Filantropía.

Lunes, 3 de marzo de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

philanthropia

Estamos acostumbrados a ver la amistad puramente como un fenómeno de intimidad, donde los amigos abren sus corazones sin tener en cuenta el mundo y sus exigencias. Rousseau y no Lessing es el mejor defensor de este punto de vista que concuerda tan bien con la actitud básica del individuo moderno, que debido a su alienación por el mundo sólo puede revelarse sinceramente en privado y en la intimidad de los encuentros cara a cara. Así nos es difícil de comprender la importancia política de la amistad. Cuando, por ejemplo, leemos en Aristóteles que la philia, la amistad entre ciudadanos, es una de las condiciones fundamentales del bienestar común, tendemos a creer que habla solamente de la ausencia de facciones y de guerra civil en el seno de la ciudad. Pero para los griegos, la esencia de la amistad consistía en el discurso. Sostenían que sólo un “hablar juntos” constante unía a los ciudadanos en un pulimento. Con el diálogo se manifiesta la importancia política de la amistad, y de su propia humanidad. El diálogo (a diferencia de las conversaciones íntimas donde las almas individuales hablan de sí mismas), aunque esté tan impregnado del placer de la presencia del amigo, se preocupa de la gente común, que permanece “inhumano” en cierto sentido muy literal, mientras los hombres no discutan de eso constantemente. Porque el mundo (gente) no es humano por haber sido hecho por los hombres, y no se vuelve humano porque la voz humana resuene allí, sino solamente cuando se hace objeto de diálogo. Como quiera que las cosas del mundo (gente) nos afecten intensamente, que puedan emocionarnos y estimularnos profundamente, no se vuelven humanas para nosotros más que en el momento en el que podemos debatir de eso con nuestros semejantes. Todo lo que no puede hacerse objeto de diálogo puede muy bien ser sublime, horrible o misterioso, incluso encontrar una voz humana a través de la cual resonar en el mundo, pero esto no es verdaderamente humano. Humanizamos lo que pasa en el mundo y en nosotros hablando de ello, y, en este hablar, aprendemos a ser humanos. Los griegos llamaban a esta humanidad que se realiza en las conversaciones de la amistad, philanthropia, “amor del hombre”, porque ella se manifiesta en una disposición que comparte el hombre con otros hombres.

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Hannah Arendt, Vies politiques, Gallimard

hannah-arendt

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

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