Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Evangelio’

Dejarse llevar

domingo, 10 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Dejarse llevar

Jesus_en_el_desiertoSigue a tu corazón, pero lleva contigo a tu cerebro. (Alfred Adler)

10 de marzo. Domingo I de Cuaresma

Lc 4, 1-13

Jesús, lleno del Espíritu santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por es Espíritu al desierto

No es un dejarse llevar por las sirenas al mundo de los sueños, donde la mente no piensa y se pierde en pensamientos yermos que desvalijan cosechas dejando los graneros de las conciencias vacíos, ni un caminar por el desierto, tentados por el demonio con una oferta de poder, semejante a la que Lady Macbeth hacía al protagonista de la ópera Macbeth, de Giuseppe Verdi, con estas tentadoras palabras de señorío:

“¡Ven! ¡Apresúrate! ¡Quiero encender
tu frío corazón!
Yo te daré valor para cumplirl
a audaz empresa;
las videntes te prometieron
el trono de Escocia”.

Son brisas que estimulan voluntades y empujan los sentidos a recoger las mieses del verano, sembradas con esperanza en el campo personal de primavera.

“Sigue a tu corazón, pero lleva contigo a tu cerebro”, dijo el Alfred Adler, médico y psicólogo austríaco, que. me invita a poner rumbo sobre las olas hacia un perenne crecimiento.

Del viento aprendemos a dejarnos llevar. No puedes guiar al viento, pero puedes cambiar tus velas de dirección. Navegando hacia el Norte a todo trapo, descubrirás una isla de belleza desnuda, milagrosamente virginal en apariencia, aunque milagrosamente embarazada por el Espíritu Santo para que tu puedas transformarla tratándola con mimo.

Claude Debussy compuso una obra en la que invita a los niños a dejarse llevar, y disfrutar de muchas cosas. Un concierto que integra la narración, la manipulación de objetos, la visualización de obras de arte y la interpretación al piano para hacer de la música de Debussy una auténtica aventura para niños y mayores, un monumento musical construido sobre siete movimientos:

Todo comienza en París – Vals ‘La plus que lente’
Juegos bajo la lluvia – Jardins sous la pluie
Cae la noche – Claire de lune
Amigos furtivos – La danse de Puck
Nieva – The snow is dancing
Ruge la tormenta – Ce qu’a vu le vent d’ouest
Hay otros mundos – Minstrels

La Caja de Música -todo aquello que le gustaba de la vida- estaba dentro del piano  y en él cabían muchas cosas: un paraguas, un libro, la nieve, el viento…, porque el piano es la caja en la que Debussy metía sus cosas favoritas, sacando de ella esas formas convertidas en música.

¿Incluso la luna estaba dentro del piano? (“¡Chi lo sa!…”)

Cuando buscamos dentro de nosotros mismos lo encontramos siempre

En la cara oculta de esta frase: ama y haz lo que quieras, está la historia del cristiano. Jesús de Nazaret, un Maestro que con su vida en la que tienen cabida silencios y palabras; oración y acción, porque quizá, sólo con él y como él, sí que podemos decir con San Agustín “Ama Deum et fac quod vis”.

En la película X, uno de los protagonistas dice: “¿Y qué pretendes con esto?” A lo que otro responde: “Encontrarme a mí mismo”. Una búsqueda que cuando es sincera, produce siempre abundante fruto.

Escena cuarta del Acto II, de la ópera Nabuco, de Giuseppe Verid, en la que los hebreos, desterrados a Babilonia, entonan el famoso Coro “Va’, pensiero, sull’ale dorate”;

VA´, PENSIERO

¡Vuela pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el aire dulce de la tierra natal!

¡Saluda a las orillas del Jordán
y a las destruidas torres de Sión!
¡Ay, mi patria, tan bella y abandonada
¡Ay recuerdo tan grato y fatal!
Arpa de oro de los fatídicos vates,
¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?

Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡háblanos del tiempo que fue!
Canta un aire de crudo lamento
al destino de Jerusalén
o que te inspire el Señor una melodía
que al padecer infunda virtud.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

No tentarás al Señor, tu Dios

domingo, 10 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en No tentarás al Señor, tu Dios

158524_desierto.jpgI Cuaresma. (Lc 4, 1-13)

Cuaresma y tentaciones. Cuaresma: Psicodrama de nuestra vida: Del miércoles de ceniza al domingo de la Resurrección. En compañía (comunidad) y con la confianza de un final feliz. Tentaciones: De usar a Dios a nuestro servicio o ponernos nosotros a su servicio en los hermanos.

Cuaresma es un tiempo de preparación, con ayuno, oración y limosna, para lo que nos aguarda: la Pascua de Resurrección. La Cuaresma es tiempo de reflexión, aprendizaje y discernimiento sobre la evolución y desarrollo de nuestras posibilidades como ser humano pleno. Revisión de vida, de proyectos y metas, de objetivos y rutas. Lo podemos comparar con el trabajo necesario para preparar unas oposiciones a notaría.

El primer domingo de Cuaresma, en los tres ciclos litúrgicos, leemos el relato de las tentaciones de Jesús, en sus distintas versiones: Mt 4, 1-11. (Ciclo A); Mc 1, 12-15. (ciclo B); Lc 4, 1-13. (Ciclo C). Esto nos debe hacer pensar que es importante, para la tarea de preparación a la Pascua y revisión de nuestra vida, empezar por las tentaciones, las de Jesús y las nuestras. Cuaresma y tentaciones se conjugan.

El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto tiene un carácter simbólico que las primitivas comunidades cristianas lo supieron traducir e interpretar como mensaje de liberación para ellas. Jesús, al iniciar su tarea como mesías libertador, tuvo tentaciones que le proponían desviaciones de su propósito y misión. Que Jesús fuera tentado lo humanizaba a su vista. Que lejos de ver en las tentaciones de Jesús un menoscabo de su personalidad, las tentaciones le hacían más cercano a la vida de sus seguidores. Si Jesús fue capaz de vencer las tentaciones, con la fuerza del Espíritu, ellos también podrían. La vida de Jesús y su mensaje así les parecía un modelo posible humanamente. Nosotros también podemos sacar las mismas conclusiones y alguna más. Por ejemplo: La tentación no significa nada negativo ni desmoralizante. Es ocasión de reconocimiento de nuestra vulnerabilidad y límite, pero también de la posibilidad de superación y crecimiento.

Los textos evangélicos sitúan las tentaciones de Jesús en un lugar y tiempo muy precisos aunque esas tentaciones, por genéricas y ejemplarizantes, le debieron de rondar a Jesús, como a cada uno de nosotros, siempre y en todo lugar mientras vivió en la tierra. Las tentaciones nos presentan la humanidad de Jesús. Tentado como todo humano. Con ellas nos da ejemplo de la vivencia de la vulnerabilidad, límites, errores y debilidades que los humanos tenemos.

La tentación, en Jesús y nosotros, es la posibilidad de desviarse del buen camino emprendido. Renunciar al proyecto empezado. Es la lucha que todo humano sostiene entre las pulsiones de vida y las de muerte, el bien y el mal, la humanidad y la inhumanidad que nos constituyen. A su vez, vencer la tentación es mantenerse fiel a la misión emprendida a pesar de la duda y la incertidumbre. El afrontamiento y éxito contra la tentación exige lucidez en el discernimiento de la meta propuesta, vigilancia y esfuerzo en el camino, y fidelidad al compromiso.

El denominador común de las tres tentaciones que, a vía de ejemplo, los textos bíblicos narran es: Servir a Dios o servirse de Dios. Dios y yo.  Tomemos como prototipo la tercera tentación. “Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo, y le dijo:  Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y también: Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le contestó: Está mandado: No tentarás al Señor, tu Dios”.

En Jerusalén, en lo alto del templo, el maligno tienta a Jesús con la seguridad, la garantía, la tranquilidad que le dará saber que Dios hará todo por él. Que mandará a legiones de ángeles en su ayuda si lo precisa. Dios será su servidor. Estará al quite de cualquier demanda. La propuesta es “tentadora”. La respuesta es misteriosa: No tentarás al Señor, tu Dios. Es decir, si Jesús hace lo que el maligno le propone, “probar” a Dios, usar a Dios a su capricho, instrumentalizar a Dios, está tentando a Dios. Esto nos tiene que hacer pensar cuándo nosotros podemos estar tentado a Dios.

En la educación cristiana tradicional la imagen de Dios aprendida es bastante negativa para Dios y para sus creyentes.  Dios era un factotum, que  estaba en los cielos y desde allí intervenía, a su voluntad, en la marcha de la creación. El creyente, con creer (no se sabía muy bien que era eso) y cumplir los mandamientos tenía bastante. Frente a esta educación, ahora sabemos que otras imágenes de Dios y del creyente son posibles y necesarias. Que esas imágenes son evolutivas que tienen que ir cambiando al unísono con nuestra propia evolución como personas en constante desarrollo. Ejemplo de ese cambio: Del dios en los cielos al Dios encarnado en toda realidad, en la creación y en cada ser humano. Del Dios todopoderoso al Dios que me necesita, al Dios que tengo yo que ayudar (Etty Hillesum).  A su vez, la evolución de la idea de Dios arrastra la evolución de la idea de lo humano.

Si tentar a Dios es usarle de mala manera, tengo que revisar mi modo de usar a Dios desde la idea actualizada de Dios. Si pienso en un Dios encarnado en su creación como fundamento de todo lo que existe. También encarnado en mí y constituyendo mi esencia, siendo el ser de mi ser, el fondo de mi ser profundo y verdadero. Si Dios es inmanente y transcendente a la vez. Si me ha hecho a su imagen y semejanza.  Si Dios me ha creado creador para que continúe su obra, si me ha dotado de todo lo necesario para esa misión, no puedo ridiculizarle haciendo de Él un bombero que acude a todos los fueguitos que monto, ni haciéndole venir de ninguna parte. No está fuera de la creación. Tengo que poner a Dios en su sitio: en todo y descubrir la unidad de todo en el Todo, sin confusión. Y es segundo lugar tengo que asumir mi autonomía, libertad y responsabilidad en la creación.

Como conclusión: Examina tus tentaciones en este tiempo de cuaresma, tentaciones no solo ni principalmente de orden moral. También las de orden social y espiritual. Revisa cómo puedes estar “tentando” a Dios. Por ejemplo: No usando todo lo que te ha dado para tu crecimiento y logro de tu plenitud humana. Todo ya te lo ha dado. Pero tú lo tienes que poner en rendimiento. Activarlo. Tienes que desplegar tus recursos y posibilidades. Eres un ser con posibles. Ya eres lo que quieres ser. No esperes lo que ya tienes. “Tientas” a Dios si renuncias a tus posibilidades. Si renuncias a tu vocación. Dios te ha creado cocreador con Él en esta creación continuada que es la historia humana. Te ha dotado de recursos para que los gestionen en favor de tus hermanos. Lo que has recibido gratis, gratis lo tienes que dar. Este es el salto mortal que debes ensayar esta cuaresma: De pedir que Dios te ayude a ayudar tu a Dios (Etty Hillesum). Para ello: Oración, ayuno y limosna.

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Tener, poder, aparentar

domingo, 10 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Tener, poder, aparentar

Peru_Hunger_Cloth_Luke4_71010 marzo 2019

Lc  4, 1-13

Los evangelios sinópticos –Marcos (1,12-13) apenas mencionándolo; Mateo (4,1-11) y Lucas (4,1-13) desarrollándolo ampliamente– construyen el “relato de las tentaciones” de Jesús, justo al inicio de su actividad pública, con una clara intencionalidad: mostrar que esas trampas acecharían al Maestro a lo largo de toda su existencia.

De hecho, una de ellas –la tercera, en el relato de Lucas; la segunda, en el de Mateo– aparecerá incluso con las mismas palabras en las imprecaciones que dirigen al crucificado: “Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mt 27,42).

Que se trata de una “construcción” legendaria parece claro, no solo por el hecho de que no aparece en el evangelio de Marcos, al que los otros dos siguen, sino porque, tal como lo relatan, es claro que no hubo ningún testigo de lo que ahí se narra.

La finalidad del relato es, por tanto, teológica y, más profundamente aún, antropológica. Por un lado, muestra a Jesús enfrentándose al mal –personificado en el diablo– y venciéndolo. Por otro, nombra con precisión las que constituyen las trampas que acechan a todo ser humano y que se erigen en programa de vida en cuanto nos identificamos con el ego.

Dado que el ego se define por la carencia, todo su empeño consiste en tratar de colmarla. Como un parásito que vive de la energía que roba, el ego funciona a través del mecanismo de la apropiación, aferrándose a todo aquello que puede otorgarle una sensación de existir. Y tal afán se concreta, justamente, en el tener, el poder y el aparentar.

Mientras ve que posee riquezas, ostenta poder y refleja una imagen plausible, el ego se siente vivo y cree haber logrado la seguridad de la que, por su propia naturaleza, carece. Lo cual significa que, en tanto dure la identificación con el yo, es imposible sortear aquellas trampas.

Son trampas porque son inconsistentes, generan sufrimiento –personal y colectivo– y nos mantienen en la ignorancia acerca de quiénes somos.

Son inconsistentes: todo aquello a lo que nos aferramos, lo acabaremos perdiendo; la vida es un soltar permanente. Como alguien ha dicho, “hay quienes se inflan como un globo de helio con un título, un cargo, un cuerpo fit, un apellido o una cuenta bancaria, y se olvidan de que vivimos en un mundo lleno de alfileres”.

Generan sufrimiento: todo apego genera sufrimiento porque, debido a la naturaleza impermanente de todo objeto, conlleva frustración. Sufre la persona que se había aferrado a algo y, en el camino, provoca dolor de todo tipo a los demás.

Nos mantienen en la ignorancia: porque nos llevan a identificarnos con aquello a lo que nos aferramos: la riqueza, el poder o la imagen. Con lo cual, se cumple lo que han advertido los sabios: lo que poseemos, nos posee. Somos libres de todo aquello que soltamos y esclavos de todo aquello a lo que nos apegamos.

Jesús, hombre sabio, supera la trampa, apelando a la sabiduría, es decir, a la comprensión profunda de su verdad –eso es lo que significa la referencia a los textos sagrados de la Torá–. Solo cuando comprendemos que no somos el yo separado, sino la Vida misma que toma temporalmente forma en este yo, se produce la liberación de los apegos. Hemos encontrado la “casa” y la seguridad, que no son separadas ni distintas de lo que somos. La comprensión de nuestra verdad hace cesar las pesadillas de pedigüeño.

¿Dónde busco la seguridad?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

El Diablo no es un señor al que Dios le permite tentar al personal.

domingo, 10 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en El Diablo no es un señor al que Dios le permite tentar al personal.

imagesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

La Creación un acto de Amor

  1. El diablo.

         En el primer domingo de cuaresma leemos y recordamos las tentaciones del Cristo y del ser humano.

         Era natural que se echase mano de la figura del diablo. Pero a estas alturas de la vida y del pensamiento cristiano no podemos creer que el diablo sea un personaje, un señor al que Dios le permite que ande por ahí haciendo el “canelo” con un tridente, oliendo a azufre y a la caza y captura de clientes para el infierno. Sería -es- un infantilismo carnavalero.

         Diablo es lo contrario de símbolo.

Los símbolos centran, concentran significados: banderas, colores, anagramas, etc. representan pueblos, instituciones, movimientos, etc.

Diablo es lo que puede descentrar la libertad humana. Hay realidades en la vida que pueden despistar nuestra libertad: el dinero, la comida, el sexo, etc.

         La cuestión del diablo y de las tentaciones radican en la libertad humana, no en un señor que pulula por ahí.

  1. un relato entramado de símbolos.

         El relato de las tentaciones de Jesús es un entramado de símbolos que evocan el Éxodo, la libertad, los cuarenta días / años de desierto, es decir: toda la vida caminando para llegar a la Tierra de Promisión.

         Toda vida humana es un Éxodo, un camino, una nostalgia (un intento) de absoluto, una promesa de tierra de plenitud.

  1. ¿Dios nos creó, pero le salió mal la creación?

         Decimos y creemos que Dios es creador. Pues bien, cuando Dios crea, lo hace con amor y con todas sus consecuencias.

         Si Dios crea la tierra, no pensemos que luego va a evitar los terremotos. La tierra, el universos y los pluriversos tienes sus leyes y pueden ocurrir catástrofes, que Dios no va a evitar.

         Si Dios crea los mares, luego no va a evitar que se den maremotos.

         Si Dios crea libre al ser humano, el hombre puede equivocarse y hacer el mal (pecado).

         Las criaturas no somos dioses, somos limitados, corruptibles porque así nos ha creado Dios. Los humanos somos débiles y estamos llamados a morir. Dios nos ha creado siendo muy consciente de que podemos fallar.

04    La creación no es un acto de poder, sino de amor.

La clave para acercarse al misterio de Dios creador no es su poder, sino su amor.

Aunque Dios es todopoderoso, sin embargo la relación de Dios con el hombre no es desde la omnipotencia, sino desde el amor. Dios es amor (1Jn 4,16).

Cuando Dios emplea su poder (como su justicia), está regido por su amor hacia el mundo y hacia los seres humanos, (27).

Si Dios usara sin más el poder para suprimir todo mal, violentaría la creación, y, sobre todo, al hombre en su dignidad y libertad. Y la condición del amor es dejar a los otros ser lo que son en su identidad profunda. La permisión del mal es inherente a un Dios que transmite y respeta la vida, (Segundo Galilea).

        El ser humano es libre y en el ejercicio de su libertad puede elegir, decidir, y se puede equivocar incluso puede actuar mal. La única manera de evitar las equivocaciones y el mal es no creando al ser humano, no creando las cosas ni la creación. Pero es mejor vivir la miseria humana con esperanza, con Éxodo y Tierra de Promisión que no vivir.

Mundo (360)Por eso Dios crea con amor, aun a riesgo de que el ser humano se corrompa y se frustre.

Estamos en el núcleo del problema del mal, del misterio del mal.

La clave para iluminar el problema del mal es otra vez el amor de Dios. Por el amor que Dios nos tiene, es el único que puede transformar los males en bien final.

La solución al problema del mal humano, del pecado está en JesuCristo. Jesús crucificado es la razón última de la esperanza cristiana, de la liberación, de la Tierra de promisión. Jesús crucificado y no mis fuerzas, ni mi voluntarismo, es donde queda superado el aparente absurdo del mal inevitable.

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

(rezamos todos juntos estas palabras de San Pablo)

¿Quién nos separará del amor de Cristo?

¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre,

 la desnudez, el peligro, la muerte violenta?

Estamos siempre expuestos a la muerte.

Pero en todo esto salimos más que vencedores

por medio de aquel que nos amó.

Nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro,

ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios.

¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús,

 nuestro Señor!

(Romanos 8, 35-37)

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

«Detenernos». 8 Tiempo ordinario – C (Lc 6,39-45)

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en «Detenernos». 8 Tiempo ordinario – C (Lc 6,39-45)

08-TO-C-600x400Nuestros pueblos y ciudades ofrecen hoy un clima poco propicio a quien quiera buscar un poco de silencio y paz para encontrarse consigo mismo y con Dios. No es fácil liberarnos del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada día nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser dueños de nosotros mismos.

Ni siquiera en el propio hogar, invadido por la televisión y escenario de múltiples tensiones, es fácil encontrar el sosiego y recogimiento indispensables para encontrarnos con nosotros mismos o para descansar gozosamente ante Dios.

Pues bien, precisamente, en estos momentos en que necesitamos más que nunca lugares de silencio, recogimiento y oración, los creyentes mantenemos con frecuencia cerrados nuestros templos e iglesias durante buena parte del día.

Se nos ha olvidado lo que es detenernos, interrumpir por unos minutos nuestras prisas, liberarnos por unos momentos de nuestras tensiones y dejarnos penetrar por el silencio y la calma de un recinto sagrado. Muchos hombres y mujeres se sorprenderían al descubrir que, con frecuencia, basta pararse y estar en silencio un cierto tiempo, para aquietar el espíritu y recuperar la lucidez y la paz.

Cuánto necesitamos los hombres y mujeres de hoy encontrar ese silencio que nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos para recuperar nuestra libertad y rescatar de nuevo toda nuestra energía interior.

Acostumbrados al ruido y a la agitación, no sospechamos el bienestar del silencio y la soledad. Ávidos de noticias, imágenes e impresiones, se nos ha olvidado que solo nos alimenta y enriquece de verdad aquello que somos capaces de escuchar en lo más hondo de nuestro ser.

Sin ese silencio interior, no se puede escuchar a Dios, reconocer su presencia en nuestra vida y crecer desde dentro como seres humanos y como creyentes. Según Jesús, la persona «saca el bien de la bondad que atesora en su corazón». El bien no brota de nosotros espontáneamente. Lo hemos de cultivar y hacer crecer en el fondo del corazón. Muchas personas comenzarían a transformar su vida si acertaran a detenerse para escuchar todo lo bueno que Dios suscita en el silencio de su corazón.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

«Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca». Domingo 3 de marzo de 2019. 8º Ordinario

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en «Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca». Domingo 3 de marzo de 2019. 8º Ordinario

ordinario16c8De Koinonia:

Eclesiástico 27, 4-7: No alabes a nadie antes de que razone.
Salmo responsorial: 91: Es bueno darte gracias, Señor.
1Corintios 15, 54-58: Nos da la victoria por Jesucristo.
Lucas 6, 39-45: Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.

La separación entre la teoría y la práctica, entre el decir y el hacer, entre el conocer y el ser, es un problema filosófico digno de toda atención. La filosofía, y luego, el espíritu imperial de Roma, constituyen el ambiente espiritual en el que el cristianismo nació, y por el que quedó profundamente marcado. Así, el cristianismo institucional, históricamente, ha estado mucho más preocupado por la ortodoxia (la «opinión correcta», la ausencia de herejía, la verdad, la fe) que por la ortopraxis (la «práctica correcta», el amor, la caridad): no ha perseguido tanto a quien no vive o no practica el amor, cuanto a quien ha expresado (o incluso sólo pensado) una opinión teórica discrepante de los dogmas oficiales. Las persecuciones que la Inquisición montó en los siglos oscuros de la historia de la Iglesia de Occidente son un ejemplo de la hipertrofia de esta primacía dada a lo teórico o dogmático, sobre lo práctico.

El pensamiento moderno cambió esta situación en la cultura occidental, asumiendo una fuerte valoración e incluso una clara preferencia por la praxis frente a la teoría. El «primado de la acción», la primacía de la praxis… marcan característicamente a la modernidad: la acción es más importante que la teoría, el hacer más que el decir, la transformación de la realidad más que su simple interpretación.

Al cristianismo esta preferencia moderna por la praxis no nos sorprende fuera de juego: la mejor tradición bíblica coincide plenamente con ella. La Palabra de Dios –dabar, palabra en hebreo- no es un sonido (flatus vocis, un mero ruido de la voz), ni un simple concepto mental, sino un hecho, una actuación: Dios no se revela en afirmaciones doctrinales… sino en acontecimientos, en intervenciones salvadoras en la historia.

Los profetas de Yavé no cesan de reconvenir al Pueblo de Dios cuando éste se desvía hacia un culto quizá fervoroso pero que, sin el respaldo de la vida, se convierte en idolátrico. Los dioses son nada; el Dios de Israel es vida, amor, historia. «Conocer a Yavé es practicar la justicia», repetirán los profetas con una insistencia casi obsesiva (Mq 6,6-8), con una paradoja digna de ser subrayada ante nuestra cultura occidental: «conocer es practicar…». La praxis del amor y de la justicia es el criterio máximo de la bondad moral, por encima de todo culto o sacrificio (Is 1,10-18; 58,1-12; 66,1-3; Am 4,4-5; 5,21-25; Jer 7,21-26), o de cualquier otra seguridad moral (Jer 7,1-15; 9,24) o de toda ortodoxia doctrinal; así como la referencia fundante de la fe religiosa de Israel y de su misma constitución como Pueblo es la praxis liberadora de Dios en el Exodo (Ex 20,1).

Jesús, «profeta poderoso en obras y palabras» (Lc 24,19), que primero comenzó «haciendo» para enseñar (cfr Hch 1,1), que provocaba el asombro de unas muchedumbres «que oían “lo que hacía”» (Mc 3, 8) tanto o más que lo que decía, recogerá esta veta profética e insistirá -con fuerza mayor y una coherencia total hasta su propia muerte- en que «no todo el que “dice”… sino el que “hace” la voluntad del Padre entrará en el Reino» (Mt 7,21-23); que «los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23), y que si lo amamos a Él «practicaremos sus mandatos» (Jn 14,24).

La palabra de Jesús alcanza en este punto su claridad máxima cuando propone la práctica del amor, especialmente «con estos mis hermanos más pequeños», como el «criterio escatológico de salvación», conforme al cual se realizará el «juicio de las naciones» (Mt 25,31-46). La parábola del «buen samaritano» (Lc 10,25-37) subrayará esta primacía de la práctica del amor por encima de las fronteras de credo, culto o religión. El evangelio de Juan recalcará hasta la saciedad que la práctica concreta, las obras, son las que dan testimonio creíble (Jn 5,36; 6,30; 7,3; 9,3; 10,25; 10,37-38; 14,11; 15,24).

«Por sus obras los conocerán», dice Jesús. La prueba de la persona está en su hablar (segunda lectura de hoy). «Obras son amores, y no buenas razones», dice un refrán castellano. «Una cosa es predicar y otra dar trigo», dice otro. «Del dicho al hecho hay un buen trecho», añade un tercero. «Operari sequitur esse«, el obrar sigue al ser, decía por su parte un principio aristotélico: los frutos buenos sólo pueden venir del árbol bueno, y por eso, los frutos prácticos, los hechos, son el mejor criterio de discernimiento moral. En el fondo, Jesús nos está enseñando algo de sentido común, del buen y profundo sentido común.

Jesús no simplemente «predicó» esta primacía de la práctica, sino que la vivió. Pasó por este mundo «haciendo el bien» (Hch 10,37), y «todo lo hizo bien» (Mc 7,37)… De ahí que Jesús recomiende a sus seguidores que comiencen por practicar lo que confiesan con la boca, lo que creen con la fe. Importa mucho que el seguidor de Jesús presente antes de nada las credenciales de su autenticidad. Su vida ha de ser el modelo de lo que predica. No es posible creer a quien contradice con los hechos lo que dice con sus palabras. Por eso, Jesús nos inculca la necesidad de vivir coherentemente con lo que creemos, como condición previa a todo «apostolado». No es posible pretender corregir o mejorar a los demás cuando nuestra vida no muestra aquello que predicamos; eso sería ser ciegos y querer guiar a los demás. La mejor invitación a los otros, en este sentido, es el propio ejemplo: «el ejemplo arrastra», dice el refrán. Es necesaria pues la humildad de comenzar por luchar contra los propios defectos, en vez de querer corregir a los demás. «Quita la viga de tu ojo, y entonces podrás quitar la brizna del ojo de tu hermano». Lo contrario es incoherencia y probablemente hipocresía. Jesús, en su propia persona, fue ejemplo de esa misma veracidad y autenticidad.

«Hay tiempos en los que la mejor manera de decir es hacer» (José Martí). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 3.3.19. Si un ciego guía a otros ciegos (de Jesús a Sábato)

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Dom 3.3.19. Si un ciego guía a otros ciegos (de Jesús a Sábato)

AF4E244F-0BDD-4DF3-AEFA-488C6E60EBEFDel blog de Xabier Pikaza:

Imagen 1: La parábola de los ciegos deP. Brueghel el Viejo.   Museo di Capodimonte de NápolesItalia.

El evangelio de este domingo (3.2.19) es más largo (Lucas 6, 39-45), pero he querido detenerme sólo en la parábola de los ciegos:

39 Les dijo también una parábola: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? … 41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no sacas ver la viga de tu propio ojo?

 42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, si no ves la viga del tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano (Lc 6, 39-42).

 Esta parábola no trata de los ciegos en sí, sino de aquellos ciegos que quieren guiar a otros ciegos,  y que lo hacen precisamente por ser ciegos, es decir, por el resentimiento de no ver, por la envidia, el deseo de poder… Con una larga tradición bíblica, Jesús supone que este mundo está guiado por un tipo de secta de ciegos que quieren guiar a otros ciegos.

Este es un tema esencial de la Biblia, con grandes conexiones políticas y religiosas, personales y sociales, que quiero destacar en lo que sigue, en una línea crítica, de tipo evangélico, para terminar evocando el famoso informe de ciegos de E. Sábato.  

Buen domingo a todos.

El tema de los ciegos en la Biblia

La Biblia ha vinculado el poder con la ceguera. Ciertamente, ella sabe que hay gobernantes y sacerdotes sabios que «ven», que saben discernir, que ayuda a los otros. Pero a partir de los grandes profetas se ha extendido el convencimiento de que los «pastores» de Israel (gobernantes, sacerdotes) hay sido y son ciegos, que no guían, sino que oprimen, desvían, destruyen a los hombres:

Ezequiel ha puesto de relieve el tema de los pastores ciegos…  y que por eso hacen que se descarríen las ovejas, a las que utilizan y matan, para alimentarse ellos.  Este es un tema especialmente desarrollado por Zacarías, quien parece indicar que los pastores-gobernantes en general son ciegos y que precisamente por serlo toman el poder y destruyen a los hombres y mujeres de su pueblo.

– Este es un tema central de la apocalíptica judía, que Jesús conocía bien, en la línea de Daniel y de las tradiciones de Henoc. En esa línea, una de las causas principales del «poder» civil y religioso es la «ceguera» de los dirigentes, que precisamente por ello (por ignorancia y resentimiento) dominan sobre los hombres y les destruyen.

Ceguera de los dirigentes, un tema esencial de Jesús

   Asumiendo la línea profética de los profetas y apocalípticos de Israel, Jesús ha condenado la ceguera de los dirigentes de Israel y lo ha hecho de manera tan intensa que a veces nos parece incluso exagerada. Estos son algunos de los puntos salientes de su mensaje (tal como lo he destacado en mis comentarios a Marcos Mateo, Verbo Divino, Estella, 2013 y 2017), de manera que aquí puedo prescindir de las citas::

  1. Jesús supone en principio que los que mandan son ciegos... precisamente por mandar y dominar como lo hacen. Sólo unos ciegos, con gran complejo de inferioridad, pueden mandar como hacen, oprimiendo a los demás… Son ciegos que quieren guiar a otros ciegos, de forma que todos, al fin caerán en la fosa (infierno, muerte…) si no cambian.
  2. Jesús ha venido a abrir los ojos a los ciegos…, retomando la palabra y misión del profeta del 2º Isaías: «He venido a abrir los ojos a los ciegos…». Ésta es su misión, éste su milagro: Quiere que los hombres vean, que se conozcan a sí mismos y conozcan a los otros, para acompañarles en el camino, no para oprimirles.
  3. El Evangelio de Juan ha comentado esta misión de Jesús,  ejemplificada en el milagro del «ciego de Siloé», a quién él abre los ojos para que vea… Pero se oponen un tipo de fariseos que quieren que los ciegos sigan ciegos para dominarles. Estos fariseos son ciegos que dominan a otros ciegos, son el testimonio más claro de la perversión de un poder civil y religioso que se impone oprimiendo (manteniendo ciegos a los otros).

Proyecto y camino de Jesús, que los hombres y mujeres vean:

   Ésta es, a su juicio, la tarea esencial del evangelio, que se centra en el gesto y camino de abrir los ojos de los ciegos, para que vean y caminen en libertad, ayudándose unos a los otros. Éstos son algunos de los rasgos principales de este proyecto:

  1. Jesús pude a los hombres que «curen» su ceguera, para así poder guiar a los demás, como ha destacado el evangelio de este domingo: Los que juzgan y se imponen sobre los demás tienen una «viga» en su ojo… No quieren ver (como los fariseos de Jn 9). Por eso, porque ellos no ven, juzgan a los otros y les oprimen. Por eso, Jesús les dice que «curen» su ceguera, que aprender a ver (que conozcan, que se reconozcan) para poder así acompañar a los demás.
  2. Aprender a ver (curar la ceguera) es un tipo de resurrección: Nacer de nuevo para ver, ver a Jesús, ver en su verdad a los demás, para ayudarles en vez de oprimirles, para compartir la vida con ellos en vez de resucitarles.
  3. Esta es la misión del evangelio: Una nueva «visión», mirar de forma distinta, mirar para admirar, para reconocer, para compartir, para alabar… como van indicando las escenas de ciegos del evangelio, desde el ciego de Betsaida (que se refiere quizá a Pedro, que tiene que aprender a ver, para asumir el camino de Jesús, Marcos 8, 22-26) hasta el ciego del camino de Jericó (Mc 10, 45-52), a quien Jesús cura para que le pueda acompañar en la subida a Jerusalén.

En un mundo de ciegos…, un juicio político, un juicio eclesial:

    El tema de los ciegos del evangelio nos sitúa en el centro de la «dinámica» de juicio que marca nuestra sociedad. Sólo quiero poner dos ejemplos, uno tomado de la política española, otro de la vida de la Iglesia. No tengo solución, ni en un caso ni en otro, pero pienso que su tema cae de lleno en la «dinámica» del dicho de Jesús: Si un diego guía (dirige, juzga…) a otros posible ciegos…

  1. Uno es el caso del Gran Tribunal de España en Madrid que está juzgando el caso de posible sedición de unos políticos de Cataluña que parecen haber declarado la independencia de su país… Hay muchos problemas de fondo en ese juicio, pero me da la impresión de que estamos ante unos ciegos quieren guiar a otros ciegos… y se atreven a juzgarles. No sé quién tiene la razón, ni si hay alguien que la tenga (ni en esta postal me importa…), pero siento que estamos ante un tribunal de ciegos. A mi juicio, las cosas deberían arreglarse (hablarse, resolverse) de otra forma, en la línea de nuestro pasaje y de todo el Semón de la Llanura de Lc 6, 17-49.
  2. Algo más claro me parece el «juicio» del Pleno sobre la Pederastia del Clero, celebrado en el Vaticano (del 21 al 24 del 2 de 2019). Ciertamente, el pleno ha sido muy importante… pero tengo la impresión de que en el fondo podrían aplicarse las palabras de Jesús «si unos ciegos guías/juzgan a otros ciegos pueden caer todos en la fosa.». Quizá la palabra principal sería «quita la viga que tienes en tu ojo…».

Dejo así el tema abierto, pues no me atrevo a comentar la versión del dicho en Mt 15, 14:  «Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo». Dejadlos… ¿a quienes? ¿A los jueces del tribunal de Madrid? ¿A los «padres» del pleno sobre la pederastia en el Vaticano? ¿Quienes son, quiénes somos, estos ciegos que guían a otros ciegos? No me atrevo a seguir. Dejo a mis lectores con el Informe sobre ciegos de E. Sábato.

E. Sábato: Informe sobre cielos, el del Imperio de los ciegos  

35F338D7-A36B-459E-8231-01FDD604B588El evangelio de  hoy trata de un ciego que guía a otro ciego, de forma que ambos caen en el hoyo, es decir, en la fosa.

   Ciertamente hay ciegos que asumen su condición y la transcienden (se transcienden a sí mismos), como poetas o videntes, como hombres o mujeres de sabiduría superior.  Pero como dice la parábola-milagro de Jn 9 hay ciegos que precisamente por serlo (por complejo de inferioridad, por deseo de mando…) se convierten en guías de los otros, como ha podido suceder con ciertos «fariseos ciegos» judíos y/o cristianos.
Pues bien, de estos ciegos resentidos que quieren ocultar su ceguera dominando sobre los demás trata el Informe Sobre Dios de E. Sábato,   una de las parábolas más fascinantes y dolorosas de la literatura moderna, que forma parte de su novela Sobre Héroes y tumbas.
Jesús vino a curar al ciego de nacimiento de Jn 9, y a muchos otros ciegos que encontró en su camino, para que todos pudieran ver y vivir, en un mundo luminoso, abierto al diálogo y a la lucidez, en la que está Dios. Pues bien, en contra de ese Jesús de la Luz ha venido a elevarse la Secta de los ciegos que dominan y dirigen el mundo.

Desde Buenos Aires ¿Dominan el mundo los ciegos perversos?

  He pensado en este tema viviendo en el Gran Buenos Aires los primeros días de este mes, por un trabajo de catequesis cristiana (del 30 al 10 del 2 de 2019).  Allí he vuelto a recordar-recrear la figura  Fernando Vidal Olmos, uno de los personajes clave de la novela de E. Sábato, un hombre que quiso descubrir, en alucinación durísima, los poderes que dominan sobre el mundo, en el subsuelo del mismo Buenos Aires, en los años de las revoluciones y la dictadura militar (entre el 1960 y el 1980).

Jesús quiso que los ciegos vieran. Hay otros, en cambio, que quieren que los ciegos sigan ciegos para dominar con su ceguera el mundo entero
Este informe sobre ciegos constituye la descripción metafórica de un mundo dominado por la ceguera, por una Secta de Ciegos demoníacos.

Es como si Sábado encarnara en la figura de esos ciegos  perversión de un “fariseísmo” demoníaco e infernal, que quiere dominar el mundo, creando un submundo de ciegos que lo dirigen y destruyen todo, desde el subsuelo de Buenos Aires.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Cuatro errores que debes evitar

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Cuatro errores que debes evitar

thumbs_DIA-6-P.C-JMJ-20192019_01_245680Del blog El Evangelio del Domingo de José Luis Sicre:

La última parte del “Discurso de la llanura” desconcierta por la variedad de personajes que aparecen: dos ciegos, un discípulo y su maestro, dos miembros de la comunidad, un hombre bueno y otro malo; uno inteligente, que construye su casa sobre roca, otro insensato, que la edifica sobre arena. Y también son muy diversas las imágenes: un hoyo, la mota y la viga en el ojo, el árbol sano y el árbol podrido; higos y zarzas, uvas y espinos. Evidentemente, se trata de frases de Jesús pronunciadas en diversos momentos y circunstancias. Sin embargo, pueden relacionarse con el tema que preocupa a Lucas, leído el domingo pasado: “no juzguéis, no condenéis”.

[Nota: la liturgia, con su afición a mutilar el evangelio, ha suprimido la importantísima advertencia final sobre la necesidad de poner en práctica todo lo anterior. La añado en el comentario y aconsejo que en la homilía se tenga presente.]

Cuatro errores que debes evitar

  1. Si te consideras con buena vista para juzgar y condenar a los demás, te equivocas. Estás ciego. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caen en el hoyo.

¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

  1. Si te consideras muy listo y bien preparado para juzgar y condenar a los demás, te equivocas. No eres un catedrático, sino un alumno de 1º. A lo más que puedes aspirar, después de mucho esfuerzo, es a ser como el catedrático.

Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

  1. Si te consideras digno de juzgar y condenar a los demás, te equivocas y eres un hipócrita. Tus fallos son mucho mayores. La viga de tu ojo es mucho más grande que la mota en el ojo de tu hermano y te impide ver bien.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

  1. Si piensas que cuando juzgas y criticas a los demás lo único que haces es disfrutar o hacerles daño, te equivocas. Te haces daño a ti mismo, porque las palabras que salen de tu boca dejan al descubierto la maldad de tu corazón. [En esta última comparación del árbol bueno y el malo, cada uno con sus frutos, la clave está en las palabras finales: “De lo que rebosa el corazón habla la boca”. Del hombre bueno nunca saldrán críticas, juicios malévolos ni murmuraciones; solo saldrá perdón y generosidad. En cambio, quien critica, juzga, murmura, revela que tiene el corazón podrido.]

No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca».

Advertencia final (suprimida en la liturgia)

El discurso ha terminado. Jesús ha indicado a sus seguidores que hay dos grupos opuestos: pobres-odiados y ricos-elogiados. Ellos pertenecen al primero. Pero no deben enfrentarse a sus enemigos, sino amarlos, tratarlos bien, bendecirlos, rezar por ellos. Su modelo debe ser el Padre misericordioso y compasivo, “generoso con ingratos y malvados”. Con respecto a los hermanos, los miembros de la comunidad, las exigencias han sido también grandes: no juzgar, no condenar, perdonar, dar.

Cabe un peligro: considerar lo anterior un bonito discurso que no es preciso poner en práctica. Basta con llamar a Jesús “¡Señor, Señor!”, que es una gran confesión de fe. Como quien dice: “Basta con ir a misa”. No. La enseñanza de Jesús hay que ponerla en práctica. En caso contrario, serías como el insensato que construye una casa al borde de un río. Cuando ocurre la inundación, se la lleva. Sé sensato y ponlo en práctica.

 

1ª lectura: ¿Quieres saber cómo es una persona? (Eclesiástico 27,5-8)

Este breve texto, desconcertante a primera vista, resulta claro cuando lo relacionamos con las palabras del evangelio: “De lo que rebosa el corazón habla la boca”. ¿Quieres saber cómo es una persona? Fíjate en lo que hace la gente de tu entorno (estamos en el siglo II a.C.).

Cuando quiere separar el trigo de la paja, criba.

Cuando quiere probar una vasija de barro, la mete en el horno del alfarero.

Cuando quiere saber si un árbol es bueno, mira sus frutos.

Cuando tú quieras conocer a fondo a una persona fíjate en cómo razona y en lo que dice. “De lo que rebosa el corazón habla la boca”.

Se agita la criba y queda el desecho,
así el desperdicio del hombre cuando es examinado.

El horno prueba la vasija del alfarero,
el hombre se prueba en su razonar.

El fruto muestra el cultivo de un árbol,
la palabra, la mentalidad del hombre.

No alabes a nadie antes de que razone,
porque esa es la prueba del hombre.

Reflexión

El “Discurso de la llanura”, aunque no tenga la fama del “Sermón del monte” de Mateo, es un resumen muy bueno de la actitud que debemos tener ante enemigos y hermanos. Generalmente se recuerda el amor a los enemigos. Pero es frecuente olvidar el amor a los otros miembros de la iglesia, la obligación de no juzgar ni condenar a quienes piensan o actúan de forma distinta.

En el siglo I, el papa Clemente preveía este peligro: «Cuando [los paganos] nos oigan decir que Dios dice: “No tenéis mérito si amáis a los que os aman; tenéis mérito si amáis a los enemigos y a los que os odian”, al escuchar esto se admirarán de una bondad tan grande; pero si ven que no solo no amamos a los que nos odian, sino que ni siquiera amamos a los que nos aman, se reirán de nosotros y blasfemarán” (Segunda carta de Clemente a los Corintios, 13,4).

Por otra parte, el carácter tan radical de algunas afirmaciones requiere explicación. Pero el mejor comentario no está en inglés ni en alemán. Es el mismo evangelio de Lucas. Leyendo y releyéndolo se iluminan muchas frases misteriosas.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

03 de marzo. Domingo VIII. Tiempo Ordinario

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en 03 de marzo. Domingo VIII. Tiempo Ordinario

8708C9F8-4C61-4827-9C8A-7E74648688D5

“¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llegas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.”

(Lc 6, 39-45)

¡Qué bien nos conoces, Maestro! Cómo se nota que te has hecho uno de nosotros, que te has mezclado con todo lo nuestro.

Y sí, tenemos esa tendencia generalizada y muy extendida de querer solucionar problemas ajenos.¡ Ah!, y no solo los pequeños problemas de nuestro vecino más próximo, también estamos convencidos de que si el mundo estuviera en nuestras manos todo andaría mucho mejor.

Por eso no es difícil escuchar una conversación acerca de cómo mejorar la política de Estados Unidos, o de cómo acabar con el hambre en el mundo. También nos atrevemos con la violencia de genero o los casos de corrupción en política. Es todo tan sencillo que en una conversación de media hora lo hemos solucionado.

Después nos volvemos a nuestras vidas, con nuestros grandes problemas. Porque quizá tenemos muy claro cómo solucionar el problema de la inmigración mundial pero no somos capaces de entendernos con nuestro hijo.

Y también le hemos encontrado solución a la violencia machista pero luego nuestro jefe nos da pánico y no nos queda más remedio que aguantar para cobrar a fin de mes.

Tenemos necesidad de solucionar aquello que no depende de nosotras para no tener que enfrentarnos a lo nuestro. ¡Qué miedo nos da lo nuestro! Además, parece que si no le prestamos atención es menos real. Pasa más desapercibido.

Por eso necesitamos que Jesús nos repita más de una vez esa palabra que nos sacude y nos despierta: ¡Hipócrita! No nos gusta oírla pero nos viene muy bien.

Además, solo ante Jesús nos quedamos sin poder rebatir. No podemos contestarle nada. Sencillamente tiene razón. “Nos ha pillado”, como al niño travieso, con la mano dentro del bote de galletas.

Tienes razón Jesús, somos hipócritas. Nos resulta más sencillo preocuparnos de las motas ajenas que ocuparnos de nuestras vigas.

Oración

Haznos ver, Trinidad Santa, nuestra propia oscuridad, esa viga que tratamos de ocultarnos a nosotras mismas. Y ayúdanos a sacárnosla. Nosotras no podemos.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Exigir a los otros lo que yo no cumplo es hipocresía

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Exigir a los otros lo que yo no cumplo es hipocresía

090916-Lc-6-39-42-660x330Lc 6, 39-45

El sermón del llano en Lc termina con una retahíla de frases hechas, que tratan de explicar el contenido del mensaje. Recordemos que Mt lo coloca en lo alto del monte mientras que Lc nos dice que lo pronunció en un rellano (Jesús bajó del monte con sus discípulos y se paró en un rellano). En la mitología de la época el monte era el lugar de la divinidad (de ahí que todas las teofanías se dieran en los montes. El valle era el lugar del hombre. Para Mt Jesús habla desde el ámbito de lo divino, para Lc habla desde una situación intermedia. Quiere hacer ver que Jesús hace de puente entre lo divino y lo humano, que es a la vez divino y humano.

Las frases que acabamos de leer y las que leíamos el domingo pasado son proverbios que eran patrimonio de todas las culturas del entorno. No son inventadas por Jesús sino un destilado de la sabiduría popular que durante miles de años se había ido condensando en frases rotundas fáciles de recordar. Tengamos en cuenta que durante la mayor parte de la prehistoria humana no hubo escritura y durante la mayor parte del tiempo en que ya se había inventado, la inmensa mayoría de la gente no sabía ni leer ni escribir. Era muy importante facilitar la retención de ideas claves que podrían ser útiles en la vida de cada día.

Aun en nuestros días estamos acostumbrados a aplicar frases famosas a personajes concretos sabiendo que no las pronunciaron ellos, pero son muy útiles para hacer ver la sabiduría de aquellos a los que se les atribuye o resaltar la importancia de la frase, atribuyéndolo a una persona de gran prestigio. En el AT hay un libro que se llama “Proverbios” y que el mismo texto atribuye a Salomón, cuando hoy sabemos que está escrito cuatro siglos después. En el caso de Jesús, está claro que esos proverbios pueden servir para destacar la sabiduría que estaba manifestando en todo momento. Por eso se utilizan como resúmenes de su mensaje.

En los relatos de hoy se trata de hacer ver que la bondad o la malicia no son entes que andan por ahí y que me puedo apropiar en un momento dado. Son cualidades de la persona humana y solo indirectamente podemos descubrirlas, lo mismo en nosotros que en los demás. No es fácil acceder al interior del hombre, por eso es tan difícil hacer un juicio de valor sobre las personas. Las juzgamos por lo que sale al exterior, pero no siempre eso es suficiente para descubrir lo que de verdad se esconde en lo más profundo del ser humano.

Solo las obras nos pueden revelar lo que hay dentro de otra persona. Aun así, ni siquiera las obras pueden ser argumento seguro para llegar al otro. Un acto bueno puede ser fruto de una programación calculada y por lo tanto sin ninguna conexión con las actitudes fundamentales de la persona. Un acto malo puede ser fruto de un momento de arrebato o ira y no reflejar tampoco la verdadera postura vital del individuo. Tal vez por eso el evangelio nos dice: «No juzguéis y no seréis juzgados.» “No condenéis y no seréis condenados”.

El creernos en posesión de la verdad y por tanto con el derecho de imponerla a otros, es la actitud más contraria al mensaje evangélico. Según el evangelio, debíamos estar siempre con los oídos muy abiertos para escuchar lo que nos pueden decir los demás y con la boca cerrada para no engañar a los demás con nuestros discursos interesados y simplistas. No hay nada más desagradable que un sabelotodo que está siempre queriendo decir la última palabra sobre lo que hay que hacer o evitar. El mundo no está necesitado de maestros sino de discípulos. Dice un proverbio oriental: cuando el discípulo está preparado, el maestro surge.

La imagen del ciego guiando a otro ciego es muy esclarecedora. Parece absurda, pero es la que con más frecuencia adoptamos los humanos. Siempre nos creemos con derecho a enseñar porque confundimos nuestra verdad con la verdad. Decía Antonio Machado: tu verdad no, la verdad y ven conmigo a buscarla, la tuya quédatela. Esto es verdad en todos los aspectos del conocimiento, pero en el aspecto religioso, se ha llevado al paroxismo. Cuando esta postura se institucionaliza se convierte en un verdadero sarcasmo. Solo nos queda un paso para afirmar con toda rotundidad: fuera de la Iglesia no hay salvación.

No es menos esclarecedora la imagen de la mota y la viga. El afán de corregir a los demás es una constante, sobre todo entre los que nos creemos religiosos. A pesar de que el evangelio nos aconseja la corrección fraterna, no hay nada más peligroso en la vida real que esa práctica. No solo porque nunca podemos estar seguros de lo que es mejor para el otro, incluso cuando hayamos constatado que es bueno para nosotros mismos; sino porque tendemos a corregir al otro desde la superioridad moral que creemos tener. En el momento que te sientas superior, sea moral sea intelectualmente, estás incapacitado para ayudar.

Estamos muy acostumbrados a identificar a los demás con sus obras. Esto nos lleva a considerarlos pecadores sin mayores precisiones. Pero las obras son algo externo y accidental. La bondad o malicia está en el ser. Nuestra auténtica preocupación debía estar en ser lo que debíamos ser, no en lo que hacemos o dejamos de hacer que suele estar condicionado por la preocupación por lo que los demás piensan de mí. Ya decían los escolásticos que el obrar sigue al ser. Mi verdadera preocupación debo ponerla en ser lo que soy realmente. Si consigo ser auténtico, las obras surgirán espontáneamente, sin esfuerzo.

La actitud de superioridad nace siempre de la superficialidad, es decir, está en estrecha relación con nuestro falso ser. El caparazón que nos envuelve es lo único que consideramos y nos interesa. En materia del espíritu, creemos que es suficiente con lo aprendido de otros, creyendo que el simple conocimiento nos va a transformar. Jesús está siempre invitándonos a la autenticidad, es decir, a bajar a lo hondo de nuestro propio ser y descubrir allí lo que está de acuerdo con lo que en realidad somos. Por eso está siempre criticando una acomodación externa a las normas y preceptos. La única Ley definitiva es la que está escrita en nuestro propio ser y es ahí donde hay que descubrirla para que sea eficaz y constante.

El seguimiento de Jesús no consiste en imitarle en sus correrías ni en aceptar sin rechistar todas sus enseñanzas sino en alcanzar la experiencia interior que él vivió y en dejar que se manifieste como él la manifestó. No debemos poner hincapié en obras puntuales programadas sino en una actitud permanente que funcione y se manifieste al exterior en todo momento y en todas las circunstancias. Los cristianos hemos terminado copiando la actitud de los fariseos, dando más valor al cumplimiento de lo mandado que a la búsqueda interior de las exigencias de nuestro verdadero ser. Esta es la causa de nuestro fracaso en la vida espiritual.

Todo lo dicho no invalida el famoso refrán: obras son amores y no buenas razones. Con la misma rotundidad que hemos afirmado que lo importante es la actitud interior, tenemos que decir que una actitud que no se manifieste en obras, es una ilusión. Si de verdad quieres saber cuál es tu postura espiritual, no tienes más remedio que examinar tus obras. Tu manera de comportarte con los demás te irá manifestando tu estado interior. A continuación de lo que hemos leído hoy, dice Jesús: ¿Por qué decís; ¡Señor, Señor! y no hacéis lo que os digo? Pero debe quedar claro que el hacer es consecuencia del ser auténtico.

Meditación

El instrumento de aprender y de enseñar es la palabra.
Primero tengo que escuchar para llenarme.
Pero solo cuando la haya convertido en vida,
estaré preparado para llevarla a los demás.
¡Que nunca se me ocurra catequizar o imponer!
Demuestra con tu vida que lo que crees te ha liberado.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Huríes en el Paraíso.

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Huríes en el Paraíso.

fb99e871e906d613f1cddb3901d12359“La suerte busca una aguja en un pajar y sale con la hija del granjero”. (Phyllipps Martin)

3 de marzo 2019. Domingo VIII del TO

Lc 6, 39-45

Por los frutos distinguís cada árbol. No se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian uvas de los espinos (v 44)

En el Islam las hurís son doncellas que tienen el don de la eterna juventud y están dotadas de toda suerte de encanto; para los musulmanes simbolizan la eterna bienaventuranza, y la tienen garantizada los que cumplen la ley del Profeta y especialmente los ayunos del ramadán.

Cuando leí en el Corán todos estos privilegios, estuve a punto de declararme discípulo fiel de Mahoma. Pero como lo de ponerme un turbante, montarme en un camello, blandir al viento un sable y lanzarme al galope para conquistar imperios, no me parecía una idea muy cristiana, desistí de tan atractiva sugerencia. A consecuencia de lo cual, perdí hurís, hidromiel y Paraíso.

Lo que de verdad me encandilaba, era el tema de las hurís ofreciendo sus encantos e hidromiel a los guerreros. En Europa lo habían bebido ya romanos, griegos y vikingos, con lo que les resultaba comodísimo salir siempre victoriosos de cualquier tipo de batalla.

¿Por qué el Antiguo y el Nuevo Testamente no han ofrecido nunca tan apetecibles privilegios?

En mi parroquia, cada domingo que yo acudo a misa, el cura se desgañita gritando únicamente a los cuatro vientos los pétreos mandamientos negativos de las Tablas, y frente a tan osado desvarío, a mí se me revuelven las entrañas y me declaro politeísta. Porque para el politeísmo, Dios está en todas partes. Lo comprobé en las tribus del Zaire, durante el mes que tuve la interesante ventura de estar allí perdido.

Por otra parte, dispongo de la inmensa suerte de que en mi parroquia se diga que el mensaje es el mismo para todos, que no hay privilegios para nadie, puesto que, a priori, somos todos iguales.

“La suerte busca una aguja en un pajar y sale con la hija del granjero”. dijo Phyllipps Martin, músico neozelandés.

El día que me dijeron que arriba no había cielo, me hicieron perder la virginidad mental de que yo disponía, y con ella, mis esperanzas de futuro, y me vino a la memoria La Divina Comedia de Dante que, perdido en una selva oscura, es incapaz de encontrar la “diritta via, que era smarrita”. Aunque lo que sí encuentra a la puerta del Infierno, es una voz que le dice: “Tú, que entras aquí, pierde toda esperanza”, siendo evidente que yo, como el poeta, lo que deseo es poder cantar con todas las demás almas la gloria de Dios eternamente.

Al salir desolado de la iglesia, estuve a punto de pedir cuentas a alguien, aunque no sabía a quién, por lo que me conformé con gritarle aquello de Lucas 4, 23: “Medice cura teipsum”.

Y le clamé también lo de Isaías Is 61, 1: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido (…) para dar proclamar la liberación de los cautivos”.

O, quizás como dice Jeremías en 1, 17 obedeciste el mandato de Dios cuando le dijo: “Y tú, cíñete en pie, diles lo que yo te mando”.

¿Te ha capacitado, acaso, como apunta Pablo en su Carta primera a los corintios 12, 31 para ser el responsable de señalarme el mejor camino?

Afortunadamente, y para mi consuelo; recordé de nuevo a Dante, que en el Paraíso dice:

“O divina virtù, se mi ti presti
tanto che l’ombra del beato regno
segnata nel mio capo io manifesti
”.

¿Me facilitarán acaso estos versos lo que anunció Phyllipps Martin en esta frase?: “La suerte busca una aguja en un pajar y sale con la hija del granjero”. (Phyllipps Martin)

Y por lo demás, imperativo cura de mi pueblo, no quiero que tu palabra me impida llegar a plenitud, pues me abandonaste en un naufragio, como un capitán que abandona su barco.

LOCURA DE AMOR

Como la de Juana la Loca
por Felipe el Hermoso.

O como tantas otras
protagonistas de ópera,
que la razón perdieron por amor:

En Don Giovanni, Doña Elvira;
Ofelia en Hamlet;
en Lucia de Lammermoor, Lucía;
Elvira en I Puritani;
en La sonnambula, Amina;
y Margarita en Mefistófeles.

……………………

¡¡Yo en locura de amor
perderme por ti, Tierra, quiero!!

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Falsos maestros y guías

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Falsos maestros y guías

31bb3a_ciego.jpgLc 6, 39-45

El texto de hoy nos sitúa en el mismo escenario en el que Jesús había proclamado las bienaventuranzas.  El maestro está enseñando a un amplio grupo de seguidoras y seguidores buscando despertar en ellas y ellos la radicalidad que pide el Reino de Dios, sin falsos orgullos ni aparentes perfecciones sino desde una vida que se sabe sostenida por las buenas manos de Dios y abierta a la bondad, al encuentro y la solidaridad.

La enseñanza de Jesús que leemos este domingo había comenzado un poco antes con una afirmación tajante: No juzguéis y Dios no os juzgará, no condenéis y Dios no os condenará (Lc 6, 37). Después de la propuesta de la Bienaventuranzas y su contrario en los ayes contra quienes están llenos de honores, riqueza y poder, Jesús va desgranando una serie de afirmaciones que orientan el discipulado al que convoca, pero también advierten de las trampas que en las que se puede caer cuando alguien se cree en el buen camino.

En el discurso se encadenan una serie de sentencias que ponen en guardia contra quienes viven autorreferenciados y consideran que solo ellos tienen la verdad.

Jesús muchas veces se indigna cuando fariseos y escribas hacen alarde de una clara visión de la ley, situándose en un plano superior a los demás y sin capacidad de ver más allá de su orgullo. Su actitud se muestra tan ridícula como el ver guiar un ciego a otro ciego.

En la antigüedad los maestros eran muy apreciados y con frecuencia los jóvenes con medios se ponían bajo la dirección de un maestro reconocido que los acompañaba y les enseñaba hasta que adquirían los conocimientos necesarios para ser ellos mismos formadores de otros. El respeto a quien te había transmitido los conocimientos era un rasgo de honorabilidad que mostraba la calidad del discípulo. Por eso Jesús va a afirmar que ningún discípulo es más que su maestro. Querer ponerse por encima de su maestro demostraba orgullo y desconsideración. Por eso en la comunidad del Reino nadie es superior a nadie porque todos y todas han de ser hermanos y hermanas, hijos e hijas de un mismo Padre/Madre Dios.

Quien se siente perfecto/a y mira los errores o límites de otro/a con condescendencia es para Jesús un/una hipócrita porque está tan pendiente de ver la mota en el ojo del hermano o la hermana que ignora la viga que hay en el suyo. Hipócrita es aquel o aquella tan ocupado demostrar que cumple las normas y en velar por que se cumplan que es incapaz de ver sus propios errores.

En estos días hemos estado recibiendo mucha información relativa a la “cumbre anti-abusos” celebrada en el Vaticano. Los testimonios de las víctimas y las reflexiones y propuestas que las y los diferentes relatores que hablaron ante la asamblea hacen las enseñanzas de Jesús, que se leen este domingo, especialmente actuales. Vivimos un momento tremendamente difícil para la credibilidad de la Iglesia, pero sobre todo asistimos con impotencia al desvelamiento de tantos falsos maestros y guías que no solo veían la mota en el ojo ajeno, sin reconocer la viga que cegaba su mirada, sino que se creían más que el Maestro haciéndose dueños de las vidas de niños y niñas, de jóvenes y mujeres sin respeto a su dignidad y la sacralidad de su vida.

Jesús nos recuerda por último que “no se cosechan higos de las zarzas ni se vendimian uvas de los espinos”, que “por los frutos se distingue cada árbol”. Metáforas agrícolas que inciden de nuevo en la necesidad de tomarse en serio la pertenencia a la comunidad del Reino y no basta con la intención; es necesario fortalecer la bondad de nuestro corazón, es necesario vestirnos de misericordia y no de preceptos… porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

Carmen Soto Varela

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Vivir en verdad

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en Vivir en verdad

ojoDomingo VIII del Tiempo Ordinario

3 marzo 2019

Lc  6, 39-45

El evangelista parece haber unido aquí una serie de dichos que giran en torno a la “visión correcta”, la sinceridad y la bondad.

“Guía ciego” es aquel que se sitúa por encima del otro, exigiendo de él cualquier forma de “sumisión”. Eso ocurre porque el presunto “guía” carece de comprensión, habla de oídas y no busca sino alimentar y fortalecer su propio ego.

El guía auténtico, por el contrario, se considera a sí mismo como “acompañante”, habla desde su propia experiencia y remite a cada persona a sí misma, en la certeza de que el único “guía” es siempre el “guía interior” o “maestro interno” que se expresa en cada ser humano.

Así, mientras el “guía ciego” terminará en el “hoyo”, el acompañante auténtico brinda luz y espaciosidad para que cada cual vaya encontrando su propio camino.

Suele ocurrir también que el “guía ciego” es incapaz de ver y reconocer su propia sombra: en eso consiste precisamente su “ceguera”. Esclavo de la imagen para la que vive, ha terminado ocultando a sus propios ojos todos aquellos aspectos de su vida y de su persona que pudieran cuestionarla. Una vez reprimida, la sombra se proyectará en los otros, para terminar condenando o rechazando en ellos lo que en uno mismo no es visto ni aceptado.

La sabiduría de Jesús recuerda algo elemental: el otro es nuestro espejo. Por lo que cada “mota” que veo en su ojo me está hablando de una “viga” que hay en el mío.

Y aquí se inserta también la imagen del árbol y sus frutos. Dada la tendencia habitual y nuestra capacidad para autoengañarnos y seguir alimentando la imagen que hemos construido, se hace imprescindible validar la verdad o no de nuestra vivencia en el día a día. Lo que vivimos en nuestra existencia cotidiana, particularmente en el campo de las relaciones interpersonales, constituye así el test que verifica o no nuestras palabras. El árbol se conoce por sus frutos, la persona por la calidad de sus relaciones.

Tal advertencia no busca generar en la persona actitudes de culpabilidad o auto-reproche. Constituye, por el contrario, una llamada a la humildad y a la lucidez, en la certeza de que solo reconociendo la verdad de lo que vivimos es posible poner las bases del crecimiento.

¿Soy capaz de decirme la verdad de lo que vivo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

No juzguemos a los demás

domingo, 3 de marzo de 2019
Comentarios desactivados en No juzguemos a los demás

304a94_juzgarDel blog de Tomás Muro La verdad es Libre:

01.   cegueras en la vida.

         Venimos de escuchar el pasado domingo el llamamiento de Jesús a amar incluso al enemigo (Lucas 6, 27-38). El evangelio de Lucas continúa y hoy hemos escuchado que, un ciego no puede guiar a otro ciego. Quien no ama a su hermano, es ciego; quien critica el mal-pecado de los demás no viendo el mal propio, es ciego.

         Ciego es quien no tiene luz. En castellano existe un dicho a modo de refrán que dice: “no tiene luces” en la vida.

02.   cada cual ve según lo que cree.

         Cada cual ve en la vida conforme a lo que cree. La fe (lo que uno cree) es el acto-actitud más central de la existencia humana. Hay quien cree en la patria y vive por y para la patria, o para el poder, o desde el placer.

¿Puede haber alguien que no crea en nada de nada? ¿Es posible vivir sensatamente y por largo tiempo creyendo en la “nada” absoluta?…

         La luz del cristiano es la misericordia, el amor. La luz del cristiano no es el poder eclesiástico, ni creer que se tiene la razón. La luz con la que ve el cristiano es la bondad. Quien no tiene misericordia, no ve cristianamente.

La ceguera fundamental es no sentirse necesitado del amor de Dios. Ciego es quien no ha experimentado el amor de Dios.

         Ciego es quien vive y actúa sin misericordia, aunque tenga, aunque crea tener la razón y la verdad.

03.   bondad y poder

         Cuando la misericordia está lejos de nuestra vida o, simplemente, no está presente, se vive desde el poder.

         El poder es el ansia (ansiedad) y pretensión de mi autoafirmación y de mi autosatisfacción. “Yo sé”, “Yo soy”, yo puedo”, “yo tengo razón”, “las cosas se hacen como digo yo”, etc.

         Entonces vemos la vida y a los demás desde esa altanería prepotente, no desde la bondad. No miro a los demás con bondad y misericordia sino que veo sus fallos, defectos, su pecado.

         Soy crítico con los demás, no bondadoso. En el subconsciente de la mayor parte de las críticas, lo que se puede apreciar es una autoafirmación de mis ansias de poder.

         Sin embargo conmigo mismo no soy autocrítico, más bien soy hipócrita, (que literalmente significa “ser bajo en crítica”).

La mayor parte de las críticas que hacemos a los demás, si llevan algo de verdad, que no siempre la tienen, no son para ayudarle, sino para triunfar sobre el otro, para derrotar al de al lado.

Desde el evangelio queda descalificada la crítica. Al otro se le corrige con bondad, no con hipocresía barata.

04.   El árbol bueno da frutos buenos.

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien.

Probablemente ser cristiano es ser buena gente, buena persona en la vida.

Siempre la bondad y el amor de por medio. La razón, el poder, la verdad, el dogma, la justicia en el cristianismo se viven desde el amor y desde la bondad-amor.

Si Jesús hubiese vivido y actuado solamente desde la ley, desde la justicia o desde el poder, ¿qué hubiese sido de la mujer adúltera, del buen ladrón, del hijo pródigo, de la samaritana, de Pedro, etc.?

El punto focal, central del cristianismo es la bondad, el amor y de ahí sale el bien para uno mismo y para los demás.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

El lenguaje de la bondad

martes, 26 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en El lenguaje de la bondad

taize_poznanGabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 15/02/19.- Cuando decimos de alguien que es una persona bondadosa estamos pensando que es una persona amable, en la que se puede confiar porque no esperamos de ella daño alguno. Pero no deja de ser una descripción un tanto desvaída de la mejor esencia del ser humano.

Si somos hijos de Dios, nuestro ser más íntimo es la bondad aunque al ser imperfectos nos comportamos malamente en no pocas ocasiones. Pero ello no es óbice para que la parcela más luminosa de los seres humanos, aparte de que es lo esencial de su humanidad, tiene unas consecuencias en la radicalidad de las actitudes mucho mayores en que lo que pudiera parecer en algunas definiciones más bien ñoñas de la bondad que nos trae a la cabeza esa cuasi equiparación popular de que, el bueno, es blando o casi tonto. Vamos, que si nos empleamos a fondo en la bondad, en buena parte de esta sociedad seremos considerados más bien como tontos. Pero la bondad es una cualidad propia de la inteligencia espiritual y no tanto una característica del carácter.

Es una pena que una palabra y su contraria puedan haber llegado a tener el mismo fundamento en amplias capas sociales relegando la vida ética (la historia del pensamiento) y la vida evangélica por no ser útiles en el tiempo presente. Pero cuando desaparece la bondad como conducta liberadora y solidaria, entonces se congela la convivencia y la deshumanización acarrea sus consecuencias.

Traigo a la consideración de los lectores una reflexión del gran pensador Paul Ricoeur en una de sus visitas a la comunidad cristiana ecuménica de Taizé: él relaciona a la religión con la práctica de la bondad pero lo enmarca así: Por muy radical que sea el mal, este no será nunca tan profundo como la bondad. Y si la religión, las religiones, tienen un sentido, es el de liberar el fondo de bondad de los seres humanos, ir a su búsqueda, allí donde está totalmente enterrado”. Y cierra su reflexión con esta preciosa rotundidad: “La bondad es más profunda que el mal más profundo”. Para Ricoeur este axioma es la experiencia que debemos buscar y expresarla en el lenguaje comunitario de la liturgia, cada uno desde el fondo infinito de bondad que anida en cada uno de los seres humanos.

Simone de Beauvoir, igual que otros pensadores (Hobbes como paradigma)  utilizó el lenguaje de la bondad de manera subordinada a la maldad: “La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida”.  Lo dijo quizá por lo que cuesta educar nuestro espíritu hasta que adquiera la disposición natural para hacer el bien  cuando lo tentador es precisamente optar por el mal, que suele ser más agradecido a corto plazo y divertido.

Pero es lo que pasa en todo con la naturaleza humana, que nuestras grandes capacidades requieren de mucho esfuerzo y disciplina para que lleguen a brillar: científicos sabios, deportistas de élite, artistas universales, estadistas que cambiaron la historia… todos tuvieron que pasar por muchos esfuerzos ímprobos para llegar a ser la mejor posibilidad de sí mismos sin que nadie dijera que sus inclinaciones naturales eran la holganza, la torpeza, la falta de inteligencia, la nulidad en cualquier disciplina en la que, tras muchos años de abnegado esfuerzo, llegaron a ser alguien superlativo en sus especialidad. ¿No podemos aplicar la misma premisa para la bondad humana? ¿En unos casos el sacrificio es admirable y ejemplar y, en otros, una represión que atenta contra la verdadera humanidad?

Pues aunque no tenga buena prensa la bondad en nuestras selvas urbanas, de lo que no tengo duda es que el signo que señala a una persona como “buena”, es cuando saca lo bueno de otras personas. Y si algún día pudiéramos medir esto en resultados, ciertamente que serían a todas luces revolucionarios.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , , , ,

“Un Jesús en mallas en el lago de los cisnes”, por Carlos Osma.

lunes, 25 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en “Un Jesús en mallas en el lago de los cisnes”, por Carlos Osma.

5078F331-360E-47BE-99C0-13DD1D75CAEADe su blog Homoprotestantes:

Hay veces que uno se cansa de escuchar noche y día tantos lamentos, tantos discursos cargados de miedo y de verdades basadas en fantasmas divinos. Y es que uno llega a pensar que el enorme ruido que nos envuelve, y que supuestamente crea la naturaleza para acabar con todos nosotros, no permite pensar a nadie con claridad. Estamos a merced del vaivén de los discursos de odio, a un tris de ser derribados por huracanes de ignorancia, a medio camino entre el desierto y una llanura fértil. Justo en ese momento de la existencia en el que todo parece más oscuro que nunca, y aunque sabemos que no falta mucho para que llegue el amanecer, a nuestro alrededor nadie cree que vayamos a sobrevivir para contarlo. ¿Dónde estás maestro?

Las barcas abarrotadas de discípulas y discípulos como dios manda no parecen ser el lugar más seguro para nosotras, allí el mensaje del evangelio de Jesús no lo encontramos por ningún lado. Así que si nos quedamos donde estamos, al final acabaremos por confundir la buena noticia con un grito de desesperación, de miedo, de temor. Terminaremos por creer que la salvación ha huido lejos de nuestro alcance, más allá de las montañas donde colocamos nuestros dioses, más allá de nuestro día a día, de nuestra realidad, de nuestro mundo, de nuestros deseos y nuestra manera de comprendernos. Más pronto que tarde, si nos quedamos quietas, nos descubriremos siendo arrastrados de aquí para allá por la ignorancia, por la falta de empatía, por la LGTBIQfóbia, por la más absoluta incapacidad crítica, por el sensacionalismo, por el populismo, por el odio y los egos desbordados. Por la convicción demoníaca de que es mejor no dejar espacio en la barca a los diferentes. Y en medio de una tormenta como esta, incluso si se nos apareciese Jesús mismo, será difícil no acabar confundiéndole con un espejismo, con un fantasma, y ponernos después a gritar todavía con más insistencia que necesitamos que alguien venga desde el cielo a salvarnos. ¿Dónde estás maestro?

Estamos decididos a salir de este bucle, de este círculo de muerte que no nos aporta nada más que falsedad, negación y desconfianza. Así que agudizamos nuestro oído todo lo posible para escuchar otras voces que estén fuera de la barca del temor y la desesperación. Y serán nuestras ganas, pero hemos escuchado un claro “ven” que no suena a amenaza, ni a condena, sino que es una llamada sencilla que invita a la apertura, a lo imposible e imprevisible, a hacer cosas extrañas, diferentes, divertidas; cosas necesarias que cambien el mudo y lo dignifiquen. Así que sin duda es la voz del maestro. Quienes nos acompañan, sacan su fe de toda la vida para decirnos que nos hemos vuelto locas, que lo que escuchamos es únicamente el silbido del huracán de nuestros propios deseos que acabarán por destruirnos; pero seguimos escuchando “ven”. Y como la fe de ir tirando, esa que a veces parece evaporarse por encima de lo lógico y lo biológico, se parece tan poco a la fe de toda la vida; nos armamos de valentía y nos ponemos de pie en el borde de la barca. Y al ponernos de puntillas, como si fuéramos la princesa Odette en El lago de los cisnes, escuchamos de nuevo ese “ven”, un “ven” definitivo, que no sabemos si volverá a repetirse, que podemos dejar pasar si tenemos miedo, o al que podemos responder, aunque el vértigo nos haga temblar.  ¿Dónde estás maestro?

Y hacemos un entrechat[1] que nos lleve de la barca hasta el mar, y al ver que no nos hundimos, sentimos que tenemos fe, que vamos a lograr todo lo que deseamos, que dejamos atrás a quienes nos limitaban con sus lamentos y soñaban con una barca en la que solo había lugar para ellos. Realizamos después un cabriolé[2] de noventa grados con las piernas bien extendidas en el aire y volvemos a caer sobre el mar para ver, ahora sí claramente, que quien está delante nuestro es Jesús, nuestro maestro, que lleva unas ajustadísimas mallas. No estamos solas, él nos acompaña, y la emoción nos invade de tal forma que queremos bailar con él y hacer un pax de deux[3], pero saltándonos los pasos previos y haciendo directamente la coda. Justo entonces nos percatamos de que las fuerzas que pretenden hundirnos no tienen su origen en la barca, y que no es únicamente ella quien las padece. Y hacemos un Fouetté en Tournant[4], un giro espectacular, pero nuestra mirada ahora está puesta en la oscuridad y nuestro cuerpo nota que lo golpea un huracán de odio que quiere que el mar del olvido lo trague para siempre. El último paso que intentamos es un balancé[5], porque notamos que el agua ya nos llega hasta la cintura: tenemos miedo. Y entonces gritamos y nos desesperamos como aquellos con los que compartíamos aquella barca tan pequeña. Al final no somos tan distintos, la falta de fe es la razón de nuestra desesperación también, y hemos acabado por creernos que es imposible bailar sobre el mar con Jesús. ¿Dónde estás maestro?

“¡Hombre de poca fe! ,¿por qué dudaste?” Nos dice Jesús mientras extiende su mano y nos sostiene para que el mar embravecido no nos trague. Sería estúpido explicarle todas las experiencias vividas que han acabado por dejar nuestra fe tal y como se la ha encontrado, suerte tenemos de que no se haya esfumado en alguna de las hogueras donde han intentado quemarnos en más de una ocasión. Pero justo cuando su mano está impidiendo que nos ahoguemos, no es el mejor momento para decirle todas estas cosas. Así que nos callamos que dudamos porque pensábamos que no estaba, porque no le percibíamos por ningún lado y porque nos sentíamos solas. Nos lo callamos, pero sabiendo que nos ha leído la mente, y que nos mira de reojo mientras nos lleva hasta la barca donde nos espera toda esa gente con una fe de toda la vida que antes no paraba de gritar y temblar de miedo. Esa gente que prefería el negro de la noche y el blanco de la espuma de las olas que rompían en sus caras, antes que los colores del arcoíris que recorren nuestro cuerpo. Volver a la barca, ¿estás seguro maestro?

Y nos lleva hasta allí, pero no estamos en el mismo sitio, es como si hubiera hecho una nueva barca que avanza firme hacia la ribera donde la vida es abundante. No es la misma barca, no. Si lo fuera, preferiríamos lanzarnos otra vez solas al mar y jugarnos la vida para llegar a tierra firme, antes que la fe de toda la vida se dispusiera a acabar con la nuestra. Pero en esta barca humilde, tosca, que no sabemos si aguantará la próxima ola, ya no hay miedo. La naturaleza no lo determina todo, no hay condenas, y la fe se alimenta también de la diversidad. En ella, uno se siente parte, se atreve incluso a coger un extremo de la red para lanzarla con el resto de discípulos al mar. En esta barca, uno es consciente de que está el maestro. Ya no importa el viento, ni las olas, ya no hay lugar para el miedo, sino para quienes quieran ponerse de rodillas y reconocer que ese Jesús en mallas, que nos acompaña a todas y baila tan bien El lago de los cisnes, verdaderamente es el Hijo de Dios.

Carlos Osma

Notas:

[1] Salto de ballet donde se despega con un pie al frente y se van cruzando las piernas en el aire.

[2] Un paso del allegro en el cual las piernas extendidas se baten en el aire.

[3] Gran danza para dos. Como regla general el grand pas de deux se realiza en cinco partes: entrada (entrée), adage, variación para el bailarín, variación para la bailarina, y la coda, en el cual ambos bailarines bailan juntos.

[4] Espectacular giro donde el pie de trabajo es estirado y recogido durante las vueltas.

[5] Paso oscilante, una alternación de equilibrio, cambiando el peso de un pie al otro.

Cristianismo (Iglesias), General , , , ,

“Sin esperar nada”

domingo, 24 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en “Sin esperar nada”

07-TO-C-300x300¿Por qué tanta gente vive secretamente insatisfecha? ¿Por qué tantos hombres y mujeres encuentran la vida monótona, trivial, insípida? ¿Por qué se aburren en medio de su bienestar? ¿Qué les falta para encontrar de nuevo la alegría de vivir?

Quizás, la existencia de muchos cambiaría y adquiriría otro color y otra vida, sencillamente si aprendieran a amar gratis a alguien. Lo quiera o no, el ser humano está llamado a amar desinteresadamente; y, si no lo hace, en su vida se abre un vacío que nada ni nadie puede llenar. No es una ingenuidad escuchar las palabras de Jesús: «Haced el bien… sin esperar nada». Puede ser el secreto de la vida. Lo que puede devolvernos la alegría de vivir.

Es fácil terminar sin amar a nadie de manera verdaderamente gratuita. No hago daño a nadie. No me meto en los problemas de los demás. Respeto los derechos de los otros. Vivo mi vida. Ya tengo bastante con preocuparme de mí y de mis cosas.

Pero eso, ¿es vida? ¿Vivir despreocupado de todos, reducido a mi trabajo, mi profesión o mi oficio, impermeable a los problemas de los demás, ajeno a los sufrimientos de la gente, me encierro en mi «campana de cristal»?

Vivimos en una sociedad donde es difícil aprender a amar gratuitamente. Casi siempre preguntamos: ¿Para qué sirve? ¿Es útil? ¿Qué gano con esto? Todo lo calculamos y medimos. Nos hemos hecho a la idea de que todo se obtiene «comprando»: alimentos, vestido, vivienda, transporte, diversión… Y así corremos el riesgo de convertir todas nuestras relaciones en puro intercambio de servicios.

Pero, el amor, la amistad, la acogida, la solidaridad, la cercanía, la confianza, la lucha por el débil, la esperanza, la alegría interior… no se obtienen con dinero. Son algo gratuito que se ofrece sin esperar nada a cambio, si no es el crecimiento y la vida del otro.

Los primeros cristianos, al hablar del amor utilizaban la palabra «ágape», precisamente para subrayar más esta dimensión de gratuidad, en contraposición al amor entendido solo como «eros» y que tenía para muchos una resonancia de interés y egoísmo.

Entre nosotros hay personas que solo pueden recibir un amor gratuito, pues no tienen apenas nada para poder devolver a quien se les quiera acercar. Personas solas, maltratadas por la vida, incomprendidas por casi todos, empobrecidas por la sociedad, sin apenas salida alguna en la vida.

Aquel gran profeta que fue Helder Cámara nos recuerda la invitación de Jesús con estas palabras: «Para liberarte de ti mismo, lanza un puente más allá del abismo que tu egoísmo ha creado. Intenta ver más allá de ti mismo. Intenta escuchar a algún otro, y, sobre todo, prueba a esforzarte por amar en vez de amarte a ti solo».

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Domingo 24 de febrero de 2019. 7º Ordinario. Ciclo C

domingo, 24 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Domingo 24 de febrero de 2019. 7º Ordinario. Ciclo C

15-ordinario7 (C) cerezoDe Koinonia:

1Samuel 26, 2 7-9. 12-13. 22-23: El Señor te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra ti.
Salmo responsorial: 102: El Señor es compasivo y misericordioso.
1Corintios 15, 45-49: Somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.
Lucas 6, 27-38: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.

Primera lectura En 1Sam 24 leemos que David perdona la vida de Saúl. Muy cerca, en 1Sam 26 nos encontramos una versión del mismo relato, que, aunque distinto en la forma, en el fondo sigue siendo el mismo. El texto pretende mostrar cómo en la vida de David la misericordia está unida a su valentía. Después entrar de David en el ejército de Saúl, sus brillantes actuaciones despertaron en Saúl envidia y deseos de darle muerte. David tiene que huir, viviendo un tiempo como fugitivo. Los Zifitas le avisan a Saúl que David está escondido en el desierto. De inmediato “Saúl se levantó y bajó al desierto de Zif, acompañado de tres mil hombres escogidos de todo Israel, para buscar allí a David” (1 Sam 26,2). Dándose cuenta David que Saúl había armado su campamento y que todos dormían, se acercó junto con su ayudante Abisay, encontrando efectivamente dormido a Saúl y todo su ejército. Dios les había mandado un sueño profundo. Todas las condiciones estaban dadas para que David diera de baja a quien quería darle muerte sin razón. Abisay le pide a David que le permita clavar a Saúl en tierra con su lanza. David se niega porque no puede ser clavado en tierra aquel cuya vida depende del que está en el cielo, pues ha sido ungido por el mismo Dios. David muestra su misericordia respetándole la vida a Saúl, y su fidelidad a Dios, reconociéndolo como su ungido. David termina la escena dejando todo en manos de Dios: “Yahvé devolverá a cada uno según sus méritos y fidelidad, pues te había entregado en mi poder, pero no he querido levantar mi mano contra ti por ser el ungido de Yahvé” (1 Sam 26,23).

Segunda lectura

Pablo sigue empeñado en su reflexión sobre la resurrección de los muertos. 1Cor 15,35-58 trae algunos argumentos sobre el modo de nuestra resurrección corporal. En el texto de hoy, Pablo recoge algunas interpretaciones judías que identifican al Adán del primer capítulo del Génesis como el creado a imagen de Dios y por tanto como ser celestial; en cambio, el del capítulo 2 corresponde al Adán sacado del barro y por tanto, un ser terreno y mortal. Jesucristo es el Adán espiritual a quien deben asemejarse los creyentes. Hay que anotar que los judíos no entendían lo espiritual como lo inmaterial, sino como lo que es dinámico, activo, que anima y da vida. Los cristianos en cambio conocemos las dos facetas, en cuanto que nacemos como el Adán terrestre, pecador y corruptible, pero estamos llamados a ser semejantes al Adán espiritual, que es Cristo, que nos anima y nos da vida en abundancia.

Evangelio

Seguimos con el “sermón del llano”. Después de una primera parte de bienaventuranzas y “Ayes”, Jesús inicia la segunda parte invitando a todos los que lo escuchan a cultivar un amor misericordioso y universal para llegar a ser como el Padre que está en los cielos. Si a los pobres los había llamado bienaventurados sin exigirles ningún comportamiento ético previo, ahora, si quieren seguir siéndolo deben llenarse del modo de ser cristiano. Para esto, se necesita según Jesús, algunos principios fundamentales.

En primer lugar, el amor a los enemigos. El AT ve en el odio a los enemigos algo natural (Sal 35), Jesús en cambio une el amor a los enemigos con el amor al prójimo. Los padres de la Iglesia, vieron en el perdón a los enemigos, la gran novedad de la ética cristiana. El filósofo judío del siglo XX P. Lapide (citado por Francois Bovon) escribió: “alegrarse de la desgracia del otro, odiar a los enemigos, devolver mal por mal, son actos prohibidos, mientras que se exige la magnanimidad y el socorro ofrecido al enemigo necesitado. Pero el judaísmo ignora el amor a los enemigos como principio moral.

Este imperativo es el único en los tres capítulos del sermón de la montaña, que no tiene ni un paralelismo claro ni una analogía con la literatura rabínica. Constituye, en términos teológicos, una propiedad jesuánica”. La novedad de Jesús supera por tanto la ley del talión “ojo por ojo y diente por diente”, que rigió por siglos la justicia de Israel. También supera la fórmula veterotestamentaria y neotestamentaria de “amarás al prójimo como a ti mismo” pues ya incluye a los enemigos. Esto no significa que estamos exentos de tener enemigos, menos aún, los que al estilo de Jesús luchamos contra la injusticia, la intolerancia, la corrupción, la violencia, etc. De lo que se trata es de no asumir actitudes condenatorias, sino de abrir los espacios y posibilidades para que los “enemigos” encuentren el camino de la conversión y reconciliación. Que vean en nosotros el amor del Padre y el testimonio vivo de lo agradable que es vivir como hermanos.

Un segundo principio es “al que te golpee en una mejilla preséntale también la otra. Al que te arrebate el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames” (vv. 29-30). Jesús no intenta reducirnos a la pasividad, el conformismo o la resignación (se trata de ser mansos, pero no “mensos”, tontos). ¿Por cuánto tiempo utilizaron los poderosos la “resignación cristiana” para acallar las voces que exigía sus derechos? No se trata de renunciar a nuestros derechos ni de callarnos frente a las injusticias, sino de renunciar a la violencia como medio absoluto para resolver las diferencias y los conflictos, también, renunciar a nuestras comodidades o a nuestras prendas más preciadas para darla a los que más las necesitan. En este sentido, Jesús supera el concepto de compartir que se tenía hasta el momento, pues ya no basta solo compartir el “pan con el hambriento…” sino entregarlo todo, incluso hasta la propia vida.

En 6,31 encontramos lo que suele llamarse la regla de oro de la convivencia humana. Esta regla era ya conocida en el mundo judío. La novedad de Jesús es cambiar su sentido de reciprocidad por la búsqueda sincera e inagotable de “tratar bien al otro, como quisiéramos que nos trataran a nosotros. La prueba mayor de “tratar bien” es hacerlo con los enemigos, que significa el amor por todos aquellos que con sus obras hacen del mundo un caos, la tolerancia por lo que piensan diferente, la comprensión por los que escogen caminos diferentes, etc. Esto hay que concretizarlo religiosamente rezando por los que nos persiguen y bendiciendo a los que nos maldicen. Amar, bendecir, orar por los “enemigos” no significa perder el sentido de la crítica, de la denuncia o de la reprensión. Lo que pide Jesús es que la iniciativa del amor, del perdón, de la bendición la llevemos los cristianos. Es el testimonio lo que más rápida y eficazmente puede cambiar a los que odian, hacen el mal y maldicen. Bien dice Mt 5,16: “hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos”. El v. 35 es un precioso resumen de todo lo dicho hasta el momento. En el v. 36 encontramos un tercer principio para vivir al modo cristiano: “Sean misericordiosos como es misericordioso el Padre de ustedes”. Mientras Lucas habla de misericordia Mateo de perfección. La misericordia se presenta como un elemento constitutivo del ser cristiano, por que lo es también de Dios.

¿Nos hemos preguntando alguna vez cuán misericordiosos somos? Muchas veces confundimos la misericordia o la compasión con la lástima y eso no es cristiano, por que el que tiene lástima inconscientemente se presenta como superior al otro, en cambio el que tiene misericordia establece una relación de hermanos para encontrar juntos el camino del Señor.

En cuarto lugar, tenemos tres exhortaciones que concretan la actitud misericordiosa de todo cristiano. La primera “No juzguen y no serán juzgados” (v. 37). Esto no significa perder la capacidad de opinar sobre lo bueno o lo malo, sino destruir al hermano a través de la crítica, el chisme y la calumnia. Si esta primera exhortación se dice en negativo, la segunda será en positivo: “perdonen y serán perdonados. La misericordia no se entiende sin la capacidad de perdonar, por que es en este momento cuando las comunidades llegan a vivir realmente como hermanos. La última exhortación, también en positivo es “Den y se les dará”. La misericordia encuentra su punto más alto en el dar y darse. El testimonio de Jesús fue de entrega total por la causa de Dios. Dios lo entregó todo, hasta su propio Hijo. ¿Y nosotros? Entregamos lo que nos sobra o solo lo menos importante. Dar hasta la propia vida por el hermano es la manera más auténtica de vivir el cristianismo. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 24.2.19. Amaos unos a otros como os he amado. Jesús, historia de amor

domingo, 24 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en Dom 24.2.19. Amaos unos a otros como os he amado. Jesús, historia de amor

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 7 tiempo ordinario. Lc 6, 27-38. Hay en el Nuevo Testamento diversas palabras sobre el amor, pero estas dos son las más importantes:

1. Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os odian… (Mt y Lc, Sermón de la Montaña). Éste es elmor que rompe todas las barreras, amor como «agape», en el sentido radical del NT: Ésta es la palabra central del evangelio, según la versión de Lc 6, 26-38:

Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian,
bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra;
al que te quite la capa, dejale también la túnica.
A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Éste es el evangelio como fuerza de amor dirigida hacia fuera, como amor a los distintos, superación de las fronteras, ejercicio activo de transformación. Este es el “amor extático”

2. Amaos unos a los otros, como yo os he amado (evangelio de Jn). En este amor insiste el Evangelio de Juan, preocupado por crear una comunión de amigos.
Éste es el amor de los hermanos, el decir, de los cristianos entre sí: ellos han de formar una “isla verde” de amor que se expande ene un mundo donde parece que todos se enfrentan con todos… Es el amor abierto a todos (incluso a los enemigos), pero condensado y expresado con gran fuerza en una comunión de amor.

images1He comentado más veces en este blog el amor al enemigo. Hoy quiero insistir en el amor a los amigos, dentro de una comunidad de amor, conforme a la palabra de Jesús en el evangelio de Juan: Amaos unos a los otros, como yo os he amado… (Jn 13, 34).

Desde ese fondo propongo el sentido y camino de la historia de amor de Jesús, que es amor a los enemigos, siendo también amor de hermanos y amigos, porque el amor al enemigo cesará, cuando no existan enemigos, pero amor a los amigos-hermanos durará por siempre, a modo de comunión de Dios, hasta el fin de los tiempos.

Introducción: Una historia de amor

0000001630063He querido citar los dos amores (amad a vuestros enemigos, amaos los unos a los otros), destacando el segundo motivo, desde Jesús (amaos los unos a los otros, como yo os amado…), que nos sitúa en perspectiva pascual (de Jesús resucitado), para interpretar desde ese fondo la novedad del cristianismo. El centro del tema no es el amor en general, sino un hombre que ha amado (Jesús). Pues bien, desde ese centro pueden deben plantearse diversas cuestiones:

‒ ¿Quién habla en este textodo? ¿Quién dice «como yo os he amado»: Jesús histórico o el Cristo de Pascua?
‒ ¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo se relaciona su amor con el Dios? ¿Cómo entender su amor en relación con la justicia y con la libertad?
‒ ¿Cómo vivir en la Iglesia el amor de Jesús? ¿Qué cambios exige la experiencia de amor en la Iglesia? ¿Cómo entender desde el amor su reforma?
‒ ¿Cómo entender y vivir ese amor fuera de la iglesia?

TEXTO. Jn 13, 34: Ubicación y sentido

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

El Amor de Dios 1

— Jn 13, 34 forma parte del último nivel de redacción de Jn, es quizá posterior a Jn 21. Forma parte de eso que muchos investigadores llaman en «estrato 3», compuesto y/o añadido al «cuerpo de Jn» en el estadio final de la fijación del texto, en un momento en que la Comunidad del Discípulo Amado está «enfrentándose» con dos grandes tareas (y) o riesgos:

1. La Comunidad del Discípulo Amado está entrando en contacto con la Gran Iglesia, ajustando por eso, su teología y su visión de Jesús con la visión de las comunidades «oficiales», vinculadas a Pedro (Jesús es el Verbo Encarnado, la Iglesia es una institución abierta…).

2. La Comunidad está corriendo el riesgo de dividirse (o, mejor dicho, se está dividiendo de hecho), de manera que los que se vinculan con la Gran Iglesia (los transmisores de nuestro texto actual de Jn) debe insistir en la necesidad del «amor mutuo» (un amor que se expresa en forma de vinculación con la comunidad, de permanencia en ella).

— Pero el hecho de que el texto de Jn 13, 34 sea quizá la «glosa» de un comentarista posterior del evangelio (si así quiere llamarse) no significa que tenga poca importancia, sino todo lo contrario. El glosista ha querido insistir en algo que está en el fondo de la vida de Jesús: Él ha sido un Mesías de Amor.

Jesús puede y debe presentarse como aquel que ha amado a los suyos hasta el extremo, en donación total, a fin de que todos formemos una «república de amigos», si es que vale esta palabra… Re-pública significa «cosa pública». Público y fuerte ha de ser el amor de los cristianos, como seguiré indicando en los nueve números que siguen.

1. COMO YO OS HE AMADO. PALABRA PASCUAL NO “HISTÓRICA”

— Por todo lo dicho, ésta no parece (no puede ser) una palabra directa del Jesús histórico, sino que proviene del Jesús resucitado, que se revela en la Iglesia como fuente y principio de amor, en la tradición del Discípulo Amado. Aquí se funda la «república cristiana», en el amor de Jesús que vincula a sus amigos. Ésta es precisamente la experiencia de Pascua: Jesús, Hijo de Dios ama a los suyos y crea «con» (desde) ellos una comunión de amigos.

— Ciertamente, el Jesús de la historia amó a la gente de manera intensa, ofreciendo a los pobres, pecadores y excluidos el Reino de Dios… Más aún, es evidente que sus discípulos se sintieron amados por él, y así le han recordado por la pascua. Más todavía, Jesús ofreció a sus discípulos dos “mandamientos” fundamentales sobre el amor: (a) Uno sobre el amor a los enemigos; (b) y otro sobre el amor a Dios y el amor al prójimo.

— Pero debemos añadir que él no anduvo por ahí diciendo, como recoge tras la pascua esta glosa final del evangelio de Juan: ¡Amaos unos a los otros como yo os he amado! Esta palabra parece una reflexión y síntesis pascual de su proyecto de su presencia entre los hombres.

2. CÓMO AMÓ EL JESÚS HISTÓRICO

— El hecho de que esa palabra (como yo os he amado, así amaos vosotros…) no sea histórica sino pascual no le quita valor, sino que se lo añade, pues ella ha servido para interpretar y condensar toda la vida de Jesús (sus palabras y sus gestos) en clave de amor.

— Cuando sus discípulos recuerdan a Jesús le recuerdan como un “hombre” de amor, como un testigo de la misericordia de Dios, no sólo por sus palabras, sino y sobre por sus hechos, por toda su trayectoria mesiánica.

— Más aún, los discípulos recuerdan su muerte como un “gesto” de amor; no como un fracaso mesiánico (como pudo haber sido en un sentido), sino como la expresión suprema del amor de Dios, que se expresa en su entrega, que no es un sacrificio como expresión de violencia y venganza sino como gesto de gratuidad activa, al servicio del Reino.

3. EL TESTIMONIO DE UN EXTRAÑO: FLAVIO JOSEFO

— El testimonio más fuerte del amor de Jesús lo ofrece quizá un historiador judío, llamado Flavio Josefo, quien hacia el año 90 escribió un famoso testimonio sobre Jesús, a quien presenta como “hombre de amor”. Éste es el famoso testimonio “flaviano” donde Flavio Josefo ofrece su visión de Jesús, que es como sigue

Apareció en este tiempo Jesús (en tiempos de Poncio Pilato). Fue autor de hechos sorprenden¬tes; maestro de personas que reciben con gusto reciben la verdad. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, aquellos que antes lo habían amado, no dejaron de hacerlo después. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido (Ant. XVIII, 63-4)

— Así recuerda Josefo a Jesús, recogiendo posiblemente el testimonio de “testigos” cristianos, que él conoció tanto en Judea como en Roma. Es, sin duda, un testimonio “maquillado”, pues Josefo está interesado en presentar la existencia y acción de judíos “pacíficos”, que no se alzaron en guerra contra Roma. Pues bien, a pesar de ello, el dato es soprendente: Él presenta a Jesús como un “hombre de amor” (no como un mesías apocalíptico, ni como un líder violento). Así resume su vida:

‒ Que tenía hombre y mujeres que le querían, lo que significa que su obra se condensa en un gesto de amor
‒ Que las autoridades judías y romanas tuvieron miedo de la fuerza de su amor, en un tiempo convulso, y que por eso le mataron.
‒ Que hubo y sigue habiendo, pasaos los decenios, personas que le amaban… y que ellas fundaron “la tribu de los cristianos”, es decir, de los mesiánicos del

4. EXPERIENCIA PASCUAL, AMOR DE DIOS POR JESÚS

‒ Ese testimonio de Flavio Josefo nos ayuda a situar y entender el cristianismo como experiencia de amor mesiánico, centrado en la pascua, es decir, en la muerte y en la experiencia de resurrección de Jesús y sus discípulos. En esa línea, la experiencia pascual de la Iglesia tiene muchos rasgos y elementos, pero el más importante es, sin duda, el descubrimiento de que la muerte de Jesús ha sido un gesto de amor al servicio de la vida (del Reino de Dios). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Amad a vuestros enemigos. Domingo 7º. Ciclo C

domingo, 24 de febrero de 2019
Comentarios desactivados en Amad a vuestros enemigos. Domingo 7º. Ciclo C

ninos-judio-y-palestinoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, en la primera parte del “Discurso en la llanura”, Jesús distinguía dos antagónicos: pobres-odiados y ricos-estimados. Los primeros recibirán en el cielo su recompensa; los segundos lo perderán todo. Pero aquí, en la tierra, ¿cómo deben relacionarse ambos grupos? ¿Deben comenzar los pobres una guerra contra los ricos? ¿Pueden contentarse, al menos, con maldecirlos y desearles toda clase de desgracias? A favor de esta postura se podrían citar numerosos salmos, textos proféticos, y la práctica contemporánea de la comunidad de Qumrán. Pero Lucas quiere inculcar una actitud muy distinta, basándose en la enseñanza de Jesús.

Comportamiento con los enemigos (6,27-36)

Al comienzo del evangelio de Lucas, Zacarías, padre de Juan Bautista, profetiza que el descendiente de David vendrá “para que arrancados de las manos de los enemigos, le sirvamos [a Dios] con santidad y justicia”. Es una falsa esperanza. La venida de Jesús no nos arranca de las manos de los enemigos. ¿Qué hacer con ellos?

Ante los sentimientos y palabras adversos

«A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.

Jesús comienza dirigiéndose a “vosotros que escucháis”, sus discípulos. No puede ser más duro y exigente: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ya no se trata de dos grupos separados (pobres – ricos), cada uno viviendo su propia vida. Hay un grupo enemigo que odia, maldice e injuria a las comunidades cristianas. Igual que hoy día se odia, insulta y critica a la Iglesia. ¿Cómo reaccionar ante ello? Es frecuente la autodefensa, negar las acusaciones o relativizarlas. No es eso lo que quiere Jesús. Incluso en el caso de que el odio, la crítica o la maldición sean injustificados, la postura del cristiano debe ser positiva. De las cuatro cosas que indica Lucas, dos al menos son posibles en cualquier circunstancia: hacer el bien y rezar. El “amor” no hay que entenderlo en sentido afectivo (como el amor entre los esposos, o entre padres e hijos), sino en el sentido práctico de “hacer el bien”. En el evangelio de Lucas, el ejemplo concreto sería el de Jesús curando la oreja del soldado que viene a detenerlo.

Ante las acciones

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que te quite lo tuyo, no se lo reclames.

De repente, del “vosotros” se cambia al “”. Lo que hay que afrontar ahora no son sentimientos adversos (odio) o palabras hirientes (maldiciones, injurias), sino acciones concretas: “Al que te golpee en la mejilla… al que te quite el manto… al que te pide… al que te quite”. Estas frases le gustarían mucho a Gandhi. Pero a la mayoría le pueden resultar absurdas y prestarse al chiste: “Al que te robe el móvil, dale también el reloj”; “al empresario que intenta robarte, no se lo reclames”.

¿Hay que tomar estas exhortaciones al pie de la letra? En el NT se escuchan dos bofetadas: una a Jesús y otra a Pablo. Ninguno de los dos pone la otra mejilla. Jesús reacciona: “Si he hablado mal, dime en qué. Y si no, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23). Pablo, que se dirige al sumo sacerdote, es más duro: “Dios te va a golpear a ti, pared encalada. Tú estas sentado para juzgarme según la Ley y me mandas golpear contra la Ley” (Hch 23,3).

En cambio, con respecto al no reclamar en caso de injusticia, hay una reflexión de Pablo muy parecida. Un miembro de la comunidad de Corinto tuvo un pleito con otro y acudió a los tribunales paganos. Pablo les escribe que eso debería resolverlo un experto dentro de la comunidad. Y añade algo en la línea del evangelio que comentamos: “Ya es bastante desgracia que tengáis pleitos entre vosotros. ¿Por qué no os dejáis más bien perjudicar? ¿Por qué no os dejáis despojar?” (1 Cor 6,1-11).

La regla de oro

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. 

El discurso vuelve al “vosotros”: “Como queréis que os traten los hombres tratadlos vosotros a ellos”. La formulación negativa de esta famosa norma aconseja: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan”. Aquí se pide algo más que no hacer daño; se pide tratar bien a cualquier persona. ¿Cómo te gusta que te trate la gente, hable de ti (por delante y por detrás), se comporte contigo? Ponte en la piel de la otra persona y actúa como te gustaría que ella se comportase contigo.

Motivos para actuar así

Lucas es consciente de que Jesús pide algo muy difícil. Por eso añade tres motivos que pueden ayudarnos a actuar de ese modo.

1) El cristiano debe superar a los pecadores.

Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.
Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué merito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Lo repite tres veces, recogiendo dos verbos iniciales (amar, hacer el bien) y añadiendo uno nuevo (prestar). Si el cristiano se limita a imitar al pecador, no tiene mérito alguno. Se queda sin premio.

2) El premio.

¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.

Ya al principio del discurso prometió Jesús “una recompensa abundante en el cielo” (6,23). Ahora vuelve a mencionar esa “recompensa abundante” (6,35). Pero no habrá que esperar a la otra vida para recibirla porque, actuando de ese modo, “seréis hijos de Dios, que es generoso con ingratos y malvados”. Algunas personas han pagado grandes sumas por un título nobiliario. La realidad de “hijo de Dios” no se compra, se consigue actuando de forma benévola con los enemigos.

3) Un buen hijo  debe imitar a su Padre, que es compasivo (v.36),

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo

  La compasión de Dios la confirmará más adelante la parábola de los dos hermanos, en la que el padre abraza y festeja al hijo sinvergüenza que ha gastado su fortuna con malas mujeres. Jesús pide mucho, pero también Dios se exige mucho a sí mismo.

Jesús y sus enemigos: ataque, reproche, silencio, disculpa y perdón

Los preceptos anteriores resultan a veces muy tajantes, sin matices. Si Jesús mismo no practicó alguno de ellos, ¿cómo debemos interpretar los otros? La respuesta se encuentra en el resto del evangelio. Leyéndolo se advierte que el tema de los enemigos es mucho más complejo de lo que aquí aparece. Jesús encuentra enemigos muy distintos a lo largo de su vida: los escribas y fariseos, enemigos continuos, que critican y condenan todo lo que hace; las autoridades religiosas y políticas de Jerusalén (sacerdotes y ancianos), que lo condenan a muerte y se burlan de él cuando está en la cruz; Judas, que lo traiciona; los soldados, que se burlan de él, lo golpean y crucifican; el mal ladrón, que lo zahiere.

La reacción de Jesús es muy distinta en cada caso. A los escribas y fariseos no los bendice; los ataca de forma durísima, sin desaprovechar ocasión alguna de condenarlos, insultarlos y dejarlos en ridículo. A las autoridades les reprocha en el huerto que vengan a apresarlo como si fuera un ladrón, luego guarda silencio. Con un reproche reacciona también ante Judas: “¿Con un beso entregas al hijo del hombre?”. Ante los soldados, por mucho que se burlen de él y lo hieran, no protesta ni maldice. Pero su actitud global la representan sus palabras en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, que abarcan a todos los grupos. No solo perdona, también disculpa. Al morir por todos nosotros, estaba cumpliendo su mandato de hacer el bien a los que nos odian.

La medida que uséis con los demás la usará Dios con vosotros (37-38)

El discurso cambia de tema. Deja de referirse a los enemigos para centrarse en la conducta con los otros miembros de la comunidad.

No juzguéis, y no seréis juzgados;
no condenéis, y no seréis condenados;
perdonad, y seréis perdonados;
dad, y se os dará:
os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que uséis, la usarán con vosotros.

La primera parte comenzó con cuatro órdenes (amad, haced bien, bendecid, rezad). Ahora encontramos dos prohibiciones (no juzguéis, no condenéis) y dos mandatos (perdonad, dad).

Lo novedoso es que de nuestra conducta depende la que adopte Dios con nosotros. Si juzgamos, nos juzgará; si condenamos, nos condenará; si perdonamos, nos perdonará; si damos, nos dará. Y aquí llega al colmo el tema de la “recompensa abundante” que ha salido ya dos veces en el discurso; ahora se dice que será “una medida generosa, apretada, remecida, rebosante”.

Estas cuatro normas parecen una receta excelente para corromper a Dios y forzarle a tratarnos bien y perdonarnos. Por desgracia, muchas veces preferimos arriesgar su condena por el breve placer de criticar o condenar a alguien.

El tema de no juzgar y no condenar se desarrolla a continuación, pero la liturgia ha reservado el resto del discurso para el domingo 8º.

La 1ª lectura (1 Samuel 26,2.7-9.12-13)

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada hacia el páramo de Zif, con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David.
David y Abisay fueron de noche al campamento; Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros, la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor. Entonces Abisay dijo a David:
—«Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe».
Pero David replicó:
«¡No lo mates!, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor».
David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó: estaban todos dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo.
David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio, y gritó:
«Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla. El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor».

Ofrece un ejemplo concreto de perdón al enemigo, pero por debajo de lo que pide el evangelio. David, perseguido continuamente por Saúl, tiene la posibilidad de matarlo. A eso lo anima su compañero Abisai. David se niega a hacerlo “porque no se puede atentar impunemente contra el Ungido del Señor”. ¿Y si no se tratara del rey? Cuando estaba al servicio de los filisteos devastaba los pueblos vecinos “sin dejar vivo hombre ni mujer”. David no es el modelo ideal para el modo de tratar al enemigo. Pero podemos aplicarnos el mensaje de esta escena: si David perdonó a Saúl por ser el rey de Israel, yo debo perdonar a cualquiera por ser hijo de Dios.

Cuando los enemigos nos hacen un gran favor

En esta época en que se critica tanto a la Iglesia, conviene recordar que las críticas y persecuciones le hacen gran bien. Tertuliano escribía en el siglo III: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

En 1870, el estado italiano se apoderó de Roma y arrebató al Papa la mayor parte de los Estados Pontificios. Lo que muchos católicos de finales del siglo XIX vivieron como una terrible ofensa a la Iglesia, hoy lo vemos como una bendición de Dios. Algunos incluso piensan que Italia debería haberse quedado con todo. San Pedro no tenía nada.

Un propósito muy evangélico

No enviar por las redes sociales ninguna noticia, chiste o comentario que fomente el odio o el desprecio, que insulte o se burle de cualquier persona de cualquier ideología.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.