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Thomas Merton y Teresa de Lisieux (La Pequeña Flor)

Viernes, 10 de noviembre de 2023
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“El gran regalo que se me dio, ese octubre, en el orden de la gracia, fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo; pero para hacer tal cosa necesitaría un libro entero, y aquí sólo puedo disponer de unas pocas líneas.

Descubrir un nuevo santo es una maravillosa experiencia. Pues Dios se magnifica grandemente y se hace maravilloso en cada uno de Sus santos. No hay dos santos iguales; pero todos ellos son como Dios, como El de un modo diferente y especial. De hecho, si Adán nunca hubiese caído, toda la raza humana habría sido una serie de imágenes magníficamente diferentes y espléndidas de Dios, cada uno de todos los millones de hombres exponiendo Sus glorias y perfecciones de un modo asombrosamente nuevo, cada uno brillando con su santidad particular, una santidad destinada a Él desde toda la eternidad como la perfección sobrenatural más completa e inimaginable de su personalidad humana.

 Si, desde la caída, este plan nunca se realizara en millones de almas, millones frustrarán ese destino glorioso suyo, ocultarán su personalidad en una corrupción eterna de deformidad, sin embargo, reformando Su imagen en almas desfiguradas y medio destruidas por el mal y el desorden, Dios hace las obras de Su sabiduría y amor lo más sorprendentemente bellas por razón del contraste con el medio en que Él no desdeña operar.

Nunca fue, ni pudo ser, sorpresa para mí que se encontraran santos en la miseria, dolor y sufrimiento de Harlem, en las colonias de leprosos como Molokai del padre Damián, en los barrios bajos del Turín de Juan Bosco, en los caminos de Umbría de la época de San Francisco, o en las ocultas abadías cistercienses del siglo doce, o en la Cartuja Mayor, o la Tebaida, la cueva de Jerónimo (con el león haciendo guardia a su biblioteca), o el pilar de Simón. Todo esto era evidente. Estas cosas eran reacciones fuertes y poderosas en edades y situaciones que exigían heroísmo espectacular.

Pero lo que me asombraba completamente era la aparición de una santa en medio de la fealdad y mediocridad hinchada, aterciopelada, superdecorada y cómoda de la burguesía. Teresa del Niño Jesús era carmelita, es verdad; pero lo que llevó al convento consigo fue una naturaleza formada y adaptada al fondo y mentalidad de la clase media francesa de finales del siglo diecinueve, más complaciente y aparentemente inmutable, de lo cual nada podía imaginarse. Lo que parecía más o menos imposible para la gracia era penetrar en la costra espesa y elástica de la presunción burguesa y asir reamente el alma inmortal de debajo de aquella capa, a fin de hacer algo de ella. En el mejor de los casos, pensaba yo, tales gentes pudieran resultar inocuos pedantes, ¿pero de gran santidad? ¡Nunca!

En realidad, un pensamiento tal era un pecado contra Dios y mi prójimo. Era una subestimación blasfema del poder de la gracia, un juicio extremadamente poco caritativo sobre toda una clase de gente, con fundamentos poco meditados, generales y algo nebulosos: ¡aplicando una gran idea teórica a cada individuo que cae dentro de una cierta categoría!

Primero me interesé en Santa Teresa de Lisieux, leyendo el sentido libro de Ghéon sobre ella: un afortunado principio. Si hubiese dado con alguna otra literatura de la Florecita que anda circulando, la débil chispa de devoción potencial en mi alma se habría apagado al momento.

Merton

No obstante, apenas tuve una débil impresión del carácter real y de la real espiritualidad de Santa Teresa, cuando inmediata y fuertemente me sentí atraído a ella … una atracción que era obra de la gracia, puesto que, como digo, me hizo franquear de un salto miles de obstáculos y repugnancias psicológicas.

Y he aquí lo que me sorprende como lo más fundamental de ella. Llegó a santa no desertando de la clase media, no abjurando, despreciando y maldiciendo la clase media, o el ambiente en que había crecido; por el contrario, se pegó a él en tanto puede pegarse una persona o tal cosa y ser una buena carmelita. Conservó todo lo que era burgués en ella y todavía no incompatible con su vocación: su afecto nostálgico por una graciosa quinta llamada “Les Buissonnets”, su gusto por el arte completamente almibarado, por los angelitos de azúcar y santos de pastel jugando con corderos tan suaves y vellosos que literalmente crispan los nervios a la gente como yo. Escribió una serie de poemas que, sin importar lo admirable de sus sentimientos, se basaban ciertamente en los modelos populares más mediocres.

Para ella habría sido incomprensible que alguien pensara que estas cosas eran feas o extrañas, y nunca se le ocurrió que tuviera que abandonarlas, aborrecerlas, maldecirlas o enterrarlas bajo un montón de anatemas. Y no sólo llegó a ser santa, sino la mayor santa que ha tenido la Iglesia en trescientos años… Aun mayor, en ciertos aspectos, que los dos tremendos reformadores de su orden: San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila.

El descubrimiento de todo esto fue, en verdad, una de las humillaciones más grandes y saludables que he tenido en mi vida. No digo que cambiara mi opinión de la presunción de la burguesía del siglo diecinueve, ¡Dios no lo quiera! Cuando algo es repulsivamente feo, es feo, y así es. No me encontré llamando bello lo exterior de esa cultura fantasmagórica. Pero tenía que admitir que, en cuanto a santidad se refería, toda esa fealdad exterior era, per se, del todo indiferente. Y, más aun, como todos los males físicos del mundo, podía servir muy bien, per accidens, de ocasión o hasta de causa secundaria de un gran bien espiritual.

El descubrimiento de un nuevo santo es una experiencia tremenda, tanto más porque es completamente distinto del descubrimiento peliculero de una nueva estrella. ¿Qué puede hacer fulano con su nuevo ídolo? Mirar su fotografía hasta que le dé vértigo. Eso es todo. Pero los santos no son objetos inanimados de contemplación. Se hacen nuestros amigos, participan de nuestra amistad, la corresponden y nos dan inequívocas muestras de su amor por nosotros mediante las gracias que recibimos a través de ellos. Así, ahora que tenía esta gran amiga nueva en el cielo, era inevitable que la amistad empezara a tener su influencia en mi vida.

Lo primero que Teresa de Lisieux podría hacer por mí era encargarse de mi hermano, a quien puse bajo su tutela rápidamente, porque ahora, con vertiginosidad característica, había cruzado la frontera del Canadá, y me había dicho por correo que se encontraba en las Reales Fuerzas Aéreas Canadienses.

No era una gran sorpresa para nadie. Como se le acercaba el tiempo de ser reclutado, empezaba a hacerse claro que iría a donde fuere con tal de no entrar en la infantería. Finalmente, cuando estaba a punto de ser llamado, se había ido al Canadá, a alistarse voluntariamente de aviador. Puesto que el Canadá ya hacía tiempo que estaba realmente en la guerra, y sus aviadores entraban rápidamente en acción, donde eran grandemente necesitados, en Inglaterra, era muy evidente que las probabilidades de John Paul para sobrevivir una guerra larga eran muy escasas. Por lo que yo podía colegir, él entraba en las fuerzas aéreas como si pilotear un bombardero no fuera más peligroso que conducir un coche.

 Ahora estaba acampado en algún lugar cerca de Toronto. Me escribió, con alguna esperanza vaga de que, como él era fotógrafo, pudieran mandarlo de observador para sacar fotos de las ciudades bombardeadas, hacer mapas y demás. Pero entretanto, hacía servicio de guardia, a lo largo de una gran valla de alambre. Y envié a la Florecita de centinela para que cuidara de él. Cumplió bien el encargo.

Pero las cosas que sucedieron en mi vida, antes de que hubiesen transcurrido dos meses, también llevaban la huella de su intervención…”.

*

Thomas Merton

(Fragmento de “La montaña de los siete círculos”)

***

 

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“¿Cuestionar algunas bendiciones?”, por Gabriel María Otalora

Viernes, 10 de noviembre de 2023
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EBC1D11F-45DF-468F-B9AE-AD40B9BE2F12Foto publicada por la Diócesis de Aquisgrán para promover las bendiciones para las parejas en torno al Día de San Valentín

De su blog Punto de Encuentro: 

Sobre todo, las homosexuales

Se ha puesto en cuestión la bendición a ciertas personas y colectivos. Incluso llegando a cuestionar al mismo Papa Francisco por estar abierto a la bendición de las uniones homosexuales: ha tenido que responder a las “dudas” de cinco cardenales conservadores expresadas en una carta muy torticera, que me ha recordado a las preguntas envenenadas que los fariseos le hicieron a Jesús.

Pero Francisco opina que la caridad pastoral exigeno tratar sin más de ‘pecadores‘ a otras personascuya culpabilidad o responsabilidad pueden estar atenuadas por diversos factores que influyen en la imputabilidad subjetiva. Muy en línea con su exhortación Amoris Laetitia, que por causa de ella también ha sido duramente cuestionado en una ´Correctio filialis de haeresibus propagatis’, es decir, ‘Una corrección filial con respecto a la propagación de herejías’, donde sus interpelantes le acusan a Francisco de sostener nada menos que 7 posturas heréticas en referencia al matrimonio, la vida moral y la recepción de los sacramentos, así como de propalar opiniones heréticas.

 En paralelo, los obispos flamencos permiten la bendición a parejas del mismo sexo basándose, precisamente, en su interpretación de ciertos pasajes de Amoris Laetitia, donde el Papa afirma, entre otras cosas, “que toda persona, independientemente de su orientación sexual, debe ser respetada en su dignidad y acogida con respeto” (AL 250). Y leo también que los sacerdotes católicos que dan su bendición nupcial a las parejas homosexuales en Alemania lo hacen desde el mensaje de que ´el amor vence‘.

En el fondo subyace la consideración de relaciones pecaminosas a las parejas homosexuales por serlo, da igual si son egoístas o llenas de amor y entrega. Yo quiero especificar un poco más y poner la pluma en la llaga de las relaciones de personas del mismo sexo que son cristianas, que se aman entre sí y a la vez tratan de seguir el camino del Evangelio. Incluso me refiero a quienes se aman ejemplarmente, y no son necesariamente cristianos.

No creo que podemos negar que dichas parejas tengan capacidad y voluntad de amarse, de entregarse con amor regalado y sincero. La primera conclusión que cae por su peso es que el amor verdadero, ¡nunca puede ser pecado! Se podrá comparar, opinar sobre el hecho mismo de las opciones no heterosexuales, pero donde hay amor, allí está Dios. Esta afirmación es un axioma que ilumina todo el Evangelio.

La siguiente puntualización es que el pecado nunca es objetivo; no puede serlo. Tienen que darse subjetividades varias para que la conducta sea moralmente reprobable. Ocurre hasta en los ordenamientos jurídicos, que una cosa es la norma fría y otra su aplicación en cada caso, condicionada totalmente por la subjetividad -y la influencia del contexto del hecho o la omisión- de la persona encausada. No parece de recibo que haya personas católicas que todavía considere las relaciones entre personas del mismo sexo “objetivamente pecaminosas”.

Hay una tercera puntualización a las convicciones de algunos expertos en el Dios cristiano, sobre que la homosexualidad es una enfermedad. Si damos por válida esta afirmación, que es mucho afirmar, tampoco sería pecado. No existe ninguna disposición moral que dictamine una enfermedad como pecado: o es una “desviación enfermiza”, o es pecado. Considerar las dos posibilidades conjuntamente, indica lo muy superficial de los argumentos de quienes los enarbolan.

Si reflexionamos todo esto en positivo, bendecir a alguien significa desearle el bien. Es lo que hizo Jesús durante toda su vida pública, especialmente con quienes estaba excluidos social y religiosamente, sufriendo un calvario anímico. Él les consideró, les escuchó y les bendijo.

Jesús acogía a pecadores y les deseaba el bien. Y en lugar de quedarse en el ejemplo, nos exhortó a bendecir a los que nos maldicen, yendo todavía más lejos cuando añade el imperativo “amad a vuestros enemigos” (Mt 5, 44-48). Cuánto más bendecir a quienes se aman.

Aceptar una bendición presupone una buena intención por parte de quien la recibe. Y cuando se afirma que dichas bendiciones colisionan y van en contra del orden de la creación de Dios, como se ha afirmado por Congregación para la Doctrina de la Fe (cardenal Ladaria), entonces hay que colegir que el mismo Jesús de Nazaret está bajo sospecha, a tenor de sus propias manifestaciones recogidas por el Evangelio de Mateo, que acabamos de señalar, aunque hay muchas otras similares. Tan es así que le mataron los expertos en la Ley religiosa de entonces. Solo Dios sabe lo que Jesúshubiera durado vivo hoy con aquél mensaje, que es el nuestro al decirnos sus seguidores.

¿Por qué las parejas homosexuales con relaciones sexuales duraderas, vividas con amor verdadero, y monógamas, no pueden recibir una bendición cristiana de Dios Amor?

En definitiva, que vivir el amor sincero y honesto no puede ser pecado. Aunque los expertos afirmen que, técnicamente, otras formas de amor sean más plenas y consideren cuestionable el amor homosexual en pareja. Yo vivo un matrimonio heterosexual feliz, con mi mujer, pero no se me ocurre condenar a nadie de buena voluntad que vive su amor como realmente lo siente su conciencia y su ser, y menos todavía si siguen a Cristo ¡y piden la bendición! A tenor de todo lo anterior, si una ley choca con el amor sincero y verdadero, habrá que revisar la ley; desde luego que lo que no es de revisar es la esencia acogedora y sanadora del amor que impregna el Evangelio.

 

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¿Es la Iglesia una “familia”?

Viernes, 10 de noviembre de 2023
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unnamedTravis LaCouter

La publicación de hoy es parte de la serie de reflexiones teológicas de Bondings 2.0 sobre cuestiones LGBTQ+ y el Sínodo sobre la Sinodalidad, que se publicará cuando la Asamblea General del Sínodo se reúna en el Vaticano este mes. Para conocer toda la cobertura del Sínodo de Bondings 2.0, incluidos los informes de Roma, haga clic aquí.

La publicación de hoy es de Travis LaCouter, quien actualmente es investigador postdoctoral en KU Leuven, donde su investigación se centra en la disidencia y la contestación normativa en la Iglesia Católica Romana. Tiene títulos de Oxford y Holy Cross, y sus escritos se pueden encontrar en Commonweal, U.S. Catholic Magazine y Los Angeles Review of Books.

A principios de este mes, durante el retiro previo al Sínodo del Vaticano, el P. Timothy Radcliffe, OP, ofreció una serie de reflexiones espirituales sobre temas como “autoridad”, “esperanza” y “amistad”. Todas las reflexiones de Radcliffe (que están reunidas aquí) son característicamente humanas, desafiantes y teológicamente ricas, y ayudan a iluminar la “espiritualidad para la sinodalidad”, que es sin duda un aspecto esencial del camino actual de la Iglesia.

En su segunda reflexión, el P. Radcliffe adoptó la imagen de “la Iglesia como nuestro hogar”, o como una especie de “familia”. “Cada criatura viviente necesita un hogar para prosperar”, dijo Radcliffe, “un lugar en el que seamos aceptados y desafiados“. Las familias inevitablemente deben sortear desacuerdos, dijo Radcliffe, pero en última instancia, “el hogar es el lugar donde somos conocidos, amados y seguros […]”. Se puede encontrar un lenguaje similar en todos los documentos del Sínodo (por ejemplo, ver el Documento de Trabajo, §29, 68, etc.) y en comentarios relevantes de la prensa católica. Pero vale la pena cuestionar nuestro uso de este lenguaje, por muy intuitivo que parezca al principio.

Por supuesto, el lenguaje de la iglesia como familia no es nuevo ni exclusivo de la Iglesia católica. En su obra clásica de 1980, Metaphors We Live By, George Lakoff y Mark Johnson sostienen que dependemos de las metáforas para estructurar nuestra experiencia cotidiana de la realidad: “Una discusión es como una guerra”, “El tiempo es dinero”, “El cuerpo es un templo”: estos y otros atajos metafóricos nos ayudan a comprimir, combinar y cotejar ideas para que no tengamos que empezar a pensar desde cero cada vez que abrimos la boca. En un estudio posterior, Lakoff argumentó que la metáfora de la familia en particular es crucial para la forma en que concebimos nuestras divisiones políticas fundamentales (con los conservadores atraídos por los arquetipos del “padre estricto” y los liberales prefiriendo un ideal de “padre protector”).

Pero las metáforas también pueden ser peligrosas porque limitan nuestra imaginación sobre lo que es posible y ocultan aspectos importantes de las cosas a las que se refieren. Así, Lakoff y Johnson advierten que “operar sólo en términos de un conjunto consistente de metáforas es ocultar muchos aspectos de la realidad”. Esta advertencia parece aplicarse al lenguaje de la Iglesia sobre sí misma como “hogar” o “familia”. Esto se debe a que, decididamente, la Iglesia no siempre es un lugar donde somos “conocidos, amados y seguros”, ni tampoco lo es la familia.

El estatus y la dignidad de las personas LGBTQ ha sido un tema recurrente en las reuniones sinodales de todo el mundo; de modo que tal vez las experiencias de esas personas puedan ayudar a sugerir algunas de las deficiencias de estas metáforas de “familia” y “hogar”. Para empezar, como muestran más de una década de datos de encuestas, los jóvenes LGBTQ están significativamente sobrerrepresentados entre los jóvenes sin hogar. Además, según un estudio de 2012 del Instituto Williams, las razones más frecuentes que dieron los jóvenes LGBTQ cuando se les pidió que explicaran su falta de vivienda tenían que ver con haber sido obligados a abandonar sus hogares o tener que huir de ellos como resultado del “rechazo familiar”. (que podría incluir abuso físico, emocional o sexual, así como negligencia financiera o emocional). Y un informe de 2014 de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA) encontró que los adultos jóvenes LGBTQ que previamente habían enfrentado el rechazo familiar tenían muchas más probabilidades de intentar suicidarse, contraer el VIH y lidiar con el abuso de sustancias en el futuro.

El objetivo de esta sombría letanía es sugerir que las metáforas de “hogar” y “familia” no pueden ser invocadas inocentemente por una Iglesia que busca dar la bienvenida a las personas LGBTQ. El hogar puede ser un lugar de profundo daño y las familias pueden sufrir heridas como nadie más. Trágicamente, hoy en día muchas personas queer todavía deben encontrar su sentido de aceptación y seguridad más allá del hogar, en lugar de dentro de él. ¿Qué puede ser la Iglesia para esas personas? Es de esperar que parezca algo radicalmente diferente de lo que sus familias pudieron proporcionar.

Como mínimo, si quiere ser como una familia de una manera que modele y represente el amor de Dios en el mundo, entonces la Iglesia tendrá que empezar por reconocer el daño que ha infligido a aquellos a quienes ha expulsado, y trabajar para transformar ese daño en curación. En el informe SAMHSA citado anteriormente, una madre que no acepta a una niña gay dice lo siguiente:

“Cuando apoyo la cabeza en la almohada por la noche, pienso en mi hija y solo espero que esté a salvo. No sé dónde está. No he sabido nada de ella desde que la eché de casa cuando me dijo que era lesbiana. No sabía qué hacer. Ojalá hubiera actuado de otra manera. Daría cualquier cosa por poder cambiar eso ahora”.

¿Puede una Iglesia sinodal hacer la misma confesión?

En última instancia, el problema no es sólo que “la Iglesia actual no parece ser un hogar seguro” para muchos, como reconoció Radcliffe en su reflexión. Es que la idea de “hogar” o “familia” todavía no logra captar el tipo de comunidad que la Iglesia está verdaderamente llamada a ser. Como argumentó recientemente Nicolete Burbach en este blog, lo que la Iglesia debería lograr no es simplemente una “inclusión” queer sino más bien una “liberación”: liberación del sistema de sanciones y “castigos sociales” que distingue entre formas de vida aceptables e inaceptables. La experiencia de muchos jóvenes queer es que la familia es el lugar donde se sienten por primera vez tales sanciones y castigos. Por lo tanto, la Iglesia debe ser capaz de imaginarse a sí misma en términos que vayan más allá de la dicotomía “padre estricto” versus “padre permisivo”; de lo contrario, en realidad no somos más que facciones conservadoras y liberales que luchan por el control de la estructura de poder eclesial.

Sin embargo, si somos una comunidad escatológica que camina junta por gracia hacia un fin que ninguno de nosotros comprende ni controla completamente, entonces nuestra fe no puede reducirse, al final, a ninguna metáfora adecuada. El Sínodo es una oportunidad para renovar esta fe peregrina. Pero para hacerlo debemos negarnos a comprometer las posibilidades trascendentes de nuestra esperanza en Aquel que “hace nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5), incluso rehaciendo la Iglesia en algo nuevo y más liberador que nuestras limitadas experiencias del hogar y la familia. .

—Travis LaCouter, 27 de octubre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Molly Houses: así eran los clubes LGTB secretos del siglo XVIII

Viernes, 10 de noviembre de 2023
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Molly House (English Edition)

Hasta 1861 el sexo gay era un delito capital en Inglaterra, lo que obligaba a las personas LGTB a salir de la vida pública. Sin embargo, incluso durante el entorno extremadamente hostil anterior a la derogación, se crearon ‘Molly Houses‘, a menudo cafeterías, pubs o tabernas, donde podían reunirse y socializar.

Molly Houses, que lleva el nombre del término de la jerga molly, que generalmente se usaba para referirse a hombres afeminados y homosexuales, se convirtió rápidamente en el lugar de encuentro de los hombres gays (y algunas mujeres de vez en cuando) en la Inglaterra del siglo XVIII.

En los registros judiciales de un juicio por sodomía en 1724, un policía llamado Joseph Sellers que visitó una Molly House informó haber visto «un grupo de hombres tocando el violín, bailando y cantando canciones obscenas, besándose y usando las manos de una manera muy indecorosa».

Lo que queda claro de los informes de la época, generalmente de los testimonios brindados en casos judiciales, son los rituales simulados que realizaban los Mollies. Desde adoptar una personalidad femenina, junto con un nombre y gestos femeninos, hasta travestirse en las Noches de Festival y realizar simulacros de nacimientos y matrimonios.

Muchos de los encuentros y rituales sexuales eran de naturaleza cómica y tenían como objetivo hacer una mascarada de convenciones heterosexuales y parodiar los modales aristocráticos.

IMG_1076«Eran un foro para la comedia y la actuación, donde se cuestiona toda la idea de lo que es verdadero y natural», explica Matt Cook, el primer profesor de Historia LGTBQ+ del Reino Unido en la Universidad de Oxford. «Cumplieron una función importante para que la gente jugara con las convenciones, los rituales y explorara, tuviera relaciones sexuales y socializara».

Ubicada en Field Lane en Holborn, en el centro de Londres, la Casa Molly de Mother Clap fue posiblemente la casa Molly más conocida e infame del Londres del siglo XVIII. Dirigido por Margaret ‘Mother’ Clap, este lugar acogía regularmente a decenas de hombres y se colocaban camas en todas las habitaciones, gracias a Mother Clap.

La popularidad de Mother Clap’s acabaría siendo su ruina, ya que un miembro de la puritana Sociedad para la Reforma de las Costumbres, Samuel Stevens, entró de incógnito en el club para exponer a los clientes.

Después de visitar Mother Clap’s el 14 de noviembre de 1725, Stevens dijo que vio a hombres haciendo el amor y besándose de manera lasciva. “Luego se levantaban, bailaban, hacían reverencias e imitaban las voces de las mujeres. Luego se abrazaban, jugaban, jugaban y salían en parejas a otra habitación del mismo piso, para casarse, como lo llamaban.

IMG_1078Agentes de policía llegaron a Mother Clap’s en febrero de 1726, bloquearon todas las salidas y arrestaron a cuarenta hombres. Si bien la mayoría fueron liberados por falta de pruebas, la propia Mother Clap y un puñado de clientes recibieron multas y sentencias de prisión y fueron puestos en la picota.

Tres invitados, Gabriel Lawrence, William Griffin y Thomas Wright, fueron declarados culpables de sodomía y ahorcados el 9 de mayo de 1726.

Todavía existía la sensación de que se trataba de un acto más que de una identidad. No sabemos realmente qué pensaban de sí mismas las personas que fueron a Molly Houses”, explica.

Si bien hay menciones de hombres de clase alta que visitan Molly Houses o viven en barrios marginales, Cook advierte contra ver Molly Houses como entornos utópicos, donde las diferencias de clase en la Inglaterra del siglo XVIII simplemente desaparecieron.

Fuente Oveja Rosa

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El homófobo cardenal Müller critica a Francisco y dice que James Martin estaba en el Sínodo para hacer propaganda LGTBI

Viernes, 10 de noviembre de 2023
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Conference for priests at the Pontifical Lateran University in Rome March 11. Pictured: Bishop Gerhard Muller of Regensburg, Germany. (CNS photo/Paul Haring)Gerhard Muller (CNS photo/Paul Haring)

El cardenal Gerhard Müller ha concedido una entrevista a la Nuova Bussola Quotidiada en la que critica duramente la primera parte del Sínodo sobre sinodalidad. El purpurado afirma que no es realmente un sínodo de obispos, condena que se hizo mucha propaganda LGTBI y afirma que todo el clero fue objeto de constante ataque, incluido de parte del Papa,  que se busca llegar al modelo del cristianismo protestante.

Se han perdido los criterios de la eclesiología católica, (…) no se dice abiertamente, pero el camino emprendido es el de la protestantización”. El balance que hace el cardenal Gerard L. Müller del Sínodo sobre la sinodalidad recién concluido es apocalíptico, como es habitual en él, sin la más mínima autocrítica con respecto a su anterior etapa inquisitorial ni al papel homófobo del pontificado del pastor alemán Benedicto XVI, causa del actual desprestigio católico.

El antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe participó en el Roma Life Forum, un evento de dos días organizado por LifeSiteNews, del cual fue ponente. En su intervención, el cardenal Müller afirmó, , que es una pura ilusión pensar en “modernizar la verdad del Evangelio con la ayuda de filosofías relativistas o antropologías ideológicamente corrompidas. Basta con ver las realidades locales donde prevalece esta teología progresista: seminarios vacíos, la desaparición de la vida monástica, el abandono de los fieles. Por ejemplo, en Alemania se han perdido 13 millones de católicos en 50 años, pasando de los 33 millones de 1968 a los 20 millones en 2023. Con este Sínodo se ha querido cambiar la estructura jerárquica de la Iglesia, se toma como modelo la iglesia anglicana o protestante, pero lo que vemos es que la sinodalidad destruye la colegialidad”.

Entrevista

– Eminencia, ¿qué entiende usted por cambio en la estructura de la Iglesia?

Simplemente que cuando el Papa convocó a los laicos cambió la naturaleza del Sínodo, que en cambio nació como expresión de la colegialidad de todos los obispos con el Papa. No es sólo el Papa quien gobierna la Iglesia, como pretenden hoy algunos aduladores del Papa Francisco, sino que también los obispos locales tienen responsabilidad sobre toda la Iglesia. Esta es la razón por la que Pablo VI, implementando el Concilio Vaticano II, estableció el Sínodo.

– Podría parecer una simple reforma para realzar el papel de los laicos….

… En realidad, ignora el sacramento del Orden, que no es sólo una función de servicio, sino una institución directa y especial de Jesucristo. Él constituyó la Iglesia con su jerarquía. Apelar al sacerdocio universal, de todos los creyentes, en este caso es una forma de negar esta estructura querida por Cristo. Todos los creyentes han recibido el Espíritu Santo, pero los obispos han recibido la consagración para gobernar y santificar la Iglesia. Si se quiere hablar con los laicos, bien, hay otros instrumentos, por ejemplo la Comisión Teológica Internacional. O se pueden crear otras instituciones ad hoc, no hay problema, pero el Sínodo tiene otra naturaleza y el Papa no puede cambiar la estructura sacramental de la Iglesia. No puede dar autoridad episcopal a alguien que no es obispo.

– ¿Por eso criticó también la disposición de que los obispos no lleven la sotana de hilo durante los trabajos del Sínodo?

La cuestión del hábito puede parecer un detalle insignificante, pero apunta a la postura que he mencionado antes. La comodidad no es un criterio: cuando voy a una boda, no voy vestido como iría a la playa, sería más cómodo pero no adecuado a la circunstancia. Un sínodo, como un concilio, es una liturgia, un culto a Dios, no una asamblea cualquiera. Así que hasta el vestido dice en lo que se ha convertido el sínodo, en un diluvio de cháchara.

– Aquí, por cierto, ya que el tema era la sinodalidad, ¿qué se discutió realmente?

En realidad, después de tantas discusiones, nadie sabe qué es la sinodalidad. Se habló de tantas cosas, en las mesas estaban los “facilitadores” que daban los temas día a día haciendo preguntas, pero el debate también fue muy congelado, tiempo limitado para las intervenciones (tres minutos) y todo fue grabado. Cada uno de los participantes tenía un monitor delante y cada intervención era grabada, incluso en vídeo. Luego ese continuo “hay que escucharse”, nadie quería hacer el papel de “alborotador”, en definitiva había una domesticación. Y también para la plenaria, muchos obispos estaban decepcionados, se quejaban del bajo nivel de las intervenciones; y luego no se pueden tratar temas teológicos con emociones.

– ¿Puede poner un ejemplo?

Llega un testimonio, una mujer habla de alguien cercano a ella que se suicidó porque era bisexual, y dice que el párroco la había condenado por su bisexualidad. E inmediatamente después viene la otra intervención: aquí, es la prueba de que la Iglesia debe cambiar de doctrina. En resumen, al final la culpa es de la doctrina de la Iglesia, es decir, de Dios que creó al hombre y a la mujer. ¿Cómo se abordan cuestiones así? Ahora bien, los LGBT se erigen en verdaderos intérpretes de la Palabra de Dios, pero transmiten una antropología perversa, falsa: no se interesan por las personas, por su salvación, sino que instrumentalizan a las personas con problemas para afirmar su ideología. Quieren destruir la familia y el matrimonio.

– A este respecto, usted ya ha declarado que al final este Sínodo sólo quería promover la agenda LGBT y el diaconado femenino. ¿Qué le ha dado esta impresión?

Porque se habló mucho de esto y muy poco de los temas esenciales de la fe, es decir, la Encarnación, la salvación, la redención, la justificación, el pecado, la gracia, la naturaleza humana, el fin último del hombre, la dimensión trinitaria y eucarística de la Iglesia, las vocaciones, la educación. Estos son los verdaderos desafíos, como lo es la difusión de una gran violencia, de aquellos que la justifican en nombre de Dios, como los fundamentalistas musulmanes. De esto nada, en cambio tantos discursos sobre la homosexualidad, y todos unilaterales.

– En cuanto al resto, basta ver a los invitados…

Exacto. ¿Por qué no se invitó a personas que fueron practicantes homosexuales y luego recuperaron su heterosexualidad, y que han escrito libros sobre su experiencia, como Daniel Mattson, por ejemplo (autor de ‘Por qué no me considero gay. Cómo recuperé mi realidad sexual y encontré la paz’, Cantagalli 2018, nota del editor)? El padre James Martin estaba allí solo para hacer propaganda. Nunca habló sobre la gracia y la salvación para estas personas, solo sobre ‘la Iglesia debe aceptar, la Iglesia debe… debe… debe…’. Pero, ¿cómo puede ser la Esposa de Cristo el objeto de nuestras diatribas? No es la Iglesia la que debe cambiar, sino nosotros los que debemos convertirnos.

– También causó cierto revuelo el hecho de que durante el Sínodo, el Papa Francisco recibiera y elogiara a la hermana Jeannine Gramick, fundadora en Estados Unidos de un movimiento ‘católico’ LGBT, condenada en su momento por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

El cardenal Hollerich (relator general del Sínodo) dijo que la homosexualidad no era el tema del sínodo, pero luego se habló de eso y se hicieron gestos evidentes, como este. Y el Papa siempre se presenta con estas personas. La justificación es pastoral, pero ¿de esta manera se favorece la pastoral para estas personas o se acepta esta condición como una expresión legítima de la naturaleza humana y de la fe cristiana? La cuestión queda abierta, pero claramente se favorece una cierta interpretación.

Hablando de sexualidad, ¿se abordó el tema de los abusos en el Sínodo? ¿Hubo eco del escándalo Rupnik?

Nadie tuvo el coraje de abordar realmente este tema, solo se usó como pretexto para atacar al clero. Todo es culpa del clericalismo, pero al final la culpa es de Jesucristo, que instituyó el apostolado. El clero es el conjunto de todos los obispos, sacerdotes y diáconos. No es su existencia la causa de los abusos, sino que hay individuos que no respetan el sexto mandamiento. Pero esto no se quiere decir, nunca se habla del pecado contra el sexto mandamiento, se encuentran otras excusas. Como en el caso de la bendición de parejas homosexuales: se dice que se debe evitar la confusión con el sacramento del matrimonio. Pero ese no es el tema. El tema es que los actos homosexuales y extramatrimoniales son un pecado mortal, por lo que no se pueden bendecir. No tiene nada que ver con la confusión, siempre tratan de desviar del punto.

– Entonces, ¿usted cree que la acusación de clericalismo es un pretexto para atacar a los sacerdotes como tales?

Es un hecho, incluso en el Sínodo siempre se habló mal de los sacerdotes y también el Papa lo hizo. Si en el documento final hay algunas palabras buenas, es obra de los redactores porque muchos se quejaron. Pero el tono general del Sínodo fue muy negativo. Se hace una caricatura del sacerdocio católico, como si fuera una casta en contraste con los laicos. En realidad, somos una sola comunión, pero con una especificidad porque no todos han recibido esta potestad sagrada. Aquí está la diferencia con el protestantismo, ellos niegan esta diferencia esencial del sacerdocio universal de los fieles; Lutero dice que el sacramento del orden no existe, que es un instrumento del diablo. No es posible llegar a un compromiso en este punto. Y sin embargo, en la Iglesia se intenta minimizar el sacerdocio ministerial, hablando siempre negativamente de los sacerdotes: abusadores, que someten a las mujeres, que castigan a los pecadores en el confesionario, siempre negativo. Pobres sacerdotes de hoy, atacados por todos lados, parece que las vocaciones molestan. ¿Dónde está la pastoral de las vocaciones? Es Jesús quien llama, no el Papa; los sacerdotes son de Jesús, no del Papa. Y este ejemplo se refleja incluso en muchos obispos que aprenden de esto y gobiernan en sus diócesis en contra de los sacerdotes.

– En resumen, desde el enfoque del Sínodo hasta la forma de hablar de los sacerdotes, parece que el ideal al que se quiere llegar es al protestantismo.

No lo expresan así, pero al final se llega a este punto.

Fuente Nuova Bussola Quotidiada

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Comunicado de CRISMHOM ante las declaraciones del Cardenal Müller sobre el Sínodo de la Sinodalidad.

Viernes, 10 de noviembre de 2023
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Comunicado de CRISMHOM con su postura ante las recientes declaraciones del cardenal alemán G. L. Müller sobre el Sínodo de la Sinodalidad que está llevando a cabo la Iglesia católica romana.

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COMUNICADO
ANTE LAS DECLARACIONES DEL CARDENAL MÜLLER
SOBRE EL SÍNODO DE LA SINODALIDAD

En CRISMHOM no nos sorprendemos de las nuevas declaraciones del cardenal Müller criticando las reflexiones del Sínodo y afirmando que “se teme lo peor de lo que nos queda por venir”. Con profunda tristeza declaramos que sus consideraciones muestran el antitestimonio de la Iglesia de Cristo, que sí es comunión, participación y misión. El cardenal
Müller es, desde hace mucho tiempo, uno de los cabecillas de la oposición a la línea que el papa Francisco ha querido imprimir a su pontificado.

Cabe pedir al cardenal que deje de mirar constantemente hacia atrás. Él es uno de los representantes de esa Iglesia que desde hace siglos tiene tortícolis. Esa Iglesia que condenó y se opuso a muchas conclusiones de la ciencia, y andando el tiempo quedó en ridículo. Esa Iglesia que condenó y se opuso a avances sociales y de la justicia, y con el tiempo ha sido abandonada en masa por sus fieles, que no encuentran en ella la luminosa verdad de Jesucristo.

Ahora ocurre lo mismo. Hace muchos años que la ciencia estableció que la homosexualidad es una variante más de la sexualidad humana. Ni aberrante ni antinatural. Hace décadas ya que las personas LGTBI+ se rebelaron contra una sociedad que los discriminaba y los humillaba. Y hace también años que los cristianos y cristianas LGTBI+ reclamamos nuestro lugar dentro de la Iglesia, como personas bautizadas. Como hijos, hijas e hijes queridísimos de Dios que somos.

En algo sí le tenemos que dar la razón al cardenal: efectivamente, como bien cita usted, “no podemos reconciliar a Cristo y al anticristo”. Más aún, debemos recordarle que no podemos predicar el Reino y practicar el “antirreino”. Esto sí sería dar poder al espíritu del anticristo, que habla a través de quienes promueven odio y discriminación.

Dios Abba no es un Dios anclado en las certezas del pasado, sino un Dios más y más grande que siempre nos sorprende y nos impulsa hacia delante con el soplo del Espíritu. Es un Dios que viene, y las personas que le seguimos aguardamos su venida caminando hacia el futuro. El cardenal Müller no es el único que ha estudiado teología. Hay muchos teólogos y teólogas, ordenados y laicos, que, con su reflexión, su oración y su discernimiento impulsan a la Iglesia hacia la plena aceptación de las personas LGTBI+.

¡Qué añoranza debió de sentir al recordar otros sínodos, cuando afirma que “En sínodos anteriores eran los obispos los que guiaban todo”! Esta vez no es así. La autoridad jerárquica, a ejemplo del Jesús de los Evangelios, ha recordado que está llamada a ser servidora. Por eso es un sínodo de comunión, participación y misión, y no un “sínodo trucado” como el cardenal afirma.

Por otro lado, Müller se aventura a hablar de la identidad de las personas LGTBI+ creyentes como una ideología. Con firmeza y autoridad evangélica rechazamos y denunciamos este tipo de discursos de odio y discriminación. Las personas LGTBI+ no somos una ideología, una teoría o reflexión filosófica. Somos personas humanas creadas a imagen y semejanza del Dios Amor. Y sí, tenemos que decirle que la Iglesia sinodal tiene la responsabilidad de estar abierta a devolver la dignidad de bautizados y bautizadas a esas personas.

Habrá que decir, por tanto, que todo aquel que dice amar a Dios y no ama a su hermano o hermana es un mentiroso. En esto consiste la radicalidad evangélica: en que nos amemos unas a otras.

Oramos por la conversión de los corazones y por una Iglesia plenamente inclusiva, formada por personas de toda condición, en la que contemos con jerarcas valientes que vivan el verdadero Evangelio del Amor. No deseamos expulsar a nadie de esta Iglesia, pero tampoco
permaneceremos callados ante las exclusiones e injusticas.

www.crismhom.org

junta_directiva@crismhom.org

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