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Archivo para Domingo, 8 de enero de 2017

“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto

Domingo, 8 de enero de 2017

battesimo

KÉNOSIS

Entra en picado
por aquella kenosis
que el Verbo aventuró
desnudamente,
de abismo en abismo,
hasta el foso fecundo de la muerte.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

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En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

“Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”

Jesús le contestó:

– “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere.”

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:

“Este es mi hijo, el amado, mi predilecto.”

*

Mateo 3,13-17

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“Una nueva etapa”. Bautismo del Señor – A (Mateo 3,13-17)

Domingo, 8 de enero de 2017

20160WAntes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos con su vida y su mensaje la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano.

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años «una nueva etapa evangelizadora», el papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca «evangelizadores de Espíritu». Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?

Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El papa nos invita a escuchar también hoy el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de «volver a la fuente para recuperar la frescura original del Evangelio». Solo de esta manera «podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo».

El papa está pensando en una renovación radical «que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración». Por eso nos pide abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» e insiste una y otra vez: «Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades».

Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. «Más que el temor a no equivocarnos espero que nos mueva el temor a encerrarnos en estructuras que nos dan una falsa contención, en normas que nos vuelven jueces implacables, en costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer».

El papa nos llama a construir «una Iglesia con las puertas abiertas», pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! «A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre, donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas».

José Antonio Pagola

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“Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él”. Domingo 10 de enero de 2016. Bautismo del Señor

Domingo, 8 de enero de 2017

09-navidada5-cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero.
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Mateo 3,13-17: Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él.

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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8.1.17. Jesús el Bautizado, vida humana de Dios (Mt 3, 13-17).

Domingo, 8 de enero de 2017

baptemeDel blog de Xabier Pikaza:

Más que rito penitencial de inmersión en el agua, el Bautismo de Jesús es para el evangelio de Mateo la revelación definitiva de Dios en Jesús, el renacimiento mesiánico de Jesús, que aparece así como un “iniciado” en el sentido radical de la palabra, alguien que vive inmerso en (animado por) el Espíritu divino.

Juan bautizaba en agua, como él mismo ha destacado, situándose de esa forma a nivel de penitencia (cf. Mt 3, 11).

Pero Jesús no bautizará en agua sino en Espíritu Santo y Fuego (3, 11), porque él mismo vive inmerso en ese Espíritu y Fuego de Dios, llevándonos así del plano de la purificación penitencial a la experiencia escatológica (definitiva) de la transformación divina del hombre, de la manifestación humana de Dios.

Eso significa que la función del Espíritu Santo y del fuego, que en Mt 3, 11 tiene un sentido apocalíptico de juicio destructor, recibirá en 3, 16-17, en el bautismo de Jesús, un sentido nuevo de presencia recreadora de Dios en cuanto tal. En ese contexto podemos hablar de Jesús el Bautizado, aquel que se ha introducido (ha sido iniciado) en el misterio de Dios.

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Jesús se inicia en el misterio de Dios, Dios mismo se inicia en el misterio del hombre, un Dios desnudo, entre el ángel y el bautista, en el río de la historia. Un Dios que habiendo nacido de María nace plenamente en el Bautismo, asumiendo su vida la vida y tarea de Dios.

De esa forma pasamos al relato del bautismo, que Mateo toma de Mc 1, 9-11 (cf. referencia de Jn 1, 29-34), pero que él tampoco narra en sí mismo, sino sólo desde una perspectiva anterior (la objeción del Bautista) y otra posterior (la recreación postbautismal de Jesús).

Este relato nos sitúa así ante el Dios que se revela plenamente, en la epifanía completa de Jesús, en la que viene a expresarse su misterio trinitario. Éstos son los temas que desarrollamos en lo que sigue.

1. La objeción de Juan Bautista.

La comunidad de Mateo ha sentido el problema implicado en el hecho de que Jesús haya recibido el bautismo de Juan, apareciendo así como alguien que depende de un profeta anterior. Pues bien, Mateo responde situando el bautismo de Juan y el de Jesús en el contexto de la justicia de Dios:

Mt 3, 13 Entonces vino Jesús desde Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti ¿y tú vienes a mí?» 15 Jesús respondiendo le dijo: Permite por ahora pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.

Mateo responde así al escándalo que ha podido suscitar el hecho de que Jesús haya sido bautizado (iniciado) por Juan, apareciendo como alguien que viene no sólo después, sino que está subordinado a Juan. Parece claro que algunos círculos judíos acusan a los cristianos no sólo de ser unos meros continuadores de Juan, sino de depender de su mensaje. Jesús no podría ofrecer nada nuevo y su proyecto sería una variante subordinada del proyecto del Bautista. Para superar esa acusación ha creado Mateo esta escena:

‒ Dos profetas, una sola justicia. (3, 14-15). Mateo ha sentido la dificultad de que Jesús haya sido bautizado por Juan, y para responder a ella hace que el mismo Bautista presente su objeción para impedirlo: ¡Soy yo quien debería ser bautizado por ti, y sin embargo…¡ (3, 14). Pero Jesús insiste y le responde: ¡Es necesario que cumplamos toda justicia! (3, 15). Ambos quedan de esa forma vinculados, al cumplimiento (plerosay) de la justicia (dikaiosyne) de Dios (cf. 11, 16-18), de manera que el juicio de Juan (expresado en su bautismo penitencial, de agua) y el del nuevo nacimiento de Jesús (que culmina en el bautismo final de 28, 16-20) se incluyan y completen.

Eso significa que Juan anuncia y prepara como Jesús la llegada del Reino (cf. Mt 3, 2) y así está al servicio de la misma justicia de Dios. Por su parte, para realizar su obra mesiánica, cumpliendo esa justicia, Jesús debe aceptar el bautismo de Juan, con su experiencia penitencial/apocalíptica, vinculándose así a los pecadores. Eso significa que él ha de pasar a través del bautismo de Juan, con todo lo que ello implica, para recrear y llevar a su cumplimiento el mensaje del Bautista.

‒ Principio penitencial. Juan ha debido llegar hasta el final en su camino de amenaza y juicio para que se exprese el Reino de los cielos (cf. 4, 17; 10, 7). En esa línea, Mateo es quien más ha vinculado al Bautista con Jesús, pues los dos son mensajeros de una misma Justicia del Reino de los cielos. Juan ha sido necesario en el comienzo del mensaje, sólo allí donde él lo anuncia y Jesús lo asume, con los pecadores (cf. 21, 31-32), podrá iniciarse el nuevo bautismo cristiano.

En esa línea, como “cristiano anticipado”, desde las aguas de juicio y conversión del Jordán, Juan ha dicho a Jesús que él tiene necesidad de su bautismo (3, 14: ), y Jesús sabe que él tiene razón, pero no es tiempo todavía. Por eso le responde permite por ahora, pues ambos tienen una tarea en el camino, al servicio de la justicia de Dios. Para ofrecer al fin el “bautismo de inmersión en Dios” (28, 16-29), Jesús ha debido empezar asumiendo el bautismo de Juan, con los publicanos y los pecadores (21, 31-32), un bautismo que forma parte de la encarnación de Dios, que ha penetrado en la vida concreta de los hombres, compartiendo su misma experiencia de pecado .

2. Tras el bautismo, experiencia de Dios (3, 16-17).

Mateo no narra el bautismo de Jesús, sino lo que precede (objeción de Juan, respuesta de Jesús: 3, 3-15) y lo que le sigue: la experiencia postbautismal de Jesús (3, 16-17), que retoma y matiza el motivo de Marcos (cf. ComMc 1, 9b-11), desde un contexto pascual (que culmina en 28, 16-20):

Mt 3 16 Bautizado ya Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. 17 Y una voz que salía de los cielos decía: Éste es mi Hijo, el amado, en quien me ha complacido .

Ahora y sólo ahora, acabado el bautismo de Juan, viene a realizarse el rito y experiencia iniciática, de Jesús, con sus tres rasgos centrales, que definen el cambio de los tiempos: Apertura del cielo, venida del Espíritu, voz del Padre:

‒ Apertura del cielo. Mc 1, 10 utilizaba un lenguaje más dramático, diciendo que Jesús vio que los cielos se rasgaban (sjidsomenous), como al rasgarse y romperse la cortina del templo a su muerte (Mc 15, 38). De esa forma ponía de relieve la destrucción del “velo” o la bóveda que separa el mundo superior de Dios y el plano de la tierra, como un acontecimiento del que sólo Jesús es testigo. Mateo, en cambio, dice que los cielos se abrieron ante todos, quedando así accesibles para los hombres (no sólo para Jesús). Leer más…

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Bautismo de Jesús. Ciclo A

Domingo, 8 de enero de 2017

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

bautismo-de-cristo-pietro-perugino-2-renacimientoLa elocuencia del silencio

Acabamos de celebrar la fiesta de la Epifanía, con Jesús niño de menos de dos años; de repente lo vemos ya adulto, en el momento del bautismo. De los años intermedios, si prescindimos de la visita al templo que cuenta Lucas, no se dice nada.

Este silencio resulta muy llamativo. Los evangelistas podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

Para explicar este silencio se aduce habitualmente la humildad de Dios, capaz de pasar desapercibido tanto tiempo, sin llamar la atención, sin prisas por cambiar al mundo, a pesar de todo lo que tiene que decir. Esta interpretación es válida, y deberíamos sacar de ellas consecuencias personales que frenasen nuestras prisas y deseos de notoriedad. Pero quien viene del Antiguo Testamento percibe también otro motivo. Los grandes personajes que en él aparecen nunca son importantes en sí mismos, sino por lo que contribuyen al progreso de la historia de la salvación. De Abrahán, Moisés, Josué, Isaías, Jeremías, Ezequiel… nos faltan infinidad de datos biográficos. A veces conocemos detalles pequeños sobre su familia o infancia. Pero, en general, su biografía comienza con el momento de la vocación, cuando el personaje queda al servicio de los planes de Dios.

En el caso de Jesús se aplica el mismo principio, para subrayar la importancia capital del bautismo como experiencia personal que transforma totalmente su vida. Todo lo anterior, aunque nos sorprenda, carece de interés. Es ahora, en el bautismo, cuando comienza la «buena noticia».

El bautismo de Jesús (Mateo 3,13-17)

Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice.

En el relato de Mateo podemos distinguir tres momentos: el diálogo con Juan, la venida del Espíritu y la voz del cielo.

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

“Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”

Jesús le contestó:

“Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere.

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:

“Este es mi hijo, el amado, mi predilecto.”

El diálogo con Juan es exclusivo del evangelio de Mateo. Cuando Mc escribió su evangelio, el hecho de que Jesús fuese bautizado por Juan no planteaba problemas. Sin embargo, Mt entrevé en esta escena un auténtico escándalo para los cristianos: ¿cómo es posible que Jesús se ponga por debajo de Juan y se someta a un bautismo para el perdón de los pecados? Para evitar ese posible escándalo, Mt introduce un diálogo entre los dos protagonistas, poniendo de relieve el motivo que aduce Jesús: “está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. Así deja claro lo que para él será más importante a lo largo de su vida: cumplir la voluntad de Dios. Al mismo tiempo, aprendemos que su actuación será en ocasiones sorprendente, un misterio que nunca podemos penetrar del todo y que incluso puede provocar escándalo en las personas mejor intencionadas. Desde la primera escena, Jesús nos está desconcertando.

Precisamente en el momento de la mayor humillación tiene lugar su mayor exaltación. Mc cuenta el episodio como una experiencia personal de Jesús: “Mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1,10-11). Sólo Jesús ve rasgarse el cielo, y la voz se le dirige sólo a él: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.  Mateo, en cambio, presenta la escena como un gran acontecimiento público. El cielo se abre para todos, y la voz proclama: “Este es mi Hijo amado, mi predilecto”. No se trata de que Jesús tenga una vivencia nueva, especial; son los presentes los que caen en la cuenta de la importancia de Jesús.

La venida del Espíritu sobre Jesús tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

La voz del cielo. En cualquier hipótesis, como experiencia personal o como proclamación pública, es importantísimo conocer el sentido de las palabras: “Tú/éste es mi Hijo amado, mi predilecto”. A un oyente judío estas palabras le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: “tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”, y el comienzo del primer canto del Siervo de Yahvé (Is 42,1). El salmo habla del rey, hijo de Dios, en el momento de su entronización. Isaías se refiere a un personaje que salva a su pueblo con enorme paciencia y sufrimiento. Parece que Mateo quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento. Todo esto, que ahora sólo queda insinuado, se irá confirmando a lo largo del Evangelio. En algún momento, el lector podrá sentirse escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)

Las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)

La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús: “Pasó haciendo el bien”.

“Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

José Luis Sicre

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Termina el Tiempo de Navidad. Bautismo del Señor. 08 enero, 2017

Domingo, 8 de enero de 2017

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Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:

-Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.”

(Mt 3, 13-17)

Con la fiesta del Bautismo cerramos el tiempo de Navidad. ¡Y qué rápido nos ha crecido el chiquillo!

Hoy nos encontramos a Jesús respondiendo a las grandes preguntas existenciales: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Qué sentido tiene la vida?

Y encuentra la respuesta en esa voz profunda que toda persona puede oír si se regala el silencio necesario. Esa voz que nos recuerda que la materia prima de la que estamos hechas es divina. Está en bruto y necesita ser pulida, purificada y moldeada, pero nuestra esencia es divina, nos trasciende y nos conecta con la plenitud.

Por eso, cuando conectamos con esa voz inevitablemente los cielos se abren, nuestros estrechos horizontes se ensanchan y empezamos a vernos y a ver con una luz que nos hace descubrir maravillas.

Ese es el momento vocacional que experimenta toda persona humana. El punto de inflexión vital, después del cual, nuestra vida toma un cauce, un camino. Ese momento solo tiene un pequeño defecto: que solo dura un “momento”.

Después toca vivir de confianza, toca caminar con menos luz y menos brillo, a ratos incluso en una densa oscuridad. Pero ese momento, si sabemos volver a él, puede ser la luz necesaria para atravesar cualquier noche.

El mismo Jesús escucha tres veces una voz que le recuerda quién es y qué debe hacer. Una en el bautismo al empezar, otra en la trasfiguración cuando se encuentra confundido y crece la hostilidad hacia él, y la última en la agonía de la cruz, cuando el centurión que le ve morir exclama: “-Verdaderamente, este es Hijo de Dios.”

Tener clara nuestra vocación no nos garantiza que no tendremos dificultades, no. Tener clara nuestra vocación nos ayuda a atravesar cualquier dificultad y enfrentar incluso la muerte con tal de dar respuesta.

Oración

Envíanos tu Santo Espíritu, que descienda sobre nuestros corazones y podamos oír la voz que nos recuerda nuestra identidad: Tú eres mi Hija, mi Hijo, amada.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El verdadero Jesús nace del Espíritu.

Domingo, 8 de enero de 2017

BAUTISMO DE JESUSMt 3, 13-17

Empezamos el tiempo ordinario del año litúrgico. A lo largo de todo el año vamos desgranando los más importantes acontecimientos de la vida pública de Jesús. Es lógico que empecemos con el primer hecho importante de esa andadura, el bautismo. Los especialistas dicen que el bautismo, es el primer dato de la vida de Jesús que podemos considerar, con una gran probabilidad, como verdaderamente histórico. Sin duda fue muy importante para Jesús. Fue también muy importante para los primeros cristianos que intentaron comprender su vida y milagros, porque el bautismo deja claro que el motor de toda la trayectoria humana de Jesús fue obra del Espíritu.

La hondura de la fiesta la marcan las dos primeras lecturas. Ahí podemos descubrir que va mucho más allá de la narración de un hecho más o menos folclórico. Isaías hace un cántico al libertador del pueblo oprimido que la primera comunidad cristiana identificó con Cristo. Pedro hace un resumen muy certero de la vida de Jesús. En las tres lecturas se habla del Espíritu como determinante de la presencia salvadora de Dios. La presencia de Dios en la historia se lleva a cabo siempre a través de su Espíritu. Dios es causa primera, y no puede ser causa segunda. Actúa siempre desde lo hondo del ser y sin violentarlo en nada. Por eso decimos que actúa siempre como Espíritu.

Aunque el bautismo de Jesús fue un hecho histórico, la manera de contarlo va más allá de una crónica de sucesos. Cada evangelista acentúa los aspectos que más le interesan para destacar la idea que va a desarrollar en su evangelio. Lo narran los tres sinópticos y  Hechos aluden a él varias veces. Jn  hace referencia a él como dato conocido, lo cual es más convincente que si lo contara expresamente. Dado el altísimo concepto que los primeros cristianos tenían de Jesús, no fue fácil explicar su bautismo por Juan. En ningún caso pudo ser un invento posterior. Si a pesar de las dificultades de encajarlo, se narra en todos los evangelios, es que era un hecho conocido de todos y no se podía escamotear.

El relato del bautismo intenta concentrar en un momento, lo que fue un proceso que duró toda la vida de Jesús. La mejor demostración es que en los sinópticos está relacionado con las tentaciones. Ni en uno ni en dos momentos quedó definitivamente clara su trayectoria. No tiene mucha lógica que el bautismo marque el punto de inflexión hacia su vida pública. Aceptar el bautismo de Juan, era aceptar su doctrina y su actitud vital fundamental. No se entiende que esa aceptación del bautismo de Juan sea a la vez el comienzo de un proyecto propio, distinto del de Juan.

En el brevísimo diálogo entre Jesús y Juan, Mt expresa que Jesús rompe todos los esquemas del mesianismo judío. No es el bautizar a Jesús lo que le cuesta aceptar al Bautista, sino el significado de su bautismo, que trastoca la idea del Mesías juez poderoso, que Juan manifestaba en sus discursos. Es muy probable que Jesús fuera discípulo de Juan y que no solo se vio atraído por su doctrina, sino que formaría parte del pequeño grupo de seguidores. Solo después de ser bautizado, desde su propia experiencia interior, trasciende el mensaje de Juan y comienza a predicar su propio mensaje, en el que la idea de Mesías y de Dios que el Bautista había predicado, queda notablemente superada.

Con sus constantes referencias al AT, Mt quiere dejar muy claro que toda la posible comprensión de la figura de Jesús tiene que partir del AT. La manera de hablar es totalmente simbólica. Lo que nos cuentan, pasó todo en el interior de Jesús. Lucas nos dice: “y mientras oraba…” Los demás evangelistas lo dan por supuesto, porque sólo desde el interior se puede descubrir el Espíritu que nos invade. Jesús una persona ya madura pero inquieta, se siente atraído por la predicación de Juan. No solo la acepta, sino que se quiere comprometer con las ideas del Bautista. Todo ello prepara a Jesús para una experiencia única. Se le abren los cielos y ve claro lo que Dios espera de él.

Jesús no fue un extraterrestre de naturaleza divina que estaba dispensado de la trayectoria que cualquier ser humano tiene que recorrer para alcanzar su plenitud. No nos tomamos en serio esa experiencia humana de Jesús. Pero los primeros cristianos tomaron muy en serio la humanidad de Jesús. Hablar de que Jesús hizo un acto de humildad al ponerse a la fila como un pecador, aunque no tenía pecados, es pensar en una acto teatral que no pega ni con cola a una personalidad como la de Jesús.

A este relato nos acercamos siempre con demasiados prejuicios: El primero, olvidarnos de que Jesús era completamente humano y necesitó ir aclarando sus ideas. En segundo lugar el concepto de pecado y conversión, que no tiene nada que ver con lo que se entendía entonces. Entendemos la conversión como un salir de una situación de pecado. Lo que se narra es una auténtica conversión de Jesús, lo cual no tiene que suponer una situación de pecado, sino una toma de conciencia de lo que significa para un ser humano alcanzar la plenitud de una meta aún no conseguida.

Dios llega siempre desde dentro, no de fuera. Nuestro mensaje “cristiano” de verdades, normas y ritos, no tiene nada que ver con los que vivió y predicó Jesús. El centro del mensaje de Jesús consiste en invitar a todos los hombres a tener la misma experiencia de Dios que él tuvo. Después de esa experiencia de Dios, Jesús ve con toda claridad que esa es la meta de todo ser humano y  puede decir a Nicodemo: “hay que nacer de nuevo”. Porque él ya había nacido del agua y del Espíritu.

El bautismo de Jesús tiene muy poco que ver con nuestro bautismo. El relato no da ninguna importancia al bautismo en sí, sino a la manifestación de Dios en Jesús por medio del Espíritu. Fijaros que Mt dice expresamente: “apenas se bautizó, Jesús salió del agua…”. Mc dice casi lo mismo: “apenas salió del agua…” Lc dice: “y mientras oraba…”. La experiencia tiene lugar una vez concluido el rito del bautismo. En los evangelios se hace constante referencia al Espíritu para explicar lo que es Jesús.

La alusión a los cielos que se abren definitivamente, es la expresión de una esperanza de todo el AT. (Is 63,16) “¡Ah si rasgasen los cielos y descendieses!” La comunicación entre lo divino y lo humano, que había quedado interrumpida por culpa de la infidelidad del pueblo, es desde ahora posible gracias a la total fidelidad de Jesús. La distancia entre Dios y el Hombre queda superada para siempre. La voz la oyó Jesús dentro de sí mismo y le dio la garantía absoluta de que Dios estaba con él para llevar a cabo su misión.

Estamos celebrando el verdadero nacimiento de Jesús. Y éste sí que ha tenido lugar por obra del Espíritu Santo. Dejándose llevar por el Espíritu, se encamina él mismo hacia la plenitud humana, marcándonos el camino de nuestra plenitud. Pero tenemos que ser muy conscientes de que solo naciendo de nuevo, naciendo el agua y del Espíritu, podremos desplegar todas nuestras posibilidades humanas. No siguiendo a Jesús desde fuera, como si se tratara de un líder, sino entrando como él en la dinámica de la vivencia interior.

La presencia de Dios en el hombre tiene que darse en aquello que tiene de específicamente humano; no puede ser una inconsciente presencia mecánica. Dios está en todas las criaturas como la base y el fundamento de su ser, pero solo el hombre puede tomar conciencia de esa realidad y puede vivirla. Esto es su meta y el objetivo último de su existencia. En Jesús, la toma de conciencia de lo que es Dios en él, fue un proceso que no terminó nunca. En el relato del bautismo se nos está hablando de un paso más, aunque decisivo, en esa toma de conciencia.

Meditación-contemplación

Jesús vio que el Espíritu bajaba sobre él.
Ésta es la experiencia máxima de un ser humano
si tenemos en cuenta que Dios-Espíritu no tiene que venir de ninguna parte,
porque está en nosotros antes de que nosotros empezáramos a ser.
………………….

Descubrir el Espíritu en lo hondo de mi ser,
es el segundo nacimiento que Jesús pide a Nicodemo.
Con esa experiencia, comienza otra Vida que es la verdadera.
Es la misma Vida que es Dios la que se despliega en mí.
…………………..

No tengo que romperme la cabeza para conseguirla.
Es un don que el mismo Dios me ha hecho ya.
Estoy preñado de Dios
Lo único que tengo que hacer es atreverme a darle a luz.
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Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Bautismo del Señor.

Domingo, 8 de enero de 2017

2754-neonian-baptistery-ravenna-dome-mosaic-baptism-christ-detailSomos desiertos, pero poblados de tribus, de faunas y de flores (Giles Deleuze)

8 enero II domingo del TO

Jn 1, 29-34

Detrás de mí viene un varón que es más importante que yo, porque existía antes que yo.

Flavio Josefo (37-100 d.C.), historiador judío, escribió acerca de ese varón más importante que ya había venido: “Entonces apareció Jesús, hombre sabio, maestro para quienes reciben con gusto la verdad”Y le describe como poseedor de dos cualidades esenciales: sabiduría y capacidad para ejercer el magisterio.

-”Tertuliano (Cartago 160-220 d.C.), buen conocedor de este Jesús sabio y maestro, pide en su Apologeticum a las autoridades que ostentan el poder en la Iglesia, que otorguen libertad sin restricciones a los fieles para expresar su religiosidad: “Dejad siquiera libre la elección de divinidad; permítase que uno adore a Dios si otro adora a Júpiter; que uno extienda las manos devotas al cielo si otro las extiende a las aras sacrificiales; que uno haga oración mirando al cielo o “contando las nubes” como vosotros decís”.

Bien sabía él que el hombre necesita una espiritualidad que circula y se expande al margen de las normas impuestas y los credos, y que brota directamente del interior de las personas. Como lo sabía también por experiencia Agustín de Tagaste, otro memorable cristiano paisano suyo: “No vayas fuera, entra en ti mismo: en el hombre interior habita la verdad”.

Para lograrlo tenemos que aprender, como sugiere Xavier Güel en su obra Música de la memoria, a romper los diques para navegar en libertad y conseguir arrastrar nuestra alma a los confines del yo universal. El célebre poeta y místico sufí persa Muhammad Rumi se expresó con una gran apertura ecuménica de esta manera: “Nuestro cuerpo es semejante a María: cada uno tiene un Jesús en su interior, pero éste no puede nacer hasta que los dolores de parto no se manifiesten en nosotros”.

Es decir, hasta que no hayamos tomado conciencia de que el vientre de María que somos cada uno de nosotros, nos urge a ir al paritorio y, gozosos parturientos, demos a luz –evidencia mostrada al mundo entero– al Jesús que todos llevamos dentro en las entrañas. Y, como dice el Evangelio (Jn 16, 21) nuestra alegría será grande porque hemos traído nuestro Jesús personal a la vida. Para eso, nos dice en Jn. 10, 10, que vino al mundo: para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.

Giles Deleuze (1925-1995), poeta y uno de los fiósofos franceses más destacados del siglo XX, ha dicho que: ”Somos desiertos, pero poblados de tribus, de faunas y de flores”. Es decir, que en ese vientre nuestro aparentemente inhóspito, albergamos la plenitud de vida existente en los principales reinos de la Naturaleza. Una vida que, como sugerimos en nuestro Poema, mañana las campanas despertarán el alma con sus notas.

En el pasado diciembre se ha estrenado la película francesa dirigida por Anne Fontaine Las inocentes, en la que se impone la espiritualidad y servicio al ser humano frente a toda convención o norma. La letra mata -como aparece en la actitud ortodoxa a ultranza de la madre abadesa- y el espíritu da vida. Una historia real en la que un grupo de monjas quedan embarazadas por soldados del ejército ruso. El film es un prodigio de respeto a la dimensión religiosa y, al mismo tiempo, de canto a la vida; y sobre todo a la mujer maltratada y violada brutalmente.

ADIÓS, TIERRA DOLIENTE

Hoy bautizan a un niño en el poblado:
adiós, tierra doliente de mis sueños.
Amanecen solares berroqueños
en el azul del árbol deshojado.

El reloj de la Iglesia ha retrasado
el lento caminar de sus ensueños.
Soplan los vientos gélidos norteños:
las agujas del tiempo se han parado.

En el alma cristiana ahora dormida,
hibernan cuarzos, lirios y marmotas,
los sueños funerales de lo eterno.

Mañana las campanas de la vida
despertarán el alma con sus notas,
y en la Tierra, habrá muerto el Invierno.

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe adulta

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Vivir el tiempo ordinario con sentido.

Domingo, 8 de enero de 2017

bautismo-jesusMt 3,13-17

El evangelio de hoy nos sitúa de esta manera en nuestra cotidianidad. La escena que nos muestra podría ser la de un día cualquiera en la vida de Juan el Bautista, el profeta que predicaba en el desierto y bautizaba en el Jordán. Probablemente cada día habría un buen grupo de personas escuchándole y dejándose bautizar por él, atraídos por sus palabras y sus gestos. Así que a nadie le llamaría la atención aquel hombre que esperaba su turno tranquilamente, como uno más, junto a tantos otros; un hombre que no se había distinguido hasta ahora en nada; un hombre que llevaba una vida sencilla en Nazaret.

Pero cuando ese hombre, llamado Jesús, llega a Juan, el profeta es capaz de reconocerlo como aquel de quien ha estado diciendo que “os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (cf. Mt 3,12) y se sobrecoge ante su petición: “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”. Jesús acude a Juan para hacerse bautizar y, con este gesto, desciende a lo más bajo, aún más bajo que el pesebre en el que había nacido; aún más bajo que la vida sencilla que había llevado. Jesús toma sobre sí la condición de pecador: “Al que no conoció el pecado, por nosotros lo cargó con el pecado, para que, por su medio, obtuviéramos la justificación de Dios” (2Cor 5,21).

Contemplemos el encuentro entre estos dos hombres y prestemos oído a su diálogo. Ambos escuchan al otro en su verdad más plena. Ambos se dejan acompañar. Ambos buscan la voluntad de Dios: “Déjalo ahora”, dice Jesús. “Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. Y ambos, gracias al otro, toman consciencia de su identidad. Como lo habían hecho años atrás sus madres en el encuentro en Ain Karem (cf. Lc 1,39-56), tanto Juan como Jesús son ahora reafirmados y fortalecidos en su vocación personal y en su misión. Sobrecoge caer en la cuenta de que las primeras palabras que Mateo pone en boca de Jesús en todo su evangelio sean éstas, referidas a cumplir todo lo que Dios quiere, manifestando lo que sería una clave fundamental en su vida: hacer la voluntad del Padre.

El evangelista ha narrado el encuentro con unas imágenes que muestran la fuerza de la teofanía que se describe: el cielo se abre, el Espíritu baja y se oye una voz del cielo. Esta descripción de la apertura de los cielos nos remite a Isaías: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!” (Is 63,19). El autor pide a Dios que vuelva a abrir el cielo, que se manifieste y descienda en medio del pueblo.

En Jesús se cumple esta Palabra. Dios se ha manifestado y ha descendido hasta ponerse en la cola con los pecadores. Mateo modifica la voz celestial con respecto a los otros dos sinópticos. La manifestación no está en segunda persona, sino en tercera: “Este es mi hijo, el amado, mi predilecto”. No es una revelación dirigida a Jesús, aunque con ello Jesús se reconozca como el Hijo. Es una revelación dirigida a nosotros, que la escuchamos. Es una invitación a acoger a Jesús como el Hijo y a aceptar que nosotros somos también “hijos en el Hijo” (cf. Jn 1,12).

Hoy, recordando el Bautismo de Jesús, somos invitados a ratificar nuestro propio bautismo, a confirmar nuestra fe desde la experiencia de encuentro personal con Jesús, el que se hizo uno de nosotros para recordarnos que somos hijos amados del Padre. Renovar nuestro propio bautismo hoy nos debe llevar a renovar nuestro compromiso a vivir como hermanos de todos, buscando la voluntad de nuestro Dios Padre-Madre y dejándonos mover por el aliento impetuoso de la Ruah Santa. Preciosa invitación, después de haber vivido en profundidad la Navidad, para comenzar nuestro tiempo “ordinario” con verdadero sentido.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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14 sacerdotes, 9 religiosas, un seminarista y 4 laicos fueron asesinados en 2016

Domingo, 8 de enero de 2017

isabel-sola_270x250Isabel Sola, asesinada en Haití

“Testigos del Evangelio”

12 en América, 8 en África, 7 en Asia y uno en Europa

(Fides).- En el año 2016 han sido asesinados en todo el mundo 28 agentes pastorales católicos. Por octavo año consecutivo, el número más alto se ha registrado en América, incrementándose dramáticamente el número de religiosas asesinadas, que este año son 9, más del doble en comparación con el año 2015.

Según la información recopilada por la Agencia Fides, durante el año 2016 han sido asesinados de forma violenta 14 sacerdotes, 9 religiosas, 1 seminarista y 4 laicos. En cuanto a la división continental, en América han sido asesinados 12 agentes de pastoral (9 sacerdotes y 3 religiosas); en África han perdido la vida 8 agentes de pastoral (3 sacerdotes, 2 religiosas, 1 seminarista y 2 laicos); en Asia han sido asesinados 7 agentes de pastoral (1 sacerdote, 4 religiosas y 2 laicos); en Europa ha sido asesinado 1 sacerdote.

Como viene sucediendo en los últimos años, la mayor parte de los agentes pastorales han sido asesinados como resultado de intentos de robo o hurto, y en algunos casos agredidos con ferocidad, una señal del clima de decadencia moral, de pobreza económica y cultural, que genera violencia y desprecio por la vida misma.

En estas situaciones, similares en todas las latitudes del mundo, los sacerdotes, las religiosas y los laicos asesinados formaban parte de esas personas que denuncian a gritos la injusticia, la discriminación, la corrupción, la pobreza, en el nombre del Evangelio. Por esta razón también ellos lo han pagado con dolor, como en el caso del sacerdote José Luis Sánchez Ruiz, de la diócesis de San Andres Tuxtla (Veracruz, México), secuestrado y luego liberado con “signos evidentes de tortura”, según un comunicado de la diócesis.

En los días anteriores al secuestro había recibido amenazas, sin duda por su dura crítica contra la corrupción y el crimen rampante (véase Fides 14/11/2016). Como ha señalado el Papa Francisco en la fiesta del primer mártir San Esteban, “el mundo odia a los cristianos por la misma razón que odiaba a Jesús porque Él trajo la luz de Dios y el mundo prefiere la oscuridad para ocultar sus malas obras” ( Ángelus 26.12.2016).

14695479843987Jacques Hamel, asesinado en Saint-Etienne-du-Rouvray (Francia)

Todos ellos vivían en la vida cotidiana dando su testimonio: administrando los sacramentos, ayudando a los pobres y los marginados, cuidando de los huérfanos y de los drogadictos, siguiendo proyectos de desarrollo o simplemente tendiendo la mano a quienes pudiesen necesitarlo. Algunos fueron asesinados por las mismas personas a las que ayudaban. Es difícil que las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades locales puedan conducir a la identificación de los autores o de los instigadores de estos homicidios o ha descubrir los motivos.

Genera gran preocupación la suerte de los agentes pastorales secuestrados o desaparecidos, de los cuales no se han recibido noticias desde hace tiempo.

La lista anual de Fides, que sin duda es incompleta, no se refiere sólo de los misioneros ‘ad gentes’ en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales asesinados de forma violenta. No se utiliza el término “mártires“, sino sólo en su sentido etimológico de “testigos para no entrar en el juicio que la Iglesia podrá dar a algunos de ellos, y también por las pocas noticias que se consigue recoger sobre su vida y las circunstancias de la muerte.

A la lista provisional realizada anualmente por la Agencia Fides, siempre hay que añadir la larga lista de aquellos muchos, de los cuales tal vez nunca se tendrá noticia o de los que ni siquiera se sabrá el nombre, que en todos los rincones del planeta sufren y pagan con sus vidas, su fe en Jesucristo. El Papa Francisco nos recuerda a menudo que “Hoy en día hay cristianos asesinados, torturados, encarcelados, sacrificados porque no reniegan a Jesucristo”… “los mártires de hoy son más numerosos que los de los primeros siglos”.

Fuente Religión Digital

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