Es un texto enigmático (Mc 14, 51-52), tanto por el lugar y forma en que el Evangelio de Marcos lo introduce, como por su contenido. El cuadro A. da Correggio (1489-1534I, El joven que escapa,dejando su túnica/sindón en manos de los perseguidores que llevan a Jesús, en el Huerto de los Olivos, Galería N.de Parma, Italia, lo muestra bastante bien.
‒ Por orden de los Sumos Sacerdotes, la muchedumbre armada, dirigida por Judas, ha venido a prender a Jesús. Todos sus discípulos huyen. Sólo queda un joven (neaniskos) envuelto en un sindón (rica túnica de lino o sábana de noche) queda hasta el final. Ese «effeminato” (afeminado), muchacho joven, con cuerpo adolescente, casi de muchacha, somos quizá nosotros, en la noche del huerto de Jesús, cuando parece que la iglesia acaba (los «grandes», varoniles, huyen).
‒ Sólo queda él, el afeminado, en la noche, siguiendo a Jesús, con la túnica o sábana sobre lo desnudo… La muchedumbre adversa, airada le agarra con fuerza, pero él es escurre, se escapa, dejando en manos de sus prendedores una túnica/sábana de “effeminato”… Éste es un texto enigmático… y la mayor parte de los comentaristas hemos vacilado al interpretarlo, empezando por Mateo y Marcos, que no supieron (o quisieron) entenderloy lo borraron de sus evangelios). Es muy posible que ahora, en tiempos de coronavirus y de recreación de la Iglesia podamos entenderlo mejor, como haré, con mi amigo Manuel Villalobos:
‒ Personalmente tiendo a entenderlo de un modo más social, en la línea de mi Comentario de Marcos. Todos nosotros somos aquel joven, y es como si vinieran a prendernos ¿Quién? ¿De dónde? ¿El coronavirus? No se sabe. Ni se sabe siquiera el el vestido que llevamos es una túnica flotante de “effeminado” rico o un sudario/sábana para que nos entierren, pues morimos. Alguien no quiere agarrar y prender, y si queremos escapar sólo podemos hacerlo absolutamente desnudos, como destaca por dos veces el texto.
– Este es el enigma y tarea actual de la Iglesia. Cuando los grandes varones eclesiásticos fallan (han marchado ya) no queda más que este joven effeminato, chico o chica, da lo mismo. Este es uno de los signos mas fuerte de la Iglesia que empezamos a ser este 2020, año de la pandemia. No nos hemos dado cuenta (ni Mateo ni Lucas quisieron admitirlo, pero Marcos lo dijo para siempre, en este enigmático pasaje…, que no es todo el evangelio, pero es muy importante).
‒ Mi amigo Manuel Villalobos, experto biblista mexicano, profesor de una Universidad de Chicago (USA) interpreta el texto desde la perspectiva del vestido y desnudez del joven, al que interpreta, con muchas y buenas razones, como un “effeminato”, amigo de Jesús, al que sigue hasta el final, cuando Pedro y el resto de los Doce le han abandonado. Ésta es el argumento que desarrolla con gran erudición en el último número de Concilium, cuyo resumen presentaré después. Mi interpretación y la suya son algo distintas, pero no se oponen. Es para mí un honor poder compartir una línea de trabajo con Manuel Villalobos (cuya imagen con la portada de algunos de sus libros presentaré en lo que sigue).
Texto:
51 Y un joven le iba siguiendo (a Jesús), cubierto/envuelto con una túnica/sábana sobre lo desnudo (el cuerpo) y le agarraron, 52 pero él, soltando la túnica/sábana, se escapó desnudo Mc 14, 51‒52) [1].
Lectura de X. Pikaza, Comentario de Marcos
A primera vista este joven ofrece rasgos de discípulo/amigo y parece tener intimidad con Jesús (o con el huerto donde Jesús ora) y es el único que le sigue (synakolouthei) tras el prendimiento. Sigue a Jesús de cerca cuando todos han huido, manteniéndose a su lado, como su compañero final, y así permanece por un momento. Pero después, cuando quieren agarrarle, huye (con ephygen, 14, 52, como se decía de los discípulos 14, 50), pero lo hace de un modo especial, que en texto ha resaltado de manera provocadora, diciendo por dos veces que va desnudo (gymnos): cubierto con un tipo de túnica/sábana sobre la piel, y así escapa en la noche, dejando la túnica/sábana en manos de los que han prendido a Jesús.
(a) Todos habían huido de Jesús (le habían dejado); no escaparon de los que le habían prendido (de la muchedumbre con palos y espadas), sino del mismo Jesús, de su maestro; se escandalizaron de su debilidad (14, 27), no entendieron ni aceptaron su mesianismo, sino que le rechazaron, en vez de mantenerse a su lado o de padecer por él, muriendo en el intento de defenderle.
(b) Por el contrario, este joven no escapa de Jesús sino de aquellos que quieren prenderle (pues a Jesús le han amarrado ya). No tiene ninguna defensa, ni armadura ni espada, de manera que al agarrarle se puede afirmar sin más que está perdido… pero él logra escaparse totalmente desnudo, dejando manos de los perseguidores la rica túnica o sábana con que se cubre (syndona), quizá como aquella con la que José de Arimatea enterrará a Jesús en el sepulcro. Y sin embargo “se escapa”, como escapará Jesús del sepulcro. Éste es el texto, breve y enigmático. Quieren agarrarle y de hecho le agarran con fuerza (kratousin auton), como han agarrado a Jesús (ekratêsan auton). Pero a Jesús han logrado mantenerle aferrarle y le llevan prendido para el juicio, como seguirá contando la historia de la pasión. Éste, en cambio, escapa, a pesar de que le agarran con fuerza, dejando la túnica o (sindona) que cubre su cuerpo nocturno en manos de aquellos que llevan a Jesús. Eso significa que en realidad no le han agarrado a él, sino sólo a sus vestidos.
Otros no podrían haberse librado (escapado),porque llevaban los vestidos bien unidos al cuerpo… En cambio, esta joven, llevaba la túnica o sábana como flotando sobre el cuerpo desnudo, de manera que pudo escapar. ¿Quién era? ¿Qué hacía en el huerto, así vestido… Los comentaristas han dejado flotar su imaginación:
Algunos han dicho que este joven era el dueño del huerto (khôrion, 14, 32) donde Jesús ha estado con sus discípulos, un lugar de cierta intimidad, donde sólo otro íntimo, como Judas, ha podido encontrar a Jesús y a los suyos en la noche. En el huerto, que por su nombre (Getsemaní significa “prensa de aceite”) parece cubierto de olivos, debía haber una “casa/molino” donde habría estado su dueño, ese joven desnudo, descansando. Despertado por el alboroto del prendimiento de Jesús, habría salido “con lo puesto”, es decir, con la sábana de dormir. Conociendo el lugar como lo conocía pudo escaparse y su recuerdo, como el de Simón Cireneo (15, 21), serviría para certificar la historicidad del relato de Marcos. Pero, en este caso, resulta difícil de explicar el signo de la sábana, que en aquel contexto no se empleaba de ordinario para dormir, sino para enterrar a los muertos.
Otros afirman dicen que éste era un discípulo amado de Jesús, cuyo recuerdo habría pervivido en el “Evangelio Secreto de Marcos”, un joven que puede compararse al discípulo amado del Cuarto Evangelio. Según ese Evangelio Secreto de Marcos (frag. 2), la madre y la hermana de este joven discípulo se relacionarían con Salomé (recuérdese que Salomé está vinculada con María Magdalena y la madre de Jacob en 15, 40 y 16, 1). Éste sería (frag. 1 del evangelio secreto de Marcos) el joven al que Jesús resucitó en Betania, conforme a una historia parecida a la de Lázaro (cf. Jn 11, 41-44), en la que se añade que este joven amigo solía visitar a Jesús, y así vino a verle en el huerto la última noche, desnudo bajo la túnica flotante o la sábana, para huir luego dejando su flotante “vestido” en manos de los perseguidores[2].
Otros han dicho que éste es el mismo joven de la tumba vacía (16, 5), es decir, un ángel, pues en ambos casos se emplea la misma palabra (neaniskos). Marcos habría querido indicar así que a Jesús le han podido prender, para que cumpla su misión (según las Escrituras: 14, 49), pero al joven mensajero de la tumba vacía no han podido prenderle. De esa manera, Marcos ha introducido aquí (al comienzo de la pasión) un signo de resurrección.
De todas formas hallamos algunas diferencias muy significativas, pues el joven de la tumba vacía va cubierto con una stolê (estola o túnica larga) de color blanco, es decir, con vestido de cielo (de triunfo final), como indica el Apocalipsis (7, 9.13-14). En contra de eso, este joven de 14, 51-52 va envuelto en una sindone (que puede ser túnica rica para el día o sábana de muerte, como aquella con la que entierran a Jesús, en 1, 46). Por eso, aunque exista semejanza entre ambos textos, hay que afirmar que los dos jóvenes son distintos.
Quizá este este joven es un símbolo del mismo Jesús que vence a la muerte. Ésta parece la solución probable, que se sitúa en una línea cercana a la que ofrece el “Evangelio Secreto”. Mientras prenden a Jesús y le llevan, emerge a su lado y le sigue (va con él, synakolotheiautô) este joven, compartiendo su mismo destino. Va desnudo, cubierto con una sábana, como Jesús en la tumba donde le encerrarán (también con sindona), corriendo bien la piedra, para impedir que se escape (15, 46). Le agarran con fuerza (kratousin auton), pero no pueden retenerle, pues agarran su ropa flotante (como en la imagen), de manera que él se escapa, desnudo (como los muertos que resucitan), dejando en las manos de los que pretenden aferrarle la sábana inútil[3]. Esto significaría que Jesús tiene aquí dos identidades: (a) Por un lado es el que muere…; le prenden y le matan; (b) por otro lado no pueden prenderle y se escapa, dejando en sus manos la túnica/sábana con la que está envuelto.
En una línea semejante podría avanzar Jn 20, 6-7, cuando afirma que Jesús ha “salido” (se ha escapado) de la tumba, desnudo, dejando allí sus vestiduras de muerte (unos lienzos u othonia, y pañuelo de sudor, soudarion, cubriendo su rostro). Es posible que cierta tradición haya vinculado la sábana/sindona de Marcos (del joven desnudo que huye y de Jesús que sale del sepulcro) con los lienzos/othonia de Juan. De todas formas, esa vinculación no es segura, pues el relato de la resurrección de Marcos (16, 6) no alude a la sábana/sindona con la que habían enterrado a Jesús, sino que dice sólo “mirad el lugar” donde le habían colocado a él, sin aludir a la sábana; en contra de eso, Jn 20, 6-7 insiste en la importancia del signo del sudario y de los lienzos/kthonia con los que habían cubierto a Jesús. En otras palabras, el Jesús de Marcos deja al resucitar un lugar vacío; por el contrario, el Jesús del Cuarto Evangelio deja un sudario y unos lienzos[4].
Sea como fuere, este joven del huerto es un signo de que, precisamente allí donde parece que Jesús ha fracasado se abre un camino de esperanza… Prenden a Jesús, pero no logran “apagar” (destruir) su memoria… Este joven escapa desnudo, para iniciar así, desde su desnudez, el nuevo camino de la Iglesia.
INTERPRETACIÓN DE MANUEL VILLALOBOS (Revista Concilium)
Manuel Villalobos es profesor asistente de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Chicago. Es autor de Abject Bodies in the Gospel of Mark (2012; trad. esp.: Cuerpos abyectos en el Evangelio de Marcos (Córdoba: El Almendro, 2013); When Men Were Not Men: Masculinity and Otherness in the Pastoral Epistles (2014), y Masculinidad y Otredad en crisis en las Epístolas Pastorales (2019).
DESHACER LA MASCULINIDAD: LECTURA DE MARCOS 14,51-52 DESDE EL OTRO LADO
(De un modo muy denso, M. Villalobos, por su vestido y conducta, interpreta a este joven con un effeminnatus. No es un hombre vestido de varón… sino un hombre de túnica lujosa, ostentosa… Es el único que sigue a Jesús hasta el final en el huerto, y no logran agarrarle, se escapa… Desde aquí se entiende el resumen del texto que ofrezco en lo que sigue; para entender el argumento de Manuel Villalobos habrá que leer todo su trabajo en la revista Concilium, cosa que recomiendo a todos mis lectores.)
1. Tema monográfico: Masculinidades: desafíos teológicos y religiosos 7
1.1. Raewyn Connell: Los hombres, la masculinidad y Dios 13
1.2. H.Anderson: Una teología para reimaginar las masculinidades 27
1.3. Manuel Villalobos Mendoza: Deshacer la masculinidad:
Lectura de Marcos 14,51-52 desde el otro lado 41
1.4. Ezra Chitando: Masculinidades, religión y sexualidades 55
¿Qué significaba ser viril o masculino en el mundo del Nuevo Testamento? Ser un «hombre» o una «mujer» tenía poco que ver con la biología en la cultura grecorromana. Un hombre debe realizar y demostrar su masculinidad siempre para ser considerado como un «hombre de verdad» (verus vir). Así pues, resulta extraño que Marcos 14,51-52 presente, durante el arresto de Jesús, a un joven cuya masculinidad está en contradicción con las normas sociales. Su juventud y su lujosa túnica de lino (sindôn) revelan su identidad como effeminatus.
Además, su cuerpo desnudo y su huida cobarde en medio de la noche demuestran su incapacidad para demostrar su masculinidad. Introducción Para los biblistas es casi una obligación «salir del armario» en el campo bíblico para revelar su ubicación social. En mi situación, me he resistido a la tentación de describirme como latino o hispano debido a la ambigüedad de ambos términos. Así pues, he creado una hermenéutica que puede abarcar mi «otredad» como también mi existencia negada debido a mi raza, situación económica y orientación sexual.
En México, las personas que se desvían de las prácticas heteronormativas y son incapaces de realizar correctamente una «masculinidad tóxica» son situadas sin piedad en la no existencia del otro lado. En consecuencia, denomino mi hermenéutica una hermenéutica del otro lado. En otro lugar he descrito cómo esta hermenéutica del otro lado privilegia cuestiones y voces de otredad, masculinidad, marginalidad, género, sexualidad, orientación sexual, etnicidad, economía y límites en el texto bíblico y en mi interpretación bíblica.
Algunas de estas cuestiones resultarán obvias en la lectura que hago de Marcos 14,51- 52, donde el autor narra una escena muy extraña durante el arresto de Jesús: «Un joven le seguía y llevaba solo una túnica de lino. Le echaron mano, pero él dejó la túnica y huyó desnudo» (NRSV). En este artículo me interesa principalmente cómo Marcos nos presenta a este joven y lo sitúa en un terreno peligroso donde aparecen cuestiones conflictivas de la masculinidad.
No es mi objetivo valorar la historicidad del fragmento. La interpretación que hago desde el otro lado no se ocupa de si este joven era un personaje histórico o una creación del autor. Mi interés reside en analizar cómo la construcción textual de la masculinidad de este joven puede desafiar otras construcciones textuales de la masculinidad en la cultura grecorromana del siglo i, contemporánea del evangelio de Marcos. En esta perspectiva, uso las categorías «viril» y «afeminado» tal como eran entendidas en la cultura grecorromana del siglo I.
Estas categorías no reflejan necesariamente nuestra comprensión actual de la «masculinidad». En la antigüedad (¿como en la actualidad?) ser un «hombre de verdad» se entendía principalmente como una relación de poder entre el que penetra y el que es penetrado. Un «hombre de verdad» era el que penetra otro cuerpo, ya fuera de una mujer, de un niño, de un hombre «afeminado» o de un esclavo. La norma de la masculinidad era simple y estaba bien delimitada: penetrar a otro y no ser penetrado.
En esta lucha de poder y dominación, los romanos se consideraban como los «penetradores impenetrables» ; los otros eran simplemente lo contrario, el cuerpo indigno, abyecto y afeminado. Si tales eran las normas con respecto a la masculinidad y el hecho de «ser un hombre de verdad» en la antigüedad, me pregunto por qué Mc 14,51 presenta a un joven corriendo desnudo en medio de la noche. ¿Es este el comportamiento propio de un verus vir tal como se entendía en el contexto grecorromano de Marcos? ¿Cuál es la relación de este joven con Jesús? ¿Está la comunidad de Marcos subvirtiendo o redefiniendo la noción de masculinidad de su sociedad? ¿Cuáles podrían ser las implicaciones para nosotros en la actualidad, especialmente para todos aquellos que han sufrido por una «masculinidad tóxica»? Estas son algunas de las cuestiones que abordo en este artículo.
¿Joven y hermoso?: ¡La masculinidad en peligro! Marcos lo describe como neaniskos (joven). Este término aparecerá de nuevo en Mc 16,5, donde el joven aparece con una larga túnica blanca y explica a las mujeres por qué no se encuentra en la tumba el cuerpo de Jesús. Es interesante que, en su obsesión por revelar la identidad histórica de este enigmático joven desnudo, los biblistas hayan prestado poca atención a las cuestiones de la masculinidad que desde la hermenéutica del otro lado resultan evidentes y sugerentes.
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