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Dichoso el pobre, no por serlo sino por no causar pobreza.

domingo, 17 de febrero de 2019
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ob_956ec0_descarga-15-pobresLc 6, 17-26

Siempre que tengo que hablar de las bienaventuranzas me viene a la mente la frase de Jesús: “pase de mí este cáliz”. La experiencia que tengo es que ni me entienden los pobres ni me entienden los ricos. Lo grave es que esta actitud tiene la más férrea lógica, porque trato de explicarlas y las bienaventuranzas sobrepasan toda racionalidad. Cualquier intento de aclarar racionalmente su sentido está abocado al fracaso. Sin una experiencia profunda de lo humano las bienaventuranzas son un sarcasmo. Ni el sentido común ni el instinto pueden aceptarlas. Solo desde un profundo sentido espiritual puede tener comprensión y sentido.

Es el texto más comentado de todo el evangelio, pero es también el más difícil. Invierte radicalmente nuestra escala de valores. ¿Puede ser feliz el pobre, el que llora, el que pasa hambre, el oprimido? La misma formulación nos despista porque está hecha desde la perspectiva mítica. Solo desde la perspectiva de un Dios que actúa desde fuera se puede entender “Dichosos los que ahora pasáis hambre porque quedaréis saciados”. Si para mantener la esperanza tenemos que acudir a un más allá, podemos caer en la trampa de dar por buena la injusticia que está sucediendo hoy aquí, esperando  que un día  Dios cambien las tornas.

En los mismos evangelios encontramos ya reflejada la dificultad. Lc dice sencilla­mente: dichosos los pobres. Mt ve la necesidad de añadir una matización: dichosos los pobres de espíritu; dichosos los que tienen hambre y sed de justicia; dichosos los limpios de corazón. Tanto una formula­ción como la otra se puede entender mal. Mal si damos por supuesto que el pobre es dichoso por el hecho de serlo. Mal, si entendemos que al rico le basta con tener un espíritu de pobre, sin que eso le obligue a cambiar su actitud egoísta para con los demás.

Hablar de los pobres, los que nadamos en la abundancia, es ligereza. ¿Qué pasó cuando los realmente pobres empezaron a pensar en el evangelio? Surgió la teología de la liberación, que la institución se apresuró en calificar de nefasta. ¿Es que puede haber un tratado sobre Dios que no libere? Lo que debía preocuparnos es que sigamos haciendo una teología para tranquilizar a los satisfechos, que no libera ni a los opresores ni a los oprimidos. El fallo de esa teología estaba en que creía que liberar a los pobres de su pobreza material era la solución definitiva. Hay que liberar al pobre de su pobreza y al rico de su riqueza.

La Iglesia no debe conformarse con una “opción preferencial por los pobres”. La Iglesia tiene que ser pobre si quiere ser fiel al evangelio. No podemos justificarnos diciendo que la institución puede tener grandes posesiones pero sus dirigentes pueden vivir en la pobreza. Esa dinámica sería posible, pero no es lo que vemos todos los días a nuestro alrededor.

Se proclama dichoso al pobre, no la pobreza. Dichoso, no por ser pobre, sino porque él no es causa de que otro sufra. Dichoso porque a pesar de todos, él puede desplegar su humanidad. Este es el profundo mensaje de las bienaventuranzas. El comunismo sigue creyendo que basta con nivelar materialmente las necesidades de todos los seres humanos, pero eso no es verdadera liberación. Es verdad que el origen del comunismo está en los Hechos de los Apóstoles, pero se hicieron eco solo de la letra olvidando el espíritu. Lo humano solo llegará cuando voluntariamente cada uno se solidarice con todos los demás sin apegarse a nada.

Hay otra consideración a tener en cuenta. Todos somos pobres en algún aspecto y todos somos ricos en otros. Por eso, yo haría una formulación distinta: Bienaventurado el pobre, si no permite que su “pobreza” le atenace. Bienaventurado el rico, si no se deja dominar por su “riqueza”. No sabría decir qué es más difícil. En ningún momento debemos olvidar los dos aspectos. Ser dichoso es ser libre de toda atadura que te impida desplegar tu humanidad.

El colmo del cinismo llegó cuando se intentó convencer al pobre de que aguantara estoicamente su pobreza incluso diera gracias a Dios por ella, porque se lo iban a pagar con creces en el más allá. Tampoco quiere decir el evangelio que tenemos que renunciar a la riqueza para asegurarnos un puesto en el cielo. Debemos renunciar a ser la causa del sufrimiento de los demás. Las bienaventuranzas no son un sí de Dios a la pobreza ni al sufrimiento, sino un rotundo no de Dios a las situaciones de injusticia. Siempre que actuamos desde el egoísmo hay injusticia. Siempre que impedimos que el otro crezca hay injusticia.

Al añadir Lucas ¡Ay de vosotros los ricos!, deja claro que no habría pobres si no hubiera ricos. Si todos pudiéramos comer lo suficiente, nadie nos consideraría ricos. Si todos pasáramos la misma necesidad, nadie nos consideraría pobres. La parábola del rico Epulón lo deja claro. No se le acusa de ningún crimen; No se dice que haya conseguido las riquezas injustamen­te. El problema era no haberse enterado de que Lázaro estaba a la puerta. Sin Lázaro a la puerta, su riqueza no tendría nada de malo. El evangelio no anima a valorar la pobreza en sí, sino a no ser causa del sufrimiento de otro. La pobreza del evangelio hace siempre referencia al otro.

Las bienaventuranzas quieren decir, que, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar, las posibilidades de ser no nos las puede arrebatar nadie. Recordad lo que decíamos el domingo pasado: “Rema mar adentro”, busca en lo hondo de ti, lo que vale de veras. Si creemos que la felicidad nos llega del consumir, no hemos descubierto la alegría de ser. Nosotros, al poner la confianza en las seguridades externas, en el hedonismo a todos los niveles, estamos equivocándonos y en vez de bienaventuranza encontra­remos desdicha. Nunca se ha consumido más y sin embargo nunca ha habido tanta infelicidad.

Las bienaventuranzas son ‘la prueba del algodón’ del cristiano. Un cristianismo como capote externo, que busca las seguridades espirituales además de las materiales, no tiene nada que ver con Jesús. Llevamos dos mil años intentando armonizar cristianismo y riqueza; salvación y poder. Nadie se siente responsable de los muertos de hambre. Vivimos en el hedonismo más absoluto y no nos preocupa la suerte de los que no tienen un puñado de arroz para evitar la muerte. Jesús nos dice claramente que, si tal injusticia acarrea muerte, alguien tiene la culpa. Buscar por encima de todo mi seguridad, y si me sobra dar a los demás, no funciona.

Decimos: Yo no puedo hacer nada por evitar el hambre. Tú lo puedes hacerlo todo, porque no se trata de eliminar la injusticia sino de que tú salgas de toda injusticia. No se trata de hacerles un favor a ellos, aunque sea salvarles la vida, se trata de que tú salgas de cualquier inhumanidad. Nosotros, los “ricos”, somos los que tenemos que cambiar buscando esa humanidad que nos falta. Tu salvación está en no ser causa de opresión para nadie sino en ayudar a los demás a salir de toda opresión. Si damos de comer al pobre le salvamos la vida biológica. Si salgo de mi egoísmo, salvo la vida al pobre y me libero de mi inhumanidad.

Las bienaventuranzas ni hacen referencia a un estado material ni preconizan una revancha futura de los oprimidos ni pueden usarse como tranquilizante, con la promesa de una vida mejor para el más allá. Las bienaven­turanzas presuponen una actitud vital escatológica, es decir, una experiencia del Reino de Dios, que es Dios mismo como fundamento de mi propio ser. El primer paso hacia esa actitud es el superar la idea de individualidad que nos lleva al egoísmo, dejar de creer que somos lo que no somos y vivir de ese engaño.

Meditación

Jesús te dice: ¡Eres inmensamente dichoso!
Pero no te has enterado todavía, porque vives en tu falso ser.
Sigues identificándote con tu cuerpo-mente.
Pero eres tu cuerpo, tu mente y Mucho más.
Tu verdadero ser es plenitud.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Venidos de todas partes

domingo, 17 de febrero de 2019
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sermon-del-monte-6“La Humanidad es el hombre que aprende siempre” (Pascal)

17 de febrero. Domingo VI del TO

Lc 6, 17, 20. 20-26

Bajó con ellos y se detuvo en llano, donde había un gran número de discípulos y un gran gentío del pueblo, venidos de toda Judea, de Jerusalén, de la costa de Tiro y de Sidón, para escucharlo y sanarse de sus enfermedades 

¿Pero de dónde, por qué y para qué venía toda aquella gente? Aunque también podían haber venido los océanos, las rocas, las plantas y los animales. Y una vez reunidos, pudieron sumarse a la voz mística y poderosa de Rosalía en los Premios Goya, en Sevilla: Me quedo contigo”.

Es lo que en el prólogo de su libro “Cuando los ángeles cantan”, Octavio Aceves escribió de otra artista: “Creo que Victoria de los Ángeles tenía el excepcional don de llegar con su voz a lo más recóndito y profundo del alma humana, de alcanzarlo de lleno y de golpe con la musicalidad de su fraseo y la elegancia de su armonía y de insuflar paz en los corazones con su timbre angelical”

Eran todos conscientes de que, como decía Bertohld Auerbach (1812-1882): poeta judío-alemán, fundador de la “Novela de tendencia”La música limpia el alma del polvo de la vida cotidiana”. La acción curativa de la música hace que nos sintamos restaurados.

Venían todos porque sentían ansias de rebobinar pensamientos a fin de poder cumplir el divino mandato de “Creced y multiplicaos”. Un sueño que se llama “Quimera” que, al contrario de lo que este monstruo hacía en la mitología griega, reunía poblaciones. Acercar corazones, y hacer que entonen todos juntos canciones en un mismo Coro, el ideal de la Naturaleza.

Y venían también porque sentían la necesidad de luchar por una sociedad más justa y solidaria. Porque, como decía Pascal, “La Humanidad es el hombre que aprende siempre”.

La noche oscura del alma que cantó Juan de Yepes en Noche oscura, está en tinieblas, pero cuando ese Coro se aproximas a ella, la ilumina. Y allí está el árbol de la música agitando sus ramas y derramando notas.

Así, se hacía un hueco de silencio en aquella “Soledad sonora”, haciendo que el universo creciera, y dentro y fuera de él prosperaran todos. Incluido, el tan humilde Juan Bautista, que no se consideraba digno de desatar la correa de los zapatos del Mesías.

Decía San Ignacio de Antioquía en su Carta a los Efesios que: “Mejor es mantenerse en silencio y ser, que decir y no ser. Es hermoso enseñar si se hace lo que se dice. Uno solo es el Maestro que dijo e hizo, y lo que hizo, permaneciendo en silencio, es digno del Padre. Quien posee verdaderamente la palabra de Jesús puede también percibir su silencio, sea por ser perfecto, sea por obrar mediante su palabra y ser conocido por su mantenerse en la palabra”.

Bajó con ellos y se detuvo en llano, donde había un gran número de discípulos y un gran gentío del pueblo, venidos de toda Judea, de Jerusalén, de la costa de Tiro y de Sidón, para escucharlo y sanarse de sus enfermedades (Lc 6, 17-18), y lo hicieron simultáneamente en un hueco vacío de silencio y en una presumida pirámide de voces.

El poeta bilbaíno Blas de Otero, lo dijo en este Poema.

CÁNTICO ESPIRITUAL

“Complexión de este mundo con mis manos:
tronco de árbol, río, mujer pura,
todo es señal de Dios inmaculada.
Ahora estoy esperando a libertarme:
complexión de este mundo con mí mismo” 

“Escúchame, Yavé, desllágame.
Apenas puedo sostenerme el alma.
Mi cuerpo desmorona a cada instante
su unidad substancial, aun palpitando.
Nada soy si no soy el que yo soy,
el que ha salido de Tus manos grandes
capaces de dar forma al Universo”.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Felices o saciados?

domingo, 17 de febrero de 2019
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Lc-620-26Lc 6, 17.20-26

Si leemos el evangelio de este domingo, como si no lo conociéramos, como si fuera la primera vez que llega a nuestras manos, posiblemente nos asombraría su alegría y desenfado. Su lenguaje es directo, concreto y positivo.

Nuestro asombro crecerá aún más si somos capaces de recordar el contexto en el que se escribió. Recordemos también a esas primeras comunidades cristianas que son excluidas, silenciadas, que no tienen ninguna relevancia social ni religiosa e incluso son perseguidas.

¿Cómo es posible que estos hermanos y hermanas logren transmitirnos su testimonio de alegría, de sentirse afortunados, dichosos? Es más, ¿cómo nos explicamos que esta sea su experiencia más profunda? Posiblemente es difícil para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, que ponemos tantas condiciones y necesitamos tantas seguridades para sentirnos felices.

Las palabras del texto, sus detalles, nos pueden ayudar a descubrir el mensaje que nos trae el evangelio de hoy.

Jesús, ha bajado del monte, de su encuentro con Dios y “levanta los ojos”, mira a sus discípulos, a las numerosas personas que le siguen de todas las aldeas y ciudades. Y al mirarlos, lo que se le ocurre es llamarlos DICHOSOS.

No les dice lo que deben hacer para serlo, que hubiera “enganchado” con los oyentes. Proclama, grita, que “son dichosos”. Y para que no quede duda, añade dos cosas que nos pueden desconcertar aún más: son dichosos AHORA, en presente. Es distinto a “llegarán a serlo”; tampoco les dice eso de “aguanten que luego…”

Y lo son porque son pobres, hambrientos, tienen lágrimas en los ojos…  esta es su situación y, en esta situación Jesús manifiesta que son felices. ¿Cómo mira Jesús la realidad de los que le rodean? ¿En qué descubre que suyo es el Reino de Dios? ¿Con qué fuerza lo dice para que los que le escuchan sientan que está expresando su experiencia más honda?

¡La dicha es estar con Él! Sentirse de los suyos, confiar en su amor, sentir su cercanía…  ¿No hemos tenido cada uno de nosotros experiencias similares? ¿No nos hemos sentido dichosos y dichosas en medio de dificultades, críticas, incomprensiones, enfermedades propias o sufrimientos por personas muy queridas? ¿No hemos sentido que más allá de todo eso hay una persona, un amor, una confianza sin medida?

Esta es la fe que nuestros primeros hermanos quieren transmitirnos. Creer en Jesús, confiar en su salvación y su amor, es  fuente de dicha y felicidad, es experimentar ya otro tipo de amor, de relaciones con Dios y con los hermanos.

Y, por si aún nos quedan dudas,  Lucas, muy didáctico, añade lo que en ningún caso son signos de estar en el camino de la felicidad que da el Reino, de la dicha que da el seguir a Jesús: sentirse saciados, pasarlo siempre bien, que todos hablen bien de nosotros…

Es como si nos dijera: ¡Cuidado con buscar el camino que os prometían ayer los entendidos de la Ley, o la publicidad barata o facilona hoy! Si os sentís saciados, si reís, si no aspiráis a nada más que lo logrado, si todos hablan bien de vosotros… ¡Lloraréis y lo pasaréis mal!

La dicha del Reino no consiste en estar saciados, sino en buscar más: más paz, más justicia, más alegría para todos… ¡porque sabemos que es posible! No consiste en que “lo pasemos bien”, al contrario, lloramos y sufrimos por muchos y por muchas personas y situaciones… La dicha del Reino no se expresa en que todos hablen bien de nosotros, al contrario, apenas nos entenderán, nos pasarán por delante, se burlarán de nosotros, nos excluirán porque con nuestra forma de pensar –la de Jesús– somos una amenaza…

Pero, sin saber muy bien cómo, sin que sea una empresa a conquistar o unas virtudes a conseguir, ahí, en la realidad que vivimos AHORA somos dichosos y nada, ni nadie nos quitará esta alegría, porque sus claves no están en lo que pasa ni en lo que nos pasa.

La clave es la persona de Jesús, nuestra fe en él, nuestra vinculación con él. Todo lo demás, se nos dará por añadidura. Y se nos dará hoy, ahora… ¿nos lo creemos? ¿desbordamos y contagiamos alegría?

El evangelio de hoy no nos trae un programa moral, ni una explicación teórica sobre la felicidad, nos acerca la experiencia de los primeros cristianos que han encontrado en Jesús su alegría y nos recuerdan que estamos invitados a vivir su misma experiencia. ¿Nos atrevemos?

Mª Guadalupe Labrador. fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Felicidad y pobreza

domingo, 17 de febrero de 2019
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806448Domingo VI del Tiempo Ordinario

Lc  6, 17.20-26

En Lucas, las llamadas “bienaventuranzas” las proclama Jesús en el “llano” –en Mateo, por motivos teológicos, será en la “montaña”–, se reducen a cuatro –en Mateo serán ocho–, se centran en situaciones que están viviendo los discípulos –en Mateo se hablará de actitudes– y van acompañadas de las mal llamadas “malaventuranzas”.

A los discípulos, que son pobres, pasan hambre, lloran y son perseguidos se les llama “bienaventurados” (dichosos) porque esa situación va a cambiar. Por el contrario, se advierte seriamente a quienes ahora gozan de riqueza, de dicha y de aplauso social, equiparándolos a los “falsos profetas”.

Empecemos por el final. En la tradición bíblica, los “falsos profetas” buscan su propio beneficio. Eso les lleva a pronunciar una palabra que no busca la verdad, sino contentar a quienes los escuchan, sean el rey o el pueblo, para obtener reconocimiento y prebendas de todo tipo. Se comprende que, para quienes son perseguidos por ser fieles, la figura del “falso profeta” aparezca particularmente detestable.

El mensaje de las Bienaventuranzas es parcial: muestra a un Dios que toma partido a favor de los pobres y los que sufren. Otra cosa es que, en la vida cotidiana, esto no parezca producirse. Tal vez ese haya sido el motivo por el que se ha proyectado la dicha o felicidad al “más allá” de la muerte. En realidad, plantear la dicha en clave de “recompensa” conduce a un callejón que no tiene salida. Si hubiera que leerla literalmente, el lector se preguntaría por qué Dios no actúa inmediatamente y realiza lo que la bienaventuranza promete.

La lectura adecuada parece ser otra y se desdobla en dos direcciones: por un lado, “pone en valor” la dignidad y la primacía del pobre; por otro, como luego vería Mateo, advierte que es imposible la felicidad mientras no adoptemos la pobreza –desapropiación, desidentificación del yo– como actitud básica en la que sustentar nuestra existencia.

El pobre es no-separado de mí. Solo la comprensión vivencial de este hecho, que implica una radical transformación de la consciencia, hará eficaz el compromiso a favor de la justicia, de la igualdad y del reconocimiento de todo ser humano. Únicamente el compromiso que nace de la comprensión es genuinamente transformador.

Ser pobre es vivir la desapropiación. La creencia que nos identifica con el yo o ego nos convierte en personas egocentradas, girando en torno a nosotros mismos, en la búsqueda ansiosa de aquello en lo que hemos proyectado nuestra supuesta felicidad: bienes, poder, imagen… Sin embargo, todo ello promete lo que no puede dar, dando lugar a la “noria hedonista”, en la que la búsqueda de placer se convierte en fuente de sufrimiento, porque no hay forma de burlar el vacío y la insatisfacción cuando se liga la propia identidad a la idea del “yo”.

El sabio comprende que no es el yo. Y es esa comprensión la que, en medio de cualquier circunstancia, lo ancla en la ecuanimidad y la paz. Sabe que lo que somos se halla siempre a salvo. Y que podemos tener cosas –somos seres necesitados–, pero no ser esclavos de ellas.

El sabio es compasivo. Y esto es justamente lo que vemos en Jesús. La compasión marcó toda su existencia porque se vivía desde la comprensión de su (nuestra) verdadera identidad. Cuando se vive desde ahí, la compasión brota en gratuidad y de manera desapropiada. Y, en cierto modo, constituye el test definitivo de la vida espiritual. De ahí que el propio Jesús resumiera todo el secreto del comportamiento ético adecuado en una sola frase, tras relatar la parábola del “buen samaritano”: “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). No hay más principio moral.

¿Qué significa la pobreza para mí? ¿Cómo me posiciono ante ella?

Enrique Martínez Lozano

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Se trata de ser felices en la Vida

domingo, 17 de febrero de 2019
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slide_1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. SER FELICES –DICHOSOS – BIENAVENTURADOS.

El cristianismo no es para ser buenos desde una moralina barata o ritualismo fosilizado o un dogmatismo que huele a formol, sino que el cristianismo es para ser felices. La finalidad y la esperanza del cristianismo es que seamos felices y bienaventurados.
Jesús sana, confiere vida, salud, bienestar.

En la Bienaventuranzas (Lc 6,20-21; Mt 5,3-10), Jesús promete la plenitud y felicidad del Reino a los pobres, a los misericordiosos, a los que trabajan por la paz y la justicia, a los limpios de corazón.

Se puede decir que las Bienaventuranzas son la gran promesa de Cristo. Jesús nos llama a ser bienaventurados, felices. Es la promesa de Cristo. Esta promesa se inaugura en esta vida, en este mundo, aunque los hechos parezcan decir lo contrario. No es menos cierto que esa bienaventuranza de la humanidad se manifestará en la vida futura. Y ello es objeto de esperanza. La esperanza cristiana es vivir ya lo invisible que un día veremos cara a cara.

02. LA ESPERANZA NO ES OPTIMISMO.

Las ciencias, la política, el progreso, las previsiones, etc. confieren o pueden ofrecer bienestar a la humanidad, pero eso no es esperanza, al menos no son la esperanza cristiana absoluta. Qué duda cabe que es deseable que la medicina termine por curar el cáncer y que la humanidad progrese, que desaparezca el hambre, la injusticia, la incultura, etc.

La esperanza tampoco es optimismo por lo bien que van o me van las cosas. La esperanza comienza donde termina el optimismo. Una persona llega a ser adulto (no solamente viejo) cuando ya no se hace ilusiones en la vida, pero mantiene con vitalidad la esperanza. (Para un creyente en un funeral no hay lugar al optimismo, pero ahí “comienza la esperanza”).

Los humanos hemos de ser conscientes de que no está en su mano suprimir el sufrimiento humano ni la muerte. Los humanos sufriremos siempre por una razón u otra: sufrimos física o psíquicamente, los seres humanos morimos. El ser humano no puede solucionar por sí mismo ni el sufrimiento ni la muerte.

La ciencia, el pensamiento científico parece que lo puede todo en la historia humana, pero no es así.

La esperanza nace de la fe. El progreso, los logros científicos, los movimientos políticos, económicos, puede que sean buenos, pero son previsiones probables, pero no esperanza.
La esperanza brota de la fe que confía en un final bienaventurado que no está en las previsiones humanas, sino en las manos de Dios.

03. Nos quedan dos soluciones:

A. Aprender a vivir en la nada como nos enseñaba o pretendía Nietzsche: Mire usted: no existe nada, no hay nada más allá, no hay Dios, pero no importa, usted viva, coma, viaje, disfrute y muérase sin más, sin enterarse.

B. O nos queda la esperanza, la esperanza teologal, la esperanza en nuestro caso cristiana, que mira “más allá” de la historia y aguarda por naturaleza algo que no está en nuestra naturaleza, “algo” que es Dios.

Es mucha prepotencia y presunción eliminar la esperanza, las bienaventuranzas y el horizonte absoluto dejándolo en manos de una manifestación, o en manos de la Universidad o de un parlamento.

Las mediaciones históricas: política, ciencia, cultura, etc. son valiosas, pero no últimas.
Jeremías (1ª lectura) lo dice brutalmente: MALDITO quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza.

La esperanza es descansar esperar en Dios, lo cual confiere una profunda paz, al mismo tiempo que nos impele a un compromiso histórico.

04. ¿PESIMISMO?

Felices pobres.Cerezo 1ALGUNOS DATOS A TENER EN CUENTA

El pasado domingo el periódico DV, dedicaba sus cuatro primeras páginas al problema del suicidio, sobre todo en nuestra comunidad autónoma.

+ En el País Vasco se produce un suicidio cada dos días., lo que significa que en el País Vasco mueren por suicidio 190 personas al año.

+ El Obispo Uriarte decía hace unos -pocos- años que la segunda causa de muerte de la juventud en el País Vasco es el suicidio. La primera causa de muerte de la juventud es el accidente, montaña, tráfico, etc., la segunda el suicidio.

+ Cada año entre 3.600 y 3.700 personas se suicidan en España: esto supone 10 muertes al día: de las cuales 7 son hombres y 3 mujeres.

+ En la medida en que se puede saber, son 800.000 las personas que se suicidan al año en el mundo.

+ Hay que pensar que el índice de intentos de suicidio se debe multiplicar por 10. Quienes dejan de tomar la medicación, quienes toman una sobre dosis y sobreviven, algunos accidentes de tráfico son suicidios larvados…

+ En los últimos 50 años, el intento de suicidio ha aumentado en un 60% en el mundo.

DEPRESIÓN

Las causas de un suicido pueden ser múltiples, pero parece ser que detrás de todo suicidio hay que buscar una o algún tipo de depresión.

No es el momento ni es tarea sencilla definir qué sea una depresión. Vamos a quedarnos en que es la depresión se caracteriza por un hundimiento personal que conlleva a un estado de ánimo bajo y sentimientos de tristeza, asociados a alteraciones del comportamiento, del grado de actividad y del pensamiento. Todo ello implica desinterés por la vida, la familia, el trabajo, el pueblo, la cultura, etc. La depresión respondería a las preguntas: no tengo ganas de vivir … Total, ¿para qué voy a trabajar, para que me voy a esforzar, etc?

¿Bienaventurados los pobres, dichosos los limpios de corazón, felices los que trabajáis por la paz, la justicia?

Un poco zafiamente se puede decir que esta es una visión pesimista, que también hay gente buena, hay ONG que trabajan por el mundo, etc., lo cual es verdad, pero no soluciona nada la cuestión de la esperanza.

Aunque la gente no lo sepa, probablemente estamos en la situación que proponía Nietzsche. La nada nos invade y en la nada es muy difícil mantener en pie con sentido y con ética.

La nada “nihiliza” la existencia. La nada torna absurda la existencia. Podemos disfrutar de un poco de comida, otro poco de informática, otro poco de turismo, pero la nada se lo traga todo.

05. SEMBRAR ESPERANZA Y BIENESTA
R.

Probablemente evangelizar hoy en día –y siempre- sea sembrar esperanza, sanación, bienestar, confianza en la vida, en Dios.

La esperanza mira fundamentalmente al futuro absoluto del hombre a la luz de la Promesa. Dios y su Reino es el futuro del hombre, y la esperanza es la experiencia de Dios y su Reino como futuro.

¿La estructura jerárquica de nuestra iglesia de San Sebastián infunde esperanza y ánimo?

¿Esta situación eclesiástica diocesana siembra bienaventuranza y paz o, más bien, es un amasijo de prácticas religiosas, de proyectos inmobiliarios, de leyes, tensiones y odios?

Nos acogemos al papa Francisco que es hombre de esperanza.

Gracias a Dios

Tenía mucha razón el filósofo del siglo XX, M Heidegger:

Solamente Dios puede salvarnos

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. (Salmo 26,2)

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Por amor…

viernes, 15 de febrero de 2019
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Dios ha creado por amor, y con los fines del amor. Dios no ha creado otra cosa que el amor mismo y los medios del amor. Ha creado seres capaces de amor a todas las distancias posibles.

Él mismo -puesto que ningún otro podía hacerlo- fue a la distancia máxima, a la distancia infinita. Esta distancia infinita entre Dios y Dios, desgarro supremo, dolor que no tiene par, milagro de amor, es la crucifixión. Nada puede estar más lejos de Dios que lo que fue hecho maldición. Este desgarro, encima del cual crea el amor supremo el vínculo de la unión suprema, resuena perpetuamente a través del universo, sobre un fondo de silencio, como dos notas separadas y fundidas, como una armonía pura y desgarradora. Es la Palabra de Dios. Toda la creación no es más que su vibración. Cuando hayamos aprendido a escuchar el silencio, será esto lo que, en medio del silencio, comprendamos con mayor distinción. Los que se aman, los amigos, tienen dos deseos: uno, amarse hasta el punto de penetrar el uno en el otro y convertirse en un solo ser; el otro, amarse hasta tal punto que, aunque estuvieran separados por los océanos, su unión no quedara debilitada. Todo lo que el hombre desea verdaderamente aquí abajo es real y perfecto en Dios. Todos estos deseos imposibles son en nosotros algo así como una señal de nuestro destino y tienen un efecto positivo sobre nosotros desde el momento en que esperamos alcanzarlos. El amor de Dios es el vínculo que une a dos seres hasta el punto de hacerlos imposibles de distinguir y realmente uno solo, y que, tendido por encima de las distancias, triunfa sobre la separación infinita. Por ese motivo, la cruz es nuestra única esperanza

*

(Simone Weil,
A la espera de Dios,
Editorial Trotta, Madrid 1996.

***

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Propuesta de un Credo cristiano

jueves, 14 de febrero de 2019
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credo-logo-ogJuan Alemany
Mallorca.

ECLESALIA, 01/02/19.- Creemos en Dios, Misterio profundo que nos constituye sin separación alguna.

Vivimos confiados en Él, sabiendo que habita en cada uno de nosotros.

Reconocemos a Jesús, como el hombre que captó su filiación divina y la nuestra.

Que desveló el rostro amoroso de Dios.

Que proclamó su mensaje de Amor, practicando el bien y la compasión.

Nos adherimos a la Comunidad cristiana, la Iglesia, para compartir, celebrar y practicar las enseñanzas de Jesús.

Damos gracias por nuestra existencia, que nos permite conocer, vivir y experimentar la Presencia que todo lo abraza.

Humildemente esperamos el perdón de los pecados y entendemos la resurrección, como el retorno al Misterio infinito que nos constituye, origen nuestro y de todo cuanto existe.

Amén.

Justificación
1963
(Continuación de “Creencia en Dios”, ECLESALIA.- 25/01/2019)

Al crear en un acto de amor, Dios sólo puede darse a sí mismo, puesto que fuera de Dios no hay nada y todo está comprendido en Él. Por eso al esbozar el credo, decimos que estamos constituidos por Él sin separación alguna y que sabemos que habita en cada uno de nosotros de forma tal, que respetando nuestra libertad, quiere compartir nuestra experiencia vital. Se puede decir que somos consustanciales con Él.

La Buena Noticia se produce con la aparición de Jesús de Nazaret, el hombre que toma conciencia de que Aquello que le constituye en el fondo de su ser, en ese rincón secreto en el que no entra más que uno mismo y Dios, es Dios.

A partir de ese momento, la revelación es definitiva y la clave la da Jesús: el hombre es lugar donde Dios dice quien es. El hombre es la imagen del Dios viviente y la gloria de Dios. No hay kénosis ni abajamiento, Dios se gloría con la humanidad.

Ahora ya sabemos dónde está Dios: en el hombre, en el hermano, en el que sufre, en el enfermo, en el marginado y también en el que es feliz y trabaja, alegrándose de sus triunfos y sufriendo con sus fracasos. Igual está en el pecador, al que ve como al hijo que va por mal camino y al que no deja de amar. Así podemos decir que Dios habita en cada uno de los seres humanos, porque respetando siempre su libertad, desea compartir su infancia, juventud, madurez, su profesión, su matrimonio, etc., acompañándoles siempre con su amor.

Al reconocer a Jesús como revelación completa de Dios, decimos que captó su filiación divina, en una experiencia íntima, profunda y espiritual, fruto de su interiorización que le llevó a ese rincón oculto, secreto , bodega o cogollo que todos tenemos y en el que no entra, como ya se ha dicho, más que un mismo y Dios.

Ahí fue donde esa percepción tan intensa y fuerte le condujo a pronunciar la palabra Abba, Padre. Pero esta palabra Padre no es preciso entenderla como la entendemos en el sentido biológico. Cuando atribuimos a Cervantes la paternidad del Quijote o decimos que Descartes es el padre de la Filosofía moderna, expresamos una relación de dependencia, pero no en el sentido estricto de paternidad biológica, sino como expresión analógica, cosa que referida a Dios es aún más difícil, ya que no es comparable con nada.

Esa revelación era algo que Dios hacía desde el primer momento de la Creación, a todos los hombres, mujeres y pueblos y que no acababan de captar. Pero como en todos los descubrimientos, siempre hay uno que es el primero que capta algo que estaba al alcance de todos, pero que nadie era capaz de ver, Es el ejemplo de Newton y la ley de la gravedad, Galileo y la rotación de la Tierra, Einstein y la teoría de la relatividad, etc.

Captada su filiación divina y sabiéndose habitado por Dios, Jesús no se reservó el descubrimiento y lo comunicó a los demás diciéndoles:” cuando oréis al Padre decid: Padre nuestro” no dijo a mí Padre sino nuestro Padre, primera persona del plural, lo que significa nuestra filiación divina, igual que la de Jesús. Hemos sido creados por Dios, ex-amore, desde el amor y engendrados por nuestros padres como Jesús, por lo que podemos decir que somos suspiros de amor de Dios.

Seguimos diciendo que descubrió el rostro amoroso de Dios y lo hizo mediante la parábola de Hijo Pródigo, en la que el Padre no espera la llegada de hijo, sino que sale al encuentro y perdona, dando por no hecho el mal producido.

El resto de sus aportaciones las hace también por medio de sus parábolas y predicación. Pautas de comportamiento. El buen samaritano que ayuda al atracado frente a la indiferencia del sacerdote y del levita, expresa el deseo de Dios de ayudar al necesitado al quería atender desde el primer momento, pero no podía hacerlo porque necesitaba las manos de alguien. Y es que Dios actúa el mundo, pero no actúa en el mundo (Karl Rhaner), porque nos ha hecho co-creadores y con la libertad somos responsables de nuestros actos.

El Sermón de la Montaña, la preocupación por los enfermos, hambrientos o sedientos, la parábola del perdón, de los trabajadores de la viña, etc., son ejemplos de una actitud humana querida por Dios y una invitación a seguirla.

Entendemos la adhesión a la Comunidad cristiana o Iglesia, como la forma fraternal de compartir y practicar las enseñanzas de Jesús y difundir su mensaje colaborando responsablemente y entendiéndola como un camino y no como sujeto y fin en sí misma.

Vivimos con agradecimiento nuestra existencia terrenal, experimentándola como un don que nos permite percibir el Amor infinito que nos constituye y al que estamos destinados a volver.

Conscientes de nuestra limitación y finitud, como todo lo creado, pero también de nuestra libertad, capacidad de decisión y responsabilidad, pedimos perdón por nuestros errores culpables durante la vida y tenemos la esperanza de la resurrección como retorno a nuestro origen, igual que las olas lo hacen a la profundidad del océano del que proceden.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“La fuerza del Evangelio”. 5 Tiempo ordinario – C (Lucas 5,1-11)

domingo, 10 de febrero de 2019
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2f847-pesca_milagrosa_2bEl episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista. Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios. No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen a al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de manera imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años. No hemos de engañarnos.

Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos «haciendo cosas» desde una Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo? Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas se encuentran con testigos que irradian el fuego de Jesús.

José Antonio Pagola

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“Dejándolo todo, le siguieron”. Domingo 10 de febrero de 2019. Domingo 5º Ordinario.

domingo, 10 de febrero de 2019
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13-ordinario5 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 6, 1-2a. 3-8: Aquí estoy, mándame.
Salmo responsorial: 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
1Corintios 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Lucas 5, 1-11: Dejándolo todo, lo siguieron.

El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión.

La escena comienza a desarrollarse probablemente en el templo de Jerusalén, donde el profeta recibe la visión de una liturgia celeste. El profeta ve a Yahvé con los rasgos de un rey, ejerciendo su poder. También sobresale un lenguaje de plenitud expresado en frases como “el ruedo de su manto llenaba el templo”, “su gloria llena la tierra toda”… Los serafines (serafín = ardiente), seres alados de fuego, que no son todavía los ángeles de la tradición posterior, están por encima del rey, en actitud de servicio. Los serafines entonan el canto del «santo, santo, santo». La santidad de Dios se hace visible a través de su gloria, y la gloria de Dios se manifiesta a través de sus obras en la creación y de sus acciones liberadoras a favor de su pueblo.

En los vv. 5-7 se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en le nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.

Todo el capítulo 15 de 1 Corintios tiene como eje temático la resurrección de Jesucristo, puesta en duda en el v.12: “¿cómo dice alguno que no hay resurrección de los muertos?”. Al comenzar el capítulo Pablo recuerda la Buena Nueva como el mejor regalo entregado a la comunidad de Corinto, regalo que fue recibido y mantenido con fidelidad a las palabras anunciadas. Aparece claro que el elemento común a los cristianos de todos los pueblos, culturas y tradiciones es la palabra de Dios. El contenido de la Buena Nueva lo describe Pablo citando un fragmento del primer credo cristiano que tiene como protagonista a Cristo, como testimonio de solidaridad, su muerte por nuestros pecados, como punto de referencia, las Escrituras, como respuesta solidaria humana, su sepultura, como intervención directa de Dios, su resurrección, como testigos de la resurrección, a todos los que se les apareció. El Dios de la Vida y la vida de nuestro pueblo es la razón de ser de toda vocación cristiana, que es vocación a defender y acrecentar la vida. «Para que tengan Vida y Vida en abundancia».

En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar…

Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.

Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!

Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.

Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige “remar mar adentro” para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.

Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.

Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor. Leer más…

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10.2.19. Arriésgate, Pedro. Duc in Altum: navega mar adentro, hora de pesca.

domingo, 10 de febrero de 2019
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F4156AA7-8AF7-47EC-99B5-6DA059531F8CDel blog de Xabier Pikaza:

Simón y sus compañeros vuelven de haber trabajado la noche entera sin haber conseguido nada. Pero Jesús les espera en la orilla y les pide que vuelvan, que inicien la tarea mar adentro, en lugares que no habían explorado todavía. Las palabras de Jesús a Simón y a sus compañeros son significativas:

En griego epanagage eis to bathos, que significa avanzar (navegar) más al interior (en zona más profunda).

La traducción latina dice: Duc in altum: lleva el barco a más hondura-profundidad-altura. Esa palabra ha hecho fortuna y se utiliza como signo de llamada vocacional, que debería ser arriesgada.

La traducción castellana “rema mar adentro” pone de relieve el esfuerzo personal de los pescadores que se supone que “reman” (en teoría podían navegar a vela).

505A35B4-4D94-46EA-AEFA-743E35305207Sea como fuere, Simón y sus compañeros han de ser unos “tipos” arriesgados, incluso aventados por creer en Jesús y realizar su tarea. Jesús les pide un esfuerzo nuevo, les lleva a nuevos mares, y ellos asumen la tarea, y lo hacen a cuerpo, sin intermediarios.

Eran en el fondo unos hombre “aventados” (con el soplo del buen Espíritu)… como deberían hacer el Papa y sus compañeros en la actualidad. Así le digo a Pedro/Papa: Arriésgate ya.
(Y con este deseo… un buen domingo a todos).

Texto: Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Situar el texto:

0619014B-0DFB-45E8-93BD-6BAC67ED9861Este pasaje tiene un fondo histórico, pero refleja toda la historia del cristianismo primitivo, desde la perspectiva de Pedro y a sus primeros compañeros. Éstos son algunos datos de su historia:

1. Se llamaba Simón (nombre hebreo-arameo, pero helenizado)… y era de Betsaida, de oficio pescador, casado en Cafarnaúm (y viviendo posiblemente en la casa de la madre de su mujer). Tenía un fondo laboral y familiar claro, lo mismo que su hermano Andrés. Debía ser hombre de cierto carácter.

2. Había sido discípulo de Juan Bautista (Jn 1, 36-42) donde Jesús le encontró probablemente, y le atrajo para su misión de Reino. Eso significa que era un tipo entrenado en cuestiones de “espíritu”. Conocía otras espiritualidades (la de los bautista…) y se convirtió a Jesús… en un camino de conversiones que siguió a lo largo de su vida.

3. El Evangelio de Marcos (Mc 1, 16-42) ha recreado la llamada de Pedro (Simón) y de sus tres compañeros (Andrés y los zebedeos) en forma “ideal”, en un contexto de pesca y playa. Es posible que esa recreación tenga un fondo histórico. Pedro y sus compañeros siguieron de algún modo pescando durante el tiempo del mensaje de Jesús… Jesús les conoció también en la playa, y ellos le enseñaron tareas de pesca.

4. Jesús llamó a Simón de un modo especial y le apellidó Pedro (Roca…), quizá de un modo irónico… confiándole una tarea especial… Pero Pedro negó a Jesús… en el momento de su detención. Tenía, sin duda, iniciativas y propuestas, quiso el poder (cf. Mc 8), no le parecían buenas algunas ideas de Jesús, que llegó a llamarle “Satanás”, aunque le conservó a sulado.

5. Pedro creyó en Jesús tras su crucifixión e inició (con las mujeres y con otros discípulos) el camino de la Iglesia, ofreciendo el mensaje en especial a los judíos. Así le va Pablo, que mantiene con él una relación tirante pero de reconocimiento mutuo. Era un tipo convencido de Jesús, pero tuvo que irse convirtiendo en una historia larga de encuentros y desencuentros con Pablo (y con Santiago, el hermano de Jesús). No tuvo miedo a equivocarse, y por eso terminó acertando, y marchando a Roma con el estandarte de Jesús, donde le mataron los “buenos” romanos.

6. Pedro asumió la misión a los gentiles…, aunque con ciertos matices distintos de los de Pablo, por lo que tuvieron diferencias, que aparecen reflejadas en Gal 2 y Hch 15. Pero al fin asumió la tarea de Pablo, interpretando así el evangelio como misión universal, para lo que vino a Roma, que era un buen sitio entonces para ser universales. Lo que pasa es que después los papas se quedaron en Roma y si salen (ahora más, con aviones) no parece que se enteren de verdad de lo que hay por el mar profundo. Por eso Jesús les tiene que decir “duc in altum” (en Latín, que suena mejor).

Entender el texto

1. Lucas recoge y recrea en este pasaje una tradición previa… que está en el fondo de Mc 1, 16-20 (la llamada a los primeros discípulos, a los que Jesús hará pescadores de hombres…). Hay un fondo histórico, pero recreado por la tradición pascual, que reconoce a Pedro y a los zebedeos (tres) o a Padro-Andrés, con los zebedeos (cuatro) como los primeros testigos de Jesús, columnas de la Nueva Comunidad. En ese fondo se sitúa la imagen del mar y la barca, con la pesca cristiana.

2. Lucas reelabora aquí una tradición que ha sido recreada también por Jn 21 (pesca milagrosa, misión…). Hay muchos elementos comunes, pero la versión de Juan está mucho más enriquecida, como parábola total y conclusión del Evangelio: Los “pescadores” son siete (no tres…) y Pedro recibe una tarea especial de “pastorear” a las ovejas de Jesús (al lado del Discípulo amado).

3. La novedad del texto de Lucas (y de Juan) está en el hecho de que Jesús (que es el Jesús pascual) pide a Pedro que vuelva a iniciar la faena, en un mar más profundo… más lejos de la costa. En un primer momento, Pedro y los suyos trabajaban cerca de la costa (entre judíos…); el Jesús pascual les pide que se arriesguen, que vayan más allá (que asuman en el fondo la tarea de Pablo, que es la misión de los gentiles). Sin este nuevo mandato de Jesús, y sin la “obediencia” de Pedro (que se pone en marcha, aunque tenga el riesgo de hundirse, como sabe Mt 14) no habría surgido la Iglesia (con Pablo sólo era difícil crear iglesia vinculada a la historia de Jesús).

4. Este Pedro el “aventado y arriesgado”, que va a pescar más lejos de la orilla, con sus compañeros, es el signo de la iglesia que se debe aventurar a romper los moldes hechos, la misión ya fijada… Es evidente que tiene el riesgo de fracasar y de hundirse (como en Mt 14), pero si se queda en la orilla donde no hay olas, ni lío… ha fracaso de antemano. Éste es el Pedro de la Iglesia que debe encontrar, en este mar-mundo del 2013, nueva “pecado” es un elemento esencial del cristianismo.

5. La tarea de este Pedro ha sido retomada de formas distintas por los evangelios (menos el de Marcos, que deja el tema sin resolver, dando casi la impresión de que Pedro no se había convertido todavía…). Mateo presenta a Jesús sacando del agua a Pedro, para que no se ahogue (Mt 14)… y confiándole después la tarea de “abrir” las puertas de la Iglesia fuera de Israel (Mt 16), apareciendo así como piedra de base de la nueva comunidad… Lucas presenta a Jesús orando por Pedro… para que pueda confortar a los hermanos (Lc 22, 32).

6. Pedro ha realizado una acción arriesgada, al servicio de la misión universal de la Iglesia, teniendo que enfrentarse para ello con los mismos discípulos de Jerusalén, que le critican de hereje y aventado (cf. Hch 10…). El buen Pedro tiene que defenderse apelando al Espíritu Santo…, pero queda ante los de Jerusalén como un hombre “peligroso”, que inicia misiones “imposibles”, fuera del cerco sagrado de la buena ley de Jesús… Éste es el fondo de nuestra escena: Por Mandato del Jesús Pascual… Pedro se arriesga a pesar mar adentro…

7. Los protestantes, en general, aceptan la misión de Pedro y le veneran como gran apóstol, junto a Pablo… Pero piensan que su misión no debe perpetuarse de manera personal en la Iglesia, a través de un papa de Roma. Por eso lo tienen más fácil: Pedro queda en el pasado, su tiempo terminó, le recordamos y agradecemos su misión… y basta. Hay algunos protestantes que se quedan con la versión de Marcos, suponiendo que Pedro lo hizo al fin mal, pero creo que su lectora no recoge la dinámica del evangelio.

8. Los católicos lo tenemos mucho más difícil, pues pensamos que la misión de Pedro continúa y está expresada, de algún modo, en el Papa y en sus compañeros… Aquí está nuestra paradoja: Los papas lleven siglos haciendo de “rémora”, impidiendo que la barca de la Iglesia se arriesgue de verdad, buscando nuevos mares… No me imagino a los últimos papas remangándose como Pedro para llevar la barca de la iglesia a nuevos mares: Duc in Altum. No me imagino al Papa echándose al agua (como Pedro en Jn 21…), ni escuchando de verdad la reprimenda de Jesús que le dice: ¡No me andes espiando al discípulo amado, que te he hecho pastor, no inquisidor!.

9. Los católicos tenemos más difícil… pues los últimos papas (desde hace siglos) se siguen quedando en la orilla de Roma, no ven las cosas que hay más allá… Administran, y lo hacen bien, pero no salen a pescar a nuevos mares… De manera que nadie les puede criticar como criticaron a Pedro los buenos cristianos de Jerusalén por haber aceptado en la Iglesia a un tipo raro, como el centurión de Cesarea. A pesar de ello seguimos (yo sigo) confiando en el verdadero Pedro, el aventado de Jesús, que se pone a pensar de nuevo allí donde había fracaso alto.

10. Habrá que recordarle a Pedro “duc in altum”… Arriésgate Pedro (arriesgaos los zebedeos…). Hay faena que hacer fuera de los mares tranquilos de vuestra Roma.

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Isaías y Pedro: Dos vocaciones muy distintas. Domingo 5º. Ciclo C.

domingo, 10 de febrero de 2019
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VocacionesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En la comunidad internacional en la que he vivido estos últimos meses hemos hablado a menudo del problema de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Con notables excepciones, como la India, en general se advierte un descenso alarmante. Las lecturas de hoy no resolverán el problema, pero animan a reflexionar sobre la vocación y a recordar una de las pocas órdenes que nos dio Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

* * *

Después del fracaso en Nazaret (que leímos el domingo pasado), Lucas presenta a Jesús predicando y haciendo milagros en Cafarnaúm e incluso más al sur, en las sinagogas de Judea. Pero la liturgia dominical no lee nada de esto (Lc 4,34-44), sino que pasa a la vocación de los primeros discípulos. Así titulan este episodio la mayoría de las Biblias, aunque el relato de Lucas podríamos titularlo, con más razón, “La vocación de Pedro”.

            A propósito de la visita de Jesús a Nazaret vimos que Lucas se basa en el evangelio de Marcos, pero lo modifica para enfocar el episodio de forma nueva. Hoy ocurre lo mismo con la vocación de los primeros discípulos. Para comprender el relato de Lucas conviene recordar el de Marcos.

El escueto relato de Marcos sobre la vocación de los primeros discípulos

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”.

Al punto, dejando las redes, le siguieron.

copo

Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

Vocación Santiago y Juan

            El relato no puede ser más breve. Parecen simples notas para ser desarrolladas por Marcos en su comunidad. Dos parejas de hermanos, un lago, unas redes, una barca, el padre de dos de ellos, unos jornaleros. En este ambiente tan sencillo y cotidiano, Jesús se encuentra por primera vez con estos cuatro muchachos, los llama, y ellos lo siguen dejándolo todo. Una reacción que desconcierta a cualquier lector atento.

La versión de Lucas

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– «Remad mar adentro, y echada las redes para pescar

Simón contestó:

«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Pesca milagrosa

Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Los tres cambios que introduce Lucas

  1. Pretende hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos. No es la primera vez que se encuentran con Jesús. Él ya ha estado antes en Cafarnaúm, incluso ha comido en casa de Simón y ha curado a su suegra. Luego ha seguido su vida de predicador itinerante y solitario, pero, cuando vuelve a Cafarnaúm, no es un desconocido. Es un maestro famoso y la gente se agolpa para escucharle. El lector no se extraña de que lo sigan.
  2. Centra su atención en Pedro, no en los cuatro discípulos, hasta el punto de que ni siquiera nombra a su hermano Andrés. Jesús sube a la barca de Simón, le pide que se aleje un poco de tierra; con él dialoga después de hablar a la multitud, ordenándole adentrarse en el lago y echar las redes; y Simón Pedro es el único que reacciona arrojándose a los pies de Jesús y reconociéndose pecador. Aunque luego se menciona a Santiago y Juan, que también seguirán a Jesús, las palabras finales y decisivas las dirige Jesús solo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
  3. Subraya la importancia de Jesús. No se limita a pasear por el lago (como cuenta Marcos) sino que está predicando a la gente, que se agolpa a su alrededor hasta el punto de necesitar subirse a una barca. Luego, Simón le da el título de “Maestro” y le obedece, volviendo a pescar, aunque parece absurdo. Finalmente, Simón cae de rodillas y lo reconoce como un personaje santo, no un pobre pecador como él. La vocación de los discípulos supone un mayor conocimiento de Jesús.

¿Qué pretende decirnos Lucas con estos cambios?

            La finalidad del primero es clara: hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos.

            El segundo pone de relieve la figura de Pedro. Lo mismo hace Lucas al final de su evangelio, cuando pone en boca de los discípulos estas palabras: “Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34). Simón protagonista al comienzo y al final del evangelio de Lucas. Es posible que algunos cristianos, basándose en el duro ataque de Pablo a Pedro en Antioquía (contado en la carta a los Gálatas), pusiesen en discusión su autoridad, y Lucas quisiera ponerla a salvo.

            El tercero nos recuerda que cualquier vocación sirve para conocer mejor a Jesús. El relato de Marcos dice que Jesús no es un francotirador cuya obra desaparecerá con su muerte; quiere y busca colaboradores que continúen su misión. Lucas añade el aspecto de la enseñanza y la autoridad. Pero sugiere también algo mucho mayor: es un personaje santo, que provoca en Simón un sentimiento de indignidad. Para comprender este aspecto hay que recordar la vocación de Isaías, primera lectura de este domingo.

El relato de la vocación de Isaías (1ª lectura)

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: “¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

            Yo dije: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

Vocación Isaías

            Y voló hacia mí uno de los serafines, con una ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: “Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.”

            Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?”

            Contesté: “Aquí estoy, mándame.”

            Retrocedamos ocho siglos, al 739 a.C., año de la muerte del rey Ozías. En ese momento sitúa Isaías su vocación. Pero la cuenta de un modo muy distinto. En ese encuentro inicial con Dios lo que más le llama la atención es su majestad y soberanía, que destaca mediante tres contrastes. El primero con Ozías, muerto; del rey mortal se pasa al rey inmortal. El segundo, con los serafines, a los que describe detenidamente, mientras de Dios solo puede decir que “la orla de su manto llenaba el templo”. El tercero, con Isaías, que se siente impuro ante el Señor. Tenemos tres binomios que subrayan la soberanía de Dios (vida-muerte, invisibilidad-visibilidad, santidad-impureza). Todo esto, enmarcado en un terremoto que hace temblar los umbrales y llena de humo el templo.

            Basándose en la queja de Isaías (“soy un hombre de labios impuros”), un serafín purifica sus labios, como símbolo de la purificación de toda la persona. Por eso, la consecuencia final no es que Isaías ya tiene los labios puros, sino que “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Cuando Dios pregunte “¿A quién mandaré? ¿Quién irá de mi parte?”, Isaías podrá ofrecerse voluntariamente: “Aquí estoy, mándame”.

La vocación de Isaías y la vocación de Simón

            Lucas, gran conocedor del Antiguo Testamento, parece ofrecer en su relato de la vocación de Simón Pedro una relectura de la vocación de Isaías. Al menos es interesante advertir las diferencias.

            El escenario. La vocación de Isaías tiene lugar en el ámbito sagrado del templo, con Dios en un trono alto y excelso, rodeado de serafines. La de Pedro, en una barca dentro del lago, rodeado de los compañeros y jornaleros.

            La persona que llama. En el caso se Isaías se subraya la majestad y santidad de Dios. A Jesús se lo presenta inicialmente de forma muy humana, aunque capaz de congregar a una multitud y de convencer a Pedro para que vuelva a pescar. Solo después de la pesca advertirá Pedro que se encuentra ante un personaje excepcional.

            La reacción inicial del llamado. En ambos casos el protagonista se siente pecador. La reacción de Isaías es más trágica (“estoy perdido”) porque parte de la idea de que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Pedro se reconoce simplemente ante un personaje sagrado junto al cual no puede estar (“apártate de mí”).

            La preparación del enviado. A Isaías, un serafín lo purifica como paso previo para poder realizar su misión. Jesús no realiza nada parecido con Pedro. La forma de prepararse es seguir a Jesús. “Dejándolo todo lo siguieron”.

            La misión. La liturgia ha suprimido la parte final del relato de Isaías, donde recibe la desconcertante misión de endurecer el corazón del pueblo judío y cegar sus ojos; la misión principal de Isaías consistirá en transmitir un mensaje durísimo. En cambio, la de Pedro será positiva, “pescador de hombres”.

            La reacción final del elegido. Aquí no hay diferencia. En ambos casos se advierte la misma disponibilidad, aunque en los discípulos se subraya que lo dejan todo para seguir a Jesús.

Reflexión y pregunta

            La generosidad de los cuatro primeros discípulos, dejándolo todo para seguir a Jesús, nos recuerda a tantas personas que siguen dejando todo, incluso la familia y la patria, a veces para ser “pescadores de hombres”, otras para ayudar a cualquiera que lo necesite, incluso de religión distinta. Un ejemplo que sirve de estímulo y demuestra el poder de la llamada de Jesús.

            La pregunta: ¿Cuántas veces a la semana cumplo su mandato: “Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”?

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10 de Febrero. Domingo V. Tiempo Ordinario

domingo, 10 de febrero de 2019
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“Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.”

(Lc 5, 1-11)

Y hay que decir que esta vez “todo” era mucho. Eran dos barcas tan llenas de peces que casi se hundían…

Lo normal hubiera sido que Pedro o los hijos de Zebedeo hubieran contratado a Jesús como pescador. Con él en la empresa los beneficios hubieran aumentado considerablemente. Sus familias se habrían enriquecido y con parte de los beneficios podrían haber ayudado a otras muchas personas. Podrían haber fundado una escuela de predicadores y una ONG, por ejemplo.

Así son las cosas como las pensamos nosotros. Dios suele tener otras ideas y aquí es cuando estos pescadores, el mejor día de toda su carrera laboral deciden dejarlo TODO.

Una decisión absolutamente absurda desde el punto de vista humano. Es una pena no conocer la reacción de las familias y amigos de estos pescadores. Pero seguro que fue similar a la de tantas familias que ven como una hija, un hermano, una sobrina o un primo se encuentra con Dios y lo deja todo.

Quienes lo ven desde fuera no lo comprenden. Una vez, hace años, una persona que vino a la hospedería, conversando con la hospedera, se interesaba por una hermana. Había oído decir que en el monasterio había una hermana que era médico y preguntaba si era cierto. Ante la respuesta afirmativa dijo: “-¡Qué desperdicio de vida!”

Que una persona que tenía una buena profesión decida meterse monja suscita incomprensión e incluso desprecio. No hay lógica humana que comprenda que alguien sea capaz de dejar dos barcas llenas de peces y seguir a un Maestro medio desconocido. No se comprende, pero sigue sucediendo.

Jamás podrá comprenderse porque es una respuesta que tiene que ver con el corazón, no con la razón. El amor nunca es razonable. Y ahí van quedando barcas llenas de peces en muchas orillas. Porque cuando Dios irrumpe en la vida de alguien primero la hace rebosar y después se lo pide TODO.

Oración

Ven, Trinidad Santa, a nuestras orillas, cuando repasamos nuestras redes vacías, cuando dejamos nuestras barcas llenas. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Todos estamos llamados a ser más, sin límites.

domingo, 10 de febrero de 2019
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E7714C27-2A36-4F7B-BF00-2D8A4FDEC734Lc 5, 1-11

Empezamos hoy el c 5 del evangelio de Lc con un episodio múltiple: La multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a remar mar adentro; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos y el inmediato seguimiento. No nos dice de qué les habla Jesús, pero lo que sigue, nos da la verdadera pista para descubrir de qué se trata.

Este relato tiene gran parecido con el que Jn narra en el capítulo 21, después de la resurrección. Allí es Pedro el que va a pescar en su barca. Se habla de una noche de pesca sin fruto alguno y Jesús les manda, contra toda lógica, que echen las redes a esa hora de la mañana. El mismo resultado de abundante pesca y la precipitada decisión de Pedro de ir hacia Jesús. Dado el simbolismo que envuelve el relato, tiene más sentido en un ambiente pascual. Pedro llama a Jesús “Señor”, título que solo los primeros cristianos le dieron.

Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso tiene un significado teológico muy profundo. ¿Quién no ha tenido la sensación de haber trabajado en vano durante décadas? Solo tendremos éxito cuando actuemos en nombre de Jesús. Esto quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su actitud vital, más allá de nuestras posiciones raquíticas y a ras de tierra. Esa actitud vital no se puede dar por hecho solo por decir: por Jesucristo nuestro Señor.

Rema mar adentro. La multitud se queda en tierra, solo Pedro y los suyos (muy pocos) se adentran en lo profundo. Esta sugerencia de Jesús es también simbólica. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad (alta mar), y expresa mejor el simbolismo. Solo de las profundidades del hombre se puede sacar lo más auténtico. Todo lo que buscamos en vano en la superficie, está dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro exige traspasar las falsas seguridades del yo superficial y adentrarse en aguas incontroladas. Adentrarse en lo que no controlamos exige una fe-confianza auténtica. Decía Teilhard de Chardin: “Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío”.

Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús, que le manda contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos domesticar y controlar lo que es más que nosotros, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a donde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarca nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más que nosotros es signo de verdadera sabiduría.

No temas. El temor y el progreso son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Más de 130 veces se habla en la Biblia del miedo ante lo divino. Casi siempre, sobre todo en los evangelios, se afirma que no hay motivo para ello. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión hacia la Vida. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. “Pescar hombres” era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Jesús. Aquí quiere decir: ayudar a los hombres a salir de todas las opresiones que el impiden crecer. Solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo auténtico de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás. La principal tarea de todo ser humano está dentro de él. Dios quiere que crezcas, siendo lo que debes ser.

Y, dejándolo todo, lo siguieron. Seguimos en un lenguaje teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas, los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto, el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra. Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la «vocación» al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una minoría. Todos estamos llamados a la plenitud, a desplegar todas nuestras mejores posibilidades.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene manera de decirme lo que espera de mí, más que a través de mi ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni preferencias. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Soy yo el que tengo de adivinar todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas esas posibilida­des, no tengo que esperar nada de Dios.

Mi vocación sería el encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos. Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores unos que otros. Lo importante es acertar con el que mejor se adecúe a mis aptitudes personales. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva con sigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.

Este relato está resumiendo el proyecto de todo ser humano. Jesús había desarrollado su proyecto de vida y quiere que los demás desarrollen el suyo. Pedro lo ve como imposible y hace patente su incapacidad. Está instalado en su individualidad y en su racionalidad. Es figura de todos nosotros que no somos capaces de superar el ego psicológico y el ego mental. Todo lo que no son mis sentimientos y mis proyectos racionales lo considero inalcanzable. Todas las posibilidades de ser que están más allá de esta ridícula acotación no me interesan.

Pero la verdad es que más allá de lo que creo ser, está lo que soy de verdad. Aquí está la clave de nuestro fracaso espiritual. Descubrimos que hay seres humanos que han alcanzado ese nivel superior de ser, pero nos parece inalcanzable porque “soy un pecado”. “¿Quién te ha dicho que estabas desnudo?” Dios se lo pregunta a Adán, dando por supuesto que Él no ha sido. Notad el empeño que ha tenido la religión en convencernos de que estábamos empecatados y que no debíamos aspirar más que a reconocer nuestros pecado y hacer penitencia. Ojalá superásemos esa tentación y aspirásemos todos a la plenitud a la que podemos llegar. Ni lo biológico, ni lo psicológico, ni lo racional, constituyen la meta del hombre.

Meditación

Llega a lo profundo de tu ser.
Sin esa profundización, no es posible la plenitud humana.
La contemplación es el único camino.
Aprende a pescar en tu propio pozo.
Lo que con tanto afán buscas fuera de ti,
lo tienes al alcance de la mano dentro de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Misión de todos los seres.

domingo, 10 de febrero de 2019
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pescatoridiuomini“No corras, ve despacio, adonde tienes que ir es a ti mismo” (Juan Ramón Jiménez)

10 de febrero. Domingo V del TO

Lc 5, 1-11

Cuando acabó de hablar dijo a Simón: boga mar adentro y echa las redes para pescar (V 4)

Un rey encargó un cuadro que fuera lo más real posible. Para pintarlo se presentaron varios pintores. Pero el último tardaba mucho tiempo, por eso le preguntaban los asesores: “¿Cómo va?” Y no acababa. Por fin, al terminarlo, se presentó el rey.  El cuadro era un camino por el bosque, un camino sin fin. Estaban mirándolo y el pintor le dijo: “¿Damos un paseo, majestad?” Se internaron por el bosque y aún no han regresado todavía.

Las palomas batieron con urgencia sus alas, los árboles sus ramas y gritaron, las nubes su vestido blanco gritando a coro todos: “No nos va a impedir nadie que gritemos: ¡La libertad es nuestra, iremos hasta donde nuestro corazón quiera llevarnos, haciendo el bien a nuestro paso!”

Jesús deja clara la misión de los cristianos, de todos los seres: comprometerse en la mejora de la existencia. Jesús dijo a Simón: No temas, en adelante te haré pescador de hombres. Arriesgada misión que debe orientarse hacia dentro y cargar sus baterías para salir luego hacia fuera y ser luego eficaz en la tarea. Lo cual requiere voluntad y tiempo. Decía Juan Ramón Jiménez: “No corras, ve despacio, adonde tienes que ir es a ti mismo”. Despacio, por un camino incierto, aunque seguro, que pocos saben dónde va, lo cual no es poco.

Las flores mejoraron su perfume, el rey su gobierno, los asesores, el pueblo, el bosque, el pintor y su cuadro, se hicieron todos más cristianamente humanos.

En Del alba al crepúsculo aceptado, Rabindranath Tagore canta en su poema El tránsito:

Sé que esta vida, aunque no madure el amor,
no está perdida del todo.
Sé que las flores que se mustian al amanecer,
las corrientes que se extraviaron en el desierto,
no están perdidas del todo.
Sé que cuanto se regaza en esta vida, cargado
de lentitud, no está perdido del todo.
Sé que mis sueños no realizados, mis melodías
sin cantar, están cogidos a una cuerda tuya del laúd;
que no están perdidos del todo.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Moverse trae abundancia

domingo, 10 de febrero de 2019
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jesus e a pesca milagrosaLc 5,1-11

Sería muy difícil precisar, en este texto, lo que es recuerdo o tradición y lo que ha ido evolucionando desde la actividad redaccional de Lucas. Aun así, nos interesa adentrarnos en el significado de lo que acontece en esta trama. Comienza situando a Jesús como un gran predicador-maestro, un guía capaz de congregar a muchas personas para escuchar “la palabra de Dios”. Su liderazgo, en medio del pueblo, parece ya en proceso de consolidación. Observemos que la posición de Jesús muestra un doble movimiento en la puesta en escena: primero está “en pie”, después “sentado en la barca”, una expresión que no puede pasar desapercibida porque nos refiere a una solidez personal, en el primer caso, y un alto grado de poder ejercido desde la predicación, en el segundo. Se trataría de enmarcar bien el rol de Jesús y su fuerza frente a la relación con los que van a seguirle.

Hasta este momento no tiene seguidores, tan sólo oyentes curiosos algunos, cuestionados otros. Con este relato, Jesús muestra su deseo de aglutinar en torno a sí cooperantes que den fuerza y vigor al movimiento mesiánico en el que se había embarcado y al que se siente llamado. Se encuentra con unos pescadores de profesión; Jesús entra en la cotidianeidad de estos personajes que viven la frustración propia de la improductividad en el trabajo cuando parece que no hay ni recursos ni condiciones favorables. Jesús les invita a echar las redes de nuevo, pero no en el mismo sitio donde lo hacían sino “mar adentro”. Es muy importante esta indicación porque les muestra algo tan sensato y básico como que, si queremos obtener resultados diferentes, no podemos hacer siempre lo mismo. Y sabemos que esto nos ocurre con cierta frecuencia. Estos pescadores se fían de esa indicación, la siguen y obtienen una gran pesca. La reacción es de asombro y de reconocer que tal vez no merecían tanto. Aún así, superado el primer nivel emocional, estos pescadores encuentran un sentido nuevo y una dirección diferente para avanzar en la vida. Jesús les llama explícitamente, “os haré pescadores de hombres”, es decir, os invito a que me ayudéis a situar a las personas en una posición diferente para recuperar la verdadera esencia de la vida.

Y es esta una clave importante en el proceso del seguimiento a Jesús. Se intuye la llamada en la misma vida, en los quehaceres cotidianos, no hay nada especial ni sobrenatural. El verdadero milagro no es la llamada a una vida diferente sino cuando esa llamada te lleva a un cambio de posición existencial, cuando te das cuenta de que en la zona de confort todo es plano, te dejas llevar por las circunstancias, no hay movimientos, hay quietud, pero tal vez sequía interior. ¿Para qué me voy a mover si ya no necesito nada más? Sólo cuando aparece una nueva conciencia, una nueva mirada sobre lo que se vive, se puede percibir que la desesperanza y el desánimo frente a lo que no nos llena la vida, reaviva ese deseo de movernos y dirigirnos a otros espacios que den un nuevo sentido.

Otra clave importante son las palabras “rema mar adentro”; el cambio de posición frente a la vida ya no es buscar en el mismo sitio sino cambiar de plano y conectar con las corrientes más profundas que nos traen un mensaje de “abundancia”. Los pescadores reventaron las redes, la mirada hacia la fuente de lo que somos nos hace vivir en una conciencia de sobreabundancia y no de carencia; evidentemente no me refiero a lo material; una sobreabundancia de sentido, de asiento en un suelo que conecta con lo que trasciende lo puramente limitado. Nos sitúa en el milagro de una nueva visión de la vida y del ser humano. El seguimiento a Jesús es una experiencia vital de abundancia que moviliza a dar, no lo que me sobra sino lo que soy en esencia.

Os invito a llevar la mirada ahora a nuestra manera de vivir la fe, la religiosidad, la dimensión creyente de nuestra vida. Este texto también nos invita a movernos. Como decía al principio, si queremos otros resultados ¿por qué seguir en la misma posición? ¿qué sentido tiene seguir en la queja de que las Iglesias están vacías, que en nuestros jóvenes no cuaja el mensaje cristiano, que las vocaciones religiosas apenas remontan, que no hay ya presencia cristiana en nuestro mundo? ¿realmente nos creemos que no hay nada que cambiar o que los que tienen que cambiar son otros? Quizá nuestro compromiso ya no es mantener una tradición que nos mantiene paralizados y en modo de carencia, más bien atrevernos a generar una nueva tradición desde la creatividad y valentía. Son ingredientes imprescindibles, hoy, para hacer más visible y creíble el mensaje de Jesús, el mensaje de que es posible una nueva humanidad transida de igualdad, justicia, inclusión, liberación y sentido. ¿No sería este un gran milagro en este momento de nuestra historia?

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 Rosario Ramos

10 de febrero de 2019

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¿Desde dónde me vivo?

domingo, 10 de febrero de 2019
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05_pescadorDomingo V del Tiempo Ordinario

Lc  5, 1-11

Tal como ha llegado hasta nosotros, el texto presenta un “relato de vocación” en el marco de un “relato de milagro” que, leído simbólicamente, constituye una profunda catequesis eclesiológica y, sobre todo, cristológica. Trataré de hacer una lectura en consonancia con el modo como debió leerlo aquella primera comunidad de discípulos para, a continuación, afrontarlo desde el modelo no-dual.

El relato de vocación es un género literario que, en el evangelio, sigue las mismas pautas: Jesús llama, ellos lo dejan todo y lo siguen. Por su parte, en el relato de milagro lo que importa es percibirlo como signo de la actuación de Dios en Jesús que se traduce en salud, liberación y vida.

La barca es símbolo de la comunidad –más tarde se hablará de la Iglesia como de la “barca de Pedro”– y la pesca evoca el llamado “trabajo apostólico o pastoral”, que se entendía como “traer a todos a la verdad”, identificada esta con la creencia de la propia comunidad.

En esa tarea, en la que se halla comprometida la Iglesia –es, por ello, una catequesis eclesiológica–, el cansancio y el desaliento han hecho presa en los discípulos, tras una noche de trabajo en la que no han conseguido nada. Pues bien, al actuar en nombre de Jesús –“por tu palabra”–, el resultado supera todas las expectativas y produce en Simón una actitud de asombro que le hace postrarse ante Jesús en adoración. Este es el núcleo de la catequesis cristológica: cuando se actúa en el nombre de Jesús el fruto del trabajo está siempre asegurado.

Esa es la lectura que nace de una postura creyente, en clave religiosa teísta, que cree en Jesús como el Hijo de Dios (separado), al que se reconoce como “Salvador”. En este “mapa”, se identifica la propia creencia con la verdad en sí misma, por lo que la tarea apostólica se convierte, en la práctica, en proselitismo, orientado a traer a toda la humanidad a la verdad que nos ha sido revelada.

Sin embargo, esta lectura encuentra cada vez más disonancias con lo que es nuestro modo de leer la realidad. No solo por el cuestionamiento radical de la idea de un “dios” separado, sino por el propio modo de entender la verdad. No es extraño, por tanto, que se vaya abriendo camino otra lectura, no “religiosa”, sino “espiritual”, desde una clave no-dual. Tal como lo veo, esta clave resulta más adecuada desde nuestra comprensión.

Desde esta nueva perspectiva, Jesús no es un ser separado, ni un salvador venido de fuera, sino un hombre sabio que ha visto lo que somos todos y lo ha vivido en profundidad. Lo que es Jesús lo somos todos –compartimos la misma y única identidad–, por lo que constituye un “espejo” que nos refleja; su palabra, como toda palabra sabia, nos hace crecer en comprensión y celebrar y vivir lo que somos.

Desde aquí podemos aproximarnos al relato. En él vemos nuestro trabajo y nuestro cansancio, el desaliento y, al mismo tiempo, la esperanza. Todo se ventila en el “desde dónde” vivimos la tarea: desde nuestro interés alicorto y la búsqueda de una gratificación individual o desde la comprensión de lo que somos. En este último caso, nos experimentamos, al igual que Jesús, como cauce o canal limpio por el que la Vida (“Dios”) se expresa.

En el primer caso, nos sentiremos frustrados, abatidos y desesperanzados siempre que no obtengamos el fruto deseado. Por el contrario, en el segundo, viviremos con paz lo que acontezca ya que, como dijera el propio Jesús, “no busco hacer mi voluntad, sino la voluntad de quien me ha enviado” (Jn 5,30).

Acertamos cuando nos alineamos con la Vida (“Dios”), cuando queremos lo que la Vida (“Dios”) quiere, cuando vivimos la aceptación radical, entre la resistencia que genera sufrimiento y la resignación que paraliza.

¿Desde dónde me vivo? ¿Qué busco con lo que hago?

Enrique Martínez Lozano

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La llamada de la Vida

domingo, 10 de febrero de 2019
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indumar432Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA VIDA NOS LLAMA. TODOS SOMOS LLAMADOS.

Las dos lecturas de hoy nos hablan e invitan a seguir la llamada de JesuCristo; y -si no se es muy creyente-, o, tal vez, queremos ampliar un poco la cuestión: seguir la llamada de la vida
Hemos asistido a la llamada de Isaías que siente miedo: ¡ay de mí estoy perdido!, sino embargo acoge la llamada: “aquí estoy, mándame”. Aquel puñado de pescadores con Pedro, mejor o peor, siguieron a Cristo. Samuel, los profetas, Pablo y tantos otros, siguieron la llamada…

Todos somos llamados. A todos nos llama la voz de la vida, del amor, nos seduce la felicidad, la verdad, la libertad, la justicia, la paz.

No confundamos la llamada de la vida y de Dios con un seminario o con la vocación sacerdotal. No caigamos en un clericalismo barato y cerrado.

En el fondo es Dios quien nos atrae a todos con una fuerza irresistible. Tras las realidades y mediaciones de la vida cotidiana, es Dios quien nos llama.

Cuando Isaías se siente llamado por Dios, “habría preferido morirse”, “meterse bajo tierra”: soy “hombre de labios impuros, pobre de mí”. Lo mismo siente Pedro y el grupo: “apártate de mí que soy pecador…

También nosotros hemos seguido la llamada de Dios como buenamente hemos podido y sabido. También nosotros, cuando sentimos el peso de la llamada, nos vemos abrumados.
Toda llamada, tiene momentos y matices de dificultad y dureza

o Cuando una pareja se casa, sin duda que es un momento muy hermoso y en el fondo es decirse mutuamente: “aquí estoy” para hacer juntos la travesía de la vida. Sin embargo me imagino que si son conscientes, se preguntarán más de cuatro cosas: ¿seré capaz de hacer feliz a mi compañero/a? ¿Acertaremos a recorrer bien nuestro camino?

o Cuando uno quiere servir a la comunidad eclesial como presbítero, uno se pregunta ¿seré capaz? ¿seré digno? ¿qué haré en la vida? Estoy pedido, soy hombre de labios impuros…

o En la vida religiosa – monacal se experimenta el gozo de la entrega y la preocupación por la propia debilidad.

Vivir es ir respondiendo como buenamente podemos a las llamadas fundamentales de la vida (de Dios). Hacemos lo que podemos en la vida: unas veces porque no tenemos capacidad, otras porque no tenemos ganas, otras veces porque somos débiles: ay de mí, estoy perdido; la cuestión es que hay mareas, galernas y noches en las que no hemos pescado nada, pero nada de nada.

02. PROFESIÓN TRABAJO Y LLAMADA.

pescador.red_Sabemos que no es sencillo, muchas veces no es posible desplegar los talentos y responder a la llamada.

Pero, si posible fuera, el ideal sería que la profesión, el trabajo coincidiera con la llamada de la vida. En muchos casos no es posible.

Hay profesiones que no son simples puestos de trabajo, sino que requieren una vocación: responden a una llamada. Ser maestro, médico, personal sanitario, trabajar cuidando ancianos, ser sacerdote o religioso no es meramente una profesión, sino que tienen mucho de vocación y si no estaríamos en lo del evangelio de San Juan: hay mucho asalariado en la vida, pero hacen falta buenos pastores, (Cfr Jn 10).

Me parece a mí que algunas profesiones se lo tienen que pensar dos veces a la hora de hacer una huelga. Maestros, personal de ancianos, curas, médicos, etc. tienen derechos como todo el mundo, pero no pueden dejar “tirados” a unos ancianos, o niños-adolescentes en la escuela o a unos enfermos. Hay problemas que no se resuelven, al menos no se resuelven únicamente en el sindicato o con un aumento de sueldo. Hay algo vocacional, de respuesta a una llamada

03. LA LLAMADA TIENE DIVERSOS MOMENTOS.

La vida tiene diversas etapas, momentos diferentes. La ´fuerza de la llamada de la vida en la juventud no tiene las mismas características que la serena y responsable vida de adulto; en la ancianidad se vive la llamada en la sabia experiencia de un lento declive.

La vida y JesuCristo nos llaman siempre, pero con matices y características diversas. Conviene ser consciente de estas cosas para no creemos que somos los “reyes del universo” sobre todo cuando ya las fuerzas, la creatividad, las capacidades disminuyen.
Por cierto, Jesús fue “de todo” menos viejo.

04. SOMOS PECADO (PEDRO) Y DEBILIDAD (ISAÍAS).

La gente se reunía para escuchar a Jesús…

Por tu Palabra, echaré la red…

Si somos conscientes, nos daremos cuenta de nuestras debilidades, pero si escuchamos la Palabra de JesuCristo, seremos “eficaces” y la pesca será abundante.

Cuando la comunidad eclesial escucha y sigue al Señor, la pesca es abundante.

Este texto evangélico de hoy tiene un claro colorido eclesial: el mar, la barca, las redes, los peces.

Si no hemos pescado nada, es porque ni escuchamos ni seguimos al Señor. ¿A qué se debe, si no, la poca o nula presencia de lo eclesial en la sociedad, en el momento cultural, en la vida socio-política?

05. CONFÍO EN TU PALABRA.

Por tu palabra, echaré las redes.

Es un acto de confianza en quien nos envía y va en la barca con nosotros.

Así lo entienden los discípulos: Por tu Palabra, echaré las redes.

Isaías tiene una metáfora preciosa sobre la Palabra de Dios; dice que es como la lluvia, que no vuelve al cielo sin haber fecundado la tierra (Isaías, 55,10-11). La Palabra tiende a realizar lo que significa. Cuando la Palabra impregna nuestra tierra, tiende a brotar el trigo de la vida.

Fiarse de esa Palabra hace posible que acontezca lo impensable o, lo que es lo mismo, la utopía, la cual jamás será posible desde la lógica del pragmatismo.

Fiarse de la Palabra de Jesús nos introduce en una dinámica nueva. Nos libra de nuestras prepotencias más o menos inconfesadas y nos hace descansar en la esperanza.

Aceptar la PALABRA es un acto de plena confianza en algo capaz de llenar y dar sentido a la existencia humana. Es el abandono pleno en la ultimidad de Dios.

AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD.

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Enamórate

sábado, 9 de febrero de 2019
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Enamórate

No hay nada más práctico que
encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse rotundamente
y sin ver atrás.
Aquello de lo que te enamores,
lo que arrebate tu imaginación,
afectará todo.
Determinará lo que te haga levantar
por la mañana,
lo que harás con tus atardeceres,
cómo pases tus fines de semana,
lo que leas, a quién conozcas,
lo que te rompa el corazón
y lo que te llene de asombro
con alegría y agradecimiento.
Enamórate, permanece enamorado,
y esto lo decidirá todo.

*

Pedro Arrupe

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Tú eres mi hijo amado

jueves, 7 de febrero de 2019
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Del blog de Henri Nouwen:

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Muchas voces reclaman nuestra atención. Hay una voz que dice: Demuestra que eres una buena persona. Otra nos dice: Avergüénzate de ti mismo. También hay otra voz que dice: No le importas a nadie, y otra: asegúrate de tener éxito, ser famoso y tener poder. Pero por debajo de estas voces, por lo general muy ruidosas, hay una, suave y pequeña, que dice: Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco… Esa es la voz que más necesidad tenemos de escuchar. Escuchar esa voz, sin embargo, requiere un esfuerzo especial; necesita la soledad, el silencio y una fuerte determinación a escuchar. Eso es oración: Rezar es escuchar a la voz que nos llama «hijo amado».

*

Henri Nouwen
Pan para el viaje
Lumen

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Creencia en Dios

jueves, 7 de febrero de 2019
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oracion-990x658Juan Alemany
Mallorca

ECLESALIA, 25/01/19.- Creo en un Dios que crea por amor, única y exclusivamente por amor, que no busca gloria y alabanza, que crea un mundo dotado de autonomía, y no cambia las leyes de la naturaleza a su antojo, que crea al ser humano, mediante un maravilloso proceso evolutivo,  inteligente, dotado de razón, relacionable con toda la Creación y con una libertad sin límites, pero que conlleva la responsabilidad; un Dios justo y generoso que impulsa, sostiene y promueve toda la creación; un Dios que no exige, sino que invita; que no fuerza, sino que espera; pero no una espera estática, sino un esperar que es un salir al encuentro.

“Un Dios que ante todo es amor y que no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa, más que salvarnos de nuestras resistencias culpables”. (A. Torres)

Justificación

¿Qué imagen de Dios tenemos? Evidentemente Dios no cambia, pero sí lo hacen sus imágenes a lo largo de la Historia. Del Ser misterioso intuido por los primeros hombres, a través de los fenómenos de la naturaleza, del conjunto de dioses y diosas del Olimpo y del Dios único que capta el pueblo de Israel, a veces iracundo y vengativo, al Dios Amor de Jesús, ha llovido mucho. Es cierto que se habla de Él, pero luego no se es coherente y consecuente con lo que de ese concepto se desprende.

De entrada hay que rechazar la visión de “un Dios que está en el cielo y nosotros en la tierra”, Dios está siempre entre nosotros. Está en el hombre, en la mujer, en la naturaleza y en la historia.

Benedicto XVI en su Encíclica “Deus caritas est”, para explicar que Dios es Amor escogió la palabra agape, que consiste en estar amando, ayudando y salvando, porque su esencia es amor. Esta idea tiene unas consecuencias que consisten en entender que nada, absolutamente nada  que signifique angustia, dolor, sufrimiento, cruz o muerte, puede desprenderse de ella ya que Dios es el anti-mal.

El Dios Creador por amor, desde el principio de los tiempos, ha tratado de mostrar su imagen a la Humanidad, que la iba captando de forma imperfecta a lo largo de la Historia. El vocabulario cristiano está lleno de frases, imágenes y conceptos, que hoy en día son literalmente increíbles; hay que tomar conciencia de este cambio de época  que representa una de las mayores mutaciones de la historia y que afecta a la totalidad de lo político, lo social, lo económico… y lo religioso.

La presencia de Dios en el ser humano, solo pretende su máxima realización y su acción es hacer que sea él, con su libertad, inteligencia y responsabilidad el lo que haga y así nos convierte en co-creadores, título  muy enaltecedor, pero que conlleva el compromiso de embarcarse en la lucha por la justicia, la erradicación del hambre, la violencia… y esforzarse por establecer un mundo de paz y esperanza.

Dios es una opción, se acepta o se deja. Pero si se acepta, hay que expresar qué idea de Dios se tiene; porque Dios al ser Transcendencia pura, es impensable y no puede ser convertido en un objeto. Sin embargo, ello conduce con frecuencia, por analogía, a dibujar un rostro de Dios como si un humano fuese.

De Dios, sólo sabemos lo que nosotros captamos dentro de nuestras limitadas posibilidades de conocer.

Al elegir la idea de un Dios Amor, tratamos de expresar lo que ello significa y lo que de ese concepto se desprende. No necesita ni gloria ni alabanza, puesto que si tuviese una necesidad, ya no sería Dios; es Amor en acción, donación sin restricciones, entrega total que sólo desea ser acogido, sin imposiciones y enemigo de todo cuanto sea mal.

Cuando hablamos de Dios, lo hacemos siempre mal: al emplear la palabra cuando, ya estamos situando a Dios en el tiempo y Dios está fuera del tiempo, puesto que en la Eternidad no hay tiempo y Dios es Presencia a-temporal, siempre es aquí y ahora y por ello no tiene pasado ni futuro.

De ahí se desprende que hemos estado siempre en la Eternidad, en el pensamiento de Dios que no tiene momentos ni ocurrencias y por eso sentimos el ansia de eternidad y de volver a  ella pasado nuestro tiempo.

En la Eternidad éramos; al nacer comenzamos a existir.Existir es ser en el tiempo. Y al morir dejamos de existir, pero no dejamos de ser. Somos seres espirituales que vivimos una aventura terrenal”. ( Teilhard de Chardin)

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia)

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