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La comunidad eclesial vive la paz de la comunión en la fe, no del poder

domingo, 25 de mayo de 2025
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Cristo-paz_2441465857_16008210_660x371Del blog de Tomás Muro la verdad es libre:

01.- Nostalgia de paz.

    Este año recordamos y evocamos la paz en plena guerra Rusia / Ucrania y otras guerras larvadas en Oriente Medio, en África, Latinoamérica, etc.

    Por otra parte añoramos la paz también en la Iglesia por las viejas rupturas históricas, por el enfrentamiento entre diversos sectores en el seno de la misma Iglesia católica.

    También sentimos nostalgia de paz en nuestras propias familias, en lo más íntimo de nuestra propia persona.

02.- Y qué es la paz.

    La paz os dejo, mi paz os doy…

    La paz no es la mera ausencia de guerra. La guerra conduce a la paz. La guerra no conduce a la victoria o a la derrota, pero ni una ni otra son paz.

  El poder, todo poder (incluido el eclesiástico) puede generar opresión, orden público “manu militari”, pero eso tampoco es paz.

    La mera resignación y aceptación estoica de una situación tampoco es paz. Pensar: “es lo que hay o lo que toca”, no es paz.

    No es fácil definir lo que sea la paz. Podríamos aproximarnos al concepto de paz si la entendemos como la integración de las dimensiones del ser humano que nos hace vivir en armonía interior y también hacia el exterior.

    En hebreo (en el mundo bíblico) para hablar y desear la paz emplean la palabra Shalom. Esta expresión hebrea significa estar sano, íntegro. Y con esta expresión se quiere desear la armonía personal y comunitaria que viene de la bendición de Dios.

Con este término, Shalom, se desea la paz en todos los aspectos de la vida: la salud corporal, que la vida transcurra en paz, se trabaja en paz, se celebra en paz, se duerme en paz, se muere en paz.

La paz no es ni proviene meramente de las instituciones políticas y militares. ¿Enviando armas a Ucrania se construye la paz? Para vivir en paz hace falta algo más y mejor que misiles y tanques. Y hace falta algún pensamiento más noble y sano(shalom) que la nación, la economía y el poder.

La paz no proviene de la economía, ni de la tecnología. Por mucho que progresen la técnica y la economía, no podrá haber en el mundo justicia ni paz en tanto los hombres no reconozcan la gran dignidad que hay en ellos como criaturas e hijos de Dios (Juan XXIII / Mater et Magistra, 215).

    Toda la tecnología y el bienestar social, etc. no dan síntomas de sensibilidad de paz y pacificación ante las pateras, los refugiados, ante el problema de Rusia y Ucrania, ante el Islam. La respuesta no está siendo precisamente de paz, sino más bien bélica.

Ni tan siquiera la paz surgirá de la seguridad jurídico política de acuerdos y pactos que no cambian mentalidades y corazones. Las grandes instituciones: Bruselas, Estrasburgo, la onu, la otan, etc. pueden y tienen que llegar a acuerdos y pactos ecologistas, bélicos, quizás atómicos, étnicos, religiosos, etc., pero la paz brotará siempre de una conciencia más profunda, de un ethos, que hoy por hoy están muy ausente en nuestro mundo, al menos en nuestras sociedades occidentales y en nuestros planes de educación.

¿Tal vez las ideologías políticas, económicas y nacionales no son “sanas” en el sentido de shalom?

Pablo VI decía que la paz es necesaria para la madurez de la conciencia moderna, desde la evolución progresiva de los pueblos, desde la necesidad intrínseca de la civilización moderna (Jornada de la Paz, 1 de enero de 1975).

03.- La paz interior, personal.

    Conflictos, problemas, pecado profundo, crisis interiores los vamos a tener en la vida. Y ello nos va a quitar la paz interior con el peligro de que –según qué momento religioso nos pille- la cosa derive en angustia y escrúpulos patológicos.

     En el ámbito de la persona, la paz es la integración armónica de las diversas fuerzas y capacidades del ser humano. La paz personal, interior, proviene -en la medida de lo posible- de una sana integración de las diversas dimensiones humanas: las diversas áreas de nuestra psicología, la afectividad, la salud y la enfermedad, el pecado, la dimensión religiosa, etc.

     La falta de paz personal puede fomentar o derivar en miedo, angustia o en otras actitudes negativas: odios, venganzas, obsesiones.

    La persona cristiana adulta, -y adulta en la fe-, no pierde la confianza ni la paz cuando se encuentra con Dios en la profundidad de la vida. Cuando en su interior uno asume su propia debilidad, miseria o fracaso y lo pone en manos del Señor, eso produce una profunda paz, que el mundo no puede dar.

04.- Paz y comunión eclesial no es dominación

Para nosotros resuena: la paz os dejo, mi paz os doy.no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.

En la Iglesia se habla mucho de comunión eclesial, pero se realiza poco esa comunión.

En un parlamento conviven y trabajan diversas ideologías que llegan, más o menos, a consensos y acuerdos. Eso es bueno, está bien y se llama democracia. Pero la democracia no es comunión.

En la comunidad eclesial nos une la comunión en la misma fe en el Señor resucitado. La comunión está en la fe en el Señor, no en las órdenes y disciplina. La comunión eclesial no se produce por el sometimiento y dominación de los obispos y el clero, sino porque todos creemos –fe- en el mismo Señor JesuCristo.

La comunión no viene por la uniformidad de los ritos, de la liturgia, o de las formulaciones teológicas, etc., que pueden ser –son- muy diversas y No impongamos cargas que no son necesarias.

La comunión eclesial viene de la fe en el Señor Jesús.

La paz os dejo mi paz os doy.

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“Jesús se ha ido pero nos promete su Espíritu», por Consuelo Vélez

domingo, 25 de mayo de 2025
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IMG_1374De su blog Fe y Vida:

VI Domingo de Pascua 25-05-2025

Quien quiere amar a Dios, ha de cumplir su palabra

El Espíritu Santo será el protagonista de la vida resucitada que nos trae Jesús

La paz que viene de Dios asume la realidad para transformarla

Jesús se va pero comienza el tiempo del Espíritu: tiempo de fe, de seguimiento

¿Qué tanto escuchamos al Espíritu para discernir la misión en estos tiempos?

Jesús le respondió:

«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean

(Juan 14, 23-29)

El evangelio de hoy pertenece al largo discurso de despedida que el evangelista Juan pone en boca de Jesús desde el capítulo 13 al 17. En estos versículos Jesús se refiere a varios aspectos. En primer lugar, la relación entre el amor y la fidelidad a su palabra. Las palabras que él nos ha comunicado son las mismas del Padre; por tanto, quien quiere amar a Dios, ha de cumplir su palabra. Pero, algo muy importante, continúa en segundo lugar. Se refiere al don del Espíritu Santo quien será el protagonista de la vida resucitada que nos trae Jesús. Él será quien recuerde todo lo dicho por Jesús, más aún, seguirá enseñando como Él lo ha hecho y traerá el don de la paz. Sobre la paz dice que no será como la que da el mundo, pero esto no significa que se refiere a una paz alejada de la realidad. Por el contrario, la paz que viene de Dios asume la realidad para transformarla. La vida cristiana no puede alejarse del mundo en que vivimos sino, por el contrario, se ha de trabajar para hacer de él, un lugar como Dios lo quiere: con los dones del Espíritu, con su presencia que todo lo transforma.

El discurso concluye con la llamada a no inquietarse porque Jesús se va ya que comienza el llamado “tiempo del Espíritu, tiempo de la fe, tiempo del creer, tiempo del seguimiento. Precisamente, todo esto, es lo que se espera de la vivencia del tiempo pascual, como fruto de la resurrección de Jesús. Y, nosotros somos ahora, los continuadores de la misma misión de Jesús, hasta su vuelta definitiva.

Convendría preguntarnos, qué tanto tomamos en serio la misión confiada, cómo nos dejamos guiar por el paráclito que el Señor nos ha dejado para seguir discerniendo la misión en estos tiempos, cómo somos testigos de la paz, de la confianza, del no temer ni inquietarnos ante las dificultades, no porque nos creamos invencibles sino por la seguridad de la presencia del mismo Espíritu de Jesús entre nosotros.

(Foto tomada de: https://elcaleno.info/jesus-promete-el-espiritu-santo–evangelio-por-padre-hector-de-los-rios.html)

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“Sabiéndonos amados – Comentario al Evangelio de San Juan 14, 23-29 -“, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

domingo, 25 de mayo de 2025
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IMG_1360De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

La ciudad de Dios no necesita la luz del sol o de la luna porque Dios la ilumina.

Así, Juan, ya anciano, desde la isla de Patmos, donde está exiliado, imagina la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo, de Dios, adornada como una novia dispuesta a encontrarse con su esposo. Una ciudad construida sobre el testimonio de los doce cimientos, los Apóstoles, con doce puertas (el doce en Israel es la totalidad), tres por cada lado, para que cualquiera pueda entrar.

Y nosotros nos enfrentamos a nuestras comunidades cansadas, asustadas, perdidas, y pedimos al Espíritu que nos dé un movimiento, una sacudida, que nos sacuda en lo más profundo.

El Resucitado lo dijo claramente: no debemos temer, ni tener miedo, ni estar turbados.

Por el mundo que implosiona, por la violencia de quienes matan en nombre de Dios, por la violencia de quienes matan en nombre de los antiguos dioses, el poder y el dinero, por el clima de creciente deshumanización, de pelea y declive que respiramos todos los días.

No, no tenemos miedo.

Concilio

Pablo y Bernabé luchan, pero no lo consiguen, desconcertados y aturdidos por tener que luchar en casa, contra la opinión de hermanos en la fe. Algunos fariseos que se han hecho cristianos vienen expresamente a Antioquía para denigrar su trabajo, para decir a los neófitos que primero deben circuncidarse. No, claro, no esperan ser atacados por los (autodenominados) hermanos en la fe. ¿Y qué hacen?

Bajan a Jerusalén, donde los Apóstoles, discuten, explican, piden ayuda.

Ayuda que llega con toda la autoridad de quienes estaban allí para escuchar a Jesús.

Van a la fuente. Como deberíamos hacer nosotros también hoy.

Se escuchan las diferentes opiniones, se argumenta, se discute. Animadamente, pero con el único deseo de apoyar lo que Cristo habría hecho.

Un mensaje tranquiliza y anima a los recién llegados: las puertas del nuevo Jerusalén terrenal están abiertas de par en par. Si hoy estamos aquí es por esa elección profética y con visión de futuro.

De aquellos que tienen el corazón que arde por hablar de Dios. Para llevar a todos a conocer cuánto son amados. 

Morar

Jesús nos pide que guardemos su Palabra, que la realicemos, que la encarnemos en nuestras elecciones. Si la fe permanece como un acontecimiento que se saca a relucir una hora a la semana o en momentos de dificultad, no experimentamos el ser habitados por el Padre y el Hijo.

Jesús lo dice explícitamente: habitar la Palabra, frecuentarla, conocerla, rezarla, meditarla tiene el efecto de una inhabitación divina.

Dios nos habita. Experimentamos la presencia divina.

Crece en nosotros la conciencia creciente de estar orientados hacia Dios, la experiencia de sentir su presencia. La fe, entonces, no se reduce a una elección intelectual, a un esfuerzo de la voluntad, sino que evoluciona hasta convertirse en la dimensión perenne en la que habitamos.

Dios siempre, Dios en todas partes, Dios buscado, Dios amado.

Morar: quedarse, no huir, no alejarse.

Morar: habitar, conocer, comprender, frecuentar.

A esto estamos llamados para experimentar la gloria.

Conozcamos y meditemos la Palabra que nos permite acceder a Dios. 

Recordar

No lo entendemos todo, y faltaría más, ni siquiera la Iglesia posee a Dios por completo, pero Ella es poseída por Él.

Jesús lo dijo y lo dio todo, la Revelación ha concluido, no necesitamos videntes que nos expliquen cómo hacerlo. Pero aún no lo hemos entendido todo. O lo hemos olvidado. O hemos escondido la Palabra detrás de montones de palabras.

El Espíritu viene en nuestra ayuda y nos ilumina. Ilumina a la Iglesia en la comprensión de las palabras del Maestro. Ilumina nuestra conciencia y nos permite comprender qué tiene que ver la fe con nuestra vida y nuestras elecciones cotidianas.

Invocar al Espíritu antes de cada elección, antes de la oración, antes de la celebración de la Eucaristía nos permite acercarnos al Evangelio con la frescura que merece, con el asombro de quien siempre encuentra novedades en Él.

Pacificados

Para experimentar la gloria debemos hacer las paces en nosotros mismos.

La frontera entre el bien y el mal está en nuestro corazón, el enemigo está dentro de nosotros, no fuera, y la primera auténtica pacificación debe tener lugar en nuestro interior con nosotros mismos y nuestra violencia y nuestra ira, la parte oscura que los discípulos llaman pecado.

Los cristianos, a menudo, cuando hablan de paz… ¡piensan en el cementerio! Una visión incorrecta y parcial de la fe, donde el cristianismo es flojo y desganado, habla de paz el primero de noviembre, pensando en nuestros difuntos que descansan «en paz».

El primer don que Jesús, resucitado, hace, según su palabra, es el de la paz, apareciéndose a los temerosos discípulos. Un corazón pacificado es un corazón firme, inquebrantable, que ha encontrado su lugar en el mundo, que no se asusta ante las adversidades, no se desespera en el dolor, no se desanima en la fatiga.

Un corazón que se descubre amado.

El descubrimiento de Dios en la propia vida, el encuentro gozoso con Él, la percepción de su belleza, la conversión al Señor Jesús reconocido como Dios, suscitan en el corazón de las personas una alegría profunda, desconocida, diferente de cualquier otra alegría. Es la alegría de saberse conocido, amado, precioso.

Don de Cristo

He aquí, ésta es la paz: saberse en el corazón de un voluntad benéfica y salvífica, descubrirse dentro del misterio escondido del mundo. Creer en esto, adhesión al fe casi siempre atormentado y sufrido, no inmediato y ligero, dona la paz del corazón.

Yo soy amado, tú eres amado.

Somos amados.

Junto a Dios podemos cambiar el mundo.

Este es un profundo, firme e inquebrantable paz, muy diferente del que se vende como ausencia de guerra o, peor aún, como guerra que se considera necesaria para imponer la paz.

Es una paz que permite afrontar con serenidad incluso los miedos.

Miedo al futuro, a la enfermedad, al trabajo precario, a no saberse amado, miedo y temor.

La paz del corazón, don y conquista, llama que alimentar continuamente con la llama del Resucitado, ayuda a afrontar el miedo con confianza, a no tener el corazón turbado. Al final de estos maravillosos días de Pascua, invocamos al Consolador, donado por el Padre, para afrontar nuestro día a día con la certeza de la presencia del Señor, día tras día, paso a paso.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el VI Domingo de Pascua, 25 de mayo de 2025

1.- La vida florece en todas sus formas

2.- Poner el corazón en Jesús.  

3.- Dejarse amar por Jesús para encarnar y vivir la Palabra.  

4.- Llamado a dejarme amar por Dios

5.- Amando se comprende la Palabra

6.- Hospedar a Dios.

7.- Sabiéndonos amados – Comentario al Evangelio de San Juan 14, 23-29 –.

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Saliendo del armario y viendo un nuevo cielo y una nueva tierra

lunes, 19 de mayo de 2025
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IMG_6753La reflexión de hoy (18 de mayo de 2025) es de Jim McDermott, un escritor independiente en Nueva York.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Quinto Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

Hace un par de semanas estaba caminando por Hell’s Kitchen en la ciudad de Nueva York, donde vivo, y con el rabillo del ojo noté a un hombre mayor sentado en la ventana de un bar tranquilo, tomando una bebida. Llevaba una camisa de franela abierta y pantalones vaqueros azules, y Dios mío, qué guapo era. Un Paul Newman mayor, guapo, curtido y cómodo consigo mismo.

Me sentí atraído por el chico, claro. Pero más que eso, me sentí agradecido de haber caminado por esta calle y haberlo visto, y por los vuelcos que dio mi estómago cuando lo hice.

Cuando vi la respuesta del salmo de esta semana: “Alabaré tu nombre para siempre, Rey mío y Dios mío”, ese momento volvió a mi mente. Estuve fuera del clóset con mis amigos durante mucho tiempo antes de hacerlo públicamente. Como sacerdote, entendía que mi orientación sexual era algo que debía guardar para mí. Cuando salí, no pensé que haría alguna diferencia en cómo veía el mundo. Pensé que hacerlo tenía más que ver con cómo me veía el mundo y con mi propio deseo de ser honesto.

Pero por más que pensé que estaba en casa conmigo mismo, salir del armario cambió mi experiencia del mundo. Me di cuenta de que había pasado gran parte de mi vida ignorando o quizás incluso huyendo de las cosas que podrían hacer que mi corazón latiera con fuerza, como un hombre increíblemente atractivo en una ventana. Y con eso, también me desconecté de mucha gratitud y asombro. Y realmente fue, como lo describe la segunda lectura de hoy, como “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”. Y ha aportado mucha más profundidad y sustancia a la idea de alabar el nombre de Dios.

IMG_1355Una de las cosas que me encanta de la temporada de Pascua es la idea de que es una temporada de encargo, una temporada en la que asumimos o somos invitados a nuevos ministerios. A menudo es la temporada en que los feligreses son instalados en nuevos ministerios dentro de su comunidad, y los sacerdotes y diáconos son ordenados. También es la época en la que nuestros jóvenes se gradúan de las escuelas y reciben el sacramento de la confirmación, una especie de encargo a la autoridad y al liderazgo dentro de la Iglesia.

Siendo queer, esto puede complicarse. Algunos líderes de la iglesia envían señales de que tenemos dones para compartir dentro de la comunidad de la iglesia. Incluso cuando el propio Papa dijo que los católicos transgénero podían ser padrinos bautismales, la reacción fue tan fuerte que su acción casi reforzó aún más lo contrario. Y no importa cuánto desarrollemos nuestra relación personal con Dios, también puede ser difícil eliminar esa pequeña voz interior que dice que realmente hay algo mal con nosotros, algo malo. O al menos así es para mí.

Pero al escuchar el salmo de hoy y recordar la gratitud y el asombro absoluto que sentí al captar ese destello de belleza, una belleza que solo conozco porque soy gay, me pregunto si nuestros puntos de vista no son en sí mismos el regalo que estamos destinados a compartir en la iglesia, las cosas que vemos y experimentamos como personas queer, la gratitud que surge de su propio tipo de encargo en el liderazgo y la autoridad.

Una vez vi al obispo Richard Sklba hacer confirmaciones en Milwaukee. En lugar de una pequeña y delicada cruz en la frente, untó el aceite en la cabeza de cada adolescente. “El amor de Dios por nosotros es temerariamente extravagante”, dijo a la congregación. Creo que así me sentí al ver a ese hombre, como testigo de la extravagancia temeraria del amor de Dios.

Todavía estoy aprendiendo a apreciar estos ojos que Dios me ha dado para ver, este corazón que salta (y a veces da un vuelco), este nuevo cielo y esta nueva tierra. Pero me pregunto si compartir momentos como este, en los que soy testigo del amor ridículo y extravagante de Dios dentro y alrededor de mí, en lugar de una fuente de vergüenza, no es lo que realmente significa seguir los pasos de Jesús y ser un católico queer en su iglesia.

–Jim McDermott, 18 de mayo de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Comunidad de amistad”. 5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)

domingo, 18 de mayo de 2025
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Jesús comparte con sus discípulos los últimos momentos antes de volver al misterio del Padre. El relato de Juan recoge cuidadosamente su testamento: lo que Jesús quiere dejar grabado para siempre en sus corazones: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. No está pensando en los de fuera. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como «amigos», porque así los ha querido Jesús: «Vosotros sois mis amigos»; «ya no os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos». La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Esta imagen de la comunidad cristiana como «comunidad de amigos» quedó pronto olvidada. Durante muchos siglos, los cristianos se han visto a sí mismos como una «familia» donde algunos son «padres» (el papa, los obispos, los sacerdotes, los abades…); otros son «hijos» fieles, y todos han de vivir como «hermanos».

Entender así la comunidad cristiana estimula la fraternidad, pero tiene sus riesgos. En la «familia cristiana» se tiende a subrayar el lugar que le corresponde a cada uno. Se destaca lo que nos diferencia, no lo que nos une; se da mucha importancia a la autoridad, el orden, la unidad, la subordinación. Y se corre el riesgo de promover la dependencia, el infantilismo y la irresponsabilidad de muchos.

Una comunidad basada en la «amistad cristiana» enriquecería y transformaría hoy a la Iglesia de Jesús. La amistad promueve lo que nos une, no lo que nos diferencia. Entre amigos se cultiva la igualdad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es superior a otro. Se respetan las diferencias, pero se cuida la cercanía y la relación.

Entre amigos es más fácil sentirse responsable y colaborar. Y no es tan difícil estar abiertos a los extraños y diferentes, los que necesitan acogida y amistad. De una comunidad de amigos es difícil marcharse. De una comunidad fría, rutinaria e indiferente, la gente se va, y los que se quedan apenas lo sienten.

José Antonio Pagola

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“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.”. Domingo 18 de mayo de 2025. 5º Domingo de Pascua

domingo, 18 de mayo de 2025
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30-pascuaC5 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.
Apocalipsis 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización. Leer más…

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18.5.25 Dom 5 Pascua: Nuevo (único) mandamiento: Que os améis unos a otros

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1316Del blog de Xabier Pikaza;

Domingo 5º de Pascua. Este es el domingo del mandamiento nuevo: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”. Es el mandamiento de la vida de Jesús, que “manda/pide” que seamos como él es, que nos amemos unos a los otros.Éste es el mandamiento de la revelación de Dios, de la manifestación  del ser humano, mujer y varón, varón y mujer, padres e hijos, hijos y padres… judíos y gentiles, del norte y del sur… Éste es el único mandamiento de la nueva humanidad, un mandamiento cristiano precisamente por ser humano. Dios no pide que le amemos a él, sino a los hermanos.Éste es el único mandamiento, los diez mandamientos en uno: que os améis, como ama Dios, como Jesús nos dice.

En el AT eran diez, recogidos en Ex 19 y en Dt 5, Pero Jesús empezó resumiéndolos en dos: Amarás a Dios de todo corazón… y amará al prójimo como a tí mismo..

Pero después, haciendo camino, llegado a la última cena, Jesús mismo resumió los diez y los dos en un sólo mandamiento, que es el amor al prójimo, así dice el evangelio de este domingo 5 cuaresma, que es el domingo del amaor:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros. (Jn 13, 34-35)

Texto clave del NT. Paralelos.

El mandamiento nuevo es sólo uno: amar al prójimo, amor a los demás, como Dios Dios ama, como Cristo ama. Este texto del amor al prójimo como único mandamiento ha sido destacado en los otros dos pasajes fundamentales del NT:

a. Rom 13,, 8-10. Pablo sabe que hay tres mandamientos negativo que condensan todo el AT: No adulterar, no matar no robar (los tres deseos que pone de relieve también el budismo). Pues bien, frente a ellos, sólo hay un mandamiento positivo amar al prójimo como  uno mismo.

b.  Mt 25, 31-46. Sólo hay un mandamiento: dar de comer, de beber, vestir al desnudo, acoger al extranjero, cuidar a enfermos y encarcelado… Ese es el único mandamiento de Cristo….

Único mandamiento… única religión, el prójimo

El Dios de Jesús, Jesús como tal, no manda que le amemos a él por separado… sino que amemos a los demás, porque ellos son Dios, ellos son cristo.

Dios no es egoísta, ni es egoísta a Cristo. No quiere que le amemos a él por separado, que amemos a Cristo… La religión no es amar a Dios, sino amar al prójimo…

Hemos hecho una religión falsa, como gran máquina de amar a Dios… Pues bien, dios no quiere que le amemos a él, sino que amemos a los hermanos, pues ellos son su amor.

Éste es el único mandamiento, los diez en uno, los dos mandamientos en uno, porque «amar a Dios y amar al prójimo» se resume en éste: amáos unos a los otros, porque aquí está Dios y amando al prójimo estáis amando a Dios (y manifestáis en vuestra vida el amor de Dios)

Primera de Juan (1 4)

El mejor comentario de este evangelio lo ofrece la primera carta de Juan (1 Jn), que  ha relacionado de manera muy intensa el amor mutuo (amor interhumano) con el ser de Dios, entendido como amor y de esa forma ha comentado el mandamiento del amor.

Parece que en un determinado momento la comunidad de Juan (es decir, del Discípulo Amado) había sufrido el riesgo del exclusivismo, cerrándose en un tipo de amor puramente interior, entre los miembros del grupo. Pero, más tarde, esa comunidad se ha integrado en la Gran Iglesia, ofreciendo su experiencia y exigencia de amor no sólo a los cristianos sino a todos los hombres y mujeres, entendidos desde Cristo como hermanos y amigos:

[a. A Dios nadie le ha visto]. Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

[b. Hemos conocido y creído. Confesión cristológica]. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.

[b’ Dios es amor. Confesión teológica]. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

[a’. Conclusión y mandamiento]. Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano (1 Jn 4, 7-21).

He dividido el texto en cuatro partes, que voy a comentar. Entre la primera (a) y la última (a’) hay una relación interna: ambas insisten en que Dios nos ha amado primero y vinculan amor a Dios y al prójimo, empleando el argumento de la visibilidad: nadie ha visto a Dios, pero su presencia se ilumina en el amor al prójimo a quien vemos. Las partes intermedias (b y b’) son de tipo más teórico/temático: una vincula el amor con Cristo, la otra con Dios.

a. A Dios nadie le ha visto (Amémonos unos a otros! (1 Jn 4,7-12).

Hemos puesto como título las palabras del final de este pasaje (“a Dios nadie le ha visto…”) donde se retoma y replantea, desde el amor, el argumento básico de Jn 1, 18: “a Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, ése nos lo ha manifestado”. Aquí se refleja un tema central del Antiguo Testamento, que dice: “no te fabricarás escultura, imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos o abajo en la tierra o en los mares por debajo de la tierra” (Dt 5, 8; Ex 20, 4).

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Jesús y Dios. Jesús, nosotros y los otros. Domingo 5º de Pascua. Ciclo C

domingo, 18 de mayo de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado leímos que las ovejas seguían al pastor. Hoy el pastor abandona temporalmente a su rebaño, dejándole un encargo de última hora. Las dos primeras lecturas hablan de las persecuciones presentes y de la gloria futura.

 Lectura del evangelio (Juan 13, 31-33a. 34-35)

El evangelio de hoy, tomado del discurso de Jesús durante la última cena, aborda brevemente dos temas: Jesús y Dios; Jesús, nosotros y los otros. En realidad, el texto del cuarto evangelio incluye entre estos dos temas un tercero: Jesús y los discípulos. Los responsables de la selección no desaprovecharon la ocasión de suprimirlo.

Jesús y Dios. (Puede extrañar que no escriba Jesús y el Padre”, pero en esta primera parte Jesús usa tres veces la palabra “Dios” y nunca “Padre”.)

 Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 

Estamos en la noche del Jueves Santo. Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes. Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.”

            ¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.

¿Qué es eso que ha ocurrido ahora y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda lo que dice la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.

            Jesús, nosotros y los otros.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Esta parte, muy conocida, es fácil de entender y muy difícil de practicar. El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad consiste en amar “como yo os he amado”. La idea de que Jesús amaba solo a uno de los discípulos (“el discípulo amado) no es exacta. Amaba a todos, y si a ellos les hubieran preguntado en aquel momento cómo los había amado Jesús dirían que eligiéndolos y soportándolos. Es mucho, pero hay una forma más grande de demostrar el amor: dando la vida por la persona a la que se quiere, como el buen pastor que da la vida por sus ovejas.

Cabe el peligro de concluir: “Si Jesús nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarlo a él”. Sin embargo, el mandamiento nuevo no habla de amar a Jesús, sino de amarnos unos a otros. Esto supone un cambio importante con respecto al libro del Deuteronomio, donde el mandamiento principal es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Jesús, de forma casi polémica, omite la referencia a Dios y habla del amor al prójimo. Y lo mismo que a los israelitas se los reconocía por creer en un solo Dios dentro de un ambiente politeísta, a los cristianos se nos debe reconocer por amarnos unos a otros.

Sin embargo, cuando se conoce la historia de la Iglesia, queda claro que los cristianos nos distinguimos, más que por el amor mutuo, por la capacidad de pelearnos, no solo entre diversas confesiones, sino dentro de la misma. Curiosamente, la situación ha mejorado mucho entre las distintas confesiones, mientras los conflictos abundan dentro de la misma iglesia. Lo cual es comprensible. Es más fácil pelearse con el hermano que vive contigo que con el que ha formado su propia familia y está más lejos.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

El domingo pasado se leyó la actividad de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y las dificultades que promovieron al final los judíos y algunas señoras importantes, obligándoles a huir de allí. Marchan entonces a Iconio, Listra y Derbe. Lo que allí ocurrió no se lee en la misa, pero es importante recordarlo brevemente para comprender la lectura de hoy (el que quiera puede leer el capítulo 14 de los Hechos, que es muy interesante).

En Iconio predican con bastante éxito, pero al final la gente se divide, algunos intentan apedrearlos y tienen que huir de nuevo.

            En Listra curan a un tullido y la gente los consideran dioses; ellos consiguen con dificultad que no les den culto. Pero vienen judíos de Antioquía e Iconio que ponen a la gente contra Pablo; lo apedrean y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Los discípulos lo recogen y al día siguiente huye con Bernabé hacia Derbe.

En Derbe anuncian el evangelio y ganan bastantes discípulos. Allí no se dan persecuciones. Terminada la predicación, emprenden el viaje de vuelta a Antioquía de Siria (donde habían comenzado el viaje misionero), pasando por las mismas ciudades que ya habían evangelizado. Este viaje de vuelta es el tema de la lectura de hoy.

Sin título

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

            En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

El viaje de vuelta, contado tan esquemáticamente, debió de durar, como mínimo, uno o dos meses. Pero Lucas no se detiene a contar con detalle lo ocurrido. Para él es más importante indicar la conducta de los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:

         1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo de Hch (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (Hch 11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.

         2) Designar responsables. Esta palabra griega, presbitérous, etimológicamente designa a los ancianos”, pero en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.

         3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.

Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la segunda, del Apocalipsis, habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.

 Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en las dos primeras lecturas: ahora mismo, la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap), pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

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V Domingo de Pascua. 18 mayo, 2025

domingo, 18 de mayo de 2025
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5-Do-PAscua

 

«La señal por la que os reconocerán como discípulos míos…»

(Jn 13, 31-35)

¿Qué otra cosa podemos querer cada uno de nosotros en el momento de la muerte que dejar como legado a nuestros seres queridos un deseo de amor y unidad entre ellos, para nuestra familia, para nuestra comunidad, para nuestro grupo? Así, tan humano, se muestra Jesús en su última cena, en su última despedida: «amaos los unos a los otros».

Sin embargo da un paso más y nos invita a recibir nuestra identidad conscientemente y a trabajar por ser dignos, dignas, de llevarla encima. Se lo oí a un sacerdote en una homilía y mis oídos se estremecieron ante una afirmación tan rotunda y tan, he de  reconocerlo, profundamente verdadera. Dijo: «la señal de los cristianos no es la cruz sino el amor».

Como monja trinitaria la redención, el sentirme redimida, el saber a la humanidad redimida, forma parte de nuestra manera particular de vivir en la Iglesia. La cruz es un elemento clave porque nos recuerda que Cristo se entregó hasta la muerte por cada una de nosotras, por cada uno de nosotros.

Y a veces, es verdad, nos quedamos mirando las heridas que sangran y se nos pasa por alto el motivo, que no es el odio, ni la soledad, ni el abandono, el único motivo por el que Cristo está ahí clavado en la cruz es el amor. Tan fácil y tan complejo como amarnos a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestras incomprensiones, a pesar de nuestros conflictos. Siempre, por encima, Jesús nos recuerda que ha de estar nuestro amor mutuo y que solo ese amor será la manera de reconocernos como hermanos, como hijos.

Hoy también es el día del amor.

Feliz día. Feliz domingo.

Oración

“Tú me conoces y me sondeas,
tú me amas y confías en que el amor será el motor de mi vida,
el amor que tú has puesto en mi corazón
para entregar a mi prójimo
porque si no amo a quien veo,
¿cómo podré amarte a ti, a quien no veo?”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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El amor en la comunidad es sólo el primer paso para que el amor llegue a todos.

domingo, 18 de mayo de 2025
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37794D22-C6A8-438F-8838-1C1958876EA5DOMINGO 5º DE PASCUA (C)

Jn 13,31-35

El domingo pasado nos hablaba de ser “unum” con Dios, con Jesús y con los demás. Hoy nos invita a manifestar esa unidad con nuestras obras. Si descubres esa unidad, no necesitas preceptos ni mandamientos para manifestarla. Si no la descubres, lo que hagas será solo una programación que ni te enriquece ni enriquece a los demás.

Que os améis unos a otros” se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Eso se quedaría en egoísmo amplificado. Algunas formulaciones del NT pueden dar pie a esta interpretación. Amar solo a los nuestros iría en contra del mensaje de Jesús. El texto nos invita a amar como Jesús amó. Está claro que él amó a todos sin distinción.

Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-ágape. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora. No se trata de una programación sino de una vivencia que se manifiesta en la entrega.

El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al antiguo, ‘el amar a Dios’. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación externa con Dios. La nueva, basada en una relación de amor servicio a los demás.

Jesús no propone como ideal el amar a Dios, ni el amor a él mismo. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada ni nosotros le podemos dar nada. Dios es puro don. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa.

Jesús se presenta como “el Hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades de plenitud humanas. Amar es la única manera de ser plenamente humano. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, sino que vive el amor y dice: ¡Imitadme!

En esto conocerán que sois discípulos míos. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos, o normas. El distintivo será el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús propone una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo suyo y hermano de todos los seres humano sin excepción.

La pregunta que debo hacerme hoy es: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros.

El amor del que habla el evangelio no es un precepto que puede imponerse, sino la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser. Si llegáramos a tomar conciencia de lo que somos, el amor sería espontáneo y nadie podría dejar de amar. La Realidad en la que todos estamos identificados es lo que llamamos Dios y su ágape nos saca de nuestra individualidad y nos integra en el Todo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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A mí me lo hicísteis.

domingo, 18 de mayo de 2025
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amense los unos a los otrosJn 13, 31-35

«En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os améis los unos a los otros»

El cronista del Génesis nos muestra a Dios insuflando su espíritu en las narices del muñeco de barro, y aunque sólo sea una imagen, nos transmite su voluntad ‒la voluntad de Dios‒ de que el mundo participe de su espíritu; un espíritu que nos capacita para amar y nos capacita también para intuir a Dios en el amor humano.

A veces tratamos de conocer a Dios a base de asertos, con el entendimiento, y ése no es el camino. Sólo podemos acercarnos a Dios desde el corazón. Erich Fromm decía que «la consecuencia lógica de la teología es el misticismo», porque Dios no es objeto de conocimiento. Lo que encuentran los místicos en lo más íntimo de su ser no es comprensión de Dios, sino amor. Describen su experiencia como plenitud absoluta; como la del enamorado al fundir su espíritu con el de su amada. «Que muero porque no muero»… decía Santa Teresa

Jesús ‒rebosante de ese espíritu‒ centra su vida y su enseñanza en el amor, en la entrega, en la misericordia… y no es de extrañar que Juan —tan cercano a él‒ nos brinde hoy la joya que leemos en el evangelio: «En esto conocerán que sois mis discípulos…». No nos conocerán por nuestras conjeturas teológicas o metafísicas (tan doctas como estériles), ni por ser piadosos, ni por frecuentar el templo ni por cosa parecida. Nos conocerán por ser fraternos. Por dar fruto.

Como decía Ruiz de Galarreta: «Cristiano es quien se siente amado por Dios y responde amando»… Y ya está.

Y es que el sueño de Jesús ‒el Reino‒ es una humanidad de Hijos que sólo amándose como hermanos podrá realizarse. O dicho de otra forma, una comunidad de hermanos que se aman, se perdonan y se ayudan mutuamente. Y una vez más, es de admirar su genialidad al extender las relaciones que se establecen en el seno de la familia al conjunto de la humanidad. En una familia lo obligatorio es siempre mucho menos de lo que se está dispuesto a hacer por los otros, y Jesús nos invita a crear esa familia universal en la que todos nos veamos concernidos por la suerte de los demás.

Mateo expresa esta idea de manera espléndida en la parábola del juicio final que sitúa en el huerto de los olivos justo la víspera de la pasión. Una parábola soberbia, con una escenografía colosal, en la que Jesús resume toda su enseñanza: «Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber. Fui peregrino y me acogisteis. Estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y me asististeis»…

Y este texto nos interpela especialmente porque no tiene nada de abstracto, ni metafórico, ni simbólico, ni oscuro. Es el núcleo más íntimo del mensaje evangélico dicho en el lenguaje más llano que cabe imaginar. Es la norma de vida que, generalizada, cambiaría la faz de la tierra;  que transformaría de tal modo la sociedad, que la convertiría, sin eufemismos, en el Reino de Dios.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Amaos como yo os he amado.

domingo, 18 de mayo de 2025
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VOCACIÓN 67

COMENTARIO AL EVANGELIO Jn 13, 31-33a. 34-35.

18 de mayo de 2025

El Evangelio de este quinto domingo de Pascua hace referencia a un aspecto esencial del legado de Jesús. La escena en la que se desarrolla se sitúa en la Última Cena cuando deja uno de los mensajes más esenciales del cristianismo, no solo en su sentido espiritual sino también humano. Juan es el único Evangelio que no habla de la institución de la Eucaristía en el contexto de la Última Cena; no se centra en el rito sino en el significado y el impacto que pueda tener la integración de este mensaje.

Es curioso que el mensaje del Amor lo verbaliza una vez que Judas ha salido del cenáculo, como indica el texto. En la persona de Judas está simbolizada la traición, la falta de comprensión del auténtico mensaje cristiano, una traición que no siempre es tan descarada, como en este caso, a veces es sibilina y astuta. El mensaje del amor auténtico es incompatible con la incoherencia, con la doble moral, con una vida que ansía status, poder, prestigio, obsesión por el dinero, poseer, dominar, aparentar. Una mente así estructurada nunca va a escuchar, quizá sí oír, el mensaje del amor que nos propone Jesús y el cristianismo.

Jesús les dice que les deja un mandamiento nuevo, por tanto, hay novedad en ese mensaje de amor. Toda la tradición judía basada en la ley de Moisés queda superada y liberada con esta propuesta. No va de un amor exclusivo, solo para amar a las personas de nuestro círculo o situación social, religión, condición, opciones de vida. La novedad del amor de Jesús es de mucho calado y él se sitúa como referente, arquetipo y criterio. “Como yo os he amado”.

Ahora bien, ¿De qué Amor se trata? ¿Qué esencia tiene ese Amor? Se deja ver con mucha nitidez que este amor no es un deber moral, sino que es la vibración más profunda del ser humano, una corriente interna que nos conecta con otros seres semejantes. Estamos hechos de amor gratuito y liberador.

Amaos como yo os he amado”, dos veces repetido en esta breve escena, es una expresión que evoca un movimiento circular, una danza inclusiva, donde los otros, la realidad divina y mi realidad humana se sincronizan para generar un vínculo indestructible. Este amor brota de lo más profundo y sólo tiene vida si sale hacia fuera.  No viene del exterior, ni nadie me lo da, tan solo me hace ser consciente de que es la esencia de nuestra verdadera naturaleza.

Amaos como yo os he amado.  Dice Jesús que el signo de que somos sus discípul@s es la vivencia del amor. Y un amor que nos hace semejantes y nos sitúa en una horizontalidad y simetría que no se puede romper. Jesús nos llama a la circularidad, a una visión nueva de que el amor no es buscar que nos completen porque ya hemos sido diseñados como completos. No somos mitades o cuartos de nadie, sino unidades que peregrinan por esta historia estableciendo vínculos enraizados en un espacio interior donde cohabitan la humanidad y la divinidad entrelazadas. Es verdad que se expresa a través de gestos, palabras, actitudes, pero no para perfeccionar a nadie sino para despertar la consciencia de que todos somos valiosos y tenemos la misma dignidad. No es un amor romántico, acaramelado, sensible, es un amor que sana, libera, empodera y trasciende.

Amaos como yo os he amado. Se trata de un amor que no nace de la carencia sino de la abundancia. Cuando nos necesitamos para completarnos aparece la verticalidad, el dominio de uno sobre otro aunque suele ser más habitual de uno[s] sobre otra[s]; se rompe, entonces, el verdadero vínculo y aparecen todas las necesidades afectivas como un geiser que desestabiliza la vida y la convierte en un ego ansioso que busca equilibrarse por otro ser que de seguridad o al que se pueda dominar.

Amaos como yo os he amado. El amor de Jesús a la humanidad podemos verlo claramente en su vida, en su manera de relacionarse, en sus palabras, gestos, especialmente en su mirada al ser humano como “hijo” independientemente de su ideología, sexo, género, etnia, status social, etc. La mirada de Jesús a la humanidad va al fondo y no a la forma en la que nos ha tocado vivir o que hemos elegido vivir. Es una mirada que percibe la libertad y la capacidad de vivir en comunión y no en dominación.

Si el signo de ser discípul@s de Jesús es la vivencia de su paradigma del amor, no podemos quedarnos impasibles ante todas las personas que sufren, vulnerables, excluidas, fuera de juego. No podemos conformarnos, tampoco, con una iglesia que todavía expresa una imagen más de verticalidad que de horizontalidad, cuya ética del amor es muy potente con los de fuera, pero, a veces, descuida a los de dentro, especialmente a las de dentro. Ojalá en esta nueva etapa de la Iglesia veamos la realidad de una iglesia en igualdad y sinodalidad efectivas, identificada con el amor de Jesús.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Todo otro es no-otro en mí.

domingo, 18 de mayo de 2025
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Amistad-640x427Comentario al evangelio del domingo 18 mayo 2025

Jn 13, 31-35

¿Por qué me resulta tan difícil ver y vivir a la otra persona como no-separada de mí? O de otro modo: ¿qué me hace vivir encapsulado en los límites de mi personaje, ignorando la identidad común que compartimos?

La respuesta la encontramos en el momento evolutivo de nuestra especie y en el proceso de socialización.

Como especie, nos hallamos en una etapa del proceso evolutivo en el que no es fácil desidentificarse de la mente y, en consecuencia, del yo. En esta etapa sigue predominando el estado mental, que nos hace tomar como real solo aquello que la mente puede percibir. Y esta únicamente puede percibirnos como un yo particular, bien delimitado y separado de todo lo que no soy yo. Y donde hay identificación con el yo, hay miedo y tensión, ansiedad, insatisfacción, insaciabilidad y necesidad constante de auto-reafirmación.

Por lo que se refiere al proceso de socialización, es preciso entender que el niño es pura necesidad, en todos los sentidos. En concreto, para lo que aquí nos interesa, es necesidad de reconocimiento, de seguridad y de confianza. Cuando tal necesidad no encuentra respuesta adecuada, surgen de manera inevitable diferentes mecanismos de defensa -desde la agresión a la huida-, corazas de todo tipo, que fácilmente se convierten en una armadura rígida, la cual viene a constituir una segunda personalidad. Desde muy temprano, el niño se identifica con esa armadura porque piensa que, sin ella, corre peligro.

Si a eso se le añade el mensaje que recibe de todo su entorno y que le hace identificarse con su yo particular, se han creado las condiciones perfectas para que la persona se autoperciba como ese mero yo y viva amurallada, de una manera radicalmente egocentrada.

Dado que se trata de un error, no podremos dejar de advertir que algo chirría en nuestro interior. De entrada, no sabremos qué es, pero algo -en particular, el sufrimiento inútil- nos dice que vivimos equivocados. Será necesario todo un proceso de desaprender para poder comprender que, en nuestra identidad, no somos el yo con el que nos habíamos identificado, sino eso que observa o que es consciente de todos los movimientos cambiantes del yo, la consciencia una. Por lo que, al experimentarme como consciencia -llevando la atención a eso que, en “mí”, consciente-, descubro que esa consciencia que soy es lo que son en realidad todos los seres. La luz que brota de ahí contiene un mensaje inequívoco: si todo ser es no-otro de mí, solo acertamos cuando amamos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Necesitamos en la vida amar y ser amados

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1261Del blog de Tomás Muro, la Verdad es Libre:

01.- Conversaciones -Testamento- de despedida de Jesús con los suyos.

Podríamos decir en lenguaje coloquial que el capítulo 13 del evangelio de san Juan constituye como el testamento de Jesús; son como las últimas conversaciones de Jesús con sus discípulos.

Tal vez para enmarcar y comprender bien estas palabras, nos vendría bien recordar, evocar en nuestro interior, las últimas conversaciones y palabras que nos dijeron nuestro padre, nuestra madre, quizás algún hermano o amigo cuando estaban muriendo.

En ese contexto, sabiendo Jesús que iba a pasar de este mundo al Padre, habla con los suyos en una intimidad especial. Hijitos míos. La relación de Jesús con los suyos no es judicial, sino de gran amabilidad: hijitos. El texto tiene un intenso clima cristiano.

Acojamos en nuestra intimidad estas palabras de Jesús.

02.- Amor – Eucaristía.

El relato evangélico de hoy está situado en el contexto de la Última Cena. Curiosamente mientras los tres evangelios sinópticos (Mt, Mc y Lc) colocan la Eucaristía en la Última Cena, san Juan sitúa en la Última Cena no la Eucaristía sino el lavatorio de los pies (servicio) y el amor, el mandamiento del amor. Os doy -os regalo- (don) el amor como modo de vida

03.-  Os doy un Mandamiento Nuevo.

No es que Jesús nos dé o nos imponga una nueva ley distinta de los diez mandamientos.

Moisés bajó del Sinaí con las tablas de la ley, que contenían los diez mandamientos.

Jesús no nos impone una nueva ley, sino que nos da, nos regala su amor y nos llama a vivir en el amor: que os améis unos a otros como Él mismo nos ha amado.

04.- Necesitamos amar y ser amados en la vida.

En principio el amor no es una cuestión especialmente religiosa, sino humana. Todos los humanos, creyentes o ateos, necesitamos amar y ser amados.

En la vida podemos vivir sin muchas cosas. Podemos vivir -hemos vivido- sin muchos medios económicos, podemos vivir sin justicia, sin libertad, sin paz… pero no podemos vivir serenamente sin amar y sin ser amados.

05.- Amar en las diversas situaciones  de la vida.

No es sencillo decir, definir lo que es el amor. El amor es una dimensión humana tan hermosa como difícil.

El amor impregna la existencia humana en las más diversas situaciones y momentos de la vida:

* el amor hacia el niño recién nacido es muy importante porque ahí se ventila la acogida y la serenidad en la vida, en el mundo, en la familia de ese niño. Un niño no acogido, no querido lo va a tener muy difícil en su desarrollo humano, psicológico, etc.

* el amor de la juventud es un “tsunami” (valga la expresión) que encauza las fuerzas afectivas, sexuales, de encuentro en la vida…

* el amor en la familia (al menos en nuestra tradición cultural de familia) reviste otras características de abrirnos a la vida, acompañarnos y de protegernos en la vida.

* La amistad reviste otras tonalidades de sintonía, encuentro, ayuda… Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro, (Eclo 6,24).

* En ocasiones el amor es saber perdonar.

06.- El amor no es mera pulsionalidad.

El amor no es mera pulsionalidad, una simple instintividad, ni un fácil sentimentalismo.

A. En la vida, en la persona hay realidades buenas sobre las que hemos de poner razón, sensatez. El alimento, la sexualidad, el placer, la etnia, son realidades buenas: Vio Dios lo que había creado y era bueno… pero hemos de vivirlas con racionalidad.

B. También vivimos momentos pulsionales negativos: viejos conflictos familiares, políticos, odios, etc. Quizás los impulsos negativos nos dominan; ahí es donde hemos de poner también sensatez para que la razón “controle” la pulsionalidad.

Aristóteles fue quien dijo esa distinción en el ser humano: somos animales racionales. Nuestra dimensión corpórea-animal es lo pulsional e instintivo que ha de regular la dimensión racional, espiritual del ser humano

Dar y recibir amor en la vida es realizador de la persona.

07.- Cielos Nuevos y Tierra Nueva.

Hemos escuchado en la lectura del Apocalipsis: Vi unos cielos nuevos y una tierra nueva … donde no habrá ni llanto ni dolor.

Es palpable que no han llegado esos cielos y esa tierra nueva: Ucrania, Rusia, Israel, Gaza, hambre en el mundo, etc.

El amor es una fuerza transformadora. Nada realiza y dinamiza tanto como el amor como la experiencia de que alguien nos ama y ha hecho algo por nosotros.

Noble tarea vivir y sembrar amor, respeto, libertad. Tal es nuestra moral.

08.-  El Amor es el único principio de moral cristiana.

Posiblemente el amor es el único mandato, don, la única ética cristiana. En esto os conocerán que sois mis discípulos…

Amar (apreciar, respetar, valorar) hace bien a todos: a quien ama y a quien es amado.

San Agustín entendió bien a Jesús, cuando dijo aquello de que:

AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS

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«Una comunidad creíble es la que da testimonio del amor de los unos a los otros», por Consuelo Vélez

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1284De su blog Fe y Vida:

V Domingo de Pascua 18-05-2025

Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento

La muerte de Jesús que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida

El amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos

El amor mutuo es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven

Después que Judas salió, Jesús dijo:

«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros»

(Juan 13, 31-33a.34-35)

En este capítulo 13 del evangelio de Juan se nos relata el lavatorio de los pies y, posteriormente, el anuncio de la traición de Judas. Justamente con este hecho comienza el texto que se nos pone hoy a consideración. Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento. La primera parte se refiere a la pasión que va a vivir en breve, interpretada teológicamente: esa muerte que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida, en el vencer la muerte con la vida definitiva en Dios. Todo eso lo expresa con la afirmación de la glorificación del Hijo del hombre y la glorificación de Dios mismo en él.

Este acontecimiento es confiado a sus discípulos, a los suyos, dándoles un mandamiento nuevo. ¿En qué consiste la novedad de este mandamiento? En que el amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos. Como se puede ver, este mandamiento no es una regla para cumplir, una liturgia para realizar, una prohibición para respetar. Es una experiencia que se hace vida entre Jesús y cada persona y, porque es una experiencia real, se proyecta en el amor mutuo. Además, ese amor es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven.

De hecho, un padre de la Iglesia de los primeros tiempos escribió que la gente se admiraba del amor que se profesaban los cristianos entre ellos, diciendo: “miren como se aman” y, precisamente, por ese testimonio se iban añadiendo más creyentes a la comunidad.

Para nosotros que estos días estamos saboreando la experiencia de la resurrección de Jesús, ese mandamiento mantiene toda su actualidad. La gente podrá creer en los frutos de la pascua en la medida que vean comunidades alegres, unidas, servidoras, testigas del amor sincero de unos para con los otros. Que ese amor sea nuestro distintivo, haciendo creíble la presencia de Jesús en medio de la comunidad.

(Foto tomada de: https://www.hablarconjesus.com/meditacion_escrita/camino-de-emaus)

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“Elegir amar”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 18 de mayo de 2025
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imageDe su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

¿Qué nos queda?

En el caos que, de tantas formas y de modos diversos, atraviesa nuestras vidas, en la frenesí del cotidiano aturdidor y humillante, en el miedo. ¿Cómo podemos sobrevivir a este tiempo malsano?

Solo una cosa: seguir mirando hacia arriba. Seguir amando.

Porque ser discípulos significa dejarse amar y aprender a amar.

Convertirse en amados, que es uno de los nombres con los que se llamaba a los discípulos del Maestro.

Aquellos que descubren que son amados. Los amados.

Porque creemos en el Dios de Jesús, un Dios feliz que nos quiere felices.

Aprendiendo a amar. Esto da gloria a Dios. 

Gloria

En un mismo párrafo, Jesús habla cinco veces de gloria y glorificación y de cómo, gracias al Padre, está a punto de ser glorificado.

Quizá Jesús piensa que, a pesar de todo, al final su misión tendrá éxito y las cosas, de repente, tomarán otro rumbo. Confiado. Optimista. Incluso embriagado.

Solo que estas palabras las dice durante la última cena, poco antes de ser arrestado. Las dice en el mismo momento en que su destino está marcado. Las dice cuando Judas sale para ir a delatarle.

Jesús insiste, exagera: ahora mismo he sido glorificado, dice.

En el momento más doloroso de la traición, cuando una persona que te ama y te ha seguido te engaña, Jesús afirma que podrá manifestar plenamente su gloria.

¿Pero lo hace?

No, Jesús hace algo extraordinario: mira más allá del presente, ve el vaso medio lleno, no se encierra en sí mismo, deprimido o furioso, por el engaño. Como Judas lo está traicionando, podrá demostrarle que realmente lo quiere.

Precisamente porque está a punto de ser asesinado, podrá manifestar a todos los hombres cuánto los ama, cuánto nos ama, cuán seria es su amor. En la traición de Judas vemos la medida del amor de Jesús. 

Judas

Judas se ha perdido, cierto, verdad.

¿Pero el Señor no ha venido precisamente a salvar a los que estaban perdidos?

¿No es la perdición, precisamente, el lugar teológico de la salvación?

¿No nos salvan precisamente porque antes nos hemos perdido?

Con Judas, Jesús podrá demostrar cuál es la medida del amor de Dios: la ausencia de medida.

Todo hombre que toma conciencia de sí mismo se pregunta: ¿estoy perdido o salvado?

Jesús responde: estás perdido, y estás salvado.

Los Apóstoles no entienden, como no entendieron el gesto del lavatorio de los pies.

Pedro, poco después, dirá que está dispuesto a dar la vida por Jesús.

Pedro, ahora, se toma a sí mismo por Dios, quiere salvarlo.

Jesús le recordará que es él quien da la vida por sus discípulos.

Un gallo cantará, recordándole a Pedro su límite. No por causa de Dios debe morir, sino con Él.

Todo lo que puede hacer el discípulo es imitar al Maestro, no sustituirlo.

Jesús habla de su gloria, una gloria que consiste en manifestar cuánto nos ama.

Y nos pide que hagamos lo mismo.

La gloria es poder demostrar el propio amor.

Un amor sano, centrado, luminoso, concreto, humilde, oblativo, fecundo, respetuoso, liberador, libre.

¿Y si, en lugar de pasar la vida mendigando aplausos, pidiendo reconocimiento, haciendo pesar el dolor del pequeño pirómano que hay en nosotros, empezáramos a querer amar? 

Amaos

Entre Judas y Pedro, los otros evangelistas sitúan la Última Cena.

Juan omite el relato de la cena para sustituirlo por el lavado de los pies: la liturgia es falsa si no se convierte en servicio al hermano débil. Juan se atreve a más: entre las dos traiciones y las dos salvaciones (Judas es salvado del mal, Pedro del falso bien) inserta el único mandamiento del amor.

Jesús nos pide que nos amemos (amarme a mí, amarte a ti,…) del amor con el que Él nos ha amado.

Corrige a los otros evangelistas. El mayor mandamiento no es amar a Dios y al prójimo.

Sino amar al prójimo con el amor que recibimos de Dios. Amar con el amor de Dios.

De su amor, con su amor. No con el amor de la simpatía, de la elección, del esfuerzo, de la virtud.

Con el amor que, procedente de Cristo, puede llenar nuestro corazón para luego fluir hacia el corazón de los demás.

No puedo amar a las personas antipáticas, ni a las que me hacen daño. Solo el amor que viene de Dios, un amor teológico, me permite amar por encima de los sentimientos y las emociones. 

Señales y signos

Debemos ser conocidos por el amor.

No por las devociones, no por las oraciones, no por las señales externas, no por la organización caritativa, sino por el amor. El amor es lo que más debe importar en la Iglesia.

Que sea verdadero, que sea libre, que se haga evidente.

No teórico, no vinculado (te amo si), no humoral.

Un amor más grande que da vida. Porque a veces el amor mortifica.

Un amor en equilibrio entre emoción y elección, entre énfasis y voluntad, que se vuelva concreto y activo, tolerante y paciente, auténtico y accesible, que sepa manifestarse en el momento de la prueba y del engaño.

¿Quieres glorificar a Dios?

Déjate amar.

Aprende a amar.

Elige amar.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el V Domingo de Pascua, 18 de mayo de 2025

1. – El amor hace despertar la esperanza.

2.- Mendigos de amor.

3.- El arte de amar. 

3.- Qué amor.

5.- Dejarse amar para conocer la verdad.

6.- La medida del amor

7.- Elegir amar – Comentario al Evangelio de San Juan 13,31-33.34-35 –.

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“Porque el CORDERO los pastoreará” –Y nuestro nuevo Papa también lo hará

lunes, 12 de mayo de 2025
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IMG_1214La publicación de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Cuarto Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

¿Te has parado a pensar alguna vez en lo cansados que los humanos debemos estar del Espíritu Santo? Yo mismo tengo esta sensación con frecuencia al interactuar con las Escrituras de diversas maneras, y como hombre gay, miembro de un grupo que a menudo se siente incómodo en la Iglesia. Gran parte de la Biblia me parece un esfuerzo incesante de Dios por decirnos: “Amen a TODOS. ¿Es eso confuso o poco claro?”. Y nosotros, los humanos, decimos: «Oh, no, vale, lo entendemos… Pero… ¿no te refieres a ‘… todos, excepto…’ o ‘todos, a menos que…’?. Y Dios, con la mano en la frente y un profundo suspiro, dice: “Bien. Vamos a intentarlo de nuevo”.

Las lecturas litúrgicas de hoy ilustran maravillosamente este punto: tres de las cuatro están llenas de ovejas. Solo el primero, de los Hechos, carece de seres lanudos de cuatro patas, y he aquí que, al contener solo humanos, está —en contraste con los otros tres— lleno de división, facciones, denigración y exclusión. Los propios apóstoles y su audiencia muestran el patrón de un mundo —y, lamentablemente, de una Iglesia— que insiste en ver todo en términos de judío o gentil, limpio o impuro, gay o heterosexual, ciudadano o extranjero, cis o trans, etc.

IMG_1217Este conjunto de lecturas del leccionario coincide fortuitamente, recordando cómo el Papa Francisco quería que los obispos fueran «pastores con olor a oveja«, y él mismo olía a oveja. Nuestro nuevo Papa, León XIV, claramente ha adquirido este aroma en las últimas décadas. La imagen de ovejas versus humanos en estas escrituras ilumina lo que a menudo hacemos y el esfuerzo que Dios realiza para que mejoremos. Recorramos el prado de estos textos y luego volvamos al Pastor en Roma.

El Evangelio de Juan nos ofrece la representación arquetípica que Jesús hizo de sí mismo como el Buen Pastor, origen del término «pastor«, que simplemente significa «pastor» en latín. Jesús afirma que sus ovejas le son entregadas por el Padre, con quien es uno, y que, por lo tanto, esta unidad se extiende también a nosotros. Muchas otras imágenes que Jesús usa en Juan hablan de la necesidad de permanecer conectados con Él y, a través de Él, con Dios Padre/Madre y entre nosotros.

Esta cercanía —el «estilo de Dios«, como solía llamarlo el Papa Francisco— es, por supuesto, lo que los papas difuntos entendían por el «olor«, que se percibe por la proximidad. Y cuando Jesús habla de sus ovejas, nunca habla de diferencias ni divisiones entre ellas, sino de un gran rebaño: inclusivo, como siempre lo es. La única vez que se mencionaron divisiones —ovejas vs. cabras—, en Mateo 25:31-46, la metáfora se basaba en cómo tratábamos a los demás, no en divisiones superficiales como la raza, el género o la sexualidad.

IMG_1219Papa Francisco

La lectura del Apocalipsis ofrece un giro interesante a la imagen de la unidad del rebaño: aquí Jesús es oveja pastor. Él es el Cordero de Dios, y se nos dice, en una imagen impactante de cercanía y unidad, que el Cordero será en realidad nuestro pastor. A Juan el Revelador también se le dice que los mártires que ve han «lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero«. Esta es una imagen aún más vívida, incluso ligeramente perturbadora, de la unidad con Jesús; una vez más, una unidad que no conoce divisiones, facciones ni segregación; todos han sido lavados en la Sangre.

El salmo de hoy simplemente nos muestra a nosotros, las ovejas del rebaño de Dios, cantando con alegría nuestra presencia en el rebaño divino.

Pero ¿dónde encaja la historia de los Hechos en la imagen del pastoreo? No se ve ninguna oveja en ella, lo cual quizás sea el problema. Frente a esas criaturas proverbialmente homogéneas, vemos a los humanos en su humanidad más estereotípicamente divisiva. Todos son catalogados, etiquetados y encasillados (por el narrador, por los apóstoles y por sus oponentes), hasta el punto de llegar a la sutileza entre «judíos» y «conversos al judaísmo«. Los enemigos celosos y hostiles de Pedro y Bernabé son etiquetados como «los judíos«, como si Pedro y Bernabé (por no hablar de Jesús) no fueran judíos también. Y Pedro responde a sus ataques verbales con: «Tuvieron su oportunidad, la desperdiciamos, ahora llevaremos a Jesús a los gentiles«.

Este lenguaje y pensamiento divisivos y excluyentes resulta aún más irónico cuando nos damos cuenta de que Hechos nos muestra a la primera generación post-Jesús enfrentándose una y otra vez a la pregunta: «¿Se supone que debemos incluir a todos o ser un movimiento solo para judíos?«. El ángel de Dios (en Hechos 8) literalmente lanza a Felipe contra un gentil etíope, quien finalmente dice: «¿Me bautizarías ya?«. Pero esto no fue suficiente. En Hechos 10, el Espíritu Santo lanza de nuevo a un apóstol, Pedro, literalmente a la casa de un centurión romano gentil, quien, de igual manera, termina rogando por el bautismo para toda su familia. De nuevo, en Hechos 15, todos los apóstoles discuten acaloradamente sobre si Jesús, cuando dijo «haced discípulos de TODAS las naciones», todavía les permitía excluir, o al menos degradar, a algunas naciones.

IMG_1221El futuro Papa León XIV pastoreando al pueblo en Perú

El «¡Todos! ¡Todos! ¡Todos!» de Francisco (o, según la audiencia, «¡Tutti! ¡Tutti! ¡Tutti!«) demostró que escuchó (quizás mejor que los apóstoles) y se esforzó por vivir el mensaje de «un solo rebaño, un solo pastor, que acoge e incluye a todos» en estas lecturas.

Hace años trabajé con agustinos en Chicago que conocieron al futuro León XIV como su superior religioso y dieron testimonio de su «olor a oveja«. Una amiga también escuchó de sus compañeras Hermanas de la Misericordia en Perú cuánto lo amaban como pastor y lo cercano que era a ellas.

Rezo para que nuestro nuevo pastor continúe demostrando lo que Dios nos sigue enseñando, por mucho que lo olvidemos.

—Michaelangelo Allocca, 11 de mayo de 2025

Fuente New Ways Ministry

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El Señor es mi Pastor.

domingo, 11 de mayo de 2025
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SALMO 23

El Señor es mi Pastor…

Los pastores de mi casa
me enseñaron a sentirLo.
La «chivita» deportada
por la guerra fratricida
me ayudó a reconocerme
vigilado por sus Ojos,
añorado por sus Manos.

Yo sería un pastor
¿bueno?

Tu Palabra me alimenta, cada día,
como un valle.
Me convida tu Misterio, como un monte.
Como un río me penetra,
perdonado,
tu Ternura.

Pirineo y sus pastores,
por las rocas,
en la nieve,

por el Ésera desnudo tierra abajo,
por las noches estrelladas cielo arriba.

Los balidos impotentes me acosaban, siendo niño.
Los balidos de los pobres, degollados, me traspasan.
¿No bastaba con tu sangre, Pascua nuestra?

Si atardece en mis majadas,
Tú serás su paz caliente.
No les faltará tu silbo
cuando rompa el día nuevo.

Los mayores desencantos
puedo atravesar seguro.
¡Tú me llevas como un hombro,
Pastor bueno!

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

***

Other-Sheep-logo

 

 

Yo doy la vida eterna a mis ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús:

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

Yo y el Padre somos uno.”

*

Juan 10, 27-30

***

Jesús, el buen pastor, dice de sí mismo que conoce a los suyos. Ser conocidos por Jesús significa nuestra bienaventuranza, nuestra comunión con él. Jesús conoce sólo a quienes ama, a aquellos que le pertenecen, a los suyos (2 Tim 2,1 9). Nos conoce en nuestra calidad de perdidos, de pecadores que tienen necesidad de su gracia y la reciben, y, al mismo tiempo, nos conoce como ovejas suyas. En la medida en que nos sabemos conocidos por él y sólo por él, se nos da a conocer, y nosotros lo conocemos como el único al que pertenecemos para la eternidad (Gal 4,9; 1 Cor 8,3).

El buen pastor conoce a sus ovejas, y sólo a ellas, porque le pertenecen. El buen pastor, y sólo él, conoce a sus ovejas porque sólo él sabe quién le pertenece para la eternidad. Conocer a Cristo significa conocer su voluntad sobre nosotros y con nosotros, y llevaría a cabo; significa amar a Dios y a los hermanos (1 Jn 4,7s; 4,20). La bienaventuranza del Padre es reconocer al Hijo como hijo, y la del Hijo es reconocer al Padre como padre. Este recíproco reconocimiento es amor, es comunión. Del mismo modo, la bienaventuranza del Salvador es reconocer al pecador como su propiedad conquistada, y la del pecador es reconocer a Jesús como su Salvador. En virtud de que Jesús está ligado al Padre (y a los suyos) por semejante comunión de amor y de conocimiento recíproco, puede entregar su propia vida por las ovejas y adquirir así el rebaño como propiedad suya para toda la eternidad.

*

Dietrich Bonhoeffer,
Memoria y fidelidad,
Magnano 1979, pp. Ió3s

***

***

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“Volver a Jesús”. 4 Pascua – C (Juan 10, 27-30)

domingo, 11 de mayo de 2025
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jesus-buen-pastor

Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

José Antonio Pagola

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“Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Domingo 11 de mayo de 2025. 4º Domingo de Pascua

domingo, 11 de mayo de 2025
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29-pascuaC4 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
Salmo responsorial: 99: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Apocalipsis 7, 9. 14b-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Juan 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poéticp-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”. Leer más…

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