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Mª Luisa Paret: Una subida desconcertante en la que tú estás implicado/a.

domingo, 28 de febrero de 2021
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la transfiguracionDOMINGO 2º CUARESMA (B) Mc 9, 1-9

Una de las características del mundo moderno es la transformación, la evolución, el cambio. El evangelio de este segundo domingo nos sugiere que es posible transfigurarse si somos capaces de descubrir la Presencia transformadora de Jesús en nosotros/as en el camino que nos toca vivir, en la subida al monte (Sinaí, Hermón o Tabor), símbolo de lo Divino. Es el ascenso de la conciencia, del conocimiento interior, a un nivel más hondo y profundo, más allá de los signos externos con que se nos narra este desconcertante relato.

Todos estos símbolos, el monte, los vestidos blancos, el miedo, la nube, la voz, aparecen en las teofanías del Antiguo Testamento que, por otra parte, a los jóvenes de hoy ya no les dice nada. Pero es quizá, el evangelio de Marcos el más idóneo para mostrar a alguien que está alejado de lo religioso o indiferente. La lectura de este pasaje suscita la pregunta: ¿Quién es este hombre para mí?, y nos lleva a responder desde la propia experiencia de vida. Es un evangelio muy vivo, concreto y puede ayudar a un cristiano encerrado en sus ideas, a preguntarse: ¿soy capaz de reconocer a Jesús en esta situación tan desconcertante de pandemia en que vivimos?

Ya sabemos que no es un relato histórico. Es probable que se trate de un relato pos-pascual con el fin de hacer ver a la comunidad de Marcos, y a nosotros, que Aquel que recorrió Galilea y “se abajó haciéndose uno de tantos”, es el mismo Cristo glorificado, transfigurado. Recurso que utilizan con frecuencia los autores bíblicos para dar autoridad o reforzar su mensaje.

Dice el texto que acompañan a Jesús, Pedro, Santiago y Juan, uno, duro de mollera, los otros dos le siguen con buena voluntad para sacar alguna ventajilla. Como todo hijo de vecino.

¿Qué fue lo que vieron? Algo tan natural como darse cuenta, en un momento concreto de la existencia, de un chispazo, una sensación que va más allá de los signos superficiales: la percepción de la presencia de lo divino en uno/a mismo/a y a raíz de la cual se experimenta un antes y un después. Podríamos llamarlo una experiencia fundante, gozosa o dolorosa, casi nunca espectacular e incluso, ni siquiera asumida en ese mismo momento sino poco después. En esa situación, puede surgir una expresión tan humana como la de Pedro: ¡qué bien se está aquí!, o por el contrario, si ha sido dolorosa: ¿por qué a mí?

Marcos sitúa este relato entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Se vislumbra, pues, la muerte biológica, inevitable, pero el horizonte es la Vida. En cualquier caso, Jesús, hoy, sube contigo para que seas testigo del encuentro con Dios. En su bautismo, y ahora, aquí, acontece el hecho esencial de su vida: se experimenta como Hijo amado. ¿Te has parado a pensar lo que realmente significa para ti ser Hijo/a Amado/a? ¿Cómo vivir hoy de ese modo?

Jesús conoce nuestras necesidades, nuestros anhelos, nos ofrece la oportunidad de re-nacer, de transfigurarnos. En todo momento nos comunica su misma Vida, la Única. Llevamos dentro lo divino. En lo más íntimo de nuestro ser, oímos su voz: ¡Escuchadlo a Él!

No a las voces que aturden, confunden o violentan, a las palabras falsas, vacías, cargadas de promesas y mentiras que, lamentablemente, son pronunciadas sin pudor.

La escena de la transfiguración representa la experiencia anticipada del reino que ha de llegar si sabemos acoger la simiente de Verdad inserta en el ADN de nuestro ser. Con frecuencia, lo establecido, las viejas fórmulas ahogan la posibilidad de transformación. Moisés y Elías representan el Antiguo Testamento, la Ley y los profetas. Eran la clave para descubrir la voluntad de Dios.

Con Jesús todo se transforma, se renueva. Nos invita a acompañar y dar testimonio entre los hombres y mujeres de hoy, poner en el centro la Palabra de Dios, escucharla, vivirla, practicar la autenticidad y la verdad. No es una mercancía que se compra o se vende. La veracidad está ligada a la conciencia, a la persona. Somos veraces en la medida que nos revelamos, nos entregamos. Jesús nos insta a bajar a la realidad de nuestro entorno, de lo cotidiano y traducirlo en hechos. ¡Esta es la clave!

Decía más arriba, que es natural darse cuenta de lo que acontece en el corazón de cada ser humano, lo cual no significa que sea fácil. Me fijo en las familias, jóvenes y adultos en estos momentos de gran dificultad. Algunos han dejado de escuchar la Palabra de Dios que aprendieron, ¿y vivieron?, si no es de forma casual. La vivencia de la Comunidad es cada vez más escasa, e incluso dentro de ésta, la “fuerza liberadora del Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu” (J. A. Pagola).

Sin embargo, jóvenes, adultos, mayores, aun estando alejados, como hijos/as amados/as, seguimos sosteniendo y realizando cambios con creatividad y pasión. Enseñamos, oramos, predicamos, celebramos, asumiendo nuestro compromiso profético en la sociedad y en la iglesia para quienes buscan verdad y vida en los caminos que surcan la vida transfigurada de quienes se dejan encontrar por Él.

El papa Francisco dice con valentía en su encíclica Laudato si: “Vivimos en una cultura de la mentira y de la ocultación que dificulta la toma de conciencia de la gravedad de la situación actual (LS 25, 30, 49). Los poderes económicos, junto a la débil reacción política internacional, nos distraen para no tomar conciencia de nuestras acciones inmorales y vicios autodestructivos (LS 56) intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera” (LS 59). La Iglesia en salida de Francisco es una “Iglesia-pueblo de Dios que hace de todos hermanos y hermanas: una inmensa comunidad fraternal”, “que toma partido a favor de las víctimas y que llama por su nombre a los causantes de las injusticias”.

Somos vida transfigurada en la que todos/as estamos implicados.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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Ser y hacer.

domingo, 28 de febrero de 2021
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Silencio.2Domingo II de Cuaresma

28 febrero 2021

Mc 9, 2-10

Con imágenes que resultaban familiares al judaísmo, se relata aquí la condición “transfigurada” de Jesús. Sin embargo, la lectura habitual del texto ha estado condicionada por dos claves que no parecen muy acertadas: la separatividad y la desconfianza hacia nuestra realidad profunda.

  Por un lado, la condición de ser “transfigurado” parece que se restringía a Jesús, de acuerdo con la creencia en su divinidad separada y exclusiva. Por otro, se insistía en la “necesidad” de bajar rápidamente en el monte, como si la comprensión de aquella realidad vislumbrada pudiera adormecernos y nos hiciera obviar nuestra acción y compromiso en el mundo.

  Ambas claves definen bien el modo de funcionar de la mente y del ego. Aquella es, por su propia naturaleza, separadora; este se autoafirma en la acción tanto como teme al silencio, en el que se diluye.

  Desnudando el engaño oculto en esa lectura, en la comprensión se hace manifiesto que la realidad “contemplada” en Jesús es una realidad compartida: todos somos seres “transfigurados”; más allá de la apariencia de las formas diferentes, somos Aquello que las transciende, luminosidad y gozo. Y de esta misma comprensión brota la acción y el compromiso, como su expresión natural, ahora caracterizados por la desapropiación. Si el ego exige “hacer” para poder sentirse vivo, en la comprensión la acción fluye sin que haya alguien que se la apropie: el compromiso sabio no viene firmado.

  Todo encaja de manera admirable: lo que somos y lo que hacemos son las dos caras de la misma realidad. Sin comprensión no salimos del engaño de una “identidad pensada” (el yo), aunque nos empeñemos en un activismo desbordante, siempre sospechoso porque aparece marcado por la resistencia –como si la vida debiera responder a nuestra expectativas– y la apropiación.

  La comprensión nos conduce a la aceptación lúcida –superando las trampas de la resistencia y de la resignación– y a la desapropiación en todo lo que emprendemos.

¿Cómo vivo la aceptación y la desapropiación?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La humanidad de Jesús a transfigurar hoy son los pobres

domingo, 28 de febrero de 2021
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9436bede23a1fc8bf3fe09f59a072ec5_1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Un recuerdo cercano.

         Al leer este relato de la Transfiguración me gusta evocar la muerte de Pablo VI.

         El papa Montini, Pablo VI, estaba agonizando. Era el sábado 5 de agosto de 1978 por la noche serena de Castelgandolfo, víspera del día de la Transfiguración. Dom Macchi, secretario de Pablo VI, le leyó algunos párrafos de un pequeño catecismo, que Jean Guitton, amigo personal de Pablo VI, había escrito en forma de diálogo con un niño. Terminada la lectura, el papa Montini dijo unas palabras premonitorias: adesso viene la notte, la notte trasfigurata: ahora llega la noche, la noche transfigurada.

El 6 de agosto de 1978, fiesta de la Transfiguración, fallecía Pablo VI.

         La noche, la muerte se transfiguraba en amanecer.

         Las últimas palabras del testamento de Pablo VI, fueron: Cierro los ojos a esta tierra dolorosa, dramática y magnífica tierra.

El creyente acoge con gozo la transformación, la transfiguración de la muerte en vida, en resurrección.

¿Recuerdo yo los tiempos, personas, contenidos estilo y vivencias conciliares?

  1. Un relato teológico.

         El relato de la Trasfiguración no es un alarde –“moda-fashion”-, de prepotencia de Jesús que en el monte Tambor dejó deslumbrado de luz al personal con su rostro y vestidos relucientes.

Este relato es una catequesis, quizás un poema, un modo de expresar el camino que hubieron de recorrer los discípulos de Jesús para llegar a ver en él, en Jesús, a Cristo. Los evangelistas ofrecen una compresión más profunda de Jesús, del Hijo del hombre y terminaron viendo y creyendo en Jesús a Cristo.

  1. Mundo de símbolos

Muchos vieron y conocieron físicamente a Jesús en Nazaret, en Jerusalén, Betania, junto al lago, etc., pero no fueron tantos los que vieron en Jesús, el hijo de María, a Cristo, hijo de Dios.

Apenas un puñado de discípulos, hombres y mujeres, vieron en Jesús a Cristo. “Para andar por casa”: Jesús es el hijo de María, que es Cristo: hijo, expresión de Dios (logos).

¿Cómo iban a ver en Jesús al hijo de Dios (Cristo) si comía con pecadores y pecadoras, publicanos, se saltaba la ley a la torera en beneficio y curación del ser humano, discutía a brazo partido con fariseos, publicanos y eclesiásticos de turno, que volcaba las mesas de los vendedores del Templo?

La Transfiguración es un relato compuesto de elementos simbólicos que recogen el paso, el proceso a la fe de aquellos primeros discípulos, que pasan de ver en Jesús a ver y creer en Cristo. No les fue tarea sencilla pasar de Jesús, un hombre como ellos, a Cristo expresión, hijo de Dios.

         Los creyentes de la iglesia naciente, los evangelios sinópticos (Mc 9, 2-8; Mt 17, 1-8; Lc 9, 28-36) componen este relato para expresar cómo ellos llegaron a la fe en JesuCristo, transfigurando, traspasando de Jesús a Cristo.

         Y este paso lo realizaron y lo expresaron con un “universo” de símbolos”:

+       La montaña es el lugar cercano al cielo donde vive Dios. Jesús está cercano a Dios, es Dios. (Los montes son de gran significado en el mundo bíblico: Sinaí, monte Tabor, monte de las bienaventuranzas, Gólgota, etc.).

+       La nube es la protección de Dios. La nube protegía al pueblo en su marcha por el desierto. La nube es la que “ocultó” a Jesús de la vista de los primeros creyentes (discípulos) en el relato de la Ascensión. Las nubes se rasgaron en el Bautismo de Jesús y se oyó la voz: Este es mi hijo amado… La nube, Dios protege a Jesús. La nube es también símbolo del día final (Parusía): El Hijo del hombre vendrá sobre las nubes… (Mt 24,30).

+       La luz, los vestidos refulgentes son característica (en lenguaje apocalíptico) de Dios, del mismo modo que en el monte Sinaí resplandeció el rostro de Moisés por su cercanía a Dios.

+       Los cielos se abren y se escucha: este es mi hijo amado: escuchadle, como en el bautismo de Jesús.

+       Hagamos tres tiendas: evoca la fiesta judía de las tiendas (Sucot: cabaña). Esta fiesta recuerda a los judíos el Éxodo, los 40 años caminando por el desierto tras la liberación de la esclavitud de Egipto.

Con todo esto, lo que se nos está diciendo en los relatos de la Transfiguración es que Jesús está en Dios, es Dios, protegido por Dios, querido por Dios.

La dimensión histórica de este relato queda absorbida completamente por su significado teológico.

Entre paréntesis y aunque resulte un poco volteriano, muchas personas del mundo del deporte, de la moda, de la política, de la cultura, de la iglesia lo más brillante y espectacular que tienen es la camisa o el uniforme, porque dentro no tienen nada o, si tienen algo, no vale la pena.

         El relato de la Transfiguración es, pues, un mosaico de símbolos de gran significado teológico.

  1. Este es mi hijo amado: escuchadle

Jesús subió al monte con tres discípulos nada más: Pedro, Santiago y Juan, los mismos que le acompañarán en la otra “transfiguración” de Jesús: en el huerto de Getsemaní horas antes de su muerte.

En esa montaña, en la cercanía de Dios, en un clima de oración y contemplación es donde podemos “ver” la manifestación luminosa de Dios en Jesús.

Por otra parte, el relato de la Transfiguración es muy semejante al del Bautismo de Jesús: Este es mi hijo amado: escuchadle.

La experiencia de Cristo es libre. En nuestro pueblo y sociedad posiblemente hoy en día la experiencia de Cristo es minoritaria.

¿A qué puede ser debido que en los dos últimos siglos se haya producido una fuga tan grande de miembros de la Iglesia?

Es un infantilismo más bien fanático pensar que el catolicismo volverá a ser masivo, al menos en los años que nosotros podamos conocer. Quizás podrá darse un catolicismo sociológico y cargado de ritos, pero creyentes en el Señor resucitado no parece que tengamos coraje ni audacia para escuchar y transmitir a Jesús, el Evangelio de Jesús.

En mi opinión habríamos de cambiar una pastoral de sociología religiosa, masiva y de grande números y concentraciones, por una evangelización personal del encuentro con Cristo. (Las masas son siempre muy pasionales y pulsionales, pero inconsistentes y “peligrosas”). Quizás hayamos de vivir a lo “Nicodemo”, al modo de la “samaritana”, de Zaqueo, uno a uno, en el diálogo personal con el Señor, más que en las grandes masas.

Por otra parte, a quien hemos de escuchar es a Cristo el hijo amado.

  1. Vivir es transfigurar la vida

Si somos un poco observadores, nos daremos cuenta de que en la vida cotidiana hay personas e instituciones que “todo lo convierten en algo”, lo transforman o transfiguran. Hay personas que todo lo que tocan, lo transforman en nervios, lo problematizan y lo imponen “manu militari”: sea en la vida familiar, comunitaria, laboral, eclesiástica, etc. Otros, más bien trasfiguran la vida y los problemas en un clima de paz; hay quien transforma la vida, la enfermedad, los problemas en armonía y serenidad.

  • o Hay quien transfigura la guerra en paz, el pecado en gracia, el odio en respeto y, tal vez, amor, la enfermedad en fuente de reflexión y aceptación de la propia finitud, la desesperación en esperanza.
  • o Es también el caso del arte, de la estética: en el fondo es una transfiguración del hierro, de la madera, de la piedra, del lenguaje, de los sonidos y nos transportan un “paso más allá”.
  • o Cuando escuchamos una misa de réquiem, quizás evocando la muerte de los seres queridos, nos transporta, nos transfigura, nos lleva a otras realidades de esperanza, casa del Padre, del cielo, etc.
  • o Un atardecer, un encuentro, una oración pueden transfigurar nuestro ser, nuestra existencia hacia la verdad, la bondad o la belleza.
  • o Nos llegará la noche, la noche de la transfiguración, que decía -y vivió- Pablo VI en sus últimos momentos

         Vivir es transfigurar la existencia, transcenderla.

¿Soy persona que transfigura un nacimiento en la familia, un sufrimiento, que transforma el trabajo, la convivencia? ¿Estaré abierto a la transfiguración de la gran noche de la vida?

Lo contrario de transfigurar, de transcender es la intranscendencia.

  1. Ver a Cristo en la humanidad de Jesús

         Resulta curioso cómo los sectores más conservadores del catolicismo actual van “desempolvando” en la liturgia altares y candelabros dorados, custodias igualmente brillantes, casullas y ornamentos no tridentinos, sino rancios. Y parece que en esos elementos quieren ver a Cristo. Pero eso, en gran parte de los casos es mera quincallería utilizada para afirmar una ideología religiosa ultramontana. En esos brillos no vemos a Cristo.

         ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, enfermos, en la cárcel, etc.?

         Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mi hermanos más débiles. Nosotros vemos, transfiguramos a Cristo para nuestras vidas, cada vez que lo hacemos con uno que sufre coronavirus, o pasan necesidad por el paro, o cada vez que damos de comer a un niño hambriento (misiones). La humanidad de Cristo hoy son los pobres, los marginados, los enfermos, los encarcelados y en ellos veremos a Cristo.

  1. Conocimiento y contemplación

Probablemente los grandes conocimientos que iluminan y guían la existencia no sean los científicos, sino los que provienen de la simbolización de la vida: de los afectos, de la intimidad, de la experiencia estética, del pueblo, de la fe, la contemplación.

Las prisas, el consumismo exacerbado, los fanatismos no crean espacios ni momentos para la contemplación. La tecnología es el queroseno de la ansiedad y angustia. Las cuestiones penúltimas impiden poner la atención, contemplar, en la realidad que nos lleva hacia el infinito.

La superficialidad y la intranscendencia son caminos hacia la nada. La contemplación de lo luminoso del monte Tabor abre vías hacia el ser.

Quien ama la luz y la profundidad de la vida, es alguien cercano a la Transfiguración.

Cuando las cosas no van bien en el ámbito eclesiástico o en el ámbito personal propio, volvamos a los pobres que son la humanidad de Jesús hoy.

Este es mi Hijo amado, escuchadle.

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Cuaresma 2021

miércoles, 24 de febrero de 2021
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cuaresma_portada_01Miguel Ángel Mesa
Madrid.

ECLESALIA, 19/02/21.- El papa Francisco nos invita a celebrar la Cuaresma de este año, ofreciéndonos tres consejos para vivirla en profundidad: fe, esperanza y caridad, las tres virtudes teologales que hay que actualizar desde el mundo de hoy y su realidad compleja y sufriente, para no quedarnos en meras definiciones vacías de contenido.

La fe sirve, entre otras cosas, para “dejarnos alcanzar por la Palabra de Dios, que es Cristo, que nos lleva a la plenitud de la Vida”. Es decir, cualquier palabra que no nos conduzca a dejarnos interpelar por la vida, a descubrir la vida que se oculta en tantos sepulcros de nuestro mundo, a sembrar semillas de vida donde todo aparece como un desierto, a devolver vida en abundancia para quienes están desahuciados de la vida… no es la palabra auténtica del Dios de la Vida. Para las personas cristianas, este camino solo se recorre desde el seguimiento de Jesús, mediante la forma de ser felices que propuso en las bienaventuranzas, para concretar el ideal de ese otro mundo posible, donde la fraternidad y la justicia se hagan realidad en nuestra sociedad y nuestro mundo.

La esperanza “como agua viva que nos permite continuar nuestro camino, estando más atentos a decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan; la esperanza como inspiración y luz interior, porque somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios hace nuevas todas las cosas”. Esa esperanza que nace de una promesa que hay que renovar día a día, porque debemos pintar cada amanecer con los colores de la ilusión y la sonrisa, porque tenemos que comprometernos para que la esperanza no sea un van anhelo, porque una vida sin esperanza es como una rosa sin agua, que se va marchitando hasta que se seca y sus pétalos caen a tierra agostados. La esperanza es una mirada limpia, un abrazo sincero, un horizonte al que se llega juntos, paso a paso.

La caridad “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión. A partir del amor social es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, cuidando a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia”. La solidaridad, la acogida, la com-pasión, la miseri-cordia profunda, la fraternidad… serían algunos de los viejos y nuevos nombres para denominar a la caridad. Porque no hay amor verdadero si no se concreta en la realidad que nos rodea, si no se celebra y se brinda la alegría de los demás, si no se acompaña y se comparten las lágrimas del otro en silencio para enjugarlas, si no nos comprometemos para evitar tanto sufrimiento, soledad impuesta, opresión e injusticias… Si no es así, el amor, la caridad bien entendida, será una falsedad y un autoengaño.

Por lo tanto, siguen vigentes la fe, la esperanza y la caridad. Pero entendidas al modo que Jesús las vivió. Como estamos llamados a vivirlas nosotros y nosotras en esta Cuaresma, en la que debemos, en estos tiempos de cruel pandemia, contagiar los virus sanadores de la confianza, la ilusión, la ternura, la empatía y la resiliencia, por un mundo más humano, fraterno, mejor.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Juan Zapatero: Una cuaresma forzada y sin previo aviso.

martes, 23 de febrero de 2021
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cuaresma_portada_01Ya desde la Edad Media el tema del Carnaval y de la Cuaresma comenzó a ser tratado por diversos autores como manifestaciones antagónicas y opuestas de una misma realidad. El Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita, es sin ningún género de dudas el exponente más claro a nivel de literatura. En una sociedad cristiana a la fuerza es más que evidente que la Iglesia tenía la primera y última palabra respecto a sus fieles, súbditos la inmensa mayoría. Una sociedad (cristiandad), por otra parte, muy desigual, donde los deberes abundaban por doquier, siendo unos pocos, incluida una parte de la Iglesia (el clero alto concretamente), quienes gozaban de los derechos y privilegios que ellos mismos se daban; y todo ello, para más “inri”, en el nombre de Dios. El tiempo en los templos, iglesias y conventos con sus liturgias y celebraciones, además de los cumplimientos más que abarrotados de preceptos y normas, ocupaba la parte más importante de la vida de aquellas gentes. Una vida, por otra parte, dura y exigua ya no de derechos, que brillaban por su ausencia, sino sobre todo por la dureza de las condiciones que hacían de ella más un simulacro que una realidad.

Por ello precisamente, aquellas gentes buscaban cualquier tipo de resquicio, normalmente algunos días indicados, para poder alegrar sus cuerpos; ya que para sus almas tenían días más que en exceso, y no precisamente para alegrarlas, sino para recordarlas su conducta pecaminosa de manera constante y, por ende, el castigo del infierno que recibirían de manera segura si no cambiaban su manera de vivir. Durante cuarenta días, la Cuaresma, serían advertidos de los peligros gravísimos de una vida disoluta y desordenada; un castigo tan desproporcionado como era el infierno y, además, para toda la eternidad. Con lo que ello suponía: una vida dura aquí y con creces después, siendo imposible imaginar lo que podría llegar a suponer todo esto.

Era quizás el tiempo del Carnaval el que mejor ofrecía oportunidad y ocasión para el desenfreno en todos los campos, de manera especial el de la lujuria, tan reprimido con sentencias condenatorias y tremebundas por la Iglesia, antes de entrar en la temida Cuaresma, sobre todo por sus penitencias y privaciones; aunque, a decir verdad, resulta imposible imaginar de qué más se les podía privar a aquellas gentes. Con la llegada de la Pascua, una vez acabada la Cuaresma, se presentaba el tiempo nuevo que, para aquellas gentes, no consistía en otra cosa que continuar malviviendo humana y espiritualmente.

Pues bien. Una de las palabras más pronunciadas desde mediados del mes de marzo de 2020 hasta hoy es precisamente la palabra “cuarentena”, cuyos orígenes no son otros que la Cuaresma cristiana. Una “cuaresma” que llegó de manera forzada y sin previo aviso. Digo esto porque la Cuaresma cristiana ya viene establecida por el calendario litúrgico y, por tanto, los fieles saben cómo deben enfrentarse a ella o como vivirla. No así esta otra que nos pilló a todas y a todos por sorpresa. Una “cuaresma” precedida por un “carnaval” de muchos años, demasiados, abusando todos de todo (de la naturaleza, del cosmos, del medio ambiente y, lo que es muchísimo más grave, de las personas), pero, por qué no decirlo, unos más que otros. Porque me parce injusto que esta “cuaresma” la tengan que vivir todos los países del mundo de la misma manera, y también todas las personas, cuando el carnaval ha sido muy distinto; ¡vaya que si ha sido! Un “carnaval” de opulencias de los países ricos frente a una ausencia del más pequeño de los “carnavales” para los países pobres. Y ya no digamos a nivel personal: tres mil millones de personas malviviendo porque carecen de lo todo lo elemental para tener una vida ya no digna, sino con unos mínimos tintes de humanidad, frente a una decena de fortunas, y otras cuantas más que las acompañan, disfrutando de todo tipo y clase de placeres que les puedan venir en gusto y gana. En este caso, además, ya tendrán quienes, desde confesiones religiosas y diferentes iglesias, tranquilicen sus conciencias y los animen a que cumplan algunos ejercicios religiosos y de piedad, no muy costosos, por cierto, amén de contribuir con algunas limosnitas (mejor si son un poco suculentas) para que sean tenidos y admirados aquí como gente ferverosa y creyente en dios (en el suyo, claro) y después consigan la “vida eterna”. Una vida eterna ganada, como no podía ser de otra manera, con el cumplimiento de los ritos que les han ido prescribiendo los dirigentes de las “religiones” que practican y de las iglesias que frecuentan.

Y, ¿qué “pascua” saldrá de esta “cuaresma” vivida de manera tan desigual? No hay que ser muy agudos para adivinarlo. La riqueza y la opulencia, igual que la pobreza y la miseria, continuarán estando del mismo lado que hasta ahora. Los mismos continuarán haciendo la “pascua” a los mismos, condenándolos a vivir de manera ininterrumpida una “cuaresma” demasiado pesada y sin haber estado precedida, además, de ningún tipo de “carnaval”. Algunos, muchos para ser más exactos, me tildarán de pesimista por las palabras que digo; pero soy de aquellas personas que no cree en los propósitos a la fuerza (como los que muchas personas acostumbran a hacer a principio del nuevo año). Y me temo que la “cuaresma pandémica” ha sido a la fuerza y, además, sin haber avisado antes.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

domingo, 21 de febrero de 2021
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En oración

Pregón para empezar la Cuaresma.

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,

…¡y a la aventura, cada día!

*

Florentino Ulibarri

***

El Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás;

vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

*

(Marcos 1, 12-15)

***

Hacerse hombre significa hacerse “pobre”, no tener nada con que presentarme fuerte frente a Dios, ningún apoyo, ninguna fuerza o seguridad fuera del compromiso y el sacrificio del propio corazón. El llegar a ser hombre viene a ser como la confesión de la pobreza del espíritu humano frente a la reivindicación total de la inaccesible trascendencia de Dios. Con la valentía de esta pobreza comenzó la aventura divina de nuestra salvación. Jesús no se tuvo por nada ni se defendía con nada, ni siquiera con su origen. Satanás, por el contrario, trata de impedir esta pobreza radical. Quiere hacer a Jesús fuerte, porque sólo teme una cosa: la impotencia de Dios en la naturaleza humana que asumió, Dios en un corazón humano destinado al sacrificio, que desde la fidelidad incondicional a su innata pobreza sufre desde dentro – y por lo tanto salva la necesidad y perdición del hombre.

Por eso la tentación de Satanás es un atentado contra el  autoaniquilamiento de Dios, una tentación contra la seguridad y “riqueza de espíritu”, contra la divinidad de Jesús, un sondeo a la seriedad y grandeza de su humanidad. Desde los comienzos hizo y hace lo mismo, y siempre le reconoceremos por las palabras: “Seréis como dioses”. Esta es la tentación de las tentaciones, con mil variaciones: la tentación contra la verdad de la naturaleza asignada al hombre. El pretende que la tierra sea exclusivamente suya, y con la tierra también el hombre: el hombre, en torno al cual se combatía antes de despertarse al alba de su libertad de suerte que ya nunca se le podía pedir e invitar a tomar una decisión libre por sí mismo de manera desinteresada, pero siempre o cortejado amigablemente o astutamente atacado.

*

J. B. Metz,
Pobreza en el Espíritu. Meditaciones teológicas,
Brescia 1968, 105.

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“La conversión nos hace bien”. Domingo 1 Cuaresma – B (Marcos 1,12-15)

domingo, 21 de febrero de 2021
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808109-204x300La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente, propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano». Alguno se preguntará: pero ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?

Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.

La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.

Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Sal 51 [50]).

José Antonio Pagola

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“Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían”. Domingo 21 de febrero de 2021. Domingo primero de cuaresma

domingo, 21 de febrero de 2021
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19-cuaresma B1 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 9,8-15: El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio.
Salmo responsorial: 24:Tus sendas, Señor, son mi misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
1Pedro 3,18-22: Actualmente os salva el bautismo.
Marcos 1,12-15:Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana… Leer más…

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Cuaresma (cuarentena) cristiana: Desierto/escuela para el amor que cura: «Este año 2021 estamos llenos de cuarentenas, con vacuna o sin ella»

domingo, 21 de febrero de 2021
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A4EFA3DA-12AA-4CF3-AD3C-C750FEE466C6Del blog de Xabier Pikaza:

Cuaresma es igual que «cuarentena» y significa cuarenta días de «separación», vigilancia y cambio: Cuarenta años de desierto del pueblo esclavo que camina hacia su libertad, cuarenta días de camino de Elías, buscando a Dios por el desierto, cuarenta días y noches de vigilia de Jesús antes de salir a la calle para anunciar y ofrecer el amor de la Buena Nueva.

Este año 2021 estamos llenos de cuarentenas, con vacuna o sin ella, cuarenta día o algo menos (a veces más) para ver cómo responde el virus o como respondemos nosotros, imitando de esa forma a la Iglesia antigua, que en el siglo IV-V creó la cuaresma, pero no para todos los cristianos, sino para aquellos que parecían «infectados», pero querían volver otra vez a la comunidad de los cristianos normales.

Por eso, en este tiempo de cuarentenas de virus quiero recordar el sentido de la cuaresma cristiana, que ha empezado el pasado Miércoles de Ceniza, que se instituye oficialmente el próximo domingo 21 y culmina en Vigilia de Pascua (el próximo 4 de abril).

La iglesia «inventó»la cuarentena para los «pecadores públicos» (asesinos, adúlteros, traidores, ladrones…), que debían pasar 40 días de oración, reflexión y preparación para poder integrarse de nuevo con la comunidad el día de Pascua (si la comunidad les admitía).

Era una especie de «cárcel personal» y voluntaria (un cursillo acelerado de cristianismo), aislados en casa o separados en el campo, para volver a la comunidad y pedirle. Sólo más tarde, en la Edad Media, se suprimió la cuaresma de los «pecadores mortales», que querían «repararse» y transformar su vida…

Por un lado quedaron los «pecadores públicos» a quienes se encargó de castigar o reparar la sociedad civil, con pena de muerte, tortura, destierro o cárcel. Y por otros todos los cristianos a quienes se invitaba y se invita a celebrar esta cuaresma light en la que entramos ahora.

Desde este fondo quiero recordar tres pasajes centrales que marcaron (y siguen marcando) el sentido de la cuaresma cristiana, según el evangelio de Marcos, evangelio del año 2021

19.02.2021 Xabier Pikaza

 1.- Mc 1,9-15. La cuaresma viene después, lo primero es la experiencia de Dios (del perdón)

8E23E7AD-F6C2-4185-A12F-92841E114D69 Jesús ha venido al desierto de la vera del Jordán donde proclama penitencia Juan Bautista, para pasar con él una cuaresma de toda la vida. Se ha puesto en la cola de los penitentes, pecadores y proscritos de su pueblo, buscando con ellas la voluntad de Dios. Al salir del agua vio los cielos rasgándose y el Espíritu bajando sobre él como paloma; y se oyó un voz del cielo ¡este es mi Hijo muy querido, en él me complazco! (1,10).

   En vez de «cuaresma» de penitencia oyó la voz de perdón de Dios.  Por eso, el principio de la cuaresma cristiana no es decir «yo soy pecador, voy a hacer penitencia», sino escuchar la voz que dice «tú eres mi hijo», puedes cambiar de vida.

 – Tú eres mi Hijo. En el origen y principio de Dios escuchamos la voz del Padre que nos dice con Jesús (como a Jesús): eres mi Hijo, yo hago que tú seas, yo te constituyo. Sólo quien escucha esta palabra puede luego transformarse y convertirse, si hace falta. En el origen de la vida no está la convesión sino la gracia filial.

 El Querido …En ti me he complacido. Dios no se limita a querernos, dice que nos quiere, lo muestra y se goza al decirlo, haciéndonos felices. Sólo quien escucha esta puede recorrer luego la cuaresma, el camino posterior de conversión transformadora. Sólo quien se sabe amado puede luego convertirse.

  El Dios de la cuaresma cristiana empieza siendo el Padre bueno y feliz que habla a Jesús diciéndole ¡Tú eres mi Hijo! Es un Dios que sabe dar vida y gozar, diciendo que se goza, haciéndonos felices al saber que él es feliz. Por eso podemos afirmar que en el principio de toda conversión cristiana está el reconocimiento y gozo del Padre Dios que engendra y sostiene en amor exultante a su Hijo. Del amor y gozo de Dios hemos nacido. En amor y gozo podemos realizarnos, sabiendo que Dios nos ha dado en Jesús lo más grande que tiene: el misterio y fuerza de su Espíritu.

36FA2E51-7230-4115-9BEE-62CBA2F3BD00El Bautista vivía en nivel de penitencia (conversión), obsesionado por los ritos de purificación del judaísmo (¡siempre el agua!). Jesús ha superado ese nivel de servidumbre y penitencia. Por eso añade Mc, con toda precisión, que saliendo del agua (superando el nivel de servidumbre familiar y ritual del judaísmo) escuchó la voz que le decía: ¡Eres mi Hijo!. Luego sigue el texto, diciendo que Jesús impulsado por el Espíritu Jesús fué al desierto donde estuvo cuarenta días y cuarenta noches, tentado por Satanás; y los ángeles le servían (1,13). Este es el principio de toda cuaresma (=cuarenta días) cristiana:

 – Cuaresma es descubrir que somos hijos de Dios y comenzar a vivir desde su fuente de amor: nacer a la vida verdadera, en situación de absoluta desnudez, desde el desierto en que la vida empieza.

– Cuaresma es prueba. No prueba de ayunar sino de estar y mantenerse ante Satán, el Tentador, a lo largo de cuarenta días de tensión y nuevo nacimiento. Así se contraponen: Jesús como principio de amor y libertad (¡eres mi Hijo!) y Satanás, que es opresión y violencia sobre el mundo.

– Estaba entre las fieras como Adán (Gen 2-3). Es evidente que Jesús no se ha quedado en lo animal, no es un mesías ecológico al que bastan los vivientes inferiores de la estepa. Quiere a los humanos y por eso sale del desierto para proclamar la nueva vida humana, en fraternidad de reino.

– Y los ángeles le servían. Ellos aparecen como signo de transparencia y comunicación; son para Jesús animadores, compañeros de evangelio en el tiempo de la prueba. Allí donde el ser humano se dispone a realizar su tarea en gesto de total entrega, allí donde penetra en su más honda soledad, descubre la presencia de los ángeles de Dios entendidos como expresión de servicio y compañía.

 Jesús no ha ido al desierto para así evadirse. No se essconde ni separa de la sociedad por fracaso o victimismo, como muchos que se escapan de la compañía de los hombres porque les angustia su presencia. Al contrario, para penetrar más intensamente los problemas el mundo se introduce Jesús en el desierto, conducido por la fuerza del Espíritu. Evidentemente, no está solo, no se encuentra aislado: en la dureza y soledad del desierto, allí donde parece que todas las voces se apagan, escucha con más fuerza Jesús los dolores de los hombres.

El texto sigue. Juan ha cumplido su tarea y el han prendido para matarle. Jesús puede venir a Galilea, proclamando su buena noticia: Se ha cumplido el tiempo, ha llegado el reino de Dios, convertíos y creed en el evangelio (1,15). Ha superado la prueba, ha descubierto su tarea de hijo de Dios y, viniendo del desierto, como nuevo Adán, puede empezar su misión salvadora.Por eso vuelve al lugar donde habitan los hombres y mujeres de su pueblo, en Galilea para marcarles el camino de la auténtica cuaresma:

 –El tiempo se ha cumplido, llega el Reino de Dios. Reino es la forma de vida y familia que surge allí donde Jesús expande la fuerza de su Espíritu. El Reino de Dios se identifica con el surgimiento y despliegue universal de la filiación de Jesús. Se trata de que todos los humanos puedan (podamos) escuchar la palabra de Dios ¡tú eres mi hijo!, traduciéndola en un modo de vida compartida, fraterna, solidaria.

 Convertíos y creed en el evangelio. El reino de Jesús se expresa a través de una profunda meta-noia, es decir, de una con-versión interpretada como cambio de mente, de vida. Hay una vida o “mente” (noia) que está hecha de disputas de dominio y exclusiones. Pues bien, transcendiendo ese nivel (que eso significa meta-noia) se eleva ahora un extenso y gozoso continente de vida hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, en la buena noticia de Dios. De esta conversión y fe de la que brota la nueva familia mesiánica quiere tratar nuestro libro.

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Tentación sin tentaciones. Primer domingo de Cuaresma. Ciclo B

domingo, 21 de febrero de 2021
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tentaciones“… y los ángeles le servían”

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Volver a empezar

 El primer domingo de Cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, se dedica a recordar las tentaciones de Jesús. Eso supone que debemos dar marcha atrás, olvidarnos de que ya estaba recorriendo Galilea con sus discípulos y volver a empezar. Jesús acaba de ser bautizado, ha recibido una misión de Dios. Pero, antes de lanzarse a una actividad pública, el Espíritu lo impulsa al desierto. Con este relato, muy simbólico, y que no se presta a conclusiones piadosas, Marcos quiere plantearnos desde el comienzo el misterio de la persona de Jesús.

 Un relato sin tentaciones (Marcos 1,12-13)

Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús (suponiendo que hayan oído hablar de Jesús y de las tentaciones) algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso.

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.

El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.

El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado para ver si era fiel. Y la inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.

Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días de Moisés en el Sinaí, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).

Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Mc. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, de anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.

Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas… Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:

  «A sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en todos tus caminos;
te llevarán en sus palmas
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre chacales y víboras,
pisotearás leones y dragones».

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe en todos los peligros.

Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Mc presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.

Primera actividad de Jesús y síntesis de su predicación (Marcos 1,14-15)

El relato de las tentaciones en Mc es tan breve que la liturgia ha añadido las frases siguientes. Aunque tratan un tema muy distinto (el comienzo de la actividad de Jesús), la invitación a la conversión encaja muy bien al comienzo de la Cuaresma.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.»

Esas palabras ya las leímos el domingo 3º del Tiempo Ordinario. Recuerdo lo que comenté a propósito de ellas. Marcos ofrece tres datos: 1) momento en el que Jesús comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma el libro tercero de la Guerra Judía de Flavio Josefo (BJ III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio («Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios») y una invitación («convertíos y creed en el Evangelio»).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que «está cerca».

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús.

Pero Jesús invita también a «creer en la buena noticia» del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

El recuerdo del bautismo (dos primeras lecturas)

Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas. Ya la primera carta de Pedro ve en la salvación de ocho personas del diluvio atravesando el agua un símbolo del bautismo que ahora nos salva. Este texto se recoge en la segunda lectura. La primera, como es lógico, recuerda el relato del Génesis.

Génesis 9.8-15

Dios dijo a Noé y a sus hijos:

Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.

Y Dios añadió: Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes.

La carta de Pedro (llamada así, aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal.

  1 Pedro 3, 18-22

Queridos hermanos: Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu; en el Espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a qué se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua. Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo, el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.

Jesús y nuestro bautismo

La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.

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Primer Domingo de Cuaresma. Ciclo B. 21 de febrero, 2021

domingo, 21 de febrero de 2021
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El Espíritu impulsó a Jesús al desierto”.

(Mc 1, 12-15)

Parece que al leer esto, lo primero que nos sale es: «¡Ay, ay, Jesús no vayas! ¡Ten cuidado! Van a intentar liarte y hacerte mal… «. Pero se nos olvida, o no prestamos atención, al sujeto de la frase: el Espíritu. Es Dios quien le empuja… No va a estar solo… Además, el evangelista Marcos nos lo presenta justo después del Bautismo donde Jesús escuchó: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

Nos olvidamos de la acción del Espíritu de Dios en nuestro día a día. Nos podemos preguntar: ¿qué pasaría si fuésemos consciente de la acción de Dios en cada momento, en este mismo instante? ¿Cómo sería si nos dejásemos empujar libremente por su Espíritu? Nuestra vida cambiaría, ¿verdad? Seríamos personas llenas de agradecimiento, de confianza, de esperanza.

El desierto… ese lugar que nos atrae y nos da miedo al mismo tiempo… Silencio y soledad. Escucha atenta. Mirada profunda. Encuentro con nuestras sombras, con aquello que tratamos de esconder en nuestra vida porque duele… Dios está aquí, con nosotras, siempre.

Jesús fue puesto a prueba, y no solo en el desierto. Dios decidió hacerse persona, y eso incluía las pruebas, los miedos y el dolor. Conoce nuestra fragilidad, nuestros límites. Y, con toda nuestra realidad, nos llama a amar, a servir y a anunciar su Reino.

Se nos invita hoy también a convertirnos, a volver el corazón a Dios, a creer en el Evangelio. ¿Creemos en la Buena Noticia de Jesús? ¿Nos habla la Palabra de Dios? ¿Nos interpela y nos mueve a hacerla vida?

Tenemos tarea para esta Cuaresma (y para toda nuestra vida): volver nuestro corazón a Dios, creer en la Buena Noticia de Jesús y ponerla en práctica, y dejarnos impulsar por el Espíritu. ¡Ánimo, que promete salir bien!

Oración

Trinidad Santa, vuelve nuestro corazón a ti. Haz que nos dejemos impulsar por tu Espíritu en cada momento de nuestra existencia.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús no fue al desierto a hacer penitencia sino a meditar.

domingo, 21 de febrero de 2021
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20130418-jesus_tentacion_en_el_desierto_pinturaMc 1, 12-15

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.

Fijaos bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás, con las cosas. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte del primero. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en cada uno de los sinópticos. Marcos no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En él no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Marcos no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que se desarrolló en los siglos VI y V; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, es lugar del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se convirtieran los ninivitas. 40 días caminó Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mateo y Lucas las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha por comprenderse en Dios.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas” condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera será total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio de los seguidores de Jesús. Su primer significado era “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.

Nadie ni nada puede malearnos sustancialmente, ni el pecado de Adán ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

Meditación

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándome llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
El Abbá que me hace vivir su misma Vida.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

 
Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Proclamar la Buena Nueva.

domingo, 21 de febrero de 2021
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003-jesus-waterSi un accidente ha parado en seco tu vida, sigue soñando (María Villota)

Domingo 21 febrero DOMINGO I DE CUARESMA

Mc 1, 12-15

La frase de Proclamar la Buena Nueva concluye la introducción del Evangelio y da comienzo a una nueva etapa de intensa actividad de Jesús en Galilea.

Proclamar y predicar es la tarea principal e intensa de Jesús; “Se ha cumplido el plazo” indica el comienzo de una nueva etapa de la historia de la salvación.

El reinado de dios no es un lugar sino una experiencia de vida bajo los parámetros del proyecto divino (vida, justicia, solidaridad, fraternidad, paz).

La presencia de Jesús hace cercano ese reinado; como decía el Bautista “Arrepentíos”. Significaba cambiar de rumbo, encontrar un nuevo camino diferente, volver a Dios, en este caso, creer en la Buena Noticia de Jesús.

“Si un accidente ha parado en seco tu vida, sigue soñando”, nos aconsejaba la piloto de fórmula I, que en una ocasión tuvo un accidente, María Villota.

 

No importaban las dificultades y resistencias que iba a encontrar en su nueva tarea. Jesús soñaba un proyecto, un reinado de Dios y se puso a predicar la Buena Nueva por todas las aldeas de Galilea, diciéndolo con tanta fuerza que aquellos galileos creían cuanto él les decía.

De mi libro Soliloquios este Poema:

 

HAY TORMENTAS EN MI MAR

Se levantan tempestades
en los caminos del mar.

(¡De mi mar y mi camino!)

Cansado estoy de remar.
Señor del trueno y del viento:
¡No me dejes naufragar!

Apacigua mis tormentas
que tanto encrespan mi mar.

En tu andar de peregrino…
¡¡calma mi peregrinar!!

Un perenne recorrido,
un constante caminar

Un enseñar a los otros
Buenas Nuevas sin parar

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Las tentaciones en tiempos de pandemia.

domingo, 21 de febrero de 2021
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hombre_rezando_en_el_desiertoMc 1, 12-15

En aquellos tiempos, se extendió una peste por Israel. Jesús reunió al grupo de discípul@s y los envió de dos en dos, diciéndoles:

– He oído que en esta pandemia la gente experimenta grandes tentaciones. Id por los caminos, con los ojos y los oídos bien abiertos. Dentro de unos días, cuando nos reunamos de nuevo, compartiremos el sufrimiento de nuestro pueblo.

Se pusieron en camino. Observaron. Dialogaron. Tocaron de muchas formas el dolor ajeno. A la vuelta, compartieron lo que habían visto y oído.

– Maestro, unos sabios han preparado un ungüento que evita la peste, pero hay gente poderosa que lo está comprando en grandes cantidades y no llega a los pueblos más pobres. Incluso algunas familias del sanedrín se han saltado las normas para poder recibir el ungüento, antes que los ancianos y los enfermos.

– Hay mercaderes que se están enriqueciendo de manera escandalosa. Traen productos de primera necesidad de otros países, sirviéndose de esclavos; la peste ha traído nuevas formas de esclavitud.

– Las meretrices están abandonadas a su suerte. Los clientes las han rechazado, como si fueran animales contagiosos. Ellos están confortablemente en sus casas y ellas están a las afueras de las ciudades, intentando sobrevivir.

– Los políticos de Roma y los de Jerusalén se enfrentan continuamente, porque quieren atribuirse los logros en el control de la peste. Les ahoga la vanagloria y olvidan el bien común.

– Hay jóvenes que siguen organizando bacanales. No hacen caso de las leyes, solo piensan en divertirse y honrar al dios Baco y están extendiendo la peste, incluso entre su propia familia.

– Muchos paganos, extranjeros y proscritos se han movilizado para atender a los apestados. Pero hay gente que no valora su trabajo porque dice que “no son de los nuestros”.

– Algunos que cantaban salmos en la sinagoga cada sábado, parece que han olvidado lo que cantaban y rezaban y se comportan como si no tuvieran esperanza, como si Yahvé se hubiera alejado de nosotros.

Y así, de dos en dos, fueron compartiendo estas y muchas otras tentaciones que habían descubierto en la pandemia.

Jesús les dijo…

*****************************

Han pasado 2.000 años y seguimos experimentando las mismas tentaciones, las mismas pruebas que tuvo Jesús en el desierto, antes de comenzar la vida púbica. Nuestro ego reclama: ser l@s primer@s (incluso para recibir la vacuna); que nuestra gloria se expanda (aunque sea vana-gloria y nos ahogue); que las piedras del camino desaparezcan por obra de los enchufes, el amiguismo o la traición…

Cada uno, cada una, y cada comunidad podemos nombrar las tentaciones, especialmente las que han cobrado fuerza en la pandemia.  Además:

a) El evangelio nos pone sobre aviso de que tenemos “fieras” y “ángeles”, en nuestro interior y alrededor, que forman parte de esta lucha.

b) El telediario nos muestra a quienes vencen y a quienes sucumben.

c) Nuestra conciencia nos recuerda las oportunidades de crecimiento que nos ha brindado cada prueba/tentación. Tenemos una valiosa experiencia acumulada.

El evangelista Marcos nos ofrece una vacuna, que no nos impide tener tentaciones, pero nos inocula anticuerpos para enfrentarnos a ellas y vencer: “¡Convertíos y creed en el Evangelio!”

¿Qué llamadas a la conversión estamos descubriendo en plena pandemia?

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Impermanencia y plenitud.

domingo, 21 de febrero de 2021
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41283DD2-2944-4700-BAEB-E90E9436B942Domingo I de Cuaresma

21 febrero 2021

Mc 1, 12-15

   En este breve relato, cargado de simbolismo, resaltan los contrastes: Espíritu-Satanás, alimañas-ángeles, huida-buena noticia. La polaridad es una característica del mundo fenoménico o de las formas y, por tanto, de nuestra propia realidad cotidiana.

  La polaridad, a su vez, va de la mano de la impermanencia: los dos polos de la realidad manifiesta se hallan en cambio constante. Y donde hay impermanencia son inevitables los altibajos y el dolor. Porque el cambio significa que, para que algo nazca, algo tiene que morir. El constante nacimiento/muerte parece ser la ley que rige nuestro mundo.

   De acuerdo con esa ley inexorable, la sabiduría consiste en aprender a vivir, de manera consciente y lúcida, esa dinámica, reconociendo que en nuestra existencia todo es una permanente impermanencia: nosotros mismos estamos naciendo/muriendo de manera constante.

   Con lo cual, la cuestión que marca la diferencia es el modo como asumimos y vivimos tal proceso. Sin embargo, con frecuencia, nos situamos como si la vida “debiera” acomodarse a nuestras expectativas, tuviera que ser “justa” con nosotros o responder a nuestras demandas. Y cuando eso no ocurre, quedamos atrapados en la frustración, el enfado o el resentimiento.

   Sin embargo, la vida no es lo que se supone que debe ser. Es lo que es.

 La comprensión es lo que hace la diferencia. La comprensión nos regala un doble fruto: por un lado, nos hace alinearnos con la vida –no con la “idea” que nos habíamos hecho de ella–; por otro, nos libera de nuestra reducción a la impermanencia.

  La ignorancia consiste en identificarse con el mundo de las formas o de los objetos y, por tanto, en reducirse a lo impermanente. La comprensión nos muestra que, más allá de la forma (persona) en la que nos estamos experimentando, somos “Aquello” que está más allá de las formas, Aquello –dijera José Saramago– “que no tiene nombre”, pero que saboreamos en cuanto salimos de la hipnosis generada por el hecho de habernos identificado con la mente.

  De la comprensión brotan dos actitudes fundamentales: confianza –somos plenitud– y aceptación: dejamos de estar en lucha con la vida y vivimos diciendo sí a lo que es. Y es entonces cuando, de manera admirable, se nos hace patente que el resultado no es la resignación ni la indiferencia, sino la acción adecuada y creativa que, brotando de la misma vida, fluye a través de nosotros. Esta es la “Buena Noticia” y la realización del “Reino de Dios”.

¿Cómo vivo las frustraciones?

Enrique martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Tentaciones o corazón inquieto?

domingo, 21 de febrero de 2021
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1er-domingoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. A continuación, el Espíritu empujó a Jesús al desierto…

No pensemos que las tentaciones de Jesús se produjeron materialmente en el desierto y de la noche a la mañana. Tampoco pensemos que, una vez vencidas las tentaciones, Jesús quedó libre de todo peligro. Por tanto hemos de pensar que Jesús fue tentado, como todos nosotros, a lo largo de toda su existencia.

La película La última tentación de Cristo”, (Martín Scorsese), refleja cómo Jesús tuvo tentaciones hasta el Calvario.

La escena del evangelio de hoy se sitúa “a continuación” del bautismo de Jesús en el Jordán, donde el Espíritu desciende sobre Jesús: este es mi Hijo.

“Cuarenta días” son los cuarenta años de camino de los israelitas por el desierto de la vida hacia la libertad y tierra de promisión. Por otra parte, “cuarenta años” significaba toda la vida. Jesús atravesó el desierto de la vida, y durante toda su vida tuvo sus tentaciones, como todos.

Marcos no especifica las tentaciones que sufrió Jesús. Pero hemos de pensar que sufrió las mismas tentaciones que padecemos todos en la vida, pues Jesús se hizo hombre semejante en todo a nosotros, menos en el pecado.

  1. ¿La gran tentación (intento) no será el deseo de absoluto?

            En lo más hondo de nuestro ser, todos tenemos una nostalgia infinita de vida y bienestar, de plenitud. Somos un eterno deseo incumplido, hoy por hoy. Nuestra esperanza es como un deseo absoluto, pero con el conocimiento de que nosotros no nos podemos dar a nosotros mismos la plenitud, la felicidad completa. Somos una pasión infinita.

            Todo ser humano es una búsqueda infinita. Esta eterna búsqueda no es una cuestión religiosa. La llamada de la felicidad no depende de que uno sea creyente o no. Todos, creyentes y no creyentes, tenemos “hambre y sed de todo y del Todo. “El gozo quiere ser eterno; todo placer y felicidad reclaman eternidad”, decía ya Nietzsche, que fue irreligioso terminal.

Somos siempre para nosotros mismos una asignatura pendiente. Somos una diferencia entre lo que somos y lo que quisiéramos ser y vivir.

Seamos creyentes o ateos, ninguna realidad humana llena nuestro corazón. Nunca el placer es bastante, nunca el dinero colma el corazón de ser humano. El hombre se supera a sí mismo infinitamente porque siempre está en camino hacia la plenitud infinita.

Intentamos sobrepasamos el mundo de la naturaleza, pero nuestro corazón no se aquieta con la simple satisfacción de nuestras pulsiones e instintos.

San Agustín escribía aquello de: Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto, pues solamente descansará cuando te encuentre.

            Un salmo expresa muy bien estas cosas:

Mi alma tiene sed de ti, mi vida ti ansia de Ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua, (Salmo 63,2)

  1. ¿tentaciones, intentos, pecado, equivocaciones o desequilibrios?

            No creo que las tentaciones provengan del diablo, de un señor al que Dios le da permiso para zascandilear al personal, de modo que la gente “caiga”, y así tiene un cliente más en el infierno. Seamos cristianos adultos.[1]

Eso como lenguaje mítico, puede servir si se entiende y se explica bien, pero las cosas no son tan simples. Podíamos pensar que las tentaciones más bien son intentos de ser felices en la vida.

            La misma expresión: “tentación”, viene de “intentar”. Intentamos hacernos con la plenitud, “ser como dioses”. La tentación es la continua tentativa de “tocar”, de llegar al absoluto. Las tentaciones son expresiones de ese deseo “irremediable” de felicidad que todos llevamos dentro.

Lo que pasa es que en ocasiones nos equivocamos.

            Por eso, muchas opciones en la vida más que pecado, son desequilibrios, errores, viejos problemas psíquicos, adicciones, costumbres inveteradas que tienen que ver más con la psicología, cuando no con la patología. Un drogadicto, un ludópata, un alcohólico no tienen tentaciones.

Probablemente las adicciones son salidas (compulsivas) a grandes sufrimientos y ansiedades. Es un intentar aliviar esos sufrimientos profundos con una “huida definitiva”

La libertad humana, -¡débil y pobre libertad humana!- se las tiene que haber con esos intentos-tentaciones, que tienen que afrontar las diversas crisis con las que nos debatimos en la vida: la desesperación, la desconfianza, las amarguras, la angustia, el miedo, que pueden terminar por llevarnos a una pérdida de la fe, de la esperanza, del amor.

Hay casos límite como puede ser el suicidio, las adicciones a la droga, al erotismo, cleptomanías, ludopatías, etc. En el fondo se busca calmar y salir de un gran dolor existencial: el dolor del rechazo, de la soledad, el dolor del desafecto, de los fracasos, de la ansiedad, del mal trato de la infancia, de las culpabilidades morales, el dolor de “muchas asignaturas pendientes en la vida” o cualquier otro tipo de dolor.

Eso no son tentaciones, ni pecado y no sería cristiano culpabilizar (nunca es cristiano culpabilizar). En estas cosas de tentaciones y tendencias del ser humano, se entremezclan y funcionan mecanismos psicológicos, subconscientes e inconscientes, “viejas historias”, etc., que pueden requerir atención médica, psiquiátrica, también espiritual.

  1. Voluntarismo.

(Viene de voluntad, fuerza de voluntad), que a su vez, deriva del latín: querer.

Pero no siempre las tentaciones, los desequilibrios, adicciones, etc., se resuelven desde la voluntad. No siempre es cierto el refrán castellano: querer es poder. Todos tenemos conciencia de que muchas veces, querer no es poder.

Hay búsquedas y tentaciones que han de ser tratadas desde la medicina, psicología, logoterapia, desde la apertura a la misión, a los demás.

Los voluntarismos pueden terminar siendo patológicos.

Quizás la tentación humana, nuestra tentación, nuestro intento de ser feliz es descansar en el Señor, en la gracia, en la gratuidad.

Cuando una persona dice en su interior: no puedo con mi alma, está ya descansando en el Señor y -en lenguaje demasiado voluntarista-: está venciendo la tentación. (La tentación no es cuestión de guerra, vencer, derrotar al enemigo, etc., sino que es cuestión de paz interior. Nuestra plenitud, nuestro ser están en Dios: Sólo en Dios descansa mi vida, Salmo 61).

  1. La Cuaresma y la vida son tiempo de gracia y evangelio

La cuaresma y la vida son siempre desierto y dureza y no es fácil caminar a trompicones, con hambre y con sed.

Pero, sobre todo, la cuaresma (y la vida) no es tiempo de culpabilidades y de fanáticas penitencias y castigos. La cuaresma es tiempo de gracia, de caminar sereno y de evangelio.

Que el espíritu, la fuerza de Dios nos atraiga y nos impulse en la vida, de modo que no nos cansemos de caminar, que, tal vez sea la gran tentación

Tentaciones no nos van a faltar, probablemente el pecado estará presente en nuestra vida, pero con toda seguridad quien estará siempre con nosotros es Dios, como la nube que cubría al pueblo por el desierto.

La conversión no equivale a evocar culpabilidades y remordimientos, a repetir y repetir confesiones y más confesiones, sino que convertirse es poner nuestra mirada en Dios. No significa mirar atrás con amargura, sino mirar hacia adelante con esperanza.

Los cristianos vivimos aquello que dice el salmo 31,1.

Dichoso aquel a quien Dios no le tiene en cuenta su culpa,

a quien le han sepultado su culpa.

            Con este espíritu vivamos la cuaresma desde el Evangelio: confiad en el evangelio.

[1] Es hora ya de acoger e interpretar los simbolismos de un cristianismo pre-moderno.

 

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Hipocresía espiritual

jueves, 18 de febrero de 2021
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Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

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Beto Vargas: Propuesta para una Cuaresma a Color.

jueves, 18 de febrero de 2021
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CuaresmaDe su blog Dios en minúsculas:

Hace once meses que estamos sumidos en ceniza.

Pero nadie puede decir que no hemos caminado, que no hemos resistido, que no hemos mantenido la fe.

Como nunca antes en la breve historia de los que hoy seguimos con vida, necesitamos una cuaresma distinta, un desierto diferente. Para quienes no lo han notado, hace once meses que estamos sumidos en ceniza, viviendo con el miedo de tocarnos, de acercarnos, preguntándonos cuándo va a terminar esto, cuándo va a aparecer en el horizonte alguna señal de la vida que conocíamos, o de una mejor. Hemos venido caminando en la aridez de la virtualidad sin piel, de reducir a una pantalla todas las calles que recorrimos y las casas que visitamos. Hemos permanecido en el ayuno de los encuentros, de las reuniones, de las celebraciones junto a multitudes, y quién sabe cuántas personas se quedaron sin participar, ocultas en el olvido de las bases de datos, porque hemos estado resistiendo gracias al maná del WiFi. Hemos aprendido la vida del desierto, y sí, nos hemos reído (bajo el tapabocas) y hemos cantado, pero tenemos claro que no queremos vivir aquí, que el destino no puede ser éste.

Caminamos sin saber muy bien hacia dónde pero con la ilusión de que vamos hacia alguna parte. Caminamos con pausas, con desalientos, con distracciones para no perder la razón, con noticias que no despejan el panorama, y con despedidas, muchas despedidas – Cuánta indiferencia en quienes teorizan desde las cifras de muertes sólo porque los muertos no son suyos – demasiadas despedidas. Caminamos consternados, midiendo las palabras que le decimos a dios, porque no sabemos exactamente cuál es su papel o su postura en todo esto, y aunque nuestra oración permanece allí a diario, la verdad es que no siempre le decimos lo que pensamos, porque no siempre sabemos lo que pensamos, aunque él sí. Pero nadie puede decir que no hemos caminado, que no hemos resistido, que no hemos mantenido la fe. En nuestra historia quedará sellado que en uno de los momentos más inciertos de nuestra vida no supimos bien cómo confiar, pero no por eso dejamos de hacerlo.

Durante los once meses de esta obligada cuaresma una enorme cantidad de creyentes han asumido la verdadera tarea de la voz que grita en el desierto: Alentar la esperanza en medio de la aridez y aumentar la fuerza de los débiles en medio del cansancio. El desierto tiene sentido porque está orientado a una promesa, y sólo es capaz de atravesarlo quien tiene sus ojos fijos en ella. Por eso la tarea del desierto es recordarla una y otra vez, es “gritar a los sencillos que tienen derecho a existir”, es inundar el corazón de los tristes con la Alegría del Evangelio, es cantarles a los enfermos que el Señor es más fuerte, y recordar a los que sufren que pueden confiar pues quien les cuida no duerme ni descansa. La tarea del desierto es contar la victoria de dios sobre toda incertidumbre y toda muerte.

La vieja cuaresma, esa que algunos insisten en imponer porque aunque afirmen dogmáticamente la resurrección viven una religión funeraria – ¿Qué anuncio de la resurrección se puede esperar de una religión cuyos ministros visten de negro riguroso? se ha preguntado Cortés – y su fe es una idolatría a las sombras y no una confianza en la luz, es la cuaresma de las amenazas, de los anuncios de destrucción, de las alucinaciones del fuego y del castigo, de fingir sobriedad, de teatralizar la austeridad, de libretear la tristeza, de los delirios del gran reseteo y el nuevo orden mundial, de la esquizofrenia esa de acordarse de la vida de los vivos en su “concepción” y en su “muerte natural” pero olvidarlos en todo lo que hay en medio, y dar alaridos durante 40 días mientras los otros 325 se aplauden y se bendicen las lógicas de la muerte. Esa vieja cuaresma no es más que la triste escenografía de una trágica representación a blanco y negro del evangelio, y no es – ni nunca fue – lo que los hijos y las hijas de dios necesitan ahora mismo, en un momento en el que la ceniza de nuestros muertos y el morado de nuestros vestidos han cubierto el planeta entero.

La cuaresma que necesitamos es la auténtica tarea del desierto, la de la expectativa, la del anhelo, la de la promesa. Es preparación para la fiesta, no para el sepelio. Tiene que ser una cuaresma de recordarnos la convicción de Israel en la dificultad, resumida en esas impresionantes expresiones de los salmos: “El Señor piensa en mí”, “El Señor es mi sombra”, “El día en que grité, aumentaste la fuerza de mi alma”, “No duerme tu guardián”, “Cuando camino entre peligros me das vida”. Tiene que ser una cuaresma de inspirarnos confianza, de ilusionarnos con lo que dios sueña con nosotros, de recordarnos que no hemos nacido para el sufrimiento, ni para el agobio, sino para la alegría y la paz. Tiene que ser una cuaresma de recordarle al mundo que ni el dolor, ni la angustia, ni la soledad tienen la última palabra, que el mundo no es un gran desierto, que sólo lo estamos atravesando, pero allí, tras el horizonte de roca y sequedad, hay una promesa de leche y de miel.Tiene que ser una cuaresma a Color.

Que se junten los que cantan, los que cuentan, los que escriben, los que celebran. Que hagan nuevas canciones y nuevas historias para inspirar a los que sienten que se les acaba el aliento. Que intercedan los que oran para que sea sanada la mano paralizada de esta iglesia que se detuvo en que si en la mano o que si en la boca (y tantas otras discusiones estériles), para que no dejemos de llevar en nuestros hombros a los que no pueden andar por sí mismos, confiando en que podrán. Hermanos y Hermanas Todos. Que en las misas y en los grupos se predique que no preparamos el camino del Señor con cara de circunstancia, sino con la alegría de saber que viene, que ya llega, que todo cambia cuando el Reino se hace presente entre nosotros, ¿O es que nunca nos hemos preparado para la llegada de una visita que queremos recibir?. Que el arrepentimiento sea de todo aquello que nos hemos perdido por temor, por no confiar en la mano extendida de dios, por creer a quienes nos dijeron que estábamos mal hechos mientras que el Padre nos mira con orgullo.

¿Ayuno? El que hace a dios sonreír: despertar cada día con la determinación de erradicar una injusticia. ¿Limosna? La que pedía Tobit a su hijo: no volver la cara ante ningún pobre. ¿Oración? La que enseñaba Jesús: sabiendo que el Padre está en lo secreto, y que nos ve en lo secreto. ¿Ceniza? Quien se acerque con algo de luz y de color al corazón de los que sufren ya quedará marcado por la que llevan dentro, la de toda esta larga cuaresma de meses, meses de incertidumbre, duda y duelo. Es hora de hacer la tarea del desierto, que no es describir pormenorizadamente la roca y la arena que ya vemos, sino los ríos, los pastos, las montañas y los valles hacia los que caminamos.Es llenar de colores la ilusión de los que caminan entre grises.

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40 días…

miércoles, 17 de febrero de 2021
Comentarios desactivados en 40 días…

Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad:  “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús…

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

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Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

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K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

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Crecer en la amistad

miércoles, 17 de febrero de 2021
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F486DB25-50CB-4B3A-836D-83DEBC1B1959Pregón de Cuaresma

Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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