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Son las declaraciones del papa Francisco un signo de apertura a las uniones civiles?

lunes, 10 de marzo de 2014
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homosexuali2-fco_560x280Volvemos hoy a tratar el tema del comentario del Papa Francisco acerca de los Uniones Civiles y el Matrimonio, que ya habíamos publicado sin comentario alguno, pero que parece han removido las aguas de la Iglesia católica esta última semana. El  papa Francisco, quien en una entrevista al Corriere della Sera ha hecho una breve mención a las uniones civiles en un tono de cierta apertura. 

Las declaraciones del papa Francisco sobre las “uniones civiles” tuvieron lugar una entrevista al diario italiano Corriere della Sera, publicada en castellano por el argentino La Nación. La entrevista es bastante extensa pero la referencia a las uniones civiles es breve. A la pregunta del entrevistador “Muchos países regularon la unión civil. Es un camino que la Iglesia puede comprender, pero ¿hasta qué punto?”, Francisco responde: “El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar las uniones civiles para regular aspectos económicos entre las personas, como por ejemplo asegurar la asistencia sanitaria. Se trata de pactos de convivencia de diversa naturaleza y no ahora no sabría enumerar sus diversas formas. Es necesario ver los diversos casos y valorarlos en su variedad”. La traducción española difundida, por cierto, dice “obra social” en lugar de “asistencia sanitaria”, cuando el original es “assistenza sanitaria”.

El papa, de todas formas, reafirmó la doctrina católica oficial sobre el matrimonio pero parecería  abrir la posibilidad de admitir las uniones civiles. Aunque no se refirió de forma expresa a las uniones civiles “entre personas del mismo sexo”, la referencia previa al carácter heterosexual del matrimonio parece sugerir que pensaba en ello. En todo caso, su apertura a las uniones civiles se justificaría solamente en los “aspectos económicos” de la convivencia, sin hacer referencia al amor entre quienes las forman. Términos que quedan muy lejos de lo que los propios colectivos LGTB cristianos reclamamos. Sea como sea, y sobre todo por venir del Papa, el tono de las declaraciones, alejado de las habituales diatribas condenatorias, resulta  bastante significativo.

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Francisco: «El matrimonio es entre un hombre y una mujer»… Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad…»

viernes, 7 de marzo de 2014
Comentarios desactivados en Francisco: «El matrimonio es entre un hombre y una mujer»… Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad…»

homosexuali2-fco_560x280En una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera, el papa Francisco volvió a pronunciarse acerca del matrimonio homosexual. Bergoglio opinó acerca de diversos temas como la eutanasia, el divorcio, la globalización, el marxismo el rol de la mujer en la iglesia y el abuso de menores. Acerca del matrimonio gay, el papa aseguró que ”muchos países regularon la unión civil. Es un camino que la Iglesia puede comprender. El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar la unión civil para regular diversas situaciones de convivencia, impulsados por la necesidad de regular aspectos económicos entre las personas, como, por ejemplo, la obra social. Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad. Leído en Atrio:

Al aproximarse el primer aniversario de su elección como obispo de Roma, Francisco ha concedido una entrevista a sl Corriere della Sera, cuya traducción publicó LA NACION en forma simultánea y exclusiva. Bergoglio habla de su revolucionario primer año al frente de la Iglesia. Publicamos el texto completo.

ENTREVISTA AL PAPA FRANCISCO

‘Pintar al Papa como Superman es ofensivo’

Por Ferruccio de Bortoli | Corriere della sera

Un año ha transcurrido desde aquel simple buona sera que conmovió al mundo. El lapso de doce meses tan intensos no alcanza para contener la gran masa de novedades y signos profundos de la innovación pastoral de Francisco. Nos encontramos en un pequeño salón en Santa Marta. La única ventana da a un patio que abre un minúsculo ángulo de cielo azul. El Papa aparece de improviso por una puerta, con la cara distendida y sonriente. Se divierte con los varios grabadores que la ansiedad senil del periodista colocó sobre la mesa. “¿Funcionan todos? ¿Sí? Menos mal.” ¿El balance de este año? No, los balances no le gustan. “Yo sólo hago balance cada 15 días, con mi confesor.”

Santo Padre, usted cada tanto llama por teléfono a los que le piden ayuda. ¿Y algunas veces no le creen que sea usted?

Sí, ya me ha pasado. Cuando uno llama es porque tiene ganas de hablar, una pregunta que hacer, un consejo que pedir. Cuando era cura en Buenos Aires, era más fácil. Y a mí me quedó esa costumbre. Es un servicio. Me sale así. Pero es cierto que ahora no es tan fácil hacerlo, dada la cantidad de gente que me escribe.

¿Hay alguno de esos contactos que recuerde con particular afecto?

Una señora viuda de 80 años que había perdido a su hijo. Me escribió. Y ahora le pego una llamadita una vez por mes. Ella está feliz, y yo hago de cura. Me gusta.

Respecto de su relación con su predecesor, Benedicto XVI, ¿alguna vez le pidió un consejo?

Sí, el Papa emérito no es una estatua de museo. Es una institución, a la que no estábamos acostumbrados. Sesenta o setenta años atrás, la figura del obispo emérito no existía. Eso vino después del Concilio Vaticano II, y actualmente es una institución. Lo mismo tiene que pasar con el Papa emérito. Benedicto es el primero y tal vez haya otros. No lo sabemos. Él es discreto, humilde, no quiere molestar. Lo hablamos y juntos llegamos a la conclusión de que era mejor que viera gente, que saliera y participara de la vida de la Iglesia. Una vez vino hasta acá en ocasión de la bendición de la estatua de San Miguel Arcángel, después a un almuerzo en Santa Marta, y después de Navidad le devolví la invitación a participar del consistorio, y él aceptó. Su sabiduría es un don de Dios. Algunos hubiesen querido que se retirara a una abadía benedictina muy lejos del Vaticano. Y yo pensé en los abuelos, que con su sabiduría y sus consejos le dan fuerza a la familia y no merecen terminar en una casa de retiro.

A nosotros nos parece que su modo de gobernar la Iglesia es así: usted escucha a todos y después decide solo. Un poco como el padre general de los jesuitas. ¿El Papa es un hombre solo?

Sí y no, pero entiendo lo que me quiere decir. El Papa no está solo en su trabajo porque es acompañado por el consejo de muchos. Y sería un hombre solo si decidiese sin escuchar a nadie o fingiendo que escucha. Pero hay un momento, cuando se trata de decidir, de poner la firma, en el cual queda solo con su sentido de la responsabilidad.

Usted ha innovado, ha criticado algunas actitudes del clero, ha revolucionado la curia. Con algunas resistencias y algunas oposiciones. ¿La Iglesia ya cambió como usted quería hace un año?

Yo en marzo pasado no tenía ningún proyecto para cambiar la Iglesia. No me esperaba, por decirlo de alguna manera, esta transferencia de diócesis. Empecé a gobernar buscando poner en práctica todo lo que había surgido en el debate entre los cardenales de las diversas congregaciones. Y en mis acciones espero contar con la inspiración del Señor. Le doy un ejemplo. Se había hablado de la situación espiritual de las personas que trabajan en la curia, y entonces empezaron a hacer retiros espirituales. Había que darles más importancia a los ejercicios espirituales anuales: todos tienen derecho a pasar cinco días de silencio y meditación, mientras que antes en la curia se escuchaban tres rezos al día y después algunos seguían trabajando.

¿La ternura y la misericordia son la esencia de su mensaje pastoral?

Y del Evangelio. Son el corazón del Evangelio. De lo contrario, no se entiende a Jesucristo, ni la ternura del Padre, que lo envía a escucharnos, a curarnos, a salvarnos.

¿Pero ese mensaje fue comprendido? Usted dijo que la “franciscomanía” no duraría mucho. ¿Hay algo de su imagen pública que no le guste?

Me gusta estar entre la gente, junto a los que sufren, y andar por las parroquias. No me gustan las interpretaciones ideológicas, una cierta mitología del papa Francisco. Cuando se dice, por ejemplo, que salgo de noche del Vaticano para ir a darles de comer a los mendigos de Via Ottaviano… Jamás se me ocurriría. Sigmund Freud decía, si no me equivoco, que en toda idealización hay una agresión. Pintar al Papa como si fuese una especie de Superman, una especie de estrella, me resulta ofensivo. El Papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilo y tiene amigos como todos. Es una persona normal.

¿Le molestó que lo acusaran de marxista , sobre todo en Estados Unidos, tras la publicación de “Evangelii Gaudium”?

Para nada. Nunca compartí la ideología marxista, porque es falsa, pero conocí a muchas personas buenas que profesaban el marxismo.

Los escándalos que perturbaron la vida de la Iglesia ya quedaron afortunadamente atrás. Sobre el delicado tema del abuso de menores, los filósofos Besancon y Scruton, entre otros, le pidieron que alce su voz contra el fanatismo y la mala fe del mundo secularizado que respeta poco a la infancia.

Quiero decir dos cosas. Los casos de abusos son tremendos porque dejan heridas profundísimas. Benedicto XVI fue muy valiente y abrió el camino. Y siguiendo ese camino la Iglesia avanzó mucho. Tal vez más que nadie. Las estadísticas sobre el fenómeno de la violencia contra los chicos son impresionantes, pero muestran también con claridad que la gran mayoría de los abusos provienen del entorno familiar y de la gente cercana. La Iglesia Católica es tal vez la única institución pública que se movió con transparencia y responsabilidad. Ningún otro hizo tanto. Y, sin embargo, la Iglesia es la única en ser atacada.

Usted dice que “los pobres nos evangelizan”. La atención puesta en la pobreza, la más fuerte impronta de su mensaje, es tomada por algunos observadores como una profesión del pauperismo. El Evangelio no condena la riqueza. Y Zaqueo era rico y caritativo.

El Evangelio condena el culto a la riqueza. El pauperismo es una de las interpretaciones críticas. En el Medioevo, había muchas corrientes pauperistas. San Francisco tuvo la genialidad de colocar el tema de la pobreza en el camino evangélico. Jesús dice que no se puede servir a dos amos, Dios y el dinero. Y cuando seamos juzgados al final de los tiempos (Mateo, 25), nos preguntarán por nuestra cercanía con la pobreza. La pobreza nos aleja de la idolatría y abre las puertas a la Providencia. Zaqueo entrega la mitad de sus riquezas a los pobres. Y a quienes tienen sus graneros llenos de su propio egoísmo el Señor, al final, les pedirá cuentas. Creo haber expresado bien mi pensamiento sobre la pobreza en “Evangelii Gaudium”.

Usted identifica en la globalización, sobre todo financiera, algunos de los males que sufre la humanidad. Pero la globalización sacó de la indigencia a millones de personas. Trajo esperanza, un sentimiento que no debe confundirse con el optimismo.

Es cierto, la globalización salvó de la miseria a muchas personas, pero condenó a muchas otras a morir de hambre, porque con este sistema económico se vuelve selectiva. La globalización en la que piensa la Iglesia no se parece a una esfera en la que cada punto es equidistante del centro y en la cual, por lo tanto, se pierde la particularidad de los pueblos, sino que es un poliedro, con sus diversas facetas, en el que cada pueblo conserva su propia cultura, lengua, religión, identidad. La actual globalización “esférica” económica, y sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. Y en su centro ya no está la persona humana, sólo el dinero.

El tema de la familia es central para la actividad del consejo de los ocho cardenales. Desde la exhortación “Familiaris Consortio”, de Juan Pablo II, muchas cosas cambiaron. Se esperan grandes novedades. Y usted dijo que a los divorciados no hay que condenarlos, hay que ayudarlos.

Es un largo camino que la Iglesia debe completar. Un proceso que quiere el Señor. Tres meses después de mi elección, me fueron sometidos los temas para el sínodo, y nos propusimos discutir sobre cuál es el aporte de Jesús al hombre contemporáneo. Pero al final, gradualmente -que para mí es un signo de la voluntad de Dios-, se decidió discutir sobre la familia, que atraviesa una crisis muy seria. Es difícil formar una familia. Los jóvenes ya no se casan. Hay muchas familias separadas, cuyo proyecto de vida común fracasó. Los hijos sufren mucho. Y nosotros tenemos que dar una respuesta. Pero para eso hay que reflexionar mucho y en profundidad. Es eso lo que están haciendo el consistorio y el sínodo. Hay que evitar quedarse en la superficie del tema. La tentación de resolver los problemas desde la casuística es un error, una simplificación de cosas profundas. Es lo que hacían los fariseos: una teología muy superficial. Y es a la luz de esa reflexión profunda que podrán afrontarse seriamente las situaciones particulares, también la de los divorciados.

¿Por qué el informe del cardenal Walter Kasper en el último consistorio (un abismo entre la doctrina sobre matrimonio y familia y la vida real de muchos cristianos) generó tanta división entre los purpurados? ¿Cree que la Iglesia podrá recorrer esos dos años de fatigoso camino para llegar a un consenso amplio y sereno?

El cardenal Kasper hizo una hermosa y profunda presentación, que muy pronto será publicada en alemán, en la que aborda cinco puntos, el quinto de los cuales es el de las segundas nupcias. Más me hubiese preocupado que en el consistorio no se desatara una discusión intensa, porque no habría servido de nada. Los cardenales sabían que podían decir lo que quisieran, y presentaron puntos de vista diferentes, que siempre son enriquecedores. El debate abierto y fraterno hace crecer el pensamiento teológico y pastoral. Eso no me atemoriza. Es más: lo busco.

En un pasado reciente, era habitual referirse a “valores no negociables”, sobre todo en cuestiones de bioética y de moral sexual. Usted no ha usado esa fórmula. ¿Esa elección es señal de un estilo menos preceptivo y más respetuoso de la conciencia individual?

Nunca entendí la expresión “valores no negociables”. Los valores son valores y basta. No puedo decir cuál de los dedos de la mano es más útil que el resto, así que no entiendo en qué sentido podría haber valores negociables. Lo que tenía para decir sobre el tema de la vida lo he dejado por escrito en “Evangelii Gaudium”.

Muchos países regularon la unión civil. Es un camino que la Iglesia puede comprender, pero ¿hasta qué punto?

El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar la unión civil para regular diversas situaciones de convivencia, impulsados por la necesidad de regular aspectos económicos entre las personas, como, por ejemplo, la obra social. Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad.

¿Cómo será promovido el rol de la mujer dentro de la Iglesia?

Tampoco en esto ayuda la casuística. Es verdad que la mujer puede y debe estar más presente en los puestos de decisión de la Iglesia. Pero a esto yo lo llamaría una promoción de tipo funcional. Y sólo con eso no se avanza demasiado. Más bien hay que pensar que la Iglesia lleva el artículo femenino, “la”: es femenina desde su origen. El teólogo Urs von Balthasar trabajó mucho sobre este tema: el principio mariano guía a la Iglesia de la mano del principio petrino. La Virgen es más importante que cualquier obispo y que cualquiera de los apóstoles. La profundización teologal ya está en marcha. El cardenal Rylko, junto al Consejo de los Laicos, está trabajando en esta dirección con muchas mujeres expertas.

Medio siglo después de la encíclica “Humanae Vitae”, de Pablo VI, ¿puede la Iglesia retomar el tema del control de la natalidad?

Todo depende de cómo sea interpretado el texto de “Humanae Vitae”. El propio Pablo VI, hacia el final, recomendaba a los confesores mucha misericordia y atención a las situaciones concretas. Pero su genialidad fue profética, pues tuvo el coraje de ir contra la mayoría, de defender la disciplina moral, de aplicar un freno cultural, de oponerse al neomalthusianismo presente y futuro. El tema no es cambiar la doctrina, sino ir a fondo y asegurarse de que la pastoral tenga en cuenta las situaciones de cada persona y lo que esa persona puede hacer. También de eso se discutirá en los preliminares del sínodo.

La ciencia evoluciona y redibuja los confines de la vida. ¿Tiene sentido prolongar la vida en estado vegetativo? ¿El testamento biológico podría ser una solución?

No soy un especialista en argumentos bioéticos, y temo equivocarme en mis palabras. La doctrina tradicional de la Iglesia dice que nadie está obligado a usar métodos extraordinarios cuando alguien está en su fase terminal. Pastoralmente, en estos casos, yo siempre he aconsejado los cuidados paliativos. En casos más específicos, de ser necesario, conviene recurrir al consejo de los especialistas.

¿Siente nostalgia de su Argentina?

La verdad es que no siento nostalgia. Querría ir a ver a mi hermana, que está enferma y es la única que queda de nosotros cinco. Me gustaría verla, pero eso no justifica un viaje a la Argentina: la llamo por teléfono y con eso alcanza. No tengo pensado ir antes de 2016, porque en América latina ya estuve cuando fui a Río. Ahora tengo que ir a Tierra Santa, a Asia y después a África.

Hace poco tuvo que renovar su pasaporte argentino. Usted es para siempre un jefe de Estado.

Lo renové porque se vencía.

¿Su viaje a Tierra Santa conducirá al acuerdo de intercomunión con los ortodoxos que Pablo VI, hace 50 años, estuvo a punto de sellar con el patriarca Atenágoras?

Estamos todos muy ansiosos por obtener resultados “cerrados”. Pero el camino de la unidad con los ortodoxos implica sobre todo caminar y trabajar juntos. En Buenos Aires, a los cursos de catecismo venían ortodoxos diversos. Yo pasaba Navidad y el Día de Reyes con los obispos ortodoxos, que muchas veces también pedían consejo a nuestras oficinas diocesanas. No sé si será cierto lo que se cuenta de Atenágoras, que le habría propuesto a Pablo VI ir a caminar juntos y mandar a todos los teólogos a una isla a discutir entre ellos. Es un broma, pero lo importante es caminar juntos. La teología ortodoxa es muy rica.

Dentro de algunos años, la primera potencia del mundo será China, con la que el Vaticano no mantiene relaciones. El misionero Matteo Ricci era un jesuita, como usted.

Estamos cerca de China. Le envié una carta al presidente Xi Jinping cuando fue elegido, tres días después que yo. Y él me respondió. Hay contactos. Es un gran pueblo al que quiero mucho.

¿Por qué no habla nunca de Europa? ¿Qué cosa no lo convence del programa europeo?

¿Se acuerda de lo que dije sobre Asia? ¿Qué dije? [el cronista tarda en darse cuenta de que ha caído en una amable zancadilla]. ¡Nunca hablé de Asia! Ni de África ni de Europa. Sólo hablé de América latina cuando estuve en Brasil, y cuando recibí al Celam. Todavía no tuve ocasión de hablar de Europa. Ya verá.

¿Qué libro está leyendo?

?Pietro e Maddalena, de Damiano Marzotto, sobre la dimensión femenina de la Iglesia. Un libro bellísimo.

¿Y no se anima cada tanto a ver alguna película, otra de sus pasiones? La gran belleza acaba de ganar el Oscar. ¿Piensa verla?

No sé. La última película que vi fue La vida es bella, de Benigni. Y antes había visto La Strada, de Fellini. Una obra maestra. También me gustaba Wajda.

San Francisco tuvo una juventud alocada. Le pregunto, ¿alguna vez se enamoró?

En El jesuita, cuento que a los 17 años tuve una noviecita. Y también lo menciono en El cielo y la tierra, el volumen que escribí con Abraham Skorka. Y cuando estaba en el seminario, hubo una chica que me hizo perder la cabeza durante una semana.

¿Y cómo terminó, si no es indiscreción?

Ésas eran cosas de jóvenes. Las hablaba con mi confesor [gran sonrisa]

Y en SentidoG:

Balance de un año de papado de Francisco

Según la Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y trans (FALGBT), el papa Jorge Bergoglio sigue en deuda con la diversidad sexual. “La protección y encubrimiento de sacerdotes acusados de pedofilia, el silencio del Vaticano ante las graves violaciones a los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans en países como Irán, Nigeria, Uganda, Rusia o India, las acusaciones a un supuestolobby gay y la ratificación de un sólo modelo de familia, muestran claramente que el cambio que presuntamente impulsa, no es más que una sumatoria de gestos sin profundidad”, declaró la organización en un comunicado, en el cual también repudiaron las declaraciones de Francisco al Corriere della Sera.

Al respecto Esteban Paulón, presidente de la FALGBT expresó que “a un año de asumir el papado, Bergoglio ha demostrado que, a pesar de los gestos y simulaciones, sigue manteniendo una línea de desprecio y negación de derechos hacia lesbianas, gays, bisexuales y trans. No se ha movido ni un paso de su concepción, tan cláramente expresada durante el debate por la ley de Matrimonio igualitario en Argentina, en la que tildó a la diversidad sexual de ‘plan del demonio‘”.

Asimismo, Paulón remarcó que “más grave aún es el silencio cómplice del Vaticano ante el avance de leyes en diversos países del mundo, que criminalizan la diversidad sexual, imponiendo penas de prisión y hasta la muerte en algunos casos, a las personas por el sólo hecho de ser quienes son y expresarlo abiertamente. No se ven allí rastros de la fingida ‘misericordia’ que prodigaba en declaraciones tras el Encuentro Mundial de la Juventud.

Para finalizar, el presidente de la FALGBT expresó que “a modo de balance es evidente que a pesar de los gestos, claramente insuficientes, no ha habido una voluntad de un cambio profundo en la mirada que la jerarquía católica hace sobre la diversidad sexual. Y esa continuidad se expresa en enorme cantidad de situaciones que van desde el encubrimiento a sacerdotes acusados de pedofília, como a la ratificación de un solo modelo posible de familia, la heterosexual. Nuevamente el Vaticano demuestra que en realidad, nada ha cambiado, a pesar de algunas declaraciones ‘amables’ y de compromiso”.

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Santiago Agrelo: «Ateo, homosexual, no importa qué. Jesús no preguntaba identidades». «Nos hace mucho daño que se asocie a la Iglesia con el PP. Dios es de izquierdas»

domingo, 2 de marzo de 2014
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obispotangerLeemos en Religión Digital:

El arzobispo de Tánger clama por «cambiar las políticas y las conciencias» sobre inmigración

«Ninguna persona se ha de quedar a la puerta de mi casa, sea de otra religión, ateo, homosexual o no importa qué. Jesús no preguntaba identidades. Queda mucho por cambiar en nuestra mentalidad»….

«Hay que diferenciar dos mundos: el mundo de los intereses nacionales, que no sé con qué criterios se determinan, y el mundo de la fe, donde no hay fronteras«, subraya el arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, de visita en Valencia. En una entrevista con Paco Cerdá, el prelado incide en que «¡ojalá los que decimos que tenemos fe en Dios o que creemos en el Evangelio nos moviéramos con la fuerza que ese sueño da a los subsaharianos que saltan la valla!«

Para el arzobispo franciscano, «si yo pongo una valla y cuchillas en la frontera es porque la considero infranqueable para determinadas personas». Pero «¿tengo yo más derecho que el que tiene el pobre a traspasarla?«.

«Cuando se trata de legislar respecto a los pobres lo hacemos siempre los ricos, y siempre desde nuestra perspectiva y no respecto a sus necesidades. En ese sentido, las fronteras son racionales para los ricos, pero son irracionales, absurdas, opresoras y discriminatorias para los pobres. ¿Sería posible que a la hora de legislar tuviéramos la delicadeza de preguntarles a ellos qué esperan y cómo podemos ayudarles?«, añade Agrelo.

Sobre los clichés de la inmigración, Agrelo denuncia cómo «cada año presumimos de que nos visiten 60 millones de turistas, pero cerramos la frontera a estos 4.000 o 5.000 inmigrantes«. Una política «equivocadamente economicista» en opinión del arzobispo de Tánger, quien subraya que «han de cambiar las políticas y las conciencias».

«En mi vida hubo siempre homosexuales y divorciados. Los vi como amigos, algunas veces como amigos íntimos. En la Iglesia nadie debe emitir juicios», subraya al ser preguntado por la visión de la Iglesia ante estas realidades. «Ninguna persona se ha de quedar a la puerta de mi casa, sea de otra religión, ateo, homosexual o no importa qué. Jesús no preguntaba identidades. Queda mucho por cambiar en nuestra mentalidad».

Sobre la función de la Iglesia, Agrelo apunta que «es mucho más que ser una ONG», aunque reconocer que en lo relativo al poder «tenemos un problema serio. En vez de ser fermento en la masa social -es decir, disolvernos en ella-, seguimos pretendiendo ser órganos de poder. En este aspecto, a la Iglesia aún nos toca recorrer un camino de discernimiento, renuncia y empobrecimiento. Todavía nos sentimos poderosos. Pero eso a Dios no le gusta».

«A la Iglesia nos ha hecho sangrar mucho el asunto de la pederastia, porque es un problema muy serio y muy doloroso para las víctimas por el daño que se ha hecho a tantas personas«, constata con dolor el prelado, quien añade que «ha sido doloroso porque se señaló a la Iglesia, en general, como responsable de ese daño». «Yo me he pasado la vida entre niños y jóvenes; he dado la vida en medio de ellos. Y aunque a mí no me ha pasado, que entres en un bar y te digan ‘pederasta’ es algo terrible. Aparte de eso, nos hace mucho daño que se asocie a la Iglesia con el PP».

¿Por qué? «Nos hace daño porque el Evangelio no es de derechas. No sé si se entenderá si digo que Dios es de izquierdas. Con lo cual no digo que sea del PSOE o de Izquierda Unida. Dios sería de derechas si se preocupara de Dios, pero es de izquierdas porque se preocupa de ti y de mí. La Iglesia ha de mostrar que no se preocupa de sí misma ni de Dios, sino del otro. En este sentido, nos hace daño que se nos identifique con políticas que se preocupan del dinero y de cosas que no tocan».

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«El papa en su prueba de fuego», por Cristina de la Torre.

viernes, 21 de febrero de 2014
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bergoglio-y-juan-pabloJuan pablo II con el entonces cardenal Bergoglio

Leemos en elespectador

Queda en entredicho la canonización de Juan Pablo II; y en peligro, la imagen de renovador que con tanta habilidad y paciencia se ha forjado Francisco.

El emplazamiento de la ONU a la Iglesia para que entregue a la justicia civil a todos los curas pedófilos y a sus purpurados encubridores, coloca al papa en una encrucijada dramática. En la contundencia sin antecedentes del organismo internacional contra la Iglesia de Roma y el torrente de víctimas que exigen justicia, tendrá el pontífice que encarar este delito infame que la Iglesia cohonestó siempre por inacción o por desgana. Y romper su código de silencio.

No resultará fácil, para comenzar, la elevación de Wojtyla a los altares, habiendo protegido como protegió a Marcial Maciel, el emblemático abusador de niños, sus propios hijos comprendidos, y fundador de los Legionarios de Cristo. Hoy pretenden los nuevos jefes de la orden borrar todo delito con un acto de contrición impostada, sin comparecer en los tribunales y echándole a Maciel toda el agua sucia. Nadie de su círculo íntimo parece libre de culpa. 30 legionarios denunciados por abuso sexual siguen, no obstante, en la organización. Pero a ellos “ni los tocan”, apunta el investigador Fernando González. Que Robles, el nuevo director, perteneciera a aquella rosca, no inhibió a Francisco para darle de nuevo luz verde a la orden.

macielsinteirJuan Pablo II con su amigo, el pederasta Marcial Maciel

Se defiende el Vaticano diciendo haber creado una comisión contra la pederastia. Pero Sue Cox la tiene por maniobra de distracción, porque los tonsurados “no pueden vigilarse a sí mismos… el Vaticano ha de ser monitoreado por un organismo independiente y secular”. Y señalar a los obispos que protegieron curas pedófilos. Miles de víctimas exigen abordar el caso como crimen de Estado y que el Vaticano sea juzgado por Naciones Unidas. Entre muchos, el exsacerdote Alberto Athie pide detener la ceremonia de santificación de Juan Pablo II, hasta cuando las autoridades judiciales establezcan el grado de complicidad con los abusos de su amigo Maciel.

El lazo es político de origen, y financiero. Se remonta a los tiempos del sindicato Solidaridad que, al lado del papa Wojtyla, dio en tierra con la dictadura comunista en Polonia. A lo cual contribuyeron en grande los fondos de Maciel. Bajo el ala del nuevo pontífice, su orden creció como la espuma. En reciprocidad, Maciel logró que el gobierno de México invitara al papa a su país, y desde entonces cayó en desgracia también la Teología de la Liberación. Como era secreto a voces y escándalo en la prensa mundial, Juan Pablo conocía las denuncias por pedofilia contra Maciel. Pero nada vio, nada oyó, ni movió un dedo. Antes bien, alabó la “fecundidad espiritual y misionera” de su amigo. Cuando en 1999 el obispo mexicano Talavera inquirió ante el entonces cardenal Ratzinger por este caso de abuso sexual, éste le respondió: “No podemos abrir el caso del padre Maciel porque es una persona muy querida del Santo Padre y ha ayudado mucho a la Iglesia…”. En 2011 fue demandado Ratzinger ante la Corte Penal Internacional por “encubrir miles de delitos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia” (El Espectador II, 6).

Más exigente que ostentar vuelta al Nazareno será la decisión que Francisco adopte en el trance que la ONU le presenta. Si ya el compromiso con los pobres supondría un timonazo en doctrina y en acción, éste de la pedofilia será un reto mayúsculo: o repite la mascarada de sus predecesores —promesas vacías de apretar a los abusadores— o produce una ruptura mandando a la cárcel a la jerarquía responsable. Y aplaza la canonización de un papa cuya flacidez moral supera con creces la sospecha. Será esta su verdadera prueba de fuego.

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El Papa expulsa a un sacerdote pederasta italiano.

domingo, 16 de febrero de 2014
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marco-mangiacasale-expulsion-130214-gLeemos en Religión Digital:

Se anticipó a la Justicia italiana

Culpable de haber abusado de cuatro menores

La sanción aplicada fue de «reducción al estado laical» que lo alejará definitivamente del sacerdocio

El Papa Francisco se anticipó a la justicia italiana y ordenó la expulsión del sacerdote Marco Mangiacasale, hallado culpable de abusos sexuales contra menores en un proceso eclesiástico.

El presbítero de la diócesis de Como, en el norte de Italia, se encuentra en espera de la sentencia definitiva en la justicia civil que ya lo encontró culpable de haber abusado de cuatro menores en dos grados distintos de juicio, condenándolo a tres años, cinco meses y 20 días de cárcel.

Normalmente los tribunales del Vaticano esperan el resultado final en la justicia civil, si existe un proceso en curso, antes de dictar sentencia. En este caso se obvió la espera, lo cual permite intuir que las pruebas contra el imputado eran contundentes.

La sanción aplicada fue de «reducción al estado laical» que lo alejará definitivamente del sacerdocio, prohibiéndole cualquier posibilidad de celebrar misa, administrar sacramentos o estar en contacto con menores en el ámbito eclesiástico.

El procedimiento contra el ahora expárroco y ecónomo de la iglesia de San Giuliano llegó firmado directamente por el Papa y el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Mueller.

Ya el 5 de abril de 2013 Francisco había asegurado, con una nota pública, su decisión de continuar con la política de «tolerancia cero» emprendida por su predecesor, Benedicto XVI, que entre 2011 y 2012 dictaminó la expulsión de 400 sacerdotes culpables de estos delitos.

Esto no obstante las críticas de un comité para los derechos del niño de Naciones Unidas, que apenas unos días atrás emitió un duro reporte en el cual sugirió que la Santa Sede perpetuó una política de silencio que agravó el problema de los abusos en la Iglesia.(RD/Agencias)

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José María Gil: «No hay intención de menosprecio a personas o colectivo» en las declaraciones de Sebastián.

miércoles, 12 de febrero de 2014
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gil-tamayoMal empezamos… ¿Y este ciudadano sacerdote era el símbolo de la moderación? Está claro que ha sido elegido para decir lo mismo pero sin la cara de vinagre del anterior… ¿»Inquisición laica» un ejemplo muy acertado con la historia de hogueras que hay detrás…. Como siempre, echando la culpa a otros. Lo que ha dicho la ONU es quese han encubierto delitos y que no se puede seguir tensionando la convivencia social con la condena inmisericorde de la  homosexualidad … 

Por cierto, si dijéramos que ser obispo es una «deficiencia» que se cura como la insuficiencia cardiaca, ¿sería menospreciar a un colectivo?, por cierto, un colectivo abdolutamente minoritario y que, por cierto también, no contribuye en absoluto al fin «natural» de la perpetuación de la especie, y sin pagar el IBI… No mienta con eso de que los curas sospechosos de pederastia son retirados del sacerdocio…   Y ahora  va a resultar que los que criticaos el oscurantismo de la Jerarquía ocultando los abusos, somos partidarios de la guerra de Irak… Definitivamente este señor nos toma por idiotas.

Leemos en religion Digital:

«Se verán caras nuevas dentro de mes y pico, pero lo esencial permanecerá»

«Aparece una inquisición laica con unos dogmas establecidos al amparo de Naciones Unidas»

El portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo, advierte de la aparición de una «inquisición laica» con unos dogmas «ideológicos» establecidos al amparo de Naciones Unidas como «universales para todo el mundo».

En una entrevista concedida a Efe, el secretario general de los obispos se refiere al reciente informe de la ONU que critica el tratamiento que ha hecho la Iglesia sobre los casos de pederastia y su posición en otros temas como el aborto y la homosexualidad.

Pregunta: ¿Qué debe hacer la Iglesia para que los casos de pederastia no se repitan?

Respuesta: En España, esto ha sido y es minoritario; entre casi 19.000 sacerdotes, apenas hay unos cuantos casos, aunque sólo uno ya es enormemente trágico y dramático. Un sacerdote tiene un deber de ejemplaridad.

Hay que afrontar las cosas. No debe haber un juicio mediático antes de un juicio y hay que tener una disponibilidad absoluta hacia la justicia, pero sobre todo estar de parte de las víctimas. También hay que ir en la prevención en la formación de los nuevos sacerdotes.

Benedicto XVI ha dado unos pasos importantísimos, valientes, de tolerancia cero, y eso se ha destacado muy poco en el informe de Naciones Unidas, que ha obviado la tarea que desarrolla la Iglesia con cambios en su legislación y la asunción de acuerdos y convenciones internacionales.

Se aprovecha ese informe para entrar en cuestiones claramente ideológicas, en las que la Iglesia ha tenido un punto de vista distinto al de sus autores, como en temas de salud reproductiva, en cuestiones que son innegociables para la doctrina cristiana.

No se puede, de paso que se hace un informe, hacer un proceso a la religión católica.

P.- ¿Los curas sospechosos de abusos deberían ser retirados del sacerdocio?

R.- Lo son, es la práctica de la Iglesia y su legislación, inmediatamente.

P: ¿Y ocurre lo mismo en otros países?

R: Sí, está expresamente establecido por la Santa Sede. Pero estos procesos, además, han tenido un contagio político. La oposición de la Santa Sede a la guerra de Irak hizo que automáticamente empezara en los EEUU toda una campaña dirigida de sectores y medios favorables a esa intervención para enfilar a la Santa Sede como responsable de todo este asunto. No está exento de unos contagios políticos y de unos intereses ideológicos el tratamiento de este tema. Justicia, sí; reparación, sí; prevención, sí, pero ideologización de las cuestiones, no, porque entonces se falta al principio de la libertad religiosa.

P: ¿Está amenazada la libertad religiosa y la de expresión de los contrarios al aborto o al matrimonio homosexual?

R: Lo que no puede aparecer ahora es una inquisición laica con unos dogmas establecidos al amparo de Naciones Unidas como universales para todo el mundo. O aceptas esos dogmas, que son ideológicos, o quedas excluido.

En este sentido, hay que evitar la espiral del silencio. La Iglesia no va a silenciar su voz y será respetuosa con otras voces.

P: Hablando de respeto, ¿necesitan protección los obispos después del incidente en el que un grupo de activistas de Femen abordaron al cardenal Rouco Varela al grito de «aborto sagrado»?

R: La Iglesia no va a poner una guardia suiza, ni vamos a militarizar… Va a vivir con la normalidad que exige su condición de plena ciudadanía, con el respeto exquisito a las conciencias de los demás.

Tenemos el mandato de no responder a quien nos agrede. El perdón forma parte de nosotros. La Iglesia no ha hecho ninguna denuncia porque no es nuestro estilo, pero pedimos a la ciudadanía un respeto a la libertad religiosa y a las autoridades una vigilancia y una protección en el sentido de esa libertad religiosa que hemos de vivir en democracia.

P: Dentro de esa libertad de expresión en el espacio público ¿qué le parecen las declaraciones del cardenal Fernando Sebastián sobre la homosexualidad? La Fiscalía de Málaga ha abierto diligencias.

R: Estoy convencido de que no constituyen ninguna infracción penal porque es una pura apreciación coloquial y no hay una intencionalidad de ofensa, de herir, como él ha manifestado y ha reiterado; no hay intención de menosprecio a unas personas o colectivo.

Eso no es un delito, porque nos estaríamos cargando la libertad de expresión. No hay ninguna intención de concitar a la opinión pública contra ningún colectivo en absoluto.

P: ¿Cree que las manifestaciones a favor del aborto pueden influir en el Gobierno para que incluya el supuesto de malformación?

R: En la vida no puede haber tasación. ¿Quiénes somos nosotros para establecernos en un tribunal de este tipo? Habría que preguntarle también a los discapacitados, a los padres que están con niños en situaciones difíciles, y no establecer nosotros unos estándares de calidad de vida por los que quien no los cumpla no tiene el derecho a vivir.

Si no, convertimos a las personas con minusvalías y deficiencias en gente que son unos sin papeles ya en el vientre de su madre, y convertimos el propio vientre de la madre en una valla que les impide salir a una mayor esperanza de vida.

En cuanto a las presiones, hay más ideología que ciencia, hay más líneas de oposición política que razones.

La cuestión del aborto es un drama, la mujer es también víctima. No es un derecho, no es una conquista social. Es una deshumanización.

valla-ceutaP.- Hablando de deshumanización, ¿no somos demasiado indiferentes ante la tragedia de la inmigración clandestina?

R.- La Iglesia va a estar con los inmigrantes porque tenemos un mandato de misericordia.

Tiene que haber una estrategia de la UE que vaya mas allá de la seguridad de sus fronteras.

P.- ¿Para cuándo se espera la renovación en la CEE?

R.- Hay una continuidad en lo esencial, eso no puede cambiar. Sí, se verán caras nuevas dentro de mes y pico, pero lo esencial permanecerá.

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«El Mayor escándalo de la Iglesia católica», por Juan José Tamayo.

martes, 11 de febrero de 2014
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EL MAYOR ESCÁNDALO DE LA IGLESIA CATÓLICA
Pederastia, patriarcado y masculinidad
Juan José Tamayo

La pederastia es el mayor escándalo de la Iglesia católica de todo el siglo XX y de principios del siglo XXI, el que más descrédito ha provocado en esta institución bimilenaria y el que ha generado más pérdida de creyentes, que han abandonado la Iglesia, bien dando un portazo, bien hecho mutis por el foro. Algunos de los que se presentaban como modelos de entrega a los demás, se entregaron a crímenes contra personas desprotegidas. Algunos de los que eran considerados expertos en educación, utilizaron su supuesta excelencia educativa para abusar de los niños y las niñas que los padres les confiaban para recibir una buen formación. Algunos de los que se presentaban como guías de “almas cándidas” para llevarlas por el buen camino de la salvación, se dedicaban a mancillar sus cuerpos y anular sus mentes.

Y eso sucedió durante décadas en no pocas de las instituciones religiosas: parroquias, seminarios, colegios, noviciados, etc., y afectó a decenas de miles de víctimas, según el reciente Informe de la ONU. Los delitos sexuales fueron cometidos por miles de eclesiásticos apoyándose en su poder espiritual, que demostró ser una coraza para actuar criminalmente y protegerse de la justicia. ¡El poder, siempre el poder! Y en este caso, el poder espiritual, el más dañino de los poderes cuando se desvía del camino de la espiritualidad liberadora, transita por la senda del control de las conciencias y manipula la voluntad de los creyentes; y el poder patriarcal, que ha ejercido más violencia en la historia que todas las guerras. ¡El poder espiritual y el poder patriarcal siempre unidos en las religiones!

¿Desconocía el Vaticano tan extendida, programada y perversa situación de la pederastia y tan humillantes prácticas para las víctimas? La conocía perfectamente, ya que hasta él llegaban informes y denuncias que archivaba sistemáticamente hasta olvidarse de ellas. A las víctimas y a los informantes les imponía silencio para salvar el buen nombre de la Iglesia, amenazando con penas severas que podían llegar hasta la excomunión si osaban hablar. Tal modo de proceder creó un clima de permisividad, una atmósfera de oscurantismo y un ambiente de complicidad con los abusadores, a quienes se eximía de culpa, mientras que la culpabilidad se trasladaba a las víctimas, que se veían bloqueadas para ir a los tribunales ante la imagen de autoridad que daban los pederastas. Hacerlo público se consideraba una desobediencia a las orientaciones eclesiásticas y una traición al silencio impuesto por las autoridades competentes, que decían representar a Dios en la tierra.

No importaba la pérdida de dignidad de las víctimas, ni los daños y secuelas, muchas veces irreversibles, ni las lesiones graves físicas, psíquicas y mentales con las que tenían que convivir los afectados de por vida. Faltó com-pasión con las víctimas y sensibilidad hacia sus sufrimientos. No hubo acto de contrición alguno, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda, ni reparación de los daños causados, ni se produjo acto alguno de rehabilitación, ni se hizo justicia. Todo lo contrario: se echó más leña al fuego de las agresiones Tal actitud supuso una nueva y más brutal agresión.

Sucede, además, que la mayoría de las veces los casos de pederastia se produjeron en instituciones y centros de formación masculinos dirigidos por varones: párrocos, formadores de seminarios, educadores de colegios, maestros de novicios, padres espirituales, obispos, todos célibes, en el ejercicio del poder patriarcal en estado puro. Lo que demuestra que el patriarcado recurre incluso a los abusos sexuales para demostrar su poder omnímodo en la sociedad y en las religiones y, en el caso que nos ocupa, sobre las personas más vulnerables. Un poder legitimado por la religión, que convierte a los varones en “vicarios de Dios” y portavoces de su voluntad. Es la forma más perversa de entender y de practicar la masculinidad, que despersonaliza y cosifica a quienes previamente ha destruido. Masculinidad y violencia, pederastia y patriarcado son binomios que suelen caminar juntos y causan más destrozos humanos que un huracán.

El cáncer de la pederastia con metástasis, extendido por todo el cuerpo eclesial, es la mejor y más fehaciente prueba del fracaso del catolicismo del Juan Pablo II y del cardenal Ratzinger, que los encubrieron: el primero como papa concediendo todo tipo de atenciones religiosas a reconocidos pederastas como Marcial Maciel; el segundo como todopoderoso presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante casi un cuarto de siglo. Este último, siendo papa, Benedicto VI, se vio obligado a dimitir ante la suciedad que le llegaba al cuello y que no supo limpiar a tiempo. ¿Quiso limpiarla de verdad? No lo sabemos. Lo cierto es que no lo hizo. ¿No pudo? Claro que pudo. ¿No demostró mano dura con los teólogos y las teólogas que disentían de su manera de pensar, a quienes vigiló detectivescamente, impuso silencio, retiró el reconocimiento de “teólogos católicos”, condenó sus libros, expulsó de sus cátedras? ¿No puso bajo sospecha a la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos –que representa al 80% de monjas de ese país-, a quienes acusó de feminismo radical y las colocó bajo el control de un arzobispo, que actúa como detective? ¿Por qué entonces le tembló el pulso y no actuó con la misma contundencia ante los casos de pederastia?

Aunque con retraso, llega ahora una severa denuncia de la ONU contra el Vaticano, al que acusa de anteponer su reputación a la defensa de los derechos de los niños, de violar la Convención que protege dichos derechos, de no reconocer la magnitud de los crímenes, de ejercer una prolongada y sistemática política de encubrimiento de la violaciones y, ante la gravedad de los hechos, limitarse a trasladar a los pederastias de parroquias.

La reacción inmediata del Vaticano, a través de su portavoz, el jesuita Federico Lombardi, no ha sido precisamente la de ofrecer su colaboración a la ONU y a los tribunales civiles de justicia, ni la de proceder con urgencia al esclarecimiento de tamaños crímenes. Lo que ha hecho ha sido contra-atacar y acusar a la ONU de llevar a cabo “ataques ideológicos” y de interferirse en las enseñanzas de la Iglesia y en la libertad religiosa. Me parece una respuesta equivocada, ya que, a mi juicio, la ONU no hace ataques ideológicos ni se interfiere en asuntos ajenos a su competencia, sino que exige, como es su obligación, el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño. ¡Demasiado tarde lo ha hecho!

Si el modelo de Iglesia de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI fracasó, entre otras razones, por su actitud permisiva hacia la pederastia, el nuevo modelo de cristianismo que está gestándose solo puede ver la luz si el Vaticano cambia de actitud en este tema. En una institución tan centralista y vertical como la Iglesia católica, donde el papa tiene la plenitud del poder, le corresponde a Francisco responder a las graves denuncias y a las legítimas peticiones de la ONU sin titubeos ni estrategias dilatorias, y actuar con contundencia contra la pederastia: poner fin a la impunidad, condenar públicamente los crímenes cometidos, pedir perdón por ellos, cesar en sus funciones a los responsables, abrir los archivos donde se encuentra la información acumulada durante décadas y entregar a la justicia a los pederastas y a sus encubridores.

Y debe hacerlo sin demora, ya que el tiempo puede jugar a favor de la credibilidad de Francisco, que hoy es muy elevada, pero también en contra. A mayor retraso y más ambigüedad en la respuesta, más pérdida de credibilidad; a más celeridad en la colaboración y más contundencia en la condena de la pederastia, el papa argentino será más creíble.

Si se refugia en injustificados contra-ataques, como ha hecho torpemente su portavoz monseñor Lombardi, y no actúa en la dirección que le ha marcado la ONU, mucho me temo que la reforma de la Iglesia con la que se ha comprometido fracasará. Sus gestos de apertura se quedarían en gestos para la galería y sus palabras de solidaridad se las llevará el viento. ¡Así de triste! Espero y confío en que esto no suceda.

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