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“Y mirándole le amó”

domingo, 13 de octubre de 2024
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jovenRico

El Joven Rico

Rico y apuesto heredero,
alto de alcurnia y de talla,
se llega a Jesús pidiendo:
-Maestro bueno, ¿qué hace falta
para que la vida eterna
posea para mi alma?

-Los mandamientos conoces:
No toques mujer extraña,
no mates, hurtes ni engañes,
sea veraz tu palabra,
respeta de tus mayores
la dignidad de las canas…

-Maestro, todo he guardado.
Dime qué otra cosa falta.

Una muy simple: ve y vende
cuanto a la tierra te ata,
dalo a los pobres, que cubran
su miseria por tu gracia,
y echando tu cruz al hombro
ven a seguir mis pisadas.

Perdió el joven su apostura,
bajó al suelo su mirada
y se encaminó afligido
hacia sus riquezas vanas.

A Jesús le va corriendo
por la mejilla una lágrima
que a contraluz pareciera
de sangre tornasolada.

-¡Pudo y no quiso salvarse,
por su riqueza malvada!
¡Cuán difícil es que un rico
entre en mi eterna morada!
¡Un camello por el ojo
de una aguja, mal se pasa!

*

Santos García Rituerto

***

 

Yendo Jesús de camino, corriendo vino uno y se le inclinó, y le pidió diciendo:

Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le dijo:

Lee la Escritura ¿sabes lo que dice?…: No matarás, no adulterarás, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tus padres. Vete y cúmplelo.

Él replicó:

Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.

Y Jesús mirándole le amó, y le dijo:

Una cosa te falta: vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme.

Pero él, entristecido por esta palabra, suspirando profundamente se fue. Era muy rico

*

Marcos 10, 17 – 30

***

El miedo a Dios consiste en saber que las exigencias del Dios vivo son mortales, que su beso es mortal y que quien encuentra verdaderamente a Dios se ve llevado a morir a su propia historia, a su propio pasado, para entrar en un mundo desconocido. Y esto resulta difícil.

De ahí que la gran tentación sea defendernos del futuro de Dios, asegurarnos lo que ya somos, lo que ya poseemos. Usando una imagen bíblica, podríamos decir que la tentación del miedo se encuentra en la historia del joven rico, que experimenta angustia ante el futuro que el Señor le abre («vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres»), o sea, ante la posibilidad de que se libere de su propio pasado para ponerse de manera incondicional en manos del extraño que le invita, aunque Jesús le había mirado y amado. La primera gran escuela para aprender a orar es abrirse al coraje de la libertad, aceptando estar solos ante Dios, renunciando a toda coartada y a toda defensa. Es menester abrirse al coraje de la libertad en el amor.

*

B. Forte,
Nella memoria del Salvatore,
Milán 1992, pp. 242ss, passim).

***

***

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“El cambio fundamental”. 28 Tiempo Ordinario – B (Marcos 10,17-30)

domingo, 13 de octubre de 2024
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IMG_7688El cambio fundamental al que nos llama Jesús es claro. Dejar de ser unos egoístas que ven a los demás en función de sus propios intereses para atrevernos a iniciar una vida más fraterna y solidaria. Por eso, a un hombre rico que observa fielmente todos los preceptos de la ley, pero que vive encerrado en su propia riqueza, le falta algo esencial para ser discípulo suyo: compartir lo que tiene con los necesitados.

Hay algo muy claro en el evangelio de Jesús. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito o para lograr un bienestar personal, sino para hacernos hermanos. Si pudiéramos ver el proyecto de Dios con la transparencia con que lo ve Jesús y comprender con una sola mirada el fondo último de la existencia, nos daríamos cuenta de que lo único importante es crear fraternidad. El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados es «la única fuerza de crecimiento», lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad hacia su salvación.

El hombre más logrado no es, como a veces se piensa, aquel que consigue acumular más cantidad de dinero, sino quien sabe convivir mejor y de manera más fraterna. Por eso, cuando alguien renuncia poco a poco a la fraternidad y se va encerrando en sus propias riquezas e intereses, sin resolver el problema del amor, termina fracasando como hombre.

Aunque viva observando fielmente unas normas de conducta religiosa, al encontrarse con el evangelio descubrirá que en su vida no hay verdadera alegría, y se alejará del mensaje de Jesús con la misma tristeza que aquel hombre que «se marchó triste porque era muy rico».

Con frecuencia, los cristianos nos instalamos cómodamente en nuestra religión, sin reaccionar ante la llamada del evangelio y sin buscar ningún cambio decisivo en nuestra vida. Hemos «rebajado» el evangelio acomodándolo a nuestros intereses. Pero ya esa religión no puede ser fuente de alegría. Nos deja tristes y sin consuelo verdadero.

Ante el evangelio nos hemos de preguntar sinceramente si nuestra manera de ganar y de gastar el dinero es la propia de quien sabe compartir o la de quien busca solo acumular. Si no sabemos dar de lo nuestro al necesitado, algo esencial nos falta para vivir con alegría cristiana.

José Antonio Pagola

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“Vende lo que tienes y sígueme”. Domingo 13 de octubre de 2024. Domingo 28º ordinario

domingo, 13 de octubre de 2024
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55-ordinarioB28 cerezoDe Koinonia:

Sabiduría 7, 7-11: En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza.
Salmo responsorial: 89Sácianos de tu misericordia, Señor. Y toda nuestra vida será alegría.
Hebreos 4, 12-13: La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón.
Marcos 10, 17 – 30: Vende lo que tienes y sígueme.

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, expresa la preferencia de la Sabiduría frente a todos los bienes de la tierra. El sabio pone en la plegaria de Salomón la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales, supeditándolos todos al don de la sabiduría y la prudencia para el gobierno de su pueblo.

En el texto de la carta a los hebreos, el autor, al describir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, se hace eco de hondas raíces veterotestamentarias. En efecto, ya Isaías 42,9 había comparado la Palabra de Dios con la espada, y Jeremías la había presentado como una realidad operante por sí misma ( Jer 23,29).

La íntima acción salvadora de la Palabra en la persona oyente es descrita en el texto diciendo que es “penetrante… hasta el punto donde se dividen alma y espíritu”. Allí, en el santuario de la intimidad del corazón de la persona, de la comunidad oyente activa de esa voz salvadora que le muestra caminos de liberación, allí, donde reside la voluntad y la decisión de aceptarla o de rechazarla, donde anida lo más denso del ser humano: sus intereses, sus afectos, su libertad, es hasta donde la Palabra llega cuestionante, incisiva, liberadora, transformante. Por eso, el autor de la carta coloca intencionadamente las palabras “corazón, deseos, intenciones”, como abarcando en estas categorías la integralidad humana. Dios y su Palabra, “más íntimo que yo mismo” en expresión de San Agustín, conoce hasta los secretos más recónditos del corazón. El más absoluto misterio humano está patente ante sus ojos. Por eso, la Palabra es juez densamente imparcial, que conoce amando lo que ocurre en la conducta humana y en el corazón de hombres y mujeres.

La imagen del camino es central en el evangelio de Marcos (cf Mc 10, 17). Estamos ante el tema del seguimiento de Jesús. En ese sentido va la pregunta de aquel que únicamente Mateo llama “el joven rico” (19, 22); para Marcos (y Lucas) parece tratarse más bien de una persona mayor que pregunta: ¿cómo heredar la vida? (cf Mc 10,17). Jesús comienza por remitir a Dios; su bondad está al inicio de todo. Esto equivale a resumir la primera tabla de los mandamientos. En seguida enuncia explícitamente los correspondientes a la segunda tabla, con un añadido importante (que sólo se encuentra en Marcos): “no seas injusto” (v. 19). La frase es algo así como un sumario del listado que se recuerda. Se trata de la condición mínima que se plantea al creyente. Con sencillez el rico dice que todo eso lo ha observado (cf v. 20), no hay nada de arrogante en esta afirmación. Ésa era la convicción de los sabios de la época: la ley puede ser cumplida plenamente.

Pero seguir a Jesús es algo más exigente. Con afecto lo invita Jesús a ser uno de los suyos. No sólo debe abandonar la riqueza, hay que entregarla a los pobres, a los necesitados. Esto lo pondrá en condiciones de seguirlo (cf v. 21). No basta respetar la justicia en nuestras actitudes personales, hay que ir a la raíz del mal, al fundamento de la injusticia: el ansia de acumular riqueza. Pero, dejar sus posesiones, le resultó una exigencia muy dura al preguntante; como muchos de nosotros prefirió una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad (cf v. 22). «Creer sí, pero no tanto». Profesar la fe en Dios, aunque negándonos a poner en práctica su voluntad. Jesús aprovecha la ocasión para poner las cosas en claro con sus discípulos: el apego al dinero y al poder que él otorga es una dificultad mayor para entrar en el Reino (cf v. 23). La comparación que sigue es severa; algunos han querido suavizarla, pretendiendo -por ejemplo- que había en la ciudad unas puertas pequeñas llamadas “agujas”… y que bastaba entonces al camello agacharse para poder entrar por ese ojo de aguja…

Los discípulos, en cambio, entendieron bien el mensaje. El asunto se les presenta poco menos que imposible. Pasar por el ojo de una aguja significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas. No es fácil ni personalmente ni como Iglesia aceptar este planteamiento, siguiendo a los discípulos nos preguntamos -con pretendido realismo-: “entonces, ¿quién se podrá salvar?” (cf v. 26). El dinero da seguridad, nos permite ser eficaces, decimos. El Señor recuerda que nuestra capacidad de creer solamente en Dios es una gracia (cf v. 27).

Como comunidad de discípulos, como Iglesia, debemos renunciar a la seguridad que da el dinero y el poder. Eso es tener el “espíritu de sabiduría” (Sab 7,7), aceptar que ella sea nuestra luz (cf v. 10). A la sabiduría nos lleva la palabra de Dios, cuyo filo corta nuestras ataduras a todo prestigio mundano. Ante ella nada queda oculto, todas nuestras complicidades aparecen con claridad (cf Hb 4,12-13). Como creyentes, como Iglesia, ¿seremos capaces de pasar por el ojo de una aguja?

Una lectura ecológica del evangelio de hoy

El mundo, la humanidad, se encuentra hoy, también, ante el desafío de tener pasar «por el ojo de una aguja» si quiere conseguir… no ya la vida eterna celestial, sino simplemente la supervivencia terrestre.

Es un «ojo de aguja» nuevo. Nunca nos habíamos visto en esta situación. Siempre, desde siempre –es decir, desde que el homo et mulier sapientes aparecimos sobre esta tierra–, el ser humano percibió la tierra como ilimitada, inagotable, cuasi infinita, capaz de absorber impasible nuestro proyecto de desarrollo continuo, infinito.

Pero hace sólo cinco siglos (Magallanes, 1522) se dio cuenta de que la tierra no era una superficie plana infinita, sino una superficie esférica, cerrada sobre sí misma, y por tanto, limitada. Y ha sido sólo al final del pasado siglo XX cuando ha descubierto que su proyecto humano de desarrollo podría topar con los límites de la Tierra. Así lo proclamó proféticamente, en solitario, el famoso libro del Club de Roma «Los límites del crecimiento», de 1972, que no fue escuchado. Pero su profecía fue confirmada y ratificada al filo del cambio del siglo (1992, «Más allá de los límites del crecimiento»), al denunciar que estábamos en peligro de sobrepasarnos («overshot») más allá de la capacidad del planeta para absorber y regenerar los recursos que consumimos. Ese peligro ya se hizo realidad oficialmente el 23 de septiembre de 2008: los científicos que siguen el estado del Planeta, especialmente la Global Foot Print Network han hablado del «Día del sobrepasamiento», el «Earth Overshoot Day», día en el que calculan que hemos sobrepasado en un 30% su capacidad de reposición de los recursos necesarios para las demandas humanas. En este momento estamos necesitando más de una Tierra para atender a nuestra subsistencia…

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008 confirmó la denuncia, y, de otra manera y con otros datos, confirmó que si toda la humanidad adoptara un nivel de vida como el de EEUU o Europa, necesitaríamos 9 planetas (pág. 48 de la edición en español).

Despidámonos pues de la «vida eterna» para la Humanidad. El planeta seguirá, sí, pues ha pasado crisis semejantes, y aunque la vida terrestre sea diezmada, el planeta seguirá, pero seguirá… sin nosotros. Ésta en la que estamos ya hace tiempo es la «sexta extinción». La anterior, la quinta, hace 65 millones de años, por efecto de un meteorito según las actuales hipótesis, causó la desaparición de los dinosaurios. La sexta, la presente, actualmente en curso acelerado, está causada concretamente por una especie biológica que ha llegado a convertirse en fuerza geológica. Parece que va a ser una crisis profunda, que se llevará consigo a dos tercios de las especies actuales (entre ellas la causante). Nada de «vida eterna», pues, sino la condena a «una muerte anunciada», y con carácter de inminencia.

Pero… «sólo una cosa tienes que hacer si quieres todavía alcanzar»… una prolongación de la vida: abandona el «sistema» que te lleva a la muerte, centrado obsesivamente en el enriquecimiento material, ciego a los costes ecológicos, y pasa a adoptar un nuevo estilo de vida, un nuevo paradigma, una nueva forma de mirar al planeta, comprendiendo que eres Tierra y dependes de ella, y que en vez de vivir de espaldas a ella y en guerra contra ella, debes vivir en amistad y en relación cariñosa y simbiótica con ella.

Se ha dicho muy frecuentemente en los últimos tiempos que el cristianismo tenía, ha tenido un «punto ciego» en el aspecto ecológico, que todo nuestro patrimonio simbólico de los tres grandes monoteísmos está construido no sólo «de espaldas a la naturaleza» (nos consideramos no naturales sino sobrenaturales), sino en buena parte «contra la naturaleza», como sus dueños y dominadores, por derecho divino incluso… Afortunadamente, la encíclica del Papa Francisco, de este año, Laudato sii’, acaba de dar un buen paso en sentido contrario. No podemos borrar nuestra historia pasada, ni nuestra realidad actual, pero al menos acabamos de dar un primer signo de conversión desde la cúpula misma de la institución. Como dice la encíclica, no se trata sólo de cuidar la naturaleza, sino de toda otra forma de pensar, una nueva cultura, una revolución mental.

Y también una revolución teológica: la de dejar de pensar que la ecología no tiene que ver con la vida cristiana, ni con la vida espiritual… y pasar a pensar que respetar la vida, cultivarla, reverenciarla, sentirla como nuestra placenta, nuestro hogar, nuestra hermana madre Tierra… tiene que formar parte, por derecho propio, del hecho de ser cristiano, como forma parte del hecho de ser ser humano. Leer más…

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13.10.24 Ni al uno por cien de evangelio (Mc 10, 28-30, Dom 28 TO)

domingo, 13 de octubre de 2024
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IMG_7992Del blog de Xabier Pikaza:

Puede haber algo de cristianismo, pero cada vez que me asomo un poco más al NT veo menos evangelio.

Puedo tener una deformación semi-senil, pero cuando vuelvo a textos como este evangelio del domingo me embarga una inmensa melancolía. ¿Será tarde para empezar de verdad?  Siga leyendo lo de Jesús quien quiera. Lo mío no será necesario.

La primera iglesia de Jerusalén fue iglesia para morir: Vender los bienes, repartirlos entre todos y consumirlos, esperando la muerte (el Reino de Dios).

La iglesia clerical posterior ha sido también para morir: Obedecer a Dios y a sus ministros, sufrir lo necesario y esperar después el cielo. pues para el cielo hemos sido creados, si superamos el «trago» (cáliz) de este mundo.

Jesús nos dice hoy que vivamos para ganar (=dar y recibir) el ciento por uno en familia (amigos, parientes) y en bienes (casas, campos), aunque ello nos exija una gracia y esfuerzo especial (con persecuciones y dificultades).

A por ello, iglesia, de lo contrario te mueres (=estás muerta)

Texto 

  • Jesús les dijo. ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
  • Los discípulos se extrañaron de estas palabras.
  • Jesús añadió: «Hijos, ¡que difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.
  •  Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, quién puede salvarse?»
  • Jesús se les quedo mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
  • Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
  • Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más- casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna.»
  • Pedro se puso a decirle a JSÚS: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
  • Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más en casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna.»

 Advertencia 

Este pasaje ha inspirado de un modo especial a muchas comunidades particulares (religiosas, carismáticas, ministeriales…) que están siendo en este momento de sínodo «juzgadas con rigor» por el Vaticano (sin que quizá el Vaticano se dé cuenta de que se está juzgando a sí mismo).

Jesús aplica este pasaje/camino del ciento por uno a todos sus compañeros, amigos, seguidores  no a grupos  “particulares” (monasterios, cuadrillas, compañías, sodalicios,  «opus/obras» clericales o semi/clericales, que al cerrarse en grupos presuntamente pobres de profesionales de riqueza tienden a volverse ricos (=dominadores económicos-afectivos-ideológicos) de los otros, en contra del evangelio.

Este ha sido y sigue siendo el cáncer de una ideología «clerical» (de cleros/grupos) que, separándose de la «clase de tropa» para vivir en pretendida pobreza (=para servir a otros), terminan sirviéndose del evangelio para servirse a sí mismos.

Pedro dice que está dispuesto  

 Así se presenta ante Jesús como portavoz de aquellos que “han dejado todo y le han seguido”, es decir, de sus discípulos (cf. Mc 10, 23), distinguiéndose de aquel, de aquellos que se quedan con sus bienes egoísta y rechazan a Jesús.

 . El texto le presenta así como “discípulo ideal”, que lo ha dejado todo por obtener todo de un modo distinto, conforme al ideal de Jesús. ¿Es cierto que Pedro lo ha dejado todo? ¿Pedro es sólo el Papa o somos todos los cristianos?

 Respuesta de Jesús:

Quien haya dejado casa o hermanos o campos, por mí y por el evangelio… Casa y campo se vinculan, pues la propiedad agrícola, de la que se come, resulta inseparable de la casa, en la que se vive, siendo familia.   En un primer momento, Jesús había dicho al hombre rico que diera todos sus bienes a los pobres, no a los miembros de una comunidad. Pero aquí ese don de todo  a los pobres  se concreta y cumple en forma de una comunión mesiánica; Dar a los pobres significa dar todo a todos para compartirlo con ellos, obteniendo así obtener el ciento por uno, en casas/campos y familia.

Este pasaje incluye dos elementos (dar a los pobres siguiendo a Jesús y compartir en comunidad recuperando así el ciento por uno con los pobres, con todos).

Nos hallamos ante la misma dinámica que subyace en el “amor al enemigo” de Mt 5, 35-45. (a) Sólo allí donde se empieza amando de manera radical a los enemigos puede amarse de verdad a los amigos, amándonos odos (de Jn 13, 34). (b) Sólo allí donde se empieza dando a todos los pobres (Mc 10, 21) se podrá obtener y compartir el ciento por uno en la comunidad (Mc 10 30).

Se empieza así dando todo en gratuidad, pero no para perder lo que se tiene, sino para tenerlo de manera más intensa, y así multiplicarlo, creando un espacio en el que se logra y comparte el ciento por uno (como en las multiplicaciones, con grupos de cien o de cincuenta: Mc 6, 40). Esta multiplicación del ciento por uno no es sólo de panes y peces, como en las alimentaciones de Mc 6, 31-46; 8, 1-8 par., sino de hermanos/familia y casa/campos; ella define la nueva lógica de Jesús, en un mundo donde la vida no se entiende ya como dominio de unos sobre otros, sino como experiencia de riqueza compartida (que es propia de la Iglesia, pero que se abre a todos los necesitados) [1].

‒ Dejar casa (oikia) y familia (hermanos…). Se trata en el fondo de lo mismo, pues casa significa familia (con los diversos tipos de parientes) y vivienda con sus pertenencias (en especial los campos, que son bienes de producción y consumo). Dejar casa implica abandonar la estructura concreta de un tipo de familia, desde la perspectiva del varón patriarcal, en línea de dominio y separación frente a los de fuera.

Se trata, pues, de superar una economía doméstica de tipo particular donde cada familia (grupo, clase, nación) vive  para sí, en contra (o separada) de las otras, para crear una familia abierta de hermanos y hermanas (plano horizontal) y de madres, hijos (en línea vertical, sin la figura de un padre dominador que aquí desaparece). En ese contexto, los campos son expansión y entorno de la misma casa/familia, fuente de riqueza, de trabajo y alimento.

            Aquí no se dice ya sólo que se entreguen los bienes a los pobres en general, sino que, supuesto eso, tras haber dicho al rico que venda todo y lo regale sin más a los pobres, Jesús puede afirmar que los bienes, así vendidos/dejados pueden y deben compartirse “en familia”, en grupos comunitarios de madres/hermanos/hijos con casas y campos. De esa forma, el don anterior (darlo todo) se convierte en principio de multiplicación (ciento por uno) en un plano de vida familiar, trabajo y de comunicación de bienes.

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Salomón, el joven rico y los discípulos. Domingo XXVIII. Ciclo B.

domingo, 13 de octubre de 2024
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Joven-Rico-600x708Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas de este domingo enfrentan tres posturas: la de Salomón, que pone la sabiduría por encima del oro, la plata y las piedras preciosas; la del rico, que pone su riqueza por encima de Jesús; la de los discípulos, que renuncian a todo para seguirle.

  1. Salomón: la sabiduría vale más que el oro

            El libro de la Sabiduría se escribió en el siglo I a.C., probablemente en Alejandría, en griego (por eso los judíos no lo consideran inspirado). No sabemos quién lo escribió, pero el autor finge ser Salomón. Un recurso muy habitual en la época para dar mayor prestigio al libro. Recordaréis que Salomón, al comienzo de su reinado, tuvo un sueño en el que Dios le dijo que pidiese lo que quisiera. En vez de pedir oro, plata, la derrota de sus enemigos, etc., pidió sabiduría para gobernar al pueblo. Inspirándose en ese relato, el autor del libro de la Sabiduría pone estas palabras en boca del rey:

 Supliqué y se me concedió la prudencia,
invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos,
y en su comparación tuve en nada la riqueza;
no le equiparé la piedra más preciosa,
porque todo el oro a su lado es un poco de arena,
y, junto a ella, la plata vale lo que el barro;
la quise más que a la salud y la belleza
y me propuse tenerla por luz,
porque su resplandor no tiene ocaso.

Con ella me vinieron todos los bienes juntos,
en sus manos había riquezas incontables.

  1. El joven rico: la riqueza vale más que seguir a Jesús

El relato ofrece detalles curiosos, típicos de la forma de contar de Marcos. Se acerca uno «corriendo», «se arrodilla», lo llama «maestro bueno» (provocando cierto malestar en Jesús), formula su pregunta, Jesús «lo mira con cariño». Al final, el individuo «frunce el ceño» y se va triste. El protagonista, antes de formular su pregunta, pretende captarse la benevolencia de Jesús o, quizá también, justificar por qué acude a él: lo llama «maestro bueno», título que no se aplica en Israel a ningún maestro (Strack-Billerbeckx sólo recoge un ejemplo del siglo IV d.C.).

Cuando se puso en camino, llegó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:

            ‒ Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar vida eterna?

                Jesús le respondió:

            ‒ ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. Conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre.

                Él le contestó:

            ‒ Maestro, todo eso lo he cumplido desde la adolescencia.

                Jesús lo miró con cariño y le dijo:

            ‒ Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después vente conmigo.

                A estas palabras, el otro frunció el ceño y se marchó triste; pues era muy rico.

La pregunta

El problema que le angustia es «qué he de hacer para heredad vida eterna», algo fundamental para entender todo el pasaje. Lo que pretende el protagonista es, dicho con otra expresión judía de la época, «formar parte de la vida futura» o «del mundo futuro«; lo que muchos entre nosotros entienden por «salvarse«. Este deseo sitúa al protagonista en un ambiento distinto del normal: admite un mundo futuro, distinto del presente, mejor que éste, y desea participar en él. Por otra parte, su pregunta no es tan rara como podemos imaginar. Si nos preguntasen qué hay que hacer para «salvarse«, las respuestas es probable que variasen bastante. Una pregunta parecida le hicieron sus discípulos al rabí Eliezer (hacia el año 90) y les respondió: «Procu­raos la estima de vuestros vecinos; impedid que vuestros hijos lean la Escritura a la ligera y haced que se sienten entre las rodillas de los discípulos de los sabios; y, cuando oréis, sed conscientes de quién tenéis delante. Así conseguiréis la vida del mundo futuro«.

La respuesta de Jesús

            Jesús, antes de responder, aborda el saludo y da un toque de atención sobre el uso precipitado de las palabras. El único bueno es Dios. (Afortunadamente, por entonces no existía la Congregación para la Doctrina de la Fe, que lo habría condenado por error cristológico).

            Luego responde a la pregunta haciendo referencia a cinco mandamientos mosaicos, todos ellos de la segunda tabla, aunque cambiando el orden y añadiendo «no defraudarás», que no está en el decálogo.

            Lo curioso es que Jesús no dice nada de los mandamientos de la primera tabla, que podríamos considerar los más importantes: no tener otros dioses rivales de Dios, no pronunciar el nombre de Dios en falso y santificar el sábado. Para Jesús, de forma bastante escandalosa para nuestra sensibilidad, para «salvarse» basta portarse bien con el prójimo.

            Cuando el protagonista le responde que eso lo ha cumplido desde joven, Jesús lo mira con cariño y le propone algo nuevo: que deje de pensar en la otra vida y piense en esta vida, dándole un sentido nuevo. Ese sentido consistirá en seguir a Jesús, de forma real, física, pero antes es preciso que venda todo y lo dé a los pobres. El programa de Jesús se limita a tres verbos: vender, dar y seguir.

La reacción del rico

            Entonces es cuando el personaje frunce el ceño y se aleja, «pues era muy rico». Con esta actitud, no pierde la vida eterna (que depende de los mandamientos observados), pero sí pierde el seguir a Jesús, dar plenitud a su vida ahora, en la tierra.

            No es lo mismo salvarse que entrar en el reino de Dios

            Mientras el rico se aleja, Jesús completa su enseñanza sobre el peligro de la riqueza y el problema de los ricos.

Jesús miró en torno y dijo a sus discípulos:

            ‒ Qué difícil es que los ricos entren en el reino de Dios.

Los discípulos se asombraron de lo que decía. Pero Jesús insistió:

            ‒ ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios.

Ellos quedaron espantados y se decían:

            ‒ Entonces ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dice:

            ‒ Para los hombres es imposible, no para Dios; todo es posible para Dios.

            Las palabras «¡Qué difícil es que los ricos entren en el reino de Dios!» requieren una aclaración. Entrar en el reino de Dios no significa salvarse en la otra vida. Eso ya ha quedado claro que se consigue mediante la observancia de los mandamientos, sea uno rico o pobre. Entrar en el Reino de Dios significa entrar en la comunidad cristiana, comprometerse de forma seria y permanente con la persona de Jesús en esta vida.

            Ante el asombro de los discípulos, Jesús repite su enseñanza añadiendo la famosa comparación del camello por el ojo de la aguja. Ya en la alta Edad Media comenzó a interpretarse el ojo de la aguja como una puerta pequeña que habría en la muralla de Jerusalén; pero esa puerta nunca ha existido y la explicación sólo pretende suavizar las palabras de Jesús de manera un tanto ridícula. Jesús expresa con imaginación oriental la dificultad de que un rico entre en la comunidad cristiana.

¿Por qué se espantan los discípulos? Su reacción podemos interpretarla de dos formas: 1) ¿quién puede salvarse?; 2) ¿cómo vamos a subsistir?

En el primer caso, los discípulos refle­jarían la mentalidad de que la riqueza es una bendición de Dios; si los ricos no se salvan, ¿quién podrá salvarse?

En el segundo caso, los discípulos pensarían que la comunidad no puede subsis­tir si no entran ricos en ella que pongan sus bienes a disposi­ción de todos.

            En cualquier hipótesis, la respuesta de Jesús (“para Dios todo es posible”) da por terminado el tema.

  1. Los discípulos: Jesús vale más que todo

Pedro entonces le dijo:

            ‒ Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido.

Contestó Jesús:

            ‒ Todo el que deje casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o campos por mí y por la buena noticia ha de recibir en esta vida cien veces más en casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y campos, con persecuciones, y en el mundo futuro vida eterna.

La intervención de Pedro no empalma con lo anterior, sino que contrasta la actitud de los discípulos con la del rico: «nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido». Ahora quiere saber qué les tocará.

            La respuesta de Jesús enumera siete objetos de renuncia, como símbolo de renuncia total: casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, campos. Todo ello tendrá su recompensa en esta vida (cien veces más en todo lo anterior, menos en padres) y, en la otra, vida eterna. Pero, al hablar de la recompensa en esta vida, Mc añade «con persecuciones».

            Decía Salomón que, con la sabiduría “me vinieron todos los bienes juntos”. A los discípulos, la abundancia de bienes se la proporciona el seguimiento de Jesús.

Reflexión y advertencia

            Este pasaje del evangelio sólo tiene en cuenta dos posturas extremas: la del rico que conserva sus bienes y no sigue a Jesús, y la de los discípulos que lo siguen renunciando a todo. ¿No cabe un término medio? Otros relatos evangélicos y las cartas del Nuevo Testamento dejan claro que sí. Marta, María, Lázaro, José de Arimatea, Nicodemo… forman parte de la comunidad cristiana sin renunciar a todos sus bienes ni seguir a Jesús físicamente. Sin embargo, el evangelio de este domingo no pretende ofrecer ese término medio, sino animar al seguimiento de Jesús renunciando a todo

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Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario. 13 de octubre de 2024

domingo, 13 de octubre de 2024
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A estas palabras, él frunció el ceño, y se marchó pesaroso, porque era muy rico.”

(Mc 10, 17-30)

“¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Esta es la inquietud de este personaje que se acerca corriendo a Jesús. Tiene prisa y también mucha seguridad en sí mismo.

Sabe lo que quiere. Lo ha sabido siempre. Cuenta en su haber con grandes fortunas: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.”

Parece que no se ha acercado a Jesús para encontrarse con alguien sino para ser “reconocido”, para que se reconozca su bien hacer.

Sí, debía de ser muy rico, tanto que esperaba también heredar la vida eterna o quizá incluso pensaba que ya había hecho lo suficiente para recibirla. Como un niño cuando acaba lo deberes y viene corriendo a enseñártelos para que le dejes ir a jugar. Pero Jesús no lo felicita por todo lo que ha hecho sino que le dice: “Una cosa te falta.”

Parece que el Reino tiene poco que ver con las seguridades. A Dios no le impresiona nuestra larga lista de méritos y renuncias. Tampoco las riquezas.

Por lo visto espera que nos acerquemos a Él con las manos vacías, con todo perdido y los zapatos gastados.

Parece que solo consigue vernos bien cuando no tenemos nada que mostrale, cuando estamos desnudas y vacías.

Ahí sí, nos ve y nos mira como a hijas amadas suyas. Mientras tanto no deja de mirarnos con cariño y compasión.

No deja de recordarnos que nos falta una cosa: dejar todo lo que nos sobra. Y nos ve marchar una y otra vez con el ceño fruncido y pesarosas. Dobladas bajo el peso de nuestras riquezas, de nuestros derechos y méritos.

¿Cómo podrás llenarnos sino queda sitio?

Oración

No dejes de mirarnos con cariño, sobre todo cuando nos alejamos pesarosas. Solo el cariño de tu mirada nos puede transformar.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa 

***

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No se trata de renunciar a algo sino de elegir lo mejor.

domingo, 13 de octubre de 2024
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cristoy-jovenDOMINGO 28º (B)

Mc 10,17-30

Es un episodio entrañable, pero es muy ambiguo en la redacción y desconcertante en el desenlace. El hombre rico no se decide a dar el paso. Aunque lo verdaderamente importante es el motivo por el que se niega a seguir a Jesús: las riquezas. Para los judíos, las riquezas habían sido siempre signo de la bendición de Dios. Jesús no puede arremeter contra ellas y hacernos ver que son la causa de todos los males. Sabemos que fue un tema muy discutido entre los primeros cristianos. El relato nos deja ya una muestra de esta controversia.

El llegar corriendo indica gran interés y una urgente necesidad. El joven era rico, pero no las tenía todas consigo. Sin duda, el rico esperaba de Jesús algún precepto aún más difícil que los de Moisés, que estaría dispuesto a cumplir. Jesús no añade más preceptos sino una propuesta original. En vez de seguridades, confianza sin límites. En vez de cumplimiento de la Ley, seguimiento. Jesús sube a Jerusalén, va a la muerte. Seguir a Jesús supone estar dispuesto al fracaso. El arrodillarse es un signo exagerado de respeto y admiración.

Heredar vida definitiva”. No está nada claro el sentido de esa expresión. El texto dice “zoe aionion” que una expresión muy ambigua. Al traducirla la Vulgata por ‘vida eterna’ condicionó su sentido durante demasiado tiempo. En tiempo de Jesús, significaba garantizar una existencia feliz más allá de la muerte. El rico ya tenía garantizada la existencia feliz en el más acá. Lo que busca en Jesús es asegurar la misma felicidad, o mayor, para el más allá.

Los mandamientos que Jesús le recuerda son los de la segunda tabla, es decir los que se refieren al prójimo, no los que se refieren directamente a Dios. Esta enseñanza es original y exclusiva de Jesús. Para cualquier judío, los más importantes eran los de la primera tabla que se refieren a Dios. Está clara la intención de hacernos pensar en una nueva religiosidad. La verdadera humanidad se manifiesta en la relación con los demás, no con Dios.

¿Por qué me llamas ‘bueno’? El texto griego dice “agazos” no “kalos” que él mismo se aplica. Jesús revela dónde está la verdadera pobreza. Él se siente vacío hasta de la misma bondad. El hombre ni es nada ni tiene nada, porque ni siquiera hay un sujeto (ego) capaz de ser o tener. Es difícil no dejarse atrapar por las riquezas, pero es mucho más difícil superar el sentimiento de superioridad. Lo nefasto será creerme bueno y con derechos ante Dios.

Una cosa te falta. Jesús no da importancia al cumplimiento de la Ley. Lo que le falta no es vender lo que tiene sino seguirle. El desprenderse de todo es una exigencia del seguimiento. Para ‘heredar la vida’ basta cumplir la Ley; para entrar en el Reino hay que preocuparse de los demás. No está claro a qué se refiere Jesús. El joven le pregunta por una vida para el más allá y el texto sugiere que le responde con una invitación a seguir a Jesús en el más acá.

¡Qué difícil será entrar en el Reino al que pone su confianza en las riquezas! Las riquezas en sí ni son buenas ni son malas. Es absurdo pesar que Dios prefiere que pasemos necesidades. El apego a las posesiones sin tener en cuenta al pobre, o peor aún a costa de él, es lo que impide al hombre alcanzar una meta humana. El desenlace es triste, pero el comentario que hace Jesús es más desolador. Los discípulos quedan hundidos en la miseria.

Entonces, ¿quién podrá ‘salvarse’? Los discípulos siguen pensando que es imposible subsistir sin seguridades. La pregunta no se refiere a quién podrá salvarse en el más allá, con la salvación tal como la entendemos hoy (cielo), sino quién podrá mantener una vida verdaderamente humana, si se desprende de todo lo que tiene y no asegura su futuro. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, “para los hombres, imposible, no para Dios”.

Estamos ante uno de los textos más difíciles de comprender de todo el evangelio. Llevamos veinte siglos dando tumbos entre la demagogia barata y el espiritualismo tranquilizador pero estéril. No podemos sacar una norma general de una propuesta individual. Si vende los bienes, se supone que tiene que haber un comprador, que estará, de entrada, condenado. Jesús no puede dar una norma, que, para poder cumplirla, exige que otro no la cumpla. La propuesta de Jesús es la total superación del hedonismo, es decir, satisfacción y seguridades.

Buscar la propia salvación individual aquí abajo, o en el más allá, es la mejor señal de no haber superado el “ego”. El objetivo último de todo ser humano es la entrega incondicional al servicio del otro. El apego a las riquezas nace siempre del falso yo. Mientras exista la preocupación por uno mismo, no puede alcanzarse la meta. El obstáculo no son las riquezas sino la existencia del yo que me lleva a buscar seguridades para el más acá o para el más allá.

Pensar que el rico está condenado y el pobre está salvado es demagogia. El hecho de tener, o no tener bienes materiales, no es lo significativo. El que no tiene nada puede estar más apegado a los bienes que ambiciona, que el rico a lo que posee. Lo difícil es mantener un equilibrio que nos permita vivir humanamente y no nos impida darnos al otro. Tanto el pobre como el rico tendrán que dar un paso para entrar en la dinámica del evangelio.

Otra trampa es creer que el evangelio propone solo la pobreza de espíritu. Según esto, no importa lo que hayas acumulado, con tal de que tengas “espíritu cristiano”, lleves una vida “religiosa” y seas capaz de dar limosna y hacer “obras de caridad”. La Iglesia como institución ha caído en esta trampa. Bajo el pretexto de tener para dárselo a los pobres, no le ha importado acumular riquezas. La Iglesia tiene que ser pobre y renunciar a las seguridades.

El relato tampoco ofrece un cristianismo a dos velocidades. Los ‘consejos evangélicos’ serían un plus voluntario para los más decididos. Esto ha hecho mucho daño, porque ha dado motivo a la mayoría de cristianos para pensar que lo que dice el evangelio no va con ellos. Ha hecho daño también a los que optan por la vida religiosa, porque les ha hecho creer que son los perfectos y con más derechos ante Dios porque han renunciado a las posesiones materiales.

El fariseísmo que seguimos manteniendo en este tema es desconcertante. Seguimos buscando mil escusas para no vernos obligados a entrar en la dinámica del evangelio. Incluso cuando renunciamos al consumo o a las seguridades terrenas lo hacemos esperando que me lo paguen con creces en el más allá. Es un hecho que muchos de los puestos de la jerarquía se buscan expresamente para medrar y tener más dinero, más seguridades y más poder.

La propuesta de Jesús no conlleva ninguna renuncia. Si, al llevarla a la práctica, tenemos la sensación de perder algo, es que no hemos comprendido nada. Se trata de elegir el camino que me lleve a la plenitud de humanidad. Como seres limitados, elegir un camino lleva consigo el renunciar a otro. En contra del sentir común, el renunciar a tener más no es de tontos, sino de personas muy despiertas. La sabiduría consistiría en la libertad de elección

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La cultura de la pobreza.

domingo, 13 de octubre de 2024
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jesus-e-o-jovem-ricoMc 10, 17-30

«Abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes»

Permítanme una versión libre del diálogo de hoy: «Maestro, siempre he guardado los mandamientos, pero ¿hay más?» … «Claro que hay más; muchísimo más, pero con esa enorme mochila que llevas a cuestas no vas a poder seguir mi paso. Deshazte de ella, vente con nosotros y verás lo que es bueno»

En esta sencilla escena encontramos varios temas que pueden interpelarnos; por ejemplo: ¿Qué significa para mí, aquí y ahora, «vende cuanto tienes y dalo a los pobres?» … ¿Viajo por la vida ligero de equipaje; libre para ir a donde me marque mi conciencia, o abrumado y aplastado por una enorme mochila que me impide caminar? … ¿Hasta qué punto mi riqueza –o mi anhelo de ella– me entorpece el camino para el seguimiento de Jesús?…

Y esto a nivel individual, pero también es aplicable a nivel colectivo. Nuestra sociedad es rica –opulenta comparada con la que describe el evangelio–, y esta riqueza nos ha hecho tan duros de corazón, tan inhumanos, que nos parece natural la desigualdad trágica que existe en el mundo, o la explotación de los míseros, o nuestra oposición radical a socorrer a quienes llaman a nuestra puerta, o la destrucción de nuestro hábitat condenando a los que vengan detrás a una vida que nada tenga que ver con la nuestra…

Es cierto que la cultura de la riqueza nos proporciona bienestar y confort a quienes la disfrutamos, y eso es bueno, pero cuando uno se percata de las calamidades que provoca, no tiene por menos que recordar la expresión de Jesús: «Bienaventurados los pobres» … Mateo nos habla de “pobres de espíritu”, y a esa coletilla nos aferramos los ricos para justificar nuestra riqueza, pero Lucas nos habla de “pobres”, sin más, y esa radicalidad está mucho más en consonancia con otras expresiones de Jesús… «Ni aunque resucite un muerto…», le dice a Epulón.

Fiel al evangelio, Ignacio Ellacuría, jesuita asesinado en El Salvador, propugnaba una civilización asentada en la cultura de la pobreza”. En esa misma línea, Jon Sobrino, compañero de Ellacuría, se expresaba así en una charla que dio en Pamplona hace ya mucho tiempo:

«Durante muchos años nos han dicho que lo que nos iba a salvar era la riqueza y la abundancia, pero eso no nos ha salvado. Por una parte no ha resuelto el problema de la vida. A una gran parte de la humanidad le cuesta sobrevivir; no da por supuesta la vida; su mayor problema es mantenerse vivos cada día. Por otra parte no ha civilizado, es decir, no ha humanizado ni a los del Norte ni a los del Sur».

Sobrino terminó diciendo que como la expresión de Ellacuría –cultura de la pobreza–es muy dura y puede ser malinterpretada, podríamos plantearla en términos más templados: «Debemos caminar hacia la civilización de la austeridad compartida»

Y esto es mucho más que una bonita frase; es probablemente la única salida que tiene el mundo para evitar el desastre al que lo está abocando irremisiblemente nuestra cultura de la riqueza.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

 

Fuente Fe Adulta

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Vende lo que tienes y sígueme. Y se marchó entristecido porque era muy rico.

domingo, 13 de octubre de 2024
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IMG_7691DOMINGO 28º T.O. (B)

(Mc 10, 17-30)

La pobreza en cuanto carencia de lo más básico para vivir es una desgracia. Los responsables de los estados, los organismos, las instituciones tienen la obligación de eliminar la pobreza en todas sus dimensiones. La existencia de los pobres, si recordamos el Deuteronomio (15,7-9.11), es un hecho escandaloso. No obstante, todo el evangelio está lleno de denuncias y críticas de quienes provocan la pobreza. Y así seguimos en el siglo XXI.

Jesús nos advierte contra la servidumbre de la riqueza: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13), “El que amasa riquezas para sí no es rico ante Dios” (Lc 12,21) ya que ésta conlleva muchos peligros: “Es difícil que un rico entre en el reino de los cielos” (Mt 19,23). El hambre debe combatirse como un mal. No hay derecho que los/as pobres sean ignorados, explotados, maltratados, despreciados. La pobreza, secularmente, tiene rostro de mujer. Actualmente la brecha entre ricos y pobres se ha incrementado con respecto al siglo pasado. Los ricos viven a costa de los pobres. (Los datos, muy numerosos, se pueden verificar en internet).

No obstante, la desigualdad extrema no es inevitable, hay suficientes recursos para todos; es una cuestión de voluntad política de los gobiernos. Por otra parte, el hambre es ocasión de manifestar la misericordia de Dios y la justicia de los/as profetas. Dios ama a los pobres y los saciará. Es su esperanza. Asimismo, concita la solidaridad de quienes luchan contra ella.

Cristo se identificó con los pobres y proclamó bienaventurada a la pobreza (Mt 5,3) (Lc 6,20) como disponibilidad total para con Dios y los hermanos/as, basada en la entrega, en la comunicación cristiana de bienes, en la generosidad. Además, es indicativo de una vida sencilla, exenta de codicia, ambición, egoísmo, pero también la ausencia de riquezas aligera la conciencia del peso de las preocupaciones/tentaciones que nos pueden desviar de nuestra opción fundamental. La Palabra de Dios es una espada cortante, categórica, que inquieta la cómoda seguridad de nuestras conciencias conformistas, resignadas, adormecidas, indiferentes.

En el evangelio de hoy, Jesús, camino de Jerusalén, sigue enseñando a sus discípulos/as. Se le acerca un joven a preguntarle qué hacer para heredar la vida eterna. Y habla de la riqueza. Nos habla. Por tres veces en el texto, se destaca la mirada de Jesús. Nos mira. Y nos dice: “Sígueme”. Pero para llegar al compromiso del seguimiento hay que liberarse de las riquezas, de la seducción o el señuelo consumista del tipo que sea, que son un obstáculo que dificulta gravemente la relación con Dios y con los hermanos.

El joven se entristeció porque era muy rico”. La tristeza como compañera de camino de quien se empeña en pasar por encima de los demás, en no seguir la voz de Dios que grita en el corazón de nuestra conciencia, ésa que va a contracorriente de lo establecido. La tristeza como compañera inseparable de las sociedades que se constituyen alrededor del tener, del poder, del aparentar, de la mentira, de la ambición, de la violencia de cualquier tipo. Y en ellas, paradójicamente, la presencia también de seguidores/as que responden con valentía, con decisión, rompiendo moldes y obstáculos que hacen renacer la verdad, el amor, la justicia, la paz, la esperanza. La verdadera riqueza está en el seguimiento de Jesús, en vivir gozosamente la fraternidad-sororidad. Y eso solo se puede entender desde la gratuidad para así, caminar juntos.

El hombre trata de reafirmarse en su ego, en su falso “yo” identificándose con las riquezas materiales, psíquicas, buscando en lo externo el sentido de su ser [1]. Ese rico es al que se refiere Jesús: “Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”. De lo que se nos habla es de que el alma, mi “yo” original, ha de saber liberarse de los apegos, de las dependencias para que, al fin libre de engaños y artificios, del yo soy esto, yo soy más… o yo soy menos…, yo tengo tal título, yo poseo mejores creencias, yo no necesito a nadie…, encuentre su verdadero Ser. Solamente los que son “como niños”, el hombre y la mujer natural, esencialmente buenos pueden acceder y saborear esa Verdad. El alma que se abandona en Dios se fía de Él, acepta su voluntad en cada instante, se deja llevar sin preguntar a dónde ni por qué…, “porque quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta.”

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

[1] Esperanza Borús, Luminarias y asombros, Ed. Visión Libros, 2012.

Fuente Fe Adulta

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Bondad.

domingo, 13 de octubre de 2024
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IMG_7929Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario

13 octubre 2024

Mc 10, 17-30

Quien hace una lectura mítica de la divinidad de Jesús tiene dificultad para encajar que este rechace el calificativo “bueno”, afirmando que debe reservarse únicamente a Dios: «Solo Dios es bueno».

El cristiano teísta, para quien Jesús es Dios mismo, únicamente puede explicárselo como muestra de la humildad de Jesús, que no quiere apropiarse elogios, pero sigue sin entender su respuesta. Porque, ciertamente, dentro de ese paradigma, la respuesta no se sostiene.

Sin embargo, una vez superado el paradigma teísta, que piensa a Dios como un ser separado, se advierte la sabiduría que aquellas palabras encierran. “No hay nadie bueno”, afirma Jesús. Y tiene razón: porque la bondad -como todas las realidades transcendentales o transpersonales: vida, amor, alegría, paz…- no tiene nunca un sujeto personal. Se trata de realidades que trascienden el yo, no cualidades que lo adornaran.

La Bondad, sencillamente, es. Y en la medida en que vivimos anclados en nuestra identidad profunda, podrá fluir a través de nosotros. Incluso en un lenguaje coloquial, podremos decir de una persona que “es buena”. Con todo, la trampa en la que se suele caer es la apropiación, por la que alguien se considera a sí mismo sujeto de la bondad. Esa es precisamente la trampa que denuncia las palabras de Jesús: “no hay nadie bueno”…, aunque Bondad es lo que somos en nuestra verdadera identidad.

Veámoslo con otra expresión. El cuarto evangelio pone en boca de Jesús la expresión: “Yo soy la vida”. Pues bien, en la línea de lo que vengo diciendo, el sujeto de esa frase no es el carpintero de Galilea, sino la Vida misma -realidad transpersonal- que se expresa por su boca. Bondad, Vida, Verdad, Amor…: todas las palabras que podemos escribir con mayúscula apuntan a realidades transpersonales, cuyo sujeto nunca es el yo particular, sino el Fondo mismo y último de lo real.

La Vida, como la Bondad, es. Y podemos reconocerla como nuestra identidad profunda. Pero si hay comprensión, no habrá nunca apropiación. Y podrán expresarse en nosotros de manera limpia y gratuita, tanto más cuanto, desidentificados del yo, más vivamos anclados en la consciencia de lo que somos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El dinero nos hace más «lucidos», pero no más «lúcidos»

domingo, 13 de octubre de 2024
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IMG_7689Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

Homilía Domingo XXVIII per annum

01.- Saber vivir (sabiduría)

        Saber vivir es un “arte”, requiere sabiduría.

        Comúnmente solemos pensar que para saber vivir hay que ser rico, por eso ponemos nuestra confianza en el dinero; para vivir bien necesitamos mucho dinero, muchas cosas, cuanto más tengamos mejor vida llevaremos…

        ¿Esto es así?

        La Sabiduría del que escribió este libro y la sabiduría de toda persona sensata no confiaban en el dinero. La sabiduría, el saber vivir no sigue el camino de la riqueza. Todo el oro del mundo a su lado, al lado de la sabiduría, es un poco de arena, (1ª lectura).

        Nosotros ponemos el dinero como base del bienestar, de la felicidad, de los valores.  Pensamos que con el dinero nos viene la buena vida. Sin embargo podemos tener mucho y no ser nada. Hoy en día entre nosotros tenemos mucho más de lo que tenían nuestros mayores. Recordemos la larga y dura postguerra española. ¿No fuimos también felices en aquellos de escasez y pobreza? ¿No hemos sido felices en momentos en los que no hemos tenido bienes, dinero?

Ciertamente hoy tenemos mucho más que las generaciones anteriores, pero ¿”somos más”? ¿Somos más honrados, más felices, más libres de lo fueron nuestros mayores?

Del tener no viene el ser.

02.- No vamos a discutir mucho.

La cuestión de la pobreza crea enseguida un cierto escozor y discusión, pero no vamos a discutir sobre la riqueza / pobreza, porque es una discusión estéril.

El centro de la cuestión creo que es: ¿En dónde pongo yo mi confianza?

Una oración, un salmo del Antiguo Testamento pensaba y oraba así:

Unos confían en sus carros de guerra

y otros confían en sus caballos,

pero nosotros confiamos  en el Señor nuestro Dios.

(Salmo 20)

        Quizás nosotros diríamos: unos confían en la cuenta corriente, en el prestigio social, quizás en un buen puesto social, religioso

Sin embargo el asunto es. ¿Dónde, en quién confío yo en la vida -¡y en la muerte!-?

La pobreza es una actitud profunda de confianza y descanso en Dios. Esta es una vivencia, una experiencia que se tienen en el fondo de la vida, del ser.

La pobreza, como la libertad, como el celibato, como la fidelidad matrimonial son cuestiones radicales (de raíz), por las que uno opta lleno de confianza y de buena voluntad.

Evidentemente que la pobreza no significa miseria, como tampoco el celibato significa negación o represión de la afectividad-sexualidad.

Decía San Benito a sus monjes que la comida no tiene que ser obsesión ni por exceso, ni por defecto. Podríamos aplicar el consejo al dinero. El dinero no ha de ser una obsesión en la vida, porque el peligro es que el dinero como el placer nunca son suficientes.

La pobreza es la actitud de poner nuestra confianza en Dios.

El rico es quien pone su confianza en el dinero. Pobre (libremente elegido) se es cuando uno confía en Dios.

Para caer en cuenta de esto no hay que “salir fuera de nosotros mismos”. Si nos adentramos en nuestra propia vida, en nuestros recorridos y vivencias podremos caer en cuenta de que vida y dinero no van de la mano, felicidad y riqueza no se identifican.

Estas cosas no se discuten se meditan y se optan.

Saber vivir, la sabiduría, consiste en confiar en Dios, no en el dinero, porque el ser humano no se salva a sí mismo: los grandes problemas de la vida y de la muerte no se resuelven en la Kutxa, ni en el supermercado, ni en la ciencia.

(Entre paréntesis recordemos lo que decía el papa Francisco: “nunca se ha visto un camión de mudanzas de detrás de un coche fúnebre”. Y es que la mortaja no tiene bolsillos).

03.- Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres … Luego ven y sígueme. v 21.

Jesús le mira a aquel muchacho con cariño.

Son muy humanas las miradas de Jesús a Dios Padre, a Zaqueo, a Pedro, a la mujer adúltera, la mirada al ladrón en la cruz, la mirada al mismo Judas…

Jesús le mira y le muestra su afecto a aquel joven llamándole a la pobreza y a la generosidad. Le miró con cariño.

¿Me dejo mirar por el Señor?

El cumplimiento de unos mandamientos no basta para crear personas. Nosotros pensamos que, como religiosos que somos, ya cumplimos con todos los mandamientos y así Dios nos va a dar un premio en la “tómbola”  del cielo.

Probablemente se puede ser rico y religioso, pero el bienaventurados los pobres no nos va a venir la riqueza. Seremos bienaventurados y felices por la confianza en JesuCristo, no por el dinero que tengamos en el banco.

04.- Pobreza y libertad.

La pobreza es valiosa porque crea libertad.

Es una cuestión “semejante” al celibato: la única justificación válida del celibato es que crea “espacios personales” de libertad para  poder dedicarlos al ministerio eclesial o a lo que uno considere “utópico”. Ello no significa, ni mucho menos, que no puedan darse ministerios casados en la iglesia.

        La pobreza crea libertad: no dependo “esclavamente” del dinero, mi dios no es el dinero

La pobreza construye bien la vida: es reconocer que el dinero no es el dios de mi vida, es una libertad ante los bienes, una solidaridad con nuestros hermanos sobre todo con los más pobres, un respeto a la creación en una civilización neurótica por consumir. (Hoy en día ser pobres, libremente pobres, es una terapia no para ser buenos, sino para no terminar siendo unos paranoicos del consumo).

06.- Los pobres.

        Sería deshonesto no ser conscientes de los pobres de este mundo.        Si queremos saber qué cristianos somos, miremos nuestra relación con los más pobres y débiles de la sociedad. El “test” del cristiano es el pobre.

Vende lo que tienes y dalo a los pobres. Vende o regala lo que tienes a los pobres. La ayuda, la solidaridad, la limosna son valores humanos y cristianos que crean vida. La limosna perdona nuestro pecado.

La limosna es una manera de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un modo de liberarse del apego al dinero.

07.- ¿Si somos ricos, nos salvamos?

¡Qué difícil es que los ricos puedan entrar en el Reino de Dios! ¡Más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios!

        Solemos pensar que lo de “entrar en el Reino de los cielos” es como si nos diesen una entrada para Disneylandia o cosa parecida.

        No es esa la cuestión.

La cuestión es tener vida, ser libres y felices ya aquí: en esta vida y en la otra.

Por lo demás, nos salvamos todos porque para Dios no hay nada imposible, y menos mal, (Lc 1,37).

        Anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres.

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“Vivir un seguimiento fiel a los valores del reino”, por Consuelo Vélez

domingo, 13 de octubre de 2024
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De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario 13-10-2024

Hay cristianos apegados al cumplimiento de los mandamientos, pero incapaces de entender la novedad del reino que siempre pone al ser humano por encima de la norma

Lo que Jesús expresa es la propuesta contracultural que significa el reinado de Dios. Ya no son bendición los muchos bienes sino la solidaridad y la preocupación efectiva por los pobres

El evangelio invita a vivir el seguimiento en fidelidad a los valores del reino, sin pretender domesticarlos o acomodarlos a lo establecido

Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó:

– Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?

Jesús le dijo:

+ ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.

Él, entonces, le dijo:

– Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.

Jesús fijando en él su mirada, le amó y le dijo:

Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.

Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús mirando a su alrededor, dice a sus discípulos:

¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!

Los discípulos quedaron sorprendidos al oír estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo:

Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios.

Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: y, ¿quién se podrá salvar?

Jesús, mirándolos fijamente dice:

Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.

Pedro se puso a decirle:

– Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús dijo:

Yo les aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno; ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones y en el mundo venidero, vida eterna.

(Mc 10, 17-30)

El evangelio de hoy es bastante conocido. Se refiere al hombre rico que se acerca a Jesús para preguntarle qué ha de hacer para tener en herencia la vida eterna y a los discípulos que, efectivamente, están siguiendo a Jesús, es decir, en contraste con este hombre. Anotemos algunos detalles de cada parte del texto.

Esta parábola se le conoce como la del joven rico, pero, en realidad, los textos no hablan de un joven sino de un hombre que ha cumplido desde su juventud los mandamientos. Es interesante que el diálogo ocurre en el camino. El seguimiento es caminar con Jesús, es seguirlo por su misma senda. El hombre se arrodilla y le llama maestro bueno. Estos signos manifiestan el reconocimiento que este personaje hace de Jesús. Pero no basta reconocer a Jesús, lo importante será asumir su mismo camino. Y precisamente esto es lo que no hará el hombre rico. Según la conversación, él cumple los mandamientos, pero ante la propuesta de Jesús de vender sus bienes para dárselos a los pobres, la buena disposición que manifestaba al inicio del encuentro, termina porque, como dice el texto, tenía muchos bienes.

Es importante caer en cuenta de que la propuesta de Jesús es totalmente contracultural. Para el pueblo judío, tener bienes era señal de bendición de Dios. Y, justamente, Jesús le propone ir en contra de esa bendición. La motivación de Jesús es clara: el reino de Dios que anuncia no admite ninguna exclusión y por eso, entrar al reino, implica entrar con los otros, comenzando con los más pobres. El hombre rico no logro hacer este cambio. La propuesta contradecía lo que él, como buen judío, había vivido siempre. La mirada afectuosa de Jesús no logra tampoco cambiar la actitud del rico y, como dice el texto, se va abatido o entristecido. Y Jesús afirma la dificultad para entrar al reino de Dios cuando se tienen muchos bienes.

No está lejos esta historia de la de tantos que queriendo ser buenos cristianos, preguntando cómo ser mejores cristianos quedan decepcionados por las respuestas que reciben que no van en la lógica que ellos han construido y no logran dar el paso por mucho que se les explique. Hay cristianos apegados al cumplimiento de los mandamientos, pero incapaces de entender la novedad del reino que siempre pone al ser humano por encima de la norma y trabaja por la inclusión de todos con lo que eso supone de desprendimiento y compartir de bienes.

Después de este relato se da el diálogo entre Jesús y sus discípulos quienes han sido testigos de lo que sucedió. Según el texto, Jesús miró al hombre rico. Ahora mira a su alrededor donde están sus discípulos y afirma la dificultad para que los ricos entren al reino. No es de extrañar que los discípulos queden sorprendidos y Jesús les continúa explicando con el ejemplo de la dificultad de un camello para pasar por el ojo de una aguja. Sobre este tema se dan diversas interpretaciones de si el camello es una soga gruesa y la aguja una puerta. Eso no es lo importante. Lo que Jesús expresa es la propuesta contracultural que significa el reinado de Dios. Ya no son bendición los muchos bienes sino la solidaridad y la preocupación efectiva por los pobres. Y aunque esto parezca imposible que se entienda por aquellos que han vivido en otro horizonte, Jesús afirma que es posible porque Dios es quien propone este reino y con él, todo es posible.

El texto termina mostrando que los discípulos si han dejado los bienes y están siguiendo a Jesús. Por eso el mismo Jesús reconoce que quien ha dejado todo, recibirá el ciento por uno -es decir mucho más de lo que ha dejado– y, sin duda, la vida eterna que el rico deseaba tanto alcanzar. Pero dos detalles se pueden señalar en esas palabras de Jesús. Si ellos han dejado padre, madre, bienes, recibirán madre y bienes. El texto no habla de padres porque en la familia del reino el único padre es Dios y todos los demás son hermanos y hermanas. En un contexto patriarcal, en un modelo de familia donde la primacía la tiene el padre, la familia del reino no tiene padres, no se establece por jerarquías. No es de extrañar que sea difícil el seguimiento de Jesús porque supone otros valores que contradicen lo que cultural y religiosamente establecido.

El segundo aspecto es que Jesús les advierte de las persecuciones que también implica el seguimiento. Recordemos que Marcos le escribe a una comunidad que está siendo perseguida y la figura de Jesús que resalta es la del Mesías crucificado. Quien sigue a este Mesías no está lejos de ser perseguido como lo fue Jesús.

Este evangelio, por tanto, nos invita a vivir el seguimiento en fidelidad a los valores del reino, sin pretender domesticarlos o acomodarlos a lo establecido. Nos advierte de la dificultad, pero nos invita a la confianza porque quien lo hace posible es Dios mismo para quien todo es posible.

(Foto tomada de: https://redilnorte.org/devocional-marzo-5-de-2019/joven-rico-y-jesus/)

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¿Éstos no son hombres?

sábado, 12 de octubre de 2024
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Hace ya nueve años que cuatro hermanos recibíamos el sacramento del orden sacerdotal. Nos vinculábamos así y por medio de la promesa de obediencia a las Comunidades en las que Dios nos había sembrado convirtiéndonos en servidores de las mismas. Ojalá también seamos capaces de vivir, como Jesús,  la denuncia profética ante la injusticia:

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Para daros a conocer estas verdades me he subido aquí yo, que soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla. Y, por tanto, conviene que con atención no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y espantable y peligrosa que jamás no pensasteis oír.

Esta voz os dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes.

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Migrantes haitianos ingresan a la fuerza a las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) | Foto: Cuartoscuro

 

¿Éstos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado en que estáis no os podéis más salvar que los que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.

Fr. Antón de Montesinos O.P.

21 de diciembre de 1511

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Refugiados a las puertas cerradas de Europa
(Un padre sirio junto a sus hijas. Imagen obtenida de un vídeo de EiTB)

***

Deseamos, además,  que se cumplan en ellos y sean capaces de transmitir estas bienaventuranzas leídas en la página web de Redes Cristianas:

Bienaventurados los que creen en las bienaventuranzas.
Bienaventurados los que no recitan como papagayos las bienaventuranzas.
Bienaventurados los que se aventuran a navegar en el mar de la pobreza.
Bienaventurados los que no venden palabras hueras.
Bienaventurados los que construyen amor y no lo infectan.
Bienaventurados los que se arriesgan en el fuego de la humildad.
Bienaventurados los que amasan pan y pescan peces para repartirlos.
Bienaventurados los que enseñan a amasar pan y pescar a los que no saben.
Bienaventurados los que ven a Dios donde no se espera a Dios.

Bienaventurados los que abrazan con abrazos, tocan a los intocables.
Bienaventurados los que osan pisar la tierra que nunca estuvo prometida.
Bienaventurados los que conquistan corazones sin amenazar.
Bienaventurados los que piden perdón y no exigen que se lo pidan.

Bienaventurados los que piensan que todos cabemos en esta inmensa isla.
Bienaventurados los que cambian la espada por el arado, el látigo por la sonrisa.
Bienaventurados los que abren puertas y dejan entrar sin salvoconducto.
Bienaventurados los que dan de comer y rezan a los postres, y no al revés.
Bienaventurados los que no ven pajas ni vigas, sino miradas, en los ojos ajenos.
Bienaventurados los que encuentran el evangelio en las pústulas de los miserables.
Bienaventurados los que se confunden entre los corderos en vez de pastorearlos.
Bienaventurados los que caminan por los caminos de los que están aprendiendo a caminar.

Bienaventurados los que derrochan alegría en los páramos de la tristeza.
Bienaventurados los que van para que los últimos de los últimos vengan.
Bienaventurados los que se postran ante los postrados.
Bienaventurados los que huyen de los pedestales.
Bienaventurados los que redimen a los culpables que jamás tuvieron culpa.
Bienaventurados los que resucitan a los moribundos.
Bienaventurados los que regalan niñez a los niños que no la tienen.
Bienaventurados los que no muestran el cielo con una mano y con la otra el infierno.

Bienaventurados los que nunca se alían con los ganadores.
Bienaventurados los que no prohíben sin prohibirse.
Bienaventurados los que luchan en la guerra de la paz.
Bienaventurados los que juzgan desde el corazón de los desheredados.
Bienaventurados los que se atreven a predicar a las víboras en el desierto.
Bienaventurados los que se dejan prostituir con la ternura.
Bienaventurados los que ofrecen trigo y no incienso a los hambrientos.
Bienaventurados los que fabrican muletas y no resignaciones para los tullidos.
Bienaventurados los que salvan del dolor antes que salvar por el dolor.
Bienaventurados los que se arrodillan ante los arrodillados.
Bienaventurados los que ayudan a encontrar el alma desde el cuerpo.
Bienaventurados los que rezan con obras.

Bienaventurados los que aman al Señor que no exige ser glorificado.
Bienaventurados los que aman al Señor que ama y ama que nos amemos.
Bienaventurados los que aprenden a volar pisando las inmundas ciénagas.
Bienaventurados los que se ganan a sí mismos perdiéndose con los perdedores.
Bienaventurados los que no esperan recompensa cuando compensan.
Bienaventurados los que buscan la Verdad durante toda la vida.
Bienaventurados los que jamás se jactan de haber encontrado la Verdad.
Bienaventurados los que derrumban fronteras.
Bienaventurados los que anteponen justicia a caridad.

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Nuestra Señora del Pilar, Patrona de Aragón y Zaragoza

sábado, 12 de octubre de 2024
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136f9095482933f8074b8befdc0fed89El origen de la devoción a la Virgen del Pilar se remonta al siglo I. Cuenta le leyenda que, desde Jerusalén, donde aún vivía la Virgen María, vino a España para confortar al apóstol Santiago el Mayor en las tareas de evangelización. La tradición afirma que lo visitó milagrosamente a las orillas del río Ebro, donde Santiago estaba reunido con los primeros hispanos convertidos al cristianismo.

Como recuerdo de aquel acontecimiento se levantó más tarde en aquel lugar una capillita en honor de María, venerando su imagen en un pilar. Documentos monacales del siglo IX dan testimonio del templo dedicado en la ciudad de Zaragoza a María.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles. En pocos templos de los pueblos de España falta la imagen de la Virgen del Pilar.

Su basílica, a las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

Esta devoción a la Virgen del Pilar fue llevada también en las carabelas de Colón hasta los pueblos hermanos de América. Desde el año 1908, en el interior de la gran basílica que hoy existe en Zaragoza, junto al altar de la Virgen están presentes las banderas de los países hispanoamericanos.

El papa Inocencio XIII, en 1723, concedió oficio litúrgico propio de la Virgen del Pilar para el día 12 de octubre.

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LECTIO

Primera lectura:

Primer libro de las Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2

David reunió en Jerusalén a todo Israel para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió a los hijos de Aarón y a los levitas.

Los levitas transportaron el arca apoyando las barras sobre sus hombros, como lo había prescrito Moisés, por orden del Señor.

David ordenó a los jefes de los levitas que dispusieran a sus hermanos los cantores con todos los instrumentos musicales de acompañamiento, arpas, cítaras y címbalos, e hicieron resonar bellas melodías en señal de regocijo.

Metieron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había levantado para ella. Ofrecieron luego al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación.

Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de reconciliación, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Estos versículos de los capítulo 15 y 16 del libro de las Crónicas, que presenta la liturgia en la fiesta de la Virgen del Pilar, hacen referencia a la gran fiesta que celebró David el día que trasladó el arca de Dios desde Baalá a Jerusalén. Dice el texto del libro de Samuel que en esa fiesta «David danzaba ante el Señor frenéticamente… entre gritos de júbilo y al son de trompetas» (2 Sm 6,14-15). Jerusalén se convierte, por la presencia del arca, en ciudad santa, ciudad bendecida por Dios. En aquella fiesta, David convocó a todo Israel: era una fiesta nacional de bombo y platillo.

En las letanías de nuestra Señora invocamos a María como Arca de la Nueva Alianza y Templo del Espíritu Santo. Aquel regocijo de David con todo su pueblo, las ofrendas y oraciones que hicieron y la bendición que recibieron eran imágenes de esta fiesta en la que el arca de la Nueva Alianza vino de Jerusalén a Zaragoza para bendecir a los nuevos cristianos y para asentar su trono en el gran templo de nuestros corazones.

***

Segunda lectura:

Hechos de los apóstoles 1,12-14

Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, lo que se permitía andar en sábado.

Y así que entraron, subieron a la estancia de arriba, donde se alojaban habitualmente. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas el de Santiago.

Todos ellos hacían constantemente oración en común con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

 Después de la ascensión de Jesús a los cielos, el libro de los Hechos de los apóstoles se centra en la constitución de la comunidad cristiana. Los que le habían seguido por el camino son convocados por el Espíritu para seguir con la misión de Jesús. En el grupo de los que acompañaban a Jesús en su vida pública estaban María, su madre, y otras mujeres. El evangelio de Lucas, en el capítulo 8, dice que junto con los Doce le seguían María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas.  En estos versículos que leemos en la fiesta de la Virgen del Pilar, se resalta la presencia de María en esta primera comunidad pospascual. Ella, los apóstoles y algunas mujeres perseveraban en la oración común.

Esta oración entre hombres y mujeres da un tono peculiar a la primera comunidad cristiana, muy distinto a lo que se hacía en la sinagoga judía. Jesús había roto la separación, y la primera comunidad sigue acorde con el estilo de Jesús. Podemos pensar en la importancia de María en la formación de esa primera comunidad de Jerusalén y trasladar, sin esfuerzo, esa misma importancia en el apoyo a Santiago en la formación de la primera comunidad de España.

***

Evangelio:

Lucas 11,27-28

Mientras decía esto, una mujer de entre la gente gritó:

– «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron».

Pero él le dijo:

«Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica».

Arrebatada por la emoción del momento, una mujer del pueblo, corazón en mano, alaba a Jesús y le dice cuan orgullosa tenía que estar su madre por haberlo llevado en su seno. Las palabras de la mujer son un cumplimiento de la profecía sobre María de Lc 1,28: «Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones».

Pero Jesús, humilde y sencillo como su madre, traslada la atención de él mismo y de su madre a una insistencia más central: realmente, es más dichoso el que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. La grandeza personal de María está en haber escuchado a Dios y haber dado un «» incondicional.

María escuchó y puso en práctica la Palabra de Dios al responder en la anunciación: «He aquí la esclava del Señor». Es una actitud humilde, valiente, libre y auténtica.

María, que meditó en su corazón las palabras y los gestos de Jesús, hace pensar en aquellos que «escuchan la Palabra con un corazón noble y generoso» (Lc 8,15).

*

MEDITATIO

Del libro del Eclesiástico 24, 3-15

Yo salí de la boca del altísimo y cubrí la tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono fue columna de nube. Sola recorrí el círculo celeste, y por las profundidades del abismo me paseé. En las olas del mar, en toda la tierra, en todo el pueblo y nación yo imperé. En todos ellos busqué el reposo, y en qué territorio instalarme. Entonces me ordenó el creador de todas las cosas, mi hacedor fijó el lugar de mi habitación, y me dijo: «Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu heredad».

Desde el principio y antes de los siglos me creó, y existiré eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. En la ciudad amada establecí mi residencia, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché raíces, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como el cedro en el Líbano, como el ciprés en las montañas del Hermón. Crecí como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la llanura, crecí como el plátano. Como el cinamomo y el espliego he dado mi aroma, como mirra escogida exhalé mi perfume; como gálbano, ónix y estacte, y como perfume de incienso en el tabernáculo. Yo extendí como terebinto mis ramas, y mis ramas están llenas de gracia y de majestad. Como vid eché hermosos sarmientos, y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Venid a mí los que me deseáis, y saciaos de mis frutos.

*

ORATIO

Virgen santa del Pilar:

Desde este lugar sagrado

alienta a los mensajeros del Evangelio,

conforta a sus familiares

y acompaña maternalmente

nuestro camino hacia el Padre,

con Cristo, en el Espíritu Santo. Amén.

(Oración de Juan Pablo II ante el altar de la Virgen del Pilar en Zaragoza.)

 

*

CONTEMPLATIO

La piedad de la Iglesia a la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar -desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las expresiones de alabanza y súplica en nuestro tiempo- constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la fe viva de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su oración fervorosa a la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como consoladora de los afligidos, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica determinación el pecado. Y -hay que afirmarlo nuevamente- dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar «los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos». Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la Palabra de Dios (cf. Lc 1,26-38; 1,45; 11,27-28; Jn 2,5); la obediencia generosa (cf. Lc 1,38); la humildad sencilla (cf. Lc 1,48); la caridad solícita (cf. Lc 1,39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1,29.34; 2,19.33.51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2,21.22-40.41), agradecida por los bienes recibidos (Lc 1,46-49); la fortaleza en el destierro (cf. Mt 2,13-23), en el dolor (cf. Lc 2,34-35.49; Jn 19,25); la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor (cf. Lc 1,48; 2,24); el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2,1-7; Jn 19,25-27); la delicadeza provisoria (cf. Jn 2,1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1,18-25; Lc 1,26-38); el fuerte y casto amor esponsal.

De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.

La piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad última de toda acción pastoral. Porque es imposible honrar a la «llena de gracia» (Le 1,28) sin honrar en sí mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comunión en Él, la inhabitación del Espíritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2,29; Col 1,18).

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. (De la exhortación del papa Pablo VI Marialis cultus.)

*

ACTIO

Reunirme hoy en oración con otros, como María con otras mujeres y los apóstoles, y pedir al Espíritu Santo fortaleza para los evangelizadores que están en tierra de misión.

*

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El milagro de Calanda

Una curiosidad de la religiosidad popular:

Como en otros santuarios marianos, los fieles han recibido en el de nuestra Señora del Pilar favores extraordinarios que han atribuido a su intercesión ante la omnipotencia divina. Desde el siglo XIII se habla en los documentos que conserva su archivo de «los mytos et innumerabiles miraglos que Nuestro Seynor Jesucristo feitos a et cada día facer non cesa en los ovientes devoción en la gloriosa et bienaventurada Virgen María suya Santa María del Pilar».

Un manuscrito del siglo XV recogió algunos de ellos. Y en 1680 el canónigo Félix de Amada dio a la imprenta una colección de milagros obrados por intercesión de la Virgen del Pilar. Entre ellos, es universalmente conocido el llamado milagro de Calando, por su evidente superación de las fuerzas de la naturaleza y por su innegable verdad histórica. Tuvo lugar entre las diez y las once de la noche del jueves 29 de marzo de 1640, en la villa aragonesa de Calanda y en la persona del ¡oven de 23 años Miguel Juan Pellicer, al cual, debido a un accidente, hubo que amputársele la pierna derecha en octubre de 1637 en el hospital de Gracia, de Zaragoza, por el cirujano Juan Estanca, siendo enterrada por el practicante Juan Lorenzo García.

Tras su convalecencia, durante dos años, fue mendigo en la puerta del templo de nuestra Señora del Pilar, de la que era muy devoto desde su niñez, por existir una ermita de esta advocación en Calanda, y a la que se había encomendado antes y después de su operación, confesando y comulgando en su santuario.

Vuelto a la casa de sus padres en Calanda a primeros de marzo de 1640, el citado día 29 de ese mes, habiéndose acostado en la misma habitación de sus padres, por haber un soldado alojado en su casa, lo encontraron éstos dormido media hora más tarde con dos piernas, notándosele en la restituida las mismas señales de un grano y unas cicatrices que tenía la amputada.

A instancias del Ayuntamiento de Zaragoza, adonde acudió Miguel Juan tras su curación a dar gracias a la Virgen del Pilar, se incoó en el Arzobispado un proceso el 5 de junio de 1640, pronunciando sentencia afirmativa de calificación milagrosa el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve teólogos y canonistas, el 27 de abril de 1641. Se conserva íntegro el texto de este proceso con las declaraciones de los 25 testigos.

El milagro se divulgó rápidamente por todas partes. El mismo papa Urbano VIII fue informado personalmente por el jesuíta aragonés F. Franco en 1642. Entre los milagros, que por definición son todos excepciones de la naturaleza, el de Calanda es a su vez excepcional; por eso las relaciones coetáneas lo calificaron de «milagro inaudito en todos los tiempos». (Por Tomás Domingo Pérez, en el Libro de la Virgen, C.B.C.)

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“Hemos visto y tocado a Jesús”

viernes, 11 de octubre de 2024
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«Porque hemos visto y tocado a Jesús, Dios hecho hombre, podemos encontrar Dios en nuestro corazón. El amor personal de Jesús por nosotros y nuestro amor por él, el corazón a corazón con él, es nuestro acceso al amor de Dios. Somos incapaces e ignorantes para poder y saber cómo “amar al Señor, Dios, con todo el corazón” sin la contemplación e imitación del corazón de Jesucristo. (…)»

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Venerable Madeleine Delbrêl
(1904-1964)

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“Las Moradas Teresianas: Una guía no solo personal sino pastoral”, por José Ignacio González Faus

viernes, 11 de octubre de 2024
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IMG_7534De su blog Miradas Cristianas:

Artículo largo- De: Iglesia Viva /abril-junio 2024

Este comentario-resumen ha nacido de un interés no solo personal sino pastoral: pensando que puede situar y orientar en su camino a algunas gentes a quienes he tenido la suerte de poder acompañar. Ojalá cumpla su objetivo, aunque sea solo parcialmente. Y pueda ayudar a otros acompañantes y acompañados.

Las Moradas: un libro muy famoso pero poco leído. En parte porque no tiene la frescura y la amenidad de la Vida. Aunque se ha alabado mucho el estilo de Teresa, creo que en este libro concreto no vale esa alabanza: no tiene ese decir encantador, dicharachero y serio o ingenuo y sabio a la vez, de La Vida, sino que a veces da sensación de esfuerzo, casi como de dolores de parto.

 Se nota que es un libro escrito, por así decir, “a ratos perdidos”: a veces con interrupciones de meses y sin volver a leer lo ya redactado: pues se movía entre problemas de salud o trabajo y la orden que le habían dado de escribir. Y dada la temática y las acusaciones que ya le habían hecho, si había que cuidar el lenguaje era más para evitar problemas con la inquisición que para aspirar a un premio literario. En mi modesta opinión, hubiera necesitado una segunda redacción, evitando repeticiones y minucias, corrigiendo faltas de ortografía y dándole más agilidad.

En cualquier caso, lo anterior no quiere ser un veredicto técnico sino una impresión de lectura. Por otro lado, los idiomas suelen tener su evolución imprevisible y hoy a nosotros eso de las moradas nos suena más a “pasarlas moradas” que a las diversas estancias de un palacio. Y lo de castillo nos suena a algún edificio, de valor arqueológico pero, por lo general, vacío.

Sin embargo, allá donde la madre Teresa mete baza, conviene abrir los oídos porque seguro que encontramos algo importante. Este comentario-resumen que va a seguir, ha nacido de un interés no solo personal sino pastoral: pensando que puede situar y orientar en su camino a algunas gentes a quienes he tenido la suerte de poder acompañar. Ojalá cumpla su objetivo, aunque sea solo parcialmente. Y ojalá pudiera ayudar a otros acompañantes y acompañados.

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I.- DESCRIPCIÓN DE LAS MORADAS

Introducción.- Algunas claves de lectura.

Nuestro interior es como un espléndido palacio real (“castillo”) con diversas estancias o suites (“moradas”) que van acercándose cada vez más a la asombrosa e increíble habitación regia donde podemos decir que está el mismo Dios. Pero, en coherencia con esa verdad de que todo está en Dios y también Dios está en todo, Teresa usa las moradas en doble sentido: aluden a ese cielo o entorno sublime que nos envuelve y donde está Dios; pero también a “la morada interior adonde está Dios en nuestra alma”.

También puede dar la sensación de que Teresa habla de cada morada como si fueran etapas definitivas que se van sucediendo y se superan; pero pueden darse también como experiencias breves o estados de conciencia a los que te asomas sin llegar a quedarte definitivamente en cada uno, dado que los hombres nunca estamos hechos del todo. Vamos a intentar acercarnos a ellas.

1ª.- La primera de esas habitaciones es el autoconocimiento. Que es uno de los primeros frutos de la entrada en la oración. Teresa habla también de “entrar dentro de sí”: darse cuenta de que esta estancia está “llena de sabandijas y suciedades”. Y que todo eso negativo que hay en nosotros nos impide percibir “la hermosura y dignidad de nuestras almas”: “imagen y semejanza de Dios”.

2ª.- La segunda morada es, a partir de lo anterior, un cierto afianzamiento en la plegaria que, en el fondo, es también una iniciación a la confianza. Lo cual tiene una dimensión de dificultad y lucha, y otra dimensión de devoción que va generando paz.

Teresa no habla de nuestros “métodos de oración” sino que la primera pretensión de quien comienza oración ha de ser “determinarse con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad conforme con la de Dios”. Ahí está el principio y el final de todo.

3ª.- La tercera morada es como la anterior pero ya con toda la habitación limpia. Lo cual genera los primeros consuelos. Esas experiencias positivas sirven para que luego “saquéis de las sequedades humildad y no inquietud”: que, aunque Dios no dé regalos, da “paz y conformidad”.

Todo lo cual lleva a la decisión de no juzgar a los demás que no gozan de esos consuelos, y a la necesidad de un director: porque el alma puede quedarse encallada aquí sin seguir adelante.

4ª.- La cuarta suite, que podemos llamar recogimiento” humildad”, es la más complicada porque ahora la búsqueda de Dios es “en lo interior”. Plenamente limpia, nuestra habitación interior abunda en consuelos que la embellecen. Aquí distingue Teresa unos “contentos” más naturales que pueden ser fruto de la reflexión o el esfuerzo humanos, y otros “gustos” que da Dios directamente (y que me recuerdan la expresión ignaciana de “consolación sin causa”).

Pero con los dones positivos aumentan los peligros negativos, como que los consuelos queden “envueltos con nuestras pasiones humanas”. Y la experiencia de la riqueza del recogimiento puede sugerir una tentación sutil de presunción o de superioridad, mucho más seria que la vanidad usual [1]. Por eso escribe aquí Teresa que “de soberbia y vanagloria nos libre Dios”: que por la humildad “se deja vencer el Señor”.

 También sucede a veces que, de todo eso, “participa el cuerpo”: hoy podríamos hablar de somatizaciones. Y es importante notar que ahí es donde sitúa Teresa esos signos exteriores de sollozos, arrobamientos o éxtasis que nosotros tendemos a valorar más positivamente. La superación de ese peligro es lo que Teresa llama recogimiento, y que distingue del “abobamiento”, el cual suele ser fruto de un exceso de penitencia corporal, que se supera comiendo y durmiendo lo necesario. Porque “no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho”. Por eso el verdadero recogimiento tampoco es encerrarse en sí mismo.

5ª.- Superada la crisis de la cuarta, la quinta morada podría describirse con una sola palabra: unión. Con ella crecen los “deleites” y las “fuerzas del alma” (no las del cuerpo). El alma ama más que entiende; pero de lo que no puede dudar es de que “estuvo en Dios y Dios en ella”.

Pero esa unión tiene dos rasgos muy característicos. En primer lugar es una unión solo incipiente: comparable al noviazgo (“desposorios”, dice la santa). Ello implica una preparación ya más inmediata, que Teresa compara con el proceso del gusano de seda: de algo “feo y que muere” aparece la maravilla de una seda que se convierte en mariposa. Pero es típico de esa mariposa el desasosiego y el movimiento constante, que Teresa explica así: primero porque no sabe bien a dónde ir (ya no se trata “de gustos espirituales ni de contentos de la tierra”) y además, porque ahora percibe el alma cuánto duele a Dios lo mal que el mundo le trata.

Además, y paradójicamente, esa unión lleva al amor al prójimo: de modo que “si ves a una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada perder esa devoción”. Sin ese amor resulta claro que no se ha llegado a la unión: porque “obras quiere el Señor”, y porque solo el Señor “os da con perfección ese amor al prójimo”. Queda entonces claro que la espiritualidad “no está en gustos espirituales ni en contentos de la tierra”.

6ª.- La sexta es larguísima y complicadísima. Podemos definirla como como la llamada del Esposo que está ya en la habitación siguiente; y la respuesta será “no querer sino lo que Dios quiere”. Está referida totalmente a la oración: busca el alma “más lugar para estar sola”. Serán solo momentos (“querría el alma siempre estar allí y no puede ser”), pero que condicionan toda la vida.

Tiene además un carácter dialéctico: por un lado el Esposo se muestra como gran rey, estremecedor, sobrecogedor; por otro lado el alma no se siente asustada por eso sino plenamente acogida: “como si el sol” se acercase y en lugar de quemarnos, nos identificara con él.

Esas experiencias momentáneas suscitan muchas dudas sobre su verdad pero, cuando Dios quiere darlas del todo, el alma no puede dudar. Será quizás tachada de loca o hipócrita, tal vez incluso “los que tenía por suyos se apartan de ella”, pero recibirá todo eso con una fortaleza que no es suya.

Esa llamada del Esposo engendra un dolor, pero un “dolor sabroso” y una “herida sabrosa” a los que no se quiere renunciar, o también una experiencia como de noche en el camino. Cabría pensar, aunque no lo diga así Teresa, en todos los dolores y esfuerzos que implica el iniciarse en un deporte. Y puede tener sus somatizaciones (de éxtasis etc.) pero que no tienen nada que ver con los arrobamientos de temperamentos frágiles.

Si el sujeto “se tiene por mejor” es señal de que esta experiencia no viene de Dios. Si aborrece más sus pecados, puede serlo. Y las pequeñas faltas que quedan pueden servir para conocer mejor nuestro corazón. Teresa las compara con las espinas de la zarza en que Dios se dio a conocer a Moisés.

En cambio desaparecen los miedos, incluso aparecen unas ganas de morirse y ver a Dios a las que Teresa responde: “no está en llorar mucho sino en obrar mucho”. Tampoco hay que huir de cosas corpóreas como si eso fuera más espiritual; y ello implica no abandonar nunca la humanidad de Jesús como si eso supusiera más perfección. Implica también una lucidez sobre “la barahúnda de cosas” en torno a las cuales se mueven los ricos (con alusión expresa a la duquesa de Alba).

7ª.- La séptima es más breve pero decisiva: es “el centro de nuestra almay “cosa difícil de decir”. Estamos en el paso del desposorio al matrimonio espiritual; en el palacio real hay una estancia donde solo tiene acceso el rey: así el alma tiene “una parte” donde solo mora Dios y no llegan las sacudidas de las moradas anteriores. Es el fundamento de la paz (la cual es algo muy distinto de la ausencia de sufrimientos): porque “lo esencial del alma jamás se movía de aquel aposento”.

Otra vez se trata de pequeños momentos que son como anticipo del cielo y donde el Señor quiere “mostrar el amor que nos tiene”. Y en esta unión ya no cabe la separación: es como el agua de la lluvia que cae desde el cielo en un río, “donde queda hecho todo agua”. También creo que es aquí la primera vez que aparece la Trinidad en toda la obra, pero no por eso se abandona la humanidad de Jesús.

Finalmente, de esta morada pueden surgir unos “rayos” que llegan y animan a todas las demás. Y si el alma siente “pena y confusión” es “de ver lo poco que puede hacer y lo mucho a que está obligada”. La mariposa del gusano de seda muere ahora y esto produce: pleno olvido de sí; deseo de que se cumpla la voluntad de Dios (aunque esto signifique algún padecimiento para ella); un gran gozo interior en la persecución; ningún temor de la muerte (aunque ahora el alma ya no desea morirse pronto como antes, sino poder trabajar más por el Esposo); más una transformación de los deseos y una “memoria y ternura con nuestro Señor”.

Todo esto pasa “con tanta quietud y tan sin ruido” que desaparecen incluso los arrobamientos y otras somatizaciones antes aludidas. Y todo esto no significa “que no les falta cruz, sino que no las inquieta ni hace perder la paz”.

Pero lo dicho no supone que todo eso pasa siempre: a veces las deja el Señor, aparecen las desolaciones y vuelven las fragilidades y “todas las cosas ponzoñosas del arrabal de ese castillo”. Solo que duran menos.

Y cerramos todo este itinerario con dos conclusiones:

1) En esta séptima morada siembra Teresa dos principios que pueden resumir perfectamente una auténtica vida espiritual:

A.- “¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios a quien Él los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como Él lo fue”.

B.- “Marta y María han de andar siempre juntas para tener al Señor consigo y no le hacer mal hospedaje no le dando de comer…”. Y “si María había escogido la mejor parte es porque antes ya había hecho de Marta regalando al Señor en lavarle los pies y limpiarle con sus cabellos”.

Esta genialidad, dicha por una contemplativa y por una mujer que escribe con faltas de ortografía y con un lenguaje descuidado, debería darnos vergüenza cuando más de 500 años después, todavía no la hemos asimilado, y hemos utilizado muchas veces la supuesta superioridad de la contemplación como una excusa para ser servidos en vez de servir.

2) Conviene además llamar la atención sobre tres puntos quizás inesperados: es precisamente conforme se va avanzando en la vida espiritual, o en la cercanía a Dios, cuando aparecen la necesidad del amor al prójimo; más la presencia de dolores que somos capaces de soportar, y la necesidad de actividad (moradas 4, 5 y 6). Con el detalle de que la última morada es la más compleja y la más indecible.

II.- APLICACIONES PASTORALES

Ya la primera vez que leí Las Moradas pensé en la posibilidad de hacer una aplicación desde la mística a la pastoral, precisamente para cumplir aquello que decía Teresa en su vida: “de devociones a bobas nos libre Dios” (13,16), y que a veces puede ser más culpa del acompañante que del acompañado. Va pues aquí como mera sugerencia,

Dos observaciones previas.

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Estudiante compone canto gregoriano sobre la experiencia católica LGBTQ+

viernes, 11 de octubre de 2024
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IMG_7520Un estudiante queer de la Universidad de Carolina del Sur escribió y produjo una composición musical original de estilo canto gregoriano sobre sus experiencias en la Iglesia Católica. La pieza, “Antífona para el trauma religioso”, fue compuesta por Gabriela McWethy (ella/ellos) como parte de un proyecto universitario de grabación de cantos medievales.

Antífona para el trauma religioso” es una composición original en estilo de canto gregoriano y una respuesta musical no solo al proyecto Singing the Archives sino también a mis experiencias personales al crecer en la Iglesia Católica como alguien que se identifica como queer.

McWethy explicó en parte su artículo Una respuesta musical al catolicismo y la identidad queer:

“La Iglesia Católica es famosa por algunas enseñanzas bastante… obsoletas sobre las personas queer. La Iglesia enseña que las personas queer son “objetivamente desordenadas” y que cualquier relación entre personas del mismo sexo está prohibida ya que no están abiertas a la procreación y no reflejan la naturaleza “complementaria” del hombre y la mujer. Conozco muy bien esas enseñanzas; desde que he sido consciente de mi sexualidad he estado escaneando la sección del Catecismo sobre la homosexualidad, buscando una escapatoria.

Mi vida hasta hace muy poco se ha caracterizado por el terror de estar solo, porque pensaba que para ser un católico fiel tendría que vivir una vida solitaria y célibe, como la Iglesia llama a todos los católicos homosexuales a hacer. Es una experiencia increíblemente dolorosa encontrar fuerza y significado a través de la propia fe cuando esa misma fe es también la mayor fuente de autodesprecio.

Con el tiempo, me acerqué lo suficiente a Dios para darme cuenta de que ni yo ni mi deseo de amor somos desordenados, y ahora sé que, si bien Dios puede ser real, la religión es una creación humana y, por lo tanto, no está exenta de imperfecciones. Aunque ahora me considero más universalista que católica, sigo yendo a misa todos los domingos. Creo sinceramente que trabajar con las enseñanzas retrógradas de la Iglesia sobre la sexualidad me ha llevado a un lugar de mayor amor propio y resiliencia.

Ahora que estoy del otro lado de esa lucha, con un novio maravilloso y una fe más fuerte que nunca, mi composición “Antífona para el trauma religioso” tiene como objetivo preservar ese intenso dolor con el que lidié, en solidaridad con las generaciones de homosexuales que no tuvieron la fortuna de vivir en tiempos tan abiertos como el mío, así como con aquellos que todavía luchan con la exasperante e indescifrable Palabra de Dios.

La inspiración para este proyecto se la debo a Lingua Ignota, el nombre artístico de la cantante y compositora Kristen Michael Hayter, cuyo álbum Sinner Get Ready explora muchos de los mismos temas de la lucha por encontrar el amor en medio del odio que los humanos invertimos en nuestras religiones. También estoy agradecida con la Dra. Sarah Williams, por ser una profesora increíble y apoyar mi visión para este proyecto desde el principio.”

Fuente University of South Carolina (Singing the Archives / Student Perspectives and Process)

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Profundizar en la vida que ya poseemos.

jueves, 10 de octubre de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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«Señor, una vez más, no dudo de mi llamada a la santidad, aunque no soy fiel. No dudo de que Tu voluntad cumplirá Tu voluntad en mí a pesar de mi cobardía y mi falta de esfuerzo, a pesar de todas mis prevaricaciones inconscientes e incluso conscientes. Tú eres Dios y Tú has destruido mis pecados en la Cruz antes de que fueran cometidos. Apártame del pecado una vez más, apártame incluso del pecado material, hazme evitar incluso las imperfecciones, aunque con mucha frecuencia ni siquiera las percibo.

 Nuestra gloria y nuestra esperanza es que somos el cuerpo de Cristo. Cristo nos ama y nos desposa como Su propia carne. ¿No nos basta? Pero no lo creemos realmente. ¡No! Estemos contentos, estemos contentos. Somos el Cuerpo de Cristo. Le hemos encontrado, Él nos ha encontrado. Estamos en Él, Él está en nosotros. No hay más que buscar excepto la profundización de esta vida que ya poseemos. Estemos contentos».

*

Thomas Merton,
Diarios 
(20 de agosto 1956)

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La vida es un regalo.

jueves, 10 de octubre de 2024
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IMG_7980Koldo Aldai Agirretxe,
Artaza (Navarra).

ECLESALIA, 20/09/24.- Las noticias corren raudas por nuestro valle. Ni siquiera habían desembarcado los amarillos y ocres menguantes en la sierra. Una mujer que se equivoca, una nueva vida que se despeña en el Balcón de Ubaba, una desesperación más sin poder sostener, un alma de no poder echar para atrás, de no lograr enraizar allí arriba en los prados de altura, en las llanuras más resecas del asfalto.

Ahora ya sabemos porqué no paraba de volar el gran pájaro de hierro. Esas aspas de nuestra Policía Foral, que giran raudas, mueven vientos demasiado fríos. Mejor ningún helicóptero sobre nuestras cabezas, ninguna joven poniendo fin a sus días en la carne, mejor nadie segando su vida a nuestra vera, en ningún lugar, en ningún puente de ninguna gran ciudad.

Nos hemos experimentado ya como conciencia individual separada de todos los demás seres vivos, con escasa compasión por todo. Ese paradigma se derrumba, ya no cobra sentido alguno. Dice Thích Nhất Hạnh que estamos poco a poco asumiendo el interser, el ser con, en compañía de los demás. Un mundo de interser es un mundo de acogida. En él no habrá espacio para la desesperación ni, por ende, para el suicidio.

No somos solos en medio de la Creación. Como diría el popular maestro budista recientemente fallecido, tenemos un compromiso con todo prójimo, con la gran comunidad planetaria de vida. Cuanto más nos impregnamos de ese interser en nuestro interior, más conciencia grupal adquirimos, más nos daremos cuenta de que en realidad nuestra vida no nos pertenece a nosotros, sino a ese interser que nos desborda y cuyo real alcance desconocemos.

A la Vida le importamos más de lo que nos imaginamos. Cada noche nos recuenta, por más que no sea necesario ponernos en fila. Cuida que no falte quien no debe… El interser tiene la facultad de transformarnos a nosotros mismos y, por lo tanto, a la humanidad entera. Somos con y para los demás y ello implica una orientación definitivamente nueva para nuestra existencia. El interser representa el arranque de una nueva era, la cita con el futuro y la esperanza. A esa cita no podemos faltar. Una humanidad instalada definitivamente en comunión no concebirá el suicidio.

Hay un bosque en Japón en el que se prodigan los suicidios. Diseminados por esa arboleda, llamada Aokigahara, hay unos carteles que han demostrado ser muy efectivos para la prevención de los suicidios. Los ha colocado la “Asociación Internacional de Prevención del Suicidio” e intentan persuadir a los desesperados para que no cumplan con su propósito final. Así reza alguno: «Tu vida es un hermoso regalo de tus padres. Por favor, piensa en tus padres, hermanos e hijos. No te lo guardes. Habla de tus problemas».

Las autoridades de las grandes ciudades cierran a menudo el paso a puentes, alturas y lugares de suicidio rápido y seguro. Sin embargo, nuestra civilización no logra atajar las razones del suicidio. Una vez más deberemos poner nuestra atención en el mundo de las causas, más allá del de las consecuencias. Las simples barreras físicas de bien poco sirven.

No pondremos vallas al Balcón de Ubaba por más que se esté convirtiendo en nuestro propio “Aokigahara”. Pondremos verdes y floridos prados en el corazón desesperado, énfasis en la necesidad de fomentar comunión humana.  A la vera de ese Balcón muchos hemos nacido a una nueva vida. Tanta belleza a los pies invita a ser belleza, a dar continuidad a la creación, a prolongar al máximo los días entre el cielo y una tierra aún maravillosa. Nadie más se encamine a nuestro Balcón, a nuestros puentes huyendo de la vida.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“No te jubiles”, por Miguel Ángel Mesa

miércoles, 9 de octubre de 2024
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De su blog Otro mundo es posible:

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Mi mayor enhorabuena a quienes han llegado al final de su etapa laboral y se jubilan jubilosamente, para emprender una nueva etapa en su vida que llene sus días de plenitud y serenidad.

Pero, por favor, aunque ya estés jubilado de tu trabajo:

No te jubiles de mantener la luz de la alegría, que ilumina tu rostro y tu corazón.

No te jubiles de corresponder al don del nuevo día que se recrea en cada amanecer.

No te jubiles de regalar caricias y ternura: trabájalas, siémbralas y cosecharás un fruto sabroso, abundante.

No te jubiles de iniciar nuevas tareas que siempre has querido realizar y no has podido, para dar una nueva orientación a tu existencia.

No te jubiles de alimentar el placer del juego, de la inocencia, del buen humor.

No te jubiles de continuar acrecentando la pasión, la resiliencia, la empatía y la cordialidad.

No te jubiles de perseverar en el compromiso por un mundo mejor, más justo, libre, en paz.

No te jubiles de sostener el necesario acompañamiento a las personas que te necesitan, compartiendo sus alegrías, sus preocupaciones y sus lágrimas.

No te jubiles de reservar momentos para la contemplación de la belleza en sus mil manifestaciones, que llenarán tu espíritu de gozo, color y delicadeza.

No te jubiles de seguir en la búsqueda de inéditos caminos, nuevas preguntas, desconocidas inquietudes.

No te jubiles de andar cada día por el frondoso sendero de la esperanza, que da ánimo, vigor, confianza y ayuda a concretar en la realidad el fulgor de los anhelos.

No te jubiles de apreciar y agradecer cómo va pasando la existencia, en apariencia unas veces lenta, otras rápida, pero tan sutil y “tan callando”.

No te jubiles de hacer silencio ante el Misterio de la Vida, que se vuelve diáfano a tu alrededor, en el mundo que te rodea, en el Universo que te envuelve y abraza, en lo más íntimo de ti mismo, de seguir bebiendo en el manantial cristalino de tu propio pozo.

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