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Las tías: mujeres trans mayores en Argentina luchan por derechos y tejen memoria

viernes, 21 de febrero de 2025
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Para las personas trans en América Latina tener más de 40 años es ser una sobreviviente. Desde hace una décadas, adultas mayores travestis y trans de Argentina se organizaron para reclamar por una ley de reparación histórica que contemple las violencias estatales que han sufrido a lo largo de los años, además de tejer redes en las que construyen memoria y resistencias cotidianas.

Fuente Agencia Presentes
17 de febrero de 2025<
Lucas Gutiérrez
Muriel BruschiEuge AzarAriel Gutraich
Alejo Sol
Edición: Ana Fornaro

Ustedes nos pegaron, violaron y asesinaron, ¿qué más quieren?– le grita Patricia Rivas a unos cien policías acorazados detrás de cascos y escudos.

Es 24 de mayo de 2024, la tarde está helada y la Plaza de Mayo, donde está la Casa de Gobierno, está rodeada de uniformados para impedir que la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti circule por la calle hasta el Congreso de la Nación, donde espera un escenario. El Ministerio de Seguridad del gobierno de Javier Milei publicó un protocolo que sólo permite manifestarse por la vereda, sin cortar el tránsito, además de habilitar varios mecanismos para criminalizar la protesta.

Patricia tiene el pelo rubio platinado vaporoso y avanza con tacos plateados, cubierta de un saco negro por el que asoma un gran escote. Tiene 58 años, es alta y robusta, parece fuerte pero guarda en el cuerpo  y la memoria las cicatrices del odio y la violencia de las fuerzas de seguridad. Ella forma parte de Históricas Argentinas, una organización de trans adultas mayores que se reconocen como víctimas del terrorismo de Estado y de múltiples violencias institucionales en democracia. Son sobrevivientes y exigen ser oídas.

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Patricia enfrenta a policías acorazados en la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti Foto: Ariel Gutraich/Agencia Presentes

A las trans mayores las acompañan activistas de derechos humanos y de la diversidad. Hay infancias y adolescencias trans, personas no binarias, lesbianas, maricas y mucha familia elegida. Frente al despliegue policial desproporcionado con armas largas y motos que rugen, el grito fue uno solo:

¡No tenemos miedo!

La violencia institucional es una herida histórica en los colectivos travestis y trans. Durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983), las personas de la diversidad sexual, y con especial saña las travestis y trans, fueron perseguidas y encarceladas por su identidad. Pero para ellas los calabozos continuaron bien entrada la democracia, por la criminalización presente en los edictos policiales de varias provincias que habilitaba la caza de “los travestidos” en las calles. Estos edictos estuvieron vigentes hasta 1998 en Ciudad de Buenos Aires y hasta una década después en Provincia de Buenos Aires y otras provincias. Las personas trans y travestis suelen decir que para ellas la democracia comenzó recién 2012, con la aprobación de la Ley de Identidad de Género. 

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Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti Foto: Ariel Gutraich/Agencia Presentes

Hace una década comenzó la militancia por una ley de reparación histórica para las trans y travestis sobrevivientes y también el pedido de una pensión graciable. 

Para eso se formaron distintos grupos: Además de Las Históricas Argentinas, existe el el Archivo de la Memoria Trans Argentina, un proyecto artístico y político de recuperación histórica que dio la vuelta al mundo y ha sido replicado en varios países. 

Además de la reparación históricas, estos colectivos exigen que se cumpla el derecho a recibir salud integral para una vejez digna. Pero los proyectos de ley siguen durmiendo en los cajones del Congreso mientras van perdiendo estado parlamentario.

Marlene Wayar es activista, escritora, psicóloga social, egresada de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo y comunicadora. En un programa de radio, ella explica:

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Marlene Wayar y Patricia Rivas enfrentan a policias que reprimen la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti

Lo que queremos es que esta sociedad se sienta a discutir y reconozca que tenemos un promedio de vida de 32 años mientras, el de las personas cis es de 76 y subiendo y que esto constituye un genocidio. Después podemos ver los puntos de la ley, pero esto es mucho más complejo que una una mísera jubilación. Como dice Wanda, el Estado en algún momento tiene que reconocer todo lo que nos ha sacado, nos ha sacado la vida.

Actualmente en Argentina solo la provincia de Santa Fe tiene una Ley de Reparación. Es un logro y un antecedente, pero las voluntades políticas actuales no abren diálogos nuevos. Este 1 de noviembre organizaciones como Futuro Trans y el Archivo, en compañía del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentaron un amparo para que el Estado les reconozca su derecho a la seguridad social. “Buscamos también que se reconozca y repare la violencia institucional que sufrió la población travesti y trans desde la recuperación de la democracia hasta el presente”, explica Marlene.

Las marcas de la dictadura

La reparación histórica consta de dos pasos: uno es que el Gobierno salga el balcón y reconozca todo el maltrato que hubo hacia las personas trans, y lo segundo es un resarcimiento económico que no sea una jubilación mínima, a nosotras nos tienen que resarcir por la vida que nos hicieron pasar”, dice Patricia un domingo por tarde, meses después de aquella Marcha por la Reparación donde la policía amenazó y reprimió.

Estamos en la terraza de su amiga Eugenia, en el partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires, cerca de su casa. Su voz es el relato que entre carcajadas y angustias recompone esa memoria histórica que desde hace un tiempo decidió recuperar para seguir reclamando.

pato2-1536x1066Patricia en su casa. Foto: Euge Azar

En un tiempo me puse en pareja, fui peluquera y todo ese pasado lo sepulté. Al volver a hacer activismo volví a padecer y a tener las pesadillas de las persecuciones, de cuando corría con mis amigas escapando de la policía y que una caiga muerta atropellada por los autos. Es horrible vivir todo eso de vuelta.

Patricia también recuerda los ruidos, las voces, y estar detenida y vendada en la Comisaría de Tigre, provincia de Buenos Aires. “Esa que ahora tiene una placa conmemorativa que dice que ahí hubo un centro de detención durante la dictadura”, agrega.

En 1981, cuando tenía 14 años, estuvo secuestrada allí.

Fueron cinco días pero para mí fue una eternidad. Estuve vendada y lo que se escuchaba eran las puertas, los ruidos de una puerta pesada que abrían y te agarraban. Me llevaban a otro lugar y me hacían la tortura en la que me metían la cabeza bajo el agua. A veces te apuntaban y gatillaban. Otras veces era violarte mientras me decían: ‘¿te gusta ser puto?’. Siempre eran dos y cuando el primero terminaba de violarme yo caía desvanecida al piso, y ahí me daba el otro.

En abril de 2023, por primera vez en la historia, un juicio de lesa humanidad tuvo como voces fundamentales a un grupo de mujeres trans víctimas de la dictadura.

Carla Fabiana Gutiérrez, Paola Leonor Alagastino, Julieta Alejandra González, Analia Velázquez y Marcela contaron lo que vivieron en el Pozo de Banfield, uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que funcionaron durante el terrorismo de Estado.

Marcela Viegas declaró con un collar de cadenas gruesas, pulseras y una boina. Frente a ella la mesa estaba cubierta por la bandera del Archivo de la Memoria Travesti Trans Argentina. Allí contó que cuando estaba por cumplir 15 años fue secuestrada en Camino de Cintura, provincia de Buenos Aires y torturada sistemáticamente.

Me ponían una capucha. No sé adónde iba. Teníamos una venda y yo podía espiar por abajo. Me tiraban en una cama. Me ataban. Y me ponían 220 (volts de electricidad)” contó en su declaración.

Y agregó: “Es una hijaputez que nos pongan prostitución y vagancia. Yo iba a trabajar todas las noches porque por ser travesti no me iba a dar trabajo nadie” .

En marzo de 2024 los jueces condenaron a los represores a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad en el marco de genocidio. Por primera vez en la historia argentina personal militar fue condenado por los delitos de privación ilegítima de la libertad, tormentos, abuso sexual y reducción a la servidumbre a personas del colectivo travesti trans.

De las sobrevivientes no todas pudieron tener acceso a los documentos que registran esas detenciones. A veces ni siquiera las anotaban, o las ponían con nombres distintos. Para ellas también era muy difícil acercarse a una comisaría a preguntar por alguna compañera, primero porque podían quedar detenidas ellas y después porque, ¿por quién preguntaban? La astucia travesti y el humor como músculo que ayuda a sobrevivir hicieron que en “la zona” estén todas con sus nombres elegidos, los de fantasía y los apodos que eran mezcla de amor y picanteada.

Pero nada de eso las detenía, si una estaba presa, las demás encontraban la manera de hacerle llegar “el bagayo”, así le decían al envío de cosas fundamentales para los días que faltasen.

Patricia sabía que al ser detenida no tenía que firmar lo que le daban sino que debía encontrar las maneras de negociar. A la hora de firmar, tenía que poner: “apelo señor juez”. “Me das asco, me haces perder el tiempo, no quiero verte más acá o nunca más vas a ver la sol“, le dijo el juez en esos años.

Memoria trans

Pasaron cuatro meses de la Segunda Marcha por la Reparación y sobre Avenida de Mayo la puerta de un edificio de estilo francés conduce al Archivo de la Memoria Trans. En este lugar, además del trabajo de archivo y edición hay un espacio de serigrafía, una librería con títulos LGBT+ y una sala de estar dónde las chicas tienen reuniones, hacen terapia y ahora entre facturas, café y mates dan entrevistas. A veces acá o en otros espacios invitan a más sobrevivientes adultas para compartir recuerdos, charlas y ver las necesidades de cada una.

En el Archivo, unas 20 adultas mayores buscan y reúnen fotos, cartas y artículos de prensa que arman la memoria travesti trans de un país que las quiso y quiere invisibilizar. Con todo esto arman muestras, souvenirs, libros y crónicas que luego venden para vivir y hacer sobrevivir esa memoria travesti colectiva. Ellas espantan las miradas de condescendencia y traen a la luz las vidas trans con todos sus matices, colores, injusticias, amores, celebraciones y vínculos.

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Michelle, Carola, Sonia, Marcela y Teté, del Archivo Argentino de la Memoria Trans Foto: Muriel Bruschi

Sus vidas y biografías recorren muchos espacios contando lo que han vivido.

A sus 59 años, Wanda Sánchez comparte las violencias estructurales de muchas personas travestis y trans de su generación.

Vi morir a tantas compañeras, recordar el montón que éramos. Yo sobreviví a todas ellas, a todo lo que nos pasó. Me tuve que ir de mi casa a los 13 años para empezar a ser yo, ahí no podía.

Wanda02AMT-1024x1536Wanda Sánchez Foto: Muriel Bruschi

En ese deambular comenzó a ser detenida por la policía y un periplo por juzgados de menores, institutos y hasta una clínica psiquiátrica. “Allí una mujer santa, una médica me dijo que no estaba mal ser homosexual, que quien necesitaba cambiar era mi madre”. Allí se tendió un puente entre ella y su madre, aunque duró poco porque a los meses su mamá falleció.

En la clínica cumplió 18 y cuando salió ya era democracia en Argentina pero su calvario no se terminó.

Me han llevado presa por existir. Me han ido a buscar a mi casa para llevarme detenida. A vece terminaba en la comisaría con las bolsas del mercado porque recién había salido de comprar y me detenían.

Es su voz pero es la historia de muchas, de tantas.

En una mesa, bolsas de tela y remeras con imágenes sacadas de fotos, frases que alguna compañera gritó en una marcha o en una persecución y ahora se convirtieron en proclama conviven con libros de editoriales amigas y los de producción propia. El primer libro editado por el Archivo de la Memoria Trans está agotado pero otros siguen disponibles y se pueden comprar en su página web: Nuestros Códigos’; “Si te viera tu madre”, sobre la vida de la activista trans y una de las fundadoras del espacio, Claudia Pía Baudracco; y el más reciente: ‘Kumas’, una palabra que significa “amigas, compañeras, hermanas” proveniente del carrilche, ese lenguaje travesti que en la década del ‘40 nació para permitirles comunicarse entre ellas y sobrevivir a la policía y los ataques.

Mónica001AMY-1024x1536Mónica tiene 71 años Foto: Muriel Bruschi

Mónica, de 71 años, cuenta que a ella la ayuda mucho tener casa propia. La construyó con el dinero que le daba la prostitución. “Yo no derrochaba nada”, dice.  A diferencia de la mayoría, tiene una familia que la apoya, pero este lugar compartido es el que la “saca del pozo de depresión, por estar con todas y no pensar tanto”.

A ella también le decían “la gringa”. Su relato en el libro “Kumas” está atravesado por historias familiares, de amistades pero también de detención y tortura. Pero además de los relatos de violencias sobreviven las noches de brillos y diversión: los carnavales, los shows en bares.

Conocer a estas mujeres permite hilvanar la historia argentina completa.

Teté tiene 60 años, luce su delantal blanco impecable con el que cumple tareas de archivista. Tiene el pelo corto y canoso y una voz firme que no oculta la tristeza. No se quiebra, transmite la seguridad de saber quién es y fue.

– Era una situación fea, porque a mí con 13, 14 años me gustaba salir porque siempre fue muy independiente, y que te llevaran presa, que te sienten en un patrullero y te paseen para que todo el pueblo te vea, que vos era maricón.

Teté lee un fragmento del libro Kumas:

Nació en un pueblo del norte de la provincia de Santa Fe y en sus palabras se difuminan los límites entre la dictadura y la democracia. En ese momento ella se juntaba con amigos más grandes, pero a ellos también los perseguía la justicia.

Un juez llamó al tribunal a ese chico gay y le dijo que si se seguía juntando conmigo lo iban a detener porque por corrupción de menores. Así perdí amistades.

Todo ese contexto de discriminación hizo que tampoco pudiera terminar sus estudios: “Fue muy difícil terminar el colegio primario. El último año fue séptimo grado y fue una cuestión de supervivencia”.

Teté01AMT-1024x1536Teté Foto: Muriel Bruschi

Recién en 2013 pudo retomar sus estudios secundarios para culminarlos en 2016. Y siguió. Logró hacer dos años de la carrera de Psicología Social en la escuela de Psicología Social de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). Luché mucho para conseguir trabajo”, explica.

En el año 2000 se acercó a militar en la organización política Movimiento Evita y desde 2008 trabaja en el Hospital Público Provincial Magdalena V. de Martínez, en Pacheco. Comenzó haciendo limpiezas y ahora se desempeña en el área administrativa.

Desde 1992 está en pareja y desde 2018 trabaja en el Archivo.

– Este es mi espacio, es mi lugar, el que elegiría siempre. Más allá de que yo tengo a mi familia que me acompaña y a mi pareja, esto es otra cosa. Acá estamos entre pares. Podemos tener diferencias, nos divertimos, la pasamos bien, levanta el ánimo. A mí me llena el alma, la verdad es un espacio que yo elegiría siempre para estar es este lugar.

Lo dice en voz alta pero también lo cuenta con cada gesto de complicidad y cada risa. Están en la mesa y las reúne el contar anécdotas, alegrías, carnavales y un adn travesti trans infinito. Una cadena de palabras, herramientas, referentes, conceptos y orgullos que trascienden las décadas y geografías.


“Nunca pensé que a la edad que tengo algún día iba a poder contar mi historia”, dice Carola.

El 29 de septiembre Carolina “Carola” Figueredo cumplió 62 años, casi el doble del promedio de edad que vive una persona trans. Ahora ella está sentada junto a su compañera del Archivo de la Memoria Trans, Marcela Navarro, en la biblioteca de la Alianza Francesa de Buenos Aires. El espacio es inmenso, está lleno de libros, es la biblioteca francófona más grande de Latinoamérica pero lo que no está ahí es lo que ellas van a presentar en este encuentro: los libros del Archivo con sus historias, contadas por ellas mismas, con sus vidas y las de quienes ya no están.

Carola02AMT-1024x1536Carola Figueredo Foto: Muriel Bruschi

“Yo lo único que escuchaba eran siempre reproches. Nos juzgaba todo el mundo, nos condenaban, pero nunca nos daban la oportunidad de expresar quiénes realmente éramos. Nunca se nos entendió”, explica Carola, y en sus palabras la curva deriva en orgullo al explicar cómo el Archivo se instaló como ese proyecto de redención dónde pudieron tomar la palabra y visibilizarse.

Este espacio fue una segunda oportunidad. Acá nos volvimos a encontrar todas pero en un momento y una situación diferente, ahora éramos libres porque a partir del 2012 obtuvimos la Ley de Identidad de Género. Nunca pensé que iba a tener esa libertad de poder contar mi historia, que todo el mundo te escuche, que te presten atención, y eso te hace sentir importante”, va decir frente a una audiencia que escucha, pregunta, lagrimea y sonríe. Su cuerpo parece frágil, a veces parece tímida, y en un momento, de repente, se le suelta la biografía y empieza a tejer en el aire relatos que deberían estar en todos los libros de educación nacional, su historia también es la historia de un colectivo.

A su lado Marcela irradia la presencia de una directora de escuela. Su pelo negro hacia con una cola hacia arriba parece coronarla como el casquete de una vedette. Ella hablará de todos los procesos que se realizan en el Archivo, le va pedir más testimonios a Carola y trata de manera maternal.

Marcela02AMT-1024x1536Marcela Foto: Muriel Bruschi

‘Ésta se fue, a ésta la mataron, ésta murió’ se llamó la primera muestra del Archivo realizada en 2017 que se pudo ver en el Centro Cultural Haroldo Conti de Buenos Aires, dentro del predio de la Ex Esma. En este ex centro de detención clandestina ellas lograron hacer de sus recuerdos un manifiesto. Esa vez no entraron forzadas sino siendo ellas la fuerza y resistencia. Tiene una voz pausada y muy presente, con ella explica: “recibo el material y lo voy separando: vida cotidiana, trabajo sexual, carnavales”, y cuenta cómo va uniendo las conversaciones y reconstruyendo las historias. Además de fotos hay cartas, documentos, tarjetas, volantes y “muchos tickets de avión y viajes”, y no es que ellas se daban la gran vida, esos vuelos se traducen en exilios, escapar para sobrevivir.

Completo las planillas y anoto el año y nombre de las compañeras de las fotos. Si está fallecida tratamos de buscar a otra que pueda ayudarnos a armar su historia; después de eso me encargo yo misma de escribir su propia biografía. Cuando la compañera aún vive trato de ubicarla para que nos cuente su propia historia”, sigue Marcela. Del otro lado de la gente hay una mesa con algunos de los libros y objetos que producen.

Necesitamos traVajo

“Tenemos vida para tirar, pero necesitamos un trabajo. Necesitamos algo para poder vivir, para poder seguirla”, explican las integrantes del Archivo. Sonia Torrese comparte su historia y explica que estuvo “rodando por todos lados, donde pude, como una golondrina”.  Ella también es una de esas hijas expulsadas del hogar familiar por ser trans. Hoy a sus 64 años volvió a esa casa pero para cuidar a sus padres. “Mi hermana y mi hermano no me aceptaban. Tenían mucha vergüenza de mí”.

Los rulos rubios de Sonia le enmarcan las palabras que con timidez aparecen para retratarla. Cuando dice que antes era “muy cerrada, muy burra”, las compañeras la frenan y le recuerdan que ella es la que mejor memoria tiene. Si alguien ve un rostro en una foto y no se acuerda quién es la respuesta seguro la tiene Sonia.

Sonia02AMT-1024x1536Sonia es enfermera Foto: Muriel Bruschi

Como es enfermera explica que un vecino le pidió que fuera al geriátrico dónde estaba su madre para hacerle curaciones. Las primeras veces no hubo problema, pero luego las enfermeras le contaron al dueño del lugar que ella era una persona trans: “Automáticamente me cerraron las puertas, me echaron”. Esto pasó hace aproximadamente siete años, en un país con Ley de Identidad de Género y sin edictos policiales.

Actualmente algunas cobran una jubilación o pensión, muy pocas. Y como eso tampoco alcanza tienen otros trabajos y buscan ayuda en los espacios disponibles. Wanda cuenta que tiene una pensión, a eso le suma el Archivo, los sábados trabaja en la Biblioteca Claudia Pía Baudracco y retira mercadería donde le den. La mayoría comenta situaciones similares. En ese momento todas se largan a hablar al mismo tiempo pero todas dicen lo mismo, nombran alguna compañera y cuentan su desesperación por no tener ingresos.

Sandra tiene casi 70 años y sigue ejerciendo la prostitución. Es una pena que a su edad tenga que estar parada en una esquina”, dicen sobre otra compañera que tampoco tiene ningún tipo de reconocimiento del Estado.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INDEC), el 80% de las personas travestis y trans está vinculada a la prostitución. Y sólo el 32% terminó estudios secundarios, según una investigación de las organización ATTTA y Fundación Huesped.

Para paliar esta brecha, en Argentina se aprobó en 2021 la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans Lohana Berkis – Diana Sacayán. Esta norma establece la contratación de personas trans en el Estado Nacional a través de un cupo mínimo del 1 %, además de medidas de acción positiva orientadas a lograr la efectiva inclusión laboral tanto en el sector público como en el privado. Pero la llegada del nuevo gobierno frenó los avances de esta ley incluso sumando personas trans a las cifras del desempleo.

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Manifestación frente al Congreso argentino por una ley de Cupo Laboral Travesti Trans Foto: Ariel Gutraich/Agencia Presentes

La Ley de Cupo Laboral Travesti Trans lleva el nombre de las dos activistas históricas que la impulsaron y es sólo un primer paso. Hoy no se aplica, además de que corre peligro la ley.

 El cupo laboral trans lamentablemente no es para las compañeras de cincuenta años”, explica Teté. “Con esta edad no te quieren para nada, y menos a nosotras”, dice haciendo intersección entre ser adulta mayor y trans.

El cielo bonaerense de la tarde tiene de estrella a Patricia. Toma mate y comparte un bizcochuelo con amigas.

Tengo una pensión por discapacidad, que actualmente es mi única entrada porque yo tengo problemas con la silicona que me aplique hace años. Me debilitó los huesos, la cadera, por ejemplo, me comió el cartílago que une el fémur con la cabeza de la cadera y ahí se metió la silicona, también en la columna. Siento un ardor constante en la espalda y en la altura de los riñones”, cuenta.

La aplicación de silicona industrial es una práctica bastante frecuente entre las personas trans que no pueden recurrir a implantes. Esta no es una cuestión de vanidad sino una construcción identitaria, es parecerse más a quien una es. Pero al estar excluidas de los ámbitos laborales y de salud terminan recurriendo a estas opciones nada seguras y con grandes consecuencias a largo plazo.

 En Argentina, el informe “Condiciones Sociosanitarias de Personas Trans publicado en 2019 por Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, el 83% de las feminidades trans modificó su cuerpo para adecuarlo a su identidad de género autopercibida. La mitad de ellas se inyectaron materiales en el cuerpo: 66% silicona líquida y 17%, de aceite de avión.

“Hace poquito este año murió una amiga mía, como Silvina Luna, porque la silicona te estropea los riñones”, continúa Patricia, citando el caso de la modelo y conductora que trajo a los medios el debate del metacrilato y la silicona líquida.  La diferencia es que a las compañeras travestis y trans no las debate ni recuerdan de esta manera, solo entre ellas lo hacen.

Madres, Abuelas y Tías

En las marchas muchas veces hay un cartel que dice: “Madres de la Plaza, las travas las abrazan”. Esa frase también es grito cuando marchan las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, esas mujeres que aún hoy con sus más de 80 y hasta 90 años, siguen activando por los Derechos Humanos reclamando por sus hijos desaparecidos y nietos apropiados de la última dictadura militar. Las personas travestis y trans saben lo que es marchar para exigir que se cumplan estos y por el derecho a la identidad.

Memoria, verdad y justicia”, es la frase que reclama por las violaciones de derechos humanos en la dictadura argentina.  Las travestis arman memoria al encontrarse, buscar las fotos y vidas de compañeras, y hacerlas circular. Pero también verdad al poner las historias en su propia voz. Entonces, ¿qué pasa con la justicia? El tiempo en que la justicia, el Estado y la sociedad se demoran en responder y accionar no alcanza para cuidar a las personas trans adultas mayores que han sobrevivido. Ellas recorren programas de radio, televisión, podcast, libros, revistas y encuentros. Lo hacen para encontrarse, mantener viva esta voz, pero también para que toda la sociedad acompañe su reclamo.

Michelle01AMT-1024x1536Michelle es de Rosario, Santa Fe Foto: Muriel Bruschi

Michelle se vino a Buenos Aires desde Rosario, provincia de Santa Fe, porque en su casa de allá estaba sola, acá encontró una familia. “Yo pensaba que iba a morirme a los 52”, dice y todas la preguntan por qué, “porque a esa edad murió mi mamá”. Y al hablar sus uñas largas parecen dirigir la batuta de sus palabras. Cuesta imaginarla triste, porque ahora sonríe y es parte de esta mesa de compañeras travestis y trans.

En la quiniela el 52 es la madre”, dice una de las chicas, y todo tiene un aire de revelación y charla de café. La de los 52 años era la madre de nacimiento de Michelle, porque en la vida LGBT+ cuando dicen que hay una familia elegida los títulos ganados son reales. Marcela tiene mucho aire de madre. “Le digo vení a casa y trae las fotos que tengas, después vino al archivo, empezó a trabajar y se ganó su lugar”, explica con orgullo. Ahora viven juntas pero separadas, ¿cómo es eso? y “es que vive en la casa de un amigo gay que esta enfrente de mi casa, pero también en la mía”, y el tema del orden y hacer la cama y todos esos cotidianos que crean la vida en familia.

Las tías”, como muches les dicen, son muy queridas. Sea en un evento o juntada, si una de ellas se pone a contar algo, las juventudes se calman y se dejan llevar por sus voces. “A mí en lo personal lo que me llama es el afecto, el respeto, que te brindan. Es lo que menos teníamos antes. Hay respeto y amor, yo soy muy sensible. A mí me mostrás, cariño y yo te voy a dar cariño, me mostrás agresión y es lo que viví toda mi vida”, cuenta Carola con los ojos siempre emocionados y agradecidos. Pero al amor que las rodea lo debe acompañar un Estado presente.

Mucho más que un nombre

Esa segunda marcha por el pedido de reparación, la de mayo, luego de recorrer toda la Avenida de Mayo, terminó con un festival de música y discursos frente al Congreso Nacional. Al look escotado de taco plateado quebrado por los empujones policiales Patricia ahora le sumó unas antiparras de natación por si en la represión decidían arrojar gases. Las juventudes LGBTNBQ+ que están ahí también se llevan una lección de lucha y resistencia, de lo que ellas gritan: ¡Furia travesti!. En organizaciones, archivos, familias elegidas y más espacios de adultas siempre hay juventudes de la diversidad trabajando en temas urgentes que van desde la logística y el registro, hasta acompañar a algunas de las “tías”. A veces es escucharlas, otras ayudarla a hacer un trámite, pero el entretejido generacional confecciona una red amorosa que de nuevo desafía todo terror. Antes que termine la marcha Patricia les va dejar una postal de lucha, mira a le fotógrafe Valen Iricibar y le muestra las tremendas tetas cargadas de historia. Lo hace con el cordón policial detrás suyo.

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Activistas leen discursos frente al Congreso al final de la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Trans y Travesti Foto: Ariel Gutraich Agencia Presentes

Un par de meses después, cuando la entrevista parece haber terminado y en esa terraza de San Fernando mientras todo se está acomodando para cerrar el día Patricia, Pato, la tía Pato increpa:

–  ¿No me preguntas el nombre completo?

En ese momento todas las maneras de llamarla dan paso a lo que hoy, 12 años después de aprobada la Ley de Identidad de Género: “Patricia Alexandra Rivas”. El pecho se le infla de orgullo, los ojos le brillan más fuerte, y el dije de corazón que tiene alrededor del cuello le parece latir. No es solo un nombre, es parte fundamental de la biografía de un colectivo.

Para las personas trans en América Latina tener más de 40 años es ser una sobreviviente. Desde hace una décadas, adultas mayores travestis y trans de Argentina se organizaron para reclamar por una ley de reparación histórica que contemple las violencias estatales que han sufrido a lo largo de los años, además de tejer redes en las que construyen memoria y resistencias cotidianas.

*Este trabajo periodístico se realizó y publicó originalmente en la tercera edición de #CambiaLaHistoria, proyecto colaborativo de DW Akademie y Alharaca, promovido por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania. El periodista Cristhian Matamoros del staff de Criterio.hn formó parte de este proyecto.

Conoce el proyecto y más historias en https://cambialahistoria.com

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Memoria LGBT+: “Treinta y dos años de marchar con Orgullo: ni un derecho menos”

lunes, 13 de noviembre de 2023
Comentarios desactivados en Memoria LGBT+: “Treinta y dos años de marchar con Orgullo: ni un derecho menos”

Con Milei y su Libertad Avanza, volvería la negra oscuridad de la Dictadura militar y la LGTBIfobia…

Buenos Aires marchó con Orgullo: fiesta y defensa de derechos antes del balotaje

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Flavio Rapisardi recuerda, junto a otrxs compañerxs, cómo fue la primera marcha del Orgullo en la Ciudad de Buenos Aires. «En todos estos años nunca estuvimos con la derecha fascista que hoy tiene candidatxs en carrera. Por eso la consigna es clara:Ni un ajuste más. Ni un derecho menos”.

CIUDAD DE BUENOS AIRES, Argentina. Hace 32 años, un grupo de doscientas cincuenta travas, locas y tortas decidimos “volver” a las calles. Y digo “volver” porque siempre estuvimos: desde la creación de Nuestro Mundoprimer intento de organización homosexual en Argentina» según Néstor Perlongher- en el año 1967 hasta las marchas contra el indulto de Carlos Menem. Nuestras banderas siempre estuvieron junto a movimientos revolucionarios, sectores progresistas, movimientos de derechos humanos. En todos estos años -suman cincuenta y cinco- nunca estuvimos con la derecha fascista que hoy tiene candidatxs en carrera. Por eso la consigna es clara:Ni un ajuste más. Ni un derecho menos”.

Memorias de la primera marcha del Orgullo

IMG_1196En 1992, en el loft de la calle Paraná -donde vivían Carlos Jauregui, César Cigliutti y Marcelo Ferreyra militantes de Gays y Lesbianas por los Derechos Civiles- nos convocaron a distintos grupos (ISIS, Lesbianas a la Vista, Travestis Unidas, Cuadernos de Existencia Lesbiana y otres) a planificar y trabajar para ocupar las calles. Eran épocas donde todavía la policía nos metía en cana y hacía razzias (detenciones masivas) en discotecas. Porque, como bien argumentábamos en ese momento: “Los edictos policiales son la continuidad de la dictadura”.

Si bien durante los años 80 y 90 estuvimos junto con la CONADEP (Comisión sobre la Desaparición de Personas), con las Marchas de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo, agitando banderas contra el intento de Golpe de Estado de los carapintadas y apoyando las huelgas de trabajadorxs, ese año decidimos volver “solxs” a pedir libertad, igualdad y diversidad. Aquella nochecita helada éramos como 250. Detrás de nosotrxs, la Plaza de Mayo explotaba de docentes que marchaban contra el ajuste brutal de Menem contra el sistema educativo. Nos saludamos, nos sacamos fotos (no había celulares) y mientras miles de maestros y profes iban hacia la Casa Rosada, nosotrxs, a cara descubierta o con caretas (muchxs podían perder su trabajo por darse a conocer) enfilamos para el Congreso. En dos direcciones, pero en un mismo sentido: pedir justicia.

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Aquella marcha del 3 de julio de 1992, la primera del Orgullo en Argentina, hay que leerla en el momento histórico que se gestó. Nuestro movimiento tiene una larga historia que comenzó en 1967, continuó en los 70 durante la democracia, hasta que la dictadura nos mató compañerxs o tuvieron que exiliarse. Otrxs quedaron desperdigadxs, controladxs por la bota facha de la policía milica de un gobierno de asesinos que hoy la candidata Villarruel reivindica. Por esto esta marcha de noviembre de 2023, es tan importante. Y por primera vez las llamadas “históricas” fuimos convocadxs por la Comisión Organizadora a formar parte de las voces que se escuchan cada noviembre en Buenos Aires.

No es que el pasado fue mejor, sólo venimos a recordar – en especial a quienes nacieron con los derechos conseguidos- que esos derechos se ganaron en las calles. Y que en esa lucha compañerxs dedicaron o dejaron su vida. Cómo no recordar a Angel Bruno, a Gustavo Tarasco, a Marcelo Benítez y tantos otrxs que no entrarían en esta nota.

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Carlos Jaúregui en la primera Marcha del Orgullo en Buenos Aires, julio de 1992.

Marcha y Orgullo, ayer y hoy

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Belén Correa (ATTTA) la histórica militante trans que formó parte de las primeras organizaciones de trans, travestis y transexuales, y una de las fundadoras del Archivo de la Memoria Trans, recuerda: “Para nosotras no había posibilidad de usar caretas. Yo estaba con Claudia Pía Baudracco. Nos enteramos y nos sumamos a ese momento que hoy es histórico. En todos estos años nuestro movimiento se organizó, creció. Aprendimos a construir junto a lesbianas, gays, feministas, bisexuales los derechos que hoy nos quiere arrebatar la derecha. No lxs vamos a dejar. Cambiando el tono de voz, recuerda, como todxs nosotrxs, a “las históricas”. Ya no están pero vamos a recordarlas en el abrazo de quienes todavía estamos de pie, con los miles y miles de nuevas generaciones que deberán saber que los derechos se consiguen y se defienden.

Otrx “histórica”, Pablo Vasco, dirigente de Libre Diversidad y del MST en el Frente de Izquierda Unidad, recuerda su participación en aquella primera marcha con alegría y orgullo. Su partido político fue el único que acompañó esa movida. «En este tiempo hay sectores de la derecha y la ultraderecha que vienen por nuestros derechos. Tenemos que defenderlos como los logramos:unidad y movilización”, dice.

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Diego Tedeschi Loisa se sumó en la III Marcha del Orgullo en 1994. Recuerda: “Eramos 500 personas y yo militaba en el Grupo Nexo. Fuimos con las tapas de la revista que editábamos, “Nexo”. Era una época en la que por ser gay o lesbiana te podían echar del laburo, la policía nos levantaba en razzias. Comencé aquella marcha con pasamontañas, pero a los cien metros me lo saqué.”

Ni un derecho menos

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En gestos como los de Diego, en compromisos políticos como los del Vasco, en la valentía de Belén que -aclaramos- todavía militan día y noche, se construyeron las libertades que hoy vivimos, la igualdad que seguimos construyendo y que hoy más que nunca.Con nuestrxs compañerxs muertxs en cuerpo pero vivos en las victorias y el deseo. El nuestro, que aún late, y el de les pibes, porque no daremos ni un paso atrás ante la derecha autoritaria que defiende a los milicos que torturaron y mataron a nuestros militantes, a políticos cachivaches que gritan libertad pero votan en contra de la Ley de jubilaciones para personas con vih. Frente a les violentes que se creen leones y solo son una pantomima patética de quienes hundieron a nuestro país en el dolor, la muerte y el hambre.

Este sábado “las históricas” estaremos allí, como siempre, con miles de voces más que se suman a esta bella historia de amor e igualdad volviendo a gritar lo como hicimos esa nochecita fría de 1992: Libertad, igualdad y diversidad.

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Flavio Rapisardi, autor de esta nota, es militante LGBT y de derechos humanos, doctor en Comunicación y coautor del libro Fiestas, baños y exilios.

Las fotos que ilustran esta nota fueron aportadas desde el archivo personal del autor. De conocer su autoría, pedimos nos escriban a agenciapresentes@gmail.com para poder consignarla.

2 de noviembre de 2023
Flavio Rapisardi
 Edición: María Eugenia Ludueña

Fuente Agencia Presentes

General, Historia LGTBI , , , , , , , , , , , , , , ,

Pañuelazo recuerda a 400 detenides-desaparecides por el Terrorismo de Estado en Argentina

miércoles, 29 de marzo de 2023
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Homenaje a les desaparecides LGBT+ por el Terrorismo de Estado, en la semana de la Memoria y aniversario del Golpe en Argentina.

BUENOS AIRES, Argentina. Más de 20 organizaciones de la diversidad sexual se encontraron este sábado en Buenos Aires para recordar a les 30 mil desaparecides por el Terrorismo de Estado en Argentina y a les 400 detenides desaparecides LGBTI+. El acto se realizó en la Plaza Carlos Jáuregui y convocó al activismo de la diversidad sexual y de los derechos humanos.

El abrazo de Nora y Norma

Nora-Cortinas-y-Norma-Castillo.-Foto-Agustina-Ramos-Presentes-1536x1156Nora Cortiñas y Norma Castillo. Foto: cobertura de Agustina Ramos

En el acto Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, se abrazó con Norma Castillo, militante histórica por los derechos humanos y de la comunidad LGBTIQ+. En 2010 Norma se unió con Ramona «Cachita» Arévalo, su gran amor, en el primer casamiento de mujeres de América Latina y el Caribe por vía judicial.

El homenaje contó con la presencia de las funcionarias Greta Pena, titular del INADI, y de la la subsecretaría de Políticas de Diversidad del Ministerio de Géneros, Agustina Ponce. También participaron el acto Ernesto Gaya, de la Agrupación H.I.J.X.S – CABA, y las organizaciones que integran el Frente Orgullo y Lucha.

https://twitter.com/PresentesLatam/status/1637197153998192647?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1637197153998192647%7Ctwgr%5Ed53e4ee1a437e8a358958f94a50ccc74fc4e35d2%7Ctwcon%5Es1_c10&ref_url=https%3A%2F%2Fagenciapresentes.org%2F2023%2F03%2F20%2Frecuerdan-a-400-detenides-desaparecides-por-el-terrorismo-de-estado-en-argentina%2F

Qué pasó con la represión a la diversidad

Hubo emoción, memoria, batucada, feria y un Pañuelazo para conmemorar a les 30000 desaparecides al cumplirse el 24 de marzo 47 años del Golpe de Estado en Argentina. Y se leyó el documento: «La dictadura no sólo implicó un autoritarismo político sino también moral. La represión al movimiento popular no excluyó la persecución a lesbianas, bisexuales, gays, maricas, travestis y trans como parte de los dispositivos de disciplinamiento de la sociedad. Pero esa represión a la diversidad no fue procesada socialmente ni formó parte de las causas judiciales por las violaciones a los Derechos Humanos, por eso reivindicando los históricos avances en materia de Memoria, Verdad y Justicia queremos visibilizar la historia de la violencia estatal contra las personas LGBTI+ que fuimos, somos y seremos parte de las luchas de nuestros pueblos».

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Desde Madrid, otro activista histórico Héctor Anabitarte participó a través de estas palabras: Quisieron eliminar toda manifestación sexual que no fuera la impuesta por la tradición judeo-cristiana y su concepción heteropatriarcal de lo que debe ser una sociedad. Sabían muy bien que la sexualidad en sí misma es cuestionadora, es rupturista, es desestabilizadora y los administradores de la moral, de la culpa, no lo podían tolerar”, escribió. Y recordó: Todos los derechos y entre ellos el derecho a disponer del propio cuerpo, lo único que verdaderamente nos pertenece. Como bien dijo la poeta lesbiana Alejandra Pizarnik: «Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones».

Qué dice el documento que se leyó

El rabino Marshall Meyer (1930/1993) de la Comunidad Bet El, integrante de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (CONADEP) en un encuentro con el histórico activista Carlos Jáuregui en 1985, sostuvo que la Comisión había detectado en su nómina de personas denunciadas como desaparecidas a cuatrocientos homosexuales. Si bien no habían desaparecido por ese motivo, el tratamiento recibido había sido especialmente sádico y violento. Como así también el de los detenidos judíos. Fue recién en el año 2011 que la CONADEP recibió la declaración de personas travestis y trans detenidas en centros clandestinos.

18-03-23-acto-repudio-golpe-y-Lgtbiq-17-1536x1025Desde el movimiento LGBTI+ queremos visibilizar la historia de lucha de nuestro movimiento, por eso reivindicamos al Frente de Liberación Homosexual (FLH) que nos convocaba a amar libremente en un país liberado. Al mismo tiempo reclamamos por el derecho a la verdad, a saber que paso con las personas LGBTI+ detenidas desaparecidas, a conocer sus historias militantes y que se visibilice la represión que sufrieron por su orientación sexual e identidad de género.

Durante el primer año del golpe, el Grupo Nuestro Mundo, antecesor del Frente de Liberación Homosexual,  – fundado entre otros por Héctor Anabitarte, delegado del sindicato de correos y militante Comunista – denunció ante los medios los arrestos arbitrarios que sufrían las personas LGBTI+. Y cómo se las obligaba a firmar declaraciones incriminatorias amparadas en edictos policiales como el “2 H”. También el escritor y activista del FLH, Néstor Perlongher (1981) realizó denuncias similares, en las que señaló la existencia de una “limpieza moral” a través de razias policiales y detenciones.

«Están dentro de lxs 30 mil»

Queremos visibilizar y reivindicar esas historias de militantes perseguidxs, que hoy sabemos tuvieron un tratamiento especialmente cruento por lo que ahora llamamos orientación sexual e identidad de género. No separamos sus historias personales de sus militancias políticas y sociales, están dentro de lxs 30.000.

En el inicio de la semana de la memoria, queremos expresarnos y abrazarnos para seguir defendiendo nuestra democracia que está cumpliendo 40 años ininterrumpidos. Y seguir construyendo con el ejemplo y la guìa de les 30 mil esa patria libre, justa, soberana y diversa que soñamos.

Aniversario del Golpe genocida

A 47 años del golpe genocida decimos:

¡Somos comunidad, orgullo y lucha!
¡Viva el FLH!
¡Son 30mil!
400 LGBTI+ Detenidxs Desaparecidxs, ¡Presentes!

Acompañamos a Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas e HIJOS. Sumando la bandera de la diversidad al histórico reclamo de Memoria, Verdad y Justicia.

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Foto: Alejandro Reynoso

20 de marzo de 2023
Cobertura en redes: Agustina Ramos
Alejandro Reynoso
Edición: María Eugenia Ludueña

Fuente Agencia Presentes

General, Historia LGTBI, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Hebe de Bonafini fue también madre de la comunidad LGBTI

miércoles, 30 de noviembre de 2022
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72C801D9-DCD5-4513-8228-EEC18F03033AYo también soy travesti y todavía no se dieron cuenta.”

Admirada por la CHA, íntima de Lohana Berkins y madrina de la primera cooperativa trava, Hebe de Bonafini es una pieza clave en la historia del movimiento.

El libro póstumo de Hebe de Bonafini, una reivindicación a las Madres. Adelanto de Página/12

Por Lía Ghara

25 de noviembre de 2022 – 00:52

El pasado domingo, Hebe de Bonafini, Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo cambió de casa”, como solía decir ella cada vez que despedía a una compañera. Esa Madre de todes, también fue madre de la comunidad LGBTIQ+, que pudo imaginar una militancia posible por sus derechos, y reconocerse sujeto político a través de su ejemplo y el de todas las Madres.

Admirada por la CHA, luchadora incansable contra de los edictos policiales que criminalizaban homosexuales, íntima de Lohana Berkins y madrina de la primer cooperativa trava, Hebe de Bonafini es una pieza clave en la historia de nuestro movimiento y en la lucha por desmantelar a la luz de la democracia el aparato represivo.

El 20 de Noviembre, Día de la Memoria Trans y de la Soberanía Nacional murió Hebe. La que contra todo biologicismo decretó que con sus compañeras habían tenido 30.000 hijos e hijas, y luego otros cuantos millones.

 Caía la lluvía en Plaza de Mayo, mientras una muchedumbre convocada por H.I.J.O.S marchaba alrededor de la Pirámide de Mayo, detrás, la Casa Rosada estaba iluminada de celeste, blanco y rosa. “En un momento vemos una bandera gigante con esos colores que avanza hacia la Plaza y se suma a la marcha, eran todas travas, eran muchas, militantes históricas que fueron a homenajear a Hebe y mientras toda la Plaza las aplaudía se incorporaron para marchar con nosotres”, reflexiona Lucía García Itzigsohn, integrante de H.IJ.O.S. Fue un momento Hebe”, concluye emocionada la anécdota que ilustra sin matices el vínculo genético entre las Madres y las travas.

Los tejes

“Yo creo que esta sociedad no dimensiona el aporte que han hecho ustedes las Madres de Plaza de Mayo a la concepción de los derechos humanos. Nosotras venimos a las Marchas desde hace muchos años (…) donde sobre todo nos sentimos cobijadas. Ahí fue el caldo en donde nosotras las travestis, nos dimos cuenta que no debíamos continuar con un reclamo individual sino que había un sistema que enfrentar, un patriarcado, un capitalismo. Ahí fue donde nos dimos cuenta que nos teníamos que convertir en sujetas políticas, que no bastaba con el sufrimiento individual” , decía Lohana Berkins en el 2012, entrevistada por Hebe de Bonafini en «Madres de la Plaza«, el programa de la Asociación.

Lohana relata cómo a través de la historia de las Madres de Plaza de Mayo vió reflejada la de su propia identidad travesti y tomó las herramientas y la herencia política de ellas para construir una forma propia de militancia. Escapar del relato individual construye la potencia con la cual las travestis podrían enfrentar un sistema, así como las Madres derrumbaron una dictadura.

4625FF2E-C776-4808-B6FF-B750B826DE76Con Cristina Fernández de Kirchner

1985

En 1985 la Comunidad Homosexual Argentina lanza su boletín nro 10, titulado “Militancia y nosotros, bien por Hebe” donde Alejandro Zalazar relata el momento en que Hebe en medio del Juicio a las Juntas en señal de protesta y dignidad se coloca el pañuelo y la retiran de la sala. Alejandro escribe:

“Ejerció en la práctica su derecho a manifestarse en contra de una situación que consideró injusta. Muchos homosexuales durante años elegimos el silencio ante la represión y la discriminación. Hoy, Hebe de Bonafini, nos demostró su inclaudicable actitud ante cualquier posibilidad que no sea ‘Juicio y castigo a los culpables’ y ‘Aparición con vida’. Debemos tomar este hecho como un ejemplo de conducta en una lucha (…) mantener una conducta digna ante la represión y el prejuicio social, son, en nuestro caso, acciones a tomar de donde la actitud de Hebe se convierte en un ejemplo”

La articulación de la Comunidad Homosexual Argentina -presidida por Carlos Jáuregui– con los organismos de derechos humanos, durante los dos primeros años de la postdictadura fueron fundamentales para la construcción del marco teórico sobre la cual la comunidad LGBT+ delinearía sus consignas y alianzas. Carlos Jáuregui sentía una “veneración increíble”, según Cesar Cigliutti, por Hebe de Bonafini y su valentía, de quien sin duda y entre otres se inspiró para diez años después conducir a la misma Plaza de Mayo la que sería la primera Marcha del Orgullo en Argentina.

Una constelación de referentes unen nuestra historia cercana en tejes que mediados por Madres de Plaza de Mayo fueron precursores y antecedentes de leyes fundamentales del transfeminismo. Aborto, Identidad de género, Matrimonio Igualitario, entre tantas otras.

Lohana y Hebe se conocieron un día que Lohana le fue a llevar una carta a la Plaza donde le contaba la idea de lo que luego se convertiría en la Cooperativa textil Nadia Echazú, “vos me invitaste una tacita de té y unas cositas ricas antes de la reunión de las madres y desde ahí nos hicimos amigas”.

“Soy travesti”

La Cooperativa Textil Nadia Echazú es el taller-escuela que comenzó a funcionar en 2008 de la mano de Lohana para que travestis y transexuales puedan trabajar y capacitarse para salir de la prostitución. La madrina del proyecto fue Hebe quien inauguró la jornada diciendo: “Hoy empezamos, y me incluyo en esto, con la cooperativa que significa dar trabajo y continuidad. Hay que acompañarlas, todos nos tenemos que ocupar y preocupar porque sigan trabajando. Hoy, aquí, empieza un sueño”, dice y es interrumpida por los aplausos. Y a los periodistas que están preocupados por mi presencia acá, les digo que yo también soy travesti y todavía no se dieron cuenta.”  

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Con Lohana Berkins. Imagen: Sebastián Freire

Hebe, aborto y misoprostol

Tanto Lohana, como Diana Sacayán y Marlene Wayar estudiaban en la Universidad Popular de la Asociación, donde por primera vez fueron inscriptas en una institución que reconocía y legitimaba sus identidades. Lucía García Itzigsohn, quien en su momento fuera la directora de la carrera de periodismo de la Universidad cuenta: “Lohana era alumna mía de la carrera de periodismo, obviamente ella discutía todo y me formaba más ella a mí que yo a ella. A partir de ahí entablamos un vínculo de mucho cariño y empezamos a organizar unos seminarios de verano sobre género, cuerpos y subjetividades”.

Fue también en la editorial de Madres donde Lohana pública entre todo este recorrido “La gesta del nombre propio: informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina en 2006 y luego “Cumbia, copeteo y lágrimas en 2007.

En esos seminarios de verano se inscribe la militante lesbiana Vero Marzano que junto a Luciana Sánchez conducían Lesbianas y feministas por la descriminalizacion del aborto y tenían la iniciativa Aborto, más información, menos riesgos”. En articulación con la editorial de Madres y con el antecedente de los informes de Lohana, en 2010, logran editar el primer manual de aborto seguro en Argentina lllamado Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas”, que difundía la información necesaria para abortar de manera segura con Misoprostol según las recomendaciones de la OMS.

 Uno de los antecedentes más potentes, si no el más, de la lucha por la legalizacion del aborto fue el primer ‘Congreso de Acceso Igualitario al Aborto Seguro’ en 2012. Hebe fue la figura central inaugurando las jornadas con un épico discurso:

“Es como una magia ese medicamento, una maravilla. Dicen que esa droga está liberada ¡Entonces hagámoslo en las cocinas de nuestras casas!¡Abramos un lugar donde fabricarlo! Necesitamos que el aborto sea legal, que las mujeres puedan abortar cuando quieran, que los hospitales publicos lo hagan como una cosa normal, que no sigamos siendo hipócritas. Las madres que apostamos a la vida apoyamos esto justamente porque apostamos a la vida”.

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El alcance de la revolución

Biología no es destino” es una de las consignas que define hoy al transfeminismo y que impulsó los últimos derechos conseguidos en materia de identidad de género. Cuando Lohana Berkins se para y dice “Las travestis tenemos el coraje necesario para engendrar otra historia” parte al medio el concepto de qué y quiénes engendran, siendo en ese alumbramiento posible una sociedad más justa.

 Si, ese es el tamaño del parto de una travesti. De la misma manera, las Madres 45 años antes quebraron la noción de la maternidad en terminos simbólicos haciéndola colectiva y no individual, sacándola al espacio público, creando una nueva forma de maternar en las que una es Madre de 30.000, en la que todos los hijos tienen muchas madres y el lazo genético, sanguíneo y afectivo está tejido por una trama de lealtad que comienzan enMemoria, Verdad y Justicia”. Qué es ser madre en Argentina sino haberle puesto el pecho a la policía montada del 2001 avanzando sobre los pibes en Plaza de Mayo.

Vencer el miedo y el silencio es el primer paso hacia el orgullo, enfrentar a las instituciones genocidas, a los edictos, a los prejuicios, al qué dirán y defender la dignidad cuando existe un atropello. Es la herencia de una acumulación política que crece al ritmo que se expanden las identidades, y con ella la democracia. Y en Argentina no existe Identidad ni Democracia sin la búsqueda implacable de nuestras Madres. Sin Hebe de Bonafini.

 El círculo del amor se cierra, o mejor dicho se expande como una piedra arrojada al lago generando olas concéntricas. Cuando falleció Lohana las Madres Marcharon con la consigna “Trava de la Plaza, las Madres te abrazan”. Cuando Hebe partió bajo la lluvia del domingo, ahí estaban las travas, los putos, las tortas y maricas que también somos sus hijes.

Fuente Página 12

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Claudia Vásquez Haro, primera mujer trans en doctorarse en una universidad pública argentina

jueves, 17 de diciembre de 2020
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claudia-portada-1Claudia Vásquez Haro se convirtió en la primera femineidad trans/travesti en doctorarse en una universidad pública de Argentina. El 11 de diciembre en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata recibió el título de Doctora en Comunicación tras la defensa de una tesis sobre “Identidades Golondrinas desde una Epistemología del Despojo”. La activista de Otrans analizó las prácticas político-comunicacionales de las feminidades travestis y trans migrantes peruanas en La Plata, donde vive. En este perfil realizado para el aniversario de esa ciudad, la historia de Claudia y el rol crucial de la Facultad de Periodismo en su formación y activismos.

Por María Eugenia Ludueña para Acá Está La Plata/0221*

Fotos: Facebook de Claudia Vásquez Haro y Archivo Presentes/Ariel Gutraich

Claudia Vásquez Haro llegó a La Plata el 5 de noviembre de 2000, después de aterrizar en Ezeiza en un vuelo que había salido de Lima, Perú. Su hermana Laly, la mayor de seis hermanxs, la esperaba aquel día en el aeropuerto con un bolso con ropa. Claudia tenía 26 años y después de abrazarse fuerte con Laly lo primero que hizo fue entrar al baño del aeropuerto y cambiarse.

Con la liviandad y determinación de quien ha decidido pegar un salto, se quitó el equipo deportivo y suelto que había usado durante el viaje y se puso una remerita negra de gasa y un pantalón de vestir beige. Después se subió a unos zapatos con taco alto, con cierta sensación de elevarse también unos centímetros por encima de la vida y empezar una existencia -que en rigor ya había empezado- donde pudiera ser plenamente Claudia. Con la fantasía de vivir con libertad su identidad de género, se repetía: “Acá nadie me conoce. Acá voy a hacer la mía. No tengo que pedir permiso, va a ser más fácil”.

Muchos años después, en otro aeropuerto, tendrá otra revelación, otro tránsito: la autopercepción platense.

Vine motivada por mi hermana. Siempre fue para mí una segunda madre. Hacía mucho me venía diciendo que en Argentina la educación era pública y gratuita, y que había más apertura a los temas de género. Llegué con la idea de concretar mi deseo y de estudiar como Claudia —dice con un suave acento peruano.

Era una adolescente cuando su hermana Laly dejó la casa familiar en Trujillo para venirse a La Plata a cursar la carrera de enfermería. Claudia desde los 13 años usaba tacos y pelucas, y tenía una expresión de género femenina.

Yo sabía que La Plata era un lugar estratégico para estudiar. No como en la Capital, donde la UBA queda perdida. Acá la universidad es eje central de la vida urbana. Y creo que la construcción de la identidad platense es pluridiversa en todo sentido.

DOCTORA-EN-COMUNICACION-730x365Hace 20 años su hermana Laly vivía en Villa Argüello, y hacia ahí enfilaron desde Ezeiza. Una villa de peruanos -recuerda Claudia- en el borde de la ciudad, donde  un amigo de sus hermanxs, también llegado de Perú, le había prestado un terreno a Laly y la familia había levantado una casilla. En La Plata la comunidad migrante peruana es la tercera más numerosa, después de la boliviana y la paraguaya.

El primer oficio de Claudia fue el que aprendió en Perú, donde peinaba a reinas de belleza y era experta en colorimetría. Empezó cortándoles el pelo a los contactos de su hermana y en pocos meses se convirtió en la peluquera más famosa del barrio José Luis Cabezas, en el límite entre Berisso y Ensenada.

Pero en esos primeros tiempos, mientras Argentina entraba en una grave crisis política y económica, Claudia hacía lo que podía: limpiar casas, cuidar a personas mayores. No había mucha plata para cortarse el pelo y ella cambiaba sus manos de tijera por bolsas de arroz.

Se maquillaba poco y aunque siempre le gustó estar superarreglada y coqueta, se vestía sencilla. No quería llamar la atención.

A veces se hacía pasar por la madre de su sobrino Francis, para que su identidad travesti no la hiciera quedarse fuera de una oportunidad laboral. Después consiguió empleo en dos peluquerías grandes de la ciudad: “Supercortes” y “Pelomanía”. Con parte de lo que ganaba seguía estudiando. Durante dos años cursó en la Cámara de Peluqueros y Peinadores de La Plata todo lo que podía y también en la Escuela de Formación Profesional de la calle 59: oratoria, recursos humanos, protocolo y ceremonial.

De chica fue una persona estudiosa y aplicada, con sed de aprender. Pero en Trujillo iba a una escuela centenaria para varones y a los 12 le sugirieron a su madre que era mejor que se retirara. Se cambió de colegio. Su padre igual la retaba si no sacaba las mejores notas. Más tarde se instalaría con él un silencio de 12 años.

Claudia salía de clases y pasaba por la peluquería de Omar, un amigo que le enseñaba el oficio y le prometía: “Esto te va a dar un plato de comida”.

Al terminar la secundaria, con diploma de excelencia por sus notas, Claudia probó un par de carreras pero ninguna la convenció. Mientras tanto, cortar, peinar y teñir le daba un sustento y luego un nombre. En una competencia de peluquería ganó el primer lugar y se hizo conocida. Pero no era fácil ser una persona con identidad travesti en los 90 en Trujillo. Tenía 18 años cuando decidió por primera vez mudarse, y con ayuda materna abrió su propio salón de belleza en Cajamarca, donde llegaron a trabajar 10 personas bajo su mando.

Siempre fui migrando —dice.

Cuando Claudia llegó a la Argentina, no se habían aprobado aún ni la ley de Matrimonio Igualitario (2010) ni la de Identidad de Género (2012). Pero acá sí podía vivir su identidad.

Uno de sus primeros gestos políticos en la adolescencia fue delinearse las cejas de manera permanente. Fue su modo de resistir: cada vez que detenían a las jóvenes trans en las calles de Trujillo por el solo hecho de ir maquilladas, la policía les arrojaba agua en la cara, como si la identidad fuera algo que se quita y pone. Así que un día a Claudia se le ocurrió que si se tatuaba las cejas, cuando le tiraran agua iban a seguir ahí, incólumes y desafiantes a cualquier represión.

En La Plata el clima parecía distinto. Hasta que la llevaron detenida.

No me olvido más: íbamos por calle 7 con Romina, una amiga trava. Estábamos comprando ropa, regias nosotras, con nuestros bolsos, cuando la policía nos pidió documentos.

“¿Qué hemos hecho?”, preguntó con acento peruano. El policía le respondió con un golpe que la dejó en el piso.

—Estaba asustada, no sabía de los códigos de faltas. Nos trataban en masculino y terminamos en la comisaría.

Romina, más experimentada, demostraba que no tenía miedo y los policías le respondieron con dos cachetadas: “No se vistan como mujeres, ustedes son hombres. Lo dice el edicto. No pueden andar por la calle”.

Las llevaron a la comisaría primera y luego a la novena, la misma donde mataron y desaparecieron a Miguel Bru, un alumno de periodismo de la misma facultad donde después estudió Claudia.

A Romina la hicieron quitarse la ropa y desfilar desnuda. Claudia pensaba: “Ahora se van a burlar de mí porque tengo todo relleno con push up…”.

Al final labraron un acta. Nos pusieron lo que quisieron. Nos armaron una causa diciendo que les habíamos faltado el respeto. Nos mandaron a la jueza y la jueza nos castigó. Fue tan injusto

La palabra injusto quedó resonando en su mente y en el cuerpo. Era tan presente la sensación de que eso les estaba pasando a otras que Claudia intentaba buscar explicaciones. Mientras seguía trabajando de peluquera, se anotó en la Facultad de Periodismo.

Fui a buscar las respuestas a mis preguntas.

claudia-otrans-En 2005 en la facultad (entonces en 4, entre 43 y 44) conoció a Lohana Berkins y a Marlene Wayar, activistas travestis. Habían ido a presentar el libro La gesta del nombre propio. Ese encuentro fue clave. Al finalizar la charla, Claudia compró el texto.

Publicado por la editorial de las Madres de Plaza de Mayo, coordinado por Lohana y Josefina Fernández y con prólogo de Diana Maffia, se trata de una investigación colectiva realizada por activistas travestis y trans, investigadoras y feministas, que recoge y analiza datos sobre la violencia estructural que padecen las personas travestis y trans: una de las tantas es el abuso policial.

Claudia lo terminó esa misma noche, en tres horas.

Nunca había tenido tantas ganas de leer algo. ¡Nunca había comprado un libro de travestis! Me partió la cabeza. Lo que me pasaba a mí nos pasaba a todas. Fue un despertar. Decir: “No estoy sola, hay otras compañeras luchando y con más experiencia”.

Claudia ya se había acercado al activismo desde su identidad migrante, porque unos años antes conoció a la referenta Lourdes Rivadaneyra cuando se presentaba una nueva ley migratoria. Pero entrar en la facultad y conocer a Marlene y a Lohana representó el gran salto en conciencia y política. Un modo de relacionarse con otrxs y con el territorio platense desde una perspectiva nueva. Porque fue también en 2005, en las aulas de Periodismo, cuando escuchó a Flavio Rapisardi y a Raúl Zaffaroni hablando de diversidad sexual.

Fue entender que todo lo que nos ocurría a las travas era producto de otras cosas. Yo me tenía que cuidar por los edictos y por la ley migratoria. Una vez me estaban por deportar tras salir a defender a una compañera. Y me tuve que casar con la hermana de una amiga para que no me echaran. No me quería ir. Había armado mi circuito de amigues y militancia.

En esos días Claudia trabajaba por la mañana y a la tarde se iba a cursar. Cada tanto, la policía intentaba detenerla en alguna calle de la ciudad pero ella ya no sentía miedo. Les recitaba los principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en torno a la orientación sexual y la identidad de género.

Entré a la universidad y me apropié de ese espacio. Mis profesores estaban contentos, yo participaba en las clases. La facultad me abrió la cabeza. Fue mi primera trinchera en La Plata.

Después de años de trabajar en “Pelomanía” y “Supercortes” logró hacerse una clientela. A esa altura vivía en una casa en 116, entre 35 y 36, que le habían pedido que cuidara porque estaba en sucesión. Y ahí fue armando su saloncito de belleza. Quería terminar rápido la carrera: dejó de trabajar en relación de dependencia y se sostuvo con sus clientas. Estudiaba periodismo de lunes a jueves y atendía viernes, sábado y domingo.

Soy organizada desde chica. Para no caer en el piso hay que armar un colchoncito, así no duele. Y esto sirve para la vida, el amor y cualquier cosa que encares.

Dice con orgullo que a esa casa fue Lohana. Y Lohana quería que todas las travas fueran a la universidad. Claudia se recibió en 2012. Años antes Jorge Jaunarena, secretario de Derechos Humanos de la facultad y miembro de la Asociación Miguel Bru le había propuesto participar más en el área, desde la diversidad sexual. Y cuando Claudia tuvo el título bajo el brazo le ofreció sumarse a la secretaría y coordinar algunas clases de géneros, tema del que se hablaba poco y nada.

claudia-adentro-2Enseguida asumió como decana Florencia Saintout y Claudia siguió desplegando una labor académica mientras se abría a otro tipo de militancia.

En 2008, junto a otra compañera trans, Nicole González Beamonte (conocida en las redes como La Rubia Peronista), armó la primera organización trans de La Plata: Juntas por la Dignidad. Escribieron sus nombres en papelitos y así sortearon quién sería la presidenta y quién la vice. Después se fueron a recorrer La Plata, a buscar travestis y trans. Caminaban por las noches en zonas estratégicas: calle 1, la diagonal. Repartieron preservativos a unas 200 chicas travestis y trans.

“¿Vos no te prostituís?”, le preguntaban a Claudia.

“No. Yo soy peluquera: les puedo cortar el pelo, chicas”, ofrecía, para atraerlas a la militancia­. Insistía: “Tenemos que reunirnos para reclamar por nuestros derechos”.

Yo era la loca y ellas no daban ni pelota, se burlaban.

Claudia y Nicole (que entonces trabajaba en la Secretaría de DDHH) querían armar algo, invitarlas a una reunión. Fantaseaban: ¿a cuántas habrían podido interpelar en esas caminatas? “Con que vengan 20, hacemos historia”, se respondían. Pero llegó el día de la reunión y no fue ni una sola travesti.

En 2008 la Facultad de Periodismo de la UNLP otorgó un reconocimiento pionero a la identidad de género: fue la primera universidad pública de América Latina en reconocer la identidad autopercibida de sus estudiantes.

Las travas que intentaban sobrevivir en las calles -por falta de acceso a otro trabajo- se enteraron. Claudia jugaba al vóley con algunas, las peruanas, los fines de semana. Lleva más de 12 años jugando al vóley con ellas.

“¡Así que ahora en tu facultad te consideran mujer, nena! ¡Te felicito!”, le decían.

Cuando esas mismas travas sufrieron una detención violenta y arbitraria por parte de la policía, no dudaron en llamarla. Eran alrededor de 20 chicas. Claudia se indignó: se acordó del agua en la cara, de las horas interminables en la comisaría novena de La Plata. Llena de furia e impotencia, convocó a la facultad, a la Asociación Miguel Bru, a la Comisión Provincial por la Memoria. Y consiguió que llegaran los medios.

“Si quieren, hablen ustedes”, las arengó Claudia. “Pero pensemos qué vamos a decir. No nos vayamos por las ramas. Los medios siempre te quieren llevar por otro lado”. Terminó hablando ella con el periodismo.

130227403_10224175969209736_7190635657021786525_n-208x300Para 2011 ya era parte de la rosca y se sumaba a los grupos de trabajo por la ley de Identidad de Género. Se aprobó en mayo de 2012. Y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner entregó los primeros DNI con los nombres cambiados en la Casa Rosada, en julio de 2012: convocó a trans y travestis y ahí estaba, entre otras, Diana Sacayán, la impulsora del cupo laboral travesti trans que fue asesinada en 2015. (Y estaba Claudia, invitada por su militancia pero entonces aún sin su documento argentino: lo obtuvo en 2014 y fue la primera travesti migrante en recibirlo rectificado).

La ceremonia se transmitió en cadena nacional. La cámara en un momento se posó en Claudia, que reaccionó rápido:

Gracias, Cristina, porque la ley también es para las migrantes —dijo.

Por supuesto, claro que sí. Por la patria grande —le respondió la presidenta.

Las travas de La Plata vieron la escena por la tele. Esa noche, al volver, Claudia se fue a la zona roja y se quedó hablando con muchas. Las convocó a otra reunión.

Esa vez llegaron 100 travestis juntas. ¡A las 4 de la tarde! ¡Algo que no había visto nunca! —se ríe.

Con esa base armó Otrans La Plata, que luego se expandió a Otrans Argentina.

—Construimos en la ciudad una organización territorial con identidad propia, liderada por travestis y trans.

En 2015 Otrans fue la punta de lanza para la Convocatoria Federal Travesti y Trans, con presencia en 18 provincias. Y además lleva adelante una iniciativa de comunicación sin fronteras: Sudaka TLGBI+, una agencia digital de noticias integrada por personas travestis y trans que busca disputar la hegemonía de las voces.

Todo desde La Plata —resalta Claudia, y dice que un día se hartó—: Las travas nos cansamos. No queremos que nos convoquen a una marcha cuando ya está todo plantado. Las travas no somos un adorno. Entonces armamos acá nuestra propia marcha. Es curioso porque Otrans es el resultado de la violencia sistemática de la policía y el poder judicial que criminaliza a las compañeras travestis y trans. Porque donde hay mayor violencia está la otra cara: la resistencia. La Plata es la ciudad de las travas, travestis y trans. Pero los aportes de las migrantes aquí también son claves. Las migrantes han puesto el cuerpo. La mayoría de las trans que estaban en la cárcel eran migrantes. Y ellas son las que murieron en el macrismo. Hicimos un informe que dice que el 90 por ciento de travestis y trans privadas de su libertad en provincia de Buenos Aires son migrantes. ¿Por qué? Porque sabemos que la justicia es patriarcal, racista y xenofóbica. Y no nos olvidemos de que acá está el cordón frutihortícola más grande del país, compuesto por personas bolivianas.

Claudia tiene plena conciencia de que se organizaron en una ciudad emblemática para estos reclamos y por sus luchas estudiantiles y obreras, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

La otra trinchera fue y sigue siendo el espacio público al aire libre: las calles y las plazas, que adora. Y todos los domingos juega al voley con sus amigas travas en los bosques platenses.

Nada más revolucionario: es una de las prácticas políticas comunicacionales que desplegamos.

Otro de los lugares donde se siente en su hábitat es cuando marcha por las diagonales para reclamar. O, cada tanto, para celebrar.

No hay mejor cosa que marchar por diagonal 74, que va de Plaza Italia a Plaza Moreno. Hay que pasar, eh… delante de esos bares llenos de pakis (heterosexuales) en nuestro recorrido de la Marcha del Orgullo.

Desde aquel vuelo que la trajo de Lima, Claudia tomó muchos aviones como activista trans de La Plata, de Argentina y de América Latina. En 2017 fue elegida para viajar a Ginebra con una misión histórica en la ONU: en nombre de 22 organizaciones de mujeres de la sociedad civil, entregó a la CEDAW (Committee on the Elimination of Discrimination Against Women, comité para la eliminación de la violencia contra las mujeres) un informe-denuncia acerca de la situación de los derechos humanos de travestis y trans en nuestro país.

Profesora de la Facultad donde se recibió, Claudia se ha convertido en una suerte de activista-embajadora de la interseccionalidad de sus identidades: travesti y migrante. En la primera quincena de diciembre defendió su tesis para convertirse en doctora en Comunicación, con una investigación que se centra en ese núcleo duro: “Identidades golondrina desde una epistemología del despojo”. Es un estudio de caso sobre las prácticas político-comunicacionales de las feminidades travestis y trans migrantes peruanas en La Plata.

Claudia no sólo se convierte en la primera femineidad travesti/trans en doctorarse en la universidad pública sino que lo hace con una tesos que aporta a la producción de conocimiento académica travesti/trans, dudando teoría desde los marcos de epistemología en relación al despojo y hace un cruce interseccional de género, raza y migración. Fue dirigida por Florencia Saintout y Adriana Archenti (UNLP) y Verónica González.(UNC) y el jurado (Facundo Ábalo, Silvia Delfino y Juliana Marinez ) la evaluó como sobresaliente.

La pandemia llegó cuando Claudia desplegaba nuevos proyectos en Radio Provincia AM 1270. Los lunes de 21 a 22 hace Sudaka, un programa transfeminista interseccional con perspectiva en derechos humanos, con la agencia de noticias que impulsa (y cumplió un año). Martes y viernes es columnista de cultura en Tarea fina, un magazine de la tarde por la misma emisora.

Desde que empezó el confinamiento, anduvo de acá para allá, pidiendo en las redes sociales desde alimentos hasta máquinas de coser para que sus compañeras trans, algunas privadas de libertad, pudieran hacer barbijos. Las condiciones de vida de estas personas, cuya expectativa de vida en América Latina es de 35 años, ya eran precarias y se agravaron con la pandemia.

Se estima hay unas 300 travestis y trans en La Plata, Berisso y Ensenada, y la mayoría sobrevive en base a la prostitución. Si no salen a la calle, no comen. A cualquier hora salían con Otrans a entregar alimentos o resolver detenciones arbitrarias, porque en teoría travestis y trans rompían el aislamiento cuando en realidad buscaban sobrevivir. En paralelo y junto a organizaciones de todo el país, Claudia siguió militando lo único que puede cambiar las cosas a largo plazo: la inclusión laboral travesti trans.

Teniendo trabajo se puede hacer una cuarentena en casa. Sin trabajo no podemos proyectar una vida en igualdad de condiciones.

Claudia vive sola, “ahí donde termina Barrio Norte y empieza La Loma”, y su casa se fue convirtiendo en centro de acopio de alimentos y ropa. Un centro bautizado Pamela Macedo Panduro:

En memoria de una compañera travesti trans migrante que murió privada de su libertad el 1 de enero de 2017, en la unidad penal de Florencio Varela —explica.

Un día Claudia tuvo que frenar. Pasó una semana volando de fiebre. El termómetro oscilaba entre 40 y 41 grados: tenía covid. Transpiraba tanto que sentía los labios completamente secos y sentía que se le iban a romper los ojos. La pasó muy mal. Sus hermanas enfermeras -Laly, la mayor, y Jessica, la menor- la siguieron de cerca por teléfono y su novio la cuidó.

Haberme contagiado me hizo repensar muchas cosas. Entre ellas, resignificar y poner en valor los lazos de solidaridad. Quienes tuvimos este virus atravesamos momentos de absoluta soledad. Para mí, fue saber que esos lazos estaban más fuertes que nunca. Mi familia de sangre ha sido siempre clave para afrontar la vida y los problemas, y también mi familia trava. Nosotras ya hemos experimentado lo que significa estar confinadas. Y hemos resistido momentos muy difíciles a través de mecanismos que nos han enseñado a organizarnos y nos han dejado una experiencia vital.

Ya hace tiempo que Claudia no se sube a un avión. Pero una de las últimas veces tuvo una especie de revelación. En una escala, volviendo a Argentina, deseó profundamente estar en su casa. En La Plata.

Nací en Perú pero soy platense por adopción. Acá transcurren todos los días de mi vida, en la diversidad de pueblos y culturas que nutren a esta ciudad pluricultural. Así como elegí mi nombre, elegí dónde vivir y dónde proyectar mi vida. Soy travesti, migrante y platense.

*Acá Está La Plata/0221, donde se publicó originalmente este perfil, es un proyecto que despliega diez historias platenses. Editado por Abel Escudero Zadrayec retrata desde la mirada de diez escritorxs a diez personajes de La Plata. La historia de Claudia es una entre estas que viven la ciudad, la atraviesan y la encarnan en sus vidas.

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Fuente Agencia Presentes

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Proponen lanzar billetes feministas y LGTBI con las figuras de Evita y Juana Azurduy o Carlos Jáuregui

sábado, 8 de febrero de 2020
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1580812834_1649002Victoria Freire, coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas, dio a conocer los diseños a través de su cuenta de Twitter. Tras la fuerte repercusión en las redes, evalúan realizar una presentación oficial ante el Banco Central

  La coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas, Victoria Freire, propuso algunos modelos de billetes con mujeres y dio a conocer los diseños a través de su cuenta de Twitter.

Luego de que el Banco Central anunciara que va a lanzar una nueva serie de billetes, sin animales y con paridad de género, la coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas, Victoria Freire, propuso algunos modelos con mujeres y dio a conocer los diseños a través de su cuenta de Twitter.

En unos meses vuelven los próceres a los billetes, se van los animalitos de Macri y por primera vez va a haber paridad de género. A nosotras se nos ocurrió ir un pasito más allá y armamos una serie de billetes feministas. Comenten y opinen si les gustó”, contó la funcionaria y socióloga.

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 Entre las figuras de los billetes se encuentran Eva Perón en el de $1000; Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo y detenida-desaparecida en 1977, en el de $500; y Juana Azurduy, luchadora en las guerras por la emancipación del Virreinato del Río de la Plata, en el de $200.
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También incluyó a Cecilia Grierson, primera médica argentina y luchadora por los derechos de las mujeres, en el de $100; a Lohana Berkins, activista travesti, principal promotora de la Ley de Identidad de Género, en el de $50; a la escritora Alfonsina Storni en el de $20; y a Carlos Jáuregui, fundador y primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), en el de $10.

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Tras la fuerte repercusión en las redes, Freire evalúa realizar una presentación oficial ante el Banco Central. “No es una cuestión meramente simbólica qué cara está en un billete, es parte de la disputa cultural sobre lo que representa a nuestra nación y queremos ser parte de ese debate”, sostuvo.

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Fuente Infobae

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El obispo de Avellaneda-Lanús (Argentina), expulsa a sacerdote del Grupo Curas en Opción por los Pobres por, entre otras cosas, «defender» el aborto

sábado, 4 de mayo de 2019
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117140_1538143320Francisco «Paco» Olveira ante un mural homenaje al  jesuita villero Carlos Mugica asesinado por la extrema derecha argentina,

El obispo de Avellaneda-Lanús, Rubén Frassia, separó de sus diócesis al sacerdote Francisco «Paco» Olveira, del Grupo Curas en Opción por los Pobres.

El mismo cura protagonizó un episodio con Gabriela Michetti en la beatificación de Angelelli

Oliveira denunció que en la capilla Nuestra Señora de Itatí, que él levantó en la órbita de su parroquia, el nuevo párroco Mario Ghisaura, quitó imágenes de San Oscar Romero y del padre Carlos Mugica, entre otras

La Iglesia en el país no escapa a la grieta política que divide a muchos argentinos. El obispo de Avellaneda – Lanús, Rubén Frassia, acaba de expulsar de sus diócesis al sacerdote Francisco “Paco” Olveira, miembro del Grupo Curas en Opción por los Pobres, cuyos miembros simpatizan con el kirchnerismo, por considerar que partidizó su labor sacerdotal, poniendo en riesgo la unidad de su comunidad, y porque se pronunció a raíz del debate en el Congreso a favor de la legalización del aborto.

El padre Olveira había prestado su parroquia, Nuestra Señora de Fátima, en la Isla Maciel, en abril de 2016, para una reunión de Cristina Fernández de Kirchner con el Grupo de Curas en Opción por los Pobres, que la invitaron por estar interesados en conocer las propuestas de la entonces naciente agrupación Unidad Ciudadana, que encabeza la ex presidenta. El encuentro quedó inmortalizado en una foto muy difundida e aquel momento de Cristina con los sacerdotes.

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Francisco “Paco” Olveira con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner

El Grupo de Curas en Opción por los Pobres –que no debe confundirse con el grupo que nuclea oficialmente a los curas villeros de Capital y GBA y que integran, entre otros, el obispo Gustavo Carrara y el padre Pepe Di Paola- produjo en los últimos años varias declaraciones con duras críticas al presidente Mauricio Macri. En la reciente beatificación del obispo Enrique Angelelli, dos curas y un laico, en La Rioja, Olveira se acercó a la vicepresidenta Gabriela Michetti y le dijo: “Con todo respeto, su presencia insulta la memoria de nuestros mártires por la política de hambre y represión” de su Gobierno.

Como Olveira, en rigor, hace ya varios meses que no es más párroco de Nuestra Señora de Itatí, a comienzos de este año un grupo de Madres de Plaza de Mayo se presentó en el obispado de Avellaneda Lanús para reclamar la reincorporación del sacerdote. En un encuentro no exento de tensión, el obispo les explicó las razones de su decisión que, según dice en una carta abierta a los fieles de la diócesis que acaba de difundir, “fue conversada (con Olveira) durante el año pasado, incluso él me manifestó que había llegado a un techo”. En cambio, el sacerdote afirma que Frassia lo echó.

La separación de la parroquia derivó ahora –según consigna el obispo en su carta- en la expulsión del cura. “Teniendo en cuenta la intransigencia y la poca voluntad del padre Francisco Olveira y no queriendo producir un daño profundo a la comunidad diocesana y a la acción pastoral de la Iglesia, a partir del día de la fecha (28 de abril) le retiro las licencias ministeriales en la diócesis de Avellaneda-Lanús, por lo que no es lícito que celebre públicamente los sacramentos en esta diócesis”. Olveira pertenece, en verdad, a la diócesis de Merlo –Moreno –estaba prestado a la de Avellaneda–Lanús-, a la que volvió a integrarse.

Frassia incluyó entre las razones el hecho de que “desde hacía tiempo venia señalándole determinadas actividades y manifestaciones públicas, que en el caso de un laico se tratan de una manera y en un clérigo de otra; por ejemplo el tema del aborto, un tema que está muy claro en el Catecismo de la Iglesia católica y también en un contundente magisterio del papa Francisco, que no es compatible con el ejercicio del sacerdocio manifestarse en contra de la doctrina común de la Iglesia”.

https://www.youtube.com/watch?v=k-yq9YezBNs

Tras asegurar que Olveira entendió inicialmente los motivos del cambio, Frassia dijo que el cura “comenzó como él mismo lo definiera ‘una guerra’ desde tribunas como Madres de Plaza de Mayo e Instituto Patria (que lidera Cristina Kirchner), para que el obispo dé marcha atrás con el nombramiento del nuevo párroco y se siga una línea, que en su mayor porcentaje es una línea política e ideológica, no de pastoral como se hace en tantas diócesis a nivel barrios y también, con la llamada pastoral de ‘curas villeros`”.

Olveira, a su vez, denunció que en la capilla Nuestra Señora de Itatí, que él levantó en la órbita de su parroquia, el nuevo párroco Mario Ghisaura, quitó imágenes de San Oscar Romero y del padre Carlos Mugica, entre otras. Lo cierto es que en su carta el obispo también informa que le “concedió un tiempo sabático” a Ghisaura. Además de “una licencia para que realice estudios de posgrado” al también nuevo vicario parroquial, el padre Juan Manuel Rega. Así las cosas, la parroquia sede de la discordia necesitará, al menos hasta que las aguas se aquieten, de un nuevo párroco que contribuya a cerrar la grieta.

Fuente Religión Digital

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