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Se llamaba Normunds Kindzulis. Tenía 29 años. Y ha sido asesinado, quemado en su propia casa, en un ataque homofóbico en Letonia.

Martes, 4 de mayo de 2021

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Normunds Kindzulis, un joven de 29 años, no ha podido sobrevivir a las extensas quemaduras sufridas el pasado 23 de abril, cuando su compañero de piso lo encontró envuelto en llamas en el rellano de su edificio en Tukums (Letonia). Las sospechas de que lo sucedido fue un asesinato de motivación homófoba se acrecientan conforme se conocen más detalles de la historia: Kindzulis había sufrido graves amenazas homófobas a las que las autoridades no habían hecho caso. Después de que en un primer momento la Policía letona evitara relacionar lo sucedido con un crimen homófobo, el presidente del país asegura que en Letonia «no hay lugar para el odio» y promete llegar hasta el fondo de lo sucedido.

Un hombre gay de Tukums, Letonia, murió de quemaduras el miércoles (28 de abril) que casi le cubrieron todo el cuerpo después de que un vecino descontento supuestamente lo roció con líquido inflamable. Normunds Kindzulis, un asistente médico de 29 años, sufrió quemaduras en el 85 por ciento de su cuerpo el 23 de abril en la tranquila e histórica ciudad llena de iglesias de ladrillos rojos y molinos de cardado de madera.

Pero después de que supuestamente estalló una pelea en el complejo de apartamentos en el que vivía, le empaparon la ropa con combustible y le prendieron fuego en lo que los defensores instan a la policía a considerar como un crimen de odio homofóbico. Otro hombre gay sufrió quemaduras mientras buscaba desesperadamente salvar a Kindzulis mientras estaba envuelto en un incendio que arrasó el edificio.

Según lo que hasta la fecha hemos podido reconstruir de lo publicado por medios letones, los gritos de Normunds Kindzulis despertaron a Artis Jaunkļaviņš, su compañero de piso, alrededor de las cuatro de la madrugada del pasado 23 de abril. Al salir al rellano se lo encontró envuelto en llamas en la escalera del bloque de apartamentos. Al parecer había sido rociado con un líquido inflamable (algunos medios hablan directamente de gasolina) y alguien le había prendido fuego. El joven intentó apagar las llamas que envolvían el cuerpo de su compañero, lo que a su vez le causó importantes quemaduras a él mismo en las piernas. Kindzulis fue trasladado aún con vida al hospital, pero no pudo sobrevivir a las gravísimas quemaduras, que le cubrían un 85% de la superficie corporal. Artis Jaunkļaviņš, por su parte, ha sido ingresado en un centro de queñados de Riga, la capital letona.

Según ha denunciado la víctima superviviente, Kindzulis había sido objeto de amenazas homófobas por parte de un vecino, que habían denunciado a la Policía. De hecho fuentes policiales han confirmado a la prensa local que en efecto la víctima había denunciado amenazas en noviembre de 2020, pero que después de «examinar la información» se decidió no iniciar una investigación criminal. De hecho, jauns.lv, un medio local, recoge con cierte detalle que el acoso a Kindzulis comenzó en efecto hace meses, a raíz de un incidente vecinal que poco a poco se convirtió en una auténtica persecución homófoba a manos del vecino y otros individuos relacionados con este, materializada tanto en amenazas verbales y a través de mensajes de texto como en al menos una grave agresión física (fue empujado por las escaleras, lo que motivó una baja médica). El mismo medio recoge que el vecino agresor es un exmilitar que trabaja en el sector de la seguridad, e incluso especula, aunque sin afirmarlo abiertamente, sobre una posible relación del mismo con el jefe de policía de la localidad. Siempre según este medio, Artis Jaunkļaviņš, compañero de piso del fallecido, sospecha incluso que el incidente que supuestamente habría dado lugar al enfrentamiento (relacionado con una pérdida de llaves) no fue más que una excusa del agresor para comenzar su acoso.

Por otra parte, Jaunkļaviņš se ha mostrado indignado por la versión que en un primer momento autoridades y medios ofrecieron de lo sucedido, según la cual todo se trató de un incendio accidental originado en una pila de ropa. Una versión que muy poco después, conforme la indignación se extendía entre la comunidad LGTBI letona, ya era matizada por las fuerzas de seguridad, que confirmaban que se había iniciado una investigación criminal.

Kindzulis fue trasladado de urgencia a Riga, la capital de Letonia, para recibir tratamiento. Sin embargo, en un giro trágico, la Asociación de Organizadores del Orgullo Europeo confirmó en Twitter el miércoles que se había enterado de que Kindzulis había fallecido.

Él fue, dijo el grupo, una “víctima de [un] ataque incendiario homofóbico”.

Según Euractiv, la policía local inicialmente se negó a abrir una investigación, pero la muerte de Kindzulis ha provocado una necesidad urgente de hacerlo. “Llevar a alguien al borde del suicidio también es un crimen”, dijo el jueves el oficial Andrejs Grishins a los periodistas, dijo el medio.

El principal colectivo LGTBI letón, Mozaika, exige entretanto que se investigue con detalle el historial de amenazas y agresiones que ya desde hace meses Kindzulis soportaba sin recibir en ningún momento asistencia policial. Y es que la biografía de Kindzulis fue una vez de fuerza y vigilancia. Había recibido amenazas de muerte homofóbicas en el pasado y huyó a Tukums, que está a unos 70 kilómetros de Riga. Pero en la tranquila ciudad, se encontró con una violencia demasiado familiar. Fue agredido físicamente al menos cuatro veces.

La segunda víctima le dijo a Tukums Independent News, un periódico local, cómo la pareja había informado a las autoridades cómo su vecino los amenazaba y se burlaba de ellos en el edificio de cinco pisos en el que vivían. “Informamos de estas amenazas tanto a la policía como al lugar de trabajo del vecino, pero no hubo reacción”, dijo. “Tuvimos que esperar a que alguien fuera mutilado o asesinado”.

Mientras tanto, en sus cuentas de redes sociales, Kindzulis elogió Eurovisión, compartió fotos de sus viajes y viajes de campamento por Letonia y cuidó a su gato.

Su muerte ha llegado a exponer las líneas divisorias de Letonia, un estado miembro de la Unión Europea que durante mucho tiempo se ha resistido a reconocer a las personas LGBT +.

Incluso el presidente de Letonia, Egils Levits, se manifestaba en Twitter y admitía implícitamente que la principal sospecha sobre el presunto asesinato es la motivación homófoba y  tuiteó que “no hay lugar para el odio en Letonia”.

Sin embargo, el parlamento letón, el Saeima, votó abrumadoramente para modificar la constitución para definir la familia estrictamente como una “unión de un hombre y una mujer” a principios de este año.

Activistas de todo el mundo rindieron homenaje a Kindzulis que, para muchos, no solo señaló la profundidad de la ira que se siente hacia la gente queer en Letonia, sino también la necesidad misma del Orgullo y el movimiento de derechos LGBT + en sí.

Un país hostil a la igualdad LGTB

Letonia, pese a contarse entre los más hostiles de la Unión Europea para su población LGTB, ha empezado hace poco a mostrar algún signo esperanzador. El más simbólico, la salida del armario como gay de su ministro de Exteriores, Edgars Rinkēvičs, en noviembre de 2014. Reelegido para su puesto tras las elecciones de 2018, Rinkēvičs sigue abogando por el reconocimiento de las parejas del mismo sexo. Otro gesto, menor pero cargado también de simbolismo, fue la rectificación de una promoción de San Valentín de los autobuses de la capital Riga que excluía a las parejas del mismo sexo.

En diciembre de 2005 se introdujo una enmienda a la Constitución de Letonia para definir el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, y así impedir a las parejas del mismo sexo el acceso a esta institución. Quienes se muestran contrarios al proyecto de reconocimiento de otro tipo de uniones consideran que se trata de un subterfugio para violar lo que la Constitución prohíbe taxativamente.

Esta actitud es la que el ministro Rinkēvičs calificaba en noviembre de 2015 de «montón de histeria» y contra la que se ha comprometido a luchar. Este tipo de grupos homófobos ya intentaron en 2006 aprobar, sin éxito, una ley contra la «propaganda homosexual» como la vigente en Rusia desde 2013. En 2015, la celebración del Europride en Riga se vio amenazada por el boicot de grupos homófobos, aunque finalmente tuvo lugar sin grandes problemas.

En junio de 2019,el Parlamento de Letonia volvió a decir «no» a las uniones civiles. Una proposición de ley presentada por diputados de partidos representados en el Gobierno  fracasó, al obtener solo 23 votos favorables de los 100 representantes de la Saeima, el legislativo unicameral letón.

Fuente Pink News

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