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El escándalo Daily Beast: un periodista hetero se instala Grindr y hace outing a los atletas de Río 2016

Martes, 16 de agosto de 2016

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Un muy interesante artículo de Hidroboy en EstoyBailando…

Ayer por la tarde me crucé con una historia que, en principio, me parecía bastante inofensiva.

Un periodista de The Daily Beast, Nico Hines, había publicado un artículo que algunos consideraban ofensivo, homófobo y hasta peligroso. Nico, hombre blanco cisgénero hetero casado y con hijos, decidió escribir un texto sobre cómo se liga vía app en la Villa Olímpica de Río de Janeiro. Para hacerlo, según él, se instaló todas las apps de ligue que se le ocurrieron, incluída Grindr.

Al rato comprobó que la app que mejores resultados le daba y por la que le escribía más gente era la app gay. Nico, según explicaba en su texto, tenía puesta una foto de cara; pero no especificaba su orientación sexual, su estado civil o su trabajo. Ni siquiera lo que buscaba. Según él en ningún momento engañó a nadie ni les hizo creer cosas que no eran ciertas.

Pero lo que sí hizo Nico fue apuntar datos sobre esas personas que le habían escrito por Grindr para utilizarlos más adelante en su artículo. Así no se cortó un pelo a la hora de hablar de estaturas, pesos, medallas olímpicas, nacionalidades, deportes… Los detalles que dio era tan evidentes que a un reportero de Slate le costó muy poco ponerle nombre a cinco de los hombres que Nico decía que estaban en Grindr buscando sexo con otros hombres.

Y muchos de ellos eran atletas de países en los que la homosexualidad está perseguida o incluso es un delito.

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Pero no hacía falta salir del artículo (su título original era “Conseguí tres citas por Grindr en una hora en la Villa Olímpica“) para ver lo peligroso que era lo que el “periodista” estaba haciendo: en el mismo texto explicaba la proposición sexual de un atleta de Kazajistán. Esa delegación la forman 104 deportistas que compiten en 22 deportes: sabiendo un par de datos más era muy fácil saber quién era el chico detrás del perfil de Grindr. El mismo chico que, de vuelta a su país (si se han enterado) se puede encontrar con un ambiente tremendamente hostil.

Cuando tanto las redes sociales como los medios LGTB americanos (los primeros en leer el artículo) pusieron el grito en el cielo, los editores de The Daily Beast modificaron el texto eliminando los datos que podían ayudar a identificar a los atletas que buscaban sexo con otros hombres. Además añadieron una nota editorial en la que explicaban por qué habían realizado esas modificaciones y explicaban que el objetivo del artículo era “ver cómo los atletas de Río usaban las apps de ligue“. Como señalan desde Slate, la respuesta a esa pregunta era muy fácil: ligando.

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La justificación de por qué un hombre blanco cisgénero hetero casado y con hijos había escrito un texto tan centrado en Grindr también era para aplaudirles en la cara: era la app en la que había recibido más mensajes.

El artículo, que ya ha sido eliminado de la web de The Daily Beast y sustituido por un editorial en el que reconocen que fue un error (“Lo hicimos mal. Lo haremos mejor.“), no sólo levantó la polvareda digital por lo que Nico Hines había hecho, sino por cómo lo había hecho. Para empezar no se identificaba como periodista a no ser que la otra persona le preguntara si era periodista… ¿y a cuánta gente con la que sólo vas a echar un polvo rápido por Grindr le preguntas a qué se dedica?

Muchos periodistas critican el hecho de que Nico utilizara el “catfish” para conseguir datos que podría haber conseguido de forma anónima y mucho más segura si hubiera dicho en su perfil que era un periodista investigando cómo se utilizan las apps de ligue en la Villa Olímpica. Que ya de por si es un tema bastante absurdo porque, como señalan de nuevo desde Slate, el hecho de que se repartan 450.000 condones en la Villa Olímpica es noticia, pero saber quién y con quién se usa cada condón no lo es. 

De hecho no hace mucho fue noticia el hecho de que durante la convención del Partido Republicano en la que eligieron a Donald Trump y su vicepresidente homófobo como candidatos a la Casa Blanca las apps de ligue gay casi se colapsan y los anuncios de escorts en Craiglists se dispararon. Pero ahí el bueno de Nico Hines no tuvo huevos de hacer lo mismo, probablemente porque sabe que lo que ha hecho puede considerarse un delito en muchos países y no es lo mismo sacar del armario a un chaval de Kazajistán que a un político republicano que te demanda sin miramientos.

Lo que Nico Hines hizo no fue periodismo. No había nada que investigar. Lo que Nico Hines hizo, desde su posición de hombre blanco cisgénero y heterosexual, fue sensacionalismo barato; tratando de escandalizar al personal con un texto en el que (probablemente de forma no intencionada -o probablemente sí-) hablaba de forma jocosa sobre la vida sexual de los hombres que buscaban sexo con otros hombres. Hombres que probablemente por primera vez en su vida podían vivir su sexualidad sin miedo a ser perseguidos, apaleados o asesinados. Chavales que por primera vez descubren lo que es poder abrir Grindr y quedar con otro chico para pasar un buen rato porque tienen la suerte de no estar en su país.

La excusa de que Grindr fue la app que más movimiento tuvo es un intento cutre por justificar la homofobia implícita en el artículo original, porque todo el mundo sabe que por norma general los hombres gays o que se acuestan con otros hombres suelen ser más directos en su búsqueda de sexo.

Hines no sólo ignoró completamente cualquier norma periodística, sino que al hacerlo puso en peligro la integridad física y las vidas de muchas de las personas que aparecían en su texto. Aún sin dar sus nombres era fácil adivinar de quién estaba hablando, y aún haciendo una suposición errónea la sombra de la duda podía recaer sobre varios atletas cuyas vidas pueden verse muy afectadas por una irresponsabilidad como ésta.

Amini Founa, un nadador olímpico de Tonga, se lanzó a Twitter para expresar la rabia y la impotencia que el artículo de Hines le producía. No sólo por la evidente carga homófoba que contenía el texto (señalando sin pudor a los hombres que tenían sexo con otros hombres como si fuera que hay que señalar) sino que le recordó algo muy importante: “Algunas de las personas a las que has hecho outing son mis amigos. Con familias y vidas que se verán afectadas para siempre por esto. Imagina que el único espacio en el que te sientes seguro, el único espacio en el que puedes ser tú mismo, es arruinado por una persona heterosexual que cree que esto es una broma. Uno de los chicos a los que has sacado del armario tiene sólo 18 años. Yo tuve 18 años y ni de lejos estaba preparado para salir del armario. Que te jodan.

 

    Y termina con un Tweet explicando algo que todo el mundo (sobre todo los heterosexuales) deberían grabarse a fuego en la memoria: “Ninguna persona heterosexual conocerá nunca el daño que supone que revelen tu verdad. Quitarte eso es simplemente… No puedo. Se me saltan las lágrimas, literalmente.”  

Lo más sangrante de este caso es que The Daily Beast siempre ha sido un medio muy cercano al colectivo LGTB y en más de una ocasión ha sido fuente de noticias que han dejado claro su compromiso por la igualdad y por el respeto a las personas que forman parte de él. Pero por algún motivo nadie se dio cuenta de que lo que Nico Hines estaba haciendo era una vergüenza; que ese texto era ofensivo, homófobico y peligroso.

Por algún motivo alguien creyó que era divertido y ameno saber qué deportistas olímpicos son gays y cómo follan, con quién follan, cuánto follan. Nico Hines, como hombre cisgénero heterosexual, no se paró a pensar en ningún momento en las implicaciones que su texto podía tener hacia esos deportistas a los que había engañado vía Grindr. Porque a ningún hombre heterosexual le pegan palizas por ser heterosexual. A ningún hombre heterosexual lo tiran desde una azotea por ser heterosexual, lo apalean hasta matarlo o lo queman vivo.

Ahora lo único que nos queda es esperar que no haya consecuencias graves en las vidas de esos atletas, que The Daily Beast cargue con la vergüenza de haber publicado ese texto y que Nico Hines aprenda la lección. Y se quede en la calle.

La próxima vez que alguien te diga que ya no hace falta el día del Orgullo LGTB, piensa en Nico Hines y en lo bien que le habría ido conocer mejor la realidad del colectivo antes de atreverse a escribir una mierda como ésa.

P.D.: Te recomiendo encarecidamente que leas el artículo de Slate que ya he enlazado antes en el que de forma magistral plantean todo el problema y responden a las dudas que pueden surgir de un caso como éste.

Fuente EstoyBailando

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