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Dom 24.2.19. Amaos unos a otros como os he amado. Jesús, historia de amor

Domingo, 24 de febrero de 2019

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 7 tiempo ordinario. Lc 6, 27-38. Hay en el Nuevo Testamento diversas palabras sobre el amor, pero estas dos son las más importantes:

1. Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os odian… (Mt y Lc, Sermón de la Montaña). Éste es elmor que rompe todas las barreras, amor como “agape”, en el sentido radical del NT: Ésta es la palabra central del evangelio, según la versión de Lc 6, 26-38:

Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian,
bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra;
al que te quite la capa, dejale también la túnica.
A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Éste es el evangelio como fuerza de amor dirigida hacia fuera, como amor a los distintos, superación de las fronteras, ejercicio activo de transformación. Este es el “amor extático”

2. Amaos unos a los otros, como yo os he amado (evangelio de Jn). En este amor insiste el Evangelio de Juan, preocupado por crear una comunión de amigos.
Éste es el amor de los hermanos, el decir, de los cristianos entre sí: ellos han de formar una “isla verde” de amor que se expande ene un mundo donde parece que todos se enfrentan con todos… Es el amor abierto a todos (incluso a los enemigos), pero condensado y expresado con gran fuerza en una comunión de amor.

images1He comentado más veces en este blog el amor al enemigo. Hoy quiero insistir en el amor a los amigos, dentro de una comunidad de amor, conforme a la palabra de Jesús en el evangelio de Juan: Amaos unos a los otros, como yo os he amado… (Jn 13, 34).

Desde ese fondo propongo el sentido y camino de la historia de amor de Jesús, que es amor a los enemigos, siendo también amor de hermanos y amigos, porque el amor al enemigo cesará, cuando no existan enemigos, pero amor a los amigos-hermanos durará por siempre, a modo de comunión de Dios, hasta el fin de los tiempos.

Introducción: Una historia de amor

0000001630063He querido citar los dos amores (amad a vuestros enemigos, amaos los unos a los otros), destacando el segundo motivo, desde Jesús (amaos los unos a los otros, como yo os amado…), que nos sitúa en perspectiva pascual (de Jesús resucitado), para interpretar desde ese fondo la novedad del cristianismo. El centro del tema no es el amor en general, sino un hombre que ha amado (Jesús). Pues bien, desde ese centro pueden deben plantearse diversas cuestiones:

‒ ¿Quién habla en este textodo? ¿Quién dice “como yo os he amado”: Jesús histórico o el Cristo de Pascua?
‒ ¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo se relaciona su amor con el Dios? ¿Cómo entender su amor en relación con la justicia y con la libertad?
‒ ¿Cómo vivir en la Iglesia el amor de Jesús? ¿Qué cambios exige la experiencia de amor en la Iglesia? ¿Cómo entender desde el amor su reforma?
‒ ¿Cómo entender y vivir ese amor fuera de la iglesia?

TEXTO. Jn 13, 34: Ubicación y sentido

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.”

El Amor de Dios 1

— Jn 13, 34 forma parte del último nivel de redacción de Jn, es quizá posterior a Jn 21. Forma parte de eso que muchos investigadores llaman en “estrato 3”, compuesto y/o añadido al “cuerpo de Jn” en el estadio final de la fijación del texto, en un momento en que la Comunidad del Discípulo Amado está “enfrentándose” con dos grandes tareas (y) o riesgos:

1. La Comunidad del Discípulo Amado está entrando en contacto con la Gran Iglesia, ajustando por eso, su teología y su visión de Jesús con la visión de las comunidades “oficiales”, vinculadas a Pedro (Jesús es el Verbo Encarnado, la Iglesia es una institución abierta…).

2. La Comunidad está corriendo el riesgo de dividirse (o, mejor dicho, se está dividiendo de hecho), de manera que los que se vinculan con la Gran Iglesia (los transmisores de nuestro texto actual de Jn) debe insistir en la necesidad del “amor mutuo” (un amor que se expresa en forma de vinculación con la comunidad, de permanencia en ella).

— Pero el hecho de que el texto de Jn 13, 34 sea quizá la “glosa” de un comentarista posterior del evangelio (si así quiere llamarse) no significa que tenga poca importancia, sino todo lo contrario. El glosista ha querido insistir en algo que está en el fondo de la vida de Jesús: Él ha sido un Mesías de Amor.

Jesús puede y debe presentarse como aquel que ha amado a los suyos hasta el extremo, en donación total, a fin de que todos formemos una “república de amigos”, si es que vale esta palabra… Re-pública significa “cosa pública”. Público y fuerte ha de ser el amor de los cristianos, como seguiré indicando en los nueve números que siguen.

1. COMO YO OS HE AMADO. PALABRA PASCUAL NO “HISTÓRICA”

— Por todo lo dicho, ésta no parece (no puede ser) una palabra directa del Jesús histórico, sino que proviene del Jesús resucitado, que se revela en la Iglesia como fuente y principio de amor, en la tradición del Discípulo Amado. Aquí se funda la “república cristiana”, en el amor de Jesús que vincula a sus amigos. Ésta es precisamente la experiencia de Pascua: Jesús, Hijo de Dios ama a los suyos y crea “con” (desde) ellos una comunión de amigos.

— Ciertamente, el Jesús de la historia amó a la gente de manera intensa, ofreciendo a los pobres, pecadores y excluidos el Reino de Dios… Más aún, es evidente que sus discípulos se sintieron amados por él, y así le han recordado por la pascua. Más todavía, Jesús ofreció a sus discípulos dos “mandamientos” fundamentales sobre el amor: (a) Uno sobre el amor a los enemigos; (b) y otro sobre el amor a Dios y el amor al prójimo.

— Pero debemos añadir que él no anduvo por ahí diciendo, como recoge tras la pascua esta glosa final del evangelio de Juan: ¡Amaos unos a los otros como yo os he amado! Esta palabra parece una reflexión y síntesis pascual de su proyecto de su presencia entre los hombres.

2. CÓMO AMÓ EL JESÚS HISTÓRICO

— El hecho de que esa palabra (como yo os he amado, así amaos vosotros…) no sea histórica sino pascual no le quita valor, sino que se lo añade, pues ella ha servido para interpretar y condensar toda la vida de Jesús (sus palabras y sus gestos) en clave de amor.

— Cuando sus discípulos recuerdan a Jesús le recuerdan como un “hombre” de amor, como un testigo de la misericordia de Dios, no sólo por sus palabras, sino y sobre por sus hechos, por toda su trayectoria mesiánica.

— Más aún, los discípulos recuerdan su muerte como un “gesto” de amor; no como un fracaso mesiánico (como pudo haber sido en un sentido), sino como la expresión suprema del amor de Dios, que se expresa en su entrega, que no es un sacrificio como expresión de violencia y venganza sino como gesto de gratuidad activa, al servicio del Reino.

3. EL TESTIMONIO DE UN EXTRAÑO: FLAVIO JOSEFO

— El testimonio más fuerte del amor de Jesús lo ofrece quizá un historiador judío, llamado Flavio Josefo, quien hacia el año 90 escribió un famoso testimonio sobre Jesús, a quien presenta como “hombre de amor”. Éste es el famoso testimonio “flaviano” donde Flavio Josefo ofrece su visión de Jesús, que es como sigue

Apareció en este tiempo Jesús (en tiempos de Poncio Pilato). Fue autor de hechos sorprenden¬tes; maestro de personas que reciben con gusto reciben la verdad. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, aquellos que antes lo habían amado, no dejaron de hacerlo después. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido (Ant. XVIII, 63-4)

— Así recuerda Josefo a Jesús, recogiendo posiblemente el testimonio de “testigos” cristianos, que él conoció tanto en Judea como en Roma. Es, sin duda, un testimonio “maquillado”, pues Josefo está interesado en presentar la existencia y acción de judíos “pacíficos”, que no se alzaron en guerra contra Roma. Pues bien, a pesar de ello, el dato es soprendente: Él presenta a Jesús como un “hombre de amor” (no como un mesías apocalíptico, ni como un líder violento). Así resume su vida:

‒ Que tenía hombre y mujeres que le querían, lo que significa que su obra se condensa en un gesto de amor
‒ Que las autoridades judías y romanas tuvieron miedo de la fuerza de su amor, en un tiempo convulso, y que por eso le mataron.
‒ Que hubo y sigue habiendo, pasaos los decenios, personas que le amaban… y que ellas fundaron “la tribu de los cristianos”, es decir, de los mesiánicos del

4. EXPERIENCIA PASCUAL, AMOR DE DIOS POR JESÚS

‒ Ese testimonio de Flavio Josefo nos ayuda a situar y entender el cristianismo como experiencia de amor mesiánico, centrado en la pascua, es decir, en la muerte y en la experiencia de resurrección de Jesús y sus discípulos. En esa línea, la experiencia pascual de la Iglesia tiene muchos rasgos y elementos, pero el más importante es, sin duda, el descubrimiento de que la muerte de Jesús ha sido un gesto de amor al servicio de la vida (del Reino de Dios).

‒ La pascua fue el descubrimiento de que la vida de Jesús había sido un gesto de “servicio de amor”, aceptado y ratificado por Dios, que le resucitó. Más en concreto, la pascua cristiana fue es el descubrimiento de que Dios ha enviado a Jesús (su Mesías y Redentor) para salvación de los hombres, de manera que Jesús aparece como signo y presencia del amor de Dios.

‒ Por eso, cuando el Jesús de Juan dice “amaos unos a los otros como yo os he amado…” está hablando en nombre de Dios. Éste Jesús no es ya simplemente el hombre histórico de Nazaret, sino el Señor glorioso, el Hijo de Dios… Dios mismo se encarna y manifiesta así en el amor de Jesús, como afirma la primera iglesia pascual: “Tanto amó Dios al Mundo que envío a su Hijo Unigénito…” (cf. Jn 3, 16-17 y todo el mensaje de Pablo).

5. PABLO, ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MI

‒ Para los primeros cristianos que conocemos, el centro y sentido más hondo del amor no fue ya la vida de Jesús en Galilea, sino el misterio de Dios que se “abrió” por esa vida, mostrándose así como “amor”. Pero un amor concreto (no una teoría de amor como la de Platón en el Banquete), un amor que se expresó y condensó en la vida de un hombre, llamado Jesús.

‒ Por eso, en principio, el amor de ese hombre Jesús es el amor del mismo Dios, que se ha expresado y revelado en la experiencia pascual de Jesús, como afirma Pablo en Gal 2, 20: “Ya no vivo yo, sino que vive en mí el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí…”. Ésta fue la experiencia de Pablo, centrada en el gesto concreto de la “pascua” (la muerte y resurrección de Jesús) como amor supremo, perdón de los pecados, salvación universal, extendida a todos los pueblos.

‒ Ésta fue la “buena nueva”, el Evangelio de Dios: El mismo Hijo de Dios, el Señor celestial se ha “entregado” en amor por los hombres, para reconciliar a todos, hombres y mujeres, judíos y gentiles, señores y siervos… Éste es el amor que une, que transforma, que libera, empezando por los más pequeños, un amor de perdón y de transformación, un amor que invierte todas las condiciones históricas, sociales, económicas…

6. MARCOS, UN AMOR CONCRETO, UNA HISTORIA…

‒ Marcos acepta el mensaje de Pablo, insistiendo en que ese “Jesús de amor”, que libera, reconcilia, transforma, ha sido un hombre concreto. Ciertamente, Jesús ha venido de Dios, pero su historia de amor ha sido muy concreta, una historia que puede y que debe recordarse, de un modo intenso, emocionado, desde su bautismo (Jesús comenzó vinculándose con Juan) hasta su muerte.

‒ Marcos escribe así el evangelio como historia del amor comprometido de Jesús, un mor mesiánico que le lleva a proclamar la llegada del Reino de Dios, arriesgándose por ello, entre los marginados y pobres de Galilea, teniendo que enfrentarse con aquellos que habían “secuestrado” el amor en nombre de sus intereses, y muriendo al fin por su proyecto de amor.

‒ El evangelio de Marcos se debe interpretar así como historia fuerte del amor del Hijo de Dios, que es el hombre Jesús, un amor concreto, apasionado, incluso desagarrado, en medio de un mundo que vive dominado por el “Diablo” del egoísmo y de la prepotencia, hasta culminar en la gran crisis de la cruz, pero abierta al mensaje de la pascua (tumba vacía…).

7. MATEO, MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS

‒ Mateo retoma la historia del amor activo de Jesús, tal como ha culminado en la muerte mesiánica, que no es ya fracaso sino expresión y culmen del mismo amor activo de Jesús. El amor no es un puro sentimiento, sino un compromiso de servicio, a favor de los demás; es en el fondo la capacidad real de dar la vida por los demás, en un contexto conflictivo, una entrega de la vida a favor de los mismos enemigos (es decir, de aquellos que no aceptan el amor).

‒ Este amor de Jesús se define en forma de misericordia, superando el plano de una ley nacional y sacral (marcado por los sacrificios). En dos lugares centrales de su evangelio (Mt 9, 13 y 12, 7), Mateo define a Jesús como mesías “misericordioso” que carga con los pecados de los hombres, que se apiada de ellos, superando el nivel de la pura ley, de la justicia sacrificial.

‒ Desde la perspectiva de la alianza de Israel, Mt 25, 31-46 interpreta el amor como servicio a los necesitados (hambrientos, sedientos, exilados….). El amor es la inversión de un orden social que oprime, expulsa, encarcela….Jesús es mesías del amor porque se identifica con los pobres y porque pone un marcha un movimiento de ayuda solidaria dirigida a los últimos del mundo.

8. LUCAS, UN AMOR CERCANO

‒ Lucas asume de un modo especial la experiencia del amor histórico de Jesús, entendido también en forma de compasión y de perdón. Especiales son en este contexto las parábolas de la misericordia, propias de su evangelio (Hijo Pródigo, Buen Samaritano…), que interpretan la vida de Jesús como experiencia de amor activo y misericordioso.

‒ Lucas presenta a Jesús como hombre de amor “tierno”, especialmente atento a las necesidades de los marginados (mujeres, excluidos sociales…). Frente al gesto duro de Marcos (Jesús: amor apasionado), frente a la ruptura intensa de Mateo (amor: superación de un tipo de ley al servicio de los intereses de la “clase” establecida), Lucas ha destacado el carácter más humano del amor de Jesús, amor que puede ser tierno, cercano, cariñoso.

‒ Pero, al mismo tiempo, ese amor de Jesús aparece especialmente vinculado con la justicia, es decir, con la ayuda a los pobres y marginados. La misma exigencia del amor pone a los hombres ante el gran “juicio”: Aquellos que no aman (como el rico Epulón) se condenan y destruyen a sí mismos.

9. JUAN, AMAOS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO

En este contexto podemos presentar ya el testimonio de Juan, que describe a Jesús como un hombre que ha amado y que deja en herencia a los suyos el amor. Un hombre que ama de esa forma, como Jesús ha amado, tiene que ser y es “el Hijo de Dios”, presencia de Dios sobre la tierra. Desde ese fondo ha destacado el evangelio de Juan algunos rasgos que están menos presentes en los otros evangelios:

‒ Juan supone que Jesús ha amado a los suyos. Que les ha amado de forma histórica (como Cristo encarnado) y que les ha amado como Hijo eterno de Dios. Ciertamente, este Jesús ama a todos (¡tanto amó Dios al mundo…!), pero su amor se ha centrado de un modo especial en una comunidad de amigos (de amados) con los que ha formado una especie de escuela y semillero de amor (centrado en la comunidad del Discípulo amado).

‒ Juan presenta la vida de Jesús como experiencia de amor encarnado en el mundo, en una comunidad de amantes… En este contexto queda velado el amor a los “enemigos” (propio del Sermón de la Montaña de Lc y Mt); no se niega, pero queda en un segundo plano. Juan ha puesto de relieve el amor de Jesús a su grupo a su Iglesia; es decir, el esfuerzo de Jesús por crear una “comunidad de iluminados en el amor”, una comunidad-semilla, capaz de transformar el mundo por amor.

‒ Así dice Jesús a los suyos “amaos unos a otros… (como yo os he amado)”. No se excluye aquí el amor a los enemigos, pero no quedan ya en primer plano. En el primer plano queda la comunidad de amantes… Una iglesia de puro amor, que es capaz de asumir el legado de Jesús y de presentarlo como testimonio de amor en medio del mundo, no para condenar el mundo, sino para salvarlo… Jesús aparece así como un hombre que ha creado una comunidad de amor, que se expresa en forma de iglesia. Así puede decir a los suyos “amaos unos a otros como yo os he amado”.

 

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