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Año nuevo María madre: Dios está más allá del concepto de Padre y de Madre

martes, 1 de enero de 2019
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familia tradicionalLc 2, 16-21

En esta fecha es inevitable hablar de tres temas: La paz, María Madre y el tiempo. Empezaremos hablando de la paz. Se nos llena la boca al pronunciar esta palabra, pero no nos interesa demasiado afrontar los problemas que plantea. Todos pedimos a Dios que nos libre de la guerra, pero no estamos dispuestos a exigir en nuestro entorno justicia, que es la condición de una auténtica paz. Luchar por la paz haciendo la guerra garantiza el fracaso. El concepto de guerra preventiva es más perverso que la ley del talión. El ser humano se puede defender de toda agresión sin tener que luchar contra nada ni contra nadie, trabajando por el bien de todos y cada uno de los hombres.

Juan XXIII, en su encíclica “Pacem in terris”, advirtió que la paz será la consecuencia de la Verdad, la Justicia, la Libertad y el amor. Esto lleva consigo tener claro que ningún ser humano es más que otro. Mientras no nos enteremos de esto, mientras haya un solo hombre que se sienta superior, no podrá haber paz. Estamos a años luz de esta utopía, que sin embargo debe ser el fundamento de toda relación humana. Hay muchas personas que intentamos ser justos, ser amables, ser comprensivos, pero con la condición de que no se ponga en duda nuestra superioridad. Esta postura es de auténtica hipocresía.

Unos buscamos la paz de los cementerios: ¡Que nadie se mueva! ¡Ay de aquel que se atreva a vivir! Ahí están los “vivos” de siempre, impidiendo el más ligero signo de vida a los demás. Otros nos contentamos con la paz romana: todos sometidos al servicio del imperio. Una paz que responde a la ley del más fuerte, sostenida con bombas y cañones. ¿Que mueren personas inocentes?, son inevitables “daños colaterales”. ¿Que quedan seres humanos destrozados en el camino?, da lo mismo, lo importante es que se han cumplido los objetivos. Paz conseguida gracias a que la inmensa mayoría de la humanidad no tiene capacidad de reivindicar los más elementales derechos.

La que debíamos buscar todos es la paz armonía, fruto de la Justicia. Pero el mayor enemigo de la justicia es la legalidad que unos pocos privilegiados imponemos a todos, buscando siempre nuestro provecho. ¿Qué pasaría si las leyes del comercio mundial las hicieran los países más pobres, los que pasan hambre hasta la muerte? El primer objetivo de las grandes coaliciones entre las naciones es defender sus intereses económicos. ¿Contra quién? Es demencial. Y encima tenemos que estar oyendo todos los días que somos los buenos. ¡Qué iba a ser del mundo si no fuera por nosotros!

Debemos tomar conciencia de pertenecer a una familia, donde no haya ni superior ni inferior, ni señor ni esclavo, esta es la clave del mensaje evangélico. La transformación debe empezar dentro de cada ser humano. Si desterrásemos de nosotros todo egoísmo, se terminarían todas las guerras. Según Jesús, es más humano el que es capaz de amar más. Es inútil pretender una plenitud humana a costa de los demás.

María Madre. Es la fiesta más antigua de María que se conoce. Pablo VI la recuperó del olvido. Es bonito empezar el año mirando a María Madre, sobre todo si aprendemos a verla sin capisayos y abalorios. La primera imagen que el hombre primitivo tuvo de Dios, fue la de Madre. María Madre viene a suplir las carencias que conllevaba la idea de un Dios exclusivamente Padre. La maternidad de María es un dogma, que fue definido en Éfeso en el 431. Es muy interesante constatar que ese dogma tuvo que ser aclarado y en cierto modo limitado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) afirmando que María era madre de Dios «en cuanto a su humanidad». Esta aclaración la hemos olvidado por completo y seguimos interpretando mal lo que en el dogma se quiso declarar.

El dogma se definió para confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona, contra la tesis nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús. Fue una definición cristología, no mariológica. María no era aún motivo de la reflexión teológica. No debemos olvidar que este concilio lo promovió Nestorio para que condenara a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo y por lo tanto que María era con pleno sentido, madre de Jesús Hijo de Dios. A Nestorio le salió el tiro por la culata, y fue condenado él; pero a punto estuvo de condenarse como herejía el dogma definido.

Este dogma de la «Theotokos» (la que pare a Dios) se ha entendido mal, porque no se ha tenido en cuenta el sentido que tenían las palabras en aquel contexto. Es el mejor ejemplo de cómo, conservando las palabras, estamos diciendo algo completamente distinto de lo que se quiso definir. En aquella época, se creía que la nueva criatura procedía totalmente del padre. La madre no tenía otra misión que la de ser recipiente donde se desarrollaba la semilla. No se tenía ningún inconveniente en aceptar que alguien pudiera ser hijo de un dios naciendo de una mujer. Es ridículo hablar hoy de Hijo de Dios en sentido biológico.

En la concepción de Jesús, no podemos mezclar lo biológico y el divino. Se trata de dos planos de naturaleza distinta que no tienen posibilidad de interferir uno en otro. En el orden espiritual, lo biológico no tiene ninguna importancia. Hay que defender con rotundidad que, lo que Jesús fue y significó, sólo podía ser obra del Espíritu. Eso nadie lo pone en duda. En los relatos del nacimiento y del bautismo de Jesús, se ve con toda claridad: “Concebido por el Espíritu Santo”; “Nacido del Espíritu Santo”; “Ungido por el Espíritu Santo”; “Movido por el Espíritu Santo”; “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios (Emmanuel). S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. En eso, María puede seguir siendo modelo porque todos tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y todos tenemos que dar a luz a Dios (Eckhart). Los primeros padres llamaban a la Iglesia partera, porque su misión era ayudar a los seres humanos a alumbrar a Dios. Dios sigue dándose a todos y cada uno de los hombres. Descubrir y experimentar ese don es la tarea más importante que puede llevar a cabo un ser humano.

El tercer tema tiene que ver con el tiempo (Año Nuevo). El comienzo del año nos tiene que hacer pensar en el tiempo y en la eternidad. Como seres construidos de materia, formamos parte del tiempo, del devenir, de la evolución. Pero a la vez, la eternidad, de alguna manera, nos está atravesando. Si camináramos por el tiempo con los ojos bien abiertos, descubriríamos horizontes de eternidad en la misma temporalidad. El concepto de eternidad que manejamos, como algo que está más allá del tiempo, nos está jugando una mala pasada. Alcanzaremos la eternidad sumergiéndonos en la temporalidad hasta el fondo.

En el NT se manejan dos conceptos muy distintos de tiempo. Uno es “Chronos” el tiempo astronómico (la medida del movimiento), que nos permite conectar con la realidad material y sentirnos inmersos en la contingencia. El otro concepto es el “Kairos”, que sería el tiempo psicológico o espiritual. Este nos permite ir más allá del tiempo y experimentar en cualquier momento lo trascendente, lo divino, la eternidad.

Meditación

Para saber dónde estoy, debo saber de donde vengo y a donde voy.
El presente consciente incluye el pasado.
El futuro está ya en el presente de la persona despierta.
La figura de María Madre nos ayuda a comprender a Dios.
Dios Padre = poder, autoridad, exigencia; seguridad externa.
Dios Madre = acogida, comprensión, cariño, seguridad interna.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El tiempo termina en la eternidad.

martes, 1 de enero de 2019
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B7732049-1883-4CDE-AA88-9B9813B7D4C1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. FELIZ AÑO NUEVO.

En primer lugar feliz tiempo, feliz año nuevo, feliz vida.

Existen dos modos de entender el tiempo (no calendarios, que calendarios hay muchos).

1. ETERNO RETORNO

Una forma de entender el tiempo es la del eterno retorno: todo se repite en la vida: las estaciones del año, los ciclos de la mujer, las etapas de la vida humana, etc. Es una concepción del tiempo como el caballo en la noria: gira y gira. No hay nada que esperar, solamente repetir lo que vivimos el año pasado, siglos anteriores, etc. No hay salida, ni esperanza. Es la visión de la filosofía griega y la Nietzsche).

2. EL TIEMPO ES UNA FLECHA QUE VIENE DEL PASADO Y VA AL FUTURO.

La concepción judía (bíblica) del tiempo es la que viene del pasado y como una -flecha- se dirige hacia el futuro. Venimos del Génesis (creación) y caminamos hacia el futuro absoluto (Apocalipsis). Es una vivencia del tiempo esperanzado, siempre caminando hacia el novum, hacia la plenitud.

Hoy en día, desde el nihilismo (nada, vacío) de Nietzsche, que muere en 1900 y lo “tocamos con los dedos”, estamos en una lectura del tiempo de eterno retorno. Lo más que esperamos son las vacaciones del año que viene, los carnavales y “sanfemines”. Pero no hay nada que esperar en sentido transcendente.

Claro que hay que tener cuidado con estas cosas porque la “nada” “nihiliza” la vida y el tiempo. ¿Para qué vivir si no hay nada que esperar?

02. ENTRE CRONÓMETROS Y VIVENCIAS.

Esta media noche las cadenas de televisión y radio nos han retransmitido con tanta precisión como estupidez las doce campanadas y, matemáticamente nos ha dicho que ya estamos en el año 2019 y que seamos muy felices con mucha prosperidad y demás…

Una cosa es el reloj, el cronómetro, las campanadas, el calendario y otra muy distinta el tiempo vivido.

El tiempo cronometrado, el tiempo de reloj, es algo distinto al tiempo vivido. Cuando uno está enfermo el tiempo es “eterno” y no pasa nunca. Cuando estamos sumidos en un problema, en un conflicto, el tiempo es infinitamente más largo a cuando estamos en una situación amable, más o menos feliz.

Muy tempranamente en la iglesia al tiempo vivido serenamente como salvación le comenzaron a denominar kairós: tiempo salvifico.

03. EL TIEMPO.

No es una cuestión fácil de dilucidar qué es el tiempo. Si no me preguntas, sé lo que es; en cuanto me peguntas, no sé lo que es, decía san Agustín

Podíamos pensar que el tiempo es una cristalización, una densidad del transcurrir humano. El tiempo en realidad somos nosotros mismos, nuestra alma es el “memoria es el aula del tiempo”. En nuestra memoria, ¿en nuestra alma?

 En nuestra memoria está presente nuestro pasado: nuestra infancia, nuestros padres, nuestra educación recibida, nuestros años jóvenes de crecimiento, de estudios, de abrirnos a la vida. En el tiempo cronológico han pasado muchas cosas. En el tiempo vivido están muy presentes hoy en día. En cierto sentido, hy somos lo que fuimos.

 Nuestro futuro, aunque cronológicamente no ha llegado, sin embargo en cierta manera, condiciona nuestra vida, nuestro presente. En cierto sentido y hasta cierto punto somos hoy, vivimos hoy como queremos vivir.

 De manera que lo que parece tener más consistencia, el presente, se nos va como el agua entre las manos. El presente es fugaz, tempus fugit.

04. ¿CONDENADOS A SER MARIONETAS DEL TIEMPO?

Antonio Machado tiene algún poema en el que describe el tiempo como aquellos viajes en tren en los que veíamos los postes del teléfono o de lo que fuere que pasaban a toda velocidad, los veíamos delante y al instante los dejábamos atrás.

¿Eso es todo lo que nos cabe esperar? ¿Estamos condenados a vivir el tiempo entre lo que todavía no es y lo que ya no es?

05. EL CONSUELO DEL TEMPO ES EL MÉRITO.

Hay expresiones un tanto significativas de cómo vivimos el tiempo: “pasatiempos”, “matar el tiempo”. Hay otras expresiones todavía más negativas: comamos y bebamos que estos es lo que hay, lo que nos vamos a llevar. Esperemos que pasemos por la vida haciendo algo más que comer y beber.

En otras etapas de la vida queremos amarrar el tiempo y no podemos.

El tiempo permanece cuando se vive con intensidad, cuando se llena de mérito. Los minutos y los años pasan, lo vivido y realizado, queda.

06. EL MÉRITO NO ES LO MISMO QUE EL ÉXITO.

En la vida muchas personas tienen mucho mérito y probablemente poco éxito. El éxito no es el indicador de lo vivido y realizado en la vida. La mayor parte de la humanidad trabaja silenciosamente en donde Dios y la vida le han puesto: en la familia, en el trabajo, en la vida monacal. Muchos de nosotros no tendremos éxito, ni brillo social, ni poder, pero hemos llenado nuestro tiempo: hemos llenado los días de nuestra vida, que dice la Biblia.

07. VIVIR ES RECORDAR Y PROYECTAR.

Vivir es recordar y proyectar. Somos pasado y futuro. Vivimos porque recordamos nuestro pasado, nuestros padres, familia, pueblo, cultura, idioma, fiestas, etc. Cuando no recordamos nuestra vida personal se comienza a desdibujar, (pensemos en enfermedades de la mente).

Vivimos en esa amalgama que es nuestro recuerdo y nuestro proyecto

08. EX MEMORIA, SPES: LA ESPERANZA NACE DE NUESTRA MEMORIA, DE NUESTRO RECUERDO.

96A65EA1-9561-42D6-AC1A-65BBD3AF1355Esto es algo que los hijos de la ilustración no aceptamos de buen grado, porque pensamos que la salida a la vida está en la ciencia, cuando en realidad está en el pasado vivido por Cristo.

Para el pensamiento moderno, -hijos de la Ilustración-, lo pasado es malo, lo viejo mejor dejarlo. Lo bueno es el último modelo, la última tecnología. No es así, ni mucho menos. Menospeciar el pensamiento clásico, el arte, la filosofía del pasado es una estupidez inmensa.

La eterna juventud no existe a pesar de que el capitalismo se empeñe en hacernos eternos jóvenes y nos gusta dejarnos engañar.

La salida al problema de la vida -y de la muerte- está en la resurrección, no en el hospital.

La salida al tiempo está en la eternidad.

09. COMO MARÍA.

En estos días, y en el transcurrir de nuestra vida, tengamos la actitud de María, que meditaba todas estas cosas, guardándolas en su corazón.

 

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El Verbo se hizo hombre… se hizo clase…

domingo, 30 de diciembre de 2018
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JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett Millais

En el vientre de María el Verbo se hizo hombre,

y en el taller de José, el Verbo se hizo clase...”

*

Pedro Casaldáliga

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Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

“Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.”

Él les contesto:

“¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

*

Lucas 2, 41-52

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Esta página de Lucas es la única en todo el evangelio en la que contemplamos a los tres miembros de la Sagrada Familia actuando como personas responsables y libres. En los episodios que preceden, Jesús es un niño, que no tiene aún ninguna autonomía; en las que siguen, José ha vuelto a la sombra -probablemente la sombra de la muerte- y no aparece más.

        Y bien, en esta narración los tres personajes aparecen como «buscadores de Dios». Son apasionados y angustiados buscadores de Dios María y José, que pensaban buscar un niño perdido mientras iban tras uno en el que reside corporalmente la plenitud de la divinidad, como dice san Pablo (cf. Col 2,9); uno que, desde la eternidad, es el Verbo, que en el principio estaba ¡unto a Dios y era Dios (cf. Jn 1,1); uno que es el Señor del cielo y de la tierra (Mt 28,18).

        Es un buscador del Padre Jesús que, fascinado por el templo, no sabe marcharse: se queda nada menos que tres días, encantado, interrogando y escuchando insaciablemente a los rabinos que hablaban del Dios de Israel.

        Es una verdad difícil de comprender para los hombres, pero el significado más auténtico y profundo de sus casas es el de ser lugares donde, en la dulzura de afectos serenos e intensos, se debe ante todo buscar a Dios, al Dios que es la sede eterna y la fuente originaria de todo amor.

*

G. Biffi,
Homilía sobre la Sagrada Familia

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“Una familia diferente”. Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52)

domingo, 30 de diciembre de 2018
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Foto-no-Facebook-muda-vida-de-uma-família-no-litoral-de-SPEntre los católicos se defiende casi instintivamente el valor de la familia, pero no siempre nos detenemos a reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar, entendido y vivido desde el Evangelio. ¿Cómo sería una familia inspirada en Jesús?

La familia, según él, tiene su origen en el misterio del Creador que atrae a la mujer y al varón a ser «una sola carne», compartiendo su vida en una entrega mutua, animada por un amor libre y gratuito. Esto es lo primero y decisivo. Esta experiencia amorosa de los padres puede engendrar una familia sana.

Siguiendo la llamada profunda de su amor, los padres se convierten en fuente de vida nueva. Es su tarea más apasionante. La que puede dar una hondura y un horizonte nuevo a su amor. La que puede consolidar para siempre su obra creadora en el mundo.

Los hijos son un regalo y una responsabilidad. Un reto difícil y una satisfacción incomparable. La actuación de Jesús, defendiendo siempre a los pequeños y abrazando y bendiciendo a los niños, sugiere la actitud básica: cuidar la vida frágil de quienes comienzan la andadura por este mundo. Nadie les podrá ofrecer nada mejor.

Una familia cristiana trata de vivir una experiencia original en medio de la sociedad actual, indiferente y agnóstica: construir su hogar desde Jesús. «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Es Jesús quien alienta, sostiene y orienta la vida sana de la familia cristiana.

El hogar se convierte entonces en un espacio privilegiado para vivir las experiencias más básicas de la fe cristiana: la confianza en un Dios Bueno, amigo del ser humano; la atracción por el estilo de vida de Jesús; el descubrimiento del proyecto de Dios, de construir un mundo más digno, justo y amable para todos. La lectura del Evangelio en familia es una experiencia decisiva.

En un hogar donde se le vive a Jesús con fe sencilla, pero con pasión grande, crece una familia acogedora, sensible al sufrimiento de los más necesitados, donde se aprende a compartir y a comprometerse por un mundo más humano. Una familia que no se encierra solo en sus intereses, sino que vive abierta a la familia humana.

Muchos padres viven hoy desbordados por diferentes problemas, y demasiado solos para enfrentarse a su tarea. ¿No podrían recibir una ayuda más concreta y eficaz desde las comunidades cristianas? A muchos padres creyentes les haría mucho bien encontrarse, compartir sus inquietudes y apoyarse mutuamente. No es evangélico exigirles tareas heroicas y desentendernos luego de sus luchas y desvelos.

José Antonio Pagola

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«Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros». Domingo 30 de diciembre de 2018. Sagrada Familia

domingo, 30 de diciembre de 2018
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06-sagradafamilia (C) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127, 1-2. 3. 4-5: Dichosos los que temen al Señor.
Colosenses 3, 12-21: La vida de familia vivida en el Señor.
Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas en el que se nos cuenta la pérdida del niño Jesús en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La sabiduría de Cristo ha consistido para Lc en entregarse desde su joven edad “a su Padre”, sin que esto quiera decir que supiera ya adónde le llevaría esa entrega. Pero en ella va incluida ciertamente la decisión de anteponer su cumplimiento a toda otra consideración. Sus padres no tienen aún esa sabiduría. María parece que llega a presentirla. Pero, de todas formas, respetan ya en su hijo una vocación que trasciende el medio familiar. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias. La educación de los hijos tiene que comenzar por una actitud de sincero respeto. Si no, es imposible que surja la compresión y el amor.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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30.12.18. No se perdió, vino a enseñar familia al templo

domingo, 30 de diciembre de 2018
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Sagrada Familia. Lc 2, 41-52. En el centro de la Navidad, la iglesia dedica este domingo último del año a la Familia de Jesús, que son José y María, con sus hermanos de Nazaret, los judíos de Galilea, cristianos de la Iglesia, y todos los hombres y mujeres de la tierra, , en especial los excluidos de todas las familias del mundo.

Con palabra piadosa, la tradición cristiana y el «5º misterio gozoso» del Rosario Católico suelen hablar del Niño perdido y hallado en el templo. Pero Jesús no se perdió por casualidad, sino que quiso quedar de propósito al templo (es decir, en la «gran iglesia»), para «enseñar allí familia» a los grandes doctores, que se creían expertos en leyes de familia, pero vacíos de humanidad.

Para cumplir su tarea de niño liberado (12 años), al servicio de la nueva familia de Dios (que son todos los hombres, y en especial los niños «perdidos»), Jesús dejó a sus padres (¿o saltó con su madre el muro?: cf. imagen 2, tomada de la Vanguardia: 27, 12, 18), dirigiéndose al templo.

No se “perdió”, como digo, sino que quiso proclamar precisamente allí, tras los muros del gran santuario protegido para los privilegiados del sistema, un proyecto y camino distinto de comunión y solidaridad de vida, debiendo romper para ello con un tipo de familia anterior.

48957914_1141349316042259_6900370281106243584_nPor eso empezó su misión de Mesías de Familia discutiendo con los doctores de la «iglesia», tras los grandes muros del templo, donde quiso enseñar a los doctores, si fueran capaces de aprender y cambiar. Años más tarde volverá Jesús al templo a enseñar lo mismo, queriendo limpiar su comercio…, pero entonces, al fin, le mataron los protectores imperiales de aquel templo de Jerusalén.

Éste es un hondo tema importante de la Biblia, desde su primera página:

– El mismo Adán dice en Gen 2, 21-23, al mirar sorprendido y gozoso a la mujer, que todo hombre o mujer al crecer deja a sus padres para unirse a su mujer (o a su hombre), creando una familia diferente, de carne y vida, en línea genealógica, que puede tender a cerrarse en sí misma

– Pues bien, el hijo Jesús de Lc 2 abandona a sus padres, pero no para crear otra familia igual (y conflictiva), a fin de que todo siga como antes, sino para crear una distinta, de hijos de Dios Padre, empezando por el templo, que es el lugar más necesitado de buena familia y enseñanza , tanto en aquel tiempo, en Jerusalén, como ahora, a lo largo y ancho de la tierra.

Jesus temploÉste es el día de la familia de Dios, que son todos los hombres … un día en que muchos cantan complacidos la buena familia de Iglesia, donde los amores son (=deberían ser) siempre limpios, puros y universales (=crear familia para todos los niños del mundo), aunque han olvidado quizá que el estilo de familia de Jesús fue conflictivo, y que fue conflictiva relación que él mantuvo con sus padres y hermanos… porque venía a reunir en familia a los expulsados, dispersos y oprimidos de la tierra.

En esa línea deberá cambiar mucho nuestra sociedad, para que podamos sentirnos y ser hermanos y hermanas, familia de Jesús en comunión con todos los expulsados de la familia humana.

Este gesto de Jesús, que abandona a su familia y queda tres días y tres noches en el templo (como si no pensara en el dolor que causaba a sus padres) resulta tan conflictivo y contra-cultural que pone las carnes de gallina a quien lo piense, en una sociedad como la nuestra que, por una parte, abandona a los niños y por otra se muestra super-protectora con ellos.

El evangelio de hoy nos sitúa así ante una increíble ruptura familiar, que comienza con un niño de doce años…, al hacerse mayor de edad ante la Ley (es decir, ante Dios, en el entorno de la fiesta de la fiesta de la Bar Mitzvah), para decir su primera palabra de «mayor» y abrir el templo (lugar de Dios) para el abrazo y la vida de todos los niños del mundo.

Por eso, una familia que no posibilite (y en algún sentido no promueva) la independencia creadora de sus hijos (Jerusalén), al servicio de todos los niños del mundo, no responde al evangelio .

6324bb_ninomigranteEste Jesús que “deja” con ese fin a sus padres es un signo esencial de la nueva iglesia, un signo que nos hace recordar a los millones de niños perdidos (abandonados) en lugares que debían ser «templos»para ellos,muriéndose cada día en campos de concentración, pasando vallas prohibidos…

Según eso, en un momento dado, el niño-joven, para ser buen joven, como Jesús (al celebrar su mayoría de edad ante la ley de Dios), ha de superar un tipo de padre y madre para dedicarse a la búsqueda y creación de una nueva familia, porque las «cosas de mi Padre» son las cosas de todos los niños del mundo, en el templo de la vida que ha de abrirse para todos.

En ese sentido debemos recordar que los niños nos precederán en el Reino de Dios… Si ellos no empiezan, si no nos cambiar, no tendrá salida nuestra forma de vida y familia actual. Buen domingo a todos. Siga leyendo quien quiere vivir por dentro este evangelio.

images (1)Las imágenes son fáciles de entender, unas más tradicionales… Una es la del niño que que mira sorprendido y expectante más allá de la valla; otra la del niño que salta con la madre (¿María de Nazaret?) la valla prohibida de las leyes de los grandes doctores del «templo».

Buen domingo a todos, con esa madre de la valla que enseña a su hijo Jesús a saltar al otro lado, para compartir familia con todos los marginados del templo y de la tierra. Lo que sigue es un comentario de Lc 2,41-52 (tomado en parte de mi Diccionario de la Biblia).

Texto: Jesús abandona a sus padres (Lucas 2, 41-52)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les contesto: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

a. EXÉGESIS BÁSICA

Rompiendo el contexto judío: Un niño que abandona a sus padres

Esta escena, construida de forma simbólica (no podemos decidir su historicidad), destaca la piedad de los padres y la sabiduría de Jesús, niño prodigio, dialogando con los maestros de Jerusalén. Así aparece como adolescente sabio que, a los doce años, como bar/ben mitzvah (hijo de los mandamientos), dialoga ya con los letrados del templo de Jerusalén. Los judíos actuales celebran esa fiesta de mayoría de edad a los trece años. No se sabe cómo lo hacían en tiempos de Jesús, pero es claro que Lucas evoca una celebración de ese tipo. Leer más…

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Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo C

domingo, 30 de diciembre de 2018
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Sagrada_Familia_iconoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

La sección final de la carta a los Colosenses exhorta a vivir como cristianos, insistiendo en la bondad, el perdón, la paz, el agradecimiento a Dios. Después de estos consejos, añade una serie de advertencias dirigidas a las esposas, los maridos, los hijos, los padres, los esclavos y los señores. Las cuatro primeras han sido elegidas para esta fiesta de la Sagrada Familia. Pueden resultar extrañas por su carácter exigente, como si las relaciones familiares en Colosas dejaran bastante que desear. Pero estos consejos forman parte de la cultura de la época, muy influida por la filosofía estoica. Con una notable diferencia en nuestro caso: mientras los estoicos enfocaban estas virtudes desde un punto de vista humano, la carta adopta un enfoque cristiano. Hay que obrar de este modo “como conviene en el Señor” y “porque eso le gusta al Señor”. Cristo es el punto de referencia para el comportamiento en la familia cristiana. Precisamente este enfoque permite adaptar la advertencia dirigida a la mujer a nuevas circunstancias. Hoy día no se le puede pedir que viva bajo la autoridad del marido “como conviene en el Señor”. Pero todos los miembros de la familia deben plantearse cuál es la forma de vida que “conviene en el Señor” y la que más le agrada.

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.

Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor.

Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

¿Un evangelio impropio?

Después de los consejos anteriores, que animan a obedecer y respetar a los padres, lo que menos podíamos esperar es un evangelio en el que Jesús parece ofrecer un pésimo ejemplo de falta de respeto.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: 

− Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 

Él les contestó: 

− ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? 

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. 

No sólo el hecho de quedarse en el templo sin avisar, sino también la respuesta tan chulesca que da a María, le habrían merecido una bofetada en cualquier cultura anterior a la nuestra. Mal ejemplo para una fiesta de la familia. ¿Qué quiere decirnos Lucas con este extraño episodio que solo cuenta él?

Lo que quiere decir a María y de María

En el relato inmediatamente anterior se ha contado que Simeón, al tener a Jesús niño en sus brazos, además de hablar de su futuro anunció a María que una espada le atravesaría el alma. Jesús no iba a ser para ella puro motivo de alegría, sino también de angustia y preocupación. Saltando por alto doce años, la visita al templo le sirve a Lucas para ejemplificar esa espada que atravesaría a María durante toda su vida: sufrimiento y desconcierto (porque, aunque Jesús se explique, “ellos no comprendieron lo que quería decir”). Cuando hablamos de los sufrimientos de María, de sus “dolores”, pensamos casi siempre en la pasión y muerte de Jesús. Sin embargo, Jesús hizo sufrir a María toda su vida, no solo al final. La hizo sufrir con su actividad y sus palabras, que suscitaban la oposición y el rechazo de mucha gente y que terminarían provocando su muerte.

Lo que quiere decir de Jesús

¿Qué pensaba Jesús de sí mismo? ¿Era simplemente un buen israelita que, un día, acudió a que Juan lo bautizara y después tuvo la experiencia de que Dios le hablaba y le encomendaba una misión, como parece sugerir el comienzo del evangelio de Marcos? Lucas quiere corregir esta imagen. La estrechísima relación de Jesús con Dios no empieza en el bautismo, se da desde siempre.

Este episodio se comprende mucho mejor si se recuerda la historia del profeta Samuel. Consagrado por su madre al templo, ha pasado toda su vida junto al sacerdote Elí. Hasta que, a los doce años (según Flavio Josefo), una noche Dios lo llama: “Samuel, Samuel”. Naturalmente, no puede imaginar que Dios lo llame y va corriendo junto al sacerdote Elí. Este le dice que no lo ha llamado, que vuelva a acostarse. Pero la escena se repite al pie de la letra, y el narrador se siente obligado a comentar: “Samuel no conocía todavía a Yahvé”. Lleva doce años en el templo, viviendo con el sumo sacerdote, asistiendo al culto, pero “no conocía todavía a Yahvé”. Jesús, en cambio, a los doce años, sabe perfectamente cuál es su relación con él: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Dios es su Padre, y ese conocimiento se lo ha comunicado ya a José y María con anterioridad. Estas palabras contrastan no solo con la ignorancia de Samuel sino también con lo que le ha dicho María: “Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Para Jesús, su único Padre es Dios. Y su misión la ha recibido mucho antes del bautismo.

Lucas, tan buen conocedor de la Escrituras, cuando dice que Jesús asombraba a todos los maestros con su sabiduría, es posible que esté aludiendo al Salmo 119: “Soy más docto que todos mis maestros porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos porque observo tus decretos” (vv.99-100). Aunque Jesús no pondrá nunca el acento en la letra de los preceptos y decretos, sino en la entrega plena a la voluntad de su Padre.

María y nosotros

Lucas tiene especial interés en presentar a María como modelo del cristiano. Con pocas palabras (“He aquí la esclava del Señor”), con el silencio (como en el caso de los pastores y de Simeón) y, sobre todo, con su actitud de reflexionar y meditar todo lo que se relaciona con Jesús. María no es tan lista como los teólogos, y mucho menos que los obispos y papas. Ella no entiende muchas cosas. Jesús la desconcierta. Pero conoce el gran remedio para el desconcierto: la oración. Cuando estamos a punto de recomenzar el contacto con la actividad de Jesús, es muy bueno acordarnos de ella e intentar imitarla.

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30 de Diciembre de 2018. Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo C.

domingo, 30 de diciembre de 2018
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“Su madre conservaba todas las cosas en lo íntimo de su corazón”

(Lc 2, 41-52)

María, como madre y como mujer de fe se nos pone hoy de ejemplo. Tras haber perdido a Jesús en Jerusalén, tras días de gran angustia familiar, no comprendiendo los comentarios de su hijo, se nos presenta a María orante, contemplativa, serena, posando lo que vive, lo que duda, sus alegrías y sus miedos, en el corazón. No es tanto el “espacio” de las emociones como lo profundo de la persona.

María irá comprendiendo con el paso de los años que su hijo no será como ella pensaba (ningún hijo ni hija lo somos). Es una parte del Evangelio que da lugar a volar con la imaginación a la vida oculta de Cristo, a esas conversaciones con sus padres, momentos en los que la rutina lo invadía todo…

En este tiempo en que vivimos nos resulta extraño este “conservar las cosas en lo íntimo del corazón”. Podemos preguntarnos: ¿y no lo compartía? Hoy que subimos fotos a facebook o las compartimos por whatsapp… Nuestra gente cercana sabe enseguida dónde hemos cenado, qué nos hemos comprado o a dónde hemos viajado… ¿Compartimos con la misma facilidad nuestros deseos, nuestros anhelos, cómo Dios va actuando en lo cotidiano de nuestra vida? Creo que no, que hay cosas que necesitamos guardar en lo profundo de nosotras mismas, allí donde no tenemos una imagen que mantener, donde somos realmente libres.

María nos enseña a vivir en Dios. Por cierto, en cada Eucaristía lo decimos: “por Cristo, con Él y en Él”. Se nos invita a abandonar ese vivir hacia fuera, pensando en qué van a opinar las demás personas sobre nosotras… Solo tras dejar en lo más íntimo de nuestro ser lo que nos va ocurriendo, podremos ser hombres y mujeres entregadas al servicio de la humanidad.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a vivir en ti,

y a guardar lo que vamos viviendo en lo íntimo de nuestro ser.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El evangelio no sacraliza ningún modelo de familia.

domingo, 30 de diciembre de 2018
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sainte-famille-2007Lc 2, 41-52

Solo si conocemos lo que era la familia en tiempo de Jesús, estaremos en condiciones de comprender lo que nos dice el evangelio. En aquel tiempo no existía la familia nuclear, formada por el padre, la madre y los hijos. En su lugar encontramos el clan o familia patriarcal. El control absoluto pertenecía al varón más anciano. Todos los demás miembros: hijos, hermanos, tíos, primos, esclavos formaban una unidad sociológica. Este modelo ha persistido en toda el área mediterránea durante milenios. Cuando un varón se casaba, la esposa entraba a formar parte de su familia, olvidándose de la suya propia.

Todos los miembros de la familia, formaban una unidad de producción y de consumo. Pero la riqueza básica del clan era el honor. Sus miembros estaban obligados a mantenerlo por encima de todo. No era solo una cuestión social sino también económica. Las relaciones económicas eran inconcebibles al margen de la honorabilidad y el prestigio. Era vital para el clan que ningún miembro se desmandara y malograra el bienestar de toda la familia. Esto no quiere decir que no tuvieran los esposos relaciones especiales entre ellos y con los hijos. Incluso podían tener su casa propia, pero nunca gozaban de independencia.

Esta perspectiva nos permite comprender mejor algunos episodios de los evangelios. El que acabamos de leer es un ejemplo. Desde la idea de una familia formada por José, María y Jesús, es incomprensible que se volvieran de Jerusalén sin darse cuenta de que faltaba Jesús. Si todo el clan (treinta – cincuenta personas) sube a Jerusalén, como familia, los varones estarían juntos, las mujeres también y los jóvenes andarían por su lado, sin preocuparse demasiado los unos de los otros, porque la seguridad la daba el grupo.

Otros pasajes que se explican mejor desde esta perspectiva: (Mc 3, 20-21) “Al enterarse ‘los suyos’ se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio”. Lo que pretendía su familia era evitar una catástrofe para él y para todo el clan. El tiempo les dio la razón. Más adelante (Mc 3, 31-34): “Una mujer dice a Jesús: tu madre y tus hermanos están fuera. Él contestó: Y ¿quiénes son mi madre y mis hermanos? Se nos está diciendo que para llevar a cabo su obra, Jesús tuvo que romper con su clan, lo cual no supone para nada que rompiera con sus padres. Este episodio lo recoge también Mt y Lc.

Hay otro aspecto que también se explica mejor desde este contexto. La costumbre de casarse muy jóvenes (las mujeres a los 12 -13 años y los hombres a los 13-14). Era vital adelantar la boda, porque la media de edad era unos treinta y tantos años y a los cuarenta eran ya ancianos. En el ambiente que tenían que vivir, no era tan grave la inexperiencia de los recién casados, porque seguían bajo la tutela y seguridad que daba el clan. También la responsabilidad de criar y educar a los hijos era tarea colectiva, sobre todo de las mujeres.

Jesús no se sometió a ese control porque le hubiera impedido desarrollar su misión. Fijaos el ridículo que hacemos cuando en nombre de Jesús, predicamos una obediencia ciega, es decir, irracional, a personas o instituciones. Cuando creemos que el signo de una gran espiritualidad es someter la voluntad a otra persona, dejamos de ser nosotros mismos. La explicación que acabo de dar, pretende armonizar la responsabilidad de Jesús con su misión y el cariño entrañable que tuvo que sentir, sobre todo, por su madre.

El relato evangélico que acabamos de leer, está escrito ochenta años después de los hechos; por lo tanto no tiene garantías de historicidad. Sin embargo, es muy rico en enseñanzas teológicas. No hay nada de sobrenatural, ni de extraordinario, en lo narrado. Se trata de un episodio que revela un Jesús que empieza a tomar contacto con la realidad desde su propia perspectiva. Justo a los doce años se empezaban a considerar personas, a tomar sus propias decisiones y a ser responsables de sus propios actos.

Sentado en medio de los doctores. Los doctores no tienen ningún inconveniente en admitirle en el “foro de debate”. Tiene ya su propio criterio y lo manifiesta. Lc prepara lo que va a significar la vida pública, adelantando una postura que no es de niño sino de persona autónoma. Sus padres no lo comprendían. La verdad es que fue, para todos los que le conocieron, incomprensible la calidad humana del que se llamaría ‘hijo de hombre’. Siguió bajo su autoridad, pero ya ha dejado claro que su misión va más allá de los intereses del clan. La última referencia es un aldabonazo al empeño en hacerle Dios antes de tiempo. Dice el texto: Jesús crecía en estatura en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización, que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Lo importante no es la clase de institución familiar en que vivimos, sino los valores humanos que desarrollamos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser humano. El ser humano nace como proyecto, que tiene que desarrollarse a lo largo de la vida, con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo. Las instituciones ni son santas ni sagradas. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas. No son las instituciones las culpables sino algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás. No se trata de echar por la borda una institución por el hecho de que me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano.

La familia sigue siendo hoy el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no solo durante los años de la niñez o juventud, sino durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio.

En ninguna parte del NT se propone un modelo de familia, sencillamente porque no se cuestiona el existente en aquel tiempo. Proponer un único modelo de familia, como cristiano, es pura ideología. Si dos hermanos viven con uno de los padres forman una familia, cuando muere el padre, ¿dejan de ser una familia? y si son dos personas que se quieren y deciden vivir juntos, ¿no son una familia? Jesús no defendió instituciones, sino a las personas que la forman. En cualquier modelo de familia lo importante es el amor, que Jesús predicó y que debemos desarrollar en cualquier circunstancia que la vida nos plantee.

Meditación

Piensa: ¿Qué sería yo sin los demás?
Nada, absolutamente nada, ni siquiera mi existencia sería posible.
Si los que te rodean han hecho posible que tú seas,
¿es mucho pedir, que tú ayudes a los demás a ser?
Deja que todos encuentren en ti un apoyo para seguir viviendo;
es la única manera de vivir tú humanamente.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Para olvidar a Padres y Maestros.

domingo, 30 de diciembre de 2018
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Y3906_natal2“Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo” (Mahatma Gandhi)

30 de diciembre. Fiesta de la Sagrada Familia

Lc 2, 41-52

¿Por qué me buscabais?

Una fiesta de la Familia -Sagrada o no-, lo más importante en los textos bíblicos es la obediencia a los padres. En el Antiguo Testamento: “El que honra a su padre expía sus pecados. El que respeta a su madre acumula tesoros” (Eclo 3, 2-4). Y el Nuevo: “Hijos, obedeced al padre en todo, como al Señor le agrada” (Col 3, 20). En uno otro caso, los autores manifiestan los prejuicios patriarcales y machistas de su tiempo.

En cambio, Jesús rompe con las normas vigentes en la antigüedad, y hace una declaración insólita de intenciones acerca del objetivo que dará a su vida: “No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?”.

En el mundo pagano, tan firmemente asentado sobre bases tradicionales, también existen indicios de similar pensamiento. En la histórica novela Yo, Julia, premio Planeta de este año, Santiago Posteguillo pone en boca del emperador Cómodo -un tirano loco con albarda-, estas imperantes palabras: “Y nunca más, nunca, vuelvas a dudar de una orden mía: si te digo que me des el nombre de una lista me lo das, Quinto. Tú no piensas, ya pienso yo por los dos, por la urbe entera, pero por encima de todo -y aquí el emperador se acercó mucho a su jefe del pretorio y le habló al oído-, por tu propia seguridad personal, Quinto, no pienses demasiado. Es peligroso”.

Esta es la línea en la que se han movido siempre los grandes personajes de la Historia:

“Hasta que no tomen conciencia no se rebelarán, y sin rebelarse no podrán tomar conciencia” (George Orwel)

“La rebeldía es la virtud original del hombre” (Arthur Shopenhauer)

“Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo” (Mijail Bakunin)

“Nuestra cabeza es redonda para permitir a los pensamientos cambiar de dirección” (Francis Picabia)

“Si te dan un papel pautado, escribe por detrás (Juan Ramón Jiménez)

Y Adolfo Bécquer lo cantó de este modo en su poema “La canción del pirata”:

“Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad”.

El Duero se libera de la fuente que es su madre, y corre luego libre por el valle. A la Sabina no le encadena el viento, y soporta con dignidad tanto los climas secos como las heladas invernales. El halcón vuela soberano por el cielo, caza sin que le obliguen normas. Y yo, verso de pata quebrada, autónomo y sin reglas, canto las mismas canciones que el pirata, en un bajel que sueña más allá de fronteras circunscritas.

Y en uno de los villancicos navideños se entonan estos versos:

“Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al Dios nacido».

Mahatma Gandhi dijo: “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. 

Espero que a nadie tenga que repetir más aquello de Jesús en Lucas: ¿Por qué me buscabais?

DONDE HAY AMOR SOBRAN LAS NORMAS

La mística de arriba y la de abajo
lo ha mantenido siempre en su Programa.
San Agustín lo reafirmó en latín.
Nos lo legó Jesús con su Palabra:
“No fue hecho el hombre para el sábado”. 

Y corrigiéndole la plana
a Jesús, Agustín, al mundo entero,
al sentido común, a la Palabra…,
a ultranza lo negó la Santa Iglesia
que desde entonces se quedó en Beata. 

Comentaron el hecho los poetas,
lo cantaron los bardos en las plazas.
Así sonaban sus místicos versos:
“Donde hay fe hay amor,
donde hay amor hay paz,
donde hay paz está Dios
y donde Dios está no falta nada”. 

Dios tiene tantos corazones
como criaturas hay en la existencia. 

Eres billete necesario,
-Amor humano libre de cadenas-
para el Amor divino.
Hay que llevarte siempre en la cartera. 

Cuando llegue el momento de embarcar
y partir ya para la orilla eterna,
no quiero quedarme encadenado
en tierra.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Cuando Jesús cumplió 12 años… ¡preadolescente!

domingo, 30 de diciembre de 2018
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San Jose y Jesus Adolescente(Lc 2, 41-52)

Familia… familias diversas y variadas, comprendidas e incomprendidas. La familia ese núcleo ancestral de tribus y sociedades desde que el ser humano puede recordar. La familia como ejemplo estereotipo de lo ideal y, tantas veces, de lo perverso.

La familia, estructura alabada y denostada, necesitada y repudiada; a medio camino entre utopía  y realidad, avanzando en la historia con lo único que puede sostenerla: el Amor.

Los cristianos ponemos los ojos en una familia muy especial que celebramos como Sagrada Familia, formada por María, José y Jesús por este orden, un tanto terrenal pero que me aclara lo que quiero contar.

Tenemos noticia de cómo empezó esto cuando el ángel Gabriel se presenta en casa de María para transmitir lo que Dios le propone y, después de la sorpresa y una directa pregunta de María, escucha atentamente lo que sería su misión en el plan de Dios y dice: “Fiat” (1), que significa: acepto, me comprometo en lo bueno y en lo menos bueno, en lo que entiendo y en lo que no llegue a entender, más allá de si me entienden o no me entienden, en este tiempo y en los venideros. Amén.

Por otro lado, José aparece en escena aportando la inclusión de Jesús en un árbol genealógico que le vincula al rey David, de donde el pueblo judío sabía que nacería el Mesías. Pero José tuvo que hacer su recorrido en la aceptación, su personal “Fiat” (2). Se vio inmerso en una historia que no concordaba con lo reconocido como “normal”; ni en su época ni en ninguna otra. A José se le aclararon las cosas en el tiempo del sueño por medio de otro ángel. Aceptó su misión en el plan global de Dios: ser esposo y padre, junto a María como esposa y madre; adoptando a la criatura que venía en camino, sabiendo que su identidad le sobrepasaba pero que su misión sería quererle y educarle para ser un buen hijo. José acepta y se compromete en la historia de Salvación. Amén.

“Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años (3)… ¡Tienen ya un preadolescente, cómo puede pasar el tiempo tan deprisa!

“Subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres”. Preadolescente, ya digo.

“Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos”. Como soy madre y también abuela (uno de mis nietos tiene casi la edad de Jesús en ese momento), se me ponen los pelos de punta sin poder evitarlo, pensando en el susto y preocupación mayúscula de María y José buscándole sin encontrarlo. Recordemos que un preadolescente interesado por algo desaparece en su nube, perdiendo contacto con lo que le rodea, y concentrándose en el objeto, sujeto o situación que le llama la atención.

Parece ser “que los judíos, cuando subían al día de la fiesta, tenían la costumbre de caminar, por una parte los hombres y por otra las mujeres y los niños iban a juntarse con su padre y los hombres y otras con su madre y las mujeres (4). Quizás, a la ida, Jesús estuvo de un lado a otro, con otros niños. Pero al iniciar el retorno después de la fiesta, se olvidó ponerse en camino con todos. Sus padres tardaron en echarle de menos pues pensaron que estaría con los demás niños.

“Se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciendo preguntas”. Puedo imaginarme las impresiones interiores de María y José, después de tres días con sus noches imaginando todo lo que le puede pasar a un preadolescente de doce años perdido en las multitudes que se acercarían en la Pascua a Jerusalén.

Cuando lo encontraron en el templo, por un lado querrían haber saltado entre los maestros –personas relevantes y respetadas del templo- para abrazarle compulsivamente y, por otro, echarle una bronca memorable y… ¡Anda, vámonos para casa que ya hablaremos!.

Imagino que respirarían hondo, sintiendo en lo profundo aquel Fiat que permanecía presente día a día en su vida con Jesús. Pero el susto no se lo quitó nadie.

“Hijo, ¿Por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”, le dijo su madre.

¿Qué te pasó, Jesús? Estabas creciendo en la fe judía, habías escuchado muchas veces “yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” en el episodio de Moisés y la zarza (5); y es posible que esa vez, ya con doce años, empezaste a investigar por ti mismo y a preguntar a los maestros. Te olvidaste de todo lo que te rodeaba, lo único que centraba tu atención era ese Dios que luego nos contarías como Padre.

Volviste con ellos al humilde y cálido hogar de Nazaret a seguir descubriéndote.

Mari Paz López Santos

  1. Lc 1, 26-38
  2. Mt 1, 18-24
  3. Lc 2, 41-52
  4. “Jesús a los doce años”, Elredo de Rieval, Ed. Montecarmelo, pág. 88
  5. Ex 3, 6

Fuente Fe Adulta

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Relatos de la Infancia, no cosas de niños.

domingo, 30 de diciembre de 2018
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6e4223395a2f7e4163a0742868f9c806Del Blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. RELATOS DE LA INFANCIA, SÍ, PERO NO COSA DE NIÑOS.

A lo mejor todos estos relatos de la infancia son una lectura del Jesús que se desplegará en el Evangelio, una Palabra a lo largo de su vida de adulto, pasión, muerte y resurrección.

Los temas de los relatos de la infancia son de adultos:

 Nacemos niños, pero nacer y la natalidad no es una cuestión infantil.

 La noche y la luz, la estrella de los pastores y los magos (ver o no ver en la vida) no son cosa de niños, nuestra vida no está resuelta, basta mirar la noche cultural en que vivimos.

 La huida a Egipto: la esclavitud y la libertad, las migraciones no son cosa de poca monta

 Herodes comparado con el momento actual era San Luis Gonzaga:

5 millones de niños mueren al año de hambre / malnutrición.

1 millón de personas mueren de paludismo al año, la mayor parte: niños

La historia se repite, por desgracia.

02. JESÚS EN EL TEMPLO: UN ACONTECIMIENTO TEOLÓGICO.

El relato de Jesús en el Templo bien pudo ocurrir y bien está que conservemos estos relatos y tradiciones de Navidad: los relatos evangélicos, villancicos, “belenes”. Pero tengamos en cuenta en cuenta que, quienes los escribieron y meditaron, estaban pensando y creyendo ya en JesuCristo adulto.

A partir de una romería se arma un diálogo para sordos:

Es lógico que: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados”
(Es evidente que María no está hablando de Dios Padre, sino de su marido, José).

María y José ¿encontrarían a Jesús discutiendo con los “doctores del concilio de Trento acerca de la transubstanciación”? ¿Jesús era un niño prodigio? ¿Se lo sabía todo? No parece que sea ese el significado.

La cuestión es que Jesús responde “extrañamente”:

“¿No sabíais que yo tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?”

Nosotros enseguida lo resolvemos distinguiendo y diciendo que Jesús hablaba de Dios y en cambio, María se refería a un hombre, a José. Jesús es el Hijo de Dios” y es una especie de embajador o nuncio de Dios entre nosotros. Le metemos un “filioque” y solventada la cuestión.

03. CRISTOLOGÍA ASCENDENTE Y DESCENDENTE.

Quizás las palabras “ascendente y descendente” son un poco extrañas. Vamos a ver si nos entendemos y si comprendemos un poco -solamente un poco- el asunto Jesús.

CRISTOLOGÍA DESCENDENTE

La mayor parte de los creyentes tenemos la mentalidad de una cristología “descendente”. Jesús era una especie de “extraterrestre” que vivía en los espacios siderales, quién sabe dónde, y que -un buen día- a Dios se le ocurrió enviarlo a la tierra. Por eso se encarnó de manera muy extraña, pero ya desde niño “se lo sabía todo” de “este mundo y del otro”. Pasó unos treinta años esperando a su crucifixión, pero sin que tampoco tuviera demasiada importancia, pues Jesús ya sabía que iba a resucitar.

Jesús “desciende” del cielo a la tierra, pero la tierra y lo terreno no tiene excesiva importancia.

CRISTOLOGÍA ASCENDENTE.

La visión es otra. Jesús, el hijo de María, es la Palabra, lo que Dios nos quería decir, nos lo va a decir por medio de un Jesús que nace entre nosotros, vive en una familia, probablemente va al colegio-ikastola de Nazaret, alguna vez fue a Jerusalén, al templo y, poco a poco, iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús no fue un “niño prodigio”, sino que fue creciendo, madurando. Jesús fue un gran creyente en Dios Padre y desde su fe profunda en el Padre, leía, vivía, curaba enfermos, discutía con las injusticias de fariseos, sacerdotes, del Templo, etc.

La Palabra de Dios va creciendo y madurando en Jesús.

Es la cristología ascendente. La Palabra de Dios va creciendo y madurando en Jesús de Nazaret.

Podríamos pensar que el relato de Jesús en el Templo no es el final de la infancia de Jesús, sino el comienzo de Jesús como creyente adulto.

04. MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN.

María, la madre de Jesús, no entendía y quedaba desconcertada ante el comportamiento y actitudes de Jesús. Jesús discutiendo en el Templo con los sabios, Jesús que se salta la ley por menos de nada: cura en sábado, toca la lepra, la muerte, se deja tocar por la hemorroísa, etc., Jesús al que le siguen zelotas y prostitutas, Jesús que vuelca las mesas y las “ventanillas” del Templo…

María conservaba, meditaba y le daba más de cuatro vueltas a la cuestión.

El anuncio del ángel Gabriel llega a María después que ella ha llegado a la fe en su hijo Jesús.

María es madre, pero sobre todo, es creyente en Jesús.

05. La de Jesús: ¿UNA FAMILIA ROMÁNTICA?

La familia de Nazaret será santa y sagrada, pero en calma, no.

La Sagrada familia fue sin duda santa, pero ciertamente no fue tranquila. Es obligado distanciarse de la imagen consabida imagen tradicional de la familia de Nazaret: La Virgen vestida de manto celeste que hila lana, “San José” todo seráfico que trabaja la madera y “Jesús niño” rubio como un sueco, ojos azules, de color sonrosado, con un vestido más blanco imposible, siempre en una pose de bendición como preparándose para la futura misión … algún angelito disperso por el cuadro, algún pajarillo y florecillas. ¿Todo muy idílico? Nada de nada.

La agitación, como en tantas familias, es causada por el Hijo.

No le entienden. Y él, Jesús, no hace nada por facilitar las cosas.

Los tres, Jesús, José y María son santos pero inquietos.

Inquieto José porque no ve respetada su autoridad. Inquieta María, que no entiende a este Hijo. Inquieto Jesús, porque soporta mal las pretensiones de sus padres.

Lo más probable es que hubiera una grave tensión y más de cuatro discusiones entre Jesús y su familia, (Flusser).

06. MEDITEMOS Y CONSERVEMOS.

Nunca está de más echar una “pensada” a la vida, a los problemas y conflictos. Es la actitud de María.

Bueno será que pensemos las cosas personalmente y en la familia, en la sociedad, en la Iglesia.

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Yo y Dios somos uno.

domingo, 30 de diciembre de 2018
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E44035D1-3734-4AEE-A78C-29B65E0BCA0ADomingo dentro de la Octava de Navidad.

Fiesta de la Sagrada Familia, 30 de diciembre de 2018.

Lc 2, 41-52

No es casual que la primera y la última palabra que Lucas pone en boca de Jesús sea “Padre”, en el texto de hoy (1,49) y en el momento de morir en la cruz (23,46: “Padre, a tus manos confío mi espíritu”). El significado parece simple: el “Padre” era la referencia constante y última del Maestro de Nazaret.

Como toda palabra humana para expresar el Misterio, “Padre” no puede ser sino una metáfora, como lo es también el término “Dios”. En este segundo caso, la etimología parece remitir al sánscrito “Dev”, que significa “luz” o “luminosidad”. Por su parte, “Padre” hace referencia al origen, la fuente y el sustento de la vida.

El significado de la metáfora hace caer en la cuenta de que no se trata de un ente separado, sino de aquel Fondo –fiable y amoroso– del que Jesús, en el cuarto evangelio, afirma que “el Padre y yo somos uno” (Jn 10,30).

Ahora bien, aun reconociendo que no es un ente separado, es posible vivir ese Fondo en clave relacional. Al hilo de la otra metáfora, desarrollada en el comentario de la semana anterior –la ola frente al mar o ella misma mar–, es posible vivir a Dios en forma de éxtasis o de éntasis.

Desde una consciencia de “yo” separado, brotará la relación que percibe a Dios como el “Tú” a quien dirigirse. Desde una consciencia que transciende el yo porque, silenciada la mente, se ha experimentado una con todo lo que es, surgirá la comprensión y vivencia de Unidad, hasta poder hacer propias aquellas palabras de Jesús que citaba más arriba.

Las dos formas son legítimas e incluso compatibles: depende del “lugar” donde la persona se encuentre. En la mística cristiana se encuentran ejemplos de ambas vivencias. Dado que las extáticas son bien conocidas, me gustaría citar simplemente una del Maestro Eckhart, quien alaba a quien “está vacío de toda oración, y su oración no es más que ser uno con Dios. En eso consiste toda su oración”…, llegando a afirmar –las resonancias joánicas son evidentes– que “me doy cuenta de que yo y Dios somos uno”.

Sin embargo, siendo legítimas ambas formas, como ocurre con todo lo humano, cada una de ellas encierra ventajas e inconvenientes.

El silencio contemplativo (éntasis) favorece la comprensión y vivencia de nuestra verdadera identidad, superando el engaño que supone cualquier dualismo: somos no-separados de todo y del Fondo de lo que es. El riesgo es el de quedar atascados en el narcisismo y –a falta de un “tú” como referencia– atrapados en un movimiento egocentrado. En efecto, aun partiendo de una comprensión genuina, el yo tenderá a apropiarse de Aquello que nos constituye, dando lugar a lo que se denomina como “narcisismo espiritual”.

La oración relacional (éxtasis), por su parte, puede prevenir tal riesgo, al percibir ese Fondo como un “Tú”, estableciendo una “distancia” con respecto al yo apropiador, que puede resultar liberadora y prevenir trampas narcisistas; el sujeto se sitúa “frente” al Fondo que lo constituye, y esa misma postura impide que se identifique con él. La “distancia” permite contemplar y celebrar Eso (Lo que es), así como reconocerlo en todas las personas, favoreciendo una actitud de asombro, admiración, gratitud, respeto y amor. El riesgo que ello comporta no es otro que el dualismo –la separatividad– y el antropomorfismo, tal como suele ocurrir con frecuencia en las representaciones religiosas.

¿Cómo podría vivirse de manera que se sorteara ese riesgo? La expresión que me surge espontánea es la siguiente: “Que me reconozca en ti y me viva desde ti”. ¿Quién es ese “ti” a quien me dirijo? Eso inefable que constituye el Fondo de todo lo real y, por tanto, también nuestra verdadera identidad. Las religiones lo han llamado “Dios” –si bien han tendido a pensarlo como un Ente separado–, pero igualmente puede nombrarse como “Consciencia”, “Presencia consciente”, “Vida”, “Lo que es”… A esa Realidad última me dirijo y me entrego, consciente de que me estoy entregando a lo que verdaderamente soy, aunque ahora me dirija a Ello en clave relacional. Tal entrega puede prevenir eficazmente el narcisismo espiritual, en la medida en que me hago consciente de que no busco lo que quiere el yo, sino lo que la “Vida” me trae o quiere para mí.

La comprensión nos sitúa en el “lugar” desde el que se expresaba Jesús hasta hacernos reconocer que no somos el yo que la mente piensa, sino la Vida o Dios viviéndose en nosotros. Siendo así, ¿cómo no habríamos de vivir “ocupándonos de las cosas del Padre”, o incluso en el momento de la muerte, cómo no confiar a él nuestro espíritu?

¿De qué forma vivo el Fondo que somos?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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La Navidad

sábado, 29 de diciembre de 2018
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siria03_32217_11Juan Alemany
Mallorca

ECLESALIA, 28/12/18.- La Navidad es una fiesta con un sentido tan humano y de tal profundidad que a veces corremos el peligro de celebrarla mal.

Desde el neolítico, todos los hombres y religiones han expresado o celebrado el nacimiento de un dios, porque a lo largo de la historia hay un ambiente de espera o esperanza, de que Dios, un hijo de Dios o un dios, aparezca entre los hombres y por eso el hombre tiene tendencia a inventarse dioses que sean cercanos y nazcan entre los hombres.

El ser humano es un ser que camina en el tiempo en busca de algo y en ese largo camino de siglos, experimenta el hambre de Dios y ese hambre que lleva dentro de sí, le hace caminar. Y en un momento dado Dios acude a la cita.

Cuando buscamos algo y no lo encontramos, puede ser que no exista, pero también puede ser que la búsqueda se esté haciendo donde no está y por eso no se encuentra. Ejemplo del tesoro.

Podemos preguntar al hombre que camina y busca, si iba en buena dirección hacia el tesoro o era un camino equivocado.

Cuando Dios se aparece, lo hace de una forma perpendicular a la línea del camino del hombre, de tal manera que hay un punto en el que la perpendicular y la horizontal coinciden. Entonces podemos decir que Dios se aparece sobre la línea vertical de Dios, pero también en la horizontal del hombre y eso se llama encarnarse. Pero no es que Dios estuvo con nosotros, es que Dios es uno de nosotros, se hace uno de nosotros y a eso los cristianos le llamamos Navidad.

Aquella espera de siglos y de sueños, al fin fue verdad. Navidad es pues el nacimiento de Dios, porque Dios toma carne humana y nace como humano y por lo tanto es nacimiento de Dios.

Mientras la humanidad iba caminando, había vocees que iban resonando en su interior. Son dos millones de años en los que nuestros abuelos, fueron preparando esa ternura que entraña la Navidad, porque durante ese largo caminar, Dios les iba diciendo cosas y esas cosas es lo que llamamos la Creación.

Desde el principio, el hombre intuyó que la montaña, no era una simple elevación del terreno, sino que su simbolismo era la grandeza, porque se acercaba con su cúspide al cielo. Igualmente le ocurre con el mar, símbolo de inmensidad o con el firmamento que identifica con la infinitud. Todo son atributos de Dios.

Y es que la naturaleza, la creación, es un habla de Dios. Todo el paisaje, todo el territorio del hombre le está hablando de las huellas de Dios. Y todo eso que le había ido diciendo de mil maneras, a trozos, decide en un momento decírselo directamente. Y ¿Cómo lo hace?

Cuando Dios quiso decirle al hombre quién era Él, no tuvo otra ocurrencia que encarnarse, hacerse hombre. Así pues cuando Dios quiere decir quién es Él no tuvo más recurso que hacerse hombre.

Ahora podemos decir ¿Qué es el hombre? El hombre es el lugar donde Dios dice quién es Él y esto es lo que celebramos en Navidad.

La Navidad no puede decirse hablando, tiene que decirse como experiencia, porque el hombre es lugar de la revelación de Dios.

Entender la categoría de lo que el hombre es, es fundamental. Si pudiéramos reunir todas las primaveras de nuestra historia juntas, no tendrían tanta belleza y tanta revelación como la cara de un hombre. Ni todas las estrellas del universo contienen tanta revelación como la que es una existencia humana.

Esto es la Navidad y por eso nos pone tiernos, porque intuimos que dentro de nosotros hay mucha riqueza acumulada. Y esto se lo debemos a nuestros padres y abuelos que caminaron hacia la Navidad y a Dios que aceptó colocarse en el camino del hombre para decirle quien era.

A partir de ahora para saber quién es Dios, ya no se lo podemos preguntar a Él, porque eso significa que no hemos entendido lo que es la Navidad. Cuando queremos saber quién es Dios, tenemos que preguntárselo al hombre, porque cuando Dios quiso revelarse lo hace encarnándose, haciéndose hombre.

Es curioso comparar esta encarnación con las mitologías antiguas. Los dioses venían del cielo, hechos y derechos, se casaban entre ellos y con los humanos, eran adultos y cada uno tenía unas características especiales. Israel también esperaba algo parecido, en forma de hombre poderoso, guerrero y dominador de los enemigos.

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Pero ¿Qué ocurre en Navidad? Que Dios se revela haciéndose hombre, pero no en un hombre cualquiera, sino en un hombre-niño. Entonces ¿Dios se revela sólo a los niños? La respuesta es, sí. Y ¿a los mayores? También, si siguen siendo niños. Los niños son páginas en blanco, no tienen pasado, sólo futuro. Y al adulto que pese a los años continúa siendo niño, también se le revela.

Otra característica del niño es su desvalimiento. Somos los seres que al nacer estamos peor preparados para sobrevivir. Lo necesitamos todo: alimentos, calor, cariño. La grandeza del hombre es su necesidad. Porque para construir lo que yo he de ser, es tan grande, que necesito de todo y de todos y por eso debo mendigar.

Y la ternura. ¿Cómo no extasiarse ante la sonrisa inocente de un niño? Algo tiene la niñez que invita al acogimiento, al abrazo, al beso, al cuidado. Así pues, la ingenuidad, el desvalimiento y la ternura son aquello que caracteriza al niño y por lo tanto del hombre.

Y ahora se podemos leer el relato de la Navidad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Navidad: Jesús modificó la historia”, por José María Castillo, teólogo

miércoles, 26 de diciembre de 2018
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97A3B1DF-392E-4E33-A9BA-446912423D7EDe su blog Teología sin Censura:

Es evidente que la Navidad es una fiesta de gozo y alegría, de familia y amistad, de disfrute y de tantos recuerdos que, hasta en los últimos rincones del mundo, de una forma o de otra, se hace presente. Esta fiesta, vivida así, se ha hecho carne de nuestra historia y, en buena medida, una manifestación patente de nuestra cultura.

Como es lógico, una fiesta así, se puede vivir de mil maneras. En todo caso, con el paso del tiempo y con los muchos cambios, que han experimentado nuestras costumbres, lo más frecuente es lo que más le interesa a casi toda la ciudadanía es el jolgorio, la comida, la diversión y todo lo que sean motivos para evadirse de la dura realidad de nuestra historia, tan confusa y preocupante por tantos motivos, que no es mi propósito ponerme ahora a recordar. Son cosas de las que precisamente queremos evadirnos en estos días.

Pues vamos a intentar lo de la evasión. La más sana evasión. Desde hace algún tiempo, vengo notando un fenómeno, que se da en no pocas personas y que me hace la impresión que va en aumento. Se trata del creciente número de individuos (hombres o mujeres), que se alejaron (hace algunas décadas) de la religión y de la Iglesia, hasta detestar a obispos, curas y frailes sin piedad. Pero ahora resulta que, sin saber exactamente por qué, en esas personas “a-religiosas”, está surgiendo – y va en aumento – una profunda y secreta admiración por el personaje y la significación de Jesús de Nazaret.

El problema, para algunas de estas personas, está en que la cristiandad ha fundido y confundido, de tal manera y hasta tal punto, a Jesús con la religión, que el rechazo de “lo religioso” está dificultando (más de lo que imaginamos) el encuentro con Jesús y la aceptación de su mensaje. Y es que quienes se hacen un lío con este asunto concreto, posiblemente nunca han caído en la cuenta de que a Jesús lo mató la religión.

Aquí es fundamental dejar claro que los evangelios son “teología narrativa”. Es decir, se trata de una teología hecha, no a base de teorías, doctrinas, especulaciones y argumentos. Los evangelios son una recopilación de relatos, tomados de la vida diaria de la gente, que nos presentan y nos platean un “proyecto de vida”. Una forma de vivir, que antepone la vida (y la felicidad de la vida) a la religión, a sus dirigentes, sus leyes, sus amenazas, sus ceremonias, el “yugo” y la “carga”, que Jesús le suavizó a la gente hasta hacerla feliz. Teniendo muy presente que, en todo este asunto, lo que importa no es la “historicidad” de los relatos. Lo que interesa es la “significatividad” de esos relatos.

En definitiva, ¿por qué la religión no soportó el Evangelio? ¿Por qué los “hombres de la religión” se enfrentaron, odiaron y mataron a Jesús? Porque la “religión” brota de la “necesidad”. El Evangelio, por el contrario, surge de la “generosidad”. Esto es lo que explica que Jesús fue un hombre muy “religioso”, pero como no soportaba ver a la gente sufrir, por eso, ni más menos, antepuso el “Evangelio” a la “religión”.

Por eso – y con razón – tanta gente (sin saberlo), cuando llega Navidad, se alegra lo indecible. Porque llega el Evangelio.

 

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Cinco Fiestas en una. Navidad es Dios, son ellos, somos nosotros

miércoles, 26 de diciembre de 2018
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8460A8E2-E037-45E2-8E80-51B028609F4DDel blog de Xabier Pikaza:

Navidad es una cena de familia en la que abuelos, hijos y nietos quieren recuperar su amor y su unión ante la Vida. Pero, además de esa cena, son muchos los cristianos que quieren celebrar (y celebramos) una “misa” de familia más grande: El nacimiento de Dios que ha sido en Belén y que sigue siendo entre nosotros.

Desde ese fondo quiero poner de relieve cinco fiestas de Navidad, para que cada lector pueda destacar una de ellas… No hace falta leer todas estas navidades seguidas, pero cada una de ellas puede ofrecer un destello de esperanza ante el misterio de nuestro camino por la vida.

37078CAE-A1BF-423B-B2BD-A03E8214D0071. La Navidad es Belén, una historia de la Biblia… algo que pasó en otro tiempo, con María y José… Por eso he querido poner como imagen 2 una foto de la gruta tradicional de Belén,para decir que nosotros (tú, yo, todos) también Navidad.

 

2. La Navidad son los pastores, los marginados y fugitivos del mundo, los más pobres, los niños de la periferia. La Navidad son esta mujer y hombre que quieren «pasar al niño» al otro lado de la valla (imagen uno), para que pueda vivir, simplemente vivir, en un mundo que será también de riesgo

3. La Navidad es Dios, Dios que ha querido nacer entre los hombres. no para dominarles desde arriba, sino para ser en ellos y con ellos

4. Navidad es la Iglesia que da testimonio del nacimiento de Dios en el conjunto de la historia, la comunidad de los creyentes hecha carne palpitante de amor, para el amor

5. Navidad eres tú, somos nosotros, Dios que nace en nuestra vida… (imagen 4) Tú mismo eres Belén y los Pastores, y la Virgen María…Eres nacimiento, una puerta de Dios entre en el gran universo y en la historia.

1. PRIMERA NAVIDAD. BELÉN DE JUDÁ

Tomo aquí Belén en sentido simbólico, como ciudad del Mesías que un día ha nacido, pues de hecho él pudo haber nacido en Nazaret. Así lo cuenta el evangelio de Lucas:

En aquel tiempo salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero… Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada… (Lc 2, 1-14).

El nacimiento de Jesús es un hecho histórico, que expresa y proclama el nacimiento de Dios en la historia de los hombres. No nace en el palacio del rey, ni en la catedral de las religiones, sino en un descampado, entre los no aceptamos por la sociedad que esta noche celebra sus grandes cenas. No, no está allí, en esas cenas, está fuera.
– Históricamente, Jesús nació de una madre conocida, en un lugar y tiempo que ignoramos (probablemente en Nazaret), para iniciar una vida concreta de entrega a los demás y de anuncio de Reino, en amor, que le llevó a la cruz.

– Su nacimiento se ha narrado pronto como símbolo del amor providente de Dios, de un Dios que visita a los hombres, asumiendo su pobreza y ofreciendo, en medio de ellos, un fuerte testimonio de esperanza salvadora, en Belén, lugar de la genealogía mesiánica de David, un pastor que llegó a ser rey.

El evangelio no tiene que explicar ni razonar; simplemente cuenta, situando el nacimiento de Jesús en el contexto de historia y esperanza de la humanidad. Sabe que Jesús es el Mesías de Israel y así lo debe destacar, pero sabe al mismo tiempo sabe que es también el deseado de los siglos y así narra:

C69A61CC-5FCE-4B3A-80F0-5856B9650E37– En tiempo del César Augusto…. Parece que ya existe un rey perfecto, para todos los humanos, Emperador de Dios sobre la tierra. Pues bien, mientras dominaba en Roma el Emperador sagrado (como dice un famoso texto de evangelio político, encontrado en Priene, Asia Menor), nace escondido, fuera del palacio, el rey excelso de la humanidad, mostrando que el otro (el César Augusto) carece del poder real. Bajo un emperador del mundo (en tiempos de globalizaciòn del poder y del consumo), nace el Dios de la vida, sin más riqueza que un pesebre abierto de pastores.

– En tiempo del censo. El emperador ejerce su poder organizando un recuento de súbditos que le permita conocer a los hombres de su imperio, para exigirles tributo y tenerlos sometidos. En ese contexto, como miembro de un grupo oprimido, en camino de exilio llega el niño. No se sabe si ese censo se hizo en aquel tiempo, cuando nació Jesús, ni si obligaba a todos a empadronarse en el lugar de origen, pero sirve para situar a Jesús en el contexto histórico de un imperio que quiere tener dominio sobre todo, incluso sobre Dios. El imperio lo cuenta todo, todo lo somete, para controlar los impuestos. Pero hay algo que el emperador no puede contar, es la vida de Dios, que nace en un niño, que no tiene casa que le reciba.

2. SEGUNDA… ENTRE LOS MARGINADOS

Nace Dios, después de milenios de preparación, pero nadie de los grandes de este mundo le recibe. No le reciben en el pueblo sagrado de Belén (en la Catedral, en el Palacio, en las cortes.. ), no le acogen en las casas de los ciudadanos pudientes del lugar, pues la tienen cerrada por el miedo a los ladrones. Por eso llega al mundo a cielo abierto y le reclinan sobre un pesebre de animales, de manera que así puede aparece como señor y salvador de todos los vivientes.

No está allí la televisión para recoger el acontecimiento, ni el emperador de Roma, ni el sacerdote de Jerusalén, ni el sabio de Atenas, ni el místico de la India, ni el comerciante de China, ni el chamán de Siberia… No hay nadie a quien Dios pueda contar su historia… a no ser unos “pastores”, es decir, es decir, unas personas que no están inscritas en los grandes censos. Ellos, los pastores, eran en aquel tiempo los irregulares, como si hoy dijéramos: los que no tienen casa, ni cena, ni seguridad, los caminantes, exilados, inmigrantes…

Nadie recibe a Jesús (reyes, sacerdotes, comerciantes…). Todos están ocupados en otras cosas, tienen otros trabajos, problemas, comidas… Pero hay gente libre para Dios, es decir, para la vida, en los campos, fuera de las grandes listas de las celebraciones oficiales, como los pastores de antaño. Sólo unos “pastores” que no tienen nada, ni casa, sólo unos establos en el campo abierto.

Nace Dios entre los expulsados de la ciudad, entre emigrantes, nómadas de la vida, tribus urbanas o gente de la estepa… Había por allí unos pastores, gente que pasa, que observa en la noche… Normalmente tendríamos miedo: ¿Quién puede estar por ahí en la noche? ¿Quién puede venir a la cueva…? Tendríamos ganas de llamar a la policía. Pero no, entre los excluidos, fuera de la vida social organizada, están los pastores que vienen y encuentran al niño “en el pesebre”.

En un sentido, la noche es tiempo de miedo, no es para andar por los campos, no es para meterse en las cuevas… Pero ésta es una noche distinta, noche para que nazca el niño, para que vengan y adoren los marginados de la tierra, entre los que Dios ha nacido.

3. TERCERA. DIOS MISMO VIENE A CELEBRAR

1696D523-359A-483E-90CF-E06C04F672F2Esto es lo más grande. No es fiesta de Belén, ni de pastores… No es fiesta de emperadores, comerciantes, soldados o sacerdotes y sabios… Es fiesta de Dios, que se alegra y baila, porque nace su Hijo entre los hombres de forma salvadora, no para imponerse sobre ellos, no para mandar desde arriba, sino para compartir desde dentro, con ellos, el camino de la vida:

«Un silencio sereno lo envolvía todo y al mediar la noche su carrera, Dios quiso que naciera entre los excluidos y expulsados de la sociedad el niño…» (cf. Sab 18,14-16).

Ésta es la noche de la palabra de Dios, que no escucha el rey en su palacio, ni el sacerdote en su templo, ni los comerciantes en sus tiendas… Esta es la noche de la fiesta de Dios. Él mismo ha querido nacer, él invita. Leer más…

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Navidad ¿qué va a cambiar?

martes, 25 de diciembre de 2018
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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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***

El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

        Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

        Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

*

W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

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¡Señor de la noche, Dios de luz, Visita mi establo oscuro!

lunes, 24 de diciembre de 2018
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Para decir juntos nuestra fe.

¡Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que la Navidad tenga lugar esta noche (…)

En tus tierna manos
deposito mi miedo de no ser …
Esta noche naceremos
de un mismo aliento;
Nacerás en mí
Para venir al mundo que me rodea,
Y yo naceré de ti,
Acogida como una reina
Acogido como un rey
Hasta en mis más sombríos rincones.

¡ Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que Navidad se efectue esta noche (…)
Entonces, por fin, en mi desierto
habrá sitio para los otros,
Aquellos que te nombro ahora
En un silencio
Que implora tu compasión.

*

Lytta Basset

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“Mujeres creyentes”. 4 Adviento – C (Lucas 1,39-45)

domingo, 23 de diciembre de 2018
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B8C7F6FD-225B-4C4D-B2AE-AE6359C23529Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha «deprisa», con decisión. Siente necesidad de compartir con su prima Isabel su alegría y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena de espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima en nombre de Dios.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Angel: «Alégrate llena de gracia».

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como «saltos de alegría». Enseguida bendice a María «a voz en grito» diciendo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: «Dichosa porque has creído».

Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. «Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?».

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos está haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por los varones, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer. Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

José Antonio Pagola

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“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”. Domingo 23 de diciembre de 2018. 4º de Adviento

domingo, 23 de diciembre de 2018
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04-advientoC4De Koinonia:

Miqueas 5, 1-4a. De ti saldrá el jefe de Israel:
Salmo responsorial: 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Hebreos 10, 5-10: Aquí estoy para hacer tu voluntad.
Lucas 1, 39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Miqueas, de quien está tomada la primera lectura, vivió en el reinado de Ezequías. Cuando el modesto profeta llegó a la corte, se encontró con Isaías, de quien al parecer recibió influjo literario, aunque siempre conservó su estilo personal.

Miqueas atacó sobre todo a los poderosos que abusan del pobre para robar y oprimir, a los jueces corrompidos, pero compuso también magníficos poemas de salvación, entre los que sobresale la profecía sobre Belén. El Mesías esperado nacerá en Belén, pequeña población de Judá y hará que los seres humanos puedan vivir tranquilos y Él será nuestra paz.

La segunda lectura está tomada de la carta a los Hebreos. Supuestamente Pablo compara la obra cultual de Cristo con la del Antiguo Testamento, y el sacrificio de Cristo con los antiguos “sacrificios” religiosos. A través de esta comparación se nos muestra con profundidad la naturaleza y finalidad de la encarnación. El sacrificio de Cristo tiene lugar de una vez para siempre y no consiste tanto en la inmolación de una víctima, cuanto en la comunión con el Padre, a la que todos somos invitados. En lo sucesivo no habrá una religión de ceremonias y de ritos, sino una religión “en Espíritu y en Verdad”. La voluntad de Dios no ha sido la muerte del Hijo, sino el hacer partícipe a su Hijo de la condición humana con el suficiente amor para que todo lo humano quedara transformado. La sangre del Hijo, más que ofrenda para aplacar a un Dios justiciero, es don a los seres humanos de un Dios lleno de amor. Nuestra santificación consiste en vivir “en Espíritu y en Verdad” esa amistad con Dios. Aquí radica la esencia del Espíritu religioso.

Acercarse a celebrar el nacimiento de Jesús conlleva recordar la condición de mujer y la fe de María. El episodio llamado de la visitación, del evangelio de Lucas nos relata el encuentro de dos mujeres madres. María, la galilea, va a Judá, la región en la que un día el hijo que lleva dentro de ella será rechazado y condenado a muerte (Lc 1,39). Ante el saludo de la joven, el niño que Isabel está a punto de dar a luz “salta de gozo” (vv. 41 y 44). La madre alude poco después a lo que siente dentro de sí; se trata de la alegría del niño –el futuro Juan Bautista- alrededor de quien habían girado hasta el momento los acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el paso a Jesús. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías. Experimentar alegría porque nos sabemos amados por Dios es prepararnos para la navidad.

Isabel pronuncia entonces una doble bendición. Como ocurre siempre en manifestaciones importantes, Lucas subraya que lo hace “llena del Espíritu Santo” (v. 41). María es declarada “Bendita entre las mujeres”(v. 42), su condición de mujer es destacada; en tanto que tal es considerada amada y privilegiada por Dios. Esto es ratificado por el segundo motivo del elogio: “Bendito el fruto de tu vientre” (v.42). Este fruto es Jesús, pero el texto subraya el hecho de que por ahora está en el cuerpo de una mujer, en sus entrañas, tejido de su tejido. El cuerpo de María deviene así el arca santa donde se alberga el Espíritu y manifiesta la grandeza de su condición femenina. En su visitante, Isabel reconoce a la “madre del Señor” (v 43), aquella que dará a luz a quien debe liberar a su pueblo, según lo anunciaba el profeta Miqueas (5,2-5).

Bendecir (bene-dícere) significa hablar bien, ensalzar, glorificar. Con anterioridad al nacimiento de Jesús, aparecen en los evangelios bendiciones por parte de Zacarías, Simeón, Isabel y María. Todos bendicen a Dios por lo que hace. Pero, al mismo tiempo, Jesús bendice a los niños, a los enfermos, a los discípulos, al Padre. Toda bendición va dirigida a Dios. La oración de bendición es, sobre todo, alabanza de acción de gracias. De este modo celebramos la Eucaristía. Pero también la bendición se extiende a todas las criaturas incluso a las inanimadas: ramos, ceniza, pan y vino. Son bienaventurados los santos y especialmente “bendita” es María, la madre de Jesús.

El Espíritu Santo ayuda a Isabel a pronunciar una bendición: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!”. Desde entonces, millones de veces lo hemos dicho todos los cristianos en el “Ave María”. Son benditos, bienaventurados o dichosos los que creen en Dios, los que practican la Palabra, los que dan frutos, los pobres con los que se identifica Jesús.

María creyó. Ésta fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. María se convierte en maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios aunque ella no se pudiera explicar el modo como se realizaría aquel plan. Toda la vida de María se fundamenta en su fe, en la adhesión que ha prestado desde el primer momento a la revelación que llegó hasta ella. Leer más…

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