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“¿Navidades heréticas?”, por José Ignacio González Faus

Viernes, 22 de diciembre de 2017

20170429-chiec-bay-t-226-m-l-253-mang-t-234-n-k-237-ch-co-san-pham-1De su blog Miradas Cristianas:

Comencemos con el texto de un dibujo que, creo, era del inefable Cortés: “Si la gente pensara seriamente en lo que significa que Dios se encarne: que se ponga radicalmente de parte de los más pobres y demuestre que la única religión verdadera es el amor verdadero, si la gente pensara de verdad a qué les compromete decir que Dios nació en Belén…, probablemente no se pondrían tan contentos cuando llega Navidad”.

Cuando Fidel Castro decidió suprimir las navidades, medio mundo se le echó encima por ateo y anticristiano. Concedo que medidas de ese tipo no pueden imponerse dictatorialmente. Pero queda pendiente otra pregunta: ¿verdaderamente era esa medida “anticristiana”? ¿O, como pasaba cuando acusaban a Jesús de “blasfemo”, era más profundamente creyente que la de sus acusadores? Veámoslo un momento.

El nacimiento de Dios, ¡del mismo Dios!, en pobreza y desamparo humanos, lo hemos convertido en un aquelarre de consumo inútil, que ya no revela nada de la solidaridad de Dios con nosotros, sino de nuestra insolidaridad con los otros. Visto desde ese divino “amor hasta el extremo” (como dice un evangelio), lo que debería ser la fiesta de lo humano, se ha pervertido en la fiesta de lo inhumano. El establo es sustituido por algún “Corte inglés”; la compañía del buey y la mula por la del cochinillo y el cava. Los socialmente despreciados (pastores) y los extranjeros (magos), únicos que, según el evangelio, perciben y anuncian el nacimiento de Dios, son hoy unas figuras bucólicas bien vestidas y unos “reyes”. Por eso no tienen ya nada que anunciarnos, como no sea que la vida carece de sentido y que sólo podemos llenar ese vacío consumiendo. La noche fuera de la ciudad “sin lugar en la posada”, se ha travestido en las arterias bien iluminadas de nuestras urbes, donde se malgasta energía para animarnos a derrochar dinero. La solidaridad de Dios que se revela dándose hasta el anonadamiento, la pervertimos en solidaridades artificiales que rifan objetos de famosos.

Y en lugar de celebrar el nacimiento de Dios celebramos el nacimiento del Despilfarro. Cada año, familias que se reunían por inercia, bajo ese eslogan de celebrar el cariño y la unión familiar, se despiden más distanciadas y más enemistadas, sobre todo si ha andado de por medio el dinero. Al final, una publicidad detestable nos escupe una pésima parodia de Bécquer diciéndonos: “Navidad eres tú”. Así es cómo la fiesta del amor, se traviste en fiesta del egoísmo.

Guinda de toda esta perversión puede ser aquel tristemente célebre belén del hospital de Castellón, dado a conocer el año pasado por estas fechas: 90.000 € anunciados por algún ángel moderno, y no precisamente a los pastores ni a los enfermos… Si esto no es blasfemia y herejía que venga la Congregación de la fe y que lo diga.

Concedo que no siempre fue así. Muchos villancicos todavía reflejan poética e ingenuamente ese encuentro de la mejor humanidad en lo sencillo, y de lo material como expresión (no como sustitución) de lo espiritual. Lo que hoy denuncio es fruto de esa inevitable “entropía”, que es también una ley de la historia y no sólo de la física. Y que se agudiza al descristianizarse la sociedad.

De manera sencilla y nada agresiva, eso debería preocuparnos a los cristianos. ¿Sería absurdo que todos aquellos que creen en (y celebran) el nacimiento del mismo Dios en el abandono y la pobreza, convirtieran esos días sagrados en jornadas de total renuncia al consumo, de intensificación de la presencia solidaria entre las víctimas de este mundo cruel, y de plena reconciliación y perdón entre nosotros y con todos los seres humanos? ¿Días en que se nos repitieran algunas palabras bíblicas como: “Escucha pueblo creyente, nuestro Dios es solamente uno; ámale con todo tu corazón, con toda tu alma y todas tus fuerzas”… O “los dioses y señores de la tierra no me satisfacen”? Dejemos pacíficamente que quienes no tienen otro dios se entreguen al consumo desenfrenado. Quizás incluso, si nosotros renunciamos seriamente a consumir en esos días, les haremos un favor por aquello de que al disminuir la demanda, baja también el precio de la oferta.

Puestos a soñar, podría suceder que las Iglesias cristianas, que no deben pretender imponer su fe ni cambiar eso a la fuerza como Fidel Castro, se plantearan seriamente la posibilidad de abandonar la fecha de 25 de diciembre como celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret. De hecho, Jesús no nació ese día ni sabemos en qué día fue. Se eligió esa fecha para transformar la fiesta pagana del nacimiento del sol. Pero quizás es tiempo de dejar que la sociedad no cristiana recupere aquella fiesta pagana y trasladar la navidad cristiana a otra fecha: quizás un mes después, por aquello de que estaremos en plena cuesta de enero.

Así, además, las fiestas laicas del solsticio de invierno pasarían a ser, para la liturgia cristiana, nuevos días de “adviento”, que preparan para el nacimiento de otro Sol que nunca se enfriará.

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El ‘profeta de calamidades’ Martínez Camino: “La reforma de Lutero fue un fracaso, con consecuencias indeseables”

Viernes, 1 de septiembre de 2017

martinez-camino-en-la-grandaNegar que fray Martín Lutero fuera “testigo del Evangelio”, es sencillamente impresentable e insultante. Una bofetada a Francisco y un escupitajo a nuestras hermanas iglesias nacidas de la Reforma y demuestra la incuria intelectual de este sujeto que para desgracia de sus feligreses sigue siendo obispo…

“Trajo consigo la ruptura de la iglesia y de la realidad sociopolítica de Europa”

El ex portavoz de la CEE no cree, como Francisco, que el agustino fuera “testigo del Evangelio”

(J. Bastante).- Por más que el Papa Francisco haya reconocido a Lutero como “un testigo del Evangelio y “un reformador en un momento difícil, puso la palabra de Dios en manos de los hombres”, cuya intención “era renovar la Iglesia, no dividirla”, muchos continúan utilizando la figura del fraile agustino para arremeter contra los impulsos ecuménicos de este pontificado.

El último de dichos intentos corrió a cargo del obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, quien afirmó que “la reforma de Lutero fue un fracaso, que “trajo consecuencias indeseables”, durante su intervención en la última jornada del curso de clausura de La Granda, dedicado a la Reforma, de cuyo inicio se conmemora este año el V Centenario.

Según informa El Comercio, el ex portavoz de la Conferencia Episcopal  incidió en que “la obra de Lutero tuvo dos graves efectos negativos contrarios a su intención, la ruptura de la unidad de la Iglesia latina, que se consumó con la creación de una aparato eclesiástico enfrentado a la Iglesia Católica, y la configuración progresiva del secularismo, de tal modo que la religión se quedó relegada a la esfera de lo privado”. Estas fueron, en su opinión, las “indeseables e indeseadas consecuencias” de la Reforma.

Martínez Camino, a quien ciertos sectores de la sociedad califican de ‘ultracatólico’, defendió con firmeza la unidad de la Iglesia. “Aunque las circunstancias sean escandalosas, aunque el Papa fuera un hereje, que lo puede ser, no hay razón suficientes para hacer una iglesia al lado de la del Papa”, apuntó.

Para Camino, la libre interpretación de la Biblia “es el asunto que propició el gravísimo paso que dio el reformador, optar por su propia interpretación. La escritura es un objeto, la revelación no”. En su opinión, el error de Lutero “fue pensar que la palabra caía del cielo y que una vez en la tierra funcionaba por sí misma, cuando la realidad es que no hay escritura sin testigo. Y el testigo adecuado de la palabra de Dios es la Iglesia. La revelación no se da por internet”.

“La reforma de Lutero trajo consigo la ruptura de la iglesia y de la realidad sociopolítica de Europa, concluyó el obispo auxiliar.

Fuente Religión Digital

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“Herejía en el origen de la fiesta de Navidad”, por Martín Gelabert, OP

Sábado, 24 de diciembre de 2016

creche-bethleemDe su blog Nihil Obstat:

Respuesta de la Iglesia al arrianismo

La fiesta surgió para celebrar que Jesús era Dios desde que nació

Los que tienen un poco de cultura religiosa saben muy bien que la fiesta de Navidad fue, en sus comienzos, una cristianización de los cultos romanos al sol invicto.

En el hemisferio norte, cuando llega el mes de diciembre, los días se van acortando y el sol se vuelve cada vez más débil. Pero al llegar el 21 de diciembre los días comienzan a alargarse. Los romanos vieron ahí un signo de que el sol siempre es invencible y las tinieblas nunca consiguen apagarlo. De ahí nacieron los cultos al sol como dios invencible. Los cristianos fueron lo suficientemente hábiles como para sustituir un sol por otro Sol: el verdadero Sol que ilumina a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1,78) es Jesucristo.

Pero hay otra causa más previa y más interna, por así decir, que está en los orígenes de esta fiesta de Navidad, a saber: la herejía difundida por el obispo Arrio (nacido en el año 256 y ordenado sacerdote en el 311).

El pensamiento de Arrio, que tuvo una gran difusión, puede sintetizarse así: Jesús no era realmente Dios; era un hombre perfecto, enviado por Dios para salvar a la humanidad, pero no era Dios mismo. Ahora bien, en recompensa por los “servicios prestados”, Dios Padre le otorgó el título de Hijo de Dios, una vez cumplida su misión en la tierra. La teoría de Arrio resolvía una seria dificultad, pues no es fácil comprender que Dios pueda convertirse en una débil criatura; no es fácil entender que el Infinito se haga finito, el Eterno se haga temporal. Es más fácil entender que un hombre, por sus méritos, sea elevado a la categoría divina.

La fiesta del nacimiento de Jesús surgió no tanto para contrarrestar los mitos paganos sobre el sol invicto, sino las ideas de Arrio de que Jesús era un hombre al nacer y sólo después Dios lo adoptó convirtiéndolo en otro Dios.

Como muy bien dice A. Alvárez Valdés, el Papa Julio I, que gobernaba entonces la Iglesia, comprendió que una manera rápida y eficaz de difundir la idea de la divinidad de Cristo y contrarrestar las enseñanzas de Arrio, era propagar la fiesta del nacimiento de Jesús, poco conocida hasta este momento. En efecto, si se celebraba el nacimiento del Niño-Dios, la gente dejaría de pensar que Jesús llegó a ser Dios solo después de su resurrección. La fecha del 25 de diciembre se adoptó no por motivos cronológicos, sino por la popularidad de la fecha en ambientes romanos. Es una fecha simbólica.

De hecho, Jesús no pudo nacer en invierno, si hemos de hacer caso de lo que dice Lucas (2,8): cuando nació, cerca de Belén, los pastores dormían al aire libre en el campo, vigilando sus ovejas. El 25 de diciembre, en Palestina, es pleno invierno, y los pastores y las ovejas, en todo caso, duermen dentro de los establos.

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La abolición de la pena de muerte o la igualdad en el matrimonio, “herejías” para los contrarios a ‘Amoris laetitia’

Martes, 2 de agosto de 2016

lae2Huele a Cisma desde la Caverna y eso que ya advertíamos que no nos gustaba la  exhortación apostólica Amoris laetitia  por su reduccionista visión del matrimonio y la negación de los derechos LGTB. Por cierto, ya advertíamos a Francisco, y lo repetimos, que no existe la “tendencia” homosexual, no somos una moda, lo que existe es la “orientación” homosexual… un respeto… Y escuche más a sus hermanos y hermanas LGTB.

Publican la carta y manifiesto que busca el “repudio” a la exhortación apostólica

Aplican censuras teológicas para demostrar que el escrito constituye un “grave peligro” para la fe y moral

(Cameron Doody).- Se han publicado la carta y el análisis teológico con los cuales el grupo ultraconservador de 45 teólogos, filósofos, historiadores y pastores católicos pretende presionar al Papa Francisco para que repudie una lista de 19 proposiciones “erróneas” y “peligrosas para la fe y moral católicas” que supuestamente comprende la exhortación apostólica Amoris laetitia.

El grupo de los 45 reaccionarios se dirigen en su carta a los 218 cardenales y patriarcas de la Iglesia -vía el cardenal Angelo Sodano, en su capacidad de decano del Colegio Cardinalicio- con el fin de que los jerarcas “peticionen al Santo Padre” para que éste, a su vez, “condene los errores enumerados … de una manera definitiva y final”. El portavoz del grupo de los 45, el profesor de la Universidad de Oxford, Joseph Shaw, explicó la “acción colectiva” -en el comunicado de prensa que acompañó la publicación de las versiones oficiales de los dos documentos- como un ejercicio del “derecho y responsabilidad” de los cardinales y patriarcas de “asesorar” al papa “en virtud de la importancia de sus cargos”.

El análisis teológico que se adjunta a la misiva al cardenal Sodano, por otro lado -cuyo contenido el grupo no había querido hacer público en un principio, según afirmó Shaw, por miedo a que su carácter teológico “detallado” y “técnico” no pudiera ser entendido “por una audiencia no especialista”– consiste en una breve introducción a la “autoridad” y los “peligros” generales de Amoris laetitia, seguida por un listado de 19 posibles interpretaciones dañinas de algunos puntos de la exhortación.

La crítica teológica a “La alegría del amor” empieza con una aseveración de que la exhortación ha ocasionado dolor y confusión a muchos católicos debido a su aparente desacuerdo con un número de doctrinas de la Iglesia católica acerca de la fe y la moral”. Identifica como el “derecho” y “deber” de los feligreses debidamente cualificados el de denunciar un “peligro inminente a la fe” y de “ayudar a la jerarquía a poner fin a cualquier situación de confusión”.

Es en su condición de exhortación apostólica, continúan los críticos -una forma de escrito papal que, aunque normalmente trata de cuestiones relevantes a la pastoral de la Iglesia, no está separada del magisterio- que Amoris laetitia es especialmente peligrosa. El problema son las opiniones personales que el papa aparentemente introduce, en varios momentos, en lo que viene a ser un relato oficial de la enseñanza de la Iglesia: situación que, como diagnostican los autores del análisis, “hace que los católicos crean que estas declaraciones no solo son permisibles, sino enseñanzas del magisterio auténtico”.

Pese a que, en su manifiesto, el grupo de los 45 renuncia a “negar o cuestionar la fe personal” del Papa Francisco como ésta queda reflejada en su exhortación apostólica -o, de igual manera, de acusarle directamente de haber caído en la herejía- no dudan en afirmar que Amoris laetitia contiene “muchas declaraciones” cuyas “vaguedades o ambigüedades” o bien directamente permiten interpretaciones contrarias a la fe, o bien las sugieren de forma más indirecta.

“La falta de precisión en las declaraciones del documento”, opinan los teólogos y filósofos, “hace que sea más fácil interpretarlas como contrarias a las enseñanzas verdaderas de la Iglesia católica y de la revelación divina, y como justificaciones o exigencias de que los católicos las abandonen en la teoría y la práctica”. “El problema con el documento”, en otras palabras, y según estos expertos, “es que puede engañar a los católicos a que crean lo que es falso y que hagan lo que está prohibido por la ley divina“.

Las amenazas a la fe católica que supuestamente presentaría Amoris laetitia están presentadas, en el documento del grupo de ultraconservadores, en un listado de 19 pasajes del documento acompañados por interpretaciones que se extraen de una lectura “natural o inmediata” de dichos pasajes, tal y como los entendería, supuestamente, un “lector medio”.

Asimismo, con cada uno de estos 19 trozos de texto y sus correspondientes interpretaciones se incluye una censura teológica que se refiere a i), el contenido de cada interpretación; y ii), los efectos supuestamente peligrosos de dicha exégesis. Luego se incorpora, a su vez, una breve relación de algunas citas de la Biblia, los Padres de la Iglesia, los Concilios y los papas para reforzar el argumento. Pero estas citaciones, interpretaciones y censuras no pretenden ser, bajo el punto de vista de los autores, “una lista exhaustiva de los errores que Amoris laetitia, en una lectura plausible, contiene“; más bien, solo buscan “identificar las peores amenazas a la fe y moral católicas en el documento”.

El listado completo de las censuras teológicas a Amoris laetitia engloba desde una reprobación al aparente apoyo expresado en la exhortación apostólica por la abolición de la pena de muerte hasta un repudio a la igualdad del hombre y la mujer en el matrimonio católico.

De igual forma, la relación de las “proposiciones heréticas” y las “proposiciones que caen bajo censuras menores” -la cual se enumera en su totalidad, y en una traducción no oficial del inglés original, debajo de estas líneas- introduce reproches a la posibilidad de que los divorciados vueltos a casarse por lo civil puedan mantener relaciones sexuales y luego volver a comulgar, de que nadie esté condenado por Dios para siempre, o que la teología moral de la Iglesia tome en cuenta toda la “variedad de situaciones familiares de la que habla el papa en su exhortación.

Traducción no oficial de las “Censuras teológicas de proposiciones extraídas de la exhortación apostólica Amoris laetitia”

A. Proposiciones heréticas

1. La Iglesia … “rechaza con firmeza la pena de muerte” (Amoris laetitia, 83).

Entendida en el sentido en que la pena de muerte es siempre y dondequiera que sea injusta en sí misma y por lo tanto no puede ser debidamente infligida por el Estado:

i). Haeretica, sacrae Scripturae contraria.
ii). Perniciosa.

2. Es importante ser claros en el rechazo de toda forma de sometimiento sexual (AL, 156).

Entendida como no simplemente negando que la esposa le deba una obediencia servil a su marido o que el marido tiene una autoridad sobre su esposa que es lo mismo que la autoridad parental, sino también negando que el marido no tenga ningún tipo de autoridad sobre su mujer, o negando que la esposa no tenga ningún deber de obedecer las órdenes legítimas de su marido en virtud de su autoridad como marido:

i). Haeretica, sacrae Scripturae contraria.
ii). Prava, perniciosa.

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