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La palabra no tuvo que hacerse carne, porque Dios todo lo que hace lo es.

domingo, 5 de enero de 2025
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babyandjoe_pngDOMINGO 2º DE NAVIDAD (C)

Jn 1,1-18

Por dos o tres veces, en este tiempo de Navidad, nos propone la liturgia este evangelio. Ni en dos ni en diez homilías agotaríamos el contenido de esta página de la Escritura; sin duda la más sublime que se haya escrito nunca. Es imposible de comprender desde la racionalidad. Cualquier explicación que demos será descabellada, porque solo la vivencia interior nos puede aproximar a lo que quiere decir y nunca a comprender todo su sentido. Lo que intentamos a continuación es dar pautas para superar la tentación de explicarlo.

La frase “y Dios era la Palabra” podría traducirse por un ser divino era el proyecto, puesto que “Theos” no lleva artículo. El cambio de perspectiva, demuestra la dificultad que tenemos para aceptar la encarnación. No terminamos de creer que Dios está en el hombre y hacemos decir al evangelio lo que no dice. Haciendo Dios a Jesús nos dispensamos de aceptar a un Dios fundido con lo humano. Ni Dios tiene que hacerse hombre ni Jesús tiene que hacerse Dios. Por Jesús, podemos llegar a saber lo que es Dios. Pero un Dios que no está ya en la estratosfera, ni en los templos sino en el hombre, en todo ser humano.

«… estaba junto a Dios«: Esta frase expresa a la vez dos cosas: Proximidad y distinción. El (pros ton theon) sería: vuelto hacia Dios, volcado sobre Dios. El sentido más aproximado sería: En íntima unión con Dios, fruto de una relación, sin considerarlo absolutamente idéntico a Él. Recordemos que el mismo Jesús dice: «El Padre es mayor que yo«. Aunque también dice: «Yo y el Padre somos uno«. Para un judío era imposible aceptar otro ser equiparado a Dios. En cambio, para los griegos el peligro estaba en interpretar la existencia de otro ser igual a Dios como politeísmo. La primera comunidad cristiana se desarrolló entre las dos culturas. Y tuvo dificultad para expresar la relación de Jesús con Dios.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Otro texto que solemos entender al revés. La ilumina­ción viene precisamente porque ha llegado la Vida. Esta idea va más allá de la mentalidad judía. Para ellos la Ley era la luz que ilumina y salva. Sin luz (Ley) no podía haber vida (salvación). La idea de que la Vida es anterior a la luz es clave para entender el evangelio de Juan. Dios, por la Palabra, comunica la Vida y es esta Vida la que ilumina, la que permite la comprensión de lo que es Jesús y de lo que es Dios. Se entiende mal si se quiere ver en Jesús un maestro de verdades que dan vida. Jesús es dador de Vida, porque nos hace descubrir en nosotros lo que el Padre es en él.

Vino a su casa, pero los suyos no la acogieron. Con frecuencia nos pasamos por alto esta seria advertencia repetida tres veces. En Jesús se hizo patente Dios, pero a pesar de ello, muy pocos fueron capaces de descubrir esa presencia. Hasta a los más íntimos, que vivieron con él durante años, les costó Dios y ayuda descubrir la realidad de Jesús. Hoy la culpa de que el mundo siga sin reconocer a Jesús, la tenemos los que decimos seguirle. Hablamos demasiado de Jesús, pero la verdad es que a la hora de vivir lo que él vivió, dejamos mucho que desear. Si todos los que nos llamamos cristianos lo viviéramos, todo cambiaría.

Pero a cuantos le recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. Recibir a Cristo significa creer en él, identificarse con él, repetir la actitud y la relación con Dios que él tuvo. “Les dio poder para ser hijos de Dios” no quiere decir que desde fuera se haya añadido algo a lo que ya eran. Se trata del descubrimiento de una realidad que está en todos y cada uno de nosotros. Juan deja muy clara la diferencia entre ser Hijo, referido a Jesús y ser hijos, referido a nosotros. Determinar esa diferencia es una de las claves para entender todo el mensaje de Juan. «Subo a mi Padre y vuestro Padre…«

En el AT, el título de hijo de Dios se aplicaba: a) A los ángeles. b) Al rey. c) Al Sumo sacerdote. d) Al pueblo judío en conjunto. Ninguna de estas ideas sirve para comprender lo que Juan quiere decir. También los primeros cristianos “Hijo de Dios” lo entienden en sentido mesiánico, el enviado a cumplir una tarea de salvación. Nada que ver con la generación ni con su identidad sustancial con la divinidad. El mensaje de Juan va más allá de todo lo que podemos encontrar en el AT y en la primera comunidad sobre un Mesías Salvador. Este lenguaje es fruto de setenta años de experiencia mística cristiana y muestra una comprensión de Jesús que no podían tener los apóstoles ni sus primeros seguidores.

A pesar de lo dicho, la raíz de la idea de “Hijo” que Juan quiere trasmitirnos, hay que buscarla en la Sabiduría de los libros sapienciales. Como veíamos en la primera lectura de hoy, la Sabiduría existía antes de la creación, participaba de la Vida Divina y era el agente de la creación. Esta idea, unida a la cristolo­gía mesiánica, da origen a la genial visión de Juan, «Hijo de Dios» o simplemente «el Hijo«. El ser preexistente, vuelto hacia el Padre, que se hace carne para llevar a cabo el encargo (proyecto) del Padre: hacernos hijos.

Es una nueva perspectiva para entender lo que quiere decir el NT con los conceptos de Padre e Hijo. Para un semita, era verdadero hijo el que obedecía en todo al Padre; el que salía al padre. Cuando a una persona se le quería introducir en el ámbito de la familia se le llamaba hijo. Lo más importante de ser hijo no es la dependencia biológica, sino actuar como el padre actúa. Que Jesús es Hijo de Dios no lo adivinamos porque comprendamos su naturaleza, sino por ver que actúa como Dios. Nacer de Dios sería actuar como Dios.

Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios”. Juan no da ninguna importancia a la procedencia biológica. Después de dejar clara su preexistencia, comienza su evangelio con el verdadero nacimiento, el del Espíritu. Dice el Bautista: “Yo he visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él”. Aquí deja claro que la generación biológica no tiene importancia. Lo que importa es nacer de Dios. A Nicodemo le dice Jesús: “Hay que nacer de agua y de Espíritu”.

Y la Palabra se hizo carne…Carne es el hombre sometido a su debilidad, pero susceptible de recibir el Espíritu. Carne no es lo contrario de espíritu, sino la posibilidad de que el espíritu se manifieste. En la antropología judía no existía el concepto de alma y cuerpo. Para ellos el ser humano era un todo indivisible; pero se podían descubrir en él distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Cuando dice “se hizo carne” quiere decir que la Palabra asumió la totalidad humana, hasta lo más bajo del ser humano. La revelación de Dios es ahora una realidad tangible.

La revelación de Dios no es una verdad enseñada sino su mismo ser. Al hacerse carne, la Palabra ni dejó de ser Palabra, ni dejó de ser Dios. Al contrario, al hacerse carne, la Palabra desarrolla su esencia al máximo. La finalidad de la palabra es comunicar. En la encarnación Dios se comunica de modo insuperable. En la encarnación la Palabra sigue siendo Dios, pero manifestado, Dios-con-nosotros (Emanuel). Todo ser humano de cualquier condición es ahora la nueva localización de la presencia de Dios. Ya no debemos buscar a Dios en la tienda del encuentro ni el templo, sino en el hombre.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Visibilidad de Dios.

domingo, 5 de enero de 2025
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jesusgivesJn 1, 1-18

«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros»

 

Impresionante prólogo de Juan del que llaman la atención dos imágenes preciosas por su carácter paradójico: las tinieblas cerrándose a la Luz y Dios acampando entre nosotros. Pero lo más importante para quienes nos consideramos simples cristianos de a pie, es su final: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».

No es la razón la que descubre o se inventa a Dios, sino que el ser humano lo busca porque su naturaleza lo necesita… y lo encuentra porque Él le sale al encuentro. Para los cristianos, ese lugar de encuentro entre Dios y el hombre es Jesús. Dios se manifiesta en Jesús, un hombre. Dicho de otro modo, en un ser humano, Jesús de Nazaret, el cristiano ve a Dios. Decía Ruiz de Galarreta que «el quicio fundamental de quien se llame cristiano es creer que Jesús es visibilidad de Dios sin poner en duda su humanidad».

En Jesús hemos conocido a Dios, y no es el juez, es Abbá. Tampoco es un arcano inaccesible, sino un sembrador que esparce la semilla de la Palabra continuamente y nos alienta en nuestro caminar por la vida. Y esta imagen de Dios que hemos conocido en Jesús es la mejor noticia que los seres humanos podíamos recibir.

Porque hemos descubierto que Dios es para nosotros Padre, Palabra y Viento: Padre con quien se puede contar, Palabra que nos guía en la vida entera y Viento que nos ayuda a caminar. Dicho de otro modo, Dios se comunica con nosotros –Palabra–, actúa en nosotros –Espíritu– y es nuestro Padre Abbá. Y saber cómo es Dios para nosotros es a la vez saber cómo es nuestra vida, es fuente de seguridad, estímulo y luz para los seres humanos.

«La Palabra –dice Juan– era la luz verdadera que alumbra a todo hombre»… Jesús es la luz encendida en la oscuridad que nos permite caminar sin tropezar; es la sabiduría de Dios encarnada. Dios es la perfecta sabiduría y Jesús es la sabiduría de Dios ofrecida a los seres humanos. Es la sabiduría de vivir con sentido; de llenar la vida de cosas que merecen la pena; de cosas que nos marcan el camino correcto. Y no estamos hablando de salvar el alma –si Dios es Abbá el alma está salvada de antemano–, sino de salvar nuestra vida de la banalidad, de la mediocridad, del sinsentido, del vacío, de la angustia… Estamos hablando de recibir «aquí el ciento por uno, y además la vida eterna».

Pero para ello hace falta creerle, y hace falta también sentirse necesitado de su luz. La suficiencia que tan a menudo mostramos, la confianza en nuestra razón por encima de la Palabra, fruto de nuestra cultura ilustrada, nos cierran a la luz y nos condenan a las tinieblas. El ciego de Jericó lo tenía todo para que Jesús se fijase en él; tenía fe y se sentía necesitado. Si el ser humano se empeña en negar su ceguera, su necesidad de luz, la cosa no tiene remedio:

«Si fueseis ciegos no tendríais pecado, pero como decís que veis vuestra ceguera persiste».

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

domingo, 5 de enero de 2025
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IMG_9169Jn 1, 1-18

5.1.25. II domingo de Navidad

Resumen

Misterio de la Encarnación de Dios en el hombre. Como misterio no podemos conocerlo por la razón, sólo por la vivencia. El Prólogo de Juan leído desde los nuevos paradigmas no-dualista, no-teísta, panenteísta y feminista. Evolución de la imagen humana de Dios: Del Dios allá arriba al Dios encarnado en toda realidad como Realidad Fundante y Primera.

Desde dónde escribo. Así como el Prólogo del Evangelio de Juan acusa la influencia del filósofo Filón de Alejandría (Jesús: Logos, Palabra, Sabiduría de Dios), para elaborar este comentario yo me inspiro en “Dios más allá del teísmo. Apuntes para una transición teológica” de José Arregi; en dos obras de Fr. Marcos: “¿Qué nos queda de Dios?” y “Dios no es un ídolo, pero tu dios sí”; En Él vivimos, nos movemos y existimos. Reflexiones panenteístas sobre la presencia de Dios en el mundo tal como lo describe la Ciencia” de Ph. Clayton y A. Peacocke (eds); “La que es. El misterio de Dios en el discurso teológico feminista”, de E.A. Johnson.

El Prólogo del Evangelio de Juan, que podía haber sido el epílogo, es un himno litúrgico elaborado por la comunidad de Juan a lo largo del tiempo a partir de sus vivencias místicas y la teología desarrollada por esta comunidad. Es una síntesis de las actuaciones de la Palabra o Sabiduría de Dios, en suma, de la historia de la salvación. Según este texto la Palabra de Dios (Dios) se hizo historia (hombre) para que los hombres puedan llegar a ser hijos de Dios. En este texto, como en todo el Nuevo Testamento, hay paralelismo con el Antiguo. Aquí encontramos el paralelismo entre los relatos de Creación del Génesis y el Prólogo de Juan. En el principio,… Según los relatos de la creación, Dios lo hizo todo por la Palabra y el Espíritu. Todo existe y es por la Palabra y el Espíritu de Dios. El Prólogo también empieza: “En el principio existía la Palabra…Todo se hizo por ella y sin ella nada se hizo. Lo que se hizo en ella era la Vida, y la Vida era la luz de los hombres….Vino a los suyos, pero no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre…Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. Estamos ante el Misterio y don de la Encarnación: La presencia de la Palabra en un hombre, Jesucristo. El prólogo de Juan es un himno cristológico de la tradición israelita que expresaba la fe de esta comunidad en Cristo como Palabra de Dios, su origen eterno, preexistente y su procedencia divina. Personalizado en la Sabiduría (Sabiduría o Proyecto divino), es la luz que ilumina y guía toda la nueva creación.

Veamos, ahora, la lectura actual del Prólogo del Evangelio de Juan a partir de los nuevos paradigmas. La encarnación es la culminación de la creación. Si Dios se encarnó en Jesús de Nazaret, Dios se encarna en nosotros. En Dios lo que hace es. Dios es encarnación. Dios se está encarnando siempre y en todo lo existente como fundamento de su ser y existir, como Realidad Profunda y Primera. La Presencia de lo divino y lo humano existencialmente unidos. Sin dualismo: transcendentalmente inmanente. Dios como fundamento de mi ser y existir constituye mi ser verdadero, profundo. Habita mi interioridad. Mi tarea es descubrirlo, experimentarlo y vivirlo. A esta realidad nunca podremos llegar ni por vía de los sentidos ni por vía del pensamiento o razonamiento Sólo es accesible por su vivencia. El camino que recorrió Jesús en el descubrimiento de su unidad con Dios es el mismo que tenemos que recorrer nosotros.

Somos humanos y divinos integradamente. Cuanto más humanos, más divinos. Cuanto más divinos, más humanos. Esto no lo descubrimos por mucho que acumulemos conocimientos teológicos, es por experiencia, es por vivencia como lo alcanzaremos. Jesús nos invita a vivir la realidad de Dios en nosotros, no fuera ni allá arriba, como Él. Lo divino ya está dentro de nosotros. Más íntimo a nosotros que lo más íntimo nuestro (S´. Agustín). No busques a Dios fuera de nosotros, de los seres humanos. No le busques donde no está. Entra en tu interioridad, toma conciencia de su Presencia, vívela y manifiéstala. Esta es nuestra responsabilidad de creyentes: acoger y testimoniar nuestra fe en ese Dios transcendente en nuestra inmanencia. Jesucristo es nuestro referente. Jesús tomó conciencia de la identificación y unidad con Dios: “el Padre y yo somos uno”. Vayamos atreviéndonos a decir nosotros lo mismo: yo soy uno con Dios, que es mi fundamento y razón de ser y existir.

Para concluir: Frente al “Dios está aquí” escrito en la puerta de algunas iglesias y catedrales, todavía hoy, en un cartel con letras muy grande, para que se lea bien, yo me quedo con esta estrofa del Padrenuestro de Gloria Fuertes:

Padre nuestro que estás en la tierra,

en la cigarra, en el beso,

en la espiga, en el pecho

de todos los que son buenos.

Padre que habitas en cualquier sitio,

Dios que penetras en cualquier hueco,

Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,

Padre nuestro que sí que te vemos

los que luego hemos de ver;

donde sea, o ahí en el cielo.

Sólo desarrollando lo divino que hay en mí lograré mi plenitud humana. Lo que hay de Dios en mí es lo fundamental.

Mª África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Palabra, Vida y Luz.

domingo, 5 de enero de 2025
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IMG_9200Comentario al evangelio del domingo 5 enero 2025

Jn 1, 1-18

De una manera bellísima, en el Prólogo del cuarto evangelio, se recoge esta afirmación: “En la palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. En cierto modo, el citado Prólogo deja ver los tres términos -Palabra, Vida y Luz- como equivalentes. Por tanto, tendremos luz -viene a decir- en la medida en que nos reconozcamos como vida y vivamos en esa consciencia.

La fuente de nuestro sufrimiento -y, previamente, de nuestra confusión- no es otra que la ignorancia que nos hace pensarnos separados o desconectados de la vida. Esta primera creencia errónea nos lleva, por un lado, a entrar fácilmente en guerra con la vida -siempre que algo nos frustra- y, por otro, a un sentimiento irresoluble de soledad y vacío.

La luz emerge cuando, superada esa falsa creencia, descubres que, en tu verdadera identidad, eres vida, o mejor aún, que todo es vida que fluye y se expresa en infinidad de formas. Basta verlo para que toda tu existencia quede admirablemente iluminada.

Y todo ello -recuerda el texto- nace de la Palabra. Es este un término que traduce el original griego “Logos”, que a su vez hace alusión a la Inteligencia que rige todo el despliegue del mundo de las formas.

Así entendemos que sean expresiones sinónimas: la comprensión nos sintoniza con el Logos o Inteligencia última, que es uno con la Vida -entendida como proceso inteligente y autodirigido– y, por ello mismo, uno con la Luz.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Logos: somos «Oyentes de la Palabra».

domingo, 5 de enero de 2025
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IMG_3547Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Sabiduría y prólogo de san juan.

        La primera lectura nos habla de la Sabiduría en la vida, que no se refiere a tener muchos títulos académicos en la vida, ni a ser “muy leído”… Más bien se refiere a “saber vivir” con dignidad y paz.

La sabiduría no es lo mismo que o las ciencias. Se puede tener mucha ciencia y muchos títulos y no saber vivir.

Personas sencillas, sin estudios ni títulos son sabias, tienen luz en su vida, saben vivir.

En castellano solemos decir que tal persona “tiene luces” o no las tiene.

        En el evangelio hemos vuelto a escuchar por segunda vez el espléndido prólogo del evangelio de Juan: En el principio existía la Palabra (logos) y el logosse hizo debilidad (carne). La Palabra era luz y vida.

        Este prólogo parece ser que es un himno a JesuCristo: Palabra, luz, vida, que aquellas comunidades de Juan cantaban en sus celebraciones.

        Quizás nosotros podríamos traducir el Logos, la Palabra, por Evangelio: por vivir sabiamente y en paz de Dios  el Evangelio del Señor: evangelio que es luz y vida.

02.- Oyentes de la Palabra.

        Todo el pensamiento de K. Rahner (1904-1984) se fundamentaba en ver al ser humano como: Oyente de la Palabra y Espíritu en el mundo. Las personas somos quienes atendemos a razones y escuchamos las “palabras” y la Palabra que se pronuncia en la historia. Los seres humanos somos un espíritu abierto a toda la realidad.

        En castellano solemos decir familiarmente: “atiende a razones”: escucha la palabra que se da en la historia: la palabra de quienes piensan, la palabra de la cultura, la palabra de quienes te aconsejan en la vida, la palabra del arte, la Palabra de Dios.

        La Palabra sensata es sabiduría, es luz y vida.

También hoy la Palabra, como en los orígenes es creativa. Todo se hizo por la Palabra. La Palabra sensata y razonable crea, ilumina, ayuda hace bien.

        Pero no creo que hablar (la palabra) sean unas continuas ráfagas de vocablos. Hay por ahí un refrán que dice: “habla solamente cuando lo que vas a decir sea mejor que el silencio”. San Juan de la Cruz lo decía de otra manera: “Hable poco y en las cosas que no es preguntado, no se meta”.

        Seamos Oyentes de la Palabra. Seamos un espíritu abierto a toda la realidad, a la vida.

03.- Palabra, cultura y religión

        Podemos decir que el contenido de la palabra cultural de un pueblo, de una Iglesia es la religión de ese grupo humano.

La cultura es la forma de toda religión. Lo que un pueblo cree y construye se refleja en su cultura.

Quien se adentra en la cultura de un pueblo, penetra en su Palabra, en su fe, en su religión.

04.- Quienes acogen la palabra terminan siendo hijos de Dios

        Una persona, una ciudad, un pueblo que no recibe la luz, vino a los suyos pero los suyos no le recibieron, podrá, podremos hacer cosas bonitas, años folklóricos, conciertos y ballets, pero quizás no sabremos hacia dónde caminamos.

        La Palabra nos hace hijos de Dios, pero no porque no arregla “los papeles” y ya, como los emigrantes, pasamos a ser “legales”. La Palabra de JesuCristo modela el barro humano, nuestro ser, nuestra mentalidad, nuestro modo de vivir y llegamos a ser y vivir como hijos de Dios.

Que la luz brille en las tinieblas. Algún día se hará realidad lo que hemos escuchado en el evangelio:

         La Palabra acampó entre nosotros.

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“ Ser testigos de la luz en el aquí y ahora de nuestra historia”, por Consuelo Vélez

domingo, 5 de enero de 2025
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IMG_9300De su blog Fe y Vida:

2° Domingo después de Navidad 5-01-2025

Jesús es la luz verdadera que ilumina al mundo y Juan es el testigo de esta luz

Hoy, nuevamente, se nos invita a reconocer en Jesús la luz que es capaz de iluminar lo que no corresponde a los valores del reino para transformarlo

Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe.  En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él.  Él no era la luz, sino un testigo de la luz. La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció.  Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios:  ellos no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.  La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad. Juan grita dando testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo. De su plenitud hemos recibido todos: gracia tras gracia. Porque la ley se promulgó por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad se realizaron por Jesús el Mesías. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre. Él nos lo dio a conocer.(Jn 1, 1-18)

Cada año dependiendo de la fecha en que caiga el 6 de enero, tenemos o no segundo domingo de navidad. En este año sí tenemos el segundo domingo y se nos pone a consideración la misma lectura de la misa de navidad, la del inicio del evangelio de Juan. Por tanto, ya hicimos un comentario a esta lectura ese día, pero podemos referirnos a algunos aspectos de distinta manera. El texto presenta a Juan el Bautista como testigo de la luz. Hemos de recordar que los contrastes en el evangelio de Juan son frecuentes y, en este caso, contrasta la luz con las tinieblas. Jesús es la luz verdadera que ilumina al mundo y Juan es el testigo de esta luz. Sin embargo, ese testimonio no fue recibido, como tampoco lo será el Hijo de Dios: “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Pero el evangelio de Juan se inscribe entre los que lo recibieron y por eso han contemplado su gloria y de eso contemplado, pretende dar testimonio todo el evangelio. Recordemos que en el capítulo 8 Jesús dirá que Él es la luz del mundo y el que le sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12).

Efectivamente, hay muchas tinieblas en nuestro mundo que no logramos iluminar. Las tinieblas de la injusticia social, de la exclusión, del racismo, la homofobia, el patriarcado, el clasismo, por nombrar algunas y, dentro de la institución eclesial, la falta de transparencia para que no se encubra ni un solo abuso, ni haya ningún lucro económico, ni estratificación de miembros en su seno. Hoy, nuevamente, se nos invita a reconocer en Jesús la luz que es capaz de iluminar lo que se ha aceptado “que sea así” y denunciar todo lo que no va con los valores del reino. No es una tarea fácil porque nadie quiere llegar al fondo de las situaciones para transformarlas. Ese trabajo requeriría reconocer las propias cegueras y complicidades y cuesta mucho asumirlo. Pero es la invitación que hoy se nos hace para vivir este año que estamos iniciando. Reconozcamos en Jesús la luz de la verdad, la justicia, la paz, la inclusión, la dignidad fundamental, etc., y empeñémonos en dar testimonio de esta luz en todos los lugares, en todas las instituciones, en la historia concreta que, a cada uno, el Señor le ha confiado.

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“Él es quien lo reveló…”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 5 de enero de 2025
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medio-rostro-de-jesusComentario a la lectura evangélica (Juan 1, 1-18). -5 enero 2025 –

En el Principio… Se nos revela el secreto que envuelve al universo. Este mundo rico y complejo no es un misterio indescifrable o absurdo. Dios nos trata como amigos y quiere compartir con nosotros lo que ha hecho y cómo lo hizo. Esto nos habla del origen de todo. Un origen que no es sólo un comienzo en el tiempo, sino lo que siempre permanece. Lo que se encuentra en el principio es también lo que encontramos hoy y es también nuestro futuro. Es la misma expresión que encontramos al comienzo de la Escritura en Gén 1,1 «en el principio creó Dios los cielos y la tierra«. El plan de Dios descrito en el libro del Génesis espera su cumplimiento. El Verbo hecho carne nos mostrará cómo.

Todo se hizo a través de él… Todo se hizo en el Logos. Todas las cosas pueden hablar de Dios y pueden conducirnos a él porque cada una de ellas es reflejo de su Palabra. Las realidades más sublimes que encontramos en la naturaleza, como los acontecimientos cotidianos, están inmersas en su logos. Por eso San Pablo en Atenas afirma que nuestro Dios no está lejos «de cada uno de nosotros«. De hecho, «en él vivimos, nos movemos y existimos» hasta el punto de que podemos incluso reconocerlo en un canto «como también han dicho algunos de vuestros poetas: «Porque somos linaje suyo« (Hch 17, 28).

Vino un hombre enviado por Dios Juan… Dios es un misterio de comunión, por eso no quiere hacer las cosas solo, quiere compartir hasta los proyectos más importantes y delicados. Por eso siempre ha buscado colaboradores, no quiere hacerlo todo Él mismo. San Juan representa todo el largo camino del Antiguo Testamento, la larga preparación para la venida del Hijo. Dios eligió hacerse entender por los hombres, aceptando hablar su lengua y esperar sus tiempos de asimilación. Al mismo tiempo, nos considera socios fiables para llevar a cabo su misión, como lo hizo con San Juan.

La verdadera luz vino al mundo… El Logos es la luz de Dios, así como la luz natural nos permite ver el mundo y saber orientarnos en él, así el Logos encarnado es quien nos enseña el camino de la vida. Él no viene a quitarnos nada, sino a darnos todo. El primero de sus dones es el discernimiento para que finalmente podamos ver cómo llenar nuestra vida y revelar los engaños de las tinieblas.

Y su pueblo no lo acogió… este es el verdadero misterio incomprensible, porque ‘su pueblo’, en definitiva cada hombre dado que todos hemos sido pensados en Él, en el momento en que Él se hizo tan cercano, al alcance de la mano, no fue aceptado. Es la oscuridad que se manifiesta precisamente porque ha salido a la luz. En el gris todo es confuso. La presencia del médico revela la presencia de la enfermedad. Haber eliminado este sentimiento de rechazo y oposición ya es parte de las buenas noticias de la próxima recuperación.

Y contemplamos su gloria… San Ireneo dice que el hombre vivo es la gloria de Dios. Esto es posible porque Dios nos ha revelado la dimensión gloriosa de nuestra carne. Al hacerse hombre semejante a nosotros en todo menos en el pecado, Dios nos reveló el secreto de nuestro ser cuerpo, de nuestro ser finito, algo que muchas veces nos angustia y es motivo de preocupación. Más bien, es en la carne donde su gloria puede brillar, como nos mostró el Hijo, quien a través de esa carne habló con cada uno de nosotros como se habla con los amigos. Jesús nos amó en la carne, revelándonos el potencial de amor que hay en el cuerpo, en la carne, en el mundo, en la historia.

Él es quien lo reveló… El hijo es quien nos revela al Padre. La expresión griega también se puede traducir como Él es quien nos dice, quién nos explica quién es el Padre. Esto es muy importante para poder leer toda la Biblia como una Buena Noticia. Cuando leemos ciertos pasajes difíciles en los que Dios parece pintado con un rostro violento o feroz, recordamos este versículo y volvemos nuestra mirada hacia Él, manso y humilde de corazón, que nos hace comprender el verdadero rostro del Padre porque Él es su mejor intérprete y revelador.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Recuerda esto siempre.

sábado, 4 de enero de 2025
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Del blog de Henri Nouwen: 

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«Cuando creo que mi vida es preciosa y repleta de significado a los ojos de Dios, algo verdaderamente nuevo, algo más allá de mis propias expectativas, comienza a suceder en mí«

*

Henri Nouwen

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

“Jubileo de la Esperanza”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 4 de enero de 2025
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imageCon la apertura del Jubileo se nos invita también a meditar sobre el tema de la esperanza. La necesitamos, en este contexto actual, tan desgarrado de jirones, tan desgarrado de dolores, en el que nos esforzamos por recomponer el hoy, sofocando en las urgencias del presente un atisbo de un posible buen futuro. Y es bueno, aun en la inflación que todo tema decisivo conlleva cuando se coloca en el primer plano, tener la oportunidad de preguntarnos qué esperanza cultivamos, como personas, como comunidad, incluso como mundo.

Al siglo XX de utopías que atraían y luego reducían los movimientos de la esperanza, atándola a sí misma en su desaparición, el siglo XXI no ha sabido oponer todavía más que pequeñas metas, horizontes estrechos, administración o gestión de lo ordinario. Urge la esperanza, con su carga de tensión hacia el mañana, su porte profético, su llamada a la responsabilidad por el hoy y, para los que tienen fe, en su intersección con lo eterno de Dios, en el despliegue del tiempo más allá del tiempo.

Para los creyentes, la esperanza es la hermana de la fe, aunque, como señaló Charles Peguy en espléndidos versos, es la hermana olvidada: «La pequeña esperanza avanza entre las dos hermanas mayores y nadie la mira», y sin embargo es ella «la que hace caminar a las otras dos». Para el autor de la Carta a los Hebreos, la esperanza descansa y se apoya en la fe: «La fe es el fundamento de lo que se espera»: verso que Miguel de Unamuno parafraseó con finura: «La fe es, pues, fe en la esperanza: creemos lo que esperamos».  Nosotros, hombres y mujeres de camino, creemos lo que esperamos, damos fe a lo que tendemos y a lo que deseamos que sea posible, dando así raíz a la existencia: “La esperanza es nuestro interior, el soporte de la vida; la esperanza es lo que vive; sólo quien espera recibe la vida”.

Son de nuevo palabras de Miguel de Unamuno, tan profundas en su entrelazamiento, indisoluble, de vida y esperanza: «la esperanza es lo que vive», pues «sólo quien espera recibe la vida», donde por vida se entiende ese enraizarse en el aquí y ahora con la mirada puesta en el más allá, con posturas activas, con hambre de futuro, con responsabilidad por el momento presente, por uno mismo y por los demás: porque la esperanza, si es verdadera, nunca es evasión, sino que -como recordaba Ernst Bloch en “Principio de esperanza”- abre el yo, en su anhelo universal, en su sueño, en su deseo que todos habitan, hacia una condición que ya es para hoy mejor.

Para quien cree, significa no dejarse vencer por una tentación siempre viva, a saber, la de posponer la ética de la esperanza al Reino venidero, a la parusía, con la conciencia de que la escatología no rechaza el presente, sino que lo ilumina y orienta, según la lección de Jürgen Moltmann y su “Teología de la esperanza”: si consideramos fiable la promesa del retorno de Cristo, no podemos rechazar su encarnación en la historia, esa historia hacia la que podemos sentirnos responsables y hacia la que podemos esperar una humanidad mejor. Que todo esto en la concreción de nuestra vida cotidiana exige la necesidad de aprender la esperanza («lo importante es aprender a esperar» decía Ernst Bloch), no concediendo espacio al mal que está ahí, para que no se haga dueño del futuro.

La esperanza es educación de la mirada, del sentimiento, de la vida, superando la pequeña frontera de nuestras seguridades o de nuestros pesimismos. A veces nos contentamos con tener en el puño, fuertemente apretados, algunos granos de trigo, y no queremos realmente ver florecer campos sin límites, prometedores de esperanza. La actitud es la del sembrador, la de quien siembra la semilla confiándola (y confiándose) al futuro, que para el cristiano no excluye, sino que abraza la dimensión de lo eterno, puesto que «no sólo actúa en el tiempo, sino que espera los frutos de la eternidad cuya semilla siembra en el tiempo. Y ésta es nuestra esperanza.

Por tanto, los peregrinos de la esperanza que somos los cristianos tratamos de sembrar en el tiempo para un fruto de eternidad, siempre, sin embargo, sin rendirnos y sin abdicar del presente y, de este modo, dando sentido a nuestros días, ya que la esperanza nos abre al deseo y, por tanto, a la alegría: «La vida activa es conducida aquí abajo, por la fe, en la peregrinación sobre esta tierra, donde la beatitud sólo está en la esperanza» (Meister Eckhart).

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Posdata: Tal vez sea bueno volver a leer a Charles Peguy y “El pórtico del misterio de la segunda virtud”. Una lectura, entre otras, que nos puede acompañar también durante el Jubileo de la Esperanza.

 

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Laico

sábado, 4 de enero de 2025
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IMG_8198Martín Valmaseda
Madrid.

ECLESALIA, 18/10/24.- No sé si alguna vez hemos echado a voleo esta palabra que, en un tiempo, fue ofensiva para las almas piadosas y hoy es una expresión positiva para la gente «normal». Volviendo a la etimología griega ya hemos insistido alguna vez que «laos», en tiempos de Platón, era simplemente pueblo.

Pero cuando empezaron en la religión el clericalismo y el anticlericalismo, entonces el laicismo se juntó con el anticlericalismo. Todo laico tenía que ser anticlerical, es decir, no podía aguantar a los curas.

¿Saben quién tenía la culpa de eso?, pues el clero por aprovecharse de que eran clérigos para conseguir ventajas económicas aunque tuvieran voto de pobreza. Cuando se veía a un clérigo rico (y no había pocos) el anticlerical soltaba el mal genio, las críticas: «¡y dicen que son pobres!»

Pero después del concilio Vaticano II, cuando surgieron los curas obreros y el cura de su pueblo que era un pobre tipo y un hombre pobre… entonces empezaron a aparecer los laicos de verdad, los que seguían el evangelio de Jesús con toda su vida y sin sotana ni cuellito romano (eso blanco que lleva el clero en el cuello en vez de corbata).

Entonces los laicos se empezaron a dar cuenta de que eran laicos aunque fueran a misa los domingos, estuvieran en comunidades de base y hasta en una «familia religiosa» dominica, marianista, salesiana… laicos sin votos, pero laicos de verdad; aunque muchas veces los curas han querido clericalizar a los laicos, vestirlos de negro, ponerles escapularios para que se distinguieran ¿de qué?, mientras al revés otros religiosos y monjas se iban vistiendo como la gente «normal» porque se daban cuenta de que ellos también eran laicos, pueblo como Jesús, ese humilde trabajador de un pueblo en los montes galileos. A él también lo han ido clericalizando desde el siglo IV, no le dejan ser un simple hijo del hombre. Han hecho la fiesta de «Jesús sumo y eterno sacerdote» en vez de Jesús simple y eterno laico.

Lo mismo, en el marchoso sínodo en el que estamos, con este papa criticón del clericalismo, se sueltan los padres (¿madres?) sinodales con una declaración de que Jesús nunca pensó en hacer sacerdotes, sino que contó siempre con laicos y laicas por siempre jamás, amén

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Bendición al iniciar el año

viernes, 3 de enero de 2025
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Que al comenzar este año sintamos, una vez más,
cómo Dios nos mira con ternura
y nos envía con gozo y amor a la vida.

Que nos veamos envueltas en su manto
y seguras bajo sus alas protectoras.

Que alumbre nuestros días monótonos y grises
y sea nuestra fuerza en las horas débiles.

Que nos dé tiempo y sabiduría
para conocerlo, saborearlo y vivirlo sin rutina.

Que nos llene de sensibilidad y silencio
para leer los susurros de los corazones.

Que nos colme de paz y alegría
para vivir entregadas a todas las personas.

Que cure y sane nuestras heridas,
sobre todo, las que nos encierran en nosotras mismas.

Que sea en todo momento nuestro horizonte y fuente
para que nosotras podamos ser signos de vida nueva.

Que nos empape de su amor, como rocío mañanero,
para que destilemos esperanza por todos los senderos.

Que nos limpie del barro y costra, el cuerpo y el espíritu,
para que brillemos como estrellas en el firmamento.

Que nos tienda su mano protectora y amiga
para que el cansancio no detenga nuestros pasos.

Que a lo largo de este año
nuestros deseos se hagan realidad,
pues duermen y despiertan en el regazo de Dios,
Padre-Madre, que nos quiere y bendice.

*

Florentino Ulibarri

Fe Adulta

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“El Dios de la bendición”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

viernes, 3 de enero de 2025
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image«Que el Señor te bendiga y te proteja». La primera observación es bastante obvia: si el Señor te bendice, es obvio que te protege. Por tanto, si hay Berakha lo hay todo. Así que nos preguntamos: ¿qué significa: «Que el Señor te bendiga»? Significa: que Él te dé felicidad, serenidad, prosperidad externa e interna; que Él te dé plenitud de alegría y felicidad y serenidad. En esta expresión hay también felicidad material, en el sentido de serenidad para una vida tranquila. Pero si existe todo esto, ¿qué significa «te proteja»? Algunos Maestros dicen: cuidado, porque ese estado de gracia inducido por la bendición -‘bendito seas’- podría llevar a la persona a considerarse autora de esa bendición, de esa felicidad, de ese éxito. Entonces también es necesario que el Señor «te proteja». ¿De qué? De tus malos instintos, de la mala tentación a la que todos estamos sometidos que nos insinúa: ‘tú eres el más grande, tú eres el mejor, tú eres el creador, tú eres el determinante…’. Si surge esta tentación y esta actitud, es evidente que esa Berahka inicial va disminuyendo y perdiendo fuerza. Es entonces cuando junto a la bendición, también es necesario un seguro contra el instinto del mal. Esta es sólo una pequeña reflexión que se puede hacer sobre esta primera parte de la Berahka de los sacerdotes.

«Ilumine el Señor su rostro y te dé la gracia». ¿Qué es la iluminación del rostro de Dios hacia el hombre? Es el «rostro» consentidor de Dios, el rostro que transmite felicidad (cuando miramos, sonriendo, a una persona ponemos a esa persona en el estado, en la condición de esperar algo bueno y positivo de nosotros). También se puede decir: ‘Que el Señor haga brillar su rostro hacia ti, transmitiendo parte de su luz a tu rostro’. Podríamos pensar, en este contexto de reflexión sobre la «luz» divina, haciendo obviamente las debidas diferencias, en la luz que resplandeció en el rostro de Moisés después de haber estado durante 40 días y 40 noches en presencia de la divinidad en el monte Sinaí: cuando bajó, su rostro resplandecía tanto que hubo que cubrirlo con un velo porque aquella luz resplandeciente no podía ser vista, contemplada y soportada. Por eso: que el Señor os haga, por así decirlo, partícipes de su luz.

«Y te conceda la gracia». ¿Qué significa esta expresión? En primer lugar, puede significar: hacerte agraciado, simpático, atractivo, digno de la atención afectuosa de los demás. Algo parecido a lo que le ocurrió a José, que, hiciera lo que hiciera, tuvo éxito y prosperó porque suscitaba aprobación y simpatía. Quizá también porque, a pesar de sus sufrimientos y angustias, algo de la luz de Dios brillaba en su rostro. Pero la expresión «que el Señor te conceda la gracia» también puede significar «que te haga descansar», en el sentido de que haga descender sobre ti la luz de su providencia. Providencia y luz están bien relacionadas.

«Que el Señor vuelva hacia ti su rostro y descanse sobre ti la paz». Asistimos a un crescendo: te bendice, te protege, dirige hacia ti su mirada de luz, te colma de gracia y de luz. Y finalmente, «que el Señor vuelva su rostro hacia ti y descanse sobre ti la paz». ¿Qué significa eso de que el Señor vuelva su rostro hacia ti? ¿Hay algún momento en que Dios no nos mire? Quizá sí, cuando cometemos faltas, nos portamos mal, actuando como si Dios no nos viera: es lo que algunos teólogos llaman ‘ocultar el rostro’. Aquí rogamos a Dios que vuelva su rostro en dirección a la criatura. Y quien está bajo la mirada de Dios, está en paz: «y que ponga paz sobre vosotros». La condición para experimentar la plenitud de la paz es estar bajo la mirada de Dios.

Habría muchas cosas que decir sobre el tema de la paz. En primer lugar, la paz es ciertamente un don que viene de lo Alto, pero también es un instrumento nuestro para poder acelerar, aumentar, acrecentar el descenso del Espíritu de Dios. Hay una expresión que dice así: «Quien trabaja para hacerse puro recibe ayuda del Cielo. Quien trabaja para hacerse impuro también recibe ayuda del Cielo». En la perspectiva de Shalom, la iniciativa que tomamos es importante. No podemos permanecer en una posición estática, esperando simplemente la gracia del Cielo. No conocemos con exactitud y precisión los misteriosos caminos de la bendición y la paz. Sin embargo, sabemos dos cosas importantes sobre ellos: que nos vienen de Dios, pero que también nosotros, a pesar de nuestras limitaciones como criaturas humanas, tenemos una parte -una parte importante- en el descenso de la bendición y la paz sobre nosotros.

El concepto de paz es un concepto complejo, articulado, difícil. A este respecto, quisiera señalar que la Berahka de los sacerdotes se debía recitar en hebreo: «así bendigan a los hijos de Israel», es decir: en esta formulación precisa. A diferencia de otras oraciones, no podía pronunciarse en otra lengua que no fuera el hebreo. La Berahka de los sacerdotes era algo especial cuyo contenido no podía ser reproducido en su autenticidad sagrada en ninguna otra lengua. Prueba de ello es el hecho de que mientras el texto de la Torá va acompañado, en algunas ediciones importantes, de la traducción al arameo (la lengua aprendida por los padres en Babilonia) en el punto de la bendición no aparecía. ¿Y por qué no aparecía? En primer lugar, para subrayar que no es necesario, ya que la bendición debe pronunciarse ritualmente en hebreo. Pero luego también por una razón profunda, que es ésta: puesto que al final de la Bendición se invoca Shalom, la paz, y la dimensión de Shalom es ilimitada -en el sentido de que ninguno de nosotros puede captar su infinito potencial-, el término Shalom no puede traducirse a ninguna otra lengua, sino pronunciarse y oírse en su lengua original. Esto también nos ayuda a introducir otra consideración.

La Berakha de los sacerdotes comienza con la bendición «que el Señor te bendiga…» y termina con el Shalom «y que Él ponga la paz sobre ti». Esto pone de relieve que Dios no encuentra mejor vehículo para transmitir la bendición de Shalom, la paz. Esto significa que si queremos esperar abundante medida de bendición de lo alto, necesitamos proveernos de un recipiente que es el Shalom. Si no hay Shalom, no puede venir ninguna bendición. Una posición dinámica y no estática, por tanto, dejando a la Berakha de Dios todo su valor como don, su independencia e inescrutabilidad. Ciertamente, en la formación y el advenimiento del Shalom sentimos que tenemos un papel muy importante que desempeñar. Si no construimos el Shalom en nuestro interior y en medio de nosotros, es difícil esperar la Berakha. La Berakha necesita el Shalom. Sin Shalom, la Berakha corre el riesgo de perderse en el camino y, por tanto, de no llegar hasta nosotros.

Hay una oración muy breve, pero también muy intensa, recitada por Salomón el día de la inauguración del Templo de Jerusalén: ‘Que el Señor, nuestro Dios, esté con nosotros, como estuvo con nuestros padres. Nunca nos abandone ni nos desampare’. Una oración para recitarla en la mente y en el corazón, porque es una invocación de bendición perpetua para todos nosotros.

Hay una oración muy sencilla escrita por un gran maestro del judaísmo de finales del siglo XVIII, el rabino Najman de Breslav, que en su vida cotidiana se preocupó por transmitir valores que exaltaban la síntesis entre ética y religión. No se puede ser religioso sólo en sentido vertical o sólo en sentido horizontal. Este es el mensaje de la religión: estar disponible y abierto con los demás como condición necesaria para poder entrar en conexión vertical con Dios.

«Te ruego, Señor Dios nuestro y Dios de nuestros padres, Señor de la paz, Rey a quien pertenece la paz, que pongas paz en tu pueblo Israel. Y que la paz se multiplique hasta penetrar en todos los que vienen al mundo. Y que no haya más envidias, ni rivalidades, ni victorias, ni motivos de discordia entre los hombres, sino sólo amor y paz entre todos. Y que cada uno conozca el amor de su prójimo como su prójimo, busque su bien, desee su amor, anhele su éxito constante para poder encontrarse con él y unirse a él para hablar juntos y decirse la verdad en este mundo. Un mundo que pasa como un abrir y cerrar de ojos, como una sombra, pero no como la sombra de una palmera o de un muro, sino como la sombra de un pájaro que vuela».

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Un mismo amor… San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno

jueves, 2 de enero de 2025
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Si es verdad que cada santo es una ilustración viva del Evangelio, esto vale de modo particular en el caso de los amigos capadocios Basilio y Gregorio, testigos de la fidelidad y de la belleza del ideal cristiano vivido y realizado en plenitud.

    Basilio, con su fuerte personalidad de líder, de hombre de acción, y Gregorio, elevadísimo poeta y teólogo, nos muestran con su vida qué significa asistir a la escuela de la verdadera sabiduría y recibir como don el Espíritu, que escruta también las profundidades de Dios. “El mundo tiene necesidad de santos dotados de genio” (Simone Weil): los dos grandes amigos, a los que veneramos en esta memoria como obispos y doctores de la Iglesia, han alcanzado por la caridad de Cristo lo que les ha hecho obradores del bien al servicio de los hermanos y cantores admirados de la belleza de Dios.

    Desde su juventud habían afirmado: “Para nosotros era una cosa grande y un gran nombre ser cristianos y ser llamados cristianos”, y mantuvieron durante toda su vida la fe en su amistad porque vivieron “acrecentando el misterio santo y nuevo de Cristo, de quien habían recibido el nombre con que eran llamados”. Esto les convirtió de verdad en sal y luz no sólo para su tiempo, sino para toda la Iglesia, en todos los tiempos.

***

Como si una misma alma sustentase dos cuerpos.

Nos habíamos encontrado en Atenas, como la corriente de un mismo río que, desde el manantial patrio, nos había dispersado por las diversas regiones, arrastrados por el afán de aprender, y que, de nuevo, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, volvió a unirnos, sin duda porque así lo dispuso Dios.

En aquellas circunstancias, no me contentaba yo sólo con venerar y seguir a mi gran amigo Basilio, al advertir en él la gravedad de sus costumbres y la madurez y seriedad de sus palabras, sino que trataba de persuadir a los demás, que todavía no lo conocían, a que le tuviesen esta misma admiración. En seguida empezó a ser tenido en gran estima por quienes conocían su fama y lo habían oído.

En consecuencia, ¿qué sucedió? Que fue casi el único, entre todos los estudiantes que se encontraban en Atenas, que sobrepasaba el nivel común y el único que había conseguido un honor mayor que el que parece corresponder a un principiante. Éste fue el preludio de nuestra amistad; ésta la chispa de nuestra intimidad; así fue como el mutuo amor prendió en nosotros.

Con el paso del tiempo, nos confesamos mutuamente nuestras ilusiones y que nuestro más profundo deseo era alcanzar la filosofía, y, ya para entonces, éramos el uno para el otro todo lo compañeros y amigos que nos era posible ser, de acuerdo siempre, aspirando a idénticos bienes y cultivando cada día más ferviente y más íntimamente nuestro recíproco deseo.

Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y, sin embargo, carecíamos de envidia; en cambio, teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía; cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia.

Parecía que teníamos una misma alma que sustentaba dos cuerpos. Y, si no hay que dar crédito en absoluto a quienes dicen que todo se encuentra en todas las cosas, a nosotros hay que hacernos caso si decimos que cada uno se encontraba en el otro y junto al otro.

Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ése fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño por la virtud; y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido.

Y, así como otros tienen sobrenombres, o bien recibidos de sus padres, o bien suyos propios, o sea, adquiridos con los esfuerzos y orientación de su misma vida, para nosotros era maravilloso ser cristianos, y glorioso recibir este nombre.

*

De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo.

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Año nuevo, nueva esperanza.

jueves, 2 de enero de 2025
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IMG_9238Bajo los tibios rayos del sol invictus nos acercamos al comienzo de un nuevo año. Suele ser ocasión propicia para cerrar el año viejo con un balance y abrir el nuevo con renovadas expectativas. Es demasiado larga la lista de despropósitos a los que asistimos con impotencia y a veces con una sensación de culpable indiferencia: guerras, asesinatos, violaciones, torturas y una larga lista de agresiones a la dignidad de las personas plasmada en la declaración de Derechos Humanos Universalizables.

Si hay dos palabras que se repiten en los análisis de sociólogos, filósofos y politólogos son: desencanto e incertidumbre. A la luz de la historia está claro que no cualquier tiempo pasado fue mejor y también que cualquier situación actual (política, social, económica, cultural…) es manifiestamente mejorable. Las ilusionantes expectativas creadas por los intelectuales de la Ilustración (Kant incluso hablaba de una paz perpetua) se han quedado muy por debajo de lo esperado. La frustración y el desengaño se van apoderando de nosotros al comprobar lo poco que ha dado de sí el “homo” que desde hace unos 300.000 años dicen que viene ejerciendo de “sapiens”.

Contemplamos con estupor que ingentes cantidades de dinero, que deberían dedicarse a acabar con el hambre y mejorar la educación, la sanidad y la investigación científica, son desviadas a la industria armamentista y a esos cincuenta conflictos que están abiertos en el mundo y que no tienen pinta de ser resueltos por la vía diplomática, quizá porque en el fondo producen rentables y escandalosos beneficios. Constatamos que una economía al servicio de un neocapitalismo deshumanizado genera movimientos migratorios de gente en busca de un mejor modo de vida y ante los que las naciones “desarrolladas” se ven desbordadas y con grandes problemas para acoger e integrar a sus agentes, personas que, por otro lado, les van a ser imprescindibles en su desarrollo. Dejamos constancia también de fenómenos preocupantes como los populismos que cuestionan las democracias, incapaces de comprender que la debilidad democrática no se combate con regímenes autoritarios, sino con más democracia. Y así podríamos seguir desarrollando otros tantos temas que a todos nos tienen muy preocupados, como son las agresiones (46 mujeres asesinadas en España por sus parejas o exparejas es el triste balance que nos deja el año), la homofobia, el machismo, el nacionalismo excluyente, etc.

¿De dónde nos podrá venir la esperanza que nos sostenga sin desaliento para afrontar esta compleja y delicada situación? ¿De dónde esa confiada espera en que tras los nubarrones podrá brillar de nuevo el sol? Primero, de la comprensión de que el proceso de humanización es lento y no avanza linealmente, sino con leves avances y preocupantes retrocesos. Segundo, del ejercicio de una racionalidad crítica que actualice el mejor pensamiento elaborado desde Sócrates hasta Habermas y abra un horizonte esperanzador. Tercero, de la posibilidad de mejorar la acción política de modo que podamos exigir que se plantee no como una lucha encarnizada entre partidos para alcanzar el poder, sino como un servicio a las necesidades y preocupaciones de la ciudadanía. Cuarto, del convencimiento de que es posible establecer complicidades entre Ética y política, Ética y empresa, y entre Ética y relaciones humanas. Y quinto, de la constatación de que hay personas que, con su estilo de vida, su dedicación, su entrega en distintos ámbitos y niveles, están ya haciendo posible un mundo distinto y mejor.

En este contexto, el papa Francisco abre el Año Jubilar 2025 con el tema de la esperanza, convencido de que el mundo está necesitado de esta virtud, que es teologal para los creyentes y rasgo antropológico universal para el resto. Él la presenta como ocasión propicia de conversión personal y eclesial, pero ello no es óbice para que a la vez pueda contemplarse también como rasgo de fraternidad universal, como clamor que elevan todos los desesperados y desesperanzados del mundo, como legítima aspiración de todo ser humano de construir un mundo menos agresivo y más habitable. Bellas palabras las que dice este pontífice al respecto, pero que solo se harán realidad si dan frutos tangibles y actúan en sinérgica colaboración con las diversas fuerzas sociales, con todas las personas, sean o no creyentes, de buena voluntad. Y es que la sola razón científica se nos presenta muy limitada e insuficiente para que la esperanza sea realmente operante; nos es necesario además contar con un corazón compasivo y misericordioso.

Pedro Miguel Ansó Esarte

Exprofesor de Humanidades y autor de Por un cristianismo creíble. Reflexiones de un cristiano de a pie.

Fuente Fe Adulta

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Cristianos Gays os desea un Feliz Año Nuevo 2025

miércoles, 1 de enero de 2025
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Mafalda4

“Cuidado hemos de tener, no sea que por confiados
en los auxilios humanos, perdamos algo de
la confianza que debemos tener en Dios.

(San Fco. Javier)

Al comenzar el 2025 queremos felicitaros este año nuevo con la alegría propia de los hijos de Dios y con la confianza de que la Paz y la Justicia puedan llegar a todos los confines de este mundo sufriente…

Tenemos 365 días por delante para llevar a cabo esos propósitos nacidos a la luz de Navidad y que, con el impulso del Espíritu, nos ayudara a madurar en nuestra vida cristiana.

Estamos llamados a llevar la alegría del Evangelio a tantos y tantos hermanos y hermanas nuestros que sienten la soledad espiritual y física de estar escuchando constantemente que la forma de amar que Dios hizo nacer en nuestro corazón, por pura gracia, es pecado abominable. Debemos llevar la alegría de quien se sabe querido por Dios, se sabe hijo de Dios, a todos nuestros rincones cotidianos. No seamos nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca nos dejemos vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con Él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, ¡y hay tantos!… Sigamos a Jesús en este año nuevo. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que Él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar a todos en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.

Ojalá los pastores de todas las confesiones, de todas, sean capaces de transmitir esa esperanza y alegría propia de Dios, solo de Dios.

Desde Cristianos Gays os deseamos a todos un feliz año nuevo 2024 lleno de momentos preciosos e íntimos con el Señor.

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Feliz Año Nuevo, Urte berri on, Bon any nou, Feliz aninovo, Bon añu nuevu, Bon annada

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Felix sit annus novus

Y en casi todos los idiomas del Mundo porque… Nuestro pasado nos marca, por eso debemos saber que provenimos de todas partes del mundo y todos somos hermanos de sangre y debemos compartir un mundo justo en armonía los unos  con los otros que, en realidad, somos uno.

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2025, bajo el signo de la confianza.

miércoles, 1 de enero de 2025
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camino

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

***

***

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Volvamos a Jesús

miércoles, 1 de enero de 2025
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JESUS

Volvamos a Jesús, su palabra es de fuego.
Volvamos a Jesús, fuente de agua viva.
Volvamos a Jesús, su Espíritu nos hace libres.
Volvamos a Jesús, él nos conduce al Padre.

Jesús, tú, el Hijo querido, eres nuestro hermano, tú vas a nuestro lado.
Tu amor está abierto a todos y es más fuerte si somos débiles.
Tu palabra nos invita a velar por todos nuestros hermanos.

Jesús, tú, el Hijo querido, eres nuestro guía; nosotros, tus discípulos.
Tú no impones ni leyes ni obligaciones que oprimen.
Tú nos pides amar a todos como tú nos amas.

Jesús, tú, el Hijo querido, eres nuestro sol; nosotros, tus amigos.
Tu ternura nos acoge, en tu mirada solo hay compasión.
Tú nos dices que siempre a la vista está tu perdón.

Jesús, tú, el Hijo querido, eres el camino, la vida, la verdad.
Tú nos hablas del Reino, donde todos han de ser amados.
Tú impulsas a construirlo, todos juntos y sin tardar.

*

Isabelle Willemot

***

(José Antonio Pagola
Jesús, Maestro interior.
3. Recuperar la confianza 103-104)

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Santa María Madre de Dios. Martes 01 de Enero de 2025

miércoles, 1 de enero de 2025
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De Koinonia:

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Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

*

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

*

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

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Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios. Leer más…

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“Alegría para todo el pueblo”. Santa María, Madre de Dios – C (Lucas 2,16-21)

miércoles, 1 de enero de 2025
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IMG_9158Hay cosas que solo la gente sencilla sabe captar. Verdades que solo el pueblo es capaz de intuir. Alegrías que solamente los pobres pueden disfrutar.

Así es el nacimiento del Salvador en Belén: No algo para ricos y gente pudiente; un acontecimiento que solo los cultos y sabios pueden entender; algo reservado a minorías selectas. Es un acontecimiento popular. Una alegría para todo el pueblo.

Más aún. Son unos pobres pastores, considerados en la sociedad judía como gente poco honrada, marginados por muchos como pecadores, los únicos que están despiertos para escuchar la noticia. También hoy es así, aunque, con frecuencia, los más pobres y marginados hayan quedado tan lejos de nuestra Iglesia.

Dios es gratuito. Por eso es acogido más fácilmente por el pueblo pobre que por aquellos que piensan poder adquirirlo todo con dinero. Dios es sencillo, y está más cerca del pueblo humilde que de aquellos que viven obsesionados por tener siempre más. Dios es bueno, y le entienden mejor los que saben quererse como hermanos que aquellos que viven egoístamente, encerrados en su bienestar.

Sigue siendo verdad lo que insinúa el relato de la primera Navidad. Los pobres tienen un corazón más abierto a Jesús que aquellos que viven satisfechos. Su corazón encierra una «sensibilidad hacia el Evangelio» que en los ricos ha quedado con frecuencia atrofiada. Tienen razón los místicos cuando dicen que para acoger a Dios es necesario «vaciarnos», «despojarnos» y «volvernos pobres».

Mientras vivamos buscando la satisfacción de nuestros deseos, ajenos al sufrimiento de los demás, conoceremos distintos grados de excitación, pero no la alegría que se anuncia a los pastores de Belén.

Mientras sigamos alimentando el deseo de posesión no se podrá cantar entre nosotros la paz que se entonó en Belén: «La idea de que se puede fomentar la paz mientras se alientan los esfuerzos de posesión y lucro es una ilusión» (Erich Fromm).

Tendremos cada vez más cosas para disfrutar, pero no llenarán nuestro vacío interior, nuestro aburrimiento y soledad. Alcanzaremos logros cada vez más notables, pero crecerá entre nosotros la rivalidad, el conflicto y la competencia despiadada.

José Antonio Pagola

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Octava de Pascua, la fiesta de María 1.1.22. Santa María, madre de Dios: Iniciadora, Amiga, Hermana (Propuesta mariana para el 2025)

miércoles, 1 de enero de 2025
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IMG_9247El Año del Señor a.D. (anno Domini) 2025, ha comenzado con la Solemnidad de María, Madre de Dios, a quien la tradición ha llamado Ianua Coeli, Puerta del Cieloy Virgen de Enero, mes de la Puerta del Cielo, Ianua Coeli Dios que es María.

Pero de hecho, siendo la más importante de las fiestas de María (viene del IV d.C.) apenas se conoce, pues, gran parte del mundo católico pasa directamente de la Navidad a la Epifanía (Reyes).

Es una fiesta antigua, reinstaurada tras el Vaticano II y fechada (con el nuevo Ordo Litúrgico) el 1 de Enero, Octava de la Navidad, que solía dedicarse a la Circuncisión de Jesús.

Es importante recuperar la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (del siglo IV-V d.C.) y así lo hago insistiendo en tres de sus notas y presentándolas como deseos (propuestas) eclesiales para el año 2022.

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   Ésta es una fiesta poco conocida. Eso se debe, quizá, a que la renovación litúrgica del Vaticano II no ha culminado y al hecho de que los nuevos movimientos apostólicos(como Acción católica, Caritas, HOAC, Cristianos por el Socialismo, Hijas de María, Legión de María, Opus Dei, Cursillos de Cristiandad, Neopentecostales, Neocatecumenales, Focolares, Comunión y Liberación, Comunidad de San Egidio, Legionarios etc.), variados y distintos entre sí, no han creado ni impulsado, que yo sepa, una nueva y verdadera mariología(devoción mariana),  que pueda encarnarse en formas populares.

Por otra parte, el “marianismo” de algunos de algunos movimientos resulta menos evangélico (incluso regresivo), no logra conectar con el movimiento de Reino de Jesús, ni con la nueva misión la Iglesia, en línea de gozo real de la vida, de amor-amistad, en valoración de la mujer, fraternidad y justicia etc.

Por poner un ejemplo, el último libro “serio” sobre mariología publicado en castellano es el Nuevo Diccionario, del año 1988. Desde entonces estamos en un desierto, con fugaces espejismos que el viento borra en un momento, y con una mariología a servicio de un poder y de una devoción poco evangélica.

  BD669384-F356-4284-8457-5E17185E35CFEvidentemente, no se puede resolver el tema de un modo general, aunque pienso que puedo ofrecer algunas indicaciones, en la línea de un trabajo publicado en RD sobre la devoción mariana, con la semblanza sobre el Diccionario de Mariología y lo que he dicho ayer sobre el fin de año con María. En ese contexto quiero presentar de nuevo unas ideas tomadas de la entrada “Libertad”, que publique en el diccionario.  Tres son, a mi juicio, los rasgos que puede destacar esta fiesta de Santa María, Madre de Dios, puerta de enero, puerta de renovación cristiana este año 2022:

1.María es, ante todo, iniciadora de Fiesta, como destaca Jn 2, en el relato de las Bodas de Caná. Ella “pone en marcha” la celebración del Reino de Jesús, el paso del agua de las purificaciones penitenciales al vino de la vida. Seguimos en una iglesia más penitencial y legalista que festiva. No proclamamos y vivimos el evangelio como fiesta de vino y libertad. Es como si María no estuviera ya en Caná de Galilea.

2.María es, en segundo lugar, madre-amiga del discípulo amado, amiga de los creyentes de Jesús, como ha puesto de relieve Jn 19, 25-27: Ella forma parte de la “casa del amigo”, de los compañeros de Jesús que tienen en el mundo la tarea de celebrar el amor. Ella parece secuestrada por una iglesia de observantes legales “pietistas”, pero sin humanidad. No parece tampoco que éste sea animadora y amiga de los que aman la vida y la regalan a los otros.

3.María es, finalmente, la hermana más significativa de los hermanos de Jesús, que forman la iglesia, conforme al relato de Pentecostés (Hch 1,12-14). Según el texto de los Hechos ella está entre todos y con todos (apóstoles, parientes de Jesús y las mujeres amigas), como hermana universal, la gran Hermana, como signo de arraiga en la vida y de entrega por la comunión de todos.

          Éstos son mis deseos “marianos” para el 2025, con María, Madre de Dios: (a) que se extienda la fiesta del vino de la vida a todos los “impotentes y oprimidos” afectivos, sociales… (b) Que se extienda la iglesia del “amado”, que se extienda por la Iglesia la comunidad de los aman y son amados. (c) Que triunfe la fraternidad, entre todos, apóstoles, hermanos de Jesús, mujeres…

(Imagen 1: Madre de Dios,centro de la Iglesia (icono del Monasterio de S. Catalina del Sinaí, con San Teodoro y san Jorge, siglo VI).  Imagen 2: María, Salus Populi romani( icono romano del siglo VI-VII).

 1.MARÍA INICIADORA DE LA FIESTA. BODAS DE CANÁ

   Esas bodas son un compendio de la historia de Jesús y de los hombres. Lógicamente, “la madre de Jesús estaba allí”, representando al pueblo de Israel, el pueblo de los primeros invitados (cf. Jn 2,1). Jesús viene después, cuando se ha empezado a celebrar la fiesta. María actúa en esas bodas como iniciadora-animadora de la fiesta de Jesús, realizando un programa de vida (de liberación) semejante al que realiza, en otro plano, en el Magníficat de Lc 1, 46-55.

 Viene Jesús, pero el ayuno sigue porque los novios de este mundo no han podido conseguir el vino de la vida, como indica certeramente la madre (2,3): solamente tienen el agua de las purificaciones judías, el agua de los ritos y las leyes, que limpia una vez, externamente, para que volvamos a descubrir después que las manos siguen estando manchadas, como ha precisado en un contexto semejante la carta a los hebreos (9,23-10,18).

Pues bien, sobre ese fondo de ayuno, de insuficiencia israelita y de bodas que no pueden culminar viene a situarse la palabra de María. Ella habla precisamente como madre (Jn/02/01-05), es decir, como persona que está abierta al nuevo nacimiento. Habla por dos veces.

En esta primera palabra ella explícita su solidaridad respecto a los que viven de manera insuficiente, incompleta sobre el mundo: sabe que los hombres han sido creados para celebrar las fiestas del amor, para En primer lugar, se dirige hacia Jesús, indicándole la necesidad de los hombres:

 “¡No tienen vino!” no pueden celebrar la fiesta de las bodas (2,3).

las bodas del vino escatológico, y por eso sufre al verlos incompletos, deprimidos, sometidos al agua de los ritos y las purificaciones de este mundo.

La respuesta de Jesús parece dura: “¡Qué tenemos que ver tú y yo, mujer; aún no ha llegado mi hora!” (Jn 2,4). Ciertamente lo es, si la miramos desde una perspectiva intimista, como expresión de ruptura con la madre: ¡Jesús está en manos de Dios y no puede recibir mandatos de María! Sin embargo, si miramos a más profundidad, descubriremos que en la misma respuesta va implicado un asentimiento implícito: Jesús no rechaza la observación de su madre, no niega la carencia de vino. Simplemente indica que la solución del problema no depende ahora de las palabras de su madre, sino de la hora (voluntad de Dios).

Así lo ha entendido la madre. Respecto a Jesús ya ha cumplido su misión: ya le ha indicado que no existe vino de amor y libertad sobre la fiesta de la tierra. En ese aspecto está tranquila, confía en Dios y en la promesa mesiánica del Cristo. Por eso, ahora, sólo le queda una cosa: ponerse al lado de los hombres (servidores del banquete) y advertirles:

“¡Haced lo que él os diga!” (2,5).

 Esta es la palabra de su fe suprema: es la palabra de una fe personal, que confía en la acción salvadora de Jesús allí donde Jesús le dice que no es ella la que tiene que marcarle su camino; es la palabra de una fe expandida y misionera que se pone al lado de los “servidores” del banquete y les prepara, de manera que también ellos estén dispuestos a cumplir la voluntad de su hijo Jesucristo, allí donde el agua del mundo (leyes judías) se convierte en gracia de las bodas, vino del reino. Leer más…

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