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1.1.20. Año Nuevo: María, Madre de Dios; Dios de la Carne de María (1)

Miércoles, 1 de enero de 2020

A0AC767F-3026-46E1-A255-A52F08BBD168Del blog de Xabier Pikaza:

Caro cardo salutis 2020
La humanidad: historia carnal de Dios

Celebra hoy (1.1.20) el conjunto de la humanidad la fiesta del comienzo del año del Sol. La iglesia celebra, al mismo tiempo, la fiesta de María, Madre del Dios/Sol encarnado, que es Jesús.  Felicidades a todos, los que de un modo y/u otro, la celebran.

    En ese contexto quiero presentar (en tres o cuatro postales/aportaciones) el sentido cristiano de María, que no es sólo una figura intra-eclesial, vinculada a la experiencia de los fieles que la evocan e invocan, la sientan cercana y la exaltan como signo de presencia amorosa y salvadora de Dios, sino también, sino también un signo central de la historia de occidente, que ha influido en el arte (pintura, escultura, literatura, música),  en la imaginación y en la vida más honda de millones y millones de personas que la han tomado como expresión y garantía de la “carne de Dios”,encarnada por ella en Jesús.

39F83C2A-28EB-4575-8B3F-25D4E4B8360CAsí dicen los cristianos que ella es Virgen (la Virgen), pero virgen de carne y hueso, de humanidad gozosa y doliente, es decir, de encarnación.  Si hoy podemos afirmar que Dios se hace carne en la carne de la historia (enfermos y encarcelados, hambrientos y exiliados, desnudos y explotados, y todas las mujeres y los hombres) es porque Dios ha hecho carne en (por) la Carne de María, en contra de todo escapismo espiritualista y de todo posible sistema de imposición de los poderosos.

Por eso, lo que celebramos este Año Nuevo no es la fiesta del Espíritu contra la carne, sino la fiesta de la  carne espiritualizada, elevada, salvada (siendo precisamente carne, no espíritu inmaterial) como dice la Iglesia desde antiguo, con una frase famosa de Tertuliano, en contra de los  místicos‒espiritualistas, que se evadían de la “carne”, para refugiarse en un Dios y Cristo de fantasía  imaginaria, afirmaba: Caro, cardo salutis, el cardo o quicio, la puerta y la vía de salvación es la “carne”, , la misma vida humana, espiritualizada y transformada como carne (¡sin dejar la encarnación, sino por ella!), la Virgen‒Carne de María.

DDC9582E-64F2-46A1-92FB-EAA8F36B1CAB¿Por qué se habla de carne de mujer y no de varón? Por algo muy simple: Porque la “carne de mujer” se ha visto desde antiguo (al menos en un contexto semita y bíblico) como signo de impureza, de sangre peligrosa (menstrual, puerperal…), como carne para ser violada por varones de carne poderosa, como recuerda de forma lapidaria el libro de Job, en la gran queja de 14, 1: El hombre (varón),nacido de mujer… corto de días, harto de inquietudes, como flor que se abre y marchita

En ese contexto, la maldición concreta del hombre (varón fuerte) no ha sido la de “haber nacido” (como dice Calderón de la Barca), sino la de haber nacido de mujer.Pues bien, en contra de eso,  la “inversión” mayor del cristianismo es la certeza de que el el Verbo de Dios (Dios mismo) se ha hecho carne, y no de un modo general, por un milagro “extra‒carnal” de encarnación en el Espíritu, sino por el milagro más grande de la Carne Espiritualizada de María, como sabe. la mario‒logía cristiana, que trata del “logos” o palabra carnal de Santa María de la Encarnación, como indica esta fiesta del 1 de Enero, Año Nuevo, Fiesta de la Puerta de Carne (carne‒persona, humanidad concreta, para bien de hombres y mujeres), que es la Puerta (Ianua Coeli), puerta del cielo, de María,  como seguiré indicando, hoy y en los dos días siguientes. Feliz Año Nuevo, con María, carne de Dios, Dios encarnado, a todos los amigos y lectores.

Mariologías de la Biblia. Punto de partida

CFFB8A2C-2148-4408-BB1F-256DC362EDBC  María ha sido una persona concreta, en un contexto cultural, social y familiar muy definido. No es un puro símbolo, una idea general (eterno femenino), ni una diosa. Ella ha sido y sigue siendo una mujer histórica bien determinada, mujer de carne y hueso, de Nazaret de Galilea, madre y seguidora de un pretendiente mesiánico judío. Así debemos recordarla, por su tarea única e irrepetible, vinculada a Jesús, su hijo, y al cristianismo primitivo.

Hay otros hombres y mujeres importantes en la historia humana y religiosa (Moisés y Mahoma, Buda o Confucio, Sócrates o Mani), pero ninguno ha desarrollado una tarea mesiánica como la de Jesús, ni ha muerto como él, ni le han visto como resucitado, ni ha sido declarado hijo de Dios por sus creyentes. Pues bien, a su lado, los cristianos han recordado la figura de María por su función de madre y por su tarea particular como persona y miembro de la iglesia. Ningunas de las otras madres o mujeres de los profetas y fundadores citados ha tenido su importancia. Los seguidores de Jesús no sólo han seguido recordando a su Madre, sino que han recreado su figura creyentes, de manear que podemos hablar de una mariología de la historia y de varias mariologías de la fe.

− Historia: mujer concreta.No son muchas las cosas que de ella sabemos en un nivel de puros hecho, pero son muy importantes y significativas. 1) Era una mujer judía, de una familia creyente, significativa, de Nazaret de Galilea; se llamaba María y estaba desposada con José. 2) Fue madre de Jesús, con quien se relacionó de forma dramática; pero tuvo también una familia más extensa, compuesta por varones y mujeres que el Nuevo Testamento llama normalmente hermanos de Jesús y que parecen ser hijos de María. 3) Tras la muerte de Jesús, ella perteneció a la comunidad de seguidores de su hijo y ejerció un papel importante dentro de la iglesia, que la ha recordado.

− Varias mariologías: María, figura de fe.El Nuevo Testamento ha recordado a María porque ella forma parte del misterio de Jesús, su hijo, y ha expresado de diversas formas su sentido, desde su experiencia radical de “encarnación” es decir de “carne histórica”. En ese sentido, la única fe mariana de la Iglesia se expresa en diversas formas de mariología, que se diversifican según los lugares y estilos de las comunidades, reflejándose así en la teología de los diversos escritos del Nuevo Testamento. Este es un fenómeno poco valorado, perodefine el pasado y futuro de las mariologías, que pueden vincularse y se vinculan desde los credos que afirman que Jesús fue “concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María”.

Partiendo de Jesús. Dos mariologías básicas[1]

09E6BB0A-374A-4227-BFA3-D2E13D091BF9 Con ocasión de las fiestas de Pascua, Jesús, hijo de una mujer llamada María, subió a Jerusalén, para ofrecer su proyecto de Reino. Le siguieron los Doce, algunas mujeres y otros simpatizantes. Pero fue rechazado por los representantes del Templo, que se sintieron amenazados por las consecuencias sociales y sacrales de su mensaje. Todo nos permite suponer que su mensaje fue discutido y en parte aceptado, de manera que las autoridades del Templo actuaron por miedo (cf. Mc 11, 15-15; 14, 1-2.57). Algunos discípulos le traicionaron y negaron (cf. 14, 43-50.66-72). Los jerarcas romanos le crucificaron. De esa forma surgieron varios grupos convergentes de “cristianos”, seguidores del Cristo Jesús judío, hijo de María:

 Mariología intrajudía: La comunidad de Santiago, un hermano de Jesús, asentado en torno al templo de Jerusalén, asume la sacralidad judía del templo y nación. Está formada sólo por cristianos de observancia judía, que empezaron viniendo de Galilea a Jerusalén, donde se sumaron algunos sacerdotes (Hch 6, 7) y fariseos (15, 5). El parentesco con Jesús parece importante. Un pagano que quisiera hacerse miembro de esa comunidad, tendría que hacerse al mismo tiempo judío. Importa en ese sentido la “carne”, pero no toda carne, sino la carne judía de María, signo del pueblo judío.

− Mariología universal: Un grupo de helenistas cristianos, de origen judío pero de tendencia universal (cf. Hch 6‒7)descubren y proclaman que la carne judía de Jesús tiene un sentido y un alcance universal, pues él ha trascendido, con su vida y su mensaje, con su muerte y resurrección, las viejas diferencias sacrales simbolizadas por el templo y las leyes de pureza nacional judía; por eso, el evangelio puede extenderse a los gentiles, que son aceptados en el gran cuerpo renovado de Israel. En ese sentido, María no es ya sólo la “madre judía de Jesús”, sino la madre universal humana, la expresión de la carne  (esto es, de la humanidad entera) abierta al Dios de Israel, que es el único Dios, que no se expresa fuera de la carne, sino en la misma carne y vida de la historia.

Hermanos de Jesús, mariología intra‒judía: la Gebira

historia-de-jesus Los hermanos de Jesús (es decir, el grupo nacional‒tribal de sus seguidores) se han vinculado de un modo especial con Jerusalén, para mantenerse allí y crear una nueva comunidad judía, desde el recuerdo de Jesús, a quien veneran como resucitado y esperan como salvador escatológico. Desde ese fondo han interpretado las relaciones de Jesús con las leyes del templo y la vida social de Israel, aunque ellos (y toda la comunidad de los ‘pobres’ de Jerusalén, como se llamaban) han mantenido relaciones de solidaridad con los otros cristianos (galileos y helenistas), con Pedro y con Pablo, y con las iglesias que empiezan a extenderse por oriente. Lógicamente, ellos llaman a María su Gebira  Madre del Señor (cf. Lc 1, 43).

María aparece así vinculada a la comunidad de los hermanos de Jesús y tanto Mc 3, 31-35 como Hech 1, 13-14 suponen que forma parte del grupo o iglesia dirigida por Santiago y los parientes del Señor en Jerusalén. En esa línea, ella se ha vuelto una figura importante para el grupo, conforme a  las tradiciones de la gebirá o Señora-Madre de la cultura israelita (y en la oriental, semita, hasta la actualidad)[2].

El varón se vuelve geber‒gabar por la guerrao las actividades de violencia y conquista asociadas con ellas. Por eso, los fuertes o gibborim, por antonomasia son los héroes, valientes (asociados a la tropa de David). En una sociedad que pervive y triunfa en guerra y/o conquista, el varón es fuerte porque emplea la violencia; por ella se define, consagra su heroísmo, se hace “hombre”. Por el contrario, la mujer es gebira‒gabarpor maternidad. Estrictamente hablando, ella es gebirá (tiene gbr o poder) en cuanto madre de un varón que es importante (no de otra mujer).

Parece lógico que los parientes del Jesús, pretendiente mesiánico, hayan elevado a su madre como gebira o Señora, pero no en una línea particular de grupo pequeño, sino en línea abierta, pues el mesianismo de su Hijo Jesús tiene que abrirse (al fin) a todos los pueblos Este puede ser uno de los primeros contextos de veneración cristiana de María, dentro de una iglesia, que ha visto en la madre del Señor como signo mesiánico, un rasgo especial y esencial de la providencia divina, según la cual Jesús no es un ángel del cielo, ni un espíritu desencarnado, sino una persona concreta, nacida en la carne, de María, una mujer que es por un lado totalmente carnal y por otro (al mismo tiempo) totalmente espiritual, presencia y signo del Espíritu Santo.[3]

 Jesús, hijo de la “carne” de Dios:  Genealogías.

evangelio-de-mateoParece que comunidad de los parientes de Jesús ha resaltado el mesianismo davídico, en línea nacional. Así puede suponerlo Pablo, al menos de manera táctica, en Rom 1,3, cuando le define como “hijo de David según la carne”, para añadir que “ha sido constituido Hijo de Dios por el Espíritu, en la resurrección de entre los muertos”. El origen davídico, que se da por supuesto, pertenece al nivel de la carne entendida no en plano de fragilidad humana, sino de poder genealógico. Pablo lo admite y parece suponer que Jesús es hijo de David por descendencia de varón, pues las genealogías sólo se cuentan y valoran en línea de varones. Pero luego supera ese nivel y define a Jesús como salvador pascual, por la resurrección, como hijo de Dios[4].

Según eso, las pretensiones davídicas de la familia de Jesús y de la iglesia primitiva de Jerusalén jugaron un papel cristológico importante en el “descubrimiento” del sigo especial de María, como mujer concreta, como madre carnal y espiritual de Jesús. En esta perspectiva, la madre quedaría integrada dentro de una familia davídica, definida por la línea masculina: ella tendría valor como esposa de un descendiente de David y madre mesiánica de Jesús, dentro de un contexto en el que tendrán que hacerse pronto “grandes precisiones”, como han puesto de relieve las dos genealogías conservadas.

1) La genealogía de  Mt 1, 1-17 conserva y ratifica el mesianismo concreto de Jesús, hijo de David, pero, al mismo tiempo, introduce en la línea de los antepasados de Jesús (de Abraham y David, y de la genealogía del tiempo del exilio) cuatro mujeres concretas, que se definen por su “irregularidad”: ellas rompen la “limpia cadena” de los fuertes varones patriarcales, introduciendo en ella eso que pudiéramos llamar los caminos adversos de Dios, que supera toda genealogía de poder, expresándose en la historia de los hombres por mujeres sufridas, violadas, despreciadas y extranjeras (Tamar, Rajab, Rut y Betsabé, esposa de Urías…). _

Mt 1, 1Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. 2Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos.3Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán,4Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón,5Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed;Obed engendró a Jesé,6Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón etc.

 Esas cuatro marcadas de negro, y otras muchas mujers que el texto no cita introducen en la genealogía de la “carne patriarcal” de los varones el Espíritu de Dios que se expresa y actúa a través de las mujer madres, víctimas creadoras de la historia humana. Sólo en ese contexto de mujeres extranjeras,  utilizadas y violadas,  pero creadoras de vida “de Dios” (con el Espíritu de Dios) se entiende la figura y obra de María, la Madre de Jesús, con su Navidad de Carne, totalmente carnal (la carne es quicio‒puerta de vida y salvación) y totalmente espiritual: La Vida de Dios se expresa y encarna  en el mundo por María, esposa de José, quien debe aceptar la “anomalía” radical de Dios.

En esa línea, María (y el nacimiento carnal de Jesús) forma parte de los caminos “adversos” de Dios, entre los cuales la Biblia ha destacado el de Job, con otros varones distintos, como será José, esposo de María, que es padre “carnal de Jesús”, pero en línea de fe, es decir, de aceptación del misterio de Dios en la vida de los hombres.

2)  La genealogía de Lc 3, 23-36 dice en en el fondo lo mismo, pero de un modo distinto. Ella ha de verse a la luz de la escena de la Anunciación (Lc 1, 26‒38), con el mensaje  radical de Dios, que “concibe humanamente” a su Hijo eterno por medio de (en) la “carne” de María). Esa concepción es misteriosa, pues rompe y transciende los cauces humanos de la encarnación y nacimiento de los hombres.  Pero los rompe y transciende sin destruirlos, introduciéndose en ellos, en una línea que recibe y cumple (transciende y ratifica) todas las generaciones de la historia, por encima de David y Abraham (pero sin negarlos). Así dice el texto, cuidadosamente elaborado de la genealogía, que ha de verse como interpretación total de la historia de la humanidad.

  E58AC344-BE3D-4845-827F-B4D5C3FE1330   Este modo de “escribir/interpretar” a través de las genealogías aparece ya en la Biblia, desde el libro del Génesis hasta el de las Crónicas, pero ha sido desarrollado de forma sorprendente y minuciosa en el libro de los Jubileos, que hoy se toma como apócrifo (no está en la Biblia), pero que ha sido quizá el más conocido e influyente de los libros judíos del tiempo de Jesús, al menos en ciertos grupos de iniciados, como se sabe muy bien por los manuscritos de Qumrán. Pues bien, unos escribas cristianos, de quienes el Evangelio de Lucas ha tomado esta genealogía, dividen la historia del mundo en diea grandes jubileos o series genealógicas, de ocho miembros cada una, para decir así que todo empieza en Dios y culmina por Jesús, el hijo:

 (1) Jesús (que se creía hijo de José), de Helí, 24 Matat, Leví, Melquí, Jannaí, José,

(2) 25 de Matatías, Amós, Nahún,  Eslí, Nagái, 26 Maat, deMatatías, de Semeín,

(3) de Josec, Judá, 27  Joanán,  Resá, Zorobabel, Salatiel,  Nerí, 28  Melquí,

(4) de Addí,  Cosán,  Elmadán, Er, 29  Jesús,  Eliezer, Jorín, de Matat,

(5) de Leví, 30 Simeón, Judá, José,  Jonán,  Eliacín, 31 Meleá, de Mená,

(6) de Matatá, Natán,  David, 32 Jesé, Jobed, Booz, Salá, Naasón,

(7) 33 de Aminadab, Admín, Arní, Esrón, Fares, Judá, 34 Jacob,  Isaac,

(8) de Abrahán, Tare, Nacor, 35 Seruc, Ragau,  Fálec, Eber, Salá,

(9) 36 de Cainán,  Arfaxad, Sem, de Noé, Lámec, 37 Matusalén, Henoc,  Járet,

(10) de Maleleel,  Cainán, 38 Enós, Set, Adán… de Dios.

             Tenemos, pues, diez jubileos (con ocho genealogía cada uno…), que ofrecen un cómputo de los caminos e intermedios de las “generaciones de los hombres” hasta su culminación mesiánica.  Pues bien, aquí, en la culminación está Jesús, en el principio Dios (con Adán) y en medio todos los claros y oscuros varones de la historia mundial y judía. Esta generaciones han sido estudiadas de un modo minucioso por los especialistas, declarando su sentido, la gran cadena de hombres a hombre, que pasan de Dios a Jesús, el hijo de María (tomado en otro plano como hijo de José).

    Verá el lector que los jubileos son 10, de ocho miembros cada uno, aunque en el primer jubileo parecen faltar algunos nombres… (hay sólo cinco, no ocho varones…). Hay diversas teorías para explicar esa anomalía (faltan algunos varones), y yo tengo la mía, pero éste no es lugar para explicarla. Solamente quiero indicar que éste es el ejemplo máxima de todas las genealogías humanas, que empiezan desde abajo, con José, el esposo de María (2, 23) y van subiendo, subiendo, paso a paso, peldaño a peldaño, hasta Matusalén, Henoc, Yared, Malaleel, Kainán, Enós, Set y Adán… hasta llegar a Dios (3, 37‒38).

            Sólo quiero recordar que los falsos “historiadores” que tachan a las genealogías de Mateo y Lucas de mentira porque no “concuerdan” en lo externo, porque no se ajustan a ciertos hechos ignoran del todo y confunden el sentido histórico‒literario  y teológico de las genealogía.  Para centrarnos ya en ésta de Lucas quiero recordar dos cosas:

1) Este evangelio de la genealogía de Jesús conforme a Lucas, asume la historia de la carne humana, que comienza (acaba) con los “patriarcas simbólicos” de la primitiva humanidad (Matusaln, Henoc, Enos, Adán…). Toda la historia de los hombres, es historia de Dios, dirigida hacia Cristo. Pero ésta es una historia de “claros y fuertes” (duros y violadoras) varones que al final se rompe y culmina en una mujer, llamada María, esposa de José, Madre de Jesús, por el espíritu Santo. Se cita la genealogía de 75 varones de “carne fuerte” (opresora) en el sentido antiguo para el fin negarla, condensando toda la historia humana en la figura y vida de María, mujer de Carne, Carne de Dios, que ha engendrado a Jesús por obra del Espíritu Santo (asumiendo la genealogía anterior, pero superándola por dentro)

 2) Esta es la mariología de la carne “espiritualizada” por una a mujer, que se encuentra en un sentido ausente de la línea de varones, pero que al final  abarca, asume y transforma por el Espíritu de Dios la historia entera… Todos los claros/oscuros varones claros (75, la historia entera, según cómputos apocalípticos del tiempo de Jesús) culmina y se condensa en María, Santa María de la carne de Dios (que no niega a los varones, no niega a José, su esposo) pero que los asume y transciende en forma de mujer, Madre de Dios.

(Éste es mi mensaje de comienzo de Año. Feliz 2020. Seguirá en dos días)

Notas

[1] Cf. R. Bauckham, Jude and the Relatives of Jesus in the early Church, Clark, Edinburgh 1990;Id. “James and the Jerusalem Church”, en Id. (ed.), The Book of Acts IV. Palestinian Setting, Eerdmanns, Grand Rapids MI 1995, 415-480; J. Blinzer, Die Brüder und Schwestern Jesu, SBS, Stuttgart 1967; P. V. Dias y P. Th. Camelot, Eclesiología, en Historia de los Dogmas III, 3a-b, BAC, Madrid 1978, 36-63; F. F. Bruce, New Testament History, Doubleday, New York 1972, 195-233; L. Goppelt, Origines; M. Hengel, Between Jesus and Paul, SCM, London 1983; H. Kasting, Die Anfänge der urchristlichen Mission, Kaiser, München, 1969, 61-81; J. L. de León Azcárate, Santiago, el Hermano del Señor, EVD, Estella 1998; L. Schenke, LaComunidad.primitiva, Sígueme, Salamanca 1999, 93-282.

[2] El hombre es fuerte como guerrero dominador, la mujer como madre. En cuanto esposa, ella se encuentra a merced del marido que puede expulsarla de casa por ley (cf. Dt 24, 1-4). Pero, muerto el marido, y defendida por sus hijos, ella se vuelve importante en la familia. Así Betsabé, muerto David su esposo, se vuelve gebirá bajó Salomón (su hijo), que la recibe con gran honor y la sienta a su derecha: 1 Rey 2, 19 (cf. también 2 Rey 1l, 1 ss; 5, 21). Por la importancia que ellas tienen, el libro de los Reyes mencione el nombre de cada madre de un nuevo rey en la introducción de cada reinado de Judá. Es posible que la dignidad de gebîra se confiriese en el momento de la entronización del hijo… (cf. 2 Rey 23, 31.36; 24, 8.18)… Parece que la reina madre conservaba su dignidad aún después de la muerte del hijo. Así Maaká, esposa de Roboam, sigue siendo gebîra bajo su nieto Asá, después del corto reinado de su hijo Abiyya, 1 Rey 15, 13R. de Vaux, Instituciones del AT, Herder, Barcelona 1985, 172-173. Para un estudio más amplio de la %9*”# y sus funciones cf. G. Molin, “Die Stellung der Gebira im State Juda” ThZ 10 (1954) 161-175; H. Donner, ·Art und Herkunft des Amtes der Königinmutter im AT”, en Fest. J. Friedrich, Heidelberg 1959, 105-145; N. E. A. Andreasen, “The role of the Queen Mother in the Israelite Society”: CBQ 45 (1983) 179-194. La esposa o esposas son algo privado del rey, carecen de rango oficial sobre el pueblo; al contrario, la madre posee el poder de la maternidad, simboliza el principio de la vida y así ocupa un lugar especial en corte y reino. La pareja simbólica que expresa el poder no es la de esposo y esposa, sino la del hijo con su madre. Mientras vive el padre rey, el hijo no tiene autoridad, está bajo la madre, vive en casa de ella (si el rey tiene varias mujeres) y recibe su educación. Pero cuando muere el padre (o uno de sus hijos se vuelve heredero oficial), la madre se vuelve poderosa (primera dama), dirigente o soberana, como traducen los LXX (cf. 1 Rey 15, 13; 2 Rey 10, 13; Jer 13, 18) respetando el sentido de la raíz gbr, gebirá (ser poderoso).

[3] La Madre de Jesús aparece como gebirá o Señora en el fondo de Mt 2 (Jesús está en sus manos). En esa perspectiva puede entenderse también Lc 1, 43 (¿de dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor) y Jn 2, 1-11 (donde María apela a su calidad de madre para pedirle a Jesús que actúe, como indicándolo que ha de hacer).

[4] Es muy posible que la tradición de Mc 12, 35-37, aceptada de modo reticente por el evangelio, nos sitúe en el mismo contexto. El mesianismo nacional de Jesús como Hijo de David es imperfecto, pues el mismo David, autor simbólico del Sal 110, 1, le llama mi Señor, y Dios, protagonista de la historia, le hace sentar a su derecha, como mesías y juez definitivo. Así diría David: “Dijo el Señor (=Dios) a mi Señor (=Mesías Jesús): ¡siéntate a mi derecha…!” (Mc 12, 36).

 

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