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La realidad de la Iglesia.

domingo, 20 de enero de 2019
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2-TOC-ev“No amemos de palabra, sino con obras” (Papa Francisco citando la carta de Juan)

20 de enero. Domingo II del TO

Jn 2, 1-11

Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor.

Desafortunadamente hoy la riqueza llena los depósitos bancarios de los ricos, frecuentemente escoltada por los esbirros de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, creando una humillante sociedad de pobres.

Ante tal indigno teatro no se puede permanecer ociosos, ni sumisos tampoco. En su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres el 13 de noviembre de 2017, El Papa Francisco recordaba las palabras de la primera Carta de Juan, de no hablar de palabra y de boca, sino de verdad y con obras, cuando se trata de amar a los pobres (1 Jn, 3-18).

Esta preocupación está atestiguada ya desde las primeras páginas de Los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres “llenos de espíritu y sabiduría”  (Hch 6, 3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres.

En la Carta del apóstol Santiago, 2, 1, se manifiesta esta misma enseñanza con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: “Supongamos que en vuestra congregación entra uno con anillo con anillos de oro y traje elegante, y también un pobre andrajoso; os fijáis en el de traje elegante y le decís: Siéntate aquí en un buen puesto; y al pobre le decís: Quédate en pie o siéntate bajo mi estrado, ¿no estáis discriminando y siendo jueces de criterios perversos?”

Pero afortunadamente tampoco faltan ejemplos contarios. Francisco de Asís en el siglo XII, al que han imitado hoy otros muchos cristianos: Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer, Pedro Casaldáliga… y un largo etc., no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: “Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo” (Test 1-3; FF 110).

Y tampoco olvidemos que en el mundo también hay animales y plantas menesterosas, que necesitan nuestras atenciones. Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, personas, plantas y animales; a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres -como solía decir Pablo VI- pertenecen a la Iglesia por “derecho evangélico” (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963), y obligan a la opción fundamental por ellos.

En la Primera Jornada de los Pobres 19 de junio de 2017 el Papa Francisco dijo: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

Fiel a su pensamiento de que “hay que pasar a los hechos”, él es el primero en hacerlo invitando, con motivo de la Navidad, a un grupo de pobres a participar en una comida de Navidad, organizada por medio de la Limosnería Apostólica, celebrada en el Centro Deportivo de la Guardia de Finanza en Castelporziano. Las personas que comerán invitados por el Papa son pobres, gente sin hogar, inmigrantes y personas en situación de exclusión que reciben atención de Cáritas de la Diócesis de Roma.

Tras resultar elegido en el cónclave, el Papa Francisco dijo: «¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!«

PEDRO CASALDÁLIGA, POETA DE LOS POBRES

Durante más de 33 años –toda la vida de Cristo– Pedro Casaldáliga (1928), pensador, poeta y circunstancialmente obispo de Sao Félix de Arauaja, Brasil, ha vivido dedicado a trabajar a favor de los indígenas, campesinos y a la causa de la justicia. Obispo católico ordenado, siempre se negó a vestir como tal, sin ofensivas ínfulas, mitra, báculo o anillo de oro, llevando él mismo una vida de pobreza.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Tu madre vio y los que servían experimentaron.

domingo, 20 de enero de 2019
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canc3a1(Jn, 2, 1-11)

Adentrémonos en la boda más famosa de la historia: “Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.

La mirada de tu madre era de largo alcance y te conocía tanto como para ver que tu momento había llegado: “No tienen vino”, sinónimo de que una fiesta sin vino no es una fiesta y de la sensibilidad y empatía de María.

Te vio nacer, crecer, hacerte hombre y ese día intervino discretamente pero con la elegante contundencia de una madre que ve el paso siguiente de la historia de su hijo, más allá de si él todavía no lo ve; obviando que pueda parecer inoportuna la observación.

Efectivamente, respingaste: “¿Qué tengo yo contigo, mujer?, todavía no ha llegado mi hora”. Lo que equivale a decir: “¿Qué a mí y a ti?”(1), término utilizado en el AT y el NT para indicar el rechazo de algo que no se cree incumbencia del interpelado. Hoy diríamos algo parecido: “¿Y a ti y a mí que nos importa?

Tu madre se saltó tu improcedente respingo y resolvió dirigiéndose a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”.

¿Qué pasó en tu cabeza? ¿Cabeza?… No, lo que pasó venía directo desde tu corazón. Las palabras de tu madre debieron resonar como un eco interior que al instante te despertó a la comprensión de que había llegado tu hora: “Llenad las tinajas de agua”… y sucedió.

María debió retirarse después de su materna intervención. El mayordomo estaría de los nervios sabiendo que se había acabado el vino y eso le traería problemas cuando acabara la boda. Los discípulos y demás invitados centrados en el banquete y ajenos a lo que estaba sucediendo entre bastidores no se enteraron de nada. Y al novio, lo podemos imaginar, extrañado y sorprendido por el comentario del atónito mayordomo: “Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio has reservado el vino bueno hasta ahora”.

¿Quiénes fueron los únicos que vivieron como experiencia inolvidable el comienzo de los signos que realizaste en Caná de Galilea? Sólo los sirvientes que habían llenado de agua las tinajas, sabían lo que había pasado.

¿Qué contarían cuando volvieran a casa? Quizás quisieron verte de nuevo y te siguieron el tiempo que permaneciste por esas tierras, y se hicieron mensajeros de primera mano de lo vivido, como experiencia interior.

Me pregunto quiénes son hoy esos sirvientes. ¿Serán quienes experimentan en primera persona tu paso por sus vidas?

Creo que son quienes saben que lo que era oscuro se transforma en luz; que lo que era insípido se vuelve sabroso; que lo que era frustración desemboca en autoestima; que la desesperación se convierte en esperanza; y que sólo el Amor, como dice la canción (2), “engendra la maravilla, sólo el Amor consigue encender lo muerto”. Así con música, sin olvidar que la fiesta sigue, como en la Boda de Caná.

Somos llamados a ser sirvientes activos y comunicar con sencillez y alegría que nos invitas a un banquete en donde todo puede suceder si no falta lo principal: el Amor.

Mari Paz López Santos

 

  1. Semitismo bastante frecuente en el AT y NT (Biblia de Jerusalén, Nueva Edición Manual, Ed. Desclée De Brouwer, pág. 1546)
  2. De la canción “Sólo el amor”, Silvio Rodríguez
 Fuente Fe Adulta

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El vino bueno de la presencia.

domingo, 20 de enero de 2019
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03Domingo II del Tiempo Ordinario

Jn 2, 1-11

Nos hallamos ante un relato completamente simbólico –algún exegeta ha llegado a afirmar que, antes que relato, fue sencillamente una parábola–, en el que cada elemento encierra todo un mensaje cargado de contenido.

La boda, las tinajas de agua, el vino, la figura de la madre, las propias expresiones utilizadas…, todo ello está hablando de la novedad que, según el autor del evangelio, aporta Jesús: el paso de una religión ritual (el agua de la purificación) y vacía (“no les queda vino”) a la plenitud de una vida desbordante de gozo (el vino bueno que sorprende al mayordomo).

Habitualmente, en nuestra existencia parecen alternarse el “agua” y el “vino”, la rutina y la novedad, el “ir tirando” y una sensación viva de plenitud. Es bueno ser conscientes de que la causa de hallarnos en una u otra de esas vivencias no depende de lo que ocurre, sino del “lugar” desde el que nos estamos viviendo.

Cuando vivimos en la mente no observada –la mente que cavila, elucubra, rumia–, nos vemos sometidos a sus vaivenes, terminamos creyendo lo que pensamos y en la práctica funcionamos como marionetas que son movidas por hilos que (momentáneamente) han escapado a nuestro control.

En esos casos, la mente pensante parece ocupar todo el terreno y nosotros terminamos perdidos, en la confusión y, antes o después, en el sufrimiento. Lo cual es fácil de comprender en cuanto tenemos en cuenta que todo el sufrimiento es producido por la mente, por la lectura que ella hace de todo lo que sucede.

Las circunstancias son como son: agradables o desagradables, sencillas o difíciles, placenteras o dolorosas…, y sentimos el impacto que producen en nuestra sensibilidad. Pero el sufrimiento nace en el momento mismo en que nuestra mente añade una interpretación, dramatizando, magnificando o construyendo cualquier “historia” en torno a lo que simplemente sucede. Al hacer esto, venimos a ser esclavos de nuestra mente que se convierte para nosotros en una jaula que puede llegar a asfixiarnos.

Sin embargo, podemos también observar la mente con todas sus idas y venidas, pensamientos que aparecen y desaparecen, sin identificarnos con ella. Al hacer así, salimos de la jaula, mantenemos la distancia, dejamos de creernos las historias que la mente pudiera elaborar y nos anclamos en la atención (la consciencia Testigo) que observa.

Hemos trascendido el estado mental para acceder al estado de presencia, el “lugar” de la plenitud, donde reconocemos que no somos el “yo” al que le suceden cosas, sino la misma y única Vida que ha tomado forma temporal en este “yo”. La Presencia consciente que somos disuelve todas las “historias” que la mente podía contarnos y, de ese modo, nos libera de rumiaciones interminables y de sufrimiento inútil. Solo hay Presencia…, el “vino bueno” de la alegría.

¿Vivo en la rutina de la mente o en el gozo de la Presencia?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Una Iglesia con piedras, agua y purificaciones, pero sin amor

domingo, 20 de enero de 2019
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bodascana-asombro400Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

ALGUNAS NOTAS PREVIAS.

o El Evangelio (la tradición de San Juan) data de finales del siglo I, pasado el año 90. Es, por tanto, una tradición tardía y tiene una teología, una cristología muy desarrollada y delicada.

o Si ningún evangelio es una biografía (vida) de Jesús, el de Juan lo es menos. Naturalmente que tiene elementos históricos, pero están elaborados como una sinfonía en la que se combinan diversos elementos para componer un “todo” espléndido.

o Quizás hemos perdido la sensibilidad literaria (simbólica y poética), por lo que nos cuesta mucho trabajo adentrarnos en relatos como el que hemos escuchado hoy: las bodas de Caná.

01. UNA BODA.

Posiblemente una boda es de los momentos más felices e importantes de la vida. Los que os habéis casado tenéis experiencia de ello: La boda es encuentro, amor, alegría, fiesta, ilusión, esperanzas…

Quizás por esto la boda es figura de los tiempos mesiánicos. El banquete de bodas es un signo muy utilizado por Jesús: el Reino de Dios es como un banquete de bodas al que estamos invitados todos. (Mt 22,1-14).

Las relaciones entre Dios y su pueblo (la humanidad), son unas relaciones de amor.

En una boda se supone que hay amor, familias, encuentro, ilusión, esperanzas. Es lo que

Dios tiene y siente por el ser humano.

El amor humano es el mejor símbolo que encontramos para expresar lo que Dios siente por nosotros, un Dios que nos quiere, un Dios Padre que nos mira siempre con ternura, por duro que se haya vuelto nuestro corazón.

02. VINO.

Quizás porque Israel y Jesús eran mediterráneos, vieron en el vino (y en el trigo-pan) signo de abundancia y alegría. Esto está muy presente en la Biblia y también en la cultura popular.

El vino es un tema muy empleado por Jesús -Yo soy la vid- para hablar de la nueva situación del Reino: a vino nuevo, odres nuevos, (Mt 9,17).

La vida de Jesús transcurrirá entre comidas y encuentros, banquetes y bodas, multiplicación de los panes, etc.

No es muy complicado entender que el cristianismo es alimento y vida en todos los sentidos de la palabra

03. UNA BODA SIN VINO.

El relato que hemos escuchado es una boda en la que se han quedado sin vino. Es decir, se ha terminado la alegría y el amor y se han quedado en el más puro legalismo del agua, de los ritos de purificación, pero sin vida y sin amor.

Dios se había hecho ilusiones con su pueblo, con la humanidad, pero perdimos el amor y nos quedamos con los “papeles” en la mano, como tantos matrimonios. La religión se ha convertido en papel mojado: en agua.

04. SOLAMENTE TIENEN SEIS TINAJAS DE PIEDRA Y AGUA.

o Seis: número que significa imperfección (frente al 7 que es la plenitud.)

o Tinajas de piedra: que son una alusión a la ley de piedra del Sinaí.

o Agua es el puro rito vacío, sin contenido.

Llama la atención la sobreabundancia de vino: 6 tinajas de unos cien litros cada una, que cuando pasen a ser vino serán la alegría desbordante del encuentro, que Jesús sellará en el Calvario.

Israel se quedó sin vino, sin amor, con tinajas de piedra y con ley.

¿No será el caso del momento eclesiástico en que vivimos?

No estamos en un momento especialmente amable, festivo, alegre, optimista.

¡Qué lejos nos queda ya la ilusión del Vaticano II! ¿No estamos en un momento legalista, donde el rito es más importante que la fiesta y el Derecho rige más que el Evangelio? ¿No habremos vuelto a la situación judaizante de la antigua alianza? ¿Por qué -si no- quienes tienen poder en la Iglesia se enfrentan y oponen a la bondad y modos de amor de Francisco?

Dios quiere, ama, y es siempre fiel al pueblo, al ser humano.

El Dios de Jesús no es legalista, ni hace pasar a todo el mundo por ventanilla.

Dios no nos manda, nos quiere.

¿No será el momento de volver al amor inicial?

05. NUEVO VINO. (NUEVA ALIANZA): EL MAESTRESALA Y LOS SIRVIENTES.

El segundo vino es mejor. La Alianza de JesuCristo es plenitud y Evangelio. El Sinaí y el Derecho Canónico dejan paso al Evangelio de JesuCristo.

¿No tenemos siempre la tendencia judaizante, legalista -en el fondo miedosa- de volver una y otra vez al cumplimiento de la ley.

La vida es a veces dura y con muchos problemas, pero la vida en Cristo (ser cristiano) es una liberación y una paz interior, una felicidad.

06. ¿NO HABÍA INVITADOS EN AQUELLA BODA?

05Una cosa llama la atención: ¿en esta boda no hay convidados?

Al menos no se hace mención a los invitados

Lo que sí hay soy sirvientes y un maestresala.

El maestresala es el celoso guardián de la institución y mantenedor del orden público de la fiesta ni se entera de que faltaba el vino y después de dónde venía el nuevo y mejor vino.

Tiene alguna semejanza con el relato de los magos (Mateo): ni Herodes ni los “ilustrados” del Templo saben dónde está el rey de los judía. Ahora, el guardián del orden público de la boda, tampoco.

Curiosamente los servidores (diáconos) sí saben de dónde viene el vino nuevo. Y es que la comunidad eclesial se construye con el servicio (Jn 13), “si alguno me sirve, que me siga, (Jn 12,26). Los apóstoles (servidores) son los que reparten el pan en la multiplicación de los panes, (Jn 6,10-13)

¿Y si mirásemos al mundo eclesiástico? ¿Nuestro cristianismo no se habrá quedado también exhausto, sin vida? Ya casi, como el maestresala, ni sabemos de dónde nos viene la alegría y la serenidad.

La alegría y viveza del cristianismo (y de la Iglesia) no vendrá por la mayor rigidez de la ley, sino que la evangelización vendrá por el amor y el servicio.

07 LA MADRE DEL SEÑOR, LA MUJER, LA IGLESIA Y LA HORA

Este evangelista nos ofrece un mosaico de luces que resultan de gran hondura e iluminación cristiana.

LA MADRE

Resulta llamativo cómo este evangelio de Juan solamente menciona en dos ocasiones a la madre del Señor (sin decir nunca que se llamaba María) . Las dos ocasiones son:

o En las bodas de Caná

o El Calvario: la cruz, (Jn 19,25)

MUJER

En los dos momentos Jesús llama a su madre ¿un tanto fríamente?: “mujer”:

o Mujer, no ha llegado mi hora.

o Mujer, ahí tienes a tu hijo, (Jn 19,26).

Es evidente la alusión al Génesis, a Eva: su nombre será mujer por ser la madre de los vivientes, (Gn 2,23). La madre de Jesús es la madre de la iglesia naciente.

LA IGLESIA

Igualmente resulta llamativo que la iglesia (la comunidad cristiana) está naciendo: inmediatamente antes de Caná Jesús había llamado a Juan, Andrés, Santiago, Simón Pedro, Natanael y Felipe. En la cruz está la iglesia naciente representada por la madre del Señor y el Discípulo Amado (todos somos discípulos amados)

AGUA Y SANGRE

Otro universo simbólico es que en los dos momentos hay agua y vino: sangre: vida y espíritu. En Caná surge una nueva alianza, un nuevo vino. Del costado de Cristo en la cruz mana agua y sangre.

Se podría decir que San Juan termina su evangelio del mismo modo que lo comienza. En Caná hay agua y vino (espíritu). Cuando Jesús muere, de su costado brota agua y sangre, (Jn 19,31-37). Es el nacimiento de la Iglesia.

LA HORA

Finalmente, en Caná: todavía no ha llegado mi hora. Poco antes de llegar a la cruz: Jesús, sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, (Jn 13,1).

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son. El estilo del evangelio de Juan es un universo simbólico.

Puede que en un primer momento nos preguntemos si estás cosas sucedieron al pie de la letra, menos nos preguntemos por la moralina o moraleja que contienen. Los símbolos no son históricos, son reflejo de la verdad.

Sintámonos discípulos amados y desde ese momento en que nos sintamos queridos como el Discípulo amado.

HAGAMOS LO QUE ÉL NOS DIGA Y
DESDE AQUELLA HORA EL DISCÍPULO LA ACOGIÓ EN SU CASA.

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¡ Vivan los novios!

viernes, 18 de enero de 2019
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caminando con jesus2Es un tema de conversación muy corriente: lo mal que está el mundo. Cada día nos lanzan los medios de comunicación, nuestras realidades, unas bocanadas muy fuertes de desastres, catástrofes, naufragio, hambre, muerte… Y muchas veces hasta pensamos que estamos solos, dejados de la mano de Dios. Que hemos roto la amistad con Dios o mejor “que Dios nos ha dejado de su mano”.

Por eso, me refuerza en mi confianza en Dios, cada vez que leo el texto de Jn 1,27. «Él es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de la sandalia.» Son palabras que salen de la boca de Juan el Bautista aplicadas a Jesús.

Es más fácil ver a Jesús cercano en el pesebre o en la infancia.

Tenemos la suerte de que Jesús se ha casado de verdad y eternamente con la humanidad. Y cumple con esa unión siempre. No puede, ni siquiera Juan, echarle en cara un fallo.

Ciertamente nos asusta la realidad. Empezamos año nuevo, pero siguen las calamidades humanas. Y seguimos viendo una realidad mezclada de alegrías y penas. Y hasta podemos a veces pensar ¿se habrá olvidado Dios de nosotros? Aquí viene bien la gran afirmación. Jesús cumple de maravilla su matrimonio con la realidad, con la vida, con el mundo, que parece huérfano… Y nos sigue amando con un amor eterno No suelta la sandalia a su esposa: la humanidad.

Los judíos, cuando moría un varón y no quería casarse el hermano del difunto con la viuda, tenía la mujer viuda que quitarle las sandalias al cuñado, escupirle y repetir aquello de “Así se hace en Israel con el nombre de la Casa del descalzado” y le soltaba las sandalias, la viuda a su cuñado (Deuter 25, 5-10).

Jesús se ha unido a la humanidad huérfana y viuda. Lo hemos contemplado estos días: “La Palabra se hizo carne y ha acampado entre nosotros” y “vendremos a él y haremos nuestra morada en él”. Su tienda de campaña, su casa, su choza, lo que queramos… pero siempre entregado, siempre compartiendo, siempre amando. Aquí sí que podemos celebrar las bodas no ya de oro o diamante, sino las bodas eternas.

En cierto momento trazó en las nubes su arco-iris de paz. Hoy traza nuestra naturaleza, nuestra vida, nuestro existir como anillo de bodas eternas.

Y no ya retirado de la vida, sino viviendo, sintiendo, compartiendo nuestra misma vida con penas y gozos, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, que supondría un divorcio con el Padre y con la humanidad. Unido a cada uno de nosotros, ha creado una presencia activa. Nunca estamos solos ni en la vida ni en la muerte.

Jesús vive compartiendo toda la realidad humana; enfermos, hambrientos, presos, solos… Ha trazado con la humanidad una alianza que ya no se puede romper. Esta boda ya no puede tener divorcio, aunque nosotros a veces queramos vivir como separados.

¡Vivan los novios!

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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«¿Me considero todavía cristiano?», por José Arregi

jueves, 17 de enero de 2019
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39062220942_85f8b0738b_zLeído en su blog:

Apenas estrenado el 2019, conversé largamente con una persona que durante mucho tiempo me mostró su más cálida empatía con mis planteamientos teológicos. En los últimos años me reprocha haber ido demasiado lejos. Se sentía especialmente dolido por mi reciente artículo “¿Qué Navidad celebro?”. Sobre él giró nuestra conversación. Y no tardó en espetarme a bocajarro: “¿Te consideras todavía cristiano?”.

No es una pregunta que me pille desprevenido –ya van tantas veces–, pero cada vez me descompone un poco y me obliga a empezar de cero, como si volviera a la catequesis de primera comunión en aquella iglesia de San Agustín de Azpeitia, hoy reconvertida en centro cultural. Así que le respondí desde lo más adentro, con las palabras que me enseñaron en los primeros bancos de aquella iglesia sin saber aún lo que decía: “Me considero cristiano por la gracia de Dios o de la Vida”.

“Pero ¿qué es para ti ser cristiano? –repuso–. ¿Qué consideras lo esencial del cristianismo, lo que lo distingue de las demás religiones?”. “Pues muy sencillo –respondí–. Es lo del evangelio de Juan que hemos vuelto a escuchar y meditar estos días: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Lo esencial del cristianismo no es una creencia, sino carne que siente y vida en movimiento, cuestión de entrañas. Además, lo esencial del cristianismo no es lo que lo distingue y menos aun lo hace superior a las demás religiones y espiritualidades, sean religiosas o laicas, sino lo esencial de todas ellas y lo que las une en el fondo, más allá de nombres y conceptos. La entraña de la vida, lo que somos, nos hermana por encima de los credos”.

“Sinceramente –replicó él–, me parecen escapatorias. ¿No se diluye así la fe en la Encarnación en una especie de gnosis, tan de moda, donde todo se vuelven palabras y símbolos huecos? Eso ya no es fe cristiana. ¿Dónde queda la realidad de la Encarnación del Hijo de Dios en Jesús? ¿Qué significa para ti?”.

Acusé el embate, pero me remitía a un terreno argumental que me es familiar. De modo que respondí tranquilo:

“¿Qué significa para mí la Encarnación? Me alegro de que me lo preguntes así, y no me pidas que te explique en qué consiste. Puedo decirte lo que significa para mí, lo haré gustosamente, pero nunca decirte lo que es en sí, pues es indecible por definición, como Dios. Siempre discutimos sobre significados, y no importa que sean diversos para ti y para mí, pues bien podría suceder que significados distintos o incluso contradictorios se refieran a la misma realidad, cosa que me reconforta profundamente en mi vivencia y en mi pensamiento. Recuerda aquello de Santo Tomás de Aquino, que ha sido norma de la teología católica más tradicional y fiable: la fe no se refiere al enunciado, sino a la realidad misma. De modo que la realidad de la fe no la constituyen ni la fórmula dogmática ni su significado mental, sino el Misterio indecible al que apuntan o que sugieren, más allá de sí, todos los conceptos y significados teológicos. Las creencias y sus significados cambian en el tiempo, y pueden ser distintos para uno y para otro, dependiendo simplemente de lo que para uno es ‘creíble’ o pensable –que viene a ser lo mismo– de manera razonable, en coherencia con el propio paradigma o marco básico de comprensión de la realidad. Pero la vida apenas se juega en ello, sino en la vida entrañada. ¿Qué significa, pues, para mí la Encarnación? Significa la presencia más íntima del Misterio en la vida de Jesús, en su bondad creadora, en su humanidad libre y prójima, más allá de la metafísica del dogma con sus conceptos de ‘una persona divina’ y ‘doble naturaleza humano-divina’, como si lo divino y lo humano fuesen dos esencias diversas. Más allá del ‘Dios’ dogmático, mental, fabricado por nuestro cerebro. Más allá también del hombre particular Jesús, varón judío de hace 2000 años”.

¿Más allá de Jesús? –protestó–. He ahí tu problema fundamental. ¿A eso llamas Encarnación? ¿Dónde queda la divinidad de Jesús, el ‘Dios de Dios, luz de luz’ que dice el Gloria de la misa? Ahí es donde no puedo seguirte. Eso es lo que nos separa”.

Yo insistí:Pues sí, más allá del hombre histórico Jesús, individuo de la especie Sapiens en evolución. Y no creo de ningún modo que este Jesús nos separa, sino que nos une desde el fondo, más allá de las formas. Jesús nos convoca a todos a Dios o, mejor, al ‘Reino de Dios’, a la mesa o la ‘tienda de campaña’ universal de Dios donde la libertad y la fraternidad podrán por fin unirse y unirnos, cuando se realicen en todos los seres. En eso consiste para mí la verdadera Encarnación, presente y futura más que pasada. En ella y hacia ella caminamos. Sí, pienso que la Encarnación nos remite más allá de la particularidad física, biológica, cultural, religiosa de Jesús. Toda particularidad, por supuesto también la de Jesús, hunde sus raíces en el Absoluto eterno, pero ninguna forma particular, tampoco la de Jesús, agota el Absoluto ni se identifica con él. De hecho, Jesús nunca se identificó plenamente con Dios. Y a ninguno de sus seguidores y seguidoras judías de las dos primeras generaciones se le pasó por la cabeza identificarlo sin más con Dios, aunque nadie negaba su divinidad, entendiéndola, eso sí, de manera diversa. Es la ley de la Encarnación: conlleva particularidad, contingencia, limitación, como todas las formas del mundo. Queda el Misterio que nos salva. A El/Ella/Ello nos conduce Jesús, más allá de sí”.

“¡Uff! –exclamó como cansado–. Reconocerás que ese Dios del que hablas no es precisamente el Dios de Jesús, el Dios Personal, padre/madre llena de misericordia”.

También yo empezaba a desistir, pero intenté exponer un nuevo argumento, fundamental en el punto al que habíamos llegado: El problema es que no podemos conocer exactamente cómo imaginaba Jesús a Dios, entre otras cosas porque tanto la imagen de Jesús como su imagen de Dios difieren bastante de un evangelio a otro, de Marcos a Juan, por ejemplo. Pero aun cuando supiéramos exactamente cómo imaginaba Jesús a Dios, seguirían siendo imágenes humanas del Misterio inimaginable. Dios trasciende radicalmente todas las imágenes que de ÉL/ELLA/ELLO nos hacemos los humanos, y por consiguiente también las imágenes que pudiera hacerse Jesús. Por otro lado, ¿crees acaso que lo que tú imaginas como ‘Dios’ es lo mismo que imaginaba Jesús? Sabemos con bastante seguridad que él lo imaginaba a imagen y semejanza humana, dotado de rasgos y emociones propias de un Homo Sapiens.

Por ejemplo, como rey sentado sobre un trono en lo más alto del cielo, rodeado de ángeles; como Creador que había creado el mundo en seis días, con la tierra en el centro y el ser humano en la cima, un mundo al que iba a poner fin de manera inminente para el Juicio Final; como padre misericordioso que perdona sin medida, pero puede también condenar al infierno… Pocos creen hoy esas cosas, pero ni siquiera quien las cree las puede imaginar como Jesús. ¿Qué importa? Dios trasciende todas las imágenes y los significados que le daba Jesús. Es infinitamente más que todo lo que entendemos con el término persona, de acuerdo a nuestro cerebro y nuestra cultura. Es el Corazón eternamente latiente de la realidad, la bondad libre y creadora que se manifiesta en la vida de Jesús y en toda vida buena.

¿Quién es cristiano? Es cristiano quien reconoce a Dios en Jesús y trata de vivir como él. Humildemente, yo también me considero cristiano, porque Jesús es para mí el Icono del Misterio y aspiro a vivir a mi manera lo que él vivió. Todo lo demás son palabras sin carne”.

No lo convencí, pero no se trataba de eso ni yo lo pretendía. Y, en pleno siglo XXI y estando el mundo como está, me ruborizo de dedicar todavía tanto tiempo y esfuerzo a pensar sobre estas cuestiones, pero difícilmente lo puedo evitar, y me justifico malamente con aquello de que una buena teoría puede ser la condición de una buena praxis. Así sea.

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«La casa común», por Gabriel Mª Otalora (*).

martes, 15 de enero de 2019
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SomosIglesiaLa persona religiosa que camina en dirección a su vocación, al destino elegido, se ve forzada con frecuencia a modificar el rumbo. A veces solo es necesario un cambio en la forma de hacer las cosas. Pero para lograrlo, necesita fe además de tesón. Cuando esto ocurre -fe y tesón- descubrimos que cada mañana atesora una bendición escondida tras el largo camino de aprendizaje y maduración que es la vida, proyectada en origen para convertirse en la mejor posibilidad de cada persona.

Pero si la fe y el tesón no se riegan suficiente y adecuadamente, lo que predominará no es la construcción del sentido vital sino la identificación de Dios con nuestra propia cultura y con los dioses particulares que facilitan el desarrollo del poder (potestas) por encima de la actitud de servidor (minister). Entonces se quiebran el ejemplo y la confianza, que son las dos bases de cualquier convivencia humana sana, también entre cristianos. El ejemplo genera confianza y ambos incardinan la base del verdadero liderazgo humano, el que irradiaba Jesús con amor (auctoritas). En este sentido, uno de los campos peor arados por la institución eclesial es el de los seglares, mayoritarios en número, pero tratados en clave de minoría de edad religiosa durante muchos siglos.

Las consecuencias han sido graves al constatar que la institución eclesial es más importante que el Mensaje: imponer en lugar de convencer (zelotismo), clericalismo (paternalismo que busca poder), encastillamiento con los suyos (casta selecta), abuso de autoridad, dureza de corazón… y las dos conductas que más disgustaron a Jesús: hipocresía y falta de misericordia. Cuando sale a la luz algo tan terrible como la pederastia, la actitud de la estructura clerical se revela frente al Papa Francisco, verdadero azote de la hipocresía y el poder estructural que escandalizan a cualquier persona de buena fe. Ocurrió algo parecido con las finanzas vaticanas. Ahora es muy difícil separar tantos siglos de malas praxis de la buena noticia de Jesús.

El Papa sorprendió con su Carta al Pueblo de Dios, publicada en plena crisis de la pederastia norteamericana, denunciando al elitismo y autoritarismo eclesial, da igual si es promovido por los clérigos o los laicos, porque favorecen los abusos en la Iglesia. El Papa llega a afirmar que el clericalismo es autoritarismo. Nadie puede acaparar o ignorar la acción del Espíritu en los demás. Esa es la gran tentación de una jerarquía centrada en sí misma: creer que el Espíritu tiene que pasar necesariamente por ella para actuar, dinamizar y dirigir a su Iglesia. Es la gran tentación también del laicado que no se compromete en las realidades que el Evangelio señala, cuando otras muchas personas actúan cristianamente desde su agnosticismo o ateísmo manifestando al Espíritu sin saberlo.

Y todo lo anterior cuando más que el homo sapiens el ser humano debería ser llamado homo religiosus (Robert R. Marett) ya que lo sagrado es un elemento en la estructura de la conciencia humana. A pesar de todo, el laicado cristiano está madurando y es verdad que hay motivos para vislumbrar una realidad eclesial diferente ante un clericalismo que también ha entrado en crisis. Es cierto que los laicos y laicas tenemos que sacudirnos pasividades, comodidades e inhibiciones para dedicar tiempo al compromiso activo en la comunidad cristiana y en la sociedad. Pero los presbíteros deben superar el control total de la comunidad y los recelos con los laicos para fomentar un verdadero liderazgo de servicio. La crisis de vocaciones ha agravado el problema, porque no hay vocaciones sacerdotales ¡ni laicales! y la misión de evangelizar solo se produce con el ejemplo.

Es falsa la división clásica que separaba a los cristianos en dos sectores: el llamado a una vida de perfección en la consagración de los tres votos (pobreza, castidad y obediencia), y el de la mayoría laical como cristianos de segunda categoría. Todos estamos llamados a seguir a Cristo y evangelizar según el espíritu de las bienaventuranzas desde los diversos carismas. No hay estados más o menos perfectos, sino formas diversas de escuchar y vivir la llamada al seguimiento según el modelo del mandamiento de la Última Cena. A partir de entonces, Cristo es el gran mediador y maestro que reúne en su persona a los tres: Sacerdote, Profeta y Rey. Y quienes recibimos el bautismo somos proclamados como tales ante el obispo cuando nos confirma los tres derechos y deberes evangélicos adquiridos por el bautismo: testimonio, misión y servicio.

Sobre la distribución de los dones del Espíritu nada indica que estén repartidos solo entre los varones. Todo creyente hombre o mujer, judío o gentil, esclavo o liberto, recibe los dones que lo capacitan. Pablo encuentra a cristianas en los lugares de misión y él las respeta a la vez que reconoce y admira su labor. Los prejuicios androcéntricos han intentado rebajar la importancia paulina de la mujer pero «Ya no hay hombre ni mujer porque todos vosotros sois uno en Cristo». Conocemos incluso la existencia de ministerios femeninos en las comunidades cristianas y nuestro santoral, sin ir más lejos, cita a 27 diaconisas: santas Tatiana, Susana, Justina, Irene…

La casa de Dios, es de todos y todas por igual; solo es cuestión de tiempo.

Gabriel Mª Otalora

 (*) Gabriel Mª Otalora, autor de La revolución pendiente; la Iglesia vista por un laico. Prólogo de Juan María Laboa. Editorial San Pablo, 2018.

Fuente Fe adulta

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«Iniciar la reacción». Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

domingo, 13 de enero de 2019
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Bautismo_CEl Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los «bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia de hoy es «la mediocridad espiritual». La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

En no pocos cristianos esta creciendo el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los «signos de los tiempos».

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categorías premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos cristianos.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida».

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Que importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

José Antonio Pagola

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 13 de enero de 2019. Bautismo del Señor

domingo, 13 de enero de 2019
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09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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13.1.19. Bautismo de Jesús, bautismo cristiano. Breve teología.

domingo, 13 de enero de 2019
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86C0FC36-F34A-48BB-91E4-E3818E03BA2EDel blog de Xabier Pikaza:

La primera fiesta tras la Navidad y Epifanía es la del Bautismo de Jesús. El evangelio dice así:

Lucas 3, 15-16. 21-22
Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo…En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

El bautismo es el primer sacramento cristiano, signo de nuevo nacimiento y de vinculación a la Iglesia. Ayer presenté el tema, al ocuparme de la Navidad y de la Resurrección de Jesús. Hoy lo competo desde la perspectiva del nacimiento de Jesús y de los nuevos cristianos en la Iglesia.

Sería importante tratar de la problemática actual del bautismo en la Iglesia, con las consecuencias que implica para la unidad y libertad de los cristianos (varones y mujeres), pero ése es un tema requiere mayor atención, por eso quiero dejarlo hoy a un lado.

Pero hay una cosa que no me resisto a decir: La iglesia actual ha tendido a olvidar la importancia del bautismo, insistiendo más en otros sacramentos «muy menores», como son el de la Ordenación ministerial y el Matrimonio. Así nos va.

Otro día me ocuparé del tema. Hoy me limito a presentar un esquema general del bautismo de Jesús y de los cristianos, según la teología del Nuevo Testamento. Buen domingo a todos.

Introducción. Bautismos judíos

Los judíos del tiempo de Jesús destacaban el carácter lustral (purificador) y legal de los bautismos, que limpian y purifican las manchas de los sacerdotes y fieles, capacitándoles para realizar legalmente los ritos. De todas formas, el rito básico de la identidad israelita (para los varones) era la circuncisión y además el perdón oficial no se lograba con agua, sino con sacrificios, como dice Lev 17, 11: «Os he dado la sangre para expiar por vuestras vidas» (cf. Lev 17,11).

Según eso, la purificación legal se realiza con sangre de animales, pues ella es signo de vida, principio de expiación y alianza (cf. Ex 12, 13.23; 24, 3-8; Lev 14, 4-7; 16, 16-19), aunque, como he dicho, la misma Ley pedía lavatorios y bautismos, para que los sacerdotes se purificaran al empezar y terminar sus ritos (cf. 2 Cron 4, 2-6; Lev 16, 24-26) y para aquellos que habían contraído alguna mancha ritual, que les separaba de la comunidad, como los leprosos curados (Lev 14, 8-9; cf. 2 Rey 5, 14) y los que habían tenido relaciones sexuales, poluciones o menstruaciones… (cf. Lev 14, 16-24).

1. Bautismo judío, iniciación de Jesús.

Conforme a lo anterior, las casas de los judíos puros (y ricos) tenían piscinas purificatorias (miqvot), para «limpiarse». Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida ritual (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban así cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En tiempo de Jesús había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados.

En un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan.
Éste el primero de los grandes cambios que nosotros conocemos: Él abandoNó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una poderosa “escuela bautismal” (como he puesto de relieve en cap. 13). Abandonó así la cultura social del entorno, pensó que el orden socio‒sacral de este munco está acabando, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible una nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe el bautismo de Jesús:

Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

Fue un gesto y momento de “estado naciente”, no un dato pasajero, sino un acontecimiento que marcó la historia de su vida, trazando una ruptura respecto a lo anterior y definiendo su nueva opción mesiánico‒profético al servicio del Reino, retomando, de forma distinta, no sólo la tradición apocalíptico‒mesiánica, sino su forma de entender (y “practicar”) la biblia israelita:

‒ El bautismo fue para Jesús un momento de iniciación y de promesa mesiánica, como ha destacado la tradición cristiana cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡ofreciéndole su Espíritu!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada desde la vida posterior de la Iglesia, pero en su fondo puede y debe haber existido un núcleo fiable, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

‒ Fue una experiencia de inversión, esto es, de cumplimiento profético y revelación mesiánica. En ella vino a expresarse un Dios que, conforme a la mejor tradición israelita, actúa a contrapelo de los hombres. Precisamente allí donde, llegando al fin de su mensaje apocalíptico, Juan le colocaba ante la meta de juicio y destrucción, experimentó y descubrió Jesús la verdad más alta de su misión, recuperando su vocación davídica, entendida como impulso y llamada mesiánica de Reino. Es como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo ha terminado (ha llegado el juicio) puede comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte.

‒ Esta experiencia profético-mesiánica marcó la nueva historia de Jesús. No queremos decir que las cosas sucedieran externamente como dice el texto, pero los hilos posteriores de su vida sólo pueden entenderse desde aquí, en una línea que lleva del antiguo Elías, profeta del juicio (como Juan), al nuevo Elías, mensajero de la brisa suave y del nuevo comienzo de Jesús (cf. cap. 5 y 16). Sólo en ese contexto, allí donde descubre que todo lo anterior se ha cumplido (ha muerto), puede iniciar Jesús su nueva trayectoria, desde la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”, y con la brisa del Espíritu (que le envía a realizar su obra).

‒Vocación filial de Reino. No ha sido un proceso racional en plano objetivo, algo que puede demostrarse por medio de argumentos, sino un tipo de “intuición” vital, que ha trasformado las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, de su forma de estar en el mundo y de su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que se trata de una “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser, un estado naciente. No es imposible que, en este momento crucial, haya escuchado la voz de Dios que le llama Hijo y haya “sentido” la experiencia del Espíritu, haciéndole asumir su tarea davídica de Reino. Todo el transcurso posterior de su vida se entiende a partir de esta llamada.

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“Bautismo de Jesús”. Ciclo C

domingo, 13 de enero de 2019
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20160WDel blog  El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 

Un ejercicio sencillo y una sorpresa

            Imagina todo lo que has hecho o te ha ocurrido desde que tenías doce años hasta los treinta (suponiendo que hayas llegado a esa edad). Si pones la lista por escrito necesitarás más de una página. Si la desarrollas con detalle, saldrá un libro.

            La sorpresa consiste es que de Jesús no sabemos nada durante casi veinte años. Según Lucas, cuando subió al templo con sus padres tenía doce años de edad; cuando se bautiza, “unos treinta años”. ¿Qué ha ocurrido mientras tanto? No sabemos nada. Cualquier teoría que se proponga es pura imaginación.

            Este silencio de los evangelistas resulta muy llamativo. Podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

            Pero más llamativo que el silencio de los evangelistas es el silencio de Dios. Al profeta Samuel lo llamó cuando era un niño (según Flavio Josefo tenía doce años); a Jeremías, cuando era un muchacho y se sentía incapaz de llevar a cabo su misión; a Isaías, con unos veinte años. ¿Por qué espera hasta que Jesús tiene “unos treinta años”, edad muy avanzada para aquella época? No lo sabemos. “Los caminos de Dios no son nuestros caminos”. Buscando explicaciones humanas, podríamos decir que Isaías y Jeremías tenían como misión transmitir lo que Dios les dijese; Jesús, en cambio, además de esto formará un grupo de seguidores, será para ellos un maestro, “un rabí”, y esto no puede serlo a los veinte años. Pero esto no soluciona el problema. Seguimos sin saber qué hizo Jesús durante tantos años. Para los evangelistas, lo importante comienza con el bautismo.

El bautismo de Jesús

            Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

            En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

            Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.

            Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

            La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús

            Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

            El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

            Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

            El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien

            La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

            Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

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13 Enero. Bautismo del Señor. Ciclo C

domingo, 13 de enero de 2019
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“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración

Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús.

domingo, 13 de enero de 2019
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2754-neonian-baptistery-ravenna-dome-mosaic-baptism-christ-detailLc 3, 15-22

Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga simbólica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás. Descubrió el sentido de su vida.

Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión y; a pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si lo han narrado todos los evangelistas, a pesar de que se podía interpretar como una subordinación a Juan, quiere decir que tiene unas posibilidades muy grandes de ser histórico.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado en todos los evangelios, porque el relato nos lanza más allá de lo sensible. Marcos y Juan comienzan su evangelio con el bautismo.

Lc no da ninguna importancia al hecho del bautismo. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible, para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo. Jn no narra el bautismo, lo da por supuesto y habla directamente de la presencia del Espíritu en Jesús.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta qué punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los lugares “espíritu” se refiere a lo mismo.

 

 Marcos: 1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.

1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

 Mateo:  3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.
 Lucas:  3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.

4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.

4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a galilea.

4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

 Juan: 1,32 Yo he visto que el Espíritu bajaba del cielo y permanecía sobre él.

1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.

3,5 Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.

6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

También hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. En contra de lo que siempre se nos ha dicho, el bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad. Un ser humano que afronta sus limitaciones y ora.

En el discurso de Jn en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en su época y aún en la nuestra. Hace su voluntad; Le escucha siempre; etc.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su «Abba» no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Ningún hilo telefónico especial. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lc dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna que pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.

Meditación

Jesús nació del Agua y del Espíritu.
Este segundo nacimiento dará a luz mi verdadero ser.
Ya está en mí, pero tengo que descubrirlo.
No te identifiques con tus limitaciones.
Tus fallos son carencias, pero tú eres lo positivo que hay en ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Nosotros somos la Palabra.

domingo, 13 de enero de 2019
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BAUTISMO DE JESUS“La palabra es el espejo de la acción” (Solón de Atenas)

13 de enero. Bautismo del Señor.

Lc 3, 15-16. 21-22

Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto (v 22)

Nadie sabía en aquel tiempo por dónde andaba la Palabra, pues andaba muy lejos de los hombres, sin que ninguno pudiera certificar dónde. Por eso, aunque era su luz y brillaba en las tinieblas, no la comprendieron. Y cuando vino a iluminar su casa, el mundo no la reconoció, y su casa permaneció en tinieblas. Desde entonces caminan a tientas como ciegos, con su bastón y perro por aceras, por calles y por campos. Aunque lo más comprometido es que el universo entero anda invidente por todos los espacios.

En la Galaxia nuestra, La Vía láctea, el Camino de Santiago, en lugar de ser blanco es negro. La Palabra quiso hacerse hombre y venir a hospedarse a nuestra tienda, pero al ver que no había día en ella devolvió su billete a la estrella y se quedó en el cielo.

Juan Bautista daba gritos solemnes en un desierto sin farolas, y el sonido de su testimonio también se quedó en tinieblas y sin la plenitud que le era propia. Quizás por eso nadie ha visto jamás a Dios, incluso cuando en el monte Horeb su voz ardía en una zarza asustando a Moisés.

“Cuando se necesitan brazos, el socorro y las palabras no sirven de nada” (Esopo, fabulista griego)

El Hombre no es demostrable, como no lo son el Mundo ni Dios. Si, a pesar de ello, el saber intenta demostrar uno de los tres, necesariamente se pierde en la nada. No puede equivocarlos, así se apodere de las alas de la aurora para ir a los confines extremos del mar. (Sam 139, 11-12: Si digo que me sorba la tiniebla, / que la luz se haga noche en torno a mí, / tampoco la oscuridad es oscura para ti, / la noche es clara como el día: / da lo mismo tiniebla o luz).

CORO

Al igual que la brisa ligera
levanta en espesos torbellinos
el polvo de los surcos,
¡que el vals nos arrastre!
¡Haced retumbar la llanura
con el estallido de vuestras canciones!

Apoteosis. Coro Celestial

ÁNGELES

¡Salvada!
¡Cristo ha resucitado!
¡Cristo acaba de renacer!
¡Paz y felicidad
a los discípulos del Maestro!
¡Cristo acaba de renacer!
¡Cristo acaba de renacer!
¡Cristo ha resucitado!

(Los muros de la prisión se han abierto.
El alma de Margarita sube al cielo.
Fausto la sigue con ojos cargados de
desesperación   cae de rodillas y reza.
Mefistófeles, en el centro, es derribado
por la espada luminosa del arcángel.)

MISA DE ÁNGELIS

¡Oh, Dios, que brillas en el mundo!

He encendido las luces de mi tienda,
alfombrada con pieles y con sueños,
y yo te espero impaciente en ella.

Celebraremos una ‘Misa de ángelis’,
con serafines, querubines y tronos,
dominaciones, virtudes, potestades,
principados, arcángeles y ángeles,
entonando canciones a tu nombre.

De celebrantes, las brillantes estrellas
Sirio, Alpha Centauri, Arturo, Vega, Lira,
y los vistosos corazón sangrante,
anémonas, lirios y rosas
y, cómo no, el Arco Iris trazado sobre el cielo,
iluminando el corazón de gentes y universos.

………………………….

Y Tú y yo repicando campanas
Y llenando los bancos de la iglesia.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Hij@s amad@s. Y punto. Sobran los efectos especiales.

domingo, 13 de enero de 2019
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bautismo-jesusSan Lucas (3,15-16.21-22)

Respeto profundamente cualquier otro comentario que se haga del evangelio de hoy, pero no debe distraernos Juan Bautista, para captar mejor el mensaje central.

Una cosa es que tengamos una experiencia profunda y otra que tengamos los recursos apropiados para explicarla o compartirla. Cuando no encontramos las palabras apropiadas, recurrimos a las imágenes, símbolos, expresión corporal, música o danza…

Los evangelistas nos repiten una y otra vez que Jesús, en diferentes momentos de su vida, tuvo la experiencia de ser Hijo Amado. Y punto. El resto son envoltorios que hay que quitar.

Para que las primeras comunidades cristianas se hicieran una idea de lo que pudo experimentar Jesús, los evangelistas tuvieron el detalle de recurrir al lenguaje y a los símbolos propios de las teofanías. Sin duda, ayudaron a sus oyentes y a sus lectores.

Hoy, en 2019, nos sobran los cielos abiertos, la paloma, las voces y todos los “efectos especiales” que van unidos al bautismo de Jesús.

Corremos el riesgo de quedarnos con el envoltorio y pensar que la vida de Jesús transcurrió entre ángeles, nubes, voces y facilidades de todo tipo.

La experiencia personal de ser y sentirnos hij@s amad@s ¿marca un antes y un después en nuestra vida? ¿Hasta qué punto es la experiencia fundante, la raíz de nuestra vida cristiana?

Sentirnos amad@s ¿impulsa nuestro comportamiento moral? San Agustín lo entendió muy bien: “Ama y haz lo que quieras”. ¿Hemos descubierto que el Amor nos ama?

Si no lo hemos descubierto, o lo olvidamos, nuestro discurso moral se convierte en una retahíla de normas y mandamientos. Puede llevarnos a los escrúpulos o a concebir el seguimiento de Jesús como un código de la circulación que nos ayuda a movernos por la vida, con la amenaza de que puede caernos “una multa o un castigo divino” en cualquier descuido.

Jesús no respetó el sábado reiteradas veces, se saltó leyes de pureza ritual, anduvo con compañías poco respetables… pero amó hasta el extremo. En sus entrañas estaba el manantial del Amor, que recibía el agua del Abbá. En el bautismo se entrelazaron y confluyeron más aún sus caudales.

El sacramento del bautismo es uno de los muchos caminos que pueden ayudarnos a descubrir que somos hijos e hijas amados. Pero, en nuestra vida diaria ¿qué conexión hay entre estar bautizados y sentirnos amados, como Jesús?

Ojalá, al leer o escuchar el evangelio de hoy, sintamos una sacudida y nos demos por aludidos. Ojalá el Espíritu Santo nos ayude a comprender que somos hijos e hijas, no siervos; y que hemos sido gratuitamente salvados.

Si descubrimos también que todo ser humano es hijo amado, se habrá producido un milagro.

Marifé Ramos González

Fuente Fe Adulta

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¿Quién soy yo? la respuesta se halla en el silencio.

domingo, 13 de enero de 2019
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599c9badcaa54_juanbautistaGDomingo después de Epifanía: Fiesta del Bautismo de Jesús. 13 enero 2019

Lc 3, 15-16.21-22

Los evangelistas presentan a Jesús como el Mesías esperado que “bautiza con Espíritu Santo y fuego”, es decir, que comunica la misma vida divina. Para ellos, Juan es solo el “precursor”, quien anuncia que “el tiempo último se ha cumplido”, pero es con Jesús con quien se hace presente la plenitud.

Más dificultad debieron experimentar para explicar el motivo por el que el propio Jesús se pusiera en la fila de quienes esperaban a ser bautizados por Juan. Porque este hecho no resultaba fácil de conciliar con lo que ellos mismos afirmaban a propósito de su Maestro. La disonancia es de tal calibre que, probablemente, nos hallamos ante un dato estrictamente histórico: ningún discípulo se hubiera atrevido a afirmar el bautismo de Jesús por parte de Juan, de no haber ocurrido realmente.

En cualquier caso, lo que interesa al evangelista es la proclamación que introduce a continuación, con la que presenta la fe de aquella primera comunidad en Jesús como “el hijo amado” de Dios.

Esta proclamación nos remite a la cuestión decisiva: ¿quiénes somos? Desde la mentalidad judía, de Jesús se dijo que era “el hijo amado de Dios” y, más tarde, desde la fe cristiana, se le reconoció como “Dios y hombre”, “el Hijo de Dios encarnado”.

Pues bien, eso que se afirma de Jesús es válido igualmente para todos los seres humanos. Todos somos Plenitud de Presencia expresándose y experimentándose en esta forma concreta que llamamos “persona” o “yo”.

Ahí radica el secreto profundo de nuestra paradoja. Y eso explica que todo radique en encontrar la respuesta adecuada a la pregunta quién soy yo. Pero esa respuesta no puede provenir de la mente.

Por ese motivo, me parece que ante cualquier pregunta mental –que tiende a encerrarnos en discusiones tan prolongadas como estériles–, lo adecuado es “retraducirla” a esta otra: ¿quién soy yo? A diferencia de las otras, esta primera cuestión nos resitúa –nos coloca en “otro lugar”– y, al resituarnos, toda pregunta mental aparece en el marco adecuado. De otro modo, podemos enzarzarnos en debates interminables que no pasarán de ser meros juegos mentales.

La mente, necesariamente ambigua e incapaz de atrapar la verdad, no puede conducirnos más allá de sí misma. Es una herramienta preciosa para manejarnos en el mundo de los objetos –de las formas– y para desenmascarar la irracionalidad –este es el gran logro de la llamada “razón crítica”–, pero se revela absolutamente incapaz de responder a la gran cuestión: ¿quién soy yo? En este campo, lo que se requiere es justamente aprender a acallarla si queremos empezar a ver con claridad. Tal como repite Marià Corbí, siguiendo lo que han dicho sabios y místicos de todos los tiempos, “el silenciamiento desde la mente pretende conducir nuestra comprensión hasta llegar a ver con toda claridad que lo que damos por realidad es solo una construcción de nuestra mente” [1].

Ante cualquier debate, sobre todo si nos vemos “pillados” emocionalmente –el sujeto de la emoción siempre es el ego–, el camino adecuado es el de acallar la mente y abrirnos a saborear la Verdad que se oculta en el Silencio. Ahí salimos de la ambigüedad y experimentamos la Plenitud que, constituyendo nuestra identidad, transciende por completo el mundo de las formas y de las construcciones mentales. Es justamente el Silencio quien guarda la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, tal como recuerda la bella parábola de Chuang-Tzú (siglo IV a.C.):

“El Emperador Amarillo fue paseando al Norte del Agua Roja, a la montaña de Kwan Lun. Miró a su alrededor desde el borde del mundo. Camino a casa, perdió su perla del color de la noche.

Mandó a la Ciencia a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó al Análisis a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó a la Lógica a buscar su perla, y no consiguió nada. Entonces preguntó a la Nada. ¡Y la Nada la tenía!

El Emperador Amarillo dijo: “Es en verdad extraño: ¡La Nada, que no fue mandada, que no trabajó nada para encontrarla, tenía la perla del color de la noche!”.

“¿Por qué somos temporales?, se pregunta Pedro Miguel Lamet. ¿No sería mucho mejor ser eternos? En realidad somos temporales y eternos a la vez, si despertamos a nuestra auténtica identidad. Y después de todo, ¿este sentirse temporal no es también fuente de gozo? ¿No hay un sabor a infinito en todo lo finito?” [2].

En esa comprensión se halla la clave de la sabiduría, que Fidel Delgado formula en clave de bienaventuranza: “Feliz quien se sabe en camino y en casa a la vez” [3].

¿Vivo consciente de lo que soy? ¿En qué se nota?

 

Enrique Martínez Lozano

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[1] M. CORBÍ, Silencio desde la mente. Prácticas de meditación, Bubok, Barcelona 2011, p.15.

[2] P.M. LAMET, El sabor eterno del tiempo, en http://www.pedrolamet.com/?p=1503

[3] F. DELGADO, Prólogo al libro de E. MARTÍNEZ LOZANO, Metáforas de la no-dualidad. Señales para ver lo que somos, Desclée De Brouwer, Bilbao 2018, p.21.

Fuente Fe Adulta

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Los cielos están abiertos para todos

domingo, 13 de enero de 2019
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bautismo-de-jesc3bas1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. EL BAUTISMO EN EL RÍO JORDÁN: EN EL DESIERTO, NO EN EL TEMPLO.

Hemos terminado de celebrar la Navidad y -para entendernos- entre el nacimiento de Jesús y el relato que acabamos de escuchar han transcurrido treinta años.

El bautismo se solía celebrar en el templo, en las piscinas del Templo de Jerusalén.

Juan Bautista se encuentra en el desierto, en el río Jordán. Juan lleva el templo y el culto al desierto, que evoca el Éxodo y la libertad. La relación con Dios no se resuelve tanto en los ritos del templo sino en el camino del desierto de la vida, en el camino hacia la tierra de promisión, en la libertad.

La situación y la escena es parecida a la del encuentro de Jesús con la samaritana: A Dios se le adora en espíritu y honradez.

Posiblemente el Bautismo solamente se celebra cuando hay amor a la libertad, a la tierra de promisión, cuando se intenta tener un espíritu honrado.

02. BAUTISMO DE JESÚS: SOLIDARIDAD DON LA HUMANIDAD.

El que no tenía pecado se hace solidario con nosotros, comparte las penas y sufrimientos de la humanidad.

Jesús desciende a lo profundo de las aguas (a los infiernos) con nuestras debilidades.

Jesús comparte con nosotros la densidad de nuestra historia y de nuestras historias.

Jesús se hizo uno de nosotros (San Pablo).

El papa, Benedicto XVI, hace una lectura hermosa de este pasaje en su libro “Jesús de Nazaret”

Jesús había cargado con toda la culpa de la humanidad: entró con ella en el Jordán.

03. LOS CIELOS SE ABREN.

El pueblo de Israel (¡y gran parte la mentalidad católica!) pensaba que los cielos estaban cerrados para la humanidad.

Ha pasado al lenguaje coloquial y es hermoso experimentar, escuchar o decir: “se le abrió el cielo”, “se me abrieron los cielos”. Bueno, pues esto es lo que JesuCristo experimentó y nos comunicó desde el comienzo de su misión de Jesús: que los cielos se han abierto.

El relato del Bautismo de Jesús significa que el camino hacia nuestra salvación, hacia la casa de Dios Padre está definitivamente abierto.

Jesús abre los cielos: Dios Padre ha abierto su casa al hijo pródigo (en realidad nunca la había cerrado, pero los sistemas religiosos se empeñan siempre en condenar al ser humano). El banquete está preparado para todos. Zaqueo está invitado, el buen ladrón está también en los cielos.

Los cielos se han abierto para todos y definitivamente.

Esperemos que no sea verdad aquello de que lo que salva el Evangelio lo condenan los eclesiásticos.

04. CONSOLAD A MI PUEBLO (ISAÍAS / 1ª LECTURA).

Vitral de San Juan Bautista en la Iglesia de San Cipriano de Muskildi (Zuberoa)Es una hermosa tarea abrir cielos y tierras, alimentar esperanzas, consolar al pueblo.

El relato del bautismo de Jesús es un texto de revelación: Este es mi hijo amado. Lo que Jesús nos revela es que ha sido enviado a sanar los corazones que sufren, curar a los enfermos, dar de comer a los hambrientos, liberar las conciencias, a consolar. Jesús pasó la vida haciendo el bien.

Consolar es aliviar, -cuando menos intentarlo- una pena, un sufrimiento.

Claro que para ello hay que haber experimentado en nuestro propio ser el alivio y el consuelo. Quien no tiene experiencia de la bondad humana, del amor humano y de Dios, difícilmente podrá consolar a los demás.

FANATISMO

Las actitudes fanáticas de personas religiosas, políticas, de corte nacional, de determinadas instituciones, etc. en el fondo es que no han experimentado el amor y la bondad de la vida, de Dios, de los demás.

El fundamentalismo que muestran algunos obispos y curas en el fondo es una carencia de afecto, ternura e indulgencia originarios. El que no ama, no ha conocido a Dios, (1Jn 4,8).

Los fanatismos, las superortodoxias, las intransigencias en el fondo no son tanto problemas políticos o cristianos, cuanto problemas de origen y contenido psíquico de falta de consuelo, de amor. Quien tiene experiencia del amor, no es fanático, ni fundamentalista.

Muchas personas religiosas ordenan, disponen e imponen, mandan, etc. El cristiano consuela, alivia, ayuda.

Quizás sea por estas cosas por las que el papa Francisco sea mal visto y poco apreciado en determinados sectores católicos: porque Francisco en el fondo ayuda, consuela, alivia…

Noble tarea la de consolar en la vida.

05. MIENTRAS JESÚS ORABA.

Jesús se encuentra con Dios en el silencio y la oración (como nosotros). Y ahí es donde se manifiesta que Jesús es hijo de Dios.

Jesús toma conciencia de su ser y misión en los grupos de Juan Bautista (conciencia mesiánica). Jesús lentamente va tomando conciencia de que Dios se expresa en Él.

Jesús sentía que Dios Padre embargaba su vida, le protegía, le impulsaba.

En el evangelio de Lucas la oración tiene una importancia mayor que en otros. Lucas presenta a Jesús orando en los momentos decisivos:

o El bautismo le “pilla” a Jesús orando, (Lc 3,21).

o En toda su actividad pública, Jesús se retiraba para orar, (Lc 5,16)

o Jesús ora cuando ha de escoger a los Doce (Lc 6,12-13)

o La oración transfigura a Jesús (y no al revés), (Lc 9,28-29).

o Cuando ora, Jesús expresa su experiencia de Dios: Padre, (Lc 11,1).

o Jesús agradece a Dios los signos que se van dando en su misión, que es del Padre, (Lc 10,21).

o Cercana ya la muerte, en el huerto de los Olivos, Jesús ora “trágicamente”, (Lc 22,39-46).

o En la cruz Jesús ora y pone su vida-muerte en manos de Dios Padre, (Lc 23,46).

o También en la cruz Jesús ora a Dios Padre por quienes le están ejecutando: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.

Acabamos de celebrar la Navidad. Jesús es hijo de María: nace de entre nosotros.

De la misma manera, Jesús tomó conciencia de su ser y misión en su familia, en la sinagoga, en los grupos de Juan Bautista (conciencia mesiánica), en el silencio y en la oración.

Jesús toma conciencia de su misión en la oración. Jesús “no viene a este mundo con la lección sabida”, sino que Jesús va madurando en la oración. Jesús va tomando conciencia de los problemas que va viendo y viviendo: el tipo de religión, el fariseísmo y legalismo, el Templo ritualista, la injusticia de saduceos, sacerdotes, la pobreza, etc. Jesús lentamente va tomando conciencia de que las cosas no van como Dios Padre quiere. El poder (Pedro) piensa como los hombres, pero no como Dios, etc. Dios Padre tiene otro designio que, poco a poco, se va expresando en Él.

La oración no es una huida del mundo y de los demás, la oración no le encierra a Jesús en sí mismo, sino que le impulsa a la madurez, a contrastar las cosas con Dios y a la solidaridad.

Todo ser humano necesitamos momentos de silencio, de reflexión y de oración, de encuentro con nosotros mismos, con los demás y con Dios.

La oración no es un narcisismo, sino un “hogar” en el que vivimos en silencio y contemplación las cosas de “casa”, nos vemos en nuestro caminar con nuestras ilusiones y preocupaciones, nuestras enfermedades y limitaciones, en la oración vemos las injusticias, y todo lo vemos y vivimos con Dios como ultimidad y los demás como referencia.

La oración es la brecha por la que se nos abren los cielos.

LOS CIELOS ESTÁN ABIERTOS

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Traiciones al espíritu de Jesús: Los primeros cristianos no tenían templos ni celebraban sacrificios

sábado, 12 de enero de 2019
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0A9-440x320-1La Cena del Señor, la Fracción del Pan, no nace en el templo sino en la Sinagoga. La Sinagoga Cristiana toma la estructura de la Judía, pero la modifica y la completa.

Su local no es el Templo, ni la preside un sacerdote (ni un doctor); en ella no se celebran sacrificios sino que se lee la palabra y se hace oración. La modifica, porque la palabra del AT se ve sustituida por los hechos y dichos de Jesús, no narrados y explicados por sabios doctores sino por los Testigos de Jesús; y los participantes ponen en común lo que el Espíritu da a cada uno (profetas). La completa, porque termina con la Fracción del Pan, que no tiene precedente en el AT. En esa reunión no hay sacerdotes, ni aparece alguien que por oficio la presida, ni aparece por ninguna parte que se ofrezca un sacrificio, ni se nombre la palabra altar.

Nuestra pregunta tendrá que ser, necesariamente: ¿de dónde han salido la interpretación sacrificial de la Eucaristía, llamada “el santo sacrificio de la Misa”, con todos sus ritos, su clericalización y la mera “asistencia y participación” de los “laicos”?

Esteban, hace un virulento ataque contra el Templo: “no se pueden hacer casas en el Altísimo”. Los primeros seguidores de Jesús no tienen Templos, lugares de presencia de Dios y de adoración. Pero más tarde fueron surgiendo. ¿Era un retorno al Antiguo Testamento, una traición a Jesús? La magnificencia de los templos cristianos ¿tiene que ver con Jesús o más bien con el Templo de Jerusalén?

Aquí llegamos a la conjunción de varias líneas: el aumento del número, la progresiva crecimiento de la clase clerical, el cambio teológico de banquete a sacrificio, la posesión de riquezas y la concepción de los templos como esplendorosos monumentos a la gloria de Dios, que son un peligro mortal para la Cena del Señor.

Recordemos: Dios no necesita nada, solo que cuidemos de sus hijos. Todo el dinero que tenga la Iglesia es para los pobres. Sólo cuando nadie en el mundo padezca ninguna necesidad podremos dedicar dinero a la gloria de Dios.

El espíritu está en la asamblea, no en la cabeza aislada. En la Iglesia no hay poder sino misión. Hemos comprobado que, invariablemente, las decisiones importantes se tomaban en la asamblea, que aparecía siempre como órgano supremo a la hora de decidir, aun cuando estuvieran presentes los apóstoles y el mismo Pedro.

Esto sucedió desde el principio, con la elección de Matías, hasta el final, con el que llamamos “Concilio de Jerusalén”, a cuyas autoridades se someten Pedro y Pablo, con reticencias de los de Santiago.

¿Cómo se tomarían las decisiones importantes en el futuro? El modo asambleario fue declinando, dejando paso al modo monárquico. ¿Cuándo comenzó esta sustitución? ¿Se parece algo aquel modo asambleario original al modo actual de ejercerse la autoridad del Papa, de los obispos y de los Concilios?

La función de los Doce, y muy especialmente de Pedro: “Nosotros nos dedicaremos a la oración y a la Palabra”, dejando la administración a otras, elegidas por la comunidad. Los Doce, y más tarde los apóstoles, tienen la misión de la Palabra, para cumplir la cual les es necesaria la oración. Eso les da autoridad, pero nunca aparece esta autoridad como un poder ni lejanamente semejante a poderes civiles, ni menos aún militares o económicos. El caso de Pedro es llamativo:

toma iniciativas aceptadas por todos (elección de Matías (1,12);

propone a la comunidad y a ésta le parece bien (ibid.);

es enviado por la comunidad, junto con Juan, a la evangelización de Samaria (8,14);

toma por su cuenta y riesgo de decisión de entrar en casa de paganos y bautizarlos (10,34);

tiene que dar explicaciones a la comunidad de Jerusalén, cosa que hace con toda naturalidad (11, 1);

opina, con autoridad pero sin carácter de decisión definitiva, en el “Concilio de Jerusalén” (15,7);

recibe la reprimenda de Pablo (Gal. 2,11) “porque era digno de reprensión”.

Las formas de gobierno. Hemos comprobado que existen varias formas. La comunidad de Jerusalén parece regirse por un consejo de ancianos presididos por Santiago, “el hermano del Señor”. En otras comunidades aparecen sin más “los presbíteros”, que parecen ser también consejos de ancianos, unas veces espontáneos y otras nombrados por Pablo o algún otro apóstol. Finalmente aparecerán los epíscopos, que una veces son presidentes del consejo de ancianos y otras se presentan con autoridad más personal. De todas estas formas solamente ha subsistido en la Iglesia el episcopado, monárquico.

Tendremos que preguntarnos por qué declinaron las otras formas y también si no podrían existir hoy en la Iglesia sistemas de gobierno diferentes. Aparecen los diáconos, como encargados de temas económicos, como encargados de los aspectos físicos de la Fracción del Pan y como auxiliares de los epíscopos.

Tanto los epíscopos como los presbíteros, los diáconos, y profetas son casados; más aún los textos no aparecen tolerarlo sino exigirlo. 1Tim 3,2-5: Es, pues, necesario que el epíscopo sea irresprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?

Incluso se habla de los apóstoles, y expresamente de Pedro, como “acompañados por una mujer cristiana” (1 Corintios 9,5). Solamente se habla de célibes refiriéndose a Pablo y Bernabé y no para ponerlos como modelos por su celibato sino precisamente para justificar su carácter excepcional… ¿De dónde ha salido el celibato sacerdotal obligatorio? Ha ido surgiendo más tarde en la Iglesia, puesto que no la encontramos en las primeras comunidades.

No hay más sacerdotes que los del Templo de Jerusalén. Las comunidades cristianas no tienen sacerdotes. ¿Cómo nacieron y qué significan? De todo esto se deduce algo muy claro. Todos estos modos de gobierno pueden ser convenientes o inconvenientes, eficaces o inútiles, pero nunca podrán decir que provienen de Jesús, y por tanto pueden modificarse. Pero lo que sí es de Jesús, y resplandece en las primeras comunidades, es que se sienten responsables de sí mismas, que no hay división ninguna entre los que mandan y los demás, que no hay clase clerical, que nadie se siente con poderes divinos. Las formas pueden cambiar, pero si no cabían con el Espíritu de Jesús son traición y llevan al fracaso.

Las mujeres. Son muy importantes: lo fueron en la vida de Jesús y más aún en la Resurrección; son parte mayoritaria de la primera comunidad de Jerusalén y probablemente también de otras. Son citadas con mucha frecuencia en Hechos como magníficas colaboradoras, y aparecen ostentando los cargos de apóstoles, diaconisas y profetas. Incluso aparecen breves citas en que da la impresión de que es la pareja, el matrimonio, el que es sujeto de la misión.

Esto fue desapareciendo en la Iglesia. No desapareció su importancia real, pero sí toda la participación en cargos de las iglesias. ¿Cuál es la causa de su exclusión a lo largo del tiempo, y cuáles son sus reales y posibles funciones en la Iglesia hoy? Sería largo de explicarlo pero es fácil hacer una afirmación: su exclusión no viene de Jesús.

Al rechazar el sacerdocio para las mujeres se suelen aducir dos argumentos: que Jesús en la última cena ordenó sacerdote a solo varones; y que en la tradición de la Iglesia no ha habido nunca mujeres-sacerdotes. La respuesta a estos argumentos es muy sencilla: en los Hechos de Apóstoles aparece claramente que en las primeras comunidades no hubo sacerdotes, muestra evidente de que Jesús no ordenó de sacerdotes a nadie; pero en todos los servicios a la Iglesia que aparecen en esas comunidades, apóstoles, profetas, diaconisas… aparecen mujeres.

Convertíos: cambiar. El vino nuevo rompe los odres viejos. Si el Antiguo Testamento era fidelidad al pie de la letra a lo antiguo, lo formulado, inmutable, lo de Jesús va a ser muy diferente, y así se muestra en Hechos.

Las primeras comunidades no tuvieron inconveniente en cambiar: abandonaron el Templo, la circuncisión, las restricciones alimentarías, la prohibición de tratar con paganos, el modo de autoridad, la función de las mujeres…

Y se atrevieron a cambiar dos cosas que pasan desapercibidas y son radicalmente importantes: Cambiaron de idioma. Abandonaron el sagrado hebreo de las escrituras y el arameo en que se expresó a Jesús. Hablaron a la gente, tradujeron a Jesús al idioma de todo el mundo. Y es que no tenían un idioma sagrado, ni fórmulas sacras o mágicas.

En el mismo sentido, cambiaron de cultura. No hace falta ser judío, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura para seguir a Jesús. Ni hace falta ser occidental, ni romano, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura.

Me atrevo a decir más: a aquellas comunidades no les hizo falta ser judíos ni en religión. A otras culturas actuales ¿les hace falta ser occidentales en religión? ¿Hay una identificación entre el cristianismo occidental (griego y romano y muchas cosas más) y el camino de Jesús, o eso es lo que nosotros, Occidente, nos hemos creído, con la misma razón/sinrazón que los judíos del tiempo de Jesús y de los Hechos llamaban “Palabra de Dios” a sus interpretaciones y costumbres?

Ni el sacerdocio ni el episcopado monárquico, ni la actitud del Papa como vicario infalible de Cristo, ni el sentido sacrificial de la Cena del Señor ni cinco de los siete sacramentos, ni la diferenciación entre clero y laicos, ni el celibato de los ministros ni la construcción de templos aparecen en los escritos que hemos comentado.

Esto parece indicar con claridad que no tienen su origen en Jesús sino que son introducidos más tarde en la Iglesia. Podrán ser aciertos o equivocaciones, dependerán del Espíritu de Jesús o serán traiciones a él, pero está claro que no pueden fundamentarse en la voluntad de Jesús ni afirmarse que fueron “fundados” por Él.

Pero esto podría ser marginal. Naturalmente las costumbres cambian, los tiempos piden modificaciones. No es lo mismo gobernar una comunidad de veinticinco personas que otra de cien mil ni se pueden reunir en el mismo local, no se pueden transferir modos de las iglesias primeras a las nuestras.

Por supuesto. Pero hay algo que no es marginal: la fidelidad al Espíritu de Jesús. Y aquí tenemos un problema: muchas de las diferencias entre los modos de las primeras iglesias y los de la Iglesia actual no son modificaciones pedidas por la adecuación del espíritu a nuestros tiempos sino más bien desviaciones al espíritu de Jesús.

Una Iglesia que se preocupa más de sus problemas y su propio status que del hambre y la injusticia del mundo, no vive el Espíritu de Jesús.

Una Iglesia que ha convertido la cena del señor en un espectáculo ostentoso, celebrado solo por clérigos y en locales espectacularmente costosos, no tiene nada que ver con la humilde celebración alrededor de la mesa de las primeras comunidades.

Una Iglesia gobernada autocráticamente por personas que se dicen ser representantes del poder Dios mismo no se parece nada a la iglesia asamblearia de sus principios.

Una Iglesia que excluye a las mujeres y exige el celibato de los sacerdotes, no consiste en el número de adeptos ni en su poder económico o en su prestigio social, sino en su capacidad de trasmitir el Espíritu de Jesús.

Conclusión primaria; está muy claro que la Iglesia hoy tiene problemas, pero debería también estarlo que la única vía de solución es repetir la experiencia de las primeras comunidades: obedecer al espíritu de Jesús, aunque hay que renunciar a tantas y tantas cosas que se nos han pegado tan profundamente que nos parece que son fundamentales. Pues no lo son, más bien son traiciones clamorosas al espíritu de Jesús: eso es lo que hace fracasar a la Iglesia.

+ José Ruiz de Galarreta, S.J.

Fuente Reflexión y Liberación

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Antonio Piñero: «Jesús existió, y tuvo cuatro hermanos, Simón, Judas, Santiago (Jacobo) y Joseto»

viernes, 11 de enero de 2019
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antonio-pinero-durante-la-entrevistaEl historiador publica ‘Aproximación al Jesús histórico’ (Trotta)

«María Magdalena no fue la esposa de jesús, eso son invenciones a partir de novelas«

«Los Evangelios, no sé si decir «inventan», porque siempre he dicho que nada se inventa de la nada en las escrituras. Lo que hay es un detalle de la vida de Jesús que se coge y se idealiza. Que se engrandece»

(Jesús Bastante).- «Jesús sí, existió. y tuvo cuatro hermanos: Simón, Judas, Santiago y Joseto». El historiador y bloguero de RD, Antonio Piñero es, sin lugar a dudas, uno de los mayores conocedores de lafigura de Jesús.

Fruto de sus investigaciones surgeAproximación al Jesús histórico’ (Trotta), en el que supera algunos mitos sobre los momentos fundacionales de laIglesia, los Evangelios y sus personajes. Hablamos con él. No dejará a nadie indiferente.

– Hoy tenemos un nuevo regalo, que es Antonio Piñero, buen amigo de esta casa, con un blog espectacular en Religión Digital y uno de los mayores conocedores, al menos en lengua hispana, de Jesús.

– Yo, en eso soy, de verdad, modesto. Fíjate que llevo más de treinta años dándole vueltas a escribir una vida de Jesús, y solo he escrito pequeñas parcelas; no me he considerado, todavía, competente. Voy a ver si pasados unos años, en que me dedique a leer más…

– Cuando seas mayor.

.- Cuando sea mayor, quizás haga una especie de «Jesús de Nazaret, historia y mito». O algo así.

– ¿Cuántos libros has dedicado a Jesús?

– Por lo menos siete u ocho.

– Son unos cuantos.

R.- Pero no es suficiente. Tratan aspectos parciales, o aspectos más divulgativos. Aunque son profundos. Yo nunca hago una divulgación que no haya pasado antes por una reflexión científica, ponderando los argumentos. Pero no ha ido a fondo.

– A mí me da la sensación de que está a punto de salir, ese gran libro sobre Jesús. Hoy venimos a hablar de un libro cuyo título nos da una pista de lo que puede venir en el futuro: «Aproximación al Jesús histórico«. Publicado por Trotta. Una aproximación quiere decir que estás empezando a acercarte al personaje y que habrá otro volumen en el que ya lo abordes directamente.

– Sí. Pero antes va el volumen siguiente, que ya se está maquetando, y es una especie de comentario al Nuevo Testamento. Es una preparación; enseña por qué se dicen las cosas y cómo: el método.

Es una preparación, sobre todo de la parte de los Evangelios. Yo no sé si a ti te lo han preguntado, pero a mí, mil veces, me han dicho: «oiga, escriba un libro en el que usted divida los Evangelios en secciones. Y luego, diga si eso es verdad on no».

– Por etapas.

– Sí, en secciones. Es una empresa muy difícil. Pero en este libro siguiente, que se llama «El Nuevo Testamento. Sus libros explicados desde el punto de vista de la historia», (un título provisional) vamos a intentar hacer eso.

Es la preparación -no solo para ese futuro libro- para aclarar el Nuevo Testamento y, sobre todo, los Evangelios desde un punto de vista de la historia.

– Es lo que queremos aclarar. Te voy a hacer una serie de preguntas, lo más concretas posible, y me dices si me las puedes responder o no. Pero siempre dejando claro que estamos hablando de una aproximación histórica.

– Puramente histórica.

– Y que tú no la abordas como teólogo, sino como historiador.

– Pero con gran respeto por la Teología, tú lo sabes perfectamente; a lo largo de años, jamás me habrás visto hacer un ataque en este sentido.

– La Teología es una ciencia. No es un divertimento de unos locos creyentes.

– Claro.

– ¿Qué podemos decir de los Evangelios y de la vida de Jesús que tú estés convencido de que es cierto?

– Estoy convencido de que los Evangelios, aunque sean propaganda de una fe, (que lo son porque intentan convencer a la gente de que Jesús es el mesías y que hay que creer para salvarse) al mismo tiempo son el relato de la vida de Jesús.

Por lo tanto, contienen, sin duda, elementos históricos. Y muchos. Lo que pasa es que hay que desbrozar lo que es propaganda de lo que no. Si a ti te hacen un libro sobre tu madre, a la que amas y que, además, ha sido una figura importante en tu pueblo y en tu ciudad, probablemente vas a tener elementos de exaltación de su figura,.

– Si lo escribo yo, seguro.

– Cierto. Pero al mismo tiempo, ¿vas a contar solo mentiras sobre tu madre? Pues, seguro que de ningún modo: tú vas a contar su historia, e irás siguiendo su trayectoria.

– Lo que significa que el Jesús de los Evangelios puede ser cierto, con alguna exageración y omitiendo detalles que pudieran perturbar la imagen que se quiere dar.

– Exacto.

– Muy bien, pero, ¿Jesús existió?

– ¡Esa es la pregunta!

– Siempre te hago esta pregunta, y nunca me respondes claramente.

– Siempre he dicho que sí.

Pero primero quiero añadir que aunque la ciencia histórica, en un 99,5%, diga que Jesús de Nazaret existió, tú vas por la calle y te sorprenderá la cantidad de gente que dice lo contrario.

– Sí, pero yo creo que la gente se refiere más a Cristo.

– Exacto; ese es el problema. Y eso es lo que yo que digo. A tu pregunta de si creo que Jesús existió, yo digo: sí, existió. Leer más…

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Navidad en reserva

miércoles, 9 de enero de 2019
Comentarios desactivados en Navidad en reserva

Navidad-en-reserva-ecleSALiaIñigo García Blanco,
Hermano Marista,
Madrid.

ECLESALIA, 07/01/19.- Como en tantas épocas, el anuncio de Navidad sigue siendo necesario, aunque lo solemos tener en reserva y solo ve la luz ciertos y finales días del año transitado.

Dios llega a nuestras vidas de forma (im)pertinente. No anuncia su llegada ni señala el tiempo o el lugar. A la intemperie, fuera de censos, visas o mercadurías. ¡Sencillamente se hace presente: en el misterio de un nacimiento!

Y con su presencia brillan los rostros de la humanidad: pastores (algunos eran y son salteadores de caminos y vidas), sabios o magos de oriente (preocupados por el conocimiento y comprensión de la vida en sus diferentes manifestaciones), sin-techo o refugiados, migrantes o temporeros, mestizos o indígenas, descartados de nuestro tiempo y de nuestra historia… (no salen bien en las instantáneas de primera portada, pero cada vez son más frecuentes sus recordatorios de que este mundo necesita expresarse humanizadora y fraternalmente). Dios, ¡sencillamente se hace presente!

La Navidad de Dios proclama que “las cosas pueden cambiar”. Seguimos anhelando “las tres T” para este tiempo (no solo los décimos de la lotería o los castings de reality tv shows) para esta historia desigual: la Tierra que da sustento, el Techo que da cobijo y el Trabajo que enorgullece. No es azar, ni meros deseos… es derecho que debemos reconquistar para todos y cada uno de nosotros.

Navidad es fundamentalmente el brillo de la humanidad expresado en el rostro de un recién nacido que cambia nuestra mirada porque ¡sencillamente se hace presente! Y desde el comienzo, Dios en Jesús, el Enmanuel (Dios-con/entre-nosotros), comenzó a “oler a pobre”. Sigue siendo Navidad en cada historia, en cada tierra, en cada vida que se abre al Misterio. En cada verbo que se hace eco de las palabras de justicia y de paz. En cada gesto que se suma en la movilización de los derechos sociales, los derechos de la Tierra, los derechos de la Vida.

Sigue siendo Navidad en mi vida, en tu vida, si dejamos que el Evangelio acampe en nuestras estancias (por las que transitamos y nos cruzamos). Porque … ¡sencillamente se hace presente! ¡La humanidad brilla en tu rostro!

Es Misterio, es gozo, es sorpresa, es esperanza, es promesa, es encarnación, es Buena Nueva, es Verbo. Es la Navidad de los pequeños (no solo de tamaño, sino los que así queremos presentarnos), de los nada-poderosos, del Dios-Todo-Niño que se encarna en la historia de nuestra humanidad.

Lo más importante sucede en el silencio,
acontece en el centro de nuestras vidas
y nos invita a mirar más allá de las apariencias.

El Dios-Todo-Niño viene a darle la vuelta a la lógica del mundo. «Algo nuevo está brotando ¿no lo notáis?» (Is 43, 19).

Agradecido, feliz y b(i)endecida Navidad, bienaventurado Año Nuevo 2019.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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