Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Jesús’

Sin rodeos ante el prójimo

domingo, 14 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Sin rodeos ante el prójimo

img_4347_buon_samaritano_c0Lc 10, 25-37

14 de julio de 2019

El Evangelio de este domingo nos presenta la parábola del Buen Samaritano como eje central del mensaje. Es una parábola muy conocida y usada en cuestiones de moral social para enseñarnos cómo situarnos ante las personas que están en situación de necesidad. Muchos creyentes sentimos mucho respeto hacia esta parábola no solo por el compromiso con los que sufren, sino por su contenido provocador en cómo vivir coherentemente nuestra fe.

La parábola del Buen Samaritano está situada entre los pasajes que aluden al viaje de Jesús de Cafarnaún a Jerusalén. Es narrada a partir de un encuentro entre Jesús y un maestro de la ley. Este grupo de judíos eran eruditos en el conocimiento de la ley, pero la practicaban poco. El gesto de levantarse este maestro ya indica su posición de poder desde el status que la estructura religiosa judía le había concedido. El maestro de la ley pretende poner a prueba a Jesús. Su manera de acercarse a Jesús ya está condicionada por su objetivo de encontrar argumentos para denunciarle. Claramente se ve en ese diálogo que a Jesús no le interesa entrar en discusión. El maestro de la ley le pregunta qué hacer para alcanzar la vida eterna y Jesús responde remitiéndole a sus conocimientos, a su mundo judío, a encontrar respuesta en sus tradiciones y su universo religioso. El maestro no parece estar satisfecho con la contestación de Jesús porque nada ha dicho que pueda hacer sospechar. Por eso el maestro insiste: ¿Y quién es mi prójimo? Probablemente una respuesta teórica de Jesús hubiera sido motivo claro de enfrentamiento, sin embargo, prefiere una respuesta abierta y susceptible de interpretación. Su inteligente estrategia consiste en responder narrando una parábola. Sobre la cuestión del prójimo no se teoriza, es mucho más que un discurso explicativo, con el prójimo se actúa y no para alcanzar la vida eterna, sino para recuperar su dignidad. Jesús usaba con frecuencia el género literario de la parábola, una composición didáctica que impactaba en el oyente para posicionarse ante diferentes realidades necesitadas de liberación.

En esta parábola aparecen personajes o grupos de personas con sus respectivas actitudes que Jesús pone delante para cuestionarnos en lo que necesitamos mover para vivir más auténticamente nuestra fe.

Por un lado, el hombre herido que es asaltado por unos bandidos. La ruta que hacía este hombre era muy insegura, un camino desértico, solitario y buen refugio para salteadores. Solía haber muchos asaltantes en los bordes de estos caminos, muchos de ellos desesperados ante el empobrecimiento que estaba generando la carga de impuestos que debían pagar al Imperio. Incluso eran grupos organizados y manejados por otros.

El hombre malherido queda medio muerto y es visto por tres personajes que, sin duda, representan tres posiciones que podemos vivir ante la necesidad del prójimo. Estos personajes pasan por donde estaba este hombre y le ven, pero sólo uno reacciona implicándose en la situación. El sacerdote da un rodeo y pasa de largo. Los sacerdotes judíos lo eran por nacer en una familia sacerdotal y no por vocación. Debían vivir en un alto estado de pureza y no tocar a enfermos, sangrados o tener contacto con muertos, muy rigurosos y escrupulosos con estos ritos. Si hubiera tocado a este herido quedaría impuro y no podría celebrar la liturgia. Lo mismo ocurre con el levita. Un levita sería semejante a la figura de un sacristán: para organizar cantos, celebraciones litúrgicas, asistir a los sacerdotes y también lo eran por pertenecer a los descendientes de la tribu de Leví. También ve la situación, igualmente da un rodeo y pasa de largo.

La narración de la parábola se rompe cuando entra en escena un samaritano cuya actitud contrasta y pone en evidencia a los servidores del Templo. Jesús no inventa este personaje de manera casual, hay una clara intención de desmontar los elementos inútiles, perjudiciales y deshumanizadores de la ley. Los samaritanos eran muy mal vistos por los judíos porque creían en otros dioses o en ninguno y no pertenecían al Pueblo elegido. El samaritano no tiene ataduras a la ley, no se centra en su cumplimiento estricto, trasciende las normas paralizantes y es libre de lo más dogmático y cerrado. Su proceso de reacción es una clara referencia a lo que Jesús quiere que vivamos con respecto al prójimo. Primero siente com-pasión, es decir, padecer (sentir) con… Sus emociones se despiertan de una manera empática, se pone en el lugar del malherido y se hace hermano de su sufrimiento. Pero no es suficiente este primer paso. Con frecuencia nos quedamos en este universo emocional, que no está mal, pero raquítico para resolver lo que padecen nuestros hermanos y hermanas sufrientes. Esta com-pasión moviliza al samaritano para actuar. Dice el texto que con miseri-cordia, es decir, poniendo corazón en la miseria y necesidad, actuando de manera concreta y dando de sí mismo mucho más que un sentimiento. Esta es la ruta que Jesús vivió y que somos llamados a vivir todos sus seguidores y seguidoras. Sólo desde esa liberación del ritualismo, del deber hacer de una manera automática, de vivir sometidos a estrechas normas, se puede despertar nuestra capacidad de compromiso auténtico.

No olvidemos que el origen de esta situación parte de un maestro de la ley que busca respuestas para alcanzar la vida eterna, para salvarse. Jesús es radical en su propuesta a través de esta parábola. La salvación o plenitud humana pasa por reconocer mi dignidad y la dignidad de quien tengo al lado, no porque hacer el bien me vaya a “salvar” sino porque es mi hermano, mi hermana, y vamos a “salvarnos” juntos. Mirar al prójimo desde los aspectos más periféricos, sus roles, culturas, ideologías, nos va a conducir a una vida individualista, insolidaria, enfrentada y egocéntrica.

¿Cuáles son esos rodeos que damos en la vida para no hacernos cargo de nuestro prójimo? ¿Qué nos ata de tal manera que nos conformamos con tener la conciencia tranquila porque “sentimos” el dolor del otro? ¿Por qué no terminamos de asentarnos en una fe madura, adulta, comprometida y transformadora? Quizá este domingo sea una oportunidad para intentar liberarnos de aquello que nos paraliza y nos sigue manteniendo en nuestra zona de confort religiosa. Y claro que podemos conseguirlo si conectamos con lo esencial que somos y con quien nos hace SER permanentemente.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

La sabiduría se verifica en la compasión

domingo, 14 de julio de 2019
Comentarios desactivados en La sabiduría se verifica en la compasión

CompasiónDomingo XV del Tiempo Ordinario 

14 julio 2019

Lc 10, 25-37

            Parece claro que el mensaje de Jesús cautivaba por su sencillez, su insistencia en la práctica –no en las creencias– y por colocar, como eje de la misma, la compasión. Todo ello queda sintetizado en la expresión con que despide al doctor de la ley: “Anda, haz tú lo mismo”.

            El texto afirma que el letrado se acercó a Jesús para “ponerlo a prueba”, probablemente, desde una actitud de superioridad, que atribuiría a su propia condición de “teólogo oficial” del judaísmo.

        Desde la comprensión y el respeto, empezando por lo que fácilmente podía entender –los mandatos del amor a Dios y al prójimo estaban recogidos, respectivamente, en los Libros del Deuteronomio (6,5) y del Levítico (19,18)–, Jesús da la vuelta a su planteamiento y lo hace aterrizar.

          En cuanto al primer punto, la pregunta –viene a decir el Maestro de Nazaret– no es: “¿quién es mi prójimo?”, sino más bien esta otra: “¿de quién estoy dispuesto a hacerme prójimo?”; ¿realmente vivo una actitud de ayuda a quien lo necesita? La pregunta del doctor suena “teórica”; la que propone Jesús desnuda la intención y obliga a posicionarse.

          Y por lo que se refiere al segundo, al letrado que formula una cuestión teórica, buscando “heredar la vida eterna”, Jesús lo hace aterrizar en lo que es la ayuda compasiva y eficaz. Como si le dijera: no se vive el amor para “salvar la propia vida”, sino como fin en sí mismo, como expresión de lo que somos.

          La sabiduría afirma que lo que llamamos “realización” tiene dos alas, necesariamente unidas: la comprensión y la compasión. Y no se trata de dos realidades yuxtapuestas, sino de las dos caras de la misma realidad. Quien comprende lo que somos –desde la certeza de no separación con todos– no puede no vivir la compasión; y quien vive la compasión ya está comprendiendo lo que somos (aunque ni siquiera lo haya conceptualizado). Por el contrario, tanto la comprensión sin compasión como esta sin aquella no son sino maneras narcisistas que no buscan otra cosa que la autoafirmación del yo, un yo que presume de ser “sabio” o “compasivo”.

¿De quién estoy dispuesto/a a hacerme prójimo?

Fuente Boletín semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Una Iglesia de curas o de buenos samaritanos?

domingo, 14 de julio de 2019
Comentarios desactivados en ¿Una Iglesia de curas o de buenos samaritanos?

índiceDel blog de Tomás Muro la Verdad es libre:

Introducción

El diálogo que Jesús sostiene con un maestro de la ley y que culmina con la espléndida parábola del Buen samaritano, tiene hondos contenidos para la vida humana y también para quienes pretendemos estructurar nuestra vida conforme a Jesucristo.

En los conflictos entre leyes y en los conflictos de conciencia, lo que debe prevalecer es el bien de las personas. El sacerdote tenía motivos muy serios para no mancharse de sangre. Lo mismo el levita. Por eso pasan de largo y dejan “tirado” a un hombre, porque tienen que cumplir con sus deberes religiosos. Su obligación religiosa se complicaba si atendían al herido. Solo un señor extranjero, medio pagano (samaritano), porque no valora ni el tiempo ni el dinero, ni la religión, siente lástima, se conmueve, interrumpe su viaje, analiza la situación y decide ayudar al que estaba abandonado en la carretera.

  1. ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

El maestro de la ley pregunta a Jesús acerca de lo que hay que hacer para tener Vida, vida definitiva, que dirá San Juan.

Si pensamos un poco a fondo es también nuestra cuestión y nuestro problema. ¿Qué hay que hacer en este pueblo y en esta civilización nuestra para tener vida, para poder vivir? Lo que está en juego es la Vida. ¿Cómo vivir bien?

¿Qué hay que hacer en la vida familiar, social, cultural, política, en la vida eclesial  para que podamos vivir, para tener vida?

¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

Sentir lástima, compasión.

  1. La ley.

         Es lógico que los maestros de la ley recurran a ella, a los mandamientos para ganar la vida eterna.

         Una moral legalista, una religión formalista y exigente es un sistema de compra-venta. Está mandado hacer “tal cosa”. Yo la cumplo y la Iglesia y Dios me pagan lo que deben: me tienen que dar el cielo.

Pero Jesús va por otros derroteros.

Jesús siente lástima, compasión.

El sacerdote, el levita, cumplieron con la ley. Hicieron lo que tenían que hacer:

Según Jesús, no parece que el culto, los hombres del culto sean los que mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los que sufren, sino las personas que tienen corazón. Posiblemente Dios nos hable por medio de una gran liturgia pontifical, pero más bien parece que los que están tirados en las cunetas de la vida son quienes nos hablan de Dios.

         En la parábola del buen samaritano no aparece ni una sola palabra o gesto estrictamente religioso. No hay alusiones a la ley, al rito, al templo, al dogma, etc.

         Un samaritano pasaba por allá y sintió lástima, se acercó y le vendó las heridas, lo llevó al “hospital”, lo cuidó, pagó la factura del hospital (dos denarios), se comprometió a volver y puso todo lo suyo para ayudar al otro.

La ley hace lo que tiene que hacer. El sacerdote fue a decir misa y el levita a ayudarla. La ley no es específicamente cristiana.

Lo cristiano -y lo humano- está en la actitud del samaritano: sintió lástima.

  1. Sentir lástima.

Los samaritanos eran lo opuesto a la ley judía y, como pueblo, enfrentado al mundo judío.

Este hombre samaritano sintió lástima.

San Lucas resalta esta actitud de Jesús:

  • o Cuando Jesús se encuentra con la mujer viuda que acompaña a su hijo muerto: sintió lástima. (Lc 7,13)
  • o Cuando el hijo pródigo vuelve a casa, su padre: sintió lástima. (Lc 15,20).

Quizás dentro y fuera de la Iglesia, en los ámbitos educativos, políticos y eclesiásticos se nos ha olvidado ya lo que es sentir lástima y misericordia.

Vivimos de otros criterios, incluso valores. Pero se nos ha olvidado lo fundamental: el perdón, la misericordia, sentir lástima, compasión.

En la Iglesia hemos preferido y optado por la ultraortodoxia vehiculada a golpe de intransigencia y fanatismo. Los obispos están preocupados porque no hay curas que digan Misa en las parroquias, pero les preocupa poco si un cura o los laicos van a visitar (cuidar) de los enfermos, de los pobres. Para cuidar de los enfermos no hacen falta curas.

En el mundo profano predominan la riqueza, la corrupción, el poder, la nación, la tecnología, el racismo y el odio. Quizás somos un pueblo -unos pueblos- y unas gentes que no sabemos ya lo que es sentir lástima, bondad, misericordia, perdón, lo que es la ternura y la comprensión, no tenemos vida.

Para tener vida es importante estimar al ser humano, valorarlo, atender a razones, enseñar a ayudar, sentir lástima, perdonar, curar.

Sentir lástima es una actitud muy humana, humanista y cristiana. En algunas diócesis se cultiva y permanecemos en el fanatismo de la superortodoxia inquisitorial, de la ley, del ritualismo a ultranza.

  1. Cambios en la Iglesia.

Es triste leer cosas como las que recoge Ch Duquoc de la experiencia eclesial de L. Boff:

+ La experiencia subjetiva del poder doctrinal que yo he vivido durante veinte años puedo resumirla con estas palabras: es cruel y carece de piedad. El poder doctrinal no olvida nada, no perdona nada.[1]

+ El moralista B Häring, en un librito en el que recogía parte de sus memorias, decía que “prefería volver a ser juzgado por la Gestapo, que ser juzgado por la S Congregación para la Doctrina de la fe”.

+ La misma experiencia dura y triste que sufrió el P. Dupuis por parte de la S Congregación para la Doctrina de la fe, fue inmisericorde y poco limpia.[2]

Gracias a Dios que la Iglesia que propugna el papa Francisco recupera la lógica del buen samaritano, de lo viviente, del que sufre, de los refugiados, etc., y Francisco clausura un periodo en el que la religión, la moral y la política estaban enfermas de abstracción y dureza, más interesados en la condición téorica y fantasmal de la corrección dogmática que en el prójimo y el que sufre. La Iglesia de Francisco ha pasado de ser la santa Inquisición a ser un hospital de campaña donde se curan heridas.

La profundidad de Dios es que Él mismo es un buen samaritano que nos acompaña en la vida. La hondura de Dios es bondad, no rito, ley ni dogma.

Prójimo es el malherido y quien sintió lástima y practicó misericordia.

 Anda y haz  tú lo mismo.

[1] DUQUOC, CH. Creo en la Iglesia, Santander, Ed Sal Terrae, 2001, 22.

[2] G. O´Connell, No apaguéis el Espíritu. Conversaciones con Jacques Dupuis, Madrid, Ed PPC, 2019.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Cada mañana me digo: hoy empiezo.

viernes, 12 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Cada mañana me digo: hoy empiezo.

9C033467-22A1-4F77-9514-DEFEF64576B5

*

Siempre resulta ilusorio creerse convertido de una vez por todas. No, no somos más que simples pecadores, aunque pecadores perdonados, pecadores-en-perdón, pecadores-en-conversión.

No se nos da otra santidad aquí abajo […]. Convertirse significa comenzar siempre de nuevo este cambio radical interior mediante el cual nuestra pobreza humana se vuelve hacia la arada de Dios. De la Ley de la letra pasa a la Ley del Espíritu y de la libertad, de la ira a la gracia. Este vuelco no acaba nunca, porque no hace otra cosa que volver a comenzar constantemente. Antonio el Grande, patriarca y padre de todos los monjes, lo decía de una manera lapidaria: «Cada mañana me digo: hoy empiezo».

La conversión, efectivamente, es siempre una cuestión de tiempo: el hombre necesita tiempo, y también Dios quiere tener necesidad de tiempo con nosotros. Nos haríamos una imagen del hombre absolutamente errada si pensáramos que las cosas importantes en la vida de un hombre se pueden llevar a cabo de inmediato y de una vez por todas. El hombre ha sido hecho de tal modo que necesita tiempo para crecer, madurar y desarrollar todas sus propias capacidades. Dios lo sabe mejor que nosotros, y por eso espera, no desiste, es indulgente, longánimo: «La bondad de Dios te empuja a la conversión» (Rom 2,4). Benito, en el prólogo de su Regla, nos brinda un comentario de una gran riqueza: Dios sale cada día a la busca de su obrero, y el tiempo que nos da es una dilación, un don, un tiempo de gracia que se nos otorga de una manera gratuita. Es un tiempo que podemos emplear para encontrar a Dios una vez más, para encontrarle cada vez mejor en su estupenda misericordia.

*

André Louf,
Bajo la guía del Espíritu,
1990, pp. 11-13, passim

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Conversión

jueves, 11 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Conversión

358B755E-6339-45E8-BC19-7E0AAABC2771

Quien ha encontrado a Cristo ha escuchado su llamada a la conversión del corazón y de la vida. No es posible encontrar a Cristo y seguir como antes: si lo encuentras de verdad, él no te deja indiferente y no se cansa de llamarte a que salgas de ti para ir allí a donde su amor te preceda. En el rondo del corazón del creyente resuena sin parar la invitación a acoger al Dios que viene y hace nuevas todas las cosas, dejando que nos reconciliemos con él.

La reconciliación es el sacramento en el que Cristo viene en socorro de la debilidad del hombre, del hombre que había traicionado o rechazado la alianza con Dios, y lo reconcilia con el Padre y con la Iglesia, lo vuelve a crear como criatura nueva con la fuerza del Espíritu Santo. La reconciliación también recibe el nombre de penitencia, porque es el sacramento de la conversión del hombre; además del sacramento del perdón de Dios, es el encuentro del corazón que se arrepiente con el Señor que le acoge en la fiesta de la reconciliación. Este encuentro con Cristo, Salvador del mundo, que abrió las puertas del paraíso al buen ladrón, se lleva a cabo por medio de la confesión: toda la vida del pecador se ofrece a la bondad del Señor para que la sane de la angustia, para que la libere del peso de la culpa, para que la confirme en los dones de Dios y para que la renueve con el poder de su amor. A la confesión le responde el perdón divino, obtenido mediante la aplicación de los méritos del sacrificio de Cristo, que se hace presente él mismo en el acontecimiento sacramental con su obra de reconciliación y de paz, y viene a unir al pecador perdonado con el Padre del amor. El Señor, que quiso ser llamado amigo de los pecadores, no desprecia las debilidades ni las resistencias del hombre, sino que las toma en serio hasta el fondo, haciéndose cargo de ellas y ofreciendo, a quien se la pida, la ayuda necesaria para vivir una existencia reconciliada y ser así instrumento de reconciliación entre los hombres .

*

Bruno Forte,
Piccola introduzione ai sacramenti,
Cinisello B. 1994, pp. 67-72, passim

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

«Relato, narración y anámnesis», por José Manuel Bernal.

jueves, 11 de julio de 2019
Comentarios desactivados en «Relato, narración y anámnesis», por José Manuel Bernal.

eucaristia0Para arrancar voy a citar las palabras clarividentes de un teólogo judío de nuestro tiempo: «La fuente principal de la revelación no se halla en la teología legislativa, ni en la ley, ni en los himnos, ni en los proverbios sapienciales ni, desde luego, en la teología especulativa. Se encuentra en la teología narrativa, en los relatos de las acciones salvíficas de Dios, de su actuar con los hombres y, especialmente, con su pueblo elegido» (Ben Chorin, Narrative Theologie…, Tubingen 1985, 28).

En la misma línea hay que citar a teólogos cristianos como el alemán J.B. Metz que define a la comunidad cristiana que celebra la eucaristía como una «comunidad narrativa o anamnética»; y al belga Adolph Gesché que, al definir la identidad de Jesús, deja de lado la identidad «histórica» y la «dogmática» para apostar por la identidad «narrativa». Es una referencia al Cristo creído, proclamado y confesado. Lo afirma Gesché al hilo del pensamiento del filósofo francés Paul Ricoeur, según el cual «el hombre solo puede definirse como un ser que narra, y él mismo no puede ser otra cosa que un ser narrado. El hombre que no ha sido objeto de un relato es un hombre sin identidad. La narración construye el carácter duradero de cada uno» (Gesché, Jesucristo, Sígueme 2002, 85).

Este tipo de reflexiones nos resultan un tanto extrañas. A nosotros que estamos acostumbrados a teologías que deambulan al hilo de pensamientos altamente conceptualistas o de reflexiones especulativas y racionales; o a prácticas catequéticas basadas en el adoctrinamiento y en el fustigamiento moralizante. La teología narrativa es una manera de expresar el mensaje cristiano a partir de los relatos históricos y de la experiencia vital; es también un método teológico que se apoya en las narraciones que dan consistencia al núcleo fontal de la fe cristiana; es la teología como narración o a partir de los testimonios, una teología sencilla, cercana a lo cotidiano, sin ínfulas científicas.

Es en el entorno litúrgico y sacramental donde percibimos la centralidad y la fuerza del relato. Pienso en la eucaristía. El relato lo penetra todo en la celebración del banquete; porque la cena, el banquete, es todo él un memorial: «Haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19; 1Cor 11, 24. 26). Es precisamente la narración de las cosas que Dios ha hecho con su pueblo, el relato de sus acciones admirables, liberadoras, lo que provoca la alabanza y la acción de gracias. La eucaristía  (= «acción de gracias») se apoya, está motivada, por la narración, por el recuerdo, por la evocación profética de las maravillosas intervenciones de Dios en la historia. Es, por eso, la historia de la salvación.

Esta historia culmina en Jesús. Él es la expresión máxima de la presencia y de la acción de Dios en el mundo. En la «plenitud de los tiempos» (Gal 4, 4), en el vértice de la historia. El orante que proclama la plegaria de acción de gracias, la anáfora, evoca, proclama, narra todo lo que dijo e hizo Jesús (dicta et facta Iesu). Es la evocación narrativa por la que se configura y expresa la identidad de Jesús. Esta evocación involucra en su expresión la memoria de Jesús, el reconocimiento confesante de su señorío, el anuncio misionero de su pascua liberadora y la alabanza doxológica.

La narración de lo que Jesús hizo en la última cena se sitúa en el corazón mismo de la plegaria eucarística. Es el relato de la institución de la eucaristía, de la entrega otorgada por Jesús a sus discípulos del memorial de su pascua. Pero aquí se debe subrayar, a pesar de los atavismos y falsas interpretaciones, el carácter narrativo del relato. Porque, hasta el Vaticano II, estas eran las palabras de la «consagración», sin más; ahora a las palabras del relato se les llama en primer lugar «narración de la institución». Este detalle no es insignificante ni intrascendente, puesto que el relato de la cena es la culminación de todo lo que se evoca y narra sobre las acciones y palabras de Jesús. Es cierto, no obstante, que esas palabras, las pronunciadas por Jesús, son palabras de santificación y de consagración. Pero no solo esas palabras; es todo el conjunto de la plegaria eucarística, -la bendición, la anamnesis y la epíclesis-, la que posee la capacidad consecratoria y la eficacia santificadora transmitida por el Espíritu Santo. No hay que circunscribir la consagración solamente a las palabras del relato; toda la plegaria eucarística es consagración. Además debemos recuperar el carácter narrativo de las palabras del relato.

Debo insistir en un punto. Ya he dicho antes que la evocación narrativa de las acciones divinas provoca la alabanza y el memorial. Voy a insistir sobre este aspecto. Porque hay un momento, en la anáfora, en el que el memorial o anamnesis cobra un relieve especial. Ese momento sigue a las palabras del relato e intenta responder al mandato de Jesús de repetir la cena en su memoria hasta que él vuelva  (1Cor 11, 26). En ese momento el memorial se centra en la evocación y recuerdo del acontecimiento pascual del Resucitado. No es una reflexión teológica sobre la Pascua. Es una narración profética, un intento de contar lo que han «visto y oído» sobre el Mesías: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que os anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y os anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros, para que viváis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1Jn 1, 1-3).

Las palabras de Juan confirman todo lo que venimos diciendo. La anamnesis relata los gestos de Jesús al «pasar de este mundo al Padre» (Jn 13, 1), su Pascua; al mismo tiempo, el memorial se convierte en anuncio misionero y en confesión de fe; el orante que anuncia el acontecimiento pascual, contenido en la anamnesis, se transforma en testigo vivo de Jesús, en «martyr». A la postre, el memorial de las acciones de Dios, convertido en una narración, en una historia que contar, acelera la doxología y la alabanza.

Hay además otra vertiente más agresiva del memorial, el que convierte la anamnesis en una memoria subversiva. Siguiendo el pensamiento de J.B. Metz, inspirado en el judío Walter Benjamin, el memorial narrativo del Crucificado-Resucitado se convierte en el único lenguaje que nos permite recordar a las víctimas de la historia. «Este sería el único lenguaje ético verdadero, el que respeta el recuerdo de los caídos sin reducirlo a conceptos, a ideas. En el centro de todos estos relatos se encuentra el de otra víctima, el Crucificado, con el que se identificó Dios mismo, para que no sean olvidadas esas víctimas»  (Lluis Oviedo). La comunidad eucarística se convierte, así, en una comunidad narrativa, no preocupada por el discurso especulativo o por el intercambio de  ideas.

Podemos concluir persuadidos de que la anamnesis, en el corazón de la eucaristía, no es simplemente una parte insignificante del ritual; la narración del Crucificado, que nos cuenta la entrega de su vida rota, implica al mismo tiempo el recuerdo subversivo de las víctimas de los muchos holocaustos que tiñen de terror nuestra historia. Es un relato fehaciente para destruir la lacra del olvido.

José Manuel Bernal

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , , , , , , ,

«Un manto, una caricia», por Magda Bennásar.

miércoles, 10 de julio de 2019
Comentarios desactivados en «Un manto, una caricia», por Magda Bennásar.

Hoy casi todos los términos del seguimiento están devaluados… ¡una pena! Somos muchas personas las que en estas fechas revivimos y renovamos años de entrega. En mi caso, estos días celebro mi entrada en una comunidad, como concreción de un seguimiento radical a Jesús y su misión, hace muchos años. Las sensaciones, los recuerdos, los sentimientos siguen vivos y muy presentes.

Mejor compartirlo desde su Palabra: Las lecturas de estos días nos hablan de un manto, el de Elías sobre Eliseo, y de “dejarlo todo por el Reino” en el NT. Todo habla de… para un@s de radicalidad difícil, para otr@s de Amor incondicional, de fidelidad, no fácil, pero gozosa porque lo que celebramos es que Dios es fiel y esta es la buena noticia.

Ese manto (1Reyes 19,19) lleva días acompañándome. En el contexto bíblico es un gesto simbólico de elección, de unción para la misión, de propiedad personal, no en un sentido posesivo sino de amor. Esa prenda es como una caricia. Simboliza una pertenencia abierta, rica, sagrada para una misión universal.

El manto capacita, empodera para ir a la otra orilla a aprender. Porque cuando sientes ese manto sobre tus hombros lo primero que comprendes es que se te invita a una tarea profética, y esa comunidad profética que te echa el manto, te invita a aprender a canalizar la llamada de Dios a que seas profeta en tu momento histórico, en tu contexto cultural y cultual.

El manto se convierte en ese abrazo de Dios que te empodera para cruzar el desierto, tantas ausencias, y siempre saberte y sentirte amada, elegida, enviada.

Muchos quieren quitarte el manto, pero no lo consiguen, porque por mucho que tiren de él no desaparece, ya que se va convirtiendo en tu propia piel. Alguien muy querido, una religiosa norteamericana con quien trabajé en pastoral universitaria, y que falleció el año pasado- mi homenaje a ella- me dijo una vez “tienes la vocación hasta en la médula de tus huesos”, gracias Kathleen; era un momento difícil, querían arrebatarme el manto: la fuerza y seguridad que me daba la llamada, sus palabras disiparon miedos, dudas sembradas por personas mediocres, ella tenía su manto muy dentro, y su vida marcaba, su manto era hermoso.

Otros quieren darte otro manto, más tal o cual… pero ¡no! el manto es tu propia vida, y no puedes sino mantenerte pegada a ella; lo otro sería morir en vida. Perder tu manto sería perder tu ser, tu tiempo de amar y vivir desde una experiencia única, en un momento histórico único, y sin saber con cuánto tiempo cuentas. Otro homenaje aquí a alguien, un querido amigo sacerdote que también ha fallecido hace dos meses, demasiado joven. John siempre defendió mi manto, defendió y canalizó la energía que el manto me daba. John protegía mi manto porque entendía el suyo, y lo amaba. Difícil creer que ambos, bastante jóvenes, se hayan ido. Pero dejaron una impronta increíble porque llevaban sus mantos con elegancia y sencillez. ¡Gracias!

El manto te cubre, te protege, te envuelve. Está en forma de presencia que acompaña siempre. Está en la noche y en el día. Está dentro y fuera. Es como el aire sin el que no puedes vivir porque impulsa el latido de todo.

Y ¿Cuál es la tarea para la que te capacita esa presencia, ese aliento y caricia? No quiero ser ni ingenua ni optimista. Sí sincera, desde mi perspectiva y con sencillez, abierta al diálogo y al cambio, creo que la respuesta está en colaborar con el nuevo paradigma al que somos abocados.

¿Sus bases? No luchar contra lo que tenemos sino invertir toda la sabiduría y fuerza en crear un nuevo estilo de vida, basado en una nueva historia: la historia de un Dios que echa el manto sobre las personas y sobre el planeta y nos dice “amaos” “convivid”, tenéis la misma vocación, la vocación a la vida, a ser vida, a dar vida.

El tiempo de verano puede ser también tiempo de reflexión en diálogo con la naturaleza. Escucharla para entender sus heridas causadas en gran parte por nuestra generación. Nuestro estilo de vida ha herido la Vida en todo. Las consecuencias las estamos palpando todos, pero sobre todo las sufren los que menos las causaron. Ante esta injusticia el “manto profético” nos suplica que busquemos soluciones reales porque Dios está en la Vida y en los, las y lo que sufre.

Ojalá el manto nos permita danzar con los pies descalzos sobre la hierba de la creación, fresca, recién estrenada, y todos veamos que “es muy bueno”. Su caricia está en todo.

Gracias por echar tu manto sobre mis hombros. ¡Es un honor!

Magda Bennásar Oliver

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , , , , ,

El Invisible

lunes, 8 de julio de 2019
Comentarios desactivados en El Invisible

E3C9A940-C47C-4A2B-89A5-DD4FD17E6A6E

Fotografía Jim Ferringer

«Yo estoy con vosotros». La frase es de una sencillez absoluta, pero el misterio que encierra es grande. Cuando se toma en serio esta afirmación, todo cambia. ¿Quién es este hombre que ha marcado con su huella toda mi vida, mi única vida? ¿Quién es este hombre que ha condicionado y condiciona todos mis pensamientos y decisiones? ¿Quién es este hombre invisible que dice estar siempre conmigo?

Es extraño: hay momentos en los que la suya es la presencia de alguien con el rostro velado. No sé nada de él. Sin embargo, he apostado mi vida por él. Y hay momentos en los que me parece que no conozco a nadie como él. Ignoro el color de sus ojos, el timbre de su voz, el gesto de su mano; sin embargo, sé que le reconoceré al instante, como a un viejo amigo. Jesús está siempre con nosotros, pero eso no implica que nosotros estemos siempre con él. Tenemos garantizada la fidelidad de Cristo, pero no tenemos garantizada la nuestra. «Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?» (Le 18,8).

Jesús está siempre con nosotros: se trata de ser capaces de ver a este compañero de viaje que no nos deja nunca. El cielo del espíritu es todavía más mutable que el que tenemos sobre nuestras cabezas. Nuestros días son siempre diferentes. Están los días de la alegría y los días de las lágrimas, los días de las tempestades y los días de la tranquilidad, los días aburridos y los días apasionados, los días del ofuscamiento y los días de los resplandores inesperados, los días de la exaltación y los días del cansancio metafísico. Pero no hay ningún día sin Cristo, ningún día es incompatible con su presencia salvífica.

El invisible compañero de nuestro viaje es también un guía. Con él todo paso que demos, todo metro que avancemos por nuestro camino tiene una meta. Con él, ninguna etapa de nuestro camino está perdida: no hay extravío que al final no revele su motivación providencial; no hay vuelta ociosa que no aparezca lógicamente orientada.

*

G. Biffi,
Meditazioni sulla vita ecclesiale,
Cásale Monf. 1993, pp. 59-63, passim

B03CD98C-0091-48D2-8FD3-703E3C31C8A2

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«Anunciar a Jesús guiados por el Espíritu», por Consuelo Vélez.

lunes, 8 de julio de 2019
Comentarios desactivados en «Anunciar a Jesús guiados por el Espíritu», por Consuelo Vélez.

im27340anunciad-la-salvacion-pngDe su blog Fe y Vida:

Después de la resurrección del Señor Jesús, los apóstoles esperaban que Él restaurara el reino de Israel. Pero Jesús les dice que no son esos planes los que Él va a realizar, sino que les enviará el Espíritu Santo para que ellos sean sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta los confines de la tierra. Así lo relata el libro de Hechos de los Apóstoles. Más aún, continúa diciendo el texto, que después Jesús sube al cielo y los apóstoles se quedan mirando hacia arriba. Entonces, se aparecen unos ángeles que les dicen ¿qué hacen mirando al cielo? El mismo Jesús que ha subido al cielo, volverá. En realidad, lo que querían decir era que, de una vez por todas, vivieran como resucitados, es decir, se dedicaran al anuncio del reino hasta que Jesús volviera.

Por eso, celebrar la resurrección y alegrarnos porque la vida ha vencido la muerte, solo tiene sentido cuando lo testimoniamos con nuestra propia vida. Jesús resucitado ha de vivir a través nuestro. Ahora nos toca la tarea hasta que él vuelva. Y ¿cuál es la tarea de los que nos sentimos discípulos de Jesús resucitado? Seguir anunciando el reino de Dios con todo lo que este conlleva. El reino de Dios es justicia social, es fraternidad, es inclusión de todos, es paz, es generosidad, es reconciliación, es amor. Todo eso es lo que estamos llamados a vivir para hacer posible la resurrección en nuestra realidad. Cada uno debe pensar cómo puede hacerlo posible en su vida. Y no dudar en dedicarse a hacerlo real. La gracia del espíritu de Jesús no nos faltará para realizar esta tarea. En tiempos como estos, donde hay tanta necesidad de personas dispuestas a transformar la realidad para que el reino de Dios se haga presente, ojalá, Jesús pueda contar con nosotros plenamente.

Si seguimos el relato del libro de Hechos, vemos que después de la ascensión del Señor a los cielos, Jesús cumple su promesa de enviar al Espíritu Santo. Todos estaban reunidos y de repente se oyó un estruendo como de un viento recio que soplaba y llenó toda la casa donde estaban. Se aparecieron, entonces, unas lenguas parecidas al fuego, y se asentaron en la cabeza de los que estaban allí reunidos. De esa manera quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les inspiraba que hablaran. Muchos otros que estaban allí presentes, los escucharon hablar en su propia lengua y se quedaban asombrados. Pero otros se burlaban, creyendo que estaban borrachos.

La experiencia de Pentecostés puede considerarse el impulso definitivo para la expansión de la iglesia. Desde los inicios se constata que es una invitación libre que muchos pueden acoger pero que también muchos otros pueden rechazar. La fe no se impone, sino que se comunica y ha de aceptarse libremente. Gracias a ese momento inicial, hoy podemos palpar como, siglo tras siglo, en medio de muchas luces y sombras, el empuje evangelizador no cesa y la experiencia de ser movido por el Espíritu de Jesús continúa en muchas personas. Es interesante el dato de que cada uno oía a los discípulos hablar en su propia lengua. Significa sin duda, la necesidad de inculturar el mensaje en los diferentes contextos y abrirse a los nuevos desafíos. No es que en el mundo haya menos fe. Tal vez es que no sabemos hablar en el lenguaje actual. Dejemos entonces que el Espíritu nos ayude a reconocer cómo anunciar hoy a Jesucristo confiados en que, así como abrió los corazones de los primeros, hoy también lo sigue haciendo con todos aquellos a los que llega el mensaje que anunciamos.

Espiritualidad , ,

¡Poneos en camino!

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en ¡Poneos en camino!

ka_5

 

Pobreza evangélica

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.

Solamente el Evangelio, como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo dada.

Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y “mais nada”!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental, Editorial Sígueme, Salamanca 1971

***

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

“La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.”

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.”

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:

“Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.”

Él les contestó:

– “Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

*

Lucas 10, 1-12. 17-20

***

 

Si yo, queridos hermanos en la fe, he sido enviado a vosotros para proclamar que Jesús ha resucitado y es el único Rey y Señor; si yo, que he sido llamado a ser vuestro obispo, he sido encargado de despertar la aurora que os duerme ya en el corazón […], ¿quién llevará este anuncio de esperanza a los «otros», a esa porción del pueblo que no coincide ya con el perímetro de la Iglesia, a esos a quienes los valores cristianos ya no les dicen nada? ¿Quién hará llegar la Buena Noticia de Cristo a tantos hermanos que, trastornados por los problemas de la supervivencia y del trabajo, ya no tienen tiempo para pensar en el Señor? […] ¿Quién llevará este anuncio de salvación a tantas personas generosas que no son capaces de atravesar los confines del ¡nframundo y se baten sólo por una justicia sin trascendencias, por una libertad sin utopías, por una solidaridad sin parentescos? ¿Quién gritará el grito de liberación que nos ha traído Cristo en el corazón de tantos jóvenes extraviados que, en su ineludible necesidad de felicidad, buscan respuestas en las ideologías, en la fascinación del nihilismo, en las alucinaciones de la violencia, en el paraíso de la droga? ¿Quién pondrá una brizna de esperanza en el pecho de tanta gente desesperada, envilecida por las miserias morales, derrotada, marginada, para quien Jesús es un forastero, la Iglesia una extraña y el Evangelio sólo un jirón de recuerdos infantiles?

¿Deberé ser sólo yo, vuestro obispo, quien asuma esta tarea tan gravosa respecto al mundo? De ninguna manera. Pero no porque yo no tenga que hacerla. No porque se trate de una empresa que supere mis capacidades y produzca desaliento no digo a mi pobreza, sino incluso a la audacia de los más fuertes. Es sólo porque esta tarea corresponde a todo el pueblo de Dios. Es porque hoy un anuncio de esperanza sólo se vuelve creíble cuando lo ofrece una comunidad que vive en comunión y no por un individuo que juega con las palabras y se ejercita con la academia.

La gente empieza hoy a dudar de los jefes carismáticos. El oficio del «líder» ya no se sostiene, y menos aún en la Iglesia. Nos corresponde, por tanto, a nosotros, a todo el pueblo de los bautizados, depositarios de la esperanza cristiana, pasar por los caminos del mundo y proclamar juntos: «Valor, no te deprimas si adviertes que se reagudizan viejas angustias. Si te espanta la soledad del camino y la indiferencia de tus compañeros de viaje. Si experimentas los escalofríos de viejos delirios y de nuevos miedos. Si te oprime la oscuridad de la noche que no termina nunca… No te desanimes, porque aún no se ha dicho la última palabra. Levántate y camina con nosotros. O, al menos, intenta mirar en nuestra misma dirección. Al fondo hay una luz. Y hay un Hombre que, a pesar de todo, es capaz de presentarte el trecho de camino que te queda, por largo o corto que sea, como una ocasión extraordinaria para renacer».

*

A. Bello,
Lessico di comunione. Insieme alia sequela di Cristo,
Arluno 1991, pp. 133ss

***.

***

 

Biblia, Espiritualidad ,

“La Paz de Dios”. 14 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,1-12.17-20)

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en “La Paz de Dios”. 14 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,1-12.17-20)

14-TO-C-600x400De pocas palabras se ha abusado tanto como de la palabra «paz». Todos hablamos de «paz», pero el significado de este término ha ido cambiando profundamente alejándose cada vez más de su sentido bíblico. Su uso interesado ha hecho de la paz un término ambiguo y problemático. Hoy, por lo general, los mensajes de paz resultan bastante sospechosos y no logran mucha credibilidad.

Cuando en las primeras comunidades cristianas se habla de paz, no piensan en primer término en una vida más tranquila y menos problemática, que discurra con cierto orden por caminos de un mayor progreso y bienestar. Antes que esto y en el origen de toda paz individual o social está la convicción de que todos somos aceptados por Dios a pesar de nuestros errores y contradicciones, todos podemos vivir reconciliados y en amistad con él. Esto es lo primero y decisivo: «Estamos en paz con Dios» (Romanos 5,1).

Esta paz no es solo ausencia de conflictos, sino vida más plena que nace de la confianza total en Dios y afecta al centro mismo de la persona. Esta paz no depende solo de circunstancias externas. Es una paz que brota en el corazón, va conquistando gradualmente a toda persona y desde ella se extiende a los demás.

Esa paz es regalo de Dios, pero es también fruto de un trabajo no pequeño que puede prolongarse durante toda una vida. Acoger la paz de Dios, guardarla fielmente en el corazón, mantenerla en medio de los conflictos y contagiarla a los demás exige el esfuerzo apasionante pero no fácil de unificar y enraizar la vida en Dios.

Esta paz no es una compensación psicológica ante la falta de paz en la sociedad; no es una evasión pragmática que aleja de los problemas y conflictos; no se trata de un refugio cómodo para personas desengañadas o escépticas ante una paz social casi «imposible». Si es verdadera paz de Dios se convierte en el mejor estímulo para vivir trabajando por una convivencia pacífica hecha entre todos y para el bien de todos.

Jesús pide a sus discípulos que, al anunciar el reino de Dios, su primer mensaje sea para ofrecer paz a todos: «Decid primero: paz a esta casa». Si la paz es acogida, se irá extendiendo por las aldeas de Galilea. De lo contrario, «volverá» de nuevo a ellos, pero nunca ha de quedar destruida en su corazón, pues la paz es un regalo de Dios.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , ,

“Descansará sobre ellos vuestra paz”. Domingo 7 de julio de 2019. 14º Domingo del tiempo ordinario

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en “Descansará sobre ellos vuestra paz”. Domingo 7 de julio de 2019. 14º Domingo del tiempo ordinario

39-ordinarioC14 cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 66, 10-14c: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz.
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
Gálatas 6, 14-18: Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
Lucas 10, 1-12. 17-20: Descansará sobre ellos vuestra paz.

Primera lectura. La alegría del pueblo de Israel cuando contempla su renacer después de todas las amarguras del destierro la muestra el tercer Isaías con la figura del parto y los hijos recién nacidos que necesitan de la madre para mamar de sus pechos y recibir sus consuelos, los llevaran en sus brazos y sobre las rodillas los acariciarán. Están en la mano del Señor y como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo.

La figura de Dios Madre es muy querida para los profetas. Sin duda la experiencia familiar del padre, de la madre y de los hijos, es quizás la más admirable y comprensible para todos, cuando se quiere hablar del amor de Dios.

Cuando la Biblia habla de Dios Padre, ciertamente no está determinando el género masculino de la divinidad. Es cierto que esta denominación y esta traducción están condicionadas sociológicamente y sancionadas por una sociedad de carácter varonil. Pero, realmente, a Dios no se le quiere concebir simplemente como a un varón. Sobre todo en los profetas, Dios presenta rasgos femeninos maternales. La noción de Padre aplicada a Dios, debe interpretarse simbólica¬mente. Padre es un símbolo patriarcal -con rasgos maternales-, de una realidad transhumana y transexual que es la primera y la última de todas.

El profeta Oseas en el capítulo undécimo, trae uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. La experiencia del amor de Dios hace decir al profeta que el Señor ha ejercido las tareas de un padre-madre con el pueblo. También otros profetas presentan a Dios con características materno-paternales: un Dios que consuela a los hijos que se marchan llorando, porque los conduce hacia torrentes por vía llana y sin tropiezos (Jer 31,9); un Dios a quien le duele reprenderlos: ¡Si es mi hijo querido Efraim, mi niño, mi encanto! Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión. (Jer 31,20).

Esa ternura del amor de Dios queda expresada de manera inigualable en la figura de la madre:

¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15).

Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo (Is 66,13).

Realmente el pueblo se sentía hijo de Yahveh. Desde la primera experiencia salvífica de Dios en la salida de Egipto, el Señor ordenó a Moisés decir al Faraón: Así dice el Señor. Israel es mi hijo primogénito, y yo te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me sirva (Ex 4,23). Y esa seguridad que la experiencia de Dios-Padre daba a los israelitas no les permitía sentirse huérfanos porque, si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá (Sal 27, 10).

La paternidad de Dios evocaba también una atención especial y una relación de protección de frente a aquellos que necesitaban ayuda y cuidado. Los profetas muestran la predilección de Dios por los pobres, los pecadores, los huérfanos y las viudas, en una palabra por todos aquellos que sólo podían esperar la salvación de la intervención amorosa del Padre-Madre que se preocupa más por los hijos desprotegidos y abandonados que por los demás.

Segunda lectura. En la despedida de su carta a los Gálatas, Pablo de manera muy sintética reafirma dos de sus temas preferidos. La salvación no se da por la ley, y el hombre en Cristo es una nueva criatura.

La circuncisión era una muestra clara del cumplimiento de la Ley, pero Pablo les dice a los Gálatas que la salvación no proviene de la ley sino de Cristo. Y se apoya en la Cruz, signo de ignominia para los romanos, los paganos y los judíos, que ahora es el signo de la victoria y de la salvación, y por eso Pablo se gloría en ella, como también todos los cristianos, porque de ella brota la vida.

Circuncidarse o no circuncidarse no es lo importante. Lo importante es renacer como nueva criatura. El mundo de la ley ha muerto. Ya no hay diferencia entre judíos y paganos. Ya no hay circuncisos e incircuncisos, lo único que cuenta es el hombre nuevo, el hombre que es capaz de superar la tragedia del pecado y realizar el proceso de la resurrección de Jesús, para vivir como una persona nueva.

Por segunda vez en el evangelio de Lucas, Jesús envía a sus discípulos a la misión. Ahora la época de la cosecha ha llegado y es necesario muchos obreros para recoger la mies; son setenta y dos, un número que evoca la traducción de los Setenta en Génesis 10, en donde aparecen setenta y dos naciones paganas. Jesús va camino hacia Jerusalén, el camino que debe ser modelo del camino de la Iglesia futura. Salen de dos en dos para que el testimonio tenga valor jurídico según la ley judía (cfr. Dt 17,6; 19,15).

La misión no será fácil; debe llevarse a cabo en medio de la pobreza, sin alforjas ni provisiones. La misión es urgente y nada puede estorbarla, por eso no pueden detenerse a saludar durante el camino; tampoco los discípulos deben forzar a nadie para que los escuchen pero sí es el deber anunciar la proximidad del Reino.

Este modelo de evangelización es siempre actual. Ciertamente es una tarea difícil si se quiere ser fieles al evangelio de Jesús. Muchas veces por una falsa comprensión de la inculturación se hacen concesiones que van contra la esencia del evangelio.

Cuando los discípulos regresan de la misión están llenos de alegría. Hay una expresión que merece un poco de atención: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre. ¿Qué significado tienen los demonios? Una breve explicación del término se dará al final.

Jesús manifiesta su alegría porque se han vencido las fuerzas del mal, porque él rechaza cualquier forma de dominio, y exhorta a sus discípulos a no vanagloriarse por las cosas de este mundo. Lo importante es tener el nombre inscrito en el cielo, es decir participar de las exigencias del Reino y vivir de acuerdo con ellas (cfr. Ex 32,32).

Hay otro motivo de alegría para bendecir la Padre. Sus discípulos son una muestra de que el Reino se revela a los sencillos y humildes. No son los conocimientos lo que permite la experiencia del Reino. Es esa experiencia de Dios por medio del contacto íntimo con Jesús y su seguimiento. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , ,

7.7.19. Dom 14, ciclo C: De dos en dos, ana duo‒duo.

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en 7.7.19. Dom 14, ciclo C: De dos en dos, ana duo‒duo.

de-dos-en-dos1Les envió de dos en dos. ¿Una diarquía eclesial?

Conforme al evangelio del domingo anterior (Lc 9, 57‒62), Jesús, “hijo de hombre”, no tenía dónde reclinar la cabeza ni podía ofrecer ventaja alguna, social o material, a sus ministros.  De manera sorprendente, en la lectura que sigue, este domingo (Lc 12, 1‒12), Jesús envía sólo como delegados suyos a hombres y/o mujeres que puedan y quieren ir “de dos en dos”: ana duo‒duo (en griego), shenaym‒ shenaym (en hebreo). No les pone ninguna otra condición:

No dice si han de ser más jóvenes o ancianos, varones o mujeres, hermanos o amigos, letrados o de pueblo, casados o solteros, hetero‒ u homo‒sexuales

La única condición que les pone es que vivan y vayan “de dos en dos”, como testigos del evangelio (de Jesús que viene), sin más “cosa” o propiedad que el evangelio, y la mutua compañía (de dos en dos).

 Texto de Marcos

             Así ha formulado Mc 6, 7‒12 este envío, conforme a la tradición más antigua de la Iglesia, suponiendo que estos enviados, que van “de dos en dos”, son en principio los “doce”, como signo de la misión universal judía (doce tribus), pero abierta a todas las naciones, es decir, a la humanidad entera:

Llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,  dándoles poder sobre los espíritus impuros. (a. Equipamiento) Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja. Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. Les dijo además:Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar etc. (Mc 6, 7‒30).

maxresdefault (1) Una tradición posterior  de Lc 9,1‒5 (que parece tomar ese motivo del llamado documento Q) y la tradición de Mt 10, 5‒13 (que parece tomarlo  del Q y de Mc Q), ha recogido este envío de formas convergente, pero sin incluir la condición “de dos en dos”, que puede parecerles menos necesaria en su contexto.

Pues bien, de un modo muy significativo, el evangelio Lucas, que es el último de todos,retoma el motivo  de Mc 6 (de dos en dos) y lo reelabora probablemente, a partir del documento Q (y/o de la tradición antigua de la iglesia), para establecerlo como norma de la misión cristiana, abierta a todas las naciones, a principios del siglo II d.C. Éste es su texto, el evangelio de este domingo 14 del ciclo C (7.7.18):

Lc 10, 1‒12:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios….» 

  1. De los 12 de Israel a los 72, para todos los pueblos
Los envió de dos en dos.

Los envió de dos en dos.

Jesús quiso refundar el Israel escatológico y para ello juntó a Doce discípulos y les envió, para preparar la llegada del Israel definitivo (del Reino de Dios), en misión de testimonio mesiánico. Pero este envío, centrado en los Doce y dirigido a Israel, fracasó por el asesinato de Jesús y queda superado por la pascua: los israelitas no se convirtieron, los Doce (que habían ido de dos en dos anunciando la llegada del Reino) desertaron de Jesús, y las autoridades de Israel le condenaron a muerte, siendo ajusticiado por los romanos.   Lógicamente, esa misión histórica de los Doce, dirigida a Israel, antes de la muerte de Jesús fue humanamente un fracaso.

Nuevo fondo histórico. Para mostrar pedagógicamente ese fracaso, con la nueva misión de Jesús dirigida a todos los pueblos escribió Marcos su evangelio, invitando a los discípulos de Jesús a reiniciar su anuncio y preparación del Reino en Galilea, abandonando para ello Jerusalén (Mc 16, 1‒8). De igual forma ha respondido el evangelio de Mateo, instituyendo el nuevo anuncio pascual del Reino en la montaña de Galilea (Mt 28, 16‒20), pero sin retomar expresamente el motivo del “de dos en dos”.

En esa línea, el evangelio de Lucas ha querido añadir este “segundo envío”, que estaría fundado en el mismo Jesús (que además de haber envidado una vez a los Doce: Lc 9, 1‒6), conforme a un mandato en el fondo fracasado, mandó después, de un modo más preciso, a 70 o 72 misioneros (según el texto citado de Lc 10, 1‒12). En número de los enviados varía, unos manuscritos ponen 70 (como los intérpretes de la biblia griega de los LXX), otros ponen 72, como indicando todos los pueblos de la tierra (según la división que establece Gen 10). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Homenaje a los apóstoles anónimos”. Domingo 14 Tiempo Ordinario. CICLO C

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en “Homenaje a los apóstoles anónimos”. Domingo 14 Tiempo Ordinario. CICLO C

72 discípulos2Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

La liturgia ofrece la posibilidad de elegir un texto largo u otro breve del evangelio. El motivo es que la segunda parte del discurso de Jesús tiene palabras muy duras contra los pueblos que no acojan a los discípulos; en nuestra época tan políticamente correcta pueden escandalizar a algunas personas. Y las referencias finales a Satanás y a pisotear serpientes y escorpiones resultan lejanas a nuestra cultura. Limito el comentario a la primera parte, aunque al final digo algo de la segunda.

Lectura breve, políticamente correcta (Lucas 10, 1-12)

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

‒ La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» 

            Quien conoce el evangelio de Mateo sabe que Jesús envió a los Doce con instrucciones muy parecidas. Pero Lucas no habla de doce, sino de setenta y dos (6 x 12: otro número simbólico). En su perspectiva, la misión no es obra de un pequeño grupo de selectos; si el mensaje del evangelio se difundió por el imperio romano fue gracias a gran número de personas anónimas, igual que ocurre en nuestros días.

Curiosamente, lo primero que deben hacer los setenta y dos es rezar para que el Señor envíe operarios a su mies. El tema empalma con el del domingo pasado, a propósito de los tres casos de vocación. Jesús hablaba con tanta dureza que parecía no querer seguidores. Aquí queda claro que son absolutamente necesarios y hay que pedir al dueño de la mies que los envíe. El dueño de la mies no es Dios Padre, sino el mismo que Jesús, que les ordena ponerse en camino. Con una advertencia y unas órdenes.

La advertencia: no van a una labor fácil ni agradable. Van como corderos en medio de lobos. El peligro no es la dentellada que provoca la muerte sino la que desprestigia y tira por tierra el mensaje del evangelio. El imperio romano estaba repleto de grupos y predicadores religiosos parecidos a muchos de los actuales que utilizan la religión como forma de ganarse la vida. Por eso, la mejor forma de evitar las dentelladas de los lobos es llevar una forma de vida totalmente pobre y austera: No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias. La talega hace referencia al dinero, la alforja al alimento, las sandalias al vestido.

Luego añade unas palabras que sólo se encuentran en su evangelio: y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Eso mismo le dijo el profeta Eliseo a su criado Guejazí, un día que lo envió a una misión urgente (curar al hijo de la sunamita). Lucas, que conocía el Antiguo Testamento de memoria, pensó que este momento era el adecuado para poner en boca de Jesús las mismas palabras. La misión de los discípulos es urgente, no se puede perder el tiempo charlando a mitad de camino.

¿Qué hacer cuando llegan a un pueblo o aldea? Jesús concede una importancia capital al alojamiento, insistiendo en no cambiar de casa, ya que esto puede provocar muchos celos y tensiones. Probablemente refleja su experiencia personal; y Lucas, la de los primeros misioneros.

Las palabras siguientes resultan extrañas en este sitio: Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» Los discípulos ya habían llegado a un pueblo y habían sido bien acogidos por una familia, que les da de comer. Si Lucas hubiera escrito con ordenador, quizá hubiera marcado bloque, cortado y pegado, cambiando el orden de las frases. O quizá no, porque este orden ilógico deja para el final, dándole mayor importancia, la misión de los discípulos: curar a los enfermos y anunciar la cercanía del Reino de Dios. Exactamente lo mismo que hacía Jesús.

Continuación, políticamente incorrecta (Lucas 10,17-20)

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.

[La liturgia omite la condena de Corozaín y Betsaida, dos ciudades galileas que no aceptaron a Jesús].

            Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:

‒ Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.

Él les contestó:

‒ Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Lectura del libro de Isaías 66, 10-14c

 

El texto, muy poético, puede desconcertar al lector moderno. Por eso comienzo con dos aclaraciones:

1) Para un judío, Jerusalén representa infinitamente más que para un católico Roma o el Vaticano. Desde el siglo VI a.C. hasta el tiempo de Jesús, que fueron los siglos más duros en la historia de Judá (dominio sucesivo de babilonios, persas, griegos y romanos), la mayor esperanza se centraba en la gloria y esplendor de Jerusalén. El tema aparece en numerosos textos proféticos y Salmos.

2) Jerusalén es representada como ciudad y como madre. Como ciudad, quedó totalmente destruida después de la conquista de los babilonios en el año 586 a.C. Como madre, se vio desprovista de hijos, porque fueron deportados. Y los hijos, a su vez, están desprovistos del alimento y el cariño de su madre.

En este contexto, el profeta proclama su mensaje utópico, centrado en la vuelta de los hijos a su madre, la mayor alegría para Jerusalén y el mayor consuelo para los desterrados. También habla, en el centro, de la paz y la riqueza que inundarán la ciudad. Un mundo maravilloso de alegría, consuelo, paz y esplendor.

¿Cómo se consigue? ¿Qué deben hacer los judíos? Según este poema, nada. Todo lo hace Dios. Es él quien hace derivar hacia Jerusalén la paz y la riqueza de las naciones; es él quien consuela. Es él quien manifiesta a sus siervos su poder (su mano), como dice la última frase del poema.

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:

«Yo haré derivar hacia ella,  como un río, la paz,como un torrente en crecida,  las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos.

El contraste entre la lectura de Isaías y el evangelio

            El mundo utópico de Isaías, el esplendor de Jerusalén, se realiza sin esfuerzo alguno, por pura obra de Dios. En cambio, el mundo utópico que predican Jesús y los discípulos conlleva mucho sacrificio y esfuerzo. Además, es un mensaje que puede ser rechazado, como le ocurrió al mismo Jesús en Corozaín y Betsaida. Pero la última palabra es de victoria y esperanza: Satanás, símbolo de la oposición al evangelio, cae del cielo como un rayo, mientras que los discípulos triunfan sobre los espíritus inmundos y, sobre todo, sus nombres están escritos en el cielo.

Además, y esta es la gran aportación de Lucas, esos discípulos enviados a la misión no son un grupo de selectos. Todos hemos conocido gente que nos ha hecho gran bien desde el punto de vista humano y cristiano, que nos han anunciado el Reino de Dios. Y también nosotros hemos llevado y debemos llevar adelante esa tarea, a veces dura, y muchas veces con sensación de fracaso. Pero esto no es motivo para dejar de esperar en el triunfo de la utopía.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 7 Julio, 2019

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 7 Julio, 2019

66CB3139-B536-4EC6-A1AB-13A540940422

 

«…el Señor designó a otros setenta y los envió por delante». fragilidad

(Lc 10, 1-12.17-20)

Jesús tiene urgencia por anunciar el Reino y se decide a compartir su misión personal con un grupo a quienes envió delante de él. Los seguidores de Jesús somos camino en el Camino, casa en Casa y alegría en la Alegría. Jesús nos habla de ser cauces, puentes de CORRESPONSABILIDAD,  COMUNIÓN, pero antes nos instruye desde el espíritu del amor. Nos advierte de las dificultades, al mismo tiempo que nos abre el camino de la confianza.

“La mies es abundante”: nos habla  de que hay mucho trabajo por realizar, pero no nos dice que nos estresemos y agobiemos, sino que roguemos para que nos envíen ayuda.

“Rogad por tanto al dueño de la mies”: en una sociedad de la inmediatez, donde cada vez somos más autosuficientes, Jesús nos ruega que oremos, que pidamos al Padre, que seamos pequeñas y humildes, sabiendo que nuestra fuerza es LA CONFIANZA en Dios.

“Que envíe obreros”: esto somos los seguidores de Jesús, obreros, personas que trabajamos un campo que no es nuestro. Hij@s que descubren el Reino del Amor y no solo entregan su tiempo, sino  su Vida entera. No nos pertenecemos porque no somos pagados con dinero sino retribuidas con Amor, y el Amar de Dios es calidad.

“Y nos envía como corderos en medio de lobos”: nos habla de vulnerabilidad, de fragilidad, y así somos los seguidor@s de Jesús, pequeñ@s, frágiles  pero sabemos que  la fuerza se realiza en la debilidad. Solo en lo pequeño, en lo frágil y vulnerable Dios actúa, porque ahí es donde nos dejamos acariciar. En lo grande y perfecto, Dios no tiene espacio, se queda fuera.

Oración

Padre, ayúdanos a entregar la vida por el Reino desde nuestra fragilidad.

Descúbrenos el valor de despertenecernos

para ser camino que otr@s transiten hacia Ti.

 

*

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

El Reino es Vida, que solo puede surgir de la Vida.

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en El Reino es Vida, que solo puede surgir de la Vida.

envio-misioneroLc 10,1-12; 17-20

Solo Lc narra este episodio. En el c. 9, ya había narrado el envío de los 12. No es verosímil que este relato sea histórico. Quiere acentuar el carácter universal de la predicación, pero Mt dice expresamente que no entren en tierra de paganos ni vayan a ciudades de Samaria. 70 era el número de las naciones gentiles, según Génesis. Para los demás evangelistas, el límite de la gentilidad estaba en la frontera de Galilea; para Lc se encuentra en la misma Samaria.

El domingo pasado se hablaba del fracaso de los discípulos en su intento de preparar el camino a Jesús en su subida a Jerusalén. Probablemente, Lc quiere poner este envío de “otros setenta y dos” para dejar un buen sabor de boca. Estos vuelven “muy contentos” de sus correrías y tienen mejor acogida que los discípulos. “De dos en dos”, porque para los judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el mensaje debe ser proclamado siempre por la comunidad.

No penséis que se trata de enviar a un número de especialistas en comunicación. No se trata de enviar a unos cuantos escogidos. Ni siquiera dice que fueran discípulos. Presupone que todo cristiano por el hecho de serlo, tiene la misión de proclamar la buena noticia que él vive. El modo de esa predicación puede ser diferente, pero la base, el fundamento de toda predicación, es la vida misma del cada cristiano. Vivir como cristianos es la mejor predicación y la que convence. En cada instante estamos predicando, para bien o para mal.

No es fácil delimitar lo estrictamente histórico de este relato. Además de que solo Lc lo narra, exigiría un grado de organización que no se percibe en el grupo de los que han seguido a Jesús. El simbolismo del número 12 y 70 nos invita a pensar que son relatos elaborados por la comunidad, más tarde. Por otra parte, para predicar El Reino, se necesita haberlo comprendido y experimentado. Los evangelios se encargan de manifestar que antes de la experiencia pascual ni los doce se habían enterado de nada.

Las recomendaciones de Jesús son la clave de todo anuncio del mensaje cristiano. Están puestas en boca de Jesús, pero son las condiciones mínimas que debía tener todo cristiano para llevar la Buena Noticia a los demás. En ningún caso se habla de doctrina que tienen que enseñar o de normas morales que deben exigir. Se trata de comunicar lo que Dios es, para todos, sin condiciones ni excepciones. Esa tarea la cumplió la primera comunidad en todas partes. Es la tarea que tiene que llevar a cabo todo cristiano en cualquier tiempo y lugar.

“Poneos en camino”. La itinerancia es la clase de vida que eligió Jesús cuando se decidió a proclamar su buena noticia. El domingo pasado nos decía que no tenía donde reclinar la cabeza. Este desapego de toda clase de seguridades es la actitud básica y fundamental que debe adoptar todo enviado. El anuncio no se puede hacer sentado. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas del mensaje de Jesús.

“Os mando como ovejas en medio de lobos”. Cuando se escribieron los evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la oposición, tanto del mundo judío como del pagano. Denunciar la opresión, o poder despótico, no puede agradar a los que viven desde esa perspectiva, y sacan provecho de ella a costa de los demás. Por desgracia, cuando el cristianismo adquirió poder, se comportó como lobo en medio de corderos. El provecho personal, o el de la institución, no es buena noticia para nadie.

“Ni talega ni alforja ni sandalias”. La pobreza material es solo signo del abandono de toda seguridad. Significa no confiar en los medios externos para llevar a cabo la misión. No debemos hacer de la predicación un logro humano. Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. No buscar seguridades de ningún tipo, ni en el dinero, ni en el poder, ni en el prestigio, ni en los medios. Tenemos la obligación de utilizar al máximo los medios que la técnica nos proporciona, pero no debemos poner nuestra confianza en ellos.

“No os detengáis a saludar a nadie por el camino”. No se trata de negar el saludo a los que se encuentren en el camino. “Saludar” tenía para ellos, un significado muy distinto al que tiene para nosotros. El saludo llevaba consigo un largo ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar la urgencia de la tarea a realizar. Seguramente está haciendo referencia a la inmediata llegada del fin de los tiempos, en que las primeras comunidades cristianas creyeron a pies juntillas.

“Decid primero: ¡Paz! Para entender esta recomendación hay que tener en cuenta el sentido de la “paz” para los judíos de aquel tiempo. “Shalom” no significaba solo ausencia de problemas y conflictos, sino la abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud humana. Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno. Significa no ser causa de tensiones ni externas ni internas. Sería ayudar a los hombres a ser más humanos.

“Comed y bebed de lo que tengan”. Esta es de las más difíciles. Ponerse al nivel del otro. Aceptar sus costumbres, su cultura, su idiosincrasia… Se trata de estar disponible para todos, sin esperar nada a cambio, pero aceptando con humildad lo que den; siempre que sea lo indispensable. ¡Qué difícil es no imponer lo nuestro! Muchos intentos de evangelizar han fracasado por no tener esto en cuenta. Lo más difícil es aceptar la dependencia de los demás en las necesidades básicas: no poder elegir ni lo que comes ni con quien comes.

Curad. No se refiere solo a las enfermedades físicas. De hecho los 70 solo hacen alusión a que los demonios se les sometían. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal, sin enterarnos de que con una grave enfermedad puede un ser humano alcanzar su plenitud. Curar significa alejar de un ser humano todo aquello que le impide ser él. Hoy las enfermedades físicas están cubiertas por la medicina. Pero ¿qué pasa con las enfermedades psíquicas y mentales, que arruinan la existencia de tantas personas?

“El reino, que es Dios, está cerca”. Nada de peroratas teológicas, ni discursitos apologéticos, ni propagandas ideológicas. Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama. Predicar el reino, que es Dios, es hacer ver a cada ser humano que Dios es algo cercano, que es lo más hondo de su propio ser, que no tiene que ir a buscarlo a ningún sitio raro, ni al templo ni a las religiones ni a las doctrinas ni a los ritos ni al cumplimien­to de la norma. Dios es (está) en ti. Descúbrelo y lo tendrás todo…

Sin estas condiciones, la predicación se hace inútil. No es nada fácil salir de la dinámica de la propaganda, del proselitismo a toda costa, buscando más el potenciar la institución que el servicio de las personas. El que va a proclamar el Reino de Dios tiene que manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio en todo momento. No debe exigir absolutamente nada, ni siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.

Meditación

¿Cuál es tu preocupación primera?
¿Es la comida, el vestido, la salud, la casa, el prestigio?
De esas necesidades básicas tienes obligación de ocuparte,
siempre que la prioridad sea el desplegar tu humanidad.
Escucha, sobre todo, tu ser profundo;
lo que él te pida, te llevará a plenitud y felicidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Sin alforja ni sandalias.

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Sin alforja ni sandalias.

caminar-montanaCaminante no hay camino, se hace camino al andar (Antonio Machado)

7 de julio. DOMINGO XIV DEL TO

Lc 10, 1-12. 17-20

No llevéis bolsa, ni alforja ni sandalias (v 14)

El evangelista nos aconseja no llevar nada con nosotros cuando vamos a un poblado, quizás sea para que nuestra mochila no nos canse, porque en mi opinión debiéramos llevarla bien cargada de regalos. Dar, enriquece más al que da que al que recibe, aunque nos pueda parecer una antinomia.

También puede ser que los peregrinos de Santiago, que saben mucho de caminos, lleven su mochila bien cargada, que habitualmente comparten generosamente suelen compartir con otros.

Yo llevo la mía repleta de ideas, pensamientos, ideas y emociones, que me agrada intercomunicar con otros. Y no solo con personas, sino también con el sol y la lluvia -San Francisco de Asís decía hermano sol, hermano lobo-, y a mi me gusta añadir hermana lluvia de las nubes y hermano viento del oeste.

Entretanto, el agua tocará el laúd, y mis sentidas notas sonarán bulliciosas, como mensajes mentales que llenen las alforjas y señales los caminos que orientan, alimentan y guían a viajeros.

Cleopatra se bañaba en leche de burra para mantener su piel joven. La última gran reina de Egipto, se ha convertido prácticamente en una figura mitológica, cuyas costumbres más íntimas son completamente del dominio público Una belleza mitológica y radiante debida a su famoso baño de leche de burra: era su secreto para cuidar su piel.

Qué tendrá este precioso elixir, como el de mores que, en la ópera L’elisir d’amore de Gaetano Donizetti, vendía Dulcámara a las hermosas damas que asistían al espectáculo.

¿Y qué puede tener este precioso elixir, que bellas de todos los tiempos, de Cleopatra a Paulina Bonaparte, no dudaron en incorporarlo a sus recetas secretas de belleza? Una beldad que puede y debe hacer felices a cuantos la poseen.

Yo, que también asistí a la feria, me alejé luego sembrando el camino de lágrimas que me llevó a mi casa, después de ver llorar a Nemorino el payaso, mientras cantaba el aria:

“Una furtiva lacrima
negli occhi suoi spuntó.

Son sin duda las exclamaciones líricas mas famosas, conocidas y cantadas de Antonio Machado. Forma parte del Proverbios y Cantares del libro Campos de Castilla y refleja una reflexión filosófica de la vida.

Cuando dice Caminante, son tus huellas el camino, y nada más… es probablemente una convicción de que solo importa lo que se vive, y se vive si se decide a andar el camino; lo imaginado o deseado poco importa.

CAMINANTE NO HAY CAMINO

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , ,

Audaces para continuar la misión de Jesús.

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Audaces para continuar la misión de Jesús.

envio misioneroNos encontramos ante un texto dirigido a presentar la misión que los discípulos y discípulas, en continuidad con la misión de Jesús, están llamados y llamadas a realizar.

El texto se articula a partir de diversas sentencias recogidas de la fuente Q que en Mateo está señaladas como parte de la misión de los Doce, mientras que Lucas las presenta dirigidas a un grupo más amplio de discípulos/as. La opción lucana de diferenciar la misión de los doce de la de este grupo más amplio se sustenta en su interés literario por presentar ya en vida de Jesús la tarea evangelizadora a la que están llamados los seguidores y seguidoras de Jesús tras la Pascua.

A diferencia de la misión de los doce, que está centrada en Israel (Lc 9,1-6), la de los setenta y dos señala ya a la misión futura de los creyentes en Cristo que han de anunciar el Reino a lo largo y ancho del Impero romano, a personas que no solo ya no son judías, sino que no han conocido a Jesús. Lucas es consciente de que en la vida de las comunidades de creyentes tras la Pascua las cosas ya no son iguales que cuando estaba Jesús y conoce los desafíos que implica vivir la misión en esos nuevos momentos, por ello intenta iluminar la nueva praxis con un argumento de autoridad, como es la palabra de Jesús, introduciendo ya en la narrativa evangélica la nueva experiencia de envío a la misión.

Esta inclusión del evangelista no es una mera ficción, sino que se hace eco de aquellos seguidores y seguidoras del Jesús histórico que no formaban parte de los doce pero que se implicaron activamente en el proyecto de Jesús y fueron orientando su vida al estilo de la propuesta del Maestro. Por tanto, estos setenta y dos discípulos que recuerda Lucas señalan una realidad histórica, pero busca a través de ella sostener la misión de todos aquellos y aquellas que la viven en su tiempo.

Vivir la misión

El texto comienza con el envío, un envío que llevará a los/as discípulos/a pueblos y lugares que Jesús no ha visitado aún. (Lc 10,1). De este modo la audiencia del evangelio de Lucas puede sentirse incorporada a la narración, pues ellas y ellos se han sentido enviados también a lugares donde Jesús todavía no es conocido.

Todas las instrucciones que Jesús les da remiten a la misión itinerante que fue central en la vida de Jesús pero que también fue determinante para la expansión del cristianismo por toda la cuenca mediterránea en el siglo I. En ellas se destacan tanto las dificultades que han de afrontar los misioneros y misioneras como el estilo con que han de afrontar el envío.

La conciencia de la inmensa tarea que tenían por delante podía asustar. Eran pocos y sabían que el mensaje del Reino no siempre era bien acogido (Lc 10,8-12). Por eso Jesús les recuerda que Dios está impulsando la misión junto a ellos (Lc 10,2) pero que no sean ingenuos, pues tendrán mucha oposición (Jesús fue el primero que la tuvo) y querrán arrebatarles su mensaje liberador (Lc 1,3).

Les recuerda también que el éxito de su misión no depende del poder que tengan, ni de los recursos que utilicen, sino que por el contrario depende del testimonio de su vida y de la pasión con que ellas y ellos mismos vivan el mensaje del Reino (Lc 10, 4). Y esto no es sólo una cuestión de austeridad, sino de un modo de ser y de estar que deje fluir la bondad, el perdón y el amor del Abba en quien Jesús les ha enseñado a creer (Lc 10, 17-20).

Quizá el modo de narrar y los ejemplos que se proponen en el texto responden al contexto de una cultura muy diferente a la contemporánea, pero lo importante es buscar hoy como caminar como discípulas y discípulos enviados a anunciar el Reino de Dios. Un anuncio que implica un estilo contracultural pero no anticuado. Un envío que nos lleva a sanar, reconciliar y dar esperanza, pero sin caer en la tentación de pactar con los poderes que nos pueden dar seguridad, pero nos quitan la libertad.

En el horizonte de nuestra misión está el Reino de Dios tal como Jesús lo entendió y lo vivió y no una religión o una doctrina. El mensaje por tanto de nuestra misión ha de ser siempre liberador y capaz de incluir y nunca excluir, capaz de denunciar la injustica y los poderes manipuladores y opresores. Y ante quien quiera domesticarlo o recortarlo “sacudamos el polvo de nuestras sandalias en la plaza” (Lc 10, 10-12) y continuemos nuestro camino.

Carmen Soto Varela

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , ,

Corderos y lobos.

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Corderos y lobos.

lobo-ovejaDomingo XIV del Tiempo Ordinario

7 julio 2019

Lc 10, 1-9

En una primera aproximación, pareciera que el mundo se halla dividido entre “lobos” y “corderos”: los primeros poseen poder –económico, político, religioso…– y carecen de escrúpulos, mientras los segundos padecen indefensión y son víctimas de abusos.

Se trata de un dato que salta a la vista, y que invita a una doble movilización: por un lado, a mantener una actitud lúcida y crítica –el mismo Jesús que animaba a ser “sencillos como palomas”, recordaba la necesidad de ser, al mismo tiempo, “astutos como serpientes” (Mt 10,16)–; y, por otro, a tomar partido –ser parciales– a favor de cualquier tipo de víctimas.

Ese hecho, sin embargo, no puede ocultar que lo percibido en el ámbito social es un “reflejo” de lo que sucede en nuestro interior. En todos nosotros habita un “lobo” y un “cordero”. Las fronteras que delimitan ambos comportamientos no son exteriores, sino que se hallan en nuestro corazón.

Con frecuencia proyectamos el mal fuera, en una actitud que se mueve, a partes iguales, entre la propia autojustificación y la culpabilización de los otros. Con esa estrategia, el yo trata de afirmarse, situándose incluso en una especie de “superioridad moral” frente a quienes juzga y condena de manera simplista y facilona.

Con la misma frecuencia, se nubla nuestra capacidad de comprensión, olvidando que cada persona hace, en cada momento, lo mejor que sabe y puede. Tal comprensión no significa justificar cualquier comportamiento, sino comprenderlo a partir de la representación mental desde la que se mueve la persona que actúa de un modo determinado. Comprender no es justificar, sino reconocer que, en el origen del daño que cometemos, hay siempre ignorancia –inconsciencia, en su sentido más radical–, que lleva a creer que es “bueno” lo que en realidad produce sufrimiento.

En este contexto, me parece oportuno transcribir la historia que cuenta el filósofo David Loy. Un anciano americano estaba hablando con su nieto tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001 y le decía: “Siento como si tuviese dos lobos combatiendo en mi corazón. Un lobo es vengativo, iracundo y violento. El otro lobo es amoroso, capaz de perdón y compasivo”. El nieto preguntó: “¿Qué lobo ganará la batalla en tu corazón?”. El abuelo respondió: “Aquel a quien yo alimente”

Será necesario –como decía el recientemente fallecido Jean Vanier, el fundador de “El Arca”– “descubrir el lobo que todos llevamos dentro”. Pero verlo desde la certeza de que, en nuestra verdadera identidad, somos inocencia.

La comprensión nos hace ver que todos, sin excepción, somos Bondad, Verdad y Belleza –nombres todos ellos que apuntan a nuestra identidad profunda– pero que, como consecuencia de la ignorancia acerca de quienes somos –ignorancia trufada de sufrimiento no elaborado–, fácilmente nos instalamos en la confusión y generamos sufrimiento.

¿Sé ver lo que hay de “lobo” y de “cordero” en mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Cuidado con el Clericalismo

domingo, 7 de julio de 2019
Comentarios desactivados en Cuidado con el Clericalismo

índiceDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. La mies es mucha.

La Iglesia no es, no debe ser, un “ghetto”, un coto cerrado de personas más o menos religiosas. Mucho menos la iglesia es el clero, con el peligro del clericalismo en el que ciertamente hemos caído.

Sería un reduccionismo pensar que los trabajadores de la mies se refiera a los curas o a las vocaciones o a los seminarios. Francisco es muy consciente de que hemos de abandonar el clericalismo. En la visita a una parroquia de Roma decía el papa:

“Debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia. Un párroco sin Consejo pastoral corre el riesgo de llevar la parroquia adelante con un estilo clerical, y debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia. El clericalismo hace mal, no deja crecer a la parroquia, no deja crecer a los laicos”.

Id y predicad, que la mies es mucha. Francisco ha entendido muy bien cuando habla y desea una Iglesia de las periferias, una Iglesia que incluso puede padecer accidentes y enfermedades por andar a descampado, en las afueras: entre los pobres, en el mundo sociopolítico, en la educación de los niños y universitarios. La mies es mucha.

En el museo de la evolución, que se encuentra en Burgos, muestran un cerebro en formol. La Iglesia es -debe ser- primavera y vida, no formol. ¿A qué se debe si no la escasa o nula presencia de la Iglesia en los ámbitos políticos, culturales, en la sociedad? En lugar de transmitir el evangelio nos limitamos a atacar el ateísmo, el relativismo, el marxismo, los medios de comunicación, etc.

La Iglesia ha de estar donde se trabaja, se cultiva, se lucha, donde el pueblo sufre y vive.

Dice Francisco: “cuando la Iglesia se encierra, se enferma”; “prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma”.

  1. Los obreros pocos.

Ante todo, los obreros de la mies no son, al menos no son solamente los obispos y los curas. Obreros, trabajadores del Evangelio somos todos. Jesús nos llama a todos a ser testigos del Evangelio.

Da la impresión de que en muchos momentos y contextos no somos testigos del Evangelio sino más bien de un sistema religioso. Nos lamentamos de que la gente se haya marchado de la Iglesia, pero es que a veces da la impresión de que el Evangelio (buena noticia) está muy escasamente en los medios eclesiásticos. A muchos grupos y sectores no les interesa lo más mínimo nuestro mensaje. Les interesaría el Evangelio, pero no nuestro sistema.

Por otra parte, el mensaje de Jesús no se impone. El Evangelio no se extiende por proselitismo, sino por la atracción que tiene el mismo Evangelio.

  1. 0 volver al evangelio.

    Los discípulos vuelven contentos porque han hecho obras, han expulsado demonios, etc. El éxito ejerce un gran atractivo. Al sistema religioso le vuelve loco los números: han asistidos miles de personas, tantas vocaciones, etc.

    Lo que importa no es el éxito, sino el mérito, el trabajo callado, el servicio humilde.

La novedad de la Iglesia está en salir con el Evangelio. Hemos vivido años, décadas, de enquistamiento, de cerrazón. En algunas diócesis y movimientos religiosos seguimos en ese repliegue. Id, salid a las afueras, a todos los caminos. La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás”.

Los obispos tenían que apoyar a sus curas y laicos cuando se equivocan por anunciar el evangelio.

  1. poneos en camino.

La actitud de camino, de Éxodo, de Emaús es muy humana y cristiana. Caminar en la vida -en todos los sentidos- y vivir en actitud de búsqueda y de camino es algo muy cristiano. Tanto en el orden de la misión, como en las búsquedas personales, en cuestiones doctrinales, ideológicas el ser humano es quien está abierto y en búsqueda:

Poneos en camino y no llevéis ni alforja, ni dinero, ni poder,

Llevad la buena noticia

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.