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El poder sirve para algunas cosas, pero no para hacer buenas a las personas.

domingo, 23 de septiembre de 2018
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59493834-jesucristo-mosaico-del-icono-de-monrelae-catedral-palermo-italiaDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01. DISCUSIONES ACERCA DEL PODER, V 33.

A los discípulos de Jesús les ocurría lo mismo que a nosotros: ¿De qué discutís? ¿De qué vamos hablando por la vida? Y casi siempre hablamos del poder, de quién va a ganar las elecciones, de quién tiene más poder armamentista, de quién manda en la Iglesia, de quién tiene más dinero, quien es el mejor futbolista y el equipo más poderoso; sin olvidar las pequeñas dosis de poder de la vida cotidiana en casa, en la vida matrimonial y familiar, en la vida comunitaria, en el aula con los alumnos, etc.

Los dictadores políticos y religiosos lo saben bien.

Por otra parte todos tenemos algo o mucho de dictadores en nuestro interior. ¡Cuántas afectividades mal resueltas sean en la vida matrimonial, de soltería o célibe, tratan de satisfacerse con una dosis de poder! La dosis de poderío en vena es el “orfidal” de problemas más profundos. Los sedantes no curan nada, pero te dejan adormecido.

Cuanto menos serenamente vivimos la afectividad, más despótica y tiránica se vuelve la persona. Los fanatismos tienen su cuna en una afectividad no o mal resuelta.

El poder sirve para tres o cuatro cosas: para hacer una autopista, una universidad, un hospital, etc., que no es poco; pero el poder no sirve para hacer buenas a las personas. Un partido político, una línea ideológica en la iglesia, un obispo pueden tener poder y tratarán de disponer y poner orden y concierto, pero no conseguirán nada más a golpe de poder.

Desde el Ayuntamiento o el Gobierno Vasco pueden remodelar la “Tabakalera” o rehacer el campo de fútbol de Anoeta, pero el poder no confiere bondad a las personas.

Desde el Obispado ordenarán, dispondrán, expulsarán y harán purgas “stalinianas”, pero no saldrá un hálito de bondad. Y cuidado que se manejan las diócesis, las iglesias locales desde el poder.

Entre vosotros no debe ser así, el que quiera ser el primero, que sea vuestro servidor, (Mt 20,26).

02. UN CANTO A LA IMPORTANCIA EN LA VIDA DE LOS SENCILLOS Y DE LO HUMILDE.

webcristo_humano-e5eed¿Quién es el más importante en la vida?

Enseguida pensamos en los príncipes de la tierra: pensamos en los grandes políticos, en los mitos del deporte o del cine, en los primeros rostros de las cadenas de televisión, pensamos en el papa, en los cardenales (es algo antievangélico que a los cardenales se les denomine “príncipes de la Iglesia”).

Nos gloriamos de ser amigos de tal persona importante en la sociedad o en la Iglesia, en la ciudad, etc.

Sin embargo el que quiera ser el primero es quien sirve, quien ayuda a los demás. Y ello con la sencillez de un niño.

Jesús entiende las relaciones humanas (también las eclesiales) desde el modelo de los niños: por su debilidad, fragilidad y dependencia.

Mc 10,14 Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis.

Mt 18,2-5 Llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

8462570540_3a6131df4f_zEn la vida y en la Iglesia existen muchas personas sencillas, sin relieve social, que sirven a la familia, a la comunidad, a la sociedad. Hay personas que prestan pequeños servicios, pero que son muy importantes. Voluntarios en el campo sanitario que cuidan enfermos, personas que atienden ancianos, catequistas, laicos que colaboran en las pequeñas o grandes tareas parroquiales, quienes visitan a los encarcelados. ¡Cuántos misioneros y misioneras viven “perdidos” en la selva atendiendo humana y cristianamente a aquellas gentes!

El talante de Jesús no está en las grandes concentraciones, masas, reconocimientos de poder, etc. Lo de Jesús es lo más sencillo de la vida: curar, bendecir, dar de comer, perdonar…

–Sabéis que, entre los paganos, los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos y los grandes descargan sobre ellos el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que entre vosotros quiera ser grande, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo., (Mt 20,25-26).

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Sólo el Amor es digno de Fe.

sábado, 22 de septiembre de 2018
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En primer lugar, el hombre se vuelve verdaderamente él mismo sólo porque es el interlocutor a quien Dios se dirige: como ha sido creado para esto, se adquiere, al convertirse en aquel que responde a Dios, plena y cabalmente en sí mismo. Él es el lenguaje del que Dios se sirve para dirigirle la palabra: ¿cómo podría jamás comprenderse a sí mismo de manera eminente?

Saliendo a la luz de Dios, entra en su propia luz, sin comprender (espiritualmente) su propia naturaleza o -por soberbia- su propia condición de criatura. Sólo la Redención puede salvar al hombre. El signo de Dios que se anula a sí mismo, haciéndose hombre y muriendo en medio del abandono más completo, explica la razón de que Dios haya aceptado bajar a este mundo, renunciando a sí mismo: respondía a su esencia y naturaleza absoluta manifestarse, en su infinita e incondicionada libertad, como el amor inconmensurable, que no es el bien absoluto puesto más allá del ser, sino que representa las dimensiones mismas del ser. Precisamente por eso el eterno prius de la Palabra divina de amor se esconde en una impotencia que concede el Prius a la criatura amada […].

La Palabra de Dios engendra la respuesta del hombre, convirtiéndose ella misma en correspondencia de amor que deja la iniciativa al mundo. Círculo vicioso, sin solución, por Dios y sólo por él pensado y realizado, que permanece eternamente por encima del mundo y precisamente por eso vive en el corazón del mundo. En el corazón está el centro: por eso adoramos el corazón de Jesús; su cabeza la adoramos sólo cuando está cubierta de llagas y de sangre, a saber: como revelación de su corazón.

*

H. U. von Balthasar,
Sólo el amor es digno de fe,
Sígueme, Salamanca 1990.

***

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La transmisión de la fe (II).

sábado, 22 de septiembre de 2018
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fe-en-dios24. ¿TÚ EN QUÉ CREES?

Si tuviera que concretar el corazón mismo de mi fe, ese sería la promesa central de Jesús, lo que llamaríamos ‘el Reino’. Creo que en algún momento esa realidad transformada, reconciliada, será real. Creo que el Hombre, y el mundo con él, tienen Futuro. Y creo en Jesús como el mayor exponente de que este anhelo ha comenzado ya, aquí, a ser real. Luego miro a mis propios hijos, y creo más y mejor.

Habrá que confesar también que creo un poco al estilo de Unamuno, para quien el creer era un ‘querer creer’. Y con Carlos Díaz afirmaré que ‘soy querido, luego existo’, me parece una estupenda forma de dar la primacía al amor en la realidad.

Confío en que, tras la muerte, se nos ofrezca una oportunidad para dar plenitud a la vida, todo lo que pudo ser y quebró. En este sentido también soy muy de Unamuno (y de Julián Marías). Espero que la salvación sea de las personas, no por exacerbación del ego, sino por la constatación de que cada vida es tan especial, los placeres, proyectos y sufrimientos tan individualizados que no funcionaría un ‘café para todos’. Dios nos quiere personalmente y cada ‘estancia’ en su Reino tendrá en cuenta quienes fuimos en el mundo.

Creo en las convicciones de Cristo precisamente por cómo es Cristo.

Creo también al modo de Job, con preguntas e interpelaciones incómodas a Dios. Para mí, Dios tiene mucho que explicar acerca del mal en el mundo. También el Hombre, pero seguramente en planos diferentes. La relación entre Dios y el mal no ha sido bien explicada por nuestra teología, lo que crea equívocos, perplejidades y discursos incoherentes que alejan de la fe. Es una de los grandes retos del cristianismo, repensar y reformular de forma honesta y convincente esta cuestión. Creo que, aunque mucha gente no lo exprese, el escándalo del mal está detrás de gran parte de la increencia. Personalmente es uno de los aspectos que encuentro más oscuros a la hora de encajar las piezas del destino humano. Esto hace que, en ocasiones, encuentre difícil creer. Con Iván Karamazov veo dolores que no puedo imaginar cómo serían superados por siquiera el mejor de los futuros posibles. Ahí la fe pierde referencias, no hace pie, y uno siente que el salto solicitado no viene precedido de ninguna garantía. O saltas o no saltas. Es todo.

Por último, si jugamos a especular acerca de la generación del mundo, no creo que la causa primera sea una generación espontánea a partir de la nada. Personalmente lo veo bastante menos razonable que la hipótesis de un creador. En el inicio (y en el final) de todo se halla una agradable sorpresa.

5. ¿EXISTE DIOS?

Me alegro de que me haga esta pregunta… Si lo supiera con certeza, de poco me iba a servir esta trémula fe.

A lo largo de la vida han caído en mis manos varios libros que abordaban esta pregunta en formato debate: ¿Sin dios o con dios?, de González Faus e Ignacio Sotelo; ¿Ateos o creyentes?, de Vattimo, Onfray y Flores d’Arcais; Ateísmo de la razón y razones de la fe, de Scola y Flores d’Arcais; también este mismo autor debatiendo con Ratzinger, etc… Considero muy interesante prestarse a jugar como espectador de estos ‘combates’ dialécticos, sobre todo para caer en la cuenta de que puede haber altura intelectual en ambas posturas y que nunca cesará de haber controversia.

¿Existe Dios? Albergo incertidumbre, dudas, pero, hoy por hoy, confío en su existencia. Y lo hago porque percibo su compañía, quizá al estilo de la brisa suave que tan bien captó Elías, realmente siento que tengo un soporte donde anclar la vida.

Sé bien que me hallo en una situación privilegiada para decir esto. Por la existencia de Dios debe preguntarse en primer lugar a las víctimas de este mundo, a las personas que objetivamente han recibido y reciben la espalda del mundo. En esa situación, la existencia de Dios puede ser una última esperanza, pero también un perfecto absurdo. ¿Quién está más capacitado para afirmar la existencia de Dios? ¿El ciudadano consciente de lo bella que es la vida y puede referir esa belleza a su potencial fuente o el ciudadano desesperado que quizá tenga en Dios a su última esperanza?

Creo que pocos increyentes sacan hasta las últimas consecuencias de lo que supone un mundo sin Dios. Si Dios no existiera, se podría argumentar que no es posible hablar de justicia, moralidad… puesto que al devenir de la Naturaleza no le incumben estas valoraciones. Este mundo, donde la suerte o la fuerza simplemente prevalecieran, merecería mi rechazo, no puedo expresarlo de otro modo.

6. ¿CON QUÉ DIMENSIONES DE LA VIDA RELACIONAS LA FE?

Una fe que no se relaciona con todas las dimensiones de la vida tiene aún un camino por recorrer. Todos los creyentes identificamos dimensiones de nuestra vida donde la fe no ha penetrado o ha penetrado sólo superficialmente. Hay aspectos donde la coraza es dura y el trabajo personal debe de ser más intenso. A medida que cumplimos años se hacen más patentes esas zonas de fracaso reincidente, donde permanentemente nos sentimos incoherentes, falsos, indignos de la fe que decimos abrazar.

En estas situaciones hay dos tentaciones muy claras: una es la de abandonar y declarar que el listón es demasiado alto para nosotros, que en una decisión que nos honra preferimos dejar el hueco a otros creyentes más sólidos; la otra es la de acogernos a la inagotable misericordia de quien sabemos nos quiere y abandonar cualquier dinámica de mejora. Soy débil y el Señor me quiere débil, por lo tanto ¿para qué luchar contra mi invencible debilidad? Sin embargo, entre estos dos polos se encuentra una tercera vía de aceptación pero no resignación. Un camino de auto-conocimiento que, a su debido tiempo, puede dar frutos inesperados. Hay victorias que requieren de la estrategia del asedio tranquilo pero constante y el aprendizaje del fracaso. Del mismo modo que un fumador puede llegar a dejar el tabaco al quinto intento, y en cada uno de los intentos precedentes se labró parte del éxito futuro, así también la fe puede conquistar parcelas de nuestro ser. Sin prisas ni pausas.

7. ¿CUÁLES SON LAS DIFICULTADES HOY PARA CREER?

– Una de las más importantes para mí ya la he mencionado, es el escándalo del mal y la insuficiente respuesta que, a mi modo de ver, conseguimos transmitir como creyentes.

– En el mundo occidental acomodado e individualista se sospecha de cualquier relato integral de sentido, pues se entiende que detrás de ello solo hay estructuras de poder que quieren someter a la persona dictándole cómo se tiene que comportar.

– La generación adulta que ahora debería transmitir la fe a sus hijos, tiene padres que en muchos casos abandonaron la fe por habérseles presentado con dureza o dogmatismo, al tiempo que empiezan a escasear los abuelos con fe sencilla y arraigada. La sociedad, por tanto, ha cambiado y la fe no se transmite por ósmosis, es preciso trabajarla personalmente y en familia. La globalización hace que religiones antaño lejanas sean hoy una opción accesible, y que multitud de combinaciones de filosofías y estilos de vida puedan escogerse a la carta con mayor grado de satisfacción que aceptar el lote completo de una única cosmovisión. Igual que ocurre en el supermercado con los yogures, la proliferación de oferta dificulta el tomar una decisión en un individuo que, ante todo, es visto como soberano.

– Hay un descuido de la interioridad que obstaculiza el involucrarse en aventuras espirituales. Si nos interesan prácticas como el yoga, el mindfulness, la meditación, son en tanto en cuanto las funcionalizamos para nuestro bienestar, no como parte de un proyecto personal de sentido integral.

– La adhesión a una fe no está de moda, no es signo de competencia intelectual sino de personas débiles, ha perdido mucho de su prestigio pasado. En el fondo la posible existencia de Dios es un tema del que podemos saber poco, de modo que es más sensato no perder el tiempo en ello y dedicarnos a lo que de verdad tiene utilidad.

– Falta un modelo de creyente atractivo para la sociedad, tanto de creyente laico como en el clero. ¿cómo estar en el mundo sin ser del mundo? En la Iglesia ofrecemos desgraciadamente demasiados ejemplos de por qué no somos merecedores de confianza y, aunque haya otros ejemplos en la dirección contraria, siempre tendrán menos repercusión mediática que los primeros. Debemos encontrar nuestro modo de expresarnos a través del estilo de vida como creyentes ciudadanos del siglo XXI, no contra el mundo erigiéndonos en lejanísimo bastión de lo sagrado, sino a través de un modelo que sea tan exigente como atractivo y cercano. Es preciso recrear el “mirad como se aman” de nuestros antepasados.

– El arte es un vehículo privilegiado para la transmisión de la fe. Sin embargo, mi percepción es que la contribución del mundo creyente a la esfera de lo artístico tiene muchos retos por asumir. No es suficiente con que un grupo de sacerdotes graben un disco de rock. La espiritualidad debe encarnarse en el arte hablando los lenguajes del hombre de hoy, con sutileza y calidad formal, sugiriendo y dando espacio al receptor para interpretar la obra, abriendo puertas. Mucho del arte cristiano actual es un ejercicio bienintencionado de evangelización por la vía rápida del mensaje directo y plano. Sin duda hay modelos de genial simbiosis entre arte y espiritualidad, por ejemplo la trayectoria del vídeo-artista Bill Viola, que muestran otro camino más complejo pero también con mayor potencial. Conozcámoslos y aprendamos de ellos para dialogar con la cultura actual tomándola verdaderamente en serio.

8. ¿POR QUÉ SEGUIR CREYENDO A CONTRACORRIENTE?

Porque si creer fuera una consecuencia de que la corriente me invita a ello, vana sería nuestra fe. Creer a contracorriente no se elige, pero sí puede ser una oportunidad para purificar y fortalecer nuestra fe, para personalizarla más a fondo y encontrar nuevos códigos con los que tratar de transmitirla. Ser minoría es incómodo en cierto sentido pero también liberador en otro. Podemos nuevamente, como ocurrió en otros tiempos, experimentar el ser fermento, sal, grano de mostaza, primicia, brote… Lo que sería un desastre es que la vida cristiana de quienes decidan ir a contracorriente sea ajena al espíritu del evangelio, esa situación no solo nos llevaría a la irrelevancia sino a la imposibilidad de ofrecer propuestas serias a la sociedad en el medio-largo plazo.

Una vez preguntaron al gran teólogo Karl Rahner por qué era creyente y él dio dos razones: porque de todas las alternativas que había conocido, y eran muchas, nada le había convencido como el cristianismo, y porque su madre rezó con él cuando era pequeño. Yo he conocido menos alternativas, pero sigo quedándome con la de Rahner. También mi madre me despertó en la infancia la curiosidad y el cariño por la figura de Jesús. Y añadiría un tercer factor que ayuda no poco: tener la suerte de compartir camino con cristianos de una pieza, alegres y aterrizados, cercanos y lúcidos, entregados y sencillos. Cuando uno encuentra verdaderos testigos en el camino, la fe se multiplica internamente y se consolida con facilidad. A favor o a contracorriente.

Luis Carlos Saiz Fernández

Fuente Fe Adulta

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La transmisión de la fe (I).

jueves, 20 de septiembre de 2018
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fe-en-dios2Hace varios meses un buen amigo se puso en contacto conmigo para proponerme una serie de preguntas tan sencillas de plantear como peliagudas de responder. En el fondo del asunto latía el eterno debate de qué viene a representar la fe y cómo deberíamos enfocar en el siglo XXI su transmisión. Finalmente el ejercicio en cuestión me pareció tan saludable que hoy me atrevo con temor y temblor a compartir su modesto resultado, convencido de que multiplicando esta reflexión personal tenemos muchas más posibilidades de acertar en el futuro con la palabra y el gesto oportuno.

Allá vamos, pues, pero antes de someterme a tan singular interrogatorio, permitidme un primer turno de convicciones personales. Sirvan como marco y paisaje a lo central del viaje que juntos vamos a recorrer.

– En este sentido, creo que debemos asumir riesgos y reforzar la calidad de los pasos que damos en el itinerario cristiano, en vez de diluirlos. Un ejemplo lo veo en el bautismo. Antaño fue un momento fuerte de adultos bien preparados, que experimentaban ese paso como un día crucial en su vida, un verdadero nuevo nacimiento. Hoy corremos el riesgo de perder la oportunidad de ese momento fuerte, llegando a la situación de que muchos de ellos, ni tienen una experiencia mínimamente personal del sacramento ni reciben posteriormente de sus mayores una vivencia y formación cristiana. En mi opinión se debería replantear con serenidad el mejor momento para proponer el bautismo y la primera comunión. Sinceramente creo que no compensa el exhibir como Iglesia un determinado número de bautizados cuando la realidad profunda es otra.

– San Pablo habló gráficamente de “correr bien la carrera”. Es curiosa la analogía con la vida de fe, ahora que por todas partes se ha producido el boom del ‘running’. ¿Qué ocurre para que desde hace unos pocos años tanta gente se haya puesto a correr de forma constante, invirtiendo tiempo y esfuerzo en una actividad de esta índole? Pienso que la gente que corre, lo sé por propia experiencia, conoce bien los beneficios de ese esfuerzo, siente reducir el estrés, aumentar la resistencia física, perder algún kilito, la euforia del reto conseguido… Y siguiendo el paralelismo, ¿qué ocurre para que tantas personas de fe hayan/hayamos abandonado parroquias, grupos, hábitos de oración…? ¿Por qué tanta gente no es capaz hoy de percibir los ‘beneficios’ de una vida de fe? ¿no aporta nada de valor? ¿es excesivo el peaje de compromiso, demasiado escaso el impacto positivo en la vida? Creo que se podría profundizar más en los mecanismos que conducen a muchas personas a implantar hábitos de este estilo, de forma que podamos identificar las deficiencias en nuestras propuestas de camino de fe (aquellas que puedan reformarse, claro, no se trata de ‘vender la gracia barata’).

– Creo importante ser honestos con nuestros coetáneos, transmitir junto a la experiencia de fe también la experiencia de duda que suele acompañarla. Ofrecer todas las perspectivas de la experiencia personal ayuda a ganar credibilidad y evita el ser tachado de “marciano” (cuando evitamos aludir a la cara gris de la vida de fe, el interlocutor debe pensar que, o este tío me miente, o debo encontrarme lejísimos de la genuina experiencia de Dios).

– Se hace muy necesario un ejercicio de “traducción” del evangelio a las categorías de la sociedad actual. Hoy todos nos preocupamos por aprender idiomas para poder comunicarnos con los demás. Los cristianos tendríamos que ser los expertos en el idioma de Jesús, de forma que todo el mundo interprete con facilidad los valores y sentido de cada pasaje sagrado.

En mi opinión, el cristiano debe situarse en la escena pública sin prejuicios y sin privilegios, en pie de igualdad y defendiendo los deberes y derechos que tiene como ciudadano. Ni mojigatos ni ‘sobraos’, bien plantados para decir a tiempo nuestra palabra.

1. ¿QUÉ ES PARA TI LA TRANSMISIÓN DE LA FE?

En mi opinión, la transmisión de la fe es sin duda una tarea de todo cristiano, pero tarea no entendida en clave de obsesión o de objetivo primordial. La transmisión de cristiano a increyente es ante todo consecuencia, fruto, que procede de la atracción que provoca el evangelio encarnado en ese cristiano fiel al estilo de vida de Jesús. Es cierto que para la Iglesia son tiempos de inquietud y duda por la progresiva pérdida de creyentes en nuestro entorno occidental. Es tiempo de aprender a vivir en minoría.

En este contexto, es tentador concebir el problema de la transmisión de la fe como nuestro principal problema. Y, sin dejar de ser importante, no deja de ser un aspecto secundario. El problema no es cómo persuadir mejor, el problema es cómo vivir con más altura la propuesta de Jesús para que nuestra vida ‘persuada’ por sí misma. Si nos obsesionamos con el deber de ‘transmitir’, algo que si somos honestos admitiremos que casi siempre se halla fuera de nuestro alcance, tenemos muchas posibilidades de que lo que hagamos en favor del evangelio suene forzado, cuando no hueco, con ecos de proselitismo, y perderemos el foco de lo esencial: confiar en la actitud de la parábola de los lirios del campo, dedicándonos a lo que sí está en nuestra mano, conformar la propia vida según el molde del evangelio.

Transmitir la fe cristiana es lograr que alguien se enamore en tan gran medida del proyecto cristiano como para hacerlo propio. Y ciertamente una buena estrategia le será útil al amante para enamorar a su soñada pareja. Sin embargo, la mejor estrategia no es nunca suficiente. Donde se juega el éxito duradero no es en la efectividad de fuegos artificiales o la pericia de unos astutos asesores de imagen. La genuina atracción procede de algo que está siempre más allá de la voluntad de la persona que desea enamorar. Es más, no es raro que un deseo exacerbado por gustar se constituya a veces en una barrera para el encuentro. Debemos estar atentos a no obstaculizar la transmisión de la fe y propiciar con naturalidad que, si tiene que ocurrir, ocurra. Dejando a Dios una parte fundamental de la tarea y cuidando con mimo nuestro jardín antes de lanzarnos a conquistar lejanos bosques.

2. ¿QUÉ BUENA NOTICIA CREES QUE PODEMOS TRANSMITIR A ESTE MUNDO?

En la Iglesia hay mucho que podría y debería reformarse para transmitir con mayor eficacia la buena noticia. Sin embargo, si hay algo que no precisa reforma, algo que conserva su potencial atractivo, eso es el propio mensaje. Tenemos la suerte de contar con un proyecto (y un líder del proyecto) que merecen ser escuchados con atención aquí y ahora. Ahora bien, si de lo que se trata es de ‘transmitir a este mundo’ deberemos comenzar por comprender con precisión cómo es ‘este mundo’ y qué dolores le aquejan. Desde esta perspectiva:

– A un mundo de ricos y pobres, anunciaremos la igual dignidad

– A un mundo de personas solas, anunciaremos comunidades abiertas

– A un mundo de víctimas, anunciaremos la convicción de un futuro superador

– A un mundo de superficialidad, anunciaremos interioridad y hondura

– A un mundo de fragmentación, anunciaremos un relato

– A un mundo de vuelta de todo, anunciaremos novedad y frescura

– A un mundo de extraños, anunciaremos fraternidad

Pero no sólo se trata de contraponer el evangelio a elementos negativos presentes en la sociedad. En ocasiones, el evangelio se debería anunciar para celebrar y reforzar lo que el mundo contiene de bueno y hermoso. Y así:

– A un mundo con sueños, aportaremos colaboración para realizarlos

– A un mundo con santos cotidianos, aportaremos la intuición de un Padre/Madre que les acompaña

– A un mundo con belleza artística, aportaremos el calor de símbolos que apuntan más allá

– A un mundo con niños, aportaremos cuidado y desarrollo integral

– Y a un mundo con buen humor, aportaremos nuestro buen amor. Porque a pesar de lo que diga la RAE, amor siempre se escribirá con ‘h’ de humor.

3. ¿QUÉ BUENA NOTICIA ES LA FE PARA TI?

Todos somos creyentes, todos pasamos por la vida creyendo, con mayor o menor intensidad en algo o en alguien. Incluso quienes tienen una visión desesperanzada del mundo se apoyan en argumentos, racionales o intuitivos, para defender su postura y su modo de encarar la existencia. La fe cristiana, es decir, la confianza radical y fundamental en los dichos y hechos de Jesús, es la carta en que deposito mi confianza como motor de sentido de mi vida y de la completa realidad. El mundo merece al Dios de Jesús, quizá yo diría más, exige al Dios de Jesús para tener una oportunidad de sanación, de reconciliación.

Las palabras, actitudes y hechos de Jesús son una gran noticia porque manifiestan una confianza absoluta en que ese Dios existe, nos cuida, nos guarda, nos respeta, nos espera. La fe en Jesús y lo que él propone es una opción perfectamente razonable en el marco de la perplejidad e incertidumbre en que el Hombre se tiene que desenvolver. Otras también lo son. Seguramente hay muchos factores, quizá algunos inconscientes, que explican por qué el evangelio siempre me ha cautivado, desde pequeño. Desde que lo recuerdo, lo hago en forma de buena noticia. La imagen del padre es una de las más potentes. La fe cristiana me anuncia que tengo un padre/madre y que lo comparto con toda la humanidad. No un padre cualquiera, un padre con los rasgos del padre del hijo pródigo. Decía antes que el mundo merece al Dios de Jesús. También podría decirse que el Hombre merece al padre del hijo pródigo. Y, sin saber muy bien por qué, intuyo / siento / aventuro / confío / espero / sé que esa buena noticia, aún sin estar plenamente contrastada, se cumple.

Luis Carlos Saiz Fernández

Fuente Fe Adulta

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“Reconocer a Jesús el Cristo”. 24 Tiempo Ordinario – B (Marcos 8,27-35)

domingo, 16 de septiembre de 2018
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6033250964_ac7b27717dEl episodio de Cesarea de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos. Después de un tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: «¿Quién decís que soy yo?». En nombre de todos, Pedro le contesta sin dudar: «Tú eres el Mesías». Por fin parece que todo está claro. Jesús es el Mesías enviado por Dios, y los discípulos lo siguen para colaborar con él.

Pero Jesús sabe que no es así. Todavía les falta aprender algo muy importante. Es fácil confesar a Jesús con palabras, pero todavía no saben lo que significa seguirlo de cerca compartiendo su proyecto y su destino. Marcos dice que Jesús «empezó a enseñarles» que debía sufrir mucho. No es una enseñanza más, sino algo fundamental que los discípulos tendrán que ir asimilando poco a poco.

Desde el principio les habla «con toda claridad». No les quiere ocultar nada. Tienen que saber que el sufrimiento los acompañará siempre en su tarea de abrir caminos al reino de Dios. Al final será condenado por los dirigentes religiosos y morirá ejecutado violentamente. Solo al resucitar se verá que Dios está con él.

Pedro se rebela ante lo que está oyendo. Su reacción es increíble. Toma a Jesús consigo y se lo lleva aparte para «increparlo». Había sido el primero en confesarlo como Mesías. Ahora es el primero en rechazarlo. Quiere hacer ver a Jesús que lo que está diciendo es absurdo. No está dispuesto a que siga ese camino. Jesús ha de cambiar esa manera de pensar.

Jesús reacciona con una dureza desconocida. De pronto ve en Pedro los rasgos de Satanás, el tentador del desierto que busca apartarlo de la voluntad de Dios. Se vuelve de cara a los discípulos y «reprende» literalmente a Pedro con estas palabras: «Ponte detrás de mí, Satanás»: vuelve a ocupar tu puesto de discípulo. Deja de tentarme. «Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Luego llama a la gente y a sus discípulos para que escuchen bien sus palabras. Las repetirá en diversas ocasiones. No han de olvidarlas jamás. «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga».

Seguir a Jesús no es obligatorio. Es una decisión libre de cada uno. Pero hemos de tomar en serio a Jesús. No bastan confesiones fáciles. Si queremos seguirlo en su tarea apasionante de hacer un mundo más humano, digno y dichoso, hemos de estar dispuestos a dos cosas. Primero, renunciar a proyectos o planes que se oponen al reino de Dios. Segundo, aceptar los sufrimientos que nos pueden llegar por seguir a Jesús e identificarnos con su causa.

José Antonio Pagola

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“Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho”. 16 de septiembre de 2018. Domingo 24º de tiempo ordinario

domingo, 16 de septiembre de 2018
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51-ordinarioB24 cerezoDe Koinonia:

Isaías 50, 5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban.
Salmo responsorial: 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Santiago 2, 14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta.
Marcos 8, 27-35: Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

 Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado… Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros… Véase el amplio comentario que hacemos al respecto en este próximo día 14, fiesta de la «exaltación» de la Cruz. Leer más…

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14.9.18. Recuperar a Pedro. Ante la tarea de Francisco

domingo, 16 de septiembre de 2018
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tu-es-petrusDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 24, tiempo ordinario. Mc 8, 27-33.

Éste es un pasaje enigmáticos del evangelio de Marcos, silenciado por Lucas, corregido por Mateo… un pasaje esencial de la Biblia, en el que Pedro dice a Jesús tú eres el Crito, y Jesús le responde (Mc 8: ¡Apártate de mí, Satanás, pues vas en contra de Dios…).

Ha existido un Pedro que ha querido convertir a Jesús en Cristo Político, con todo el poder social sobre la tierra, un Pedro que puede terminar siendo peligroso, pues va en contra del evangelio.

Por eso, Jesús ha tenido que corregir a ese Pedro, exigiéndole que retorno al buencamino (el de Jesús), que abandone la línea de poder, ques es la de Satanás.

La iglesia católica, en general, ha olvidado este pasaje de Marcos, en el que Jesús critica al deseo de poder de Pedro llamándole «Satanás»… Esa Igiesia ha insistido en una interpretación bastante triunfalista del pasaje queriéndose apoyar en un Pedro-Papa lleno de poder sobre la tierra.

Éste año 2018 es un buen momento para retomar este evangelio, después de haber escuchado y leído la carta de Mons. Viganó que acusa al Papa Francisco de conocer y no condenar ciertos males de la iglesia, pidiéndole que se «aparte», es decir, que renuncie al «poder papal», dejando abierto el paso para un Papa verdadero (en la línea de Mons. Viganó y de aquellos que están de su parte.

Estamos en un momento duro fuerte, cuando cardenales y obispos cristican abiertamene al Papa, cosa que es sí nos parece muy buena, pues un Papa al que no se pudiera criticar no sería Papa verdadero, signo de unidad en la diversidad de las Iglesia.

Pienso, sin embargo, que la crítica de Viganó no ha sido clara, no sirve en verdad para avanzar en solidaridad, buscando juntos caminos de evangelio… transformando la institución clerical-

En ese contexto de la crítica de Vigano y del «silencio activo» del Papa, dejando que los temas se aclaren dede su mismo fondo, tras haber convocado a los presidentes de las conferencias episcopales para tratar juntos del tema, quiero leer una vez más este pasaje de Marcos, utilizando elementos de mi Comentario a su libro, en solidaridad intensa con el Papa Francisco, no para que no puedan darse y disentir personas como Viganó, sino para que la disensión sea camino más alto de comunión en pluralidad de evangelio, al servicio de los máss indefensos, como son los niños (en el caso de fondo de una prepotencia clerical que unida a veces a un tipo de inmadurez afectiva y de deseo de poder ha podido desembocar en formas de pederastia).

jesus-y-pedroHa pasado el año 2017, los quinientos años de Lutero, que criticó al Papa/Poder a partir de este pasaje de Mc 8… Un Lutero que no quiso (o no pudo) llegar al Pedro de Mt 16… En ese camino que va de Mc 8 (Pedro satánico) a Mt 16 (Pedro piedra de la Iglesia) se sitúa toda la tradición critiana: Católicos, ortodoxos, protestantes…

Por eso es bueno que entremos hoy en este pasaje de Mc 8, sabiendo que este pasaje no es todo el NT (ni toda la Biblia, ni toda la historia cristiana…), pero es fundamental. Olvidar este pasaje es renunciar a la catolicidad cristiana. Así voy a indicarlo (retomando algunos elementos de mi comentario de Mc), en una postal algo larga, dividida en dos partes.

Esta postal quiere ser un ejercicio escolar (y dramático) de lectura de la Biblia, en este momento de la Iglesia. Buen domingo a todos.

Mc 8, 27-33. Un texto dramático. Esquema general.

1. Pedro formula la buena confesión de fe cristiana, diciendo que Jesús es el Mesías, es decir, el Cristo, no un simple profeta. Lo que dice es recto, pero corre el riesgo de cerrarse en tradición israelita muy limitada, en una postura común de la iglesia posterior, que busca el poder para triunfar (hacer que triunfe Dios). Éste es el Pedro que quiere “salvarse a sí mismo” (tomar el poder religioso) pensando que honra a Jesús.

2. Pero Jesús no acepta la “toma de poder” social y/o religioso que le propone Pedro. Por eso, le rechaza, diciendo que su postura es “diabólica”. Jesús no “salva” al Pedro del poder, sino que le condena, diciendo que representa y defiende a Satán, no al Dios creador del amor, que se introduce en la vida de los hombres, estando dispuesto a fracasar con (por) ellos.

3. El tema de fondo de Marcos es saber si Jesús rechaza para siempre a Pedro… o si deja abierto un camino de conversión y seguimiento. ¿Podrá salvarse Pedro, a pesar de todo? ¿Podrá salvarse el Papa? Ésta no es una pregunta retórica de teólogos (exegetas). Es una pregunta eclesial (formulada por Lutero y por los ortodoxos). Es una pregunta dolorosa y esperanzada: ¿Podrá salvarse el Papado? ¿Tendrá razón Vigano?

evangelio-de-marcosYo sigo aquí con Pedro-Francisco. Esta “confesión” de Pedro, con el rechazo y corrección de Jesús sigue estando en la raíz de la historia cristiana, representada por papas y simples cristianos que buscan, promueven y defienden (buscamos, promovemos…) el poder social o religioso de Cristo (¡poder, no amor de servicio!), equivocándose (equivocándonos) de bando, aunque se llamen (nos llamemos) cristianos. Por eso es bueno volver a este motivo, leer a Marcos, aunque la “postal” que ofrezco sea un poco larga.

1. PRIMERA PARTE. Mc 8, 27-30. PEDRO, LA BUENA CONFESIÓN

8, 27-28. ¿Quién dicen?

27 Y salieron Jesús y sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Filipo y en el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? 28 Ellos le contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que uno de los profetas.

La respuesta es semejante a la de Herodes y su corte: le siguen vinculando a Juan Bautista, Elías o un profeta (Mc 6, 14-16). Es normal. No pueden llamarle mesías, pues en ese caso deberían seguirle, pero tienden a verle como enviado escatológico, alguien que se pone al servicio de la renovación penitencial de Israel, en la línea del cumplimiento mesiánico. Esta respuesta de la gente es parcial y bondadosa, porque otros (cf. 3, 20-35) habían afirmado que es un emisario de Satán, alguien que quiere destruir la obra de Dios en su pueblo.

1. Es Juan Bautista. Algunos opinan que Jesús es el mismo Juan Bautista, que ha revivido, como pensaba Herodes con miedo: ¡Si Jesús es Juan que ha vuelto (ha resucitado) él puede venir a destruirnos! Pero, en nuestro caso, la gente que identifica a Jesus con Juan no lo hace por miedo, sino, básicamente, de un modo positivo, en la línea de las esperanzas de Israel.

2. Es Elías. En un contexto semejante se sigue situando la visión de aquellos que le identifican con Elías o con otro profeta, conforme a una tema que habíamos destacado al comienzo del evangelio (comentando 1, 1-7). La esperanza de un profeta escatológico ha sido el «humus» o caldo de cultivo principal del movimiento mesiánico judío, según ha destacado Flavio Josefo, tanto en el libro sobre La guerra judía como en Las antigüedades de los judíos.

8, 29-30. ¿Y vosotros? El Cristo de Pedro

29 El siguió preguntándoles: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro le respondió: Tú eres el Cristo. 30 Y les prohibió terminantemente que hablaran a nadie acerca de él

— Pedro confiesa ¡Tú eres el Cristo! (8, 29). Ese título (ho Khristos) había aparecido ya al comienzo, en el encabezamiento del libro, lo que significa que para Marcos es positivo y valioso (1, 1). Pues bien, el primero que lo proclama dentro del texto es Pedro, en palabra de fidelidad mesiánica y de compromiso de seguimiento, que Jesús no rechaza, en principio, pero que después matiza, de un modo radical (de manera que, a consecuencia de ello, Pedro le abandonará más tarde). En un aspecto, podemos afirmar que Pedro ha visto bien: ha sacado las consecuencias del camino anterior; ha entendido a Jesús como Cristo/Mesías y se muestra dispuesto a seguirle, pero en su línea, no en la de Jesús.

Quien habla así es el “Pedro histórico” (del tiempo de la vida de Jesús, cuyo recuerdo se mantiene en las comunidades), pero es también el Pedro de la Iglesia quien, según Marcos, ha visto y confesado a Jesús como Cristo, pero no dado el paso para confesarle de verdad como Hijo de Hombre que entrega la vida por todos. Éste es el momento clave de la “confesión de Pedro”, una confesión que, como indicará, a partir de aquí, todo el evangelio de Marcos, no es la adecuada, de forma que Jesús debe rechazarla (o corregirla). Leer más…

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Encuesta, examen teórico y ejercicio práctico. Domingo 24. Ciclo B.

domingo, 16 de septiembre de 2018
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Mc 8,27-35_2Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La encuesta

Cesarea de Felipe, junto a las fuentes del Jordán, es uno de los lugares más hermosos de Israel. El peregrino actual, que parte generalmente de Nazaret, tarda poco más de una hora en un cómodo autobús con aire acondicionado. Jesús y los discípulos tuvieron que hacer el camino a pie, salvando un desnivel de unos 800 ms: desde los 200 bajo el nivel del mar (Lago de Galilea) hasta los 500-600 sobre él (pie del monte Hermón). No es un paseo cualquiera. Hay tiempo para callar y tiempo para hablar. En esos momentos de comunicación, Jesús pregunta a los discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Hasta este momento, el evangelio de Mc ha ido planteando el enigma de quién es Jesús. Un personaje desconcertante, que enseña con autoridad y tiene poder sobre los espíritus inmundos (1,27), perdona pecados como si fuera Dios (2,7), escandaliza comiendo con publicanos y pecadores (2,16) y se considera con derecho a contravenir el sábado (2,27; 3,4). Los fariseos y los herodianos deciden muy pronto que debe morir (3,6), sus familiares piensan que está mal de la cabeza (3,21), los escribas que está endemoniado (3,22), y los de Nazaret no creen en él, lo siguen considerando el carpintero del pueblo (6,1-6). Mientras, los discípulos se preguntan desconcertados: «¿Quién es este que hasta el viento y el lago le obedecen?» (4,41). Ahora, cuando llegamos al centro del evangelio de Mc, Jesús aborda la cuestión capital: ¿quién es él?

En aquel tiempo salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le dijeron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas».

Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra». En cualquier caso, resulta interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas. En ello pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto.

Si la pregunta la hubiera formulado Jesús en nuestros días, la encuesta habría resultado más variada y desconcertante que entonces: Hijo de Dios, profeta, marido de la Magdalena, precursor de la dinastía merovingia…

Examen teórico

Él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».

Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías».

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta. Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta; habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás. Según Mc, la respuesta de Pedro se limita a las palabras «Tú eres el Mesías».

¿Qué significaba este título? En el Antiguo Testamento se refiere generalmente al rey de Israel; un personaje que se concebía elegido por Dios, adoptado por él como hijo, pero normal y corriente, capaz de los mayores crímenes. Sin embargo, la monarquía desapareció en el siglo VI a.C., y los grupos que esperaban la restauración de la dinastía de David fueron atribuyendo al mesías esperado cualidades cada vez más maravillosas.

Los Salmos de Salomón, oraciones de origen fariseo compuestas en el siglo I a.C., describen detenidamente el papel del Mesías: librará a Judá del yugo de los romanos, eliminará a los judíos corruptos que los apoyan, purificará Jerusalén de toda práctica idolátrica, gobernará con justicia y rectitud, y su dominio se extenderá incluso a todas las naciones. Es un rey ideal, y por eso el autor del Salmo 17 termina diciendo: «Felices los que nazcan en aquellos días».

Si imaginamos al grupo de Jesús, que vive de limosna, peregrina de un sitio para otro sin un lugar donde reclinar la cabeza, en continuo conflicto con las autoridades religiosas, decir que Jesús es el Mesías implica mucha fe en el personaje o una auténtica locura.

Lo que piensa Jesús de sí mismo

Y Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Desde entonces comenzó a declararles que el hijo del hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, morir y resucitar al tercer día. Esto lo decía con toda claridad.

En contra de lo que cabría esperar, Jesús prohíbe terminantemente decir eso a nadie. Y en vez de referirse a sí mismo con el título de Mesías usa uno distinto: «Hijo del Hombre», que parece inspirado en Ezequiel (a quien Dios siempre llama «Hijo de Adán») y en Daniel. Lo importante no es el origen del título, sino cómo lo interpreta Jesús: el destino del Hijo del Hombre es padecer mucho, ser rechazado por las autoridades políticas, religiosas e intelectuales, morir y resucitar. En una concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto es inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. Un profeta anónimo la encarnó en el personaje del Siervo de Yahvé (Isaías 53).

Conflicto entre Pedro y Jesús

Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle. Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, riñó a Pedro diciéndole: «¡Apártate de mí, Satanás!, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Igual que el poema del libro de Isaías, Jesús termina hablando de resurrección. Pero Pedro se queda en el sufrimiento. Se lleva a Jesús aparte y lo increpa, sin que Mc concrete las palabras que dijo.

Jesús reacciona con enorme dureza. Pedro lo ha tomado aparte, pero él se vuelve hacia los discípulos porque quiere que todos se enteren de lo que va a decirle: «¡Retírate, Satanás! ¡Piensas al modo humano, no según Dios!» La mención de Satanás recuerda lo ocurrido después del bautismo, cuando Satanás somete a Jesús a las tentaciones. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Jesús, que no ha visto un peligro en las tentaciones de Satanás, si ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, sino llena de violencia.

Ejercicio práctico

Llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará.

De repente, el auditorio se amplía, y a los discípulos se añade la multitud. Las palabras que Jesús deberían desconcertarnos y provocar un rechazo. ¿Se imagina alguien a un político diciendo: «El que quiera votarme, que esté dispuesto a perder las elecciones e ir a la cárcel»? Pero el punto de vista de Jesús no es el de los políticos. No pretende ganar las elecciones en este mundo, sino en el futuro. Para Jesús, el mundo futuro es como un hotel de cinco estrellas; el mundo presente, una chabola asquerosa situada en el entorno más degradado imaginable. Todos podemos salir de la chabola y alojarnos en el hotel. Pero el camino es duro, empinado, difícil. Jesús se ofrece a ir delante, y deja en nuestras manos la decisión: el que se aferre a la chabola, en ella morirá; el que la abandone y lo siga, tendrá un durísimo camino, pero disfrutará del hotel.

Y tú, ¿quién dices que es Jesús?

            El evangelio de hoy no puede leerse como simple recuerdo de algo el pasado. La pregunta de Jesús se sigue dirigiendo a cada uno de nosotros, y debemos pensar detenidamente la respuesta. No basta recurrir al catecismo («Segunda persona de la Santísima Trinidad») ni al Credo («Dios de Dios, luz de luz…»). Tiene que ser una respuesta personal, sentida. En la línea del evangelio de Juan: «El camino, la verdad y la vida». Pero, sea cual sea la respuesta, es más importante aún la decisión de seguir a Jesús con todas las consecuencias.

La aceptación del sufrimiento y la certeza del triunfo (1ª lectura: Isaías 50,5-10)

“El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me mesaban la barba; no he hurtado mi rostro a la afrenta y a los salivazos. El Señor Dios viene en mi ayuda; por eso soporto la ignominia, por eso he hecho mi rostro como pedernal y sé que no quedaré defraudado. Próximo está el que me hace justicia, ¿quién puede litigar conmigo? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi demandante? ¡Preséntese ante mí! Si el Señor Dios me ayuda, ¿quién puede condenarme? Todos se gastarán como un vestido, la polilla los consumirá.

En la concepción difundida a finales del siglo XIX por Bernhard Duhm, este fragmento sería el tercer canto dedicado al Siervo de Yahvé, un personaje misterioso, que termina salvando a su pueblo mediante el sufrimiento y la muerte. Es lógico que los cristianos vieran en él a Jesús (el 4º canto, Is 53, lo leemos el Viernes Santo).

            Jesús ha dicho en el evangelio que «el Hijo del hombre tiene que padecer y ser despreciado». Este breve poema anticipa esas ofensas: golpes, burlas, insultos, salivazos, antes de un juicio que se supone injusto. En este breve poema destacan dos detalles: la acción de Dios y la reacción del Siervo.

            La acción de Dios consiste en revelar a su servidor lo mucho que va a sufrir («me ha abierto el oído»), pero asegurándole que se mantendrá junto a él: «Mi Señor me ayudaba», «Tengo cerca a mi abogado», «El Señor me ayuda». Esto supone una gran novedad, porque en la teología habitual del Antiguo Oriente (y entre muchas personas de hoy día), el sufrimiento se interpreta como un castigo de Dios. En cambio, el Siervo está convencido de que no es así: el sufrimiento puede entrar en el plan de Dios, como un paso previo al triunfo, y en ningún momento deja Él de estar presente y ayudarle.

            Por eso, la reacción del Siervo es de entrega total: no se rebela, no se echa atrás, ofrece la espalda y la mejilla a los golpes, no oculta el rostro a bofetadas y salivazos.

            Si Pedro hubiera conocido y comprendido este texto de Isaías, no se habría indignado con las palabras de Jesús, que representan el punto de vista de Dios, mientras que él se deja llevar por sentimientos puramente humanos. Pero debemos reconocer que nuestro modo de pensar se parece mucho más al de Pedro que al de Jesús.

Una polémica muy antigua: la fe y las obras (2ª lectura: Santiago 2,14-18)

            «Genio y figura, hasta la sepultura». Eso le pasó a san Pablo. Radical antes de convertirse, lo siguió siendo en algunas cuestiones después de la conversión. Y su forma de expresarse se prestaba a ser mal interpretado. En su lucha con los cristianos judaizantes, partidarios de observar estrictamente la ley de Moisés, como si fuera ella quien nos salva, defiende que la salvación viene por la fe en Cristo. Él no excluye que el cristiano deba comportarse dignamente, todo lo contrario. Pero insiste tanto en la fe y en la libertad del cristiano que sus adversarios le acusaban de negar la necesidad de las buenas obras.

            En esta polémica se inserta el texto de la carta de Santiago, atacando la postura del que presume de tener fe, pero no hace nada bueno. El ejemplo que utiliza, la respuesta egoísta del que presume de tener fe a un hermano que pasa hambre, es esclarecedor y sigue inquietándonos actualmente.

Hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y les falta el alimento cotidiano, y uno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y alimentaos», sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve esto? Lo mismo es la fe: si no tiene obras, está muerta en sí misma. Por el contrario, alguien dirá: «Tú tienes la fe, y yo las obras. Muéstrame, si puedes, tu fe sin obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».

Si el autor de la carta y Pablo se hubieran reunido a charlar, habrían estado plenamente de acuerdo. Pablo podría haberle leído un fragmento de su carta a los Gálatas, en la que viene a decir lo mismo: «Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad, pero no vayáis a tomar la libertad como estímulo del instinto; antes bien, servíos mutuamente por amor» (Gal 5,13). Nos salva Jesús y la fe en él, pero esa fe debe impulsarnos a una vida que no se deja arrastrar por los bajos instintos (fornicación, indecencia, desenfreno, reyertas, envidias, borracheras, comilonas, etc.), sino que está guiada por los frutos del Espíritu de Dios (amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad…,) (Gal 5,19-25).

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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. 16 de septiembre de 2018

domingo, 16 de septiembre de 2018
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d-xxiv

Se lo explicaba con toda claridad.”

(Mc 8, 27-35)

“…, por el camino preguntó a sus discípulos…” Por el camino, de manera informal. Porque así son las cosas de nuestro Dios. No suele ceñirse a horarios ni lugares.

Nosotros construimos iglesias, pero luego Dios se hace el encontradizo en el silencio de la montaña o en el bullicio del mercado. Nosotros nos marcamos un tiempo para la oración o para las celebraciones. Pero luego va y resulta que el ENCUENTRO (con mayúsculas) es en una mirada o en una conversación.

Las cosas importantes de Dios pueden acontecer en cualquier lugar y a cualquier hora. Ah! Pero esta no es excusa para no dedicarle un tiempo y un espacio. Toda relación necesita de tiempos y espacios. La relación con Dios también. Pero le gusta “asaltarnos” cuando menos lo esperamos.

Y sé de más de una persona que en medio de sus idas y venidas tiene el rato de volver a casa en autobús como un momento “sagrado” en el que conversa tranquilamente con Dios. Hablan de como le ha ido el día, de lo que la inquieta… Y quizá en alguna ocasión Dios le pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?

El autobús, el coche, mientras esperan la cola del supermercado, al acostarse o levantándose un poco antes. Hay un montón de gente conversando con Dios. Llenando el mundo de oración.

Luego también hay monjas y curas, religiosas y obispos, que también oran dentro y fuera de las iglesias, dentro y fuera de las celebraciones.

Y es que Dios es un gran conversador y tiene mucho que decirnos a cada uno de nosotros. Sabe que necesitamos escucharle y que son sus preguntas las que nos sacuden la pereza. Por eso insiste hasta hacernos comprender.

Por eso nos lo explica “con toda claridad” y nos ayuda a colocarnos en el lugar que nos corresponde. Como hizo un día con Pedro, pero ya lo había hecho con Adán y Eva, y con muchos otros.

Originales, originales no somos. Caemos todos en el mismo supino error. ¡Queremos quitarle el sitio a Dios! Y Él, con su infinita paciencia nos tiene que recordar que nuestro sitio está a SU LADO. Junto a Él.

Oración

Pregúntanos, incrépanos, pero no te vayas de nuestro lado. Somos torpes, ya nos conoces. Después de reconocerte nos volveremos a equivocar de lugar. Pero TÚ sabes que somos TUYAS.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Para saber quién es Jesús, tengo que saber quién soy yo.

domingo, 16 de septiembre de 2018
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Jesús CarneMc 8, 27-35

Responder a la pregunta de ¿Quién es Jesús? Es un tarea tan desorbitada que se queda uno sin aliento al tener que planteársela en una homilía. Desde el día de Pascua, los seguidores de Jesús no han hecho otra cosa durante dos mil años que intentar responderla. Durante los tres últimos siglos, pero sobre todo en el siglo pasado, se ha dado un vuelco en la manera de entender los evangelios. Hasta ese momento nadie cuestionó que lo evangelios eran historia y había que entenderlos literalmente.

Hoy sabemos que son una interpretación de la figura de Jesús, condicionada por sus circunstancias de todo tipo. Nos transmitieron lo que ellos entendieron pero no lo que fue en realidad Jesús. No podemos seguir entendiendo su interpretación con la idea que hoy tenemos de ‘historia’. Hoy estamos en las mejores condiciones para hacer una nueva interpretación de Jesús y no podemos desaprovechar la ocasión. Tenemos la obligación de intentar traducir su figura a un lenguaje que podamos entender todos hoy.

La primera obligación de un cristiano será siempre tratar de conocerlo. Solo en la medida que le conozcamos mejor podremos vivir lo que él vivió. La idea que hoy tenemos de Dios, del mundo y del hombre nos tiene que llevar a una comprensión más profunda del mensaje evangélico. Jesús fue un ser humano tan fuera de serie que nos empuja a una nueva comprensión de lo que significa ser plenamente humanos.

La doble pregunta de Jesús parece suponer que esperaba una respuesta distinta. La realidad es que, a pesar de la rotunda respuesta de Pedro: “tú eres el Mesías”, la manera de entender ese mesianismo, estaba lejos de la verdadera comprensión de Jesús. Pedro, como se manifestará más adelante, sigue en la dinámica de un Mesías terreno y glorioso. Para él es incomprensible un Mesías vencido y humillado hasta la aparente aniquilación total. A penas tres versículos después, Pedro increpa a Jesús por hablarles de la cruz.

El Hijo de hombre tiene que padecer mucho. “Hijo de hombre” significa, perteneciente a la raza humana, pero en plenitud. Por cierto, “este hombre” es el único título que se atribuye Jesús a sí mismo. “Tiene que” no alude a una necesidad metafísica o a una voluntad de Dios externa, sino a la exigencia del verdadero ser del hombre. “Padecer mucho” hace referencia no solo a la intensidad del dolor en un momento determinado (su muerte), sino a la multitud de sufrimientos que se van a extender durante el tiempo que le queda de vida.

Jesús proclama, con toda claridad, cuál es el sentido de su misión como ser humano. Diametralmente opuesta a la que esperaban los judíos y la que también esperaban los discípulos de un Mesías. Nada de poder y dominio sobre los enemigos, sino todo los contrario, dejarse matar, antes de hacer daño a nadie. Pedro se ve obligado a decirle a Jesús lo que tiene que hacer, porque su postura equivocada le hace pensar que ni Dios puede estar de acuerdo con lo que acaba de proponer Jesús como itinerario de salvación.

Como Pedro habla en nombre de los apóstoles, Jesús responde de cara a los discípulos, para que todos se den por enterados del tremendo error que supone no aceptar el mesianismo de la entrega al servicio de los demás y de la cruz. Ese mensaje es irrenunciable. Pedro le propone exactamente lo mismo que le propuso Satanás: el mesianismo del triunfo y del poder, por eso le llama Satanás. Claro que esa manera de pensar es la más humana (demasiado humana) que podríamos imaginar, pero no es la manera de pensar de Dios.

Lo que acaba de decir de sí mismo, lo explica ahora a la gente. “Si uno quiere venirse conmigo, que se niegue a sí mismo…” No es fácil aquilatar el verdadero significado de esta frase; sobre todo si tenemos en cuenta que el texto no dice negarse, sino renegar de sí mismo. Aquí el ‘sí mismo’ hace referencia a nuestro falso yo, lo que creemos ser. El desapego del falso yo es imprescindible para poder entrar por el camino que Jesús propone.

“El que quiera salvar su vida la perderá…” No está claro el sentido de ‘psykhe’: No puede significar vida biológica, porque diría ‘bios’; tampoco significa alma, porque los judíos no tenían el concepto de alma. No se trata de elegir entre dos vidas, sino buscar la plenitud de la vida en su totalidad. El que no dejar de preocuparse de su individualidad, malogra toda su existencia; pero el que superando el egoísmo, descubre su verdadero ser y actúa en consecuencia, dándose a los demás, dará pleno sentido a su vida y alcanzará su plenitud.

La esencia del mensaje de Jesús sigue sin ser aceptada porque nos empeñamos en comprenderlo desde nuestra racionalidad. Ni el instinto, ni los sentidos, ni la razón podrán comprender nunca que el fin del individuo sea el fracaso absoluto. Por eso hemos hecho verdaderas filigranas intelectuales para terminar tergiversando el evangelio. Si creemos que lo importante es lo sensible, lo material que me da seguridades egoístas, lo defenderemos con uñas y dientes y no dejaremos que lo que vale de veras cobre su importancia.

¿Quién es Jesús? La respuesta no puede ser la conclusión de un razonamiento discursivo. No servirán de nada ni filosofías, ni psicologías, ni teologías. Los análisis externos de lo que hizo y dijo no nos llevan a ninguna parte, porque no son comprensibles. Solo una vivencia interior que te haga descubrir dentro de ti lo que vivió Jesús, podrá llevarte al conocimiento de su persona. Jesús desplegó todas las posibilidades de ser que el hombre tiene. La clave de todo el mensaje de Jesús es esta: dejarse machacar es más humano que hacer daño a alguien.

Debemos seguir preguntándonos quién es Jesús. Pero lo que nos debe interesar es un Jesús que encarna el ideal del ser humano, que nos puede descubrir quién es Dios y quién es el hombre. La pregunta que debo contestar es: ¿Qué significa, para mí, Jesús? Pero tendremos que dejar muy claro, que no se puede responder a esa pregunta si no nos preguntamos a la vez ¿Quién soy yo? No se trata del conocimiento externo de una persona. Ni siquiera se trata de conocer y aceptar su doctrina. Se trata de responder con mi propia vida.

La razón puede dejarse llevar de las exigencias biológicas y utilizar toda su capacidad para buscar el placer o para huir del dolor. Pero el hombre, desde su vivencia interior, puede descubrir que su meta no es el gozo inmediato, sino alcanzar la plenitud humana, que le llevará más allá de la satisfacción sensorial. Si la razón no cede a las exigencias del instinto, y pretende imponerse y buscar el bien superior, la biología reaccionará produciendo dolor. Este dolor es el que Jesús propone como inevitable para alcanzar la plenitud.

La cruz, como súmmum del dolor no tiene valor alguno, como símbolo de la entrega total, es la meta de la vida humana. La hora de la plenitud de Jesús fue la hora de la muerte en la cruz. Ahí consumó su carrera. Se identificó con Dios que es don total. Ya no necesita más glorificaciones ni exaltaciones; entre otras razones, porque no hay después, sino un eterno ser en Dios. Jesús vivió y predicó que, lo específicamente humano es consumirse en la entrega al bien del hombre concreto, el que me encuentro en el camino de cada día.

Meditación

Quién soy yo y quién es Jesús exige la misma respuesta.
Solo viviendo lo que vivió Jesús podré responder.
Mi meta, como la suya, es desplegar lo humano.
Desplegar lo humano es vivir lo divino.
Nuestro ser verdadero es lo que hay de Dios en nosotros.
Soy lo Infinito, solo queda vivirlo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Un pensador de alcurnia.

domingo, 16 de septiembre de 2018
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le-penseur-el-pensador-museo-rodin-auguste-bronce-escultura-sculpture-jardines-patina-detail-495“Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado” (Buda)

16 de septiembre. Domingo XXIV del TO

Mc 8, 27-35

Tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios

¿Cómo pudo negar Jesús tamaña obviedad, salida en esta ocasión de la cabeza terrenal del impetuoso Pedro, y cómo era física y mental y espiritualmente? Un análisis de la obra El Pensador, del francés Auguste Rodin, nos puede ayudar a responder a tal pegunta.

Auguste Rodin (1840-1917) esculpió en bronce -hoy en el Museo Rodin de Paris- una de las esculturas más famosas de dicho artista. Representa un cuerpo torturado y al mismo tiempo un hombre de espíritu libre decidido a trascender mediante la poesía. Aparece como un hombre desnudo, solitario, pasivo, reflexivo y preocupado. Rodin utilizaba sus conocimientos artísticos para poder expresar la psicología y los sentimientos de los seres humanos. En una ocasión dijo: “Lo que hace que mi Pensador piense, es que él piensa no sólo con su cerebro, con su ceño fruncido, con sus fosas nasales distendidas y sus labios comprimidos, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con su puño apretado y sus dedos de los pies agarrotados”Su imagen nos da a conocer el pensamiento del hombre y la trascendencia de la lógica en la humanidad.

Personalmente visité el Museo Rodin hace unos cuantos años y confieso que dicha escultura me invitó a sentarme y a pensar en mí y en el resto de mundo. Acepté la invitación, y permanecí una media hora, sentado como él, en la cima de una pequeña roca que había en el jardín. Fue un esculpir esquirla tras esquirla, y un recoser los múltiples girones de mi túnica inconsútil.

El hombre considerado como ente pensante, evolucionó desde unos pequeños simios que fueron llamados Procónsules (20 millones de años) y que existieron varios eslabones antes de que apareciera el Australopitecus, que fabricaba ya herramientas de piedra. Seguidamente, hace unos 2.5 millones de años, aparece el Homo Habilis, fabricante también de utensilios de piedra más acabados, y con un cerebro más desarrollado. Era de talla baja, alrededor de 1.40 m., y es considerado por los antropólogos como el primer espécimen de ser humano pensante. Finalmente, 130.000 años antes de nuestra era, apareció el homo Sapiens Sapiens y hace unos 40.000 años apareció el Cromañon.

A mi regreso de París se me grabó la impronta de aquel Pensador en mi cerebro de cromañón siglo XXI, y una vez más como él, seguí soñando, porque, como dijo el escritor filósofo británico James Allen (864-1912): “Los soñadores son los salvadores del mundo”.  ¿O no es verdad -y yo creo que sí- lo que en la India dijo Buda?: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado?”

Una obviedad de Pedro, a quien Jesús un día llamó “Piedra” reprochándole injustamente la roqueña textura de su dura cabeza: “Tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios”.

La poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957) compuso un poema –El Pensador de Rodin– que hace honor a la reflexión de Dante en la Divina Comedia ante las puertas del infierno, y que tiene la carne fatal desnuda delante del destino, ya que ante lo sobrenatural no hay una defensa válida. Otra característica presente de manera muy sutil a lo largo del poema, es el sentimiento de tristeza tan propio de la artista, la cual une un sentimiento interno como la angustia y los músculos que se hienden, identificando el sentimiento del protagonista.

EL PENSADOR DE RODIN

Con el mentón caído sobre la mano ruda,
El Pensador se acuerda que es carne de la huesa,
carne fatal, delante del destino desnuda,
carne que odia la muerte, y tembló de ternura. 

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,
Y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.
El de “morir tenemos” pasa sobre su frente,
en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores.
Cada surco en la carne se llena de terrores.
Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

que le llama en los bronces… Y no hay árbol torcido
de sol en la llanura, ni león de flanco herido,
crispados como este hombre que medita en la muerte.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Quién es Jesús para mí? ¿Cómo gestar la respuesta?

domingo, 16 de septiembre de 2018
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jesusMarcos 8, 27-35

Podemos empezar recordando una experiencia común y habitual: cuando caminamos en grupo, van surgiendo diferentes temas de conversación; ese diálogo nos enriquece, nos cuestiona, nos descoloca…

Algo así recoge el evangelio de hoy, en forma de catequesis. La “charla” de Jesús con sus discípul@s, por el camino, nos invita a tomar conciencia de nuestra relación con Jesús-Cristo.

En aquel grupo nadie había comprendido quién era Jesús. Intentaron explicarlo a partir de las categorías que usaban: el Bautista, los profetas, el mesías anunciado, etc. Pensaban como los hombres y mujeres de su tiempo, pero no eran capaces de abrirse a algo nuevo, totalmente nuevo. No habían tenido un encuentro que les rompiera sus categorías y les introdujera en un ámbito nuevo, diferente.

Es más, la novedad de la cruz revolvió las tripas a Pedro y pretendió que fuera Jesús el que se metiera dócilmente en la categoría de mesías al uso. Se lo llevó aparte y le leyó la cartilla.

Me imagino que Pedro pudo decirle algo así:

– Jesús, has tenido la suerte de ser el mesías. Es la hora del triunfo, de vencer a Roma, de conseguir el poder; nosotros que somos parte de tu grupo lo compartiremos contigo… ¡déjate de padecimiento y muerte! ¡Eres el mesías, actúa como tal!

¡Qué catequesis tan sugerente para hoy! Creo que algo semejante están diciendo al papa Francisco ciertos grupos de presión. ¡Eres el papa, actúa como tal…! Es decir, le piden que actúe como esos grupos desean que sea el papado. Se han cerrado a la novedad que supone la misericordia, la transparencia, la austeridad, la justicia… y reclaman volver a categorías caducas que les beneficiaban ampliamente.

También creo que nuestra oración, nuestro diálogo con Dios, puede parecerse mucho al diálogo de Pedro con Jesús: Señor, líbrame de todo lo que me desagrada, o entorpece mis planes y ayúdame a conseguir lo que yo creo que es lo mejor para mí y los míos.

¿Para qué pedir que nos abramos a la novedad del Espíritu si creemos que con que Dios nos ayude a lograr nuestros planes es suficiente?

Si hoy nos preguntan: ¿quién es Jesús para ti? ¿Qué respondemos? ¿Utilizamos las respuestas que personas “eruditas” han elaborado, para que no nos molestemos en gestar las nuestras no sea que nos salgamos de la ortodoxia? Se ha insistido más en que sepamos decir quién es Jesús que en experimentar quién es.

¿De qué sirven formulaciones precisas, elaboradas por bien pensantes teólogos que matizan hasta la saciedad, si no tenemos sucesivas experiencias de encuentro personal que transforman nuestra vida?

¿De qué sirve aprender de memoria quien es Jesús, si lo conocemos de oídas?

¿En qué espacios y tiempos gestamos la respuesta a esa pregunta? ¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

Copio unos renglones (literales) de un catecismo escrito hace poco para niños y niñas (¿?). No dudo de la buena voluntad de los autores. Dudo de que esas palabras, que no son significativas para los peques, les ayuden a encontrarse con Jesús y a responder la pregunta de hoy:

“Él es nuestro Redentor; Jesús es el único nombre dado a los hombres para poder salvarse. ¿Por qué lo llamamos también Cristo y Jesucristo? Lo llamamos también Cristo y Jesucristo, porque es el Ungido, el Cristo o Mesías, anunciado por Dios a los Profetas”

¿Cuánto tiempo necesitarán estos niños y niñas para llegar a gestar una respuesta personal, dejando a un lado lo que aprendieron de memoria? ¿Qué proceso necesitarán para responder desde el encuentro con Jesús, vivo, presente en su vida y en las comunidades? ¿Qué sostendrá su fe?

En la historia de la Iglesia ha quedado patente que muchos hombres y mujeres, desbordados por el encuentro con Jesús, necesitaron cantar, llorar, danzar, escribir poesías y parábolas o hacer locuras… Querían compartir lo que no podían reducir a formulaciones.

Margarita Porete, beguina y mística, acabó en la hoguera. El tribunal que la juzgó no podía tolerar ni lo que experimentó ni la manera de narrarlo a través de su libro. El fuego quemó su cuerpo, pero la llama interior sigue dando luz y calor a quienes nos acercamos a su vida y su obra. ¿Bebemos de estas fuentes?

¿Y si en la respuesta que diéramos, nos jugáramos la vida? Este domingo, millones de personas oiremos el evangelio sentadas confortablemente en bancos de iglesias, sin ningún tipo de riesgo. ¿Qué nos evocarán las palabras: cargar con la cruz, perder la vida, etc.? ¿Tendremos presentes a los hombres y mujeres que, por confesar su fe en Jesucristo, han perdido la vida o corren el riesgo de perderla?

Acabamos retomando las palabras del profeta Isaías: “el Señor me abre el oído, yo no resistí ni me eché atrás”, “el Señor me ayuda”. Que nos ayude a gestar cada día la respuesta a esta pregunta central del cristianismo. Que soltemos con valentía respuestas y definiciones que pudieron ayudarnos en un momento, pero sobran en la vida de fe adulta.

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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¿Quién es Cristo?

domingo, 16 de septiembre de 2018
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icono_cristo_pantocratorDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01. QUIÉN ES CRISTO.

No les fue fácil a los compañeros de Jesús, ni nos es fácil a nosotros saber quién es Jesús, ni la relación que existe entre Jesús y Cristo. De hecho, el mismo Jesús era consciente de que a Dios nadie le ha visto nunca jamás, (Jn 1,18).

Muchas personas vieron y convivieron con Jesús, pero fueron más bien pocos los que creyeron en Él.

También nosotros podemos conocer a Jesús por la historia, los evangelios, etc., pero quizás no llegamos a creer en Cristo, el Mesías.

Sin duda que con buena voluntad, algunos decían que Jesús era Juan Bautista, hombre recio y de gran personalidad; quizás Jesús podía haber sido un profeta como Elías, pero no lo fue. Jesús decepcionó a muchos: Jesús no fue un sacerdote del Templo, como esperaban los monjes de Qumrám, tampoco fue un político con lo que defraudó a mucha gente e incluso a parte de sus propios discípulos. Jesús decepcionó incluso a su propia familia que pensaba que estaba loco, (Mc 3,21). Jesús no fue un hombre de la ley, un moralista atormentado, con lo que desilusionó al movimiento fariseo.

También nosotros nos preguntamos, ¿quién es Cristo? Sobre todo los que ostentan el poder tienen todas las respuestas ya prefabricadas, como si tuviesen la vara de medir la verdad, el bien y el mal, incluso la estética.

02. DEJARNOS PREGUNTAR POR CRISTO

4a704a0f07f8c60c4d8f1dfb362f3f6eEn el texto de hoy es Jesús quien nos pregunta: ¿Quién decís vosotros que soy yo? ¿Quién soy Yo para vosotros?

Muchas veces y mucha gente puede pensar que Jesús un personaje religioso que lo puede todo, un “todopoderoso”.

Y algo de esto es lo que expresa Pedro: Tú eres el Mesías.

Pedro dice lo que hay que decir, lo establecido, lo políticamente correcto: Tú eres el Mesías.

Pero Pedro “no se ha enterado del asunto”.

En el momento en que Jesús concreta su mesianismo: el Mesías tiene que padecer, ser condenado, crucificado… y resucitar al tercer día, Pedro pega una «espantada”: No te puede suceder esto, a ti no te puede pasar esto.

Pedro tenía posiblemente como nosotros una imagen de un mesías poderoso, “salvapatrias”, inquisidor, “salva-doctrinas” y “salva-diócesis”. A Pedro le podríamos haber visto detrás de alguna pancarta que dijera: “Romanos, go home”.

Pero el Mesías salvador del ser humano, JesuCristo es totalmente diferente. Es un Mesías sencillo, humilde, que va a ser perseguido y crucificado.

03. VADE RETRO, SATANA.

El poder es la gran tentación humana: poder político, poder económico, poder físico, poder religioso, poder informativo, poder doméstico, etc.

El poder es un instinto pasional que alienta al ser humano. Probablemente el poder es la pasión más fuerte del ser humano

También en la Iglesia el peligro y la gran tentación es el poder: cardenales, obispos, curas, superiores religiosos, también laicos tenemos la misma tentación de los primeros discípulos. Mandar, disponer, ordenar. Iban discutiendo quién sería el primero…

Jesús hubo de ejercer de auténtico “exorcista” para expulsar el demonio del poder de sus discípulos. (Es muy significativo que Jesús curara de la fiebre a la suegra y a la familia de Pedro. Fiebre: fuego, ansias de poder)

Gracias a Dios, el papa Francisco es un hombre bueno, sencillo. No es un hombre de poder. Quizás por eso se le están enfrentando un buen grupo de cardenales y obispos.

Todo eso es “Satana”: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»

Al poder, las situaciones de injusticia y prepotencia que crea el poder se vence con el servicio, con un cristianismo de entrega, de curación, ayuda. Tú, poderoso, superior dominador, obispo prepotente, dirás y dispondrás lo que quieras, pero el seguimiento de Jesús Mesías es otra cosa.

Una Iglesia, una congregación religiosa, una comunidad, un superior que funcionen desde la dialéctica del poder, no son la comunidad ni la Iglesia de Jesús. ¡Y cuidado que hay comunidades y personas que viven desde el poder…! ¡Y cuánto daño hacen!

Por otra parte, recuerdo aquello que decía K Rahner: la obediencia al superior no exige someterse al más necio o inepto de la comunidad.

04. ENTREGAR LA VIDA.

pobresJesús es Mesías y lo es porque entregó su vida por nosotros.

Humanamente hablando parece que uno vive cuando se siente seguro, cuando busca y obtiene un buen nivel de vida, economía, medicina, confort, etc.

Sin embargo la vida humana no consiste siempre en el cuidado siempre del propio “ego”, sino que uno es persona cuando se entrega a los demás, cuando se trabaja, se ama. La vida no es un egoísmo en el que yo me cuido y estoy pendiente siempre de mí mismo, de mi doctrina (mundo eclesiástico), de mi ideología (política), mi salud, etc. Uno vive y crece como persona cuando entrega su vida, sus carismas y sus talentos a los demás.

Una afirmación de un filósofo danés del siglo XIX: Soren Kierkegaard

Señor Jesús, tú no viniste para ser servido, ni tampoco para ser admirado o, simplemente, adorado… Por eso, despiértanos, si estamos adormecidos en este engaño de querer admirarte o adorarte, en vez de imitarte y parecernos a ti.

Creer en Cristo confiere una profunda confianza y serenidad en la vida, despeja muchas discusiones y cortocircuitos inútiles.

Solamente Tú, Señor, eres el Mesías

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La Cruz Gloriosa

viernes, 14 de septiembre de 2018
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 Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

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Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

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Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

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***

Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

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¿Dónde está Dios?, por Gabriel María Otalora

viernes, 14 de septiembre de 2018
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busqueda-de-diosDe su blog Punto de Encuentro:

«Los que dicen conocer a Dios, ¿qué significa creer en Él cuando llega el fracaso?»

«Los cristianos estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico»

(Gabriel María Otalora).- Es patente como va en aumento el nivel de insatisfacción de esta sociedad, atrapada entre ruidos y crisis de principios a todos los niveles. Son tiempos difíciles incluso para quienes tienen resueltas las necesidades básicas y no tan básicas; qué decir de los millones de personas sin medios ni dignidad humana que malviven por la codicia violenta de sus semejantes y ahora los tenemos a muchos de ellos vagando por el Mediterráneo en busca de un mundo digno. ¿Dónde está Dios en este pandemónium?

Anthony de Mello se refería a esto en forma de parábola: «Viendo a una niña marginada, aterida y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente, me encolericé y le dije a Dios: ‘¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?’ En pleno silencio, esa noche, Él me respondió: ‘Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti’«.

El silencio de Dios ante tanto dolor no deja de ser una llamada para que le dejemos actuar a través de nuestras manos. ¿Dónde está Dios?, pues está manifestándose en cada gesto de amor que realizamos al próximo, a quien Él quiere que le tratemos como a un hermano. Enredarnos en otras prioridades puede resultar un escándalo para tantísimas personas que buscan al Dios de la comprensión y la misericordia.

Incluso quienes no creen en la existencia de Dios se preguntarán en más de una ocasión: los que dicen conocer de Dios, ¿dónde le ven?, ¿por qué creen?, ¿qué significa en sus vidas creer en Él cuando llega el fracaso?, ¿qué sienten o saben?, ¿por qué tienen ese tipo de convicciones? Y seguro que se escandalizarán con nuestras peores contradicciones.

Aunque el ateísmo es un fenómeno relativamente moderno, la historia de las religiones solo demuestra la existencia del sentimiento religioso a lo largo de todas las épocas y de muy distintas maneras. La experiencia de Dios ha activado conductas revolucionarias por lo que de transformadoras tienen, pero que conviven con el lado humano más oscuro y provocador de tremendas confrontaciones entre personas religiosas cuando imponen la idea de su dios (el suyo propio) a quienes sienten de diferente manera, demostrando con sus actos no ya una experiencia de fe, sino lo peor de la condición humana.

No podemos demostrar donde está Dios, pero muchas personas han dado sobradas muestras de haber tenido a Dios consigo. Los cristianos estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico. En su pedagogía no cabe el interés calculador, como corresponde a un Dios amoroso. Es un Dios «absurdo» porque no se apoya en todo su poder sino que actúa respetando el buen o mal uso de la libertad de los hombres. No es alguien abstracto, sino a quien se siente en la humildad y en la escucha. Nuestro Dios va descubriendo, poco a poco, trocitos de su divinidad en la medida que nos abrimos a la escucha, libremente, desde la experiencia en medio de claroscuros que amenazan una fe que no se pierde jamás por buscar sin miedo la verdad.

Para salir de esta crisis existencial, es preciso amar más y dejarnos transformar desde los acontecimientos de la vida, aceptando el riesgo de una nueva manera de ver y obrar, de comprender y actuar. Solo quienes se mantienen en la voluntad de avanzar en esta dirección llegan a descubrir donde nos espera Dios: junto a tanta inocencia que sufre. Misterio y grandeza.

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Existencia

lunes, 10 de septiembre de 2018
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Del blog Nova Bella:

05

Si Dios no es amor,

no vale la pena que exista

*

Henry Miller

infarto-ene-l-alma

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“Curar la sordera”. 23 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,31-37)

domingo, 9 de septiembre de 2018
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23-852859-300x235La curación de un sordomudo en la región pagana de Sidón está narrada por Marcos con una intención claramente pedagógica. Es un enfermo muy especial. Ni oye ni habla. Vive encerrado en sí mismo, sin comunicarse con nadie. No se entera de que Jesús está pasando cerca de él. Son otros los que lo llevan hasta el Profeta.

También la actuación de Jesús es especial. No impone sus manos sobre él como le han pedido, sino que lo toma aparte y lo lleva a un lugar retirado de la gente. Allí trabaja intensamente, primero sus oídos y luego su lengua. Quiere que el enfermo sienta su contacto curador. Solo un encuentro profundo con Jesús podrá curarlo de una sordera tan tenaz.

Al parecer, no es suficiente todo aquel esfuerzo. La sordera se resiste. Entonces Jesús acude al Padre, fuente de toda salvación: mirando al cielo, suspira y grita al enfermo una sola palabra: Effetá, es decir, «Ábrete». Esta es la única palabra que pronuncia Jesús en todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo, sino a su corazón.

Sin duda, Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato. Conoce bien lo fácil que es vivir sordos a la Palabra de Dios. También hoy hay cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a nadie de su fe. Comunidades sordomudas que escuchan poco el Evangelio y lo comunican mal.

Tal vez uno de los pecados más graves de los cristianos de hoy es esta sordera. No nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús. No vivimos con el corazón abierto para acoger sus palabras. Por eso no sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño ni la atención de nadie.

A veces se diría que la Iglesia, nacida de Jesús para anunciar su Buena Noticia, va haciendo su propio camino, olvidada con frecuencia de la vida concreta de preocupaciones, miedos, trabajos y esperanzas de la gente. Si no escuchamos bien las llamadas de Jesús, no pondremos palabras de esperanza en la vida de los que sufren.

Hay algo paradójico en algunos discursos de la Iglesia. Se dicen grandes verdades, pero no tocan el corazón de las personas. Algo de esto está sucediendo en estos tiempos de crisis. La sociedad no está esperando «doctrina religiosa» de los especialistas, pero escucha con atención una palabra clarividente, inspirada en el Evangelio de Jesús, cuando es pronunciada por una Iglesia sensible al sufrimiento de las víctimas, y que sabe salir instintivamente en su defensa invitando a todos a estar cerca de quienes más ayuda necesitan para vivir con dignidad.

José Antonio Pagola

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“Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.” Domingo 9 se septiembre de 2018. Domingo 23º del tiempo ordinario

domingo, 9 de septiembre de 2018
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49-ordinarioB23 cerezoDe Koinonia:

Isaías 35, 4-7a: Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará.
Salmo responsorial: 145: Alaba, alma mía, al Señor.
Santiago 2, 1-5: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?.
Marcos 7, 31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

El profeta Isaías es el profeta de la consolación. El pueblo en medio del dolor que ha generado el destierro, necesita de una voz de aliento y esperanza, por eso el profeta los invita a tener valor a que «no tengan miedo», es necesario confiar en Dios pues él va a salvar a su pueblo de la esclavitud.

El profeta evoca con sus palabras el recuerdo de la tierra de Palestina con sus riquezas naturales, torrentes y manantiales, una tierra fértil y espaciosa, un paraíso o una tierra prometida, que les espera después del exilio, a la que regresarán como en un nuevo éxodo. En esta tierra se volverán a instaurar y reconstruirán el Templo, la ciudad y la historia. Y vivirán en plenitud, llenos de vida y salud, con sus órganos de los sentidos completos, capaces de percibir lo que está pasando a su alrededor. En las mismas palabras del profeta, se puede descubrir la fuerza de Dios, que busca reanimar a los abatidos y transformar la tierra devastada. El profeta anuncia tantos bienes que parece la llegada de los tiempos mesiánicos.

La carta de Santiago es un reclamo fuerte a la fraternidad. El que hace distinción de personas en la asamblea, es decir, en la celebración litúrgica, no puede ser cristiano. Santiago en su carta nos habla de diferencias y desigualdades en el interior de la misma comunidad, paradójicamente donde se tendría que construir otro modelo que prefigure la relación que los seres humanos deben construir en la vida social. En una palabra: la fraternidad, como fruto del mandamiento del amor, empieza en la misma celebración litúrgica y se debe hacer realidad en las relaciones sociales de los miembros de la comunidad.

Cada vez que el cristiano celebra la eucaristía debe asumir el compromiso del amor real, un amor que se hace efectivo en las obras que enriquecen la vida y la llenan de contenidos de humanización. Ésta es una tarea que tenemos que asumir para hacer de la celebración cristiana un espacio de vida abundante y de experiencia profunda de amor.

El evangelio de hoy nos dice que los paganos también fueron destinatarios del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús. Que saliendo Jesús de nuevo de la región de Tiro se dirigió por Sidón hacia el mar de Galilea, por en medio de los límites de la Decápolis, todo en territorio pagano. Y le trajeron un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Es una de las poquísimas veces que vemos a Jesús fuera de su país; si creemos a los evangelios, Jesús, prácticamente, no viajó al extranjero. Es importante señalar que en aquel entonces, ir al «extranjero» es también ir al «mundo de los paganos»… no como hoy. En este fragmento del evangelio de Marcos observamos a Jesús pues en medio de gente de otra religión… Puede ser muy significativo para nosotros el comportamiento que tenga hacia esas personas que no creen en el Dios de Abraham que cree Jesús…

En efecto. Vemos en primer lugar cómo Jesús no está entre los gentiles o paganos con una actitud «apostólica», no lo vemos preocupado por catequizarles. Tampoco parece preocupado por hacer entre ellos proselitismo religioso: no trata de convertir a nadie a su religión, a la fe israelítica en el Dios de Abraham. Y tampoco vemos que Jesús aproveche su paso para «impartir la doctrina», «enseñar y divulgar las santas máximas de su religión». Más aún: observemos que ni siquiera predica, no da discursos religiosos. Más bien, simplemente «cura». Es decir: no teoría, sino práctica. Hechos, no dichos.

No podemos decir que Jesús pase por el territorio pagano con indiferencia, o con los ojos cerrados, como si no tuviera nada que hacer allí… Más bien diríamos que lo que considera es que no tiene mucho que decir. No lo vemos discurseando, ni dando su «servicio de la palabra», sino curando y sanando. No habla del Reino (lo que es su «profesión» y hasta su «obsesión» dentro de los límites de Israel); fuera de su territorio religioso calla sobre el Reino y «hace Reino». O como dice la gente al verle: «hace el bien», no habla sobre el bien. (Y ya sabemos que «ubi bonum, ibi Regnum», «donde se hace el bien, allí está el Reinado de Dios», una fórmula que nos hace caer en la cuenta de una cierta tautología que se da entre «bien» y «Reino»; ya lo decía la antífona-canto del salmo 71: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor…»).

Bien mirado, aunque Jesús no predica en esa región pagana, sí «ev-angeliza», en el sentido más exacto de la palabra: da la «buena noticia» («eu-angelo»). No «informa sobre ella», no trata de trasmitir «conocimientos salvíficos», ni siquiera de «poner signos» o de simplemente «anunciar-decir», sino de «hacer presente», de «poner ahí», de construir esos «hechos y prácticas» que son, por sí mismos, la «buena noticia». «Evangelización práctica», pues, sin teorías, ni palabras. (No estamos despreciando la teoría, la doctrina, la teología, la palabra… ni creemos que para Jesús no tuviera importancia… Lo que estamos queriendo decir -fijándonos en Él- es que también para nosotros, como para Él, el puesto de estas dimensiones «teóricas» es un puesto segundo; el primer puesto es para la Vida, para la acción, para la práctica del bien que identifica el Reino, no para la palabra que lo anuncia. Lo último que en definitiva perseguimos, es la práctica, los hechos, la realidad. La teoría, la palabra, la concienciación… también forman parte de la realidad, pero no como objetivos, sino como «instrumentos» para su consecución plena).

Excelente lección para nuestros tiempos de pluralismo religioso y de diálogo interreligioso. Tal vez nuestro histórico celo apostólico y misionero por la «conversión de los infieles», por la «llamada de los gentiles a la fe cristiana», por la «cristianización de las naciones de otra religión», o por «la expansión de la Iglesia» o su «implantación en otras áreas geográficas»… debieran mirar a Jesús y tomar nota de su peculiar conducta misionera. Tal vez hoy necesitaríamos, como Jesús, callar más y simplemente actuar. Es decir, dialogar interreligiosamente comenzando –como se suele decir técnicamente- con el «diálogo de vida»: juntarnos con los «otros» y conjugar nuestros esfuerzos en la construcción de la Vida (en la construcción del bien –«¡ibi Regnum!», ¡allí está el Reino!-). Porque si logramos estar unidos en la construcción del «Reinado de Dios» (no importa el nombre con que se designe, claro está), estaremos de hecho unidos en la adoración (práctica) del Dios del Reino. La doctrina, el dogma, la teología… vendrán después. Y caerán por su propio peso, como fruta madura, cuando el diálogo ya sea una realidad palpable en la práctica de la vida diaria.

«Todo lo hizo bien, hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos»; este versículo 37 tal vez sea una mala traducción, o una derivación de la exclamación que, más probablemente, brotó a los observadores de la conducta de Jesús: «Ha hecho todo el bien [que ha podido], hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos». O sea, sí que predicó Jesús a los gentiles, pero con «el lenguaje de los hechos», y no pidiendo una conversión “mental” a su religión, o a una nueva Iglesia que él no estaba pensando fundar, sino compartiendo con ellos su «conversión al Reino». Jesús no trataba de convertir a nadie a una nueva religión, sino de convertir a todos al Reino, dejando a cada uno en la religión en la que estaba. La conversión importante no es hacia una (u otra) religión, sino hacia el Reino, sea cual sea la religión en la que se dé.

La misión del misionero cristiano se inspira en Jesús. El misionero -todos nosotros, en determinadas circunstancias- no debe buscar la conversión de los «gentiles» a la Iglesia, como su primer objetivo, sino su conversión al Reino (sea cual sea el nombre con el que el “otro” lo llame, y recordando que de nominibus non est quaestio, que «acerca de los nombres no hay que discutir»). Y esa conversión, claro está, no es de diálogo teórico, ni de predicación doctrinal solo… sino de «diálogo de vida» y de construcción del Reino. Leer más…

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9 09 18. Abrir los oídos, desatar la lengua. Jesús: el «sacramento» del effeta.

domingo, 9 de septiembre de 2018
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9d770bdb-46b2-4887-bfd6-e77c2c0d416cDel blog de Xabier Pikaza:

23º domingo de tiempo ordinario, ciclo B, año impar.

El evangelio nos sitúa ante uno de los temas característicos de Marcos: muchos judíos de su entorno, y muchos cristianos de su iglesia, tienen los oídos tapados (no escuchan la palabra), tienen trababa la lengua (no pueden hablar). Por eso, Jesús viene para abrir sus oídos y desatar la lengua:Que se escuchen, que se hablen, que se comuniquen.

Lógicamente, para extender su mensaje, Jesús ha de empezar abriendo el oído, desatando la lengua de los que somos sordo-mudos… Para que hablemos todos, es decir, para que nos comuniquemos en amor que es vida. No se trata de decir cosas, de impartir órdenes unos sobre otros, sino de comunicarnos, viviendo todos en comunión de amor.

Ésta es la tarea que Jesús nos ha dejado en el camino de su Iglesia: Que todos podamos escuchar y compartir la palabra, celebrando así la fiesta de la vida como experiencia de comunicación intensa, de oídos y boca, de ojos y manos, de cuerpo y de pan… Son muchos los poderes que impide la comunicación, el gozo de compartir la vida, la riqueza del Dios que es Palabra transparente, dialogada.

Pero Jesús está empeñado en realizar de nuevo el gran milagro de la vida humana, haciéndonos capaces, entre todos, unos con otros, de escuchar y responde, de comunicarnos y de compartir la vida, de un modo gozoso, completo, liberador, viviendo así los unos en los otros.

La religión no es una imposición sacral, un tipo de poder más hondo (en nombre de Dios), para así dominarnos a todos con su terror sagrado, sino el más hondo principio y camino de comunicación: que todos podamos hablar, ser unos en, con, para los otros, de forma que la palabra viva, de todos con todos, nos haga existir en comunión, sin más autoridad que el mismo Dios de Cristo, es decir, la palabra compartida.Éste no es un camino de terror sagrado, ni de obediencia superior, sino de comunicación admirada y admirable de la vida.

Por eso, el primer «sacramento» del evangelio es que se abran los oídos y la lengua, que se abra, que se expanda, que se comparta la palabra. Éste es para Marcos, el primeros de todos los sacramentos de Cristo y de la Iglesia, el sacramento del Effeta, que quiere decir, ábrase, abramos todos la palabra y el camino de la comunicación.

La Iglesia posterior ha incluido este signo y sacramento del «effeta» dentro del sacramento oficial del bautismo, pero de esa forma ha corrido el riesgo de que pierda su sentido originario, su poder vital, en el principio del camino de Jesús… a quien podemos presentar como «el hombre del effeta».

Buen domingo a todos.

Texto. Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es «Ábrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Milagro de comunicación

Es como un ritual o sacramento de iniciación a la palabra. Para entender la parte anterior del evangelio de Marcos y para acompañar a Jesús en el camino que se iniciará en Mc 8, 27, es necesario abrir oídos y lengua, aprendiendo a escuchar y decir. Este es un milagro que la iglesia ritualiza en forma de sacramento, abriendo los ojos y los oídos y la boca de los bautizados, para que estén atentos a la palabra.

Contexto

Jesús está haciendo el trayecto que lleva de Tiro (misión pagana) a sus raíces galileas, a través de la Decápolis (7, 31). Aún no ha llegado a Dalmanuza (lo hará en 8,10)… a través de un recorrido difícil de situar geográficamente pero humanamente muy significativo. Da la impresión de que a sus seguidores les cuesta comprender lo que hace. Es como si faltara un milagro, un giro epistemológico o cambio radical de paradigma: pasar de la comprensión nacional a la visión universal del ser humano.

Lógicamente, para visualizar este cambio de paradigma ofrece Marcos un milagro. Le traen un sordo (no escucha la nueva palabra) y tartamudo (tiene la lengua impedida y no puede expresarse). Es signo de aquellos que no entienden: prefieren mantenerse en sus esquemas viejos, escuchando sus palabras y razones, que en este caso son la razones de los fariseos de Mc 7, 1 s (estudiadas el domingo pasado).

Un enfermo de la comunicación

Este hombre es un enfermo de comunicación: no puede dialogar de verdad, sólo escucha lo sabido, sólo habla para dominar a los demás. En el fondo es un esclavo de su propia mudez y sordera: no logra entender lo que dicen, no puede decir lo que entiende. Así vive encerrado en una doble distorsión de lenguaje (de la escucha y habla), cautivo de su propia soledad hecha silencio. Estamos cerca del niño con demonio mudo de 9,14-29 y de las mujeres de 16,7-8 que por miedo no podrán decir lo que han visto.

Es enfermo de soledad pero no está completamente sólo: hay personas que le traen y ruegan a Jesús que le imponga las manos, en gesto de autoridad (que se repite con los niños en 10,16) y curación. Está enfermo de sordera, pero lo reconoce, en contra de los fariseos que se sienten sanos para escuchar y decir lo que quieren. Su curación se encuentra estratégicamente situada, al final del primer desarrollo de los panes. Para entender y decir el evangelio hay que abrir los oidos y la lengua. Jesús lo hace, en ritual de comunicación y/o una catequesis sacramental:


Gestos de Jesús

a. Toma al enfermo en privado, separándolo de la muchedumbre (7, 33), para destacar el contacto directo. Da la impresión de que el enfermo no ha recibido hasta ahora atención personal. Jesús se acerca, le toma consigo, le trata como hermano o amigo, iniciando una terapia de cercanía y conversación.

b. Mete sus dedos en el oído sordo (7, 33), en gesto que dramatiza una experiencia interior de limpieza auditiva y libertad, como diciendo que no tema las voces que llegan, que no rechace la palabra que viene, que no encierre su vida en el miedo de un silencio amargado, de una ley ya fija. Hay una sociedad hecha de mentiras y ocultamientos, sociedad donde sólo algunos pueden escuchar y saben lo que pasa, mientras otros, todos los restantes, se encuentran condenados, recibiendo solamente aquello que el sistema les impone. Evidentemente, el sordomudo es miembro de esa sociedad enferma, sin acceso a la palabra. Pues bien, Jesús abre con el dedo sus oídos, para que escuche la palabra.

c. Jesús toca con su propia saliva la lengua del mudo (7, 33). Parece que escupe en la mano, para después mojar la punta de su dedo y ungir así, con dedo ensalivado, la lengua sin palabra. La saliva es signo íntimo de la fuerza personal del ser humano, del cariño que cura, del beso que enriquece y vincula a los amantes. Pues bien, ungir con saliva la lengua muda significa fortalecer su palabra. Con ella transmite Jesús al enfermo su más hondo mensaje: que no tenga miedo, que escuche y confíe en los otros.

d. Finalmente, Jesús mira hacia el Cielo, suspira y dice (Ephatha! ¡Qué se abra! (7, 34). Que se abra evidentemente el Cielo (Dios), ofreciendo su gracia al enfermo, y que se abran (como el mismo texto indica luego: 7, 35) sus oídos y lengua cerrada. Todo el gesto sacramental (visualización sanadora) se condensa en este ruego de Jesús que actúa en realidad como creador de vida (en la línea de Gen 1) sobre la boca y oídos del enfermo.

Una sociedad de sordomudos

El sordomudo es reflejo de una sociedad que encierra al ser humano en su silencio, impidiéndole escuchar y decir, comunicarse. Vive en soledad enferma donde muchos resultan incapaces de acceder a la palabra. Leer más…

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¿Es Jesús un mago o el Mesías? Domingo 23. Ciclo B

domingo, 9 de septiembre de 2018
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porta23-12Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La dificultad de curar a un sordo

Cuando llegamos al final del capítulo 7 del evangelio de Marcos, Jesús ha curado ya a muchos enfermos: un leproso, un paralítico, uno con la mano atrofiada, una mujer con flujo de sangre; incluso ha resucitado a la hija de Jairo, aparte de las numerosas curaciones de todo tipo de dolencias físicas y psíquicas. Ninguno de esos milagros le ha supuesto el menor esfuerzo. Bastó una palabra o el simple contacto con su persona o con su manto para que se produjese la curación.

            Ahora, al final del capítulo 7, la curación de un sordo le va a suponer un notable esfuerzo. El sordo, que además habla con dificultad (algunos dicen que los sordos no pueden hablar nada, pero prescindo de este problema), no viene por propia iniciativa, como el leproso o la hemorroisa. Lo traen algunos amigos o familiares, como al paralítico, y le piden a Jesús que le aplique la mano. Así ha curado a otros muchos enfermos. Jesús, en cambio, realiza un ritual tan complicado, tan cercano a la magia, que Mateo y Lucas prefirieron suprimir este relato.

«Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.  Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!». Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.»

            Conviene advertir cada una de las acciones que realiza Jesús: 1) toma al sordo de la mano; 2) lo aparta de la gente y se quedan a solas; 3) le mete los dedos en los oídos; 4) se escupe en sus dedos; 5) toca con la saliva la lengua del enfermo; 6) levanta la vista al cielo; 7) gime; 8) pronuncia una palabra, effatá (se discute si hebrea o aramea), misteriosa para el lector griego del evangelio.

            Desde el punto de vista de la medicina de la época, lo único justificado sería el uso de la saliva, a la que se concede un poder curativo. Las otras acciones, el gemido, la palabra en lengua extraña, nos recuerdan al mundo de la magia.

            Sin embargo, los espectadores no piensan que Jesús sea un mago. Se quedan estupefactos, pero no relacionan el milagro con la magia sino con la promesa hecha por Dios en el libro de Isaías, que leemos en la primera lectura: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.» La curación demuestra que con Jesús ha comenzado la era mesiánica, la época de la salvación.

La dificultad de curar a un ciego

Si la selección de los textos litúrgicos hubiera estado bien hecha (¡ojalá la Comisión de liturgia realice algún día su revisión!), dentro de dos o tres domingos habríamos leído un milagro parecido, de igual o mayor dificultad, y fundamental para entender el evangelio de hoy: la curación de un ciego. Como no se lee, recuerdo lo que cuenta Marcos en 8,22-26. Le presentan a Jesús un ciego y le piden que lo toque. Exactamente igual que ocurrió con el sordo.

            Jesús: 1) lo toma de la mano; 2) lo saca de la aldea; 3) le unta con saliva los ojos; 4) le aplica las manos; 5) le pregunta si ve algo; el ciego responde que ve a los hombres como árboles; 6) Jesús aplica de nuevo las manos a los ojos y se produce la curación total. Los relatos no coinciden al pie de la letra (aquí falta el gemido y la palabra en lengua extraña) pero se parecen mucho. No extraña que Mateo y Lucas supriman también este episodio.

La sordera y ceguera de los discípulos

            ¿Por qué detalla Marcos la dificultad de curar a estos dos enfermos? La clave parece encontrarse en el relato inmediatamente anterior a la curación del ciego, cuando Jesús reprocha a los discípulos: «¿Tenéis la mente embotada? Tenéis ojos, ¿y no veis? Tenéis oídos, ¿y no oís?» (Mc 8,17-18).

            Ojos que no ven y oídos que no oyen. Ceguera y sordera de los discípulos, enmarcadas por las difíciles curaciones de un sordo y un ciego. Ambos relatos sugieren lo difícil que fue para Jesús conseguir que Pedro y los demás terminaran viendo y oyendo lo que él quería mostrarles y decirles. Pero lo consiguió, como veremos el domingo 30, cuando Jesús cure al ciego Bartimeo.

1ª lectura: Las maravillas de la época mesiánica (Isaías 35,4-7)

            Ha sido elegida por la promesa de que «los oídos de los sordos se abrirán», que se ve realizada en el milagro de Jesús. De hecho, el texto del libro de Isaías se centra en la situación de los judíos desterrados en Babilonia, sin esperanza de verse liberados. Y, aunque se diese esa liberación, tienen miedo de volver a Jerusalén. Se consideran una caravana de gente inútil: ciegos, sordos, cojos, mudos, que deben atravesar un desierto ardiente, sin una gota de agua y con guarida de chacales. El profeta los anima, asegurándoles que Dios los salvará y cambiará esa situación de forma maravillosa. Estas palabras terminaron convirtiéndose en una descripción ideal de la época del Mesías y fueron muy importantes para los primeros cristianos.

Decid a los pusilánimes: ¡Ánimo, no temáis! Mirad, es vuestro Dios; ya viene la venganza, la revancha de Dios; viene él mismo a salvaros. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo gritará de júbilo, porque en el desierto brotarán corrientes de agua, y torrentes en la estepa; la tierra ardiente se trocará en estanque, el suelo sediento en hontanar de aguas; y el cubil donde yacían los chacales se volverá verdor de cañas y de juncos.

2ª lectura: Un milagro más difícil todavía (Carta de Santiago 2,1-5)

            Aunque sin relación con el evangelio, este texto puede leerse como una visión realista, nada milagrosa, de la época mesiánica. Aquí el pueblo de Dios no está formado por gente que se considera inútil y débil. Al contrario, está dividido entre personas con anillos de oro, elegantemente vestidas, y pobres con vestidos miserables. Y lo peor es que el presidente de la asamblea concede a los ricos el puesto de honor, mientras relega a segundo plano a los pobres. Como en el fastuoso funeral de Juan Pablo II, con tantas personalidades famosas en primer plano, mientras los fieles cristianos llenaban la plaza y la Via della Conciliazione. El nuevo milagro, la nueva época mesiánica, será cuando los cristianos seamos conscientes de que «Dios ha elegido a los pobres para hacerlos ricos en la fe».

Hermanos míos, no mezcléis con favoritismos la fe de nuestro Señor Jesucristo glorificado. Si entra en vuestra asamblea un hombre con anillo de oro y vestido elegantemente, y entra también un pobre con vestido miserable, y vosotros volvéis vuestra mirada al que viste elegantemente y le decís: «Tú, siéntate aquí, en el puesto de honor», y al pobre: «Tú estate de pie o siéntate aquí, a mis pies», ¿no hacéis así distinción entre vosotros mismos, y no juzgáis con pensamientos perversos? Mis queridos hermanos, escuchad. ¿No ha elegido Dios a los pobres según el mundo para ser ricos en la fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

 

Reflexión final

Tomado por sí solo, en el evangelio de hoy destaca la reacción final del público: «Todo lo ha hecho bien». Recuerda las palabras que pronunciará Pedro el día de Pentecostés, cuando dice de Jesús que «pasó haciendo el bien». El público se fija en la promesa mesiánica; Pedro, en la bondad de Jesús. Ambos aspectos se complementan.

Pero quien desea conocer el mensaje de Marcos no puede olvidar la relación de este milagro con la curación del ciego. Debe verse reflejado en esos discípulos con tantas dificultades para comprender a Jesús, pero que siguen caminando con él.

La segunda lectura, en la situación actual de la Iglesia, cuando tantos escándalos parecen sumirla en un desierto sin futuro, supone una invitación a la esperanza. Pero el milagro será imposible mientras las personas que tienen mayor responsabilidad en la Iglesia sigan luchando por los primeros puestos, los anillos de oro y los capelos cardenalicios.

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