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PASCUA: A la resurrección se llega antes y mejor por el amor (Discípulo Amado y Magdalena)

domingo, 17 de abril de 2022
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bae060cf906ba936be6661b91a909090Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Jesús ha muerto.

María Magdalena, las mujeres, Pedro y el Discípulo Amado se topan con los signos de la muerte: la losa del sepulcro quitada, vendas, sudario.

Es lo que ven, lo que comprueban.

La pregunta que se hicieron aquellas mujeres es la misma que nos hacemos nosotros: ¿quién nos removerá la losa, el problema de la muerte, del sepulcro?

¿Qué hay tras la muerte?

Sin embargo Jesús no está en el sepulcro ni vivo ni muerto. Algo creyó aquí San Pablo cuando escribía: la muerte ya no tiene dominio sobre Él. (Rom 6,8-9)

02.- Magdalena.

    Los cuatro evangelistas nos narran cómo las primeras en llegar al sepulcro fueron algunas mujeres. Mateo, Marcos y Juan sitúan entre estas mujeres a Magdalena.

    San Juan presenta a Magdalena (de Magdala) al final de su evangelio, al pie de la cruz

Magdalena, la resurrección de Jesús desde el Cantar de los Cantares

    La clave de lectura de todo el pasaje de la Magdalena y la resurrección está en el Cantar de los Cantares (un canto de bodas, de amor del AT).

  • Magdalena –comenta un santo Padre- “lo amó vivo, lo amó muerto, lo amó resucitado”. Al Señor llegamos siempre por vía del amor.
  • Magdalena se levanta muy temprano, cuando todavía está oscuro (Cantar de los Cantares 3,1 / Jn 20,1). En la noche de la vida, buscamos el amanecer.
  • Magdalena (la mujer del Cantar de los Cantares) se pone a buscarlo por la ciudad santa de Jerusalén (CC 3,2 / Jn 20,1). (Nietzsche nos condenó a vivir errantes por una inmensa noche, y en esas estamos en el momento cultural actual).
  • Ambas mujeres, la del Cantar de los Cantares y Magdalena, preguntan a las personas con quienes se encuentran: los guardias de la ciudad / los ángeles / el jardinero, si lo han visto, (CC 3,3 / Jn 20,13.15).
  • La esposa del Cantar de los Cantares y Magdalena terminan por encontrar al amado. (CC 3,4a; Jn 20,17).

No es una interpretación forzada, ni mucho menos.

El amor es lo que le hace llegar a Magdalena, y a todos, a la fe (confianza) en la Resurrección, en la vida.

 

03.- El discípulo amado y Pedro

         El Discípulo amado es todo creyente que se siente amado. El que ama, como Magdalena, llega a la fe, llega a la confianza en el Señor. Y llega antes porque se siente amado.

(No es día ni momento para hacer contraposiciones entre el Discípulo Amado y Pedro, pero la figura del discípulo amado aparece siempre positivamente ante la figura de Pedro).

         La figura cristiana clave de la tradición de Juan es el Discípulo Amado.

         A la fe en el resucitado se llega antes por el amor (Discípulo Amado)

03.1.    El Discípulo Amado.

La figura del «Discípulo Amado» es propia y exclusiva de la tradición de Juan. El Discípulo Amado aparece cinco veces en el Evangelio de Juan y en las cinco ocasiones aparece contrapuesto a Pedro:

  1. En la Cena quien más cerca está de Jesús (no es una cuestión meramente física) y quien entiende lo que allí está ocurriendo es el «Discípulo Amado«. Pedro no es consciente de lo que se está viviendo.(Jn 13, 23 ss)
  2. Pedro reniega de Cristo por tres veces en la Pasión, mientras que el Discípulo Amado le sigue hasta la cruz y recibe el encargo de acoger a la madre de Jesús, naciendo así la Iglesia. (Jn 19, 35-37). El creyente nsa en Cristo, como Cristo descansa en el Padre.
  3. Tras la resurrección (Jn 21) el Discípulo Amado reconoce inmediatamente a Cristo en el lago de Tiberíades: ¡Es el Señor! mientras que Pedro sigue dudando.
  4. Ahora, camino del sepulcro, el «Discípulo Amado» llega antes que Pedro a la fe en Cristo resucitado. (Jn 21, 7).
  5. Jn 21, 20 es el enigmático texto final en el que aparecen Pedro y el Discípulo Amado.

El «Discípulo Amado» es la figura de todo creyente libre, carismático, que sigue a Cristo por la fuerza del amor (representada por esta figura del «Discípulo a quien Jesús quería«) y no por la ley, representada por la figura de Pedro.

Se llega antes a la fe en el Señor por la fuerza del amor, que por la fuerza de la ley. El Discípulo Amado es un modo de ser en la Iglesia.

03.2.    Algunas consideraciones desde el Discípulo Amado:

  1. El Discípulo Amado en el evangelio de Juan es el personaje masculino de creyente y de vida en amor, como el femenino es Magdalena.
  2. El Discípulo Amado es el íntimo de Cristo (el creyente es íntimo de Cristo), lo mismo que Cristo tiene intimidad con Dios, el creyente tendrá también por la fe esa inmediatez e intimidad con Dios.
  3. El Discípulo Amado es el primero que reconoce al Señor resucitado. (En el sepulcro y en el lago).
  4. La Iglesia nace al pie de la cruz (Jn 19, 26).

Jesús nos entrega su espíritu (Pentecostés): (Jn 20, 22)

Del costado de Cristo brota agua y sangre (Espíritu): es un bautismo como en las bodas de Caná: agua y sangre, agua y vino:(Jn 2, 1-12; 19, 31-34).

La Iglesia nace con la pequeña comunidad representada en María y el Discípulos que son el núcleo de la Iglesia naciente

Admitiendo de buen grado el ministerio de Pedro, la figura de Pedro, el “Discípulo Amado” es una advertencia para que lo Eclesiástico y la ley no sofoquen lo Pneumatológico, la dimensión abierta, carismática de la comunidad cristiana. (Si en la Iglesia ha de venir algún cambio, vendrá por el amor, no por la ley).

04.- Feliz Pascua.

¿Quién nos removerá la losa, el peso y el problema de la muerte, del sepulcro? La losa de la muerte de Jesús y de nuestra muerte.

El amor. Quien remueve la losa de la muerte es el amor.

    Magdalena y el Discípulo a quien Jesús ama –que somos todos- llegan a creer en la vida y en la resurrección por el amor.

    Desde la mañana de Pascua se abre una nueva vida para el creyente, para el que corre, vey cree.

    Tenemos prisa –corrieron– por vivir y vivir en paz.

    Resucitamos en cada vida que nace, en cada momento que nos perdonan y perdonamos, en cada gesto de acogida, en la esperanza infinita…

Desde la Resurrección del Señor: Feliz Pascua y corramos hacia la vida.

 

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Domingo de Resurrección

domingo, 17 de abril de 2022
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103023819_oHermanos y hermanas, no es posible celebrar la Pascua si no estamos dispuestos a revisar las opciones de fondo de nuestra vida; si no nos sentimos urgidos por la alegría que siembra en nuestro corazón la utopía de un futuro distinto y urgente. Oremos.

Verdaderamente has resucitado Jesús

• Que la Iglesia promueva la vida de dentro, para abrir los ojos de la fe por medio del amor y de la intimidad con el Resucitado porque sólo el amor nos hace gozar y ser testigos de lo increíble, de lo invisible.

Verdaderamente has resucitado Jesús

• Que los creyentes nos dejemos alcanzar por el Resucitado y así anunciemos a Dios de una manera nueva, como un Padre apasionado por la vida de las personas y donde otros sólo ven ausencia y muerte, nosotros proclamemos Presencia y Vida.

Verdaderamente has resucitado Jesús

• Que la celebración de esta Pascua nos lleve a leer los signos que tenemos en la vida y nos involucremos acogiendo el testimonio de los pobres, la esperanza de los que se entregan, el gozo de los que perdonan, la ternura de los que ofrecen misericordia…

Verdaderamente has resucitado Jesús

• Que el Resucitado suscite entre hombres y mujeres comprometidos incondicionalmente y de manera radical en la defensa de la vida, enviados a hacerse presentes allí donde “se produce muerte”.

Verdaderamente has resucitado Jesús

Padre bueno, hoy nos sentimos llenos de gozo al celebrar la Resurrección de Jesús, concédenos la gracia de ponernos tras las huellas de tu Hijo resucitado, reconocerlo en el que tenemos al lado y… dejarnos encontrar por Él.

Vicky Irigaray

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Vigilia de Pascua, Ciclo C

sábado, 16 de abril de 2022
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“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.”

(Lc 24,1-12)

Esta noche Jesús deja de estar en el mundo de una manera, para pasar a estar en él de otra. Ya no está ni vivo ni muerto como se entendían la vida y la muerte hasta entonces. Está vivo después de haber pasado por la muerte, de manera que está Vivo con mayúscula. La vida resucitada es aquella en que todo ha llegado a la plenitud, todo ha florecido, todo se ha desvelado, todo es lo que está llamado a ser, todo es como Dios lo ha soñado y creado.

La mañana del domingo las mujeres se encontraron con que el cuerpo de Jesús ya no estaba con ellas. A partir de entonces su amigo estaría entre ellas de otra manera, para siempre. Llegan al sepulcro del Maestro con óleos aromáticos, con lo necesario para tratar a un muerto, y ven que no está. Dos ángeles les dicen que Jesús vive, y ellas recuerdan que ya lo había anunciado. Creen, comprenden, y se convierten en anunciadoras de la noticia más inverosímil. Pero los apóstoles no las creen.

También a nosotras nos cuesta creernos las buenas noticias, a veces. Nos cuesta confiar y creer que de verdad Dios quiere nuestro bien y actúa en nuestra vida. Nos cuesta alegrarnos, celebrar con todo nuestro ser, dejar que el bien y la alegría que aparecen en nuestra vida nos empapen y nos llenen del todo, a menudo con miedo a perderlo.

Desde esta noche, ya no hay nada que perder. Proque desde hoy sabemos que, incluso cuando nuestro cuerpo muere, ganamos la Vida. Desde hoy vivimos como personas resucitadas, que quiere decir personas que reconocemos que tenemos la vida de Dios dentro de nosotras, y que sabemos que lo que ahora parece seco, feo o torcido en nosotras, un día encontrará su plenitud.

Oración

Concédenos, Padre, sentirnos vivas con la Vida de tu Hijo, que es Vida de esperanza y de alegría.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Vigilia Pascual.

sábado, 16 de abril de 2022
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Vigilia-Pascual

 

Hermanos y hermanas, esta es la noche más luminosa del año, es la “Pascua”, es decir, el paso de la muerte a la vida, de la opresión a la liberación, de las tinieblas a la luz, de la condena a la acogida, de la condena a la acogida… Oremos.

Queremos ser cauce de Vida

• Que la Iglesia ponga todo su empeño en suscitar vida, en recordar lo que los apóstoles, los creyentes, tantas veces hemos olvidado: que Jesús está vivo y vivo entre nosotros.

Queremos ser cauce de Vida

• Que los creyentes no olvidemos que la experiencia de la resurrección nos trasmite plenitud de vida y, además, también nos hace testigos, misioneros, cauce de lo que hemos recibido.

Queremos ser cauce de Vida

• Que en nuestras comunidades de fe el servicio y la entrega a los demás sea una seña de identidad, que acertemos a crear espacios de respeto, acogida y vida para todos y todas las que se acerquen.

Queremos ser cauce de Vida

• Que todos y todas las que sienten sus vidas amenazadas a causa de los malos tratos, de la violencia, de la guerra encuentren espacios y personas con la mano tendida.

Queremos ser cauce de Vida

• Que la paz sea posible en nuestras relaciones familiares, laborales, institucionales, que seamos siempre y en todo momento instrumentos de paz. Que entre todos hagamos un mundo más amable y habitable para todos y todas.

Queremos ser cauce de Vida

En esta noche en que memoramos el triunfo de la Vida, Padre Madre buena, que seamos cauce de Vida, de Paz y Amor. Que seamos sembradores de Vida allí donde la vida es amenazada. Gracias por la vida de Jesús de Nazaret.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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Viernes Santo.

viernes, 15 de abril de 2022
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Camino del Calvario

 

De Koinonia:

Isaías 52,13-53,12

Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quien creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomo el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

*

Salmo responsorial: 30

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí. /
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cachorro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios.”
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, /
los que esperáis en el Señor. R.

*

Hebreos 4,14-16;5,7-9

Aprendió a obedecer
y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación

Hermanos:

Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado con todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

 

*

Juan 18,1-19,42

Pasión de N.S.Jesucristo según san Juan

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venia sobre él, se adelanto y les dijo:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Le contestaron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Les dijo Jesús:

+. “Yo soy.”

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Ellos dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Jesús contestó:

+. “Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste.” Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+. “Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?”

* Llevaron a Jesús primero a Anás

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.” Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?”

C. Él dijo:

S. “No lo soy.”

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentÁndose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contesto:

+. “Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.”

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”

C. Jesús respondió:

+. “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. “¿No eres tú también de sus discípulos?”

C. Él lo negó, diciendo:

S. “No lo soy.”

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. “¿No te he visto yo con él en el huerto?”

C. Pedro volvió a negar, y enseguida canto un gallo.

Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en le pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. “¿Qué acusación presentáis contra este hombre?”

C. Le contestaron:

S. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.”

C. Los judíos le dijeron:

S. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”

C. Jesús le contestó:

+. “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mi; ¿que has hecho?”

C. Jesús le contestó:

+. “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

C. Pilato le dijo:

S. “Conque, ¿tú eres rey?”

C. Jesús le contestó:

+. “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

C. Pilato le dijo:

S. “Y, ¿qué es la verdad?”

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?”

C. Volvieron a gritar:

S. “A ése no, a Barrabás.”

C. El tal Barrabás era un bandido.

* ¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los saldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. “¡Salve, rey de los judíos!”

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. “Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.”

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. “Aquí lo tenéis.”

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.”

C. Los judíos le contestaron:

S. “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.”

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. “¿De donde eres tú?”

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”

C. Jesús le contestó:

+. “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.”

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. “Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.”

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. “Aquí tenéis a vuestro rey.”

C. Ellos gritaron:

S. “¡Fuera, fuera; crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “¿A vuestro rey voy a crucificar?”

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. “No tenemos más rey que al César.”

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.” Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.””

C. Pilato les contestó:

S. “Lo escrito, escrito está.”

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Y se dijeron:

S. “No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.”

C. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+. “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”

C. Luego, dijo al discípulo:

+. “Ahí tienes a tu madre.”

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+. “Tengo sed.”

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+. “Está cumplido.”

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

*Todos se arrodillan, y se hace una pausa

Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron.”

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

(24 de marzo de 1978)

Queridos hermanos:

Después de escuchar la palabra de Dios en esta tarde del Viernes Santo, narrándonos la tragedia del Calvario, mejor sería guardar silencio y con el corazón agradecido adorar al Divino Redentor. Pero es necesario, es obligación del celebrante, aplicar esta palabra eterna a los que estamos viviendo esta ceremonia. Y es que la liturgia no es simplemente un recuerdo, la liturgia es actualización; aquí en la Catedral esta tarde de marzo de 1978, Cristo nos está ofreciendo la fuente inagotable de su redención a los que hemos venido con fe, con esperanza, a contemplar este misterio de la redención.

Es como si en este momento lo que se acaba de leer estuviera pasando aquí ante nuestros ojos y fuéramos nosotros los que nos estamos salpicando con esa sangre que se derrama en el Calvario. Las tres preciosas lecturas nos dan la medida sin medida de este gesto de amor que se llama la redención.

La primera lectura nos presenta el abatimiento de Cristo hasta la profundidad de una humillación que no tiene nombre. La segunda lectura, carta a los Hebreos exalta ese personaje humillado en la cruz hasta las alturas del cielo hecho pontífice supremo de nuestra salvación. Y el precioso relato de la pasión que los jóvenes seminaristas acaban de hacer, nos dice cómo sucedió todo esto: la humillación y la exaltación. Leer más…

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Una semana diferente…

martes, 12 de abril de 2022
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En este tiempo de Guerra en Ucrania, y de tantas guerras olvidadas en diversos países, aún de Coronavirus, en tiempos de LGTBIfobia asesina en muchas partes del mundo, como vemos casi a diario en esta página Cristianos Gays,  esta Semana será muy, muy diferente…

Para algunos será una semana de confinamiento, para alguno, quizá, de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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Hay que salvar a Dios

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras del abbé Pierre: “Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto.

Os invitamos a seguir con Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua …

Cristo en Auschwitz

Porque la Pasión de Jesucristo revela en el tiempo el amor eterno de Dios para con el hombre, Dios será eternamente crucificado mientras haya un único ser, una sola criatura que diga no. No hay parcialidad en Dios. Dios no es una madre que discierne entre sus hijos; cada criatura es el objeto de una ternura infinita y, mientras haya una sola que no sea recogida en las cosechas eternas, Dios será crucificado. Esto es el Infierno, el Infierno de Dios, el Infierno en la luz de la Cruz, el Infierno al cual condenamos a Dios y del cual absolutamente hay que librarlo. Es la única manera de escuchar la llamada de la Cruz. No se trata de un sacrificio ofrecido a Moloch por un inocente acosado y abandonado, se trata de esta inocencia del Dios revelado en Jesús. Se trata de la Pasión de un Dios que es madre, infinitamente más que todas las madres, y cuya justicia maternal contiene esta sustitución de la inocencia infinita a la culpabilidad ilimitada. Y si esto es verdad,  hay que revertir absolutamente todas las perspectivas: no es a nosotros, es a Dios a quien hay que salvar.  Hay que salvar a Dios de nosotros mismos, como es necesario salvar la música de nuestro ruido, la verdad de nuestros fanatismos y el amor de nuestra posesión. La Cruz finalmente es la cicatrización de todas las heridas que Dios noha cesado de sopotar en el curso de la Historia, ya que todos los males y las catástrofes que afectaron el Universo, la Vida y la humanidad, fueron otras tantas heridas en el Corazón de Dios.

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David Trullo+Ecce Homo

(David Trullo+Ecce Homo)

Señor Jesús, Tú que consentiste que te hirieran, gracias por venir para habitar mi gran herida. Dame la gracia de abandonarme en Ti en la confianza, Tú que conoces el peso de los días y la dureza del camino …

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Maurice Zundel
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José I. G. Faus: «¿Dónde está Dios ante esas madres desesperadas por no saber cómo liberar a sus niñitos del pánico y del hambre?»

martes, 12 de abril de 2022
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85B4538C-865A-4722-BEEB-B5C5CAC4EDCEDe su blog Miradas Cristianas:

De Ucrania a Dios: para creyentes e increyentes

 «Un proceso por el que los valores van convirtiéndose en intereses y los derechos acaban convirtiéndose en deseos»

«Lecciones que aprender: una tarea que puede valer tanto para creyentes como para increyentes»

«Si Dios existe el mal no tiene explicación; pero si Dios no existe el mal no tiene solución»

«Más importante que horrorizarse es comprender que Las atrocidades no nacen de golpe: son el resultado de un proceso moral ‘cancerígeno’ al que comnezamos a atender demasiado tarde»

Como sucedió también con la covid, parece que el drama de Ucrania está planteando de nuevo no la afirmación (o la negación) sin más, sino el tema mismo de Dios. Un tema que hace solo cuatro o cinco años, parecía a muchos tan fuera de lugar como hablar en serio de las meigas o de los marcianos.

A ver si consigo plantear el problema con la mayor objetividad posible.

1.– Parece cada vez más innegable que, a la larga, la ausencia de Dios, va quitando fundamento absoluto a los valores, y desata así un proceso por el que los valores van convirtiéndose en intereses y los derechos acaban convirtiéndose en deseos. Es decir: un proceso insensible de autoabsolutización. He conocido trayectorias de gente que, tras perder la fe, me dijeron que todas sus posturas y sus valores seguían intactos; y al cabo de unos años, se preguntaban cosas como esta: “¿por qué tienen que importarme los demás si yo no le importo a nadie?”.

Personalmente, he tenido la suerte de que casi todos los increyentes con los que he tratado no eran de esos que te miran por encima del hombro preguntando: “pero ¿tú todavía crees en esas cosas?”, sino gentes honestas, que seguían creyendo en la importancia de los valores morales absolutos, aunque solo fuera por razones estéticas: “es más hermoso así” (oti kalón, que decían los griegos). Pero a la hora de comunicar tales valores, se encontraban con que eso de la belleza puede ser algo muy subjetivo y “sobre gustos no hay nada escrito”: a ti te gusta el vino y a mí la cerveza, a ti Brahms y a mí Schubert. Y sobre eso no hay ninguna ley universal.

2.- Pero, si la ausencia de Dios amenaza con estos vacíos, profundos como abismos, la fe en Dios tampoco debe ser vista como una solución clara. Pues se enfrenta con el enigma de lo que se ha llamado “silencio de Dios”: ¿cómo es posible que no veamos actuar a Dios, ante realidades como el Auschwitz de ayer y la Ucrania de hoy?¿Dónde está Dios ante esas calles vacías (pobladas solo por cadáveres, algunos además con las manos atadas a la espalda)? ¿Dónde está Dios ante esas madres desesperadas por no saber cómo liberar a sus niñitos del pánico, del hambre o de mil incomodidades superiores a sus pequeñas fuerzas?

AFDC8B16-0719-4D23-8660-CD8D12F69A66Si la falta de Dios ha de soportar la plena inconsistencia de todo, la fe en Dios ha de soportar el escándalo del mal (y estoy hablando de fe, no de mera creencia). Y si la falta de fe tenía el recurso a la belleza para dar alguna consistencia a la moral (Nietzsche también puede ser ejemplo de eso, aunque ni la misma belleza pudo liberarle de la locura), la fe puede tener el recurso a la libertad del hombre, como conato de explicación de la ausencia de Dios. Fue un ateo como J. P. Sartre quien confesó que lo que le gustaba del Dios cristiano es que había preferido un mundo con libertad, aunque funcionase mal, que un mundo fascista que funcionara bien.

Este problema del silencio de Dios, tuvieron que soportarlo de manera impresionante los creyentes del llamado “Antiguo Testamento”. Mucho más difícil para ellos que para nosotros hoy: porque el Dios en que creían no era vivido todavía como realidad universal, sino como una especie de propiedad particular puesto que ellos eran “el pueblo escogido”. Todo el Antiguo Testamento es testimonio de cómo, para explicar esas ausencias de Dios, se intentó darles un carácter de “castigo, dado que aquel pueblo era bastante consciente de su contínua infidelidad. Pero esa explicación no funcionó siempre, pues fueron apareciendo ejemplos inexplicables de una derrota cuando el rey o el pueblo estaban portándose mejor. Ahí queda el drama de Job.

 Sin duda, es muy imperfecta esa explicación del castigo. Y resulta nefasta cuando genera esa mentalidad del “qué he hecho yo para merecer esto”, o ese clericalismo impávido que se atreve a decir al que sufre que Dios le manda aquello “porque le quiere mucho”. No obstante, podemos recuperar algo de esa pseudoexplicación, si convertimos los presuntos “castigos” en lecciones: una palabra que puede valer tanto para creyentes como para increyentes. Veámosla un momento.

3.- Muchas parejas han tenido la experiencia de que hay veces en que no han de sacar las castañas del fuego a sus niños, incluso aunque el niño murmure aquello de “mi papá (o mi mamá) no me quiere”. Porque lo que quieren el papá y la mamá es que el niño cuaje como persona libre y capaz, y no totalmente dependiente de los padres: que sepa llegar a las cumbres porque ha aprendido a subir, no porque le llevan en helicóptero.

Esta explicación es solo una imagen muy pálida: es más señal que explicación, marca más una dirección que una respuesta. Creyentes y no creyentes han de aceptar que Dios es absolutamente incomprensible; que (como acuñó Agustín de Hipona): “si lo entiendes, aquello ya no es Dios”. Y, como enseñó un Concilio medieval: “todo lo que se diga de Dios, por mucha verdad que tenga, tendrá aún más mentira”.

Nos quedamos pues con que, si Dios existe el mal no tiene explicación, pero si Dios no existe el mal no tiene solución. Esto es lo que nos permite atender más a esa tarea pendiente: qué lecciones debemos aprender de Ucrania. Una tarea que vale tanto para creyentes como para no creyentes, aunque unos la enfoquen desde su fe, y otros desde su increencia.

78F3C549-EADB-45A8-8A62-BF82F130CD7EPero me temo que esta pregunta tan importante, aún no nos la hemos hecho en serio. Y me duele pensar que, por causa de Ucrania, ha aumentado el número de españoles que creen conveniente incrementar nuestro presupuesto militar, cuando debería ser al revés. Corriendo los riesgos que sea si esa lección solo la aprende un pueblo concreto y no toda la humanidad. Pero sabiendo que, hasta hoy, todas las armas teóricamente defensivas, han acabado por ser sobre todo armas ofensivas y, además, fuente impresionante de negocios infames.

De hecho, en estos momentos no tenemos ninguna seguridad de que el crimen de Ucrania no acabe convirtiéndose en una guerra no solo mundial, sino además nuclear. Como suele suceder, la pequeña ventaja a corto plazo nos ciega totalmente ante la gran amenaza a largo plazo; nos basta, como a don Juan Tenorio, con esa pequeña evidencia inmediata del “cuán largo me lo fiais”. Olvidamos aquel dístico que no procede de ningún texto religioso sino del poeta romano Ovidio, y que fue escrito hablando del amor: “principiis obsta; sero medicina paratur cum mala per longas invaluere moras” (lucha desde el principio; pues la medicina llegará tarde cuando el mal se ha fortalecido por largas desatenciones). Y esta ceguera nos lleva a que si luego, por desgracia, se cumple ese peligro a largo plazo, entonces acabemos preguntándonos qué hace Dios, en lugar de examinar qué no hemos hecho nosotros.

Es lógico horrorizarse antes imágenes que nos llegan de Ucrania o ante crímenes de hoy, como el del padre que mata a puñaladas a su niño de once años. Pero más importante que horrorizarse es comprender que esa atrocidad no ha nacido de golpe: es el resultado de un proceso moral “cancerígeno” por el que un falso amor, egoístamente posesivo, acaba degenerando en una dependencia insoportable, que prefiere una cárcel de por vida, a seguir preso de esa dependencia. Por eso no vale esa falsa denominación interesada de violencia “de género”. Muy falsamente neutro resulta ese género.

4.- Como conclusión personal me gustaría añadir que para todas las reflexiones aquí sugeridas, puede ser útil la figura de Jesús de Nazaret, no ya como presencia de Dios, sino simplemente como maestro. Tanto que llevó a sus seguidores a poner en labios del Maestro estas palabras: “Yo soy la luz del mundo”. Una luz que llevó a gentes no cristianas como Ibn Arabí o Roger Garaudy a vivir y a proclamar aquello de que “Jesús es de todos; no solo de las gentes de iglesia”.

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El canto de tu pueblo.

lunes, 11 de abril de 2022
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Hoy queremos cantarte,
uniéndonos a la creación entera,
un canto nacido del corazón,
en las plazas y lugares de encuentro
de aldeas, pueblos y ciudades.

Porque tu paso y presencia
traen la alegría a nuestras vidas
y la paz a todos los rincones de la tierra.

Estamos cansados de las canciones militares,
pomposas y llenas de arrogancia,
que quieren comprar nuestra voluntad
y anuncian victoria con un gusto amargo
de sangre inútilmente derramada.

¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!

Las canciones religiosas
que resuenan en los templos e iglesias,
en otros tiempos tan llenas de fe y vida,
no atraen y dejan vacíos esos lugares de encuentro,
pues ya no conectan con nuestros sentimientos.

Tampoco las que las se oyen concursos y festivales
nos conmueven y enganchan;
sus notas, ritmo y letras
no sintonizan con nuestras necesidades,
pues nos ofrecen un mundo irreal
en el que no podemos ser protagonistas.

Llenando ondas y programas a todas las horas
se hacen presentes las canciones de amor
y, aunque sean artículo de consumo diario,
se marchitan en nuestros labios sus notas
que se negocian, venden y compran sin pudor.

En los nuevos templos, salas de fiestas y discotecas,
las noches de vísperas y fines de semana,
los disc-jockeys nos invitan con canciones
a ritmo trepidante y ensordecedor,
a olvidar fracasos, decepciones y penas.

Y las canciones populares de fiestas y romerías
parecen de otro tiempo y cultura,
pues aunque las cantemos y bailemos,
no nos proporcionan la vida y el gozo
del que hablan nuestros padres y abuelos.

¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!

Déjanos entonarte nuestro canto,
el canto que nace de la vida nueva
que Tú nos das cada día y hora.
Déjanos cantar y bailar,
con ritmo alegre y fraterno,
el sentir de nuestra vida,
hecho canción y danza sin miedos
para jóvenes, ancianos y niños de pecho.

Unidos a la creación entera,
a los pequeños, débiles y pobres,
a emigrantes, refugiados y sin patria,
a creyentes, agnósticos, ateos e indiferentes,
queremos cantarte una canción nueva.

La canción de la fraternidad y la esperanza,
porque Tú nos amas,
y hemos visto y sentido tu paso
por nuestro pueblo, iglesia y casa,
y te has dignado pararte y llamar
a las puertas de nuestras entrañas.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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Incluso las piedras gritarán

lunes, 11 de abril de 2022
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índiceMaka Black Elk

La publicación de hoy es del colaborador invitado Maka Black Elk (Oglala Lakota). Maka es el Director Ejecutivo de Truth and Healing en Red Cloud Indian School, una escuela jesuita K-12 en Pine Ridge, SD. Es alumno de Red Cloud y continuó su educación jesuita en la Universidad de San Francisco. Más tarde obtuvo su maestría en Educación para la Paz en Teacher’s College, Universidad de Columbia, y en Liderazgo Educativo en la Universidad de Notre Dame. Puede obtener más información sobre el trabajo que realiza en Red Cloud haciendo clic aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy (Domingo de Ramos) se pueden encontrar haciendo clic aquí.

A medida que la Semana Santa desciende sobre nosotros, hoy recordamos la celebración de Jesús cuando se dirigía a Jerusalén y las multitudes lo rodeaban para vitorearlo. Cuando los líderes religiosos lo reprendieron para mantener callados a los discípulos, Él respondió: “¡Os digo que si callan, las piedras clamarán!”. Nada puede impedir que la alegría de la salvación se proclame al mundo. La misma tierra cantaría Su alabanza.

Pienso en las palabras de Jesús en el contexto de una ola de legislación en los EE. UU. que intenta atacar a los más vulnerables de nuestra comunidad LGBTQ. La comunidad transgénero en particular se enfrenta a un mundo en el que no pueden practicar deportes, no pueden usar los baños y no pueden recibir la atención médica de afirmación de género que necesitan. La comunidad LGBT siempre ha existido desde tiempos inmemoriales y muchos han intentado silenciarnos antes. Pero sabemos que no funcionará, porque no podemos quedarnos callados. Demasiada alegría y salvación están presentes en el confort de nuestras comunidades y de nuestras identidades. Existimos y eso nunca se puede cambiar.

Sin embargo, no se puede negar el daño que sufrirán las personas que se verán directamente afectadas por estas leyes. ¿Hay alguna manera de ser positivo con respecto a este contexto? Tengo esperanza en las formas en que muchos defensores se han levantado para enfrentar estos desafíos y presionar por la justicia para nuestras comunidades transgénero, especialmente para muchas personas transgénero. El trabajo es vital para un futuro de equidad. Todos aquellos que se comprometan con este trabajo deben recordar la cita del Evangelio de hoy para la Bendición de las Palmas: “El Maestro lo necesita”.

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En momentos de confusión como este, muchos recurren a la Santísima Madre en busca de un ejemplo de cómo podemos mantener nuestras fuerzas. En la larga lectura del Evangelio de hoy, también se nos recuerda el horrible viaje que Cristo emprendió en medio de Su pasión y finalmente fue a la cruz y a Su muerte. De pie al margen sufriendo mientras veía a su hijo enfrentar la tortura, el dolor y la muerte, nuestra Santísima Madre es un ejemplo de perseverancia. Ella estuvo allí incluso cuando otros discípulos lo abandonaron.

Es posible que no todos nos sintamos lo suficientemente poderosos para hacer los cambios en la sociedad que se necesitan en este momento. Es posible que no todos tengamos los recursos para unirnos a quienes luchan por la justicia en el frente. Pero hay un poder en estar allí para los necesitados. Servir de apoyo es una tarea especialmente importante para los padres y familiares, tanto biológicos como creados, de jóvenes LGBT. Esté allí, quédese con ellos, apóyelos, muestre su fe y amor en ellos. Muéstrales a aquellos que enfrentan una profunda persecución por lo que son que estás con ellos tal como lo hizo la Santísima Madre con su Hijo.

Mostrémosle al mundo cómo hasta las piedras clamarán.

—Maka Black Elk, 10 de abril de 2022

Fuente New Ways Ministry

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“Murió como había vivido?” Domingo de Ramos – C (Lucas 22,14-23,56). 10 de abril 2022

domingo, 10 de abril de 2022
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¿Cómo vivió Jesús sus últimas horas? ¿Cuál fue su actitud en el momento de la ejecución? Los evangelios no se detienen a analizar sus sentimientos. Sencillamente recuerdan que Jesús murió como había vivido. Lucas, por ejemplo, ha querido destacar la bondad de Jesús hasta el final, su cercanía a los que sufren y su capacidad de perdonar. Según su relato, Jesús murió amando.

En medio del gentío que observa el paso de los condenados camino de la cruz, unas mujeres se acercan a Jesús llorando. No pueden verlo sufrir así. Jesús «se vuelve hacia ellas» y las mira con la misma ternura con que las había mirado siempre: «No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos». Así marcha Jesús hacia la cruz: pensando más en aquellas pobres madres que en su propio sufrimiento.

Faltan pocas horas para el final. Desde la cruz solo se escuchan los insultos de algunos y los gritos de dolor de los ajusticiados. De pronto, uno de ellos se dirige a Jesús: «Acuérdate de mí». Su respuesta es inmediata: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso». Siempre ha hecho lo mismo: quitar miedos, infundir confianza en Dios, contagiar esperanza. Así lo sigue haciendo hasta el final.

El momento de la crucifixión es inolvidable. Mientras los soldados lo van clavando en el madero, Jesús dice: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo». Así es Jesús. Así ha vivido siempre: ofreciendo a los pecadores el perdón del Padre, sin que se lo merezcan. Según Lucas, Jesús muere pidiendo al Padre que siga bendiciendo a los que lo crucifican, que siga ofreciendo su amor, su perdón y su paz a todos, incluso a los que lo están matando.

No es extraño que Pablo de Tarso invite a los cristianos de Corinto a que descubran el misterio que se encierra en el Crucificado: «En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres». Así está Dios en la cruz: no acusándonos de nuestros pecados, sino ofreciéndonos su perdón.

José Antonio Pagola

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“He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”. Domingo 10 de abril de 2022. Domingo de Ramos

domingo, 10 de abril de 2022
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22-ramosC cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
Salmo responsorial: 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.
Filipenses 2, 6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Lucas 22, 14-23. 56: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

El tema central de las lecturas del Domingo de Ramos, como bien puede verse, es el del Mesianismo. Éste tiene varias etapas en la Biblia. «Mesías» significa ungido, siervo, enviado, pero en sí, la idea más profunda de «Mesías» que el pueblo de Israel asumió es la espera de la aparición salvífica de un líder carismático descendiente de David que habría de instaurar definitivamente en la tierra «el derecho y la justicia».

En el Primer Testamento es Isaías el profeta quien más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios. Mesías que él entiende como el Siervo de Yavé que llega. El Mesías es para el profeta la gran realidad de Dios viviendo con nosotros, la realidad del gran restaurador que libera de la esclavitud, de la gran violencia (violencia estructural diríamos hoy), de la gran miseria (pobreza extrema y masiva diríamos actualmente) a la que ha sido condenado el pueblo de Dios (los muchos pueblos de Dios). El Mesías, en su calidad de Ungido de Yavé, no es sino su enviado, su representante, el encargado de promulgar sus designios.

La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo elegido, a la nación que se creía a sí misma la elegida por Dios. La llegada del «Mesías» es la instauración del reinado de Dios en la historia y en el tiempo, y es allí donde, según la concepción judía (según, pues, un pensamiento muy humano, no según una revelación divina), Israel se vengaría de los «paganos» (la mayor parte de ellos tan religiosos como los propios israelitas), de los no judíos.

La idea mesiánica del Primer Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convierta en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yavé por Dios. Como se ve, un mesianismo muy humanamente comprensible…

El Mesianismo es una de las herencias que el Segundo Testamento recibe de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos esperaban entonces la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.

En el ciclo C de la liturgia leemos el relato de la Pasión del Señor según Lucas. Consideremos las características teológicas que nos presenta este relato.

Lucas, como es sabido, es considerado como el evangelista de la misericordia, o lo que es lo mismo, como el evangelista que ha marcado toda la tradición que nos entrega, con el pensamiento del amor infinito de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Ninguno de los evangelistas ha percibido como él la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres, entre los que sufren, entre los marginados. No es difícil constatar en el evangelio de Lucas la preocupación de Jesús por los débiles, por las viudas, por los huérfanos, por los pecadores, por las mujeres.

Este mismo interés se manifiesta en la narración de los acontecimientos de la Pasión del Señor. En primer lugar, porque todo este relato está sustentado por un conocimiento del alma de Jesús, cuya intimidad nos es desvelada por el evangelista cuando nos deja ver su estrecha relación con el Abba misericordioso, en los momentos de oración (Lc 22,42); o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento (Lc 22,43).

En segundo lugar, la cruz aparece en este relato de la Pasión como un verdadero sacramento del amor divino: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento. Lucas no pone la atención en los aspectos negativos y crueles de esta situación. En su narración se omiten recuerdos o referencias que aparecen en los otros evangelistas como la flagelación o la coronación de espinas que sirven para inculpar a los que llevaron a Jesús a la muerte. Lucas nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia su Hijo y hacia todos los hombres, aún en esta situación de dolor. Jesús no aparece abandonado en el Calvario (no se cita a Zac 13,6 sobre la dispersión del rebaño): está acompañado de amigos y conocidos (Lc 23,49 en contraposición con Mt 27,55-56 y Mc 15,40-41). Y reemplaza el grito del Salmo 21 (22) que cita Mateo por la manifestación ilimitada de confianza del Salmo 30,6 (31,6): “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

A la luz de todo esto es comprensible el papel que desempeña en este relato de la Pasión la actitud del perdón, sólo explicable desde el misterio de la misericordia. En definitiva todo el mundo queda limpio y se insiste en hechos positivos, sólo explicables desde la virtud reconciliadora del sufrimiento de Jesús o desde su actitud de perdón: el caso de Pilato (Lc 23,4.13-15.20-22); el del agresor a quien Pedro cercenó una oreja y que es sanado por Jesús (Lc 22,51); el de Pedro (Lc 22,61); el de todos los judíos (Lc 23,34); el del malhechor bueno (Lc 23,39-43); el del centurión (Lc 23,47); el de la reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc 23,6-12).

Jesús aparece claramente como el inocente, el justo perseguido. Aun en el proceso de los romanos, Pilato proclama la inocencia de Jesús. El centurión también reconoce su inocencia.

Sólo en Lucas Jesús se dirige con palabras consoladoras a las mujeres que de lejos los siguen. Realmente, Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres y de la misericordia con los más pobres e ignorados, y las mujeres hacían parte de la clase marginada en Israel. Pero para Jesús, en todo el evangelio de Lucas, las mujeres hacen parte del discipulado y merecen un trato respetuoso. Ahora, camino del Calvario, la fidelidad de las mujeres a su maestro es reconocida por el Señor.

La Pasión y la muerte de Jesús son una verdadera revelación: la manifestación de la misericordia del Padre. Sólo quien ha comprendido una actitud tan conmovedora, como la que nos trae este evangelio en la parábola del padre misericordioso, podrá entender por qué el evangelista ha mirado así el misterio del sufrimiento y de la muerte de Jesús.

Lucas concibió el relato de la Pasión como una contemplación de Jesús. Por eso este relato es una invitación al lector-oyente a aproximarse al Señor, a seguirlo, a llevar con él la cruz de cada día (9,23). En la palabra que dirige en la cruz al malhechor arrepentido, ese ‘hoy’ nos remonta a Lc 4,21 cuando en la sinagoga de Nazaret, Jesús declara que “hoy se ha cumplido” el pasaje de Is 61,1-2 que acababa de leer. El tiempo se ha cumplido y él, que ha venido para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor” ha cumplido su misión, porque va a morir colgado de la cruz pero seguirá viviendo en medio de nosotros.

Nota para lectores críticos

El evangelio de hoy es más largo que de ordinario: toda la Pasión de Jesús, por lo que muchas homilías hoy serán más breves. Por otra parte, la homilía debería enfocarse pues hacia el conjunto de la Pasión y su significado. También el viernes santo se leerá la Pasión, según san Juan. Y durante toda la semana, el trasfondo litúrgico-espiritual es ése: la pasión y muerte de Jesús. Es pues un momento apropiado para plantearse algunos criterios críticos respecto a la interpretación de la pasión de Jesús en su significado de conjunto.

Si somos cristianos, y si el cristianismo profesa la convicción de la significación salvadora de Jesús, necesitamos tener un «modelo soteriológico» («sotería» = salvación), o sea, una explicación de cómo Jesús salva a la humanidad y en qué consiste esa salvación. Es claro que esto es el corazón de la fe cristiana.

Pues bien, en la historia ha habido varios «modelos soteriológicos».

El modelo que nos ha llegado a nosotros es, fundamentalmente, el que elaboró san Anselmo de Cartebury en el siglo XI sobre la tradición jurídica del derecho romano. En este sentido. El ser humano ofendió a Dios con el pecado original, y con ello se rompieron las relaciones de Dios y la humanidad. Dios fue ofendido en su dignidad, y el ser humano, por su parte, quedó privado de la gracia de la relación con Dios y no tenía capacidad para superar esta situación, pues aunque había ofendido a Dios, no tenía capacidad para reparar una ofensa de carácter infinito. En su obra Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) Anselmo elabora la teoría de la «satisfacción penal sustitutoria»: Jesús muere en sustitución de la humanidad pecadora culpable, para satisfacer con ello la dignidad ofendida de Dios, y restablecer así las relaciones de Dios con la humanidad.

Por una parte, hay que hacer notar que esta explicación, que nos ha llegado a todos nosotros en una tradición tan longeva, no deja de ser «una» explicación, la del siglo XI en concreto; es decir: no es «la» explicación, no es la única. Además, no está en el Nuevo Testamento: es una elaboración teológica, muy posterior, que asume las categorías y la lógica del derecho romano «recepcionado» en el mundo feudal europeo de la alta Edad Media: el derecho inapelable y absoluto de los señores, la servidumbre de los siervos, las obligaciones jurídicas relativas a la ofensa y a la satisfacción o reparación. Es la teología de la «redención», del redimir («re-d-emere»), re-comprar al esclavo para liberarlo de su antiguo dueño.

Esta teología, hoy ya insostenible, es, sin embargo, la que la mayor parte de los cristianos y cristianas, incluyendo a muchos agentes de pastoral tienen todavía en su conciencia, en su comprensión del cristianismo, o en su subconsciente al menos. Y es para muchos de ellos «la» explicación mayor del misterio cristiano, el misterio de la «redención».

Hay que recordar que los modelos soteriológicos, como todo el resto de la teología, no dejan de ser un lenguaje metafórico, y que la metáfora nunca debe ser tomada al pie de la letra, tanto sea en n sentido directo como en un sentido metafísico, sobre todo en el segundo término al que traslada el sentido (“meta-fora” = cambio, traslado de sentido). Las teologías y los modelos soteriológicos se apoyan sobre las lógicas y los símbolos de las culturas en las que son creados. Por eso, cuando la evolución cultural cambia de lógica y de símbolos, esos modelos soteriológicos, y en general, esas teologías, aparecen crecientemente desfasadas, se hacen incluso ininteligibles, y finalmente quedan obsoletas. La visión de Dios como «Señor» feudal irritado por una ofensa de la primera pareja humana… para cuyo aplacamiento habría sido necesaria la reparación de la ofensa por medio de la muerte cruel y cruenta de su Hijo, es una imagen de Dios hoy sencillamente insostenible, e inaceptable. La sola idea de que un mítico pecado de Adán y Eva hubiera torcido los planes de Dios, y hubiera sumido en las tinieblas del pecado y del alejamiento de Dios a toda la humanidad desde la primera pareja, durante miles y miles de años –hoy la ciencia nos dice que habrían sido millones de años-, hasta la aparición de Jesús, es absolutamente inaceptable para la mentalidad actual. La misma fórmula jurídica de la «satisfacción sustitutoria» resulta hoy día inviable desde los mínimos éticos de nuestra época. Un Dios así resulta increíble, provoca ateísmo, con razón.

Si este modelo nos parece hoy día sobrepasado, no debemos dejar de considerar que ha habido otros modelos todavía más inadecuados. En el primer milenio la teología dominante, en efecto, no fue la de la «satisfacción sustitutoria», sino la del «rescate»: por el pecado de Adán la humanidad había quedado «prisionera del demonio», literalmente bajo su poder (sic). Según san Ireneo de Lyon (+ 202) y Orígenes (+ 254) el Diablo tendría un «derecho» sobre la humanidad, debido al pecado de Adán. Jurídicamente, la humanidad estaba bajo su dominio, le pertenecía, y Dios «quiso actuar con justicia incluso frente al diablo» (Ireneo, Adversus Haereses, V, 1,1), al anular tal derecho sólo mediante el pago de un rescate adecuado. Para ello, entregó a su Hijo a la muerte, a fin de liberar a la humanidad del dominio «legítimo» del diablo. San Agustín lo dice aún más explícitamente: Dios decretó «vencer al Diablo no mediante el poder, sino mediante la justicia» (De Trinitate XIII, 17 y 18).

Este modelo del «rescate pagado al Diablo» para rescatar a la humanidad, aún resuena en las personas que tuvieron una formación cristiana. Pero hoy nos resulta no sólo inaceptable, sino inimaginable, y hasta grotesco: no podemos aceptar un Diablo, concebido como un contra-poder cuasi-divino, que está apostado frente a Dios y que retiene a la humanidad bajo su poder, durante milenios, hasta que es «justamente resarcido» por Dios, nada menos que con la muerte del Hijo de Dios, un Diablo que sólo así sería «derrotado por la victoria de Cristo»…

¿Qué queremos decir con todo esto? Muchas cosas:

-que las teologías son metafóricas, no narraciones históricas ni descripciones metafísicas;

-que las teologías son muchas, variadas, no sólo una… y que cuando adoptamos una de ellas no debemos nunca perder de vista que se trata sólo de «una» teología, no de «la» teología;

-que las teologías son contingentes, no necesarias;

-que son elaboraciones humanas, no revelaciones divinas bajadas en directo del cielo, y que están construidas con elementos culturales de la sociedad en la que han sido concebidas;

-que son también transitorias, no eternas, y que con el tiempo y los correspondientes cambios culturales pierden plausibilidad y hasta inteligibilidad y pueden acabar resultando inaceptables y hasta desechadas;

-que los agentes de pastoral que atienden al Pueblo de Dios han de estar atentos a no prolongar la vida de una teología sobrepasada, superada, que ya no habla de un modo adecuado a las personas de hoy;

-que pueden (y deben) tratar de encontrar nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas respuestas interpretativas de parte de nuestra generación actual a las preguntas de siempre.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto. Leer más…

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10.4.22. Domingo de Ramos: Caída del templo, ruina y resurrección del papado

domingo, 10 de abril de 2022
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Vaticano-reformas_2272882722_14949607_667x375Del blog de Xabier Pikaza:

En la línea de las tres “postales” anteriores  con su documento  de reforma de la Curia Vaticana (Anunciad el evangelio), el Papa Francisco  está proclamando y anticipando de hecho  la “caída y final del papado”.

–  Unos pueden decir y dicen que esa caída es una buena noticia: Lo mejor que le puede suceder a este papado es que se derrumbe, se muera, para que, en su lugar, pueda surgir una iglesia verdadera, sin poder sacral, sin imposiciones de conciencias, sin negocios de dinero. Sólo entonces, cuando caiga este papado, se podrá hablar de una iglesia liberada para la fraternidad del evangelio.

– Otros pueden decir y dicen que este Papa Francisco, quizá sin saber bien lo que hace, está dinamitando de hecho la Iglesia Católica, de forma que no no es Vicario de Cristo, sino del Anticristo. Por eso hay que esperar que sus reformas pasen, pues los papas también mueren, para que venga un verdadero Pontífice, que ponga de nuevo poner las cosas en su sitio.

No puedo entrar en esa temática concreta. Muchos de mis lectores saben lo que pienso. Sólo qiero seguir pensando y caminando en la línea de Jesús  y  para ello ofrezco un pequeño comentario del evangelio del Domingo de Ramos, con el anuncio de la «ruina» del Templo de Jerusalén con la auténtica pascua de Cristo. Buen comienzo de Semana Santa a todos.

Mc 11: Llegaron a Jerusalén y 7  le trajeron un pollino, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él.8 Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. 9 Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: «= ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 10 ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! = ¡Hosanna = en las alturas!»…

y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas 16 y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.17 Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: = Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? = ¡Pero vosotros la tenéis hecha una = cueva de bandidos! . (Por eso caerá y no quedará de ella piedra sobre piedra….).18 Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina.

Caída del templo, caída de un tipo de Vaticano.

 Conforme a este lectura, resulta conveniente (inevitable) que caiga o se abandone un tipo de templo eclesiástico, como el sepulcro de Jesús, que estaba vacía, pero no para elevar en su lugar otro semejante (que todo cambie, para que siga siempre igual), sino para tomar el «carro de vida de Dios» (profeta Ezequiel) , para que puedan subirse en ellos expulsados y negados de la historia actual,  para recorrer con ellos los caminos de Dios.

Muchas piensan  dificultades actuales no se solucionan con unos pequeños cambios de estructura: con un Papa más o menos liberal, con más o menos autonomía de las comunidades; con la supresión del celibato ministerio o la ordenación de las mujeres, como quieren los teólogos más «liberales», empeñados en lograr que la iglesia se ajuste a la moderna democracia.

Sin duda, esos cambios son importantes (¡necesarios!), pero vienen en un segundo momento, conforme a la dinámica de las comunidades. Lo que importa es el radicalismo evangélico: compartir la vida, desde los más pobres, ofreciendo el testimonio de un amor que es infalible porque es presencia del Dios que da vida (es Vida) al entregarse por los otros.

Jesús anunció la destrucción del sistema sacerdotal del Templo de Jerusalén antes que cayera. Por eso expulsó a sus mercaderes y anunció la ruina de sus edificios (¡caerán como caen los bancos y jaulas de cambistas y comerciantes!), vinculados a un poder sagrado.

De esa forma asumió el mensaje de Jer 7 (caída del templo) y de Ez 10 (el «carro de Dios» se aleja del lugar sagrado) y lógicamente suscitó la reacción no sólo de los sacerdotes de Jerusalén, sino de los jerarcas de Roma, pues tenían miedo de un Reino que fuera casa de oración y acogida para todos los pueblos, empezando por los pobres. En ese fondo situamos la destrucción del papado actual.

Muchos cristianos protestarán diciendo que la imagen del viejo templo no puede aplicarse hoy al Papa. Ciertamente, el Vaticano no parece cueva de bandidos (como Jesús dijo del templo), sino espacio de apertura, una plaza, una casa donde pueden reunirse muchos hombres, obispos en concilio, fieles en romería creyente, la mayor parte de ellos intachables y fieles… Pero tampoco Caifás era perverso, sino un hábil político, diestro en equilibrios al servicio de la paz. Tampoco el Sanedrín era un tribunal corrupto, sino un lugar honrado de discusiones sociales y religiosas, a partir de unas clases dominantes (sacerdotes, presbíteros, escribas). Pero Jesús quiso que aquel templo cayera, a pesar del dolor que eso implicaba para muchos (cf. Lc 19, 41-44; 21, 20-24), y nosotros queremos que caiga el templo vaticano, por amor a los hombres.

Lo que importa no es la caída, sino la resurrección. No dictamos así una propuesta de condena general de la historia, sino la afirmación de que el tiempo de suplencia papal ha terminado (como terminó la del templo de Jerusalén). La iglesia no es sistema de poder, sino fraternidad gratuita de pobres (de crucificados y expulsados), experiencia concreta de amor que va creando vida, esperanza de resurrección. Ella sólo puede decir y proclamar la Vida mesiánica de Dios   con su propia existencia, en el nivel de las relaciones personales, sin discursos elevados que se vuelven pronto ideología. Para que viniera la nueva humanidad y los hombres y mujeres pudieran perdonarse directamente, sin controles sagrados, tuvieron que caer los poderes del templo. Por amor de Dios y para bien de los pobres, enfermos y niños, representantes y portadores del poder de Dios (Mc 11, 12-26  par), debe caer un tipo de papado.

Pero más  que la ruina externa del templo de Jerusalén, proclamó su ruina interna,

 la ruina de ese templo de Dios que hemos levantado en nuestros corazones.  Jesús dijo a los judíos de aquel tiempo «Vuestra casa quedará vacía» (Mt 23, 38). Lo mismo puede suceder ahora el “sistema” vaticano: muchos piensan que a la sombra de sus grandes hojas no existe ya fruto (cf. Mc 11, 13-21), de manera que es preciso abandonarlo, dejando que surja, por gracia de Dios, el nuevo pueblo que produzca frutos (cf. Mt 21, 43).

Por eso, la caída de un tipo de papado nos debe alegrar, pues queremos uno diferente, que no sabemos aún cómo será, pero que tiene que ser de los pobres, enfermos y niños a quienes Jesús anunció el Reino de Dios (y a quienes introdujo como autoridad en el templo: cf. Mt 21, 14-17). La historia nos ha situado en una encrucijada y debemos tomar una decisión, pues dejar las cosas como están, manteniendo este modelo de iglesia, significa condenarla (¡y quizá condenarnos!) a una muerte sin resurrección.

No se trata de derribar con violencia los muros, pues tampoco Jesús destruyó físicamente el viejo templo (lo saquearon y quemaron más tarde, de formas diversas, los celotas y legionarios, que luchaban entre sí por el control del sistema). Pero Jesús y la mayoría de los grupos cristianos lo habían abandonado ya (como supone el evangelio de Marcos, lo mismo que  Mt 23, 37-39), antes de que ardiera en las llamas de la guerra, pues habían descubierto y edificado otra casa de fraternidad (la iglesia), en el campo extenso de la vida, sin necesidad de instituciones legales y sacrales.

También nosotros debemos abandonar un tipo de Vaticano actual y debemos hacerlo por amor, sin agresividad, sin lucha externa, con ternura y gratitud, con gran pena, por lo que ha sido. Debemos abandonarlo precisamente ahora, cuando parece que se eleva triunfante, con grande hojas, como la higuera de Israel (Mc 11, 13), para situar las tiendas de campaña de la iglesia de Jesús (cf. Jn 1, 14) en el ancho camino de la vida, buscando con otros hombres y mujeres el surgimiento de un servicio de unidad distinto, que represente a los pobres de Dios. Entonces podremos apelar de nuevo a las llaves de Pedro, como signo de potestad e infalibilidad evangélica.

No buscamos incendios ni guerra, ni que la Basílica de San Pedro de vaticano arda y acabe, con archivos y museos, con documentos de curia y curiales, con su banco y su pequeña guardia de suizos, sus cardenales, obispos y monseñores y/o funcionarios de segundo grado. Pero queremos que pierda su función (que se disuelva), mientras la iglesia verdadera emerge y crece en otro espacio, donde comienzan ya a juntarse los discípulos de Jesús.

Algunos, sienten mucha prisa: les gustaría que llegaran nuevos romanos (como el año 70 d. C.), quemando el Vaticano, de manera que sólo quedara una “zona cero” de ruinas con la memoria de Pedro.

Otros, más escépticos, sostienen que debe acabar no sólo el Vaticano, sino también la iglesia, pues todo en ella es folklore y sistema de dominación… Nosotros queremos que el Vaticano se mantenga como testimonio de una historia pasada, pero que la iglesia realice de un modo diferente su tarea de evangelio al servicio del conjunto de la humanidad. Leer más…

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La Pasión según Lucas. Domingo de Ramos. Ciclo C.

domingo, 10 de abril de 2022
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Titian_-_Christ_and_the_Good_Thief_-_WGA22832Tiziano, Jesús y el buen ladrón

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Resulta imposible comentar en pocas líneas el relato de la Pasión en el evangelio de Lucas. De los diversos episodios exclusivos suyos, considero de especial interés las tres palabras que pone en boca de Jesús en la cruz. Como es sabido, ninguno de los evangelios trae las siete famosas palabras de Cristo en la cruz. Mateo y Marcos, solo una; Juan, tres; Lucas, otras tres. Sumándolas tenemos siete. Las tres de Lucas pueden servir de reflexión y oración.

  1. Morir perdonando

            Jesús y los dos malhechores acaban de llegar al Calvario. Crucificar a tres personas es un trabajo más lento y cruel de lo que puede imaginarse, pero Lucas no entra en detalles. Se limita a indicar lo que decía Jesús en este momento: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

            El tema de los enemigos y del perdón ha aparecido en este evangelio desde el comienzo. Zacarías, el padre de Juan Bautista, alaba a Dios porque ha suscitado a un descendiente de David “para que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, le sirvamos con santidad y justicia toda nuestra vida”. Su esperanza no se cumplirá como él espera. A su hijo lo decapitará Herodes. Y Jesús no habla de verse libres de los enemigos. Lo que manda a sus discípulos es: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ahora, en el momento decisivo, Jesús va más adelante. No solo reza por los enemigos, sino que intenta comprenderlos y justificarlos: “no saben lo que hacen”.

  1. Nunca es tarde para convertirse

            Que Jesús fue crucificado entre dos malhechores lo dicen también Mateo y Marcos (aunque estos los llaman “ladrones”, que equivale a “terroristas”, cosa más lógica porque a los ladrones no los crucificaban, sino que los vendían como esclavos). Pero la mayor diferencia consiste en que en Mateo y Marcos los dos insultan a Jesús. Lucas cuenta algo muy distinto: mientras uno anima irónicamente a Jesús a salvarse y salvarlos, el otro lo defiende, reconoce su inocencia y le pide que se acuerde de él cuando llegue a su reino. Todos sabemos la respuesta de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

            Algún escéptico podría decir que Lucas ha inventado esta conversión tan inesperada del buen ladrón. Él respondería: “Si no fue así, pudo serlo”. Porque lo que intenta enseñarnos es que nunca es tarde para convertirse. En una parábola que comentamos hace tres domingos, el labrador pedía un año de plazo para la higuera estéril. Zaqueo tuvo el resto de su vida para demostrar su conversión. El buen ladrón solo dispone de unas horas antes de morir, aprovecha la ocasión de inmediato, y esas pocas palabras le sirven para salvarse. Al mismo tiempo, las palabras de Jesús suponen un consuelo para todos nosotros cuando se acerque la muerte: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

  1. Morir en manos de Dios

            Lo último que dijo Jesús antes de morir también varía según los evangelios. Marcos y Mateo ponen en su boca el comienzo del Salmo 22: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué he has desamparado?”. Parece un grito de abandono, sin esperanza. Quien sigue leyendo el salmo advierte que el olvido de Dios y el sufrimiento dan paso a la victoria final. Aunque esto sea cierto, Lucas piensa que sus lectores no van a entenderlo y se pueden quedar con la sensación de que Jesús murió desesperado. Por eso, las últimas palabras que pone en su boca son: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. De este modo, el final de la vida terrena de Jesús empalma con el comienzo de actividad apostólica. En el bautismo escuchó la voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado”. Ahora, en el momento del dolor y la muerte, cuando parece que Dios lo ha abandonado, Jesús lo sigue viendo como “Padre”, un padre bueno al que puede entregarse por completo.

El relato de la pasión es una historia de dolor, injusticia, sufrimiento físico y moral para Jesús. Pero Lucas ha querido que sus últimas palabras nos sirvan de enseñanza y consuelo para vivir y morir como él.

Un comentario completo al relato de la pasión puede verse en J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús (Verbo Divino 2021), págs. 449-510.

 

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10 Abril. Domingo de Ramos. Ciclo C

domingo, 10 de abril de 2022
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“Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.”

(Lc, 22,14-23,56)

El domingo de Ramos nos abre un gran pórtico que nos muestra, este año a través del Evangelio de Lucas, lo que vamos a celebrar a lo largo de esta Semana Santa.

¡Siéntate, corazón mío!

Como “todos los que conocían a Jesús, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, que estaban allí presenciando todo” (Lc 23,49), déjate tocar, déjate asombrar, déjate enamorar.

¡Siéntate, silénciate, contempla…!

Accede, corazón mío, a ese pórtico, ábrete a que sea el Espíritu mismo de Jesús quien te ayude a descubrir la fidelidad del Maestro en su entrega total, su confianza en el Padre. Es el corazón misericordioso que Jesús te ofrece lo que te hará misericordioso. Y esa misericordia entrañable te acercará a las hermanas/os que hoy siguen el camino de Jesús de Nazaret en medio de persecuciones, abusos, torturas, arrestos e incluso la muerte por ser fieles al Maestro. Recordamos los sentimientos de aquel cristiano, en tierras sirias, que en medio de la tortura dijo algo así a sus verdugos: “queréis que renuncie a mi fe cristiana, pero no puedo, porque mi corazón es de Cristo, está marcado por el amor a Cristo Jesús”.

Corazón mío, no hagas de estos días santos como aquella “gente que había acudido al espectáculo” (Lc 23,48) sino déjate sorprender, para que con el amor que Dios Padre te entrega a través del Espíritu puedas tú también decir con la confianza y abandono de Jesús: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46).

Lo que te preparas a celebrar no es la muerte, aunque ésta sea la de Jesucristo, sino el camino hacia la Pascua.

Oración

Tiempo de vida, tiempo de de luz, tiempo de amor.
Señor, Jesús, Maestro bueno,
dame un corazón que sepa
contemplar, acoger, perdonar, amar…
coge mi mano y conduce mis pasos
a escuchar tu invitación: ¡Sígueme!

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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No celebramos la muerte sino la Vida.

domingo, 10 de abril de 2022
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DOMINGO 6º DE CUARESMA (RAMOS) (C)

Lc 22,14-23,56

La liturgia de este domingo es desconcertante. Empieza celebrando una entrada “triunfal” y termina recordando una muerte. Es difícil armonizar estos dos aspectos de la vida de Jesús. Podríamos decir que ni el triunfo fue triunfo, ni la muerte fue derrota. Los evangelistas plantean la subida a Jerusalén como resumen de su actividad. La muerte se considera como la meta de su vida. En la vida de Jesús se vuelve a escenificar el Éxodo, paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Allí iba a dejar patente el amor incondicional.

Jesús fracasó estrepitosamente porque la salvación que él ofreció no coincidía con la que esperaban los judíos. Jesús pretendió llevarlos a la plenitud de su verdadero ser. Ellos solo querían defender sus intereses, salvar su ego. Seguimos en la misma actitud. Dios “quiere” para nosotros lo mejor y nosotros seguimos creyendo que en asegurar nuestra individualidad está nuestra plenitud. No hay que entender la voluntad de Dios como venida de fuera. Lo que Dios quiere de cada uno es también la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser.

El fracaso humano de Jesús nos invita a reflexionar sobre el sentido de las limitaciones humanas. Si nuestro objetivo es evitar el dolor y buscar el máximo placer, nunca podremos aceptar el mensaje de Jesús. Él confió completamente en Dios, pero Dios no lo libró del dolor ni de la muerte. ¿Cómo podemos interpretar este aparente abandono de Jesús? Sería la clave de nuestro acercamiento a su muerte. Sería la clave también para interpretar el dolor humano y tratar de darle el sentido que escapa a la mayoría de los mortales.

Es un disparate pensar que Dios exigió, planeó, quiso o permitió la muerte de Jesús. Peor aún si la consideramos condición para perdonar nuestros pecados. La muerte de Jesús no fue voluntad de Dios, sino fruto de la imbecilidad humana. Fue el pecado del mundo, el poder y el afán de someter a los demás, lo que hizo inaceptable el mensaje de Jesús. Lo que Dios esperaba de Jesús era su fidelidad. La muerte de Jesús no fue un accidente; fue la consecuencia de su vida. Una vez que vivió como vivió, era lógico que lo eliminaran.

Dios no está solamente en la resurrección, está siempre en el hombre mortal, también en el dolor y en la muerte. Si no sabemos encontrarlo ahí, seguiremos pensando como los hombres, no como Dios. Es una lección que no acabamos de aprender. Seguimos asociando el amor de Dios con todo lo placentero, lo agradable, lo que me satisface. El dolor, el sacrificio, el esfuerzo lo seguimos asociando a un castigo de Dios, es decir a una ausencia de Dios. Las celebraciones de Semana Santa nos tienen que llevar a la conclusión contraria. Dios está siempre en nosotros, pero necesitamos descubrirlo sobre todo en el dolor y la limitación.

Seguramente la pasión fue el primer relato sobre Jesús que se redactó por escrito. A pesar de ello no podemos estar seguros de que lo que nos cuentan corresponda a sucesos reales. Los que más probabilidades tienen de ser inventados son los que hacen referencia a profecías del AT. Esto se debe a que los primeros seguidores de Jesús, todos judíos, no tenían otro medio de explicar la muerte de Jesús que la Escritura. Debemos escapar de ese afán de convertir el AT en un anuncio de lo que sucedió en Jesús. Nadie pudo prever lo que pasó en Jesús, porque rompió todos los moldes y lo que vivió y predicó no podía adivinarlo nadie trescientos o quinientos años antes de que sucediera. Aludir a la inspiración divina para solucionar el problema es no tener idea de lo que significa la Sagrada Escritura como escrito sagrado.

La pasión de Lucas tiene una clara tendencia catequética. Aunque utiliza la narración de Marcos, u otra más antigua que ya utilizó el mismo Marcos, le da un toque de humanización muy significativo. Suaviza mucho la relación de los que están alrededor de Jesús con su persona. No todo es negativo. Incluso los paganos quedan de alguna manera justificados. Hay en el relato muchos personajes que están con Jesús y pretenden ayudarle. El mismo Jesús se relaciona con algunos con comprensión y como ayudándoles a entender lo que está pasando.

Lo importante no es la muerte física de Jesús ni los sufrimientos que padeció. A través de lo que conocemos de la historia humana, miles de personas, antes y después de Jesús, han padecido sufrimientos mucho mayores y más prolongados de los que sufrió él. Lo importante de Jesús en ese trance fue su actitud inquebrantable de vivir hasta sus últimas consecuencias lo que predicó. Para nosotros, lo importante es descubrir quién lo mató y por qué le mataron, por qué murió y cuáles fueron las consecuencias de su muerte para él, para los discípulos y para nosotros. No podemos asegurar las respuestas pero debemos seguir preguntándonos.

¿Por qué le mataron? Ni siquiera sabemos quién le mató, mucho menos podemos saber cuál fue la causa de su condena. La muerte de Jesús es la consecuencia directa de un rechazo por parte de los jefes religiosos a su enseñanza y a su persona. No debemos pensar en un rechazo gratuito y malévolo. Los sacerdotes, los escribas, los fariseos, no eran depravados que se opusieron a Jesús porque era buena persona. Eran gente religiosa que pretendían ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida de manera absoluta y exclusiva en la Ley de Moisés. Para ellos defender la Ley y el templo era defender al mismo Dios.

¿Era Jesús el profeta, como creían los que le seguían, o era el antiprofeta que seducía al pueblo y le apartaba de la religión judía? La respuesta no era sencilla. Por una parte percibían que Jesús iba contra la Ley y contra el templo, signos inequívocos del antiprofe­ta. Pero por otra parte, la cercanía a los que sufren y los signos que hacía eran una muestra de que Dios estaba con él. El desconcierto de los discípulos ante la muerte de Jesús, tiene mucho que ver con esa confrontación de sus representantes religiosos. ¿A quién debían hacer caso, a los representantes legítimos de Dios, o a Jesús, a quien los sacerdotes consideraban blasfemo?

¿Por qué murió? No podemos saber la actitud de Jesús ante su muerte. Ni era un inconsciente ni era un loco. Se dio cuenta de que los jefes religiosos querían eliminarlo. Jesús debió tener razones muy poderosas para seguir diciendo lo que tenía que decir a pesar de que eso le acarrearía la muerte. Sabía que el pueblo no le entendía y dejaría de seguirle. Pero también sabía que los jefes religiosos no se iban a conformar con ignorarlo. Sabiendo eso, Jesús tomo la decisión de ir a Jerusalén. Que le importara más ser fiel a sí mismo y a Dios que salvar la vida es lo decisivo. Eso era lo que Dios esperaba de él y eso es lo que hizo.

¿Qué consecuencias tuvo su muerte? Para sus seguidores fue el revulsivo tan fuerte que les llevó a un total pesimismo, pero también fue el revulsivo que les llevó al descubrimiento del verdadero Jesús en la experiencia pascual. Durante su vida lo siguieron como amigo, maestro, profeta, pero no descubrieron el significado profundo de Jesús. A ese descubrimiento no podían llegar a través de lo que oían y lo que veían; se necesitaba un proceso de maduración interior. La muerte de Jesús les obligó a esa profundización y a descubrir en aquél Jesús de Nazaret, al Señor, Mesías, Hijo. En esto consistió la experiencia pascual. Si queremos entender la muerte de Jesús, tenemos que seguir ese mismo camino de la vivencia interior.

 

Meditación

La verdadera Vida está ya en mí.
Lo único que tengo que hacer es descubrirla.
Toda “muerte” (entrega, servicio) es signo de Vida.
Todo egoísmo (opresión, dominio) es signo de “muerte”.
La Vida-Amor es el fundamento de mi ser.
No la encontraré en lo superficial y accidental.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Una muerte anunciada.

domingo, 10 de abril de 2022
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Crucifixión 2

Domingo de Ramos

Jesús entra el domingo en Jerusalén acompañado de un grupo de galileos que le aclaman como el Mesías anunciado: «Hosanna al hijo de David»… Disuelta la comitiva, se dirige al templo, expulsa a los mercaderes y se enfrenta sin contemplaciones a unos sacerdotes de alto rango que le increpan: «¿Con qué autoridad haces estas cosas?»… Al atardecer se retira a la seguridad de Betania.

El lunes, desafiando a las autoridades, se dirige al templo y comienza a enseñarles desde la escalinata del pórtico de Salomón. Los judíos le escuchan entusiasmados y Jesús les urge a la conversión: «Todavía es tiempo»… Aparecen unos sacerdotes desafiantes y arremete contra ellos con la parábola de los viñadores homicidas: «Hará perecer a los labradores malvados y dará la viña a otros»… Sin darles tiempo a reaccionar, censura violentamente a escribas y fariseos: «¡Hipócritas!»…

Se conjuran para matarlo, pero temen a la multitud.

El martes vuelve al templo y se congrega en torno suyo gran número de personas. Unos fariseos, acompañados de unos herodianos, le ponen a prueba con una pregunta trampa sobre el tributo a los romanos: «Dad pues al César lo que es del Cesar»… Más tarde les toca el turno a los saduceos, y finalmente a los fariseos: «¿Quién es mi prójimo?»… «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó»…

Los que buscan desprestigiarle caen en la cuenta de que es demasiado listo; que por ese camino no van a conseguir su propósito, y endurecen la apuesta.

Vuelve el miércoles. Su auditorio sigue creciendo, pero su enfrentamiento con las autoridades sube sustancialmente de tono. Unos fariseos irrumpen en el grupo, abren un claro delante de Jesús y arrojan a una mujer aterrada. «Moisés nos manda apedrear a estas mujeres, ¿tú qué dices?»… Y Jesús se juega la vida —y la pierde— por salvar la de la mujer, porque los santos fariseos no pueden perdonar que nadie les llame pecadores públicamente. Sale al monte de los olivos seguido de mucha gente y les manda el mensaje definitivo: «A mí me lo hicisteis»…

El jueves, Jesús sabe que su tiempo se ha acabado y organiza una cena de despedida con sus íntimos; incluidas, claro está, las mujeres: «Yo soy el maestro y el señor, y os he lavado los pies»… «Haced esto en memoria mía»… Al acabar la cena salen de la ciudad por la puerta de las Aguas y remontan el torrente Cedrón. En el cruce de caminos Jesús se detiene. El de la derecha lleva a Betania, a la seguridad de la casa de sus amigos. El que sale al frente, a Jericó, y de allí fuera de la jurisdicción de quienes quieren matarlo. Duda unos instantes y toma la senda que sube a Getsemaní; a su destino: «Pero no se haga mi voluntad sino la tuya»…

Judas lo entrega, los levitas y los criados lo prenden y el sanedrín lo condena a muerte por blasfemo: «¿Eres tú el hijo del Altísimo?… ¡Ha blasfemado!»…

El viernes, los sacerdotes lo entregan a los romanos, pero no le acusan de blasfemo sino de sedicioso. Pilato trata tibiamente de salvarlo, pero fracasa: «Nosotros no tenemos más rey que el César»… Su suerte está echada; los romanos lo torturan y lo crucifican: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»«¿Por qué me has abandonado?»… «En tus manos encomiendo mi espíritu»…

Los profetas mueren lapidados. Los sacerdotes se empeñan en que sea crucificado para crucificar también su doctrina, pero fracasan «porque Dios estaba con él»

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Haced esto en memoria mía.

domingo, 10 de abril de 2022
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Scene 07/53 Exterior Galilee Riverside; Jesus (DIOGO MORCALDO) is going to die and tells Peter (DARWIN SHAW) and the other disciples this not the end.

Domingo de Ramos

El domingo de Ramos hacemos dos lecturas en las que se recogen los últimos días de la vida de Jesús. Siguiendo la narración, caminamos desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su entierro, pasando a través de diversas escenas de gran intensidad dramática y profundamente teologizadas. Es significativo que en este recorrido se deje fuera un momento que es crucial para entender las razones históricas de la condena de Jesús y el por qué resultaba tan amenazante para quien ostentaba el poder: la acción profética que él realiza en el templo (Lc 19,45-48).

La subida a Jerusalén fue sin duda para Jesús una decisión meditada, pero también profundamente radical. En ella se ponían en juego todos sus empeños y sueños. Como un profeta al estilo de la más genuina tradición de Israel, Jesús realiza una doble acción simbólica que ponen en evidencia lo lejos que parecía estar el discurso religioso de los dirigentes de Jerusalén de los deseos de Dios.

La llegada de Jesús y sus discípulas y discípulos a la ciudad, formando parte de la comitiva de las y los peregrinos que llegaban de los cuatro puntos cardinales del mundo conocido para celebrar las Pascua, se convirtió en una procesión festiva. El maestro evocando la profecía de Zacarías (Za 9,9) quiso cruzar los umbrales de la ciudad santa montado en un borrico, mostrándose así como el enviado humilde de un Dios cuyo poder es el amor. Para algunos ese gesto era altamente provocador y quisieron frenar el entusiasmo que la persona de Jesús provocaba a su paso, pero el maestro no les hizo caso (Lc 19, 39-40).

Lucas a continuación narra brevemente un episodio en el que Jesús realiza otra acción altamente provocativa. Al entrar en la primera explanada del templo Jesús expulsa a todos los que compraban y vendían en ese lugar. ¿Por qué lo hace? ¿Es que estaban haciendo algo indebido? La verdad es que no había nada extraño en el comportamiento de aquellas personas, al contrario, pues esa explanada no tenía un carácter sacral, sino que era como una antesala donde se adquiría lo necesario para realizar los sacrificios que se ofrecían en el interior. Esto era así, porque según la legislación judía, había que asegurar que todo lo que se introducía en el templo fuese puro, y eso solo podía certificarse si se adquiría allí.

Lo que pretende Jesús entonces, no es cuestionar la ética de quienes estaban comprando o vendiendo, sino denunciar el sistema cultual judío, es decir el tipo de relación con Dios que estaba establecida en el templo. Lucas lo explica poniendo en boca de Jesús dos textos proféticos (Is 56,1-7; Jr 7, 1-11), él solo los evoca con una frase, pero lo que quiere es que se recuerde todo el pasaje, pues esa era la manera de citar cuando la Biblia no estaba todavía dividida en capítulos y versículos. Con ellos lo que quiere decir, es que para Jesús ese tipo de culto no era el que Dios quería, sino que lo habían pervertido, como decía Jeremías y que de ese modo habían excluido a muchos/as del encuentro con él. Y era el momento de que eso cambiase, como había anunciado Isaías. Y esto fue sin duda, lo que determinó definitivamente que quienes se sentían seguros con ese culto buscaran el modo de hacerlo desaparecer (Lc 119, 47).

Jesús es consciente de lo arriesgado de su propuesta, pero no puede dejar de anunciar al Dios que arde en sus entrañas. La cena con su comunidad es la expresión más honda del modo en que él entiende su relación con su Padre y de cómo quiere que sus discípulos y discípulas entiendan y continúen su misión. Los signos del pan y del vino, condensan la hondura de su entrega y fidelidad al Padre que busca con pasión ofrecer su amor y perdón a todas y todos. La invitación a hacer memoria de ese momento, no es una simple propuesta ritual, sino una llamada a identificarse con su camino existencial, a descubrir la gratuidad como la única opción para dejar a Dios ser Dios en la historia, a permanecer en la bondad y en la esperanza a pesar del fracaso.

Las escenas que siguen en el relato muestran el drama humano que provocan la injusticia y la opresión. El modo en que Jesús lo afronta transparenta el auténtico ser de Dios, un Dios que se deja vencer para que en su nombre no se pueda ya justificar ninguna acción que no sea liberadora y salvadora. La cruz de Jesús, no fue deseo de Dios, porque él no quiere nada que produzca sufrimiento y destrucción, pero junto a Jesús respondió a la violencia con perdón, al odio con ternura y al poder avasallador con humildad y permanencia. En la cruz de Jesús, siguió demostrando su amor desmedido por el ser humano, y negó cualquier justificación de la venganza o de la violencia en su nombre.

Para la primera comunidad fue difícil ahondar en el misterio que atravesaba la opción definitiva de Jesús. Todos y todas estaban fascinados por su mensaje, pero la dureza de su final surgió como una bofetada en sus vidas. Los relatos nos hablan también de ese camino comunitario de comprensión y de conversión que los compañeros y compañeras del maestro tuvieron que hacer aquel primer viernes santo. Tuvieron que afrontar la impotencia, el miedo, el fracaso y un fuerte sentimiento de orfandad. Necesitaron tiempo hasta que fueron capaces de encontrar sentido y esperanza…

La experiencia vivida por las mujeres que lo siguieron desde Galilea muestra de forma contundente el camino pascual vivido por la comunidad. Ellas son al inicio testigos mudos de los acontecimientos, acompañando en silencio los últimos momentos de vida del maestro entre el dolor y la impotencia ante algo que no pueden comprender. Al amanecer del domingo, en medio del ritual de duelo, ellas hacen memoria existencial de lo vivido junto a Jesús. En ese recuerdo, la tristeza comienza a transformarse en esperanza y comprenden que tenía sentido lo que había ocurrido. El sepulcro vacío ya no hablaba de ausencia, sino de vida, compromiso y misión (Lc 24, 1-10). Ellas también son nuestras compañeras de camino hacia la Pascua.

Carme Soto

Fuente Fe Adulta

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El mito de la salvación por la cruz

domingo, 10 de abril de 2022
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Cruz-640x427Domingo de Ramos

10 abril 2022

Jn 23, 1-49

Tal vez, la tendencia a poner nuestra salvación “fuera” pueda deberse a dos factores: por un lado, a la creencia que nos identifica con el yo carenciado y esencialmente necesitado de alguien que nos pueda “salvar”; por otro, a la consciencia mágica y mítica -en la que nuestra especie ha vivido durante siglos-, que pone la salvación en otro ser, como suelen hacer los niños.

En la tradición bíblica encontramos una imagen sumamente elocuente: en el Libro de los Números se narra que, para curar a quienes habían sido mordidos por serpientes venenosas -enviadas por Yhwh como castigo por los pecados del pueblo-, Moisés colocó una serpiente de bronce en lo alto de un madero, de modo que todo aquel que miraba la serpiente quedaba automáticamente curado (Num 21,4-9).

En el caso cristiano, la cruz de Jesús se leyó en relación a la doctrina del “pecado original”. Según la “teoría de la expiación”, grabada a fuego en el imaginario colectivo del mundo cristiano, todos los humanos nacen con un pecado que solo podía ser perdonado gracias al sacrificio de Cristo en la cruz.

Sospecho que no somos todavía conscientes de la doble implicación “oculta” en esa doctrina:

  • imagen de un dios sádico, que reclama la sangre de su propio hijo para perdonar el pecado de “los primeros padres”;
  • imagen del ser humano como “pecador” desde antes de su nacimiento, creencia en la que se asentaría la omnipresente culpa católica.

Solo una identificación extrema con la creencia impide ver que un planteamiento de este tipo resulte frontalmente disonante con la conciencia moderna. ¿Cómo podría creerse hoy, literalmente, en el mito de la salvación por la cruz?

Pero todavía hay más. En profundidad, el mito de la salvación por la cruz parte de una comprensión del ser humano que, no solo es parcial, sino radicalmente inadecuada. Identificarse con el “yo pensado” -o imagen que tenemos de nosotros mismos- supone reconocerse esencialmente como carencia y, por tanto, necesitados de una salvación “exterior”.

Pero no somos nuestro yo: la “personalidad” es solo la forma en que se está experimentado lo que realmente somos. Ciertamente, es frágil, débil, vulnerable y necesitada. Y de todo ello habremos de hacernos cargo. Pero en nuestra “identidad”, somos plenitud de presencia, estamos ya “salvados”.

¿De qué habla, pues, la cruz de Jesús? De lo mismo que hablan las persecuciones, torturas y asesinatos de personas inocentes a lo largo de la historia: de los abusos de un poder prácticamente omnímodo y de la fidelidad de Jesús a su propia misión. No hubo extraños designios de ningún dios ofendido. Hubo injusticia sangrante del poder de turno y fidelidad coherente de un hombre íntegro.

¿Qué lectura hago de la cruz?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Jesús no entró en Jerusalén en un carro de combate

domingo, 10 de abril de 2022
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F0EB4B8C-CAEB-4BB9-B0F0-405FF670006BDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Domingo de Ramos

    El domingo de Ramos es como el pórtico de la Semana Santa.

    En el torbellino de problemas y acontecimientos en los que estamos inmersos: la guerra Rusia – Ucrania, pandemia, incertidumbre social, corrupción, además de las cuestiones personales, la Semana Santa puede ser un tiempo de calma, de cierto silencio interior, de contemplación de Cristo crucificado y resucitado.

02.- Dos actitudes de Jesús

    Hemos escuchado la pasión del Señor según San Lucas. Y en esta tradición de Lucas, hay dos gestos, dos actitudes de Jesús que nos hacen bien a nuestro ser, a nuestra alma:

03.- Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso, (Lc 23,43).

    Lo último que hace Jesús entre nosotros es lo que ha hecho toda su vida: perdonar.

  • Nos pille como nos pille la vida y la muerte, tengamos la confianza en Jesucristo (te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso). Dios y Jesucristo no se cansan nunca de perdonar. La confianza en Dios Padre es el acto de fe más fundamental que podemos hacer y en el que podemos vivir.
  • hoy: no mañana, hoy, -ahora- estamos ya salvados. Es el hoy de San Lucas: hoy nos ha nacido un salvador, hoy se cumple la salvación que acabáis de escuchar, hoy ha entrado la salvación a esta casa. Hoy estarás conmigo en el Paraíso. Hoy estamos ya salvados: esa incógnita queda despejada por el Señor en la cruz. La salvación está ya en nuestra historia.

Gocemos, disfrutemos hoy ya de una historia que solamente termina bien. “Dios no se cansa de perdonar”.

  • El Paraíso es el símbolo de que esta historia nuestra (cuyo final no podemos, no sabemos describir) termina bien en Dios.

04.- Padre en tus manos confío mi espíritu (mi vida)

    Hasta llegar a la cruz Jesús ha sufrido mucho; ha tenido sus dudas, tentaciones, angustias. Jesús pidió que: si es posible que pase de mí este cáliz.

    Durante toda su vida Jesús ha confiado en el Padre, pero es en la cruz donde proclama su confianza, su fe, en Dios Padre: Mi vida la pongo en tus manos.

    También nosotros hemos podido tener, quizás estamos viviendo y tenemos recorridos de sufrimientos, dudas, angustias, sufrimientos de todo tipo, enfermedades. No temamos. Nuestra vida está en manos de Dios Padre. En tus manos pongo mi vida.

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“Humano como Jesús, solo Dios puede serlo“, por Gabriel Mª Otalora

sábado, 9 de abril de 2022
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Jesus modernoDe su blog Punto de encuentro:

Partimos de algo extraordinario. Dios, omnipotente e increado, inmanente y trascendente del que ni siquiera podemos balbucear nada suyo excepto lo que amorosa y gratuitamente nos ha sido revelado; es decir, que se hace uno de nosotros adquiriendo la condición frágil y limitada en todo, excepto en la maldad, sin atajos de ningún tipo… Ni siquiera se avino a nacer en una familia media o acomodada, mucho menos entre las seguridades de un palacio; al contrario, llegó de manera humilde, vivió como uno más la vida cotidiana en un pueblecito de mal nombre y en una zona peligrosa como era Galilea. En un momento dado, Jesús salió del anonimato para acompañarnos en nuestros dolores e injusticias poniendo lo esencial de Dios a nuestro alcance: su amor desbordante e infinito, sanador y lleno de sentido, especialmente con los más desfavorecidos precisamente por eso: porque son los más lo necesitan.

Cuando nos quejamos a Dios de los sufrimientos y dolores, no solemos reparar  en lo esencial: por amor nos mostró la manera de vivir mejor desde la propia condición humana. Aun así, fue incomprendido y rechazado por lo que suponía de cambio hacer el bien. Su amor inquebrantable quiso festejar la verdadera vida, pero tuvo miedo, decepciones, oró muchísimo para pedir luz y fuerza… Su paso por este mundo fue una renovación de la Alianza del Sinaí, aunque no desde una deidad al estilo de Aristóteles, lejana estática, motor inmutable, o simplemente sin implicarse en nuestras vidas. Tampoco desde la ostentación de su poder, algo que aplastaría nuestra libertad.

Su ejemplo, más allá de no hacer el mal nadie, nos acompañó en el día a día humano revolucionando la existencia sin escatimar dificultades, dolores ni frustraciones; alegrías y plenitudes, todo lo que implica vivir la condición humana hasta lo más hondo y de manera plena. Lo más gordo y lo paradójico, es que fracasó como ser humano dando la imagen aparente de que el mal es más fuerte que el bien.

Su vida no fue la que se esperaba del Mesías, de libertador poderoso contra los enemigos del pueblo judío, gracias a un dios con el perfil de las deidades griegas y otras similares, pero no el Dios Amor que se va revelando a lo largo de la historia en nuestras experiencias diarias.

El Mesías se mimetizó en un humilde sembrador de Vida plena sin haber disfrutado de la recolección de sus frutos, pues el domingo de Ramos pronto se transformó en la peor de las pesadillas en medio de calumnias y el descrédito total, humillaciones, tortura y muerte a manos de quienes aparentaban defender a Dios.

Esto es algo que debiera interpelar a nuestra vanagloria pues no somos eslabones sueltos sino partes de una larga cadena de sembradores, incluidos quienes van en la misma dirección sin ser cristianos, algo que ha actualizado la apuesta sinodal de Francisco. Todo lo que va en la dirección del amor solidario, en cualquiera de sus manifestaciones, están en la dirección de Cristo, tal como lo recogen Marcos (9,40) y Lucas (9,50): Quien no están contra mí, está conmigo.

Todos esperaban un Salvador a la manera humana, es decir, alguien con vitola de poder que ponga las cosas en su sitio a los que no aceptan sus mandamientos. El primer sorprendido fue su primo, Juan el bautista que esperaba otro estilo de Mesías más severo y vencedor.  Aun así, quienes no están dispuestos a prescindir de su estatus para mejorar la vida de los que peor viven, pronto entienden que Jesús es peligroso precisamente por lo buena persona que resulta con todos. Y por ser fiel a vivir despojado de su rango, es calumniado y asesinado como un malhechor fracasado ante el oprobio y la cobardía de casi todos.

Ahora bien, esa Cruz está revestida de la Buena Noticia de la resurrección. Vivimos ya pequeñas muertes y pequeñas resurrecciones. No acaba todo con la muerte; al contrario, ahí comienza la experiencia de la fe que no debe ser tan fácil cuando sus propios discípulos se negaron a creer en ella cuando las mujeres fueron apóstoles (enviadas) a comunicarles que Jesús había resucitado. He dicho bien, apóstoles. Os recomiendo vivamente que leáis de seguido los cuatro relatos evangélicos de la Buena Noticia del resucitado. Veréis la claridad con la que se destaca el papel exclusivo del apostolado de las mujeres… Curiosamente, de una mujer nació el Mesías, y unas mujeres fueron las enviadas a comunicar que Cristo ha resucitado…

Ningún otro relato de otras divinidades ha llegado a tanto. Qué acertado está Evaristo Villar cuando escribe “Humano como Jesús, solo Dios puede serlo”. Nadie más.

El riesgo permanente es conformarnos con conocer la cruz someramente, culturalmente, sin transformación verdadera ni ligada a la Buena Noticia auténtica del Dios-Amor a la manera del relato del hijo pródigo. Sin embargo, ahí están las procesiones de Semana Santa, donde el sufrimiento y la muerte de Jesús juegan el papel estelar concitando mucha mayor atención que la Resurrección.

Ojalá estas reflexiones ayuden a vivir mejor la Cuaresma.

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