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La señal del amor.

domingo, 15 de mayo de 2022
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Amistad-640x427Domingo V de Pascua

15 mayo 2022

Jn 13, 31-35

Es habitual que cada grupo trate de identificarse a través de algunos signos concretos: una bandera, un escudo, un hábito, un eslogan, un color, una actividad… En la sociedad de Jesús, los fariseos se distinguían por las filacterias de sus mantos, los esenios por vivir retirados en el desierto, los discípulos de Juan por la práctica del bautismo…

El Jesús del cuarto evangelio propone una “señal” universalmente válida, porque constituye la expresión más acertada de aquello que somos en nuestra identidad profunda. La certeza de no-separación (o no-dualidad) se plasma en la vivencia del amor. De ahí que la señal más característica de la comprensión o sabiduría sea justamente el amor desapropiado, gratuito e incondicional, que se traduce en compasión.

Se trata de una señal con validez universal, porque no nace de una creencia ni de una ideología, sino de la comprensión de lo que somos, o más aún, de la comprensión de lo que es la realidad.

No es, por tanto, una señal “religiosa” ni exclusiva de un grupo determinado, que con ella se diferenciaría de otros. Conecta con la sabiduría atemporal y señala un horizonte inclusivo, donde nadie queda fuera. Es una propuesta que propugna el final de todo sectarismo y enfrentamiento, que invita a desarrollar una mirada que sabe ver al otro en profundidad y que aboga por la fraternidad universal.

Con esta propuesta resulta fácil descubrir a Jesús de Nazaret como un hombre sabio, que sabe trascender cualquier tipo de particularismo social, cultural o religioso. No funda una “nueva religión” ni pretende poner en marcha una institución religiosa más -todo ello serán “creaciones” posteriores-, sino mostrar el camino de la sabiduría que ilumina la existencia humana y se plasma en la vivencia del amor. A partir de ahí, no resulta exagerado afirmar que Jesús no fue un hombre “religioso”, sino radical, universal y profundamente “humano”.

¿Cuál es la “señal” de mi vida?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Las palabras del papa Francisco: “Me gustaría que la Iglesia fuese un hospital de campaña”, no son una simple metáfora en nuestra diócesis.

domingo, 15 de mayo de 2022
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imagesDel blog de Tomás Muro, la Verdad es Libre:

01.- Algunas Notas Introductorias

  • El capítulo 13 del evangelio San Juan es un regalo, es el testamento de Jesús a la comunidad cristiana: el lavatorio de los pies (servicio) y el mandamiento del amor.Estas palabras están dichas por Jesús en la despedida de sus discípulos, la víspera de su muerte. El servicio y el amor no son una norma moral, son un regalo, un don para convivir en la Iglesia y en la vida normal.
  • Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo legislador. Pero cuando Jesús propone su ley, ya no es la del Sinaí, sino que dice: amaos. Jesús no exige unos deberes religiosos, sino que Jesús propone a los suyos: amaos unos a otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos.
  • El centro de la religión es el Templo y lo que el Templo supone. El centro del Evangelio del Señor es el amor con lo que conlleva de bondad, misericordia, sanación para con el ser humano.
  • La figura de Judas es enigmática y trágica. Pero nunca digamos de nadie, nunca la Iglesia ha dicho de nadie, ni de Judas, que esté condenado.

Mejor dejamos a todos los seres humanos en los brazos de Dios Padre. También Judas, suicidado, murió en la misericordia de Dios. Todos vimos y morimos en el amor de Dios.

02.- Dios Padre de Jesús es amor, bondad. El Dios Padre de Jesús es Amor.

La experiencia fundamental de Jesús tiene su origen en Dios Padre, que es amor. Dios es amor, (1Jn 4,8).

    Nos hará bien quedarnos en esta vivencia. Es bueno que nos dejemos embargar del amor de Dios. Dios nos ama. Dios es solamente amor. Cuando tengamos experiencia de sentirnos queridos por Dios, que nos ama, podremos también nosotros amar.

Hemos recibido una tradición religiosa muy poco cristiana, porque el amor quedaba desplazado y apenas estaba presente. El pecado, la culpabilidad, la angustia, el infierno y la condenación impregnaban todo el “tejido religioso” y hacían mejor carrera que el amor de Dios. Dios era bueno muy escasamente y a duras penas. El Dios en el que hemos sido educados era justiciero, más condenador que salvador.

Con humor decía aquel cura rural que el Dios de la moral católica es muy justo, porque condena a los malos y a los buenos en cuanto se descuidan.

Quizás hayamos de olvidar todo lo que hemos aprendido de Dios, pero si sabemos y vivimos que Dios es amor, sabemos mucho acerca del Dios de Jesús.

Y el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios y cumplimos “hasta la letra pequeña” del catecismo o de la moral. Él, Dios, nos amó primero a nosotros y nos envió a su Hijo, Jesús, (1 Jn 4,8).

Lo que caracteriza la experiencia cristiana, lo más íntimo y peculiar de la vivencia cristiana es la bondad y el amor.

Cristiano somos cuando y porque hemos percibido la bondad y el amor de Dios y de los demás.

Dios es amor. (1Juan 4,8). El amor es Dios. Allá donde se vive o se intenta vivir en respeto, libertad, allá donde hay amor, está Dios.

Dios nos ama.

03.- En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros.

    Jesús -la comunidad de Jesús- está allá donde hay un puñado de semilla de amor y bondad:

Por eso donde hay amor, Dios no está lejos,  allí está Dios.

El amor humano es sacramento de Dios, que es amor. El amor humano, el amor matrimonial es signo – sacramento del amor de Dios.

Desde la vivencia de Dios como amor, también nosotros amaremos.

Son discípulos de Jesús los padres que se quieren y aman a sus hijos, son cristianos los jóvenes que se aman y cuidan su amor. Es discípulo de Jesús quien recoge a un herido en la carretera como el buen samaritano, quien ayuda a un emigrante o no emigrante que pasa por la vida. Es discípulo de Jesús quien sabe perdonar. Es cristiano quien va buscando y sembrando criterios de paz y de convivencia. Amar significa en ocasiones no airear pecados de otros y, mucho menos, levantar calumnias. Amar y ser cristiano es dar limosna, dejar paso a otras personas e ideas, crear, cultivar la amistad y el amor. Amar es respetar, saber escuchar y dialogar

Nos conocerán que somos cristianos por lo que amamos. No nos conocerán por los ritos que celebramos, ni por la moral que intentamos meter a capa y espada; ni nos conocerán por el esplendor del Templo. El DNI cristiano, la identidad cristiana no está en el clerygman, ni en la absolución individual, ni en comulgar en la boca con genuflexión previa, ni en las insignias episcopales, sino que nuestro ADN cristiano es el amor: en eso os conocerán que sois discípulos míos.

04.- Una ética desde la persona humana.

El amor para con el otro, hacia el prójimo es querer, apreciar al ser humano en cuanto valor absoluto.

El ser humano, toda persona humana, es digna de ser respetada y considerada en sí misma. Toda persona humana merece aprecio, estima y respeto en su vida, en su modo de pensar y de entender la vida. La persona humana es un valor absoluto.

Posiblemente la persona humana sea el punto de convergencia ética de creyentes y no creyentes. El ser humano es un valor absoluto en sí mismo.

Fijémonos que Cristo descarta de su vida el poder eclesiástico y político, el dinero y la raza, la nación, el sexo, incluso la ley. Jesús entiende que la persona es anterior y más importante que la ley.

Estamos a la espera del nombramiento de un nuevo obispo para nuestra diócesis. ¿Ha de ser muy inteligente? ¿Progresista? ¿Conservador? ¿nacionalista español o vasco? Me parece a mí que nos basta con que sea “buena gente” y ame al pueblo. Dada la situación de nuestra diócesis, las palabras del papa Francisco: “Me gustaría que la Iglesia fuese un hospital de campaña”, no son una pura metáfora en nuestra diócesis. Que el obispo que haya de venir, no venga a poner orden y concierto, que no venga con la “lección de lo que tiene que hacer” ya sabida. Mucho será que sea buena persona y venga a “sanar los corazones afligidos”

 

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Amor

viernes, 29 de abril de 2022
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Del blog Nova Bella:

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  El amor

es el difícil descubrimiento

de que hay algo más allá de uno mismo

que es real

*

Iris Murdoch

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Las primicias del amor.

martes, 26 de abril de 2022
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MM-squareEl primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro… María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando…

– Mujer ¿por qué lloras?

Ella les dijo:

– Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.

Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús pero no sabía que era él.

Jesús le preguntó:

– Mujer ¿por qué lloras? ¿A quién buscas…?

– Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto para que yo vaya a buscarlo.

Jesús entonces le dijo:

– ¡María!

Ella se volvió y le dijo en hebreo:

– Rabonní que quiere decir Maestro.

(Juan 20, 1-18)

Tanto en el evangelio de Juan, como en Mateo (cap. 25) y Lucas (cap. 24), los textos dejan un claro testimonio de que la aparición de Jesús resucitado a las mujeres está íntimamente ligada con su presencia en el sepulcro. Es esta relación de continuidad, que ellas establecen entre la vida y la muerte, la que las capacita para ver antes que nadie al resucitado. «Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos», parecen decirnos estas mujeres al retomar la frase de Saint Exupery en su libro El Principito.

Pero un relato especialmente bello de aparición, en el que se concentra un potencial simbólico y vivencial impresionante es el que nos hace Juan del encuentro entre Jesús resucitado y María de Magdala. Es la relación inmensamente cercana y amorosa que a lo largo de sus vidas mantuvieron Jesús y María Magdalena, la que explica esta primera y gran aparición: «Por tanto no se cree en Cristo, en el sentido que le da el evangelio de Juan, precisamente en virtud de la resurrección de la mañana de Pascua; más bien al contrario: sólo le es posible ver la resurrección de Jesús en la mañana pascual, a quien ha experimentado en su propio cuerpo que la persona de Jesús es en sí misma vida, luz y resurrección» (1).

Quiero insistir en la urgencia con que María (y otras mujeres…) regresan al sepulcro, «El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro». No hay cansancio o sueño que valga, nada es más urgente que retomar el contacto… María corre porque su corazón se lo exige y se entrega sin medirse, sin pensar en nada más. Unos versículos más adelante el narrador nos muestra la reacción de la misma María y de otros compañeros ante la realidad de la piedra removida y el sepulcro vacío, entonces volvemos a contemplar a esta mujer en la gran pasión que la une a Jesús. Mientras los discípulos, otra vez con demasiada prisa, se alejan para contar a otros lo sucedido, ella reposa su dolor: «María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando».

De alguna manera padece una experiencia mística, experiencia atravesada por el dolor, que la paraliza. Al hablar de la relación de esta mujer con Jesús Eugen Drewermann nos dice:

«Pero nadie le amó tanto y estuvo tan pendiente de él como esa mujer de Magdala. Porque para ella lo significaba todo. Si de María la madre de Jesús, decimos que sólo vivió para él, de María Magdalena tendríamos que decir que sólo vivió por él… Lo que ella podía ser, lo fue sólo por Jesús; sin él no podía ya seguir viviendo… Ella no le siguió como otros, sólo sabía que era él el único lugar en el mundo, en el que ella podía vivir y en el que podía abandonarse a la vida…» (2).

Nuestro seguimiento al Maestro de Nazaret, puede ser contrastado con el de esta mujer, primera mística del cristianismo… ¿en qué medida la entrega de nuestra persona es realmente radical? Y si sabemos que en el camino de Galilea, el amor a Jesús, a Dios… ES el amor al hermano…¿en qué medida nuestra pasión por el servicio, por la acogida, por la sanación al otro, es realmente fuerte, de tal manera que nos paralice para cualquier otra actividad y/o interés?

El tercer momento del relato en el que me quiero fijar es en los versículos 14 al 17. De nuevo nos encontramos con la actitud de Jesús que recibe y acoge el amor de esta mujer. El relato es muy claro: Es ella la primera persona a quien Jesús se aparece en la plenitud de su gloria. Sabemos muy bien la importancia del primer amor (Apocalipsis 2, 1-7). La primera luz que irradia en nuestras vidas y proyecta su fuerza más allá de las desilusiones, los fracasos, las luchas y los pesares…

Esas primicias las da Jesús a una mujer. No se trata tan sólo de esa expresión un poco extraña -y en últimas desestimulante- que la tradición eclesial acuñó para desembarazarse un poco de la fuerza de esta mujer: apóstol de los apóstoles… Se trata por el contrario de una clarísima expresión de predilección… Predilección trascendente y radical: Jesús resucitado se muestra por primera vez ante unos ojos femeninos que se han preparado cuidadosamente con su amor, su entrega y su pasión para verlo, para recibirlo.

Predilección que antes que todo nos habla de una relación… relación de prioridad, de primicias, de amor/ágape que se desborda.

¿En qué medida nuestra mirada se ha hecho capaz de experimentar estas primicias del amor y la resurrección? ¿En qué medida nuestra prisa ante las demandas y los deberes… inclusive ante la urgencia de la misión -urgencia que tuvieron Pedro y los otros, y que les retrasó su encuentro con el resucitado- nos impide preparar el corazón y la mirada para ver lo esencial? ¿Para acoger en nuestro interior lo que verdaderamente importa?

 

Carmiña Navia

Fuente Fe Adulta

NOTAS:

(1) EugenDrewermann: EL MENSAJE DE LAS MUJERES. Editorial Herder, Barcelona 1996

(2) Idem.

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Resurrección: El amor es más fuerte que la muerte

viernes, 22 de abril de 2022
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resucitado-damos-testimonio_2328677139_15456643_660x371Del blog de Jesús Espeja La Iglesia se hace diálogo:

«Si la vivimos de verdad podemos ser signos de esperanza también para los que ya no esperan»

«El amor brota en nosotros sin saber cómo, gratuita y espontáneamente. Y en su entraña puja un reclamo de eternidad. El que ama de verdad está diciendo a la persona amada: quiero que vivas siempre, que nunca mueras»

«En los sentimientos y acciones de personas compasivas. En los empeños por lograr una mejora de vida para todos. En los que siguen mirando confiadamente al porvenir cuando aparentemente no hay razones para esperar»

Hay en el interior del ser humano cierto desajuste: su anhelo de vida sin sombras no cede mientras sufre que sus días se acaban. Ya en el atardecer de la existencia humana, el desajuste se hace más palpable y fácilmente entra en crisis la esperanza: ¿nuestro destino último será la muerte? No hay argumentos racionales apodícticos para decir lo contrario.

Nos cuesta resignarnos a la muerte y quizás esta inconformidad sea un indicio de que no todo acaba en el sepulcro. Tal ver por eso antiguas religiones iraníes prometían la supervivencia o continuidad en la existencia después de la muerte. Ya en el pensamiento griego se propuso la inmortalidad del alma: prisionera y limitada en el cuerpo, la muerte supone  quedar libre de su prisión.

Gracias a la ciencia y a los cuidados estamos viendo la posibilidad de alargar el tiempo de nuestra existencia. Pero hay formas de vida que ya no merecen la pena y una pervivencia o continuidad después de la muerte sin cambio cualitativo, tampoco satisface nuestro anhelo insaciable de felicidad. Por otro lado, la teoría platónica sobre la inmortalidad del alma es totalmente gratuita y tampoco saciaría dicho anhelo.

El amor brota en nosotros sin saber cómo, gratuita y espontáneamente. Y en su entraña puja un reclamo de eternidad. El que ama de verdad está diciendo a la persona amada: quiero que vivas siempre, que nunca mueras. Es posible concluir  que el verdadero amor al otro es participación de esa Presencia inagotable de amor que llamamos Dios. En esa Presencia se fundamenta mi confianza en la victoria sobre la muerte. Si nos ha sostenido y animado a lo largo de nuestra vida ¿cómo nos abandonará en ese trance?

Esta confianza no es imaginación más o menos calenturienta. Se apoya en el encuentro con Jesucristo a quien experimentamos vencedor de la muerte mientras pasó por este mundo siendo totalmente para los demás. Cuando entregó finalmente por amor su propia vida en la muerte injusta, tuvo lugar esa victoria definitiva que llamamos resurrección. No es pervivencia o continuidad en el tiempo. Tampoco inmortalidad del alma. Es la humanidad que ha madurado desde el amor; a este Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien y curando heridas, Dios, Presencia de amor, no me podía abandonarlo en el sepulcro.  La victoria de Jesús sobre la muerte es una puerta abierta que nunca se cerrará. Una luz que inspira confianza y nos libera del miedo a no ser.

Nada tiene que ver esta fe o experiencia cristiana con la minusvaloración o menosprecio de este mundo que pasa. El crecimiento en humanidad, la resurrección o victoria sobre la muerte tiene lugar a lo largo de la existencia siempre que amamos de verdad saliendo de nuestro egocentrismo. El que se verdad cree en Jesús, trata de re-crear su conducta en la propia historia: dar vida donde hay muerte. Por eso el que de verdad cree y práctica el evangelio del amor, aunque muera y cuando muera, entra en la plenitud de vida. Queda sumergido en esa Presencia de amor donde habitó mientras estuvo en el tiempo. Si de verdad caminamos en la vida sostenidos e impulsados por esa Presencia, no quedaremos aniquilados en la muerte.

Esta visión cristiana permite atisbar esta victoria sobre la muerte en muchos brotes de trascendencia que pujan en nuestro tiempo. En los sentimientos y acciones de personas compasivas. En los empeños por lograr una mejora de vida para todos. En los que siguen mirando confiadamente al porvenir cuando aparentemente no hay razones para esperar. En quienes siguen trabajando por la fraternidad entre todos y gastan su tiempo apasionados por esa causa. Es la experiencia que los cristianos celebramos en la resurrección de Jesús. Si la vivimos de verdad podemos ser signos de esperanza también para los que ya no esperan.

Fuente Religión Digital

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La película SAM refleja el amor, la homosexualidad y la discapacidad

jueves, 7 de abril de 2022
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Screenshot-2022-03-28-at-14-11-19-S.A.M.-2020«Somos personas, existimos»

«Es muy importante ver a gente como nosotros en la pantalla. Somos personas y existimos, y no estamos aquí para que nos juzguen».

George Webster habla del cortometraje S.A.M, que protagoniza junto a Sam Retford. La película, escrita y dirigida por Neil Ely y Lloyd Eyre-Morgan, sigue a dos adolescentes -ambos se llaman Sam- que establecen un estrecho vínculo en los columpios de su parque local.

Se trata de una película conmovedora que explora la discapacidad, el amor homosexual y los lazos familiares. No es de extrañar que recientemente haya recibido el premio del público joven en el Iris Prize, el festival de cine LGBT+ de Cardiff.

Decir que es una película importante es quedarse corto. S.A.M. es el tipo de proyecto que el mundo necesita ahora mismo: una película que celebre la discapacidad y permita a esa comunidad hablar por sí misma. Ya han pasado dos años desde que S.A.M se rodó durante un frío y húmedo fin de semana. Sus coprotagonistas siguen siendo amigos íntimos y están deseando que el público vea la película que los unió en un mundo prepandémico.

«Ser capaz de ser las voces de un proyecto que está impulsando un material tan desafiante, y un material tan nuevo que mucha gente en la industria en este momento tiene miedo, es realmente una obviedad», dice Sam. «Ser parte de eso no sólo me ha educado en términos de la integridad de los proyectos en los que quiero ser parte en el futuro, sino también, simplemente, trabajar con George – lo pasamos muy bien, ¿no es así amigo?»

«Sí», se ríe George, «tuvimos los días en el parque, y tuvimos un taller. Después, Sam y yo quedamos para pasar un día juntos, almorzamos, volvimos a la casa y jugamos al FIFA en la XBOX y luego salimos a tomar algo. Fue un día muy agradable». «¡Pensé que ibas a omitir la parte en la que me llevabas al pub!», se ríe Sam.

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George Webster (izquierda) y Sam Retford en S.A.M. (Fotografía de James Kenneth)

Los actores de S.A.M. aportaron sus propias experiencias e historias

La amistad que George y Sam han construido en la vida real es inmediatamente obvia cuando la pareja habla. Esa amistad en la vida real es la base sobre la que se asienta la película. Cuando llegaron al rodaje de S.A.M., ya se sentían cómodos el uno en compañía del otro, lo que era necesario teniendo en cuenta el enfoque poco ortodoxo que se adoptó detrás de las cámaras.

«Era la forma de trabajar de Lloyd y Neil, situando el contexto de la obra en un entorno que no requería necesariamente guiones», explica Sam, «simplemente jugábamos con las líneas y el contexto, y hacíamos algo de improvisación. Cuando llegamos al parque, confiábamos plenamente el uno en el otro; nos sentimos libres para meter la pata y ser juguetones, y el material que salió fue realmente crudo y auténtico».

La película S.A.M. celebra el amor, la homosexualidad y la discapacidad de la manera más hermosa

Además de explorar la discapacidad, S.A.M. examina lo que significa ser un adolescente queer hoy en día. El personaje de George está claramente más avanzado en cuanto a la aceptación de sí mismo: está seguro de sí mismo y es abiertamente gay, mientras que el de Sam está luchando por aceptarse plenamente. ¿Cómo aprovecharon las respectivas experiencias de cada personaje?

«Siempre estoy muy seguro de mí mismo… y él es un personaje seguro de sí mismo», dice George. «Aspira a ser bailarín y yo también lo soy». Dice que fue «muy divertido» interpretar a un personaje gay y que está orgulloso de haber tenido la oportunidad de explorarlo en su primer papel cinematográfico.

Sam dice que «subconscientemente» introdujo su propia experiencia de discapacidad en la forma de representar al personaje. El resultado fue que su personaje no ve realmente la discapacidad, sólo ve a alguien que le gusta.

«Nunca ha sido algo en lo que haya pensado, te despiertas con ello, así que es lo normal para mí», dice Sam, «Curiosamente, creo que inconscientemente llevé eso a Sam en la película. Acabó funcionando maravillosamente porque no creo que él viera en ningún momento la discapacidad… fue hermoso en cierto modo porque era una especie de ingenuidad honesta en la que él sólo veía a alguien que le gustaba, alguien que le reconfortaba y le hacía sentir bien.»

Continúa: «Fue realmente interesante explorar cómo nos hace sentir la gente y cómo el amor es ciego. En realidad no se habla de la discapacidad en la película, aparte de discutirla justo al principio, pero aparte de eso son solo dos tipos en un columpio».

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George Webster (L) and Sam Retford in S.A.M. (Provided)

El principal factor debilitante de la película es la educación, no la discapacidad

Para ser una película tan corta, aborda muchos temas importantes; otro tema que trata con aplomo es el de la negligencia de los padres. El personaje de Sam vive con una madre que tiene poco interés en cuidar de él, mientras que el padre de George es ferozmente sobreprotector. ¿Por qué es importante que veamos más historias como ésta exploradas de forma significativa en la pantalla?

«Creo que es muy importante mostrarlo porque, al igual que desarrollamos nuestra personalidad, la forma en que crecemos influye en lo que somos como personas. Esa es una gran dinámica en la película, de donde vienen estos dos chicos. El principal factor debilitante no es la discapacidad, sino la educación, el origen y los antecedentes».

La película S.A.M. celebra el amor, la homosexualidad y la discapacidad de la manera más hermosa

Es justo decir que el cine y la televisión todavía no son lo suficientemente diversos cuando se trata de representar a personajes discapacitados. Películas como S.A.M . están impulsando el cambio, pero los grandes estudios siguen estando muy rezagados. Cuando se le pregunta cómo puede mejorar la industria en lo que respecta a la representación de los discapacitados, la respuesta de George es sencilla.

«Yo diría que una forma es hablar con nosotros, entendernos, conocernos, así sabrán más de nosotros y podremos llevar nuestras historias personales al cine y a la televisión», dice George, «es importante ver nuestras caras en la pantalla porque no estamos aquí para ser juzgados. Todos somos personas, ¿no? Se trata de quién eres. Yo me defino como George a secas, no me defino como George con síndrome de Down. Así que yo diría que hablen con nosotros, que nos conozcan y que nos respeten».

Sam está de acuerdo. Dice que la gente de la industria del cine y la televisión debe admitir que tiene «conversaciones difíciles» sobre la representación.

«No podemos chasquear los dedos e imaginar que de repente todo el mundo está educado y tiene la experiencia real de crecer con personas con discapacidad», dice. «Tenemos que motivarnos a querer ser mejores para poder tener esas conversaciones y sentirnos abiertos al cambio antes de que ese cambio pueda tener lugar».

Llama la atención sobre la serie de la BBC «Ralph & Katie» como ejemplo reciente de serie televisiva que abre el camino al cambio.

«La integridad de ese programa es fenomenal y está a la altura de la película que hicimos, y su representación entre bastidores es absolutamente fantástica. Están tomando esa iniciativa para atraer a la gente. Tenemos que estar abiertos a escuchar y a tener la conversación en primer lugar, así es como va a cambiar. Por desgracia, va a llevar tiempo, pero estar abiertos a ese cambio en primer lugar creo que es el objetivo».

Fuente Pink News

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En tu alcoba.

miércoles, 23 de marzo de 2022
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Del blog Nova Bella:

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Tú que escondiste

cielos en tu alcoba

*

Rosa Chacel

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Ya hay demasiados mártires…

martes, 15 de marzo de 2022
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Seas bendito, oh eterno Dios. Que cesen toda venganza, la incitación al castigo o a la recompensa. Los delitos han superado toda medida, todo entendimiento. Ya hay demasiados mártires. No peses sus sufrimientos en la balanza de tu justicia, Señor, y no dejes que estos carniceros se ceben con nosotros. Que se venguen de otro modo.

Da a los verdugos, a los delatores, a los traidores y a todos los hombres malvados el valor, la fuerza espiritual de los otros, su humildad, su dignidad, su continua lucha interior y su esperanza invencible, la sonrisa capaz de borrar las lágrimas, su amor, sus corazones destrozados pero firmes y confiados ante la muerte, sí, hasta el momento de la más extrema debilidad […].

Que todo esto se deposite ante ti, Señor, para el perdón de los pecados como rescate para que triunfe la justicia; que se lleve cuenta del bien y no del mal. Que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos no como sus víctimas, ni como una pesadilla, ni como espectros que siguen sus pasos, sino como apoyo en su lucha por destruir el furor de sus pasiones criminales. No les pediremos nada más. Y cuando todo esto acabe, concédenos vivir como hombres entre los hombres y que la paz reine sobre nuestra pobre tierra. Paz para los hombres de buena voluntad y para todos los demás.

*

Oración anónima, escrita en yiddish,
Encontrada en Auschwitz-Birkenau,
cit. en B. Ducruet, Con la pace nel cuore, Milán 1998, 42s.

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Calumnia, que Alguien queda…

domingo, 20 de febrero de 2022
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Centurión

 

Voy a engarzar en paz esas espinas
entre las rosas todavía nuevas.
Mi voluntad rendida Tú examinas,
Tú mi holocausto sin retorno pruebas.

Tus manos han ceñido mis riñones
desde la mocedad. Te ha reservado
mi corazón la flor de sus carbones.
Si he amado, Señor, a Ti te he amado.

Mi opción de eunuco por el Reino ostento
sobre esta frágil condición de hombre,
capaz, con todo, de acoger Tu aliento.

Cuando el lagar su desazón concluya,
Tú salvarás la causa de mi nombre
que sólo quiere ser la Causa Tuya.

*

***

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera.
Editorial Sal Terrae, Santander 1986

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***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a losque os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.

Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: osverterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida quemidiereis se os medirá a vosotros».

*

Lucas 6, 27-38

***

         Mirad por qué camino va Dios hacia los hombres, hacia sus enemigos. Es el camino que la misma Escritura llama necedad, el camino del amor hasta la cruz. Reconocer la cruz de Jesucristo como el invencible amor de Dios a todos los hombres, tanto a nosotros como a nuestros enemigos: ésta es la mayor sabiduría.

        ¿O creemos que Dios nos ama a nosotros más que a nuestros enemigos? ¿Acaso nos creemos los benjamines de Dios? La cruz no es propiedad privada de nadie: pertenece a todos los hombres, tiene valor para todos. Dios ama a nuestros enemigos -eso es lo que significa la cruz-, por ellos sufre, por ellos conoce la miseria y eldolor, por ellos ha dado a su Hijo amado. Por eso tiene una importancia capital que ante cualquier enemigo que nos encontremos, pensemos de inmediato: Dios le ama, lo ha dado todo por él. También tú, ahora, dale lo que tengas: pan, si tiene hambre; agua, si tiene sed; ayuda, si está débil; bendición, misericordia, amor. ¿Pero lo merece? Sí. En efecto, ¿quién merece ser amado, quién necesita nuestro amor más que aquel que odia? ¿Quién es más pobre que él? ¿Quién está más necesitado de ayuda, quién está más necesitado de amor que tu enemigo? ¿Has probado alguna vez a considerar a tu enemigo como alguien que, en el fondo, está delante de ti en su extrema pobreza y te ruega, sin poder dar voz a su ruego: «Ayúdame, dame lo único que todavía me puede ayudar a liberarme de mi odio, dame el amor, el amor de Dios, el amor del Salvador crucificado»? Todas las amenazas, todos los puños tendidos son, en definitiva, mendigar el amor de Dios, la paz, la fraternidad.

         Cuando rechazas a tu enemigo, rechazas al más pobre de los pobres, le echas a la calle […]. La brasa de carbón quema y hace daño cuando te toca. También el amor puede quemar y hacer daño. Nos enseña a reconocer qué miserables somos. Es el dolor ardiente del arrepentimiento el que se hace sentir en aquel que, a pesar del odio y de las amenazas, encuentra sólo amor, nada más que amor. Dios nos ha hecho conocer este dolor. Cuando lo hayamos experimentado, ya está, ha sonado la hora de la conversión.

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Dietrich Bonhoeffer,
Memoria y fidelidad,
Magnano 1979, pp. 117ss y 123ss, passim.

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Amor y justificación.

miércoles, 16 de febrero de 2022
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Nadie puede olvidarse de sí, trascenderse, si constantemente está tratando de justificar sus relaciones con otras personas. Esa necesidad de justificarse obedece, en realidad, al hecho de no querer creer que uno es amado. Si yo no creo que soy amado, necesitaré sentirme justificado. Y si nadie me justifica, tendré que justificarme yo mismo, por lo general tratando de dominar a todos los demás. Esto conduce inevitablemente a la ruina. Cuando uno tiene la certeza de que es amado, no necesita mostrarle a Dios ni a nadie por qué razones deberían amarlo. No necesita justificarse«.

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Thomas Merton

Los manantiales de la contemplación

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Indigno

jueves, 10 de febrero de 2022
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Del blog Nova Bella:

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“Experimentar el tacto sensual de los secretos, saber si es posible seguir amando a otro tras conocer los episodios más indignos de su biografía.”

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Rafael Narbona

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Amor: la diferencia entre «saber» y «saber sobre».

jueves, 3 de febrero de 2022
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c44ac6_sinagogaLa reflexión de hoy es del colaborador de Bondings 2.0 Michaelangelo Allocca, cuya breve biografía se puede encontrar haciendo clic aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Buenas noticias, malas noticias: cuando me pidieron que escribiera una reflexión sobre las lecturas de este domingo, miré el leccionario y dije: «Genial, el ‘pasaje de amor’ de 1 Corintios, ¡qué excelente tema para escribir!» Ese pensamiento duró unos diez segundos, cuando fue reemplazado por “¿Qué hay NUEVO para decir sobre una de las lecturas más conocidas de toda la Biblia? ¿Y qué decir al respecto que se relacione con temas LGBTQ, sin confundir ‘amor’ y ‘sexo’?

Afortunadamente, he aprendido en tales casos a apartar el ego del camino, leer, orar y escuchar al Espíritu. Mientras meditaba en el pasaje de Corintios con las otras lecturas de hoy, aprendí esto: el amor está íntimamente conectado con el conocimiento; el odio y los prejuicios surgen con mayor frecuencia de la ignorancia o de las distorsiones del «conocimiento».

En el evangelio de hoy, vemos a Jesús rechazado, una forma suave de decir que intentaron matarlo, por parte de aquellos que deberían estar lanzando un desfile de teletipo para el niño de la ciudad natal reparado. Aunque es temprano en el ministerio de Jesús, Lucas nos dijo poco antes de esta historia que “la noticia de él se extendió por toda la región. Enseñaba en sus sinagogas y era alabado por todos”. (Lc 4,14-15) El escenario está preparado para una buena reacción de sus vecinos, habiéndosele precedido su reputación, y al menos algunos “hablaban muy bien de él y se asombraban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca”. (4:22)

Pero entonces el drama comienza, curiosamente, sin que nadie se oponga a la audacia de declararse el cumplimiento de la profecía (como lo hizo al comienzo de la lectura de hoy, con «Hoy se cumple esta escritura en tu presencia»). De manera reveladora, la objeción que cita Lucas es: «¿No es éste el hijo de José?» Es decir, «conocemos a este tipo», o al menos creen que lo conocen. Este es un ejemplo de lo que he llamado conocimiento distorsionado: la idea de que se puede resumir todo el ser de una persona diciendo «sabemos dónde se crió, un poco más abajo de aquí, y quiénes son sus parientes, y cómo». él creció; ¡Él no es un profeta ni un erudito de las Escrituras!”. Y cuando este conocimiento distorsionado explota, crea confusión e incertidumbre, lo que genera miedo y luego hostilidad.

Las otras lecturas muestran qué es el verdadero conocimiento, el que está ligado directamente al amor. Dios le dice a Jeremías: “Antes de formarte en el vientre te conocí”. Este no es el tipo de “conocimiento” que los nazarenos creen que tienen de Jesús. El verbo hebreo usado implica contacto íntimo y directo, y también puede significar unión sexual. Cuando las traducciones al inglés de la Biblia dicen que «sabía» en el sentido de «tuvo relaciones sexuales con», no es un eufemismo: en realidad es un reflejo de esta palabra hebrea que puede significar ambas cosas. La forma en que Dios conoció a Jeremías, nos conoce a todos, es la forma en que conocemos a alguien con quien hemos mantenido un contacto físico íntimo durante mucho tiempo.

Recientemente me di cuenta de cuánto dice Pablo sobre el conocimiento, mientras enseña sobre el amor. Cerca del comienzo de su alabanza del amor, lo llama más grande que la profecía y el conocimiento de los misterios. Cerca del final, dice que la profecía y el conocimiento pasarán, pero el amor es para siempre. Concluye contrastando el ahora, como un tiempo imperfecto, con el entonces, cuando todos alcanzaremos la perfección del amor. Su comentario sobre cómo estos tiempos son diferentes tiene que ver con el conocimiento: “Actualmente sé parcialmente; entonces conoceré plenamente, como soy plenamente conocido.” “Parcialmente” es la forma en que los nazarenos “conocen” a Jesús, lo que lleva a malentendidos y antagonismos: conocer plenamente es conocer “como soy conocido”, es decir, como Dios conoce a Jeremías, conoce a Pablo, nos conoce a nosotros.

Estas lecturas muestran la raíz del rechazo tradicional de la Iglesia a nuestra comunidad LGBTQ: “sabe sobre” nosotros en una especie de catecismo, la forma que conduce a pronunciamientos como “intrínsecamente desordenado” y “Dios no puede bendecir el pecado”. Pero apenas está comenzando a conocernos, en el tipo de conocimiento de intimidad amorosa del que hablan Jeremías y Pablo. Para ilustrar el movimiento largamente retrasado desde el estilo desdeñoso del vecino de Nazaret, «saberlo todo», al conocimiento «como soy conocido», solo necesitamos mirar los ejemplos de los dos papas más recientes.

Durante su ahora legendario encuentro casual en un avión, la hermana Jeannine Gramick le preguntó al entonces cardenal Joseph Ratzinger (quien en ese mismo momento estaba investigando su trabajo pionero con el ministerio LGBTQ y había rechazado las solicitudes de su superiora general para reunirse con ella porque eso sería fuera del proceso oficial) si conocía a alguna persona homosexual. Respondió que había visto a algunos manifestarse contra el Papa Juan Pablo II, aparentemente lo más cerca que estuvo de «conocer» a personas homosexuales. Esto, de un hombre que tenía más de 70 años en ese momento y había pasado toda su vida adulta en la Iglesia, donde se rumorea que se pueden encontrar algunas personas homosexuales entre sus líderes.

Compara esto con el Papa Francisco, quien no solo ha organizado reuniones oficiales con personas homosexuales y trans, sino que también tiene amistades con personas homosexuales cuya homosexualidad ha reconocido como parte de su identidad dada por Dios.

Independientemente de las quejas que algunos puedan tener sobre el progreso a veces irregular de este Papa hacia la aceptación, no se puede negar que cuando se trata de personas LGBTQ, él tiene el tipo de conocimiento espiritual del que hablan las lecturas de hoy, vinculándolo directamente al amor, y lo celebra públicamente. conocimiento. Este conocimiento, del tipo que procede del encuentro de una persona con otra, reconociéndose cada uno al otro como persona, es el verdadero signo profético que Jeremías, Jesús y Pablo nos muestran hoy.

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—Michaelangelo Allocca, 30 de enero de 2022

Fuente New Ways Ministry

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Magda Bennásar: Poseo la unción interior del espíritu.

sábado, 22 de enero de 2022
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uncion(1Jn 2,20)

Estos días los textos que la comunidad cristiana nos propone hablan tanto del amor, del ser hijxs… que podemos pasar rápido. Pero no, no lo hagas, no te lo pierdas. Aquí está el tesoro. Entrar en esta cueva habitada de nuestra interioridad y escuchar, escuchar y Creer.

Creer que a través de todo el montaje navideño se nos comunica algo: «Si sabéis que él es justo, deducid que todo el que practica la justicia ha nacido de él» (1Jn 2,29). Los textos hablan de nuestro nacimiento, no del de Jesús hace un montón de siglos, sino de nuestro nacimiento en el Espíritu.

Saber es conocer. Si conozco a Dios, sé que la primera característica del que ha nacido de Dios es la práctica de la justicia-amor-compasión. Esta palabra tiene muchos significados y a la hora de nuestros compromisos podemos perdernos parte de su contenido bíblico.

La injusticia es el pecado que consiste en impedir la Vida de la persona porque es rebelión contra Dios cuyo deseo es que toda persona alcance su plenitud. Esto es mucho más que dar pan, evitar la enfermedad, educar… es descubrir, comunicar, que todxs tenemos los mismos derechos como hijxs de la familia de Dios. Cada cual con su Dios, pero la fuente común es sólo una: el amor.

Quien vive como nacido de Dios no comete pecado (injusticia), porque lleva dentro la semilla de Dios. Luego quien no practica la justicia, quien no ama, no es de Dios. Será el amor de obra la prueba visible de que la persona posee la Vida, de que la persona tiene a Dios. Luego la justicia es la conducta y criterio que permite establecer la autenticidad de la experiencia interior (1Jn 14a).

La conducta manifiesta el ser de la persona y muestra a quien damos nuestra adhesión. Una definición de pecado es que es la opción por una ideología (tiniebla) que frustra el proyecto creador al suprimir en las personas la vida o la aspiración a ella, impidiendo la búsqueda de la plenitud.

Por eso titulo esta reflexión «Poseo la unción interior del Espíritu», porque es increíblemente potente nuestra capacidad de dar vida o simplemente enterrar el talento.

Ese talento es la semilla de Dios en nosotrxs. Me duele ver que por orgullo herido o malos entendidos podemos romper la relación (el amor) entre personas, rompiendo así la cadena de bondad y perdón que es nuestra identidad. ¿Es injusticia no perdonar? ¿Es injusticia negarle la palabra a alguien? ¿Es injusticia proyectar en otrxs nuestra tiniebla? Desde estos textos sí es injusticia todo lo que no es amor, que implica y da por supuesto el compartir nuestros bienes con los menos afortunados, sabiendo que bienes son también y sobre todo la inteligencia, la espiritualidad, la cultura, la capacidad creativa que no podemos desaprovechar porque es una prueba más de que somos de la familia de Dios.

Y sobre todo ¿Es injusticia no comunicar la Palabra, dando las herramientas para que la persona la descubra? Es a través de ella que descubrimos nuestra identidad, encontrando así el amor y la plenitud que nada ni nadie puede darnos.

Reconozco que no nos han formado con estas verdades como base de todo. Pero, estamos a tiempo de optar por seguir viviendo desde unas claves u otras.

Me da pena que sólo entendamos, en general una definición de justicia, sin comprenderla en su sentido profundo. Es decir, que si descubrimos la libertad interior, tendremos la fuerza y luz para ser más proféticxs en el anuncio y la denuncia. Vivamos y comuniquemos a las personas que poseemos y poseen esa unción interior del Espíritu. Es el mejor regalo de Reyes que le puedes hacer a alguien.

Seguimos agradeciendo los donativos para Filipinas que mañana por la tarde enviaremos. Hasta ahora 1040 € colectados. Las hermanas de allá no se cansan de agradecer y decirnos que rezan por todos nosotros, los que hemos compartido y los que no.

Feliz Tiempo de Navidad.

Magda Bennásar Oliver, SFCC

Fuente www.espiritualidadintegradoracristiana.es

 

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«Imaginemos», por Gabriel Mª Otalora

martes, 18 de enero de 2022
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Imaginemos que Dios existe sin estar limitado por el tiempo ni el espacio; que ha querido crear la realidad toda, tal y como la conocemos nosotros, lo sideral y lo infinitesimal, lo cercano y lo lejano, lo humano y dentro de ello lo más maravilloso de lo que somos capaces, que es amar. Que todo lo conocido y lo que aún ni sospechamos de su existencia, es obra suya. Imaginemos que es todopoderoso, infinito, imposible de abarcar para la pequeñez humana.

E imaginemos que nos ha creado por amor, por pura donación gratuita inoculando en nuestro más profundo ser el ansia de felicidad plena que nos lleve una y otra vez a buscar la plenitud imposible en este mundo. Imaginemos también que lo característico de esa Realidad que llamamos Dios es Amor, fuente y destino en su infinita realidad, inabarcable porque es un misterio ante el cual la razón tiene poco que ofrecer.

Ese Dios tan poderoso e imposible de aprehender, inmanente y trascendente, ha sido vislumbrado o simplemente anhelado desde multitud de planos y experiencias religiosas o simplemente espirituales, en una búsqueda poliédrica que acompaña al ser humano a lo largo de la historia y no cesará hasta en el último ser que nazca sobre la Tierra. Pues bien, imaginemos además que un buen día ese Dios quiere hacerse presente, no de manera tan sutil, sino acercándose mucho más para que entendamos mejor la realidad humana y el sentido de la totalidad de la existencia.

Entonces, imaginemos que se le ocurre a ese Dios algo absolutamente sorprendente para la manera que los humanos tenemos de entender los dioses que hemos imaginado a través de experiencias, culturas y acontecimientos durante siglos y en todos los lugares del Planeta. Y decide hacerse uno de los nuestros. Sí, totalmente humano excepto en lo único que no puede serlo, en la ausencia de amor, en la maldad. Por tanto, humano en la fragilidad, el miedo y por supuesto el amor desmedido hacia todos los seres humanos creados en libertad por su amor, precisamente. E imaginemos que decide encarnarse en una mujer sencilla de un pueblo mal visto, en un lugar conflictivo y alejado de las seguridades del dinero, el poder y el éxito fácil.

Todo el Dios hecho persona, por amor, para acompañarnos en el día a día, desde las cruces diarias de la existencia y así mostrarnos la actitud adecuada mientras transitamos por esta vida como una parte de la Vida a la que estamos llamados a ser plenitud junto a ese Dios Amor, toda la eternidad, algo inalcanzable para nuestra finitud sujeta al tiempo y al espacio. Seguimos imaginando las consecuencias de esa coherencia tan radical: defiende a los castigados por las injusticias, ayuda a los excluidos por ley, muestra un camino que no favorece a los poderosos, es perseguido, calumniado y asesinado con unos de los peores tormentos por respetar la libertad humana y se coherente con su amor.

Pero imaginemos que ahí no acaba todo, que lo que divulgó y predicó con su ejemplo, era verdad, que era el Mesías, es decir el enviado de Dios ya anunciado en una pequeña parte del planeta desde hacía miles de años. Y que resucita dejando unos pocos testigos -ellos y ellas- de su presencia resucitada como experiencia transformadora que les cambia tan radicalmente que le siguen hasta el final.

Imaginemos también que pasó por este mundo como uno de los nuestros, oh maravilla, nos deja su mensaje redactado en forma de Buena Noticia por una serie de seguidores, no demasiado doctos, que escriben al dictado de su experiencia apoyados en los bastones del ejemplo y la confianza. Y han logrado convertir este Mensaje en un movimiento espectacular, universal. Un mensaje cuya base es el fermento del Amor que todos llevamos dentro al estar hechos a imagen y semejanza de ese Dios.

Imaginemos, en fin, que desde entonces, ese Dios permanece con nosotros durante todos los días de nuestra existencia, que nos ama inmensamente y solo quiere que correspondamos a su amor haciendo lo mismo con los demás. Que da igual lo que seamos o lo que sintamos, que todos y todas somos sus predilectos hasta el punto de que nos pide -en presente continuo- que le llamemos Padre y que nos comportemos como hermanos. Que somos su obra y su Espíritu pondrá lo necesario para que el Amor universal llegue a buen puerto para todos. Que hoy no es siempre y que la totalidad de la existencia no está en nuestras manos… ¡gracias a Dios!

El tiempo de la Navidad nos invita a imaginarnos lo que hemos perdido en vivencia; y agradecidos, admirar el Misterio que nos ha sido revelado para avivar la experiencia y el compromiso que conlleva encontrando a Dios en la oración y en el hermano necesitado. Amén.

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Una verdad tan simple.

jueves, 13 de enero de 2022
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Del blog de Henri Nouwen:

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Sólo tengo una cosa clara. Hay que vivir bien cada día. ¡Qué verdad tan simple! Aun así merece que le preste toda mi atención. ¿He aportado paz hoy? ¿He hecho sonreír a alguien? ¡He consolado a alguien? ¡Me he dejado llevar por la ira o por el resentimiento? ¿He perdonado? ¿He amado? Estas son las preguntas interesantes. Tengo que confiar en que la pizca de amor que siembro ahora producirá muchos frutos aquí en este mundo y en la vida futura.

*

Henri Nouwen

Diario del último año de vida

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Tuyo es todo esto, y todo es para ti.

martes, 14 de diciembre de 2021
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Juan de Yepes, hijo de Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez, nació en Fontiveros (Ávila) en el año 1542. Tras una niñez llena de miseria, entró en 1563 en el Carmelo. En 1567, año de su ordenación sacerdotal, conoció a Teresa de Jesús en Medina del Campo y decidió seguirla en la fundación de la nueva familia del Carmelo. Fue primero carmelita descalzo en Duruelo, en 1568, y ocupó a continuación el cargo de maestro y formador.

En 1572 lo reclamó Teresa para confesor del monasterio de la Encarnación del que era priora. Fue perseguido y encerrado, entre diciembre de 1577 y agosto de 1578, en la cárcel conventual de Toledo, donde realizó una fuerte experiencia del sufrimiento y de la «noche oscura». Tras salir de la cárcel, se incorporó a la vida de la naciente Reforma y ocupó el cargo de superior en Segovia. Murió en Ubeda el 14 de diciembre de 1591. Fue canonizado por Benedicto XIII en 1726 y proclamado doctor de la Iglesia por Pío XI el 24 de agosto de 1926.

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En la Fiesta del poeta enamorado de lo Indecible, Juan de la Cruz, traemos esta preciosas palabras… Hasta su prosa es poesía. El ritmo y la cadencia lo acompañan en revestir de palabra lo inefable.

La obra de Juan es un tratado ecológico, una espiritualidad telúrica. La primera mitad del Cántico Espiritual es un canto de amor a la creación y de comunión con ella. Versos arrobadores que cantan el desposorio con la creación. La relación entrañable con el cosmos, con la madre tierra, muestra una espiritualidad telúrica admirable:

 “Buscando mi amores…

¡Oh cristalina fuente…!

Mi Amado las montañas…

La música callada

 la soledad sonora

la cena que recrea y enamora”.

*

Cántico espiritual

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San Juan

Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre.”

*
Oración de alma enamorada

*

San Juan de la Cruz

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Juan de la Cruz es un enamorado de Dios. Trataba familiarmente con él, hablaba constantemente de él. Lo llevaba en el corazón y en los labios, porque constituía su verdadero tesoro, su mundo más real. Antes de proclamar y cantar el misterio de Dios, es su testigo; por eso habla de él con pasión y con dotes de persuasión no comunes: «Ponderaban los que le oían, que así hablaba de las cosas de Dios y de los misterios de nuestra fe, como si los viera con los ojos corporales». Gracias al don de la fe, los contenidos del misterio llegan a formar para el creyente un mundo vivo y real. El testigo anuncia lo que ha visto y oído, lo que ha contemplado, a semejanza de los profetas y de los apóstoles (cf. 1 Jn 1,1-2).

Como ellos, el santo posee el don de la palabra eficaz y penetrante; no sólo por la capacidad de expresar y comunicar su experiencia en símbolos y poesías transidos de belleza y lirismo, sino por la exquisitez sapiencial de sus dichos de luz y amor, por su propensión a hablar «palabras al corazón, bañadas en dulzor y amor», «de luz para el camino y de amor en el caminar».

La viveza y el realismo de la fe del doctor místico estriban en la referencia a los misterios centrales del cristianismo. Una persona contemporánea del santo afirma: «Entre los misterios que me parece tenía grande amor era al de la Santísima Trinidad y también al del Hijo de Dios humanado». Su fuente preferida para la contemplación de estos misterios era la Escritura, como tantas veces atestigua; en particular, el capítulo 17 del evangelio de san Juan, de cuyas palabras se hace eco: «Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo» (Jn 17,3).

Teólogo y místico, hizo del misterio trinitario y de los misterios del Verbo Encarnado el eje de la vida espiritual y el cántico de su poesía. Descubre a Dios en las obras de la creación y en los hechos de la historia, porque lo busca y acoge con fe desde lo más íntimo de su ser: «El Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma… Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con él, pues le tienes tan cerca. Ahí le desea, ahí le adora».

¿Cómo consigue el místico español extraer de la fe cristiana toda esa riqueza de contenidos y de vida? Sencillamente, dejando que la fe evangélica despliegue todas sus capacidades de conversión, amor, confianza, entrega. El secreto de su riqueza y eficacia estriba en que la fe es la fuente de la vida teologal: fe, caridad, esperanza. «Estas tres virtudes teologales andan en uno».

Una de las aportaciones más valiosas de san Juan de la Cruz a la espiritualidad cristiana es la doctrina acerca del desarrollo de la vida teologal. En su magisterio escrito y oral centra su atención en la trilogía de la fe, la esperanza y el amor, que constituyen las actitudes originales de la existencia cristiana. En todas las fases del camino espiritual son siempre las virtudes teologales el eje de la comunicación de Dios con el hombre y de la respuesta del hombre a Dios.

La fe, unida a la caridad y a la esperanza, produce ese conocimiento íntimo y sabroso que llamamos experiencia o sentido de Dios, vida de fe, contemplación cristiana. Es algo que va más allá de la reflexión teológica o filosófica. Y la reciben de Dios, mediante el Espíritu, muchas almas sencillas y entregadas.

Al dedicar el Cántico espiritual a Ana de Jesús, anota el autor: «Aunque a Vuestra Reverencia le falte el ejercicio de teología escolástica con que se entienden las verdades divinas, no le falta el de la mística que se sabe por amor en que no solamente se saben, mas juntamente se gustan». Cristo se les revela como el Amado; aún más, como el que ama con anterioridad, como canta el poema de «El pastorcico» .

*

Carta apostólica Maestro en la fe,
en el IV centenario de la muerte de san Juan de la Cruz, 8-10.

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***

“Fuera de su nativa España, San Juan de la Cruz nunca fue un santo muy popular. Su doctrina es considerada como “difícil”, y le exige a los demás la misma austeridad intransigente que él practicó durante su vida entera. Sin embargo, un estudio más ceñido a su doctrina…, probaría que San Juan de la Cruz poseía todo el equilibrio, la prudencia y la “discreción” que caracteriza a la más elevada santidad. No es un fanático aplicado a sobrecargar a sus subordinados con fardos insoportables que acabarían por reducirlos a ruinas morales y físicas. Las exigencias que formula son inflexibles en lo esencial pero flexibles en sus aspectos accidentales. Su único propósito consiste en situar al hombre entero, cuerpo y alma, bajo la guía del Espíritu de Dios. En la práctica, San Juan de la Cruz se opuso inexorablemente al formalismo y la inhumanidad de quienes comparaba con “herreros espirituales” que martillaban violentamente las almas de sus víctimas para hacerlas calzar en algún modelo convencional de perfección ascética. Sabía muy bien que este tipo de ascetismo era uno de los más defectuosos, porque a menudo era una manifestación de incorregible orgullo espiritual. La claridad y la lógica de este carmelita español, sumada a su insuperable y experimentado conocimiento de las cosas de Dios, lo sitúan de lejos como uno de los más grandes y más confiables de todos los teólogos místicos”.

Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323

Thomas Merton

Ed. Lumen,
vía Amigos de Thomas Merton

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“Juan de la Cruz, un amor que no sabe de pecado”

martes, 14 de diciembre de 2021
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são joão da cruzDel blog de Xabier Pikaza:

Celebra hoy la Iglesia Católica la memoria de San Juan de la Cruz, el más poderoso de los testigos del amor en la historia de occidente.

En esta postal (tomado de mi libro Amor de hombre, Dios enamorado, Desclée de Brouwer, Bilbao 2004), quiero presentar su figura y comentar una estrofa de su Cántico Espiritual, para indicar que en el amor no hay pecado. Esto dice el hombre o mujer que ama:

Está el alma en este punto en cierta manera
como Adán en la inocencia,
que no sabía qué cosa era mal,
porque está tan inocente
que no entiende el mal, ni cosa juzga a mal

Muchas veces he presentado en este blog a Jesús con los pecadores, y algunos lectores creyeron que decía que Jesús era pecador. Pero es todo lo contrario. Precisamente porque no tenía pecado Jesús podía (y debía) hacerse presente en amor entre los pecadores.

Quizá nadie con San Juan de la Cruz ha entendido este misterio y compromiso: vivir en amor, sin pecado; andar con los pecadores, sin juzgarles, vivir en la inocencia. Esto que dice SJC es el centro de la vida cristiana, el mensaje de Jesús. Éste debía ser el mensaje y ejemplo de la iglesia: vivir en inocencia de amor.

Con Juan de la Cruz quiero dejar a mis lectores este día. Presento primero la estrofa de bebida de amor, a vida sin pecado, en amor enamorado. Resume después, de un modo erudito, su vida y obra. Quien sólo se interese por la vida, lea sólo la primera parte; quien se interesa por la experiencia, lea la segunda.

1. En el amor no hay pecado CB 26).

En el Cántico Espiritual B, estrofa 26. En la interior bodega. Ignorancia de amor ha expuesto San Juan de la Cruz la experiencia más honda de una vida sin pecado, en inocencia «original»:

En la interior bodega
de mi Amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.

Esta bebida transforma el entendimiento y juicio de la Amante, haciéndole olvidar lo que sabía (en un nivel de ley), de manera que ella puede saber-saborear el amor inocente, más allá del pecado

1. En la interior bodega.

Parece que hay siete bodegas y que ésta es la más honda, el amor más profundo (cf. Cant 2, 4), que transforma al hombre en Dios:

Y lo que Dios comunica al alma en esta estrecha junta
es totalmente indecible y no se puede decir nada,
así como del mismo Dios
no se puede decir algo que sea como Él,
porque el mismo Dios es el que se le comunica
con admirable gloria de transformación de ella en Él,
estando ambos en uno, como si dijéramos ahora:
la vidriera con el rayo de sol, o el carbón con el fuego
(Coment 26, 4).

El amante queda así transfigurado en el calor y luz de Dios, renaciendo en el vino de Cristo. Esta es la eucaristía teológica, la embriaguez del hombre que nace y crece en la bodega del Amado, al interior del ser divino. En esa línea, los hombres y mujeres (re)nacen al amarse.

2. De mi Amado bebí.

Los hombres “beben de su Amado” (Dios), como los amantes se beben entre sí. Ciertamente, han nacido de unos padres (de una madre); ahora renacen de aquellos que les aman y en ellos viven y así se transforman unos en los otros.

Como la bebida se difunde y derrama
por todos los miembros y venas del cuerpo,
así se difunde esta comunicación de Dios
sustancialmente en toda el alma
o, por mejor decir, el alma se transforma en Dios,
según la cual transformación
bebe el alma de su Dios, según la sustancia de ella
y según sus potencias espirituales; porque
según el entendimiento bebe sabiduría y ciencia,
y según la voluntad bebe amor suavísimo
y según la memoria bebe recreación…
(Coment 26, 5).

Este beber y transformarse en Dios es la eucaristía más honda, que no está hecha de celebraciones aisladas (en momentos especiales), sino de la misma vida de Dios en amor, sobre todas las exigencias moralistas. No nacemos ni vivimos para “merecer el cielo” por las obras buenas, sino para recibir y asumir el don de la vida, el mismo Dios, nuestro cielo.

3. Y cuando salía por toda aquesta vega ya cosa no sabía.

El conocimiento de Dios se vuelve olvido del mundo, como habían destacado los griegos, hablando de la embriaguez o manía religiosa y del río Leteo, hecho de aguas frías o fuego, donde los muertos olvidan lo viejo cuando pasan al mundo interior (inferior o superior) de lo divino:

Aquella bebida de altísima sabiduría de Dios que allí bebió
le hace olvidar todas las cosas del mundo
y le parece al alma que lo que ante sabía
y aún lo que sabe todo el mundo,
en comparación de aquel saber, es pura ignorancia…
(El alma queda así informada de ciencia sobrenatural…
ante la cual) todo el saber natural y político del mundo
antes es no saber que saber
(Coment 26, 13).

4. Y el ganado perdí que antes seguía.

La amante era pastora acompañando y guardando su ganado. “Y de este ganado unos tienen más y otros menos…, hasta que, entregándose a beber en esta interior bodega, lo pierden todo, quedando (como habemos dicho) hechos todos en amor” (Coment 26, 19). Lógicamente, el alma que ha bebido de Dios y se ha embriagado se pierde al mundo viejo, como seguirán destacando las próximas estrofas (CB 27- 29.

Tanto Platón como Filón, judío alejandrino (Vida contemplativa), habían comparado el conocimiento de Dios con una embriaguez. También la amante de SJC ha entrado en la bodega de ebriedad o entusiasmo de amor, que en-ajena al hombre, quedando fuera de sí, en el éxtasis más hondo. Por eso, cuando sale “por toda aquesta vega” de las leyes racionales, programadas de un modo “político”, el hombre enamorado siente y dice que ya no sabe nada.

“La sabiduría de los hombres y de todo el mundo es pura ignorancia”, porque “las mismas ciencias naturales y las mismas obras que Dios hace, delante de lo que es saber a Dios es como no saber, porque donde no se sabe a Dios no se sabe nada” (Coment 26, 13).

En este contexto ha presentado SJC la exigencia de superar una lógica de mundo o de sistema, donde cada cosa se demuestra a partir de lo anterior, en un conjunto bien organizado, en un nivel de juicio.

Aquel endiosamiento y levantamiento de mente en Dios
en que queda el alma como robada y embebida en amor,
toda hecha en Dios, no la deja advertir a cosa alguna del mundo,
porque no sólo de todas las cosas, más aún de sí
queda enajenada y aniquilada,
como resumida y resuelta en amor,
que consiste en pasar de sí al Amado…
Está el alma en este punto en cierta manera
como Adán en la inocencia,
que no sabía qué cosa era mal,
porque está tan inocente
que no entiende el mal, ni cosa juzga a mal,
y oirá cosas muy malas y las verá con sus ojos
y no podrá entender que lo son,

porque no tiene en sí hábito de mal por donde lo juzgar,
habiéndole Dios raído
los hábitos imperfectos y la ignorancia (… del pecado)
con el hábito perfecto de la verdadera sabiduría
(Coment 26, 14).

La hermosura y fuerza del amor pone a la Amante en contemplación directa del Amado, sobre todo conocimiento particular, sobre todo interés, en amor puro y total, de manera que podemos hablar de una experiencia de sublimidad. Por eso, la Amante se encuentra más allá del bien y del mal, no en indiferencia, como si todo le diera lo mismo, sino en sobreabundancia bondadosa, conforme a la palabra de Jesús: “no juzguéis, perdonad…” (Cf. Mt 7, 1).

. APÉNDICE: San Juan de la Cruz (=SJC(, poeta de amor. Vida y obra

Nace en 1542, Fontiveros (Avila), de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. Queda pronto huérfano de padre. Su madre, tejedora de oficio, sin protección familiar ni dinero, busca trabajo en Arévalo (1548) y Medina del Campo (1551), rica ciudad de Castilla. SJC conoce la estrechez y pobreza rigurosa de los pobres de su tiempo.

1559–1563:

Trabaja en el hospital de infecciosos (de enfermedades venéreas) de Medina, entrando así en contacto con la miseria y dureza de la vida. Al mismo tiempo cursa humanidades en el Colegio de la Compañía de Jesús, uno de los centros más prestigiosos de cultura humanista y literaria de su tiempo. Conoce a los clásicos latinos, se familiariza con la poesía renacentista.

1563-1968:

Ingresa en la Orden de los Carmelitas, en Medina (1963), con el nombre de Juan de San Matías. Estudia en la Universidad Salamanca, donde es delegado de estudiantes, interesándose por la espiritualidad y teología bíblica más que por la escolástica. Abandona la Universidad sin acabar los estudios. Se ordena presbítero (1567) y encuentra a Teresa de Jesús.

1568-1877:

Inicia la Reforma del Carmelo masculino en Duruelo y Mancera, junto a Peñaranda (Salamanca), siendo maestro de novicios y rector en Alcalá de Henares. De 1572 a 1577 es Confesor del Monasterio de la Encarnación de Ávila, donde Teresa de Jesús es superiora. Realiza una intensa función de maestro y director espiritual, especialmente de religiosas.

1577-1578:

Acusado de falta de obediencia contra la Orden de los Carmelitas (Calzados) y contra la Iglesia, es recluido en una cárcel conventual de Toledo, de donde se evade a los ocho meses. Vive allí sus más hondas experiencias de amor en soledad y las recoge en sus poemas, especialmente en el Cántico Espiritual, que expresan su madurez personal y le permiten realizar su tarea de maestro de almas.

1578-1591:

Como Prior o Rector de los conventos de Jaén, Baeza, Granada y Segovia y como Definidor de los Descalzos, viaja por las dos castillas, Andalucía y Portugal. Comenta sus poemas y escribe tres libros de iniciación y dirección espiritual. (1) Subida al Monte Carmelo y Noche Oscura (básicamente de 1578 a 1582), que pueden tomarse como dos obras o dos partes de una misma obra. (2) Cántico Espiritual, con dos redacciones: la primera, CA, de 39 estrofas (1584); la segunda, CB, de 40 estrofas (1585-1586) que aquí comentaremos. (3) Llama de amor viva, fue redactada al mismo tiempo que CB (entre 1585-1586); de ella se conservan también dos versiones (LA y LB), realizadas por el mismo SJC.

1591:

Culminada básicamente su producción literaria en 1586, tras haber realizado una obra muy intensa de dirección espiritual y de organización de la Reforma del Carmelo, SJC cae en desgracia ante las nuevas autoridades de la Orden, siendo relegado por los superiores. Quieren destinarle para la fundación de México. Muere en Úbeda (Jaén), el 14 de diciembre de 1591, a los 49 años, pidiendo que lean en su lecho de agonía el Cantar de los Cantares.

Podrían destacarse algunas fechas y datos: hospital de infecciosos, universidad de Salamanca, colaboración con Teresa de Jesús, cárcel en Toledo, organización de la Reforma del Carmelo, dirección espiritual… Viajó mucho, pero fue hombre de acción interior más que exterior, de contacto personal más que de organización. Murió casi fracasado: la Reforma del Carmelo masculino que él había iniciado e impulsado parecía tomar otros caminos de institución y ascesis; pero quedó su testimonio y, sobre todo, quedaron sus libros.

Los libros de San Juan de la Cruz nacieron de su experiencia personal y de su contacto con personas a quienes dirigía y, en general, son un comentario de sus versos. Había escrito y divulgado también otros poemas significativos, por su contenido teológico o espiritual (Romance de la Trinidad, El Pastorcico, La Fonte, Super Flumina Babylonis); pero sólo comentó por escrito tres de ellos, porque le parecían más significativos o porque así se lo pidieron las personas de su entorno:

* La Subida y La Noche empiezan siendo comentarios paralelos de las ocho estrofas del poema En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada… Pero en un caso y en otro, SJC olvida pronto los versos y escribe de hecho un tratado (en dos partes o dos libros) sobre el proceso de purificación de aquellos que quieren encontrar a Dios, esto es, ascender (ser elevados) hasta su presencia.

* El Cántico Espiritual comenta las 39 (CA) o las 40 (CB) estrofas del poema del mismo nombre, donde SJC ofrece una versión nueva del Cantar de los Cantares de la Biblia, en la que se expresa como poeta y analista, creador y hermeneuta del amor enamorado. Siguen influyendo en esta obra las negaciones de Subida y Noche, pero ellas son ahora un presupuesto o medio. Lo que importa es el encuentro de amor.

* La Llama de Amor Viva, que expone y comenta cuatro canciones que empiezan Oh llama de amor viva, / que tiernamente hieres…, es la obra teológicamente más honda de SJC y en ella muestra que al fin sólo importa y queda Dios, como fuego interior que consume y consuma la vida de los hombres. Desaparecen las restantes referencias: no hacen falta purificaciones ni caminos largos. El fuego de Dios lo llena todo.

Estos son los libros. Parecen escritos al azar y, sin embargo, ofrecen una poderosa visión de conjunto de la experiencia de un hombre que ha visto el amor de Dios en la experiencia del amor humano. SJC es poeta de ese amor. Pero, siendo poeta, es también hermeneuta: no sólo dice y despliega en amor su experiencia, sino que la interpreta, desde su visión del cristianismo (de la Biblia) y la cultura de su tiempo. Vive en una época de crisis humana y religiosa, al interior de la gran aventura imperial y colonial de la corona española. Pero esa aventura no le importa, ni tampoco las luchas de católicos contra protestantes, ni la gloria externa de la Iglesia católica. Sólo le importa una cosa: que hombres y mujeres aprendan a querer a Dios y que se quieran.

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Si me quieres…

jueves, 25 de noviembre de 2021
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En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, también podemos decirlo con poesía…

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“Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz y sombra…

Si me quieres, quiéreme negra

y blanca. Y gris, y verde y rubia,

y morena…

Quiéreme día,

quiéreme noche…

¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda… O no me quieras!”

*

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Dulce María Loynaz

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Pero ¿quién es el prójimo que debo amar?

miércoles, 17 de noviembre de 2021
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el-pensador-auguste-rodinDel blog Esperanza radical:

 Realmente, los seres humanos no sabemos de dónde venimos. Sin duda, somos un producto avanzado del universo, tal vez el último eslabón de una larga cadena de evolución que ha hecho aparecer la vida sobre el planeta tierra. Mirando hacia atrás, nos asombra ver que nuestro desarrollo craneal y el inicial despegue de los ecosistemas nos llevó a la condición de seres autónomos, capaces de obrar libremente e incluso de dominar y someter la naturaleza a la conveniencia propia. Y tampoco sabemos adónde vamos, pues un gran misterio envuelve nuestro inexorable destino, al que solo podemos enfrentarnos armados de esperanza ciega, radical. Y, desde luego, no nos conocemos a nosotros mismos, pues no somos conscientes de la envergadura del potencial que nos otorga nuestra condición humana, razón por la que sería muy aventurado, pongamos por caso, vaticinar cómo serán, comparados con nosotros, los hombres que vivan dentro de mil años. Nuestras hazañas se han limitado a ir arañando, pasito a paso, gotas de verdad al universo del que formamos parte, pero es tanto lo que nos queda por descubrir que los más introducidos en el tema hablan de que todavía no hemos llegado a conocer ni el 5% de su contenido.

Por todo ello, debemos confesar, abierta y humildemente, que no sabemos a ciencia cierta de dónde venimos, adónde vamos y quiénes somos. Pero no hay duda alguna de que venimos de algún lugar (entidad) y de que somos un algo (entidad) que camina hacia algún destino (entidad), y es que el ser que somos, diametralmente opuesto a la nada de la que solo podemos servirnos como concepto dialéctico, jamás podrá identificarse con ella. Mucho peor lo tienen nuestros congéneres, los demás animales, que ni siquiera pueden plantearse tan entretenidas cuestiones y cuyo periplo vital les obliga a limitarse a nacer, a vivir comiendo y a procrearse copulando para, finalmente, morir sin ni siquiera tener conciencia de ello. Sin embargo, es muy curioso que, en el cúmulo de ignorancias referidas a nuestro entorno y a nosotros mismos, haya “palabras que quedarán en la memoria”, tal como nos asegura el libro del Deuteronomio en el texto recogido en la primera lectura de la liturgia de este domingo, y también es curiosa, por su claridad y contundencia, la sublime respuesta de Jesús al escriba que le pregunta cuál es el primer mandamiento, recogida en el relato del evangelio de hoy. Choca que, ignorando tanto sobre nosotros mismos, haya verdades a las que podamos asirnos y, sobre todo, que nos conste con meridiana claridad cuál es el primer y único mandamiento por el que deben regirse nuestras vidas.

Por lo demás, subrayemos el contraste entre el texto de Hebreos de la segunda lectura de hoy y el que comentamos el domingo pasado en relación a Jesús como sumo sacerdote. El texto de hoy, rebasando la cicatería del anterior, nos lo presenta sin limitación ni debilidad alguna, pues dice de él que es “santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo”. De este sumo sacerdote sí que podemos decir, con el salmo, que es nuestra roca, nuestro alcázar, nuestro libertador, nuestra peña, nuestro refugio, nuestro escudo, nuestra fuerza salvadora y nuestro baluarte, sirviéndonos de un lenguaje que trasluce un fondo bélico en el que Dios interviene como gran valedor y defensor de su pueblo.

Sin salirse del contexto de fortaleza y perfección que le son propias, el evangelio de hoy nos lleva afortunadamente a otro escenario para mostrarnos un Jesús sabio, menos alambicado y muchísimo más cercano, a la hora de entablar un diálogo fluido y abierto que le permite el acercamiento y la conversación llana y directa con el escriba ansioso de claridad. Frente a la dificultad de establecer una jerarquía entre los muchos mandamientos que contiene la ley, Jesús sorprende a su interlocutor con una respuesta asombrosa que pulveriza toda posible jerarquización, pues simplifica maravillosamente la complejidad legislativa al hacerla confluir en la dirección del mandamiento más coherente y de sentido común que cabe imaginar: “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”, mandamiento que lleva adosada, como reflejo o como proyección, la obligación de amar “a tu prójimo como a ti mismo”.

El peso del propio egoísmo nos impide muchas veces no solo ponernos en el lugar del otro, lo que ciertamente es difícil, sino también identificarnos con él, lo que requiere incluso una buena dosis de heroísmo. Pero, por difícil que resulte, esa es la clave del proceder cristiano, claramente reflejada en el único mandamiento válido, el del amor que, a través del prójimo, nos lleva a Dios. Asombra ver la cantidad de cosas que los humanos especulamos a la hora de referirnos al cristianismo, rompiéndonos la cabeza con sus contenidos dogmáticos, y, sobre todo, la obsesión que tenemos con el tema de la “verdad”, y, más en particular, la cantidad de tácticas pastorales que proyectamos para que el mensaje de Jesús, su pan de vida y su bebida de salvación, sirva de alimento también a los seres humanos de nuestro tiempo. Y, sin embargo, el único mandamiento a que Jesús se atiene, que engloba cuanto es el cristianismo y lo que los cristianos debemos hacer, se limita a algo tan claro y simple como amar a Dios con todas nuestras fuerzas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Invito a los seguidores de este blog a reflexionar hoy en profundidad sobre tan clara y bella “verdad” para despejar su mente e inyectar energía a su corazón. Estoy seguro de que, de hacerlo, se sentirán felices, sensación difusa de seguridad y bienestar que, desgraciadamente, tantas veces nos conduce por senderos equivocados y que con frecuencia nos despeña en los acantilados que nos salen al paso. Todos buscamos ansiosamente la felicidad. ¿Alguien podría medir de alguna manera la fuerza y el empuje del instinto de supervivencia y el tesón con que procuramos no solo evitar cuanto nos hiere, sino también conseguir todo aquello que nos place?

Me refiero al amor incondicional que nos profesamos a nosotros mismos, al trabajo que realizamos en el ancho campo de continua acción benevolente que somos. Podría decirse que nos amamos a nosotros mismos hasta los tuétanos. Pues bien, ese es precisamente el amor con que el mandamiento divino, rubricado por Jesús, nos dice que debemos amar a nuestro prójimo, sabiendo que nuestro prójimo es todo ser humano sin excepción, un ser que nos rodea por todas partes y que indefectiblemente se nos muestra necesitado de amor. Pero amar al prójimo, sobre todo con la intensidad con que lo hacemos a nosotros mismos, no es fácil, pues requiere un gran esfuerzo y un sufrido sacrificio que, como recompensa, nos deparan la grata sorpresa de descubrir que el amor a nosotros mismos solo se nutre del amor al otro, igual que el amor que debemos a Dios solo se concreta en el que profesamos a quienes nos reflejan su rostro, nuestros semejantes. Y así, el prójimo no solo es el único aeropuerto desde el que podemos despegar hacia Dios, sino también el único huerto que podemos cultivar para alimentarnos nosotros mismos. Los cristianos nunca deberíamos olvidar que todos los seres humanos formamos un único cuerpo, “el cuerpo místico” del que Jesús es la cabeza.

Ramón Hernández Martín

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Amor

martes, 16 de noviembre de 2021
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Del blog Nova Bella:

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La plenitud del amor al prójimo consiste en ser capaz de hacer una pregunta a los demás:

¿cuál es tu tormento?


*

Simone Weil

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