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Archivo para Domingo, 6 de diciembre de 2020

Preparad el camino del Señor.

Domingo, 6 de diciembre de 2020

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Si la paciencia es la madre de la espera, es la misma espera la que produce nuevo gozo en nuestras vidas. Jesús nos ha hecho entrever no sólo nuestros sufrimientos sino también lo que está más allá de ellos. «También vosotros ahora estáis tristes, pero os veré de nuevo y vuestro corazón se llenará de gozo». Un hombre, una mujer que no alimentan su esperanza en el futuro, no están en disposición de vivir el presente con creatividad.

La paradoja de la espera está precisamente en el hecho de que los que creen en el mañana están en disposición de vivir mejor el hoy; que los que esperan que de la tristeza brote el gozo están en disposición de descubrir los rasgos inaugurales de una vida nueva ya en la vejez; que los que esperan con impaciencia la vuelta del Señor pueden descubrir que él ya está aquí y ahora en medio de ellos (…).

Precisamente en la espera confiada y fiel del amado es donde comprendemos cómo ya ha llenado nuestras vidas. Como el amor de una madre por su propio hijo puede crecer mientras espera su regreso, como los que se aman pueden descubrirse cada vez más durante un largo período de ausencia, así nuestra relación interior con Dios puede ser cada vez más honda, más madura mientras esperamos pacientemente su retorno.

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H. J. M. Nouwen,
Forza dalla solitudine, Brescia 1998, 59-62).

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Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías

“Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.””

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaba sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

– “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”

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Marcos 1,1-8

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“Rendijas”. 2º Domingo de Adviento – B (Marcos 1,1-8). 06 de diciembre 2020

Domingo, 6 de diciembre de 2020

02_2_Adv_B_1429666Son bastantes las personas que ya no aciertan a creer en Dios. No es que lo rechacen. Es que no saben qué camino seguir para encontrarse con él. Y, sin embargo, Dios no está lejos. Oculto en el interior mismo de la vida, Dios sigue nuestros pasos, muchas veces errados o desesperanzados, con amor respetuoso y discreto. ¿Cómo percibir su presencia?

Marcos nos recuerda el grito del profeta en medio del desierto: «Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos». ¿Dónde y cómo abrir caminos a Dios en nuestras vidas? No hemos de pensar en vías espléndidas y despejadas por donde llegue un Dios espectacular. El teólogo catalán J. M. Rovira nos ha recordado que Dios se acerca a nosotros buscando la rendija que el hombre mantiene abierta a lo verdadero, a lo bueno, a lo bello, a lo humano. Son esos resquicios de la vida a los que hemos de atender para abrir caminos a Dios.

Para algunos, la vida se ha convertido en un laberinto. Ocupados en mil cosas, se mueven y agitan sin cesar, pero no saben de dónde vienen ni a dónde van. Se abre en ellos una rendija hacia Dios cuando se detienen para encontrarse con lo mejor de sí mismos.

Hay quienes viven una vida «descafeinada», plana e intrascendente en la que lo único importante es estar entretenido. Solo podrán vislumbrar a Dios si empiezan a atender el misterio que late en el fondo de la vida.

Otros viven sumergidos en «la espuma de las apariencias». Solo se preocupan de su imagen, de lo aparente y externo. Se encontrarán más cerca de Dios si buscan sencillamente la verdad.

Quienes viven fragmentados en mil trozos por el ruido, la retórica, las ambiciones o la prisa darán pasos hacia Dios si se esfuerzan por encontrar un hilo conductor que humanice sus vidas.

Muchos se irán encontrando con Dios si saben pasar de una actitud defensiva ante él a una postura de acogida; del tono arrogante a la oración humilde; del miedo al amor; de la autocondena a la acogida de su perdón. Y todos haremos más sitio a Dios en nuestra vida si lo buscamos con corazón sencillo.

José Antonio Pagola

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”Allanad los senderos del Señor”. Domingo 06 de diciembre de 2020. Domingo 2º de Adviento.

Domingo, 6 de diciembre de 2020

02advientoB2cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 40,1-5.9-11: Preparadle un camino al Señor.
Salmo responsorial: 84:
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
2Pedro 3,8-14: Esperemos un cielo nuevo y una tierra nueva.
Marcos 1,1-8: Allanad los senderos del Señor.

En los tiempos que escribe el profeta Isaías el pueblo de Israel se encuentra en el exilio de Babilonia y es inminente un posible retorno a la tierra de Israel. Isaías da aliento a su pueblo diciéndoles que ya han satisfecho la pena que tenía estipulada por sus culpas, satisfacción lograda por medio de la esclavitud y los trabajos forzosos que han vivido en Babilonia. Ahora vendrá un mensajero, que el escritor no le da nombre, proclamando que todo monte sea rebajado, allanando, aplanado para hacer una senda a nuestro Dios que regresa triunfante a Jerusalén conduciendo a su pueblo como en otro tiempo lo hizo con los israelitas saliendo de Egipto. El escritor ha tomado una costumbre de su época, según la cual cuando un rey ganaba una guerra o una batalla se hacían caminos ceremoniales en los cuales se celebraba el triunfo del rey sobre sus enemigos. Asimismo Yahvé es el Señor, el Dios de Israel que retorna glorioso triunfante a Jerusalén por un camino preparado por Él. El mensajero anuncia a todo el pueblo esta noticia, noticia de esperanza y de alegría para una comunidad que vivía marginación y explotación. Los evangelistas han asociado a este mensajero que prepara el retorno de Yahvé con Juan el Bautista.

El Salmo canta la esperanza del pueblo desterrado que ahora retorna. Ellos se preguntan hasta cuándo Dios estará alejados de ellos, y la respuesta es unánime: Él mora en aquellos que le son fieles. Ese día Yahvé se hará presente. La justicia y la paz reinarán y las cosechas, que no han producido lo esperado, prosperarán. Es un himno al Dios compasivo que ahora retorna a su tierra para hacerla fructificar. Es la espera y la esperanza en un futuro mejor.

La segunda lectura de la carta de Pedro, nos sitúa dentro del debate sobre el día de la segunda venida del Señor. La comunidad para la que esta dirigida la carta de Pedro se preguntaba cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. En un principio se les había dicho que pronto pero pasaba el tiempo y no retornaba. El apóstol le responde diciéndole que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que usa de la paciencia de los hombres queriendo que todos lleguen a la salvación; por que un día es como mil años y mil años como un día para el Señor. En ese día se inaugurara un nuevo cielo y nueva tierra. Lo que nosotros tenemos que hacer es esforzarnos para ser hallados en paz ante él, y ésta debe ser una actitud permanente pues no sabemos el día en que vendrá. Pedro anima a la espera a una comunidad impaciente, y más que a una espera a vivir esperanzadamente en un futuro mejor. No niega que haya problemas en la comunidad (divisiones, persecuciones), pero lo que nos debe identificar como cristianos es la confianza en un futuro mejor.

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista. En él se cumple la profecía de Malaquías según la cual vendrá un mensajero delante del Mesías (que sería Elías); y del profeta Isaías que expresa la misión del precursor preparar el camino de aquel que ha de venir. Juan proclamaba un bautismo de conversión el cual era signo del perdón de los pecados y que implicaba el compromiso de cambio de vida. Predicaba un castigo inminente de Dios y ante esa amenaza debíamos reconocernos pecadores, débiles, que hemos fallado, por lo cual el bautismo era expresión de un real cambio de vida y no solo un simple rito. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él). Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que significaba su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la esperanza que el grupo de seguidores de Juan arraiga en su corazón.

Como vemos, la liturgia del día de hoy nos invita a esperanza, a creer que en medio de las dificultades, de las persecuciones, de las realidades más duras de la vida; es posible un futuro mejor, porque el Señor es fiel a quienes asumen los valores de la verdad, de la justicia, de la fraternidad. Todas estas esperanzas que nos invitan las lecturas, como cristianos, las leemos en Jesús, sobre todo en este tiempo de espera alegre de la Navidad, espera de un nuevo mundo. Que nuestra esperanza sepa dar testimonio ante el mundo de que un futuro mejor, en medio de las difíciles condiciones de nuestra realidad, es posible. Leer más…

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6. XII 2020. Dom 2º Adviento. Ciclo B: Ante el pasado Consistorio, volver a Juan Bautista (Mc 1, 1-8)

Domingo, 6 de diciembre de 2020

DD0CBCBD-2A60-49BD-8020-BC1DF49B8642Del blog de Xabier Pikaza:

El tema central de este Dom 2º de Adviento es el comienzo del Evangelio de Marcos (1,1-8), que seguiremos leyendo a lo largo del año 2021 (Ciclo B).

La figura dominante es Juan Bautista, marcando el paso que va del Antiguo al Nuevo Testamento; él convocó el primer “consistorio” de la iglesia, al que acudió Jesús, con otros voluntarios.

Ese motivo nos sitúa ante el reciente consistorio del Papa con sus cardenales, al comienzo del Adviento (28.11.2020) con su dignidad y su historia, ha sido un hermoso y digno consistorio, y me alegro de ello.

Pero yo preferido otro algo distinto, más parecido al de Juan, entre el desierto y la tierra prometida, donde acudió Jesús (Mc 1, 9), con sus compañeros, desnudos de riquezas, abiertos de esperanzas, conforme al evangelio de este domingo.

Composición de lugar

 

65405789-5779-4D4E-8526-F63BA48EA5A4Como he dicho, el consistorio del pasado 28.11.20, ha sido un digno y gozoso consistorio. Ciertamente, hay algunas excepciones, pero el colegio cardenalicio es uno de los colectivos más dignos y sanos no sólo de la Iglesia, sino de la humanidad actual. Los católicos podemos sentirnos muy contentos, y dar a Dios gracias por ello. Y, sin embargo, algunas cosas podían y pueden cambiar, en la línea del evangelio del domingo (Mc 1, 1-8). El colegio de los Cardenales nació en el siglo XI para resolver fuertes problemas de Iglesia. Por eso, el papa de entonces creó un colegio de “príncipes de la iglesia”, electores del  próximo papa (como los príncipes electores del Imperio Romano Germánico del siglo XI). Ese “invento” de los cardenales electores tuvo éxito, ha durado casi mil años… Pero quizá debería cambiar, siguiendo más el modelo de Juan Bautista  y de su grupo, del que surgió Jesús.

Este colegio de cardenales ha cumplido una función,  a lo largo de mil años, como signo de poder y prestigio de la Iglesia, pero quizá debe ir terminando (o cambiando mucho), con las reformas que ha introducido el Papa Francisco y con otras muchos mayores que deben introducirse. No parece normal ni bueno que sean solo varones y obispos. No hay razón ninguna para mujeres y no-obispos… No hay razón ninguna para que vistan de colorado…, no hay ninguna, ninguna razón, para que sigan siendo un residuo  de la reforma  feudal, imperial y “gregoriana” del siglo XI (cuando se crearon cardenales, consistorios y cónclaves, en torno al año 1059, como electores del papa).

Resulta significativo y, a mi juicio,prometedor  el hecho de que esta iglesia “cardenalicia” celebre mañana (el 6.12.20) el segundo domingo de Adviento, con la figura de Juan, a quien hoy quiero presentar como profeta y bautista del “gran” consistorio mesiánico al que se apuntaron los voluntarios del Reino, con  Jesús, que inició  desde allí su camino mesiánico. Como es normal, los cardenales del consistorio Vaticano 2020 son distinto de los compañeros del Bautista, entre los que estuvo Jesús… Por eso me gustaría que los próximos “consistorios” de la iglesia romana fueran más parecidos a los grupos del Bautista…, empezando por sus vestidos y comida, por su origen y vocación de Reino.

De aquel “consistorio” de Juan surgió Jesús, el hijo de María, de la que tratará el evangelio del próximo martes (8.12.20).  Ellos, muy distintos, muy unidos, han de ser los promotores de los próximos consistorios de la Iglesia, con hombres y mujeres, cristianos todos (casados o solteros, clérigos o laicos…). No sé la forme en que deberán elegirse los “compromisarios” de la próxima iglesia de Roma. Estos cardenales del año 2020 han cumplido una función y la seguirán cumpliendo algunos años (algunos decenios). Pero tiene que surgir pronto una iglesia distinta. En el primer milenio no hubo cardenales (ni los hay en las iglesia ortodoxas,protestantes etc…). En el tercer milenio tampoco habrá cardenales de este tipo.

         Pienso que la reforma de la Curia Vaticana, en la que está empeñado el Papa Francisco, va (ha de ir) en esa línea. En un sentido, poniéndose a soñar, hubiera sido hermoso que Francisco hubiera abandonado el Vaticano, con sus “nobles” cardenales (re-vestidos, solemnes, sentados bajo una cúpula de poder), para retomar la andadura de Juan y de Cristo, en el “desierto” (fuera del poder establecido), a la vera del Jordán, sin más vestido que una túnica de pelo de camello, sin más seguridad ni comida que los “saltamontes” y la miel silvestre del ancho mundo hermano. En esa línea puede entenderse el evangelio y liturgia de este domingo 2 de Adviento.

Contrapunto: Juan Bautista y los “cardenales” de Jesús

21731177-23AD-4A79-B787-4BE08131E41D Juan Bautista supo que este mundo (templo y vaticano incluidos) se encuentra condenado a muerte. Por eso abandonó el culto oficial, los poderes establecidos, para comenzar “a pelo” (desnudo de ropas y comidas de mercado) en el desierto del principio de la vida. Su camino y mensaje incluía tres certezas primordiales.

1) Según Juan Bautista, este mundo de riqueza, poder y exclusión (con el templo de Jerusalén y el Imperio romano) está condenado a muerte, se está destruyendo a sí mismo, porque es un mundo de injusticia. Por eso, Juan protesta contra la apariencias de las vestiduras que son signo de poder sacerdotal (social), volviendo a la naturaleza “desnuda”, igual para todos, con la túnica de pelo de camello, que no se compra ni vende en mercado. En esa misma línea protesta contra la injusticia de un mercado de comidas, que enriquece a unos, empobrece a otros, volviendo a la naturaleza y a sus dones, iguales para todos, saltamontes, miel silvestre…

(2) Sólo a quienes rompen así con el “mundo del poder” ofrece Juan un bautismo de esperanza, es decir, un nuevo comienzo,para escaparse «de la ira que se acerca» (cf. Mt 3, 7),  caminando hacia la salvación, en la tierra prometida, tras el río Jordán que separa el mundo antiguo del desierto y la tierra del Reino de Dios. Evidentemente, Juan habría sacado a los cardenales del consistorio 2020, con el mismo Papa Francisco, para abandonar otros “negocios” y comenzar una andadura de transformación personal y social, social y eclesial, sin dinero alguno (todo lo que se construye con puro dinero es malo), a cuerpo, junto al río de la vida.

(3) Pero, al mismo tiempo, Juan sabe que hay algo (Alguien) mayor que él, que todos sus discípulos, incluidos los “cardenales”. Por eso les anuncia y promete la llegada de   uno que es más fuerte, aquel que viene en nombre de Dios (o Dios mismo) para realizar las promesas antiguas y transformar en amor gratuito la vida de los hombres y mujeres, desde los más pobres (los considerados pecadores, los excluidos, sin casa fija en el mundo). De esa forma dice que él no tiene la última palabra, pero hay uno que la tiene, y ése es Dios, que quiere revelarse, expresar su Vida en la vida de los hombres.

(4) Juan sabe que la historia del hombre actual (del poder y la riqueza) ha fracasado, pero ha descubierto que queda un resquicio de esperanza y en ese  resquicio quiere mantenerse, para abrir la puerta a los que vengan, en el borde del desierto, ante el río que evoca el paso de la vida y el nuevo nacimiento en la tierra de Dios, el paso de Dios entre los hombres, excluidos de la tierra, con publicanos y  prostitutas que son sus cardenales (cf. Mt 21. 32), con Jesús que se une y siente bien con esa compañía (como seguirá diciendo Mc 1 9- 11).

(5) Juan se planta así, como profeta de Dios para los pobres, junto al río, vestido de piel de camello y comiendo alimentos silvestres (Mc 1, 6), para iniciar un camino de salvación con los expulsados de las pretendidas salvaciones de los poderosos.  Sólo si somos capaces de volver al “desierto” de Juan, sin más vestido que una túnica de pelo de camello, sin más comida que los saltamontes (langostas peregrinas) de la tierra, podremos iniciar la andadura de aquel “consistorio” al que acudió de verdad Jesús. Quizá habría que haberse olvidado Consistorio Vaticano 2020 (¡con el Papa Francisco!), para apuntarnos este próximo domingo al Consistorio Universal de Juan, en el desierto del Jordán, como empieza contando el evangelio.

Texto: Mc 2, 1-8

 (Título) 1. Principio del evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios

(a. Habla Dios) 2 Según está escrito en el profeta Isaías: Mira, envío mi mensajero delante de ti, preparará tu camino, 3 voz que grita en el desierto: ¡Preparad el camino al Señor; allanad sus senderos!

(b. presentación de Juan) 4 Vino Juan el Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 6 Iba Juan vestido con pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre.

(c. Mensaje. Viene el más fuerte) 7 Y proclamaba diciendo: Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo

(d, Vino Jesús) 9 Y sucedió en aquellos días que llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

     El lector normal puede terminar aquí mi reflexión de este domingo, organizando a partir de aquí la suya. Para quien tenga más tiempo he querido recoger en esta postal mis reflexiones sobre el texto del evangelio de Marcos. El lector más interesa puede acudir a mi Comentario de Marcos y a mi Historia de Jesús, donde desarrollo el tema Aquí dejo a un lado el título del evangelio (Mc 1-1), con la cita del AT (Mc 1, 2-3) y la conclusión (venida de Jesús: Mc 1, 9), para centrarme  en la presentación de Juan (1, 4-6) y en su mensaje (1, 7-8).

PIKAZA, COMENTARIO DE MARCOS (Mc 1, 1-8)

1, 4-6. Vino Juan Bautista

4 Vino Juan el Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 6 Iba Juan vestido con pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre

            1, 4a. Vino.La palabra griega (egeneto), que he traducido como“vino” en el sentido de venir,puede entenderse también como “fue, sucedió o aconteció”, como en las historias tradicionales: “érase una vez”. Pero el problema no es la traducción, sino la puntuación del texto, pues, como se sabe, los manuscritos antiguos no puntúan, de manera que el principio y final de cada frase la “deciden” los mismos lectores, como en el lenguaje oral, donde son los oyentes los que captan los cambios de frase, al oído). (a) Mc 1, 1-4 se puede entender como una única frase, en la que 1, 2-3 actúa como paréntesis: “El principio del evangelio de Jesús… (como está escrito en Isaías…) fue Juan el Bautista”. El mismo Juan aparece así como comienzo del Evangelio. (b) Pero podemos suponer también que Mc 1, 1-4 consta de dos frases. La primera abarca 1, 1-3, con un título nominal: “comienzo del evangelio…” (1, 1) y una larga frase subordinada: “como está escrito…” (1, 2-3). A partir de 1, 4, tras un punto, comenzaría una frase nueva, que empieza con egeneto (fue, vino) que debería traducirse como: “Vino (se mostró, hubo una vez) Juan Bautista…

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“Tres caminos hacia Jesús.” 2º Domingo de Adviento. Ciclo B

Domingo, 6 de diciembre de 2020

3623727-lgDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El camino poético (lectura de Isaías)

Hacia el año 540 a.C., los judíos llevaban casi cincuenta años desterrados en Babilonia. Años duros, de grandes sufrimientos, de ansia de libertad y de vuelta a la patria. Esa buena noticia es la que anuncia el profeta. Pero el largo camino, a través de zonas a menudo inhóspitas, puede asustar a muchos y desanimarles de emprender el viaje. Entonces, una voz misteriosa, da la orden, no se sabe a quién, de preparar el camino al Señor. No se dirige a hombres, porque la labor que realizarán es sobrehumana: construir un el desierto una espléndida autopista, allanando montes y colina, rellenando valles. Por ella volverá el pueblo judío, acompañado de su Dios, como un pastor apacienta a su rebaño.

“Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle,  que se ha cumplido, su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha  recibido doble paga por sus pecados.”

Una voz grita: “En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos – ha hablado la boca del Señor”-

-Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:  “Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con el su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.”

El camino ético (Qumrán)

Con el tiempo, la idea de preparar un camino al Señor en el desierto adquirió un sentido nuevo: a mediados del siglo II a.C., un grupo de sacerdotes y seglares judíos, descontentos con el comportamiento de los sumos sacerdotes de Jerusalén y de las costumbres paganas que se estaban introduciendo, recordando el texto del libro de Isaías, decide retirarse al desierto de Judá y allí, en Qumrán, fundar una especie de comunidad religiosa. En el desierto preparan el camino del Señor. Ya no se trata de un camino poético, sino de una conducta conforme a la Ley del Señor. (En hebreo, derek puede significar “camino” y “forma de conducta”, igual que way en inglés).

El camino del Señor Jesús (evangelio)

Esta misma interpretación del texto de Isaías es la que aplica el evangelio a Juan Bautista. También él marcha al desierto a preparar un camino. A primera vista parece tratarse de un camino ético, como un Qumrán, ya que Juan exhorta a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados. Pero sus palabras dejan claro que prepara el camino a una persona más poderosa que él y que trae un bautismo superior al suyo: Jesús.

Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y é1 los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:  “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero é1 os bautizará con Espíritu Santo.”

[A propósito de la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús conviene recordar que el verbo “bautizar” significa en griego “lavar”. Los fariseos, por ejemplo, “bautizan” los platos, los lavan. Pero se puede lavar con agua sola, como hace Juan, que es un lavado superficial, incapaz de limpiar las manchas más profundas; y se puede lavar con “Espíritu Santo” (o “con Espíritu Santo y fuego”, como dice otro texto) limpiando totalmente a la persona.]

Esperad y apresurad la venida del Señor (2 Pedro 3, 8-14)

A mediados y finales del siglo I, muchos cristianos empezaron a sentirse desconcertados. Les habían repetido que la vuelta del Señor y el fin del mundo eran inminentes. Sin embargo, pasaban los años y el Señor no volvía. El autor de la 2ª carta de Pedro (que no es san Pedro) sale al paso de esta inquietud, ofreciendo una respuesta que, después de veinte siglos, no convence demasiado: el Señor no se retrasa, sino que nos da un plazo para que podamos convertirnos. El autor mantiene la postura tradicional de que la llegada del Señor y el fin del mundo será algo repentino, inesperado. Y en vez de quejarnos de que el Señor se retrasa, debemos “esperar y apresurar la venida del Señor”. Además, el fin del mundo será el comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra, y hay que prepararse para recibirlos llevando una vida santa y piadosa, en paz con Dios, inmaculados e irreprochables.

Queridos hermanos:  No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino  que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.

Una ética basada en Jesús

La segunda lectura, igual que el evangelio, une el camino de la ética con el camino que lleva a Jesús: Juan Bautista lo relaciona con la primera venida; la carta de Pedro, con la segunda. La liturgia nos indica que el Adviento no es época de espera pasiva, como quien espera que empiece la película: hay que comprometerse activamente. Y ese compromiso debe basarse en el recuerdo de la venida del Señor y en la esperanza de su vuelta.

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Segundo Domingo de Adviento. Ciclo B. 06 Diciembre, 2020

Domingo, 6 de diciembre de 2020

Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias.”

(Mc 1, 1-8)

El evangelio de este Domingo nos coloca en la primera página del Evangelio de Marcos. El Evangelio más antiguo que tenemos. Y Marcos abre su obra diciendo: “comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo De Dios”. No se anda con rodeos, casi podríamos decir que nos hace spoiler… aunque bien pensado no puede contarnos el final, sencillamente porque este evangelio no tiene final. Se queda abierto, se dirige a ti (a quien tenga la osadía de leerlo) y te pide que lo continúes, te pide que te impliques.

Pero no nos vamos a adelantar tanto, ahora estamos en la primera página y se nos presenta al primer personaje. De hecho se presenta él mismo con la contundencia, la humildad y la lucidez de quién se conoce a sí mismo. “Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias.”

La actitud de Juan es la actitud de todo verdadero discípulo. Ese saber quitarse de en medio. Ser un anuncio que no distraiga. Para ello primero necesitamos conocernos y conocer a Jesús. Acallar nuestro orgullo y permitir que la humildad nos haga conocernos, acogernos y amarnos. Solo así nos preparamos para ser discípulas y discípulos.

También Juan necesitó tiempo y desierto para prepararse. Antes de salir al Jordán a Bautizar, pasó años en la soledad y el silencio, acallando ruidos y tentaciones, moldeando una vida sencilla y austera. El evangelio nos lo muestra tan seguro de sí en mitad de una multitud que lo escucha y lo respeta, pero nos lo muestra casi al final de su recorrido, cuando ya se conoce, cuando ya se ha equivocado mil veces. Ahora se encuentra en el momento decisivo de su vida, y aun así tendrá dudas y necesitará enviarle mensajeros a Jesús: “¿Eres tú o tenemos que esperar a otro?”. El camino de la fe no es fácil, no es una autovía, se parece más a un bosque sin sendero, donde solo hay camino si das un paso más.

Oración

Enséñanos, Trinidad Santa, a andar vestidas de Evangelio y con sandalias por este tiempo de Adviento.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Juan construyó su propio camino, Jesús lo recorrió y continuó.

Domingo, 6 de diciembre de 2020

baptist_Mc 1,1-8

El evangelio del domingo pasado nos hablaba de estar despierto. Hoy hablan los que han despertado, los centinelas, los profetas. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco se trata de un ser humano separado y elegido por Dios, que le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto. La principal característica de los profetas es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Su principal objetivo ha sido denunciar la injusticia.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a ella, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano. Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo “humano” solo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de humanidad.

No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practican toda clase de atropellos e injusticias.

La primera palabra del evangelio de Mc es “arje”, que en griego designa el comienzo de un texto, pero también algo mucho más profundo. El evangelio de Jn comienza también con esta palabra y lo traducimos: “en el principio” = origen. “Arje” significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja. La Vulgata lo tradujo por “Initium” que también significa “origen”. El texto se debía traducir: “Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido, el Hijo de Dios”.

Tampoco euanggelion” debemos traducirlo por evangelio, que es un concepto muy elaborado, sino por buena noticia. Quiere decir que comienza el evangelio y que es todo él una buena noticia. Lo mismo tenemos que decir de “Jesous” y “Christos” que en griego están separados y significan simplemente, Jesús el ungido. Con el tiempo los cristianos unieron el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nosotros. Este texto es un resumen de todo lo que en él se va a proponer.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lc y Mt, que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas casi todas anteriores al cristianismo que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Mc pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT. Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo), donde empieza Jesús a manifestar lo que realmente era.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús, que encontramos en fuentes extra-bíblicas, es su bautismo por parte de Juan. No es descabellado suponer que Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan, que ya era famoso cuando él empezó su vida pública. A Juan, como a Jesús, no le gustaba el cariz que había tomado la religión judía.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús

Preparadle el camino al Señor. Este grito es el mejor resume del espíritu de Adviento. Pero fijaros que fuerza el sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Mc habla de preparar un camino a Jesús. El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

Yo bautizo con agua, pero él bautizará con Espíritu Santo. Es la clave del relato y marca la diferencia abismal entre Jesús y Juan. Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús frente a los personajes del pasado. Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

Los textos de este domingo nos hablan de utopía. Isaías dice: “Aquí está vuestro Dios”. Pedro: “Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” El salmo: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan”. Mc: “Él bautizará con Espíritu Santo”. En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta oferta puede ser impactante. Pero tampoco tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse.

Hoy, la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humano más caminos falsos de salvación. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurús a medida. Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Seres humanos que por su experien­cia personal puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

Podemos volcarnos sobre lo sensible, buscando el placer inmediato o descubrir las posibilidades de plenitud que todos tenemos. El no tomar una decisión es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. No despertar es seguir dormidos. Decidirse por lo más difícil solo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón. Es una iluminación que me empuja por un camino que ni siquiera sé a donde me va a llevar, pero estoy convencido que me hará más humano.

Meditación

La experiencia del bautismo es la clave para entender a Jesús.
Después de esa experiencia personal, dice a Nicodemo:
“Hay que nacer del agua y del Espíritu”.
El único camino hacia lo humano es el que Jesús recorrió.
Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.
Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Enderezad los senderos del Señor.

Domingo, 6 de diciembre de 2020

1172982384_f[1]6 de diciembre. DOMINGO II DE ADVIENTO

Nadie puede volverse por el camino que ha recorrido (Heráclito)

Mc 1, 1-8 «Voz del que proclama en el desierto: “Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas”».

No forzar jamás a nadie para que los senderos se pongan rectos, pues en una ocasión se lo preguntaron al evangelista de forma indiscreta y les respondió de esta manera y en verso, pues era poeta:

“¿Quién os ha dicho que yo,
dije nada de senderos
que subieran o bajaran
desde la Tierra a los Cielos?”

Y cuantos se lo habían preguntado, que eran muchos, particularmente fariseos, se callaron como muertos, y el sendero se irritó de manera prepotente.

Luego Jesús, mientras escribía unas letras en el suelo, porque in illo tempore no existía el papel y los papiros de Egipto eran excesivamente caros, “terminó diciendo a los ya dichos fariseos, que se fueran a hacer puñetas cuanto antes”. Los hombres no dijeron nada, pero en cambio las mujeres alboradas por lo de hacer puñetas, regresaron a sus casas riendo, para contárselo a los maridos.

 

Mientras tanto los senderos, en lugar de su de subir, se bajaron y la gente pudo seguir escuchando el evangelio de Marcos, que decía cosas muy interesantes, como aquello de Juan Bautista, recordando lo que Isaías decía: “Mira bien, pues envío por delante a mi mensajero para que prepare el camino del Señor”.

Poema de mi libro De hombre y de dioses:

Trashumancia

Cuarenta años transitó el pueblo judío
por un inhóspito desierto
desde Egipto a la Tierra Prometida,
como siglos más tarde transitaban
los pastores nómadas de León a Extremadura.

Las ovejas merinas daban lana,
que luego las mujeres cardaban en sus casas,
haciéndose tejedoras hábiles
como Las Hilanderas, del cuadro de Velázquez.

Bolsos, bermudas, y rebecas
que dan calor al cuerpo, y quitan frío al alma.

Y los judíos pasaron hambre y frío,
y sin apenas beber agua
que aliviara su sed en el camino,
hasta que Moisés llegó Mará,
y con voz sedienta dijo:

“¡Aquí, si que vamos a beber! 

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Carmen Soto: Preparar caminos inexplorados para la buena noticia.

Domingo, 6 de diciembre de 2020

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Mc 1,1-6

Marcos comienza su obra resumiendo en una sola frase la historia que nos va a narrar a continuación. Con brevedad, pero con mucha contundencia, afirma que hay una buena noticia en la vida y en el mensaje de Jesús, que es Mesías e hijo de Dios y, al hacerlo, está expresando una convicción profunda, una experiencia que ha cambiado su vida y a la que desea que accedan todas las personas que escuchen su relato (Mc 1,1).

Una Buena Noticia que consuela y sana…

Cualquier habitante del mundo mediterráneo antiguo al escuchar que algo era una buena noticia, un evangelio, entendía que se estaba produciendo un acontecimiento que podía cambiar el estado presente de las cosas, que podía traer alegría, paz o liberación para sus destinatarios. Por eso, decir que Jesús de Nazaret era una buena noticia para el mundo era algo más que escuchar un mensaje bonito, era una invitación a confiar en que algo nuevo estaba comenzando a suceder, algo capaz de suscitar esperanza y futuro.

Para ofrecer a sus oyentes una garantía de que lo que van a escuchar no era, como decimos hoy una fake news, les recuerda algunas palabras del II Isaías (Is 40, 3). Con estas palabras de la Escritura, los invita a recordar un acontecimiento donde Dios se hizo consuelo, liberación y esperanza (Is 40, 1-11). El profeta anuncia al pueblo exiliado en Babilonia que su situación va a cambiar, que el Dios de la misericordia y del perdón (Is 40, 1-2) va a actuar y los va a llevar de nuevo a casa. Pero para que esto ocurra hay que cuidar el corazón, hay que preparar el camino, recuperar los senderos por los que esa buena notica va a llegar (Is 40, 4-8). Hay que escuchar la voz del anuncio, hay que creer que es posible, hay que permanecer a la espera (Is 40, 9-11).

La memoria de aquel acontecimiento del pasado es aval para dar crédito a la buena noticia que acontece en Jesús de Nazaret. En él se hará de nuevo visible el encuentro entre Dios y el ser humano. De la mano de Jesús podremos ver en acción la compasión, la bondad y el consuelo de Dios. Una acción que necesita ser acogida, ante la que hay que preparar de nuevo el camino, sintonizar con las palabras del mensajero y confiar en el enviado. Solo así, como proclamaba Isaías, acontecerá lo que esperamos.

Juan, un testigo que sabe que está llegando la Buena Noticia de Dios

Para Marcos la historia de Jesús comienza a orillas del rio Jordán porque es allí donde su misión se discierne a la luz del anuncio de reconciliación que Juan el Bautista ofrece en su modo de actuar y enseñar (Mc 1, 4-8).

Juan desea un mundo diferente y, por eso, ofrece un camino de conversión. Como Isaías en el destierro, sabemos que Dios actúa siempre a favor del ser humano pero cuando el corazón se encoge por la culpa, el miedo, la ira o el sufrimiento, no es posible reconocer la mano amorosa de Dios. Por eso, con radicalidad e inmensa generosidad, ofrece una oportunidad a quienes se acercan de comenzar de nuevo. Su bautismo es un signo de liberación, de reencuentro con el Dios (a veces olvidado) de la misericordia y perdón.
El mensaje de Juan no es la buena noticia, pero sí camino hacia ella. Él es testigo de que la Buena Noticia está llegando, porque lo ve en los ojos de quienes lo escuchan, en sus gestos y acciones, y sabe que tarde o temprano alguien se acercará y encarnará el sueño de Dios (Mc 1,7-8).

Arriesgarse a hacer camino

Al llegar el adviento y recordar este comienzo del evangelio de Marcos sin duda nos podremos sentir llamadas/os a la conversión, al cambio, como proclamaba el bautista, pero para acoger y confiar en la Buena Noticia de Jesús, se necesita algo más. Se necesita una escucha atenta para que las ideas se conviertan en certezas, una mirada capaz de ver novedad donde todo parece agotado, unos pies dispuestos a dejar nuestra zona de confort y arriesgarse a abrir caminos de esperanza.

En adviento Marcos nos recuerda que hay que arriesgarse a confiar como lo hizo él, como lo hizo Juan el Bautista, como lo hicieron aquellos hombres y mujeres palestinos que cambiaron sus vidas al calor de la vida y el mensaje del nazareno. Comenzar a escuchar una vez más la Buena Noticia de Jesús, Mesías, hijo de Dios, es arriesgarse a ir a los desiertos existenciales propios y ajenos abriendo surcos que lleven el agua fresca que fecunde la vida. Es disponerse a cambiar el rito por la experiencia para no dejarse atrapar por lo de siempre, por lo aprendido. Es acoger con humildad y sencillez la grandeza y oportunidad que me ofrece la otra u el otro para no quedarme referenciado/a en mí mismo/a como si todo acabase a orillas de mi Jordán.

Escuchemos la Buena Noticia como si fuese la primera vez, como si Marcos nos la contase personalmente, como una primicia. Dejemos que nos sorprenda, que nos inquiete y que nos provoque…Hagamos el camino para que la esperanza germine y se enraíce en nuestras vidas y podamos ser portadoras/es de un mensaje de autentica liberación, sanación y consuelo en estos tiempos nada fáciles que nos toca vivir.

Carme Soto Varela

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Leer el Evangelio desde una nueva comprensión

Domingo, 6 de diciembre de 2020

Caminando-bajo-la-lluvia_1920x1080Domingo II de Adviento

6 diciembre 2020

Mc 1, 1-8

 Los evangelios presentan a Juan el Bautista como el mensajero que “prepara el camino” de Jesús. Y lo retratan como un profeta austero y exigente, que no duda en recurrir a la amenaza divina para exigir la conversión de quienes se acercan a él.

  En todas sus manifestaciones, los evangelistas subrayan, de manera expresa, su “inferioridad” con respecto a Jesús, patentizada en este caso por el diferente tipo de bautismo que realizan. Si el de Juan era algo simbólico –el agua en cuanto símbolo de limpieza–, el de Jesús es “espiritual”, en el sentido genuino del término: comunica el Espíritu.

 Una lectura literal parecía entender esa expresión en el sentido de que Jesús transmitía el Espíritu de Dios –entendido como un Ser separado– a quienes creían en él, con lo cual la persona quedaba enriquecida y transformada para iniciar una nueva forma de vida.

 Tal lectura, aun apuntando en la dirección adecuada, encerraba el peligro de –y, en la práctica, quedaba atrapada en– un dualismo insuperable y una objetivación del propio misterio que somos. En concreto, la salvación se consideraba como algo venido de fuera, como don de una divinidad separada y encarnada en un hombre particular, don adquirido gracias a la propia fe en él.

 Desde la comprensión no-dual, la lectura queda modificada. No hay separación, nada viene desde “fuera” ni es consecuencia de la propia actitud. Lo que somos, lo somos siempre. En nuestra identidad profunda, somos Espíritu. Nadie nos lo comunica; lo que puede hacer es ayudarnos a caer en la cuenta, a comprender y reconocer lo que hemos sido desde siempre.

 La salvación no viene de fuera. Estamos ya salvados. Lo que nos hace falta es, sencillamente, comprenderlo.

 Leídas desde la mente, estas afirmaciones suelen ser desechadas sin miramiento. Y desde la perspectiva religiosa, suelen considerarse como muestra de autosuficiencia, fruto de un pelagianismo que negaría la acción transcendente, fiándolo todo a la obra humana.

  Sin embargo, el sujeto de aquellas afirmaciones no es el yo. No es él quien está salvado ni conoce la plenitud. El sujeto es nuestra identidad profunda, la consciencia ilimitada, atemporal y no-local que somos. Y lo que sucede en la comprensión es, justamente, lo opuesto a la inflación del ego: su disolución. No hay ningún ego que pueda salvarse. La comprensión nos “salva” de la identificación con el ego, al mostrarnos nuestra verdadera identidad. No estamos, por tanto, ante un yo pelagiano y engañosamente autosuficiente, sino ante el gozo de compartir la misma identidad profunda con todos los seres: el Espíritu.

¿Me abro a reconocerme en lo que somos, transcendiendo la identificación con el yo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Desde el principio y por principio del Evangelio de JesuCristo, estamos salvados

Domingo, 6 de diciembre de 2020

1jlfbweDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Principio del evangelio de Xto.

         Durante este año litúrgico que acabamos e comenzar, leeremos el Evangelio de San Marcos. Y hoy hemos asistido al principiodel evangelio de JesuCristo, que no consiste en las primeras líneas del evangelio, sino que San Marcos sitúa el Evangelio, la buena noticia como principio vital. Así comienza también la Biblia, en el Génesis: En el principio creó Dios… (Gn 1,1) y también es el mismo modo con el que san Juan comienza su evangelio: En el principio existía la Palabra (Cristo).

No es una mera cuestión lingüística: No inicia un libro, una biografía. Se nos está diciendo que el evangelio es el principio, la luz y la fuente de nuestra vida. El principio es Evangelio: la buena noticia Nuestro principio (nuestros principios, como decimos coloquialmente) es existencialmente el Evangelio de JesuCristo Hijo de Dios.

         El mismo Dios de la creación y que se ha hecho uno de nosotros en JesuCristo, es nuestro evangelio, es buena noticia. Desde el principio, desde el Génesis hasta el final nuestra historia es evangelio, es salvación. ¡Estamos salvados!

         Evangelio significa noticia salvífica, anuncio liberador. Evangelio es mensaje de salvación: es el anuncio de la voluntad salvífica de Dios, es su misericordia.

  1. El evangelio no es un libro, es una persona: Cristo.

         Se suele decir con razón que el evangelio es anterior a los cuatro evangelios. Y es que el evangelio no es un libro, o cuatro, sino una persona: el Señor Jesús. La buena noticia es Cristo. El encuentro personal con Cristo es evangelio, liberación, salvación.

         Este es nuestro principio en la vida, este evangelio, Cristo, embarga toda nuestra existencia.

         Desde el principio y como principio Cristo es nuestro Evangelio.

         Desde el principio estamos salvados. Dios crea para salvarnos, vivir una vida plena.

  1. el desierto: Juan Bautista.

         El texto del evangelio Marcos comienza no con el nacimiento de Jesús, sino con Juan Bautista en el desierto. Extrañamente Juan Bautista predica, grita en el desierto. Pero en el desierto no vive nadie. ¿O sí?

El desierto no es tanto un lugar geográfico, sino que tiene un significado teológico. El desierto es la aspereza de la vida, un lugar de travesía, de crisis, y por tanto, el desierto es un momento de experiencia dura, de experiencia intensa humana y religiosa.

La vida es un desierto.

  1. El Éxodo y la travesía de las tribus hebreas durante cuarenta años por el desierto fue una experiencia dura de constitución del pueblo; una experiencia de la ética(Sinaí); una experiencia dura de camino hacia la tierra de libertad.

La libertad no es fácil y en un momento del camino por el desierto, los israelitas añoran la esclavitud de Egipto: En Egipto estábamos mejor: al menos teníamos para comer. Vivieron una experiencia de la dureza de la vida: sin pan, sin agua (maná y la roca).

  1. El Exilio y el destierro de Israel en Babilonia (587 a.C.) constituyó una verdadera tragedia nacional, un hundimiento colectivo. Una especie de “caída del Imperio romano”. Todo se viene abajo: pueblo, tradiciones, religión, cultura, etc. Eso fue un auténtico desierto.
  2. También hoy en día -siempre- los humanos atravesamos por desiertos y etapas de sequía y aridez. La pandemia que vivimos es un duro desierto. Sentimos que un mundo está concluyendo y nos lamentamos de la pérdida de valores, de lo que han cambiado las cosas y lo mal que van. Nada es ya lo que fue.
  3. Finalmente, cada uno afrontamos también nuestros propios desiertos, noches oscuras.

Este es nuestro desierto. Como siempre desierto es el lugar de crisis, de hundimientos, de no ver salida. Es también el lugar de silencio, de purificación, de paciencia, de camino y esperanza.

  1. Deseo y esperanza.

         El ser humano siente un profundo deseo de salir del desierto. Todos tenemos deseo de tiempos y situaciones mejores. El deseo humano es natural, nacemos con deseos de una vida mejor, de cosas, de situaciones mejores. Pero el deseo no es esperanza. El deseo es connatural al ser humano, el deseo va inscrito en nuestra naturaleza. La esperanza es un don: el don de Dios: terminaremos en Dios que se nos da y plenifica nuestra esperanza. Lo que anhela el deseo humano se puede realizar -o no- con el esfuerzo y trabajo humano. Lo que añora la esperanza es don de Dios, es gracia.

O5.   Dios nos acompaña.

         La historia de la humanidad no está abandonada a su suerte. Es una historia de salvación, es la historia de la promesa de Dios. Nos acompaña y nos cubre con su sombra como a las tribus israelitas en la travesía del desierto las protegía del rigor del sol por medio de la nube.

La cercanía y experiencia de Dios nos embarga e involucra toda la persona: vivimos y caminamos con y desde Dios. La esperanza se va haciendo presente en la cercanía de Dios en nuestra vida.

         Dios envía sus mensajeros que alientan la esperanza, consuelan y confortan, nos impulsan hacia adelante. Son voces que, como la de Juan Bautista, gritan sin miedo contra la injusticia y la violencia, voces que están de parte de los pobres y de los débiles, de los oprimidos y despreciados y, en este sentido, se oponen contra el poder económico, político, ideológico y religioso. Hay personas que son mensajeros de Dios, que transmiten la bondad y misericordia de Dios

  1. consolad a mi pueblo, a mi gente, (Isaías).

         Pocas veces pensamos y hablamos del consuelo, tan necesario en la vida y, por lo mismo, muy frecuente también en el mundo bíblico.

El consuelo es el descanso y alivio de la pena y sufrimientos que afligen y oprimen el ánimo del ser humano.

         Dios consuela a su pueblo. No es fácil ser lúcido en el momento, en los problemas y desiertos que nos tocan vivir. ¿Qué hacer? Consolar, estar cerca, aliviar son actitudes muy de nuestro Dios, de JesuCristo y, por tanto, entra también en nuestro principio para con nosotros mismos y para con los demás. Seremos consolados por el Señor, (Mt 5).

         La misericordia, el consuelo, sentir compasión, consolar son cuidados muy humanizadores y, por tanto, cristianos.

  1. El desierto terminará y llegarán los cielos nuevos y la tierra nueva, (2 Pedro).

         El desierto de la vida termina. El evangelio del Señor nos anuncia un cielo nuevo y una tierra nueva. El cielo no puede esperar, porque es lo que da sentido a la tierra. Desde el principio estamos llamados a terminar nuestro desierto, nuestro Éxodo en la tierra de promisión, en los cielos nuevos y la tierra nueva. El destierro de las “muchas babilonias” concluye en la “Nueva Jerusalén”.

         Este segundo domingo de adviento nos evoca el principio salvífico: el Evangelio de JesuCristo, que consuela nuestra existencia y nos anuncia unos cielos nuevos y una tierra nueva.

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