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En una Iglesia en la que Cristo está presente hay paz, alegría y aliento vital. (Gracias, Francisco).

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0908Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre: 

01.- A la muerte del papa Francisco.

      El lunes, 21 de abril, fallecía Jorge Mario Bergoglio, obispo de Roma, papa Francisco.

        Creo que ha sido un hombre, un pastor bueno que ha intentado llevar a la iglesia por caminos más evangélicos, una iglesia más sencilla, más de los pobres y humildes, “un hospital de campaña”.

        Quizás no ha conseguido, no ha podido llevar a cabo lo que soñaba y hubiese deseado, pero nos deja su idealismo, su espíritu.

        Los historiadores y los medios de comunicación dirán muchas cosas sobre Francisco.

        Me queda y me brota un sentimiento de agradecimiento hacia su persona, hacia su espíritu eclesial.

        Como buen pastor que ha sido, descansa ya en las “verdes praderas del Reino”.

02.- La Pascua en la Iglesia actual.

        Francisco ha vivido y ha muerto en Pascua. Nosotros también vivimos y moriremos en la Pascua del Señor.

        Los textos bíblicos son siempre los mismos, también los de Pascua. Pero las situaciones tanto personales como sociales y eclesiales cambian.

        El evangelio de hoy es un relato eclesial. JesuCristo no estaba presente en aquella comunidad eclesial (joánica) naciente y, por eso, se encontraban al atardecer (sin luz y sin “luces”), encerrada, con las puertas cerradas, con miedo a la sociedad (a los judíos), sin aliento vital, sin ganas de vivir.

        ¿No ha sido esta la situación de la iglesia en el largo y tardo postconcilio? Creo que ha sido el papa Francisco el que ha intentado remontar el vuelo en los doce años de su pastoreo como obispo de Roma. Ha intentado abrir puertas y caminos.

03.- ¿Y si nos remontamos al origen?

        Una comunidad cristiana, una iglesia en la que Cristo se hace presente vive en paz, con alegría y con espíritu, aliento vital

El texto de hoy se remonta al origen, al Génesis y a la resurrección: al primer día de la semana: a la luz y a la vida.

Jesús repite sobre los discípulos las mismas palabras que Dios pronunció  sobre Adán en el Génesis

Exhaló  su aliento sobre ellos y les dijo: recibid Espíritu, Vida. (Y Adán,- el ser humano- llegó a ser viviente, la comunidad cristiana se llenó de alegría, paz e ilusión (Espíritu).

        Cuando en la Iglesia no hay paz, cuando escasea o falta el espíritu y la alegría, volvamos al Espíritu del Señor, que se cernía en el caos inicial y en el caos eclesiástico. La presencia de Cristo nos confiere paz, alegría y espíritu, aliento vital y ganas de vivir.

04.- ¿No hemos intuido una Iglesia que mira al origen?

        El contexto eclesial de Francisco ha sido más evangélico que tiempos no lejanos. El paradigma ha cambiado. Lo principal ya no es el miedo, la doctrina y la ultraortodoxia a ultranza y contra quien sea. Hemos vuelto, al menos como mentalidad, al paradigma evangélico: Cristo, los pobres, el diálogo, la sencillez. Estamos en el núcleo central del evangelio del Señor: una iglesia sencilla, pobre, abierta a todos.

Hemos escuchado y visto que lo principal y central en la Iglesia es Cristo, no la Curia, ni el Magisterio. Cristo fundamenta el ministerio eclesial del magisterio, no al revés.

Suena a evangelio en estado puro escuchar que lo principal es la caridad: los pobres: una iglesia pobre y de los pobres. Una iglesia del buen samaritano es creíble y vivible. Una iglesia del Santo Oficio es más problemática.

Los gestos de Francisco han sido de sencillez:

  • las vestimentas cotidianas.
  • la celebración del jueves santo con los presos en una u otra cárcel de Roma. ¡El lavatorio de los doce”!: lava los pies de dos muchachas, una de ellas musulmana!
  • Francisco fue amante de la libertad de conciencia. En una audiencia con periodistas les decía: “muchos de vosotros no seréis creyentes, pero igualmente os bendigo…”
  • Llama la atención que en los doce años de pastoreo de Francisco no se ha condenado a ningún teólogo.
  • Y hemos visto cómo el pastor, Francisco, no impone nada, sino que pide a su iglesia que ore por él.
  • Hemos oído hablar de la periferia y no del “centro”.
  • Hemos oído hablar con afecto de y hacia los curas, hacia los pobres y “cartoneros”, hacia los emigrantes, hacia los marginados.

05.- Tomás no estaba en el grupo.

        Las grandes cuestiones de la vida son comunitarias: la familia, el pueblo, la cultura, el idioma,  la fe, los valores.

Tomás no estaba en el grupo. Por eso se marcha y no llega a la fe.

Es muy difícil vivir fuera del grupo, de la familia, del pueblo, de la propia cultura, de la comunidad cristiana.

Tomás vuelve a un grupo que “ha visto al Señor”, es decir un grupo que vive en paz, en alegría e ilusión. Si Tomás vuelve al grupo es porque en ese grupo se puede vivir y convivir en la paz y alegría del Señor. Nadie vuelve a Egipto o a Auschwitz.

Por eso dice a Cristo: ¡Señor mío y Dios mío!

¿Por qué se ha marchado tanta gente de la Iglesia y de la fe?

        ¿Por qué, como Tomás, se ha marchado tanta gente del grupo,  de la Iglesia?

        Es cierto que la iglesia se había tornado una institución cerrada, que infundía miedo., pero no es menos cierto, que han cambiado los “dioses” y los ídolos del pueblo. Hoy decimos “Señor mío y Dios mío” al dinero, a la patria, a las armas, al placer, etc.

¿Y si la iglesia fuese un remanso de paz, de sosiego, de convivencia, de contento, de vida? ¿Quién no quiere vivir en paz y alegría?

Algo de esto ha intentado sembrar el papa Francisco,

Gracias, Francisco, y descansa en paz. Amén.

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«Que podamos creer en el testimonio de la resurrección», por Consuelo Vélez

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0911De su blog Fe y Vida:

II Domingo de Pascua (27-04-2025)

Jesús se apaerce a los suyos pero las apariciones son la forma para decirnos que Jesús ha resucitado a una nueva vida, con otras características, con el cuerpo resucitado del que habla Pablo a los Corintios

Tomás no está con ellos y es la ocasión para que él haga una profesión de fe.

Las palabras de Jesús a tomás: dichosos los que sin ver creyeron, ya no son para Tomás sino para todos los que hoy tenemos que creer sin ver.

Este tiempo pascual y estos diferentes textos de apariciones de Jesús nos ayudan a profundizar en el núcleo de nuestra fe: Jesús ha resucitado

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo:

«¡La paz esté con ustedes!».

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo:

«¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

«Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron:

– «¡Hemos visto al Señor!».

Él les respondió:

– «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo:

– «¡La paz esté con ustedes!».

Luego dijo a Tomás:

«Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».

Tomas respondió:

– «¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo:

«Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

(Juan 20, 19-31)

Este segundo domingo de Pascua continua con los textos de apariciones de Jesús a los suyos. En la vigilia pascual recordamos el texto de la tumba a la que van María Magdalena, Pedro y Juan y la encontraron vacía. Esta es otra manera de afirmar que Jesús no está entre los muertos porque ha resucitado. El evangelio de Juan, continua con la aparición a María Magdalena, pero este texto no lo ha colocado en la liturgia en este domingo, sino que pasa a la aparición a los discípulos que están encerrados por temor a los judíos.

Jesús literalmente se les aparece -no entró por la puerta- pero esto no se refiere a poderes extraordinarios de Jesús para atravesar las puertas, sino que es la forma de decirnos que Jesús, efectivamente, ha resucitado a una nueva vida, con otras características, con otro cuerpo, ese cuerpo resucitado del que Pablo le hablará a los corintios 1 Cor 15,42-44). Pero esa nueva manera de estar no está desconectada de su vida histórica y por eso les muestra sus manos y su costado. Y en esto va a consistir la afirmación de fe de los discípulos: el crucificado es el resucitado. En otras palabras, a la vida histórica de Jesús, Dios le ha dado su sí con la resurrección.

El relato continúa mostrando los dones escatológicos que trae la resurrección: la paz, el Espíritu Santo que los capacita para perdonar los pecados y el envío misionero.

Luego viene una segunda parte del texto, en la que el protagonista es Tomás que no estaba con ellos. Y lo que va a estar en juego es el creer sin ver, como lo hizo el discípulo amado en el evangelio del domingo pasado. Por eso, nuevamente el primer día de la semana, los discípulos están reunidos y esta vez si esta Tomás con ellos. Él ya había afirmado que no se iba a contentar con algún fantasma del que tal vez, él creía hablaban sus hermanos. Él quiere meter el dedo en sus clavos y la mano en su costado. Es decir, afirmar la resurrección del crucificado. En ese contexto vuelve Jesús a aparecerse a ellos y responde a la petición de Tomás. Pero lo que interesa es la frase del creer sin ver. Esta llamada ya no es para Tomás sino para todos los que hoy tenemos que creer sin ver. Recordemos que todo el evangelio de Juan quiere ser testimonio de fe para los que hemos de creer por lo que el evangelio nos relata.

Precisamente este tiempo pascual y estos diferentes textos de apariciones de Jesús nos ayudan a profundizar en el núcleo de nuestra fe: Jesús ha resucitado y nuestra vida dará testimonio o no lo dará de esta experiencia de fe. Dar testimonio del Resucitado es actuar como él actúo. De lo contrario, nuestra fe no da razón de lo que afirmamos. Que estos textos nos ayuden a renovar nuestra fe y ahondar nuestro testimonio.

(Foto tomada de: https://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/2020/04/ii-domingo-de-pascua-jesus-y-santo-tomas.html)

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“Tu signo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

domingo, 27 de abril de 2025
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IMG_0884De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Abandonamos apresuradamente el sepulcro, dejando de buscar entre los muertos a uno que estuviera vivo.

O al menos así debería ser.

Así es como me gustaría que fuese. Para mí. Para ti. Por nuestras comunidades tan devotas del crucifijo y tan poco dispuestas al encuentro con el Resucitado.

Esto es lo que me gustaría en estos tiempos en que prevalecen la oscuridad y la desesperación. Y el miedo.

Porque sí, tienes razón, no es fácil convertirse a la alegría. Abandonar el dolor. No amarlo.

Creer, confiar, poder decir también que los discípulos se alegraron cuando vieron al Señor.

Esta alegría cristiana, que es tristeza superada, exige una conversión todavía más radical que el exigente camino de la Cuaresma, ¿verdad?

No te hagas la víctima, no te sientas el centro de una conspiración, deja de mendigar juicios positivos de los demás, deja de pensar que el mundo (y Dios) está en nuestra contra, trata de evitar por todos los medios el sufrimiento que la vida inevitable y necesariamente nos pone delante para poder crecer.

Todo el mundo está dispuesto a creer en Dios, siempre y cuando Él nos garantice una vida sin dolor.

O sin demasiado dolor. Muchos están dispuestos a sentarle en el banquillo de los acusados: porque Dios no detiene las guerras, después de que nosotros o nuestra indiferencia o nuestra pereza las hayamos provocado.

Hay un largo camino por recorrer.

El Gólgota y el sepulcro están a escasos metros de distancia. Pero se convierten en un abismo infranqueable si no dejamos de llorar sobre nosotros mismos, como María Magdalena, y de quejarnos, como los discípulos de Emaús.

El tiempo de Pascua es un viaje de la desesperación a la alegría.

Del miedo a la confianza. De la guerra a la paz del corazón.

Jesús ha resucitado, por supuesto. Ahora nos toca a nosotros resucitar.

Los discípulos, tanto hombres como mujeres, trabajaron duro.

Los apóstoles trabajaron duro.

Tomás luchó.

El gemelo

A Tomás le apodan Dídimo, que significa gemelo.

Tomás es semejante a nosotros, es idéntico a nosotros, nosotros somos Tomás. Yo soy Tomás.

Él es igual a nosotros en su fe sufriente, dubitativa y cojeando.

¡Cómo quisiéramos vivir la bienaventuranza que pronuncia Jesús!

¡Cómo nos gustaría, en serio, ser felices aunque no lo hayamos visto!

Para nosotros, sin embargo, la fe es más sufrimiento e inquietud que felicidad. Creemos, sí, claro, fuimos y vimos. El Evangelio se ha revelado a los ojos de nuestra alma como la respuesta más sencilla y creíble, coherente y armoniosa a las grandes preguntas de la vida.

Si Dios es bueno, ¿por qué experimentamos violencia y odio? ¿Por qué en este odio siempre sucumben los débiles y los inocentes? Si Dios es luz, ¿por qué la oscuridad ocupa tanto espacio en mis pensamientos?

Creemos, sí, pero ese dolor siempre está presente.

Tomás es nuestro gemelo en esta fe vacilante nuestra.

Pero se nos asemeja también en el sentimiento de profunda desilusión hacia los hermanos creyentes, hacia los hombres de Iglesia.

De esta Iglesia que describen como perdida, que aparece (a menudo) en problemas, que parece abrumada por los escándalos.

Los otros

¡Hemos visto al Señor! Sus amigos se lo dicen con entusiasmo.

Quizás sea admisible, pero ¿cómo puedes creerles? ¿Cómo podrán Pedro y Andrés decirle esto llenos de alegría?

Ninguno de ellos estaba presente bajo la cruz. Nadie testificó. Nadie murió por Él. Todos huyeron y toda su fe quedó destrozada ante el primer destello de la espada. Una fe falsa. Más hipócritas que los hipócritas fariseos.

Tomás se siente decepcionado y amargado consigo mismo.

Y no cree en el testimonio de quienes, como él, han mostrado toda su fragilidad disruptiva.

Él es nuestro gemelo, Tomás.

Cuando los hombres y mujeres de Iglesia nos hacen sufrir, cuando niegan las palabras que profesan, cuando dicen y no hacen. Tomás es el patrón desilusionado de tantas personas que no son capaces de ver la presencia del Resucitado en esta multitud heterogénea que somos.

Pero, a diferencia de nosotros, Tomás permanece. Él no se va dando un portazo.

Él no se siente mejor.

Permanece, en esta Iglesia inconsistente. Y lo hace muy bien. Porque Jesús viene especialmente por él.

Ocho días después.

No estaba allí la primera vez. Quizás no había pensado que fuera apropiado estar con sus amigos. Quizás se llenó de lágrimas sólo por estar en compañía. Tal vez le inquietaba el sentimiento de culpa que se había apoderado de los corazones de todos. Y así, se perdió aquel primer encuentro.

Paciencia. Dios también espera a los que llegan tarde, como él. Al igual que nosotros.

Ligereza

Aquí está el Resucitado. Ligero, bello, sereno. Él sonríe, emana una fuerza abrumadora.

Otros lo reconocen y vibran. Tomás, todavía herido, lo mira incrédulo.

El Señor se acerca ahora a él y le muestra las palmas de sus manos traspasadas.

«Tomás, sé que has sufrido mucho. Yo también he sufrido mucho: mira aquí».

Y Tomás cede. La ira, el dolor, el miedo y la confusión se derriten como la nieve al sol.

Ahora cae de rodillas y besa esas heridas y llora y ríe.

“¡Mi Señor! ¡Dios mío!”

Pronuncia la primera profesión de fe de un creyente. La más desafiante.

La más grande.

Creer sin ver no es creer sin ninguna evidencia.

Pero la prueba que Jesús da a Tomás es inesperada: el dolor compartido.

La fe dolorosa que llevamos en el corazón, las preguntas que a veces se convierten en dudas insoportables, pero sólo quien duda cree, son compartidas por el Señor. Es un dolor sano, una inquietud sana que nos lleva a escarbar en la vida, a no vivirla resignadamente, a mirar más allá.

La prueba más espectacular de la resurrección de Cristo: sus manos traspasadas, como traspasados están nuestros ojos y nuestros pensamientos.

Hasta aquí llega la misericordia de Dios.

Esta es la señal que cambió a Tomás. Y a muchos otros que no se no ha contado, escribe Juan.

Recuerda cuál fue tu signo.

Recuerda cómo descubriste que eras amado.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el II Domingo de Pascua, 27 de abril de 2025

1.- Aquella paz que fluye de las heridas.

2.- En el corazón del cielo nuestro alfabeto del amor.

3.- Aquella presencia y aquella voz que nos hacen rendirnos.

4.- La Resurrección no cancela la cruz, culmen del amor.

5.- La invitación del Resucitado a superar las barreras.

6.- Tu signo.

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25 de abril: San Marcos, evangelista.

viernes, 25 de abril de 2025
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«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura.»

Marcos era hijo de María de Jerusalén, en cuya casa se refugió Pedro cuando fue liberado de la cárcel (Hch 12,12). Colaboró con Pablo en su obra apostólica (Col 4,10) y también estuvo cerca de él en la cárcel de Roma (Flm 24). Según la tradición, Marcos fue un discípulo fiel de Pedro (1 Pe 5,13) y escribió el segundo evangelio, recogiendo la predicación del apóstol Pedro sobre los dichos y los hechos de Jesús. Su evangelio es reconocido, por lo general, como el más antiguo, y fue utilizado y completado por Mateo y Lucas. Al parecer, la predicación apostólica atestiguada por los grandes discursos de la primera parte de los Hechos de los apóstoles encuentra en el evangelio de Marcos -a partir de Mc 1,15- una continuación y sugestivos desarrollos narrativos.

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LECTIO

Queridos hermanos:

Sed humildes en vuestras relaciones mutuas, pues Dios resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes. Así pues, humillaos bajo la poderosa mano de Dios, para que os encumbre en su momento.

Confiadle todas vuestras preocupaciones, puesto que él se preocupa de vosotros.

Vivid con sobriedad y estad alerta. El diablo, vuestro enemigo, ronda como león rugiente buscando a quien devorar. Enfrentaos a él con la firmeza de la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos sufrimientos.

Y el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de un corto sufrimiento os restablecerá, os fortalecerá, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por siempre. Amén.

Por medio de Silvano, hermano de vuestra confianza, según tengo entendido, os he escrito brevemente para exhortaros y aseguraros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Permaneced firmes en ella.

Os saluda la iglesia de Babilonia, a la que Dios ha elegido lo mismo que a la vuestra; os saluda también Marcos, mi hijo.

Saludaos mutuamente con el beso de amor fraternal. Paz a todos vosotros, los que vivís unidos en Cristo.

*

1 Pedro 5,5b-14

***

El apóstol Pedro llama a Marcos en este fragmento mi hijo(v. 13): a partir de esta preciosa noticia, la tradición ha considerado que Marcos había recogido en su evangelio la predicación del primero de los apóstoles, cuyas exhortaciones están dirigidas a los que ejercen responsabilidades de guías y maestros en la Iglesia.

Un auténtico pastor, en primer lugar, debe estar revestido de humildad, consciente de que no posee nada como propio, sino que todo lo ha recibido de Dios. Humildad es verdad: esto vale para todo auténtico creyente y, con mayor razón, para quien está revestido de autoridad.

Quien haya sabido vivir en la humildad, recibirá a su tiempo el reconocimiento por parte de ese Dios que resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes(v. 5; cf. Prov 3,34).

Además de humildes, los pastores deben ser también sobrios y estar alerta. Se repiten aquí las recomendaciones que Jesús había dirigido a sus discípulos en el discurso escatológico {cf. Me 13,lss). La sobriedad y la vigilancia son buenas hermanas: ambas, juntas, pueden oponer una firme y segura resistencia -la resistencia de la fe- al enemigo número uno: el diablo, representado aquí con el aspecto de un león rugiente y devorador. A los pastores humildes y fieles, sobrios y vigilantes, el apóstol Pedro les dirige la promesa: el Dios que les ha llamado a la vida nueva en Cristo, tras un breve suHfp miento, les confirmará en la gracia y les coronará de gloria (v. 10).

***

En aquel tiempo, apareciéndose a los Once, les dijo:

+ Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura. El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.

Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaban.

*

Marcos 16,15-20

***

En la fiesta de san Marcos, la Iglesia nos propone para nuestra reflexión la última página del evangelio de Marcos, el llamado ‘final canónico‘ del segundo evangelio: no es auténtico, en el sentido de que no pertenece al evangelio originario, pero es inspirado, porque ha sido recibido por la Iglesia desde la antigüedad.

 Encontramos, en primer lugar, el mandato misionero: Jesús envía a sus discípulos a llevar el Evangelio a todas las criaturas (vv. 15ss). El misionero del Padre tiene necesidad de otros misioneros; aquel que es la Palabra tiene necesidad de otros portavoces que divulguen su conocimiento; aquel que es el Evangelio hecho persona confía ahora el Evangelio a sus apóstoles: ‘Id… Proclamad’.

El segundo elemento que encontramos en esta página evangélica describe, también en términos telegráficos, el hecho prodigioso de la ascensión de Jesús al cielo: Y se sentó a la diestra de Dios(v. 19). Una vez subido al cielo, Jesús entra en plena posesión de sus poderes de Mesías, Salvador, Dios.

He aquí, por último, la respuesta de los apóstoles a los mandatos que les ha dado Jesús: Ellos salieron a predicar por todas partes’ (v. 20). Se trata de una reacción no verbal, sino práctica; no abstracta, sino concreta, que se traduce en una decisión tan fuerte que da la vuelta por completo a la vida de los apóstoles e implica a muchas de las personas que les escuchan.

MEDITATIO

La figura del evangelista Marcos, cuya fiesta litúrgica celebramos hoy, nos invita a profundizar en el significado del término ‘evangelio’, con el que el evangelista comienza su obra. Se trata de una profundización no puramente escolar o académica, sino existencial y vital.

El Evangelio es de Dios cf. Mc 1,14): contiene y expresa todo el proyecto salvífico que el Padre quiere realizar por medio de su Hijo en favor de toda la humanidad. Es del corazón de Dios de donde brota esta ‘Buena Noticia’ capaz de colmar de alegría todos los corazones humanos disponibles al don de la salvación. El Evangelio es de Jesucristo (cf. Mc 1,1), teniendo en cuenta que este genitivo puede y deber ser entendido así: el Evangelio que es Jesucristo, Hijo de Dios. Es como decir que la ‘Buena Noticia’ tiene como objeto único y exclusivo la persona, la enseñanza y el ministerio de Jesús, único Mesías y verdadero Hijo de Dios. Ahora bien, según Marcos, el Evangelio es también memorial de todo lo que acompañó al acontecimiento terreno de Jesús: por ejemplo, el gesto gratuito y sorprendente de la pecadora que, la víspera de la pasión y muerte de Jesús, bañó, perfumó y besó los pies del Salvador: Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se anuncie la Buena Noticia será recordada esta mujer y lo que ha hecho(Mc 14,9). En suma, de todo esto se deduce que, para Marcos, el Evangelio es todo, todo es Evangelio.

ORATIO

Abre, oh Señor, mis oídos para que se llenen del tesoro de tu Evangelio: sólo así mi vida, iluminada y confortada por tu Palabra, tendrá un significado pleno y duradero. Abre, oh Señor, mi corazón, a fin de que aprenda a acoger al Verbo de la verdad que está encerrado en tu Evangelio: sólo así me sentiré totalmente saciado, porque estaré colmado por completo de tu don.

Abre, oh Señor, mi boca, a fin de que, de la abundancia del corazón, acoja tu mensaje y lo proclame para tu gloria y para el bien de los hermanos. Abre, oh Señor, mi vida al encuentro contigo, que me sales al encuentro día tras día con la Palabra de la verdad que tu Evangelio encierra y entrega.

CONTEMPLATIO

Soy todavía imperfecto, pero vuestra oración en Dios me perfeccionará para alcanzar, misericordiosamente, la herencia, refugiándome en el Evangelio como en la carne de Jesús, y en los apóstoles como en el presbiterio de la Iglesia. Amemos a los profetas, porque también ellos anuncian el Evangelio […]. Han recibido el testimonio de Jesucristo y han sido incluidos en el evangelio de la esperanza común […]. El Evangelio tiene algo más especial, la venida del Salvador, nuestro Señor Jesucristo, su pasión y su resurrección. Los bienamados profetas la preanunciaron, pero el evangelio es la consumación de la incorruptibilidad (Ignacio de Antioquía, a los Filadelfios, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1993).

ACTIO

 Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras del evangelista Marcos: Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio‘ (Mc 1,15).

LECTURA ESPIRITUAL

Marcos refleja a la perfección el estadio inicial de la cristología de la Iglesia primitiva, de la que nunca se podrá prescindir para comprender, por comparación, los desarrollos ulteriores de la reflexión teológica. Aunque el redactor no ha expresado con claridad y de manera orgánica su pensamiento, ha conseguido concentrar nuestra atención en la figura del siervo de YHWH, que nos redime a través del dolor y de la soledad. Su preocupación por eliminar el escándalo de la cruz es evidente, para lo cual demuestra que Jesús ha vencido a Satanás. En su debilidad actuaba la omnipotencia divina para la restauración del Reino y la derrota decisiva del poder diabólico sobre la humanidad […].

Marcos traza la imagen de Jesús más próxima a su realidad humana. Mientras que los otros evangelistas, aun afirmando de manera categórica que Jesús fue un verdadero hombre, casi transfiguran su vida, compenetrando con la luz pascual su humanidad envuelta de miseria y fragilidad, Marcos, en cambio, reproduce de modo verista la experiencia de Cristo que tuvieron los apóstoles, y en particular Pedro, durante su actividad pública antes de su glorificación a la derecha del Padre. En consecuencia, no se preocupa por atenuar las manifestaciones de su sensibilidad, que revelan sus rasgos profundamente humanos.

Sólo Marcos habla de la cólera, de la amargura, del estupor de Jesús, el cual, por otra parte, dirige preguntas a los discípulos, gime y suspira, abraza con ternura a los nińos y ama al joven rico aun cuando éste no corresponda a su invitación de seguirle en la renuncia. Pero no se piense que, con esto, ha subestimado la dignidad trascendente y divina de Cristo. Al contrario, ha puesto este título a su libro: Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Aunque Marcos no elabore una profunda cristología intentando sondear el misterio divino y humano de Jesús, nos documenta, no obstante, mejor que los otros evangelistas y con una probidad escrupulosa sobre la desconcertante realidad de la expoliación del Hijo de Dios, que se encarnó para llevar a cabo la salvación mediante el sufrimiento y la muerte.

*

A. Poppi,

Comentario de Marcos,

Padua 1978.

***

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Tiempo de Resurrección

jueves, 24 de abril de 2025
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Este tiempo,
que es tiempo de encuentros
y de abrazos,
se llama Pascua
y es tiempo de paso
porque Tú caminas
por los caminos de la tierra,
caminos de historia y vida,
a nuestro encuentro
para pacificarnos
y dar sentido a nuestros pasos,
ora vayamos a Galilea,
a Atenas o Roma,
estemos en el Egipto añorado
o nos hayamos establecido
en la Jerusalén de los sueños humanos.

Este tiempo,
siendo de paso,
es tiempo definitivo
para encontrarnos
y abrazarnos,
para que nos arda el corazón
y los ojos dejen de estar cegados,
para gozar tu presencia
y hacernos presencia tuya
y buena noticia para los hermanos,
ora estemos dentro o fuera,
vayamos por caminos
o estemos perdidos,
hayamos nacido en el norte
o caminemos hacia el sur
escondido u olvidado.

Este tiempo,
siendo definitivo,
es tiempo abierto
para probarlo todo
y quedarnos con lo mejor,
que para eso hemos nacido
y Tú nos has creado.
Y a no es tiempo de ayos
ni de leyes
ni de amos y padres
ni de otros señores,
porque sólo el amor
y la fraternidad
permanecen,
abren los corazones
y dejan al Espíritu libre.

Este tiempo, Señor,
es tu tiempo
y es mi tiempo,
es nuestro tiempo
libre de las trabas
que nos hemos creado.
¡Este tiempo es tiempo resucitado!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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“Dinos, Malena, qué viste en el camino”, por Juan Masiá SJ

jueves, 24 de abril de 2025
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De su blog Vivir y pensar en la frontera:

Tumba vacía y llena: El Viviente vive

Un guión de Juan de Patmos en busca de un director

 Nota del editor del blog: El Evangelio de Juan es un magnífico guión cinematográfico en busca de un director que lo realice. Leido como reportaje en directo no se entiende. Peor aún si se analiza con lupa cientificista buscando probar resurrección con tumba vacía.

El siguiente guión no se acuesta con inteligencia artificial, porque está enamorado del pensar poético del águila de Patmos. Absténganse de su lectura celadores de ortodoxia.

(Se levanta el telón. Música del Stabat mater de Karl Jenkins. Aparecen titulares de aleluya)

No le busquéis entre muertos, El es El Que Vive

Id a decir a sus amigos: El Que Vive os aguarda en Galilea

 (María, madre de Jesús, que hizo noche en casa de Salomé, está sentada en la terraza, cuenco de leche en mano, respira fragancia de primavera palestina, la mirada perdida hacia la ruta de Belén, con aire de soñar despierta. Por la escalera externa sube casi sin respirar Malena).

-“¡Madre! ¡Madre! ¡Que está vivo, que me ha llamado!

-.“Radiante vienes Malena, ¿a quién te has encontrado por el camino?

– Te cuento, madre, te cuento. Yo salí de madrugada, hacia la tumba, iba ansiosa y apurada. La verja del huerto, cerrada; marco el número del conserje y no contesta; intento colarme por la puerta de servicio, en ese momento suena el móvil.

“Vaya, por fin, ¿dónde se había metido usted, Cirineo?, si no puede venir, dígame donde demonios ha escondido las llaves, para que las encuentre y abra”.

(Una voz en off pregunta).

– “¿No me reconoces?”

– “¿No es usted el Cirineo?”.

(La misma voz repite, pero esta vez en tono íntimo)

-“María”.

-“Cielo, ¿eres tú? ¿Cómo es posible, desde tan lejos?”

-“No estoy tan lejos, aquí en la Vida de la vida, la cobertura es perfecta. Está uno a la vez en todas partes cuando se está en el seno de Abba.

– “¿De dónde llamas?”

“Desde aquí, a tu espalda”. .

(Malena se vuelve espantada y encantada)

-“¡Rabboni! ¡Cielo!”

(Intenta echarse en sus brazos pero la figura se difumina y dice mientras hace mutis por el foro)

IMG_0859-“En los abrazos del más acá siempre está la piel por medio, por más dentro que penetres, sigues estando fuera. Pero si subes a Abba, abrazas desde allí a todos y todas de otra manera. Anda, corre a decírselo a la pandilla entera. Pero no empieces por Tomás, que, por mucho que le gustes a mi hermano -ya ves con qué ojos celosos mira siempre-, no te va a creer. Ve primero a Juan, que tiene algo de eso que sabéis cultivar vosotras: ojos para ver y oídos entrañables para entender. Él es poeta y por eso puede comprender la Palabra cuando se la interpreta mi Aliento de Vida”.

(La madre de Jesús escucha sonriente a Malena.)

-“Claro, ya sabía que te iba a contactar. Lo cierto es que me acababa de llamar a mí”.

.-“Ya veo, la madre primero”.

“Bueno, no sé qué te diga, era para preguntar por tu número. Fui yo quien le dió el de tu móvil. Cuando el despojo de las vestiduras le habían quitado el suyo, en el que tu dirección iba en cabeza”.

– “Pero lo que no me gusta, madre, es que aparezca tan poquito tiempo y enseguida se vaya”.

-“Ya nos lo dijo durante la cena, que nos conviene que se vaya, para que venga la Ruah a hacérnoslo presente.”

– “Sí, pero no lo tocamos y palpamos con estas manos de carne”.

“Por algo dice él: suéltame, no quieras retenerme”

-¿Es que también te lo dijo a tí, a su misma madre? [1]

-Si me lo dejó bien claro. Tiene que irse con Abba para que vivamos con él como el vive en Abba.“Pero, madre, eso cuesta mucho, porque se le echa de menos y eso nos hace sufrir.”.

Pero Él vive, es El Que Vive”.

“Sí, pero nos lo podía haber dicho antes, el jueves por la noche, nos habría ahorrado el mal rato del viernes a la hora de nona”

(Aquí suena de nuevo el Stabat mater, de Jenkins, en tono alto).

-“Es que ni él mismo lo sabía”.

-“Pero siendo quien es, su conciencia…”

“Déjate de conciencias, Malena, eso son monsergas y teologúmenos, como decía la abuela Ana, eso se queda para teólogos alemanes romanizados con miedo a mirar cara a cara a la Esfinge, como dirá dentro de veinte siglos Miguel de Unamuno”.

-“Ahora me explico lo desolador de aquella frase, cuando dijo que por qué estaba abandonado. Con razón lo pasó tan mal”.

-“Así fue, murió solo en las afueras, como dice tan bien el teólogo José María Castillo: fuera de su ciudad, fuera de su religión y condenado por ella, fuera de sus amigos que lo traicionan, no sólo Judas y Pedro, hasta el mismo Juan pagó el precio de hacer compromisos con los jefes a cambio de que lo dejasen entrar en la capilla sixtina mientras el Gran Inquisidor revestido de capisallos largos dictaba sentencia entre el silencio de los corderos…”.

-“Al final solo quedamos nosotras, madre”.

-“Sí, hija mía, la Ruah, Alientadora de Vida, se portó muy bien, nos dió fuerzas y se sirvió de las tres Marías para consolarle, a la vez que sosteníamos a Juan para seguir en pie…los hombres en estos casos son el sexo débil, ya se sabe; nosotras, las piedras despreciadas por los constructores de la basílica petrina, fuimos llamadas a sostener a la piedra angular y a sus discípulos.

-Al fin, pudo él dar un grito asumiendo que todo estaba acabado, que se dejaba matar quedándosele mucho por hacer… y, mientras Abba respondía con silencio a su grito, hizo de tripas corazón y cruzó la última puerta, entregó su espíritu…¿Qué sentiría al ver que  Abba esperaba detrás de la puerta?“

-“No, Malena. No hay un detrás de la puerta, sino un más acá, ya estás ahora y desde siempre en brazos de Abba, solo que no te das cuenta. Ya dijo Él: Yo soy la puerta. Por eso sabemos que está vivo de verdad en la vida verdadera.

-Eso si que está bien dicho, Malena. La tumba en la noche del viernes estaba llena y vacía, llena de restos mortales y vacía de vida, porque Él ya no estaba allí sino llenándolo todo (Efesios 4,10). Él ya había resucitado en el mismo momento de entregar su Espíritu al Padre y entregárnoslo a nosotras para encargarnos la diakonía de su Palabra y Pan de Vida.

Tienes razón, madre, por eso nos dio tanta paz quedarnos el viernes ante la tumba al anochecer, después que cerraron y se marcharon el Nicodemo y el de Arimatea. ¡Qué paz sentimos ante el monumento: la tumba a la vez vacía y llena, vacía de presencia y llena de restos!.

. Y así estará si unos años después unos arqueólogos encuentran restos mortales. No hace falta una tumba vacía para afirmar la resurrección, ni una tumba con restos mortales niega la resurreccción. Las cosas del Espíritu de Vida funcionan de otro modo que solo se expresa con palabras poéticas comolas de mi buen amigo el arcángel Gabriel. Qué bien supo él hablar de la Puerta de la Vida, la puerta por la que entró en mí el Aliento de Vida, la misma Puerta por la que nació Jesús…

-“Ay, madre, María, qué gusto da oirte decir estas cosas, ¡cuántos escribas muy doctos en teología no saben cómo explicarlas, aunque están muy listos para condenar a quienes las cuentan de otro modo! Tú, Madre, sí que eres mejor exegeta, aprendiste de tu hijo a interpretar a Abba, tú sí que mereces un doctorado en la Ciudad de Dios, tú vales más que Judit, te cantarán todas las generaciones…

– “Bueno, Malena, no te pases, que te exaltas demasiado”.

-“Si es que no puedo contenerme, madre, si lo de hoy al alba ha sido maravilloso, esto es una mezcla de gozar y sufrir. De disfrutar, porque quien amas vive y el amor es más fuerte que la muerte; pero, a la vez, pasarlo mal, porque no lo tienes entre tus brazos.”  -“Claro Malena, si no quieres sufrir, no ames. Pero si no amas, ¿para qué quieres vivir?” “Ay, madre, ¡qué cosas más entrañables dices!”

“Bueno, Malena, dejémolo ya, ahora tú tienes que ponerte en marcha, recuerda que él dijo que tú te llamarás Petra y que con esa piedra quiere él destruir todas las opresiones y desencadenar un movimiento de compasión que inunde el mundo de ternura”.

“¿Por dónde empiezo?”

Empieza por Juan, pero ayudada por Susana y Salomé. Para asegurar que no venga con Santiago la involución, tenemos que coger el timón de la comunidad nosotras. De lo contrario, los rabinos de la curia van y manipulan el Sínodo, redactan encíclicas largas y abstrusas, nombran obispos de su línea, domestican a los doce para que monopolicen el título de apóstoles y buscan una tumba vacía en la que enterrar para siempre el Concilio Vaticano II en un funeral de primera con veinte turiferarios y una hilera de diáconos con dalmáticas de fachosfera. Pero nosotras, adelante, que aprieten el paso sin miedo las muchachas del Reino, sople que sople como un tifón la Ruah para inflar con viento favorable las velas de los pescadores y pescadoras, pesquémoslos a todos y a todas para la vida verdadera…

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Pascua florida

miércoles, 23 de abril de 2025
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flores

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y Tú te muestras, acercas y ofreces
con todo lo que es y tiene la naturaleza.

Eres flor, hierbabuena y también pradera,
risa de junco, tapiz multicolor y agua de regato,
rama reverdecida columpiándose en una enredadera.

Eres bosque con su espesura y música,
llanura, valle y ladera, según la hora,
y esas cumbres que nos llaman y desafían.

Eres el fruto de los árboles que germinan en la tierra,
el trino de los pájaros que anidan y vuelan,
y las nubes y el viento que entre ellos se recrean.

Me sorprendes, gustas y enamoras como las cerezas,
como los melocotones de secano me perfumas
y en ese racimo de uvas dejas tu santo y seña.

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y mi corazón gusta tu savia, voz y palabra
para soñar, soñarte y seguir por tus sendas.

A veces, Señor, a veces, es Pascua florida.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“La pascua de Jesús en la pascua del universo”, por José Arregi

miércoles, 23 de abril de 2025
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De su blog Umbrales de Luz:

1. Celebramos la pascua de Jesús, el profeta de Nazaret condenado y crucificado por su vida fraterna y arriesgada, su vida libre y liberadora, su vida pascual. Celebramos la pascua de Jesús porque reconocemos que su vida solidaria y su muerte violenta fueron pascua, paso liberador de la vida a la Vida para sí mismo y para la entera comunidad de los vivientes.

2. Pero no podemos celebrar la pascua de Jesús sino en el horizonte abierto de la pascua universal: la pascua de todos y todas las profetas, de todos y todas las mártires, de todos y todas las vivientes. No conocemos aún –y los vivientes de hoy moriremos sin conocer– más que un fragmento infinitesimal del universo en lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, pero podemos decir –con asombro y admiración– que todo lo que conocemos es en permanente pascua: en paso, en movimiento, en transformación sin fin.

3. Así es la vida, este fenómeno prodigioso surgido de la física y de la química, de eso que llamamos “materia”, que mejor podríamos llamar misteriosa “matriz” cargada de inagotable potencialidad y creatividad sin fin, eterna matriz “animada” en incesante y universal dinamismo, relación, transformación. No existe una “materia inanimada” ni existe un “espíritu” o “alma” que pueda subsistir sin “materia”, sin alguna forma corporal, aunque sea invisible a nuestros ojos.

4. Cada forma –un átomo, una molécula o un cristal; una hierba, un pájaro, un perro, un ser humano– es única y es mortal. La transformación conlleva la “muerte” de unas formas y la emergencia de otras nuevas. La “muerte” de una forma es la disgregación de sus elementos “materiales”, condición necesaria para el nacimiento de una nueva forma a partir de la misma “materia”, que ni se crea ni desaparece. Lo vemos en especial en las formas que llamamos “organismos vivientes”. La vida es así una infinita red en comunión de vida y de muerte. Vivimos de organismos vivos que comemos. En último término, la vida y la muerte consisten en comer para vivir y en darse a comer para hacer vivir: “Tomad, comed: esto es mi cuerpo”. El organismo que muere deja disponibles, “ofrece” sus células, moléculas, átomos, partículas, su energía…, para que nazca otro viviente. El universo es en el fondo una infinita comunión de vida en pascua permanente, una comunión de vida a través de la muerte. Cada muerte es un gesto de donación.

5. ¿Y qué pasa con estas formas que somos y que, al morir, ofrecemos cuanto hemos vivido, cuanto somos y tenemos, y todos nuestros átomos y partículas y nuestra energía o aliento vital, para que otros vivan? ¿Desaparece sin más para siempre la forma –o el “yo” individual, único y pasajero– al desagregarse todos los elementos “materiales” que la configuran? No sabemos qué decir, ni es esencial que lo sepamos. Aun en el caso de que nuestro “yo” individual –esta “forma material sintiente y consciente que se recuerda a sí misma– se disipara y aniquilara, no por ello perderíamos el valor y la gracia de haber sido, de haber vivido y de habernos dado –en la vida y en la muerte– para que otros vivan.

6. Nada sabemos del futuro de nuestro futuro tras el paso de la muerte, pero podemos preguntarnos: ¿No será este universo o multiverso infinito y eterno –hecho de “materia”, energía, información, potencialidad sin fin– como una infinita memoria o un corazón palpitante que alberga la información, el “recuerdo” vivo, vivificador, pascual, de todas las formas que han sido? En cualquier caso, es bueno que recordemos –con pena y gratitud– a las muertas y a los muertos que nos hicieron vivir o que hicieron mejor nuestra vida. Recordarlos/as es una forma de reconocer que viven y de hacer que vivan. Y de transformar nuestra vida y la vida de la comunidad de los vivientes.

7. Así recordaron a Jesús crucificado las discípulas y discípulos que le habían seguido. No lo habían seguido porque fuera la única encarnación plena del Hijo único de Dios, de “la misma naturaleza” que el Padre, una “persona divina en dos naturalezas”. Lo habían seguido porque sentían que la vida profética de Jesús les transformaba la vida; sus parábolas, sus bienaventuranzas, su projimidad sanadora, su comensalía abierta, su libertad arriesgada, el Jubileo de la liberación que Jesús anunciaba y encarnaba, les convencieron profundamente, vitalmente, encarnadamente, que otro mundo en este mundo es necesario y posible. Cuando el Sanedrín judío y todo el aparato religioso le condenaron, cuando Pilato y todo el poder imperial lo crucificaron en la víspera de la Pascua judía, todas las esperanzas de sus discípulos y discípulas se vieron sacudidas, pero la llama encendida no se apagó, ni su amor de Jesús murió. Lloraron su muerte, hicieron duelo. Las lágrimas limpiaron su mirada, fortalecieron su ánimo, reavivaron su memoria. Lo recordaron de nuevo, lo reconocieron viviente, celebraron la Pascua. No lo reconocieron viviente porque hubieran encontrado su sepulcro milagrosamente vacío ni porque hubieran sido testigos de apariciones milagrosas, sino porque miraron más a fondo, sanaron la memoria, ensancharon el corazón.

8. La pascua de Jesús es inseparable de la pascua universal. La pascua de la primera luna llena de primavera que tantas culturas han celebrado desde milenios antes de nuestra era cristiana. La pascua de los agricultores y pastores del Neolítico, que vivían al compás de novilunios y plenilunios, solsticios y equinoccios, al ritmo de la madre tierra y del cosmos sin medida, que en la luz del sol y de la luna vislumbraban de noche el irresistible poder de la vida. La pascua del universo que en su memoria o corazón infinito tal vez guarda vivo el “recuerdo” vivificador de todas las formas que fueron.

9. ¿El corazón del universo albergará también la memoria viviente de todas las formas personales de mentira y crueldad, de poder opresor y asfixiante de la vida que existieron en el pasado, como tantas otras que existen también hoy y que nos amenazan y aterran? Si el universo fuera una memoria infinita, deberían caber en ella –más allá de todo espacio y tiempo– no solo las formas que vuelven la vida más feliz, sino también aquellas que la vuelven más desdichada. Al celebrar la pascua, no podemos quedarnos solo con las primeras y olvidar las segundas. Pero no las recordamos de la misma manera: recordamos las historias, las vidas, las personas liberadoras para agradecerlas y dejarnos acompañar, instruir, inspirar; recordamos las historias, las vidas, las personas opresoras para observar el daño que hicieron y sanarlo, en la esperanza activa de que el aliento del universo, por la acción de todos los seres y también por nuestra acción, siga abriendo camino hacia la plena realización de su mejor posibilidad: la liberación de todos los seres.

10. Para quienes hoy todavía somos o queremos ser seguidores de Jesús, el profeta libre y bueno de Nazaret es la figura y el referente más íntimo de la esperanza universal que también hoy nos sigue inspirando. Por eso celebramos su pascua, su paso por la vida, su resurrección en la vida dada y en la terrible cruz padecida. Reconocemos y celebramos su presencia, y queremos realizarla y resucitarla hoy. En nuestras Galileas de hoy, él camina con nosotros, comulga con nuestro pan y nuestro vino, acompaña nuestros duelos y fiestas, comparte nuestros alientos y desalientos. Y a pesar de todo cantamos aleluya, porque en el corazón del universo, más allá del tiempo, la pascua futura es presente. Y seguimos caminando.

José Arregi, Aizarna, 9 de abril de 2025

www.josearregi.com

(Próxima publicación en francés en: Odile Ponton, La résurrection, lecture critique et plurielle. Un message pour notre temps, Éditions Karthala)

 

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“Las mujeres, protagonistas de la Resurrección”, por Gabriel María Otalora

martes, 22 de abril de 2025
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IMG_0856De su blog Punto de Encuentro:

«Por una mujer vino el Salvador al mundo, y mujeres fueron las elegidas para anunciar la Resurrección»

«Aun así, al menos Pedro y otro discípulo van a la carrera hasta hallar el sepulcro vacío. Se retiran, dejando claro que a ellos no les fue encomendada la transmisión primera del Resucitado, sino a las mujeres que seguían a Jesús»

«Otra cuestión diferente es que pronto desaparece el testimonio de las mujeres sobre Jesús resucitado; no aparece, siendo sustituidas por Pedro como la primicia ante el incipiente empuje del dominio masculino que muy pronto suprimió la relevancia que Jesús dio a las mujeres»

Los cuatro relatos evangélicos canónicos coinciden en presentar a las mujeres como las primeras personas que se encontraron con el Resucitado. Ellas fueron a llegar ungüentos para el cuerpo de Jesús y entonces se encontraron con la tumba vacía y el anuncio de la Resurrección del Maestro. Su testimonio carecía de valor entonces, sobre todo en un asunto de tanta trascendencia. Y para remachar el hecho, transmitir la gran noticia, al principio, no las creyeron.

Aun así, al menos Pedro y otro discípulo van a la carrera hasta hallar el sepulcro vacío. Se retiran, dejando claro que a ellos no les fue encomendada la transmisión primera del Resucitado, sino a las mujeres que seguían a Jesús. Y eso que Pedro fue designado para edificar la Iglesia.

En resumidas cuentas, que aquella gran noticia no fue una casualidad que fuese comunicada a las mujeres. El remate es el mensaje en sí: id y decidles a ellos que el Resucitado les espera Galilea. En uno de los relatos (Jn 20), Jesús llama a María la de Magdala por su nombre. Ella lo reconoce al instante y le llama Rabbonní, que es la forma de dirigirse los discípulos al maestro. El teólogo Juan José Tamayo afirma que María Magdalena cumplía las tres condiciones para ser admitida en el grupo apostólico: haber seguido a Jesús desde Galilea (Lc 8, 2-3); haber visto a Jesús resucitado (Jn 20,18); haber sido enviada por él a anunciar la resurrección a sus hermanos (Jn 20,17).

Otra cuestión diferente es que pronto desaparece el testimonio de las mujeres sobre Jesús resucitado; no aparece, siendo sustituidas por Pedro como la primicia ante el incipiente empuje del dominio masculino que muy pronto suprimió la relevancia que Jesús dio a las mujeres. Por si fuera poco, en las primeras actividades evangelizadoras, las mujeres constituyen el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, comenzando por Pablo y las muchas mujeres que colaboraron con él como diaconisas. El mismo Pablo reivindica su condición de apóstol en función de la visión de Jesús resucitado: “¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?” (1Cor 9,1).

Sin embargo, quienes podrían narrar en las primeras asambleas eucarísticas las experiencias de la muerte y de la resurrección de Jesús con la máxima autoridad fueron aquellas mujeres, sus primeras testigos, a quienes se les ha ninguneado el papel estelar elegido para ellas por Cristo. Con la pronta instauración de las estructuras patriarcales en la organización de la comunidad cristiana se interrumpieron las posibilidades que se abrían con el reconocimiento de las mujeres como primeras testigos del Resucitado.

Lo cierto es que, por una mujer vino el Salvador al mundo, y mujeres fueron las elegidas para anunciar la Resurrección. Curiosamente, hoy es el día en que la mayoría de fieles, en plena crisis de vaciamiento de los templos, son mujeres… Abrumadoramente son ellas las que mantienen vivas muchas comunidades parroquiales. Su fidelidad fue y es encomiable.

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“Prisas”, por Dolores Aleixandre.

lunes, 21 de abril de 2025
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De su blog Un grano de Mostaza:

Todo está en movimiento en la mañana de Pascua

Todo está en movimiento en la mañana de Pascua. Jesús sale al encuentro de las mujeres que habían ido al sepulcro con perfumes y ellas corren a contárselo a los discípulos. María de Magdala descubre la tumba vacía y corre a anunciárselo a los discípulos;   Pedro y Juan corren también y lo mismo los de Emaús.  después de reconocer a Jesús al partir el pan, corren a decírselo a los demás.

Este dinamismo imparable impregnaba ya los relatos de la infancia de Jesús y sus personajes se ponen en pie, van y vienen al encuentro unos de otros, se visitan, se invitan mutuamente a desplazarse, caminan con apresuramiento como si les fuera la vida en lo que van buscando.

María se levanta y marcha deprisa a visitar a Isabel y Juan da saltos en el seno de su madre; los pastores corren en Belén en busca del niño en un pesebre que les ha anunciado el ángel. Los magos emprenden un camino incierto, llegan hasta Jerusalén y guiados por la estrella, que también se mueve, llegan hasta la casa donde estaba el niño con su madre y se vuelven a su tierra dando un rodeo. A Simeón es el Espíritu Santo el que lo impulsa a dirigirse al templo, Ana también acudió en aquel momento atraída por el Niño.  José y María van y vienen de Nazaret a Belén, de Belén a Jerusalén, de allí a Nazaret y de nuevo a Jerusalén cuando el niño tiene doce años, recorriendo el camino inverso en su búsqueda

Los únicos inmóviles tanto en el nacimiento de Jesús como en su resurrección, son los «personajes cualificados«, esclerotizados en Jerusalén, atornillados en su poder, empeñados en seguir  releyendo antiguas palabras muertas en viejos rollos de pergamino.

La presencia del Viviente cuestiona, provoca, invita a desplazamientos, a cambios de lugar y de postura, convoca a búsquedas y a urgencias.

Dichosos nosotros si nos ponemos en movimiento.

Dolores Aleixandre rscj

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Sábado Santo: Vigilia Pascual en la Noche Santa

sábado, 19 de abril de 2025
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Textos para la Vigilia Pascual

Primera lectura:

Génesis 1,1-2,2

Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: “Que exista la luz.”

Y la luz existió.

Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz “Día”; a la tiniebla, “Noche”.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.”

E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda.

Y así fue.

Y llamó Dios a la bóveda “Cielo”.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.”

Y así fue.

Y llamó Dios a los continentes “Tierra”, y a la masa de las aguas la llamó “Mar”.

Y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.”

Y así fue.

La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.

Y vio Dios que era bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.”

Y así fue.

E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla.

Y vio Dios que era bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

Y dijo Dios: “Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.”

Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Y Dios los bendijo, diciendo: “Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.”

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

Y dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.”

Y así fue.

E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.”

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.”

Y dijo Dios: “Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.”

Y así fue.

Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.

Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

*

Salmo responsorial: 103.

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor;
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R.

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. R.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R.

O bien; :

Salmo responsorial: 32.:

La misericordia del Señor llena la tierra

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.

*

Segunda lectura:

Génesis 22, 1-18

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:

– “¡Abrahán!

Él respondió:

– “Aquí me tienes.”

Dios le dijo:

– “Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.”

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.

El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:

– “Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.”

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abrahán, su padre:

– “Padre.”

Él respondió:

– “Aquí estoy, hijo mío.”

El muchacho dijo:

– “Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?

Abrahán contestó:

– “Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.”

Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

– “¡Abrahán, Abrahán!

Él contestó:

Aquí me tienes.”

El ángel le ordenó:

– “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.”

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio “El Señor ve”, por lo que se dice aún hoy “El monte del Señor ve”.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

– “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.Leer más…

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Las Fiestas de Primavera o Equinoccio de Primavera

sábado, 22 de marzo de 2025
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planyourvisit_robertlentz_marymagdalene-1En el mundo Occidental donde la cultura judía cristiana ha hecho su historia tanto con grandes luces como con grandes sombras, que integraba una axiología, ahora este mundo Occidental entra en una nueva visión o paradigma tecnócrata, que por sí mismo no tiene ni presenta ninguna axiología o escala de valor. Entonces se puede comprender la recuperación o restauración de los tiempos de la naturaleza con sus folclores. El ser humano es un “homo ludens et religiosus” o “un niño juguetón y religioso”.

Así como en el solsticio de invierno disfrutamos de las fiestas de invierno que reemplazan las Fiestas de Navidad, ahora en lugar de Semana Santa o la fiesta de Pascua, disfrutamos de LAS FIESTAS DE PRIMAVERA: el equinoccio que nos trae la misma duración de la luz del día que de la oscuridad de la noche, simboliza el renacimiento, la fertilidad y la renovación de la naturaleza. Es un momento clave para muchas culturas que celebran la transición entre el invierno y el período de crecimiento de la primavera. Todo vivido en el mundo agrícola.

Sabemos que, antes del cristianismo, muchas culturas celebraban festivales de primavera vinculados al renacimiento de la vida. Por ejemplo, en el Antiguo Egipto, el equinoccio coincidía con fiestas en honor de Osiris e Isis, relacionadas con el ciclo de la vida, la muerte y el renacimiento.

En Roma celebraban las Fiestas de Flora, diosa de las flores y la fertilidad, y las Hilaria, en honor de Cibeles, diosa madre de la naturaleza.

Estas fiestas estaban también marcadas por los huevos y conejos como símbolos de fertilidad, renovación y renacimiento. Representan el inicio de una nueva vida fértil, un paralelo natural con la primavera, cuando la tierra renace después del invierno.

Y al convertirse la religión cristiana no únicamente en la principal (325 e.c.) con Constantino sino también la religión oficial (380 e.c.) con Teodosio, se transforman las Fiestas de Primavera poco a poco en Semana Santa. Y básicamente a partir del s. XII y XIII. Muchos de estos rituales se adaptaron y fueron absorbidos por las celebraciones cristianas como la sincronización con Pascua: La Semana Santa, que culmina con el Domingo de Pascua, se celebra el primer domingo después de la primera luna llena posterior al Equinoccio de Primavera. Esta conexión con el calendario lunar y solar recuerda los rituales paganos. Y durante la Cuaresma (el período de 40 días antes de Pascua), el cristianismo medieval prohibía consumir huevos y otros productos animales. Cuando llegaba Pascua, se utilizaban los huevos acumulados como símbolo de celebración. El huevo se cristianizó como símbolo de la resurrección de Cristo: el caparazón duro simbolizaba la tumba, y la apertura del huevo, su salida victoriosa hacia la vida eterna. Pascua como transición: Así como la primavera marca el paso de un ciclo a otro (invierno a verano), la Pascua celebra un renacimiento espiritual en el cristianismo con elementos visuales (huevos y conejos) que refuerzan esta idea.

IMG_0309Hoy en día, el conejo de Pascua se ha convertido en una figura comercial y lúdica, especialmente en países anglosajones y otros, pero su origen simboliza la fertilidad y la generosidad de la naturaleza.

Y aterrizando en nuestro país hubo una fusión de tradiciones. Las celebraciones de Semana Santa asumieron una fuerte carga simbólica cristiana pero también mantuvieron algunos elementos heredados de las fiestas de primavera. Así tenemos las procesiones con música, pasos y flores recuerdan antiguos ritos de purificación y ofrendas a la naturaleza. Los fuegos de Pascua en algunas regiones conectan con tradiciones vinculadas a la luz y el ciclo solar.

Narrado este panorama, que se mantiene, hay que añadir hoy en pleno S.XXI: Los viajes de reposo y culturales, así como unos días de vacaciones y esparcimiento. Sin esconder que el mundo empresarial y económico es quien mueve todo ese nuevo panorama. Y si añadimos, la semana empresarial de cuatro días, los fines de semana más largos, trabajos más intensos en ciertos sectores como de otras consideraciones: La Semana Santa queda reemplazada socialmente y en la nueva cultura a una semana, por el momento, de viajes o días de reposo o días de recogimiento y silencio.

Como ya he indicado el equinoccio se asoció a la Pascua cristiana, que simbolizaba la resurrección de Cristo como renovación espiritual, sustituyendo al concepto pagano de renacimiento de la naturaleza. Y en esta adaptación, además de los símbolos de los huevos y conejos como las manifestaciones procesionales, se encuentra el uso de flores, cantos como las caramelles, danzas como la de la muerte de Verges, etc. Todo ello dirigido por las instituciones eclesiásticas. Y como la baja edad media (a partir del s.XII), a raíz de las epidemias como otras enfermedades, puso en la cruz: el «Cristo» doloroso, sufriendo, maltratado y cómo sufría «Dios«… y entonces penitencias, cofradías…y calmar la ira de Dios, expresada en la cruz de Jesús-Dios. El viernes santo tapó, y es así, el domingo de Resurrección, que es la expresión del mensaje de Jesús. En España es fiesta el viernes santo… La pasión tiene más fuerza que la resurrección popularmente…

Y para reforzar la idea no olvidemos la influencia de la Contrarreforma (siglo XVI-XVII). Durante la Contrarreforma (después del Concilio de Trento, 1545-1563), la Iglesia reforzó las celebraciones de la Semana Santa dándoles un carácter más solemne y teatral.

Ahora bien, contemplado este panorama dentro del nuevo paradigma tecnócrata donde están las fiestas de primavera o la semana santa, necesitamos tomar la esencia de estas fiestas que pueden llevar, y de hecho llevan también, a días de reflexión, a días de silencio de forma intensiva. Y de este retiro hay que construir una nueva escala de valores en la sociedad de conocimiento, de cambio rápido, como es silencio, reflexión, meditación, mutación interior a fin de ser más humano. Impregnar y hacer vibrar el ego desde su m2 integral a una nueva mirada holística o de totalidad para humanizar la Humanidad. Realizar en este planeta, que es nuestro hábitat, un lugar de paz, concordia y respeto a las diferencias con tal que se alcance una fraternidad como una sororidad. Una gran libertad y menos brecha económica. Una vida en profundidad sabiendo que sentimos la Realidad Última cuyo origen siempre está presente. O metafóricamente «Somos rayos del Sol«. El mundo cristiano se apoderó y transformó las fiestas preexistentes, y ahora el mundo económico, comercial, tecnológico… está haciendo un proceso similar.

Felices fiestas de primavera o de renacimiento fértil para una paz mundial según las enseñanzas de los grandes sabios, entre ellos, Jesús que nació y vivió en Nazaret, pero murió en Jerusalén a causa del malestar que afectó a los poderes político y religioso. BUENA PASCUA o PASO DE LIBERACIÓN.

Jaume PATUEL PUIG,

pedapsicogogo

(Remitido por el autor)

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Reconciliando una amistad radicalmente inclusiva en el Cenáculo

lunes, 20 de mayo de 2024
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IMG_2675Fr. James Keenan, SJ

La reflexión de hoy es de James F. Keenan, S.J., presidente Canisius, director del Instituto Jesuita y vicerrector de Compromiso Global en Boston College. Ha editado o escrito más de 25 libros y publicado más de 400 ensayos, artículos y reseñas en todo el mundo. En 2003 fundó la Catholic Theological Ethics in the World Church, (Ética Teológica Católica en la Iglesia Mundial), una red activa de más de 1.000 especialistas en ética católica. En 2022, Paulist Press publicó su Una historia de la ética teológica católica y en 2023, Georgetown University Press publicó sus recientes conferencias de Oxford Martin D’Arcy, La vida moral..

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo de Pentecostés  se pueden encontrar aquí.

Desde Stonewall en adelante, el modelo radicalmente inclusivo de amistad vivido y practicado en la comunidad LGBTQ+ creció como la principal forma de relación dentro de nuestra comunidad. Especialmente durante la crisis del VIH/SIDA, la amistad surgió como algo no negociable acerca de quién era uno entre los demás miembros de la comunidad. Rechazada por la familia y otras personas, la comunidad LGBTQ+ nació y se construyó sobre la base de una aceptación sensata de todos. Cada recién llegado fue aceptado tal como él, ella o ellos se presentaron. Esta dinámica fue y sigue siendo la amistad radicalmente inclusiva practicada y vivida en la comunidad LGBTQ+ mientras nos reconocemos, damos la bienvenida y nos damos la bienvenida unos a otros. (Recientemente examiné este modelo de amistad en un ensayo para Outreach).

Mientras celebramos Pentecostés, me gustaría reflexionar con ustedes sobre cómo una amistad tan radicalmente inclusiva surgió desde el Cenáculo donde los discípulos se reunieron después de la pasión y muerte de Jesús, a través de las apariciones de la Resurrección y la Ascensión, hasta que finalmente en Pentecostés emergieron. juntos desde ese espacio sagrado.

Primero debemos apreciar cuán central es el espacio del Cenáculo para los discípulos. En el evangelio de Marcos, los encontramos allí después de la muerte de Jesús, “llorando y lamentándose” (Mc 16,10), escuchando el relato de María Magdalena (Mc 16,11), y luego también a los discípulos de Emaús (Mc 16,12-13). . Posteriormente, no sabemos cuánto tiempo después, el mismo Jesús los visita en el Cenáculo (Mc 16,14-20).

El evangelio de Lucas es similar excepto que sugiere que los discípulos de Emaús estaban en el Cenáculo antes y después de encontrarse con Jesús resucitado (Lc 24:23).

En Juan, el detalle distintivo es que Jesús visita a los discípulos por segunda vez, una semana después, para revelarse a Tomás (Jn 20,19-31).

En los Hechos de los Apóstoles escuchamos que después de la Ascensión, los discípulos regresan inmediatamente al Cenáculo (Hechos 1,13) y que se encuentran “junto con ciertas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, así como su hermanos” (Hechos 1:14). Hechos señala que están allí por días (Hechos 1:15) y que el Pentecostés ocurre allí también (Hechos 2:1-2).

En The Moral Life (La vida moral), escribo que el duelo de los Once, junto con María, la madre de Jesús, y María Magdalena, no fue un obstáculo para su capacidad de reconocer a Jesús, sino que, de hecho, fue el pasaje mismo para reconocerlo. Al llorar juntos, se volvieron más vulnerables a su amor por Jesús para poder reconocer su presencia resucitada. El dolor, la vulnerabilidad y el reconocimiento están indisolublemente ligados a la historia de Pentecostés y, en particular, al papel que desempeña el Espíritu en nuestras vidas y en la iglesia.

Más allá del duelo y el compartir, quiero enfatizar cómo la reconciliación y el nacimiento de una amistad radicalmente inclusiva en el Cenáculo van de la mano.

IMG_4848La amistad radicalmente inclusiva no es fácil, especialmente cuando los miembros abandonan, niegan, traicionan y dan por muertos a sus supuestos amigos. Hemos aprendido estas lecciones en nuestras propias vidas, pero en Pentecostés es bueno reconocer a otros que pagaron el costo de la reconciliación para crear una amistad radicalmente inclusiva. Una meditación en el Cenáculo antes de Pentecostés nos enseña a la comunidad LGBTQ+ que el mensaje que predicamos no siempre es tan fácil de practicar.

Imagine algunas de las escenas que sucedieron en el Cenáculo en las historias del evangelio antes de Pentecostés. Primero, Jesús les lavó los pies allí, diciéndoles que hicieran lo mismo unos por otros, y luego celebró la Última Cena en esa habitación. Pero cuando fueron a orar a Getsemaní, una vez ocurrido el arresto de Jesús, los discípulos huyen. De los doce, sólo Juan aparece, en todos los relatos, en la crucifixión con la madre de Jesús y María Magdalena, así como las demás mujeres.

Su decisión de regresar al Cenáculo es notablemente reconciliadora. Sin embargo, ¡cómo se atreven! Estos supuestos amigos del Señor lo abandonaron a él, así como a la madre de Jesús y a María Magdalena. ¿Cómo se atreven a regresar a esa habitación donde se convocó tal amistad?

Sin embargo, ¿adónde más irían?

¿Cómo entraron a la habitación? ¿Cómo fue cuando uno por uno regresaron? Cómo fue cuando apareció Pedro, cuya negación debía ser conocida. ¿Qué dijo Juan?

¿Qué vergüenza sintieron al entrar y ante esa vergüenza, cómo se entristecieron?

¿Cómo fue cuando María, la madre de Jesús, llegó por primera vez? ¿Qué sintió cuando vio por primera vez a quienes abandonaron a su hijo?

¿Cómo fue su vergüenza cuando ella entró en la habitación? ¿Cómo la saludaron? ¿Qué palabras pronunció? ¿Qué gestos se hicieron? ¿Cuánto tiempo les llevó reconciliarse después de tanta tragedia y traición?

¿Qué pasa con María Magdalena? En cada uno de los relatos, no sólo está presente en el Calvario, sino que acude el domingo por la mañana al sepulcro. ¡¡¡Ella no sólo es la primera en dar testimonio de Jesús Resucitado, sino que recibe instrucciones de contar esta noticia a sus cobardes discípulos!!! ¿Cómo tomó esa orden? Fueron inútiles en su muerte y en su entierro. ¿Qué sintió cuando los vio por primera vez desde el Gólgota?

Se nos dice que en Pentecostés salieron del Cenáculo y que cuando Pedro se dirigió a la multitud, “se puso de pie con los once”. Presumiblemente este es su primer testimonio público de Jesús desde la Última Cena. ¿Cómo es que estuvieron juntos de manera tan profética como uno solo?

Desde Pentecostés en adelante, los discípulos junto con María, la madre de Jesús, María Magdalena y otros son todos amigos en el Señor, pero ¿qué pasa con toda la vergüenza, el dolor y la desilusión en el Cenáculo durante esos 50 días anteriores?

Si bien creemos en la amistad radicalmente inclusiva, podría ser útil para nosotros, en la comunidad LGBTQ+, darnos cuenta de cuánta reconciliación hemos atravesado con los demás para ser tan incluidos y tan inclusivos. Cada uno de nosotros tuvimos nuestros encuentros en ese Cenáculo.

Cuando veamos y escuchemos a Pedro predicar hoy junto a sus “amigos”, podríamos pasar algún tiempo orando por cómo ellos se reconciliaron en el Cenáculo y cómo nosotros también nos hemos reconciliado unos con otros.

Desde el Cenáculo sabemos que las amistades radicalmente inclusivas requieren mucho perdón. Si vamos a continuar proclamando este tipo de relaciones, tendremos que perdonar y perdonar a medida que avanzamos, aunque ahora en el Espíritu que ciertamente está con nosotros mientras avanzamos juntos como amigos en el Señor.

—James Keenan, SJ, 19 de mayo de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Aliento de vida”. Pentecostés – B. (Juan 20,19-23)

domingo, 19 de mayo de 2024
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IMG_4742Los hebreos se hacían una idea muy bella y real del misterio de la vida. Así describe la creación del hombre un viejo relato, muchos siglos anterior a Cristo: «El Señor Dios modeló al hombre del barro de la tierra. Luego sopló en su nariz aliento de vida. Y así el hombre se convirtió en un [ser] viviente».

Es lo que dice la experiencia. El ser humano es barro. En cualquier momento se puede desmoronar. ¿Cómo caminar con pies de barro? ¿Cómo mirar la vida con ojos de barro? ¿Cómo amar con corazón de barro? Sin embargo, este barro ¡vive! En su interior hay un aliento que le hace vivir. Es el Aliento de Dios. Su Espíritu vivificador.

Al final de su evangelio, Juan ha descrito una escena grandiosa. Es el momento culminante de Jesús resucitado. Según su relato, el nacimiento de la Iglesia es una «nueva creación». Al enviar a sus discípulos, Jesús «sopla su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo».

Sin el Espíritu de Jesús, la Iglesia es barro sin vida: una comunidad incapaz de introducir esperanza, consuelo y vida en el mundo. Puede pronunciar palabras sublimes sin comunicar el aliento de Dios a los corazones. Puede hablar con seguridad y firmeza sin afianzar la fe de las personas. ¿De dónde va a sacar esperanza si no es del aliento de Jesús? ¿Cómo va a defenderse de la muerte sin el Espíritu del Resucitado?

Sin el Espíritu creador de Jesús podemos terminar viviendo en una Iglesia que se cierra a toda renovación: no está permitido soñar en grandes novedades; lo más seguro es una religión estática y controlada, que cambie lo menos posible; lo que hemos recibido de otros tiempos es también lo mejor para los nuestros; nuestras generaciones han de celebrar su fe vacilante con el lenguaje y los ritos de hace muchos siglos. Los caminos están marcados. No hay que preguntarse por qué.

¿Cómo no gritar con fuerza: «¡Ven, Espíritu Santo! Ven a tu Iglesia. Ven a liberarnos del miedo, la mediocridad y la falta de fe en tu fuerza creadora»? No hemos de mirar a otros. Hemos de abrir cada uno nuestro propio corazón

José Antonio Pagola

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“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”. Domingo 19 de mayo de 2024. Pentecostés

domingo, 19 de mayo de 2024
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34-PentecostesB cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar:
Salmo responsorial: 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
1Corintios 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo:
Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

En el presente ciclo B pueden utilizarse tambien las siguientes lecturas:

Gálatas 5,16-25: El fruto del Espíritu.
Juan 15,26-27;16,12-15: El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.

Cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas, pluralidad de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación está volviéndose especialmente problemática en los países desarrollados, pero también en las grandes ciudades de todo el mundo. Inmigrantes del campo, del interior, de otras provincias o países que lo dejan todo para buscar un trabajo, un hogar, un lugar donde recibir sustento y calidad de vida. A la desesperada son cada día más los que abandonan su país para tocar a la puerta de los países desarrollados, aunque para ello haya que surcar mares tenebrosos en barcas desamparadas. Llegar a la otra orilla es la ilusión… Y cuando llegan, si es que los dejan entrar, comienza un verdadero calvario hasta poder situarse al nivel de los que allí viven. Nuestro mundo se ha convertido ya en paradigma de la torre de Babel, palabra que significaba «puerta de los dioses». Así se denominaba la ciudad, símbolo de la humanidad, precursora de la cultura urbana. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel político) y se unió (-se uniformó-) para lograrlo.

Pero el proyecto se frustró: aquél Dios, celoso desde los comienzos del progreso humano, confundió (en hebreo, “balal”) las lenguas y acabó para siempre con la Puerta de los dioses (“Babel”). Tal vez nunca existió aquel mundo uniformado; quizá fue sólo una tentadora aspiración de poder humano. Después del castigo divino, las diferentes lenguas fueron el mayor obstáculo para la convivencia, principio de dispersión y de ruptura humana. El autor de la narración babélica no pensó en la riqueza de la pluralidad e interpretó el gesto divino como castigo. Pero hizo constar, ya desde el principio, que Dios estaba por el pluralismo, diferenciando a los habitantes del globo por la lengua y dispersándolos.

Diez siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra en el de los Hechos de los Apóstoles. Tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta de la siega en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí, «cincuenta días» (=«Pentecostés») después de la salida de Egipto.

Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=«hagios»: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de “ruidos extraños”; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice “lenguas diferentes”. Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.

Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín “concertare”: debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. “Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios”. Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso. Leer más…

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18.5.24. Pentecostés, Carne y Espíritu de Dios: Profetas, reyes, sacerdotes

domingo, 19 de mayo de 2024
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IMG_4836Del blog de Xabier Pikaza:

Jesús ha dado por amor su vida (pascua) y a los «cincuenta días» (=Pentecostés) nace la Iglesia como presencia de Dios en todos los hombres y mujeres que comparten su vida como profetas (palabra), reyes (gestión social) y sacerdotes (celebración de amor, comida-bebida de fiesta).

En el fondo  de esa tríada (palabra, camino, fiesta) está el orden de poderes «romanos» que estudió G. Dumézil, convertidos en principios de vida/amor.

Así lo razonó Pablo (1 Cor 12-14) y lo ha justificó el Vaticano II (1962-1965), con el Catecismo de la Iglesia (1992), declarando que todos los cristianos son profetas-reyes-sacerdotes de Dios en Cristo, por medio del Espíritu Santo (como he puesto de relieve en Sistema-Iglesia, imagen 3).

Sobre esa base del profetismo, reino y sacerdocio,  siguiendo en la línea de los poderes sociales,  ha instituido más tarde unos ministros con autoridad especial (no superior) de manera que se ha podido pensar que ellos forman un “orden”  divino de diáconos, presbíteros y obispos/pastores.  

Pero, como dice la palabra, esos ·ministros” son minus/menos, siendo servidores (estando al servicio) del conjunto de la iglesia, pueblo profético, real y sacerdotal, como  celebramos este día Pentecostés 2024.

TRIA MUNERA, TRES SERVICIOS UNIVERSALES. VOLVER AL CATECISMO

 La iglesia tiene tres “autoridades” que equivalen de algún modo a los poderes de la sociedad civil (legislativo, ejecutivo, judicial). Esas autoridades (profética, sacerdotal y regia) vienen de Dios por Cristo y se identifican con el Espíritu Santo que actúa y vive en todos los creyentes . El Concilio Vaticano II aceptó en varios documentos ese esquema de las “tria munera” (tres autoridades) que proviene de la Biblia y de la primera iglesia y así lo confirmó el Catecismo  del año 1992

  1. El poder legislativo se puede vincular con la función profética. La normas de vida del judaísmo y de la Iglesia provienen de los “profetas”, que proclaman y codifican la Palabra de Dios. El Cristo profeta, todos los cristianos son profetas, «legisladores» de sí mismos y del conjunto de la iglesia.
  2. El poder ejecutivo se puede comparar con la función “real” (regia) de los gobernantes y, en especial, con la función de, Cristo, Rey-Mesías. Cristo es Rey, en él son reyes todos los cristianos, señores de sí mismo, hermanos de los demás, sin estar sometidos a nadie.
  3. Finalmente, en el lugar del poder judicial puede situarse en la Iglesia la función santificadora o sacerdotal. En Cristo-Sacerdote, todos los cristianos son por esencial (ontológicamente) sacerdotes.

CATECISMO. UN PUEBLO SACERDOTAL, PROFÉTICO Y REAL

Num. 783 Jesucristo es Aquél a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido «Sacerdote, Profeta y Rey». Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas (cf . Redemptor Hominis 18-21).

784 Al entrar en el Pueblo de Dios por la fe y el Bautismo se participa en la vocación única de este Pueblo: en su vocación sacerdotal: «Cristo el Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, ha hecho del nuevo pueblo «un reino de sacerdotes para Dios, su Padre». Los bautizados, en efecto, por el nuevo nacimiento y por la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo»(LG 10).

785 «El pueblo santo de Dios participa también del carácter profético de Cristo». Lo es sobre todo por el sentido sobrenatural de la fe que es el de todo el pueblo, laicos y jerarquía, cuando «se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez para siempre» (LG 12) y profundiza en su comprensión y se hace testigo de Cristo en medio de este mundo.

786 El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28). Para el cristiano, «servir a Cristo es reinar» (LG 36), particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (LG 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.

«La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos debe saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?» (San León Magno, Sermo 4, 1).

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POR CRISTO, EN EL ESPÍRITU

Cristo es profeta, rey y sacerdote, en plenitud, como enviado-presencia (Hijo) de Dios de Dios y plenitud de la vida humana. En ese sentido, no hay en la iglesia otro profeta-rey-sacerdote que Cristo, la humanidad de Dios Unidos a Cristo, todos los bautizados son profetas, reyes y sacerdotes, con su misma palabra profética, su mismo poder real y su misma capacidad sagrada. Ésta es la novedad de Jesús. En ese sentido se habla del sacerdocio-realeza «común» de los fieles, en sentido ontológico, real. El bautismo (como principio y sentido de todos los sacramentos) les «consagra» profetas, reyes y sacerdotes. Así lo puse de relieve en mi libro sobre Sistema, Libertad, Iglesia

Todos los bautizados son profetas (es decir, legisladores, en el sentido pleno de la palabra… No reciben su doctrina de otros maestros exteriores, no son puros “dependientes” de un magisterio externo, sino portadores y testigos de la palabra de Dios que son “maestros”, en una línea que han puesto de relieve las Cartas de Juan: Cada cristiano recibe y despliega desde el fondo de sí mismo la palabra de Dos, cada uno «se es ley para sí mismo», en comunión con otros (Juan de la Cruz, Subida).

Todos los bautizados son reyes en Cristo. No son esclavos de nadie ni de Cristo, sino que son el m mismo Cristo. Nadie puede imponerles su dictado y mandar sobre ellos. Son reyes, responsables de sí mismos, capaces de realizar la obra de Cristo, en él y con él. En Cristo no hay reyes y súbditos, señores y esclavos, sino que todos son «uno» en Cristo, con su mismo poder de amor y servicio mutuo

Todos son, finalmente sacerdotes… en el sentido radical de la palabra. Éste es el sacerdocio verdadero, el más profundo, ése que suele llamarse “sacerdocio común de los fieles” (que es el sacerdocio «ontológico», si es que puede utilizarse esa palabra helenista). No hay una «tribu sacerdotal», como la de Leví-Aarón en el AT, sino un sacerdocio único, simbolizado por Melquisedec, que es Cristo (hebreos). La santidad de Cristo y su obra santificadora, representada y celebrada por la eucaristía, es por tanto un “carisma” de todos los bautizados, que se identifican con Cristo, varones o mujeres

ÉSTE ES EL PUNTO DE PARTIDA DE LA IGLESIA.

Ella es en cristo un “cuerpo” de profetas (palabra), reyes (poder de organizar em amor el mundo) y sacerdotes (capacidad de santificar la vida de los hombres. Ésta es la más alta profecía, reinado y sacerdocio de la Iglesia. No hay en ella como he dicho una tribu sacerdotal (Leví/Aarón)… No hay una dinastía regia como la de Judá/David en el Antiguo Testamento. Ni hay un clan especial de profetas… , Pues la palabra de la profecía (la palabra que se hace ley de vida) es de todos los creyentes.

Conforme a la experiencia de Pablo, proclamada en Gal 3, 28 (y en el conjunto de su epistolario) no hay en la iglesia distinción básica entre judíos y gentiles, varones y mujeres, reyes y no reyes, profetas y no profetas, sacerdotes y no sacerdotes, pues todos son (somos) uno en Cristo, todos profetas, todos reyes, todos sacerdotes.

MINISTERIOS SACERDOTALES.

SOLO EN UN SEGUNDO MOMENTO SE PUEDE HABLAR EN LA IGLESIA DE PROFETAS MINISTERIALES, REYES/GOBERNANTES MINISTERIALES Y SACERDOTES MINISTERIALES… que forman parte del «ordo», es decir, del ordenamiento social. La profecía-realeza-sacerdocio «ontológico» (bautismal, fundante) es la de todos los bautizados. Esta es la primera, la definitiva… y al servicio de ella es bueno que se instaure, en un segundo momento, un «orden/ordenamiento funcional» de profetas-sacerdotes-reyes.

  Por eso, los profetas (maestros, catequistas), los «ministros» (obispos, presbíteros) y los «sacerdotes presidentes de la celebración» no son más profetas, reyes o sacerdotes que el resto de los cristianos, sino igual que todos los demás, pero sl servicio del «ordenamiento» de la unidad y crecimiento de la Iglesia, tal como ha puesto de relieve Pablo en 1 Cor y Rom.

Estos profetas, reyes/animadores y sacerdotes ministeriales no tienen una profecía, reino y sacerdocio distinto, ni tienen más autoridad que el resto de los cristianos, sino la que en Cristo tienen todos los cristianos, aunque su «función» es importantísima como testimonio tarea de unidad para toda la Iglesia.

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Domingo de Pentecostés. Ciclo B

domingo, 19 de mayo de 2024
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250px-Pentecostés_(El_Greco,_1597)Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El “Gloria”, el himno que rezamos los domingos al comienzo de la misa, comienza alabando al “Dios Padre Todopoderoso”; sigue exaltando al “Señor nuestro Jesucristo”. Al final, casi de pasada, y como con vergüenza, termina: “Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre”. Es un símbolo perfecto de la poca importancia que la mayoría de los católicos concede al Espíritu Santo. Aunque la situación ha cambiado notablemente en las últimas décadas, la fiesta de hoy ayuda a advertir la enorme importancia del Espíritu en nuestra vida cristiana y en la vida de la Iglesia.

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

            En este pasaje Pablo habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como Señor (y por confesarlo se jugaban la vida, ya que los romanos consideraban que el Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y funciones (apostolado, enseñanza, gobierno, etc.). Y, gracias al Espíritu, en la comunidad cristiana no hay diferencias motivadas por la religión (judíos ni griegos) ni las clases sociales (esclavos ni libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también desaparecen las diferencias basadas en el género (varones y mujeres). Se cumple lo anunciado por el profeta Joel: «Después derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. También sobre siervos y siervas derramaré mi espíritu aquel día». En definitiva, todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Ciento veinte contra diez. Dos versiones del don del Espíritu Santo.

            Lucas y Juan cuentan el don del Espíritu de manera muy distinta. Lucas, en la línea del profeta Joel, lo presenta como un don a toda la comunidad cristiana, simbolizada por las ciento veinte personas reunidas en Jerusalén, que la impulsa a proclamar las grandezas de Dios. Juan, en cambio, lo relaciona con la promesa de Jesús durante la última cena: «Yo pediré al Padre que os dé otro abogado que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,15), ese Espíritu que «os enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho» (Jn 14,26). Una promesa hecha a los Once (Judas ya se ha ido de la cena) y que se cumple a los Diez (porque Tomás está ausente).

            En resumen, Lucas enfoca el don desde el punto de vista de la alabanza universal, Juan desde el punto de vista de la misión de los apóstoles.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

            A nivel individual, el Espíritu se comunica en el bautismo. Pero Lucas, en los Hechos, desea inculcar que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Por eso viene sobre todos los presentes, que, como ha dicho poco antes, era unas ciento veinte personas (cantidad simbólica: doce por diez). Al mismo tiempo, vincula estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios», como reconocen al final los judíos presentes.

Al llegar el día de pentecostés, estaban todos los discípulos juntos en el mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.

Había en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al oír el ruido, la multitud se reunió y se quedó estupefacta, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Fuera de sí todos por aquella maravilla, decían: «¿No son galileos todos los que hablan? Pues, ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra lengua materna? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y el Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia y de Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las grandezas de Dios».

La versión de Juan 20, 19-23

            Tratándose de algo tan importante, resulta curioso la brevedad con la que trata el don del Espíritu, relegándolo al final, después del saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, y el envío de los apóstoles.

El saludo es el habitual entre los judíos: “La paz esté con vosotros”. Pero en este caso no se trata de pura fórmula, porque los discípulos, muertos de miedo a los judíos, están muy necesitados de paz.

Ese paz se la concede la presencia de Jesús, algo que parece imposible, porque las puertas están cerradas. Al mostrarles las manos y los pies, confirma que es realmente él. Los signos del sufrimiento y la muerte, los pies y manos atravesados por los clavos, se convierten en signo de salvación, y los discípulos se llenan de alegría.

Todo podría haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituyen al miedo. Sin embargo, en los relatos de apariciones nunca falta un elemento esencial: la misión. Una misión que culmina el plan de Dios: el Padre envió a Jesús, Jesús envía a los apóstoles. [Dada la escasez actual de vocaciones sacerdotales y religiosas, no es mal momento para recordar otro pasaje de Juan, donde Jesús dice: “Rogad al Señor de la mies que envíe operarios a su mies”].

Todo termina con una acción sorprendente: Jesús sopla sobre los discípulos. No dice el evangelistas si lo hace sobre todos en conjunto o lo hace uno a uno. Ese detalle carece de importancia. Lo importante es el simbolismo. En hebreo, la palabra ruaj puede significar “viento” y “espíritu”. Jesús, al soplar (que recuerda al viento) infunde el Espíritu Santo. Este don está estrechamente vinculado con la misión que acaban de encomendarles. A lo largo de su actividad, los apóstoles entrarán en contacto con numerosas personas; entre las que deseen hacerse cristianas habrá que distinguir entre quiénes pueden ser aceptadas en la comunidad (perdonándoles los pecados) y quiénes no, al menos temporalmente (reteniéndoles los pecados).

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo:

«¡La paz esté con vosotros!».

Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió:

«¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros».

Después sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos».

Resumen

            Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla, aunque se le podría objetar una visión demasiado intimista, en comparación con la eminentemente apostólica de Hechos y Juan.

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

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19 de Mayo. Domingo de Pentecostés

domingo, 19 de mayo de 2024
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Cuando venga el Espíritu de la verdad, él os irá guiando hasta la verdad plena.»

(Jn 15, 26-27;16, 12-15)

Comenzamos este escrito con una pregunta. ¿Qué imagen de Dios tenemos? Porque es muy distinto relacionarnos con un Dios individual que con un Dios trinitario que habla de relación, de diversidad, de entrelazamiento, de no poder existir el Padre sin el Hijo y sin el Espíritu y viceversa. Son relaciones basadas en la libertad del amar.

Comienza este texto diciendo «cuando venga el espíritu de la verdad…» La palabra verdad tenemos que cambiarla por plenitud. La verdad es una categoría mental, que lleva a una categoría humana, donde cada uno vive según su verdad. La verdad a la que se refiere el texto es la plenitud, la completud.

Jesús envía el espíritu de la verdad cuando su presencia humana ya no está físicamente con nosotros y análogamente percibimos el espíritu de quienes queremos, su presencia de infinitud cuando ya no están físicamente con nostr@s.

Jesús envía el Espíritu que procede del Padre. La danza divina de la comunión, el entrelazamiento de lo que son. Metafóricamente el Misterio se asemeja a una infinita red constituida por su misma interrelación. El espíritu es el otro brazo del Padre, según la expresión de San Ireneo. Es importante caer en la cuenta de que Cristo significa el Ungido: “Aquél que ha recibido el Espíritu”.

“El Espíritu dará testimonio sobre mí, vosotros seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio”.

La palabra testimonio viene del griego mártirμάρτυρας», «testigo»). Que hace referencia a quien da fe de algo debido a que lo ha vivido o presenciado. Unificación de los polos divino y humano. Dos testimonios, el Espíritu, presencia divina y viva de Jesús y los discípulos manifestación real de la vida vivida junto al maestro.

Tendría que deciros muchas más cosas…” El espíritu nos introduce en una nueva manera de vivir, la de comprender. Sin el espíritu no podemos pasar del entendimiento a la “comprensión”.

“Él no hablará por su cuenta” porque vive en una relacionalidad que expresa la comunión profunda que transparenta la esencia que los une. No existen relaciones lineales ni jerárquicas sino de profundidad.

El Espíritu Santo es la fuerza vital divina que hace todo el espacio más transparente. El Espiritu transformador, surge de la libertad y creatividad ilimitadas.

Y os anunciará las cosas venideras”. Nos impulsa el pasado, pero nos atrae el futuro, que nos invita a movernos hacía delante, y aquí descubrimos que nuestra inquietud interior es divina, fruto del Espíritu que sopla como quiere y donde quiere y que nunca dejará de asombrarnos y sorprendernos. El Espíritu fuerza viva que abre caminos de novedad y Vida.

ORACIÓN

Espíritu Santo, descúbrenos la verdadera comunión, la danza ininterrumpida y flexible que es esencia de interrelacionalidad, profundidad y plenitud.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios-Espíritu es ‘Ruah’, Fuerza, Energía que empuja a la meta.

domingo, 19 de mayo de 2024
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listenerPENTECOSTÉS (B)

Jn 20,19-23

Para entender hoy lo que celebramos, debemos mirar a la Trinidad. Lo que digamos lo tenemos adelantado para el próximo domingo. Que yo sepa, la teología oficial nunca ha dicho que el Padre, el Hijo o el Espíritu actuaran por separado. La distinción de las personas en la Trinidad, solo se manifiesta en sus relaciones “ad intra”, es decir, cuando se relacionan una con otra. En sus relaciones “ad extra”, es decir, en sus relaciones con las criaturas, se comportan siempre como uno.

La fiesta de Pentecostés es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos y queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción del Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros de Dios-Espíritu.

Según lo que acabamos de decir, siempre que hablamos del Espíritu, hablamos de Dios. Y siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu. Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí a los cincuenta días de Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua, pero sabiendo que no tiene que venir de ninguna parte. Para nosotros el fundamento de la nueva comunidad no es la Ley sino el Espíritu.

Tanto la “ruah” hebrea como el “pneuma” griego, significan viento. La raíz de esta palabra en las lenguas semíticas es rwh, que significa el espacio entre cielo tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Sería el ámbito del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración.

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término «ruah» (espíritu). Solamente en 20 pasajes del las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido. En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita a alguien para llevar a cabo una misión que salva al pueblo. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu al pueblo en su conjunto.

En el NT, «espíritu» tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto todavía judío. El mismo término «ruah» se presta a un significado simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona. El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la del E. S. No está claro si el Pneuma es una entidad personal o si por el contrario significa un aspecto de Dios.

Es una pena que incluso hayamos materializado al Espíritu. Pensamos en él como un ser individual que anda por ahí haciendo de la suyas separado del Padre y del Hijo. La devoción al Espíritu Santo o las innumerables oraciones que le dirigimos dan cuenta de ello. Como nos pasa con el Padre y el Hijo estamos incapacitados para no hacernos ninguna imagen individual de ellos. Querer comprenderlos racionalmente se convierte en un nudo gordiano que nos tiene atados y no sabemos ni deshacer ni cortar.

Jesús es concebido por el Espíritu, baja sobre él en el bautismo, es conducido por él al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él. Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del E. S. está con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de ser en el orden espiritual. Nada puedo ser ni hacer sin él, pero tampoco estaré nunca privado de su presencia. Todas las oraciones que piden la venida del E. S. nacen de la ignorancia de lo que queremos significar con ese nombre.

Está siempre en cada uno de nosotros, pero no siempre somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, porque actúa siempre conforme a ella, podemos pasar toda la vida sin descubrir su presencia. Dios-Espíritu es el mismo en todos y nos empuja hacia la misma meta. Pero como cada uno estamos en un “lugar” diferente, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto.

No es la meta la que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, sino los caminos que llevan a ella. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu, pero su tarea es distinta. Una mayor humanidad será la manifestación de su presencia. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él.

Si Dios está en cada uno de nosotros como Absoluto, no hay manera de imaginar que pueda darse más a uno que a otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo. Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de autoridad, estamos dejándonos llevar de nuestro espíritu raquítico, no del Espíritu.

La presencia de Dios en nosotros nos mueve a parecernos a Él. Pero, si tenemos una idea masculina de Dios como poder, señorío y mando, que premia y castiga, repetiremos esas cualidades en nosotros. El intento de ser como Dios, en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Dios-Espíritu o a nuestro espíritu.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Pentecostés

domingo, 19 de mayo de 2024
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pentecostes

Jn 20, 19-23

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo»

El espíritu de Dios se cernió sobre la Tierra poniendo orden en el caos primitivo, se coló por las narices del muñeco de barro para que en el mundo pudiese haber amor, tolerancia, libertad, felicidad… suscitó profetas que guiasen a los hombres y mujeres por el camino de la vida y sopló como un huracán en Jesús de Nazaret.

El texto de hoy nos presenta al Espíritu empapando a los discípulos encerrados en Jerusalén tras la muerte de Jesús. Aquellos hombres y mujeres habían creído en él y lo habían dejado todo por seguirle, pero durante todo el tiempo que permanecieron a su lado estuvieron creyendo mal. Estuvieron creyendo que era el mesías esperado por Israel, el que iba a expulsar a los romanos e instaurar un reino de paz y justicia como nunca se había visto otro en el mundo… Y hasta discutían por ver cómo se iban a repartir los altos cargos de ese reino.

Pero subieron a Jerusalén y todo se desbarató.

La muerte de Jesús en la cruz supuso un golpe demoledor para su fe, porque los hechos demostraban que Dios no estaba con él, sino con los sacerdotes que lo habían vencido. Quizás en un primer momento esperaron que bajase de la cruz, o que resucitase tal como ellos le habían entendido, pero pasaron las horas, pasaron los días, y fueron perdiendo la esperanza.

Dicen los especialistas que permanecieron encerrados en Jerusalén hasta que finalizó la Pascua, y que salieron de allí mezclados con los peregrinos que volvían a sus lugares de origen tras celebrarla. Esta interpretación parece corroborada por el propio Juan, quien afirma en el capítulo 21 de su evangelio que regresaron a Galilea y retomaron sus ocupaciones. Pedro, Andrés y los Zebedeos volvieron a la mar.

Su fe había muerto y el mensaje de Jesús parecía irremisiblemente perdido, pero Dios estaba con él a pesar de las apariencias, y su Espíritu, el espíritu de Dios, actuó sobre ellos con tal fuerza, que sus ojos se abrieron definitivamente y al fin creyeron bien. Y recuperaron la esperanza, y con ella recuperaron también el coraje necesario para abrazar con ímpetu arrollador la misión —aparentemente imposible— de proclamar la fe en el profeta crucificado. Dice Lucas en Hechos que en su primera aparición pública se convirtieron tres mil personas.

Sin duda ha sido también el espíritu de Dios el que ha mantenido el mensaje de Jesús hasta nuestros días a pesar de las innumerables barbaridades que sus seguidores hemos cometido en el seno de “su” Iglesia, y ello nos hace albergar la esperanza de que seguirá soplando hasta llevar a la humanidad a plenitud.

Como decía Ruiz de Galarreta «Creer en el viento de Dios es una hermosa profesión de fe en que Dios no está ausente, sino presente y activo de una manera concreta: alentando, empujando».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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