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Dom 11. XII. 16. Se alegrarán el páramo y la estepa

domingo, 11 de diciembre de 2016
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dsc03930Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 3º de Adviento. Ciclo A. Año impar. Sigo insistiendo en el profeta Isaías, gran profeta de Adviento, como en los domingos anteriores.

Éste es el domingo del gran gozo, tiempo de esperanza que expresa de un modo especial en el rollo de Isaías, que constituye el primer Evangelio Cristiano, retomado este domingo por el mismo Jesús, en su respuesta a los discípulos del Bautista:

Los ciegos ven, los cojos andan…
y a los pobres se les anuncia la buena, la alegre, noticia (Mt 11, 2-4).

Éste es el domingo de la alegría cósmica, que supo anunciar como nadie el autor de esta parte del libro de Isaías:

El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrarán el páramo y la estepa,
florecerá como flor de narciso…

Ésta es la alegría que se empieza expresando en la misma realidad del mundo… La alegría del adviento, que hoy quiero recoger y proclamar en el comentario que sigue.

Imagen 1. Rollo de Isaías en el Santuario del Libro del Museo de Jerusalén. Texto intacto del rollo de Isaías, de más de 2000 años de antigüedad, encontrado en las grutas de Qumrán. Este Santuario del Libro, precisamente con Isaías en su centro, es para los judíos en lugar más sagrado de Jerusalén (con las piedras en ruinas del muro de las lamentaciones del templo. Cayó el Templo, sigue el Libro.

Imagen 2. Miguel Ángel: Profeta Isaías en la Capilla Sixtina de Roma.

1. Texto base: Is 35, 1-6.10
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Los especialistas afirman que es un texto de la tradición posterior, vinculada al 2º Isaías, que recoge gran parte de los textos de la gran esperanza israelita, relacionada con la vuelta del exilio y con el restablecimiento del pueblo en la Nueva Tierra de las promesas.

(a) Ésta es una alegría cósmica: el mundo entero se transfigura al paso de los elegidos, de los rescatados de Dios.

(b) Ésta es una alegría personal, que se expresa en la presencia y acción de Dios, que viene y realiza su obra.

(c) Es una alegría que estalla y se manifiesta en forma de curación de los enfermos.

Así anuncia Isaías:

a. El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrarán el páramo y la estepa,
florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría.
Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.

b. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes;
decid a los cobardes de corazón:
«Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios,
que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.»

c. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán,
saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
Volverán los rescatados del Señor,
vendrán a Sión con cánticos:
en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría.
Pena y aflicción se alejarán (Isaías 35,1-6a.10)

2. El evangelio de Isaías

En ese contexto he querido poner de relieve el tema del evangelio en Isaías. Evangelio se dice en hebreo, besorah, que significa ya buena noticia, anuncio de victoria y libertad para los hombres. Sin embargo, ese nombre no ha tomado un contenido teológico impor¬tante en el Antiguo Testamento. Importante ha sido, sin embargo, dentro de Isaías, el verbo bissar que significa anunciar noticias buenas y gozarse en ellas.

De manera especial se ha utilizado el verbo en su forma de participio activo, mebasser, que significa «¬evangelizador«: es decir, el que anuncia la buena noticia escatoló¬gica de Dios, es el heraldo o mensajero de la liberación final para los hombres.

Este es el sentido que recibe la palabra en el Segundo Isaías (Is 40-55), allí donde culmina la historia más profunda de la profecía israelita. Precisemos el momento.

Estamos entre el 550 y 540 a. de C. Los judíos deportados en Babel se mueven entre el fracaso de la desesperación y las diversas ilusiones falsas, de carácter escapista. Un profeta de nombre desconocido, que la tradición ha situado en la línea del antiguo Isaías¬, eleva su voz fuerte de esperanza y exigencia. A su entender¬, el tiempo del castigo y de la ruina se ha cumplido; se abre un tiempo nuevo de revelación de Dios y de camino para el pueblo (Is 40, 1-4). Sobre ese mismo fondo, con palabra poderosa, ¬que va delimitando el ritmo nuevo de la creación de Dios, este profeta presenta su evangelio:

Súbete a un monte elevado, evangelizador de Sion,
grita con voz fuerte, evangelizador de Jerusalén;
grita con fuerza, no temas, di a las ciudades de Judá:
¡Aquí está vuestro Dios!
Mirad: el Señor Yahvé se acerca con poder,
su brazo ejerce dominio sobre todo.
Mirad: él trae su salario y su recompensa le precede (Is 40, 9-10).

Esta es la buena nueva de Dios que anuncia el mebasser o evangelizador. Es la buena nueva de la libertad que resuena poderosa sobre el mundo de opresión y cautiverio de los hombres. Ese mebasser que el texto griego de los LXX ha traducido rectamente como euangelidsomenos o evangelizador aparece como un personaje misterioso, de carácter poético-religioso.

Ciertamente, es más que un hombre en el sentido normal de la palabra: es como un ángel de Dios, es su presencia gozosa y creadora entre los hombres. El ángel vuela y se presenta en las montañas que rodean a Sión, ciudad de ruinas y de llanto, prego¬nando allí la gran noticia de la venida de Dios. El Dios que parecía haberse diluido en la derrota de su pueblo, el Dios vencido y cautivado del exilio, llega y se desvela de manera creadora, transformante. Por eso, el mensajero anuncia su llegada en gesto victorioso de evangelio.

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del evangelizador
que anuncia la paz, del evangelizador bueno que anuncia salvación!
De aquel que dice a Sión: ¡Reina tu Dios!
Escucha la voz de los vigías, que cantan a coro
pues contemplan cara a cara a Dios que vuelve a Sión.
Cantad a coro ruinas de Jerusalén…
pues los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios
(Is 52, 7-10).

3. Evangelizador y profeta: El Siervo de Yahvé

El gran evangelizador del Segundo Isaías es el Siervo de Yahvé

Yo, Yahvé, te he llamado para la justicia,
te he tomado de la mano y te he guardaré y te he constituido:
alianza del pueblo y luz para las naciones
Para que abras los ojos a los ciegos
y saques de la cárcel a los presos
y de la prisión a los que moran en las tinieblas (Is 42, 6-7).

El exilio en Babilonia se interpreta así como una cárcel donde los israelitas se encuentran encerrados, sir poder desplegar su vida en libertad. Ellos están como en prisión: moran encerrados, bajo la tiniebla de unos muros que no les permiten ver el sol. Lógicamente, la primera tarea del Siervo, delegado de Dios en la tierra, será la de ofrecer libertad a esos cautivos y/o presos israelitas, para que pueden desplegar su vida en libertad. Esta es la utopía social del Segundo Isaías, que entiende y promueve la vida de los hombres y mujeres de su pueblo como gran marcha que lleva, a través del desierto de la vida actual, hacia el futuro de la libertad.

Así dice Yahvé, el que me constituyó Siervo suyo
desde el seno materno,
para que trajese a Jacob, para que reuniese a Israel…
Te he guardado y te he constituido alianza del pueblo,
para restaurar la tierra, para repartir heredades asoladas,
para decir a los presos: Salid;
a los que están en tinieblas: Venid a la luz.
Por los caminos pacerán, y en todas las alturas desoladas pastarán…
Convertiré mis montes en camino, y mis senderos se nivelarán.
Mira, éstos vendrán de lejos;
unos del Norte y Poniente, otros de Sinim (Is 49, 5, 12).

4. El profeta del evangelio

Después de la vuelta del exilio, la nueva sociedad, que está surgiendo en Jerusalén, con la restauración sacral y el triunfo de un sistema religioso, centrado en el poder de los sacerdotes y el culto del templo, está creando una nueva forma de opresión. En contra de ella eleva su voz el profeta:

[Principio] El Espíritu del Señor Yahvé está sobre mí,
porque Yahvé me ha ungido, me ha enviado:
[Tareas] – para evangelizar a los oprimidos
– para vendar los corazones quebrantados,
– para proclamar la liberación de los cautivos
y a los prisioneros apertura de la cárcel para proclamar el Año de Gracia de Yahvé
y un Día de Venganza para nuestro Dios
– para consolar a todos los que están de duelo…
(Is 61, 1-3)

5 .Jesús retoma el mensaje de Isaías: Evangelizar a los pobres

Desde ese fondo se entiende el mensaje de Jesús, el evangelizador de Dios. El Evangelio cristiano no ha planteado el tema en clave abstracta, sino en el contexto de un diálogo de Jesús con los mensajeros del Bautista, que le preguntan si es él “el que ha de venir”. Jesús responde:

[Principio] Id y anunciadle a Juan lo que habéis oído y habéis visto:
[Obras] – los ciegos ven,
– los cojos andan,
– los leprosos son curados,
– los sordos oyen,
− los muertos resucitan
− y a los pobres se les anuncia la buena noticia
[Conclusión] y dichoso aquel que no se escandalice de mí (Mt 11,4-6)

Estas palabras, quizá recreadas por la tradición eclesial, testifican una experiencia y enseñanza originaria de la iglesia. Asumiendo el mensaje de una vieja profecía (cf. Is 35, 5-6; 42, 18), Jesús ha interpretado la llegada del reino como liberación integral del ser humano, como sanación completa de los individuos y transformación de la sociedad. Él ha podido proclamar esta palabra porque ha ido curando a los humanos, haciéndoles capaces de vivir en libertad, de realizarse de manera autónoma, en gesto de fe profunda y creadora (cf. Mt 9, 36;14, 14 par). Desde este fondo se pueden entender las necesidades humanas y de los gestos proféticos de Jesús:

Curaciones, en la línea por Is 35, 5-6; 4l, 7; etc. Es indudable que Jesús ha curado a hombres enfermos (cojos y ciegos, ¬sordos y leprosos) en actitud de misericordia y de servicio activo, en gesto de evangelio. ¬
Evangelio, en la línea de Is 61, 1. Las curaciones se expanden y vienen a mostra¬rse como signo (y prueba) de un anuncio gozoso más extenso: es portador del evangelio de Dios. Evi¬dentemen¬te, estos pobres son los pobres-hambrientos-llorosos de las bienaventuranzas (de Lc 6, 20-21 y de Mt 7, 1-6).

− En ese contexto puede hablarse de resurrección de los muertos. Esa palabra se puede interpretar de dos maneras: ¬como promesa histórica del propio Jesús que al realizar las curaciones y anunciar el reino a los pobres está abriendo el camino de la resurrección final de los que han muerto; o como confesión pascual de la iglesia que ha visto ya anunciado y realizado el gran misterio de la resurrección de los muertos en el mismo gesto las obras y promesas de Jesús. Sea como fuere, lo cierto es que la resurrección final, que luego será centro del mensaje pascual de la iglesia, sólo puede entenderse y proclamarse allí donde se asume el camino de Jesús y su evangelio dirigido hacia los pobres.

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El desconcierto de Juan Bautista. Domingo 3º Adviento. Ciclo A.

domingo, 11 de diciembre de 2016
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jesus-mas-cerca-de-los-q-sufren-12-12-10Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Las lecturas no tienen relación entre ellas, pero siguen en la misma onda de los domingos anteriores. La primera (de Isaías) vuelve a tratar uno de los grandes problemas antiguos y actuales: el de los deportados y desplazados. El evangelio se relaciona de forma muy estrecha con el del domingo precedente: la actividad de Jesús provoca el desconcierto de Juan Bautista.   La carta de Santiago ofrece un nuevo consejo para vivir el Adviento.

  1. Destierro y repatriación de hace siglos; refugiados y desplazados de ahora

            Los dos primeros domingos de Adviento nos obligaron a recordar los graves problemas de la guerra y las injusticias, ofreciendo como contrapartida la esperanza de la paz y un nuevo paraíso. El texto de Isaías de este tercer domingo aborda otra de las grandes experiencias que tuvo el pueblo de Israel: la del destierro.

            La primera deportación importante la sufrieron los israelitas del norte a finales del siglo VIII a.C. (año 720). Pero las más famosas fueron las que tuvieron como protagonistas a los judíos a comienzos del siglo VI a.C. (años 598 y 586). Fue grande la tragedia, angustia y odio que provocaron estas deportaciones. Pero más fuerte aún fue en muchos casos, no siempre, el deseo de volver a la patria. Numerosos textos proféticos en los libros de Jeremías, Ezequiel, Isaías, anuncian esta repatriación.

            En esta línea se orienta la primera lectura del tercer domingo de Adviento. Para comprenderla debemos recordar que el camino de miles de kilómetros entre Babilonia y Jerusalén no era entonces (tampoco ahora) una maravillosa autopista transitada por cómodos autobuses con aire acondicionado. Cualquier caravana que hacía ese largo recorrido tenía la impresión de atravesar un terrible y árido desierto. Un grupo del que formaran parte ancianos, mujeres embarazadas, niños, podía desanimarse fácilmente ante la difícil empresa. El profeta los anima con palabras enormemente poéticas.

            El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría.

            Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.

            Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis.»

            Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.

            Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.

            Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. (Is 35,1-6.10)

            La experiencia del destierro y la esperanza de repatriación trae a la memoria otro de los grandes problemas de nuestro tiempo: el de los apátridas, desplazados y refugiados. Hasta principios del siglo XXI, ACNUR ha proporcionado asistencia a más de 111 millones de refugiados y desplazados.

            La lectura del tercer domingo nos obliga pensar en tantos millones de personas que se encuentran en la misma situación que los antiguos israelitas y necesitan como ellos una palabra y una acción que les lleve esperanza y consuelo.

  1. Desconcierto (Mt 11,2-11)

            El evangelio del domingo pasado nos habló de la esperanza de Juan Bautista: un Mesías enérgico, con el hacha en la mano dispuesto a talar todo árbol improductivo, y con el bieldo para quemar la paja en el fuego. Sin embargo, las noticias que le llegan a la cárcel de la actividad de Jesús son muy distintas.

            En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

            Jesús les respondió:

            -«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

            El comienzo es muy significativo: «Juan se enteró… de las obras que hacía el Mesías». No dice Jesús, sino el Mesías. Y «las obras» se refiere a todo lo anterior: palabras, curaciones, misión. Pero precisamente lo que debía animar a Juan provoca en él la duda. Había esperado un Mesías enérgico, que solucionase definitivamente los problemas; dispuesto a cortar el árbol que no diese buen fruto (3,10), a distinguir entre el trigo y la paja, para quemar lo inútil en una hoguera inextinguible (3,12). Jesús le falla; al menos, lo desconcierta. Actúa de forma muy distinta a como actúa él: no va vestido con una piel de camello, no se alimenta de langostas y miel silvestre, no enseña a rezar a sus discípulos, no les obliga a ayunar, en vez de dar hachazos se dedica a curar enfermos y contar historias bonitas. Juan, después de estar convencido de que Jesús era el Mesías esperado, se pregunta ahora ‒y le pregunta‒ si hay que seguir esperando a otro.

            La respuesta de Jesús es desconcertante a primera vista: repite lo que Juan ya sabe. Los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Sin embargo, es distinto saber y comprender. Y las obras del Mesías se comprenden cuando son contempladas a la luz de la Escritura. No se trata de saber que Jesús ha curado a dos ciegos, a un mudo, o a un leproso. Lo importante es que en todo eso se está cumpliendo lo anunciado por los antiguos profe­tas. Las palabras de Jesús aluden a diversos textos del libro de Isaías que hablan de la salvación futura, cuando queden vencidas la muerte, la enfermedad y el dolor:

«Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abri­rán,

saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará» (Is 35,5)

«Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán,

despertarán jubilosos los que habitan en el polvo» (Is 26,19)

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para la buena noticia a los que sufren» (Is 61,1)

            A partir de estas promesas, elabora Jesús su respuesta, que pasa de la enfermedad física (ciegos, cojos, leprosos, sordos) a la muerte y a la evangelización de los pobres. A partir del libro de Isaías se podría haber construido una imagen muy distinta, más en la línea de Juan Bautista. Jesús elige la que sólo subraya lo positivo. Y esto puede provocar una reacción en contra. Por eso termina con un serio aviso: «¡Dichoso el que no se escandalice de mí!» Esto es lo que los discípulos de Juan deben comunicarle en la cárcel.

            Este episodio es muy importante para examinarnos de nuestra imagen de Jesús. Generalmente partimos de que Jesús es el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad. Por consiguiente, cualquier cosa que diga o haga debe ser perfecta. Esta actitud es muy peligrosa porque impide profundizar en la fe.

            Las palabras y las obras de Jesús desconcertaron a Juan Bautista, escandalizaron a los escribas y fariseos, no fueron entendidas por los discípulos. Es absurdo pensar que nosotros no tendríamos ninguna dificultad en aceptarlas.

            Por ejemplo, ante muchas parábolas de Jesús, la reacción normal no debe ser: ¡qué bonita!, sino rebelarse contra su enseñanza. ¿Por qué el padre acoge con tanto cariño al hijo pródigo y nunca en la vida le ha dado un cabrito al hermano mayor para convide a sus amigos? ¿Por qué el dueño del campo le paga la misma cantidad, un denario, al que ha trabajado una hora que al que ha sudado desde las seis de la mañana hasta la puesta del sol?

            Con respecto a su conducta, ¿por qué defiende a sus discípulos cuando se saltan el sábado sin motivo alguno, e incluso lo justifica con argumentos bíblicos que no prueban nada? ¿Por qué ataca de manera tan terrible a los fariseos, que, aunque tuviesen muchos fallos, deseaban cumplir la voluntad de Dios?

            Las preguntas podrían multiplicarse, demostrando que la reacción normal ante Jesús no es el aplauso sino el desconcierto, el escándalo o el rechazo. Luego, en un segundo momento, a base de reflexión y de oración, es cuando se advierte que su postura es la más adecuada y se llega a la fe en él.

            El episodio anterior puede dejar mal sabor de boca con respecto a la figura de Juan Bautista. Por eso, el evangelio añade unas palabras de Jesús sobre él.

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

-«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

            Para comprender este pasaje hay que recordar un dato fundamental. Nosotros siempre hemos visto a Juan Bautista en relación con Jesús. Su única misión era anunciar la venida del Mesías. Esto significa una simplificación muy grande. En los ambientes judíos de comienzos del siglo I, Juan Bautista era más conocido que Jesús; y sus discípulos llegaron a Grecia antes incluso que los cristianos. Por otra parte, los episodios ante­riores demuestran que los discípulos de Juan Bautista no perdie­ron su identidad al aparecer Jesús, sino que siguieron vinculados a Juan, viviendo según sus enseñanzas (por ejemplo, con respecto al ayuno).

            Se creó, entonces, entre los discípulos de Jesús y los de Juan cierta tensión sobre quién de los dos era más importante. Aquí se aborda el tema, exaltando a Juan y, al mismo tiempo, poniéndolo en su justo sitio.

            Las afirmaciones son bastante distintas, y a veces enigmáticas. Ante todo, Jesús elogia las cualidades humanas de Juan: firmeza, austeridad. Pero es más que un asceta: es un profeta, e incluso más que eso: el mensajero que prepara el camino del Señor, «el Elías que tenía que venir» (Ex 23,20; Mal 3,1). Por eso, «no ha nacido de mujer nadie más grande que Juan Bautista».

            Sin embargo, la dignidad de Juan radica precisamente en ser el precursor de Jesús, y se queda en el ámbito del Antiguo Testamento. Por eso, «el más pequeño en el Reino de Dios [en la comunidad cristiana] es más grande que él». Esta frase resulta muy dura, pero encaja en la idea bíblica de que los hombres no son lo importante sino Dios y lo que él hace. Encandilarse con la grandeza de las personas, incluso de los mayores santos, no es un buen método para valorar la acción de Dios.

  1. Paciencia

El tercer consejo procede de la carta de Santiago (Snt 5,7-10) y se centra en la paciencia y el aguante, poniendo como ejemplo a personas tan distintas como los campesinos y los profetas.

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

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Tercer Domingo de Adviento. 10 diciembre, 2016

domingo, 11 de diciembre de 2016
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Jesús les respondió:

“-Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: las ciegas ven y las inválidas andan; las leprosas quedan limpias y las sordas oyen; las muertas resucitan, y a las pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichosa quien no se sienta defraudada por mí!”

(Mt 11, 2-11)

En el evangelio de este domingo se nos presenta de nuevo la figura de Juan. Igual de decidido pero también confuso. Se encuentra en prisión y sabe que las cosas pueden empeorar para él. Tiene muy clara su vocación: él no es el Mesías, él simplemente anuncia la llegada del Mesías. Oye hablar de  lo que hace y dice Jesús, y todo junto le confunde. Jesús no es exactamente el tipo de Mesías que esperaba Juan. Por eso, desde la cárcel le envía a sus discípulos con una pregunta directa: “¿eres tú el Mesías o tenemos que esperar a otro?”

Pero la respuesta de Jesús, como siempre, obliga la responsabilidad y a la toma de postura. Podría haberle dicho: -Juan, tranquilo, yo soy el Mesías, aunque vemos a Dios de distinta manera, no te preocupes que conmigo no te equivocas.

Sin embargo, en lugar de una respuesta tranquilizadora, lo que hace es obligar a Juan a hacer uso de su libertad. Le lleva a otra manera de ver a Dios y de ser Mesías. (Recuerda que la semana pasada Juan nos hablaba de un Dios bastante enfadado, esperando la conversión con el hacha en la mano…)

Jesús le dice: – Nada de hachas, Dios no es un juez permanentemente enfadado. La Buena Noticia es que Dios no se cansa de darnos nuevas oportunidades y sus preferidas son las personas marginadas, aquellas que la Ley y la sociedad han dejado fuera del sistema. Y luego añade: – ¡Dichosa quien no se sienta defraudada por mí! Que sería lo mismo que decirle: – Juan o rompes la imagen de Dios que tienes y te vuelves al Dios de la Vida o no podrás ser feliz.

Y nosotras podemos pensar qué imágenes de Dios nos tienen atrapadas sin dejarnos salir tras la huellas del Dios Vivo.

Oración

Dichosa quien no se sienta defraudada por mí.

Dichosa quien sepa ver en la liberación de quienes más sufren la mano de Dios presente en la historia.

Dichosa la que se deje abrir los ojos a la novedad del Reino.

Dichosa la que se deja movilizar por todo aquello que devuelve la dignidad a las últimas de las últimas.

Dichosa la que quede limpia de la lepra de creerse mejor que las demás.

Dichosa la que se abra a la Palabra.

Dichosa la que se deje resucitar a una nueva vida.

Dichosa quien acoja este desconcertante Buena Noticia desde su pobreza, con humildad.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Te sentirás defraudado si pones la esperanza donde no debías

domingo, 11 de diciembre de 2016
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Después de haber hablado de la vida pública de Jesús durante ocho capítulos, el evangelio de Mt vuelve a hablar de Juan de una manera sorprendente. Mt ya nos ha dicho quién es Jesús, pero Juan desde la cárcel no las tiene todas consigo. La pregunta a Jesús es muy concreta, pero él responde a dos cuestiones muy distintas. De sí mismo responde de manera indirecta con lo que dice Isaías del Mesías. De Juan responde por su cuenta y riesgo, de una manera también sorprendente. La propuesta del evangelio de hoy es desconcertante: El Precursor dudando que el anunciado sea auténtico.

¡Cómo que Juan no sabía quién era Jesús! ¿No había dicho que no era digno de llevarle las sandalias? ¿No había dicho que su bautismo era sólo de agua, que él bautizaría con Espíritu Santo? ¿No había dicho que él era el que tenía que ser bautizado por Jesús? ¿No había visto al Espíritu bajar sobre él? ¿No había oído la voz del cielo: Este es mi Hijo amado? ¿A qué viene ahora la pregunta ingenua de, si es o no es, el que ha de venir? Está claro que todas las afirmaciones tienen muy pocas probabilidades de ser históricas.

Una vez más recordamos que los evangelios no son crónicas de sucesos. Aunque algunas veces puedan hacer referencia a hechos que sucedieron, la intención al relatarlos es aclarar problemas teológicos. El tema que se propone hoy fue muy difícil de resolver para los primeros cristianos, que eran judíos. Su mensaje y su manera de comportarse, nada tenía que ver con lo que los judíos de su tiempo esperaban del Mesías. No se trata de hablar de Juan, cuanto de intentar que todos se den cuenta del significado de Jesús.

Los evangelios nacen en una cultura oriental, completamente distinta de la cultura grecorromana donde se desplegó más tarde el cristianismo. En aquella cultura, la manera de comunicar verdades, era el relato. Contando una historia, se le dice al interlocutor lo que se le quiere comunicar. Nada que ver con la cultura grecorromana, que había desarrollado un lenguaje lógico, discursivo, racional, que por medio de silogismos accedía y comunicaba la verdad. Sigue siendo una catástrofe para la interpretación del evangelio que nos empeñemos en mirar como lenguaje lógico lo que no es más que un relato mítico, y tomarlo como crónicas de sucesos históricos.

En estos días de Navidad, da verdadera pena oír hablar de los pastores, de los reyes magos, de los inocentes, de los ángeles apareciéndose a los pastores o de las apariciones a María y a José, como historias reales, cuyo objetivo es comunicarnos lo que pasó. Y todo, sin hacer puñetero caso a los exégetas que llevan más de dos siglos diciendo que esa no es la manera adecuada de entender la Biblia. No sólo distorsionamos los textos, haciéndoles decir lo que no dicen; sino que nos quedamos sin el verdadero mensaje, y esto es mucho más grave. Podéis imaginar lo que yo siento cuando veo a una persona salirse de la iglesia por oírme decir que esos relatos no son historia.

Contadle a Juan lo que estáis viendo. No les está diciendo que su misión es curar a los inválidos. Lo que hace Jesús es recordar la manera de hablar de Isaías, para que Juan asociara lo visto con los tiempos mesiánicos. Ni todos los leprosos van a quedar limpios, ni todos los sordos van a oír, (en realidad no llegan a una docena los milagros que nos cuentan los evangelios). Además, También nos decía Isaías el domingo pasado, que el lobo habitará con el cordero y la pantera se tumbará con el cabrito, que el desierto y el yermo se regocijarán, que se alegrarán el páramo y la estepa. Estas imágenes no tenemos más remedio que entenderlas como símbolos. ¿Por qué esperamos que los ciegos vean, los sordos oigan, cuando llegue el Mesías?

¿Por qué habla de ciegos, sordos, cojos, inválidos, leprosos, y hoy, muchos otros colectivos siguen siendo objeto de marginación? El texto quiere decir que la llegada del Reino tendrá consecuencias para todos, pero sobre todo para los más desfavorecidos, que habían perdido toda esperanza. Quiere decir que el que acoja el Reino, saldrá de la dinámica de la opresión y entrará en la dinámica del servicio. Por cierto, entre los signos de la presencia del Mesías no hay ni un solo signo religioso: ni culto, ni rezos, ni sacrificios. Esto tenía que hacernos pensar. Los cristianos nos olvidamos con frecuencia que, para Jesús, lo primero es el hombre; incluso antes que el culto (Dios).

La buena noticia que se anuncia a los pobres (que hemos olvidado los cristianos) es la noticia de que Dios es Abba para todos. La noticia de que la salvación viene de Dios y ya se la ha concedido a todos. La noticia de que Dios no va a pedirnos cuenta de nuestros pecados, sino que no ha liberado ya de todos ellos. La noticia de que no son los sabios y entendidos los que descubrirán ese Dios, sino los sencillos. La noticia de que no son los que detentan el poder, sea civil o religioso, los que están más cerca de Dios, sino los que lo sufren y padecen. La noticia de que no son lo “buenos” los que encontrarán a Dios de cara, sino las prostitutas y los pecadores.

Ni Juan ni los apóstoles estaban capacitados para entender a Jesús. Su figura no se ajusta al Mesías que ellos esperaban. Jesús rompe todos los moldes, desbarata todas las expectativas. Lo que aporta va en la dirección contraria de lo que esperaban. No viene a imponer nada, sino a proponer una dinámica de servicio. Su actitud de no-violencia, de no defenderse de los enemigos, de no destruir al adversario, escandaliza a todos, incluido a Pedro. No sólo no vine a imponer “justicia” sino que acepta la injusticia en su propia carne. De ahí la frase final de Jesús: “y dichoso el que no se escandalice de mí”.

El Reino no lo hacen presentes los ciegos o sordos o cojos curados, sino el que se preocupa de ellos. Solo los hechos en beneficio de los demás hacen presente a Dios. Por no tener esto en cuenta, la mayoría de nosotros creemos que lo importante es librar al pobre de sus carencias. El objetivo primero debe ser librarme yo de mi inhumanidad. Incluso para un ciego, más importante que ver, es recuperar su humanidad machacada por el que le desprecia. Que esa disponibilidad sea para con un rico o para con un pobre, no tiene ninguna importancia; lo que importa es la actitud. Tampoco importa que al necesitado se le dé un millón o sólo una sonrisa; en ambos casos allí está Dios.

Esa advertencia sirve también para nosotros hoy. Seguimos escandalizándonos, porque la salvación que Jesús nos trajo no responde a la que nosotros seguimos esperando. Seguimos sin enterarnos de que el amor que predica Jesús es absolutamente eficaz solo si se hace vida, pero es completamente inútil si se queda en teoría. El amor nunca se pondrá al servicio de nuestro ego para conseguir seguridades o alcanzar provecho personal. El amor va siempre en dirección a los demás y se olvida de sí. Nos empujará siempre a desprendernos de nuestro ego, potenciando la unidad con los demás. El amor compasivo es nuestra verdadera naturaleza. El egoísmo es nuestra destrucción.

En contra de lo que solemos pensar, la inmensa mayoría de las miserias humanas no están a la vista. Todos estamos rodeados de carencias, más importantes que las estrictamente vitales como pueden ser alimento y vestido. La falta de alimento me puede matar biológicamente, pero la falta de amor (activo o pasivo) me mata como ser humano, y eso es mucho más grave. Todos necesitamos ayuda de los demás en mil aspectos, que ni siquiera queremos reconocer. Pero también yo puedo ayudar a todos los seres humanos que encuentro en mi camino. Cada uno necesitará algo distinto, pero puedo estar seguro de que todos esperan algo de mí. Entraré en la dinámica del Adviento cuando haga presente el Reino, no defraudando al que espera algo de mí.

Meditación-contemplación

¡Dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
Todos nos sentimos de una u otra manera defraudados.
La realidad no suele ser como nosotros la imaginamos,
Y seguimos esperando que Dios arregle por fin las cosas.
………………………

La preocupación inmediata por nuestro ser biológico
puede impedir el descubrimiento de nuestro ser más profundo
y arruinar nuestras posibilidades como seres humanos.
La única manera de buscarlo, es la meditación.
……………

Hay que nacer de nuevo, decía Jesús a Nicodemo.
Para nacer del Espíritu, hay que trascender lo puramente biológico.
La perla que hay en nuestro interior, está escondida.
Si no me pongo a buscarla con empeño, nunca la encontraré.
……………………

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Abiertos los ojos del corazón

domingo, 11 de diciembre de 2016
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cruz_corazonCuando la mente se torne tan silenciosa como la niebla al ponerse el sol, la Divinidad te susurrará al oído su más profundo secreto: el Dios de este mundo se encuentra en tu interior y tú lo sabes (Ken Wilber)

11 diciembre, III domingo de Adviento

Mt 11, 2-11

¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro?

En el film de animación Kubo, dirigido por Travis Knight (2016), el protagonista dice a Mona: “Mi mamá me contó una historia sobre el Lago Largo. Hay algo bajo el agua (…) Ella dijo que había un Jardín de Ojos. Ojos que te miran fijamente y a tu alma. Te muestran secretos. Cosas que te manifiesten allí con ellos. Por siempre”. Una mirada de amor que no hay que salir a buscar, pues más bien hay que entrar para encontrarla.

Ese es el que ha de venir. Un Jesús Salvador que, como Rosina, la protagonista de la ópera El barbero de Sevilla, es: “Occhio che parla, / mano che innamora”.

En el Evangelio encontramos destellos de los maravillosos ojos de Jesús. Ojos que hablan: Jesús “le miró con cariño” al joven rico (Mc 10, 21); a Zaqueo le mira con simpatía y encanto seductor cuando le dice que quiere hospedarse en su casa (Lc 19, 5); mirada llena de penetración y admiración en el caso de la viuda muy pobre y generosa, que había echado sus dos óbolos en el cepillo del templo (Lc 21, 2).

Ojos que son mano que enamoran: Mirada de compasiva ternura a la prostituta arrepentida, en casa de Simón (Lc 7, 44); a la mujer adúltera (Jn 8, 10); al paralítico de Cafarnaúm (Mc 2, 5); a la humilde hemorroísa (Mt 9, 22); a la mujer encorvada (Lc 13, 12); a las muchedumbres hambrientas de pan (Mc 6, 34) o de su palabra (Lc 6, 20); a las piadosas mujeres que le seguían camino del Calvario (Lc 23, 28); la mirada llena de lágrimas de compasión y pena que dirigió a la ciudad de Jerusalén (Lc 19, 41); la mirada más generosa y entregada que conocemos: la de Jesús a su madre y a Juan (Jn 19, 26-27); y la mirada profunda y transformadora que dirigió a Pedro (Lc 22, 61) en el patio de la casa de Caifás, Sumo Sacerdote.

¡Yo soy la Humanidad entera!, gritaban los ojos de Jesús cuando miraban. Y su grito era tan seductor y sugestivo para quienes lo escuchaban porque era grito salido del corazón. Ken Wilber nos lo explica de este modo: “Cuando la mente se torne tan silenciosa como la niebla al ponerse el sol, la Divinidad te susurrará al oído su más profundo secreto: el Dios de este mundo se encuentra en tu interior y tú lo sabes”. Un viaje al pasado de nosotros mismos, al corazón de nuestra vida, a la fuente fascinante de nuestra inspiración y creaciones. Como le ocurrió a Daniel, el protagonista de la película argentina El ciudadano ilustre (2016), dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn.

Y esto es ser rey de uno mismo, sin necesidad de que nadie ajeno a nosotros nos gobierne. Somos dueños de nuestro propio reino.

Los sufís dicen que uno debe escuchar aquellos que tienen abiertos los ojos del corazón. En la historia El látigo nuevo, que hoy ilustra nuestro artículo, el conocimiento extraído de palabras son sólo palabras, el que nace de hechos personales es real. El jinete ciego, símbolo del hombre intelectual, mente llena y corazón vacío, busca un concepto fijo. Para él, el mundo es lo que cree que el mundo es. Busca una verdad que en el fondo es “su” verdad. El jinete que ve, símbolo del hombre sabio, mente vacía y corazón lleno, se acerca al mundo sin prejuicios, aceptando lo que es tal como es. No busca la verdad sino la autenticidad.

– Es importante ser consciente en la manera de que nos percibimos, puesto que es esa mirada sobre nosotros, la que determinará la calidad y el tenor de nuestras relaciones con el mundo.

El Evangelio nos lo advierte en Lc 21, 8:“¡Atención, no os dejéis engañar!”  Ni por las autoridades religiosas, ni por las políticas.

EL LÁTIGO NUEVO

Una mañana muy fría, dos jinetes cabalgaban por un camino campestre. Uno de ellas, que era ciego dejó caer su látigo. Se bajó del caballo y, arrodillado, palpó la tierra buscándolo. No lo pudo encontrar pero dio con otro que le pareció más elegante, más suave. Montó en su animal y continuó la cabalgata. El otro jinete, que sí podía ver, le preguntó qué había buscado en el suelo. El ciego le respondió: “Perdí mi látigo y bajé a buscarlo; no lo logré pero encontré este otro que es más largo, suave y flexible que el primero”.  El hombre que podía ver le dijo: “¡Arrójalo! ¡Lo que tienes en la mano, no es un látigo sino una serpiente adormecida por el frío!”. El ciego rehusó tirarla, diciendo que el hombre que podía ver estaba envidioso de su nueva fusta… Un rato más tarde, el calor del día, despertó a la serpiente, la cual mordió al ciego, envenenándolo.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Tenemos que esperar a otro?

domingo, 11 de diciembre de 2016
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3_adv_aMt 11,2-11

“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: “Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”” (Mt 11,2).

Puede resultar desconcertante ver a Juan el Bautista, al hombre que anunciaba la llegada de Jesús como el Mesías, mostrando en este evangelio dudas sobre quién es realmente aquel al que anunció como “el que viene detrás de mí y a quien no merezco ni llevarle las sandalias”. Si bien sabemos que el texto está cargado de contenido teológico, la pregunta nos muestra lo que seguramente sucedería en los primeros tiempos del cristianismo. No serían pocas las discusiones entre los discípulos de Juan y los de Jesús, o las dudas existentes en la comunidad mateana. A los judíos, que habían nacido y se habían criado esperando un Mesías diferente, regio y guerrero, no les sería fácil acoger a Jesús como el Esperado de todos los tiempos. El evangelista, como sucedió entonces, nos invita hoy a replantearnos nuestra imagen de Jesús para posicionarnos y dar una respuesta personal ante la pregunta: “¿tenemos que esperar a otro?”.

La liturgia del domingo pasado nos presentaba a Juan anunciando al que venía detrás de él como el que “os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano, aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga” (cf. Mt 3,12). Son imágenes apocalípticas, que contrastan con las acciones que Jesús realiza y que Mateo nos ha ido describiendo a lo largo de los siguientes ocho capítulos hasta encontrarnos con la lectura de hoy. A los creyentes de los primeros tiempos les tuvo que resultar sobrecogedor acoger a un Mesías que no venía portando fuego y bieldo, fuerza y destrucción; sino encarnación, compasión, bondad y consuelo.

Nosotros, tan acostumbrados a ver a Jesús como el hombre bueno que recorrió Galilea sanando, liberando, compartiendo mesa y palabra, abrazando y consolando, no se nos puede pasar la oportunidad de cuestionarnos personalmente para renovar y afianzar nuestra fe en el Dios que se hizo ser humano para compartirlo todo con nosotros. ¿Acogemos en lo más hondo de nuestro corazón a este Mesías o estamos esperando a otro? ¿Cuál es nuestra imagen de Dios? ¿A quién estamos buscando? ¿A quién estamos siguiendo? ¿Con quién nos estamos comprometiendo?

Porque la respuesta de Jesús no deja resquicio a la duda. Jesús se da a conocer no a través de términos abstractos sino de acciones concretas. “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.” Lo que el profeta Isaías anunciaba como futuro (y que hoy leemos en la primera lectura) se hace presente en Jesús. Estos son los signos del Mesías: alivio para quien sufre, acogida para quien es excluido, vida para quien se siente morir, vista para quien se encuentra en penumbras, fortaleza para las rodillas débiles… “¡Dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”, nos dice Jesús. Dichoso quien acoja que este es el Dios de la Vida, aquel que se abaja, se hace niño, se hace carne humana, para acoger en sí el dolor y el sufrimiento de todos. El tuyo, el mío, pero sobre todo, el de aquellos y aquellas que peor lo están pasando en nuestro mundo. Este es el Dios de Jesús y de este modo y no de otro nos convoca a trabajar en su Reino.

Hoy celebramos el “Domingo de Gaudete”, el conocido como el domingo de la Alegría. Pablo en la segunda lectura nos lo recordará: “Estad siempre alegres”. Que nuestra alegría se nutra de la Buena Noticia que Jesús nos anuncia: la certeza del amor absoluto del Dios Todoternura que nos saca de nuestras cegueras, invalideces y lepras llevándonos a una vida nueva y enviándonos a hacer lo mismo.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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Uno. El número necesario para cambiar el mundo

domingo, 11 de diciembre de 2016
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maria_jovenfamiliaAsí interpela el cartel de una ONG a los viandantes de los pasillos del metro de Madrid, arañando las posibilidades del lenguaje y, con ello, el trasiego monótono de las idas y venidas en las estaciones de las mil razones en las que cómodamente nos movemos sin que nada cambie.

A desinstalarnos y a estimular nuestra audacia contribuye la bocanada de aire fresco del evangelio de Lucas que, como aquel cartel, incide en la fuerza de un «sí» para trastocar nuestro viejo y lánguido mundo y preñarlo de novedad. Pero no de esa novedad que, disimulando el olor a rancio, en el fondo recicla un saber igual a sí mismo, sino de aquella novedad llena de vehemencia, sinceridad e intensidad.

Lucas nos propone una escena que engrandece el nacimiento de Jesús pero también realza la figura de la Madre. Ella, María, lejos de interpretar el típico papel de la mujer meliflua y huidiza de los focos, da un paso al frente y asume con autenticidad y arrojo la responsabilidad de tomar la decisión más importante de su vida. Como aquella levadura que se confunde en la masa, su cuerpo acogerá el germen que, al mismo tiempo que imperceptible, será imparable y fermentará todo produciendo un crecimiento exponencial.

De hecho, en boca de Gabriel se pone una palabra griega que generalmente traducimos por llena de gracia y que puede llevar al equívoco de pensar que ella es tan solo un sujeto pasivo.

Una apreciación que evoca aquella espontánea exclamación que desde el fondo de la escena lanza atrevidamente una mujer —Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron (Lc 11,17)— y que Jesús rápidamente puntualiza: Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Lc 11,12).  Y es que la «dicha» o la «gracia» no reside tanto en el seno o en los pechos (esto es, aquello que representa la maternidad física) como en la capacidad de creer. En este sentido, Jesús matiza ante la posible minusvaloración del papel de ella: no es tan solo la grandeza de Él lo que le hace grande y única a ella (El será grande, será llamado Hijo del Altísimo), sino que ella es dichosa porque ha creído que se cumplirá en ella la Palabra de Dios. María, vocacionalmente activa, asume el riesgo de ser creyente y la aventura de seguir a Dios.

Dios cambia las cosas a su manera, con gente pequeña, insignificante, pero convencida y, por eso, con gente que no se arredra ante las dificultades de la vida y es capaz de soñar.

Ciertamente podría haberlo hecho de otra manera, podría haber venido Él mismo, o hacerlo sin nuestra colaboración. Podría haberlo hecho según el modelo superhéroe que se enfrenta a este mundo solo y con sus «súper-poderes» y que, al puro estilo de hada madrina, va transformando las cosas feas en bonitas, interviniendo de una manera prodigiosa en la realidad.  

Tal vez, esta es nuestra idea de potencia, de cómo se cambia el mundo, e incluso nuestra forma de comprender cómo Dios debería usar su «poder» para construir un mundo mejor. Sin embargo, se trata de nuestras proyecciones, legítimas pero también de «película» y, sobre todo, sin ninguna implicación personal. Dios no cambia la historia sin nosotros. La vida de María es una llamada a quitarnos la carcasa de la desesperanza y a creer que nada es imposible para Dios, que Dios hace cosas grandes, que actúa a lo grande, que «uno« es el número necesario para cambiar el mundo.

Marta García Fernández

Fuente Fe Adulta

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La “Sola fide” y la salvación gay, por Carlos Osma

viernes, 9 de diciembre de 2016
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solafideDe su blog Homoprotestantes:

El heterocentrismo cristiano, y más concretamente el evangélico, intenta apoderarse de las “Cinco Solas” erigiéndose en su único merecedor y administrador. Para ello ha creado una ideología que convierte la Sola Escritura en una ley que persigue y condena las identidades o afectividades no normativas. La Sola Gracia la reserva para quienes antes han “circuncidado” sus deseos y sienten o actúan como heterosexuales. Cuando dice Solo Cristo, adora a un ídolo construido a su imagen y semejanza, olvidando el mensaje y la vida de Jesús de Nazaret que se situó siempre al lado de los “otros”, de los desheredados y de quienes sufrían marginación. La afirmación Solo a Dios la Gloria la complementa con la aclaración de que nuestros cuerpos y deseos disidentes jamás podrán glorificar al Creador. Sin embargo, es el principio de la Sola Fe el que con más claridad se resiste a su apropiación y a su intento de manipulación.

La ideología heteropatriarcal puede habernos hecho creer en algún momento que la Biblia nos condena, que la Gracia divina no nos puede salvar, que Cristo no murió por nosotros, o que no estamos trabajando por la Gloria de Dios sino por la nuestra. Pero jamás ha logrado destruir la fe que Dios, no sabemos bien por qué, ha querido darnos. No voy aquí a hacer un elogio de la fe de los cristianos LGTBI porque cualquier fe que es fiel a la realidad pasa por infinidad de estados, incluso el de la ausencia en ciertos momentos de la vida. No es fácil creer en Dios siempre, tampoco ser coherente en todo momento con la fe que decimos tener, los seres humanos somos contradictorios y vulnerables. Sin embargo pienso que la fe de la mayoría de personas LGTBI es un milagro divino que ha tenido que soportar infinidad de pruebas que podrían haberla hecho desaparecer. Sólo la misericordia de Dios ha permitido que la hayamos conservado a pesar de que quienes dicen construir su Reino se hayan comportado como Caín con nosotros.

Cuando digo tener fe no me refiero a creer ciertas normas, las enseñanzas eclesiales más o menos aceptadas por la mayoría, o las lecturas e interpretaciones bíblicas más influyentes. El principio de la “Sola fide” se refiere a que sólo es a través de la fe que Dios nos salva. Y podemos ratificar que este principio de la Reforma se ha hecho real en nuestra experiencia, puesto que ha sido la fe la que nos ha permitido superar muchas de las limitaciones con las que se suponía teníamos que vivir, la que nos ha empujado a deshacernos y denunciar las imposiciones e injusticias que pretendían hacernos vivir de rodillas. Ella ha sido el motor que ha cambiado nuestro mundo, y la que nos ha empujado a intentar transformarlo con los valores del evangelio, de la vida. Y para todo esto ha hecho falta fe, no sé si mucha o poca, pero evidentemente una fe que procede de Dios, porque la realidad heteronormativa que tan ferozmente lucha en contra nuestra es enemiga del amor y del evangelio. Solo la fe tiene la capacidad de salvarnos, de permitirnos creer que la resurrección de quienes hemos sido invisibilizados, borrados y lanzados al infierno, es posible. Y son ahora nuestros cuerpos resucitados los que anuncian que hay mucha vida por delante para compartirla con los seres que amamos. Ese es el principio de la “Sola fide”, el que nos transforma y nos hace creer, crear y vislumbrar a nuestro alrededor, que el amor y la justicia divina finalmente se están haciendo presentes.

Decía Lutero que “esta es la libertad cristiana: la fe sola”, quizás por eso las cristianas y los cristianos LGTBI mostramos a veces una libertad que desestabiliza a quienes están aferrados a la ley. Probablemente algunos de nosotros no podemos formar parte de una comunidad cristiana, es posible que tampoco sepamos justificar ciertos versículos bíblicos, puede ser que dudemos de la Gracia divina hacia nosotros, o incluso sintamos a veces que no estamos a la altura para dar la gloria a Dios; Sin embargo hemos recibido gratuitamente una fe que nos ha convertido en seres humanos libres, y muchas veces sólo la tenemos a ella para decirnos que vale la pena seguir, que Dios está con nosotros, que la Palabra de Dios es Jesús de Nazaret, y que gracias a él la Gracia divina ha sido derramada sobre todo ser humano creado desde un principio a su imagen y para su Gloria. No es quienes somos, o lo que hacemos, o lo que sentimos… sino Dios y su amor hacia nosotros. Nadie es digno, nadie lo merece, no importa la orientación sexual de la persona o su identidad de género. Sólo Dios es digno, y es ese Dios el que ha puesto en nosotros una fe que a veces parece estar tan sola en medio de una realidad eclesial y social que nos estigmatiza. Sólo la fe, eso es lo que tenemos, pero no es poco.

En su Carta a los Gálatas Pablo exhorta a los cristianos a mantenerse firmes en la libertad con la que Dios les ha hecho libres y a no volver a estar sujetos al yugo de la esclavitud1. Las cristianas y cristianos LGTBI sabemos muy bien lo que significa el yugo heteropatriarcal que pretende esclavizarnos, y el sufrimiento que es capaz de infringirnos. Por eso estas palabras paulinas se hacen Palabra de Dios en medio de nuestra realidad para instarnos a mantenernos libres, lejos de cualquier legalismo aunque este se justifique en nombre de Dios. Quienes se entregan a las exigencias heteronormativas en aras de ser fieles al cristianismo, se alejan en realidad del maestro y de la Gracia. Porque en el seguimiento de Jesús la heterosexualidad no tiene ningún valor, sólo la fe que obra por el amor. Y es que sólo el amor es la manifestación real y tangible de la fe que hemos recibido inmerecidamente, el amor que compartimos con nuestras parejas, nuestras hijas, con quienes tenemos alrededor. Renunciar al amor, dejar de vivir por la fe, puede traernos el visto bueno de quienes se han erigido en defensores de la ley divina, pero eso nos aleja de Dios.

Sólo la fe salva, nada ni nadie más, no hay intermediarios ni leyes que puedan sustituir la acción amorosa de Dios por nosotros. Es mejor no caer en la servidumbre de “los buenos cristianos” que ponen cadenas a la fe de Cristo, sino dejarse llevar por el evangelio que nos dice: “Mis ovejas escuchan mi voz, no escuchan las voces de los extraños2”. De esta forma viviremos libres en la fe que Dios, por su infinito amor, ha infundido en nosotros sin merecerlo.

Carlos Osma

Notas:

 

1Gal 5

2Jn 10, 27

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Solemnidad de la Inmaculada Concepción

jueves, 8 de diciembre de 2016
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Leído en Koinonia:

Génesis 3,9-15.20

 Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

– “¿Dónde estás?”

Él contestó:

“Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.”

El Señor le replicó:

– “¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?”

Adán respondió:

– “La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

El Señor dijo a la mujer:

– “¿Qué es lo que has hecho?”

Ella respondió:

– “La serpiente me engañó, y comí.”

El Señor Dios dijo a la serpiente:

“Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.”

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo responsorial: 97

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado /
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Efesios 1,3-6.11-12

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

 

Lucas 1,26-38

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y María dijo al ángel:

“¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”

El ángel le contestó:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.”

María contestó:

“Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Y la dejó el ángel.

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (8 de Diciembre de 1977)

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8.12.16. Inmaculada, una mujer.

jueves, 8 de diciembre de 2016
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la-virgen-de-pasoliniDel blog de Xabier Pikaza:

María no es una diosa, sino una mujer concreta, de Nazaret de Galilea, pero una mujer que ha vivido muy cerca de Dios y que engendrado y educado humanamente (es decir, “divinamente”) al mismo Jesús, Hijo de Dios.

Según la tradición, ella fue engendrada de una forma normal (matrimonial) por unos padres que se llamaban Joaquín y Ana (¡nombres apócrifos!), de tal manera que su concepción y gestación fue “Inmaculada” (sin ningún tipo de pecado). Pero más que a la simple “concepción” (generación), este título de Inmaculada se refiere a todo el proceso de la vida de María, pues ella fue siempre fiel a Dios, es decir, in-maculada.

Este “dogma” de la Inmaculada, definido por el Papa Pío IX el año 1854, ha surgido en el contexto de una antropología hoy parcialmente superada, pero expresa y transmite una intensa experiencia de fe que quiero destacar. Dejo para otro posible momento la discusión hermenéutica del tema. Hoy me limito a comentar el evangelio del día (Lc 1, 26-38) desde la perspectiva de María Inmaculada.

Felicidades a todos los cristianos, especialmente católicos, que, a partir de este “dogma”, pueden contemplar con gozo el misterio de todo engendramiento humano, que puede y debe llamarse in-maculado. Felicidad, por tanto, para todos los que nacen de Dios, naciendo de la carne y de la vida humana, es decir, a todos los hombres y mujeres de la tierra (En la imagen, la Inmaculada de J. de Ribera, de la Iglesia de la Purísima, de Salamanca).

Evangelio : Lc 1, 26- 38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:– Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: — No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel:

— ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón? El ángel le contestó: — El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: — Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel. Palabra del Señor

Iniciativa de Dios, respuesta humana. Presentación del texto

La incitativa parte de Dios, pero es evidente que su acción (la palabra de llamada del ángel que le dice: ¡concebirás…!) responde al deseo más profundo de María y lo explicita y desarrolla hasta su límite más hondo. Este es un Dios que se dirige al corazón y cuerpo, al alma y vida entera de esta virgen nazarena, haciendo que ella exprese todo su ser al responderle. Por su parte, María responde a Dios con plena libertad, como mujer que ama, como madre que desea un hijo, como hermana que se pone al servicio del conjunto de la humanidad. Ella es distinta de Dios (sólo en cuanto diferentes pueden dialogar y amarse) y sin embargo sus deseos se vinculan y coinciden: cada uno quiere al otro, los dos buscan al Hijo.

De esa forma, la paternidad de Dios se expresa a través de la libre respuesta de María y la maternidad de María culmina allí donde expresa y traduce en forma humana el misterio eterno de Dios Padre. Así lo ha mostrado en belleza insuperable el texto de la Anunciación (Lc 1, 26-38), que presentamos de una forma esquemática, poniendo en boca de Dios las palabras de su ángel (Gabriel significa poder de Dios) y destacando sus rasgos principales:

– Introducción (Lc 1, 28-29). Dios saluda (¡Ave, alégrate!) y María se extraña y turba porque ese saludo rompe los esquemas normales de palabra y cortesía de este mundo. Suele ser el inferior el que comienza presentando sus respetos; aquí es Dios, ser Supremo, quien se inclina ante María y le ofrece su presencia.

– Promesa y objeción (Lc 1, 29-34). Dios le tranquiliza (¡no temas!), prometiéndole precisamente aquello que María, como buena israelita y madre, había deseado más que nada sobre el mundo: ¡concebirás, tendrás un hijo, será grande, y Dios mismo le dará el trono de David su padre! Su hijo cumplirá la esperanza de Israel, el sueño y deseo de la humanidad entera. Pero María se atreve a objetar al mismo Dios: ¡no conozco varón! De tal forma se coloca en manos de Dios y purifica su deseo que, queriéndolo todo (al mismo Dios), parece que no quiere nada (ni el encuentro normal con un varón). – Espíritu de Dios y voluntad de María (1, 35-38).

Dios acepta piadoso y reverente el argumento de su amiga María. Ella le ha dicho que no quiere encerrarse simplemente en la línea de generaciones de la historia, como una mujer más en la espiral de deseos y conocimiento de varones. Dios lo acepta y responde a María diciéndole que ponga su vida a la luz del más hondo deseo divino: ¡vendrá el Espíritu Santo sobre ti…! .

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«Recorrer caminos nuevos». 2 Adviento – A (Mateo 3,1-12)

domingo, 4 de diciembre de 2016
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02-adv-a-600x825Por los años 27 o 28 apareció en el desierto en torno al Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Después de veinte siglos, el papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: «Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos». No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El papa no se sorprende: «La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida». Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: «¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas que han perdido capacidad de respuesta?».

Algunos sectores de la Iglesia piden al papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: «Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia, y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes».

Me parece admirable la clarividencia evangélica del papa. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.

El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia.

Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: «Una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta».

No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: «Una Iglesia que se encierra en el pasado traiciona su propia identidad».

Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar «un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada».

Buscar una Iglesia pobre y de los pobres. Anclar nuestra vida en la esperanza, no «en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos».

José Antonio Pagola

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«Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos». Domingo 4 de diciembre de 2016. Domingo 2º de Adviento

domingo, 4 de diciembre de 2016
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02-advientoa2-cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 11,1-10: Juzgará a los pobres con justicia.
Salmo responsorial: 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Romanos 15,4-9: Cristo salva a todos los hombres.
Mateo 3,1-12: Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos.

La primera lectura es uno de esos varios preciosos textos de Isaías –y de los profetas bíblicos en general– que nos «describen» la «utopía» bíblica. Por definición, la utopía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, no existe… y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -y si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No es que no exista, simplemente, sino que «no existe… todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo-que-no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede llegar a ser, quiere ser y, como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser. Y será. Como decía Ebeling, «lo más real de lo real, no es lo real mismo, sino sus posibilidades»…

El pensamiento utópico es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones «neolíticas», las de los últimos cinco mil años. Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (la interioridad, el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad… una especie de «estado modificado» de conciencia); otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica… (la experiencia de sintonía con la naturaleza, de unidad e interdependencia con ella, de su sacralidad imponente, de la Pachamama… lo que Mircea Elíade llamó la «experiencia uránica», ésa que todos los pueblos han sentido al contemplar la belleza del cosmos, del cielo estrellado…). Las religiones abrahámicas, un tercer grupo, por su parte, han experimentado lo sagrado «en la historia», por medio de la fe, la esperanza y el amor, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia. Véanse los tres enfoques diferentes de las tres gamas o ramas del árbol de las religiones: la interioridad de la conciencia, la misteriosidad de la naturaleza, y el llamado utópico de la justicia en el decurso de la historia…

Este tercer foco es, concretamente, el ADN de nuestra religión. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica…) añade, reviste, completa… pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza espiritual que experimentamos en el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género…) en que se realice.

Los profetas, Isaías en el caso de la lectura de hoy, «describe» la Utopía, «cuenta el sueño» que le anima: un mundo amorizado, fraterno, sin injusticia, sin injusticiados, en armonía incluso con la naturaleza… La Utopía fue tomando en Israel el nombre de «reinado de Dios»: cuando Dios reina el mundo se transforma, la injusticia deja lugar a la justicia, el pecado al perdón, el odio al amor… las relaciones humanas descompuestas se recomponen en una red de amor y solidaridad. El conocido estribillo del canto del salmo 71 (el de la liturgia de este domingo) lo dice magistralmente: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor». Donde Dios está presente y «reina», es decir, donde se hacen las cosas «como Dios manda», allí hay Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor. Por eso hay que clamar con el estribillo cantado de ese salmo: «Venga a nosotros tu Reino, Señor». No hay sueño ni Utopía más grande, aunque esté tan lejana.

El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtus, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrincónó tanto la utopía como la esperanza.

El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [reinado “de los cielos” dirá Mateo, con el pudor reverencial judío que evita «tomar el nombre de Dios en vano»] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad precientífica y apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (convertirnos), y es con ello como cambiamos este mundo… Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica de transformación del mundo y de su historia (una transformación venida de abajo y desde dentro). El reinado de Dios -la Utopía, para decirlo con un lenguaje más amplio e interreligioso- no es ni puede ser objeto de «espera» (como ante algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena). La esperanza es esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar y en el tiempo, aquí y ahora, en la Tierra, no en el cielo futuro.

Insistimos: otras religiosidades discurren por otro tipo de experiencia de lo sagrado –y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad–, pero la vivencia espiritual específicamente judeocristiana es esta esperanza activa histórico-utópica comprometida. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.

Por cierto, la segunda lectura, de la carta a los romanos, coincide curiosamente con este mismo enfoque esencial: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza»… Mantener la «esperanza», mantener esa tensión de compromiso histórico-utópico es el objetivo de las Escrituras (por cierto, de «todas las Escrituras», no sólo de la Biblia…). Es decir: las Escrituras fueron escritas para eso. No para fines piadosos, para fines estrictamente transcendentes o sobrenaturales… sino «para mantenernos en la esperanza», por tanto, para comprometernos en la historia, para encontrar lo divino en lo humano, el Futuro absoluto en el futuro histórico y contingente. Cualquier utilización bíblica que nos encierre dentro de la Bíblia misma, nos separe de la vida o nos haga olvidar el compromiso histórico de construir apasionadamente la Utopía en esta tierra, será un uso malversado –o incluso perverso– de la Biblia. Leer más…

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Dom 4.12.16. Adviento, Buen Gobierno ¿Más fácil creer en Dios que en los buenos gobernantes?

domingo, 4 de diciembre de 2016
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 2 Adviento. Ciclo A. Isaías 11, 1-10. Seguimos en Adviento, impulsados por una fuerte esperanza de paz.

El domingo anterior he leído y comentado el texto del Monte Sión (Is 2, 1-5), una especie de ONU de la paz, donde subirían todos los pueblos para “aprender” a convivir, convirtiendo las espadas y las lanzas en aperos de buena labranza.
Este domingo leeré y comentaré la primera parte del segundo manifiesto de la paz, tomado también de Is 11, 1-10) donde se promete la llegada de buenos gobernantes, dotados de los sietes dones necesarios para crear la paz entre los pueblos.

Muchos dicen que es más difícil creer en la llegada de buenos gobernantes que creer en Dios. No es que todos sean malos sin más, pero en general son destructores… un poco peores que la gente en general. Eso es lo que creían antaño los judíos, eso es lo que dirá nuestro texto.

Por eso, la esperanza del Adviento es doble, tiene dos partes:
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1. Viene Dios, es decir, va a revelarse el sentido más hondo, divino, positivo, de la realidad, la Vida Eterna, pacificada.

2. Van a venir los buenos gobernantes…, el Mesías que es signo de Dios, un buen gobernante.

Estamos en el tiempo de la Gran Venida, es decir del Adviento (Adventus, de Ad-venio, advenimiento); antes que la marcha de los hombres que buscan la paz está la Venida de Dios, que quiere enseñar a los hombres y en especial a los gobernantes.

− Isaías promete la llegada del Buen Gobernante, es decir de los buenos gobernantes, simbolizados por el Rey Sabio, dotado de los siete Dones del Espíritu (es decir, de los siete espíritus), que se centran en un Buen Conocimiento, en una Sabiduría abierta a la reconciliación universal.

− Este Rey de Paz, presidente Sabio, será un (el) Hijo de Jesé, esto es, un hombre de la Familia de David, pero un David sin espada ni guerra de guerrillas, un David que no engaña a las mujeres, un David que no oprime a los hombres…

Ese nuevo David, Retoño de Jesé (Presidente de USA o de Rusia…, del Banco Mundial, de las multinacionales….), gobernará sólo por el Buen Entendimiento. No vencerá por las armas, convencerá por las buenas razones, de manera que los niños sean sabios, puedan alimentarse, esperar, soñar, disfrutar.

Éste es un sueño de Adviento, empezó ya con Isaías, ante de Jesús. Buen Adviento a todos. Seguimos esperando

ISAÍAS, LA PROMESA DEL BUEN GOBERNANTES

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Este signo del Rey Sabio, Rey de paz, puede identificarse con Jesús… (para los cristianos es Jesús). Pero en principio, este Rey de Paz se identifica con todos los buenos gobernantes de Israel (de la familia de David), pero también de todos los pueblos.

De esa forma, con la promesa de llegada de ese Buen Gobernante, la liturgia cristiana (la Biblia) enciende cada año la Utopía del Gobierno de la Paz, es decir, de una nueva política de sabiduría y de reconciliación universal, tras haber destruido las armas. Esta U-topía de Dios (no topos, no lugar: más allá de nuestros mapas racionales y económica); ésta es la Utopía, el gran Topos o lugar de nuestra identidad

Oh que buen vasallo si oviera buen Señor… … Este pasaje de Isaías supone que el pueblo es bueno, pero que estamos dominados y manejados por malos gobernantes…. En ese fondo promete la llegada de un buen Gobierno, de un Rey de Paz (de unos presidentes y gobernadores capaces de crear la paz).

Vimos el domingo pasado el tema de la superación de la guerra (de las espadas forjarán arados); este domingo insistimos en la pacificación cósmica, desde la perspectiva de todos los vivientes, empezando por el Buen Gobierno. Quien lea este pasaje sabrá que nuestros gobernantes, en general (en USA y España, en China y Omán, por poner al azar unos ejemplos) son simplemente unos «enanos». Éste es el domingo de la esperanza de los buenos gobernantes

Texto: Is 11, 1-5 (dejo para otro día el resto del pasaje: 11, 6-10)

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor:

espíritu de sabiduría, inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor.
Le inspirará el Temor del Señor (de Yahvé, de Dios) .

No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Evangelio del Emmanuel. El árbol de Jesé

Este pasaje forma parte del famoso Libro del Emmanuel o Dios con nosotros (integrado ahora en el Rollo de Isaías: Is 7-12), uno de los textos más significativos de la historia y la esperanza universal. Este “libro del Emmanuel” se inspira en textos y pasajes que son históricamente anteriores, como el de Is 2, 2-5 (la paz universal en Sión) y, sobre todo, el de la vocación de Isaías (Is 6, 1-13) donde se habla del tocón o raíz de Jesús, que ha sido talado, pero que volverá a convertirse en tronco nuevo, semilla santa de humanidad.

Este pasaje del Renuevo (del nuevo tronco, del árbol de Jesé), que está en un lugar central del Libro del Emmanuel (de Isaías) ha de entenderse como un texto de promesa y de contraste, en el que se contraponen dos realidades, pone en el principio de la salvación un Buen Gobierno, la llegada de un Rey, de unos reyes distintos. Este pasaje tiene un fondo histórico concreto:

a) La realidad actual. El reino de Judá se encuentra destruido o, por lo menos, muy amenaza. Es como el tocón de un árbol talado, como las raíces trincadas y secas de un bosque antaño poderoso. Ha pasado la guerra, se ha extendido el incendio, el leñador ha cruzado por los campos con el hacha justiciera y, al final, no quedan más que unos “tocones”, bases de árboles cortados, sin tronco y si ramas.

b) Esperanza futura. Pues bien, del tronco seco o raíz truncada del árbol de Jesé (el Padre de David) brotará un renuevo, crecerá nuevamente un árbol y al árbol se hará bosque, bosque y pradera de paz para todos los pueblos de la tierra, incluso para los animales. En esa situación nos hallamos todavía hoy, año 2010. Nuestro árbol parece secarse, bajo el riesgo del hacha destructora, pero podremos renovarnos, crecer…

El Arbol de Jesé: “Brotará un renuevo…”.

He dicho que este pasaje se sitúa dentro de la historia de Israel (del Reino de Judá), pero tiene un sentido universal. Habla del Rey Sabio, del buen gobernante que ha de venir sobre la tierra, para superar la guerra, para crear la paz. Del tronco seco (¿recordáis el árbol seco de Machado en la Alta Soria española?), del tronco seco de “padre Jesé”, de una humanidad que parece condenada a la muerte, va a nacer una rama verde, cargada de esperanza. Leer más…

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Paraíso, conversión, acogida. Domingo 2º de Adviento. Ciclo A

domingo, 4 de diciembre de 2016
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brote2-960x350Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

  1. Injusticia ‒ paraíso (Isaías 11,1-10)

            La lectura de Isaías del primer domingo de Adviento hablaba de la experiencia de la guerra y la esperanza de un mundo sin conflictos militares ni carrera de armamentos. Este segundo domingo se dedica a la experiencia de la injusticia y su contrapartida de un mundo feliz, una vuelta al paraíso. Los profetas fueron quienes denunciaron la situación de injusticia con más energía. Aunque no veían fácil solución al problema, estaban convencidos de que el remedio dependía de unos jueces y monarcas justos, que implantaran la justicia en el país. El texto más claro y utópico en esta línea es el que se lee en el segundo domingo de Adviento.

            Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.

            Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor.

            No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.

            Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios.

            La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

            Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.

            La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.

            No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

            La mejor forma de entender este poema es verlo como un tríptico. La primera tabla ofrece un paisaje desolador: un bosque arrasado y quemado. Pero en medio de esa desolación, en primer plano, hay un tronco del que brota un vástago: el tronco es Jesé, el padre de David, y el vástago un rey semejante al gran rey judío.

            En la segunda tabla, como en un cuento maravilloso, el vástago vegetal adquiere forma humana y se convierte en rey. Pero lo más importante es que él vienen todos los dones del Espíritu de Dios: prudencia y sabiduría, consejo y valentía, ciencia y respeto del Señor. Y todas ellas las pone al servicio de la administración de la justicia. El enemigo no es ahora una potencia invasora. Lo que disturba al pueblo de Dios es la presencia de malvados y violentos, opresores de los pobres y desamparados. El rey dedicará todo su esfuerzo a la superación de estas injusticias.

            La tercera tabla del tríptico da por supuesto que tendrá éxito, consiguiendo reimplantar en la tierra una situación paradisíaca. Y esto se describe uniendo parejas de animales fuertes y débiles (lobo-cordero, pantera-cabrito, novillo-león) en los que desaparece toda agresividad. Nos encontramos en el paraíso, y todos los animales aceptan una modesta dieta vegetariana («el león comerá paja con el buey»), como proponía el ideal de Gn 1,30. Y como ejemplo admirable de la unión y concordia entre todos, aparece un pastor infantil de lobos, panteras y leones, además de ese niño que introduce la mano en el escondite de la serpiente. El miedo, la violencia, desaparecen de la tierra. Y todo ello gracias a que «está lleno el país del conocimiento del Señor». Ya no habrá que anhelar, como en el antiguo paraíso, comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Hay una ciencia más profunda, el conocimiento de Dios, y ésa no queda recluida dentro de unos límites prohibidos, sino que inunda la tierra como las aguas inundan el mar.

            Esta esperanza del paraíso no se ha hecho todavía realidad. Pero el Adviento nos anima a mantener la esperanza y hacer lo posible por remediar la situación de injusticia.

  1. Conversión (Mateo 3,1-12)

            El evangelio del primer domingo nos invitaba a la vigilancia. El del segundo domingo exhorta a la conversión, basándose en la predicación de Juan Bautista.

            Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos»».

            Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.

           

            El evangelio de Mt es muy impreciso con respecto al momento histórico en que comienza la actuación de Juan («por aquel tiempo»), y también con respecto a lugar de su predicación: «en el desierto de Judea».

            El mensaje se resume en pocas palabras: «Arrepentíos, porque el Reinado de Dios está cerca». La llamada a la conversión es típicamente profética. Al comienzo del libro de Zacarías, se dice: «Volved a mí y yo volveré a vosotros. No seáis como vuestros antepasados, a quienes predicaban los antiguos profetas: “Así dice el Señor de los ejércitos: Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras malas acciones”; y no me escucharon ni me hicieron caso» (Zac 1,4). Según este texto, toda la predicación profética se resume en la llamada a la conversión, que me implica dos aspectos distintos y complementarios: volver a Dios y cambiar de conducta.

            Juan aduce un motivo típicamente apocalíptico: «el reinado de Dios está cerca». A nosotros esta frase puede resultarnos exagerada y ridícula. Aunque rezamos continuamente «venga a nosotros tu reino», tendemos a reaccionar de manera escéptica cuando oímos hablar de la cercanía de ese reinado. La reacción de los judíos del siglo I, sobre todo de los que sintonizaban con la mentalidad apocalíptica, era muy distinta. A gente pobre, sencilla, oprimida por los romanos y sus colaboradores, Juan le anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. Así se comprende el éxito que encuentra entre sus contemporáneos: acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán. La gente busca y encuentra en él hago algo que no encuentra entre los dirigentes religiosos.

            El evangelio del segundo domingo de Adviento no termina ahí. Continúa con un duro enfrentamiento de Juan con los fariseos y saduceos.         Las palabras que Juan dirige a este grupo constan de saludo y dos partes. El saludo no habría ganado un premio en un concurso de retórica: ¡Camada de víboras! Juan no quiere ganarse a sus oyentes sino provocarlos para que se conviertan.       La primera parte dice así:

¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abraham es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.

            Cuando habló al pueblo, Juan adujo como motivo para convertirse la inminencia del reinado de Dios. Aquí indica un motivo distinto: la inminencia del castigo, que se compara con un hacha dispuesta a talar los árboles. Y añade que la conversión debe ser práctica, acompañada de obras; como el árbol que da buen fruto, o de lo contrario es cortado. En medio de esta amenaza, fariseos y saduceos pueden pensar en una escapatoria: «Somos israelitas, hijos de Abrahán, y no podrá ocurrirnos nada malo, Dios no nos castigará». Lo mismo que afirmaron siglos antes los contemporáneos de los profetas Amós y Jeremías. Pero Juan, igual que los antiguos profetas, les advierte que esta falsa confianza no les servirá de nada.

            La segunda parte del discurso acentúa el tono amenazador:

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.

            Juan cumple ahora otro aspecto de su misión de precursor del Mesías: habla de este personaje, acentuando su dignidad («no merezco ni llevarle las sandalias») y su poder («yo bautizo con agua, él con fuego»). El verbo bautizar significa «lavar» (en el evangelio se dice que los fariseos «bautizan» los platos y vasos). Juan considera que su lavado es suave, con agua; el del Mesías será una purificación con fuego. Basándose en el Salmo 2, algunos textos concebían al Mesías con un cetro en la mano para triturar a los pueblos rebeldes y desmenuzarlos como cacharros de loza. Juan no lo presenta con un cetro, utiliza una imagen más campesina: lleva un bieldo, con el que separará el trigo de la paja, para quemar ésta en una hoguera inextinguible.

            Sumando los datos anteriores, tenemos dos imágenes terribles para exhortar a la conversión: la del hacha dispuesta a talar los árboles inútiles y la del bieldo echando a la hoguera a quienes son como la paja.

            ¿Está justificado este carácter tan duro del mensaje de Juan? El texto más parecido, incluso por la imagen, se encuentra al final del libro de Amós:

                        Mirad, daré órdenes de zarandear a Israel entre las naciones,

como se zarandea una criba sin que caiga un grano a tierra.

                        Pero morirán a espada todos los pecadores de mi pueblo;

los que dicen: No llega, no nos alcanza la desgracia (Am 9,9-10).

            Otro ejemplo, tomado del final del libro de Isaías:

11Pero a vosotros, que abandonasteis al Señor olvidando mi Monte Santo,

(…)

12yo os destino a la espada, y todos os encorvaréis para el degüello:

porque llamé y no respondisteis, hablé y no escuchasteis,

hicisteis lo que no me agrada,           escogisteis lo que no quiero. (Is 65,11-12)

            Esta mentalidad influirá en que algunos israelitas piadosos consideren plenamente justificado el recurso a la violencia cuando advierten un comportamiento indigno. En la conferencia cito los ejemplos de Fineés, Elías y Matatías. Conviene recordar la dureza de estos textos para valorar justamente el evangelio del próximo domingo.

  1. Acogida (Romanos 15,4-9)

            Las primeras comunidades cristianas estaban formadas por dos grupos de origen muy distinto: judíos y paganos. El judío tendía a considerarse superior. El pagano, como reacción, a rechazar al cristiano de origen judío. En este contexto escribe Pablo:

            Hermanos:

            Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

            En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así, dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre». 

            Hoy día no existe este problema, pero pueden darse otros parecidos, que dividen a los cristianos por motivos raciales, políticos o culturales.

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Segundo Domingo de Adviento. 4 diciembre, 2016

domingo, 4 de diciembre de 2016
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“Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.”

(Mt 3, 1-12)

Acudid vosotras y vosotros también…

En este segundo domingo de adviento el evangelista Mateo nos presenta a un Juan Bautista enfadado, o por lo menos, indignado y muy poco preocupado por la imagen, el márquetin o porque se le vaya la gente.

Ahí le tenemos con su curioso atuendo: vestido de piel de camello y correa de cuero, con una dieta también extraña a base de saltamontes y miel silvestre.

 Que cuando se ha concentrado a su alrededor mucha gente (toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán) se pone a insultar a voz en grito a los fariseos y saduceos, les llama “raza de víboras” y manda al cuerno sus privilegios diciéndoles que Dios puede sacar hijos de Abrahán de las piedras. Y a partir de ahí ya son todo amenazas: el hacha, el fuego y el bieldo.

La verdad es que todo junto da un poco de miedo. Si lo pienso despacio no sé si iría corriendo a bautizarme o correría en sentido contrario…

Realmente el anunciante y el anunciado se parecen poco. Aunque es verdad que Jesús tampoco se quedará corto a la hora de dedicarles algunos insultos a los fariseos y escribas, incluso a Herodes.

Pero en lo que no se parecen nada de nada es en la experiencia de Dios. Juan nos habla de un Dios justiciero, que tiene ya el hacha en la mano… Jesús nos dirá que Dios tiene una paciencia y una misericordia infinitas y que no pretende ni siquiera quebrar la caña cascada, ni apagar en pábilo vacilante.

Sin embargo, también Jesús nos invitará a la conversión, pero no por temor, ni principalmente para quitarnos los pecados, no. Jesús nos invita a volver a nuestro Dios porque sabe que mientras le falte uno solo de sus hijos, una sola de sus ovejas o una sola de sus monedas, Dios no está tranquilo, no puede estarlo.

Oración

Dios nos está esperando con un abrazo inmenso y Jesús nos dice: ¡Acudid! a los brazos del Padre.

¡Acudid! Porque lo que tiene en la mano no es un hacha, es un anillo. (Cfr. Lc15, 22)

¡Acudid! Porque solo es capaz de “amenazarnos” con cargarnos a sus hombros para llevarnos a casa. (Cfr. Lc15,5)

¡Acudid! Porque está deseando encontraros y celebrar una fiesta con sus amigas y vecinas. (Cfr. Lc 15, 9).

Gracias, Trinidad Santa, por esta segunda semana llena de abrazos.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Profeta ve más allá de las apariencias y descubre su ser

domingo, 4 de diciembre de 2016
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gargallo4Mt 3, 1-12

Hoy, los profetas Isaías y Juan tienen la palabra. La palabra de un profeta no es fácil de aceptar porque obliga a cambiar, y eso no nos gusta. El profeta es el hombre que ve un poco más allá, o más hondo que el resto de los mortales. Esa ventaja nace de su postura escudriñadora. No le gusta lo que ve a su alrededor y busca algo nuevo. Esa novedad la encuentra entrando dentro de sí y viendo las exigencias de su verdadero ser. El profeta no es un portavoz enviado desde fuera; es siempre un explorador del espíritu humano que tiene la valentía de advertir a los demás de lo que ve. En esto consiste la revelación. Dios se revela siempre y a todos; solo algunos lo descubren.

Hoy Isaías anuncia lo que debía ser cada hombre personalmente y lo que podía ser la comunidad. Pero extiende los beneficios de una comunidad auténticamente humana a toda la creación. El causante de ese maravilloso cambio será elEspíritu. Los tiempos mesiánicos llegarán cuando las ciencias humanas no tengan la última palabra, sino que la norma última sea “la ciencia del Señor”. Sencillamente genial. Hoy sabemos que esa sabiduría de Dios está en lo hondo de nuestro ser y allí debemos descubrirla.

Lo primero que nos anuncian, es que nacerá algo nuevo de lo viejo. En lo antiguo, aunque parezca decrépito y reseco, siempre permanece un germen de Vida. La Vida es más resistente de lo que normalmente imaginamos. En lo más hondo de todo ser humano siempre queda un rescoldo que puede ser avivado en cualquier instante. Ese rescoldo es el punto de partida para lo nuevo, para un verdadero cambio y conversión.

El evangelio del hoy, leído con las nuevas perspectivas que nos da la exégesis, nos puede abrir increíbles cauces de reflexión. Es un alimento tan condensado, que necesitaría horas de explicación (disolverlo para convertirlo en digerible). El problema que tenemos es que lo hemos escuchado tantas veces, que es casi imposible que nos mueva a ningún examen serio sobre el rumbo de nuestra vida. Y sin embargo, ahí está el revulsivo. Pablo ya nos lo advierte: “La Escritura está ahí para enseñanza nuestra”.

“En aquellos días”. Este comienzo es un intento de situar de manera realista los acontecimientos y dejarlos insertados en un tiempo y en un indeterminado lugar. Jesús ya tenía unos treinta años y estaba preparado para empezar una andadura única. Sin embargo, los cristianos descubren que lo primeros pasos lo quiere dar de la mano del único profeta que aparecía en Israel después de trescientos años de sequía absoluta.

“En el desierto”. La realidad nueva que se anuncia, aparece fuera de las instituciones y del templo, que sería el lugar más lógico, sobre todo sabiendo que Juan era hijo de un sacerdote. Esto se dice con toda intención. Antes incluso de hablar del contenido de la predicación de Juan, nos está diciendo que su predicación tiene muy poco que ver con la religiosidad oficial, que había desfigurado la imagen del verdadero Dios.

“Convertíos, porque está cerca el reino de Dios”. Está claro que se trata de una idea cristiana, aunque se ponga en boca del Bautista. Es exactamente la frase con que, en el capítulo siguiente, comienza su predicación el mismo Jesús. Sin duda quiere resaltar la coincidencia de la predicación de ambos, aunque más adelante deja claro las diferencias. Convertirse no es renunciar a nada ni hacer penitencia por nuestros pecados. Convertirse (metanoia), en lenguaje bíblico, es cambiar de rumbo en la vida.

Vamos por un camino equivocado y tenemos que cambiar de dirección. Para rectificar es preciso descubrir que me he equivocado o que me he propuesto otra meta. Convertirse es elegir lo que es mejor para mí, por lo tanto no lleva consigo ninguna renuncia, sino el claro discernimiento de lo que es bueno. Mateo proclama el mensaje incluso antes de presentarnos al personaje. Es ya una insinuación de lo importante.

“Éste es el que anunció el profeta Isaías. Esta manera de referirse al Bautista es muy interesante, porque resume muy bien lo que pensaban los primeros cristianos de Juan. Para ellos, la figura de Juan responde a las expectativas de Isaías. Juan es Elías (correa de cuero) que vuelve a preparar los tiempos mesiánicos.

“Llevaba un vestido de piel de camello”. La descripción del personaje es escueta pero impresionante. Su figura es ya un reflejo de lo que será su mensaje, desnudo y sin adornos, puro espíritu, pura esencia. ¡Qué bien nos vendría a los predicadores de hoy un poco más de coherencia entre lo que vivimos y lo que predicamos! Esa falta de coherencia es lo que denuncia a continuación en los fariseos y saduceos. Juan es un inconformista que no se amolda en nada a la manera religiosa de vivir de la gente normal. Ni come, ni viste, ni vive, ni da culto a Dios como los demás.

“Acudía a él toda la gente.” La respuesta parece que fue masiva. Se proponen dos ofertas de salvación: la oficial, Jerusalén (templo) y la protestante en el desierto. La gente se aparta del templo y busca la salvación en el desierto junto al profeta. La religión oficial se había vuelto inútil, en vez de salvar esclavizaba. Más tarde, Mt llevará a toda esa gente a Jesús, en quien encontrará la salvación definitiva.

“Dad el fruto que pide la conversión”. A los fariseos y saduceos, Juan les pide autenticidad, de nada sirve engañarse o engañar a los demás. Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos más influyentes en tiempo de Jesús. También van a bautizarse. Las instituciones opresoras tratan por todos los medios de domesticar ese movimiento inesperado, pero son desenmascarados por Juan.

Los fariseos conocedores de todas las normas, cumplían más de lo que estaba mandado, por si acaso. Los saduceos eran el alto clero y los aristócratas, los que estaban más cerca del templo y de Dios. Éstos son los que tienen que convertirse. ¿De qué? Aquí está la clave. Un cumplimiento escrupuloso de la Ley compatible con una indiferencia e incluso desprecio por los demás, es contrario a lo que Dios espera. Estar todo el día trajinando en el templo no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios.

La conclusión es demoledora. Ninguna religiosidad que prescinda del hombre puede tener sentido, ni entonces, ni ahora. Los seres humanos somos muy propensos a dilucidar nuestra existencia relacionándonos directamente con Dios, pero se nos hace muy cuesta arriba el tener que abrirnos a los demás. Nos cuesta aceptar que lo que me exige Dios (mi verdadero ser) es que cuide del otro. Si pudiéramos escamotear esta exigencia, todos seríamos buenísimos.

El Dios, con el que nos relacionamos prescindiendo del otro, es un ídolo. Convertirse no es arrepentirse de los pecados y empezar a cumplir mejor los mandamientos. No se trata de dejar de hacer esto y empezar a hacer aquello. No podemos conformarnos con ningún gesto externo. Se trata de hacerlo todo desde la nueva perspectiva del Ser. Se trata de estar en todo momento dispuesto a darme a los demás.

“Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Se trata de otra idea absolutamente cristiana. Juan está hablando de un bautismo distinto y superior al suyo. Toda plenitud es siempre realizada gracias al Espíritu. No está hablando propiamente del “Espíritu Santo”, sino de la fuerza de Dios que capacita a Jesús y a todo el que “se bautice en él”, para desplegar todas las posibilidades de ser humano.

Meditación-contemplación

“Sobre él se posará el Espíritu del Señor”.
La presencia de Dios Espíritu en nosotros
nos abre infinitas posibilidades.
Sin esa presencia yo sería nada. Con ella puedo serlo todo.
………………………

Meditar es emprender un camino hacia el hondón de mi ser.
El camino puede ser largo y difícil, pero no hay alternativa.
Si de verdad quiero ser auténtico,tengo que descubrir mi ser.
Si no lo descubro, mi vida se centrará en el “ego” (falso yo).
………………….

La conversión es consecuencia de este descubrimiento.
El hombre solo cambia una meta por otra mejor.
Si cambio de dirección sin haber descubierto la meta,
me desorientaré y continuaré sin rumbo fijo.
………………….

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Actos frente a palabras

domingo, 4 de diciembre de 2016
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1Cuando escuché sonar la campana desaparecieron el “yo” y la “campana” y sólo había tañidos” (Maestro zen)

4 de diciembre, II domingo de Adviento

Mt 3, 1-12

Dad frutos válidos de arrepentimiento y no os imaginéis que os basta decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo os digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos de Abrahán

En la película Encadenados de Hitchcock, Cary Grant e Ingrid Bergman en los  papeles protagonistas de Frank y Alicia, oscilan continuamente entre el arrojarse sin trabas a los brazos de su impulso o el constreñirse en aras de intereses superiores a los que deben servir: conflicto entre el amor y el sentido del deber.

“Obras, señor, son amores, / que buenas razones no” dice Laura, en la comedia de Lope de Vega que lleva por título Obras son amores, y no buenas razones. Felisardo, rey de Ungria, le replica: “Laura, tú me has advertido: / tú me dices, Laura bella, / que las obras son amores, / hoy quiero yo que se vea / que esa sentencia es verdad”. Y posteriormente añade: “Pues, Laura, hoy quiero que veas / que las obras son amores, / y si el dar grandes riquezas, / es digna demostración, / las mayores que deseas / te traigo en aquesta caxa”Un refrán castellano lo refrenda: Obras son amores, que no buenas razones.

Ser hombre de palabra es importante, pero sería vano si no fuera acompañado de los hechos. En su Poema Noche del hombre y su demonio, Luis Cernuda hace que el hombre le replique al diablo en estos engañosos términos: “Hoy me reprochas el culto a la palabra. / ¿Quién sino tú puso en mí esa locura? / El amargo placer de transformar el gesto / en son, sustituyendo el verbo al acto. / Ha sido afán constante de mi vida / y mi voz no escuchada, o apenas escuchada”.

“Cuando escuché sonar la campana desaparecieron el “yo” y la “campana” y sólo había tañidos”, como dijo un famoso maestro zen cuando alcanzó la iluminación. No basta que las campanas tañan en sonidos que luego lleva el viento, pues una cosa es predicar y otra dar trigo: es sencillo emplear la palabrería ante una necesidad, pero lo realmente importante son los hechos.

Dad frutos válidos de arrepentimiento y no os imaginéis que os basta decir: Nuestro padre es AbrahánMateo pone el dedo en la llaga de los vendedores de viento, con sus estanterías vacías de productos. En la anteriormente citada película Encadenados de Hitchcock, Cary Grant le dice a Ingrid Bergman: “Los actos importan más que las palabras”, cuando ella le pregunta insistentemente si la quiere. Se lo está demostrando con los hechos.

Con objeto de que Juan Bautista le reconociera, Jesús le envía a sus discípulos para que le informen, no de lo que predica sino de lo que hace: “ciegos recobran vista, cojos caminan, leprosos quedan limpios, sordos oyen, muertos resucitan, pobres reciben la Buena Noticia” (Lc 11, 5).

Los gansos salvajes de nuestro Poema también son emigrantes que en otoño hacen sus travesías en punta de lanza por el cielo. Se sienten altamente solidarios y, en su vuelo hacia el sur, ayudan a los necesitados que flaquean, se cansan o caen enfermos. En el viaje común no sólo hay graznidos.

EL GANSO SALVAJE

Os he visto hacer la travesía
en punta de lanza
por el cielo.
Permanecíais unidos cogidos de la mano
y en equipo.

Remeros de los mares siderales
donde el espacio es siempre infinito
¿Quién ha sido el Gran Sabio de la vida
que os dijo: “así volando en sintonía
alcanzaréis mejor  vuestro destino?”

Todos son
capitanes del barco y son remeros.

Todos tienen su turno
en el Puente de Mando y en el remo.
Todos graznan
y dan al Capitán coraje.

Todos se sienten solidarios;
y cuando alguno flaquea, se cansa o cae enfermo,
dos aguerridos dejan la formación y le acompañan
hasta facilitarle retomar el vuelo.

Gran Sabio de la vida:
¿por qué nos amasaste hombres y no Gansos?

(Naturalia. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Juan Bautista, ayer y hoy.

domingo, 4 de diciembre de 2016
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rosto-de-jesus-na-multidaoMt 3, 1-12

El evangelio de este domingo nos presenta un personaje curioso. Va vestido de un modo que llama la atención y recuerda al profeta Elías; predica en el desierto de Judea  y no tiene pelos en la lengua. Predicó hace casi dos mil años, pero…

¿QUÉ NOS DIRÍA HOY?

Juan Bautista se colocó en el pasillo central de unos grandes almacenes, junto a las mejores ofertas del Black Friday, sacó su megáfono y dijo: “Que sean vuestras necesidades reales lo que os mueva a comprar. Que las ofertas no apaguen vuestra lucidez ni despierten el deseo compulsivo de consumir…”

La gente le rodeó pensando que era una atracción más y formaba parte del montaje de las rebajas, pero al oír su mensaje se fueron retirando. Por los pasillos de los grandes almacenes se oían comentarios: “Está loco”; “Que nos deje disfrutar de las rebajas.”; “Este no se ha enterado de la sociedad en la que vive”…

Juan Bautista se fue a unos estudios de televisión y se sentó entre el público. Durante un rato observó cómo un grupo de hombres y mujeres ganaban dinero fácilmente vendiendo su cuerpo y sus sentimientos. Tan pronto mentían como reconocían su mentira y se sometían al polígrafo. Lloraban, gritaban, se insultaban o se besaban apasionadamente.

De repente, Juan se puso en pie, sacó su megáfono y les dijo: “Mirad a vuestro alrededor. Muchos jóvenes  han caído, víctimas de este juego. Sois como ídolos con pies de barro. Por salir en televisión sois capaces de mezclar el amor con la mierda;  antes o después, la suciedad os salpica a vosotros mismos…”

No pudo continuar. Dos guardias de seguridad fornidos lo cogieron por los hombros y lo sacaron a la calle, cerrando las puertas tras él. Dentro, la presentadora pidió disculpas:

– Lo sentimos. De vez en cuando hay locos que intentan estropear el programa, pero no lo consiguen.

Y la grabación continuó su curso, como si no hubiera pasado nada;  la audiencia se lo merecía.

Juan Bautista entró en el edificio de un gran banco y gritó en el hall: “Raza de víboras, mirad las consecuencias de vuestra política económica.  No digáis que sois banqueros cristianos de toda la vida y dais limosna. Los tribunales están llenos de procesos y juicios contra vosotros. Os habéis enriquecido engañando a los más débiles…”

– Ya hemos oído bastante. Que lo desalojen- se oyó desde el fondo del hall.

Y lo expulsaron sin miramientos.

Juan Bautista se fue a la puerta del Congreso y fue abordando a sus señorías diciendo: “¡Basta ya de promesas de cambio! Es hora de hacer justicia y de repartir con quien no tiene. El árbol que no da fruto será talado y echado al fuego. Dad frutos propios de la conversión… “

Alguien levantó la mano e hizo un gesto. En un momento, un grupo de policías rodeó a Juan,  lo metieron en un furgón y se lo llevaron.  La persona que dio la orden era del partido de los Herodianos.

Al estar detenido no pudo ir a predicar a una iglesia del centro de la ciudad, que estaba muy concurrida los domingos.

JUAN BAUTISTA EN SU TIEMPO

Cada uno de los cuatro evangelistas nos habla de Juan, poniendo el acento en aspectos diferentes, según la finalidad de su evangelio, porque el Bautista tuvo multitud de seguidores y una importancia extraordinaria en su tiempo; hay datos extra bíblicos que lo confirman. En algunos ambientes fue más conocido que el propio Jesús.

El evangelista san Mateo da un salto cronológico, desde la infancia de Jesús a la aparición del Bautista. Lo hace magistralmente gracias a la frase “por aquel tiempo”. Con este recurso literario quedaba claro en su tiempo que la historia de la salvación continuaba. A continuación nos ofrece rasgos para que podamos reconocer a Juan Bautista como un profeta.

Isaías había dicho: “Una voz grita: preparad en el desierto un camino para Yahvé, enderezad en la estepa una senda para nuestro Dios” (40, 3). Hay otros textos similares: “Yo enviaré un ángel delante de ti para que te guíe por el camino…” (Éxodo 23,20) y “He aquí que yo enviaré a mi mensajero a preparar el camino delante de mi…” (Malaquías 3, 1).

De este modo, extraño para la mentalidad actual, los judíos comprendían que tanto el mensaje de Juan como la persona de Jesús quedaban insertos en la tradición profética.

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. En tiempos de Jesús el modo de vestir era expresión de la identidad de la persona con más claridad que ahora. Actualmente una persona muy rica puede ir con pantalones vaqueros rotos y se considera moda; nos equivocaríamos al juzgar su estatus social a través de la ropa.

San Mateo nos describe las vestiduras de Juan de modo que a la gente de su tiempo le evocara al profeta Elías, hasta el punto de que llegaron a preguntarse si Elías había vuelto de nuevo, como puntualiza el evangelista Marcos.

Tenía sentido que se hicieran esa pregunta. En el segundo libro de los Reyes, Elías es descrito como “un hombre velludo con una correa de cuero ceñida a la cintura” (II Reyes 1, 8); este profeta había sido muy querido por el pueblo y creían que no había muerto, sino que había sido arrebatado al cielo y volvería de nuevo a la tierra, para seguir profetizando.

Esta creencia se corroboraba con un texto del profeta Malaquías: “He aquí que yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día grande y terrible de Yahvé” (3,23).

Ser o reconocerse “hijo de Abraham” era la meta, el sueño de cualquier varón judío. Para las mujeres no existía esa posibilidad. Pero el Bautista pide coherencia. No es un título, porque Dios podría dárselo a cualquier, incluso sacarlos de las piedras. Su mensaje es claro, confrontador e incómodo.

Al ver acercarse a fariseos y saduceos para bautizarse los llama “raza de víboras”. Podemos imaginar las amistades que se granjeó con eso. Y si añadimos la urgencia que pide en la conversión, porque el hacha está en la base de los árboles, podemos comprender que fuera un personaje controvertido.

San Lucas añadió algo más que no dice Mateo: cuando le preguntaban ¿qué tengo que hacer? El Bautista les respondía: “El que tenga dos túnicas que reparta con el que no tiene ninguna y el que tenga alimentos que haga igual”. No se puede decir más claro.

El evangelio de hoy nos presenta a un hombre valiente, coherente, que denunció lo que estaba mal y fue ganándose su sentencia de muerte. Herodes hizo el resto.

Bautizar con Espíritu Santo y fuego era una expresión de las primeras comunidades que indicaba la misión. Es Jesús, y no Juan Bautista, quien envía a la misión.

Marifé Ramos González

http://mariferamos.com

Fuente Fe Adulta

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40.000 personas viven en España en la calle

domingo, 4 de diciembre de 2016
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sonar-vagabundoEn España hay 40.000 personas que viven en la calle. 3,5 millones lo hacen en una vivienda insegura, y otros cinco en una vivienda inadecuada, en estructuras temporales o masificadas o sin el suministro de servicios básicos. Son las estadísticas escalofriantes que asociaciones madrileñas a favor de los sin techo han dado a conocer este jueves, en la presentación de su Campaña de las Personas Sin Hogar 2016.

Desde el 14 hasta el 27 de noviembre, la red Faciam, en colaboración con fePsh, Cáritas Española y otras ONGs, ha organizado una Semana de las Personas Sin Hogar bajo el lema: «Hazme Visible. Por Dignidad. Nadie Sin Hogar». Esta mañana, en el antiguo Palacio de la Prensa de Callao, estos defensores de los sin techo se dieron cita con los medios para explicar sus reclamos y para lanzar un vídeo para el Día de las Personas Sin Hogar el próximo 27 de noviembre, en el que personas que se encuentran en situación de calle dan un impactante testimonio de la dura realidad que esto supone.

«¿Qué podemos hacer después de veinte años?», lamentó al presentar este vídeo Rosalía Portera, presidente de Faciam, denunciando la falta de voluntad política que todavía, después de tanta lucha, impide que el problema del sinhogarismo se solucione. La campaña de este año, explicó, es tan «sencillo, brutal y cercano» como es un testimonio en primera persona, pensado para que todos pongamos rostro humano a las cifras y recordemos que los derechos -como el de un hogar- «no se solicitan, ni se tramitan».

La situación requiere acción urgente ya, denunció Portera, un reclamo en el que coincidió Enrique Domínguez, técnico con personas sin hogar de Cáritas. «Es un día para dar visibilidad al problema», dijo ante los medios, antes de recurrir a las cifras estremecedoras que dan cuenta de que hay 40.000 personas en España durmiendo en la calle, 3.5 millones viviendo en hogares inseguras y otras 5 millones más superviviendo en chabolas o sin los suministros básicos, como los de agua o electricidad. Los números se nos sobrecogen, pero aún hay cosas que podemos hacer dentro de nuestras rutinas cotidianas, dijo: saludar a los que vemos en la calle con un «Buenos días», o invitarles a un café.

«A veces sobran las palabras», dice Laura, una de los protagonistas del vídeo del Día de las Personas Sin Hogar de este año. Por eso, tras la lectura del manifiesto «Hazme visible por dignidad. Nadie sin hogar», la rueda de prensa dio paso a una manifestación que partió desde Sol hasta Ópera. Bajo gritos de «¡Derecho a techo! Nadie sin hogar» o «¡El techo es un derecho!» -y acompañadas por un exuberante grupo de bateristas- medio millar de personas marcharon por la calle de Arenal para dar visibilidad a la causa. Este flashmob de Madrid fue una de las 40 que se organizaron esta mañana por todo el territorio español.

La «visibilidad de las personas sin hogar». Políticas públicas «que pongan a las personas en el centro». La creación de mensajes positivos que luchen contra la discriminación. Estos tres reclamos contenidos en el manifiesto de este año adquirieron un significado especial en la boca de Miguel Ángel, Sandra e Isidro, las personas sin hogar que leyeron el documento al terminar el acto de esta mañana. Se dejaron ver en tan emblemático espacio como es el de la Plaza de Isabel II para que todos veamos, en nuestro día a día, las otras personas como ellos que duermen y malviven en la calle.

Cameron Doody

Fuente Religión Digital

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«La tumba de Jesús: Mensajes y enigmas», por José Luis Ferrando Lada

sábado, 3 de diciembre de 2016
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mideast-jerusalem-jes_cavaHace unos días, por primera vez en cientos de años, la piedra de mármol sobre la tumba de Jesucristo en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén fue levantada como parte de las renovaciones que están realizándose en el lugar santo. La renovación de la estructura empezó hace varios meses después de que se alcanzó un acuerdo histórico entre las tres iglesias principales –la ortodoxa griega, la católica y la armenia– que comparten un acuerdo de «statu quo» en Jerusalén.

Los funcionarios de antigüedades advirtieron sobre el estado de la estructura. A raíz de esto, los representantes de las tres iglesias que participan en el funcionamiento del sitio comenzaron a celebrar negociaciones y, finalmente llegaron a un acuerdo. Según este, la renovación estaría dirigida por la Universidad Técnica Nacional de Atenas bajo la supervisión del Patriarcado Ortodoxo Griego y la Custodia de Tierra Santa de los Franciscanos.

La renovación es sustancial e incluye el desmantelamiento de los cables metálicos puestos por los británicos, en 1947, y poner grandes barras de metal en el interior de las columnas y la inyección de materiales similares al cemento dentro de las grietas y hendiduras en las piedras para reforzarlas.

Parte de la estructura en sí también se puede desmontar para ser restaurada de forma independiente antes de que se vuelva a colocar en el lugar sagrado. Una renovación a fondo para preservar este lugar sagrado. El hecho de levantar la losa ha suscitado en Jerusalén y en todo el mundo no sólo grandes emociones y expectativas, sino también leyendas urbanas, alimentadas por la imaginación y la creatividad. El cine y la literatura están llamando a la puerta… Tiempo al tiempo.

En cualquier caso, a mis profesores Virgilio Corbo y Bellarmino Bagatti, les hubiera gustado estar presentes en el momento del levantamiento de la losa. Corbo es de los últimos en realizar un amplio estudio del área del Sepulcro, publicado por el Estudio Bíblico de los Franciscanos de Jerusalén en cuatro volúmenes, pero siempre en las áreas cercanas, nunca en el interior del templete. Por eso, desde la arqueología será tan importante el estudio de todo el material existente debajo de la losa y alrededores.

Sin duda, el trabajo de mi compañero Eugenio Alliata, arqueólogo encargado por los Franciscanos del seguimiento de las obras y del estudio de esa área, será decisivo.

Es muy importante, sobre todo, autentificar el trabajo realizado por los arquitectos de la época constantiniana, siglo IV, al desmantelar la zona de la «Aelia Capitolina» del emperador Adriano (siglo II), que escondía debajo los monumentos sagrados del Calvario y del Santo Sepulcro. Esto es fundamentalmente el «quid» de la cuestión.

Ahora hay que dejar que la arqueología trabaje con tranquilidad y sosiego, al margen de los posibles sensacionalismos, siempre tendenciosos. El momento para realizar un re-estudio de la zona con las modernas tecnologías es desde luego óptimo, por eso antes de avanzar cualquier conclusión será importante una serena espera. El enigma más importante es corroborar todos los datos literarios y arqueológicos en torno al Santo Sepulcro, desde los primeros tiempos de la Iglesia hasta nuestros días.

Algunas especulaciones teológicas en torno a la Resurrección que se han suscitado en estos días, desde ámbitos fundamentalistas, están bastante obsoletas. Estamos ante un sepulcro siempre vacío. Así ha sido y así será…como dice mi amigo, Jesús Bastante: «A la espera de más detalles, lo cierto es que el misterio sobre la muerte y Resurrección de Jesús continúa. Y también que, más allá de un cuerpo o no, la verdad de la fe se basa en el mismo relato de Lucas: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado».

Evidentemente, aún teniendo en cuenta el grave deterioro del monumento, el hecho de ponerse de acuerdo las tres grandes Iglesias en la restauración del mismo es un gran mensaje ecuménico. En un lugar, en el que cada milímetro cuadrado está en disputa, es un milagro esta posibilidad.

Sin duda, el ecumenismo práctico que propugna el Papa Francisco está contribuyendo a estas iniciativas. Esperemos que desde ahora desaparezcan esas escenas de violencia por los conflictos de uso y propiedad de los santos lugares. No me cabe la menor duda, que el anterior Custodio, y actualmente, Administrador Apostólico del Patriarcado de Jerusalén, Pizzaballa, habrá contribuido positivamente a esta iniciativa.

No estaría de más que cundiera el ejemplo en Jerusalén y en Tierra Santa para que algunos otros lugares, que están pendientes desde hace siglos, pudieran ser examinados de manera sistemática por los arqueólogos. Por ejemplo: la Tumba de los Patriarcas en Hebrón o el área de Templo de Jerusalén. Esto, hoy por hoy, es utópico. La ciencia y la fe todavía casan mal en esas tierras. Sin olvidar la situación política del conflicto palestino-israelí, en su vertiente de la disputa por la propiedad de los lugares santos, en permanente discusión en la UNESCO.

En cuanto a la restauración sería importante -aun manteniendo el misterio del sepulcro vacío- que desde las nuevas tecnologías constructivas se facilite la visibilidad de la tumba y del acceso a los millones de peregrinos que visitan este lugar sagrado. Un sistema de acristalamiento sólido, parecido al que se encuentra en el Calvario, y que permite ver la roca sería ideal. Eso eliminaría a muchos curiosos, que se conformarían con la visión del lugar, y dejaría más espacio para los peregrinos, que a veces en condiciones deplorables, tienen que esperar horas y horas para entrar. Aunque lo previsto, al parecer es, después de reforzar cada elemento deteriorado, mantener el templete actual, a pesar de que estéticamente no sea lo más deseable.

José Luis Ferrando

Fuente: Religión Digital

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