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¿Quién soy yo? la respuesta se halla en el silencio.

domingo, 13 de enero de 2019
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599c9badcaa54_juanbautistaGDomingo después de Epifanía: Fiesta del Bautismo de Jesús. 13 enero 2019

Lc 3, 15-16.21-22

Los evangelistas presentan a Jesús como el Mesías esperado que “bautiza con Espíritu Santo y fuego”, es decir, que comunica la misma vida divina. Para ellos, Juan es solo el “precursor”, quien anuncia que “el tiempo último se ha cumplido”, pero es con Jesús con quien se hace presente la plenitud.

Más dificultad debieron experimentar para explicar el motivo por el que el propio Jesús se pusiera en la fila de quienes esperaban a ser bautizados por Juan. Porque este hecho no resultaba fácil de conciliar con lo que ellos mismos afirmaban a propósito de su Maestro. La disonancia es de tal calibre que, probablemente, nos hallamos ante un dato estrictamente histórico: ningún discípulo se hubiera atrevido a afirmar el bautismo de Jesús por parte de Juan, de no haber ocurrido realmente.

En cualquier caso, lo que interesa al evangelista es la proclamación que introduce a continuación, con la que presenta la fe de aquella primera comunidad en Jesús como “el hijo amado” de Dios.

Esta proclamación nos remite a la cuestión decisiva: ¿quiénes somos? Desde la mentalidad judía, de Jesús se dijo que era “el hijo amado de Dios” y, más tarde, desde la fe cristiana, se le reconoció como “Dios y hombre”, “el Hijo de Dios encarnado”.

Pues bien, eso que se afirma de Jesús es válido igualmente para todos los seres humanos. Todos somos Plenitud de Presencia expresándose y experimentándose en esta forma concreta que llamamos “persona” o “yo”.

Ahí radica el secreto profundo de nuestra paradoja. Y eso explica que todo radique en encontrar la respuesta adecuada a la pregunta quién soy yo. Pero esa respuesta no puede provenir de la mente.

Por ese motivo, me parece que ante cualquier pregunta mental –que tiende a encerrarnos en discusiones tan prolongadas como estériles–, lo adecuado es “retraducirla” a esta otra: ¿quién soy yo? A diferencia de las otras, esta primera cuestión nos resitúa –nos coloca en “otro lugar”– y, al resituarnos, toda pregunta mental aparece en el marco adecuado. De otro modo, podemos enzarzarnos en debates interminables que no pasarán de ser meros juegos mentales.

La mente, necesariamente ambigua e incapaz de atrapar la verdad, no puede conducirnos más allá de sí misma. Es una herramienta preciosa para manejarnos en el mundo de los objetos –de las formas– y para desenmascarar la irracionalidad –este es el gran logro de la llamada “razón crítica”–, pero se revela absolutamente incapaz de responder a la gran cuestión: ¿quién soy yo? En este campo, lo que se requiere es justamente aprender a acallarla si queremos empezar a ver con claridad. Tal como repite Marià Corbí, siguiendo lo que han dicho sabios y místicos de todos los tiempos, “el silenciamiento desde la mente pretende conducir nuestra comprensión hasta llegar a ver con toda claridad que lo que damos por realidad es solo una construcción de nuestra mente” [1].

Ante cualquier debate, sobre todo si nos vemos “pillados” emocionalmente –el sujeto de la emoción siempre es el ego–, el camino adecuado es el de acallar la mente y abrirnos a saborear la Verdad que se oculta en el Silencio. Ahí salimos de la ambigüedad y experimentamos la Plenitud que, constituyendo nuestra identidad, transciende por completo el mundo de las formas y de las construcciones mentales. Es justamente el Silencio quien guarda la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, tal como recuerda la bella parábola de Chuang-Tzú (siglo IV a.C.):

“El Emperador Amarillo fue paseando al Norte del Agua Roja, a la montaña de Kwan Lun. Miró a su alrededor desde el borde del mundo. Camino a casa, perdió su perla del color de la noche.

Mandó a la Ciencia a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó al Análisis a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó a la Lógica a buscar su perla, y no consiguió nada. Entonces preguntó a la Nada. ¡Y la Nada la tenía!

El Emperador Amarillo dijo: “Es en verdad extraño: ¡La Nada, que no fue mandada, que no trabajó nada para encontrarla, tenía la perla del color de la noche!”.

“¿Por qué somos temporales?, se pregunta Pedro Miguel Lamet. ¿No sería mucho mejor ser eternos? En realidad somos temporales y eternos a la vez, si despertamos a nuestra auténtica identidad. Y después de todo, ¿este sentirse temporal no es también fuente de gozo? ¿No hay un sabor a infinito en todo lo finito?” [2].

En esa comprensión se halla la clave de la sabiduría, que Fidel Delgado formula en clave de bienaventuranza: “Feliz quien se sabe en camino y en casa a la vez” [3].

¿Vivo consciente de lo que soy? ¿En qué se nota?

 

Enrique Martínez Lozano

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[1] M. CORBÍ, Silencio desde la mente. Prácticas de meditación, Bubok, Barcelona 2011, p.15.

[2] P.M. LAMET, El sabor eterno del tiempo, en http://www.pedrolamet.com/?p=1503

[3] F. DELGADO, Prólogo al libro de E. MARTÍNEZ LOZANO, Metáforas de la no-dualidad. Señales para ver lo que somos, Desclée De Brouwer, Bilbao 2018, p.21.

Fuente Fe Adulta

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Los cielos están abiertos para todos

domingo, 13 de enero de 2019
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bautismo-de-jesc3bas1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. EL BAUTISMO EN EL RÍO JORDÁN: EN EL DESIERTO, NO EN EL TEMPLO.

Hemos terminado de celebrar la Navidad y -para entendernos- entre el nacimiento de Jesús y el relato que acabamos de escuchar han transcurrido treinta años.

El bautismo se solía celebrar en el templo, en las piscinas del Templo de Jerusalén.

Juan Bautista se encuentra en el desierto, en el río Jordán. Juan lleva el templo y el culto al desierto, que evoca el Éxodo y la libertad. La relación con Dios no se resuelve tanto en los ritos del templo sino en el camino del desierto de la vida, en el camino hacia la tierra de promisión, en la libertad.

La situación y la escena es parecida a la del encuentro de Jesús con la samaritana: A Dios se le adora en espíritu y honradez.

Posiblemente el Bautismo solamente se celebra cuando hay amor a la libertad, a la tierra de promisión, cuando se intenta tener un espíritu honrado.

02. BAUTISMO DE JESÚS: SOLIDARIDAD DON LA HUMANIDAD.

El que no tenía pecado se hace solidario con nosotros, comparte las penas y sufrimientos de la humanidad.

Jesús desciende a lo profundo de las aguas (a los infiernos) con nuestras debilidades.

Jesús comparte con nosotros la densidad de nuestra historia y de nuestras historias.

Jesús se hizo uno de nosotros (San Pablo).

El papa, Benedicto XVI, hace una lectura hermosa de este pasaje en su libro “Jesús de Nazaret”

Jesús había cargado con toda la culpa de la humanidad: entró con ella en el Jordán.

03. LOS CIELOS SE ABREN.

El pueblo de Israel (¡y gran parte la mentalidad católica!) pensaba que los cielos estaban cerrados para la humanidad.

Ha pasado al lenguaje coloquial y es hermoso experimentar, escuchar o decir: “se le abrió el cielo”, “se me abrieron los cielos”. Bueno, pues esto es lo que JesuCristo experimentó y nos comunicó desde el comienzo de su misión de Jesús: que los cielos se han abierto.

El relato del Bautismo de Jesús significa que el camino hacia nuestra salvación, hacia la casa de Dios Padre está definitivamente abierto.

Jesús abre los cielos: Dios Padre ha abierto su casa al hijo pródigo (en realidad nunca la había cerrado, pero los sistemas religiosos se empeñan siempre en condenar al ser humano). El banquete está preparado para todos. Zaqueo está invitado, el buen ladrón está también en los cielos.

Los cielos se han abierto para todos y definitivamente.

Esperemos que no sea verdad aquello de que lo que salva el Evangelio lo condenan los eclesiásticos.

04. CONSOLAD A MI PUEBLO (ISAÍAS / 1ª LECTURA).

Vitral de San Juan Bautista en la Iglesia de San Cipriano de Muskildi (Zuberoa)Es una hermosa tarea abrir cielos y tierras, alimentar esperanzas, consolar al pueblo.

El relato del bautismo de Jesús es un texto de revelación: Este es mi hijo amado. Lo que Jesús nos revela es que ha sido enviado a sanar los corazones que sufren, curar a los enfermos, dar de comer a los hambrientos, liberar las conciencias, a consolar. Jesús pasó la vida haciendo el bien.

Consolar es aliviar, -cuando menos intentarlo- una pena, un sufrimiento.

Claro que para ello hay que haber experimentado en nuestro propio ser el alivio y el consuelo. Quien no tiene experiencia de la bondad humana, del amor humano y de Dios, difícilmente podrá consolar a los demás.

FANATISMO

Las actitudes fanáticas de personas religiosas, políticas, de corte nacional, de determinadas instituciones, etc. en el fondo es que no han experimentado el amor y la bondad de la vida, de Dios, de los demás.

El fundamentalismo que muestran algunos obispos y curas en el fondo es una carencia de afecto, ternura e indulgencia originarios. El que no ama, no ha conocido a Dios, (1Jn 4,8).

Los fanatismos, las superortodoxias, las intransigencias en el fondo no son tanto problemas políticos o cristianos, cuanto problemas de origen y contenido psíquico de falta de consuelo, de amor. Quien tiene experiencia del amor, no es fanático, ni fundamentalista.

Muchas personas religiosas ordenan, disponen e imponen, mandan, etc. El cristiano consuela, alivia, ayuda.

Quizás sea por estas cosas por las que el papa Francisco sea mal visto y poco apreciado en determinados sectores católicos: porque Francisco en el fondo ayuda, consuela, alivia…

Noble tarea la de consolar en la vida.

05. MIENTRAS JESÚS ORABA.

Jesús se encuentra con Dios en el silencio y la oración (como nosotros). Y ahí es donde se manifiesta que Jesús es hijo de Dios.

Jesús toma conciencia de su ser y misión en los grupos de Juan Bautista (conciencia mesiánica). Jesús lentamente va tomando conciencia de que Dios se expresa en Él.

Jesús sentía que Dios Padre embargaba su vida, le protegía, le impulsaba.

En el evangelio de Lucas la oración tiene una importancia mayor que en otros. Lucas presenta a Jesús orando en los momentos decisivos:

o El bautismo le “pilla” a Jesús orando, (Lc 3,21).

o En toda su actividad pública, Jesús se retiraba para orar, (Lc 5,16)

o Jesús ora cuando ha de escoger a los Doce (Lc 6,12-13)

o La oración transfigura a Jesús (y no al revés), (Lc 9,28-29).

o Cuando ora, Jesús expresa su experiencia de Dios: Padre, (Lc 11,1).

o Jesús agradece a Dios los signos que se van dando en su misión, que es del Padre, (Lc 10,21).

o Cercana ya la muerte, en el huerto de los Olivos, Jesús ora “trágicamente”, (Lc 22,39-46).

o En la cruz Jesús ora y pone su vida-muerte en manos de Dios Padre, (Lc 23,46).

o También en la cruz Jesús ora a Dios Padre por quienes le están ejecutando: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.

Acabamos de celebrar la Navidad. Jesús es hijo de María: nace de entre nosotros.

De la misma manera, Jesús tomó conciencia de su ser y misión en su familia, en la sinagoga, en los grupos de Juan Bautista (conciencia mesiánica), en el silencio y en la oración.

Jesús toma conciencia de su misión en la oración. Jesús “no viene a este mundo con la lección sabida”, sino que Jesús va madurando en la oración. Jesús va tomando conciencia de los problemas que va viendo y viviendo: el tipo de religión, el fariseísmo y legalismo, el Templo ritualista, la injusticia de saduceos, sacerdotes, la pobreza, etc. Jesús lentamente va tomando conciencia de que las cosas no van como Dios Padre quiere. El poder (Pedro) piensa como los hombres, pero no como Dios, etc. Dios Padre tiene otro designio que, poco a poco, se va expresando en Él.

La oración no es una huida del mundo y de los demás, la oración no le encierra a Jesús en sí mismo, sino que le impulsa a la madurez, a contrastar las cosas con Dios y a la solidaridad.

Todo ser humano necesitamos momentos de silencio, de reflexión y de oración, de encuentro con nosotros mismos, con los demás y con Dios.

La oración no es un narcisismo, sino un “hogar” en el que vivimos en silencio y contemplación las cosas de “casa”, nos vemos en nuestro caminar con nuestras ilusiones y preocupaciones, nuestras enfermedades y limitaciones, en la oración vemos las injusticias, y todo lo vemos y vivimos con Dios como ultimidad y los demás como referencia.

La oración es la brecha por la que se nos abren los cielos.

LOS CIELOS ESTÁN ABIERTOS

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Fiesta de la Epifanía del Señor. 6 de enero de 2019

domingo, 6 de enero de 2019
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Leído en Koinonia:

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Isaías 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti. 
Salmo responsorial: 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra. 
Efesios 3, 2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos. 
Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente para dorar al Rey.

 La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (Tercer Isaías) corresponde a la restauración, es decir, al regreso a Jerusalén de los exiliados en Babilonia, regreso a la gran ciudad de Dios. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra. Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la «Epi-fanía», confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas, que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, de «convertir al cristianismo» a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era entendida desde la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos… Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino: a ser «un sólo rebaño, con un solo pastor»…

Hoy todo esto ha cambiado, aunque muchos cristianos (incluidos muchos de sus pastores) todavía siguen en la visión tradicional. Buen día hoy, pues, para presentar estos desafíos y para profundizarlos. No desaprovechemos la oportunidad para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas. En la RELaT (servicioskoinonia.org/relat) hay muchos materiales para estudiar el tema, así como para debatirlo en grupos de estudio o de catequesis.

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación con intenció teológica.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los «reyes magos» no fueron ni reyes ni magos en el sentido actual de estas palabras; habrían sido astrólogos o estudiosos del cielo. Fue el teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) quien aseguró que los magos serían reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia vieron simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo. Leer más…

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Santa María Madre de Dios. Martes 01 de Enero de 2019

martes, 1 de enero de 2019
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De Koinonia:

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Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre JesúsEn aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

*

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*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios.

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Santa María, Madre de Dios – C (Lucas 2,16-21)

martes, 1 de enero de 2019
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1e7d38b4250ecca9ea85947cb0758f9b--religious-paintings-religious-iconsOración para Nochevieja

Señor, antes de entrar en el bullicio y el aturdimiento del fin de año, quiero esta tarde encontrarme contigo despacio y con calma. Son pocas las veces que lo hago. Tú sabes que ya no acierto a rezar. He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño y no he aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.

Señor, en realidad, ya no sé muy bien si creo en Ti. Han pasado tantas cosas estos años. Ha cambiado tanto la vida y he envejecido tanto por dentro. Yo quisiera sentirme más vivo y más cercano a Ti. Me ayudaría a creer. Pero me resulta todo tan difícil.

Y, sin embargo, Señor, yo te necesito. A veces me siento muy mal dentro de mí. Van pasando los años y siento el desgaste de la vida. Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos. Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.

Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas, las mismas preocupaciones, los mismos trabajos. Y así, ¿hasta cuándo?

Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro. Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero a mi edad no se pueden esperar grandes cambios. Estoy ya demasiado acostumbrado a un estilo de vida. Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.

Por otra parte, Tú sabes cómo me dejo arrastrar por la agitación de cada día. Tal vez por eso no me encuentro casi nunca contigo. Tú estás dentro de mí y yo ando casi siempre fuera de mí mismo. Tú estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas.

Si al menos te sintiera como mi mejor Amigo. A veces pienso que eso lo cambiaría todo. Qué alegría si yo no te tuviera esa especie de temor que no sé de dónde brota pero que me distancia tanto de Ti.

Señor, graba bien en mi corazón que Tú hacia mí solo puedes sentir amor y ternura. Recuérdame desde dentro que Tú me aceptas tal como soy, con mi mediocridad y mi pecado, y que me quieres incluso aunque no cambie.

Señor, se me va pasando la vida y, a veces, pienso que mi gran pecado es no terminar de creer en Ti y en tu amor. Por eso, esta noche yo no te pido cosas. Solo que despiertes mi fe lo suficiente para creer que Tú estás siempre cerca y me acompañas.

Que a lo largo de este año nuevo no me aleje mucho de Ti. Que sepa encontrarte en mis sufrimientos y mis alegrías. Entonces tal vez cambiaré. Será un año nuevo.

José Antonio Pagola

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Uno de Enero 2019, Día del Sol. Fiesta de Dios Padre y de María Madre

martes, 1 de enero de 2019
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49072846_1144786495698541_6328167224372625408_nDel blog de Xabier Pikaza:

Nació Jesús según la tradición del hemisferio norte el 25 de Diciembre, solsticio de invierno, cuando empezaba a celebrarse la fiesta del Sol, que dejaba de menguar, tras haber declinado a lo largo de otoño.

Tras una semana en que el Sol apenas se había elevado en el horizonte, siete días de frío y poca luz, el sol comenzaba (¡ha comenzado a elevarse!) de manera que se puede celebrar ya el Año Nuevo, tres fiestas en una, este día en que Sol ha empezado a crecer, añadiendo unos minutos a los días:

1. Hoy, Uno de Eneero, es la fiesta del año nuevo del Sol (imagen 2: Sol niño en el vientre de María Madre), que con su luz y calor ofrece a la tierra un nuevo ciclo de vida. No olvidemos hoy al Sol, que es la luz de nuestra tierra, primer signo del Cristo, a quien los cristianos celebraron desde antiguo como Sol Naciente, no sol de imperios que dominan e imponen su norma sobre el mundo, sino sol de amor, plantas que crecen, otra vez la Vida. No olvidemos que esta fiesta es una celebración compartida, con todos aquellos que dan gracias por el Sol, en oriente y occidente.

2. Ésta es la fiesta del año nuevo de María, la Madre de Dios, la Virgen de Enero (que significa Tiempo de la puerta, ianua, puerta abierta a la vida, a quien muchos cristianos católicos celebran hoy como «madre de la vida» (Imagen 2: María madre del año niño), como signo y recuerdo de la gran maternidad del cosmos, que se enciende de rojo de amor, como esta mañana de frío en Castilla, alumbrando el horizonte. Con ella decimos hoy Dios es Madre, y celebramos la fiesta universal de María… Pero ésta no es sólo una Fiesta de Cristianos, sino de todos los hombres y mujeres que celebran y honran a sus madres, que son con el sol el principio de la vida (como decían los medievales).

49099524_1144781155699075_5091609593977503744_n3. Es finalmente la fiesta del año nuevo del Padre Dios, y así quiero recordarlo en especial esta mañana, recordando que es la Fiesta del Dios Padre. Cuando le preguntó Moisés un día como hoy en la montaña de la Zarza Ardiendo quién era, Dios le respondió soy el que soy (=Yahvé), sin darle mas respuesta. Pero Jesús vino a decirnos que no tengamos miedo en llamarle Abba, Aitá: Dios es Padre. Esta es la fiesta de los padres que se oponen a las madres, sino que comparten con ellas el camino de la vida que se ofrece, se regala, se celebra.

De esa manera, hoy, Uno de Enero, acabado el solsticio de invierno del hemisferio norte, podemos declarar comenzado el Año Nuevo del Sol, simbolizado por la Madre Universal, Naría, Fiesta del Padre Dios y de todos los padres.

Definitivamente, el sol se eleva, empieza a recorrer la marcha del año 2019 de la era cristiana, animado por el Dios que es Padre y Madre, con el Sol de Jesús, a la semana de su nacimiento, quiero deseas felicidades, 375 días de felicidad 2019, a todos los amigos del blog, a los familiares y los lectores.

Detalle AmpliadoSe ha cumplido el tiempo, no podemos seguir en la violencia y el odio. Llega, tiene que llegar el Reino del Sol hijo de Dios, la nueva creación, con ese Dios de Miguel Ángel (imagen 3), que abraza con la izquierda a la Mujer Sabiduría, tocando con los dedos de su mano derecha nuestros dedos (¡todos somos Adán!), mientras nos dice: ¡Feliz Año, levantaos ya, vivid sin miedo, pues yo estoy con vosotros!

Llega el Reino de la Humanidad fraterna, tiene que llegar, porque Dios es Padre/Madre y podemos re-nacer y re-novarnos (buscar la paz, vivir en ella) porque somos sus hijos .

Con esta fe en el Dios creador, Padre de los años, Padre/Madre quiero saludar a todos los amigos y comentaristas del blog al comienzo de este Año Nuevo de la Era Cristiana (era común), 2019.

Imágenes: Del altar del Santa María del Sol Niño que nace, según un modelo bizantino, del año 1460, Virgen del Adviento (en la catedral de Córdoba, España, en el recinto de la Mezquita), y del Dios Creador de Miguel Ángel (Capilla Sixtina,Vaticano).

1. La figura de Dios Padre

Dios es Padre/Madre de todos, no sólo de algunos creyentes especiales, pero nosotros, los cristianos, le recordamos hoy de esa manera, como Fuente gratuita de Vida, comenzando el año a los siete días del Nacimiento de Jesús, cuando se celebraba su circuncisión, es decir, su entrada en el pacto israelita, que ha empezado a ser, de manera muy precisa e intensa, un Pacto Universal, Alianza de Humanidad para todos los pueblos y personas. Así, las fiestas de la Navidad y Año Nuevo nos sitúan ante el don de la paternidad de Dios, ante la tarea de una alianza universal.

La imagen de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina nos empieza presentando a Dios como un hombre poderoso, rodeado del halo de la divinidad, extendiendo su mano derecha de un modo afirmativo, dando así vida al Hombre que surge desnudo de los dedos de su amor.

imagesEs un Dios que crea, y nosotros provenimos de su mano derecha, de su amor extendido. Es un Dios que ama: con su mano izquierda abraza a una Mujer, algo más pequeña, inmensamente bella: su Sabiduría y su ternura, su amor femenino. Este Dios Padre/Madre, varón y mujer, mano derecha extendida para crear y mano izquierda arqueada para abrazar, es el Dios de la Vida a quien hoy celebramos.

Ese Dios del brazo extendido y la mano amorosa, varón y mujer, está creando al Hombre (Adán/Jesús) que recibe la vida de sus dedos cariñosos y frágiles, que rozan y acarician la piel de sus dedo. Según la tradición, este hombre creado es un varón desnudo, clara su belleza y misterio de hombre. Pero en el fondo, quien sepa leer, sabe que es un hombre/mujer, pronto ya para amar, para crear nueva vida, para poblar la tierra. A su lado y con él hay que ver a la mujer que está con él y en él, ambos desnudos para vivir, sin más valor que su propia humanidad.

49496940_1144781625699028_7083122488170774528_nAsí queremos vernos hoy, desnudos y limpios, sin más capital que nuestra propia humanidad… Desnudos salidos de la madre/tierra (de la madre/madre, del Dios/Madre)… todos nosotros, varones y mujeres, cristianos y musulmanes. Así, desnudos y amados, somos lo más grande. Dejemos las armas (sin armas nacimos), dejemos a un lado el dinero, las diversas culturas y religiones, las diferencias…

Veámonos desnudos en Dios, ante la vida, desde Trump hasta el Primer Ministro de España, desde el Papa hasta el Gran Mufti de una gran Mezquita, desnudos todos, banqueros que ganan cientos de millones de euros al año hasta pobres parados que estrenan el año con deudas y deudas, y casa vacía o requisada por los bancos y los fondos buitre (¡con perdón de los buenos buitres de los montes!).

Sea como fuere, demos gracias a Dios, porque estamos vivos, con un cuerpo frágil (fragilísimo) y fuerte (¡lo más fuerte!), amenazado y lleno de esperanza, dispuesto al amor, en las manos de Dios.

veámonos así, todos hijos de Dios y de su sabiduría amorosa, femenina, desnudos así, unos y otros, hombres y mujeres, y veremos que nos sobran muchas cosas: búsqueda de armas y de seguridades, violencia de sistemas económicos y de terroristas quizá sin sistema.
Veámonos así, desnudos todos, y veremos que tenemos mucho que desaprender (que olvidar, que perdonar), para aprender a vivir, este Año Nuevo, un año en que yo quiero que llegue (¡queremos que llegue!) para todos el el Reino, sin que nadie se imponga sobre nadie, sin que nadie destruya a nadie. ¡Feliz año para todos!

Con lo anterior ya basta. Ha querido ser mi felicitación, como hace casi trece años, cuando empezaba este blog (el 18.107.96). Pero si alguien quiere seguir y meditar conmigo sobre el Dios Padre según el Evangelio puede hacerlo. Sigue por tanto una reflexión ya más específicamente cristiana.

2. Abba Padre. La primera palabra

La primera palabra del niño, la primera voz del año, la mayor aportación del mensaje de Jesús que ya tiene (según la liturgia) una semana es: Abba, Padre:

Gracias por el año, gracias por la vida.
Gracias porque tú, Dios, eres Abba.

Quiero que éste sea el año del Abba, del Padre Dios que ha dado su vida a Jesús y nos la ha dado a nosotros. Éste es un Dios paradójico, que no dirige a su Reino y que, sin embargo, no quiere llamarse Rey, sino Padre.

Este Dios del año nuevo de Jesús es el mismo Dios de Israel, es Abinu-Malkenu (Nuestro Padre, nuestro Rey), pero Jesús ha querido llamarle básicamente “Abba” (padre, mi padre), invitándonos así a nacer al Año nuevo de Dios, en brazos del Padre

Abba es una palabra aramea que significa «papá». Con ella se dirigen los niños a sus padres, pero también las personas mayores, cuando quieren tratarles de un modo cariñoso. Jesús la ha utilizado en su oración, al referirse al Padre Dios. Es una palabra importantes, novedosa, y por eso Mc 14, 36 la cota en arameo y la tradición posterior la ha seguido empleando también en arameo, como nota distintiva de la plegaria cristiana (cf. Rom 8, 14; Gal 4, 6).

De todas formas, en la mayoría de los casos, los evangelios la han traducido al griego y así dicen: Patêr. Entre los lugares donde Jesús llama a Dios «Padre» pueden citarse los siguientes: Mc 11, 25; 13, 32; Mt 6, 9.32; 7, 11.21; 10, 20; 11, 25; 12, 50; 18, 10; Lc 6, 39; 23, 46 etc. Algunos de esos casos, especialmente en Mateo, son creaciones de la iglesia primitiva. Pero en el fondo de ellos late una profunda experiencia de Jesús, que destacaremos a continuación.

. 3. Abba, Padre/Madre, la palabra originaria

La singularidad de esa manera de relacionarse con Dios reside, precisamente, en su falta de singularidad. Esa palabra (Abba) expresa la absoluta inmediatez, la total cercanía del hombre respecto a su ser más querido, al que concibe como fuente amorosa y misteriosa de vida. No es una palabra secreta, cuyo sentido deba precisarse con cuidado (como el Yahvé de Ex 3, 14).

Ésta es la palabra de Año Nuevo, Abba, Padre ¿Empezamos?.

No es una palabra sabia, de eruditas discusiones, que sólo se comprende tras un largo proceso de aprendizaje escolar, sino la más sencilla, la que el niño aprende y sabe al principio de su vida, al referirse cariñosa y agradecida al padre (un padre materno), que es dador de vida. Leer más…

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Tres actitudes para el nuevo año. Fiesta de Santa María, Madre de Dios

martes, 1 de enero de 2019
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santa-maria-madre-de-diosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús pasa este año a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

            El Señor habló a Moisés:

            Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.” Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

       He conocido personas, sobre todo en Argentina, convencidas de que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Se encuentra en el libro de los Números, capítulo 6, versículos 22-27. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

        En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

         Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

       Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

         Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

      Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes: empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios; está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores. Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor.

            La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

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01 Enero. Solemnidad de Santa María Madre de Dios

martes, 1 de enero de 2019
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Madre-de-Dios-ciclo-C

“María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón”

(Lc 2,16-21)

Comenzamos el año de estas dos maneras: contemplando a María de Nazareth como madre de Jesús, Dios y hombre, y orando por la paz. Si tenemos en cuenta que Jesús es el príncipe de la paz, enseguida nos puede venir la idea de que su madre sería la reina de la paz. Por pura lógica; lógica puramente humana.

Muchas veces se nos olvida que la lógica de Dios va por otra parte muy diferente a la nuestra. Tiene mucho que ver, o todo, mejor dicho, que ver con el amor, la humildad y la sencillez. No se trata de títulos, riquezas, ni de adornos; tampoco de tener ni de hacer. Va más bien por ser, solo y complicadamente: ser y dejarse hacer.

Volvamos de nuevo nuestra mirada hacia María, la mujer bendita de Nazareth. Para ello te propongo una imagen y una canción. La imagen nos sitúa en Israel, concretamente Ain Karen, en el lugar en el que la tradición cristiana ubica el encuentro de María con su prima Isabel. Se trata de una escultura que representa a dos mujeres judías embarazadas, una frente a otra agarrándose con ternura. No hay distinción entre ambas, ni adornos, ni riquezas. Nada indica quién es quién.

En cuanto a la canción, describe ese encuentro y bien podría ser la banda sonora de la imagen anterior: “Risas en el aire, gozo hecho canción; música de encuentro, danza de dos cuerpos al ritmo de un abrazo, dos vidas multiplicadas por el AMOR…”. Ser y dejarse hacer.

Así es María de Nazareth, toda una mujer de paz; la que guarda en su corazón diversos momentos, situaciones, sean buenos o no tan buenos, y no deja que pasen sin más, sino que vuelve a ellos para mirarlos con ternura.

Oración

Trinidad Santa, bendícenos y guárdanos;

haz brillar tu rostro sobre nosotras y concédenos tu favor;

muéstranos tu rostro y danos la paz. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Año nuevo María madre: Dios está más allá del concepto de Padre y de Madre

martes, 1 de enero de 2019
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familia tradicionalLc 2, 16-21

En esta fecha es inevitable hablar de tres temas: La paz, María Madre y el tiempo. Empezaremos hablando de la paz. Se nos llena la boca al pronunciar esta palabra, pero no nos interesa demasiado afrontar los problemas que plantea. Todos pedimos a Dios que nos libre de la guerra, pero no estamos dispuestos a exigir en nuestro entorno justicia, que es la condición de una auténtica paz. Luchar por la paz haciendo la guerra garantiza el fracaso. El concepto de guerra preventiva es más perverso que la ley del talión. El ser humano se puede defender de toda agresión sin tener que luchar contra nada ni contra nadie, trabajando por el bien de todos y cada uno de los hombres.

Juan XXIII, en su encíclica “Pacem in terris”, advirtió que la paz será la consecuencia de la Verdad, la Justicia, la Libertad y el amor. Esto lleva consigo tener claro que ningún ser humano es más que otro. Mientras no nos enteremos de esto, mientras haya un solo hombre que se sienta superior, no podrá haber paz. Estamos a años luz de esta utopía, que sin embargo debe ser el fundamento de toda relación humana. Hay muchas personas que intentamos ser justos, ser amables, ser comprensivos, pero con la condición de que no se ponga en duda nuestra superioridad. Esta postura es de auténtica hipocresía.

Unos buscamos la paz de los cementerios: ¡Que nadie se mueva! ¡Ay de aquel que se atreva a vivir! Ahí están los “vivos” de siempre, impidiendo el más ligero signo de vida a los demás. Otros nos contentamos con la paz romana: todos sometidos al servicio del imperio. Una paz que responde a la ley del más fuerte, sostenida con bombas y cañones. ¿Que mueren personas inocentes?, son inevitables “daños colaterales”. ¿Que quedan seres humanos destrozados en el camino?, da lo mismo, lo importante es que se han cumplido los objetivos. Paz conseguida gracias a que la inmensa mayoría de la humanidad no tiene capacidad de reivindicar los más elementales derechos.

La que debíamos buscar todos es la paz armonía, fruto de la Justicia. Pero el mayor enemigo de la justicia es la legalidad que unos pocos privilegiados imponemos a todos, buscando siempre nuestro provecho. ¿Qué pasaría si las leyes del comercio mundial las hicieran los países más pobres, los que pasan hambre hasta la muerte? El primer objetivo de las grandes coaliciones entre las naciones es defender sus intereses económicos. ¿Contra quién? Es demencial. Y encima tenemos que estar oyendo todos los días que somos los buenos. ¡Qué iba a ser del mundo si no fuera por nosotros!

Debemos tomar conciencia de pertenecer a una familia, donde no haya ni superior ni inferior, ni señor ni esclavo, esta es la clave del mensaje evangélico. La transformación debe empezar dentro de cada ser humano. Si desterrásemos de nosotros todo egoísmo, se terminarían todas las guerras. Según Jesús, es más humano el que es capaz de amar más. Es inútil pretender una plenitud humana a costa de los demás.

María Madre. Es la fiesta más antigua de María que se conoce. Pablo VI la recuperó del olvido. Es bonito empezar el año mirando a María Madre, sobre todo si aprendemos a verla sin capisayos y abalorios. La primera imagen que el hombre primitivo tuvo de Dios, fue la de Madre. María Madre viene a suplir las carencias que conllevaba la idea de un Dios exclusivamente Padre. La maternidad de María es un dogma, que fue definido en Éfeso en el 431. Es muy interesante constatar que ese dogma tuvo que ser aclarado y en cierto modo limitado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) afirmando que María era madre de Dios «en cuanto a su humanidad». Esta aclaración la hemos olvidado por completo y seguimos interpretando mal lo que en el dogma se quiso declarar.

El dogma se definió para confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona, contra la tesis nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús. Fue una definición cristología, no mariológica. María no era aún motivo de la reflexión teológica. No debemos olvidar que este concilio lo promovió Nestorio para que condenara a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo y por lo tanto que María era con pleno sentido, madre de Jesús Hijo de Dios. A Nestorio le salió el tiro por la culata, y fue condenado él; pero a punto estuvo de condenarse como herejía el dogma definido.

Este dogma de la «Theotokos» (la que pare a Dios) se ha entendido mal, porque no se ha tenido en cuenta el sentido que tenían las palabras en aquel contexto. Es el mejor ejemplo de cómo, conservando las palabras, estamos diciendo algo completamente distinto de lo que se quiso definir. En aquella época, se creía que la nueva criatura procedía totalmente del padre. La madre no tenía otra misión que la de ser recipiente donde se desarrollaba la semilla. No se tenía ningún inconveniente en aceptar que alguien pudiera ser hijo de un dios naciendo de una mujer. Es ridículo hablar hoy de Hijo de Dios en sentido biológico.

En la concepción de Jesús, no podemos mezclar lo biológico y el divino. Se trata de dos planos de naturaleza distinta que no tienen posibilidad de interferir uno en otro. En el orden espiritual, lo biológico no tiene ninguna importancia. Hay que defender con rotundidad que, lo que Jesús fue y significó, sólo podía ser obra del Espíritu. Eso nadie lo pone en duda. En los relatos del nacimiento y del bautismo de Jesús, se ve con toda claridad: “Concebido por el Espíritu Santo”; “Nacido del Espíritu Santo”; “Ungido por el Espíritu Santo”; “Movido por el Espíritu Santo”; “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios (Emmanuel). S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. En eso, María puede seguir siendo modelo porque todos tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y todos tenemos que dar a luz a Dios (Eckhart). Los primeros padres llamaban a la Iglesia partera, porque su misión era ayudar a los seres humanos a alumbrar a Dios. Dios sigue dándose a todos y cada uno de los hombres. Descubrir y experimentar ese don es la tarea más importante que puede llevar a cabo un ser humano.

El tercer tema tiene que ver con el tiempo (Año Nuevo). El comienzo del año nos tiene que hacer pensar en el tiempo y en la eternidad. Como seres construidos de materia, formamos parte del tiempo, del devenir, de la evolución. Pero a la vez, la eternidad, de alguna manera, nos está atravesando. Si camináramos por el tiempo con los ojos bien abiertos, descubriríamos horizontes de eternidad en la misma temporalidad. El concepto de eternidad que manejamos, como algo que está más allá del tiempo, nos está jugando una mala pasada. Alcanzaremos la eternidad sumergiéndonos en la temporalidad hasta el fondo.

En el NT se manejan dos conceptos muy distintos de tiempo. Uno es “Chronos” el tiempo astronómico (la medida del movimiento), que nos permite conectar con la realidad material y sentirnos inmersos en la contingencia. El otro concepto es el “Kairos”, que sería el tiempo psicológico o espiritual. Este nos permite ir más allá del tiempo y experimentar en cualquier momento lo trascendente, lo divino, la eternidad.

Meditación

Para saber dónde estoy, debo saber de donde vengo y a donde voy.
El presente consciente incluye el pasado.
El futuro está ya en el presente de la persona despierta.
La figura de María Madre nos ayuda a comprender a Dios.
Dios Padre = poder, autoridad, exigencia; seguridad externa.
Dios Madre = acogida, comprensión, cariño, seguridad interna.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El tiempo termina en la eternidad.

martes, 1 de enero de 2019
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B7732049-1883-4CDE-AA88-9B9813B7D4C1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. FELIZ AÑO NUEVO.

En primer lugar feliz tiempo, feliz año nuevo, feliz vida.

Existen dos modos de entender el tiempo (no calendarios, que calendarios hay muchos).

1. ETERNO RETORNO

Una forma de entender el tiempo es la del eterno retorno: todo se repite en la vida: las estaciones del año, los ciclos de la mujer, las etapas de la vida humana, etc. Es una concepción del tiempo como el caballo en la noria: gira y gira. No hay nada que esperar, solamente repetir lo que vivimos el año pasado, siglos anteriores, etc. No hay salida, ni esperanza. Es la visión de la filosofía griega y la Nietzsche).

2. EL TIEMPO ES UNA FLECHA QUE VIENE DEL PASADO Y VA AL FUTURO.

La concepción judía (bíblica) del tiempo es la que viene del pasado y como una -flecha- se dirige hacia el futuro. Venimos del Génesis (creación) y caminamos hacia el futuro absoluto (Apocalipsis). Es una vivencia del tiempo esperanzado, siempre caminando hacia el novum, hacia la plenitud.

Hoy en día, desde el nihilismo (nada, vacío) de Nietzsche, que muere en 1900 y lo “tocamos con los dedos”, estamos en una lectura del tiempo de eterno retorno. Lo más que esperamos son las vacaciones del año que viene, los carnavales y “sanfemines”. Pero no hay nada que esperar en sentido transcendente.

Claro que hay que tener cuidado con estas cosas porque la “nada” “nihiliza” la vida y el tiempo. ¿Para qué vivir si no hay nada que esperar?

02. ENTRE CRONÓMETROS Y VIVENCIAS.

Esta media noche las cadenas de televisión y radio nos han retransmitido con tanta precisión como estupidez las doce campanadas y, matemáticamente nos ha dicho que ya estamos en el año 2019 y que seamos muy felices con mucha prosperidad y demás…

Una cosa es el reloj, el cronómetro, las campanadas, el calendario y otra muy distinta el tiempo vivido.

El tiempo cronometrado, el tiempo de reloj, es algo distinto al tiempo vivido. Cuando uno está enfermo el tiempo es “eterno” y no pasa nunca. Cuando estamos sumidos en un problema, en un conflicto, el tiempo es infinitamente más largo a cuando estamos en una situación amable, más o menos feliz.

Muy tempranamente en la iglesia al tiempo vivido serenamente como salvación le comenzaron a denominar kairós: tiempo salvifico.

03. EL TIEMPO.

No es una cuestión fácil de dilucidar qué es el tiempo. Si no me preguntas, sé lo que es; en cuanto me peguntas, no sé lo que es, decía san Agustín

Podíamos pensar que el tiempo es una cristalización, una densidad del transcurrir humano. El tiempo en realidad somos nosotros mismos, nuestra alma es el “memoria es el aula del tiempo”. En nuestra memoria, ¿en nuestra alma?

 En nuestra memoria está presente nuestro pasado: nuestra infancia, nuestros padres, nuestra educación recibida, nuestros años jóvenes de crecimiento, de estudios, de abrirnos a la vida. En el tiempo cronológico han pasado muchas cosas. En el tiempo vivido están muy presentes hoy en día. En cierto sentido, hy somos lo que fuimos.

 Nuestro futuro, aunque cronológicamente no ha llegado, sin embargo en cierta manera, condiciona nuestra vida, nuestro presente. En cierto sentido y hasta cierto punto somos hoy, vivimos hoy como queremos vivir.

 De manera que lo que parece tener más consistencia, el presente, se nos va como el agua entre las manos. El presente es fugaz, tempus fugit.

04. ¿CONDENADOS A SER MARIONETAS DEL TIEMPO?

Antonio Machado tiene algún poema en el que describe el tiempo como aquellos viajes en tren en los que veíamos los postes del teléfono o de lo que fuere que pasaban a toda velocidad, los veíamos delante y al instante los dejábamos atrás.

¿Eso es todo lo que nos cabe esperar? ¿Estamos condenados a vivir el tiempo entre lo que todavía no es y lo que ya no es?

05. EL CONSUELO DEL TEMPO ES EL MÉRITO.

Hay expresiones un tanto significativas de cómo vivimos el tiempo: “pasatiempos”, “matar el tiempo”. Hay otras expresiones todavía más negativas: comamos y bebamos que estos es lo que hay, lo que nos vamos a llevar. Esperemos que pasemos por la vida haciendo algo más que comer y beber.

En otras etapas de la vida queremos amarrar el tiempo y no podemos.

El tiempo permanece cuando se vive con intensidad, cuando se llena de mérito. Los minutos y los años pasan, lo vivido y realizado, queda.

06. EL MÉRITO NO ES LO MISMO QUE EL ÉXITO.

En la vida muchas personas tienen mucho mérito y probablemente poco éxito. El éxito no es el indicador de lo vivido y realizado en la vida. La mayor parte de la humanidad trabaja silenciosamente en donde Dios y la vida le han puesto: en la familia, en el trabajo, en la vida monacal. Muchos de nosotros no tendremos éxito, ni brillo social, ni poder, pero hemos llenado nuestro tiempo: hemos llenado los días de nuestra vida, que dice la Biblia.

07. VIVIR ES RECORDAR Y PROYECTAR.

Vivir es recordar y proyectar. Somos pasado y futuro. Vivimos porque recordamos nuestro pasado, nuestros padres, familia, pueblo, cultura, idioma, fiestas, etc. Cuando no recordamos nuestra vida personal se comienza a desdibujar, (pensemos en enfermedades de la mente).

Vivimos en esa amalgama que es nuestro recuerdo y nuestro proyecto

08. EX MEMORIA, SPES: LA ESPERANZA NACE DE NUESTRA MEMORIA, DE NUESTRO RECUERDO.

96A65EA1-9561-42D6-AC1A-65BBD3AF1355Esto es algo que los hijos de la ilustración no aceptamos de buen grado, porque pensamos que la salida a la vida está en la ciencia, cuando en realidad está en el pasado vivido por Cristo.

Para el pensamiento moderno, -hijos de la Ilustración-, lo pasado es malo, lo viejo mejor dejarlo. Lo bueno es el último modelo, la última tecnología. No es así, ni mucho menos. Menospeciar el pensamiento clásico, el arte, la filosofía del pasado es una estupidez inmensa.

La eterna juventud no existe a pesar de que el capitalismo se empeñe en hacernos eternos jóvenes y nos gusta dejarnos engañar.

La salida al problema de la vida -y de la muerte- está en la resurrección, no en el hospital.

La salida al tiempo está en la eternidad.

09. COMO MARÍA.

En estos días, y en el transcurrir de nuestra vida, tengamos la actitud de María, que meditaba todas estas cosas, guardándolas en su corazón.

 

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Natividad del Señor

martes, 25 de diciembre de 2018
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05-navidad (C) cerezo

Leído en Koinonia:

Misa del día

Isaías 52,7-10

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu Dios es rey”! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo responsorial: 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Hebreos 1,1-6

Dios nos ha hablado por el Hijo

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”, o: “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo”? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.”

Juan 1,1-18

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”” Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(25 de diciembre de 1977)

Hoy llega a nosotros la noticia del nacimiento de Cristo a través de su Iglesia. Cómo María, como nos cuenta el evangelio, al irse los pastorcitos que vinieron invitados por los ángeles a adorar al Niño Jesús, María se quedó reflexionando todo esto en su corazón. Para una comunidad cristiana la Navidad no tiene sentido si no es a base de una profunda reflexión, por eso para muchos cristianos la Navidad no es más que una fiesta que se espera y que luego pasa efímera, como la pólvora que se quema, y no deja más que basura en las calles. Para el cristiano es algo más que un cohetillo, es la gran noticia que debe reflexionarse y comprometer al hombre con este episodio en que Dios se hace hombre, no en una forma transitoria, sino para siempre, y el hombre debe también reflexionar ante el Señor.

Ese Cristo en Belén lo podemos representar hoy en esta homilía con este título: Cristo manifestación de Dios, Cristo manifestación del hombre y en tercer lugar, la Iglesia manifestación de Cristo.

PROLONGAR LA ENCARNACIÓN

Por eso la Iglesia, que prolonga la encarnación, o sea el Dios hecho hombre, no puede prescindir de la historia. Desde aquel momento Dios ha asumido la humanidad y ha dejado ese encargo de seguir asumiendo hacia Dios a todos los hombres, a la Iglesia, la cual, por tanto, peregrina en la historia, va recogiendo, no puede dejar de vivir las circunstancias en las cuales ella va prolongando esa encarnación. Por eso hermanos, estas noticias en las cuales yo reflejo lo más sobresaliente de la semana, no es con el afán de hacer aquí un noticiero. Lo hace mucho mejor cualquier instrumento de comunicación social, sino que es simplemente decirles a todos mis queridos hermanos, que vivimos en esta semana, en esta hora, que esta Navidad de 1977, siendo la eterna Navidad de Cristo, se ha vivido aquí en El Salvador en estas circunstancias de las cuales no podemos prescindir.

NAVIDADES TRISTES

Así es como tienen un sentido profundo, en medio de tarjetas y telegramas de Navidad, me hayan llegado cartas que son lamentos profundos, por ejemplo de aquellas madres y esposas que “en esta celebración de Navidad que con júbilo espera todo el pueblo cristiano, nosotras expresemos no una Navidad sino el profundo dolor de un calvario al albergar en nuestro corazón esa separación insuperable de nuestros hijos y esposos”. En otra carta parecida dice: “Estamos angustiadas y tristes por el llanto de nuestros hijitos que a cada momento que se despiertan en la noche están llamando a sus padres y de ellos no nos dan ninguna razón en los cuerpos de seguridad”. Y cartas de expresión así dolorosa, pues, son muchas las que llegan. Por nuestra parte hemos tratado de hacer todo lo que está a nuestro alcance recurriendo a recursos jurídicos y estamos dispuestos siempre, pues, a ayudar el dolor de la humanidad.

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«Ante el misterio del niño». Natividad del Señor – C (Lc 2,1-14 / Lc 2,15-20 / Jn 1,1-8)

martes, 25 de diciembre de 2018
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Natividad_CLos hombres terminamos por acostumbrarnos a casi todo. Con frecuencia, la costumbre y la rutina van vaciando de vida nuestra existencia. Decía Ch. Peguy que «hay algo peor que tener un alma perversa, y es tener un alma acostumbrada a casi todo». Por eso no nos puede extrañar demasiado que la celebración de la Navidad, envuelta en superficialidad y consumismo alocado, apenas diga ya nada nuevo ni gozoso a tantos hombres y mujeres de «alma acostumbrada».

Estamos acostumbrados a escuchar que «Dios ha nacido en un portal de Belén». Ya no nos sorprende ni conmueve un Dios que se ofrece como niño. Lo dice A. Saint-Exupéry en el prólogo de su delicioso Principito: «Todas las personas mayores han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan». Se nos olvida lo que es ser niños. Y se nos olvida que la primera mirada de Dios al acercarse al mundo ha sido una mirada de niño.

Pero esa es justamente la gran noticia de la Navidad. Dios es y sigue siendo Misterio. Pero ahora sabemos que no es un ser tenebroso, inquietante y temible, sino alguien que se nos ofrece cercano, indefenso, entrañable, desde la ternura y la transparencia de un niño.

Y este es el mensaje de la Navidad. Hay que salir al encuentro de ese Dios, hay que cambiar el corazón, hacernos niños, nacer de nuevo, recuperar la transparencia del corazón, abrirnos confiadamente a la gracia y el perdón.

A pesar de nuestra aterradora superficialidad, nuestros escepticismos y desencantos, y, sobre todo, nuestro inconfesable egoísmo y mezquindad de «adultos», siempre hay en nuestro corazón un rincón íntimo en el que todavía no hemos dejado de ser niños.

Atrevámonos siquiera una vez a mirarnos con sencillez y sin reservas. Hagamos un poco de silencio a nuestro alrededor. Apaguemos el televisor. Olvidemos nuestras prisas, nerviosismos, compras y compromisos.

Escuchemos dentro de nosotros ese «corazón de niño» que no se ha cerrado todavía a la posibilidad de una vida más sincera, bondadosa y confiada en Dios. Es posible que comencemos a ver nuestra vida de otra manera. «No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos» (A. Saint-Exupéry).

Y, sobre todo, es posible que escuchemos una llamada a renacer a una fe nueva. Una fe que no anquilosa sino que rejuvenece; que no nos encierra en nosotros mismos sino que nos abre; que no separa sino que une; que no recela sino confía; que no entristece sino ilumina; que no teme sino que ama.

José Antonio Pagola

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La vida tiene sentido

martes, 25 de diciembre de 2018
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441581A2-0506-4530-9EB5-8B41367DFB5EDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. ¡QUÉ BAJO HA CAÍDO DIOS! 

Parece ser que el evangelio y los escritos (tres breves cartas) de san Juan, escritos muy tardíos en el NT: hacia el año 90-100 dC, están escritas para comunidades de cristianos en las que se había infiltrado ya un gnosticismo de matiz griego, platónico. De manera que, pensaban, que si Jesús había sido hombre, no podía ser Dios

La razón fundamental reside en que la filosofía griega no podía comprender que Dios se hiciera cuerpo (sarx), así como tampoco que la salvación proviniera del cuerpo, de la carne. Para el mundo griego la salvación consistía precisamente en librarse del cuerpo. El cuerpo es la tumba del alma para los griegos, (Platón).

Dios (los dioses) no podía caer tan bajo como para hacerse hombre.

De ahí que san Juan desde el comienzo trata de decir que sí, que Dios ha caído muy bajo, LA PALABRA SE HA HECHO CARNE, SER HUMANO. Y esto es lo que celebramos en Navidad: que Dios es aquel, que menor no puede ser pensado: un débil y pobre niño.

El cristianismo no es una religión pseudomística, un éxtasis, un nirvana o un yoga, una vivencia espiritualoide. El Dios de Jesús, Jesús está en medio de la vida, de la humanidad: “En el corazón de las masas”, que decía aquel libro que R Voillaume publicó en 1968.

02. LAS COMUNIDADES DE JUAN HAN EXPERIMENTADO LA PRESENCIA DE JESÚS CORPÓREO.

Los cristianos de aquellas comunidades joánicas se sentían herederos de una tradición muy noble, santamente corpórea y materialista: el Discípulo Amado había recostado su cabeza en el corazón de Cristo: la cabeza había entendido lo que decía el amor. Habían experimentado el servicio en el lavatorio de sus pies. El ciego vio con sus ojos la luz de la nueva creación del barro y el espíritu (saliva) de Jesús. Esa comunidad cristiana nacía al pie de la cruz (María y el Discípulo Amado). Tomás había tocado el cuerpo resucitado del Señor metiendo su mano en el costado bautismal del Señor.

Ser cristiano no es perderse en la estratosfera del zen, del yoga, de la pseudomística, sino adentrarse en la vida, en la enfermedad, en los pobres, hambrientos, etc. Hoy también se nos ha colado un gnosticismo pseudo cristiano en esas modalidades de eneagramas, meditaciones transcendentales.

El cristianismo es humanismo, no angelismo.

Os transmitimos lo que hemos visto y oído, (1Jn 1,3).

03. LA CORPOREIDAD DE JESÚS TRANSPARENTA A DIOS.

El mismo san Juan es quien dice que: a Dios nadie le ha visto, (Jn 1,18). A Dios “le conocemos” en tanto en cuanto “le vemos” a Jesús. Cristo es sacramento de Dios. En Cristo se transparenta Dios y el ser humano es sacramento, signo y presencia de Cristo. Y el prójimo es sacramento de Cristo. ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, enfermos, desnudo, encarcelado…? Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos.

Pretender formular estas cosas es algo imposible. El misterio de Dios en Jesús no se nos ha dado para formularlo, sino para ser creído en nuestra casa: vino a los suyos… Es en la ortopraxis donde se revela nuestra ortodoxia. Es en la manera de cómo nos relacionamos con Jesús (y con las personas) donde se verifica si nuestra comprensión de la encarnación es correcta.

04. NAVIDAD: LA VIDA TIENE SENTIDO Y PAZ

El prólogo del evangelio de San Juan, que hemos escuchado, es solemne, tiene una cierta majestuosidad literaria y bíblica. Evoca el Génesis: en el principio la tierra era un caos, (Gn 1,1-2), ahora, en el evangelio de Juan,: en el principio existía el Logos: la razón, la Palabra, el sentido de la vida…

Es hermoso pensar y vivir en un arco existencial en el que todo está en orden, bien, todo tiene sentido.

En Navidad celebramos que la PALABRA se hizo uno de nosotros. La palabra distingue al ser humano del animal: la palabra es principio de entendimiento y comunicación, de trabajo, transformación, de amor y libertad.

PALABRA, (logos), tiene varios y densos significados: orden: sentido, razón, luz, verdad.

Es evidente que nuestra sociedad actual no es cristiana al menos en grandes sectores. Pero el problema principal no es la homosexualidad, la comunión o no de los divorciados, el aborto y cosas por el estilo. El problema de fondo es que hemos perdido el sentido de la vida, cuando no las ganas de vivir. Cada cual es muy libre de pensar y ojalá todos seamos libres y pensemos. Pero el orden en el universo, en el pueblo, el sentido, la razón, la luz, la verdad, etc. son cuestiones humanistas y cristianas con las que no podemos jugar. No sé si puede quitar o no la clase de religión, la filosofía, etc de nuestros centro de estudios. Lo que no se puede suprimir es la sensatez, el sentido, el horizonte y la ética. Muchas de las ideologías y muchos políticos se manifiestan ateos. Ya quisiéramos tener ateos como Dios manda. Para ser ateo hay que pensar un poco más de lo que piensan muchos de los políticos actuales. En la historia, incluso reciente, ha habido ateos o agnósticos de gran peso humanista e intelectual: Pío Baroja, Unamuno, Tierno Galván, etc. Lo que no se puede es ir de modernista por la vida arrasando con todo sentido, logos y esperanza y por obtener un puñado de votos

Todos habremos de poner manos a la obra y comenzar a dar pasos culturales, educativos, psicológicos, sociales para que los agitados fondos y profundidades de las personas, de las familias, de los pueblos vivamos con sentido y sensatez.

DESDE EL PRINCIPIO LA VIDA TIENE SENTIDO.

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25 Diciembre- Solemnidad de la Natividad del Señor

martes, 25 de diciembre de 2018
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Navidad-ciclo-C

“… y habitó entre nosotros”

(Jn 1, 1-18)

Te voy a contar una situación real. Una chica cristiana, no practicante, bastante indiferente ante la iglesia, empezó a trabajar en un centro de educación religioso. A comienzos de diciembre la directora le estuvo enseñando el belén, que ella misma había estado colocando durante el fin de semana con algunos familiares. Un belén muy grande, puesto con mucho cariño y gusto, a sabiendas de que lo iban a admirar los alumnos, los trabajadores del centro, las familias de los alumnos… Tenía un sinfín de detalles, hasta un huerto con calabazas. Esta chica, a pesar de su fe adormilada, estaba enamorada de las fiestas navideñas. Las comidas familiares, cenas con amigos, las luces de las calles, los adornos, villancicos, la cabalgata de los reyes magos, hasta del cortylandia; de todo ese ambientillo que se crea y respira estos días.

Ahí estaba ella, entusiasmada con el belén que tenía delante, cuando se dio cuenta de que faltaba el Niño. Dudó entre decírselo o no a la directora ya que pensaba que se le había olvidado. Al final le preguntó: “¿y el niño?”. La religiosa no disimuló su sorpresa ante la pregunta y tras unos momentos de silencio contestó: “Es que todavía no ha nacido Jesús, lo pondré el día 24 por la tarde”. Más sorprendida se quedó la chica por esa ocurrencia de esperar hasta el día de Nochebuena para poner al Niño en su pesebre, hasta entonces vacío.

Ya ha llegado el día, es Navidad. Y esto de caer en la cuenta de cuándo ponemos al Niño en el belén, puede ser un buen termómetro que nos indique desde dónde celebramos la Navidad: desde el dejarnos llevar por lo externo o desde la fe. Porque, ¿qué celebramos en realidad?, ¿el nacimiento de Jesús, sin más, o que esa Palabra que ya existía en el principio se hizo uno de los nuestros? Sí, uno de los nuestros, un ser humano con su proceso, como tú y yo; desde su nacimiento, hasta la muerte, y, mientras, habitando entre nosotros. Esa Palabra, que es Dios mismo, hoy vuelve a nacer con el deseo de vivir la realidad del mundo, la nuestra.

Oración

Bendita seas, Trinidad Santa.

La que eras en el principio, la que eres hoy y la que serás por todos los siglos. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“Mujeres creyentes”. 4 Adviento – C (Lucas 1,39-45)

domingo, 23 de diciembre de 2018
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B8C7F6FD-225B-4C4D-B2AE-AE6359C23529Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha «deprisa», con decisión. Siente necesidad de compartir con su prima Isabel su alegría y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena de espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima en nombre de Dios.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Angel: «Alégrate llena de gracia».

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como «saltos de alegría». Enseguida bendice a María «a voz en grito» diciendo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: «Dichosa porque has creído».

Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. «Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?».

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos está haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por los varones, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer. Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

José Antonio Pagola

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“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”. Domingo 23 de diciembre de 2018. 4º de Adviento

domingo, 23 de diciembre de 2018
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04-advientoC4De Koinonia:

Miqueas 5, 1-4a. De ti saldrá el jefe de Israel:
Salmo responsorial: 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Hebreos 10, 5-10: Aquí estoy para hacer tu voluntad.
Lucas 1, 39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Miqueas, de quien está tomada la primera lectura, vivió en el reinado de Ezequías. Cuando el modesto profeta llegó a la corte, se encontró con Isaías, de quien al parecer recibió influjo literario, aunque siempre conservó su estilo personal.

Miqueas atacó sobre todo a los poderosos que abusan del pobre para robar y oprimir, a los jueces corrompidos, pero compuso también magníficos poemas de salvación, entre los que sobresale la profecía sobre Belén. El Mesías esperado nacerá en Belén, pequeña población de Judá y hará que los seres humanos puedan vivir tranquilos y Él será nuestra paz.

La segunda lectura está tomada de la carta a los Hebreos. Supuestamente Pablo compara la obra cultual de Cristo con la del Antiguo Testamento, y el sacrificio de Cristo con los antiguos “sacrificios” religiosos. A través de esta comparación se nos muestra con profundidad la naturaleza y finalidad de la encarnación. El sacrificio de Cristo tiene lugar de una vez para siempre y no consiste tanto en la inmolación de una víctima, cuanto en la comunión con el Padre, a la que todos somos invitados. En lo sucesivo no habrá una religión de ceremonias y de ritos, sino una religión “en Espíritu y en Verdad”. La voluntad de Dios no ha sido la muerte del Hijo, sino el hacer partícipe a su Hijo de la condición humana con el suficiente amor para que todo lo humano quedara transformado. La sangre del Hijo, más que ofrenda para aplacar a un Dios justiciero, es don a los seres humanos de un Dios lleno de amor. Nuestra santificación consiste en vivir “en Espíritu y en Verdad” esa amistad con Dios. Aquí radica la esencia del Espíritu religioso.

Acercarse a celebrar el nacimiento de Jesús conlleva recordar la condición de mujer y la fe de María. El episodio llamado de la visitación, del evangelio de Lucas nos relata el encuentro de dos mujeres madres. María, la galilea, va a Judá, la región en la que un día el hijo que lleva dentro de ella será rechazado y condenado a muerte (Lc 1,39). Ante el saludo de la joven, el niño que Isabel está a punto de dar a luz “salta de gozo” (vv. 41 y 44). La madre alude poco después a lo que siente dentro de sí; se trata de la alegría del niño –el futuro Juan Bautista- alrededor de quien habían girado hasta el momento los acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el paso a Jesús. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías. Experimentar alegría porque nos sabemos amados por Dios es prepararnos para la navidad.

Isabel pronuncia entonces una doble bendición. Como ocurre siempre en manifestaciones importantes, Lucas subraya que lo hace “llena del Espíritu Santo” (v. 41). María es declarada “Bendita entre las mujeres”(v. 42), su condición de mujer es destacada; en tanto que tal es considerada amada y privilegiada por Dios. Esto es ratificado por el segundo motivo del elogio: “Bendito el fruto de tu vientre” (v.42). Este fruto es Jesús, pero el texto subraya el hecho de que por ahora está en el cuerpo de una mujer, en sus entrañas, tejido de su tejido. El cuerpo de María deviene así el arca santa donde se alberga el Espíritu y manifiesta la grandeza de su condición femenina. En su visitante, Isabel reconoce a la “madre del Señor” (v 43), aquella que dará a luz a quien debe liberar a su pueblo, según lo anunciaba el profeta Miqueas (5,2-5).

Bendecir (bene-dícere) significa hablar bien, ensalzar, glorificar. Con anterioridad al nacimiento de Jesús, aparecen en los evangelios bendiciones por parte de Zacarías, Simeón, Isabel y María. Todos bendicen a Dios por lo que hace. Pero, al mismo tiempo, Jesús bendice a los niños, a los enfermos, a los discípulos, al Padre. Toda bendición va dirigida a Dios. La oración de bendición es, sobre todo, alabanza de acción de gracias. De este modo celebramos la Eucaristía. Pero también la bendición se extiende a todas las criaturas incluso a las inanimadas: ramos, ceniza, pan y vino. Son bienaventurados los santos y especialmente “bendita” es María, la madre de Jesús.

El Espíritu Santo ayuda a Isabel a pronunciar una bendición: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!”. Desde entonces, millones de veces lo hemos dicho todos los cristianos en el “Ave María”. Son benditos, bienaventurados o dichosos los que creen en Dios, los que practican la Palabra, los que dan frutos, los pobres con los que se identifica Jesús.

María creyó. Ésta fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. María se convierte en maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios aunque ella no se pudiera explicar el modo como se realizaría aquel plan. Toda la vida de María se fundamenta en su fe, en la adhesión que ha prestado desde el primer momento a la revelación que llegó hasta ella. Leer más…

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23.12.18. Encarnación de Adviento, María: La Madre de mi Señor (Gebîra)

domingo, 23 de diciembre de 2018
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Del blog de Xabier Pikaza:

FDB8722C-297B-4C0A-9DFF-53F51C73FD68Dom 4 Adviento, Lc 1, 39‒45. Este pasaje presenta la reunión y conversación de dos mujeres (María de Nazaret e Isabel de Ain‒Karem, su “prima”) como acontecimiento clave de la historia de la salvación. Ellas, la madre de Juan Bautista y la madre de Jesús Mesías, proclaman la más alta palabra de Dios, cuando llega el cumplimiento de la promesa cristiana.

Quedan a un lado los “altos” varones (reyes, sacerdotes, hijos de David…), y emergen en su lugar dos mujeres que conocen y expresan el secreto de Vida de Dios, y así lo proclaman en su encuentro final de preparación de Navidad.

El manifiesto final del encuentro es el Magníficat de María (que algunos MS atribuyen también a Isabel), canto de liberación, dirigido a Dios y a todos los pobres‒excluidos (Lc 1, 46‒55). Pero vienen antes las palabras que Isabel dirige a María, como continuación de las del Ángel de Nazaret (cf. Lc 1, 26‒38), recogiendo y proclamando la primera “mariología de la Iglesia”, como canto a la Madre del Señor, que así aparece como “mujer fuerte” , en hebreo Gebîra, quizá el título más hondo que le ofrece la Biblia.

B267DF5A-CA2C-4EB0-9B87-E3826839E4B1Ciertamente, este “encuentro de mujeres” y las palabras que Isabel dice a María pueden tener y tienen un fondo histórico antiguo, pero tomadas como las presenta el evangelio de Lucas constituyen un reflejo y testimonio de la fe eclesial, a finales del siglo I d.C., una confesión teológico‒literaria del puesto y función de María, Madre de Jesús, y de su relación Isabel (con Juan Bautista) en el comienzo de la Iglesia.

Al final del Adviento, al comienzo de la Iglesia sigue estando el testimonio de estas dos mujeres. Cuando todos los demás guardan silencio, ellas hablan, como ministros más altos de la Iglesia, haciendo así creíble lo increíble.

Siga leyendo quien conocer mejor la visión que la iglesia de Lucas tenía de María, insertándolas en el centro de la escena de la Presentación. El texto que sigue es algo técnico, pero espero que ayude a entender mejor el sentido y tarea de María, mujer liberada y madre de Jesús, al principio del Adviento. Feliz preparación de Navidad a todos.

Texto: Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

– a. Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre
– b. ¿De dónde a mí que venga a visitarme
la madre de mi Señor?
– b’. Pues que tan pronto como llegó la voz de tu saludo a mis oídos
saltó de gozo el niño en mi vientre.
– a’ Y bienaventurada tú, que has creído,
porque se cumplirá todo lo que le ha dicho el Señor

Este es el pasaje que comentaré a continuación, evocando sólo sus motivos principales, insistiendo en la evocación señorial de María como ¡la madre del Señor! y portadora de un saber que le viene de Dios y que se expresa en el gozo del niño Juan que salta de gozo en el seno de su madre Isabel, saludando gritos a María

– Fondo literario. Esquema básico.

E0E98F2E-08D6-4341-B3D1-CD13D2279D20La pregunta de Isabel (¿De dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor?: 1, 43) está concebida retóricamente y puede entenderse en la línea del AT. En una línea semejante preguntaba David a¿cómo entrará en mi casa el Arca del Señor (2 Sal 6, 9) o de Dios (1 Crón 13, 12)? Situada en ese fondo, María vendría a presentarse para Lucas como portadora de Dios, arca donde se contiene el misterio Dios.

En esa línea, de un modo más sencillo podemos recordar la pregunta de Arauna el jebuseo ante David: ¿cómo es que viene el Rey mi Señor hasta su siervo? (2 Sam 24, 21). Esta es la cuestión normal del que se siente sorprendido por el hecho de que venga a visitarle un personaje importante. Así podemos dividirla:

a.- ¿De dónde a mí que venga?Se interroga de esa forma el que se extraña, mirándose a sí mismo, al descubrir que cambia el orden normal de los sucesos: el siervo es quien debe visitar a su Señor y no al revés. Pues bien, aquí se invierte el movimiento y por eso se sorprende la madre del profeta, al descubrir que llega la mujer más importante a visitarla.

b.- La madre de mi Señor (meter tou kyriou mou). Esta es la afirmación central. Isabel podía haber dicho simplemente mi Señor o Kyrios, aludiendo al niño que María lleva en su vientre poniéndolo así en paralelo al niño Juan que salta de gozo en el suyo e interpretando la escena a nivel de niño y niño (del hijo suyo y del hijo de María). Pues bien, reasumiendo la doble bendición anterior (de María y del fruto de su vientre), Isabel presenta ahora a María como Madre y al fruto de su vientre como Kyrios. Del sentido y valor de esa Madre del Kyrios tendremos que hablar más extensamente.

Isabel presenta a María como Madre de mi Señor, situándola así en el trasfondo de un título y función bien conocida dentro del AT: la madre del rey ocupaba un cargo oficial dentro de la corta; ella y no la esposa (o favorita) del rey poseía la mayor autoridad femenina dentro del reino.

La reina humana (y divina) en el AT

Parece que la iglesia ha proyectado sobre María signos de realeza femenina. Se ha pensado a veces que ese ha sido un proceso normal en perspectiva de AT: la madre de Jesús sería una continuación de las reinas israelitas. Pero pronto descubrimos que es todo lo contrario: basta con que abramos unas concordancias o diccionario hebreo para encontrar que el título y función de reina resulta prácticamente desconocido en el AT. Dentro de Israel, la esposa (o favorita) del rey no aparece como reina.

Existe en Israel un vacío de realeza femenina. Este hecho se debe a varias circunstancias: se puede afirmar, en primer lugar, que la función del rey y su grandeza se concibe como algo estrictamente masculino, ligado al poder militar y al sacerdocio de los varones, de manera que las mujeres no pueden ejercerlo; el rechazo de la realeza femenina puede vincularse también a la crítica o negación israelita de la Diosa celeste. Yahvé no soporta a su lado a una esposa divina; tampoco tendrá esposa semejante a él el rey de la tierra. Leer más…

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23.12.18. La madre de mi Señor

domingo, 23 de diciembre de 2018
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5AEADC06-7DCB-48BB-BCF7-DEE86D5C7E3ADel blog de Xabier Pikaza:

Dom 4. Adviento. Lc 1, 39-45.¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

El evangelio de Lucas esté recogiendo aquí un título judeocristiano de María, venerada en la iglesia primitiva de Jerusalén como madre del rey mesiánico, es decir, del Kyrios, en claves que deben formularse desde el AT (desde el contexto judío antiguo).

Dentro de la cultura israelita antigua, una mujer se vuelve importante al hacerse madre.

Como esposa, la mujer está a merced de su marido, no tiene autoridad propia, puede ser siempre expulsada de la casa, conforme a una ley de divorcio ratificada por Dt 24, 1-4 (aunque rechazada por el evangelio).


Sólo al volverse madre, y madre de un hombre importante, una mujer empieza a tener verdadera autoridad en la cultura israelita antigua… sobre todo si muere ese hijo importante, quedando de algún modo como su representante, una especie de Reina Madre en funciones.

Así sucede con María, la madre de Jesús, tras la muerte de su hijo. Allí donde se verena a Jesús como Kyrios (Señor, rey mesiánico), ella aparece como Madre del Rey, es decir, como Reina-Madre, Gebira.

Así la saluda Isabel en el texto clave de ese evangelio, que está aplicando a María en la visitación el título posterior que le ha dado la Iglesia de Jerusalén, tras la muerte de su hijo.

3D113B5E-71ED-4739-8C66-650918EE71C9De esa forma, la palabra de Isabel en 1, 43, reconociendo a María como Madre del Kyrios nos sitúa dentro De la Iglesia primitiva. Una vez que los cristianos empiezan a venerar a Jesús como kyrios en línea mesiánica, su madre empieza a ser Madre del Kyrios y sus hermanos se llamarán hermanos del kyrios (como muestran las cartas de Pablo).

Así podemos y debemos suponer que la madre de Jesús ha sido recibida y honrada en la comunidad judeocristiana de Jerusalén como Gebira, madre del rey mesías.

El recuerdo y veneración de los parientes de Jesús como Hermanos del Kyrios (sobre todo en el caso de Santiago) sólo tiene sentido si a su lado, como autoridad genealógica, María aparece como Gebira, la Madre del Kyrios.

Santiago y los “hermanos” de Jerusalén necesitan a María, la Madre, para fundar su autoridad en la Iglesia de Jerusalén, y en esa perspectiva se entiende el saludo de Isabel, que llama a María Madre de mi Señor, dentro de una teología judeocristiana arcaizante como la que aquí ofrece Lucas.

María aparece así como madre del Kyrios, en una antigua, en clave judíos.

Lucas 1, 42 la llamaba bendita por el fruto de su vientre (bendita tú… y bendito el fruto de tu vientre).;
Lucas 1, 43 ha dado un paso más y la presenta como madre del Señor, es decir, como la Reina Madre.

En esa línea judía, es claro que María puede presentarse como Gebira y realizar (simbolizar) un tipo de autoridad dentro de la iglesia.

B105BE34-820B-41D1-8B88-B94CEC0EEEF1Aquí estamos tocando los principios de la iglesia de Jerusalén, que ha debido buscar en clave israelita (de monarquía judía) los elementos fundamentales de la realeza de Jesús.

Los datos del NT permiten suponer que María ha ejercido una autoridad importante dentro de la primera comunidad cristiana. En su calidad de madre de Jesus (madre del Señor) ha sido discutida (combatida y aceptada) por los diversos grupos cristianos, en una historia apasionante que, a mi juicio, aún no ha sido suficientemente estudiada. Los datos dispersos (en Pablo y Juan, en Mc y Mt, en Lucas y Hech) resultan significativos en esta perspectiva. Es evidente que no podemos estudiarlos por extenso. Pero podemos y debemos, al menos, situar algunos de ellos, en el trasfondo de la simbología anterior de Lucas 1, 42-43.

Imagen 1: María lleva en su vientre a Jesús,rey niño
Imagen 2: María Gebîra, lleva en su «seno» la iglesia de Jesús
Imagen 3: María, un corazon de esperanza abierta al universo

 

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“¿Cómo vivir la Navidad?”. Domingo 4º de Adviento. Ciclo C.

domingo, 23 de diciembre de 2018
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Maria+-+IsabelDel blog El Evangelio del El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Cuando falta poco para estas fiestas, las lecturas nos ofrecen tres ejemplos excelentes para vivir su sentido y un mensaje de esperanza.

El ejemplo de Isabel: alabanza, asombro, alegría (Lucas 1,39-45)

En aquellos días, María se puso de camino y fue a prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.«

Aunque en el relato del evangelio la iniciativa es de María, poniéndose en camino hacia un pueblecito de Judá, los verdaderos protagonistas son Isabel, la única que habla, y Juan, el hijo que lleva en su seno. Es este el primero en reaccionar, antes que su madre. En cuanto oye el saludo de María (Lucas no cuenta qué palabras usó para saludar) da un salto en el seno de Isabel. Esta, llena de Espíritu Santo, expresa los sentimientos que debe tener cualquier cristiano ante la presencia de Jesús y María.

Alabanza (“¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”). El Antiguo Testamento recoge la alabanza de algunas mujeres, pero por motivos muy distintos. Yael es proclamada “bendita entre las mujeres” por haber asesinado a Sísara, general de los enemigos; Rut, por haber elegido a Booz, a pesar de no ser joven; Abigail, por haber impedido a David que se tomara la justicia por su mano; Judit, por haber matado a Holofernes y liberado a Israel; Sara, la esposa de Tobit, por haber abandonado a sus padres para venir a vivir con la familia de Tobías. ¿Qué ha hecho María para que Isabel la bendiga? El relato de la anunciación lo deja claro: ha aceptado el plan de Dios (“he aquí la esclava del Señor”) y eso la ha convertido en madre de Jesús o, como dirá Isabel, en “la madre de mi Señor”. Motivo más que suficiente de alabanza.

Asombro (“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”). La forma de expresarse Isabel, tan personal, recuerda lo que escribió san Pablo a los Gálatas a propósito de la muerte de Jesús: “Me amó y se entregó a la muerte por mí”. Se deja en segundo plano el valor universal de la encarnación y de la muerte para destacar lo que significan para mí. La Navidad, celebrada año tras año durante siglos, corre el peligro de convertirse en algo normal. No nos asombramos de esta venida de Jesús a mí, como si fuera la cosa más lógica del mundo. Buen momento para detenernos y asombrarnos.

Alegría (“la criatura saltó de gozo en mi vientre”). Lucas termina por donde empezó: hablando de la reacción de Juan. Pero ahora añade que el salto en el vientre de su madre lo provocó la alegría de escuchar el saludo. Los domingos anteriores han insistido en el tema de estar siempre alegres. Lo específico de este evangelio es que la alegría la provoca la presencia de María y de Jesús.

Estos tres sentimientos los inspira, según Lucas, el Espíritu Santo; ya que generalmente no lo tenemos tan presente como debiéramos, es este un buen momento para pedirle que los infunda también en nosotros.

El ejemplo de María: fe

            Las palabras de Isabel, que comienzan con una alabanza de María y de Jesús, terminan con otra alabanza de María: “¡Dichosa tú que has creído!” Y esto debe hacernos pensar en la grandeza del misterio que celebramos. No es algo que se pueda entender con argumentos filosóficos ni demostrar científicamente. Es un misterio que exige fe. Para muchos, como decía el cardenal Newman, la fe es “la capacidad de soportar dudas”. Para María es fuente de felicidad. Lo será siempre, a pesar de las terribles pruebas por las que debió pasar. En ese camino misterioso de la fe, ella se nos ofrece como modelo.

El ejemplo de Jesús: cumplir la voluntad de Dios (Hebreos 10,5-10)

Hermanos:

Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni victimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: ‘Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

En la mentalidad del pueblo, y de gran parte del clero de Israel, lo más importante en la relación con Dios era ofrecerle sacrificios de animales y ofrendas. En el fondo latía la idea de que Dios necesita alimentarse como los hombres. Los profetas, y también algunos salmistas, llevaron a cabo una dura crítica a esta mentalidad: lo que Dios quiere no es que le ofrezcan un buey o un cordero, sino que se cumpla su voluntad. Esta idea la recoge el autor de la Carta a los Hebreos y la pone en boca de Jesús (“Aquí estoy para hacer tu voluntad”), completándola con otra idea: los sacrificios de animales no tenían gran valor, había que repetirlos continuamente. En cambio, cuando Jesús se ofrece a sí mismo, su sacrificio es de tal valor que no necesita repetirse. Los sacrificios de animales pretendían establecer la relación con Dios, sin conseguirlo plenamente. El sacrificio de Jesús establece esa relación plena al santificarnos.

            Al mismo tiempo, el ejemplo de Jesús nos enseña a poner el cumplimiento de la voluntad de Dios por encima de todo, de acuerdo con lo que repetimos a menudo: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Un anuncio (Miqueas 5,1-4)

Así dice el Señor:

«Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastorea con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz.

Este breve oráculo del libro de Miqueas es famoso porque lo cita el evangelio de Mateo cuando los magos de Oriente preguntan dónde debía nacer el Mesías. El texto se dirige a personas que han vivido la terrible experiencia de la derrota a manos de los babilonios, el incendio de Jerusalén y del templo, la deportación, la desaparición de la dinastía davídica. La culpa, pensaban muchos, había sido de los reyes, los pastores, que no se habían comportado dignamente y habían llevado a cabo una política funesta. En medio del desánimo y el escepticismo, el profeta anuncia la aparición de un nuevo jefe, maravilloso, que extenderá su grandeza hasta los confines del mundo y procurará la paz y la tranquilidad a su pueblo. Pero no será como los monarcas anteriores, será un nuevo David. Por eso no nacerá en Jerusalén, sino en Belén.

Resumen

Lo que relaciona las lecturas de este domingo es la misión de Jesús y los frutos que produce. La de Miqueas anuncia que su misión consistirá en ser jefe (pastor) de Israel, procurándole al pueblo la tranquilidad y la paz. En la Carta a los Hebreos, su misión es cumplir la voluntad del Padre; gracias a eso ha restaurado nuestra relación con Dios, nos ha santificado. En el evangelio, la misión no la lleva a cabo Jesús, sino María; su simple presencia provoca una reacción de alabanza, asombro y alegría en Isabel y Juan.

 

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23 de Diciembre de 2018. Cuarto Domingo de Adviento. Ciclo C.

domingo, 23 de diciembre de 2018
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(Lc 1, 39-45)

En esta era de las terapias llama la atención que todavía no se hayan “reinventado” la de bendecir, y le hayan puesto un nombre en inglés. Aunque tal vez sí la han inventado y todavía no la conocemos… Sea como sea, el arte de bendecir da para muchos cursos, talleres y libros. Además, sus buenos efectos para la salud son constatables desde el principio.

Pero antes de seguir con la bendición echemos un vistazo al evangelio que nos regala este último domingo de adviento. Es un texto muy conocido, nos lo sabemos prácticamente de memoria: la visita de María a su prima Isabel.

María, la mujer bendita de Nazaret, cuando recibe el encargo de ser la madre del Hijo de Dios, con una mezcla de asombro, temor y alegría, lo primero que hace es ponerse en camino, irse a compartir su experiencia con quien sabe que vive algo parecido.

María e Isabel son las dos grandes protagonistas del adviento. Las dos, rodeadas de fragilidad, una por su vejez y la otra por su juventud, no solo esperan, sino que sostienen la espera y hacen realidad la promesa.

Ayer leía en un misal de 1996 un pequeño comentario a lo que es el adviento. Hablaba de tres personajes protagonistas del adviento: el pueblo, Isaías y Juan Bautista. El autor de dicho comentario olvidó por completo a las grandes estrellas: María e Isabel.

Isabel, que con sus años ha aprendido el hermoso arte de bendecir, es lo primero que hace cuando oye llegar a María: “-¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

El encuentro entre estas dos mujeres nos invita a bendecir, a ponerle voz y palabra a todo lo bueno que descubrimos. No nos engañemos pensando que el encuentro entre María e Isabel tenía solo cosas buenas, las palabras de Isabel podrían haber sido muy diferentes, algo así como: “¡Menudo lío en el que te has metido, María! ¿Cómo vamos a explicarle a la familia, al pueblo y a José que estás embarazada cuando ni siquiera estás casada?”

Lo de bendecir no es solo, ni principalmente, para los momentos idílicos, es más como la medicina que nos ayuda a descubrir el lado luminoso de la realidad. Quien bendice hace eso: señala la luz, lo bueno, y de ella recibe la fuerza y la claridad.

Oración

¡Bendecid! sí, tomando como modelo a Isabel ejercitemos el arte de bendecir.

¡Bendecid! y nuestra vida se llenará de bendición.

¡Bendecid! y la luz le seguirá ganando terreno a las tinieblas.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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