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Lo «bi» en la Bi-blia, por Carlos Osma

lunes, 28 de enero de 2019
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people-2557410_1920De su blog Homoprotestantes:

La identidad “bi” de Jesús fue un tema que levantó mucha controversia en los primeros siglos del cristianismo. Hubo dos tendencias para intentar explicar cómo era eso de ser “bi” en Jesús representadas por las escuelas de Alejandría y Antioquia. Los alejandrinos ponían en primer plano la divinidad de Jesús, y tendían a minimizar su humanidad, mientras que los antioquenos hacían exactamente al contrario. Pero propuestas había de todo tipo y grado: Cristo era divino pero no tenía un espíritu humano, Cristo era hombre y Dios pero sin mezcla alguna de ambas naturalezas, la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la divina, etc… A primera vista uno puede pensar que estas discusiones ni nos van ni nos vienen, o que a falta de Facebook, Instagram o Twitter, nuestros antecesores cristianos estaban igualmente dispuestos a perder el tiempo en cosas que tenían poco que ver con la realidad. Aun así no os dejo con la duda, y os explico que la propuesta que finalmente tuvo más followers se estableció en el Credo de Calcedonia [1] del año 451 d.C. y afirma que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por dicha unión.

Antes de seguir con mi reflexión, intentaré hacer una última aclaración de lo que he dicho en la introducción para todos aquellos lectores LGTHIQ que se hayan perdido a mitad de párrafo (cambio la b de bisexuales por la h de heterosexuales, porque los “bi” saben mejor que yo lo que voy a decir, y porque hoy me he levantado inclusivo). Tomemos como ejemplo una persona bisexual; algunos pensarán que en realidad es una persona gay que no se acepta, otras que es una heterosexual confundida, los más ecuánimes afirmarán que es 50% homosexual y 50% heterosexual, y los progres que depende del día se levanta gay o hetero. Lo que vendría a decir el Credo LGTBIQ de Calcedonia es que las personas bisexuales son siempre 100% bisexuales, capaces de enamorarse de una persona del mismo sexo sin dejar de sentirse atraídas por las de distinto, o de diferente sin dejar de suspirar por las del mismo. Reconozco que la aclaración tiene sus lagunas, pero aún así espero que haya sido clarificadora. Si no es así, podéis eliminarla de vuestro cerebro y quedaros con el original: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por dicha unión.

Toda esta larguísima introducción, con aclaración incluida, viene a cuento porque quería hablar de la Bi-blia, o mejor dicho de la manera que tenemos de entenderla, de aproximarnos a ella. Y no estoy mezclando churras con merinas, porque existe una tendencia clara e influyente dentro del cristianismo actual que pretende sustituir a Jesús por la Biblia (o mejor dicho, por una interpretación legalista de ella). Por esta razón, el antiguo problema “bi” de Jesús, se ha trasladado a una problemática similar con la Bi-blia. Hay personas que se encuentran cómodas con afirmaciones como “La Biblia es una reflexión humana que intenta aprehender y comprender lo divino”, mientras que otras, se aferran a la base doctrinal de algunas iglesias que reconocen únicamente “la divina inspiración de la Biblia”. Dicho de otra manera: la Biblia o es una cosa o es otra, pero no puede ser las dos cosas al mismo tiempo. Y aunque muchas de ellas acaben por reconocer a regañadientes esa doble naturaleza, a la hora de reflexionar sobre algún texto bí-blico, lo “bi” no tiene demasiada importancia. Cierto es también que muchos y muchas defensoras de tener en cuenta la doble naturaleza, se pasan la noche y el día determinado qué elementos son humanos y cuáles divinos. Y uno siempre se queda con la duda, de si lo divino es lo que tiene que ver con la ideología que profesan, y lo humano con la que profesa la hereje y pecadora vecina.

Pero mejor me centro y voy a lo mío, porque el problema más grave al que se enfrenta el cristianismo hispano es el de aquellos que pretendiendo quedarse para ellos la Bi-blia, la han divinizado a su imagen y semejanza. Quizás no nos hubiéramos dado cuenta si esa imagen hubiera rebosado amor y empatía, pero sorprendentemente (y esto no les deja en buen lugar) lo que rebosa es miedo, odio y discriminación. Dicho de otra manera, por mucho que han querido situar la Biblia en el cielo de la divinidad, han acabado por enterrarla en su estrecha y aterrorizada humanidad. Así que el ejercicio al que debemos invitarles, y el que nosotros mismos hemos de practicar siempre que abramos la Bi-blia, es el de leerla con unas lentes que no pierdan de vista que es verdadera palabra de Dios y verdadera palabra humana.

Aunque para algunas la revelación haya tenido lugar en una experiencia extracorporal, y sobre todo extracerebral, lo que afirma el cristianismo es que la revelación se da de manera histórica… y eso, querámoslo o no, la condiciona. La Bi-blia no son 1189 wathsapps recibidos del cielo, sino un conjunto de libros escritos por unos seres humanos que vivían en un ambiente cultural, sociopolítico y religioso determinado. La historia ha sido el lugar escogido por Dios para revelarse, y por tanto, quien pretenda estudiar la Bi-blia como si fuera un libro divino que no puede ser analizado con métodos histórico-críticos, o con cualquier otro método científico, está ignorando por alguna razón que la Bi-blia es tan “bi” como mi amigo Luís. Y seamos sinceros, detrás de muchas de esas ignorancias encontramos manipulaciones subjetivas de aquellos y aquellas que utilizan la Bi-blia, o cualquier otra herramienta a su disposición, para decirle al resto del mundo qué deben creer y cómo deben comportarse.

A quienes no les gusta el mundo, porque son unos inadaptados, tienen miedo, o les resulta excesivamente complicado, y han decidido huir de la historia porque no son de este mundo; pues que no se lleven con ellos la Bi-blia, no les servirá de nada. No importa que la enseñen en sus seminarios o en sus iglesias, que la utilicen para decirles a los demás que deben creer que Jesús anduvo sobre el mar, que Dios condena a las personas LGTBIQ, que el Mar Rojo se abrió y se tragó el ejercito del Faraón, que las esposas deben someterse a sus maridos, o que David mató a Goliat. No importa que se autoproclamen defensores de la Palabra de Dios. En realidad niegan su naturaleza, y son sus mayores enemigos. Quienes niegan lo “bi” de la Biblia, quienes divinizan su ignorancia con ella, pueden ser todo lo evangélicos, católicos, u ortodoxos que quieran; pero el cristianismo va de otra cosa. La invitación al suicidio de la razón no puede ser el primer paso para la fe.

Únicamente cuando la Bi-blia se encarna en la realidad de los seres humanos y del resto de la creación, llega a ser Palabra divina que nos interpela. Solo cuando la estudiamos y profundizamos en ella, como lo haríamos con cualquier otra obra humana, para entender cómo, porqué y para qué se escribieron cada uno de sus libros, empezamos a percibir que Dios puede hablarnos a través de ella. Y solo cuando la leemos a partir de las enseñanzas y ejemplo de Jesús, lo hacemos como cristianos. Quienes afirman que Dios ha dado un valor absoluto a los condicionantes que dieron lugar a la aparición de los textos bí-blicos, y creen que estos no pueden ser actualizados, niegan lo “bi” de la Bi-blia, y por esa razón son incapaces de entenderla correctamente.

Carlos Osma

Notas:

[1] https://csalazar.org/2008/12/05/credo-de-calcedonia/

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“Profeta”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 27 de enero de 2019
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973BFAAA-8F7E-4DB4-8D9D-BC310988551BEn una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret, los vecinos del pueblo se reúnen en la sinagoga una mañana de sábado para escuchar la Palabra de Dios. Después de algunos años vividos buscando a Dios en el desierto, Jesús vuelve al pueblo en el que ha crecido.

La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.

Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Según Lucas, la gente «tenía los ojos clavados él». La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?

Jesús actúa movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y en sus gestos, en su ternura y en su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».

Jesús es Profeta de Dios. No ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido «ungido» por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo lo podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.

Jesús es Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos a parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

Jesús vive dedicado a liberar. Entregado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en él como Salvador que nos encamina hacia la Vida definitiva.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 27 de enero de 2018. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 27 de enero de 2019
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente este evangelio y este tema: Leer más…

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Dom 27.1.19. Ni inferiores ni superiores,un cuerpo de amor (1 Cor 12)

domingo, 27 de enero de 2019
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03781EC7-FE18-4318-9C4C-38C94C0132A1Del blog de Xabier Pikaza:

Expuse ayer la visión de la Iglesia según 1 Cor 13. Hoy vuelvo al tema,comentando 1 Cor 12, conforme a la segunda lectura del domingo del Domingo 3 del tiempo ordinario.

Pablo no quiere una iglesia de héroes en religión y misterio, gobernada por carismáticos famosos ni por jerarcas de ley. Por eso le parecerían secundarios (e incluso peligrosos) los gestos de aquellos que por entregarse en sacrificio pretendieran luego gobernar la iglesia.

No busca virtuosos de la ascética o mística, sino personas capaces de amar en gratuidad. Tampoco quiere administradores perfectos para una organización dirigida o gobernada a modo de sistema, sino amigos, testigos de la gracia.

No busca unos jefes que organicen con poder superior las comunidades, pues la iglesia no es una institución de Ley, sino de gracia, un «cuerpo de amor» donde los más importantes son los que están en riesgo de perderse, los pobres, los pequeños, los despreciados.

56AEC6F0-3625-443A-8C60-63B75114ABD9Este es el reto y camino de Pablo.Él ha sido un buen fariseo y conoce el sistema de la Ley, con su modelo de normas y méritos. Ha sido un buen romano, y conoce la organización del imperio, Pero lo que juzgó ganancia se le ha vuelto pérdida, ante el valor superior de la gracia de Cristo (cf. Flp 3, 2-11), que se expresa en la comunión de amor de los creyentes.

Ciertamente, los servicios eclesiales resultan necesarios, pero organizarlos de forma jerárquica (poder sagrado), fijando desde ellos el orden de la iglesia, es recaer en un camino que no es propio de Cristo. La iglesia es un carisma, un milagro de amor, de comunión en la palabra. La autoridad o ministerio de la iglesia, como cuerpo mesiánico, ha de verse en esas claves claves de palabra y amor.

La Iglesia es Palabra que convoca y edifica a los creyentes: por eso, en la base de la iglesia hay apóstoles y profetas que la proclaman y expresan como fuente gratuita de comunicación salvadora (1Cor 12, 28).

gran-diccionario-de-la-biblia---epubLa iglesia es Amor: la misma Palabra se vuelve principio y signo de comunión interhumana y gratuidad universal. La iglesia no se eleva sobre místicos y héroes (que todo lo saben o pueden), sino sobre amados y amigos .

Esta es la paradoja. La iglesia quiere ser universal, como palabra y amor, que se abren a todos los humanos. Pero, al mismo tiempo, ella es libertad: no necesita organizaciones sistémicas como el imperio romano, ni esquemas legales perfectos como la ley judía (cf. 1Cor 1, 18-25). Ciertamente, tiene ministerios, pero no se funda en ellos: no necesita leyes, armas ni dinero. Tiene algo mayor: la palabra que ama..

Así terminará el comentario que sigue, tomado del Diccionario de la Biblia. Buen domingo a todos.

Texto. 1 Corintios 12, 12-30

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro
Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

El cuerpo tiene muchos miembros, no uno sólo.Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.

Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Más aún, los miembros que parecen mas débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.

Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.

Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.

Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.

¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

COMENTARIO, LA IGLESIA DE PABLO


Conocemos la vida y obra de Pablo de primera mano, por sus cartas.
Se siente directamente enviado por Cristo (=Dios) y quiere mantenerse en comunión con su movimiento mesiánico, representado por Pedro (Roca) y Santiago (Hermano del Señor), aunque tengan ciertas diferencias. No ha escrito un tratado sobre la iglesia, pero lo que dice en sus cartas, y especialmente en Romanos, es suficiente para situarla en el ámbito de historia y cultura de su tiempo:

–Iglesia desde Israel: origen (Rom 9-11). En un primer momento puede parecer que Pablo rompe con Israel, y así lo hace al declarar cumplida y superada la ley nacional del judaísmo. Pero él ha sido y quiere seguir siendo israelita, aunque de un modo mesiánico y universal, por Cristo. Su disputa con los judeo-cristianos se plantea en un nivel intra-israelita: la apertura de la iglesia a los gentiles, con el rechazo de gran parte de los judíos, es sólo un rodeo, una estrategia de Dios: quiere que la culminación mesiánica incluya con Israel a todos los pueblos.

–Iglesia ante Roma: universalidad (Rom 13, 1-8). Siendo plenamente judío (cf. Flp 3, 2-11), Pablo se sabe romano, hombre ecuménico en plano social y cultural. Se llama Saulo, primer rey de su pueblo, pero no quiere la independencia nacional de Israel, sino la apertura universal del judaísmo que puede pactar y pacta con Roma, signo de globalidad en un plano económico y político. Más que un estado particular, Roma es para Pablo el sistema total, expresión de racionalidad humana, que brota de Dios y está avalada por una ley buena, aunque no divina ni salvadora. Su estrategia eclesial resulta incomprensible sin la referencia a Roma.

–Iglesia en sí: «todos sois uno en Cristo. Pero la iglesia no se define sólo desde Israel y ante Roma, sino en sí misma, a partir de la experiencia mesiánica de Jesús, que ha unido en fe a todos los humanos, de manera que «ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, macho ni hembra, sino que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3, 28). Esta es la fe bautismal que Pablo ha recibido de una comunidad anterior (¿Antioquia?) para aplicarla luego en diversos contextos (1Cor 12, 13; Rom 10, 1; cf. Col 3, 11). La unión de los humanos en Cristo es su tarea escatológica e histórica (eclesial)..
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Pablo tiene, por tanto, dos modelos de comunidad: israelita y romano (o griego). Ambos son valiosos y ofrecen elementos positivos, como irá mostrando la historia posterior: la iglesia asume, de manera normal, estos principios para definir con ellos su estructura y ministerios. Debía ser así; no podemos lamentarlo o criticarlo. Pero podemos y debemos fijar la novedad cristiana, desde una perspectiva institucional.

Pablo no ha querido fijar la organización y ministerios de la iglesia, porque ella ya existía en el momento de su «conversión» y porque él es ante todo un carismático, un creador. Más que organizar lo que hay busca alto nuevo: suscita comunidades mesiánicas por todo oriente, de un modo rápido (a su juicio, Cristo viene ya), pero al mismo tiempo programado. Tiene tiempo de trazar un plan y cumplirlo: quiere ir a Roma y desde allí hasta España, para plantar en toda la ecumene o mundo conocido (cf. Rom 15, 14-32) iglesias universales y concretas: comunidades de dimensión humana, donde todos puedan conocerse y compartir la vida, como sinagogas, casas o asociaciones:

-Sinagoga. Pablo, judío, conoce y asume el modelo de reunión sinagogal, lo mismo que otros muchos cristianos, de origen igualmente judío. Sus iglesias son sinagogas mesiánicas, abiertas a la libertad y universalidad cristiana. Por eso, tenderán a recibir estructuras y servicios propios de ellas: ancianos, escribas, servidores etc. Como iremos viendo, este modelo es básico, pero resulta insuficiente, porque los cristianos no se distinguen por cultura y raza (nación) de las gentes de su entorno. Por eso, junto a la federación de sinagogas judías, surgirá la comunión de iglesias cristianas.

–Casa: familia ampliada (extensa). Pablo emplea ese modelo judío y romano: los cristianos se reúnen en la casa de algún «patrono» de cierta fortuna que les ofrece su hospitalidad, no para ser sus «clientes», sino para crear una familia mesiánica, de tipo igualitario y fraterno. De todas formas, es normal que el dueño/a de la casa tienda a verse como dirigente o responsable de la comunidad, en un camino que llevará a la patriarcalización del evangelio, con el obispo como padre de familia del conjunto de la iglesia.

–Asociación voluntaria (club), escuela filosófica. Había otros modelos de vinculación, tomados de las agrupaciones sacrales o culturales, festivas o funerarias: grupos igualitarios de encuentro o trabajo, que solían tener sus servidores (diakonoi) e inspectores (episkopoi), con una disciplina interna en plano económico y administrativo. Otras veces, el movimiento cristiano ha podido tomarse como «escuela» o asociación filosófica, con fines no sólo de conocimiento, sino también de organización social, como han mostrado luego algunos «padres» de la iglesia . Leer más…

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Dom 27.1.19. La solución de Nehemías: Hacer un muro, expulsar a las extranjeras

domingo, 27 de enero de 2019
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50247547_1160129620830895_8592408102320472064_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 3 tiempo ordinario. Ciclo c. Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10. Presenté ayer la segunda lectura de la misa del 27.1.19 (1 Cor 12), exponiendo el sentido del “cuerpo de la Iglesia” en el que que todos, hombres y mujeres, niños y mayores…, a condición de “empezar por los más pobres, indefensos y pequeños, pues son el corazón de la Iglesia”.

A modo de contrapunto, presento y comento hoy la primera lectura, una de las más hirientes de la Biblia, que sólo me atrevo a presentar (exponer) cuando viene después la de Pablo (de ayer) y la de Lc 4, 14‒21 que veré mañana.

Es una lectura durísima, como verá quien siga,. Ella trata de un asunto clave de los tiempos de Nehemías, un rico “tirano”,un hombre fuerte (en el sentido que ese término tenía en el contexto), que vio «claro» el tema: ¡Para resolver r los problemas de Jerusalén y de Judea había que empezar levantando un muro y expulsando a las mujeres extranjeras!

Estas son las obras y tareas centrales de Nehemías, el «padre» del nuevo judaísmo de Jerusalén tras el exilio: Levantar un gran muro, para que no entre nadie en Jerusalén… y expulsar a las mujeres extranjeras, porque dan más ejemplo y destruyen al buen pueblo judío (todo ello con la autoridad del Gran Rey de Persia)

La Biblia hebrea tiene páginas bellísimas de respeto y acogida hacia los pobres, distintos y extranjeros… pero tiene otras durísimas como ésta, que se sigue escuchando y practicando en buena parte de nuestra “buena sociedad”: Para resolver nuestros problemas y quedar de esa manera limpios (¡nosotros, los elegidos!) tenemos que empezar expulsando a los extranjeros o poniendo barreras para que no entren.

Hoy, como en tiempo de Nehemías, se dice: A este tipo de personas tenemos que expulsarlas de la Iglesia, de la buena sociedad o del Estado, añadiendo además que eso hay que hacerlo por humanidad y democracia. ¡Peor que en tiempos de Nehemías!

50831188_1160130167497507_4244619258404798464_nEl tema es actual, en España y en el mundo. El tema es el peligro los emigrantes varones y mujeres, como se dice de un modo más o menos velado en ayuntamientos y partidos, ministerios y hospitales, incluso en iglesia. (En tiempos de Nehemías el problema era básicamente el de las mujeres extranjeras).

Podrían proponerse varias soluciones, como la de Nehemías, el tirano, que diría, más o menos, cosas como éstas:

… Ciertamente, hay que dejar que los hombres pasen y queden por un tiempo, pues necesitamos que trabajen, ya que nosotros no estamos ya para labores sucias. Pero que vengan sólo ellos, hombres. Que no traigan mujeres y que nadie de aquí se case aquí con mujeres extranjeras, pues ellas traen luego hijos negros o morenos o achaparrados… y destruyen nuestro identidad nacional.

Que vengan sólo hombres y “trabajen” por un tiempo, pero que vuelvan luego a Mali o o Bolivia a casarse, que vayan por un mes cada año, si hace falta (con avión pagado), pero que no traigan aquí a sus mujeres y a sus niños. Que los hombres extranjeros sean nuestros criados temporales y nosotros los señores permanentesde la casa.

Ésta solución de Nehemías forma una de las leyes más significativas del tiempo final de la Biblia Judía, como podrá verlo quien le todo el libro (libros) de Esdras-Nehemías. ¿Por qué no aplicarlo al pie de la letra? Se podría pensar que los obispos no protestarían demasiado, con la excepción sabida de Mons Agrelo, que para eso está en Tánger, no en España.

Además, ese mandato de expulsar a las extranjeras está en la Biblia… y se aplicó en un tiempo, hace casi 2.400 años. Por otra parte, nosotros, los hispanos, la la hemos cumplido anteayer, expulsando a judíos y moriscos (hombres y mujeres) entre el 1492 y el 1615…

Y con eso pasamos al texto, que (por lo demás) es un texto “bien castrado”, pues la lectura del domingo sólo cita la parte más piadosa, dejando fuera el tema sangrantes de la expulsión de las mujeres, obra del tirano Nehemías (atribuida también a Esdras el Escriba). Sigo deseando a todos un buen fin de semana.

Lectura de Neh 8, un texto piadosamente “castrado”

50766646_1160129217497602_4965830768044539904_nEn aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.»

Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.»

Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.» (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

Como he dicho, es un texto castrado (recortado), pues la liturgia ha escogido sólo los versículos “piadosos” que la tradición atribuye Esdras , el escriba (aunque tema proviene del tirano Nehemías).

Gobierno de tiranos.

En el entorno de Persia, entre las naciones o ciudades bajo el mando del Gran Rey, se hicieron famosos los ricos “tiranos”, que gobernaban de un modo autocrático, en tiempos de crisis. Solían ser ricos y, suspendiendo por un tiempo las normas democráticas, resolvían con mano fuerte y con dinero los problemas de una ciudad.

Pues bien, entre esos “tiranos buenos” el más famoso en la Biblia es Nehemías, eunuco muy rico, ministro y copero del Gran Rey de Persia, que le envía con plenos poderes a Jerusalén, para resolver los problemas internos de la comunidad judía, entre los cuales estaba el de la seducción de las mujeres extranjeras.

El “pecado” era acoger a mujeres extranjeras. La conversión del “tirano” Nehemías era expulsar a las mujeres extranjeras, porque ellas eran mala levadura para el buen pueblo de los buenos judíos de entonces.

Para entender la lectura (que aquí se relaciona con Esdras, en escriba)

El texto dice que los judíos que “leían el texto de la ley”, pero no se dice qué texto de esa ley (podían ser pasajes de Éxodo y Deuteronomio donde se pone de relieve el riesgo que suponen las mujeres extranjeras). Se dice que leían piadosamente y que estaban dispuestos a cumplir la ley sagrada… y que celebraban una fiesta, comiendo tajadas buenas y bebiendo vino dulce…, pero sin citar aquellos versículos en los que se dice que el peligro eran las mujeres extranjeras.

Ciertamente, tal como lo “recorta” la liturgia oficial, éste es un texto piadoso y bueno, y creo que es conveniente leerlo, para que seamos más piadosos. Pero después hace falta volver a la Biblia entera y ver lo que a ese texto se le ha cortado, convirtiéndolo en “Biblia Castrada”. Por eso es bueno leer el texto entero, no sólo aquellas partes recortadas para la liturgia.

El problema real de los libros de Esdras y Nehemías

a. De las “memorias” de Nehemías

el problema de las mujeres extranjeras. Nehemías viene como delegado del Emperador a solucionar los problemas de Judá y Jerusalén entre el 458 y el 428 a. C. y encuentra el problema de las mujeres extranjeras, que amenazan con destruir la identidad de Israel:

Asimismo, en aquellos días vi a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, de Amón y de Moab. La mitad de sus hijos hablaban el idioma de Asdod; no sabían hablar el hebreo, sino el de aquellos otros pueblos. Reñí con ellos, los maldije, golpeé a algunos, les arranqué los pelos y les hice jurar por Dios, diciendo: ¡No daréis vuestras hijas a sus hijos, ni desposaréis sus hijas con vuestros hijos ni con vosotros! ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel?… ¡Que no volvamos a enterarnos de que cometéis la infamia de casaros con mujeres extranjeras? Uno de los hijos de Yoyada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat el horonita; por lo que lo alejé de mi lado. ¡Acuérdate de ellos, oh Dios mío, porque han contaminado el sacerdocio y el pacto de los sacerdotes y de los levitas!(cf. Neh 13, 23-30)

b. El llanto de Esdras

Según el texto actual de la Biblia, Esdras viene también de Babilonia, como sacerdotes y escriba, con poderes del gran rey, para arreglar el tema de la identidad nacional y encuentra el problema: los judíos se están casando con extranjeras y están perdiendo su identidad. Ésta es la causa del llanto:

“Mientras Esdras oraba y hacía confesión llorando y postrándose ante la casa de Dios, se juntó a él una multitud muy grande de Israel: hombres, mujeres y niños; y el pueblo lloraba amargamente. Leer más…

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Jesús en Nazaret (1ª parte). Domingo 3º. Ciclo C.

domingo, 27 de enero de 2019
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Escrituras-Jesús-Sinagoga-MVCDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después de celebrar las tres epifanías, volvemos al evangelio de Lucas.

Un cambio curioso de Lucas

Cuando Lucas escribió su evangelio, tomó como punto de partida el de Marcos. Incluso lo copió a veces al pie de la letra. Pero, en bastantes ocasiones, lo cambiaba y completaba. Uno de los casos más curioso de cambio y añadido lo tenemos en el evangelio de este domingo.

            Marcos cuenta que Jesús, cuando metieron en la cárcel a Juan Bautista, se dirigió a Galilea y proclamaba lo siguiente: “Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia”.

            Lucas también dice que Jesús se dirigió a Galilea y predicaba en las sinagogas, pero no dice qué predicaba. Las primeras palabras públicas las pronunciará en la sinagoga de Nazaret, y no hablan del plazo que se ha cumplido ni de la cercanía del reinado de Dios; tampoco piden la conversión y la fe.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

            Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

            – Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

El reinado de Dios no está cerca, se ha hecho presente en Jesús

Rollo-de-Isaias Rollo de Isaías encontrado en Qumrán

Lo primero que hace Jesús es leer un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Son imágenes que no debemos interpretar al pie de la letra. No se trata de ciegos físicos ni de presos. Este texto, escrito probablemente en el siglo VI o V a.C., describe la triste situación en la que se encontraba por entonces el pueblo de Israel, sometido al imperio persa. Una situación bastante parecida a la de los judíos del tiempo de Jesús, sometidos al imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados perfectamente en esas palabras del libro de Isaías. Pero lo importante es lo que Jesús añade: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

            Cuando se comparan las primeras palabras de Jesús en Marcos y Lucas se advierte una interesante diferencia. En Marcos, lo esencial es el reinado de Dios y la actitud que debemos adoptar ante su cercanía (conversión y fe). En Lucas, la fuerza recae en el personaje sobre quien Dios ha enviado su Espíritu: Jesús. No se trata de que el reinado de Dios esté cerca, se ha hecho ya presente en Jesús.

¿Qué se cumple hoy?

            El texto de Isaías se puede interpretar, a la ligera, como si el personaje del que habla (para nosotros, Jesús) fuese a llevar a cabo la mejora social de los pobres, la liberación de los cautivos, la curación de los ciegos, la libertad de los oprimidos. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. La traducción litúrgica usa tres veces el verbo “anunciar” (en griego sería una vez “evangelizar” y dos “anunciar”). Este matiz es importante, porque coincide con lo que hizo Jesús. Es cierto que curó a algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Lo que hizo fue “anunciar el año de gracia del Señor”, hablar de un Dios Padre, que nos ama incluso cuando las circunstancias de nuestra vida siguen siendo muy duras.

Un optimismo desafiante

La liturgia ha dividido el relato de Lucas en dos domingos. Con ello, nos quedamos sin saber cómo reaccionará el auditorio a lo que ha dicho Jesús. La sabremos el próximo domingo. Lo que hoy debe quedarnos es el profundo optimismo del mensaje de Isaías, que, al mismo tiempo, supone un desafío para nuestra fe. ¿Se ha cumplido realmente esa Escritura que anuncia la mejora y la salvación a pobres, ciegos, cautivos y oprimidos? Una rápida lectura del periódico bastaría para ponerlo en duda. Cuando Lucas escribió su evangelio, cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, también tendría motivos para dudar de esta promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y se siguen cumpliendo hoy.

La 1ª lectura (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

EsdrasEn aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.» Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

            Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»

            Este episodio se interpreta generalmente como el punto de partida histórico de la lectura pública de los textos sagrados judíos y ayuda a comprender lo ocurrido en la sinagoga de Nazaret. La escena se sitúa en la segunda mitad el siglo V a.C., en tiempos de Esdras, y representa una gran novedad. Hasta entonces, quienes hablaban en público eran los profetas. Ahora se lee el libro de la Ley de Moisés (quizá alguna parte del Deuteronomio), de acuerdo con un ritual muy preciso, que se mantuvo parcialmente en las sinagogas: Esdras se sitúa en un púlpito, la gente se pone en pie, Esdras bendice al Señor y todos adoran. Según otra versión, quienes leen son los levitas, que, al mismo tiempo, explican el sentido de lo que han leído.

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27 Enero. III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 27 de enero de 2019
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TO-III

“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea,

con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca.”

(Lc 1, 1-4; 4, 12-14)

“Volvió” y nosotros volvemos a estrenar tiempo litúrgico. Bueno, en rigor empezamos hace casi dos semanas. El tiempo de Navidad terminó con el Bautismo del Señor y desde entonces empezamos el “Tiempo Ordinario”. Es el más largo de los tiempos litúrgicos y sin embargo parece que le damos poca importancia.

El Adviento y la Cuaresma son tiempos fuertes, llenos de compromisos y anhelos. La Navidad y la Pascua son tiempos de mucha fiesta y alegría. El Tiempo Ordinario pasa más desapercibido, es silencioso, pero es aquí donde se “cuece” la vida.

Lo que decíamos, lo estamos estrenando y durante este año la liturgia nos presenta el evangelio de Lucas. Tenemos treinta y pico semanas para saborear la experiencia de Jesús que tuvo la comunidad de Lucas.

Y así, de una volada, nos hemos plantado en el capítulo 4, en la vida pública de Jesús. Los relatos del anuncio y el nacimiento los hemos recordado en Navidad. Ahora estamos de nuevo en la línea de salida. Jesús vuelve a Galilea y volverá alguna vez más, y también nos hará volver. Pero no vuelve de cualquier manera, vuelve “con la fuerza del Espíritu”. ¿Qué tal si también nosotras nos animamos a volver así, con la fuerza del Espíritu?

Ahora que las fiestas de Navidad nos han devuelto a nuestras rutinas, a nuestra cotidianidad, volvamos con ganas. Volvamos con novedad.

Lo conocido no es menos emocionante o más pobre, las cosas buenas no solo suceden en vacaciones. Toda nuestra vida está llena de regalos por abrir. Muchas veces no llevan papel de colores ni son objetos que podamos almacenar. Quizá por ello a penas los percibimos y se quedan esperando.

¡Anímate! Y vuelve tú también a tu Galilea. Pero vuelve con la fuerza del Espíritu para que en ti se cumpla el Sueño de Dios.

Oración

Derrama, Trinidad Santa, tu Espíritu sobre nosotras para que nos acerquemos a tu Palabra y descubramos la Buena Noticia. Para que nuestras vidas sean signos de libertad. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Espíritu libera y capacita para liberar

domingo, 27 de enero de 2019
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D98CCDEF-8944-45B9-ACC0-30DA9086D90BEste ciclo (C) toca leer el evangelio de Lc, que empieza con un paralelismo entre el Bautista y Jesús en los dos primeros capítulos. A partir de aquí, Lc se olvida de todo lo dicho y comienza solemnemente su evangelio: “En el año quince del gobierno de Tiberio Cesar… vino la palabra de Dios sobre Juan… Después del bautismo y las tentaciones, propone un nuevo comienzo con un resumen: Regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu, enseñaba en las sinagogas y su fama se extendió por toda la comarca.

No es la primera vez que entra en una sinagoga pues dice: “como era su costumbre”. Y “haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. El texto de Isaías es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita, es la omisión voluntaria de la última parte del párrafo, que decía: “…y un día de venganza para nuestro Dios” (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Los que escuchaban se dieron cuenta de la omisión. Que alguien se atreva a rectificar la Escritura era inaceptable.

Is se refiere a los tiempos mesiánicos con metáforas, no habla de curación física. Jesús se niega a entrar en la dinámica que los de su pueblo esperan. Ni la misión de Elías ni la de Eliseo fue remediar necesidades materiales. Continúa Lc con un texto en que Jesús realiza toda clase de curaciones, ahora en Cafarnaúm. Pero termina orando en descampado y diciendo a los que le buscan: Vámonos a otros pueblos a predicar, que para eso he venido.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Para los primeros cristianos, estaba claro que el mismo Espíritu, que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús a ir mucho más allá de ella. No se anula la Escritura sino el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ningún rito, ninguna norma, pueden tener valor absoluto. El hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de “Ungido”. Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: La mayor cercanía a la persona de Jesús se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que verdaderamente representa. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios reflejada en la Escritura.

Partiendo de la Escritura, Jesús anuncia su novedoso mensaje. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos, “hoy se cumple esta Escritura”. Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación por parte de Dios. Pero debemos tener mucho cuidado de no entender literalmente el mensaje, y seguir esperando de Dios lo que ya nos ha dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Soy yo el que debo tomar conciencia de que soy libre y puedo vivir en libertad sin que nadie me lo impida.

La libertad es el estado natural del ser humano. La “buena noticia” de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material. Pero tampoco podemos conformarnos con una propuesta de salvación meramente espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales.

Oprimir a alguien, o desentenderse del oprimido, es negar el Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos. No es el Dios de los buenos, de los piadosos, ni de los sabios. Es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte Dios, si estamos con ellos. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica. Jesús respondió al Bautista: “id y contarle lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan…”

Hoy el ser humano está fallando en la búsqueda de libertad. Buscamos con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuida la liberación interior que es la verdadera. Jesús habla de liberarse antes de liberar. En el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, a pesar de sometimientos externos, hay una parte de su ser que nadie puede doblegar. La primera obligación de un ser humano es no dejarse esclavizar y el primer derecho, verse libre de toda opresión. La peor opresión es siempre la que se ejerce en nombre de Dios.

¿Cómo conseguir ese objetivo? El evangelio nos lo acaba de decir: Jesús volvió a Galilea con la fuera del Espíritu. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar a uno para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: Si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo. Superado el egoísmo queda el amor.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es sencillamente genial. Ninguna explicación teológica puede llevarnos más lejos que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses contrapuestos es tan demencial como pensar que una parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. Cuando esto sucede le llamamos cáncer. El individualismo solo puede ser superado por la unidad a la que nos lleva el Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferen­tes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella el ser vivo sería inviable. Tal vez sea una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas, aceptar la diversidad, aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia, no una amenaza sino una riqueza insustituible. Si somos sinceros, descubrimos que estamos en la dinámica opuesta. Seguimos empeñados en rechazar y aniquilar al que no es como nosotros.

Lo único que predicó Jesús fue el amor, es decir, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos empeñándonos en encontrar el sentido de mi existencia en la individualidad terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino que es su propio constitutivo esencial.

Ya sabemos que el “Espíritu” no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer, querámoslo o no. No tiene ni pies ni cabeza que sigamos empeñados en potenciar lo que de nosotros es más endeble, aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer dar sentido a mi existencia potenciando lo caduco es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Meditación

Hoy se cumple esa Escritura también en ti.
El Espíritu que actuó en Jesús, está actuando en ti.
El ego nos separa. El Espíritu nos identifica.
Conecta con esa energía divina que ya está en ti,
y la espiritualidad será lo más espontáneo y natural de tu vida.

Fray Marcos

 Fuente Fe Adulta

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Ojos con los que yo te miro.

domingo, 27 de enero de 2019
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D1BDF0E6-502A-4A3D-84D6-B1C4F1DA77D8“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú” (Gustavo Adolfo Bécquer)

27 de enero. Domingo III del TO

Lc 1, 1-4 y 4, 14-21

Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él

Los tres sinópticos relatan el encuentro de Jesús y el joven rico: “Caminaba junto al lago de Galilea” (Mt, 4, 18), donde el bautista proclamaba: “Arrepentíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1, 14). Pero sólo uno de ellos se detiene en la mirada del Señor.

No es fácil evadirse de esa mirada de amor, con la que fue mirado el hombre rico que no sólo tenía muy buenas intenciones, sino que además era un judío piadoso. El relato de Marcos es el único que registra este mirar de Jesús hacia su interlocutor: “Jesús le miró con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme” (Mc 10, 21).

Decía Santo Tomás de Aquino en una ocasión: “Es evidente que si un hombre practica un cariño compasivo por los animales ha de estar más preparado aún para sentir compasión por su prójimo”.

Todas las miradas de Jesús están transidas de esa luminosa bondad que brota de un corazón infinitamente misericordioso y perfectamente humano. Sin embargo, en este caso puntual, el evangelista pone particular énfasis en el “le miró con cariño”. Quizá los discípulos, que acompañan al Maestro en sus andanzas, pudieron registrar que no fue un mero cruce de miradas. Posiblemente advirtieron que el Señor se quedó con la mirada prendada en el corazón de un hombre tan noble cuya única aspiración, decía, era ir al Cielo. Aspiración que se derrumbó cuando “frunció el sueño y marchó triste, pues era muy rico”.

Henrich Hoffman (1824-1911) reflejó la escena en un óleo sobre lienzo, El joven rico, que se conserva en la  Iglesia baptista de Riverside, Nueva York, Estados Unidos.

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El estatus de hombre triste lo traza Hoffmann con maestría, vistiéndole de hermosísimos ropajes, que parecen ser de sedas, terciopelos y tafetanes. Como contraste, el artista nos muestra a la izquierda del lienzo el “dáselo a los pobres”, del Jesús humanitario. Una mujer -posible seguidora de Jesús- sostiene en sus manos a un hombre anciano y enfermo, que mira de soslayo lo que va a acontecer con el bienintencionado joven.

La respuesta es clara, pues Jesús no deja duda con el ademán de sus brazos extendidos mostrándole con las manos curvadas, cuál es el camino. Como siempre, el Maestro no impone, sugiere: la mirada apartada, los ojos mirando al suelo y no fijándolos en su interlocutor, explican que el hombre que se acerca al Rabbí ha tomado la elección por sus riquezas.

Entonces, mis ojos se posaron como lágrimas de nácar sobre el teclado y comenzaron a acariciar el marfil hasta que, de repente, se hizo la música en el aire. Igual que “toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él” (Lc, 4 20) interrogante, aquella tarde en Nazaret cuando querían despeñarle.

Yo sentí los ojos de Jesús inspirando armonía vital sobre mis manos. Me lo traía a la memoria Martín Llade, en Sinfonías de la Mañana, al recordar lo que decía de uno se sus personajes: “Las mariposas continuaban brotando del teclado, revoloteando por la estancia con sus alas de cristal y caramelo”.

Gustavo Adolfo Bécquer escribió:

“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú”.

Frase que expresa la profunda emoción que surge cuando nuestra mirada se cruza con la de la persona amada o admirada al menos: “Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él” (Mt 1, 20).

LOS SUEÑOS DE LA TIERRA SON DORADOS

Los sueños de la Tierra son dorados,
circunvalando al Sol en un rotar
inmenso. Inmenso y repetido caminar
siguiendo los senderos señalados.

No te importan de tierra o asfaltados,
pues tus alas te llevan al altar
de los cielos en perenne rodar,
sobre ligeros vientos ya soñados.

Misterioso soñar y loco anhelo
de una optimista realidad
que vuela sin cesar y sin recelo.

Y más allá de ti, tu libertad
recorre sin parar picos y cielo
hasta lograr tu más bella beldad.

(EDICIONES FEADULTA, Yo amo el Planeta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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En la conciencia de un Dios que libera

domingo, 27 de enero de 2019
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FDCF6441-B5EC-42FC-9569-1040DC8B1CA5Lc 1,1-4;4,14-21

En este primer tramo del Tiempo Ordinario, la liturgia nos invita a dar un paseo por los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. En el texto de hoy se da la bienvenida al Evangelio de Lucas, pero da un salto en lo que se refiere a los relatos de la Infancia y al Bautismo de Jesús. Tras intentar dar solidez a los testimonios de la comunidad lucana y a todo lo que han fijado por escrito, nos sitúa directamente en su vida pública y ya con el discernimiento hecho sobe cuál es su misión, en principio con cierta claridad.

Comienza este Evangelio en un formato epistolar dirigido a Teófilo. Lucas lo sitúa al principio del Evangelio y al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles para darle un carácter literario, como una larga carta que remite a su compañero Teófilo. Pero no es sólo una carta subjetiva desde lo experimentado, sino que alude a una investigación diligente para dar consistencia y solidez a los hechos que han marcado profundamente esta visión de Dios y del ser humano.

Avanzando en el texto, nos muestra a Jesús al inicio de su ministerio y exponiendo su proyecto en la sinagoga de Nazaret. Es la etapa del inicio de su predicación, posteriormente las primeras curaciones y la llamada a sus primeros discípulos ya serán en Cafarnaún. Jesús acude a la sinagoga como tenían costumbre los judíos y le entregan el pergamino donde estaba escrito un texto del profeta Isaías. No vamos a hacer una comparación profunda de este texto, pero sí es importante destacar que Jesús realiza dos variaciones importantes en la lectura. Isaías no habla de “dar la vista a los ciegos” sino para “curar los corazones desgarrados”. Tal vez este cambio no tuvo mucha importancia, aunque podría referirse Jesús a la ceguera que ya percibía en las autoridades judías y los fariseos. Sin embargo, la omisión del último versículo sí es de mucha trascendencia porque ponía en juego el mismo ser de Dios. Se siente con la autoridad suficiente para comenzar a reinterpretar la ley judía desde la coherencia con su nueva conciencia: sentirse habitado por ese Espíritu que le había fortalecido en el desierto y desde ese amor recibido como hijoexperimentado en el Bautismo. El versículo que omite es “anunciar un día de venganza para nuestro Dios”. Este último versículo va a dar cohesión y consistencia a todo el programa que presenta. La imagen de un Dios vengativo choca frontalmente con la imagen de un Dios Madre-Padre que cuida, protege, dignifica y lanza al crecimiento, a la libertad y a la autonomía desde un vínculo profundo.

Se trata de un paso a la conciencia adulta de una concepción de la religiosidad que no encaja con la dinámica infantil del premio-castigo, del enfado-contento por lo que se haga bien o mal. Jesús nos sitúa ante un Dios que forma parte de nuestra misma identidad y que se manifiesta como “gracia”, es decir, como luz, fuerza, sanación y empoderamiento desde la dignidad que nos confiere. Una conciencia de libertad que favorece la elección de aquello que va a dar un hondo sentido a la vida. Y este engranaje vital tiene unas clarísimas consecuencias como expone Jesús en esa recuperación del texto de Isaías.

Jesús remarca su misión para que le sigan y se sumen a su movimiento mesiánico. Sin duda, todo un proyecto que presenta claramente la “liberación” como eje fundamental de quienes quieran seguirle. La liberación refiere a un movimiento de contraste y de apertura, de transformación de todo aquello que empequeñece, limita, juzga y excluye; es un nuevo dinamismo que sana, restablece, perdona e incluye a todo ser humano como indica el texto de Isaías recuperado por Jesus. Somos invitados a participar de esta corriente divina que va impregnando a toda la humanidad de una nueva visión en la que se hacen evidentes los valores del Reinado de Dios: la justicia, la solidaridad, el amor generoso e inclusivo, una clara apuesta por todos aquellos que sufren y que son víctimas del poder, de la opresión, de la ceguera de los que se sienten dirigentes del mundo y poseedores de la verdad.

Al terminar la lectura Jesús exclama: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Ojalá sepamos hacer realidad la escritura del mensaje liberador que no quiere esclavizar a nadie, que no se muestra como miedo y control, que es capaz de superar todo lo que se opone a la autenticidad y libertad.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 Rosario Ramos

27 de enero de 2019

Fuente Fe Adulta

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Somos presencia

domingo, 27 de enero de 2019
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BC991827-59B3-41DD-A5C5-D2D8A427BA67Domingo III del Tiempo Ordinario

Lc 1, 1-4;  4, 14-21

Lucas se presenta como un historiador de la época: dirige la obra –que dividirá en dos partes: el evangelio y los Hechos de los Apóstoles– a un personaje ilustre –real o imaginario–, alude al proceso de redaccional a partir de los “testigos oculares” y manifiesta su intención de escribir un relato ordenado, con un objetivo preciso: garantizar la solidez de las enseñanzas recibidas.

Tras ese pórtico general a su obra, el texto elegido para la liturgia de este domingo da un salto de tres capítulos para mostrarnos a Jesús en la sinagoga de Nazaret, “donde se había criado”, proclamando lo que se conoce como el “discurso programático”, a partir de un texto de Isaías.

Se trata de un discurso magníficamente elaborado, que subraya acentos sobre los que incidirá constantemente el relato de Lucas: Jesús ungido y conducido por el Espíritu; Buena Noticia que sale al paso de los pobres, como libertad para los cautivos, vista para los ciegos y liberación para los oprimidos; anuncio de un “año de gracia”; y –esta es la novedad– todo ello sucede “hoy”, en la persona de Jesús.

En consonancia con el mensaje profético y las expectativas del pueblo, el tiempo mesiánico es presentado como liberación, que se centra de manera prioritaria en los pobres.

Esa presentación parece pivotar en torno a tres ejes: la consciencia de Jesús, la compasión y el “ahora”.

Todo comienza con la consciencia de Jesús como “ungido” (Cristo o Mesías, en griego y en hebreo, respectivamente) y conducido por el Espíritu. Aquí se halla la clave decisiva: en la comprensión de quienes somos, en la consciencia lúcida de que somos uno con el Espíritu, o mejor aún, de que somos el Espíritu experimentándose en forma humana. La fe cristiana, deudora de las representaciones culturales de aquel momento histórico, lo afirmaría de Jesús de una manera exclusiva; sin embargo, lo que se dice de él es válido para todo ser humano. Como él, todos somos “ungidos”, constituidos por el Espíritu; cambia la consciencia o no que tengamos de ello y la lucidez y docilidad para vivirnos desde ahí.

La comprensión se traduce y se muestra en compasión: la certeza de no-separación radical con todos los seres –compartimos la misma y única identidad, en “formas” diferentes pero no separadas– conduce a tratar a los otros como deseo que me traten a mí, a querer para todo otro lo mismo que quiero para mí. Sabiduría es compasión, comprensión es compromiso. Y todo ello de manera gratuita y desapropiada, como vemos que lo vivió el propio Jesús.

Y ello se vive en una consciencia clara del “aquí y ahora”, es decir, en estado de presencia. Cuando nos perdemos en los vericuetos de la mente, reduciéndonos a ella hasta terminar literalmente “perdidos”, nos resulta imposible “dejarnos conducir” por el Espíritu y vivir la auténtica compasión. Porque la identificación con la mente nos convierte en marionetas: ya no nos conduce el Espíritu –la Presencia que somos–, sino nuestras ideas, proyectos, expectativas, intereses, miedos o necesidades…

Sabemos que el “Hoy”, de Lucas, no se refiere a un momento puntual, sino al “Ahora” atemporal, siempre presente y vivo. Recordemos otros textos del mismo evangelio, en los que aparece este mismo “hoy”. En el relato (mitológico) del anuncio del nacimiento de Jesús, los ángeles dicen a los pastores: “Hoy os ha nacido un Salvador” (2,11). Tras la curación de un hombre paralítico, símbolo de la humanidad aplastada, la gente proclama: “Hoy hemos visto cosas extraordinarias” (5,26). En el encuentro con el publicano Zaqueo, Jesús le dice: “Hoy tengo que alojarme en tu casa” (19,5), para terminar con una constatación: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (19,9). Finalmente, ya en la cruz, al compañero de suplicio que le pide compasión, Jesús le responde con una palabra esperanzadora y cargada de vida: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (23,43).

Para quien sabe ver, siempre es “hoy”. De hecho, basta detectar la trampa mental para advertir que, siempre y en todo lugar, únicamente existe el Ahora, el puro presente atemporal. La idea de una secuencia temporal –pasado, presente, futuro– es solo una ilusión óptica de la mente. En ese sentido, bien podría decirse que vivir en el “hoy” equivale a trascender el estado mental vivir en estado de presencia.

¿Vivo en estado de presencia? ¿En comprensión y compasión?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Hoy estamos salvados.

domingo, 27 de enero de 2019
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20110816144535df618aDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

EXCELENTÍSIMO TEÓFILO (THEOS: DIOS / FILOS: AMIGO)

Teófilo no es un señor, sino que “Teófilo” somos todos: Dios es amigo de todos nosotros. (En el misal romano hay una plegaria eucarística en la que se dice: “cuando por desobediencia perdimos tu amistad, no nos abandonaste…” ¿Y quién ha dicho que Dios ha dejado nunca de ser amigo del hombre? Dios no ha retirado nunca su amistad al ser humano y si no, volvamos a la parábola del padre de los dos hijos (hijo pródigo), Lc 15.

Todos y siempre somos amigos para Dios: Teó-filo.

02. ¿CUÁL ES LA FUERZA Y LA IDEOLOGÍA DE CRISTO?

Tras los relatos del nacimiento de Jesús, que hemos escuchado en Navidad, San Lucas comienza su evangelio situando a Jesús adulto en la sinagoga de su pueblo, de Nazaret.

Pudiéramos decir que Lucas presenta a Jesús pronunciando su “discurso programático”.

La “fuerza” ´le viene a Jesús no de una ideología poderosa, ni eclesiástica, ni de las pulsiones patrias, sino que Jesús vive y comienza a actuar impulsado por el estilo, la fuerza, el ESPÍRITU DE DIOS.

EL ESPÍRITU ESTÁ SOBRE MÍ.

El modo de ser y vivir de Cristo es el del Espíritu de Dios. El mismo espíritu creador y creativo del Génesis, alienta ahora a Jesús. Un Espíritu de VIDA. El mismo Espíritu libertador que presidió el Éxodo. Espíritu de LIBERTAD (no de esclavitud). El espíritu es suave BRISA. (1 Re 19, 12), DESCANSO, (Is 63, 14), es CONSUELO Y ÁNIMO, (Jn 16,7). Es el mismo Espíritu de fecundidad y vida (María-Jesús). Espíritu a la comunidad cristiana. Y ese Espíritu es PAZ, ALEGRÍA E IMPULSO E ILUSIÓN para vivir. (Jn 20, 22).

La vida y la misión de Jesús está presidida no tanto por esquemas religiosos, sino por la CREATIVIDAD, LA LIBERTAD Y LA VIDA, EL ÁNIMO, CONSUELO, PAZ, ALEGRÍA impulso para la misión.

03. BUENA NOTICIA

1cf8f3_evangelistas1HE SIDO ENVIADO A ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES, PARA ANUNCIAR A LOS CAUTIVOS LA LIBERTAD, Y A LOS CIEGOS LA VISTA. PARA DAR LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS; PARA ANUNCIAR EL AÑO DE GRACIA DEL SEÑOR

La palabra eu – angelion significa buena noticia.
El evangelio es anterior a los evangelios y muy anterior al dogma, a la liturgia, a la jerarquía, etc. Jesús -Él mismo en persona- es la buena noticia para los pobres.

Jesús estaba cerca de los pobres y de los débiles: enfermos físicos y psíquicos, estaba cerca de las personas problemáticas. Jesús celebraba la vida, celebraba la libertad frente al sistema legalista de los fariseos religiosos.

Hay personas que en sí mismas son una buena noticia, un don, tienen y transmiten paz, serenidad.

Los periódicos y telediarios están llenos de malas noticias. La vida y la historia son así. Los cristianos creemos en JesuCristo como buena noticia. Llevamos unos años en los que también en los ámbitos eclesiásticos se ha filtrado la condena, solamente se habla de tres o cuatro problemas de tipo moral. La Gaudium et Spes (Vaticano II) fue un acercamiento de la buena noticia al mundo Hoy el acercamiento es más bien condenatorio, recriminatorio, cuando JesuCristo es buena noticia también y precisamente cuando las cosas van mal.

LIBERACIÓN A LOS CAUTIVOS Y OPRIMIDOS.

Dos veces aparece la libertad – liberación de los cautivos / oprimidos.

Desde Egipto y el destierro de Babilonia, cautividades y opresiones hay muchas en la vida, en la historia de los pueblos y de las personas. Opresiones económicas, sociales, eclesiásticas, políticas, raciales. Cautividades también en el orden personal, esclavitudes morales.

Es hermoso y cristiano sentirse, ser libre y ayudar a que los demás vivan en libertad.

04. ESTAMOS SALVADOS.

Jesús podía haber continuado con el texto de Isaías: he sido enviado a anunciar el día de venganza de nuestro Dios, pero no lo hizo. Jesús cortó de raíz toda lectura de un Dios vengativo y rencoroso (como aparece en el texto de Isaías que, ahora, relee Jesús).

Lo de JesuCristo es otra cuestión. Viene a anunciar el tiempo amable de Dios, un tiempo, una historia de gracia, de amabilidad.

El evangelio -de Lucas- es el evangelio de la misericordia y del perdón.

05. Y ESTAMOS SALVADOS YA “HOY”.

No olvidemos nunca que los cielos se abrieron: bautismo y transfiguración del Señor. Si se abrieron no fue para comunicarnos “el crónico enfado de Dios”, sino para todo lo contrario. HOY estamos salvados:

Lc 2, 11 Os ha nacido HOY, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Lc 4, 21 Al comienzo de su ministerio en la sinagoga: HOY se cumple ante vosotros esta profecía».

Lc 5, 26 Tras la curación del paralítico, todos quedaron atónitos y alababan a Dios llenos de temor, diciendo: HOY hemos visto cosas extraordinarias

Lc 19, 5.9 Jesús levantó los ojos y le dijo:

– Zaqueo baja enseguida, porque HOY tengo que alojarme en tu casa. Jesús le dijo:

HOY ha llegado la salvación a esta casa.

Lc 22, 34 Te aseguro, Pedro, que HOY mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces.

Lc 23, 43 Jesús le dijo (al buen ladrón):

Te aseguro que HOY estarás conmigo en el Paraíso.

HOY, no mañana, los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores, estamos salvados.

La alegría futura se hace presente en el hoy de nuestra historia.

Hoy estamos salvados.

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“La resurrección de Jesús según san Pablo”, por Gonzalo Haya.

viernes, 25 de enero de 2019
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St.Paul-Icon-700pxEl primer documento escrito sobre la resurrección de Jesús se lo debemos a Pablo, solamente 20 ó 30 años después de su crucifixión. El obispo episcopaliano J. S. Spong ( 1, 2,) hace hincapié en este dato, porque se trata de una escueta interpretación de la resurrección, sin la escenografía de apariciones que 40 ó 50 años después presentaron los evangelistas. Y esa escenografía nos ha llevado a imaginar la resurrección como vuelta a la vida del cuerpo, mientras que Pablo interpretó la resurrección como una transformación en otra dimensión.

Exponemos a continuación los textos de Pablo y un resumen de los argumentos del trabajo de Song:

Rom 1,4; que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,

Rom 4,25; el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Rom 8,34;  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Rom 14,9; Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

1Cor, 15,3-8; Lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos. Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo.

1Cor, 15,15-17; Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

· Pablo nos da las primeras referencias sobre la resurrección de Jesús, principalmente en Rom 1,4 y 1Cor 15,3-8. No conoce nada sobre signos portentosos a la muerte de Jesús ni sobre el sepulcro vacío. Para comprender lo que dice Pablo tenemos que olvidar de momento todo lo que dicen los evangelios sobre la resurrección de Jesús: discípulos de Emaús, tumba de José de Arimatea, mujeres que llevaban ungüentos a la tumba, y otras apariciones.

· Pablo concibió la resurrección según los tres modelos que encontraba en la tradición judía: Henoc “caminó con Dios y después desapareció porque Dios se lo llevó” (Gén 5,24). Moisés murió “como lo había dispuesto el Señor, y lo enterró… y hasta la fecha nadie sabe dónde está enterrado” (Dt 34,5-6) de modo que el pueblo creyó que no había muerto y estaba con el Señor. Elías fue arrebatado por un carro de fuego y transportado vivo a la presencia de Dios (2Reyes 2,11). Estos eran los modelos que tenía Pablo para comprender su experiencia de Jesús vivo a pesar de había sido crucificado y sepultado.

· La resurrección es el momento en que Dios constituye a Jesús como su Hijo, Mesías y Señor (Rom 1,3-4). Esta afirmación podría ser considerada como “adopcionista” según el concilio de Nicea.

· Según Pablo, Jesús se aparece primero a Pedro (según Juan se apareció primero a María Magdalena, según Marcos Mateo y Lucas el primer anuncio fue a un grupo de mujeres que habían seguido a Jesús). Sigue la aparición a los Doce; ahora bien, o Doce es un número simbólico, o Pablo no sabe nada de la traición de Judas, o quizás el personaje simbólico, elaborado posteriormente, sea Judas. Después a quinientos hermanos; después a Santiago, ¿el hermano del Señor? “Por último”, e igualmente,a Pablo; ¡cuya conversión sucedió entre uno o seis años después de la muerte de Jesús!

· Lucas sitúa todos los acontecimientos de Pascua, entre la resurrección y la ascensión, en 40 días. Los casi seis años de Pablo y la falta de detalles de una apariencia física -mensajes orales y contacto físico- nos indican que Pablo no entendió la resurrección como la revivificación del cuerpo físico de Jesús; esas descripciones fueron elaboradas posteriormente por las comunidades y recogidas por los evangelistas.

· Pablo solamente había experimentado que Jesús vivía y entendió que había sido constituido Señor y Mesías. La resurrección fue, más bien, la transformación en un plano diferente, a un orden de conciencia más allá de los límites del tiempo y del espacio… lo que él llamó cuerpo espiritual” 1Cor 15,44). No hubo una revivificación del cuerpo que permaneciera en la tierra durante unos días y luego fuera “elevado” a los cielos. Al morir, fue transformado; ya no es un mortal, “la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). “Esta carne y hueso no pueden heredar el reino de Dios, ni lo ya corrompido heredar la incorrupción (1Cor 15:50)

Tenemos dificultad de imaginar esta transformación porque necesitamos explicarla con los conceptos e imágenes obtenidas de este mundo material, y porque nuestro imaginario se ha nutrido con los relatos de los evangelistas que trataron de plasmar y visualizar la resurrección de Jesús. El pueblo sólo concebía una vida real en un cuerpo; un ser sin cuerpo les parecería un fantasma.

Los estudios bíblicos se concilian mejor con los estudios de la antropología actual, y nos facilitan una comprensión más actual y adulta de nuestra fe. Lo trascendente sigue siendo un misterio, pero al menos no resulta contradictorio con nuestros conocimientos científicos de lo inmanente.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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“Un gesto poco religioso”, 2º Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)

domingo, 20 de enero de 2019
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02-TO-CHabía una boda en Galilea. Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética «salvando» una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal.

En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su «primer signo», el que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de su misión salvadora.

El evangelista Juan no habla de «milagros». A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre «signos». No quiere que sus lectores se queden en lo que puede haber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuenta de que «no les queda vino» y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes viven decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario.

José Antonio Pagola

 

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“En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”. Domingo 20 de enero de 2020. 2º domingo del Tiemp

domingo, 20 de enero de 2019
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10-ordinario2 (C) cerezoDe Koinonia:

Isaías 62, 1-5:La alegría que encuentra el esposo con su esposa.
Salmo responsorial: 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
1Corintios 12, 4-11: El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece.
Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos.

La vida de Jesús se desarrolló dentro de la normalidad propia del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. Los discípulos descubren a Jesús como un hombre normal, en un ambiente normal y sin ningún tipo de manifestaciones espectaculares o extraordinarias. Esta realidad de una vida normal en Jesús, hace que entre los discípulos y él no haya ningún tipo de distanciamiento, antes por el contrario, una vida verdaderamente humana como la de Jesús, hace que su experiencia del Dios sea más creíble y mucho más accesible a la conciencia y a la vida de los que le escuchan y le siguen. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.

Para la lógica del Evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental en la teología del evangelio de Juan. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de la Eucaristía. El Banquete es por tanto un signo mesiánico, donde se anuncia la llegada del Reino y se presenta a Jesús, Soberano del Reino. Es un símbolo fundamental que explica en la cotidianidad la presencia del Reino en medio de la historia.

Las bodas de Caná están en el imaginario de los primeros cristianos y de todo la Iglesia a lo largo de la historia, por ese hecho inolvidable: en lo mejor de la boda, el vino se acaba. ¿Cómo es posible que no se haya previsto esta parte en la fiesta? La acción de Jesús de Nazaret frente a la falta de vino, hará que este relato de las bodas de Caná, quede inmortalizado en la simbología cristiana.

El milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente por la falta de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil, mediatizada por ritos fríos y carentes de sentidos.

No se dice sin embargo que las tinajas estuvieran con agua. Son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, más bien estorbaban en la vida normal de la gente, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús: el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios. Tenemos que acabar en nuestra vida y en la vida comunitaria, con los sistemas religiosos deshumanizantes, para lograr entrar en la dinámica liberadora, incluyente y festiva que Jesús inauguró.

¿Complicada esta interpretación? Efectivamente, es complicada, con la complicación que brota de un texto sofisticado, muy elaborado, con toda una trastienda de alusiones veladas y crípticos mensajes. Leer, proclamar, comentar el evangelio de Juan como si se tratara de una simple y llana historieta de unas bodas, en las que además Jesús funda el sacramento del matrimonio, sin más complicaciones… resultaría una lectura fácil y cómoda, pero sería profundamente carente de veracidad. Aunque sea más laborioso y menos grato, es mejor tratar a nuestros oyentes como adultos, y no ahorrarles la complejidad de unos textos que interpretados directamente a la letra nos llevarían solamente por caminos de fundamentalismo. Leer más…

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Dom 20.1.19.María quiere vino: Las bodas de la Iglesia

domingo, 20 de enero de 2019
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bodas_canaDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 2, Ciclo 3. Jn 2, 1-11. El texto de las Bodas de Caná de Galilea ofrece el tema final de la Navidad (es decir, de la Epifanía de Jesús), con los oros dos motivos anteriores: Adoración de los Magos y Bautismo de Jesús.

Es un evangelio rico en motivos históricos, cristológicos, eclesiales y marianos, que deberían exponerse con más cuidado. Yo lo he titulado María (=la madre de Jesús), quiere vino, no para ella, sino para la Iglesia, para todos los que buscan y quieren a Jesús, para todos los hombres y mujeres de la tierra.

— Hay ciertamente un recuerdo de Jesús participando en bodas, hombre de vida, al servicio del amor y de la vida.. Éste es el Jesús verdadero, iniciador de bodas, hombre de amor y de vino, promotor de una esperanza de paz (shalom), simbolizada en la Biblia con buenas bodas.

— Hay un matiz de Iglesia, es decir, de humanidad: Debemos pasar de las bodas de agua y purificación (mucha ley, muchas normas, piedra a piedra, gran pobreza) a las bodas del vino . Que todos los hombres y mujeres de la tierra, todas las casas, tengan lo necesario para vivir (pan, agua, casa…), pero también algo de vino, que es el gozo de la vida, algo que sobra para el regalo, para el amor, para las bodas…

Hay un recuerdo de la Madre de Jesús, que es persona concreta y signo de Israel, una mujer festera, promesa de vino y de amor para hombres cargados de leyes, de miedos y normas frustradas (los cántaros de piedra para las purificaciones).

a. Santa María de las bodas

49937771_1155522287958295_7210638752929021952_nLa Madre de Jesús se sitúa ante las bodas humanas (antes judías, hoy cristianas) y descubre en ellas mucha mucha ley (agua de purificaciones, normas bien aseguradas…), pero sin vino de vida, que es la alegría de los novios que se irradia y expande a todos los invitados. Por eso critica las bodas antiguas (de Israel, quizá de gran parte de las bodas de nuestras Iglesias, cargadas de leyes y normas de piedra y agua, con poco vino de vida.

La Virgen de muchas «apariciones marianas» habla más de penitencia que de vino; ella puede ser piadora, pero no es la Virgen de Caná de Galilea, iniciadora de evangelio, de vino y de bodas, de alegría esperanzada (es decir, cristiana).

b. San Jesús del Vino

Jesús se manifiesta en Cana para dar vino y «marcha» de vida (esperanza, alegría) a las bodas de la historia humana, pasando de la pura ley (cántaras de agua de purificaciones) a la vida intensa, al vino abundante, sobrado, bueno, de la fiesta, con María su Madre (que es signo del paso, de camino que se debe hacer para ir del Antiguo al Nuevo Testamento).

Hemos manipulado a Jesús (hemos manipulado a su Madre), muchas veces, para seguir teniendo a la puerta de nuestras iglesias las seis cántaras de agua de las purificaciones (prohibiciones, normas…). Jesús, en cambio, ha venido y su madre le ha «presentado» para que sea fuente de vino, es decir, de amor, de bodas para el conjunto de la humanidad. Éste es el mensaje del evangelio de hoy.

Todo eso y mucho más está latente en este texto prodigioso, que comentaré en tres partes:

a) Comentario básico
b) Manifiesto del vino
c) Observaciones finales

Imágenes Son normales todas… menos la segunda: Una Fiesta de Bodas del pintor judío M. Chagall… Parece Caná de Galilea, bullicio de fiesta, con Jesús en algún lado, con la Madre, con los novios… y todos con sus ánforas de vino. Es la mejor representación moderna que conozco de las Bodas de Caná.

Buen domingo a todos.

Texto: Juan 2, 1-11

280px-Giotto_-_Scrovegni_-_-24-_-_Marriage_at_CanaEn aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»
Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis cántaras de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo. «Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

1. COMENTARIO BÁSICO

El evangelio nos sitúa en el centro del misterio humano, allí donde nos dice Gén 2, 24 que los hombres se encuentran a sí mismos para unirse: abandonan a los padres y se unen entre sí para formar una sola carne. Bodas son celebración de amor, fiesta de la humanidad que goza en su mayoría de edad, como unión matrimonial y promesa de vida.

Lógicamente, la madre de Jesús estaba allí (2,1).

No se dice que haya venido o que la inviten. Ella pertenece al espacio de las bodas, al lugar del surgimiento mesiánico, al camino de la nueva esperanza de familia de los hombres. Está precisamente en su función de madre y de esa forma se la llama, silenciando su nombre propio de María. En este primer plano, ella refleja la experiencia israelita: es la madre creadora de familia, entregada plenamente a la fiesta de esponsales de los hombres.

Pues bien, el hilo de la narración, la historia de la boda, se corta para introducir una novedad que cambiará toda la línea del relato: «pero también fue invitado Jesús y sus discípulos a la boda» (2,2). Ellos no estaban allí desde el principio, vienen de fuera a interrumpir y transformar el curso de los acontecimientos. Precisamente su venida pone al descubierto la carencia de la fiesta: ¡no tienen vino! En un nivel externo, aquí puede tratarse de carencia material, pero es evidente que el relato apunta a otro nivel: no es que se haya acabado un vino que antes hubo, aunque fue escaso; es que no hubo ni hay vino de ninguna especie.

Israel no puede terminar la fiesta de sus bodas: tiene la promesa y el camino, pero no llega por sí mismo al cumplimiento, porque falta el vino;
tiene anhelo de familia, pero no logra crearla, porque se clausura en el padre (tradiciones) de la tierra. La Iglesia actual se parece mucho a ese Israel aquí criticado, incapaz de abrir para los hombres y mujeres el tiempo de las bodas.

Los novios de aquel antiguo Israel y de esta iglesia 2019 no han podido conseguir el vino de la vida, como indica certeramente la madre (Jn 2,3). Solamente tienen el agua de las purificaciones judías, el agua de los ritos y las leyes, que limpia una vez, externamente, para que volvamos de nuevo a descubrir que nuestras manos siguen estando manchadas (cf. Heb 9,23-10,18). Precisamente en ese fondo de insuficiencia israelita y búsqueda de bodas que no pueden culminar, viene a situarse la palabra de María. Sin entrar en sus matices teológicos más hondos señalamos su manera de ponerse ante las bodas. 49

En primer lugar,
María se muestra preocupada y atenta.

Por ser obvio, este nivel aparece pocas veces destacado. No sabemos si es que había otros que vieron y sintieron la carencia de vino, a la llegada de Jesús, pero sabemos que María lo ha advertido. Ella mira atenta a las necesidades de los hombres, gozosa ante unas bodas que prometen dicha. Pudiéramos decir que está al servicio de la fiesta del amor y de la vida: quiere que haya gozo, que haya vino y, mientras otros están quizá perdidos en quehaceres más pequeños, ella sabe mantener distancia y descubrir las necesidades de los hombres, lo mismo que lo ha hecho en el Magníficat (Lc 1, 46-55). Leer más…

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En vez de ayuno, banquete de bodas. Domingo 2º del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

domingo, 20 de enero de 2019
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canc3a1-3Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado leímos el relato del bautismo de Jesús. Si hubiéramos seguido el orden del evangelio de Lucas (base de este ciclo C), hoy deberíamos leer el ayuno de Jesús en el desierto y las tentaciones. Sin embargo, con un salto imprevisible, la liturgia cambia de evangelio y nos traslada a Caná. ¿Por qué?

Las tres epifanías (o “manifestaciones”)

Para la mayoría de los católicos, solo hay una fiesta de Epifanía, la del 6 de enero: la manifestación de Jesús a los paganos, representados por los magos de oriente. Sin embargo, desde antiguo se celebran otras dos: la manifestación de Jesús en el bautismo (que recordamos el domingo pasado) y su manifestación en las bodas de Caná.

Un comienzo sorprendente

Si recordamos lo que ha contado hasta ahora el cuarto evangelio, el relato de la boda de Caná resulta sorprendente. Juan ha comenzado con un Prólogo solemne, misterioso, sobre la Palabra hecha carne. Sin decir nada sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, lo sitúa junto a Juan Bautista, donde consigue sus primeros discípulos. ¿Qué hará entonces? No se va al desierto a ser tentado por Satanás, como dicen los otros evangelistas. Tampoco marcha a Galilea a predicar la buena noticia. Lo primero que hace Jesús en su vida pública es aceptar la invitación a una boda.

¿Qué pretende Juan con este comienzo sorprendente? Quiere que nos preguntemos desde el primer momento a qué ha venido Jesús. ¿A curar unos cuantos enfermos? ¿A enseñar una doctrina sublime? ¿A morir por nosotros, como un héroe que se sacrifica por su pueblo? Jesús vino a todo eso y a mucho más. Con él comienza la boda definitiva entre Dios y su pueblo, que se celebra con un vino nuevo, maravilloso, superior a cualquier otro.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.» Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

El simbolismo de la boda: 1ª lectura (Is 62,1-5)

            Para los autores bíblicos, el matrimonio es la mejor imagen para simbolizar la relación de Dios con su pueblo. Precisamente porque no es perfecto, porque se pasa del entusiasmo al cansancio, porque se dan momentos buenos y malos, entrega total y mentiras, el matrimonio refleja muy bien la relación de Dios con Israel. Una relación tan plagada de traiciones por parte del pueblo que terminó con el divorcio y el repudio por parte de Dios (simbolizado por la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia).

            Pero el Dios del Antiguo Testamento no conocía el Código de Derecho Canónico y podía permitirse el lujo de volver a casarse con la repudiada. Es lo que promete en un texto de Isaías:

“El que te hizo te tomará por esposa:

su nombre es Señor de los ejércitos.

Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–.

            La primera lectura de hoy, tomada también del libro de Isaías, recoge este tema en la segunda parte.


Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

            Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.

El simbolismo del vino

            En el libro de Isaías hay un texto que habría venido como anillo al dedo de primera lectura:

“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte

un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

manjares enjundiosos, vinos generosos”.

            Este es el vino bueno que trae Jesús, mucho mejor que el antiguo. Además, este banquete no se celebra en un pueblecito de Galilea, con pocos invitados. Es un banquete para todos los pueblos. Con ello se amplía la visión. Boda y banquete simbolizan lo que Jesús viene a traer e Israel y a la humanidad: una nueva relación con Dios, marcada por la alegría y la felicidad.

El primer signo de Jesús, gracias a María   

            A Juan no le gustan los milagros. No le agrada la gente como Tomás, que exige pruebas para creer. Por eso cuenta muy pocos milagros, y los llama “signos”, para subrayar su aspecto simbólico: Jesús trae la alegría de la nueva relación con Dios (boda de Caná), es el pan de vida (multiplicación de los panes), la luz del mundo (ciego de nacimiento), la resurrección y la vida (Lázaro).

            Pero lo importante de este primer signo es que Jesús lo realiza a disgusto, poniendo excusas de tipo teológico (“todavía no ha llegado mi hora”). Si lo hace es porque lo fuerza su madre, a la que le traen sin cuidado los planes de Dios y la hora de Jesús cuando está en juego que unas personas lo pasen mal. Jesús dijo que “el hombre no está hecho para observar el sábado”; María parece decirle que él no ha venido para observar estrictamente su hora. En realidad no le dice nada. Está convencida de que terminará haciendo lo que ella quiere.

            Juan es el único evangelista que pone a María al pie de la cruz, el único que menciona las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. De ese modo, Juan abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos.

La tercera Epifanía

El final del evangelio justifica por qué se habla de una tercera manifestación de Jesús. “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.” Ahora no es la estrella, ni la voz del cielo, sino Jesús mismo, quien manifiesta su gloria. Debemos pedir a Dios que tenga en nosotros el mismo efecto que en los discípulos: un aumento de fe en él.

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20 de Enero. Domingo II. Tiempo Ordinario

domingo, 20 de enero de 2019
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“Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”

(Jn 2, 1-12)

¿No había ningún fariseo en aquella boda? Para que se indignara y le dijera a la gente algo parecido a lo del episodio de la mujer encorvada (“seis días tenéis para venir a curaros…”). Algo así como: -“Otros recipientes tenéis para llenarlos de vino, dejad las tinajas de las purificaciones”.

Desde luego si en esa casa había seis tinajas para las purificaciones parece indicar que la gente que vivía allí era religiosa y cumplidora de la Ley. Pero nadie se queja, bueno Jesús un poco, le dice a su madre que no ha llegado su hora. Todos los demás se callan. Solo abren la boca para beber vino.

Con todo, el gesto de Jesús es osado, casi escandaloso. En lugar de decirles a los siervos que traigan las jarras vacías del vino y las llenen de agua les hace llenar las tinajas de las purificaciones.

Bien pensado poco podría decirnos a nosotros que Jesús convirtió 600 litros de agua en vino, a regañadientes, en una boda. El sentido de ese gesto tiene un algo más. Y creo que los tiros tampoco van por el piadoso empeño de ver aquí el papel de intercesora de María.

El gesto de Jesús

El gesto de Jesús es mucho más subversivo pero se nos pasa desapercibido con tanto vino. Jesús convierte el agua de las purificaciones, de la Ley, en vino de fiesta. Y no para una fiesta religiosa sino para una fiesta “mundana”, humana. En una boda se celebra el amor humano, el inicio de una nueva familia.

Y es ahí donde Jesús transforma el agua de la Ley en vino de boda. El Dios de Antiguo Testamento que se ha cansado de repetir que el Templo se le queda pequeño, se escapa ahora también de la Ley y se mete en nuestras fiestas.

La novedad de Jesús no es que Dios venga a habitar en medio de su pueblo, eso ya era una realidad para el pueblo de Israel. Yahve tenía su morada en medio de Israel. Israel tenía el Templo y la Ley. La novedad es que Dios en Jesús dice que Él es mucho más que el Templo y la Ley. Que a Dios no le podemos poner unos límites. Él ocupa TODO nuestro espacio, todos nuestros espacios.

Es más, nos está diciendo que Él quiere ser la alegría de nuestras fiestas. El vino abundante, desbordante, esplendido. Dios no quiere que se acabe nuestra fiesta.

Oración

Danos, Trinidad Santa, de ese vino para que nos embriaguemos de la alegría que viene de ti. Que sepamos entrar en la fiesta sin fin de tu Reino. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El agua-Ley limpia por fuera. El vino-amor vivifica desde dentro.

domingo, 20 de enero de 2019
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693d39cd99e5ab83560037a6d04e605aJn 2, 1-12

Celebramos hoy la tercera de las manifestaciones de Jesús que durante siglos se celebraban el día de Epifanía. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera un regalo para los novios. No, como todos los “milagros” narrados por este evangelista, se trata de signos que nos llevan a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.

Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema. Está dentro de toda lógica la respuesta de Jesús: “¿Qué nos importa a ti y a mí?”. Tampoco es lógico que sea Jesús el que solucione el problema. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de unos cien litros, dedicadas a las purificaciones. Por último, no tiene sentido que el maestresalas increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él quien ordenaba qué vino se servía.

El relato no es una crónica de lo sucedido en una boda. Es fruto de una minuciosa y larga elaboración. No nos dice ni quienes eran los novios ni que relación tienen con Jesús. Lo que normalmente llamamos “el milagro” pasa casi desapercibido. Ni siquiera nos dice cuándo se convierte el agua en vino. Sería imposible separar lo que pudo suceder realmente de los símbolos que envuelven el relato. Pero lo que hoy nos cuenta Jn es teología. La clave para entenderlo es el trasfondo del AT, y la “hora” de la glorificación de Jesús en la cruz.

La boda era, desde Oseas, el signo más empleado para designar la alianza de Dios con su pueblo. La idea de Dios novio y el pueblo novia se repite una y otra vez en el AT. La boda lleva inseparablemente unida la idea de banquete; símbolo de tiempos mesiánicos. El vino era un elemento inseparable del banquete. En el AT, era signo del amor de Dios a su pueblo. La abundancia de vino era la mejor señal del favor de Dios.

La Mujer es un misterio en este relato. Nos aporta un poco de luz la segunda carta del Tarot: la Sacerdotisa. Un mujer madura, pero en plenas facultades que simboliza lo nuevo de la sabiduría. No le llama hijo, ni Jesús le llama Madre. Símbolo de la Alianza que está ya caducada. Jesús y los discípulos son el nuevo pueblo, que están allí de paso. Es completamente inverosímil que María pidiera a Jesús un milagro y menos aún que adelantara la hora de hacerlo. La hora para Jn es siempre la hora de la muerte de Jesús.

El vino es símbolo del amor entre el esposo y la esposa. En la boda, (Antigua Alianza) no existe relación de amor entre Dios y el pueblo. La Madre, por pertenecer a la boda se da cuenta de la falta. María representa al Israel fiel que espera en el Mesías. Jesús nace del verdadero Israel y va a dar cumplimiento a las promesas. El primer paso es mostrarle la carencia: «No tienen vino». No se dirige al presidente, ni al novio. Se dirige a Jesús, que para Jn es el único que puede aportar la salvación que Israel necesita.

Jesús invita a su madre a desenten­derse del problema. No les toca a ellos intervenir en la alianza caducada. Está indicando la necesidad de romper con el pasado. Ella espera que el Mesías arregle lo ya existente, pero Jesús le hacer ver que aquella realidad no se puede rehabilitar. Jesús aporta una novedad radical. Jn está constantemente haciendo referencia a la «hora» (la cruz). Jesús invita a la esperanza, pero la realización no va a ser inmediata. El vino nuevo depende de aquella hora. Anunciar la hora significa que la salvación está cerca.

Haced lo que él os diga. Solo en el contexto de la Alianza, la frase puede cargarse de sentido. El pueblo en el Sinaí había pronunciado la misma frase: «Haremos todo lo que dice el Señor». También el Faraón dice a los servidores: haced lo que él (José) os diga. Se ve con claridad que el trasfondo del relato y lo que quiere significar. Como en el AT, el secreto de las relaciones con Dios está en descubrir su voluntad y cumplirla.

Las tinajas estaban allí colocadas, inmóviles. Se ve el carácter simbólico que van a tener en el relato. El número 6 es signo de lo incompleto. El número de la perfección era el 7. Es el número de las fiestas que relata este evangelio. La séptima será la Pascua. Eran de piedra, como las tablas de la ley. La ley es inmisericorde, sin amor. La ley (imposible de cumplir) es la causa del pecado (falta de amor-vino). Jesús les hace tomar conciencia de que están vacías; es decir que el sistema de purificación era ineficaz.

Jesús ofrece la verdadera salvación, pero ésta no va a depender de ninguna ley, (tinajas). El agua se convertirá en vino fuera de ellas. «Habían sacado el agua». La nueva purificación no se hará con agua que limpia el exterior, sino con vino que penetra dentro y transforma el interior del hombre. Solo después de beberlo se da cuenta el mayordomo de lo bueno que es. Esta interioridad es la oferta original de Jesús.

Lo que sacan los criados de las tinajas es agua. El mayordomo (clase dirigente) no se enteró de la falta de vino. Significa que los jefes se despreocupan de la situación del pueblo. Les parece normal que no se experimente el amor de Dios, porque esa es la base de su poder. No conocen el don mesiánico, los sirvientes sí. El vino-amor como don del Espíritu es el que purifica, lo único que puede salvar definitivamente.

El vino es de calidad. “Kalos” indica siempre excelencia. El maestresala reconoce que el vino nuevo es superior al que tenían antes. Pero le parece irracional que lo nuevo sea mejor que lo antiguo. Por ello protesta. Lo antiguo debe ser siempre lo mejor. Esta actitud es la que impidió a los jefes religiosos aceptar el mensaje de Jesús. Para ellos la situación pasada era ya definitiva. Toda novedad debe ser integrada en el pasado o aniquilada.

El último versículo es la clave para la interpretación de todo el relato. Nos habla del “primer” signo de una serie que se va a desarrollar durante todo el evangelio. Además, como signo, va a servir de prototi­po y pauta de interpretación para los que seguirán. El objetivo de todos los signos es siempre el mismo: manifestar “su gloria”. Ya sabemos que la única gloria que Jesús admite es el amor de Dios manifestado en él. La gloria de Dios consiste en la nueva relación con el hombre, haciéndole hijo, capaz de amar como Él ama.

Lo más sorprendente es que se emplee la imagen de una boda para hablarnos de las relaciones de Dios con el hombre. Dios se manifiesta en todos los acontecimientos que nos invitan a vivir. Dios no quiere que renunciemos a nada de lo que es verdaderamente humano. Dios quiere que vivamos lo divino en lo que es cotidiano y normal. La idea del sufrimiento y la renuncia como exigencia divina es antievangélica.

El mensaje para nosotros hoy es muy simple, pero demoledor. Ni ritos ni abluciones pueden purificar al ser humano. Solo cuando saboree el vino-amor, quedará todo él limpio y purificado. Cuando descubramos a Dios dentro de nosotros e identificado con todo nuestro ser, seremos capaces de vivir la inmensa alegría que nace de la unidad. Que nadie te engañe. El mejor vino está sin escanciar, está escondido en el centro de ti.

Meditación

Con apaños exteriores no puedo llegar a Dios.
Dogmas, ritos y preceptos, o los vivo o están muertos.
Nuestra religión es falsa si no nos da Vida auténtica.
La doctrina será el agua que solo te dará vida
si la bebes y trasformas en lo más hondo de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La realidad de la Iglesia.

domingo, 20 de enero de 2019
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2-TOC-ev“No amemos de palabra, sino con obras” (Papa Francisco citando la carta de Juan)

20 de enero. Domingo II del TO

Jn 2, 1-11

Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor.

Desafortunadamente hoy la riqueza llena los depósitos bancarios de los ricos, frecuentemente escoltada por los esbirros de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, creando una humillante sociedad de pobres.

Ante tal indigno teatro no se puede permanecer ociosos, ni sumisos tampoco. En su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres el 13 de noviembre de 2017, El Papa Francisco recordaba las palabras de la primera Carta de Juan, de no hablar de palabra y de boca, sino de verdad y con obras, cuando se trata de amar a los pobres (1 Jn, 3-18).

Esta preocupación está atestiguada ya desde las primeras páginas de Los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres “llenos de espíritu y sabiduría”  (Hch 6, 3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres.

En la Carta del apóstol Santiago, 2, 1, se manifiesta esta misma enseñanza con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: “Supongamos que en vuestra congregación entra uno con anillo con anillos de oro y traje elegante, y también un pobre andrajoso; os fijáis en el de traje elegante y le decís: Siéntate aquí en un buen puesto; y al pobre le decís: Quédate en pie o siéntate bajo mi estrado, ¿no estáis discriminando y siendo jueces de criterios perversos?”

Pero afortunadamente tampoco faltan ejemplos contarios. Francisco de Asís en el siglo XII, al que han imitado hoy otros muchos cristianos: Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer, Pedro Casaldáliga… y un largo etc., no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: “Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo” (Test 1-3; FF 110).

Y tampoco olvidemos que en el mundo también hay animales y plantas menesterosas, que necesitan nuestras atenciones. Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, personas, plantas y animales; a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres -como solía decir Pablo VI- pertenecen a la Iglesia por “derecho evangélico” (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963), y obligan a la opción fundamental por ellos.

En la Primera Jornada de los Pobres 19 de junio de 2017 el Papa Francisco dijo: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

Fiel a su pensamiento de que “hay que pasar a los hechos”, él es el primero en hacerlo invitando, con motivo de la Navidad, a un grupo de pobres a participar en una comida de Navidad, organizada por medio de la Limosnería Apostólica, celebrada en el Centro Deportivo de la Guardia de Finanza en Castelporziano. Las personas que comerán invitados por el Papa son pobres, gente sin hogar, inmigrantes y personas en situación de exclusión que reciben atención de Cáritas de la Diócesis de Roma.

Tras resultar elegido en el cónclave, el Papa Francisco dijo: «¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!«

PEDRO CASALDÁLIGA, POETA DE LOS POBRES

Durante más de 33 años –toda la vida de Cristo– Pedro Casaldáliga (1928), pensador, poeta y circunstancialmente obispo de Sao Félix de Arauaja, Brasil, ha vivido dedicado a trabajar a favor de los indígenas, campesinos y a la causa de la justicia. Obispo católico ordenado, siempre se negó a vestir como tal, sin ofensivas ínfulas, mitra, báculo o anillo de oro, llevando él mismo una vida de pobreza.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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