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Archivo para Domingo, 10 de febrero de 2019

Remar en la noche…

Domingo, 10 de febrero de 2019

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Habrá siempre que remar por la noche
contra las olas y el viento…

¡Pero por qué te asustas siempre!
¿Te toca a ti remediarlo?

¿ Por qué, infeliz,
no pides auxilio?
¿A qué esperas para hacerlo?

Tentación siempre recurrente
de bajar los brazos,
en lugar de gritar tu desconcierto …

¡No porque estés en la oscuridad
estás obligado a rechazar la luz!

No te aferres a nada, se entiende,
pero no olvides la Corriente que te lleva!

Grano de polvo en el espacio infinito,
no olvides sin embargo
de qué Cuerpo eres sólo una parte ínfima…

Que tu mirada interior
permanezca vuelta, pase lo que pase,
hacia él, más allá de tus miedos, de tu cansancio
y de tus pensamientos débiles…

Porque es de Él, y sin cesar,
De quien tienes que recibir todo…
*
Philippe,
hermano de la Communion Béthanie.
***

indios

 

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.”

Simón contestó:

“Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.”

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.”

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres.”

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

*

Lucas 5, 1-11

***

El encuentro con Dios me hace entrever continuamente nuevos espacios de amor y no me hace pensar lo más mínimo en haber hecho bastante, porque el amor me impulsa y me hace entrar en la ecología de Dios, donde el sufrimiento del mundo se convierte en mi alforja de peregrino. En esta alforja hay un deseo continuo: «Señor, si quieres, envíame. Aquí estoy, dispuesto a liberar al hermano, a calmar su hambre, a socorrerle. Si quieres, envíame».

En un mundo tan poco humano, donde la gente llora por las guerras, por el hambre, el encuentro con Dios nos transforma, nos hace tener impresos en el rostro los rasgos de Dios, nos hace tener en el rostro el amor que hemos encontrado, junto con un poco de tristeza por no ver realizado este amor. Yo he encontrado al Señor, pero he encontrado asimismo nuestras miserias y, ante las más grandes injusticias – y muchas de ellas las he visto de manera directa-, nunca he podido ni he querido decir: «Dios, no eres Padre». Sólo me he visto obligado a decir justamente: «Hombre, hombre, no eres hermano». Y he vuelto a prometer a mi corazón el deseo de llegar a ser yo más fraterno, más hombre de Dios, más santo, a fin de propagar más el amor concreto que nos lleva a socorrer a los hambrientos, a las víctimas de la violencia, a los que no conocen ni siquiera sus derechos, a los que ya no se preguntan de dónde vienen ni a dónde se dirigen.

Es preciso vivir el carácter cotidiano del encuentro con él, cambiando nosotros mismos. He visto realizarse muchos sueños inesperados. Pero el acontecimiento más extraordinario, que todavía me sorprende, empezó cuando niños, jóvenes, personas de todas las edades, me eligieron como padre, como consejero y como cabeza de cordada. No me esperaba precisamente esto, y cada vez que un alma, un corazón, se confía a mí para que le aconseje, dentro de mí caigo de rodillas y me repito: «¿Quién soy yo, quién soy yo para ser digno de guiar a personas más buenas que yo? No, no soy digno, pero, Señor, por tu Palabra, también yo “me volveré red” para tu pesca milagrosa»

*

E. Olivero,
Amar con el corazón de Dios,
Turín 1993, pp. 7-9.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“La fuerza del Evangelio”. 5 Tiempo ordinario – C (Lucas 5,1-11)

Domingo, 10 de febrero de 2019

2f847-pesca_milagrosa_2bEl episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista. Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios. No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen a al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de manera imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años. No hemos de engañarnos.

Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos «haciendo cosas» desde una Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo? Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas se encuentran con testigos que irradian el fuego de Jesús.

José Antonio Pagola

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“Dejándolo todo, le siguieron”. Domingo 10 de febrero de 2019. Domingo 5º Ordinario.

Domingo, 10 de febrero de 2019

13-ordinario5 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 6, 1-2a. 3-8: Aquí estoy, mándame.
Salmo responsorial: 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
1Corintios 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Lucas 5, 1-11: Dejándolo todo, lo siguieron.

El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión.

La escena comienza a desarrollarse probablemente en el templo de Jerusalén, donde el profeta recibe la visión de una liturgia celeste. El profeta ve a Yahvé con los rasgos de un rey, ejerciendo su poder. También sobresale un lenguaje de plenitud expresado en frases como “el ruedo de su manto llenaba el templo”, “su gloria llena la tierra toda”… Los serafines (serafín = ardiente), seres alados de fuego, que no son todavía los ángeles de la tradición posterior, están por encima del rey, en actitud de servicio. Los serafines entonan el canto del «santo, santo, santo». La santidad de Dios se hace visible a través de su gloria, y la gloria de Dios se manifiesta a través de sus obras en la creación y de sus acciones liberadoras a favor de su pueblo.

En los vv. 5-7 se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en le nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.

Todo el capítulo 15 de 1 Corintios tiene como eje temático la resurrección de Jesucristo, puesta en duda en el v.12: “¿cómo dice alguno que no hay resurrección de los muertos?”. Al comenzar el capítulo Pablo recuerda la Buena Nueva como el mejor regalo entregado a la comunidad de Corinto, regalo que fue recibido y mantenido con fidelidad a las palabras anunciadas. Aparece claro que el elemento común a los cristianos de todos los pueblos, culturas y tradiciones es la palabra de Dios. El contenido de la Buena Nueva lo describe Pablo citando un fragmento del primer credo cristiano que tiene como protagonista a Cristo, como testimonio de solidaridad, su muerte por nuestros pecados, como punto de referencia, las Escrituras, como respuesta solidaria humana, su sepultura, como intervención directa de Dios, su resurrección, como testigos de la resurrección, a todos los que se les apareció. El Dios de la Vida y la vida de nuestro pueblo es la razón de ser de toda vocación cristiana, que es vocación a defender y acrecentar la vida. «Para que tengan Vida y Vida en abundancia».

En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar…

Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.

Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!

Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.

Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige “remar mar adentro” para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.

Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.

Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor. Leer más…

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10.2.19. Arriésgate, Pedro. Duc in Altum: navega mar adentro, hora de pesca.

Domingo, 10 de febrero de 2019

F4156AA7-8AF7-47EC-99B5-6DA059531F8CDel blog de Xabier Pikaza:

Simón y sus compañeros vuelven de haber trabajado la noche entera sin haber conseguido nada. Pero Jesús les espera en la orilla y les pide que vuelvan, que inicien la tarea mar adentro, en lugares que no habían explorado todavía. Las palabras de Jesús a Simón y a sus compañeros son significativas:

En griego epanagage eis to bathos, que significa avanzar (navegar) más al interior (en zona más profunda).

La traducción latina dice: Duc in altum: lleva el barco a más hondura-profundidad-altura. Esa palabra ha hecho fortuna y se utiliza como signo de llamada vocacional, que debería ser arriesgada.

La traducción castellana “rema mar adentro” pone de relieve el esfuerzo personal de los pescadores que se supone que “reman” (en teoría podían navegar a vela).

505A35B4-4D94-46EA-AEFA-743E35305207Sea como fuere, Simón y sus compañeros han de ser unos “tipos” arriesgados, incluso aventados por creer en Jesús y realizar su tarea. Jesús les pide un esfuerzo nuevo, les lleva a nuevos mares, y ellos asumen la tarea, y lo hacen a cuerpo, sin intermediarios.

Eran en el fondo unos hombre “aventados” (con el soplo del buen Espíritu)… como deberían hacer el Papa y sus compañeros en la actualidad. Así le digo a Pedro/Papa: Arriésgate ya.
(Y con este deseo… un buen domingo a todos).

Texto: Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.”Simón contestó: “Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.”

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.”

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres.”Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Situar el texto:

0619014B-0DFB-45E8-93BD-6BAC67ED9861Este pasaje tiene un fondo histórico, pero refleja toda la historia del cristianismo primitivo, desde la perspectiva de Pedro y a sus primeros compañeros. Éstos son algunos datos de su historia:

1. Se llamaba Simón (nombre hebreo-arameo, pero helenizado)… y era de Betsaida, de oficio pescador, casado en Cafarnaúm (y viviendo posiblemente en la casa de la madre de su mujer). Tenía un fondo laboral y familiar claro, lo mismo que su hermano Andrés. Debía ser hombre de cierto carácter.

2. Había sido discípulo de Juan Bautista (Jn 1, 36-42) donde Jesús le encontró probablemente, y le atrajo para su misión de Reino. Eso significa que era un tipo entrenado en cuestiones de “espíritu”. Conocía otras espiritualidades (la de los bautista…) y se convirtió a Jesús… en un camino de conversiones que siguió a lo largo de su vida.

3. El Evangelio de Marcos (Mc 1, 16-42) ha recreado la llamada de Pedro (Simón) y de sus tres compañeros (Andrés y los zebedeos) en forma “ideal”, en un contexto de pesca y playa. Es posible que esa recreación tenga un fondo histórico. Pedro y sus compañeros siguieron de algún modo pescando durante el tiempo del mensaje de Jesús… Jesús les conoció también en la playa, y ellos le enseñaron tareas de pesca.

4. Jesús llamó a Simón de un modo especial y le apellidó Pedro (Roca…), quizá de un modo irónico… confiándole una tarea especial… Pero Pedro negó a Jesús… en el momento de su detención. Tenía, sin duda, iniciativas y propuestas, quiso el poder (cf. Mc 8), no le parecían buenas algunas ideas de Jesús, que llegó a llamarle “Satanás”, aunque le conservó a sulado.

5. Pedro creyó en Jesús tras su crucifixión e inició (con las mujeres y con otros discípulos) el camino de la Iglesia, ofreciendo el mensaje en especial a los judíos. Así le va Pablo, que mantiene con él una relación tirante pero de reconocimiento mutuo. Era un tipo convencido de Jesús, pero tuvo que irse convirtiendo en una historia larga de encuentros y desencuentros con Pablo (y con Santiago, el hermano de Jesús). No tuvo miedo a equivocarse, y por eso terminó acertando, y marchando a Roma con el estandarte de Jesús, donde le mataron los “buenos” romanos.

6. Pedro asumió la misión a los gentiles…, aunque con ciertos matices distintos de los de Pablo, por lo que tuvieron diferencias, que aparecen reflejadas en Gal 2 y Hch 15. Pero al fin asumió la tarea de Pablo, interpretando así el evangelio como misión universal, para lo que vino a Roma, que era un buen sitio entonces para ser universales. Lo que pasa es que después los papas se quedaron en Roma y si salen (ahora más, con aviones) no parece que se enteren de verdad de lo que hay por el mar profundo. Por eso Jesús les tiene que decir “duc in altum” (en Latín, que suena mejor).

Entender el texto

1. Lucas recoge y recrea en este pasaje una tradición previa… que está en el fondo de Mc 1, 16-20 (la llamada a los primeros discípulos, a los que Jesús hará pescadores de hombres…). Hay un fondo histórico, pero recreado por la tradición pascual, que reconoce a Pedro y a los zebedeos (tres) o a Padro-Andrés, con los zebedeos (cuatro) como los primeros testigos de Jesús, columnas de la Nueva Comunidad. En ese fondo se sitúa la imagen del mar y la barca, con la pesca cristiana.

2. Lucas reelabora aquí una tradición que ha sido recreada también por Jn 21 (pesca milagrosa, misión…). Hay muchos elementos comunes, pero la versión de Juan está mucho más enriquecida, como parábola total y conclusión del Evangelio: Los “pescadores” son siete (no tres…) y Pedro recibe una tarea especial de “pastorear” a las ovejas de Jesús (al lado del Discípulo amado).

3. La novedad del texto de Lucas (y de Juan) está en el hecho de que Jesús (que es el Jesús pascual) pide a Pedro que vuelva a iniciar la faena, en un mar más profundo… más lejos de la costa. En un primer momento, Pedro y los suyos trabajaban cerca de la costa (entre judíos…); el Jesús pascual les pide que se arriesguen, que vayan más allá (que asuman en el fondo la tarea de Pablo, que es la misión de los gentiles). Sin este nuevo mandato de Jesús, y sin la “obediencia” de Pedro (que se pone en marcha, aunque tenga el riesgo de hundirse, como sabe Mt 14) no habría surgido la Iglesia (con Pablo sólo era difícil crear iglesia vinculada a la historia de Jesús).

4. Este Pedro el “aventado y arriesgado”, que va a pescar más lejos de la orilla, con sus compañeros, es el signo de la iglesia que se debe aventurar a romper los moldes hechos, la misión ya fijada… Es evidente que tiene el riesgo de fracasar y de hundirse (como en Mt 14), pero si se queda en la orilla donde no hay olas, ni lío… ha fracaso de antemano. Éste es el Pedro de la Iglesia que debe encontrar, en este mar-mundo del 2013, nueva “pecado” es un elemento esencial del cristianismo.

5. La tarea de este Pedro ha sido retomada de formas distintas por los evangelios (menos el de Marcos, que deja el tema sin resolver, dando casi la impresión de que Pedro no se había convertido todavía…). Mateo presenta a Jesús sacando del agua a Pedro, para que no se ahogue (Mt 14)… y confiándole después la tarea de “abrir” las puertas de la Iglesia fuera de Israel (Mt 16), apareciendo así como piedra de base de la nueva comunidad… Lucas presenta a Jesús orando por Pedro… para que pueda confortar a los hermanos (Lc 22, 32).

6. Pedro ha realizado una acción arriesgada, al servicio de la misión universal de la Iglesia, teniendo que enfrentarse para ello con los mismos discípulos de Jerusalén, que le critican de hereje y aventado (cf. Hch 10…). El buen Pedro tiene que defenderse apelando al Espíritu Santo…, pero queda ante los de Jerusalén como un hombre “peligroso”, que inicia misiones “imposibles”, fuera del cerco sagrado de la buena ley de Jesús… Éste es el fondo de nuestra escena: Por Mandato del Jesús Pascual… Pedro se arriesga a pesar mar adentro…

7. Los protestantes, en general, aceptan la misión de Pedro y le veneran como gran apóstol, junto a Pablo… Pero piensan que su misión no debe perpetuarse de manera personal en la Iglesia, a través de un papa de Roma. Por eso lo tienen más fácil: Pedro queda en el pasado, su tiempo terminó, le recordamos y agradecemos su misión… y basta. Hay algunos protestantes que se quedan con la versión de Marcos, suponiendo que Pedro lo hizo al fin mal, pero creo que su lectora no recoge la dinámica del evangelio.

8. Los católicos lo tenemos mucho más difícil, pues pensamos que la misión de Pedro continúa y está expresada, de algún modo, en el Papa y en sus compañeros… Aquí está nuestra paradoja: Los papas lleven siglos haciendo de “rémora”, impidiendo que la barca de la Iglesia se arriesgue de verdad, buscando nuevos mares… No me imagino a los últimos papas remangándose como Pedro para llevar la barca de la iglesia a nuevos mares: Duc in Altum. No me imagino al Papa echándose al agua (como Pedro en Jn 21…), ni escuchando de verdad la reprimenda de Jesús que le dice: ¡No me andes espiando al discípulo amado, que te he hecho pastor, no inquisidor!.

9. Los católicos tenemos más difícil… pues los últimos papas (desde hace siglos) se siguen quedando en la orilla de Roma, no ven las cosas que hay más allá… Administran, y lo hacen bien, pero no salen a pescar a nuevos mares… De manera que nadie les puede criticar como criticaron a Pedro los buenos cristianos de Jerusalén por haber aceptado en la Iglesia a un tipo raro, como el centurión de Cesarea. A pesar de ello seguimos (yo sigo) confiando en el verdadero Pedro, el aventado de Jesús, que se pone a pensar de nuevo allí donde había fracaso alto.

10. Habrá que recordarle a Pedro “duc in altum”… Arriésgate Pedro (arriesgaos los zebedeos…). Hay faena que hacer fuera de los mares tranquilos de vuestra Roma.

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Isaías y Pedro: Dos vocaciones muy distintas. Domingo 5º. Ciclo C.

Domingo, 10 de febrero de 2019

VocacionesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En la comunidad internacional en la que he vivido estos últimos meses hemos hablado a menudo del problema de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Con notables excepciones, como la India, en general se advierte un descenso alarmante. Las lecturas de hoy no resolverán el problema, pero animan a reflexionar sobre la vocación y a recordar una de las pocas órdenes que nos dio Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

* * *

Después del fracaso en Nazaret (que leímos el domingo pasado), Lucas presenta a Jesús predicando y haciendo milagros en Cafarnaúm e incluso más al sur, en las sinagogas de Judea. Pero la liturgia dominical no lee nada de esto (Lc 4,34-44), sino que pasa a la vocación de los primeros discípulos. Así titulan este episodio la mayoría de las Biblias, aunque el relato de Lucas podríamos titularlo, con más razón, “La vocación de Pedro”.

            A propósito de la visita de Jesús a Nazaret vimos que Lucas se basa en el evangelio de Marcos, pero lo modifica para enfocar el episodio de forma nueva. Hoy ocurre lo mismo con la vocación de los primeros discípulos. Para comprender el relato de Lucas conviene recordar el de Marcos.

El escueto relato de Marcos sobre la vocación de los primeros discípulos

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”.

Al punto, dejando las redes, le siguieron.

copo

Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

Vocación Santiago y Juan

            El relato no puede ser más breve. Parecen simples notas para ser desarrolladas por Marcos en su comunidad. Dos parejas de hermanos, un lago, unas redes, una barca, el padre de dos de ellos, unos jornaleros. En este ambiente tan sencillo y cotidiano, Jesús se encuentra por primera vez con estos cuatro muchachos, los llama, y ellos lo siguen dejándolo todo. Una reacción que desconcierta a cualquier lector atento.

La versión de Lucas

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– «Remad mar adentro, y echada las redes para pescar

Simón contestó:

«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Pesca milagrosa

Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Los tres cambios que introduce Lucas

  1. Pretende hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos. No es la primera vez que se encuentran con Jesús. Él ya ha estado antes en Cafarnaúm, incluso ha comido en casa de Simón y ha curado a su suegra. Luego ha seguido su vida de predicador itinerante y solitario, pero, cuando vuelve a Cafarnaúm, no es un desconocido. Es un maestro famoso y la gente se agolpa para escucharle. El lector no se extraña de que lo sigan.
  2. Centra su atención en Pedro, no en los cuatro discípulos, hasta el punto de que ni siquiera nombra a su hermano Andrés. Jesús sube a la barca de Simón, le pide que se aleje un poco de tierra; con él dialoga después de hablar a la multitud, ordenándole adentrarse en el lago y echar las redes; y Simón Pedro es el único que reacciona arrojándose a los pies de Jesús y reconociéndose pecador. Aunque luego se menciona a Santiago y Juan, que también seguirán a Jesús, las palabras finales y decisivas las dirige Jesús solo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
  3. Subraya la importancia de Jesús. No se limita a pasear por el lago (como cuenta Marcos) sino que está predicando a la gente, que se agolpa a su alrededor hasta el punto de necesitar subirse a una barca. Luego, Simón le da el título de “Maestro” y le obedece, volviendo a pescar, aunque parece absurdo. Finalmente, Simón cae de rodillas y lo reconoce como un personaje santo, no un pobre pecador como él. La vocación de los discípulos supone un mayor conocimiento de Jesús.

¿Qué pretende decirnos Lucas con estos cambios?

            La finalidad del primero es clara: hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos.

            El segundo pone de relieve la figura de Pedro. Lo mismo hace Lucas al final de su evangelio, cuando pone en boca de los discípulos estas palabras: “Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34). Simón protagonista al comienzo y al final del evangelio de Lucas. Es posible que algunos cristianos, basándose en el duro ataque de Pablo a Pedro en Antioquía (contado en la carta a los Gálatas), pusiesen en discusión su autoridad, y Lucas quisiera ponerla a salvo.

            El tercero nos recuerda que cualquier vocación sirve para conocer mejor a Jesús. El relato de Marcos dice que Jesús no es un francotirador cuya obra desaparecerá con su muerte; quiere y busca colaboradores que continúen su misión. Lucas añade el aspecto de la enseñanza y la autoridad. Pero sugiere también algo mucho mayor: es un personaje santo, que provoca en Simón un sentimiento de indignidad. Para comprender este aspecto hay que recordar la vocación de Isaías, primera lectura de este domingo.

El relato de la vocación de Isaías (1ª lectura)

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: “¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

            Yo dije: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

Vocación Isaías

            Y voló hacia mí uno de los serafines, con una ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: “Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.”

            Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?”

            Contesté: “Aquí estoy, mándame.”

            Retrocedamos ocho siglos, al 739 a.C., año de la muerte del rey Ozías. En ese momento sitúa Isaías su vocación. Pero la cuenta de un modo muy distinto. En ese encuentro inicial con Dios lo que más le llama la atención es su majestad y soberanía, que destaca mediante tres contrastes. El primero con Ozías, muerto; del rey mortal se pasa al rey inmortal. El segundo, con los serafines, a los que describe detenidamente, mientras de Dios solo puede decir que “la orla de su manto llenaba el templo”. El tercero, con Isaías, que se siente impuro ante el Señor. Tenemos tres binomios que subrayan la soberanía de Dios (vida-muerte, invisibilidad-visibilidad, santidad-impureza). Todo esto, enmarcado en un terremoto que hace temblar los umbrales y llena de humo el templo.

            Basándose en la queja de Isaías (“soy un hombre de labios impuros”), un serafín purifica sus labios, como símbolo de la purificación de toda la persona. Por eso, la consecuencia final no es que Isaías ya tiene los labios puros, sino que “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Cuando Dios pregunte “¿A quién mandaré? ¿Quién irá de mi parte?”, Isaías podrá ofrecerse voluntariamente: “Aquí estoy, mándame”.

La vocación de Isaías y la vocación de Simón

            Lucas, gran conocedor del Antiguo Testamento, parece ofrecer en su relato de la vocación de Simón Pedro una relectura de la vocación de Isaías. Al menos es interesante advertir las diferencias.

            El escenario. La vocación de Isaías tiene lugar en el ámbito sagrado del templo, con Dios en un trono alto y excelso, rodeado de serafines. La de Pedro, en una barca dentro del lago, rodeado de los compañeros y jornaleros.

            La persona que llama. En el caso se Isaías se subraya la majestad y santidad de Dios. A Jesús se lo presenta inicialmente de forma muy humana, aunque capaz de congregar a una multitud y de convencer a Pedro para que vuelva a pescar. Solo después de la pesca advertirá Pedro que se encuentra ante un personaje excepcional.

            La reacción inicial del llamado. En ambos casos el protagonista se siente pecador. La reacción de Isaías es más trágica (“estoy perdido”) porque parte de la idea de que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Pedro se reconoce simplemente ante un personaje sagrado junto al cual no puede estar (“apártate de mí”).

            La preparación del enviado. A Isaías, un serafín lo purifica como paso previo para poder realizar su misión. Jesús no realiza nada parecido con Pedro. La forma de prepararse es seguir a Jesús. “Dejándolo todo lo siguieron”.

            La misión. La liturgia ha suprimido la parte final del relato de Isaías, donde recibe la desconcertante misión de endurecer el corazón del pueblo judío y cegar sus ojos; la misión principal de Isaías consistirá en transmitir un mensaje durísimo. En cambio, la de Pedro será positiva, “pescador de hombres”.

            La reacción final del elegido. Aquí no hay diferencia. En ambos casos se advierte la misma disponibilidad, aunque en los discípulos se subraya que lo dejan todo para seguir a Jesús.

Reflexión y pregunta

            La generosidad de los cuatro primeros discípulos, dejándolo todo para seguir a Jesús, nos recuerda a tantas personas que siguen dejando todo, incluso la familia y la patria, a veces para ser “pescadores de hombres”, otras para ayudar a cualquiera que lo necesite, incluso de religión distinta. Un ejemplo que sirve de estímulo y demuestra el poder de la llamada de Jesús.

            La pregunta: ¿Cuántas veces a la semana cumplo su mandato: “Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”?

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10 de Febrero. Domingo V. Tiempo Ordinario

Domingo, 10 de febrero de 2019

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“Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.”

(Lc 5, 1-11)

Y hay que decir que esta vez “todo” era mucho. Eran dos barcas tan llenas de peces que casi se hundían…

Lo normal hubiera sido que Pedro o los hijos de Zebedeo hubieran contratado a Jesús como pescador. Con él en la empresa los beneficios hubieran aumentado considerablemente. Sus familias se habrían enriquecido y con parte de los beneficios podrían haber ayudado a otras muchas personas. Podrían haber fundado una escuela de predicadores y una ONG, por ejemplo.

Así son las cosas como las pensamos nosotros. Dios suele tener otras ideas y aquí es cuando estos pescadores, el mejor día de toda su carrera laboral deciden dejarlo TODO.

Una decisión absolutamente absurda desde el punto de vista humano. Es una pena no conocer la reacción de las familias y amigos de estos pescadores. Pero seguro que fue similar a la de tantas familias que ven como una hija, un hermano, una sobrina o un primo se encuentra con Dios y lo deja todo.

Quienes lo ven desde fuera no lo comprenden. Una vez, hace años, una persona que vino a la hospedería, conversando con la hospedera, se interesaba por una hermana. Había oído decir que en el monasterio había una hermana que era médico y preguntaba si era cierto. Ante la respuesta afirmativa dijo: “-¡Qué desperdicio de vida!”

Que una persona que tenía una buena profesión decida meterse monja suscita incomprensión e incluso desprecio. No hay lógica humana que comprenda que alguien sea capaz de dejar dos barcas llenas de peces y seguir a un Maestro medio desconocido. No se comprende, pero sigue sucediendo.

Jamás podrá comprenderse porque es una respuesta que tiene que ver con el corazón, no con la razón. El amor nunca es razonable. Y ahí van quedando barcas llenas de peces en muchas orillas. Porque cuando Dios irrumpe en la vida de alguien primero la hace rebosar y después se lo pide TODO.

Oración

Ven, Trinidad Santa, a nuestras orillas, cuando repasamos nuestras redes vacías, cuando dejamos nuestras barcas llenas. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Todos estamos llamados a ser más, sin límites.

Domingo, 10 de febrero de 2019

E7714C27-2A36-4F7B-BF00-2D8A4FDEC734Lc 5, 1-11

Empezamos hoy el c 5 del evangelio de Lc con un episodio múltiple: La multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a remar mar adentro; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos y el inmediato seguimiento. No nos dice de qué les habla Jesús, pero lo que sigue, nos da la verdadera pista para descubrir de qué se trata.

Este relato tiene gran parecido con el que Jn narra en el capítulo 21, después de la resurrección. Allí es Pedro el que va a pescar en su barca. Se habla de una noche de pesca sin fruto alguno y Jesús les manda, contra toda lógica, que echen las redes a esa hora de la mañana. El mismo resultado de abundante pesca y la precipitada decisión de Pedro de ir hacia Jesús. Dado el simbolismo que envuelve el relato, tiene más sentido en un ambiente pascual. Pedro llama a Jesús “Señor”, título que solo los primeros cristianos le dieron.

Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso tiene un significado teológico muy profundo. ¿Quién no ha tenido la sensación de haber trabajado en vano durante décadas? Solo tendremos éxito cuando actuemos en nombre de Jesús. Esto quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su actitud vital, más allá de nuestras posiciones raquíticas y a ras de tierra. Esa actitud vital no se puede dar por hecho solo por decir: por Jesucristo nuestro Señor.

Rema mar adentro. La multitud se queda en tierra, solo Pedro y los suyos (muy pocos) se adentran en lo profundo. Esta sugerencia de Jesús es también simbólica. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad (alta mar), y expresa mejor el simbolismo. Solo de las profundidades del hombre se puede sacar lo más auténtico. Todo lo que buscamos en vano en la superficie, está dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro exige traspasar las falsas seguridades del yo superficial y adentrarse en aguas incontroladas. Adentrarse en lo que no controlamos exige una fe-confianza auténtica. Decía Teilhard de Chardin: “Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío”.

Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús, que le manda contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos domesticar y controlar lo que es más que nosotros, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a donde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarca nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más que nosotros es signo de verdadera sabiduría.

No temas. El temor y el progreso son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Más de 130 veces se habla en la Biblia del miedo ante lo divino. Casi siempre, sobre todo en los evangelios, se afirma que no hay motivo para ello. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión hacia la Vida. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. “Pescar hombres” era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Jesús. Aquí quiere decir: ayudar a los hombres a salir de todas las opresiones que el impiden crecer. Solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo auténtico de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás. La principal tarea de todo ser humano está dentro de él. Dios quiere que crezcas, siendo lo que debes ser.

Y, dejándolo todo, lo siguieron. Seguimos en un lenguaje teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas, los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto, el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra. Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la “vocación” al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una minoría. Todos estamos llamados a la plenitud, a desplegar todas nuestras mejores posibilidades.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene manera de decirme lo que espera de mí, más que a través de mi ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni preferencias. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Soy yo el que tengo de adivinar todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas esas posibilida­des, no tengo que esperar nada de Dios.

Mi vocación sería el encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos. Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores unos que otros. Lo importante es acertar con el que mejor se adecúe a mis aptitudes personales. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva con sigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.

Este relato está resumiendo el proyecto de todo ser humano. Jesús había desarrollado su proyecto de vida y quiere que los demás desarrollen el suyo. Pedro lo ve como imposible y hace patente su incapacidad. Está instalado en su individualidad y en su racionalidad. Es figura de todos nosotros que no somos capaces de superar el ego psicológico y el ego mental. Todo lo que no son mis sentimientos y mis proyectos racionales lo considero inalcanzable. Todas las posibilidades de ser que están más allá de esta ridícula acotación no me interesan.

Pero la verdad es que más allá de lo que creo ser, está lo que soy de verdad. Aquí está la clave de nuestro fracaso espiritual. Descubrimos que hay seres humanos que han alcanzado ese nivel superior de ser, pero nos parece inalcanzable porque “soy un pecado”. “¿Quién te ha dicho que estabas desnudo?” Dios se lo pregunta a Adán, dando por supuesto que Él no ha sido. Notad el empeño que ha tenido la religión en convencernos de que estábamos empecatados y que no debíamos aspirar más que a reconocer nuestros pecado y hacer penitencia. Ojalá superásemos esa tentación y aspirásemos todos a la plenitud a la que podemos llegar. Ni lo biológico, ni lo psicológico, ni lo racional, constituyen la meta del hombre.

Meditación

Llega a lo profundo de tu ser.
Sin esa profundización, no es posible la plenitud humana.
La contemplación es el único camino.
Aprende a pescar en tu propio pozo.
Lo que con tanto afán buscas fuera de ti,
lo tienes al alcance de la mano dentro de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Misión de todos los seres.

Domingo, 10 de febrero de 2019

pescatoridiuomini“No corras, ve despacio, adonde tienes que ir es a ti mismo” (Juan Ramón Jiménez)

10 de febrero. Domingo V del TO

Lc 5, 1-11

Cuando acabó de hablar dijo a Simón: boga mar adentro y echa las redes para pescar (V 4)

Un rey encargó un cuadro que fuera lo más real posible. Para pintarlo se presentaron varios pintores. Pero el último tardaba mucho tiempo, por eso le preguntaban los asesores: “¿Cómo va?” Y no acababa. Por fin, al terminarlo, se presentó el rey.  El cuadro era un camino por el bosque, un camino sin fin. Estaban mirándolo y el pintor le dijo: “¿Damos un paseo, majestad?” Se internaron por el bosque y aún no han regresado todavía.

Las palomas batieron con urgencia sus alas, los árboles sus ramas y gritaron, las nubes su vestido blanco gritando a coro todos: “No nos va a impedir nadie que gritemos: ¡La libertad es nuestra, iremos hasta donde nuestro corazón quiera llevarnos, haciendo el bien a nuestro paso!”

Jesús deja clara la misión de los cristianos, de todos los seres: comprometerse en la mejora de la existencia. Jesús dijo a Simón: No temas, en adelante te haré pescador de hombres. Arriesgada misión que debe orientarse hacia dentro y cargar sus baterías para salir luego hacia fuera y ser luego eficaz en la tarea. Lo cual requiere voluntad y tiempo. Decía Juan Ramón Jiménez: “No corras, ve despacio, adonde tienes que ir es a ti mismo”. Despacio, por un camino incierto, aunque seguro, que pocos saben dónde va, lo cual no es poco.

Las flores mejoraron su perfume, el rey su gobierno, los asesores, el pueblo, el bosque, el pintor y su cuadro, se hicieron todos más cristianamente humanos.

En Del alba al crepúsculo aceptado, Rabindranath Tagore canta en su poema El tránsito:

Sé que esta vida, aunque no madure el amor,
no está perdida del todo.
Sé que las flores que se mustian al amanecer,
las corrientes que se extraviaron en el desierto,
no están perdidas del todo.
Sé que cuanto se regaza en esta vida, cargado
de lentitud, no está perdido del todo.
Sé que mis sueños no realizados, mis melodías
sin cantar, están cogidos a una cuerda tuya del laúd;
que no están perdidos del todo.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Moverse trae abundancia

Domingo, 10 de febrero de 2019

jesus e a pesca milagrosaLc 5,1-11

Sería muy difícil precisar, en este texto, lo que es recuerdo o tradición y lo que ha ido evolucionando desde la actividad redaccional de Lucas. Aun así, nos interesa adentrarnos en el significado de lo que acontece en esta trama. Comienza situando a Jesús como un gran predicador-maestro, un guía capaz de congregar a muchas personas para escuchar “la palabra de Dios”. Su liderazgo, en medio del pueblo, parece ya en proceso de consolidación. Observemos que la posición de Jesús muestra un doble movimiento en la puesta en escena: primero está “en pie”, después “sentado en la barca”, una expresión que no puede pasar desapercibida porque nos refiere a una solidez personal, en el primer caso, y un alto grado de poder ejercido desde la predicación, en el segundo. Se trataría de enmarcar bien el rol de Jesús y su fuerza frente a la relación con los que van a seguirle.

Hasta este momento no tiene seguidores, tan sólo oyentes curiosos algunos, cuestionados otros. Con este relato, Jesús muestra su deseo de aglutinar en torno a sí cooperantes que den fuerza y vigor al movimiento mesiánico en el que se había embarcado y al que se siente llamado. Se encuentra con unos pescadores de profesión; Jesús entra en la cotidianeidad de estos personajes que viven la frustración propia de la improductividad en el trabajo cuando parece que no hay ni recursos ni condiciones favorables. Jesús les invita a echar las redes de nuevo, pero no en el mismo sitio donde lo hacían sino “mar adentro”. Es muy importante esta indicación porque les muestra algo tan sensato y básico como que, si queremos obtener resultados diferentes, no podemos hacer siempre lo mismo. Y sabemos que esto nos ocurre con cierta frecuencia. Estos pescadores se fían de esa indicación, la siguen y obtienen una gran pesca. La reacción es de asombro y de reconocer que tal vez no merecían tanto. Aún así, superado el primer nivel emocional, estos pescadores encuentran un sentido nuevo y una dirección diferente para avanzar en la vida. Jesús les llama explícitamente, “os haré pescadores de hombres”, es decir, os invito a que me ayudéis a situar a las personas en una posición diferente para recuperar la verdadera esencia de la vida.

Y es esta una clave importante en el proceso del seguimiento a Jesús. Se intuye la llamada en la misma vida, en los quehaceres cotidianos, no hay nada especial ni sobrenatural. El verdadero milagro no es la llamada a una vida diferente sino cuando esa llamada te lleva a un cambio de posición existencial, cuando te das cuenta de que en la zona de confort todo es plano, te dejas llevar por las circunstancias, no hay movimientos, hay quietud, pero tal vez sequía interior. ¿Para qué me voy a mover si ya no necesito nada más? Sólo cuando aparece una nueva conciencia, una nueva mirada sobre lo que se vive, se puede percibir que la desesperanza y el desánimo frente a lo que no nos llena la vida, reaviva ese deseo de movernos y dirigirnos a otros espacios que den un nuevo sentido.

Otra clave importante son las palabras “rema mar adentro”; el cambio de posición frente a la vida ya no es buscar en el mismo sitio sino cambiar de plano y conectar con las corrientes más profundas que nos traen un mensaje de “abundancia”. Los pescadores reventaron las redes, la mirada hacia la fuente de lo que somos nos hace vivir en una conciencia de sobreabundancia y no de carencia; evidentemente no me refiero a lo material; una sobreabundancia de sentido, de asiento en un suelo que conecta con lo que trasciende lo puramente limitado. Nos sitúa en el milagro de una nueva visión de la vida y del ser humano. El seguimiento a Jesús es una experiencia vital de abundancia que moviliza a dar, no lo que me sobra sino lo que soy en esencia.

Os invito a llevar la mirada ahora a nuestra manera de vivir la fe, la religiosidad, la dimensión creyente de nuestra vida. Este texto también nos invita a movernos. Como decía al principio, si queremos otros resultados ¿por qué seguir en la misma posición? ¿qué sentido tiene seguir en la queja de que las Iglesias están vacías, que en nuestros jóvenes no cuaja el mensaje cristiano, que las vocaciones religiosas apenas remontan, que no hay ya presencia cristiana en nuestro mundo? ¿realmente nos creemos que no hay nada que cambiar o que los que tienen que cambiar son otros? Quizá nuestro compromiso ya no es mantener una tradición que nos mantiene paralizados y en modo de carencia, más bien atrevernos a generar una nueva tradición desde la creatividad y valentía. Son ingredientes imprescindibles, hoy, para hacer más visible y creíble el mensaje de Jesús, el mensaje de que es posible una nueva humanidad transida de igualdad, justicia, inclusión, liberación y sentido. ¿No sería este un gran milagro en este momento de nuestra historia?

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 Rosario Ramos

10 de febrero de 2019

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¿Desde dónde me vivo?

Domingo, 10 de febrero de 2019

05_pescadorDomingo V del Tiempo Ordinario

Lc  5, 1-11

Tal como ha llegado hasta nosotros, el texto presenta un “relato de vocación” en el marco de un “relato de milagro” que, leído simbólicamente, constituye una profunda catequesis eclesiológica y, sobre todo, cristológica. Trataré de hacer una lectura en consonancia con el modo como debió leerlo aquella primera comunidad de discípulos para, a continuación, afrontarlo desde el modelo no-dual.

El relato de vocación es un género literario que, en el evangelio, sigue las mismas pautas: Jesús llama, ellos lo dejan todo y lo siguen. Por su parte, en el relato de milagro lo que importa es percibirlo como signo de la actuación de Dios en Jesús que se traduce en salud, liberación y vida.

La barca es símbolo de la comunidad –más tarde se hablará de la Iglesia como de la “barca de Pedro”– y la pesca evoca el llamado “trabajo apostólico o pastoral”, que se entendía como “traer a todos a la verdad”, identificada esta con la creencia de la propia comunidad.

En esa tarea, en la que se halla comprometida la Iglesia –es, por ello, una catequesis eclesiológica–, el cansancio y el desaliento han hecho presa en los discípulos, tras una noche de trabajo en la que no han conseguido nada. Pues bien, al actuar en nombre de Jesús –“por tu palabra”–, el resultado supera todas las expectativas y produce en Simón una actitud de asombro que le hace postrarse ante Jesús en adoración. Este es el núcleo de la catequesis cristológica: cuando se actúa en el nombre de Jesús el fruto del trabajo está siempre asegurado.

Esa es la lectura que nace de una postura creyente, en clave religiosa teísta, que cree en Jesús como el Hijo de Dios (separado), al que se reconoce como “Salvador”. En este “mapa”, se identifica la propia creencia con la verdad en sí misma, por lo que la tarea apostólica se convierte, en la práctica, en proselitismo, orientado a traer a toda la humanidad a la verdad que nos ha sido revelada.

Sin embargo, esta lectura encuentra cada vez más disonancias con lo que es nuestro modo de leer la realidad. No solo por el cuestionamiento radical de la idea de un “dios” separado, sino por el propio modo de entender la verdad. No es extraño, por tanto, que se vaya abriendo camino otra lectura, no “religiosa”, sino “espiritual”, desde una clave no-dual. Tal como lo veo, esta clave resulta más adecuada desde nuestra comprensión.

Desde esta nueva perspectiva, Jesús no es un ser separado, ni un salvador venido de fuera, sino un hombre sabio que ha visto lo que somos todos y lo ha vivido en profundidad. Lo que es Jesús lo somos todos –compartimos la misma y única identidad–, por lo que constituye un “espejo” que nos refleja; su palabra, como toda palabra sabia, nos hace crecer en comprensión y celebrar y vivir lo que somos.

Desde aquí podemos aproximarnos al relato. En él vemos nuestro trabajo y nuestro cansancio, el desaliento y, al mismo tiempo, la esperanza. Todo se ventila en el “desde dónde” vivimos la tarea: desde nuestro interés alicorto y la búsqueda de una gratificación individual o desde la comprensión de lo que somos. En este último caso, nos experimentamos, al igual que Jesús, como cauce o canal limpio por el que la Vida (“Dios”) se expresa.

En el primer caso, nos sentiremos frustrados, abatidos y desesperanzados siempre que no obtengamos el fruto deseado. Por el contrario, en el segundo, viviremos con paz lo que acontezca ya que, como dijera el propio Jesús, “no busco hacer mi voluntad, sino la voluntad de quien me ha enviado” (Jn 5,30).

Acertamos cuando nos alineamos con la Vida (“Dios”), cuando queremos lo que la Vida (“Dios”) quiere, cuando vivimos la aceptación radical, entre la resistencia que genera sufrimiento y la resignación que paraliza.

¿Desde dónde me vivo? ¿Qué busco con lo que hago?

Enrique Martínez Lozano

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La llamada de la Vida

Domingo, 10 de febrero de 2019

indumar432Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA VIDA NOS LLAMA. TODOS SOMOS LLAMADOS.

Las dos lecturas de hoy nos hablan e invitan a seguir la llamada de JesuCristo; y -si no se es muy creyente-, o, tal vez, queremos ampliar un poco la cuestión: seguir la llamada de la vida
Hemos asistido a la llamada de Isaías que siente miedo: ¡ay de mí estoy perdido!, sino embargo acoge la llamada: “aquí estoy, mándame”. Aquel puñado de pescadores con Pedro, mejor o peor, siguieron a Cristo. Samuel, los profetas, Pablo y tantos otros, siguieron la llamada…

Todos somos llamados. A todos nos llama la voz de la vida, del amor, nos seduce la felicidad, la verdad, la libertad, la justicia, la paz.

No confundamos la llamada de la vida y de Dios con un seminario o con la vocación sacerdotal. No caigamos en un clericalismo barato y cerrado.

En el fondo es Dios quien nos atrae a todos con una fuerza irresistible. Tras las realidades y mediaciones de la vida cotidiana, es Dios quien nos llama.

Cuando Isaías se siente llamado por Dios, “habría preferido morirse”, “meterse bajo tierra”: soy “hombre de labios impuros, pobre de mí”. Lo mismo siente Pedro y el grupo: “apártate de mí que soy pecador…

También nosotros hemos seguido la llamada de Dios como buenamente hemos podido y sabido. También nosotros, cuando sentimos el peso de la llamada, nos vemos abrumados.
Toda llamada, tiene momentos y matices de dificultad y dureza

o Cuando una pareja se casa, sin duda que es un momento muy hermoso y en el fondo es decirse mutuamente: “aquí estoy” para hacer juntos la travesía de la vida. Sin embargo me imagino que si son conscientes, se preguntarán más de cuatro cosas: ¿seré capaz de hacer feliz a mi compañero/a? ¿Acertaremos a recorrer bien nuestro camino?

o Cuando uno quiere servir a la comunidad eclesial como presbítero, uno se pregunta ¿seré capaz? ¿seré digno? ¿qué haré en la vida? Estoy pedido, soy hombre de labios impuros…

o En la vida religiosa – monacal se experimenta el gozo de la entrega y la preocupación por la propia debilidad.

Vivir es ir respondiendo como buenamente podemos a las llamadas fundamentales de la vida (de Dios). Hacemos lo que podemos en la vida: unas veces porque no tenemos capacidad, otras porque no tenemos ganas, otras veces porque somos débiles: ay de mí, estoy perdido; la cuestión es que hay mareas, galernas y noches en las que no hemos pescado nada, pero nada de nada.

02. PROFESIÓN TRABAJO Y LLAMADA.

pescador.red_Sabemos que no es sencillo, muchas veces no es posible desplegar los talentos y responder a la llamada.

Pero, si posible fuera, el ideal sería que la profesión, el trabajo coincidiera con la llamada de la vida. En muchos casos no es posible.

Hay profesiones que no son simples puestos de trabajo, sino que requieren una vocación: responden a una llamada. Ser maestro, médico, personal sanitario, trabajar cuidando ancianos, ser sacerdote o religioso no es meramente una profesión, sino que tienen mucho de vocación y si no estaríamos en lo del evangelio de San Juan: hay mucho asalariado en la vida, pero hacen falta buenos pastores, (Cfr Jn 10).

Me parece a mí que algunas profesiones se lo tienen que pensar dos veces a la hora de hacer una huelga. Maestros, personal de ancianos, curas, médicos, etc. tienen derechos como todo el mundo, pero no pueden dejar “tirados” a unos ancianos, o niños-adolescentes en la escuela o a unos enfermos. Hay problemas que no se resuelven, al menos no se resuelven únicamente en el sindicato o con un aumento de sueldo. Hay algo vocacional, de respuesta a una llamada

03. LA LLAMADA TIENE DIVERSOS MOMENTOS.

La vida tiene diversas etapas, momentos diferentes. La ´fuerza de la llamada de la vida en la juventud no tiene las mismas características que la serena y responsable vida de adulto; en la ancianidad se vive la llamada en la sabia experiencia de un lento declive.

La vida y JesuCristo nos llaman siempre, pero con matices y características diversas. Conviene ser consciente de estas cosas para no creemos que somos los “reyes del universo” sobre todo cuando ya las fuerzas, la creatividad, las capacidades disminuyen.
Por cierto, Jesús fue “de todo” menos viejo.

04. SOMOS PECADO (PEDRO) Y DEBILIDAD (ISAÍAS).

La gente se reunía para escuchar a Jesús…

Por tu Palabra, echaré la red…

Si somos conscientes, nos daremos cuenta de nuestras debilidades, pero si escuchamos la Palabra de JesuCristo, seremos “eficaces” y la pesca será abundante.

Cuando la comunidad eclesial escucha y sigue al Señor, la pesca es abundante.

Este texto evangélico de hoy tiene un claro colorido eclesial: el mar, la barca, las redes, los peces.

Si no hemos pescado nada, es porque ni escuchamos ni seguimos al Señor. ¿A qué se debe, si no, la poca o nula presencia de lo eclesial en la sociedad, en el momento cultural, en la vida socio-política?

05. CONFÍO EN TU PALABRA.

Por tu palabra, echaré las redes.

Es un acto de confianza en quien nos envía y va en la barca con nosotros.

Así lo entienden los discípulos: Por tu Palabra, echaré las redes.

Isaías tiene una metáfora preciosa sobre la Palabra de Dios; dice que es como la lluvia, que no vuelve al cielo sin haber fecundado la tierra (Isaías, 55,10-11). La Palabra tiende a realizar lo que significa. Cuando la Palabra impregna nuestra tierra, tiende a brotar el trigo de la vida.

Fiarse de esa Palabra hace posible que acontezca lo impensable o, lo que es lo mismo, la utopía, la cual jamás será posible desde la lógica del pragmatismo.

Fiarse de la Palabra de Jesús nos introduce en una dinámica nueva. Nos libra de nuestras prepotencias más o menos inconfesadas y nos hace descansar en la esperanza.

Aceptar la PALABRA es un acto de plena confianza en algo capaz de llenar y dar sentido a la existencia humana. Es el abandono pleno en la ultimidad de Dios.

AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD.

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