz y la pacificación es algo muy humano y evangélico. En el fondo es abrir caminos a la paz y al amor.

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Soledad

sábado, 2 de febrero de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

Grooming: Lauren Reynolds Photographer: Phine Ka

Thomas Merton, hablando de la vida solitaria en uno de sus ensayos, explica que no es tanto una huida de la gente como «una negativa a aceptar los mitos y ficciones de los que está siempre llena la vida social, y nunca tanto como hoy». Merton habla de las adversidades de la vida en su ermita, de su oración y de sus dudas, pero también de la riqueza de su vida. Es rico, porque su soledad contiene a Dios, le rodea de Dios.

*

(Diccionario de Thomas Merton)

Grooming: Lauren Reynolds
Photographer: Phine Ka

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Deseo

lunes, 28 de enero de 2019
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Del blog Nova Bella:

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Moisés insiste en ver a Dios. No le bastan los encuentros vividos en el fuego y en la oscuridad…y es que el deseo de Dios lleva consigo la gozosa paradoja de que la satisfacción del deseo agranda la capacidad para un nuevo deseo, pues en esto consiste ver verdaderamente a Dios, en quien lo ve no cesa jamás en su deseo.

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Gregorio de Nisa

01.05-1

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“Profeta”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 27 de enero de 2019
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973BFAAA-8F7E-4DB4-8D9D-BC310988551BEn una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret, los vecinos del pueblo se reúnen en la sinagoga una mañana de sábado para escuchar la Palabra de Dios. Después de algunos años vividos buscando a Dios en el desierto, Jesús vuelve al pueblo en el que ha crecido.

La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.

Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Según Lucas, la gente «tenía los ojos clavados él». La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?

Jesús actúa movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y en sus gestos, en su ternura y en su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».

Jesús es Profeta de Dios. No ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido «ungido» por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo lo podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.

Jesús es Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos a parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

Jesús vive dedicado a liberar. Entregado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en él como Salvador que nos encamina hacia la Vida definitiva.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 27 de enero de 2018. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 27 de enero de 2019
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente este evangelio y este tema: Leer más…

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Dom 27.1.19. Ni inferiores ni superiores,un cuerpo de amor (1 Cor 12)

domingo, 27 de enero de 2019
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03781EC7-FE18-4318-9C4C-38C94C0132A1Del blog de Xabier Pikaza:

Expuse ayer la visión de la Iglesia según 1 Cor 13. Hoy vuelvo al tema,comentando 1 Cor 12, conforme a la segunda lectura del domingo del Domingo 3 del tiempo ordinario.

Pablo no quiere una iglesia de héroes en religión y misterio, gobernada por carismáticos famosos ni por jerarcas de ley. Por eso le parecerían secundarios (e incluso peligrosos) los gestos de aquellos que por entregarse en sacrificio pretendieran luego gobernar la iglesia.

No busca virtuosos de la ascética o mística, sino personas capaces de amar en gratuidad. Tampoco quiere administradores perfectos para una organización dirigida o gobernada a modo de sistema, sino amigos, testigos de la gracia.

No busca unos jefes que organicen con poder superior las comunidades, pues la iglesia no es una institución de Ley, sino de gracia, un «cuerpo de amor» donde los más importantes son los que están en riesgo de perderse, los pobres, los pequeños, los despreciados.

56AEC6F0-3625-443A-8C60-63B75114ABD9Este es el reto y camino de Pablo.Él ha sido un buen fariseo y conoce el sistema de la Ley, con su modelo de normas y méritos. Ha sido un buen romano, y conoce la organización del imperio, Pero lo que juzgó ganancia se le ha vuelto pérdida, ante el valor superior de la gracia de Cristo (cf. Flp 3, 2-11), que se expresa en la comunión de amor de los creyentes.

Ciertamente, los servicios eclesiales resultan necesarios, pero organizarlos de forma jerárquica (poder sagrado), fijando desde ellos el orden de la iglesia, es recaer en un camino que no es propio de Cristo. La iglesia es un carisma, un milagro de amor, de comunión en la palabra. La autoridad o ministerio de la iglesia, como cuerpo mesiánico, ha de verse en esas claves claves de palabra y amor.

La Iglesia es Palabra que convoca y edifica a los creyentes: por eso, en la base de la iglesia hay apóstoles y profetas que la proclaman y expresan como fuente gratuita de comunicación salvadora (1Cor 12, 28).

gran-diccionario-de-la-biblia---epubLa iglesia es Amor: la misma Palabra se vuelve principio y signo de comunión interhumana y gratuidad universal. La iglesia no se eleva sobre místicos y héroes (que todo lo saben o pueden), sino sobre amados y amigos .

Esta es la paradoja. La iglesia quiere ser universal, como palabra y amor, que se abren a todos los humanos. Pero, al mismo tiempo, ella es libertad: no necesita organizaciones sistémicas como el imperio romano, ni esquemas legales perfectos como la ley judía (cf. 1Cor 1, 18-25). Ciertamente, tiene ministerios, pero no se funda en ellos: no necesita leyes, armas ni dinero. Tiene algo mayor: la palabra que ama..

Así terminará el comentario que sigue, tomado del Diccionario de la Biblia. Buen domingo a todos.

Texto. 1 Corintios 12, 12-30

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro
Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

El cuerpo tiene muchos miembros, no uno sólo.Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.

Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Más aún, los miembros que parecen mas débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.

Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.

Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.

Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.

¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

COMENTARIO, LA IGLESIA DE PABLO


Conocemos la vida y obra de Pablo de primera mano, por sus cartas.
Se siente directamente enviado por Cristo (=Dios) y quiere mantenerse en comunión con su movimiento mesiánico, representado por Pedro (Roca) y Santiago (Hermano del Señor), aunque tengan ciertas diferencias. No ha escrito un tratado sobre la iglesia, pero lo que dice en sus cartas, y especialmente en Romanos, es suficiente para situarla en el ámbito de historia y cultura de su tiempo:

–Iglesia desde Israel: origen (Rom 9-11). En un primer momento puede parecer que Pablo rompe con Israel, y así lo hace al declarar cumplida y superada la ley nacional del judaísmo. Pero él ha sido y quiere seguir siendo israelita, aunque de un modo mesiánico y universal, por Cristo. Su disputa con los judeo-cristianos se plantea en un nivel intra-israelita: la apertura de la iglesia a los gentiles, con el rechazo de gran parte de los judíos, es sólo un rodeo, una estrategia de Dios: quiere que la culminación mesiánica incluya con Israel a todos los pueblos.

–Iglesia ante Roma: universalidad (Rom 13, 1-8). Siendo plenamente judío (cf. Flp 3, 2-11), Pablo se sabe romano, hombre ecuménico en plano social y cultural. Se llama Saulo, primer rey de su pueblo, pero no quiere la independencia nacional de Israel, sino la apertura universal del judaísmo que puede pactar y pacta con Roma, signo de globalidad en un plano económico y político. Más que un estado particular, Roma es para Pablo el sistema total, expresión de racionalidad humana, que brota de Dios y está avalada por una ley buena, aunque no divina ni salvadora. Su estrategia eclesial resulta incomprensible sin la referencia a Roma.

–Iglesia en sí: «todos sois uno en Cristo. Pero la iglesia no se define sólo desde Israel y ante Roma, sino en sí misma, a partir de la experiencia mesiánica de Jesús, que ha unido en fe a todos los humanos, de manera que «ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, macho ni hembra, sino que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3, 28). Esta es la fe bautismal que Pablo ha recibido de una comunidad anterior (¿Antioquia?) para aplicarla luego en diversos contextos (1Cor 12, 13; Rom 10, 1; cf. Col 3, 11). La unión de los humanos en Cristo es su tarea escatológica e histórica (eclesial)..
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Pablo tiene, por tanto, dos modelos de comunidad: israelita y romano (o griego). Ambos son valiosos y ofrecen elementos positivos, como irá mostrando la historia posterior: la iglesia asume, de manera normal, estos principios para definir con ellos su estructura y ministerios. Debía ser así; no podemos lamentarlo o criticarlo. Pero podemos y debemos fijar la novedad cristiana, desde una perspectiva institucional.

Pablo no ha querido fijar la organización y ministerios de la iglesia, porque ella ya existía en el momento de su «conversión» y porque él es ante todo un carismático, un creador. Más que organizar lo que hay busca alto nuevo: suscita comunidades mesiánicas por todo oriente, de un modo rápido (a su juicio, Cristo viene ya), pero al mismo tiempo programado. Tiene tiempo de trazar un plan y cumplirlo: quiere ir a Roma y desde allí hasta España, para plantar en toda la ecumene o mundo conocido (cf. Rom 15, 14-32) iglesias universales y concretas: comunidades de dimensión humana, donde todos puedan conocerse y compartir la vida, como sinagogas, casas o asociaciones:

-Sinagoga. Pablo, judío, conoce y asume el modelo de reunión sinagogal, lo mismo que otros muchos cristianos, de origen igualmente judío. Sus iglesias son sinagogas mesiánicas, abiertas a la libertad y universalidad cristiana. Por eso, tenderán a recibir estructuras y servicios propios de ellas: ancianos, escribas, servidores etc. Como iremos viendo, este modelo es básico, pero resulta insuficiente, porque los cristianos no se distinguen por cultura y raza (nación) de las gentes de su entorno. Por eso, junto a la federación de sinagogas judías, surgirá la comunión de iglesias cristianas.

–Casa: familia ampliada (extensa). Pablo emplea ese modelo judío y romano: los cristianos se reúnen en la casa de algún «patrono» de cierta fortuna que les ofrece su hospitalidad, no para ser sus «clientes», sino para crear una familia mesiánica, de tipo igualitario y fraterno. De todas formas, es normal que el dueño/a de la casa tienda a verse como dirigente o responsable de la comunidad, en un camino que llevará a la patriarcalización del evangelio, con el obispo como padre de familia del conjunto de la iglesia.

–Asociación voluntaria (club), escuela filosófica. Había otros modelos de vinculación, tomados de las agrupaciones sacrales o culturales, festivas o funerarias: grupos igualitarios de encuentro o trabajo, que solían tener sus servidores (diakonoi) e inspectores (episkopoi), con una disciplina interna en plano económico y administrativo. Otras veces, el movimiento cristiano ha podido tomarse como «escuela» o asociación filosófica, con fines no sólo de conocimiento, sino también de organización social, como han mostrado luego algunos «padres» de la iglesia . Leer más…

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Dom 27.1.19. La solución de Nehemías: Hacer un muro, expulsar a las extranjeras

domingo, 27 de enero de 2019
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50247547_1160129620830895_8592408102320472064_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 3 tiempo ordinario. Ciclo c. Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10. Presenté ayer la segunda lectura de la misa del 27.1.19 (1 Cor 12), exponiendo el sentido del “cuerpo de la Iglesia” en el que que todos, hombres y mujeres, niños y mayores…, a condición de “empezar por los más pobres, indefensos y pequeños, pues son el corazón de la Iglesia”.

A modo de contrapunto, presento y comento hoy la primera lectura, una de las más hirientes de la Biblia, que sólo me atrevo a presentar (exponer) cuando viene después la de Pablo (de ayer) y la de Lc 4, 14‒21 que veré mañana.

Es una lectura durísima, como verá quien siga,. Ella trata de un asunto clave de los tiempos de Nehemías, un rico “tirano”,un hombre fuerte (en el sentido que ese término tenía en el contexto), que vio «claro» el tema: ¡Para resolver r los problemas de Jerusalén y de Judea había que empezar levantando un muro y expulsando a las mujeres extranjeras!

Estas son las obras y tareas centrales de Nehemías, el «padre» del nuevo judaísmo de Jerusalén tras el exilio: Levantar un gran muro, para que no entre nadie en Jerusalén… y expulsar a las mujeres extranjeras, porque dan más ejemplo y destruyen al buen pueblo judío (todo ello con la autoridad del Gran Rey de Persia)

La Biblia hebrea tiene páginas bellísimas de respeto y acogida hacia los pobres, distintos y extranjeros… pero tiene otras durísimas como ésta, que se sigue escuchando y practicando en buena parte de nuestra “buena sociedad”: Para resolver nuestros problemas y quedar de esa manera limpios (¡nosotros, los elegidos!) tenemos que empezar expulsando a los extranjeros o poniendo barreras para que no entren.

Hoy, como en tiempo de Nehemías, se dice: A este tipo de personas tenemos que expulsarlas de la Iglesia, de la buena sociedad o del Estado, añadiendo además que eso hay que hacerlo por humanidad y democracia. ¡Peor que en tiempos de Nehemías!

50831188_1160130167497507_4244619258404798464_nEl tema es actual, en España y en el mundo. El tema es el peligro los emigrantes varones y mujeres, como se dice de un modo más o menos velado en ayuntamientos y partidos, ministerios y hospitales, incluso en iglesia. (En tiempos de Nehemías el problema era básicamente el de las mujeres extranjeras).

Podrían proponerse varias soluciones, como la de Nehemías, el tirano, que diría, más o menos, cosas como éstas:

… Ciertamente, hay que dejar que los hombres pasen y queden por un tiempo, pues necesitamos que trabajen, ya que nosotros no estamos ya para labores sucias. Pero que vengan sólo ellos, hombres. Que no traigan mujeres y que nadie de aquí se case aquí con mujeres extranjeras, pues ellas traen luego hijos negros o morenos o achaparrados… y destruyen nuestro identidad nacional.

Que vengan sólo hombres y “trabajen” por un tiempo, pero que vuelvan luego a Mali o o Bolivia a casarse, que vayan por un mes cada año, si hace falta (con avión pagado), pero que no traigan aquí a sus mujeres y a sus niños. Que los hombres extranjeros sean nuestros criados temporales y nosotros los señores permanentesde la casa.

Ésta solución de Nehemías forma una de las leyes más significativas del tiempo final de la Biblia Judía, como podrá verlo quien le todo el libro (libros) de Esdras-Nehemías. ¿Por qué no aplicarlo al pie de la letra? Se podría pensar que los obispos no protestarían demasiado, con la excepción sabida de Mons Agrelo, que para eso está en Tánger, no en España.

Además, ese mandato de expulsar a las extranjeras está en la Biblia… y se aplicó en un tiempo, hace casi 2.400 años. Por otra parte, nosotros, los hispanos, la la hemos cumplido anteayer, expulsando a judíos y moriscos (hombres y mujeres) entre el 1492 y el 1615…

Y con eso pasamos al texto, que (por lo demás) es un texto “bien castrado”, pues la lectura del domingo sólo cita la parte más piadosa, dejando fuera el tema sangrantes de la expulsión de las mujeres, obra del tirano Nehemías (atribuida también a Esdras el Escriba). Sigo deseando a todos un buen fin de semana.

Lectura de Neh 8, un texto piadosamente “castrado”

50766646_1160129217497602_4965830768044539904_nEn aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.»

Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.»

Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.» (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

Como he dicho, es un texto castrado (recortado), pues la liturgia ha escogido sólo los versículos “piadosos” que la tradición atribuye Esdras , el escriba (aunque tema proviene del tirano Nehemías).

Gobierno de tiranos.

En el entorno de Persia, entre las naciones o ciudades bajo el mando del Gran Rey, se hicieron famosos los ricos “tiranos”, que gobernaban de un modo autocrático, en tiempos de crisis. Solían ser ricos y, suspendiendo por un tiempo las normas democráticas, resolvían con mano fuerte y con dinero los problemas de una ciudad.

Pues bien, entre esos “tiranos buenos” el más famoso en la Biblia es Nehemías, eunuco muy rico, ministro y copero del Gran Rey de Persia, que le envía con plenos poderes a Jerusalén, para resolver los problemas internos de la comunidad judía, entre los cuales estaba el de la seducción de las mujeres extranjeras.

El “pecado” era acoger a mujeres extranjeras. La conversión del “tirano” Nehemías era expulsar a las mujeres extranjeras, porque ellas eran mala levadura para el buen pueblo de los buenos judíos de entonces.

Para entender la lectura (que aquí se relaciona con Esdras, en escriba)

El texto dice que los judíos que “leían el texto de la ley”, pero no se dice qué texto de esa ley (podían ser pasajes de Éxodo y Deuteronomio donde se pone de relieve el riesgo que suponen las mujeres extranjeras). Se dice que leían piadosamente y que estaban dispuestos a cumplir la ley sagrada… y que celebraban una fiesta, comiendo tajadas buenas y bebiendo vino dulce…, pero sin citar aquellos versículos en los que se dice que el peligro eran las mujeres extranjeras.

Ciertamente, tal como lo “recorta” la liturgia oficial, éste es un texto piadoso y bueno, y creo que es conveniente leerlo, para que seamos más piadosos. Pero después hace falta volver a la Biblia entera y ver lo que a ese texto se le ha cortado, convirtiéndolo en “Biblia Castrada”. Por eso es bueno leer el texto entero, no sólo aquellas partes recortadas para la liturgia.

El problema real de los libros de Esdras y Nehemías

a. De las “memorias” de Nehemías

el problema de las mujeres extranjeras. Nehemías viene como delegado del Emperador a solucionar los problemas de Judá y Jerusalén entre el 458 y el 428 a. C. y encuentra el problema de las mujeres extranjeras, que amenazan con destruir la identidad de Israel:

Asimismo, en aquellos días vi a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, de Amón y de Moab. La mitad de sus hijos hablaban el idioma de Asdod; no sabían hablar el hebreo, sino el de aquellos otros pueblos. Reñí con ellos, los maldije, golpeé a algunos, les arranqué los pelos y les hice jurar por Dios, diciendo: ¡No daréis vuestras hijas a sus hijos, ni desposaréis sus hijas con vuestros hijos ni con vosotros! ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel?… ¡Que no volvamos a enterarnos de que cometéis la infamia de casaros con mujeres extranjeras? Uno de los hijos de Yoyada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat el horonita; por lo que lo alejé de mi lado. ¡Acuérdate de ellos, oh Dios mío, porque han contaminado el sacerdocio y el pacto de los sacerdotes y de los levitas!(cf. Neh 13, 23-30)

b. El llanto de Esdras

Según el texto actual de la Biblia, Esdras viene también de Babilonia, como sacerdotes y escriba, con poderes del gran rey, para arreglar el tema de la identidad nacional y encuentra el problema: los judíos se están casando con extranjeras y están perdiendo su identidad. Ésta es la causa del llanto:

“Mientras Esdras oraba y hacía confesión llorando y postrándose ante la casa de Dios, se juntó a él una multitud muy grande de Israel: hombres, mujeres y niños; y el pueblo lloraba amargamente. Leer más…

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Jesús en Nazaret (1ª parte). Domingo 3º. Ciclo C.

domingo, 27 de enero de 2019
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Escrituras-Jesús-Sinagoga-MVCDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después de celebrar las tres epifanías, volvemos al evangelio de Lucas.

Un cambio curioso de Lucas

Cuando Lucas escribió su evangelio, tomó como punto de partida el de Marcos. Incluso lo copió a veces al pie de la letra. Pero, en bastantes ocasiones, lo cambiaba y completaba. Uno de los casos más curioso de cambio y añadido lo tenemos en el evangelio de este domingo.

            Marcos cuenta que Jesús, cuando metieron en la cárcel a Juan Bautista, se dirigió a Galilea y proclamaba lo siguiente: “Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia”.

            Lucas también dice que Jesús se dirigió a Galilea y predicaba en las sinagogas, pero no dice qué predicaba. Las primeras palabras públicas las pronunciará en la sinagoga de Nazaret, y no hablan del plazo que se ha cumplido ni de la cercanía del reinado de Dios; tampoco piden la conversión y la fe.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

            Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

            – Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

El reinado de Dios no está cerca, se ha hecho presente en Jesús

Rollo-de-Isaias Rollo de Isaías encontrado en Qumrán

Lo primero que hace Jesús es leer un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Son imágenes que no debemos interpretar al pie de la letra. No se trata de ciegos físicos ni de presos. Este texto, escrito probablemente en el siglo VI o V a.C., describe la triste situación en la que se encontraba por entonces el pueblo de Israel, sometido al imperio persa. Una situación bastante parecida a la de los judíos del tiempo de Jesús, sometidos al imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados perfectamente en esas palabras del libro de Isaías. Pero lo importante es lo que Jesús añade: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

            Cuando se comparan las primeras palabras de Jesús en Marcos y Lucas se advierte una interesante diferencia. En Marcos, lo esencial es el reinado de Dios y la actitud que debemos adoptar ante su cercanía (conversión y fe). En Lucas, la fuerza recae en el personaje sobre quien Dios ha enviado su Espíritu: Jesús. No se trata de que el reinado de Dios esté cerca, se ha hecho ya presente en Jesús.

¿Qué se cumple hoy?

            El texto de Isaías se puede interpretar, a la ligera, como si el personaje del que habla (para nosotros, Jesús) fuese a llevar a cabo la mejora social de los pobres, la liberación de los cautivos, la curación de los ciegos, la libertad de los oprimidos. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. La traducción litúrgica usa tres veces el verbo “anunciar” (en griego sería una vez “evangelizar” y dos “anunciar”). Este matiz es importante, porque coincide con lo que hizo Jesús. Es cierto que curó a algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Lo que hizo fue “anunciar el año de gracia del Señor”, hablar de un Dios Padre, que nos ama incluso cuando las circunstancias de nuestra vida siguen siendo muy duras.

Un optimismo desafiante

La liturgia ha dividido el relato de Lucas en dos domingos. Con ello, nos quedamos sin saber cómo reaccionará el auditorio a lo que ha dicho Jesús. La sabremos el próximo domingo. Lo que hoy debe quedarnos es el profundo optimismo del mensaje de Isaías, que, al mismo tiempo, supone un desafío para nuestra fe. ¿Se ha cumplido realmente esa Escritura que anuncia la mejora y la salvación a pobres, ciegos, cautivos y oprimidos? Una rápida lectura del periódico bastaría para ponerlo en duda. Cuando Lucas escribió su evangelio, cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, también tendría motivos para dudar de esta promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y se siguen cumpliendo hoy.

La 1ª lectura (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

EsdrasEn aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.» Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

            Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»

            Este episodio se interpreta generalmente como el punto de partida histórico de la lectura pública de los textos sagrados judíos y ayuda a comprender lo ocurrido en la sinagoga de Nazaret. La escena se sitúa en la segunda mitad el siglo V a.C., en tiempos de Esdras, y representa una gran novedad. Hasta entonces, quienes hablaban en público eran los profetas. Ahora se lee el libro de la Ley de Moisés (quizá alguna parte del Deuteronomio), de acuerdo con un ritual muy preciso, que se mantuvo parcialmente en las sinagogas: Esdras se sitúa en un púlpito, la gente se pone en pie, Esdras bendice al Señor y todos adoran. Según otra versión, quienes leen son los levitas, que, al mismo tiempo, explican el sentido de lo que han leído.

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27 Enero. III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 27 de enero de 2019
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TO-III

“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea,

con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca.”

(Lc 1, 1-4; 4, 12-14)

“Volvió” y nosotros volvemos a estrenar tiempo litúrgico. Bueno, en rigor empezamos hace casi dos semanas. El tiempo de Navidad terminó con el Bautismo del Señor y desde entonces empezamos el “Tiempo Ordinario”. Es el más largo de los tiempos litúrgicos y sin embargo parece que le damos poca importancia.

El Adviento y la Cuaresma son tiempos fuertes, llenos de compromisos y anhelos. La Navidad y la Pascua son tiempos de mucha fiesta y alegría. El Tiempo Ordinario pasa más desapercibido, es silencioso, pero es aquí donde se “cuece” la vida.

Lo que decíamos, lo estamos estrenando y durante este año la liturgia nos presenta el evangelio de Lucas. Tenemos treinta y pico semanas para saborear la experiencia de Jesús que tuvo la comunidad de Lucas.

Y así, de una volada, nos hemos plantado en el capítulo 4, en la vida pública de Jesús. Los relatos del anuncio y el nacimiento los hemos recordado en Navidad. Ahora estamos de nuevo en la línea de salida. Jesús vuelve a Galilea y volverá alguna vez más, y también nos hará volver. Pero no vuelve de cualquier manera, vuelve “con la fuerza del Espíritu”. ¿Qué tal si también nosotras nos animamos a volver así, con la fuerza del Espíritu?

Ahora que las fiestas de Navidad nos han devuelto a nuestras rutinas, a nuestra cotidianidad, volvamos con ganas. Volvamos con novedad.

Lo conocido no es menos emocionante o más pobre, las cosas buenas no solo suceden en vacaciones. Toda nuestra vida está llena de regalos por abrir. Muchas veces no llevan papel de colores ni son objetos que podamos almacenar. Quizá por ello a penas los percibimos y se quedan esperando.

¡Anímate! Y vuelve tú también a tu Galilea. Pero vuelve con la fuerza del Espíritu para que en ti se cumpla el Sueño de Dios.

Oración

Derrama, Trinidad Santa, tu Espíritu sobre nosotras para que nos acerquemos a tu Palabra y descubramos la Buena Noticia. Para que nuestras vidas sean signos de libertad. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Espíritu libera y capacita para liberar

domingo, 27 de enero de 2019
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D98CCDEF-8944-45B9-ACC0-30DA9086D90BEste ciclo (C) toca leer el evangelio de Lc, que empieza con un paralelismo entre el Bautista y Jesús en los dos primeros capítulos. A partir de aquí, Lc se olvida de todo lo dicho y comienza solemnemente su evangelio: “En el año quince del gobierno de Tiberio Cesar… vino la palabra de Dios sobre Juan… Después del bautismo y las tentaciones, propone un nuevo comienzo con un resumen: Regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu, enseñaba en las sinagogas y su fama se extendió por toda la comarca.

No es la primera vez que entra en una sinagoga pues dice: “como era su costumbre”. Y “haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. El texto de Isaías es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita, es la omisión voluntaria de la última parte del párrafo, que decía: “…y un día de venganza para nuestro Dios” (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Los que escuchaban se dieron cuenta de la omisión. Que alguien se atreva a rectificar la Escritura era inaceptable.

Is se refiere a los tiempos mesiánicos con metáforas, no habla de curación física. Jesús se niega a entrar en la dinámica que los de su pueblo esperan. Ni la misión de Elías ni la de Eliseo fue remediar necesidades materiales. Continúa Lc con un texto en que Jesús realiza toda clase de curaciones, ahora en Cafarnaúm. Pero termina orando en descampado y diciendo a los que le buscan: Vámonos a otros pueblos a predicar, que para eso he venido.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Para los primeros cristianos, estaba claro que el mismo Espíritu, que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús a ir mucho más allá de ella. No se anula la Escritura sino el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ningún rito, ninguna norma, pueden tener valor absoluto. El hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de “Ungido”. Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: La mayor cercanía a la persona de Jesús se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que verdaderamente representa. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios reflejada en la Escritura.

Partiendo de la Escritura, Jesús anuncia su novedoso mensaje. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos, “hoy se cumple esta Escritura”. Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación por parte de Dios. Pero debemos tener mucho cuidado de no entender literalmente el mensaje, y seguir esperando de Dios lo que ya nos ha dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Soy yo el que debo tomar conciencia de que soy libre y puedo vivir en libertad sin que nadie me lo impida.

La libertad es el estado natural del ser humano. La “buena noticia” de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material. Pero tampoco podemos conformarnos con una propuesta de salvación meramente espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales.

Oprimir a alguien, o desentenderse del oprimido, es negar el Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos. No es el Dios de los buenos, de los piadosos, ni de los sabios. Es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte Dios, si estamos con ellos. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica. Jesús respondió al Bautista: “id y contarle lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan…”

Hoy el ser humano está fallando en la búsqueda de libertad. Buscamos con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuida la liberación interior que es la verdadera. Jesús habla de liberarse antes de liberar. En el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, a pesar de sometimientos externos, hay una parte de su ser que nadie puede doblegar. La primera obligación de un ser humano es no dejarse esclavizar y el primer derecho, verse libre de toda opresión. La peor opresión es siempre la que se ejerce en nombre de Dios.

¿Cómo conseguir ese objetivo? El evangelio nos lo acaba de decir: Jesús volvió a Galilea con la fuera del Espíritu. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar a uno para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: Si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo. Superado el egoísmo queda el amor.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es sencillamente genial. Ninguna explicación teológica puede llevarnos más lejos que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses contrapuestos es tan demencial como pensar que una parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. Cuando esto sucede le llamamos cáncer. El individualismo solo puede ser superado por la unidad a la que nos lleva el Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferen­tes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella el ser vivo sería inviable. Tal vez sea una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas, aceptar la diversidad, aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia, no una amenaza sino una riqueza insustituible. Si somos sinceros, descubrimos que estamos en la dinámica opuesta. Seguimos empeñados en rechazar y aniquilar al que no es como nosotros.

Lo único que predicó Jesús fue el amor, es decir, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos empeñándonos en encontrar el sentido de mi existencia en la individualidad terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino que es su propio constitutivo esencial.

Ya sabemos que el “Espíritu” no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer, querámoslo o no. No tiene ni pies ni cabeza que sigamos empeñados en potenciar lo que de nosotros es más endeble, aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer dar sentido a mi existencia potenciando lo caduco es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Meditación

Hoy se cumple esa Escritura también en ti.
El Espíritu que actuó en Jesús, está actuando en ti.
El ego nos separa. El Espíritu nos identifica.
Conecta con esa energía divina que ya está en ti,
y la espiritualidad será lo más espontáneo y natural de tu vida.

Fray Marcos

 Fuente Fe Adulta

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Ojos con los que yo te miro.

domingo, 27 de enero de 2019
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D1BDF0E6-502A-4A3D-84D6-B1C4F1DA77D8“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú” (Gustavo Adolfo Bécquer)

27 de enero. Domingo III del TO

Lc 1, 1-4 y 4, 14-21

Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él

Los tres sinópticos relatan el encuentro de Jesús y el joven rico: “Caminaba junto al lago de Galilea” (Mt, 4, 18), donde el bautista proclamaba: “Arrepentíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1, 14). Pero sólo uno de ellos se detiene en la mirada del Señor.

No es fácil evadirse de esa mirada de amor, con la que fue mirado el hombre rico que no sólo tenía muy buenas intenciones, sino que además era un judío piadoso. El relato de Marcos es el único que registra este mirar de Jesús hacia su interlocutor: “Jesús le miró con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme” (Mc 10, 21).

Decía Santo Tomás de Aquino en una ocasión: “Es evidente que si un hombre practica un cariño compasivo por los animales ha de estar más preparado aún para sentir compasión por su prójimo”.

Todas las miradas de Jesús están transidas de esa luminosa bondad que brota de un corazón infinitamente misericordioso y perfectamente humano. Sin embargo, en este caso puntual, el evangelista pone particular énfasis en el “le miró con cariño”. Quizá los discípulos, que acompañan al Maestro en sus andanzas, pudieron registrar que no fue un mero cruce de miradas. Posiblemente advirtieron que el Señor se quedó con la mirada prendada en el corazón de un hombre tan noble cuya única aspiración, decía, era ir al Cielo. Aspiración que se derrumbó cuando “frunció el sueño y marchó triste, pues era muy rico”.

Henrich Hoffman (1824-1911) reflejó la escena en un óleo sobre lienzo, El joven rico, que se conserva en la  Iglesia baptista de Riverside, Nueva York, Estados Unidos.

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El estatus de hombre triste lo traza Hoffmann con maestría, vistiéndole de hermosísimos ropajes, que parecen ser de sedas, terciopelos y tafetanes. Como contraste, el artista nos muestra a la izquierda del lienzo el “dáselo a los pobres”, del Jesús humanitario. Una mujer -posible seguidora de Jesús- sostiene en sus manos a un hombre anciano y enfermo, que mira de soslayo lo que va a acontecer con el bienintencionado joven.

La respuesta es clara, pues Jesús no deja duda con el ademán de sus brazos extendidos mostrándole con las manos curvadas, cuál es el camino. Como siempre, el Maestro no impone, sugiere: la mirada apartada, los ojos mirando al suelo y no fijándolos en su interlocutor, explican que el hombre que se acerca al Rabbí ha tomado la elección por sus riquezas.

Entonces, mis ojos se posaron como lágrimas de nácar sobre el teclado y comenzaron a acariciar el marfil hasta que, de repente, se hizo la música en el aire. Igual que “toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él” (Lc, 4 20) interrogante, aquella tarde en Nazaret cuando querían despeñarle.

Yo sentí los ojos de Jesús inspirando armonía vital sobre mis manos. Me lo traía a la memoria Martín Llade, en Sinfonías de la Mañana, al recordar lo que decía de uno se sus personajes: “Las mariposas continuaban brotando del teclado, revoloteando por la estancia con sus alas de cristal y caramelo”.

Gustavo Adolfo Bécquer escribió:

“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú”.

Frase que expresa la profunda emoción que surge cuando nuestra mirada se cruza con la de la persona amada o admirada al menos: “Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él” (Mt 1, 20).

LOS SUEÑOS DE LA TIERRA SON DORADOS

Los sueños de la Tierra son dorados,
circunvalando al Sol en un rotar
inmenso. Inmenso y repetido caminar
siguiendo los senderos señalados.

No te importan de tierra o asfaltados,
pues tus alas te llevan al altar
de los cielos en perenne rodar,
sobre ligeros vientos ya soñados.

Misterioso soñar y loco anhelo
de una optimista realidad
que vuela sin cesar y sin recelo.

Y más allá de ti, tu libertad
recorre sin parar picos y cielo
hasta lograr tu más bella beldad.

(EDICIONES FEADULTA, Yo amo el Planeta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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