Dom 21.8.16. ¿Serán pocos los que se salven?
Dom 21. Ciclo C. Lc 13, 22-30. Ésta es una pregunta central del evangelio, que ha sido desarrollado por Lucas, y que ha emocionado y angustiado a millones de cristianos, de Hermas a San Agustín, de Lutero a Francisco.
Algunos lo aplican al futuro lejano (o al cielo final, más allá de este mundo), pero en el contexto de Jesús, se aplica al un tiempo próximo, a nuestro futuro inmediato, ya, en una o dos generaciones: ¿Podrán salvarse los hombres de la gran catástrofe que llega? ¿Muchos? ¿Sólo unos pocos?
‒ ¿Puede mantenerse de verdad la vida en la tierra en las actuales condiciones de violencia, injusticia, consumo y despilfarro de energía, o nos dominará pronto un infierno de fuego o de frío, de gran injusticia??
‒ ¿Quiénes pueden salvarse en el caso de que llegue y explote el gran conflicto, cuyos signos estamos viendo por doquier? ¿Quiénes se salvarán, los del gran bunker económico y militar?
‒ ¿Qué se puede pensar y hacer en un tiempo como éste, desde quiénes y con quiénes… con qué tipo de medios? ¿Qué respuesta y camino ofrece en este momento la iglesia?

Jesús no responde sin más a todas nuestras preguntas, tal como nosotros las planteamos. Más aún, parece escaquearse, hablando en un lenguaje casi “místico”, de escatología propia del judaísmo antiguo y de ciertos círculos cristianos.
Pero si leemos con interés el texto, si nos comprometemos, descubriremos pronto su inquietante (y gozosa) actualidad, el mensaje que nos sigue ofreciendo Jesús.
Siga quien lo desee. Ofreceré un esquema del texto de Lucas y comentaré su sentido partiendo de texto aún más inquietante de Mateo 22, 14. Sigan los que quieran meditar conmigo, mejor dicho, con el evangelio. Buen fin de semana, en pleno agosto.
Texto: Lc 13, 22-30
Alguien le pregunta: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?». Y él contesta:
a) Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.»
b) Entonces comenzaréis a decir. «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»
c) Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.
1. El texto puede dividirse en tres partes, cada uno con su tema:
a) Hay una puerta estrecha… precisamente para nosotros, los que llevamos siglos de cristianismo organizado y que, a veces, hemos confundido el evangelio con nuestras propias ideas y egoísmos de grupo (Jesús habla para algunos “judíos instalados” de entonces; el texto se puede aplicar a muchos cristianos instalados de ahora).
b) Hemos comido contigo… No sé quiénes sois. Nos creemos privilegiados, comensales de Dios. Jesús nos respondo que no confiemos en eso, no nos confiemos por creer que somos privilegiados, dueños del evangelio.
c) Pero se abre una puerta anchísima: Vendrán de oriente y occidente. Cuando pensamos que todo está perdido, cuando el mismo Cristo del evangelio nos dice que tengamos cuidado… descubrimos que se abre una puerta ancha… Es la puerta de una misión distinta, de una experiencia en la que no habíamos caído.
2. Hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos
Al final del texto introduce el evangelio de Lucas un refrán que aparece en Mt 19, 30 (Mc 10, 31): “Pues muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros”. Este refrán nos sirve para invertir los juicios normales de aquellos que piensan que la vida se salva con más poder, más dinero o más medios…
Este pasaje proclama de esa forma una inversión, que ha de entenderse en la línea de las inversiones evangélicas, en las que se dice que los pequeños (niños) serán los más grandes, como pone de relieve Mt 20, 16.27.
En esa línea, muchos que eran “primeros” (ricos y poderosos) vendrán a ser pobres y carentes de poder, si no comparten la comunidad formada por cien casas y campos (con los familiares correspondientes), mientras que muchos últimos y despreciados, carentes de todo, podrán compartir casa/campos y relaciones familiares, volviéndose primeros.
‒ Los últimos son/serán los primeros. En un sentido nadie tiene ventaja sobre nadie. Pero en otro sentido el evangelio destacado la importancia de los niños y pequeños (cf. Mt 18, 1-14; 19, 13-14) y de aquellos que lo dejan y dan todo a los pobres (Mt 19, 16-29). En esa línea se dice que los últimos (los que no se reservan nada) serán los primeros, sentencia que aparece así como un una crítica contra los que presumen de mérito ante Dios.
‒ Esta parábola va en contra de una iglesia establecida (de tipo quizá judeo-cristiano), que se opone a que nuevas iglesias (de paganos o judeo-cristianos con paganos) tuvieran sus mismos derechos y su misma libertad mesiánica, como si siglos de buen judaísmo no hubieran servido para nada. En contra de eso, el Jesús de Mateo, que ha defendido la autoridad de los niños y pequeños, defiende aquí el derecho y rectitud cristiana de los “trabajadores de la última hora”, que serían, en general, los pagano-cristianos.
‒ Esta sentencia recoge la revelación básica del evangelio de Lucas, centrada en el Canto de María, donde se dice que “derriba del trono a los potentados y eleva a los oprimidos, a los ricos los despide vacíos y llena de bienes a los pobres” (Lc 1, 56-65) y en la Bienaventuranzas: Bienaventurados los pobres, hay de vosotros los ricos (6, 20-21).
2. ¿Serán pocos los que se salven? Versión de Mateo
Ésta era la pregunta con la que empezaba el evangelio de hoy… la pregunta que los discípulos planteaban a Jesús: Los que se salven en este mundo, que es camino y revelación del Reino de Dios, los que se salven en la “eternidad” de Dios.
Todo el evangelio de este día ofrece una respuesta nerviosa y creadora a esa pregunta, y dejo su sentido a los lectores. Pero quiero poner de relieve el argumento que ha sido más desarrollado por el evangelio de Mateo, que incluye, en este mismo contexto un refraán inquietante.
Mt 22, 14 Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos
Esta advertencia escatológica recoge una sentencia apocalíptica que ha sido extensamente elaborada por 4 Esdras 7, 43-61, en un contexto de gran pesimismo antropológico, tras la guerra del 67-70 d.C., retomando el motivo clásico del “resto”, que aparecía con cierta frecuencia en los profetas (cf. Am 3, 12; 4, 11; Is 7, 3.9, Jer 31, 7-10 etc.). La gran muchedumbre de Israel tiende a la ruina, sólo queda un pequeño “resto”, formado por aquellos que cumplen la voluntad de Dios y alcanzan la salvación; sólo ese resto, unos pocos, logrará salvarse.
Gran pesimismo de algunos judeo-cristianos. 4 Esdras
Conforme a la visión de 4 Esdras, la destrucción de la gran masa del pueblo se debe al hecho de que el “mal corazón” ha prevalecido en la historia de los hombres, por lo que Dios ha debido crear dos mundos, uno para la condena (abundante como la arcilla de la tierra) y otro para la salvación (escaso como el oro y la plata). En ese contexto se añade que el Dios justo se alegra en los pocos que se salvan, sin apenarse por los muchos que se pierden (4 Esd 7, 60-61), tal como lo ratifica el texto clave de 4 Esd 8, 1-3: “Dios ha creado este mundo por (para) muchos, pero el futuro a causa de pocos…Muchos ciertamente han sido creados, pero pocos se salvarán” (8, 3). Leer más…























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