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Domingo, 24 de junio de 2018

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TEMPESTAD EN EL RÍO

Se acaba toda playa.
El río entra en la tierra.
La floresta, en el río.
El cielo es como un río boca abajo.
Y es un cauce de verde sumergido
la orilla forestal.
Crecen las alas. Es un mar el río.
El agua baja turbia, roja,
fusilada de lluvia.

“Las aguas superiores,
las aguas inferiores”
del Génesis se llevan
el barco en los bandazos.

Leo cosas de Iglesia. Canto y grito,
elemental y loco de esperanza.
Moverse ya es vivir. Crecen las aguas
del Araguaia nuestro:
ha llegado la hora de la “enchente”,
y se puede cortar el lento viaje
entrando rectamente por los canales nuevos…

El barco ruge y marcha solo,
pobre,
libre, débil, seguro.
Y truena el cielo como un vientre grávido
hacia el glorioso parto teilhardiano.
Es Adviento en la misa y en las aguas.
Es Adviento en la tierra de los hombres.

*

Pedro Casaldáliga

(Clamor elemental. Editorial Sígueme, Salamanca 1971)

***

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:

“Vamos a la otra orilla.”

Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:

– “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:

– “¡Silencio, cállate!”

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:

– “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”

Se quedaron espantados y se decían unos a otros:

“¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

*

Marcos 4,35-41

***

La fe es estar cogidos por aquello que tiene que ver con nosotros de una manera incondicional. El hombre, como cualquier otro ser vivo, se encuentra turbado porque le preocupan muchas cosas, sobre todo por aquellas cosas que condicionan su vida, como el alimento y la casa. Y, a diferencia de los otros seres vivos, el hombre tiene también necesidades sociales y políticas.

Muchas de ellas son urgentes, algunas muy urgentes, y cada una de ellas puede estar relacionada con las cosas cotidianas de importancia esencial tanto para la vida de cada hombre particular como para la de una comunidad. Cuando esto sucede, se requiere la entrega total de aquel que responde afirmativamente a esta pretensión, y eso promete una realización total, aun cuando todas las otras exigencias debieran quedar sometidas a ella o abandonadas por amor a ella.

La fe, en cuanto estar cogidos por aquello que tiene que ver con nosotros de una manera incondicional, es un acto de toda la persona. Tiene lugar en el centro de la vida personal y abarca todas sus estructuras. La fe es el acto más profundo y más completo de todo el espíritu humano […]. Todas las funciones del hombre están reunidas en el acto de fe.

*

P. Tillich,
La razón y la revelación,
Ediciones Sígueme, Salamanca 1982.

***

*

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“¿Por qué Tanto miedo?”. 12 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,35-40)

Domingo, 24 de junio de 2018

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La barca en la que van Jesús y sus discípulos se ve atrapada por una de aquellas tormentas imprevistas y furiosas que se levantan en el lago de Galilea al atardecer de algunos días de calor. Marcos describe el episodio para despertar la fe de las comunidades cristianas, que viven momentos difíciles.

El relato no es una historia tranquilizadora para consolarnos a los cristianos de hoy con la promesa de una protección divina que permita a la Iglesia pasear tranquila a través de la historia. Es la llamada decisiva de Jesús para hacer con él la travesía en tiempos difíciles: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe?».

Marcos prepara la escena desde el principio. Nos dice que era «al caer la tarde». Pronto caerán las tinieblas de la noche sobre el lago. Es Jesús quien toma la iniciativa de aquella extraña travesía: «Vamos a la otra orilla». La expresión no es nada inocente. Les invita a pasar juntos, en la misma barca, hacia otro mundo, más allá de lo conocido: la región pagana de la Decápolis.

De pronto se levanta un fuerte huracán, y las olas rompen contra la frágil embarcación, inundándola. La escena es patética: en la parte delantera, los discípulos luchando impotentes contra la tempestad; a popa, en un lugar algo más elevado, Jesús durmiendo tranquilamente sobre un cabezal.

Aterrorizados, los discípulos despiertan a Jesús. No captan la confianza de Jesús en el Padre. Lo único que ven en él es una increíble falta de interés por ellos. Se les ve llenos de miedo y nerviosismo: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Jesús no se justifica. Se pone de pie y pronuncia una especie de exorcismo: el viento cesa de rugir y se hace una gran calma. Jesús aprovecha esa paz y silencio grandes para hacerles dos preguntas que hoy llegan hasta nosotros: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe?».

¿Qué nos está sucediendo a los cristianos? ¿Por qué son tantos nuestros miedos para afrontar estos tiempos cruciales y tan poca nuestra confianza en Jesús? ¿No es el miedo a hundirnos el que nos está bloqueando? ¿No es la búsqueda ciega de seguridad la que nos impide hacer una lectura más lúcida, responsable y confiada de estos tiempos? ¿Por qué nos resistimos a ver que Dios está conduciendo a la Iglesia hacia un futuro más fiel a Jesús y a su Evangelio? ¿Por qué buscamos seguridad en lo conocido y establecido en el pasado, y no escuchamos la llamada de Jesús a «pasar a la otra orilla» para sembrar humildemente su Buena Noticia en un mundo indiferente a Dios, pero tan necesitado de esperanza?

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”. Domingo 24 de junio de 2018. Domingo 12º ordinario

Domingo, 24 de junio de 2018

37-ordinarioB12 cerezoLeído en Koinonia:

Job 38,1.8-11: Aquí se romperá la arrogancia de tus olas.
Salmo responsorial: 106: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
2Corintios 5,14-17: Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Marcos 4,35-40: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

En la primera lectura vemos cómo el Señor le contesta a Job desde un torbellino, una forma muy común en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios. Le muestra lo que el Señor es capaz de hacer por el ser humano, hasta frenar el mar para que no irrumpa contra él. Las comunidades cristianas crecen en medio de dificultades y conflictos. Se encuentran asediadas por muchas amenazas internas y externas. Son como una pequeña barca navegando en altamar, en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Job es el símbolo de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo interpela haciéndole caer en cuenta de que él es el Señor de la historia. Las dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en Dios.

En La carta a los Corintios se nos expone la nueva humanidad que a través de la muerte de Cristo recobra la vida plena. Cristo murió por todos para que todos tengamos vida por medio de él. El amor de Cristo ha sido tan grande que nos ha rescatado de la muerte y de la esclavitud del pecado, y nos ha hecho partícipes de la vida nueva. Lo antiguo ha sido superado por la muerte y resurrección del Señor.

En el evangelio, el llamado relato de la tempestad presenta las dificultades por las que atravesaba la Iglesia primitiva en el contexto del imperio romano. El mar es símbolo de peligro; es una amenaza para quienes viven cerca de él, porque saben que por ahí vienen los perseguidores. La comunidad es esa pequeña nave que navega a la deriva. La fe de muchos naufraga ante las amenazas y las presiones del medio. Entonces es cuando hay que recordar que Jesús no ha abandonado la barca. El navega con ellos. Es capaz de derrotar la tempestad. La certeza de la presencia de Jesús fortalece la frágil fe de la comunidad.

Nos sentimos amenazados de muchas formas. La injusticia, la violencia y la corrupción por una parte; el consumismo, el relativismo y el sensualismo por otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos, desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: Cristo murió y resucitó; con él hemos muerto nosotros, y tenemos la firme esperanza de participar en su resurrección. Sólo la certeza de que Jesús camina con nosotros nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres y a “remar mar adentro, hacia aguas profundas”.

Temas clásicos relacionados con este tipo de milagros de Jesús, centrados en la acción sobre la naturaleza, que tal vez ya perdieron su aliciente, son los de la posibilidad misma del milagro, las relaciones entre Dios y la naturaleza, y el tema de la oración de petición, cuando la petición se centra en una acción sobre la naturaleza. Formulamos estos temas en el apartado «para la reunión de grupo» Leer más…

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Dom 24.6.18 Economía de Juan ¡Quien tenga dos túnicas dé una a quien no tiene!

Domingo, 24 de junio de 2018

icono-san-juan-bautista-ft-img-300x282Del blog de Xabier Pikaza:

Juan Bautista, profeta del fuego y del agua de Dios, cuya fiesta hoy celebramos, viene anunciando la Navidad, seis meses antes (solsticio de verano, en el hemisferio norte).

Profeta del fuego que quema toda injusticia de los hombres, para que puedan presentarse limpios ante Dios. Por eso se elevan hogueras, el día más largo (hemisferio norte), por eso se promete y exige un cambio radical de vida.

Profeta del agua que destruye y anega para dar nueva vida, promotor de un bautismo que iguala a todos los hombres y mujeres, desnudos, solidarios, sin poder ocultar nada, ante la promesa nueva de la vida.

Desde ese fondo retomo el argumento que presenté el pasado Adviento (10.12.17), comentando el pasaje en el que Lc 3, 10-14 expone con detalle el proyecto económico-social de Juan Bautista, camino de fuego, con sus tres partes:

–proyecto para todos los hombres y mujeres: Quemar el mundo viejo en la hoguera de las vanidades e injusticias, comenzar un mundo nuevo, compartido, nacer así a la vida en justicia y esperanza;

–proyecto especial para publicanos (cobradores de impuestos, administradores de dinero), con una política al servicio de la vida, de la acogida de los expulsados, del pan de los hambrientos…

–proyecto también especial para soldados, es decir, para profesionales de una violencia que debe ponerse al servicio de la justicia, convirtiéndose al fin en un servicio social.

ffce1ccf-7ae1-406d-81e6-7c2679963175Juan fue ajusticiado porque ese proyecto triple, unido a su anuncio de juicio contra un mundo injusto, llenó de miedo a muchos, entre ellos a Herodes Antipas, reyezuelo rico, tetrarca de Galilea, que tenía mucho que perder con hombres como Juan, al que por otro lado admiraba, condenándole a muerte.

Pero ningún Herodes podrá acallar la voz del Bautista, ningún egoísmo particular, ningún tipo de política social y/o religiosa impositiva y mentirosa podrá acallar la generosidad generosa, expresada de forma lapidaria en su mensaje: ¡Quien tenga dos túnicas que dé una a quien no tiene!

Túnica es aquí casa y dinero, es tierra y trabajo, es humanidad… Juan sabe que sólo se tiene y disfruta de verdad aquello que se comparte, convirtiendo el “dinero” (posesiones, honores…) en Medio de Vida para todos. De esa forma ha instaurado Juan Bautista una ética universal, que se aplica al mismo tiempo (de un modo intenso) a propietarios de dinero y de las armas.

935020c4-cb65-4941-8d50-ad6c13299d16Ética universal: Quien tenga dos túnicas dé una a quien no tiene, y quien tenga comida haga lo mismo… ¿Qué pasa con África, campo de robo universal para los ricos?
¿Que diría hoy Juan a los que sostienen y promueven la injusticia reflejada en barcos de mercancía humana que nadie quiere recibir en su puerto?

Ética de economistas-publicanos: No ser corruptos, no engañar a los demás, contentarse con lo suficiente, pues la vida es para todos y ellos son siervos de los otros en el campo del dinero.

¿Qué diría hoy Juan a los nuevos señores del dinero de muerte, publicanos-prostituidos, muchas veces a nombre de un sistema que llaman “cristiano” (civilización occidental que ha perdido el alma?

Ética para soldados: No hacer violencia, contentarse con la paga…, poniendo su vida al servicio de la convivencia y de un orden social que favorezca a los pobres.

¿Qué diría hoy Juan a los nuevos señores de la guerra, que no solamente matan, sino que ganan fortunas por matar?

Éste es hoy el mensaje de Juan, que ahora tomo de Lc 3, 7-9 donde el aparece como como mensajero profético del juicio; presentándose, al mismo tiempo, nuestro pasaje le presenta como maestro y promotor de “organización ética del mundo” en línea de justicia económica para todos, pero empezando por los ricos y soldados.

Mensaje político-social

Lucas presenta así a Juan como profeta cristianizado (o, quizá mejor) universalizado, en la línea de una moral judeo-cristiana, un predicador de justicia, convertido por algunos de sus discípulos (y por la Iglesia) en un orden mundial de comunión económica y de sabiduría, en la línea de otros judeo-helenistas y pensadores griegos de su tiempo:

1. Economía compartida

“La gente le preguntaba: – ¿Qué tenemos que hacer? Y les contestaba: Quien tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna, y el que tenga comida que haga lo mismo” (Lc 3, 10-11).

Comida y vestido no ha de ser objeto de compra-venta, sino de comunicación y así deben compartirse. Quien atesore dos túnicas (casas, comida, monedas…), mientras otros no tienen ninguna, destruye el principio central de la justicia.

Éste es, según Lucas, el sentido profundo de la moral económica de Juan Bautista, que se dirige a todos los hombres, judíos y gentiles, no sólo a sacerdotes o gobernantes judíos más o menos “ortodo-xos”, superando un orden monetario de la compra-venta, que esclaviza a los pobres, y optando por la comunicación directa de los bienes. De esa forma, los signos básicos de su vida (vestido, comida) han de convertirse en medio de comunión universal, en línea de gratuidad, no de compraventa.

Conforme a este mensaje, lo que importa no es creer en Juan Bautista (o en Jesús), ni de aceptar unos dogmas o caminos religiosos especiales… La única verdad moral consiste en compartir la vida, en contra de un sistema capitalista que amontona dinero (Mammón) mientras sigue habiendo muchos que no tienen comida o vestido.

2 Economía de servicio monetario

“Vinieron también unos publicanos a bautizarse y le dijeron: Maestro, ¿qué tenemos que hacer? Él les respondió: No exijáis nada fuera de lo establecido” (diatetagmenon) (3, 12-13).

Dando por sabido el nivel anterior, donde las cosas se comparten directamente entre todos, Juan supone que hay un orden (sistema) de economía que administra el dinero público, y en el que existen oficiales (funcionarios), que regulan los impuestos y tasas del Estado.

Según eso, este Juan ya no anuncia el fin de este tipo de Estado (como hacía el Juan histórico), sino que lo acepta y quiere re-formarlo. En esa línea, Juan pide a los funcionario de ese Estado que se haya regulado, que no cobren más, ni utilicen su poder económico al servicio propio.

Este Juan de Lucas debe saber, sin duda, que puede haber normas injustas, que deberían cambiarse, y además mantiene firme (también sin duda alguna), el principio anterior de compartir con los demás lo que cada uno tiene. Pues bien, sobre ese principio, como buen ciudadano de un imperio, él conoce la existencia de “publicanos”, entendidos de un modo general como “oficiales” de impuestos, y (en contra de lo que dirá el Apocalipsis), piensa que en principio los gestores de ese dinero pueden cumplir un buen servicio (¡y así no los demoniza!), aunque manteniendo el principio anterior (dar lo que sobra a los necesitados), pidiéndoles sólo que no exijan más de lo estipulado.

En la línea de la glosa de Pablo (Rom 13, 1-7), este Bautista de Lucas supone que reyes y publicanos tienen un derecho económico, según el cual no son dueños arbitrarios sino administradores del dinero (los impuestos) para todos. En esa línea, él aparece como reformador (no destructor) del sistema eco-nómico imperante (con dinero, con impuestos), no para destruirlo, sino para ponerlo al servicio del bien común (para compartir túnica y comida, es decir, humanidad). Leer más…

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“ ¿Quién es este? ¿Quiénes somos nosotros?”, Domingo 12. Ciclo B.

Domingo, 24 de junio de 2018

mc 4 35-41Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Si en la liturgia se leyera el evangelio de Marcos tal como él lo escribió, no a saltos, trompicones y omisiones, habríamos advertido que la popularidad creciente de Jesús suscita tres reacciones muy distintas: desconfianza por parte de su familia, rechazo por parte de los escribas, aceptación por parte de su nueva familia (“estos son mis hermanos, mis hermanas y mi madre”). A esa nueva familia, Jesús la instruye en el capítulo de las parábolas (de las que sólo leímos dos el domingo pasado) e, inmediatamente después, la salva. Con este episodio de la tempestad calmada Marcos pretende también que el lector se pregunte una vez más quien es Jesús.

El mar como símbolo de las fuerzas caóticas (Job 38,1.8-11)

En el mito mesopotámico de la creación (Enuma elish) el dios Marduk debe luchar contra la diosa Tiamat, que representa el mar, para poder crear el universo. El mar simboliza el peligro, la amenaza a la vida. (En términos modernos, el tsunami que devora y destruye la tierra firme.)

La primera lectura, del libro de Job, recoge este tema, pero despojándolo de sus connotaciones politeístas. El mar no es una diosa, es una fuerza caótica que amenaza con cubrirlo todo. El Señor no le machaca el cráneo ni la descuartiza, como hace Marduk con Tiamat; se limita a encerrarlo con doble puerta, a fijarle un confín en el que «se romperá el orgullo de tus olas».

Entonces el Señor respondió a Job desde el seno de la tempestad: ¿Quién encerró con doble puerta el mar, cuando salía borbotando del seno, cuando una nube le puse por vestido y el oscuro nublado por pañales; cuando le fijé sus confines y le puse en torno puertas y cerrojos, y le dije: «No pasarás de aquí, aquí se romperá la soberbia de tus olas»?

El peligro del mar (Salmo 107)

El mar no es sólo una amenaza para la tierra firme, lo es también cuando se intenta cruzarlo en una pequeña nave como las antiguas. En el momento más inesperado se oscurece el cielo, estalla la tormenta, la nave sube y baja al ritmo frenético del oleaje. Sólo cabe la posibilidad de encomendarse a Dios. Esta es la experiencia que recoge el fragmento del Salmo 107, al que quizá mucha gente no preste atención, pero esencial para entender el evangelio de hoy.

Los que a la mar se hicieron con sus naves,

buscando su negocio en las aguas inmensas,

vieron las obras del Señor

y sus milagros en el alta mar.

A su palabra se desató una tempestad

que levantó unas grandes olas:

subían a los cielos, bajaban al abismo,

se vinieron abajo ante el peligro;

En su angustia gritaron al Señor,

y él los libró de sus apuros.

Redujo la tempestad a suave brisa

y las olas se calmaron.

Se llenaron de alegría al verlas ya calmadas,

y él los llevó al puerto deseado.

Den gracias al Señor por su amor,

por sus milagros en favor de los humanos.

Jesús, los discípulos y el mar (Marcos 4,35-41)

El pasaje del evangelio podemos dividirlo en cinco partes: 1) introducción: Jesús y los discípulos se embarcan a la otra orilla; 2) la tormenta: reacción opuesta de Jesús, que duerme, y de los discípulos, que lo despiertan asustados; 3) Jesús calma la tormenta; 4) Palabras de Jesús a los discípulos; 5) reacción final de éstos.

1) Aquel mismo día, ya caída la tarde, Jesús dijo a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Y dejando a la gente, lo llevaron con ellos en la barca tal como se encontraba; y le acompañaban otras barcas.

2) Se levantó entonces una fuerte borrasca, y las olas saltaban por encima de la barca, de suerte que estaba a punto de llenarse. Jesús estaba durmiendo sobre un cabezal en la popa. Ellos lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

3) Él se levantó, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla! ¡Cálmate!». Y el viento cesó y se hizo una gran calma.

4) Después les dijo: «¿Por qué sois tan miedosos? ¿Por qué no tenéis fe?».

5) Ellos quedaron sumamente atemorizados, y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Tres de estas partes tienen especial relación con los textos de Job y el Salmo.

La segunda (la tormenta) recuerda la situación de grave peligro descrita en el Salmo. Pero, en este caso, los discípulos no se encomiendan a Dios, acuden a Jesús; no creen que pueda resolver el problema, simplemente les asombra que duerma tan tranquilo mientras están a punto de hundirse.

La tercera, en cambio, recuerda la lectura de Job, no por el tono poético, sino por el poder y la autoridad suprema que Jesús manifiesta sobre el mar, semejante a la de Dios en el Antiguo Testamento.

La quinta, que habla de la reacción de los discípulos, recuerda la reacción de los navegantes en el Salmo, pero con un cambio fundamental: los marineros del salmo se llenan de alegría y dan gracias a Dios, los discípulos sienten gran miedo y se preguntan quién es Jesús. Curiosamente, Marcos no ha dicho que los discípulos tuvieran miedo durante la tormenta, pero ahora sí lo tienen; es el miedo que provoca el contacto con el misterio.

Prescindiendo de la introducción, la parte que queda sin paralelo es la cuarta, las palabras de Jesús a los discípulos, que les interroga sobre su miedo y su fe. La ausencia de paralelo sugiere que estas dos preguntas son esenciales en el relato. De hecho, el pasaje dice al lector dos cosas: 1) el poder de Jesús es semejante al que se atribuye a Dios en el Antiguo Testamento; poder para dominar el mar y poder para salvar. 2) Al escuchar la lectura, el cristiano debe reconocer que sus miedos son muchos y su fe poca. Conocer a Jesús no es saberse de memoria unas fórmulas de antiguos concilios. El evangelio debe sorprendernos día a día y hacer que nos preguntemos quién es Jesús.

Desde antiguo se valoró el aspecto simbólico del relato: la nave de la iglesia, sometida a todo tipo de tormenta, es salvada por Jesús. Un aspecto que también podemos valorar a nivel individual.

¿Quiénes somos nosotros? (2 Cor 5,14-17)

En el Tiempo Ordinario, la segunda lectura corre al margen de la primera y del evangelio. Se basa en la ingenua idea de que, leyendo cada domingo un trocito de san Pablo, se terminará conociendo su pensamiento. Nada más lejos de la realidad. Pero el fragmento de hoy podemos verlo como un complemento al evangelio de Marcos.

«¿Quién es este?», se preguntan los discípulos, sorprendidos por su poder sobre el viento y el mar. La respuesta de Pablo sobre quién es Jesús no se basa en el poder sino en la debilidad: «el que murió por nosotros». Pero esta aparente debilidad tiene un enorme poder transformador: convierte a los cristianos en criaturas nuevas. Ya no deben vivir para ellos mismos, «sino para quien murió y resucitó por ellos.»

Vivir para Cristo es la mejor síntesis de lo que fue la vida de Pablo después de su conversión. Viajes continuos, peligros de muerte, fundación de comunidades, persecuciones de todo tipo, prisiones, redacción de cartas… todo estaba motivado por el deseo de servir a Cristo y vivir para él. Un buen espejo en el que mirarnos.

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Domingo XII del Tiempo Ordinario. 24 de junio de 2018

Domingo, 24 de junio de 2018

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Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz

(Lc 1,57-66.80)

Efectivamente, esto me recuerda que todo tiene un tiempo, ya lo dice el Eclesiastés. “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer y tiempo de morir”.

Al entrar en el tiempo de Dios, lo cronológico no existe. Su nacimiento físico entra dentro de las coordenadas humanas, pero a la vez es la inauguración de un nuevo tiempo, un tiempo que no calcula el reloj.

Isabel, una mujer anciana, queda embarazada de un hombre anciano porque permitieron a Dios abrir en ellos un nuevo tiempo, el tiempo de las posibilidades más allá de lo humano, un kairós; en el seno de un útero viejo nace la vida en novedad.

Volvemos a las similitudes. Zacarias no podía hablar, porque aún no se había completado en él la transformación operada por el espíritu.

Zacarias no creía en el proyecto de Dios. Su mente racional no podía dar crédito a que pudieran tener un hijo, y por eso enmudeció. Dios lo volvió niño, para que en su interior volviera a disfrutar de la sencillez, de ese volver a ser como una criatura. Posibilidad de nacer de nuevo, en una nueva dimensión de persona creyente, llena de fe, que confía por encima de lo que las leyes físicas establecen.

Dios permitió un tiempo de silencio en la vida de Zacarias para que germinase la confianza más allá de las palabras. En un auténtico diálogo llevado a cabo en su hondura interior arropado de silencio, pero no de un silencio cualquiera, sino de un Silencio de escucha donde todo el ser se dilata y comprende lo inentendible. En ese silencio, Zacarias entró en la dinámica del Amor, confió sin condiciones, “y entonces se le soltó la traba de la lengua y hablaba bendiciendo a Dios”.

¿Cómo no bendecir a Dios cuando en su interior ha germinado la comprensión de una nueva realidad llena de espíritu?

Y al final, El niño crecía y su espíritu se fortalecía”, todo se conjuga y llega la nueva dimensión, que aúna lo físico y lo espiritual, en una simbiosis plena donde el espíritu encuentra su morada y hace de él, el precursor.

Oración

Ayúdanos a vivir en el sin tiempo de tu Amor, donde la vida es comprender la novedad de tu Espíritu.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Creer es confiar en uno mismo porque Dios está en mí.

Domingo, 24 de junio de 2018

tempestad-calmadaMc 4, 35-40

Leemos hoy el final del c. 4. Podemos tener la sensación de tomar un tren en marcha sin saber de donde viene ni a donde va. Después de enseñar en Cafarnaúm, dejando clara la reacción de los jefes religiosos, narra Mc varias parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada. Los milagros llamados de naturaleza son los que menos visos tienen de responder a hechos reales. Son todo simbolismo.

La Biblia utiliza varias palabras para expresar lo que hoy llamamos milagro. El concepto de milagro que manejamos hoy es muy reciente. No tiene sentido preguntarnos si los evangelios nos hablan de milagros con este significado. Lo que nos importa es descubrir el sentido de esa manera de hablar. El milagro era un modo de expresarse, comprensible para todos los que vivían en aquel tiempo.

Jesús pide a los discípulos que vayan a la otra orilla. Está haciendo referencia al paso del mar Rojo. Aquel paso les llevó a la tierra prometida. La otra orilla del mar de Galilea era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad, más allá del ámbito Judío, que se opone a la apertura. La primera “tormenta” que se desató en el seno de la comunidad cristiana fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

La tempestad está haciendo referencia a Jonás (fue increpado por el capitán por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo). El mar es en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. De ahí podemos sacar la enseñanza simbólica. El mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido sino a través de la lucha contra las fuerzas del mal.

Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía… Hay que tener en cuenta que se llamaba también “cabezal” a la especie de almohada, donde se colocaba la cabeza de un muerto. Están haciendo clara referencia a una situación post-pascual. La primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos pero de una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean, tienen que seguir confiando en él.

¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le dirigen nos indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda salvarlos, dudan de que esté interesado en hacerlo, lo cual es el colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Es lo que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la acción externa para encontrar la seguridad.

Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos. Además, en singular, como queriendo personalizar al viento. Recordad que la palabra “ruah” (viento) es la misma que significa espíritu. Viento que perjudica, equivale a mal espíritu. El “poder” de Jesús se dirige contra la fuerza del mal, no contra los elementos, que aunque sean hostiles, nunca son malos.

¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas, sino constataciones de una evidencia palpable. Ni confiaban en sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la reflexión. Confiar en un Dios que está fuera y actuará desde allí, nos ha llevado siempre al callejón sin salida del infantilismo religioso. Una vez más queda manifiesto que, en la Biblia, la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas, sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no confiar, ni en Dios ni en él.

¿Quién es este? El miedo y la pregunta final dejan claro que no habían entendido quién era Jesús. El relato no tiene en cuenta que Mc ya había adelantado varios títulos divinos aplicados a Jesús desde la primera línea de su evangelio: “Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Queda demostrado que no vale una respuesta intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni demostrarlo. El descubri­miento tiene que ser experiencia personal de la cercanía de Jesús.

A todos nosotros nos invita hoy el evangelio a cruzar a la otra orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las comodidades y las seguridades que ambicionamos. Sin embargo, nuestra meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el paso. No terminamos de creer que Él va en nuestra propia barca.

El mensaje de Jesús es que debemos confiar, aunque nos parezca que Dios no se preocupa de nosotros. El enemigo del hombre no es la naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza es siempre buena. Dios no tiene que rectificar su obra para que los hombres confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus discípulos si accediera a entrar en la dinámica de un Dios, que pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un Dios que se identifica con ellos en todas las circunstancias.

Job plantea una cuestión muy seria, pero la solución que da no es la adecuada. Dios tiene que devolver a Job todo lo que le había quitado para que su fidelidad sea creíble. El Dios en quien Jesús confió fue el Dios escondido, en quien hay que confiar aunque no le veamos actuar. Dios está siempre dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado por nosotros.

No son las acciones espectaculares de Dios, las que nos tienen que llevar a confiar en Él. El maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que podemos sacar leche y queso. Pero también decía: utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando lo encontramos, la tiramos. La idea de un Dios que pone su poder a mi servicio es nefasta. No se trata de confiar en otro, si no de confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Solo si siento a Dios en mí, me  sentiré seguro.

Meditación

¿Quién es éste? Nunca podrás saberlo
si en tu vida no reflejas la suya.
Lo importante no es encontrar respuestas
sino vivir la Vida verdadera.
Lo que es Jesús es lo que tú también eres.
Jesús ha desplegado todas sus posibilidades.
Tú tienes esa tarea aún por hacer.

Fray Marcos

Fe Adulta

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El mayor de los nacidos de mujer.

Domingo, 24 de junio de 2018

Juan-Bautista-John-BaptistLc 1, 57-80

Simplemente la fecha escogida para celebrar el nacimiento de Juan Bautista es toda una manifestación de grandeza. Para Jesús se eligió el solsticio de invierno el 25 de Diciembre, (“conviene que él crezca…”) Para Juan el solsticio de verano el 24 de Junio (“…Y que yo disminuya”). Son las dos fechas más significativas del año astronómico. Con ello se garantiza la importancia de ambas figuras. En ambos casos, se pretendió sustituir fiestas paganas por cristianas. En las iglesias de toda España podremos comprobar que la figura de Juan es la más repetida, después de la de Jesús y María.

No es fácil hacerse una idea de lo que pudo significar la figura de Juan para Jesús, y tampoco tenemos elementos suficientes para valorar lo que significó para las primeras comunidades cristianas. Todo es confuso en lo referente a este personaje, porque a la vez que se hacen elogios increíbles, se pone mucho cuidado en no ponerlo por delante de Jesús. Naturalmente no podemos considerar históricos los relatos del nacimiento que nos proponen los evangelios. De todas formas, son muy interesantes las diferencias con los relatos sobre Jesús. Ahí podemos descubrir que se trata de relatos teológicos.

Hacía por lo menos trescientos años que no aparecía un profeta en Israel, por eso todos los evangelistas resaltan su importancia. Para los primeros cristianos no tuvo que ser fácil aceptar la influencia de Juan en la trayectoria de Jesús, sobre todo desde que se aceptó el carácter divino de su mesianismo. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado manifiesta que Jesús se sintió atraído e impresionado por su figura y su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. Relatos extrabíblicos lo confirman. En el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso.

La importancia de Juan no disminuye por el hecho de que el mensaje de Jesús se aparta en gran medida del suyo. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio: su bautismo. No predica un evangelio -buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar. No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de “el que ha de venir”, pero, con toda seguridad, se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una “buena noticia”. Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor, lo que tiene que llevarnos hacia Él. Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la  predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

Hay un aspecto de sus doctrinas en la que sí coinciden. Ambos critican duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán sin compromiso personal alguno. Es curioso que los cristianos hayamos mantenido esa manera de pensar, después de las críticas de Juan y de Jesús. Tanto Juan como Jesús dejan muy claro que el comporta­miento personal es el único medio para alcanzar la verdadera salvación. Por eso coinciden también los dos en la crítica del ritualismo cultual.

Juan era hijo de sacerdote, pero no se presentó como tal ante el pueblo. Por el contrario se alejó del ámbito del templo y bautizaba lejos de la influencia de las instituciones religiosas de su tiempo. Arremetió contra todo lo que oliera a privilegios de castas o poderes establecidos y predicó y vivió la libertad de ser él mismo. Jesús pudo aprender de él que lo que se cocía en el templo no podía estar de acuerdo con la voluntad de Dios, por más que se cumpliera la Ley meticulosamente.

La figura del profeta fue clave en el AT. De hecho a los escritos bíblicos se les llamó “la Ley y los profetas”. Claro que el concepto de profeta del AT, nada tiene que ver con lo que entendemos hoy por profeta, aunque se está recuperando su verdadera imagen. Su primera tarea era de denuncia. Y no de falta de piedad o religiosidad, sino de falta de justicia. Esto es muy importante porque sin esta perspectiva la figura del profeta queda descafeinada. Pero resulta que la injusticia, la opresión, el sometimiento del otro, vienen siempre de parte de los poderosos, que tienen también capacidad para tomar represalias contra el que les incomoda.

Para mí, la principal característica de la figura del profeta, de antes y de ahora, es que no actúa en nombre propio. Tiene la conciencia clara de ser un enviado, que tiene la obligación de ser fiel a quien le envía. Es el caso de Juan, enviado y precursor al mismo tiempo. Esto le coloca en un plano inmejorable para hablar con humildad pero también con total libertad ante cualquier clase de coacción. En última instancia, esa valentía a la hora de denunciar la injusticia le costó la vida, como a todos los verdaderos profetas.

Hoy más que nunca, necesitamos profetas que sean capaces de criticar los abusos de los poderosos de todo pelaje, y nos aclaren el camino por el que tenemos que transitar para alcanzar plenitud humana. Al ser humano se le ofrecen hoy infinidad de caminos por los que puede desarrollar su existencia. ¿Cuál será el que le lleve a la verdadera salvación? Precisamente porque las ofertas engañosas son más variadas y mucho más atrayentes que nunca, es más difícil acertar con el camino adecuado. La orientación de una persona libre e independiente de intereses bastardos es más necesaria que nunca. Todos tenemos la obligación de ser un poco profetas, sobre todo viviendo.

Ni hoy ni nunca, puede el ser humano planificar, de una vez por todas, su salvación trazando un camino claro y directo que le lleve a su plenitud. Su capacidad de conocer es limitada, por eso solo tanteando puede descubrir lo que es bueno para él. También en el orden espiritual tenemos que aumentar el conocimiento. La idea de que la revelación está ya terminada, va en contra de la misma naturaleza del ser humano. Jesús dijo: “hay muchas cosas que no podéis cargar con ellas por ahora, el Espíritu os irá llevando hasta la plenitud de la verdad”. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra vida. Digo sincera, porque no sirve de nada afirmar teóricamente una determinada escala de valores y después desplegar en nuestra vida la opuesta. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Hace ya algún tiempo, un ministro del gobierno, hablando de los problemas del norte de África, decía muy serio: Es que para los musulmanes, la religión es una forma de vida. Qué pena que se dé por supuesto que para los cristianos no es así.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Faro de todos los Pueblos.

Domingo, 24 de junio de 2018

san juan bautista el grecoLa habilidad de un hombre es el conocimiento que emana de luz divina (Zaratustra)

24 de junio. Natividad de San Juan Bautista

Lc 1, 57-66.80

Cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo (Lc 1, 57)

Es la Noche de San Juan, a quien Lucas calificó como “más que un profeta” (Lc 7, 26), que “vino como testigo para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él” (Jn 1, 7). Palabras con resonancias al profeta Isaías, de quien Jehová: “Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra” (Is 49, 6).

La figura de San Juan Bautista está unida a la de Jesús por la luz. Ambas natividades se celebran en el solsticio de invierno y en el de verano. Jesús es el Faro de todos los pueblos y Juan es su precursor. En su austeridad monacal, llevaba un vestido de pelo de camello y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y a quienes querían escucharle les decía: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”. Un camino que con frecuencia se apartaba de las autopistas trazadas por las autoridades religiosas oficiales: el de Juan Bautista de Ein Karem y Jesús de Nazaret.

El Misal romano incluye la siguiente oración, que resume este simbolismo: “Oh, Dios, fuente y origen de toda luz, que has mostrado hoy a Cristo, luz de las naciones, al justo Simeón”. Y el Evangelio (Lc 2, 29-32) lo reafirma en estos sus términos: “Ahora, Señor, puedes, según tu palabra dejar a tu siervo que se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel”.

Ya el profeta Isaías lo había anunciado en el AT con estas palabras en 49, 1-6: “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

Todo esto tiene que ver con la fiesta de la Candelaria o de la Luz que, en sus comienzos, tuvo su origen en el Oriente con el nombre del Encuentro y, posteriormente, se extendió al Occidente en el siglo VI, llegando a celebrarse en Roma con un carácter penitencial. Aunque según otros investigadores, es originaria de la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercales.

En la película estadounidense, Arrival de ciencia ficción y drama (2017), del director Davis Villeneuve, uno de los protagonistas, Jeremy Renner, le dice a Amy Adams: “He tenido la cabeza inclinada hacia las estrellas desde que puedo recordar. Pero ¿sabes lo que me sorprendió? No las estaba mirando a ellas. Te estaba encontrando a ti”. Como Jeremy, estamos todos invitados a elevar nuestra mirada al cielo y mirar la luz de Jesús que, como un sol infinito, ilumina el universo entero.

Lo cual se consigue cuando de nuestros ojos vamos liberando con el cincel las sombras de la miopía que nos impide ver correctamente y nos libera. Decía Michelangelo: “Vi el Ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad”. Tarea sutil y complicada con la que hay que tener sumo cuidado porque, como dijo el polémico y heterodoxo dominico belga Edward Schillebeeckx (1914-2009): “Si pudiera quitar de mí, lo que hay de mí, quedaría Dios. Si pudiera quitar de mí, lo que hay de Dios, quedaría nada”.

Retoma Miguel Ángel tu cincel y labra el mármol vital mío de Carrara hasta que me permita no sólo correr, sino volar en libertad por los cielos de toda mi existencia. No quiero ser tu Bacus preso en el marmóreo pedestal. Prefiero ser el Ángel de Fray Angélico, a punto de lanzarme en libre vuelo, y quedarme en lo que hay de Dios en mí, aunque sin despojarme de mí nada. También cuanto hay de mí -lo malo y lo bueno- es muy valioso y es ligero. Y lo aprecio, como tu Michelangelo apreciaste todas las obras que con tus pinceles y buriles tan artísticamente y con tanta libertad salieron de tus manos. Jesús es luz que, como un Sol infinito, ilumina todos los caminos del universo y despeja de nuestros ojos las sombras de una profunda miopía, que nos impide ver la realidad de la existencia. Ruégale tú por mi y las mías.

Es posible que, siguiendo el consejo de Zaratustra, profeta y fundador del Mazdeísmo, nos facilitara la tarea: La habilidad de un hombre es el conocimiento que emana de luz divina”. Antonio Colinas, poeta y novelista (1946), escribe en El mito de Orfeo, este bello texto, donde la luz de los ojos, las estrellas perfumadas y la voz de una campana que resuena en cada fibra del cuerpo, nos sumergen en celestiales vivencias que nos permiten volver a soñar con el regreso de las palomas blancas a nuestro palomar terrestre.

JARDÍN DE ORFEO

De nuevo, mis sentidos -que ya no eran los míos- quedaron en libertad. Y alcé mis ojos a la luz de tus ojos, y respiré en tus manos flores mojadas de estrellas perfumadas, y volví a oír con nitidez tu voz como una campana que resonara en cada fibra de mi cuerpo.

Y abrí mis labios para musitar con piedad: “No insistas más con tu voz, no insistas más con tu música; aparta de mí ese cáliz de dulzura, pues podría enloquecer, que es peor que morir.

Déjame que olfatee el paso de tu túnica. Déjame que solo sienta y vea y bese en este nuevo espacio al que tu voz me ha conducido, desde el que tu voz me llama.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Juan Bautista: Entre la entomofagia y la danza.

Domingo, 24 de junio de 2018

gargalloQué ajeno estaba Juan Bautista cuando vivía en el desierto de Judea y bautizaba junto al Jordán después, de que con su dieta de langostas y miel silvestre (¿saltamontes aromatizados a la jalea real?), se estaba adelantando a la creciente moda de entomofagia (comer insectos), eso que ha sido por mucho tiempo algo “típico de otras culturas” y que algunos miraban con curiosidad y otros con cierto asco.

Pero no es la sobriedad alimenticia de Juan lo que hace atrayente su figura sino sus brincos de alegría en el vientre de su madre, dato de su etapa fetal que dice tanto de su personalidad como el de su actividad de bautizador.

Hay una frase del Maestro Eckart con la que presiento hubiera estado muy de acuerdo Juan de haberla conocido: “Hablando en hipérbole, cuando el Padre le ríe al Hijo, y el Hijo le responde riendo al Padre, esa risa causa placer, ese placer causa gozo, ese gozo engendra amor y ese amor da origen a las personas de la Trinidad de las cuales una es el Espíritu Santo”. Asociamos con total naturalidad al comportamiento eclesial lo serio, lo grave, lo solemne y lo circunspecto y se nos llena la boca (bueno, a quien se le llene) con los términos “sacrosanto”, “sagrado”, “digno” y “venerable” como si se diera por descontado que todo eso le es más agradable a Dios que la alegría, la jovialidad, la frescura, la risa y el humor. Y sin embargo, de alguien tan respetable en la tradición cristiana como Juan, lo primero que sabemos es que hacía algo tan gozoso, libre y espontáneo como bailar en el poco espacio que tenía disponible en aquel momento.

¿No podríamos deducir que era “Precursor” de Jesús también en esto? ¿No estaba abriendo el espacio para que irrumpiera por los caminos de Galilea la ráfaga de su libertad, su alegría de vivir en la presencia de su Padre, su capacidad de demostrar ternura, de hacerse amigos, de disfrutar comiendo y bebiendo en compañía?

Su llegada divide en dos la historia de la humanidad y, dentro de ella, la de Israel. Juan Bautista pertenece a la primera etapa, simbolizada en el tiempo anterior a la entrada en la tierra prometida. Ahora, la presencia de Jesús y el anuncio de su Reino se han convertido en la verdadera tierra prometida y todo aquel que lo acoja, es más grande que el Bautista porque se le ha concedido (se nos ha concedido…) vivir ya el tiempo del cumplimiento de las promesas.

La vida de Juan solo tuvo un sentido: ir delante de él preparándole el camino. ¿No somos también nosotros un pequeño “Juan Bautista”, encargado de allanar caminos para que otros puedan conocer a Jesús?

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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Juan Bautista: Hombre recio

Domingo, 24 de junio de 2018

imagesDel blog de Tomás Muro, La verdad es Libre:

UNA NOTA Y PREGUNTA PREVIA

Por esta coincidencia de que en la liturgia “una fiesta vence sobre el domingo”, es un buen día para preguntarnos: ¿qué pensamos de la renovación y organización de la vida litúrgica en la Iglesia? ¿Mantenemos en nuestra vida el espíritu libre y creativo de la Reforma litúrgica del Concilio Vaticano II? O quizás vivimos en nostalgia de ritos anteriores, nos atrincheramos en el latín, la Misa de San Pío V, etc?

¿Creemos que la liturgia está realmente acomodada a la mentalidad, los problemas, la idiosincrasia del ser humano moderno?

¿O nos da todo igual y seguimos aquel refrán: “ata el burro donde manda el amo? Si dicen “a” hacemos “a”, si dicen “b”, hacemos “b”, pero sin ningún criterio, sin ninguna creatividad, simplemente por un legalismo eclesiástico-rubricista.

01. MISERICORDIA.

El nacimiento de Juan Bautista lo perciben sus vecinos y parientes como una gran misericordia que Dios ha hecho a sus padres, Isabel y Zacarías. El Señor les había hecho una gran misericordia…

Toda vida, la nueva vida -en este caso la de Juan Bta- es un regalo de la bondad de Dios de misericordia.

Si nos salimos de la misericordia y de la bondad, nos salimos del cristianismo.

Nos hace bien percibir la bondad de Dios y la bondad de la vida.
Somos cristianos no porque nosotros seamos buenos, sino porque Dios es bueno con nosotros.

02. JUAN BAUTISTA TENÍA QUE HABER SIDO “SACERDOTE”.

Zacarías, padre de Juan Bautista, era sacerdote. Isabel, su madre, descendía de la familia de Aarón.

Lo lógico y lo “eclesiásticamente correcto” habría sido que Juan Bta hubiese desarrollado su vida en el Templo, sacerdote del Templo. Pero no fue así. No siguió la “carrera eclesiástica” y se retiró lejos del “mundanal ruido” a esperar y presentar al Mesías.

Juan Bta fue un hombre de un talante muy diverso, se retira al desierto, viste no precisamente “Christian Dior”, ni come en la gastronomía del “Basque Culinary center”. Por otra parte arremete -¡y cómo!- contra los teólogos oficiales, contra los intérpretes de la ley: escribas y fariseos y les llama: raza de víboras, sepulcros blanqueados, que ni entráis ni dejáis entrar, etc. (Mt 23, 13-15).

Juan Bta está muy lejos de los entramados y modos de la religión del Templo. Hombre de mucha reciedumbre no tolera cambalaches políticos ni eclesiásticos, no admite corrupciones.

A pesar de tal fuerza del Bautista, Jesús dirá de él que no hay nadie más grande nacido de mujer, (Lc 7,28).

03. EL CENTRO DE JUAN BAUTISTA ES LA CONVERSIÓN.

Juan Bautista se parece poco a su primo, Jesús.

El Bautista es un hombre fuerte, recio cuyo centro es la “conversión de los pecados”.

El centro de Jesús fue la misericordia, curar enfermos, alimentar a la gente. Fue un hombre noble, audaz, por ello terminó como terminan los que aman la verdad y son libres en la vida y en las instituciones.

Con Jesús comienza un mundo nuevo, el Reino de Dios. Lo de Jesús será sanar los corazones afligidos, dar la vista a los ciegos (verdad), liberar a los cautivos, etc. (Lc 4,18).


04. JUAN BAUTISTA ES LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO.

Allá en el río Jordán, Juan Bautista, fue un líder en torno al cual se reunieron muchas personas que seguían su pensamiento y eran bautizados. Entre ellos el mismo Jesús. No es que Juan Bautista fuese discípulo de Jesús, sino exactamente al revés, Jesús “creció” en los círculos o grupos de Juan Bautista.

Cuando Juan ve a Jesús y su estilo de vida remite a sus discípulos a Jesús. Juan Bautista dirá de sí mismo que no es el Mesías. (Con la fuerza que el “Yo soy” -y el yo no soy- tienen en el Evangelio de Juan).

Juan Bautista dice de sí mismo: Yo no soy el Mesías, (Jn 1,19).

Muchas personas en la vida, en la política, en la cultura, en la Iglesia se creen que “son mesías salvapatrias, salvaculturas, salvaiglesias”. Hay mucha prepotencia y altanería “suelta”. Y no son, no somos.

Juan Bautista dice: “Yo soy la voz” (Jn 1,23). La Palabra es otro: Cristo. Juan Bautista es la voz, el testigo, la transmisión de esa Palabra.

Seamos iconos, testigos que remitimos a Cristo, en vez de ser ídolos que nos apropiamos del poder y de la gloria.

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