Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Dios’

Idólatras del dinero

domingo, 25 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Idólatras del dinero

29672599472_a9c1f73a63_oDel blog de José Arregi:

Cuando llevamos semanas, meses, años de interminables casos de corrupción, y cada caso es el penúltimo y afecta cada vez más a la cúpula y las entrañas del partido que nos ha desgobernado con la bendición de casi todos los obispos, no es fácil dejar de gritar: “Idólatras de Mamón, largaos. Dimitid, responded, devolved lo robado”.

Yo no soy mejor que ellos, por acción u omisión. Solo que les pago yo, les pagamos nosotros, buenos salarios por cierto. ¿Para eso les pagamos? ¿Y para que los 27 jefes de estado de la Unión Europea se reúnan en Bratislava para preguntarse cómo defendernos de los refugiados y crecer más y luego pasearse juntos por el Danubio en un crucero de lujo? ¿Para que los líderes del G20 se reúna en Hangzhou para hacerse una foto y decirnos que hay que “civilizar el capitalismo” sin comprometerse a tomar medida alguna? ¿Para que, muerto afortunadamente el TTIP, nos endosen a hurtadillas el CETA que debe de ser aún peor para todos y mejor para las multinacionales? ¿Quién lo puede entender?

Lo entiende muy bien Susy, una niña a quien su abuelo, economista sabio, le explica lo que pasa cuando la economía se pone al servicio del lucro: trabajar más para producir más, vender más y ganar más, y ganar más para trabajar más y ganar más y así sin fin –¿sin fin?– en una carrera loca en la que todos nos convertimos en enemigos de todos. Lo cuenta el librito de Wim Dierckxens, Susy y el mundo del dinero (2012).

Es absurda, pero muy sencilla, la lógica de un mundo donde manda el dinero. Y el holocausto universal ofrecido a Mamón es terrible: hemos esquilmado las selvas y las minas, agotado los enormes pozos de petróleo, envenenado el agua y el aire; cada vez más gente se ha hecho más rica y cada vez más gente se ha vuelto más pobre, con una consecuencia lógica: la diferencia entre los ricos y los pobres es cada vez más grande.

El Estado socialdemócrata del Bienestar fue un paso adelante, pero respondía a la misma lógica. El bienestar de los países ricos se logró a costa de los países más pobres, expoliados de sus materias primas y obligados a comprar los productos elaborados con ellas al precio impuesto por los países explotadores. Y añadieron una invención diabólica: cuanto más efímeros sean los productos antes caducarán, y más deberá comprar la gente y más podrán producir las empresas e invadir el mundo, y ganar y ganar.

Susy lo entiende y se indigna, como lo entendemos y nos indignamos todos los adultos a poco que aún mantengamos los ojos abiertos y la sensibilidad despierta. He aquí el mundo regido por una economía regida por el dinero. Un mundo roto y cruel, un planeta masacrado, inhabitable. En ese mundo vivimos.

“Un mundo de vampiros, sentencia Susy. Un “mundo al revés”, donde la gente se mata a trabajar para tener más dinero, pero no lo pueden disfrutar porque cuanto más tienen más aumenta la codicia propia y la envidia ajena. Un mundo donde “los adultos están atados al trabajo como perritos a una cadena”, y solo se reconoce como trabajo lo que da dinero, todo para mayor beneficio de unos pocos, los que producen más barato y pagan menos salarios.

Eso es crecer. Que engorde la víctima para el sacrificio general. El grande se come al chico, pero siempre habrá alguien más grande, y ¿qué comerá el más grande cuando lo haya devorado todo y se quede solo, cuando no tenga a quién vender, cuando la mayoría pobre no tenga con qué comprar? Algún día ha de reventar este sistema, verdadero antisistema, donde la especulación está sustituyendo a la producción, los bancos a las fábricas, los bonos y las acciones a los víveres, donde los Estados destinan el dinero de la gente a rescatar a los bancos que quiebran y que una vez rescatados ahogarán a la gente con sus préstamos e intereses. Algún día estallará este mundo al revés. Ya está estallando: ningún muro, valla ni ejército podrá contener a las multitudes, continentes enteros desesperados por la miseria y la guerra.

¿No habrá arreglo? Solo a condición de que nos unamos todos y aprendamos a ser más felices decreciendo: “¿Por qué los adultos no aprenden de los niños a tener una vida de disfrute con el menor trabajo posible? ¿No se darán cuenta de que han construido un infierno en la tierra? ¿Se habrán olvidado de su niñez?, pregunta Susy.

Espiritualidad , , , , , , , , , , , ,

«Multiplicar la alegría (II)», por Gema Juan OCD

jueves, 22 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en «Multiplicar la alegría (II)», por Gema Juan OCD

16327809397_1ac15c7a26_mDe su blog Juntos Andemos:

Para seguir multiplicando la alegría hay que cavar un poco más. Remover la tierra y hacer tareas de prospección. Aunque en el camino de la conversión, sucede lo que explicaba Teresa: «Aunque no vaya después por el mismo camino, lo poco que hubiere andado de él le dará luz para que vaya bien por los otros, y si más andare, más».

Hasta ese punto merece la pena elegir la vida, el camino del bienvivir y del amor. Teresa decía a sus hermanas que hicieran lo posible para que todos entendieran que la conversión –entrar en el camino de la amistad con Dios e ir conformando con Él la vida– es lo mejor que puede suceder. Por eso escribía: a «todas las personas que os trataren, hijas, habiendo disposición y alguna amistad, procurad quitarlas el miedo de comenzar tan gran bien».

Lejos de estropear lo bueno o arrugar la alegría, cuando se elige cavar y vivir de cara a Dios, Él «siempre da mucho más que merecemos, con darnos contentos harto mayores que los podemos tener en los que dan los regalos y distraimientos de la vida».

Teresa quiere que se sepa: «Podéis decir las riquezas que se ganan», e insiste en que Dios apoya y sostiene todo esfuerzo en este sentido. Y sabe que es importante recordarlo, porque «es imposible conforme a nuestra naturaleza tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios».

A partir de ahí, Teresa se suma a Isaías y a Jesús. Los tres apelan a la inteligencia humana para bienvivir. Invitan al amor –de donde nace la conversión–, recurriendo al sentido común. Es una llamada tan profundamente humana, que solo puede venir de Dios.

El profeta Isaías mostraba cómo se revive cuando se trabaja por la vida de los demás. Jesús, explicando cómo se cumplía la palabra de los profetas, decía: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten». Y Teresa, siguiendo sus huellas, escribe a sus hermanas:

«Procurad ser la menor de todas y esclava suya, mirando cómo o por dónde las podéis hacer placer y servir; pues lo que hiciereis en este caso, hacéis más por vos que por ellas, poniendo piedras tan firmes, que no se os caiga el castillo».

Lo que dice Teresa es que cuando se trata bien a los demás, se hace más por uno mismo que por otros. Pero hay que probarlo, hay que ponerse en marcha para saberlo porque –dirá– «es cosa extraña cuán diferentemente se entiende de lo que después de experimentado se ve». Y, ponerse en marcha significa dar la vuelta a todo, girar, cambiar de dirección; porque el movimiento natural tiende a ir, inexplicablemente, al revés.

Parece más razonable buscar el propio bien que el ajeno y se presenta como más provechoso preocuparse por uno mismo que por los demás. Sin embargo, una larga cadena de sabiduría dice algo diferente. Por eso, Teresa pedía a Dios luz «para entender por descanso lo que es descanso, y por honra lo que es honra, y por deleite lo que es deleite, y no todo al revés».

Es verdad que Jesús, cuando habló de campos, no solo dijo que se puede encontrar un tesoro que cambia la vida. También dijo que había que enterrar un grano en tierra y dejarlo morir. Pero, en realidad, no hay contradicción, porque cuando se encuentra el tesoro, se encuentran con él mil motivos para enterrar el grano. Después de descubrir el tesoro, surge la necesidad de multiplicar la alegría, compartiendo el bien.

Teresa sintió esa necesidad intensamente y decía: «No hay ya quien sufra recibir tanto y no pagar nada… Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad; todo os lo he dado, vuestra soy, disponed de mí conforme a la vuestra». Eso es enterrar el grano de trigo en la tierra, después de haber encontrado el tesoro.

La maestra de alegría que era Teresa nunca olvida que «somos humanos… [y necesitamos] tener arrimo» para bienvivir. Por eso, llama a estar muy cerca del Maestro que enseña a vivir. Insiste en «no apartarse de cabe el Maestro… [porque] entenderéis luego el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama».

La multiplicación de la alegría tiene mucho que ver con esta proximidad, la misma a la que invita la Palabra de Dios cuando pone delante la vida y la muerte para hacer una elección: «Elige la vida… amando al Señor… pegándote a Él, pues Él es tu vida». Eso mismo dice Teresa: Él «está muy cerca… no os puede dejar de oír… juntaos cabe este buen Maestro».

Pegarse a Él, que sana la carne despertando el amor. A Él que es el movedor, el que puede «mover a amar… y mover a todos». El que convierte y hace vivir bien: «Vivir de manera que no se tema la muerte ni todos los sucesos de la vida, y estar con esta ordinaria alegría que ahora todas traéis».

Espiritualidad , , , , ,

¡Fuego del Espíritu, el Consolador!

lunes, 19 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en ¡Fuego del Espíritu, el Consolador!

El pasado sábado  celebramos la fiesta de Hildegarda de Bingen, una mujer medieval de tremenda valía: médico, profeta, compositora, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de uno de sus poemas que tomamos de la web del  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa:

1_20110703_050827

¡Fuego del Espíritu, el Consolador!,

vida de la vida de cada creatura,

santo eres dando vida a las formas.

Santo eres ungiendo

a los peligrosamente abatidos,

santo eres lavando

las fétidas heridas.

¡Aliento de santidad!

¡Fuego de caridad!

¡Dulce sabor en los pechos,

infusión para los corazones

con la buena fragancia de las virtudes!

¡Purísima fuente,

en la que se contempla

cómo Dios reúne a los errantes

y busca a los perdidos!

¡Coraza de la vida

y esperanza de unión de todos los miembros,

cinturón de honestidad,

salva a los benditos!

Protege a aquellos que fueron encarcelados

por el enemigo,

y libera a los prisioneros

a quienes la potencia divina quiere salvar.

¡Poderosísima vía

que lo has penetrado todo

en el cielo y en la tierra

y en todos los abismos!

Tú reúnes y convocas a todos.

De ti fluyen las nubes, el éter vuela,

las piedras tienen humedad,

y hacen crecer riachuelos

y la tierra destila verdor.

Tú también continuamente educas

a los sabios regocijados

por la inspiración de la sabiduría.

Por ello que haya alabanza para ti,

que eres sonido de alabanza

y alegría de vida,

esperanza y poderosísimo honor

que otorgas dones de luz.

*

Hildegarda de Bingen

(Del libro Sinfonía de la armonía de las Revelaciones Celestes, n 51.)

hildegarda

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Hemos de elegir…

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Hemos de elegir…

 

 PREGUNTAS PARA SUBIR Y
BAJAR EL MONTE CARMELO

(A Gustavo Gutiérrez,
maestro espiritual
en los altiplanos de la Liberación,
por su itinerario latinoamericano
«Beber en su propio pozo’‘).

«Por aquí ya no hay camino».
¿Hasta dónde no lo habrá?
Si no tenemos su vino
¿la chicha no servirá?

¿Llegarán a ver el día
cuantos con nosotros van?
¿Cómo haremos compañía
si no tenemos ni pan?

¿Por dónde iréis hasta el cielo
si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo,
si subís y no bajáis?

¿Sanarán viejas heridas
las alcuzas de la ley?
¿Son banderas o son vidas
las batallas de este Rey?

¿Es la curia o es la calle
donde grana la misión?
Si dejáis que el Viento calle
¿qué oiréis en la oración?

Si no oís la voz del Viento
¿qué palabra llevaréis?
¿Que daréis por sacramento
si no os dais en lo que deis?

Si cedéis ante el Imperio
la Esperanza y la Verdad
¿quién proclamará el misterio
de la entera Libertad?

Si el Señor es Pan y Vino
y el Camino por do andáis,
si al andar se hace camino
¿qué caminos esperáis?

(Desde la Amazonia brasileña,
en tiempos de probación
y de invencible esperanza criolla).

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera. Ed.Sal Terrae, 1986

***

No podéis servir a Dios y al dinero

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: «¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.»

El administrador se puso a echar sus cálculos:

«¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. «

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?»

Éste respondió: «Cien barriles de aceite.»

Él le dijo: «Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta.»

Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?»

Él contestó: «Cien fanegas de trigo.»

Le dijo: «Aquí está tu recibo, escribe ochenta.»

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.

Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero

*

Lucas 16, 1-13

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«Dinero». 25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,1-13)

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en «Dinero». 25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,1-13)

25-to-390x247La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Solo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.

En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.

Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce «dinero limpio». La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.

¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».

Jesús viene a decir así a los ricos: «Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre». Dicho con otras palabras: la mejor forma de «blanquear» el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.

Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos solo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.

Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.

Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

«No podéis servir a Dios y al dinero». Domingo 18 de septiembre de 2016. 25º Ordinario

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en «No podéis servir a Dios y al dinero». Domingo 18 de septiembre de 2016. 25º Ordinario

50-ordinarioc25-cerezoLeído en Koinonia:

Amós 8, 4-7: Contra los que «compran por dinero al pobre».
Salmo responsorial: 112: Alabad al Señor, que alza al pobre.
1Timoteo 2, 1-8: Que se hagan oraciones por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven.
Lucas 16, 1-13: No podéis servir a Dios y al dinero.

El profeta Amós nos ubica en el contexto de la cuarta visión y su interpretación, que va contra los defraudadores y explotadores. El profeta, en todo su libro, nos presenta cinco visiones sobre el destino del pueblo de Israel (7,1 – 9,10). El mensaje de Amós estaba dirigido principalmente al reino del norte, Israel, pero también menciona a Judá (el reino del sur) y a las naciones vecinas de Israel (sus enemigas): Siria, Filistea, Tiro, Edom, Amón, Moab. La razón del juicio: la codicia de los ricos. Amós grita y denuncia: Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren arruinar a los humildes de la tierra (v. 4). El profeta, al hacer sus juicios y lanzar sus amenazas, da los motivos y hace las denuncias por las cuales serán castigados y corregidos. Denuncias contra las casas ostentosas, fruto de la opresión a los pobres y débiles. Y esto por no cumplir con la justicia en el trabajo y en el comercio. Engañan y roban en las balanzas fraudulentas, en los precios y salarios. También hay juicios contra un culto exterior que quiere encubrir toda esa injusticia con sacrificios, ofrendas y cantos, que así no son gratos a Dios. Al tema del fraude, tan presente en esta cuarta visión, le sigue el juramento divino y el castigo

En el siglo XXI, esta invectiva profética de Amós contra la explotación humana necesitamos ampliarla a la explotación de la naturaleza. Hace casi 3000 años, metidos ya como estaban en plena época de la agricultura y de la explotación de la tierra, y una vez que, a partir del IVº-Vº milenios, tras la invasiones indoeuropeas, ya la divinidad había sido separada de la naturaleza (desacralización de la Pachamama), no podían percibir la perspectiva ecológica. Casi sólo prestaron oídos a la explotación interhumana. También es verdad que entonces no se escuchaba tan fuerte como hoy «el grito de la Tierra», los síntomas de la crisis ecológica, y se pensaba que el grito sólo era de los pobres… Hoy necesitamos ampliar esa queja profética; queremos abarcar en ella no sólo la explotación de los pobres, sino también la explotación de la naturaleza, las selvas mutiladas, los bosques calcinados, los ríos contaminados, las montañas horadadas, los animales acorralados en su hábitat invadido, la Pachamama profanada… No es una ampliación indebida; prolonga simplemente los mismos argumentos de justicia y de utopía del profeta. Hoy Amós se sumaría al reconocimiento del grito de la Tierra, desde su misma conciencia profética.

Pablo exhorta a que se ore por todo el mundo y de manera especial por los encargados de dirigir política y religiosamente al pueblo, porque la intención de Dios es salvar a todo el ser humano, y que estos lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Esa verdad se nos fue revelada por su Hijo Jesús, donde Él mismo se presentó como el Camino, la Verdad y la Vida. Es la verdad que nos hará libre. Pablo coloca a Jesús como el único mediador entre Dios y el ser humano: porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. Es la universalidad de Cristo en el acontecimiento salvífico de la humanidad, que con su muerte se entregó a sí mismo como rescate por todos.

Esta parábola –no siempre bien interpretada– va dirigida a los fariseos que son amigos del dinero, su verdadero Dios. Representa, como tantas otras, un caso extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro, antes de quedarse sin empleo. Para ello plantea una estrategia. Acusado de derrochar los bienes de su amo (16,1), causa por la que se va a quedar sin trabajo, decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la comisión que le pertenece como administrador. Es sabido que los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión, sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo con frecuencia intereses desorbitados a los acreedores. La actuación de administrador debe entenderse así: el que debía cien barriles de aceite había recibido prestados cincuenta nada más, los otros cincuenta eran la comisión correspondiente a la que el administrador renuncia con tal de granjearse amigos para el futuro. Renunciando a su comisión, el administrador no lesiona en nada los intereses de su amo. De ahí que el amo lo felicite por saber garantizarse el futuro dando el “injusto dinero” a sus acreedores.

El amo alaba la estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero, pues, en cuanto acumulado, procede de injusticia o lleva a ella.

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa –desprendiéndose de él– para «ganarse amigos», hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos cristianos. El injusto dinero, como encarnación de la escala de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y marginados.

El “injusto dinero” es calificado en la conclusión de la parábola como «lo de nada» y «lo ajeno», en cuanto opuesto a «lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de veras” no es el don del dinero, sino el del Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden”, cf. Lc 11,13). Eso sí, para recibir el Espíritu (que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el desprendimiento y la generosidad hacia los demás (11,34-36).

La parábola termina con esta frase lapidaria: “No pueden servir a Dios y al dinero”. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que compartir lo que poseen con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos, los desheredados de la tierra.

El afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas: ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a la mesa de la vida. Por eso el discípulo, para garantizarse el futuro, debe estar dispuesto en el presente a renunciar al dinero que lleva a la injusticia y hace imposible la fraternidad. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 18. 9. 16. ¿Un administrador injusto? Entre trileros anda el juego

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Dom 18. 9. 16. ¿Un administrador injusto? Entre trileros anda el juego

images1Dom 25. Tiempo Ordinario. Lc 16, 1-13. La parábola y sus explicaciones que nos ayudan a entender la gran crisis económica que estamos sufriendo. El tema es conocido: un administrados “injusto” cambia las cuentas del amo y maneja sus bienes, para provecho propio; un cuento muy actual, sin duda.

Así digo entre trileros anda el juego, como dice el refrán castellano. Trileros son los que juegan, ocultan sus cartas y engañan, y encima mienten. Suele aplicarse (con cierta razón) a nuestros políticos. Se aplica sin duda a los dueños de la economía mundial (cuyo Banco de mala memoria ha andado estos días en las lenguas de unos y otros).

Entre estos trileros, el amo y el administrador, nos mete hoy la parábola. ¿Podrá cambiarse el juego y poner el dinero de amor y administradores al servicio de todos, y en especial de los pobres? De eso habla esta parábola y sus aplicaciones. Pero veamos algunas de sus implicaciones. Buen domingo a todos, si Dios quiere (y los políticos no lo perturban).

Las imágenes ponen cierto humor al tema. El macaco y el perro trilero son sin duda inocentes… La imagen antigua nos habla de la antigüedad del tema… Quien quier ver políticos trileros, con nombre, apellido e imagen busque en google. Quien vaya a lo serio lea al evangelio.

Introducción
images2
1. El administrador “injusto” ¿no será en realidad justo? ¿No habrá que poner todos los bienes del “amo” al servicio de los “amigos”, es decir, de los necesitados?

2. ¿No habrá que crear un sistema jurídico y social que lleve al perdón de las deudas, para que todos los hombres de la tierra seamos amigos? ¿No estaremos ante una de las últimas generaciones de este sistema injusto, que crea deudas y más deudas, enemistades y más enemistades, de manera que un día puede estallar, “destruyendo” a la mayoría de los ricos?

Éste es el tema que aquí interpreto de un modo «parcial», pues toda parábola puede entenderse de formas distintas, por eso es parábola. Ésta es de las que nos ayudan a pensar. Está en el fondo la posibilidad de engañar al sistema económido dominante, para ayudar a los hombres.

Tema. El orden econòmico y la justicia de Dios (el derecho de los pobres)

No tengo certezas, pero puedo ofrecer reflexiones y preguntas, sobre este tema esencial, con la ayuda de un teólogo argentino, buen amigo (J. M. González) que ha reflexionado mucho sobre estos temas. Lo haré comentando el texto. Mañana o pasado ofreceré un estudio más de fondo del tema.

El texto(Lc 16 -13) sigue hablando de la riqueza y la pobreza, desde el evangelio de Dios, y consta de:

a. Parábola
b. Reflexión
c. Consecuencia 1
d. Consecuencia 2
e. Sentencia final

a) Parábola (Lc 16, 1-7)
images3

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.» El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. » Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?» Éste respondió: «Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo.» Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta.

¿EL HOMBRE RICO ERA JUSTO?…

Esta parábola no trata del Reino de Dios, sino de los riesgos y exigencias de la vida. Ésta es una parábola de sabiduría mundana. No sabemos quién es ese “hombre rico”:
Se ha solido pensar que es Dios (identificando riqueza y divinidad)
Se puede pensar que es el Sistema (un tipo de capitalismo)
Pero dejemos que sea quien, sea: un rico. Y el rico, en principio ¿qué es? ¿Bueno o malo? ¿Cómo ha conseguido la riqueza? ¿Cómo ha nombrado administradores?

Normalmente pensamos que el “amo” tenía razón y que su riqueza era buena y justa. Pero, dentro del contexto de Lucas (como aparece en la parábola siguiente de Lázaro y el rico Epulón: Lc 16, 19-31), el rico por ser rico (en un mundo de lázaros pobres) es injusto, digno de condena. Tampoco aquí podemos partir de que este hombre rico sea justo, sino que la presunción va en la línea contraria.

La exégesis normal, hecha por ricos o criados de los ricos (eso hemos sido en gran parte los teólogos) ha estado sumamente interesados por la integridad patrimonial del hombre rico. Por eso es que se encuentran inevitablemente en un callejón de salida difícil, y se extrañan del hecho de que al final se elogie al “administrador injusto”, que cambia el sistema de deudas de su amo.

TENÍA UN ADMINISTRADOR AL QUE LE DENUNCIARON…

No sabemos si los hechos de que se le acusan son reales, porque el administrador tenía enemigos, posiblemente personas que envidiaban su puesto y que se lo querían arrebatar. Vivía, por tanto, en un mundo de sospechas. Pensemos en todas las denuncias de corrupción de los funcionarios políticos, que se hacen en la actualidad, en en casi todo el mundo ¿Son todas justas? ¿No hay muchas movidas por la envidia de los enemigos? Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La ventaja de robarle a Dios

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en La ventaja de robarle a Dios

27940442853_0d00789dc1_oDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Jesús cerró el periódico y miró al grupo:

‒ Voy a contaros una historia. Un partido político tenía un administrador que aprovechaba las donaciones para aumentar su cuenta personal en Suiza. Enterado de que sospechaban de su gestión, se dijo: “Me van a echar del partido, incluso es posible que me denuncien. En la oposición no me darán trabajo, los bancos tampoco. ¿Qué puedo hacer? Iré anotando en una libreta todos los datos que puedan inculpar a los jefes del partido, amenazaré con publicarlos en la prensa, y ante el miedo de que se conozcan me dejarán tranquilo. Luego me iré a una isla del Caribe a disfrutar el resto de mi vida.

Se les quedó mirando y les preguntó.

‒ ¿Qué os parece ese administrador?

‒ Que es un…

Pedro se cortó a tiempo, pero era claro lo que seguía.

‒ Depende del partido al que robase ‒ comentó irónico Bartolomé.

‒ Eso lo hacen casi todos ‒ opinó Tomás.

‒ ¿Alguien está a favor del administrador?

Ninguno parecía de acuerdo y Jesús continuó.

‒ Voy a contaros ahora otra historia, pero esta vez de un terrateniente. Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: «¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.» El administrador se puso a echar sus cálculos: «¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.» Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?» Éste respondió: «Cien barriles de aceite.» Él le dijo: «Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?» Él contestó: «Cien fanegas de trigo.» Le dijo: «Aquí está tu recibo, escribe ochenta.»

Jesús hizo una pausa y les preguntó:

‒ ¿Sabéis cuál fue la reacción del terrateniente?

‒ Lo denunció para que lo metieran en la cárcel. Los ricos son unos…

‒ Te equivocas, Felipe. Alabó lo astuto que había sido.

Felipe lo miró incrédulo.

‒ ¿Y a ti te parece bien?

‒ Me parece estupendamente. Es un ejemplo para todos.

Pedro se rascó la cabeza y comentó escéptico.

‒ ¿Quieres que nos dediquemos a robar?

‒ Quiero que os dediquéis a utilizar el dinero con astucia. ¿Por qué hizo el administrador esas trampas? ¿Qué pretendía?

‒ Encontrar trabajo cuando lo echaran ‒ sugirió Sara.

‒ Algo parecido ‒ respondió Jesús‒. Cuando os conté la historia usé una expresión distinta: lo que quiere es que alguien me reciba en su casa. ¿Os dais cuenta de por dónde voy?

‒ No.

Jesús suspiró hondo. No acababa de acostumbrarse a la poca inteligencia de sus discípulos.

‒ Vosotros sois como el administrador. Más pronto o más tarde, tendréis que dar cuenta de cómo habéis administrado el dinero.

‒ El dinero, no. Nuestro dinero ‒ se atrevió a corregir Leví.

‒ Vuestro dinero, no. El dinero de Dios. Todo lo que tenemos es de Dios, y nos lo confía para que lo administremos. Podemos derrocharlo alegremente, y nos pedirá cuentas por ello. Y podemos darlo a otros, como el administrador del terrateniente, y nos ganaremos amigos que nos paguen un viaje al Caribe.

‒ El Caribe es el cielo, ¿verdad? ‒ bromeó María.

‒ Efectivamente. Y para pagar ese viaje no se puede ahorrar. Al contrario, hay que gastarse el dinero entregándolo al que lo necesita.

‒ Yo prefiero pagarme el viaje por mi cuenta.

‒ Imposible. Son otros los que tienen que pagar por ti.

‒ Lo que yo no entiendo ‒cortó Felipe‒ es eso de que el dinero no es mío. La panadería le costó a mi padre muchos años de trabajo y sacrificio.

‒ La panadería de tu padre, la furgoneta de Judas, todo, son cosas pequeñas, sin valor. Lo verdaderamente valioso es disfrutar de una habitación en el hotel del Caribe. Pero si no administras bien los bienes que te encomiendan en esta vida, no se fiarán de ti, y no te permitirán entrar en el hotel.

Pedro se acarició la barba.

‒ Muy complicado todo eso, maestro.

‒ ¿Es que no lo entiendes, o que no quieres entenderlo?

La ironía de la parábola

La segunda de las dos parábolas anteriores, que reproduce literalmente el texto del evangelio de Lucas, escandaliza a mucha gente porque Jesús termina alabando al administrador sinvergüenza. Pero las dificultades para entenderla parten de otros presupuestos en los que se basa Jesús, y que van en contra de nuestra forma de ver:

1. Nosotros no somos propietarios sino administradores. Todo lo que poseemos, por herencia o por el fruto de nuestro trabajo, no es propiedad personal sino algo que Dios nos entrega para que lo usemos rectamente.

2. Esos bienes materiales, por grandes y maravillosos que parezcan, son nada en comparación con el bien supremo de “ser recibido en las moradas eternas” (el hotel del Caribe).

3. Para conseguir ese bien supremo, lo mejor no es aumentar el capital recibido sino dilapidarlo en beneficio de los necesitados.

La ironía de la parábola radica en decirnos: cuando das dinero al que lo necesita, tú crees que estás desprendiéndote de algo que es tuyo. En realidad, le estás robando a Dios su dinero para ganarte un amigo que interceda por ti en el momento decisivo.

La idolatría del dinero

El evangelio de este domingo termina con unas palabras muy famosas:

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Jesús no parte de la experiencia del pluriempleo, donde a una persona le puede ir bien en dos empresas distintas, sino de la experiencia del que sirve a dos amos con pretensiones y actitudes radicalmente opuestas. Es imposible encontrarse a gusto con los dos. Y eso es lo que ocurre entre Dios y el dinero.

Estas palabras de Jesús se insertan en la línea de la lucha contra la idolatría y defensa del primer mandamiento («no tendrás otros dioses frente a mí»). El AT es en gran parte una condena de los dioses paganos y de los ídolos, que aparecían como rivales del único Dios verdadero. Al principio, los israelitas pensaban que los únicos rivales de Dios eran los dioses de los pueblos vecinos (Baal, Astarté, Marduk, etc.). Pero los profetas les hicieron caer en la cuenta de que los rivales de Dios pueden darse en cualquier terreno, incluido el económico. Para Jesús, la riqueza puede convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría.

Naturalmente, ninguno de nosotros acude a un banco o una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los banqueros. Pero, en el fondo, podemos estar cayendo en la idola­tría del dinero. Según el Antiguo y el Nuevo Testamentos, al dinero se le da culto de tres formas:

1) mediante la injusticia directa (robo, fraude, asesinato, para tener más). El dinero se convierte en el bien absoluto, por encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo. Este tema lo encontramos en la primera lectura, tomada del profeta Amós.

2) mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que no hace daño directo al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de sus necesidades. El ejemplo clásico es la parábola del rico y Lázaro, que leeremos el próximo domingo.

3) mediante el agobio por los bienes de este mundo, que nos hacen perder la fe en la Providencia.

Unos casos de injusticia directa: Amós 8, 4-7

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo:
«¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.

Amós, profeta judío del siglo VIII a.C. criticó duramente las injusticias sociales de su época. Aquí condena a los comerciantes que explotan a la gente más humilde. Les acusa de tres cosas:

1) Aborrecen las fiestas religiosas (el sábado, equivalente a nuestro domingo, y la luna nueva, cada 28 días) porque les impiden abrir sus tiendas y comerciar. Es un ejemplo claro de que “no se puede servir a Dios y al dinero”.

2) Recurren a trampas para enriquecerse: disminuyen la medida (el kilo de 800 gr), aumentan el precio (el paso de la peseta al euro fue un ejemplo que pasará a la historia) y falsean la balanza.

3) El comercio humano, reflejado en la compra de esclavos, que se pueden conseguir a un precio ridículo, “por un par de sandalias”. Hoy se dan casos de auténtica esclavitud (como los chinos traídos para trabajar a escondidas en fábricas de sus compatriotas) y casos de esclavitud encubierta (invernaderos de Almería; salarios de miseria aprovechando la coyuntura económica, etc.).

José Luis Sicre

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 18 septiembre, 2016

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 18 septiembre, 2016

to-d-xxv

Cavar, ya no puedo; mendigar, me da vergüenza”  (Lc 16, 3)

Lc 16, 1-13

La verdad es que llevo días dando vueltas a este evangelio y me encuentro con que no sé muy bien por dónde cogerlo; ni muy bien, ni muy mal, vamos. Me alivia la idea de que este espacio es para compartir lo que nos sugiere el evangelio y no aclararlo o hacer una tesis sobre él.

Tengo varias ideas sin conexión entre ellas, al menos aparentemente. Me quedo con la primera, que me está asaltando como una bofetada: “cavar, ya no puedo; mendigar, me da vergüenza”. Pero si esta frase parece que la han escrito en nuestra época. Imagina que alguien de tu círculo, de tu entorno se queda sin trabajo o que lleva tiempo en paro, alguien o tú sin ir más lejos. Y es cuando dices “es que no encuentro trabajo”; para y piensa eso.

¿Paramos y pensamos?

Ese no encontrar trabajo igual se refiere más a “no encuentro el trabajo que quisiera, el trabajo para lo que he estudiado, el trabajo de pocas horas y mucho sueldo,  el trabajo con un montón de vacaciones, trabajo fijo, un trabajo de despacho con mi aire acondicionado o mi calefacción y no uno de trabajar en la calle haga calor o llueva a cántaros… en definitiva, un trabajo digno para mí”. Entonces se me ocurre mirar al administrador de esta parábola y preguntarle, ¿cavar, ya no puedes, o más bien no quieres?

Aprovechando que me está prestando atención también le digo: “¿por qué consideras vergonzoso mendigar?, ya que tus palabras dejan entrever cierto desprecio a quienes no tienen lo necesario para vivir; para y piensa a ver por qué no hay suficiente para esas personas. Siéntate plácidamente en tu butaca o en tu sofá y pregúntate por qué en el mundo son más las personas que no tienen (de su propiedad) una butaca donde descansar y echar una cabezada, que las que viven cómodamente como tú.

Si en lugar de infiel, fueras un administrador justo y fiel, seguramente las cosas serían distintas; seguramente cambiaría tu concepto de mendigar si administraras y cuidaras mejor los bienes, tanto los tuyos personales como los nuestros, patrimonio de la humanidad aunque no los reconozcamos como tal, el agua, los bosques, los minerales, las tierras de cultivo… Para y piensa que esta idea, no es más que la punta del iceberg.

Y antes de que se le colapse la atención, a este administrador le digo para terminar algo que aparece muchas veces en los evangelios en boca de Jesús: “Quien tenga oídos, que oiga”.

Oración

Trinidad Santa, sé tú la bofetada que nos asalte, que nos despierte.

Sé tú, quien nos haga parar el piloto automático de nuestra vida y nos lleve a pensar.

Amén.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Si no aprendo a ser más con menos, el hedonismo frustrará mis anhelos

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Si no aprendo a ser más con menos, el hedonismo frustrará mis anhelos

14704237977416Lc 16, 1-13

El capítulo 16 de Lucas comienza indicando que la parábola de administrador infiel va dirigida a los discípulos; pero al final de la narración dice: “estaban oyendo esto los fariseos que son amates del dinero”. Esta frase nos indica la falta de precisión a la hora de determinar los destinatarios de esta parábola y la del rico Epulón que leeremos el domingo que viene. Debemos tener en cuenta que a las primeras comunidades cristianas solo pertenecieron pobres. Solamente a principios del s. II se empezaron a incorporar personas importantes de la sociedad. Si los evangelios se hubieran escrito unos años más tarde, seguramente se hubiera matizado mucho más el lenguaje sobre las riquezas.

Para entrar en la comprensión de la parábola solo hace falta un poco de sentido común. Jesús hablaba para que le entendiera la gente sencilla. Hay explicaciones que me parecen demasiado rebuscadas. Por ejemplo: Que el administrador, cambiando los recibos, no defrauda al amo, sino que renuncia a su propia comisión. No parece verosímil que el administrador se embolsara el 50% de los recibos de su señor. Otra explicación que me parece demasiado alambicada es que el administrador hizo lo que tenía que hacer, es decir, ceder sus bienes a los que no pueden pagar su deuda. Entonces resulta que hace lo que debía hacer por su cuenta el dueño. Por eso es alabado el administrador. En este caso perderían sentido las sentencias finales del relato.

Seguramente Lc ya modifica el relato original, añadiendo el adjetivo de “injusto”, tanto para el administrador, como para el dinero. Este añadido dificulta la interpretación de la parábola. En primer lugar porque no se entiende que se alabe a un injusto. En segundo lugar, porque podemos devaluar el mensaje al pensar que se trata de desautorizar solo la riqueza conseguida injustamente. La riqueza injusta se descalifica por sí misma. En el relato, se trata de la riqueza que, aunque sea “justa”, puede convertirse en dios (ídolo).

Debemos evitar toda demagogia barata. Pero tampoco podemos ignorar el mensaje evangélico. En este tema, ni siquiera la teoría está muy clara. Hoy, menos que nunca, podemos responder con recetas a las exigencias del evangelio. Cada uno tiene que encontrar la manera de actuar con sagacidad para conseguir el mayor beneficio, no para su falso yo sino para su verdadero ser. Si somos sinceros, descubriremos que en nuestra vida, confiamos demasiado en las cosas externas, y demasiado poco en lo que realmente somos. Con frecuencia, servimos al dinero y nos servimos de Dios. Le llamamos Señor, pero el que manda de verdad es el dinero. Justo lo contrario de lo que nos pide Jesús.

Encontramos en los evangelios una diferencia notable con la tradición bíblica. Tanto en todo el AT como en tiempo de Jesús, las riquezas eran consideradas como un don de Dios. Solo los profetas arremeten contra la riqueza que se ha conseguido con injusticia. Este matiz desaparece en los evangelios y se considera la riqueza, sin más, contraria al Reino.

En las parábolas, no hay que tomar al pie de la letra cada uno de los detalles que se narran; hay que entrar en la intención del que la narra. Al contrario que la alegoría, en la parábola se trata de una sola enseñanza que hay que sacar del conjunto del relato. El relato nos obliga a sacar una moraleja que nos haga cambiar de actitud vital. Ésta en concreto, no está invitándome a ser injusto, sino a sentarme y echar cálculos, para elegir lo que de verdad sea mejor para mis auténticos intereses. El administrador calculador, trataba de conseguir ventajas materiales. A nosotros se nos invita a ser sagaces para sacar ventajas espirituales.

No hacen falta muchas cavilaciones para darse cuenta de que ponemos mucho más interés en los asuntos materiales que en los espirituales, no solo por el tiempo que les dedicamos, sino sobre todos por la intensidad de nuestra dedicación. Es lamentable que personas muy inteligentes y con varias carreras, tengan un nivel de conocimientos religiosos propios de un niño de primera comunión. En religión, lo único que se nos exigía era “creer”.

Los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz. Esta frase explica el sentido de la parábola. No nos invita a imitar la injusticia que el administrador está cometiendo, sino a utilizar la astucia y prontitud con que actúa. Él fue sagaz, porque supo aprovecharse materialmente de la situación. A nosotros se nos pide ser sabios, para aprovecharnos de todo, en orden a una plenitud espiritual. Hoy la diferencia no está entre los hijos del mundo y los hijos de la luz. La diferencia está en la manera que todos los cristianos tenemos de tratar los asuntos mundanos y los asuntos religiosos.

No podéis servir a Dios y al dinero. No está bien traducido. El texto griego dice mamwna. Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. No podemos pensar que todo el que tiene unos millones en el banco o tiene una finca, está ya condenado. Servir al dinero significaría que toda mi existencia esta orientada a los bienes materiales. Sería tener como objetivo de mi vida el hedonismo, es decir, buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas. Significaría que he puesto en el centro de mi vida, el falso yo y buscar la potenciación y seguridades de ese yo; todo lo que me permita estar por encima del otro y utilizarlo en beneficio propio.

Podemos dar un paso más. A Dios no le servimos para nada. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos sino personas libres. No se trata de doblegarse con sumisión externa, a lo que mande desde fuera un señor poderoso. Se trata de ser fiel al creador, respondiendo a las exigencias de mi ser, desplegando todas las posibilidades de ser. Servir a un dios externo que puede premiarme o castigarme, es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir, sirviendo al hombre. Aquí está la originalidad del mensaje cristiano. Donde las religiones verdaderas o falsas ponen “Dios”, Jesús pone “hombre”.

Es curioso que ni siquiera cuestionemos que lo que es legal puede no ser justo. Puesto que lo que tengo lo he conseguido legalmente, nadie me podrá convencer de que no es exclusivamente mío. Además, el dinero es injusto, no solo por la manera de conseguirlo, sino por la manera de gastarlo. Las leyes que rigen la economía, están hechas por los ricos para defender sus intereses. No pueden ser consideradas justas por parte de aquellos que están excluidos de los beneficios del progreso. Unas leyes económicas que potencian la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos, mientras grandes sectores de la población viven en la miseria e incluso mueren de hambre, no podemos considerarla justa.

Lo que nos dice el evangelio es una cosa obvia. Nuestra vida no puede tener dos fines últimos, solo podemos tener un “fin último”. Todos los demás objetivos tienen que ser penúltimos, es decir, orientados al último (haceros amigos con el dinero injusto). No se trata de rechazar esos fines intermedios, sino de orientarlos todos a la última meta. La meta debe ser “Dios”. Entre comillas por lo que decíamos más arriba. La meta es la plenitud, que para el hombre solo puede estar en lo trascendente, en lo divino que hay en él.

Ganaros amigos con el dinero injusto. Es una invitación a poner todo lo que tenemos al servicio de lo que vale de veras, nuestro verdadero ser, también la riqueza material que nos pertenece.Utilizamos con sabiduría el dinero injusto, cuando compartimos con el que pasa necesidad. Lo empleamos sagazmente, pero en contra nuestra, cuando acumulamos riquezas a costa de los demás. Nunca podremos actuar como dueños absolutos de lo que poseemos. Somos simples administradores. Hace poco tiempo oí a De Lapierre decir: Lo único que se conserva es lo que se da. Lo que no se da, se pierde.

Meditación-contemplación

No podéis servir al Dios de Jesús y al dios dinero
Jesús no dice que no “debéis”, sino que no “podéis”
Es inútil que sigamos intentándolo.
Lo que “tenemos” debemos subordinarlo a lo que “somos”.
……………………

Todo lo que no potencie el ser, es secundario.
Lo único esencial es nuestro verdadero ser.
Lo material, lo biológico, debe ser el soporte de nuestra Vida espiritual;
no debemos rechazarlo como malo, sino utilizarlo bien.
………………………

Si el valor supremo para mí es el dinero o el poder,
mi corazón estará pegado a esas seguridades.
Si he descubierto el “tesoro” escondido en lo hondo de mi ser,
el resto quedará iluminado por su brillo.
…………………

Fray Marcos

Fuente: Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Ambición y Generosidad

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Ambición y Generosidad

25-toc-ev1“Si quieres aprender el arte de reinar, comienza por preocuparte de sostener al pobre” (Idomeneo a su hijo Idamante.)

18 septiembre, domingo XXV del TO

Lc 16, 1-13

No podéis estar al servicio de Dios y del dinero

Aunque en el Sermón de las Bienaventuranzas, Jesús dice que el Reino de los cielos es de los humildes y sencillos, este reino no se puede construir con ingenuidad, “Pues los ciudadanos de este mundo  son más astutos con sus colegas que los ciudadanos de la luz” (Lc 16, 8) . Hacen trampas, roban, engañan… Son corruptos como el administrador astuto de la parábola. Por eso hay que ser cándidos como palomas, pero al mismo tiempo cautos como serpientes(Mt 10, 16).

Los profetas del AT denunciaron estas prácticas deshonestas, como lo hizo Jesús en el Nuevo. Amós ataca sin piedad la codicia humana y el afán de lucro:  “Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis al pobre, al mísero por un par de sandalias” (Am 8, 5-6). ¡Qué contraste con esta visión de Juan en su Epístola 1, 3, 17!: “Si uno posee bienes del mundo y ve a su hermano necesitado y le cierra las entrañas y no se compadece de él, ¿cómo puede conservar el amor de Dios?”Los judíos conmemoraban sus festividades religiosas teniendo muy en cuenta las prescripciones legalmente fijadas, pero con escasa o nula repercusión en lo referente a la justicia con los pobres.

Jesús invita a conseguir la verdadera libertad sirviendo a Dios y no al dinero. La opera de Mozart, Idomeneo, rey de Creta, ha pasado a ser un canto a la tolerancia frente a la violencia y la injusticia en nuestros tiempos. El protagonista le da este políticamente sabio consejo a su hijo Idamante: “Si quieres aprender el arte de reinar, comienza por preocuparte de sostener al pobre”.

Hoy los que rigen los pueblos se aferran al sillón del poder y, como el administrador inicuo, no tienen reparo en sobornar a cualquiera que sea con dinero. Como él, la mayoría piensa que para cavar no tienen fuerzas, y pedir limosna les avergüenza. ¿Suenan tambores de nuestro Parlamento?

La generosidad es el hábito de dar o compartir con los demás sin esperar obtener nada a cambio. Hábito que quedó prostituido por el Derecho Romano, que entendía las ofrendas a los dioses como actos de carácter religioso con el propósito de recibir algo bueno a cambio o de no sufrir una desgracia. Las oraciones de petición, e incluso las de acción de gracias están llenas de este propósito. Aristóteles había dicho de ella: “De todas las variedades de virtud, la generosidad es la más estimada”. Y el Papa Francisco puntualiza que “Ser generoso es darse a los demás de manera desinteresada; es brindar lo que el otro necesita, no lo que os sobra”.

EXPOLIACIÓN

El hombre fue creado
desnudo de riquezas, cuenta el mito.

Expoliado de carnales amores
por vengadora espada de un arcángel
¿Qué me queda?

De celestiales joyas, poca cosa.

A Jesús le expoliaron de sus ropas
los verdugos.
Al Hombre le despojan
de todos sus derechos
los políticos.
A la Naturaleza la saquean
los ricos.

Y yo soy expoliado
por ricos, verdugos y políticos,
por ladrones de bienes celestiales,
sin que nadie salvaguarde mi hacienda.

¿Dónde estás Dios,
que miro, miro y miro y no te veo?

¿Es que de estar en todas partes
has pasado a no estar en parte alguna?

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente: Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Ser inteligentes y audaces por el Reino de Dios

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Ser inteligentes y audaces por el Reino de Dios

evang3Como en otras ocasiones, en esta parábola Dios se convierte en el único Señor capaz de misericordia y perdón y por eso es el único al que merece la pena servir. Entusiasmados/as por esta Buena Noticia solo es posible actuar con los demás del mismo modo y vivir con la misma pasión y audacia de aquellos que inteligentemente buscan salir de una situación comprometida, pero con una razón diferente: impulsar el Reino y su justicia… responder a Dios padre y madre que ha puesto su confianza en nosotras/os para a su lado cambiar el mundo.

Esta parábola, aunque dirigida a los discípulos/as, está en el contexto más amplio de la confrontación de Jesús con los fariseos, caracterizados por Lucas como avaros y predispuestos a ridiculizar las enseñanzas de Jesús.

El relato nos presenta la historia de un propietario rico que tiene un administrador que gestiona sus propiedades, pero que ha abusado de su confianza. La narración nos sitúa en la realidad socio-económica de la Palestina romana del siglo I cuyas peculiaridades nos pueden ayudar a entender no solo los detalles de la narración, sino el cómo y por qué Jesús la presenta a sus compañeros/as.

Contexto socio-económico de la parábola

Los administradores que gestionaban las propiedades de un señor tenían autoridad para negociar en nombre de su amo. Generalmente su sueldo procedía de las comisiones que recibían por las transacciones realizadas, aunque, especialmente en el caso de los préstamos podían recibir de los deudores un pago “bajo cuerda” para favorecer un buen trato su parte. En la ley tradicional israelita la mala gestión el administrador suponía su inmediato despido y un castigo ejemplar, que podía incluir la cárcel obligándoles a restituir lo perdido, pues para el mundo antiguo una actuación de este tipo suponía además de pérdidas económicas, un daño al honor de su amo.

En el caso de nuestra parábola sorprende que el castigo solo sea el despido y no haya ningún otro tipo de sanción permitiendo que el administrador pueda plantearse la búsqueda de otro trabajo. El administrador para recuperar la normalidad de su vida intenta buscar el favor de otra persona antes de que se haga público su despido (Lc 16,4). Las sociedades del mediterráneo del siglo I basaban sus interacciones en el sistema de patronazgo que se constituía a través de relaciones de reciprocidad entre gente de distinto nivel social: una persona de clase inferior que está en apuros (llamada cliente) hace frente a sus necesidades recurriendo a los favores de una persona de estatus superior, ben situada (llamada patrón).  Al recibir el favor, el cliente promete implícitamente devolvérselo al patrón cuando y como éste lo determine. Al conceder un favor, el patrón promete a su vez implícitamente estar abierto a ulteriores peticiones, en momentos no especificados. (Bruce J. Malina, Richard L. Rohrbaugh, Los Evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I : comentario desde las ciencias sociales , Verbo Divino 1996, 399-400).

El empleado cuando se le exige que presente sus cuentas lo lleva a cabo de tal manera que le permita favorecer a los arrendatarios de su amo de modo que puedan constituirse en sus posibles patronos futuros. Su estrategia es actuar en nombre de su amo reduciendo la deuda a la mitad y así canjearse el favor de los deudores que podrían acogerlo en sus casas y favorecerlo lo que le permitiría mantener su status y asegurar su subsistencia. Además, la sagacidad de su actuación le permitirá favorecer también el honor del Señor al que servía. El amo había sido bueno con él al no castigarlo severamente, pero ha de aceptar su última gestión: Si no asume las reducciones de las deudas que gestionó su administrador la gente lo considerará falto de honor, pero si la acepta, aun perdiendo bienes, se le alabará por su generosidad. Dada la importancia de la estima publica que existía en estas sociedades, el amo seguramente optará por aceptar y de este modo ambos saldrán beneficiados.

Jesús como narrador de la parábola

En la narración de la parábola llama la atención Jesús al presentar esta situación, ficticia pero familiar a sus oyentes está buscando provocar su reacción ante la actuación de los personajes.  En primer lugar, llama la atención la misericordia del amo con su empleado al que solo expulsa sin añadirle ningún otro castigo además de alabar su conducta inteligente. Lo inusual de este comportamiento permite a Jesús visibilizar dos realidades para el muy importantes. Por un lado, sin duda está pensando en Dios cuando describe al propietario y por eso lo presenta actuando con justicia y sin venganza.  Por otro, el administrador se convierte en modelo de actuación para sus discípulos/as recordándoles que, para caminar por los senderos del reino, también hay que ser inteligentes y audaces. Esta perspectiva del relato es provocadora, pero eso es lo que Jesús con frecuencia pretende con sus parábolas, despertar las conciencias, cuestionar y provocar el cambio.

El final de la parábola (Lc  9-13) es claramente un añadido posterior que interpreta de una forma concreta el relato y que se construye a partir de una serie de sentencias que intentan clarificar el sentido del texto y suavizar su provocación.  De este modo se resaltan consecuencias de tipo ético, como son la honestidad y la fidelidad, pero visibilizando los aspectos sociales y sus implicaciones teológicas.

Jesús, en su mensaje sobre el reino de Dios invita con frecuencia a romper con las reglas habituales de conducta en su sociedad, pero no por una simple razón de contraculturalidad, sino porque muchas veces esas normas se sustentan en creencias religiosas que sitúan a Dios del lado de los ricos y poderosos justificando así la injusticia con los/as más desfavorecidos/as. La provocación quiere mostrar plásticamente que Dios no entra en ese juego, sino que por el contrario está siempre del lado de los y las que no tienen quien los/as defienda y los/as acoja.

Como en otras ocasiones, en esta parábola Dios se convierte en el único Señor capaz de misericordia y perdón y por eso es el único al que merece la pena servir. Entusiasmados/as por esta Buena Noticia solo es posible actuar con los demás del mismo modo y vivir con la misma pasión y audacia de aquellos que inteligentemente buscan salir de una situación comprometida, pero con una razón diferente: impulsar el Reino y su justicia… responder a Dios padre y madre que ha puesto su confianza en nosotras/os para a su lado cambiar el mundo.

Carmen Soto

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

¡Ilegal!

domingo, 18 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en ¡Ilegal!

Situacion-Lesbos-cadaveres-refugiados-ahogados_841427270_52504083_667x375Me niegan la residencia… Posibilidad de deportación…” Dolor, impotencia, rabia… ¿Qué podemos hacer?

Desde lo profundo un grito silencioso junta palabras y, sin emitir sonido, nos susurra al oído:

¡A escribir!

Esta vez “a cuatro manos”, suman menos… ¡da igual! las dos que faltan, están.

“Cuatro manos” intentando escribir… denunciar, escribir, aliviar, escribir… reconfortar a estas “dos manos” cansadas, silentes…

Cuatro inquietas manos sobre teclados distantes, empeñadas en vocear la in-justicia in-humana que acorrala, que maniata estas “dos manos” que se ausentan, de la habitual ronda de “a seis”.

¿Por qué? por ser i-legal.

Lo dicen quienes clasifican al ser humano sin pizca de humanidad.

Tiempos de oscuridad: malherido el bien común en medio de una puja de poder y capital.

¿Es i-legal cuidar a los indefensos? ¿Es i-legal acompañar ancianos? ¿Estudiar? ¿Tener hijos? ¿Reconfortar a los enfermos en las camas de hospital? ¿Trabajar honradamente?

¿Servir a la comunidad? ¿De verdad es i-legal?

Pon rostro y nombre a las situaciones de in-justicia. Deja que tu conciencia permanezca, por un instante, en el sufrimiento de quienes viven sin derecho a vivir.

¡Aguanta el dolor…! ¡No huyas antes de contestar!

¿Acaso puede alguien ser i-legal en el corazón de Dios?

Yolanda Chaves, Mari Paz López Santos y Patricia Paz

Eclesalia

Espiritualidad , , ,

Emmanuel Carrère: ¿un cristiano desconvertido?

viernes, 16 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Emmanuel Carrère: ¿un cristiano desconvertido?

7-regneLeído en el blog de José Arregi:

Durante los tranquilos días de vacaciones en un pueblecito de La Rioja, entre viñedos verdes y rastrojos dorados inundados de luz y de paz, leí El Reino de Emmanuel Carrère, considerado por algunos como el escritor francés más importante de hoy.

En la obra se entreveran la autobiografía del escritor y la historia de los orígenes del cristianismo, tejida en torno a Pablo y Lucas. Aunque muchas de sus páginas pueden resultan pesadas, es una obra fascinante para quien, como es mi caso, siente en su mente y sus entrañas las profundas transformaciones que la cultura actual reclama al lenguaje y a las instituciones cristianas tradicionales. Se pueden discutir algunas de sus tesis sobre Jesús y sobre Pablo, o echar de menos un mayor rigor científico, pero no entraré en esas cuestiones. Me interesa sobre todo el relato de su trayectoria vital, por el radical desafío que plantea al cristiano del siglo XXI.

En 1990, el autor vivía una profunda crisis personal, hasta la ideación del suicidio. Y buscó refugio en el cristianismo (¿cómo reprochárselo?). Un día, en misa, escuchó las palabras que el Jesús del Evangelio de Juan dirige a Simón Pedro: «Cuando eras joven, tú mismo te ceñías la cintura e ibas a donde querías, pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te la ceñirá y te llevará a donde no quieres». Le llegaron al alma como una revelación. Otro te llevará más lejos. Otro te llevará a ponerte en pie y seguir caminando, cuando no puedes más, cuando te sientes perdido. Y aprenderás a aceptarlo todo y ser libre de todo. Hallarás consuelo. Pero ¿quién es ese “Otro”?

Las tradiciones místicas, incluida la cristiana, lo han entendido como Fondo y Fuente de nuestro ser y de todo lo real, el No-Otro del mundo, ni idéntico al mundo ni separado de él, más allá de todo esquema de dualidad y unidad. Las religiones “teístas”, incluida la cristiana, lo han llamado “Dios” y lo han imaginado como un ente supremo, como una divinidad masculina que planea sobre el mundo y la vida y que desde fuera determina su destino. No tienes más que acatarlo. Es la Verdad: no tienes más que creerla firmemente, incluso en contra de tu razón.

Así lo entendió Emmanuel Carrère en 1990. Creyó firmemente que Dios resucitó a Jesús, a él solo. Que Jesús es el único Cristo, Señor, Hijo de Dios, encarnado en el seno de una madre virgen, muerto por nuestros pecados. Que es el único Salvador y la única Verdad. Créelo y déjate conducir dócilmente. Y para ello, cree a la Iglesia que Cristo fundó y déjate conducir ciegamente por ella. El escritor creyó ciegamente.

Pero pronto le asaltaron las dudas, como es inevitable en toda persona inteligente y honesta, y Carrère lo es. A duras penas se defendió de sus dudas durante un tiempo: el dogmatismo era el precio de la certeza y del consuelo. Pero al cabo de tres años ya no pudo reprimir su razón con todas sus preguntas y dudas. A medida que se sentía más seguro de sí se atrevió a cuestionar todo el edificio dogmático y eclesiástico del cristianismo. Se sintió libre para buscar el misterio de Jesús y del Reino de Dios que anunció, más allá de toda institución.

Pues el Reino es la inversión de los valores y de las verdades establecidas. Lo contrario de la verdad no es la mentira, sino la certeza. Así se desconvirtió de su cristianismo dogmático. Hoy se confiesa –¿de nuevo?– “agnóstico”, “ni siquiera lo bastante creyente para ser ateo”. Hace yoga y taichí, practica la meditación. Cree en la bondad, y “que nada vale fuera de la bondad”. ¿Sigue siendo cristiano todavía? Depende de lo que entiendas por cristiano. Para él, “el cristianismo es acercarse todo lo posible a lo que hay de más pobre y vulnerable en el mundo y en nosotros mismos”. Y punto. ¿No nos diría también Jesús “y punto”?

Ser seguidor de Jesús, el profeta innovador, ¿no requiere hoy desconvertirnos de un cristianismo religioso propio de otros tiempos? ¿No nos llama Jesús a sentirnos libres incluso de sus propias ideas y prácticas religiosas, y a ser fieles a su impulso renovador, al Reino o a lo Hondo de su vida, para que el Evangelio siga también hoy abriendo el corazón a la bondad, la mente al Misterio, el mundo a lo nuevo?

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , ,

Salmo de Confianza

jueves, 15 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Salmo de Confianza

le-pc3a8re-et-lenfant

SALMO DE CONFIANZA

¡No a nosotros, Dios, no a nosotros!

Ni por nosotros, Señor, no por nosotros,

solo por tu nombre, que brille tu gloria;

porque nos amas.

¿Por qué han de decir los que nos humillan:

“miserables ignorantes, donde está su Dios”?

Tú estás en la vida,

tu Espíritu está sosteniéndonos.

Sus ídolos son los dólares y el poder,

resultado de la avaricia desmedida.

Tienen boca y no han aprendido a hablar,

tienen ojos y no han aprendido a ver,

tienen orejas y no han aprendido a escuchar,

tienen nariz y manos, pero son insensibles,

tienen pies pero no avanzan.

Son como ellos, sus fabricantes,

cuya confianza está en un poder falso.

Las comunidades migrantes confiamos en ti, Dios,

eres nuestra esperanza y nuestra fuerza:

Desterrados, humillados, pisoteados, confiamos en ti.

Nos abrazas y nos reconfortas,

nos reconoces y nos bendices:

Bendices nuestro trabajo,

bendices nuestras mesas,

bendices a nuestros hijos,

bendices nuestro futuro,

bendices nuestras esperanzas.

Escuchen, comunidades migrantes:

Si Dios formó las estrellas y las flores,

las abejas y las margaritas,

el amanecer y la montaña;

¿podrá la mezquina sed de poder contra Él?

El futuro pertenece a Dios

y a quienes se dejan mover por su Espíritu.

Quienes se callan ante la injusticia,

los que voltean la mirada,

los que bajan la cabeza para no mirar,

los que no hacen nada,

están muertos.

¡Los muertos no honran a Dios!

Benditas sean las comunidades migrantes del mundo:

Benditos sus pasos,

benditos sus sueños,

benditas sus manos.

¡Honremos a Dios!

Bendigamos a Dios,

escuchen, vean, alégrense:

Brillará su gloria

desde ahora y para siempre.

¡Aleluya!

*

Yolanda Chávez
Los Ángeles (USA).

ECLESALIA, 09/09/16.-

c4ec4-confianza

***

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Ser de intemperie

miércoles, 14 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Ser de intemperie

Del blog Nova Bella:

553954_216914191771342_8225279_n

«¿Qué podrá evocar el Nómada que no sea desnudez y no esté a la intemperie? La fuerza que ha abrazado es tener siempre sus casas recorridas por el viento, su lecho siempre en alta mar, su corazón distante entre lluvias y neblinas. Y sin partidas, en una sucesión interminable de llegadas, pues ha visto en el río de los días que ninguna jornada pudo ser la primera, y sabe que no existe para él reposo, que todo descanso apoya sobre alguna raíz su peso. Nacido en los caminos, su destello es saber que todos han venido sin saberlo de otro sitio, que donde ponen su origen es allá donde empieza su ignorancia, que se hermanan de otro modo que el que creen. Su tiniebla, el terror de no sembrar por fin en la tierra sus huesos

*

Tomás Segovia

1464360208_250273_1464360243_album_normal

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

«Una parábola para nuestros días». 24 Tiempo ordinario – C (Lucas 15,1-32)

domingo, 11 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en «Una parábola para nuestros días». 24 Tiempo ordinario – C (Lucas 15,1-32)

24-TO-600x713En ninguna otra parábola ha querido Jesús hacernos penetrar tan profundamente en el misterio de Dios y en el misterio de la condición humana. Ninguna otra es tan actual para nosotros como esta del «Padre bueno».

El hijo menor dice a su padre: «dame la parte que me toca de la herencia». Al reclamarla, está pidiendo de alguna manera la muerte de su padre. Quiere ser libre, romper ataduras. No será feliz hasta que su padre desaparezca. El padre accede a su deseo sin decir palabra: el hijo ha de elegir libremente su camino.

¿No es esta la situación actual? Muchos quieren hoy verse libres de Dios, ser felices sin la presencia de un Padre eterno en su horizonte. Dios ha de desaparecer de la sociedad y de las conciencias. Y, lo mismo que en la parábola, el Padre guarda silencio. Dios no coacciona a nadie.

El hijo se marcha a «un país lejano». Necesita vivir en otro país, lejos de su padre y de su familia. El padre lo ve partir, pero no lo abandona; su corazón de padre lo acompaña; cada mañana lo estará esperando. La sociedad moderna se aleja más y más de Dios, de su autoridad, de su recuerdo… ¿No está Dios acompañándonos mientras lo vamos perdiendo de vista?

Pronto se instala el hijo en una «vida desordenada». El término original no sugiere solo un desorden moral sino una existencia insana, desquiciada, caótica. Al poco tiempo, su aventura empieza a convertirse en drama. Sobreviene un «hambre terrible» y solo sobrevive cuidando cerdos como esclavo de un extraño. Sus palabras revelan su tragedia: «Yo aquí me muero de hambre».

El vacío interior y el hambre de amor pueden ser los primeros signos de nuestra lejanía de Dios. No es fácil el camino de la libertad. ¿Qué nos falta? ¿Qué podría llenar nuestro corazón? Lo tenemos casi todo, ¿por qué sentimos tanta hambre?

El joven «entró dentro de sí mismo» y, ahondando en su propio vacío, recordó el rostro de su padre asociado a la abundancia de pan: en casa de mi padre «tienen pan» y aquí «yo me muero de hambre». En su interior se despierta el deseo de una libertad nueva junto a su padre. Reconoce su error y toma una decisión: «Me pondré en camino y volveré a mi padre».

¿Nos pondremos en camino hacia Dios nuestro Padre? Muchos lo harían si conocieran a ese Dios que, según la parábola de Jesús, «sale corriendo al encuentro de su hijo, se le echa al cuello y se pone a besarlo efusivamente». Esos abrazos y besos hablan de su amor mejor que todos los libros de teología. Junto a él podríamos encontrar una libertad más digna y dichosa.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , ,

«Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta». Domingo 11 de septiembre de 2016. 24º Ordinario

domingo, 11 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en «Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta». Domingo 11 de septiembre de 2016. 24º Ordinario

49-ordinarioC24 cerezoLeído en Koinonia:

Éxodo 32, 7-11. 13-14: El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado:
Salmo responsorial: 50: Me pondré en camino adonde esta mi padre.
1Timoteo 1, 12-17: Cristo vino para salvar a los pecadores.
Lucas 15, 1-32: Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Los textos de la liturgia de hoy nos presentan un variado abanico de temas entre los que podemos elegir para nuestra reflexión.

La parábola del padre misericordioso

Antes la llamábamos la parábola del hijo pródigo… Pero el principal protagonista en ella no son los hijos, sino el Padre, siempre lleno de misericordia, por encima de todo.

Con gestos y palabras Jesús expresa su predilección por aquellas personas que en su época eran consideradas “perdidas” a causa del pecado. La cercanía y el cariño manifestado hacia ellos era motivo de crítica por parte de quienes se erigían como garantes de la fe y la religión. Jesús justifica su manera de proceder dándonos a conocer lo que aprendió de su Padre. Sus palabras nos ayudan a entender que su vida es un reflejo del corazón de Dios.

La parábola de “un padre que tenía dos hijos” revela a Dios como un Padre que venera a sus hijos con amor entrañable. La compasión, la misericordia y la ternura son sus notas más características. El relato nos hace saber que Dios ama a sus hijos, que los acompaña en sus decisiones y sufre sus yerros; que aguarda esperanzado y con ansias su regreso; efusivo en sus demostraciones de cariño; que festeja con alegría el momento del reencuentro. ¿Qué habrán sentido los oyentes de la parábola al oír estas palabras? ¿Qué habrán experimentado al saber que Dios estaba contento por reencontrarse con los pecadores, tanto tiempo excluidos de la mesa fraterna? ¿Con qué personajes de la parábola se habrán identificado? ¿Qué habrán pensado unos y otros? ¿Era posible que Dios actuase así con todos? ¿Era necesario dejar en evidencia el reproche y la amargura de aquellos que creían conocer a Dios, pero se daban cuenta que habían errado también ellos en el modo?

Padres… y madres

La parábola también puede parecer un icono del amor que muchas madres tienen por sus hijos cuando se meten en problemas o pasan dificultades. Porque sobre todo en nuestro continente latinoamericano, muchos hogares populares tienen por cabeza de familia a la madre; el padre no está ahí para aguardar pacientemente a los hijos que se fueron.

Pensemos especialmente en aquellas mujeres sufridas de nuestro pueblo que luchan para que sus hijos salgan de la trampa de las adicciones o la delincuencia. ¡Cuánto dolor en su corazón de madres! ¡Cuánta incomprensión hacia ellas por parte de otros miembros de la familia, que no entienden su cariño! ¡Y cuánta alegría cuando ven que ellos retoman el rumbo correcto, que se recuperan, que salen de la muerte! ¡Con cuánto amor los cuidan y los sostienen hasta en los peores momentos! Pensemos también en las madres que no se cansan de buscar y pedir que regresen con vida sus hijos desaparecidos, víctimas de la violencia.

¿Se perdió una… o las 99?

Jesús habla de la pérdida de una oveja, y dice que lo normal es dejar por el momento las 99 en el redil y salir a buscar a la extraviada. Pero se está dando alguna situación en la que parece que las cifras se han invertido: serían casi 99 las que se extraviaron, y sólo quedan unas pocas en el redil.

Eso es lo que parece sugerir la realidad (que a veces iguala la ficción) en algunas latitudes eclesiales actuales, por ejemplo en el Norte de Europa y de América. Allí, en muchas partes, los cristianos andamos desconcertados. Piensan que una ola creciente de materialismo nos invade, que han muerto las viejas utopías, que una política monetarista y de realismo a ultranza se impone a todos los niveles. La sociedad parece secularizarse a marchas forzadas, y parece que la barca de Pedro zozobra… Muchos se han ido, y los hemos despedido con tristeza y resignación. Otros no entran en el aprisco, el panorama no les atrae. Quedamos unos pocos que, replegados sobre nosotros mismos, nos dedicamos a salvar-conservar lo que nos queda, ya que mucho se ha perdido. Da la impresión de que, efectivamente, se fueron las noventa y nueve ovejas, quedando sólo unas pocas, a cuya atención y conservación deberíamos dedicarnos por entero.

Como estamos en tiempos de «Iglesia en salida», es obvio que no vale el argumento de conservar los restos para justificar el no salir a la calle al encuentro de las 99. Pero tampoco servirá de mucho el salir a la búsqueda de esas 99, para volverles a presentar lo mismo, aquello de lo que ellos han querido alejarse. El caso es hoy más complejo: porque cuando se trata de un fenómeno tan masivo como es en el Norte de Europa y de América, no se puede seguir echando la culpa a la secularización… (No podemos maldecir la realidad sociológica: el mundo moderno es secular, y no va a poder ser de otra manera; lo que sí tendríamos que tener es una versión del cristianismo propia para el mundo secular, no pedir a las 99 que vuelvan a un redil del que culturalmente ya salieron hace tiempo).

En América Latina no estamos en esa situación todavía, aunque los observadores socio-religiosos insisten en que vamos también en esa dirección, que nadie piense que América es distinta. De hecho, Argentina, México, y las grandes metrópolis ya presentan síntomas (y números) claros.

Los diez mandamientos

La primera lectura nos presenta el tema de los diez mandamientos… Dios se los habría dado a Moisés para el pueblo de Israel, y después para los cristianos, e intencionalmente para toda la humanidad. Serían en fundamento de la moral. Sin ellos no sabríamos cómo conducirnos moralmente. Antes de ellos (sólo nuestra especie concreta tiene 200.000 años, pero los mandamientos del monte Sinaí no podrían tener en ningún caso más de 3.200) tal vez estuvimos en un estado de amoralidad animal…

No cabe duda de que los 10 mandamientos han jugado un papel importante en el judeocristianismo (como en otras religiones lo han jugado sus diversas formulaciones morales). Y todavía hoy para muchos cristianos son la referencia moral explícita de la voluntad de Dios. Pero tampoco cabe duda de que ya hay muchas personas cultas, estudiosas, conocedoras de la historia, de la arqueología, de la psicología… que se sienten mal si van a la misa y escuchan comentar esos textos como si fueran el relato fidedigno de una revelación divina que tuvo lugar en el Sinaí, a manos de Moisés, que seguiría siendo todavía hoy el fundamento de la moralidad humana… Quizá este malestar tenga mucho que ver con esas 99 ovejas que en algunas latitudes han abandonado el redil. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , ,

Dom 11.9.16. Justicia del hijo, misericordia del padre.Un tema abierto

domingo, 11 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Dom 11.9.16. Justicia del hijo, misericordia del padre.Un tema abierto

Rembrandt_Harmensz._van_Rijn_-_The_Return_of_the_Prodigal_SonDel blog de Xabier Pikaza:

Dom24 tiempo ordinario. Ciclo C. Lucas 1-32. La parábola llamada «del hijo pródigo» deja el tema sin resolver. El hermano menor ha vuelto a casa, tras gastar la herencia, y su llegada enfrenta al padre con su hijo mayor:

El hijo mayor representa la justicia de la ley. A su juicio, hijo menor (pródigo) que ha gastado el dinero de la herencia en fiestas y pecados debe pagar por lo que ha hecho.

Hay que castigarle, ponerle a trabajar duro, que reconozca no sólo su pecado, sino que devuelva lo gastado, para que la herencia común pueda repartirse bien entre los dos hermanos.

El padre representa la misericordia.Más que la justicia, le importa el hijo menor, que ha estado en trance de perderse. Ciertamente, más tarde, celebrada la fiesta, se podrá hablar quizá de justicia (de cómo replantear nuevamente las cosas, entre los dos hermanos,de cómo repartir trabajos y gastos), pero por ahora, ante el hijo que vuelve, ha de expresarse la misericordia: la fiesta del vino y ternero cebado, con la música y el baile.

El hijos menor, el pródigo, queda así en medio de las dos actitudes, ejemplarmente representadas por el padre y el hermano mayor.

El Padre es la misericordia antes de la ley. Es el amor y la fe que valora a las personas, por encima de todo lo que han hecho, no porque todo dé lo mismo, sino porque el perdón y la fiesta puede cambiar al mismo pródigo (que tiene necesidad de cambiar, no sólo por justicia, sino por dignidad personal).

— El hijo mayor es la ley antes de la misericordia. Que su hermano empiece pagando, y que lo haga en serio… Sólo después, si se convierte de verdad y paga la deuda, se podrá hablar de fiestas.

La solución del problema no es fácil. Porque el problema no habla sólo de hermanos en privado y de padres buenos… Habla de la vida social, de la responsabilidad ante la justicia… y de la misericordia. Hay que intentar reconocer también las razones del hermano mayor… (así lo he querido mostrar en mi libro sobre la misericordia).

En este contexto de la parábola se sitúa el Congreso sobre Mística y Misericordia que se ha celebrado en Ávila a lo largo de este semana.

— Una mística sin misericordia acaba siendo estéril y en el fondo injusta, pues se evade del mundo de Jesús, del sufrimiento de los pobres.

— Una misericordia sin mística pierde su «mordiente», es decir, su base, su orientación, su «gasolina», si es que puede emplearse esta palabra popular.

Buen domingo a todos, buena reflexión y mejor opción, a favor de la misericordia justa y de la justicia misericordiosa.

Texto (parte final)

a. El principio misericordia: El Padre

El hijo pródigo vuelve y le dice al Padre:»Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.»Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.

b. Principio justicia. El hermano mayor

Su hijo mayor estaba en el campo.Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

c. Un intento de solución

Y él mayor replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»

El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Una reflexión abierta

El centro no es el hijo que vuelve, quizá arrepentido, sino el Padre que le espera y acoge, con misericordia, ofreciéndole una terapia de amor y de fiesta. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Cuatro actitudes ante los pecadores. Domingo 24 Ciclo C.

domingo, 11 de septiembre de 2016
Comentarios desactivados en Cuatro actitudes ante los pecadores. Domingo 24 Ciclo C.

hijo prodigoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Por una extraña coincidencia, las tres lecturas de este domingo hablan del perdón a los pecadores, tema muy de acuerdo con este año de la misericordia.

Moisés: intercesión

            Según el libro del Éxodo, Moisés pasó cuarenta días en la cumbre del monte Sinaí hablando con Dios. Demasiado tiempo para el pueblo, que termina pensando que ha muerto. En busca de algo que le ofrezca garantía y seguridad, convence al sacerdote Aarón para que fabrique un becerro de oro. En el Antiguo Oriente, el toro era un símbolo muy adecuado para representar la fuerza y vitalidad de un dios, y por eso los israelitas proclaman: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto».

            Sin embargo, construir imágenes de Dios es una forma de intentar manipularlo. A la imagen se la puede premiar o castigar; se la puede ungir con perfumes y ofrecer regalos si Dios me concede lo que quiero, o se la puede privar de todo si no me lo concede. Además, la imagen destruye el misterio de Dios reduciéndolo a un objeto visible.

            ¿Cómo reaccionará el Señor ante este pecado? El relato no carece de cierto humor. Dios se muestra indignado, pero no actúa. Al contrario, provoca a Moisés para que interceda por el pueblo. Como un padre que, indignado con su hijo, le dice a su esposa que piensa castigarlo para que ella interceda y le anime a perdonar.

            Las palabras que dirige a Moisés: «se ha pervertido tu pueblo, el que sacaste de Egipto» recuerdan a las que tantas veces dice un marido a su mujer: «tu hijo…», como si no fuera también suyo. Como si Israel no fuera el pueblo de Dios y no hubiera sido él quien lo sacó de Egipto. El tono humorístico, dentro de la tragedia, alcanza su punto culminante cuando Dios le pide permiso a Moisés para terminar con el pueblo: «Déjame, mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».

            Pero Moisés no se deja tentar por la promesa de ese nuevo gran pueblo. “El que ahora guío ˗le responde a Dios˗ aunque sea pervertido y de dura cerviz, es tu pueblo, el que sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta. No me eches a mí la culpa y acuérdate de lo que prometiste a Abrahán, Isaac y Jacob”. Bastan estas pocas palabras para que el Señor se arrepienta de la amenaza.

            Dos grandes enseñanzas en este breve relato: 1) lo fácil que es convencer a Dios para que perdone; 2) el responsable de la comunidad nunca debe rechazarla por más pervertida que pueda parecer; su postura debe ser la de Moisés, recordando lo bueno que hay en ella y defendiéndola.

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:

– «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:

«Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.»»

Y el Señor añadió a Moisés:

– «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»

Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:

– «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abraham, Isaac y Jacob, a quienes juraste por ti mismo, diciendo:

«Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.»»

Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Los seglares piadosos y los teólogos: rechazo y crítica

«En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

            La lección de Moisés, intercediendo por los pecadores, no la han aprendido los teólogos de la época (los escribas) ni los seglares piadosos (fariseos). Son partidarios de una separación radical de buenos y malos que excluya cualquier contacto entre ellos. Y, dentro de los malos, los peores son los publicanos, explotadores al servicio de Roma, y los pecadores, gente que no va a la sinagoga el sábado, no ayuna, no reza tres veces al día, no paga el tributo al templo ni los diezmos, no observa las leyes de pureza, etc.

            Pero lo interesante es que escribas y fariseos no se indignan con los pecadores sino con Jesús, porque los acoge y come con ellos. No debe extrañarnos demasiado. ¿Qué dirían muchos católicos, obispos incluidos, si viesen hoy día a Jesús tomándose una cerveza en la sede de LGTB?

Jesús: alegría y acogida

            A la murmuración y la crítica de sus adversarios Jesús no responde con un ataque durísimo a su hipocresía sino contando tres parábolas (la oveja perdida, la moneda perdida y los dos hermanos), que insisten las tres en la alegría de Dios por la conversión de un solo pecador.

            ‒ Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al Regar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

            Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.


También les dijo:

            ‒ Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes.

            No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. 

            Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”

            Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. » Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» 

            Y empezaron el banquete.

            Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado

            La parábola de los dos hermanos (conocida con el título equivocado de “el hijo pródigo”) es la que más encaja con el problema inicial. El hermano menor representa a publicanos y pecadores, el mayor a escribas y fariseos. Quien lee la parábola sin prejuicios, se escandaliza de la conducta del padre, que malcría a su hijo menor mientras se muestra duro y exigente con el mayor. Este escándalo es el mismo que experimentaban los fariseos y escribas con Jesús. Y es el que él quiere que superen pensando en el amor y la alegría que siente Dios como padre que recupera un hijo perdido. El que no vea a Dios como padre, sino como legislador, obsesionado porque se cumplan sus leyes, nunca podrá comprender esta parábola ni la vida y el mensaje de Jesús.

            La parábola nos ayuda al mismo tiempo a autoevaluarnos.     A veces nos portamos con Dios como el hijo pequeño que se marcha de la casa y sólo vuelve cuando le interesa; otras, en circunstancias familiares difíciles, actuamos como el padre, perdonando y aceptando lo inaceptable; otras, como el hermano mayor, condenamos al que no se comportan adecuadamente y evitamos el contacto con él. Conviene repasar la propia historia desde estos tres puntos de vista y ver cuál predomina.

Dios: compasión

            Los textos anteriores enseñan a través de relatos (Éxodo) y parábolas (evangelio), la segunda lectura cuenta la experiencia personal de Pablo. Él, fariseo de pura cepa, termina descubriéndose como «un blasfemo, un perseguidor y un violento». Ha maldecido a Jesús, ha metido en la cárcel a los cristianos, ha querido exterminarlos. «Pero Dios tuvo compasión de mí… Dios derrochó su gracia en mí… Jesús se compadeció de mí». La experiencia de Pablo, en mayor o menor grado, es la de cualquiera de nosotros. Y nuestra reacción debe ser también la suya de servicio y alabanza a Dios.

            Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17

Querido hermano:

Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mi: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Biblia, Espiritualidad , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.