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Domingo XII del Tiempo Ordinario. 24 de junio de 2018

Domingo, 24 de junio de 2018

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Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz

(Lc 1,57-66.80)

Efectivamente, esto me recuerda que todo tiene un tiempo, ya lo dice el Eclesiastés. “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer y tiempo de morir”.

Al entrar en el tiempo de Dios, lo cronológico no existe. Su nacimiento físico entra dentro de las coordenadas humanas, pero a la vez es la inauguración de un nuevo tiempo, un tiempo que no calcula el reloj.

Isabel, una mujer anciana, queda embarazada de un hombre anciano porque permitieron a Dios abrir en ellos un nuevo tiempo, el tiempo de las posibilidades más allá de lo humano, un kairós; en el seno de un útero viejo nace la vida en novedad.

Volvemos a las similitudes. Zacarias no podía hablar, porque aún no se había completado en él la transformación operada por el espíritu.

Zacarias no creía en el proyecto de Dios. Su mente racional no podía dar crédito a que pudieran tener un hijo, y por eso enmudeció. Dios lo volvió niño, para que en su interior volviera a disfrutar de la sencillez, de ese volver a ser como una criatura. Posibilidad de nacer de nuevo, en una nueva dimensión de persona creyente, llena de fe, que confía por encima de lo que las leyes físicas establecen.

Dios permitió un tiempo de silencio en la vida de Zacarias para que germinase la confianza más allá de las palabras. En un auténtico diálogo llevado a cabo en su hondura interior arropado de silencio, pero no de un silencio cualquiera, sino de un Silencio de escucha donde todo el ser se dilata y comprende lo inentendible. En ese silencio, Zacarias entró en la dinámica del Amor, confió sin condiciones, “y entonces se le soltó la traba de la lengua y hablaba bendiciendo a Dios”.

¿Cómo no bendecir a Dios cuando en su interior ha germinado la comprensión de una nueva realidad llena de espíritu?

Y al final, El niño crecía y su espíritu se fortalecía”, todo se conjuga y llega la nueva dimensión, que aúna lo físico y lo espiritual, en una simbiosis plena donde el espíritu encuentra su morada y hace de él, el precursor.

Oración

Ayúdanos a vivir en el sin tiempo de tu Amor, donde la vida es comprender la novedad de tu Espíritu.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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