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Magos.

lunes, 6 de enero de 2020
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reyes estrella6Hay muchos magos. Están un poco iluminados y por eso luchan por causas raras. Ven estrellas y horizonte de servicio y de un mundo nuevo, donde los demás solo vemos negocio. Se montan en un barco y pelean por rescatar, entre pesadísimas dificultades, a los náufragos. Son personas que siguen una estrella en su camino, se van a tierras con peligro para su integridad. Pero la fuerza de la estrella les atrae; hombres y mujeres que corren riesgo gordo en sus vidas. Pero sobre todo, llegan a amar a las personas en peligro. El amor es más fuerte en ellos que el miedo. No hacen caso a las opiniones de los Herodes del momento. Hasta navegan a ratos sin estrella, solamente guiadas por su corazón. Y llegan hasta los cayucos donde yacen los niños y cada uno de ellos que sacan con vida, para ellos es una Navidad, un logro, una Vida.

Vivimos normalmente demasiado cuerdos. Necesitamos un poco de locura, de ilusión más allá de los peligros y de la cordura que nos marca el capital. Débiles, refugiados, inmigrantes. Y gracias a ello, la vida tiene sentido. Miles de personas, iluminadas por la Luz del Amor. Voluntarios, misioneros, miembros de ONGs.

¿Os imagináis un año navidad sin la fiesta de los magos? No podemos pensar en este mundo sin la osadía, sin la iluminación de muchas personas que arriesgan su vida por ir en búsqueda de los olvidados del mundo.

Herodes no supo en realidad quién era el Niño ese. Por eso no fue, se limitó a quedar bien políticamente y luego, por si acaso “ocupan nuestro poder”, quitó a los niños de en medio, no vaya a ser que sean un poder alternativo.

Unos magos ilusos, buscan, caminan, preguntan. Quieren ver al Salvador. En Belén de Judá. En muchos lugares pequeños, casitas pequeñas, lugares sin casa, tiendas de campaña, chozas, cayucos. Ahí encontramos a Jesús. Es preciso cambiar nuestros criterios y nuestra orientación. No lo busquemos entre los salvadores del mundo, internacionales. Lo veremos, más bien, entre mantas, ropas sucias, portales, cuevas. Así es la realidad. La Salvación sigue viniendo de los débiles, de los pobres, de los sencillos entre las grandes multinacionales, entre los premios a los famosos.

Encuentran al niño los arriesgados, los valientes, los buscadores, los no acomodados.

Por favor, magos, haced parada en el mediterráneo, porque son muchos miles, las personas que van muriendo ahí y las que luchan buscando una pequeña seguridad en tierra. Generalmente tienen la piel de otro color. Pero de eso, vosotros sabéis mucho. Y por favor, dadles no ya oro, incienso o mirra, sino ropa, comida, medicinas, y como buenos magos, dadles, sobre todo, el cariño de vuestro amor. Vamos a ponernos de acuerdo y a acogerles en nuestras casas, porque ahí encontraremos a Jesús, con María y José.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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En el Principio…

domingo, 5 de enero de 2020
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médium_TracyAlexander_1

La Palabra

En el principio
–antes del espacio-tiempo–
era la Palabra
Todo lo que es pues es verdad.
Poema.
Las cosas existen en forma de palabra.
Todo era noche, etc.
No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas.
Era la palabra. (Palabra amorosa.)
Misterio y a la vez expresión de ese misterio.
El que es y a la vez expresa lo que es.
«Cuando en el principio no había todavía nadie
él creó las palabras (naikino)
y nos las dio, así como la yuca»
en aquella traducción amarillenta anónima del alemán
de una parte del gran librón de Presuss
que yo encontré en el Museo Etnográfico de Bogotá
traducción al español de Presuss traduciendo del uitoto al alemán:
La palabra de sus cantos, que él les dio, dicen ellos,
es la misma con que hizo la lluvia
(hizo llover con su palabra y un tambor),
los muertos van a una región donde «hablan bien las palabras»;
río abajo: el río es muy grande
(lo que han oído del Amazonas según Presuss)
allí no han muerto de nuevo
y se encuentran bien río abajo sin morir.
Día llegará en que iremos río abajo nosotros.
En el principio pues era la palabra.
El que es y comunica lo que es.
Esto es:
el que totalmente se expresa.
Secreto que se da. Un sí.
Él en sí mismo es un sí.
Realidad revelada.
Realidad eterna que eternamente se revela.
Al principio…
Antes del espacio-tiempo,
antes que hubiera antes,
al principio, cuando ni siquiera había principio,
al principio,
era la realidad de la palabra.
Cuando todo era noche, cuando
todos los seres estaban aún oscuros, antes de ser seres,
existía una voz, una palabra clara,
un canto en la noche.
En el principio era el Canto.
Al cosmos él lo creó cantando.
Y por eso todas las cosas cantan.
No danzan sino por las palabras (por las que fue creado el mundo)
dicen los uitotos. «Sin razón no danzamos».
Y nacieron los grandes árboles de la selva,
la palma canaguche, con sus frutos para que bebiéramos,
además el mono-choruco para que comiera los árboles,
el tapir que come en el suelo los frutos,
el guara, el borugo para comer la selva,
él creó a todos los animales como la nutria, que come pescado,
y a la nutria pequeña,
él hizo todos los animales como el ciervo y el chonta-ciervo,
en el aire al águila real que come a los chorucos,
creó al sidyi, al picón, al papagayo kuyodo,
los pavos eifoke y forebeke, al bakital, al chilanga, el hokomaike,
el patilico, el papagayo sarok,
el kuikudyo, el fuikango, el siva y el tudyagi,
el pato hediondo, la mariana que ahora sabe comer peces,
el dyivuise, el siada, el hirina y los himegisinyos
y sigue el poema uitoto
en la anónima traducción al español de
la de Presuss del uitoto al alemán
engavetada en el Museo.
«Aunque digan: ellos danzan sin motivo. Nosotros
en nuestras fiestas narramos las narraciones.»
Que Presuss recogió pacientemente en un gramófono hace años
y tradujo al alemán.
Los muertos: ellos han retomado a la palabra creadora
de la que brotaron con la lluvia, los frutos y los cantos.
«Si nuestras tradiciones fueran solamente absurdas,
estaríamos tristes en nuestras fiestas.»
Y la lluvia una palabra de su boca.
Él creó el mundo mediante un sueño.
y él mismo es algo así como un sueño. Un sueño que sueña.
Le llaman Nainuema, según Presuss:
«El que es (o tiene) algo no existente.»
O como un sueño que se hizo real sin perder su misterio de sueño.
Nainuema: «El que es ALGO muy real no-existente.»
Y la tierra es Nicarani, «lo soñado», o «la visión soñada»:
lo nacido de la nada como un sueño del Padre.
El Génesis según los Witotos o Huitotos o Uitotos.
En el principio
antes del Big Bang
era la Palabra.
No había luz
la luz estaba dentro de las tinieblas
y sacó la luz de las tinieblas
las apartó a las dos
y ese fue el Big Bang
o la primera Revolución.
Palabra que nunca pasa
el cielo y la tierra pasarán…»)
Ha quedado un lejano rumor en el universo
de aquella explosión
como estática de radio.
Y empezó la danza dialéctica celeste.
«El yang llama;
el yin responde.»
Él es en el que toda cosa es.
Y en el que toda cosa goza.
Toda cosa coito.
Todo el cosmos cópula.
Todas las cosas aman, y él es el amor con que aman.
«El yang llama;
el yin responde.»
Son los dos coros.
Son los dos coros que se alternan cantando.
Y Pitágoras descubrió la armonía del universo
oyendo el martillar de un herrero.
Esto es: el movimiento isotrópico –uniforme y armonioso–
del universo.
La Creación es poema.
Poema, que es «creación» en griego y así
llama S. Pablo a la Creación de Dios, POIEMA,
como un poema de Homero decía el Padre Ángel.
Cada cosa es como un «como».
Como un «como» en un poema de Huidobro.
Todo el cosmos cópula.
Y toda cosa es palabra,
palabra de amor.
Sólo el amor revela
pero vela lo que revela,
a solas revela,
a solas la amada y el amado
en soledad iluminada,
la noche de los amantes,
palabra que nunca pasa
mientras el agua pasa bajo los puentes
y la luna despacio sobre las casas pasa.
El cosmos
palabra secreta en la cámara nupcial.
Toda cosa que es verbal.
Mentira es lo que no es.
Y toda cosa es secreto.
Oye el susurro de las cosas…
Lo dicen, pero dicen en secreto.
Sólo a solas se revela.
Sólo de noche en lugar secreto se desnuda.
El cósmico rubor.
La naturaleza: tímida, vergonzosa.
Toda cosa te baja los ojos.
-Mi secreto es sólo para mi amado.
Y no es el espacio, mudo.
Quien tiene oídos para oír oiga.
Estamos rodeados de sonido.
Todo lo existente unido por el ritmo.
Jazz cósmico no caótico o cacofónico.
Armónico. Todo lo hizo cantando y el cosmos canta.
Cosmos como un disco oscuro que gira y canta
en la alta noche
o radio romántico que nos viene en el viento.
Toda cosa canta.
Las cosas, no creadas por cálculo
sino por la poesía.
Por el Poeta («Creador» =POIÊTÉS)
Creador del POIEMA.
Con palabras finitas un sentido infinito.
Las cosas son palabras para quien las entienda.
Como si todo fuera teléfono o radio o t.v.
Palabras a un oído.
¿Oís esas ranas?
¿y sabés qué quieren decirnos?
¿Oís esas estrellas? Algo tienen que decirnos.
El coro de las cosas.
Melodía secreta de la noche.
Arpa eolia que suena sola al sólo roce del aire.
El cosmos canta.
Los dos coros.
«El yang llama;
el yin responde.»
Dialécticamente.
¿Oís esas estrellas? Es el amor que canta.
La música callada.
La soledad sonora.
«La música en silencio de la luna», loco Cortés.
La materia son ondas.
¿Y las ondas? Preguntas.
Un yo hacia un tú.
Que busca un tú.
Y esto es por ser palabra todo ser.
Por haber hecho al mundo la palabra
podemos comunicarnos en el mundo.
–Su palabra y un tambor…
Somos palabra
en un mundo nacido de la palabra
y que existe sólo como hablado.
Un secreto de dos amantes en la noche.
El firmamento lo anuncia como con letras de neón.
Cada noche secreteándose con otra noche.
Las personas son palabras.
Y así uno no es si no es diálogo.
Y así pues todo uno es dos
o no es.
Toda persona es para otra persona.
¡Yo no soy yo sino tú eres yo!
Uno es el yo de un tú
o no es nada.
¡Yo no soy sino tú o si no no soy!
Soy Sí. Soy Sí a un tú, a un tú para mí,
a un tú para mí.
Las personas son diálogo, digo,
si no sus palabras no tocarían nada
como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio,
como comunicaciones a planetas deshabitados,
o gritar en el vacío lunar
o llamar por teléfono a una casa sin nadie.
(La persona sola no existe.)
Te repito, mi amor:
Yo soy tú y tú eres yo.
Yo soy: amor.

*

Ernesto Cardenal
Cántico cósmico, 1992
Editorial Trotta, Madrid 1992

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Iglesia de Nuestra Señora de Solentiname
Archipiélago de Solentiname
Nicaragua

***

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz, sino testigo de la luz.

La palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
-“Este es de quien dije: el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”.

Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

*

Jn 1, 1-18

***

 

Amad sobre todo a los pobres, los pequeños, los pecadores, los despreciados que son a su vez la más viva encarnación de Cristo, las ovejas más amadas y predilectas de su grey. Amadlos como son, con su aspecto de miseria y de pecado. Este es su mayor título para vuestro amor. El Salvador no ha venido por los justos, sino por los pecadores. «Hacerse uno de ellos» es enriquecerse con su contacto, despojándose de la ilusión de deber llevarles siempre alguna cosa. Esto requiere un alma totalmente abierta y disponible.

El amor, el auténtico amor, es muy exigente: amar como ama Cristo Jesús; estar dispuestos a dar la propia vida como Jesús por los pequeños, los más miserables de nuestros hermanos. Es por esto, y sólo por esto, que seréis reconocidos como sus discípulos y sus amigos.

Preferid siempre a los más pequeños de entre los pobres, los que el mundo rechaza, los que no encuentran otro lugar donde refugiarse que bajo los arcos del acueducto o los fosos de las ruinas romanas (…). Id en busca del miserable, del condenado, del culpable que se esconde y tiene vergüenza, preguntándose quién podrá amarlo aún como amigo. Por esto buscamos aproximarnos a los encarcelados en la miseria moral de sus prisiones:

*

Magdeleine de Jesús,
Cartas a las hermanitas, inédito.

19302643647

***

 

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«El rostro humano de Dios». 2 Domingo de Navidad – A (Juan 1,1-18)

domingo, 5 de enero de 2020
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Sagrada Familia 1El cuarto evangelio comienza con un prólogo muy especial. Es una especie de himno que, desde los primeros siglos, ayudó decisivamente a los cristianos a ahondar en el misterio encerrado en Jesús. Si lo escuchamos con fe sencilla, también hoy nos puede ayudar a creer en Jesús de manera más profunda. Solo nos detenemos en algunas afirmaciones centrales.

«La Palabra de Dios se ha hecho carne». Dios no es mudo. No ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios se nos ha querido comunicar. Ha querido hablarnos, decirnos su amor, explicarnos su proyecto. Jesús es sencillamente el Proyecto de Dios hecho carne.

Pero Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.

Esta Palabra de Dios «ha acampado entre nosotros». Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho «carne». Habita entre nosotros. Para encontrarnos con él no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con él.

«A Dios nadie lo ha visto jamás». Los profetas, los sacerdotes, los maestros de la ley hablaban mucho de Dios, pero ninguno había visto su rostro. Lo mismo sucede hoy entre nosotros: en la Iglesia hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Solo Jesús, «el Hijo de Dios, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».

No lo hemos de olvidar. Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo él es la fuente para acercarnos a su Misterio. Cuántas ideas raquíticas y poco humanas de Dios hemos de desaprender para dejarnos atraer y seducir por ese Dios que se nos revela en Jesús.

Cómo cambia todo cuando captamos por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más sencillo y más claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. En él se nos revela «la gracia y la verdad» de Dios.

José Antonio Pagola

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“ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”. Domingo 5 de enero de 2019. 2º Domingo después de Navidad.

domingo, 5 de enero de 2020
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BB2DD6FD-AE48-43A5-9E16-193986032301Leído en Koinonia:

Eclesiástico 24,1-4.12-16: La sabiduría habita en medio del pueblo elegido. 
Salmo responsorial: 147: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. 
Efesios 1,3-6.15-18: Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo. 
Juan 1,1-18:  La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

  (Jn.1,1-18)  La Iglesia en este domingo en el que seguimos reviviendo el tiempo de la encarnación de Dios, nos ofrece la oportunidad de profundizar en el misterio del Niño nacido en Belén: “Hay mucho que ahondar en Cristo, –escribió san Juan de la Cruz– porque es como una abundante mina con muchos tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término”.

Por eso hoy oramos con el autor de la carta a los Efesios, que Dios nos “conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que nos permita conocerlo plenamente”. El texto evangélico de hoy es un canto al misterio de la Palabra que está en el seno del Padre dirigiéndose a él desde toda la eternidad. Esta Palabra ha puesto su tienda en medio de nosotros, llevando a cumplimiento aquella misericordia de Dios, que existe ya en el Antiguo Testamento en las intervenciones de Dios en favor de su pueblo y en el don de su Palabra.

La Palabra se ha hecho carne; ha querido hacerse uno de nosotros; y a veces este hecho lo tomamos como algo tan natural que no llega a sorprendernos; ¡claro que es sorprendente que Dios haya querido hacerse uno de nosotros, que haya querido morar entre nosotros y vivir entre los hombres! Debe sobrecoger nuestro corazón el conocer que el Dios en el que creemos, el Creador de todo…quiso enviar a su Hijo, a su único Hijo para que pusiera su morada entre nosotros.

Ha acampado para siempre entre nosotros Jesucristo. Creyentes y no creyentes podemos redescubrir en Él valores perdidos, despertar sentimientos positivos, recuperar la alegría de vivir.

Dios está entre nosotros: Se ha hecho hombre, semejante en todo a nosotros menos en el pecado. Hagamos nuestras las palabras del profeta Isaías: Regocíjate, Jerusalem, rompe a cantar a coro, que el Señor consuela a su pueblo y viene a visitarnos.

Cómo no amar y seguir a Dios hecho hombre…si creemos lo que no vemos…cuánto más amar y decidir nuestra vida por el que ha vivido entre nosotros; la Palabra se ha hecho carne; el Verbo eterno de Dios, el que vivía antes de la creación del mundo…se ha bajado y se ha hecho uno de nosotros…para hacer de nosotros hijos de Dios.

Hemos de sorprendernos cada día con este hecho tan admirable…con la encarnación verdadera de Dios; por eso celebramos durante estos 8 días el mismo acontecimiento: Que Dios se ha hecho uno de nosotros, que Dios nos mira con ojos de niño, con la mirada tierna y dulce de un bebé recogido en los brazos de una Madre que nos lo ofrece con todo su amor.

Recibamos a la Palabra con mayúscula, vivamos de verdad su evangelio, su buena noticia y dejémonos amar por El.

 

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Misterios de Navidad, Encarnación de Dios (María de la Carne 2)

domingo, 5 de enero de 2020
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D9E3E705-FFB2-4F6C-9F10-4E48831F2DECDel blog de Xabier Pikaza:

Navidad, historia de De Dios

Concebido por el Espíritu Santo, Dios en la historia

Presenté el otro día (31, 12.19) una reflexión sobre la «maternidad carnal» de María (y de José) en el contexto de la «encarnación de Dios». Hoy, ante el segundo domingo de la Navidad (5.1.20) sigodesarrollando ese tema y lo hago en dos partes complementarias.

1 Primero presento de forma esquemática seis misterios del nacimiento y seis de la vida oculta de Jesús, tal como los he desarrollado  en Biblia-Ciudad,  como «misterios» gozosos del gran «rosario» divino de la vida humana

2 Después reflexiono el misterio-base de la humanidad de Dios, encarnado por el Espíritu Santo… insistiendo en el principio básico de la divinización de los hombres y mujeres, que nacemos de Dios, somos sus hijos, insertos como estamos en su Navidad, que es el principio y sentido de nuestro nacimiento y vida humana.

1.  Seis misterio del Nacimiento de Jesús, con  Mt 1-2 y Lc 1-2 

 FF7A0A70-14CA-4390-9906-A728FEEAD64D Jesús nació en torno al 6 aC, pues los cálculos de un monje de Escitia (en la actual Rumanía), llamado Dionisio el Exiguo (a principios del VI dC), para datar el año del nacimiento de Jesús (que han fundado la “cronología” cristiana, ahora casi universal), están equivocados. Jesús no nació el año cero/uno d.C., sino en torno al 6 aC.Marcos no habla de ese nacimiento, empieza con bautismo de Jesús; el Evangelio de Juan se remonta a la generación eterna del Verbo-Hijo de Dios, no a su origen humano. Pero Mateo 1-2 y Lucas 1-2 han tratado, de formas diversas y complementarias, de ese nacimiento, en el que se pueden distinguir seis misterios: 

1. Anunciación (Lc 1, 26-38; Mt 1, 18-25)

 Como en el nacimiento de las grandes figuras del AT (Samuel, Sansón) y de Juan Bautista (Lc 1, 6-25), el ángel de Dios anuncia a María (Lc 1, 26-38) o a José (Mt 1, 18-25) la concepción divina de un hijo (por obra del Espíritu Santo), que se llamará Jesús, y será salvador de los hombres. Este anuncio ha marcado el comienzo de la experiencia y salvación cristiana.

2. Visitación (Lc 1, 39-56)

 Lc 1 ha vinculado las  anunciaciones y nacimientos de Juan Bautista y Jesús, creando un paralelo  entre ambos. En ese contexto introduce la visitación (1, 39-56), situando en el comienzo de la salvación a dos mujeres y madres: (a) Isabel que es el signo del AT; (b) María que es la Madre del Señor mesiánico (1, 43), que será muy importante en el culto de la Iglesia.

 3. Nacimiento (Lc 2, 1-21; Mt 2, 1-2)

 En Belén, ciudad de David, cumpliendo así las promesas. Mateo supone que sus padres vivían allí; Lucas afirma que fueron desde Nazaret para empadronarse, según ley romana.  Desde ese fondo, Lucas presenta el nacimiento de Jesús como “evangelio” (buena noticia) en la línea de los relatos romanos en los que se anunciaba el nacimiento del emperador

 4. Presentación (Lc 2, 22-35)

 Lucas ha puesto de relieve la importancia del templo de Jerusalén donde Jesús fue ofrecido ante el Dios de Israel (su Padre), siendo recibido por Ana y Simeón. En este contexto añade que sus padres cumplieron las leyes del AT sobre los hijos primogénitos, destacando la espada de dolor que ha de atravesar el “alma” de María, madre mesiánica.

5. Epifanía

0AF56891-041B-4242-B96C-6920FDCA0711Mt 2, 1-13 destaca la importancia de Belén (ciudad de David), donde vie-nen los “magos” de Oriente a venerar al Rey de los Judíos, que se manifiesta (epifanía) como salvador universal.  Herodes, rey judío impuesto por Roma, quiso matar a Je-sús, a quien sus padres llevan  exilado a Egipto, donde estuvieron los hebreos al principio (cf. 2, 19-23).

6. Matanza de los inocentes

 En el contexto anterior ha introducido Mt 2, 16-18 la historia de los niños de Belén, asesinados por He-rodes, que quiso matar a Jesús (y no pudo). Así ha destacado la tragedia de Israel que, al rechazar a Jesús, se destruye a sí mismo, matando a sus hijos (cf. Ex 11-13). El nacimiento de Jesús se integra así en la historia de muerte de la humanidad.

Textos comparativos. Muchos textos antiguos de tipo mítico/simbólico evocan las “relaciones” entre dioses y mujeres, con el nacimiento de seres divino. Pero los relatos de Mt y Lc no hablan de esas relaciones, sino de la presencia creadora del Espíritu de Dios en la concepción y nacimiento humano de Jesús. En ese contexto se puede citar una tradición antigua de Henoc Eslavo 71, 1- 8, que habla de la generación de Melquisedec (sin origen humano: cf. Hbr 7, 3), y un pasaje de la Crónica Siríaca de Zuqnin, que habla de una estrella que guía a unos magos al lugar donde nace un niño. En perspectiva teórica (teológica), cf. Filón, Cherubim 44-48 y Plutarco, Vida de Numa 4, 3-5.

Contexto temporal, histórico: 

– Año del nacimiento. Tanto Mateo  como Lucas suponen que Jesús nació en tiempo del rey Herodes (que muere el 4 aC, bajo el emperador Autusto de Roma), pero las perspectiva de su relato son diferentes:

– Mt 2,1-23 cuenta el nacimiento y primera infancia de Jesús en un contexto judío, bajo el rey Herodes, que por miedo a Jesús, Rey de los Judíos, hace matar a los niños betlemitas de menos de dos años (2, 16). Desde ese fondo se ha venido suponiendo que Jesús nació dos años antes de la muerte de Herodes, en torno al 6 aC.

– Lc 1, 5 supone que Jesús fue concebido y nación en tiempo de Herodes, rey judío, pero destaca el contexto romano de su origen y de su obras, bajo Cesar Augusto, en el tiempo del censo Cirino (cf. 2, 1-2), dato que ha de tomarse simbólicamente, pues tal censo aconteció en torno al 6 dC, tras la deposición de Arquelao, hijo de Herodes. La relación de Jesús con a Augusto es importante, pues él había establecido una “era de paz” (que a su juicio sería universal), tras suponer que había vencido y sometido a los cántabros y astures de España, en torno al año 24 aC).

Seis misterio de la vida oculta de Jesús: Mt 1-4; Lc 1-4; Jn 1-4

               Los evangelios no describen expresamente la educación/maduración de Jesús, como si no conocieran el tema, o no le dieran importancia, sino que le presentan como ya maduro, anunciando el Reino de Dios en Galilea (Mc 1, 14 par). A pesar de ello ofrecen rasgos importantes para conocer su despliegue mesiánico,suponiendo que él se educó en la “escuela” de una familia piadosa, muy interesada en la esperanza mesiánica de Israel (como indican los nombres de sus hermanos: Mc 6, 3 y la referencia a José en Lc 4, 22). Era posiblemente un “nazoreo” (miembro de una comunidad de judíos observantes). Conocía bien las tradiciones de su pueblo (Moisés y los profetas, las promesas de Dios y la esperanza israelita). Desde ese fondo se entienden los seis misterios siguientes:

1 Marcos y Juan: en familia y pueblo

Jesús discute con escribas (letrados, hombres de escuela) sobre temas de ley, de forma que todos preguntan: ¿cómo sabe leyes si no ha estudiado? (Jn 7, 15). ¿De dónde le viene esta sabiduría? (Mc 6, 2). Esos evangelios suponen que él se ha educado en familia, en la vida misma de su pueblo (es judío galileo). No ha cursado la escuela, pero “sabe” y actúa de un modo eficaz, quizá precisamente por ello (Mc 1, 21-28).

2. Niño en el templo (Lc 2, 41-47)

Suponiendo de algún modo la perspectiva de Mc y Jn, esta historia ejemplar de Lc presenta a Jesús adolescente en el templo de Jerusalén (quizá en la ceremonia del Bar Mitzváh, a los 12 años), donde pregunta y responde a los maestros oficiales de la ley, con gran sabiduría. Una historia semejante  la refiere de sí F. Josefo (Aut II, 8-9), con cierta vanidad; pero Jesús no ha ido al templo,  para quedarse, sino para volver a Nazaret, el pueblo.

 3. Artesano/carpintero (Mc 6,3)

Así le define el evangelio de Marcos, suponiendo que aprendió como tekton, artesano, en las durísimas condiciones laborales de Galilea en el primer tercio del I dC. Mt 13, 5 le llama “hijo del artesano”; Lc y Jn omiten ese dato, quizá porque lo consideran poco digno del Mesías, mostrando precisamente por eso su importancia. El trabajo y contacto con la gente oprimida de Galilea ha sido la escuela de Jesús, más que los libros.

 4. Discípulo del Bautista

Mc 1, 1-7 par afirman que Jesús estuvo con Juan Bautista, profeta apocalíptico cuya doctrina aceptó y siguió por un tiempo. Juan (cf. 1, 1-24; 3, 22-30; 4, 1-2) le presenta no sólo como discípulos, sino como colaborador (e incluso competidor) de Juan Batista, en cuya escuela aprendió y de la que surgió, integrándose así en la tradición viva de la profecía israelita.

5. Voz de Dios: Bautismo

Fue discípulo de Juan y recibió su bautismo (Mc 1, 9 par), pero los evangelios suponen que su educación fundamental vino después (no en el rito del agua), cuando el mismo Dios se le mostró y le reveló que era su Hijo, dándole su Espíritu (Mc 1, 10-11 par). Su verdadero maestro no fue Juan, sino el mismo Dios, como sucedió también con los grandes profetas de Israel.

 6. Nacido de Dios en la eternidad, nacido de la historia de los hombres (Jn 1, 1-14)

   Todos estos pasajes y misterios culminan en el evangelio de este domingo, que trata de la Encarnación de la Palabra de Dios, que ha de entenderse como divinización de los hombres, es decir, de todos los creyentes, que, naciendo del deseo de varón y de la sangre-vida de la mujer nacen/nacemos de Dios,    

Visión de conjunto. Jesús no fue a una escuela oficial (regentada por rabinos), como las que empezaban a surgir entonces. Pero recibió la educación más rica y realista que podía darse en aquel tiempo, pero no en el templo de Jerusalén o en una escuela de rbinos, sino en el mundo del trabajo (era artesano) y en  la tradición profética de Israel, a través de Juan Bautista. Por su propia vida, y no por libro, Jesús representa (asume) las mejores experiencias de Israel, un pueblo donde cada nuevo ser humano (en especial los primogénitos) estaba llamado a encarnar (cumplir y completar) el largo camino mesiánico del pueblo.  Naciendo así de Israel, como hijo de José y María, Jesús nace de Dios (es la encarnación de su Palabra), de forma que los creyentes, sus hermanos, nacemos con él como Hijo de Dios. 

 Contexto:

– Roma: Augusto es emperador hasta el 14 dC (cuando Jesús tiene 20 años). Le sucede Tiberio (del 14 al 37)

– Galilea. A la muerte de Herodes (4 aC) le sucede su hijo Antipas, como “tetrarca (él se llamará rey), hasta el 39 dC, impulsando una política de concentración económica. Bajo su dominio crecerá  y madurará Jesús.

– Judea. Del 4 aC al 6 dC gobierna Arquelao, hijo de Herodes. Pero Roma le destrona y nombra gobernadores directos (bajo supervisión de Siria): Coponio (6-9), Marco Ambivio (9, 12), Annio Ruvo (12-15), Valerio Grato (15-26) y Poncio Pilato (26-36), que condenará a muerte a Jesús.

– Sincronismo básico. Lo ofrece Lc 3, 1-2: «En el año quince del gobierno de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de las regiones de Iturea y de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abiline; en tiempo de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan hijo de Zacarías, en el desierto». Éste es el año 28/29, pues Tiberio comenzó a reinar el 14 dC).

CONCEBIDOS POR EL ESPÍRITU SANTO. TODOS NACEMOS DE DIOS, SOMOS CON JESÚS NAVIDAD

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Textos de fondo: a) El Espíritu Santo vendrá sobre ti, Dios te cubrirá con su sombra, de forma de forma que el que nacerá sera Hijo de Dios (Palabra del ángel de Dios Dios a María, la madre de Jesús: Lc 1, 26-38). b) No temas en recibir a María, pues lo que ella ha concebido es por Obra del Espíritu Santo (Palabra del ángel de Dios a José, esposo de María: Mt 1, 18-25)

Texto del día: Evangelio del 5 del 1 del 2020: A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 11-14).

Narración de fondo de la Concepción por el Espíritu Santo

El Espíritu Santo que actúa y engendra al Hijo de Dios por María es el mismo Dios providente, que crea y anima (=da vida) a todo lo que existe, introduciéndose de un modo superior en la historia humana, tal como ha venido a centrarse en la concepción y nacimiento de Jesús, por medio de María. De esa manera, pudiendo ser en un plano hijo de María (y de José), el texto dice que Jesús ha sido concebido y ha nacido por medio del Espíritu Santo, siendo así expresión privilegiada del misterio de Dios que se encarna y vive en forma humana.  Jesús nace de María Virgen (con José), naciendo de Dios. En ese contexto, la Iglesia ha destacado la función de la mujer:

María viene a presentarse como signo radical de fe (en sentido receptivo), como Madre virginal (receptiva, pasiva), como expresión del más pleno acogimiento de la gracia y de la acción salvadora de Dios, humanidad (=mujer) que escucha y acoge la Palabra, “en su mente y en su vientre” (seno materno), de forma que Jesús pueda nacer y crecer como Palabra de Dios, en nueva creación, por obra del Espíritu Santo (1). Leer más…

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La Sabiduría y la Palabra.

domingo, 5 de enero de 2020
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la-palabraDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Segundo Domingo después de Navidad

Una homilía problemática

Predicar este año 2020 el segundo domingo después de Navidad es un desafío. La mayoría de los fieles estarán pensando en la cabalgata de Reyes que se celebrará por la tarde o en los regalos que van a hacer o recibir. Si la misa es por la tarde, ya no se dice la del domingo sino la de la Vigilia de la Epifanía. Y el evangelio es el Prólogo de san Juan, el mismo que se leyó en la tercera misa del día de Navidad, con la posibilidad de eliminar las partes referentes a Juan Bautista.

Una buena escapatoria (la segunda lectura: Efesios 1,3-6.15-18)

El sacerdote puede refugiarse en la segunda lectura, Aunque tampoco sea demasiado fácil, contiene ideas importantes, fáciles de entender y que debemos poner en práctica: bendecir a Dios por todos los bienes que nos ha concedido, especialmente por ser sus hijos; darle gracias por todas las personas buenas que nos han ayudado y siguen ayudando con su ejemplo y su fe; pedirle conocer cada día más y mejor a su hijo Jesucristo. Con esto podrían volver los fieles a sus casas más que satisfechos. Pero no habríamos dichos nada de la primera lectura y del evangelio. En el comentario que envié para el día 25 traté el Prólogo de Juan. Ahora ofrezco unas ideas más fáciles de predicar comparándolo con la primera lectura.

La visión optimista de la primera lectura (Eclesiástico 24,1-4.12-16)

Las conquistas de Alejandro Magno, a finales del siglo IV a.C., supusieron una gran difusión de la cultura griega. En Judea, como en todas partes, los griegos ejercían un influjo enorme: cada vez se hablaba más su lengua, se imitaban sus costumbres, se construían edificios siguiendo su estilo, se abrían gimnasios, se enseñaba la doctrina de sus filósofos. Los judíos, al menos la clase alta, estaban encandilados con la sabiduría de Grecia. Sin embargo, algunos autores no compartían ese entusiasmo. Para ellos, la sabiduría griega era un producto reciente, obra del ingenio humano, y tenía su templo en un lugar pagano, Atenas. La verdadera sabiduría es eterna, procede de Dios, y reside en Jerusalén. Esto es lo que dice Jesús ben Sira, autor del libro del Eclesiástico, con un optimismo fuera de lo común.

La Sabiduría existe desde el principio, creada por Dios antes de los siglos; reside en la asamblea del Altísimo, donde es alabada, admirada y bendecida por todos. Entonces Dios decide trasladar su morada a Jerusalén, en la ciudad santa y escogida, y echa raíces en la porción del Señor. Ni una nube ensombrece el horizonte. La relación entre la Sabiduría eterna y el pueblo de Israel es perfecta.

La visión pesimista/optimista del evangelio (Juan 1,1-18)

Aunque en la Iglesia primitiva se identificó a Jesús con la Sabiduría de Dios, el autor del cuarto evangelio prefiere el término Palabra (muy frecuente en la teología judía de la época, con claras referencias a los antiguos profetas que recibían la palabra del Señor y la proclamaban). [No me entusiasma el cambio de la liturgia actual que usa Verbo en vez de Palabra.]

De esa Palabra comienza hablando con el mismo optimismo que el Eclesiástico: existía desde el principio, estaba junto a Dios, era Dios, todo fue hecho por medio de ella, en ella había vida y era luz de los hombres.

Pero, cuando Dios decide que la Palabra venga al mundo, «el mundo no la conoció». Ni siquiera Israel, su propio pueblo. «Vino a su casa y los suyos no la recibieron». Estamos en las antípodas de esa Sabiduría acogida y alabada de la que hablaba el libro del Eclesiástico.

¿Fracaso total? No. Algunos están dispuestos a recibirla, se convierten en hijos de Dios y contemplan su gloria, lleno de gracia y de verdad.

Jesús es el mayor regalo de Dios, idea que encaja muy bien en la Víspera de Reyes. Por desgracia, muchos no aprecian ese regalo y lo rechazan. Quienes lo acogemos tenemos motivos de sobra para agradecer la venida de «este Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad».

José Luis Sicre

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05 de Enero. Segundo Domingo despues de Navidad. Ciclo A

domingo, 5 de enero de 2020
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La Palabra era la luz verdadera, que son su venida al mundo ilumina a toda persona. (…) A cuantas la recibieron, a todas aquellas que creen en su nombre, les dio poder para ser hijas de Dios.

(Jn 1, 1-18)

En este tiempo de Navidad puede venirnos muy bien “encender la Palabra” y dejarla que ilumine cada rincón de nuestra vida. Y también, ¿por qué no? todas aquellas vidas que sabemos que andan a oscuras o con falta de luz. Porque cuando nos detenemos, pensamos, oramos y reflexionamos, junto con nuestros dolores y alegrías van apareciendo otros sufrimientos y otros gozos más o menos conocidos.

Y así, poquito a poco, nuestra oración se agranda y la vida se nos llena de hermanas y hermanos, por lejas y desconocidas que sean las gentes porque sabemos que para Dios son hijas e hijos.

El poder para ser hijas de Dios nos capacita para ser hermanas. Y el poder que tienen quienes se descubren como hermanas es infinito. Es un poder que atraviesa fronteras, acorta distancias, disuelve saltos generacionales, aúna razas y colores, entrelaza lenguas, culturas y banderas, honra diferencias y dilata los espacios.

Cuando descubres que ningún ser humano vale más ni menos que tú. Que toda persona tiene exactamente la misma dignidad, porque eso no es algo con lo que se pueda negociar. Entonces, se empieza a ver el mundo de otra manera. Entonces, la Palabra se hace luz verdadera primero y carne después.

Ojalá que en este Navidad todas las personas que nos llamamos cristianas, descubramos el poder para ser hijas que Dios nos ha regalado y lo dejemos circular sin trabas por toda la humanidad.

Oración

Enciende, Trinidad Santa, la luz de tu Palabra en nuestra Navidad. Que todos los deseos de estos días empiecen a tomar carne, se hagan realidad. Para que tu Presencia se note un poco más en nuestro mundo.


*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Lo que era Dios, era la Palabra.

domingo, 5 de enero de 2020
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123116-Jn-1-1-18-660x330Jn 1,1-18

Es improbable que este texto haya salido de la pluma de un solo autor. Es más bien un himno litúrgico elaborado a través del tiempo por la comunidad. Se trataría de una comunidad eminentemente mística, en la que todos los miembros vivían una íntima unión con Dios y que expresaban esa vivencia en la liturgia. Solo así se explica la cantidad y la profundidad de las ideas que se van desgranando a través del texto. En realidad, es todo el evangelio condensado. El redactor último del evangelio, lo colocó al principio como introducción, pero podía haberlo puesto al final como epílogo de la obra.

Por supuesto que es un evangelio que desborda el ámbito de una homilía. Pretender una explicación exhaustiva, sería una locura. Para mí, la idea envolvente de todo el relato es la íntima interconexión de lo humano y lo divino. Ésta es la experiencia en la que todos los místicos de todas las religiones y todos los tiempos, coinciden. Una vez superados los primeros estadios de la religiosidad, en la que la relación era con un ser superior y externo, se entró en la dinámica de la mística, es decir, en la relación del hombre con el Dios que es la base de su propio ser y con el que se identifica en lo más íntimo.

Al principio es la misma palabra con que empieza el Génesis. Esto no es casual, es propósito del himno, hacer referencia al principio de la Biblia. Lo que es la Palabra entra dentro del plan de la creación de Dios. La encarnación será precisamente la culminación de la creación. En el principio, cuando Dios crea el cielo y la tierra, la Palabra ya existía. El imperfecto indica la duración de una acción. La palabra no comenzó, porque estaba ya allí. Cuando todo pasaba del no ser al ser, la Palabra permanecía en el ser.

Ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y Dios era la Palabra. Tres frases con la misma estructura. Construidas con verbo “sum” y ligadas con la conjunción “et”. Las tres formadas por los elementos imprescindibles: sujeto, verbo y complemento. El sujeto es siempre el mismo “la Palabra”. El verbo también es el mismo en griego y en latín, “era”; en español se desdobla en tres significados: Existía, estaba, era; así se evita la monotonía. En griego y en latín, empezar la frase siguiente “incluyendo” la última palabra de la anterior. Con ello el texto adquiere una cohesión y una fuerza increíbles.

Logos es un término que se empleaba en filosofía desde hacía mucho tiempo, pero el significado que se le quiere dar aquí no tiene paralelo en los textos bíblicos ni en la literatura profana. Se trata de un concepto original. Por eso es tan difícil concretar lo que nos quiere decir. Desde un punto de vista intelectual es imposible comprenderlo. Solo después de una experiencia mística se podrá entender. La comunidad llegó a este concepto por un despliegue continuado de la experiencia pascual. Descubriendo en Jesús la presencia de Dios, fueron capaces de entender la implicación de Dios en Jesús.

Logos, Verbo, Palabra, Proyecto querría expresar el más elevado plan de Dios sobre la creación. En el AT, Dios obra por medio de su Palabra. Pero la palabra es siempre expresión de una idea. La idea, el plan que Dios tenía era lo primero. Una vez que Dios tiene la idea, pronuncia la palabra que es capaz de hacer realidad la idea. Dios se vuelca totalmente sobre la palabra que pronuncia y no se reserva nada para sí; por eso lo que era Dios lo era la Palabra. Si, como nos dice la teología, en Dios el pensar, el obrar y el ser son la misma realidad, podemos imaginar la unidad que se quiere expresar.

Al insistir en que “estaba junto a Dios”, nos esta advirtiendo de una “no identificación”. Por dos veces nos dice que “la Palabra estaba junto a Dios”. “Junto a Dios” (pros ton Theon)= vuelto hacia, junto a. Indica a la vez proximidad y distinción. En íntima unión, pero por relación dinámica, no por identificación. Esto no siempre lo hemos tenido en cuenta. La tercera frase no es nada fácil de comprender. Podíamos traducir: lo que era Dios, lo era la Palabra;  y  también: Un ser divino era el proyecto. Para los judíos, Dios era el totalmente trascendente; no podía haber otro. Para los helenistas, el peligro era el politeísmo. Por eso nos dice que ni es una “mónada” aislada ni son dos seres.

Ella contenía vida, y la vida era la luz del hombre. Es muy importante que nos demos cuenta de lo que dice. La Vida es primero que la luz. La ilumina­ción viene precisamente porque ha llegado la Vida. Esto va más allá de lo que dice el Génesis, que la Luz fue lo primero. Está más allá también de las ideas judías. Para ellos la Ley era la luz que ilumina y salva. Esta idea de que la Vida es anterior a la luz, es clave para entender el evangelio de Juan. Dios, por medio de la Palabra, comunica la Vida y es la Vida comunicada la que da luz. Se entiende mal a Jn, si se quiere ver en Jesús un maestro de verdades que dan vida.

El mundo no la reconoció. Los suyos no la acogieron. Para el AT el pecado era no obedecer a Dios. Para Jn, es no reconocer a Jesús. Estaba en el mundo como aquel por quien el mundo fue hecho, pero los hombres no conocieron a Dios a través de la creación. No hay que entenderlo en el sentido intelectual griego, sino en el sentido semita. Conocimien­to que entraña una actitud de fidelidad a Dios. “Los suyos” son el pueblo judío, representado en sus dirigentes, que rechazaron a Jesús.

A cuantos le recibieron, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios. Se trata de una afirmación rotunda y desorbitada. Dios es siempre Padre, pero el ser hijo depende de cada ser humano. En el AT ya se aplicaba el título de hijo de Dios: a) A los ángeles. b) Al rey. c) Al pueblo judío en su conjunto. Ninguna de estas ideas sirve para comprender lo que Juan quiere decir. En el NT, Padre se aplica a Dios como aquel que comunica su misma Vida divina. Podíamos decir que la Vida que había en la Palabra se comunica al que la acepta. Lo importante no es nacer de la carne y de la sangre, sino de Dios. La fe en Jesús nos capacita para actuar como Dios, para hacer presente a Dios , para ser hijos.

Si creen en su nombre. Ya sabemos lo que significa creer para la Biblia. En ningún caso se trata de aceptar unas verdades teóricas (doctrina). Para la Biblia lo que importa es la persona. Tener fe es confiar en la persona; es vivir que el otro es para ti y tú para el otro. Para traducirlo, tendríamos que unir dos palabras: confianza en, y fidelidad a...

La Palabra se hizo carne. Todo el relato está orientado a esta idea clave. La “carne” no es ya lo contrario del Espíritu, sino su aliado. Según la visión judía, carne era el aspecto más bajo de la criatura humana, pero era también lo que hacía posible el Espíritu en el hombre. Quiere decir que no puede haber Espíritu si no hay carne. Esta idea tenía que hacernos cambiar el sentido maniqueo que seguimos teniendo de la creación. Si Jesús dijo a Nicodemo que había que nacer del Espíritu, es porque existe esa posibilidad y la clave de una vida humana es aprovecharla y no quedarse en el nivel de la pura carne.

Entrar en la dinámica de este texto sería vivir la realidad de un Dios que se hace uno con la criatura. El “Proyecto” de Dios es desplegarse en el hombre. Pero como el Proyecto y Dios es la misma cosa, el único Dios está disponible en el hombre. En el Hombre Jesús, se ha manifestado de una manera incontestable, pero la meta es que se manifieste en todo ser humano. En adelante, no tendrá sentido buscar a Dios fuera del hombre. Dios no se encuentra ni en los templos ni en los sacrificios ni en la liturgia. Para mí, ésta es la esencia del evangelio. Ésta es la “buena noticia”. Esto es el “Reino que es Dios”.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Noche y día.

domingo, 5 de enero de 2020
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Joaquin_Sorolla_y_BastidaDurante nuestros momentos más oscuros debemos centrarnos en ver la luz (Aristóteles)

5 de enero. DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD

Jn 1, 1-18

La luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron

El Génesis nos presenta el reloj del tiempo en las mismas dos cadencias mencionadas por el evangelista, la experiencia en el ritmo imperturbable del día y de la noche: “Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero” (Gn. 1, 5)

Luz y Sombra son símbolos profundos que tienen mucho que ver con los hechos de la vida y de la muerte; el mundo de los muertos es la región de la oscuridad: “…a la tierra lóbrega y opaca…donde la misma claridad es sombra” (Job 10, 22).

El AT es más pródigo en lo referente a la Luz, que en el mismo Job aparece contra puesta a la sombra equivalente a vivir“para sacarlo vivo de la fosa, para alumbrarlo con la luz de la vida” (Job 33, 30); en Nm 6, 25: “el Señor te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti”; Isaías dice que en el tiempo escatológico habrá un crecimiento de luz: “¡Levántate, brilla, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti!” (Is. 60, 1).

Una luz espiritual que no puede quedar encerrada en nuestra casa y estar exclusivamente a nuestro servicio. Cuando Dios dijo en la Creación Fiat lux (Gn 1, 3), la luz existió para iluminar al mundo entero, lo cual quiere significarnos que la nuestra no es de nuestra propiedad, sino que nos ha sido ha sido concedida para que, abriendo todas la puertas y ventanas de nuestro cuerpo y vida, incremente la luz de los demás.

La iluminación espiritual es la experiencia de lo divino, una experiencia que se manifiesta en paz, amor, felicidad o sentido de unidad con el universo.

En el NT se hace resaltar también el sentido positivo de la luz; Juan lo dice en su evangelio de este domingo segundo después de Navidad; Mateo nos invita en 10, 27 a manifestar nuestra luz: “Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día”; como símbolo, Dios y Jesús son luz: y la vida era la luz de los hombres (Jn 1, 4).

La luz brilla en las tinieblas, es un libro del vietnamita Cardenal Van Thuan (1928-2002), que es la crónica inacabada de un gran amor, porque su luz sigue brillando en medio de la obscuridad de nuestro tiempo.

La pintura, no ha sido ajena a estos requerimientos, pues, aparte de ella y los pinceles, las luces y las sombras han prefijado siempre los contenidos de tal arte.

Pintores como De Chirico, Dalí, Rembrant, Sorolla, etc, manifestaron en su obra sus preocupaciones por este simbolismo; el valenciano Joaquín Sorolla, gran maestro de la iluminación, lo hace en el cuadro La bata rosa, que mostramos en este artículo.

 

Durante nuestros momentos más oscuros debemos centrarnos en ver la luz, dijo el filósofo griego Aristóteles, y que es lo que el evangelista Juan quería decirnos con lo de La luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron, porque, indiscutiblemente al hombre le cuesta hacerlo.

HIJO DE LA LUZ Y DE LAS SOMBRAS

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada de sol adonde quieres,
con un solar impulso, con una luz suprema,
cumbre de las mañanas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

Miguel Hernández

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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La salvación hecha palabra eterna.

domingo, 5 de enero de 2020
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mano-extendida-de-jesc3bas-ft-imgPara los y las primeras creyentes en Jesús uno de los mayores desafíos que tuvieron que afrontar fue comprender que la oferta salvadora que él encarnaba no podía mantenerse cerrada dentro de la casa de Israel, que ya no podían leer las Escrituras como siempre lo habían hecho. Su encuentro con el Maestro les abría horizontes insospechados de gracia que sobrepasaban lo conocido y esperado.

No fue fácil, hubo conflictos, deserciones, bloqueos, pero la Santa Ruah y la memoria viva de Jesús los y las fue llevando más allá de sus expectativas. Los textos del Nuevo Testamento son testigos del proceso y de muchas formas recogen el camino de dar a luz la profunda certeza de que la salvación de Dios se revelaba como misericordia, bondad y perdón en las palabras y en la vida de Jesús de Nazaret y que esa salvación no quedaba limitada a las promesas de Israel, sino que estaba dirigida a todos los hombres y mujeres de cualquier lengua, pueblo, cultura o condición (Hech 2).

En estos días de Navidad recordamos algunos textos que explicitan con mucha claridad esta experiencia y muestran con absoluta contundencia que “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros/as, y hemos contemplado su gloria…porque de la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo”.  (Jn 1,1-18).

La comunidad joánica en este comienzo del evangelio nos transmite con bellas metáforas la fe que la hizo fuerte a pesar del rechazo. Su fe en Jesús les hizo descubrir que Dios estaba desde siempre con la humanidad, por eso proclamaron que él desde siempre estaba junto al Padre, que en él estaba la Vida (con mayúsculas) que en él estaba la luz y ninguna tiniebla la podía ocultar. Pero también conocieron que no todos ni todas se alegraban de esta Buena Noticia, que no todas las casas se abrían a la alegría de una Visita que no encajaba en sus expectativa, o simplemente les hacía salir de su zona de confort.

La Palabra, que se hacía humanidad, no había que buscarla en ningún diccionario, ni entenderla según ninguna creencia específica, sino que había que recibirla, acogerla, sostenerse en ella y proclamarla en la vida. Porque solo así esa Palabra podía ser escuchada, solo así esa Palabra podía mostrar su significado, el regalo (gracia) de que era portadora, solo así esa Palabra era salvadora.

Pero como muy bien entendió la comunidad Joánica acoger esa Palabra que estaba en Dios, era acoger a Jesús de Nazaret y su radical propuesta.  Era reconocer la gratuidad del amor de Dios que no esperaba de los seres humanos que se aferraran a la ley, por muy sagrada que fuese, sino que se atreviesen a dejarse salvar por la debilidad del perdón y por el misterio de la bondad que estaban desde el principio en Dios.

Leer las Escrituras… seguir su estrella

El relato sugerente y entrañable de la visita de los Magos de Oriente al lugar de Belén donde nació Jesús recoge algunas de las cuestiones que preocupaban a la comunidad de Mateo y a las que el evangelista quiere responder.

Nos encontramos con una pequeña comunidad que se ha distanciado radicalmente de sus hermanos judíos. La peculiar lectura de las Escrituras judías a la luz de la fe en Jesús que las primeras generaciones cristianas hacen se fundamenta en su convicción de que Jesús es la Palabra definitiva de Dios y que en él se cumplen las promesas dadas por Dios a Israel.  Esta afirmación desafía y confronta las fronteras identitarias del judaísmo desembocando en un conflicto que terminará con expulsión de los seguidores y seguidoras de Jesús de la comunidad israelita.

Esta nueva comprensión de la fe judía favorece la incorporación de hombres y mujeres no israelitas a las comunidades cristianas. Esto va a propiciar la creación de grupos diversos y plurales que sostienen su identidad en la fe en Jesús y no en la pertenencia a un pueblo, cultura o género.  Este mestizaje no siempre es fácil de articular y es necesario ahondar en las palabras y en la vida de Jesús para sostener y fortalecer su vida en común.  Narrar los orígenes de Jesús es para Mateo una oportunidad de recordar a sus destinatarios y destinatarias quién es el que los ha convocado y cuál es la promesa a la que han sido llamados/as. A través de las narraciones intenta ofrecerles un relato de la vida de Jesús que les ayude a dialogar con sus hermanos judíos, de modo que puedan presentarles su fe en Jesús como mesías a partir de los textos que sostienen también la esperanza de Israel.

Belén es un pueblo pequeño cercano a Jerusalén que estaba cargado de simbolismo en la memoria de Israel, en él David fue ungido por Samuel como rey (1 Sm 16,1-13) y a este rey y a su dinastía se vinculaba la promesa mesiánica.  Mucho tiempo después casi sin ruido el Mesías esperado comienza su vida en ese lugar.

Belén se configura, así como el lugar en que Jesús se presenta como el Mesías enviado a Israel (Miq 5, 1-3; 2 Sam 5,2), pero también como el destino de unos paganos, unos hombres de Oriente, que han visto una estrella (Nm 24,17), que anuncia el nacimiento del rey de Israel y quieren adorarlo. Todos los personajes que están o llegan a Belén muestra actitudes de confianza y acogida hacia el recién nacido. Las referencias a la Escritura judía muestran como este niño cumple lo que se había dicho sobre el Mesías en ella.

Jerusalén, el otro lugar que aparece en la historia, representa sin embargo la oscuridad y la desconfianza. En ella está Herodes, que se asusta al conocer la información de los sabios y utiliza todos sus recursos para deshacerse de Jesús y evitar que se propague la noticia de su nacimiento, pues ese recién nacido amenaza su poder y cuestiona su legitimidad como rey.

Los sabios de Oriente, que ven la estrella, se ponen en camino atentos a las señales que los han de guiar. Los representantes del pueblo judío, sin embargo, conociendo las Escrituras, no son capaces de descubrir en ellas a Jesús y no solo no se ponen en camino, sino que el miedo a perder su estatus les hace actuar con engaño y maldad.

Mateo jugando con esos contrastes, invita a su comunidad a mirarse en aquellos sabios que se dejaron guiar por la estrella, acogiendo los pequeños signos de la historia. Como ellos, l@s seguidor@s de Jesús, a los que escribe Mateo, están llamados a dejarse guiar por la luz que su fe en Jesús irradia en sus vidas, y han de seguir profundizando en las Escrituras para afianzar e iluminar su fe.

Hacer memoria del misterio de la encarnación, ver a Dios poner su tienda entre nosotros/as, pero a la vez descubrir el mal y el sufrimiento que impide de muchos modos dejar a Dios regalarnos su salvación, nos recuerda nuestro compromiso con la Buena Noticia en la que creemos, nos invita de nuevo a abrir surcos en esta tierra herida para que pueda recibir la semilla de la bondad, la ternura y la paz.

En Belén Dios nos invita a soñar a dejar que nuestro corazón nos guíe, como a los sabios, por caminos alternativos capaces de construir un mundo nuevo, sin llanto ni dolor. Un mundo que ha de ser la utopía que guie nuestro caminar diario, de pequeños pasos y gestos sencillos…

De nuevo en Navidad estamos invitadas e invitados a soñar, a intuir nuevos caminos, nuevas sendas de inclusión, de hospitalidad, de acogida de ternura y solidaridad… a soñar porque Dios amanece en nuestras vidas.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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En el Principio era la Vida

domingo, 5 de enero de 2020
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Vida.2-300x192Domingo II de Navidad 

5 enero 2020

El evangelio más antiguo –Marcos– se inicia con el relato del bautismo de Jesús por parte del Bautista. Mateo y Lucas narran el nacimiento. El cuarto evangelio, que se escribe mucho más tardíamente, se remonta al “principio”. Y se abre con un grandioso prólogo-himno al Logos, la Palabra o la Vida.

          “Principio” no significa comienzo histórico, sino que remite a lo que está más allá de la historia, más allá del tiempo, a la atemporalidad o eternidad. En una palabra, el “principio” del que se habla aquí es el no-tiempo, el eterno presente inalterable.

                Me resulta profundamente significativo que hoy sea la misma ciencia la que nos advierta del engaño de nuestra mente. Una de las teorías de la física cuántica -afirma la reconocida física y divulgadora científica Sonia Fernández-Vidal en una entrevista reciente- dice que el tiempo no fluye como un río, sino que, como ocurre con el espacio, todo está ahí fuera ya, desde lo que ha pasado a lo que tiene que pasar. Aunque nosotros lo vivamos como un fluir continuo”.

          Estamos tan habituados e incluso identificados con las formas que nos resulta difícil transcenderlas. Nuestra mente no puede salir de las referencias espacio-temporales: para ella, todo sucede en un tiempo y en un lugar determinados. Por eso, incluso cuando habla de “eternidad”, la imagina como un “tiempo prolongado” que no acabaría jamás.

          Sin embargo, más allá de las categorías espacio-temporales, fruto por otro lado de la propia mente, como descansando o sostenidas por ella, permanece la Presencia que no tiene principio ni fin. Lo que es –lo que somos– transciende el tiempo y el espacio. Por esa razón, para entrar en conexión con ello necesitamos acallar la mente –silenciar el yo– para poder ser introducidos en el Silencio consciente que somos.

      Cualquier palabra que utilicemos resultará inadecuada: Presencia, Silencio consciente, Vida… Pero todas ellas apuntan hacia Aquello que transciende el tiempo y el espacio, a lo que “es desde el principio”, a lo que somos en profundidad: lo no nacido y que nunca morirá.

          El autor del evangelio presenta a Jesús como aquel que da a conocer ese misterio último, que se ha nombrado como “Dios”. Se trata, evidentemente, de la profesión de fe de aquella comunidad, que cree en Jesús como el “revelador” de la Divinidad. Y es cierto que en Jesús puede advertirse lo que sucede en una persona cuando se vive desde la comprensión de lo que somos. Por eso podemos reconocerlo como un espejo nítido en el que nos vemos reflejados. Pero no hay nada que no sea “reflejo” de aquella misma vida. Todas las formas que existen no son sino disfraces en los que la Vida se oculta. Por eso, las palabras que este evangelio pone en boca de Jesús –“Yo soy la vida”– constituyen la revelación suprema de lo que somos todos. No somos un yo separado que tiene vida; somos Vida –Presencia atemporal desde “el principio”– que se está experimentado en estas personas.

¿Me abro a comprenderme como “Vida” habitando una forma temporal?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Acoger la Palabra no es un amasijo de citas bíblicas

domingo, 5 de enero de 2020
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4E843CB0-6CB7-4716-97D0-AC8767FFFD53Del blog de Tomás Muro La Verdades Libre:

  1. Prólogo de san Juan.

         Por segunda vez en navidades escuchamos el comienzo del evangelio de san Juan: en el principio existía la Palabra y la Palabra era luz, vida y creación. Y en los versos 12-13 se nos dice:

vv 12-14 Pero a cuantos la recibieron (la Palabra), les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

  1. Conocer la Palabra no coincide con estudiar la Biblia.

         Conocer acoger la Palabra no es ser un experto en Biblia o en teología. “Conocer” supone implicaciones personales: sobre todo ser creyente. Todos conocemos intelectualmente cosas: ideologías, personas, actitudes con las que no comulgamos, no porque sean malas, sino porque no van con nuestra mentalidad o esquema de vida.

         Conocer la Palabra, conocer a Cristo significa JesuCristo me dice, me llena y quiero vivir en el tono vital del Señor, con mis tinieblas y mi pecado a cuestas.

         La Palabra -toda palabra- se conoce y se acoge en la fe. Hay personas que están convencidas de la nada: no existe Dios, no hay valores. Eso es también fe, una triste palabra y una triste fe, pero el pasotismo es también una fe: estar convencido firmemente de la nada.

         Quien confía (cree) en JesuCristo no está cimentado en la nada, sino en el ser.

  1. A quienes conocen y asumen la Palabra Dios da la capacidad de ser hijos de Dios.

Es decir, pensar y vivir conforme a la Palabra posibilita vivir humanamente, que significa vivir como seres humanos, y si vivimos como personas humanas no estamos lejos de vivir como hijos de Dios.

La Palabra de Dios, que no es otra cosa que JesuCristo, es decir: la Luz, la Vida y la creatividad, supone una llamada en lo profundo que crea personas y comunidades.

La Palabra, el pensamiento, la cultura, la Luz, el diálogo, la razón y lo razonable en la vida encaminan hacia ser hijos de Dios. La irracionalidad, el vivir en la mera biología, pulsionalidad, en la carne y en la sangre, en el escepticismo no crea humanismo, ni hijos de Dios.

Cuando en la vida personal, profesional, eclesiástica, política no se admite la Palabra: la luz y la vida, el pensamiento y el diálogo-, significa que hemos renunciado a ser y vivir como personas y como hijos de Dios.

Por ejemplo: cuando nace un niño, ha nacido alguien muy valioso, pero hasta ese momento ha nacido conforme a carne y sangre. Nadie nace cristiano, ni sabio, ni probablemente bueno: queda un largo camino para construir una persona: educación, valores, etc. Y ese camino lo hemos de estructurar con la Palabra. ¿Qué otra cosa es acoger la Palabra sino un largo proceso de educación personal, familiar, escolar, universitaria, social, política?

El ser humano vive de carne y sangre (de pan vive el hombre), pero si vivimos solamente de carne y sangre, morimos.

La Ilustración y la Revolución francesa tuvieron graves fallos y tienen grandes lagunas, pero abrieron al ser humano hacia la palabra y hacia la razón.

Quizás el encuentro entre razón y fe, ciencia y fe, Iglesia y mundo, progreso humano y escatología, no se ha producido o se ha producido muy esporádicamente y, en muchos casos, a regañadientes. Pero guste o no guste a políticos y eclesiásticos, es verdad aquello que dijo santo Tomás: la verdad venga de donde venga, viene del Espíritu Santo. Si nacemos de carne y sangre y renacemos de agua y Espíritu, estaremos en camino de ser hijos de Dios, es decir: personas humanas. Él, la palabra nos bautizará en Espíritu.

  1. La Palabra se hizo carne.

La tradición de San Juan tiene mucho cuidado en subrayar que la Palabra, Jesús, se hizo hombre. Este interés de San Juan es debido a que muy pronto hubo cristianos que tendieron a un cristianismo espiritualoide, incluso tenían reparo y negaban que Jesús hubiese sido hombre. Pensaban que, si Jesús era hijo de Dios, no podía ser hombre. Lo corpóreo, material siempre se ha mirado en las religiones con un cierto recelo. Por eso S Juan subraya que Jesús fue hombre y para ello utiliza la expresión que expresa la mayor debilidad humana: sarx: carne,[1]

Jesús no fue un extraterrestre que un buen día aterrizó entre nosotros: Jesús fue hombre como nosotros (menos en el pecado) y porque fue hombre, es como pudo expresar, manifestarnos a Dios, el amor de Dios.

         El cristianismo no es un espiritualismo, una religión de práctica y ritos, sino que es la experiencia del amor de Dios en la vida, en la creación y con los demás. La tentación de las religiones suele ser la de “echar balones fuera” con celebraciones rituales, normas y preceptos morales.

El Dios del cristianismo es amor, Dios es amor, (1Jn 4,8)

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. (1Jn 4,20)

         Y amar no es andar por la estratosfera de los espíritus, sino vivir en la tierra de los seres humanos en la Palabra: luz y verdad

  1. Estamos comenzando un nuevo año.

         Estamos comenzando un nuevo año.

         Que la Palabra y la razón vayan haciéndose un poco carne en nuestra historia por medio de nuestras vidas.

[1] En castellano tenemos algunas palabras que recogen este término: sar.cófago, sar.coma.

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Pero… ¿dónde y cuándo nació Jesús?

sábado, 4 de enero de 2020
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Adviento Sagrada Familia (eligelavida)«Qué contradicción celebrar el nacimiento de Jesús de Nazaret apoyando un sistema económico que, cual nuevo Herodes, mata»  

“Se adora a un niño que ha nacido en un establo. De modo más próximo., más bajo, más secreto no puede hacerse refractar ninguna mirada hacia lo alto. Y a la vez el establo es real, no se ha inventado este origen tan mínimo del fundador»

«La leyenda no pinta la miseria, y desde luego, ninguna miseria que se prosigue a lo largo de toda una vida. El establo, el hijo del carpintero, el visionario entre la gente humilde, la ejecución del final, todo ello está tejido con material histórico, no con el material dorado que la leyenda prefiere» 

El 24 de diciembre de 1999 publiqué en el diario EL PAÍS el artículo “El nacimiento del Mesías”, que tuvo una excelente acogida y provocó un fuerte impacto tanto entre personas creyentes como no-creyentes. 20 años después he hecho consultas sobre la bibliografía reciente en torno al tema y he comprobado que existe una coincidencia básica con los datos expuestos en el artículo de entonces.

Por eso he decidido publicarlo de nuevo actualizando algunos análisis e incorporando la siempre lúcida reflexión de Ernst Bloch, que acentúa aspectos sociales del nacimiento de Jesús de Nazaret hoy olvidados en las celebraciones religiosas, que se quedan en la formalidad litúrgica sin creatividad alguna, o en  las celebraciones laicas, que con frecuencia no hacen otra cosa que degenerar en consumismo y legitimar el neoliberalismo. Qué contradicción celebrar el nacimiento de Jesús de Nazaret apoyando un sistema económico que, cual nuevo Herodes, mata. Como dice el viejo adagio latino: Corruptio optimi pessima.
El género literario de los evangelios de la infancia

Las recientes investigaciones sobre el judaísmo de la época de Jesús de Nazaret, y muy especialmente las llevadas a cabo en torno al Nuevo Testamento, han hecho importantes aportaciones en torno al Jesús histórico. Los métodos histórico-críticos (historia de las formas, historia de la redacción) e histórico-sociológicos y antropológicos (antropología cultural, historia social y económica, sociología), aplicados al estudio de la literatura cristiana primitiva, han contribuido a cuestionar algunas de las tradiciones más arraigadas en el cristianismo ya bimilenario. Dos de ellas son la fecha y el lugar de nacimiento de Jesús; la primera se encuentra en la base del calendario de Occidente; la segunda constituye uno de los motivos principales de la Navidad.

Apenas contamos con documentos históricamente fiables que nos informen sobre el nacimiento de Jesús. Por una parte, los historiadores romanos y judíos no nos han dejado ninguna referencia. Por otra, dentro de los escritos de la Biblia Cristiana, solo los evangelistas Mateo y Lucas hablan de él en dos textos independientes entre sí, que son conocidos como «relatos de la infancia». Ellos han alimentado la piedad cristiana popular y el imaginario colectivo de Occidente, al tiempo que constituyen una importante fuente de inspiración de poetas, artistas y narradores.

A su vez, han sido objeto de crítica -también de burla- en entornos culturales racionalistas y secularizados, ajenos al mundo de los símbolos y los mitos. Se trata, en realidad, de dos textos que pertenecen a un género literario peculiar, el de los relatos de nacimiento e infancia de los grandes héroes -tanto judíos como paganos-, que poseen una gran dosis de fantasía, aparecen envueltos en múltiples motivos legendarios y nos familiarizan con el mundo de lo sobrenatural y milagroso: apariciones de ángeles, concepción virginal, estrella que guía la ruta de los magos, precocidad del niño Jesús, escenas truculentas como el asesinato de los inocentes por el rey Herodes, etc.

Divergencias en los relatos

Entre ambos relatos se observan importantes divergencias, e incluso contradicciones, por ejemplo, en la información sobre los viajes de María y José, en los esquemas geográficos, que están en la base de las narraciones sobre el nacimiento de Jesús, etc.-, que ponen seriamente en cuestión su historicidad. Su plan literario responde a una intención teológica bien concreta, que más adelante explicitaré. Son, además, textos aislados, a los que no vuelven a referirse ni los evangelios citados ni los de Marcos y Juan. Tampoco la primera predicación cristiana incorpora lo descrito en ellos.

Con todo, hay algunos datos que los especialistas tienden a considerar históricos. Este es el caso de la fecha del nacimiento de Jesús. Mateo (2, 1) y Lucas (1, 5) coinciden en que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, que gobernó Judea, Idumea, Samaría, Galilea, Perea y otras regiones de Haurán, del año 37 al 4 antes de Cristo. Mateo sugiere que pudo nacer al final de dicho reinado. La fecha más verosímil está entre el 4 y el 6 antes de la era común. Esa parece ser la más acorde con otros datos cronológicos de la vida de Jesús proporcionados por los Evangelios.

Sin embargo, nuestro calendario no se atiene a esas fechas. El error se debe al cálculo incorrecto realizado por el monje del siglo VI Dionisio el Exiguo, que fue quien fijó la división de la historia en dos etapas: antes de Cristo y después de Cristo. Él propuso que los cristianos debían establecer la cuenta de los años partiendo del nacimiento de Cristo, y no desde el reinado de Diocleciano, emperador romano que había perseguido a los cristianos con especial severidad, como tampoco desde la fundación de Roma (ab Urbe condita).

Pero se equivocó en cuatro o seis años a la hora de fijar la fecha de la muerte de Herodes el Grande y, en consecuencia, también la del nacimiento de Jesús. Si damos por buena la fecha del año 6 al 4 antes de la era común -y parece que hay que darla, porque el consenso entre los expertos es muy elevado-, el dos mil aniversario del nacimiento de Jesús habría tenido lugar entre el 1994 y 1996.

En cualquier caso, la fecha es solo aproximada. Lo que no debe de extrañar, ya que lo mismo sucede con otros personajes relevantes de la época grecorromana, por ejemplo: Nerva, Trajano, Herodes Antipa, Poncio Pilato. Ahora bien, teniendo en cuenta que Jesús fue, según la certera observación de John P. Meier, «un judío marginal» en la historia grecorromana, esta aproximación cronológica me parece más que suficiente.

¿Belén o Nazaret?

Mateo (2,1) y Lucas (2,4-7) coinciden también en señalar a Belén como lugar de nacimiento de Jesús. Sin embargo, este dato no parece histórico. Para esta valoración me atengo al cualificado criterio del prestigioso biblista católico Raymond E. Brown, autor de El nacimiento del Mesías (original: The Birth of the Messiah, Nueva York, 1979, vers. cast.: Cristiandad, Madrid, 1982),  para quien «las probabilidades están más frecuentemente en contra de la historicidad que en favor de ella». Dicho criterio es ampliamente compartido hoy por los especialistas neotestamentarios.

Conviene recordar a este respecto que, fuera de los relatos de la infancia de Mateo y Lucas, Belén no vuelve a ser citado en los Evangelios ni en Hechos de Apóstoles como lugar de nacimiento de Jesús. Solo en el Evangelio de Juan encontramos un texto que recoge las discusiones de los judíos en torno a la procedencia del «Cristo» y muestra la desconfianza de quienes no aceptaban su origen galileo (7,41-42). Aun dentro de su ambigüedad, dicho texto viene a confirmar que Jesús no era oriundo de Belén, sino de Galilea, zona fronteriza considerada pagana (era llamada «Galilea de los gentiles») por los judíos ortodoxos e, históricamente, ámbito de importantes movimientos revolucionarios contra la ocupación del Imperio Romano.

El lugar concreto de nacimiento de Jesús parece ser el pueblo de Nazaret, perteneciente a la Baja Galilea. En numerosas ocasiones, los Evangelios y el libro de Hechos de los Apóstoles presentan a Jesús como oriundo de ese pueblo y le llaman el Nazareno

. Ahora bien, Nazaret no era una aldea de cuento, un pueblecito de fábula, un lugar de ensueño donde viviera apaciblemente la «sagrada familia». Era una tierra conflictiva, rebelde, donde se tejieron esperanzas y sueños de liberación, en clave de resistencia frente al Imperio romano. Ahí nació Jesús y en ese clima creció y se educó.

Aun cuando no debemos excluir taxativamente a Belén como lugar de nacimiento de Jesús, creo puede afirmarse con John P. Meier, uno de los más cualificados investigadores en torno al Jesús histórico de nuestro tiempo, que ese dato no debe entenderse como un acontecimiento histórico, sino como una afirmación teológica en la modalidad de un relato histórico -que sólo lo es en apariencia- cuya pretensión es mostrar la mesianidad y el origen davídico de Jesús (John P. Meier, Un judío marginal, tomo I, EVD, Estella, Navarra, 1998,  230). EVD ha publicado los cinco volúmenes de esta magna obra, cuya lectura recomiendo no solo a las personas especialistas, sino también a cuantas estén interesadas por seguir las investigaciones sobre el Jesús histórico). El Mesías, según el profeta Miqueas, debía nacer en Belén de Judá, patria del rey David. Así respondían los evangelistas a los judíos que no podían creer en un mesías nacido en Galilea.

Mi intención con este artículo es evitar la confusión entre lo histórico, lo legendario y lo mítico en el caso del nacimiento de Jesús de Nazaret, si bien debe reconocerse que los tres niveles se encuentran aquí entremezclados y cada uno ejerce su función no excluyente. No se olvide lo que decía con razón el filósofo de la esperanza Ernst Bloch (1885-1977): “También Prometeo es un mito” y, como tal,  portador de utopía, que creo es aplicable a los relatos del nacimiento de Jesús. Además, aun reconociendo que “Jesús está rodeado por el mito”, afirma la existencia de material histórico en los relatos evangélicos de la infancia y lo comenta de esta guisa:

“Se adora a un niño que ha nacido en un establo. De modo más próximo., más bajo, más secreto no puede hacerse refractar ninguna mirada hacia lo alto. Y a la vez el establo es real, no se ha inventado este origen tan mínimo del fundador. La leyenda no pinta la miseria, y desde luego, ninguna miseria que se prosigue a lo largo de toda una vida. El establo, el hijo del carpintero, el visionario entre la gente humilde, la ejecución del final, todo ello está tejido con material histórico, no con el material dorado que la leyenda prefiere”  (El principio esperanza, tomo 3, Trotta, Madrid, 2007, 376).

Fuente Religión Digital

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«Vecindades», por Dolores Aleixandre

viernes, 3 de enero de 2020
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portada_dinamica145Navidad nos trae el aviso insólito de que Dios se ha domiciliado en nuestro entorno y ha entrado a formar parte de nuestra vecindad. Esta decisión unilateral de instalación, residencia y asentamiento, añade a sus titulaciones “de alcurnia” (Altísimo, Rey, Señor, Omnipotente, Eterno…) la de Vecino, lo que supone un descenso notable de sublimidad de consecuencias impredecibles.

Y es que un vecino no puede imponerse, hacer cambios, o tomar decisiones sin contar con el resto del vecindario, y más le vale caerles bien. Los pasos de mutuo conocimiento tendrán que ir dándose de un modo gradual y sin prisas, tejiendo hilos relacionales de pequeños favores y atenciones recíprocas que terminen por vencer los recelos y hacer caer prejuicios. Otra consecuencia es que la categoría distancia se carga de contenido negativo, hasta el punto de convertirse en la marca diferencial de los personajes de la parábola del samaritano: acierta el que se hizo vecino del herido, mientras que la distancia que toman el sacerdote y el levita, los califica desfavorablemente.

Un famoso periodista, simulando interesarse por lanzar una start-up de Distanciamiento anti estrés, ha conseguido entrevistar a ambos personajes para un “Especial Navidad 2019”:

“Hay que ir por pasos,- ha recomendado el levita, sacando de su zurrón un dispositivo electrónico: lo primero me compré este inhibidor de proximidad que evita que cualquier dato desagradable (aquel hombre apaleado, por ejemplo…) suelte su carga de alarma y me haga pensar que tiene algo que ver conmigo, causándome inquietud. Presionando por control remoto este botón, se activa una aspersión de humo de efecto difuminador, la escena se vuelve borrosa, pierde su aspecto traumático y se ve mucho más distante de lo que en realidad está. Como además añadí este simple ecuanimizador emocional, me olvidé en seguida de lo que había visto y recuperé el estado de relax”.

Interviene el sacerdote con aire de superioridad:

-“¡Todo eso está ya obsoleto!: gracias al 5G, yo he conseguido ya una interconectividad absoluta aumentando radicalmente mi velocidad de transferencia. Aquel día me hubiera gustado atender al herido de la cuneta, pero me esperaba el técnico para enseñarme a descargar y subir contenidos en Ultra HD y vídeo en 3D. Por cierto, creo que hay en Netflix una serie fantástica sobre una banda que asalta a los que se paran en las áreas de descanso de las autopistas y despellejan a los que se detienen allí. Muy cruda pero superrealista. Y yo soy de los que piensan que hay que estar informado de las cosas que están pasando”.

Al samaritano parece ser que no hubo forma de entrevistarle: dijo que hacerse vecino del herido no tenía importancia y que tenía prisa por llegar a la posada y pagar los gastos:

“Encima de que le he soltado el marrón al posadero y se ha portado como un verdadero amigo sin conocerme de nada, solo falta que encima le cueste a él un pastizal”.

Y ha salido zumbando sin posar ni siquiera para una foto.

Alguien que lo ha seguido con GPS, afirma haberlo detectado intentando avecinarse en la zona de Belén. En Navidad, a veces, ocurren cosas sorprendentes.

Dolores Aleixandre RSCJ

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Carta de Taizé 2020

jueves, 2 de enero de 2020
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hermano-alois-11-g-200x300Publicamos hoy en nuestro blog  la carta anual del Hermano Alois, prior de la Comunidad de Taizé:

Propuestas 2020

Siempre en camino,
nunca desarraigados

En septiembre, hemos vivido una nueva etapa de nuestra “peregrinación de confianza sobre la tierra” en la Ciudad del Cabo. Sudáfrica es un grande y hermoso país, que mostró al mundo, hace 25 años, la fuerza de la protesta contra el apartheid y una transición no violenta, aunque el país sigue marcado todavía hoy por las profundas divisiones entre las comunidades étnicas.

En este contexto, el hecho de que 1000 familias hayan abierto sus puertas para acoger a los jóvenes fue ya todo un signo. Estos jóvenes se han puesto en camino para salir al encuentro de cristianos de otros orígenes étnicos o confesionales. ¡También nosotros, como ellos, podríamos encontrar el valor de ir hacia los demás y acogernos mutuamente, donde sea que vivamos!

¡Ponernos en camino! Esta es una llamada para nuestro hoy. No permitamos que el desánimo nos invada, discernamos en nuestro entorno los múltiples signos de una vida nueva, portadora del futuro. Estemos atentos a las iniciativas inéditas… aunque no estén siempre rigurosamente elaboradas, y a menudo sean provisionales: avanzando encontraremos soluciones.

Con ocasión de nuestro encuentro europeo en Wrocław, he elegido como título de las “Propuestas 2020” una frase inspirada por la vida de una mujer polaca, Urszula Ledochowska – ¡una santa entre los testigos de Cristo y una ciudadana de Europa adelantada a su tiempo! Al hablar de su vida, alguien dijo: “Siempre en camino, nunca desarraigada”.

Hace treinta años, a finales de diciembre de 1989, estuvimos ya en Wrocław: Polonia había acogido el primer encuentro europeo al este del “telón de acero”. Al tiempo que se derrumbaba el muro de Berlín, el entusiasmo de una libertad reencontrada llenaba los espíritus. Desde entonces, el mundo ha cambiado: Tengo mucha confianza en que la generación joven va a abrir para nuestro tiempo otros caminos de libertad y de justicia.

En la vida y en la fe, somos peregrinos, a veces incluso extranjeros en la tierra. Tanto en tiempos de pruebas como de alegría, recordemos que Dios es fiel y nos invita a perseverar en nuestros compromisos, Él que ya prepara un futuro de paz.

Hermano Alois

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1. Siempre en camino…

…preparados para nuevos comienzos

El Señor dijo a Abrán: “Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” (Génesis 12, 1)

Por la fe, respondemos a una llamada a ponernos en camino, recordando que un nuevo comienzo es siempre posible, ya sea cuando las cosas van bien o cuando enfrentamos dificultades aparentemente insuperables.

En los primeros capítulos de la Biblia, se encuentra el relato de la vocación de un hombre, Abrahán, llamado a dejarlo todo para partir, sin saber a dónde va. Con su mujer Sara, se hicieron peregrinos, animados por la confianza de que Dios los guiaría.

Una vez en el nuevo país que Dios les había dado, Abrahán y Sara habitaron en tiendas, como si estuvieran siempre en camino. Pero finalmente, sus pruebas se transformaron en bendiciones: Abrahán y Sara descubrieron lo que nunca hubieran encontrado si se hubiesen quedado en casa.

La Biblia está marcada por esta dinámica: ponerse en camino hacia un futuro que Dios prepara. El camino puede estar lleno de trampas –cuando el pueblo de Dios salió de Egipto, anduvieron errantes cuarenta años.

Y Dios mismo se hizo peregrino, guiando y acompañando a su pueblo: “Yo estoy contigo; te guardaré donde quiera que vayas” ﴾Génesis 28, 15﴿.

Al guiar a su pueblo a través del desierto, Dios les enseña a escuchar su voz y les abre posibilidades insospechadas.

Leer o releer, solo o junto a otros, algunos relatos bíblicos en los que Dios nos invita a ponernos en camino: Génesis 28, 10‐15; Éxodo 13, 17‐22; Salmo 126; Isaías 43, 1‐2; Mateo 2, 13‐23; Lucas 10, 1‐9; Hechos 11, 19‐26.

2. Siempre en camino…

… plenamente presentes para aquellos que nos rodean

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor (Marcos 6, 34)

Jesús se presenta a sí mismo como un peregrino, que “no tiene donde reclinar la cabeza” ﴾Mateo 8, 20﴿. Se puso en camino para anunciar esta buena noticia: Dios se ha hecho cercano, está actuando para transformar el mundo. Y nos invita a participar en este proyecto de renovación para toda la familia humana.

Por su vida, Cristo Jesús nos ha mostrado por dónde empezar: estando atentos a los pequeños y a los más vulnerables. Jesús pudo tener tal atención hacia los demás, porque estaba profundamente anclado en Dios. A cada momento de su vida, se dejaba guiar por el Espíritu Santo.

Por su venida en el mundo, Cristo ha compartido plenamente nuestra condición humana. Por su muerte en la cruz, ha sufrido hasta el extremo y reveló su absoluta fidelidad a Dios y a nosotros. Por su resurrección, Cristo ha llegado a ser el testigo del nuevo comienzo que Dios, en su amor, ha dado a la humanidad.

Desconcertados por las violencias y las humillaciones, son muchos los que se sienten como extranjeros en la tierra. Al seguir a Cristo, los cristianos ponen su confianza en Dios, lo cual los lleva a no caer en la indiferencia sino a estar en contacto con la realidad, solidarios y comprometidos.

En el siglo II, una carta cuyo autor ignoramos decía de los cristianos “reside cada uno en su propia patria, pero son como extranjeros. Toda tierra extranjera es su patria, y toda patria les es una tierra extranjera” ﴾Carta a Diogneto﴿

Busquemos un compromiso concreto para expresar en nuestras vidas la atención de Cristo por los más pobres.

En colaboración con las iglesias locales, reunámonos periódicamente para una oración común centrada en torno a la cruz y la resurrección de Cristo.

3. Siempre en camino…

… junto con los exilados

«Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como un miembro más de vuestro pueblo: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto». (Levítico 19, 33-34)

En todo el mundo, mujeres, hombres y niños son obligados a abandonar su tierra o deciden buscar un futuro en otra parte. Su motivación es más fuerte que todas las barreras que se levantan ante ellos.

Todos deseamos que se preserve la especificidad de nuestras propias culturas, pero ¿no es la acogida de otros uno de los más bellos dones humanos? Ciertamente, la llegada de extranjeros plantea cuestiones complejas. La afluencia de migrantes debe gestionarse apropiadamente; aunque pueda crear dificultades, puede ser también una oportunidad.

También puede suceder que, aun viviendo en una misma ciudad, en un mismo barrio, un mismo pueblo, a veces durante varias generaciones, hay personas que pueden permanecer como extranjeras las unas para las otras. E incluso entre los que comparten las mismas referencias culturales, puede haber profundas incomprensiones. ¿Podríamos entonces buscar encontrarnos con los y las que no tienen las mismas opciones o convicciones que nosotros?

Al ponernos en camino hacia los demás, ya sea que hayan venido de lejos o que vivan cerca de nosotros sin conocernos, sin duda podríamos comprender mejor que piensan de manera diferente que nosotros.

No nos conformemos con informaciones o estadísticas, tomémonos el tiempo de conocer la situación de un migrante, o de una familia venida de otra parte, de escuchar y comprender su historia y su itinerario.

Entre los jóvenes, incluso entre aquellos que materialmente no carecen de nada, los hay que no pertenecen a ningún lugar. Los lazos familiares rotos son causa de grandes soledades, a veces invisibles. Tratemos de estar atentos a ellos, de acompañar a estas personas, a veces muy próximas a nosotros, que sufren un exilio interior.

4. Siempre en camino…

… junto a toda la creación

Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó: allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña (…) Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. (Salmo 104)

Ante los enormes peligros que amenazan nuestro maravilloso planeta, muchos jóvenes –y menos jóvenes también– se sienten impotentes o desanimados. Y, en los tiempos venideros, las catástrofes climáticas forzarán más y más gente a abandonar sus hogares.

Sin embargo, la fe nos invita a resistir el fatalismo y la angustia. Al comienzo de la Biblia, se lee: “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara” ﴾Génesis 2, 15﴿. Con este poético relato, la Biblia subraya que, en la obra creadora de Dios, nosotros recibimos una responsabilidad particular, la de cuidar de la tierra y preservarla. Redescubrir que formamos parte integrante de la Creación hace que nuestra vida sea más humana.

Nuestra tierra es un don precioso del Creador que podemos recibir con agradecimiento y alegría. La tierra es nuestra casa común y Dios nos llama a velar sobre todas las criaturas y por las generaciones que están por venir.

Ante la emergencia climática, vemos eclosionar múltiples iniciativas. Ellas están marcando más y más la conciencia común. Cierto que limitarnos solo al nivel de las prácticas individuales no es suficiente. Pero es una condición indispensable para el cambio.

Cada uno de nosotros es invitado a actuar a su nivel: revisemos nuestros modos de vida, simplifiquemos lo que podamos, prestando atención a la belleza de la creación.

En vistas al cuidado de la Creación, un testimonio común de las diferentes confesiones cristianas es posible. ¿No constituye una tal urgencia una llamada a unirnos en iniciativas ecuménicas? Algunas ya existen: una de ellas es la red de «iglesias verdes», a la que Taizé se adhirió durante el verano de 2019 (ver http://www.taize.fr/eco)

5. Siempre en camino…

…siempre anclados interiormente

Jesús dijo: Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará (Mateo 6, 6)

Como “huéspedes y peregrinos en la tierra” ﴾Hebreos 11, 13﴿, necesitamos encontrar un lugar de anclaje interior en el que podamos ser nosotros mismos. ¿No es en la oración que este anclaje puede tener lugar, en un diálogo de amistad con Cristo?

Es verdad que nuestra confianza en Dios puede ser frágil. Pero ¿no es la Iglesia una comunidad en la que podemos apoyarnos unos a otros, compartir nuestras dudas y preguntas y sostenernos mutuamente en nuestra búsqueda?

Retornar constantemente a esta comunión con Dios da una gran libertad. Por su amor, Dios quiere hacernos salir de nuestras servidumbres, colectivas e individuales, ayudarnos a remover lo que obstaculiza nuestra marcha.

¿Cómo estar siempre en camino sin jamás estar desarraigados? ¿Podría ser dejando que crezca en nosotros la convicción de que el Reino de Dios está ya comenzando a germinar en nosotros y entre nosotros?

Sí, hay un lugar donde reposar nuestro corazón. Como un centro de gravedad interior en el que Jesús nos dice “encontraréis descanso para vuestro entero ser” ﴾Mateo 11, 29﴿

Y el Espíritu Santo, aliento de bondad, nos guiará,
Incluso en nuestras noches…

Un trabajo por la verdad

Nuestra comunidad de Taizé ha vivido, en 2019, un difícil proceso de búsqueda de la verdad sobre las acusaciones de agresiones sexuales que implicaban a nuestros hermanos. Para proseguir en el camino de la confianza, deseamos que se haga toda la luz y que la palabra se libere.

Más información en http://www.taize.fr/protection

FUENTE: https://www.taize.fr/es, vía Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas de Zaragoza

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Santa María Madre de Dios. Miércoles 01 de Enero de 2020

miércoles, 1 de enero de 2020
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De Koinonia:

0108

Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

*

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

*

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

*

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre JesúsEn aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios. Leer más…

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“La madre”. Santa María, Madre de Dios – A (Lucas 2,16-21)

miércoles, 1 de enero de 2020
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A muchos puede extrañar que la Iglesia haga coincidir el primer día del nuevo año civil con la fiesta de Santa María Madre de Dios. Y, sin embargo, es significativo que, desde el siglo IV, la Iglesia, después de celebrar solemnemente el nacimiento del Salvador, desee comenzar el año nuevo bajo la protección maternal de María, Madre del Salvador y Madre nuestra.

Los cristianos de hoy nos tenemos que preguntar qué hemos hecho de María estos últimos años, pues probablemente hemos empobrecido nuestra fe eliminándola demasiado de nuestra vida.

Movidos, sin duda, por una voluntad sincera de purificar nuestra vivencia religiosa y encontrar una fe más sólida, hemos abandonado excesos piadosos, devociones exageradas, costumbres superficiales y extraviadas.

Hemos tratado de superar una falsa mariolatría en la que, tal vez, sustituíamos a Cristo por María y veíamos en ella la salvación, el perdón y la redención que, en realidad, hemos de acoger desde su Hijo.

Si todo ha sido corregir desviaciones y colocar a María en el lugar auténtico que le corresponde como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, nos tendríamos que alegrar y reafirmar en nuestra postura.

Pero ¿ha sido exactamente así? ¿No la hemos olvidado excesivamente? ¿No la hemos arrinconado en algún lugar oscuro del alma junto a las cosas que nos parecen de poca utilidad?

Un abandono de María, sin ahondar más en su misión y en el lugar que ha de ocupar en nuestra vida, no enriquecerá jamás nuestra vivencia cristiana, sino que la empobrecerá. Probablemente hemos cometido excesos de mariolatría en el pasado, pero ahora corremos el riesgo de empobrecemos con su ausencia casi total en nuestras vidas.

María es la Madre de Cristo. Pero aquel Cristo que nació de su seno estaba destinado a crecer e incorporar a sí numerosos hermanos, hombres y mujeres que vivirían un día de su Palabra y de su gracia. Hoy María no es solo Madre de Jesús. Es la Madre del Cristo total. Es la Madre de todos los creyentes.

Es bueno que, al comenzar un año nuevo, lo hagamos elevando nuestros ojos hacia María. Ella nos acompañará a lo largo de los días con cuidado y ternura de madre. Ella cuidará nuestra fe y nuestra esperanza. No la olvidemos a lo largo del año.

José Antonio Pagola

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“Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús”. Miércoles 1 de enero de 2020. Santa María Madre De Dios, Jornada Mundial de la Paz

miércoles, 1 de enero de 2020
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07-navidada3-cerezoDe Koinonia:

Números 6,22-27: Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.
Salmo responsorial: 66: El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Gálatas 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer.
Lucas 2,16-21: Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús.

Litúrgicamente, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad», y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para nosotros, hombres y mujeres de hoy, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy nos aparecen como muy lejanos, extraños, tal vez irrelevantes para nuestra vida… tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» al que pertenecen…

Pero, por otra parte, hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, celebración esta que, aunque originalmente procede una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fechas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de «actualizar» el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu y a veces la letra misma y los símbolos de las celebraciones.

Pero veamos en primer lugar los textos bíblicos que la ordenación litúrgica posconciliar nos deparó.

Nm 2,22-27 es la llamada bendición aaronítica (de Aarón), porque se afirma que Dios la reveló a Moisés para que éste a su vez la enseñara a Aarón y a sus hijos, los sacerdotes de Israel, para que con ella bendijeran al pueblo. Seguramente fue usada ampliamente en el antiguo Israel. Incluso se ha encontrado grabada en plaquetas metálicas para llevar al cuello, o atada de algún modo al cuerpo, como una especie de amuleto. Arqueológicamente dichas plaquetas datan de la época del 2º templo, es decir, del año 538 AC en adelante. Bien nos viene una bendición de parte de Dios al comenzar el año: que su rostro amoroso brille sobre todos nosotros como prenda de paz. La paz tan anhelada por la humanidad entera, y lamentablemente tan esquiva. Pero es que no basta con que Dios nos bendiga por medio de sus sacerdotes. No basta que él nos muestre su rostro. Aquí no se trata de bendiciones mágicas sino de un llamado a empeñarnos también nosotros en la consecución y construcción de la paz: con nosotros mismos, en nuestro entorno familiar, con los cercanos y los lejanos, con la naturaleza tan maltratada por nuestras codicias; paz con Dios, Paz de Dios.

Buen comienzo del año éste de la bendición. El refrán popular ha consagrado ese deseo de “volver a comenzar” que sentimos todos al llegar esta fecha: “Año nuevo, vida nueva”. Uno quisiera olvidar los errores, limpiarse de las culpas que molestan en la propia conciencia, estrenar una página nueva del libro de su vida, y empezarla con buen pie, dando rienda suelta a los mejores deseos de nuestro corazón… Por eso es bueno comenzar el año con una bendición en los labios, después de escuchar la bendición de Dios en su Palabra.

Bendigamos al Señor por todo lo que hemos vivido hasta ahora, y por el nuevo año que pone ante nuestros ojos: nuevos días por delante, nuevas oportunidades, tiempo a nuestra disposición… Alabemos al Señor por la misericordia que ha tenido con nosotros hasta ahora. Y también porque nos va a permitir ser también nosotros una bendición en este nuevo año que comienza: bendición para los hermanos y bendición para Dios mismo. Año nuevo, vida nueva, bendición de Dios.

Gál 4,4-7 es una apretada síntesis de lo que Pablo nos enseña en tantos otros pasajes de sus cartas. En primer lugar, nos dice que el tiempo que vivimos es de plenitud, porque en él Dios ha enviado a su Hijo, no de cualquier manera, sino «nacido de mujer y nacido bajo la ley», es decir, semejante en todo a nosotros, en nuestra humanidad y en nuestros condicionamientos históricos. Pero este abajamiento del Hijo de Dios, nos ha alcanzado la más grande de las gracias: la de llegar a ser, todos nosotros los seres humanos, sin exclusión alguna, hijos de Dios, capaces de llamarlo «Abba», es decir, Padre. Nuestra condición filial fundamenta una nueva dignidad de seres humanos libres, herederos del amor de Dios. Parecerían hermosas palabras, nada más, frente a tantos sufrimientos y miserias que todavía experimentamos, pero se trata de que pongamos de nuestra parte para que la obra de Jesucristo se haga realidad. Se trata de que nos apropiemos de nuestra dignidad de hijos libres, rechazando los males personales y sociales que nos agobian, luchando juntos contra ellos. Esto implica una tarea y una misión: la de hacernos verdaderos hijos de Dios, a nosotros y a nuestros hermanos que desconocen su dignidad.

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, nos recuerda Pablo (Gál 4,4). Nació en la debilidad, en la pobreza, fuera de la ciudad, en la cueva, porque no hubo para ellos lugar en la posada… Nace en la misma situación que el conjunto del pueblo, los sencillos, los humildes, los sin poder.

Este nacimiento real y concreto es asumido por Dios para abrazar en el amor a todos los que la tradición había dejado fuera. Es la visita real de aquel que, por simple misericordia, nos da la gracia de poder llamar a Dios con la familiaridad de Abba -“papito”- y la posibilidad de considerar a todos los hombres y mujeres hermanos muy amados.

En Jesús, nacido de María -la mujer que aceptó ser instrumento en las manos de Dios para iniciar la nueva historia- todos los seres humanos hemos sido declarados hijos y no esclavos, hemos sido declarados coherederos, por voluntad del Padre. La bendición o benevolencia de Dios para los seres humanos da un gran paso: Dios ya no bendice con palabras, ahora bendice a todos los seres humanos y aun a toda la creación, con la misma persona de su Hijo, que se hace hermano de todos. Y nadie queda marginado de su amor.

“Ha aparecido la bondad de Dios” en Jesús, y es hora de alegría estremecida, para hacer saber al mundo -y a la creación misma- que Dios ha florecido en nuestra tierra y todos somos depositarios de esa herencia de felicidad.

Lc 2,16-21, en el lenguaje «intencionado» que por ser un género literario (“evangelio de la infancia”) utiliza con sus signos, Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera insinuar. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», motivo oficial de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

Pablo no conoció a Jesús, ni tampoco se encontró con María. El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es «todo lo que Pablo dice de María». Ni siquiera cita su nombre. En el cristianismo, la maternidad divina de María es, claramente, una construcción eclesial: ni los evangelios ni Pablo saben nada de ella, y no será formulada ni «declarada» hasta el siglo V.

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana… La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos «monofisitas», que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe… (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», un título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico y devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las posibles imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su exención del pecado, tanto del personal como del «original». En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV. El mes de María y el mes del rosario en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano son la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» y desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura, de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantásticas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una «discípula» suya, un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insustituible que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nn. 52-69) ofrece todavía la mejor síntesis de la mariología para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar… se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.

Otro enfoque válido y provechoso de la homilía podría orientarse hacia el tema de la Jornada Mundial de la Paz… así como hacia el hecho del Año Nuevo, que si bien es algo simplemente convencional, astronómicamente insignificante, tiene el valor simbólico inevitable y profundo de recordarnos el inexorable paso del tiempo… Leer más…

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1.1.20. Año Nuevo: María, Madre de Dios; Dios de la Carne de María (1)

miércoles, 1 de enero de 2020
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A0AC767F-3026-46E1-A255-A52F08BBD168Del blog de Xabier Pikaza:

Caro cardo salutis 2020
La humanidad: historia carnal de Dios

Celebra hoy (1.1.20) el conjunto de la humanidad la fiesta del comienzo del año del Sol. La iglesia celebra, al mismo tiempo, la fiesta de María, Madre del Dios/Sol encarnado, que es Jesús.  Felicidades a todos, los que de un modo y/u otro, la celebran.

    En ese contexto quiero presentar (en tres o cuatro postales/aportaciones) el sentido cristiano de María, que no es sólo una figura intra-eclesial, vinculada a la experiencia de los fieles que la evocan e invocan, la sientan cercana y la exaltan como signo de presencia amorosa y salvadora de Dios, sino también, sino también un signo central de la historia de occidente, que ha influido en el arte (pintura, escultura, literatura, música),  en la imaginación y en la vida más honda de millones y millones de personas que la han tomado como expresión y garantía de la “carne de Dios”,encarnada por ella en Jesús.

39F83C2A-28EB-4575-8B3F-25D4E4B8360CAsí dicen los cristianos que ella es Virgen (la Virgen), pero virgen de carne y hueso, de humanidad gozosa y doliente, es decir, de encarnación.  Si hoy podemos afirmar que Dios se hace carne en la carne de la historia (enfermos y encarcelados, hambrientos y exiliados, desnudos y explotados, y todas las mujeres y los hombres) es porque Dios ha hecho carne en (por) la Carne de María, en contra de todo escapismo espiritualista y de todo posible sistema de imposición de los poderosos.

Por eso, lo que celebramos este Año Nuevo no es la fiesta del Espíritu contra la carne, sino la fiesta de la  carne espiritualizada, elevada, salvada (siendo precisamente carne, no espíritu inmaterial) como dice la Iglesia desde antiguo, con una frase famosa de Tertuliano, en contra de los  místicos‒espiritualistas, que se evadían de la “carne”, para refugiarse en un Dios y Cristo de fantasía  imaginaria, afirmaba: Caro, cardo salutis, el cardo o quicio, la puerta y la vía de salvación es la “carne”, , la misma vida humana, espiritualizada y transformada como carne (¡sin dejar la encarnación, sino por ella!), la Virgen‒Carne de María.

DDC9582E-64F2-46A1-92FB-EAA8F36B1CAB¿Por qué se habla de carne de mujer y no de varón? Por algo muy simple: Porque la “carne de mujer” se ha visto desde antiguo (al menos en un contexto semita y bíblico) como signo de impureza, de sangre peligrosa (menstrual, puerperal…), como carne para ser violada por varones de carne poderosa, como recuerda de forma lapidaria el libro de Job, en la gran queja de 14, 1: El hombre (varón),nacido de mujer… corto de días, harto de inquietudes, como flor que se abre y marchita

En ese contexto, la maldición concreta del hombre (varón fuerte) no ha sido la de “haber nacido” (como dice Calderón de la Barca), sino la de haber nacido de mujer.Pues bien, en contra de eso,  la “inversión” mayor del cristianismo es la certeza de que el el Verbo de Dios (Dios mismo) se ha hecho carne, y no de un modo general, por un milagro “extra‒carnal” de encarnación en el Espíritu, sino por el milagro más grande de la Carne Espiritualizada de María, como sabe. la mario‒logía cristiana, que trata del “logos” o palabra carnal de Santa María de la Encarnación, como indica esta fiesta del 1 de Enero, Año Nuevo, Fiesta de la Puerta de Carne (carne‒persona, humanidad concreta, para bien de hombres y mujeres), que es la Puerta (Ianua Coeli), puerta del cielo, de María,  como seguiré indicando, hoy y en los dos días siguientes. Feliz Año Nuevo, con María, carne de Dios, Dios encarnado, a todos los amigos y lectores.

Mariologías de la Biblia. Punto de partida

CFFB8A2C-2148-4408-BB1F-256DC362EDBC  María ha sido una persona concreta, en un contexto cultural, social y familiar muy definido. No es un puro símbolo, una idea general (eterno femenino), ni una diosa. Ella ha sido y sigue siendo una mujer histórica bien determinada, mujer de carne y hueso, de Nazaret de Galilea, madre y seguidora de un pretendiente mesiánico judío. Así debemos recordarla, por su tarea única e irrepetible, vinculada a Jesús, su hijo, y al cristianismo primitivo.

Hay otros hombres y mujeres importantes en la historia humana y religiosa (Moisés y Mahoma, Buda o Confucio, Sócrates o Mani), pero ninguno ha desarrollado una tarea mesiánica como la de Jesús, ni ha muerto como él, ni le han visto como resucitado, ni ha sido declarado hijo de Dios por sus creyentes. Pues bien, a su lado, los cristianos han recordado la figura de María por su función de madre y por su tarea particular como persona y miembro de la iglesia. Ningunas de las otras madres o mujeres de los profetas y fundadores citados ha tenido su importancia. Los seguidores de Jesús no sólo han seguido recordando a su Madre, sino que han recreado su figura creyentes, de manear que podemos hablar de una mariología de la historia y de varias mariologías de la fe.

− Historia: mujer concreta.No son muchas las cosas que de ella sabemos en un nivel de puros hecho, pero son muy importantes y significativas. 1) Era una mujer judía, de una familia creyente, significativa, de Nazaret de Galilea; se llamaba María y estaba desposada con José. 2) Fue madre de Jesús, con quien se relacionó de forma dramática; pero tuvo también una familia más extensa, compuesta por varones y mujeres que el Nuevo Testamento llama normalmente hermanos de Jesús y que parecen ser hijos de María. 3) Tras la muerte de Jesús, ella perteneció a la comunidad de seguidores de su hijo y ejerció un papel importante dentro de la iglesia, que la ha recordado.

− Varias mariologías: María, figura de fe.El Nuevo Testamento ha recordado a María porque ella forma parte del misterio de Jesús, su hijo, y ha expresado de diversas formas su sentido, desde su experiencia radical de “encarnación” es decir de “carne histórica”. En ese sentido, la única fe mariana de la Iglesia se expresa en diversas formas de mariología, que se diversifican según los lugares y estilos de las comunidades, reflejándose así en la teología de los diversos escritos del Nuevo Testamento. Este es un fenómeno poco valorado, perodefine el pasado y futuro de las mariologías, que pueden vincularse y se vinculan desde los credos que afirman que Jesús fue «concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María».

Partiendo de Jesús. Dos mariologías básicas[1]

09E6BB0A-374A-4227-BFA3-D2E13D091BF9 Con ocasión de las fiestas de Pascua, Jesús, hijo de una mujer llamada María, subió a Jerusalén, para ofrecer su proyecto de Reino. Le siguieron los Doce, algunas mujeres y otros simpatizantes. Pero fue rechazado por los representantes del Templo, que se sintieron amenazados por las consecuencias sociales y sacrales de su mensaje. Todo nos permite suponer que su mensaje fue discutido y en parte aceptado, de manera que las autoridades del Templo actuaron por miedo (cf. Mc 11, 15-15; 14, 1-2.57). Algunos discípulos le traicionaron y negaron (cf. 14, 43-50.66-72). Los jerarcas romanos le crucificaron. De esa forma surgieron varios grupos convergentes de “cristianos”, seguidores del Cristo Jesús judío, hijo de María:

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Fiesta de Santa María, Madre de Dios. Tres actitudes para el nuevo año.

miércoles, 1 de enero de 2020
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maria-y-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús ha perdido la categoría de fiesta y pasa este año 2016 a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

El Señor habló a Moisés:

-Di a Aarón y a sus hijos:

Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.”

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

            Muchas personas piensan que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

            En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

            Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

            María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

            Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

            Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes:

  • ü Empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios. Los pastores simbolizan la “política incorrecta” de Dios. El gran anuncio del nacimiento del Mesías no se comunica al Sumo Sacerdote de Jerusalén, ni a los sacerdotes y levitas, ni a los estudiosos escribas, ni a los piadosos fariseos. Se comunica a unos pastores que, en la escala social de aquel tiempo, ocupan el penúltimo lugar, el de las clases impuras, porque su oficio se equipara al de los ladrones. Sin embargo, esta gente tan poco digna socialmente, corre hacia Jesús, cree que un niño envuelto en pañales y en un pesebre puede ser el futuro salvador, aunque ellos no se beneficiarán de nada, porque, cuando ese niño crezca, ellos ya habrán muerto. La visita de los pastores simboliza lo que dirá Jesús más tarde: “Te alabo Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.”
  • ü Está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores.
  • ü Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello. En los relatos de la infancia, Lucas ofrece dos imágenes muy distintas de María. En la anunciación, Gabriel le comunica que será la madre del Mesías, y ella termina alabando en el Magnificat las maravillas que Dios ha hecho en ella. Pero, cuando Jesús nace, Lucas habla de María de forma muy distinta. A partir de ese momento, todo lo relacionado con Jesús le resulta nuevo y desconcertante: lo que dicen los pastores, lo que dirá Simeón, lo que le dirá Jesús a los doce años cuando se quede en Jerusalén. En esas circunstancias, María no repite “proclama mi alma la grandeza del Señor”. Se limita a callar y meditar, igual que hará a lo largo de toda la vida pública de Jesús.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor. La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

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