Comentarios desactivados en «Una comunidad creíble es la que da testimonio del amor de los unos a los otros», por Consuelo Vélez
De su blog Fe y Vida:
V Domingo de Pascua 18-05-2025
Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento
La muerte de Jesús que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida
El amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos
El amor mutuo es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven
+ «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros»
(Juan 13, 31-33a.34-35)
En este capítulo 13 del evangelio de Juan se nos relata el lavatorio de los pies y, posteriormente, el anuncio de la traición de Judas. Justamente con este hecho comienza el texto que se nos pone hoy a consideración. Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento. La primera parte se refiere a la pasión que va a vivir en breve, interpretada teológicamente: esa muerte que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida, en el vencer la muerte con la vida definitiva en Dios. Todo eso lo expresa con la afirmación de la glorificación del Hijo del hombre y la glorificación de Dios mismo en él.
Este acontecimiento es confiado a sus discípulos, a los suyos, dándoles un mandamiento nuevo. ¿En qué consiste la novedad de este mandamiento? En que el amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos. Como se puede ver, este mandamiento no es una regla para cumplir, una liturgia para realizar, una prohibición para respetar. Es una experiencia que se hace vida entre Jesús y cada persona y, porque es una experiencia real, se proyecta en el amor mutuo. Además, ese amor es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven.
De hecho, un padre de la Iglesia de los primeros tiempos escribió que la gente se admiraba del amor que se profesaban los cristianos entre ellos, diciendo: “miren como se aman” y, precisamente, por ese testimonio se iban añadiendo más creyentes a la comunidad.
Para nosotros que estos días estamos saboreando la experiencia de la resurrección de Jesús, ese mandamiento mantiene toda su actualidad. La gente podrá creer en los frutos de la pascua en la medida que vean comunidades alegres, unidas, servidoras, testigas del amor sincero de unos para con los otros. Que ese amor sea nuestro distintivo, haciendo creíble la presencia de Jesús en medio de la comunidad.
(Foto tomada de: https://www.hablarconjesus.com/meditacion_escrita/camino-de-emaus)
Comentarios desactivados en “Elegir amar”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF
De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):
¿Qué nos queda?
En el caos que, de tantas formas y de modos diversos, atraviesa nuestras vidas, en la frenesí del cotidiano aturdidor y humillante, en el miedo. ¿Cómo podemos sobrevivir a este tiempo malsano?
Solo una cosa: seguir mirando hacia arriba. Seguir amando.
Porque ser discípulos significa dejarse amar y aprender a amar.
Convertirse en amados, que es uno de los nombres con los que se llamaba a los discípulos del Maestro.
Aquellos que descubren que son amados. Los amados.
Porque creemos en el Dios de Jesús, un Dios feliz que nos quiere felices.
Aprendiendo a amar. Esto da gloria a Dios.
Gloria
En un mismo párrafo, Jesús habla cinco veces de gloria y glorificación y de cómo, gracias al Padre, está a punto de ser glorificado.
Quizá Jesús piensa que, a pesar de todo, al final su misión tendrá éxito y las cosas, de repente, tomarán otro rumbo. Confiado. Optimista. Incluso embriagado.
Solo que estas palabras las dice durante la última cena, poco antes de ser arrestado. Las dice en el mismo momento en que su destino está marcado. Las dice cuando Judas sale para ir a delatarle.
Jesús insiste, exagera: ahora mismo he sido glorificado, dice.
En el momento más doloroso de la traición, cuando una persona que te ama y te ha seguido te engaña, Jesús afirma que podrá manifestar plenamente su gloria.
¿Pero lo hace?
No, Jesús hace algo extraordinario: mira más allá del presente, ve el vaso medio lleno, no se encierra en sí mismo, deprimido o furioso, por el engaño. Como Judas lo está traicionando, podrá demostrarle que realmente lo quiere.
Precisamente porque está a punto de ser asesinado, podrá manifestar a todos los hombres cuánto los ama, cuánto nos ama, cuán seria es su amor. En la traición de Judas vemos la medida del amor de Jesús.
Judas
Judas se ha perdido, cierto, verdad.
¿Pero el Señor no ha venido precisamente a salvar a los que estaban perdidos?
¿No es la perdición, precisamente, el lugar teológico de la salvación?
¿No nos salvan precisamente porque antes nos hemos perdido?
Con Judas, Jesús podrá demostrar cuál es la medida del amor de Dios: la ausencia de medida.
Todo hombre que toma conciencia de sí mismo se pregunta: ¿estoy perdido o salvado?
Jesús responde: estás perdido, y estás salvado.
Los Apóstoles no entienden, como no entendieron el gesto del lavatorio de los pies.
Pedro, poco después, dirá que está dispuesto a dar la vida por Jesús.
Pedro, ahora, se toma a sí mismo por Dios, quiere salvarlo.
Jesús le recordará que es él quien da la vida por sus discípulos.
Un gallo cantará, recordándole a Pedro su límite. No por causa de Dios debe morir, sino con Él.
Todo lo que puede hacer el discípulo es imitar al Maestro, no sustituirlo.
Jesús habla de su gloria, una gloria que consiste en manifestar cuánto nos ama.
¿Y si, en lugar de pasar la vida mendigando aplausos, pidiendo reconocimiento, haciendo pesar el dolor del pequeño pirómano que hay en nosotros, empezáramos a querer amar?
Amaos
Entre Judas y Pedro, los otros evangelistas sitúan la Última Cena.
Juan omite el relato de la cena para sustituirlo por el lavado de los pies: la liturgia es falsa si no se convierte en servicio al hermano débil. Juan se atreve a más: entre las dos traiciones y las dos salvaciones (Judas es salvado del mal, Pedro del falso bien) inserta el único mandamiento del amor.
Jesús nos pide que nos amemos (amarme a mí, amarte a ti,…) del amor con el que Él nos ha amado.
Corrige a los otros evangelistas. El mayor mandamiento no es amar a Dios y al prójimo.
Sino amar al prójimo con el amor que recibimos de Dios. Amar con el amor de Dios.
De su amor, con su amor. No con el amor de la simpatía, de la elección, del esfuerzo, de la virtud.
Con el amor que, procedente de Cristo, puede llenar nuestro corazón para luego fluir hacia el corazón de los demás.
No puedo amar a las personas antipáticas, ni a las que me hacen daño. Solo el amor que viene de Dios, un amor teológico, me permite amar por encima de los sentimientos y las emociones.
Señales y signos
Debemos ser conocidos por el amor.
No por las devociones, no por las oraciones, no por las señales externas, no por la organización caritativa, sino por el amor. El amor es lo que más debe importar en la Iglesia.
Que sea verdadero, que sea libre, que se haga evidente.
No teórico, no vinculado (te amo si), no humoral.
Un amor más grande que da vida. Porque a veces el amor mortifica.
Un amor en equilibrio entre emoción y elección, entre énfasis y voluntad, que se vuelva concreto y activo, tolerante y paciente, auténtico y accesible, que sepa manifestarse en el momento de la prueba y del engaño.
¿Quieres glorificar a Dios?
Déjate amar.
Aprende a amar.
Elige amar.
Joseba Kamiruaga Mieza CMF
***
Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el V Domingo de Pascua, 18 de mayo de 2025
¿Te has parado a pensar alguna vez en lo cansados que los humanos debemos estar del Espíritu Santo? Yo mismo tengo esta sensación con frecuencia al interactuar con las Escrituras de diversas maneras, y como hombre gay, miembro de un grupo que a menudo se siente incómodo en la Iglesia. Gran parte de la Biblia me parece un esfuerzo incesante de Dios por decirnos: “Amen a TODOS. ¿Es eso confuso o poco claro?”. Y nosotros, los humanos, decimos: «Oh, no, vale, lo entendemos… Pero… ¿no te refieres a ‘… todos, excepto…’ o ‘todos, a menos que…’?”. Y Dios, con la mano en la frente y un profundo suspiro, dice: “Bien. Vamos a intentarlo de nuevo…”.
Las lecturas litúrgicas de hoy ilustran maravillosamente este punto: tres de las cuatro están llenas de ovejas. Solo el primero, de los Hechos, carece de seres lanudos de cuatro patas, y he aquí que, al contener solo humanos, está —en contraste con los otros tres— lleno de división, facciones, denigración y exclusión. Los propios apóstoles y su audiencia muestran el patrón de un mundo —y, lamentablemente, de una Iglesia— que insiste en ver todo en términos de judío o gentil, limpio o impuro, gay o heterosexual, ciudadano o extranjero, cis o trans, etc.
Este conjunto de lecturas del leccionario coincide fortuitamente, recordando cómo el Papa Francisco quería que los obispos fueran «pastores con olor a oveja«, y él mismo olía a oveja. Nuestro nuevo Papa, León XIV, claramente ha adquirido este aroma en las últimas décadas. La imagen de ovejas versus humanos en estas escrituras ilumina lo que a menudo hacemos y el esfuerzo que Dios realiza para que mejoremos. Recorramos el prado de estos textos y luego volvamos al Pastor en Roma.
El Evangelio de Juan nos ofrece la representación arquetípica que Jesús hizo de sí mismo como el Buen Pastor, origen del término «pastor«, que simplemente significa «pastor» en latín. Jesús afirma que sus ovejas le son entregadas por el Padre, con quien es uno, y que, por lo tanto, esta unidad se extiende también a nosotros. Muchas otras imágenes que Jesús usa en Juan hablan de la necesidad de permanecer conectados con Él y, a través de Él, con Dios Padre/Madre y entre nosotros.
Esta cercanía —el «estilo de Dios«, como solía llamarlo el Papa Francisco— es, por supuesto, lo que los papas difuntos entendían por el «olor«, que se percibe por la proximidad. Y cuando Jesús habla de sus ovejas, nunca habla de diferencias ni divisiones entre ellas, sino de un gran rebaño: inclusivo, como siempre lo es. La única vez que se mencionaron divisiones —ovejas vs. cabras—, en Mateo 25:31-46, la metáfora se basaba en cómo tratábamos a los demás, no en divisiones superficiales como la raza, el género o la sexualidad.
Papa Francisco
La lectura del Apocalipsis ofrece un giro interesante a la imagen de la unidad del rebaño: aquí Jesús es oveja Y pastor. Él es el Cordero de Dios, y se nos dice, en una imagen impactante de cercanía y unidad, que el Cordero será en realidad nuestro pastor. A Juan el Revelador también se le dice que los mártires que ve han «lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero«. Esta es una imagen aún más vívida, incluso ligeramente perturbadora, de la unidad con Jesús; una vez más, una unidad que no conoce divisiones, facciones ni segregación; todos han sido lavados en la Sangre.
El salmo de hoy simplemente nos muestra a nosotros, las ovejas del rebaño de Dios, cantando con alegría nuestra presencia en el rebaño divino.
Pero ¿dónde encaja la historia de los Hechos en la imagen del pastoreo? No se ve ninguna oveja en ella, lo cual quizás sea el problema. Frente a esas criaturas proverbialmente homogéneas, vemos a los humanos en su humanidad más estereotípicamente divisiva. Todos son catalogados, etiquetados y encasillados (por el narrador, por los apóstoles y por sus oponentes), hasta el punto de llegar a la sutileza entre «judíos» y «conversos al judaísmo«. Los enemigos celosos y hostiles de Pedro y Bernabé son etiquetados como «los judíos«, como si Pedro y Bernabé (por no hablar de Jesús) no fueran judíos también. Y Pedro responde a sus ataques verbales con: «Tuvieron su oportunidad, la desperdiciamos, ahora llevaremos a Jesús a los gentiles«.
Este lenguaje y pensamiento divisivos y excluyentes resulta aún más irónico cuando nos damos cuenta de que Hechos nos muestra a la primera generación post-Jesús enfrentándose una y otra vez a la pregunta: «¿Se supone que debemos incluir a todos o ser un movimiento solo para judíos?«. El ángel de Dios (en Hechos 8) literalmente lanza a Felipe contra un gentil etíope, quien finalmente dice: «¿Me bautizarías ya?«. Pero esto no fue suficiente. En Hechos 10, el Espíritu Santo lanza de nuevo a un apóstol, Pedro, literalmente a la casa de un centurión romano gentil, quien, de igual manera, termina rogando por el bautismo para toda su familia. De nuevo, en Hechos 15, todos los apóstoles discuten acaloradamente sobre si Jesús, cuando dijo «haced discípulos de TODAS las naciones», todavía les permitía excluir, o al menos degradar, a algunas naciones.
El futuro Papa León XIV pastoreando al pueblo en Perú
El «¡Todos! ¡Todos! ¡Todos!» de Francisco (o, según la audiencia, «¡Tutti! ¡Tutti! ¡Tutti!«) demostró que escuchó (quizás mejor que los apóstoles) y se esforzó por vivir el mensaje de «un solo rebaño, un solo pastor, que acoge e incluye a todos» en estas lecturas.
Hace años trabajé con agustinos en Chicago que conocieron al futuro León XIV como su superior religioso y dieron testimonio de su «olor a oveja«. Una amiga también escuchó de sus compañeras Hermanas de la Misericordia en Perú cuánto lo amaban como pastor y lo cercano que era a ellas.
Rezo para que nuestro nuevo pastor continúe demostrando lo que Dios nos sigue enseñando, por mucho que lo olvidemos.
Comentarios desactivados en “Volver a Jesús”. 4 Pascua – C (Juan 10, 27-30)
Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.
El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.
Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.
Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.
Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).
Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?
Comentarios desactivados en “Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Domingo 11 de mayo de 2025. 4º Domingo de Pascua
Leído en Koinonia:
Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52: Sabed que nos dedicamos a los gentiles. Salmo responsorial: 99: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Apocalipsis 7, 9. 14b-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Juan 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.
La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.
Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.
Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.
En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poéticp-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).
El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.
En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:
a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.
Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.
b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.
c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”. Leer más…
Comentarios desactivados en 11.5.25 Dom 5 pascua. Buen Pastor León XIV, tras (con) Benito y Francisco
Del blog de Xabier Pikaza:
Ha venido tras Benito XVI y Francisco, este domingo 5 Pascua, fiesta del Buen Pastor. Quizá el tema pendiente de Francisco fue encontrar “pastores” para comunidades sinodales; a su juicio, pues el mayor peligro de la iglesia era el clericalismo: ¡Qué gran pueblo, si hubiera pastores buenos!
Por eso, Francisco eligió a Prevost como ojeador y animador de pastores (Prefecto Congregación de obispos)… y los cardenales han elegido a Prevost prior pastorum, primero en la fila de pastores.
| Xabier Pikaza
Francisco conoció el problema, pero era SJ, con su especial estilo de eficiencia misionera y apostólica, y un tipo de obediencia eficaz y ejemplar, pero de origen y estilo menos cristiano; por venir de un capitán como Ignacio, buen soldado, pero menos ejercitado en compañías de evangelio.
Han sido precisamente los promotores de un tipo de autoridad y obediencia menos cristiana (cardenales de Reforma Gregoriana (siglo XI-XII), poco petrinos y paulinos, los que le han amargado al fin la vida. Ha hecho lo que ha podido, lo ha hecho muy bien, y ha muerto a tiempo. Bendito seas, Francisco.
Comunidades sinodales benedictinas y franciscanas a la vez
El tema de las comunidades sinodales cristianas no es la “obediencia” vinculada al poder, sino la obediencia de hypakouein (ob-adire)de escucharse unos a otros. Sólo donde están oran (dialogan>) dos o tres (es decir varios), donde se escuchan y deciden todos, no uno solo: Mt 18) puede escucharse al Dios de Jesús.
Eso lo sabía Francisco, pero como SJ y heredero de una iglesia “gregoriana” (reforma del siglo X-XI d.C.) le costaba articularlo. Por eso, tal como estaban los pastores en ciertos ambientes, su camino sinodal no podía tener mucho recorrido. Pero él lo inició, e hizo bien, y ahora está Leon XIV.
Lo que parecía que no iba con Francisco puede ir con León, y así lo dije en la postal anterior. León viene de atrás, del siglo IV, de Agustín. León hizo su tesis doctoral en el Angelicum, un lugar de diálogo, de sinodalidad, sobre el prior en las comunidades de tipo agustiniano. Así lo puse hace dos días en mi postal de saludo a Francisco.
Hoy 11.5.25, domingo del Buen pastor, según Jn 10 tenemos que seguir de obligado con el tema. A mi juicio, no hay en el estudio de la Biblia y en un tipo de “misticismo” sacerdotal un tema más manipulado que éste del Buen Pastor… Jesús fundó la iglesia, con su vida y con su amor hasta la muerte. Pero no resolvió el tema de los pastores, atados y bien atados, para las comunidades sinodales.
Ni las comunidades del Cuarto Evangelio, ni las de Mateo, ni las comunidades sinodales que quería Francisco necesitan “pastores”, según el uso ordinario de ese término (que, por lo demás es poco evangélico). Volveré a ello otro día, tendrá que volver León XIV.
Parece una buena línea papal: Tras Benito XVI y Francisco ha llegado León…. Así quiero verle hoy, en línea de pastores, retomando los motivos de la “regula” de Agustín (por ser agustino y por haber dedicado al tema su tesis doctoral). Así lo mostraré a continuación, retomando y asumiendo motivos de San Benito y de san Francisco, que representan dos modelos de comunidad más importantes de la iglesia de occidente: el Benedictino y el Franciscano. Pienso que en esa línea avanzará León, con Benito y Francisco.
COMUNIDAD SINODAL BENEDICTINA, ANIMACIÓN “ABACIAL”
Hay un tipo benedictino de familia religiosa donde se resalta la figura de Dios-Padre (Cristo-Padre) que, expresada en el Abad, que garantiza la unidad y camino cristiano de reunidos en comunidad. Parece que Benito quiso superar el riesgo de los monjes solitarios, giróvagos y errantes de aquel tiempo que entendían el proceso de Jesús como un giro de búsqueda individual, conforme a las inspiraciones y caprichos de cada uno. Para ello vino a establecer el monasterio; una casa estable, donde los hermanos puedan vivir en común y alabar a Dios como familia dirigida y animada por un padre espiritual, un Abad que se presenta como guía y modelo en el camino de Jesús:
El Abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse siempre del título que se le da y cumplir con sus propias obras su nombre de superior. Porque, en efecto, la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que es designado con su sobrenombre, según lo que dice el Apóstol: «Habéis recibido el espíritu de adopción filial que nos permite gritar: ¡Abba!: ¡Padre! (Rom 8,15). Por tanto, el Abad no ha de enseñar, establecer o mandar cosa alguna que se desvíe de los preceptos del Señor, sino que tanto sus mandatos como su doctrina deben penetrar en los corazones como si fuera una levadura de la justicia divina…
Por tanto, cuando alguien acepta el título de Abad, debe enseñar a sus discípulos de esta manera; queremos decir que mostrará todo lo que es recto y santo más a través de su manera personal de proceder que con sus palabras… (Regla 2)
La casa cristiana sirve para formar una familia donde los hermanos, que aparecen como «discípulos» (aprendices, hijos), van progresando en el camino del seguimiento. Por eso necesitan siempre un «padre«: alguien que les guíe con doctrina-ejemplo, expresando así en concreto sobre el mundo (a nivel monasterio) el don de la paternidad de Dios que se desvela por medio de Jesús, el Cristo.
El Abad, es por tanto, un signo humano de la autoridad paterna de Dios. Su acción no puede interpretarse en términos de fuerza o sujeción del mundo: no tiene que obligar, no se coloca por encima de los otros… Simplemente les ofrece su modelo y les enseña a actualizarlo en el camino de alabanza y de fraternidad que traza el evangelio. De esa forma suscita una familia que se encuentra centrada en la oración compartida y que se expande luego al mundo, formando así un hogar donde se acoge a los que llegan, van y pasan.
El monasterio benedictino, la iglesia benedictina es una, es casa de alabanza. El Abad no congrega a sus discípulos en torno a su persona, no les coacciona en ningún modo con un tipo de poder que él tuviera como propio: el Abad conduce a todos ante el Cristo y allí, en unión con ello, comparte el misterio de los hijos de Dios que se vinculan a través de la alabanza. Los monjes son hermanos porque cantan y oran juntos. Ciertamente trabajan en común y comparten los bienes que el trabajo ha producido. Pero especialmente se unen para orar es así como descubren y actualizan sobre el mundo el gran misterio de la gloria de un Dios a quien se acoge con la vida, se celebra con la acción y se engrandece con el canto.
Sólo de esa forma la iglesia benedictina puede convertirse en casa de acogida: «a todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como a Cristo, porque él lo dirá un día: era peregrino y me hospedasteis» (Regla 53; cf Mt 25,35). La familia ante Dios se convierte así en familia para los hombres: lugar donde se recibe a los que pasan, «sobre todo a los extranjeros» (Ibid), es decir, a los que no tienen familia ni hogar sobre la tierra, a los perdidos, exilados, marginados de este mundo. El «ejemplo paterno» del Abad que convoca a los discípulos, haciéndoles «hermanos«, les da capacidad para ampliar las fronteras de la casa, extendiendo así la familia religiosa hacia los hombres que están necesitados.
COMUNIDAD SINODAL FRANCISCANA. ANIMADOR FRATERNO
Francisco no quería un Abad-padre que instruya y guía desde Dios a los «hijos«. Lo que hallamos con lo que él quería eran unos hermanos reunidos, iguales entre sí, que «nombran ministros» al servicio de todos hermanos. Estrictamente hablando los ministros franciscanos carecen de «autoridad«: no están encargados de velar por el crecimiento espiritual de la comunidad. Por encima de todos (de hermanos y ministros) sólo Dios es Padre-Madre: un Dios que les sostiene en el camino radical de la pobreza y de la entrega de la vida. En este sentido recordamos unos textos que son fundamentales:
Y nadie sea llamado prior (príor, el que va primero), más todos sin excepción llámense hermanos menores. Y lávense los pies el uno al otro (cf Jn 13,14) (Regla primera 6,3)
Y dondequiera que estén y se encuentren unos con otros, los hermanos condúzcanse mutuamente con familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cf 1 Tes 2,7), ¿Cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? (Regla segunda 6,7-8).
Francisco ha querido iniciar, y ha organizado por medio de sus reglas, un modelo insuperable de fraternidad de menores: sólo aquellos que saben ser pequeños y así están absolutamente desprendidos de todo egoísmo y superioridad (en pobreza radical) puede vivir como hermanos. No les une ningún bien material: ni honores, ni poderes, ni riqueza. Les vincula simplemente el amor de Jesucristo que les capacita para descubrir ya en esta tierra, el misterio divino de la fraternidad universal.
Esa fraternidad se concreta de modo especial en los grupos de hermanos menores que viven conforme a la regla. Como indica el texto ya citado (Regla segunda 6,7-8), los hermanos se encuentran vinculados a través de un afecto cuasi maternal: cada religioso es como madre que debe cuidar a los demás como si fueran hijos suyos, nacidos de su misma entraña. Así lo viene a mostrar de una manera impresionante la Regla para los eremitorios:
«los que quieran llevar vida religiosa en eremitorios, sean tres hermanos o a lo más cuatro; dos sean madres y tengan dos hijos o, al menos, uno». Los que hacen de madre cuiden del hijo (o de los hijos): asístanles en todo, a fin de que así vayan creciendo en vida interna, para que puedan orar tranquilos, resguardados, apoyados en el afecto de los otros. Pero, pasado algún tiempo, se invertirán las funciones y aquellos que hicieron de hijos actuarán como madres de los otros, creando para ellos un hogar de oración, para que también estos consigan su más hondo crecimiento en Cristo (Regla Erem. 1-10)(43).
Significativamente se vincula la imagen de la madre y de los hijos con la vivencia radical de la hermandad: sólo pueden ser hermanos aquellos que se aman como madres-hijos, dentro de un espacio de comunicación donde los papeles pueden siempre intercambiarse (los que hicieron de madres harán después de hijos y viceversa). Difícilmente se podría haber hallado un modelo más profundo de fraternidad ni un tipo de vida evangélicamente más liberada.
Desde aquí resulta normal que Francisco haya expandido su experiencia de familia hacia el espacio más extenso de los mismos animales, los vivientes y las cosas (o elementos) de este cosmos. Si Dios es Padre-Madre podrá hablarse también del hermano-lobo y serán hermanos el sol y las estrellas, el fuego, el agua, el viento y todas las restantes creaturas que acompañan al hombre en su camino de muerte y pascua. De esta forma, la familia religiosa se ha venido a convertir para Francisco en punto de partida (o centro de condensación) de una fraternidad universal que se expande a todo el cosmos.
Esta experiencia se traduce en la manera en que los religosos deben comportarse con el resto de los hombres. Francisco no construye un monasterio grande donde pueda recibir a todos los que pasan. Tampoco le hace falta. El y sus hermanos viven en el centro del mundo: compartiendo la pobreza de los pobres, mendigando así con ellos y expresando la actitud del Cristo que llega hasta los más pobres, leprosos y perdidos de la tierra. En este aspecto, Francisco ha suscitado sobre el mundo una especie de familia de pequeños que se encarnan en la necesidad del mundo, para compartir así el camino de la vida con aquellos que están necesitados (seguirá).
El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.
Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)
La parábola del buen pastor y el debate siguiente no tienen nada de románticos. A Jesús estuvieron a punto de costarle la vida y tuvo que huir al otro lado del Jordán.
Comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la tapia. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían. Cuando termina de contarla, los presentes “no entendieron de qué les hablaba”.
Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. Al principio dice que él es la puerta del redil; luego, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, “que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.
La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis?” (literalmente: “tiene un demonio y delira”). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.
El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas, que es el texto de este domingo.
Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)
En aquel tiempo, dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.
Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de “mis ovejas”, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. La escucha y el seguimiento convierten a las ovejas en propiedad de Jesús, son mías. El cristiano no puede considerarse dueño de sí mismo. Como decía Pablo: “Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor”.
Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios”. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.
El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva a “la vida eterna”. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo. La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.
Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían los “cristianos” que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: “Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”.
El Padre. Estas frases finales son las más desconcertantes. ¿Por qué introduce Jesús la figura del Padre? A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22 y en Ezequiel 34, donde el pastor es Dios. ¿Tiene derecho Jesús a presentarse como pastor? ¿No está usurpando el puesto de Dios? Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. “Yo y el Padre somos uno”. La reacción del auditorio es más dura en este caso: “cogieron piedras para apedrearlo”. De aquí nace un debate sobre su presunta blasfemia y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).
Síntesis: ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?
1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.
2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.
3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: “El que me ha visto ha visto al Padre”. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.
Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).
La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé “tomaron asiento”; e inmediatamente se añade que “muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos”. Entonces, ¿para qué toman asiento?
Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.
En la dinámica del libro de los Hechos este episodio es fundamental porque abre una nueva etapa de predicación del evangelio a los paganos. Sin embargo, la palabras “sabed que nos dedicamos a los gentiles” no debemos interpretarlas como un corte radical de Pablo con el judaísmo. Siempre que llegue a una ciudad, lo primero que hará es acudir a la sinagoga y anunciar a Jesús a los judíos.
En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquia de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios.
El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:
– Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”.
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.
Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)
Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.
Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo:
– Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos.
Oímos a Jesús continuamente repetir: “El Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10, 38). “Yo estoy en el Padre y el Padre en mí” (Jn 14, 11).
Nos está llamando a participar en la experiencia de ser Uno con el Padre. En el yo de Jesús estamos todos. Jesús al encarnarse participa de nuestra naturaleza humana, y nos enseña que lo divino se ha manifestado en lo humano y que en lo humano se reconoce lo divino.
En Jesús no cabe el individualismo. Es el Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad. Jesús, con su muerte, nos abre el camino de la totalidad. Nuestra forma humana es la individuación, nuestro proceso para ser uno con Jesús y el Padre, es vaciarnos de nosotras. A medida que crecemos y caminamos hacia el hondón, hacia ese centro que somos, nos encontramos con quien nos habita y descubrimos la pluralidad como manera de ser y vivir.
Nosotras, personas cuyo ejemplo es la Trinidad, estamos llamadas a vivir en la comunión, desalojando todo ego y abriendo espacios y tiempos para los demás. Pluralidad, diversidad en la totalidad. Jesús y el Padre son uno, porque el Padre se vacía en el Hijo y el Hijo, en el Padre.
“Que todos sean uno como, como Tú Padre estás en mí y yo en Ti, que también ellos en nosotros sean uno” (Jn 17, 21.22.23)
No solo nos habla de comunión entre los humanos, que seamos uno, sino que seamos uno como ellos. Nos envía a beber a la fuente, a Dios, donde él bebe continuamente. Nos habla de participar del ser mismo de Dios.
Oración
“Unifica nuestro ser disperso,
para que podamos ser Uno en Ti y con toda la humanidad,
para que las diferencias nos unan
y Tú lo seas Todo en Todos.”
Comentarios desactivados en Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús.
DOMINGO 4º DE PASCUA (C)
Jn 10,27-30
Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimiento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.
No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras convicciones. Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.
Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.
Y yo les doyVida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.
Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.
La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Padre no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.
El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.
Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.
Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado, que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de su ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.
Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí«.
Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo: “si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada”. 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.
La reiteración de Juan en proclamar la identidad entre Jesús y el Padre –«yo y el Padre somos uno»–, acabó por imponer en la Iglesia una cristología descendente muy distinta a la primera cristología formulada en Hechos. De la expresión más primitiva usada por Pedro para enunciar la divinidad de Jesús: «Dios estaba con él», pasamos a esta otra mucho más elaborada proclamada por Juan: «El Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios».
Estos dos enunciados tan distintos reflejan la evolución histórica que experimentó la forma de entender la naturaleza divina de Jesús. Algunos cristianos nos sentimos más cómodos con la ambigüedad de la fórmula usada por Pedro. La fórmula de Juan nos da vértigo y tendemos a reducirla al mensaje básico que encierra: “En Jesús hemos conocido a Dios”… El propio Juan, en el capítulo 14 de su evangelio, expresa esta idea de forma clara y terminante: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»… Excelente noticia.
Podemos admirar a Jesús como lo han hecho tantos personajes no cristianos a lo largo de la historia, podemos aceptarlo como maestro de sabiduría, podemos quedar fascinados por su personalidad, valentía e independencia de juicio como quedaron fascinados los que le siguieron… y podemos “creer en él”, es decir, creer que sus hechos y sus dichos son reflejo fidedigno de Dios…
Juan es capaz de hacer formidables síntesis de la fe de los testigos, y sería una gran necedad no reconocer la importancia de su evangelio. No obstante, resulta difícil sentirse cómodo con el Jesús que nos presenta, pues esa imagen de hombre que lo sabe todo, que recorre Judea y Galilea prodigando discursos teológicos para sabios en lugar de contar parábolas para gente sencilla, que no se conmueve, que no está sometido a tentación y no se aterra ante la inminencia de la muerte en cruz, dista mucho del hombre verdadero en el que creemos.
Creemos en el Jesús que se siente necesitado del bautismo de Juan, que hace teología contando parábolas sencillas a gente sencilla, que antepone la persona a la Ley, que se conmueve ante el sufrimiento y se indigna ante la injusticia, que toca leprosos y come con pecadores, que responde con aplomo a los ataques de los santos de Israel… Que desplanta a los notables de Jericó por atender al jefe de los publicanos y a un mendigo ciego, que expulsa a los mercaderes del Templo, que no se arruga ante los constantes embates de los poderosos de Jerusalén, que se juega la vida y la pierde por salvar a una adúltera desconocida, que organiza una cena para despedirse de sus amigos porque sabe que lo van a matar, que lava los pies, que no se escabulle, que se angustia en Getsemaní y perdona a quienes le crucifican en el Calvario…
A Juan le debemos la fe en “Jesús visibilidad de Dios”, una gran deuda, pero quizás esta fe resulte más reconfortante mirando al hombre verdadero y fascinante que nos presentan los sinópticos.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
Comentarios desactivados en Pastores y ovejas: una imagen peligrosa.
Juan 10, 27-30
El evangelio que leemos hoy es muy breve, apenas 5 renglones, pero la interpretación de este texto puede llevarnos a comportamientos poco evangélicos. No podemos contemplar a un pastor que lleva en sus hombros a una ovejita, como nos han mostrado multitud de estampas y obras de arte, sin reconocer la fuerza que tiene esta imagen.
En la Biblia encontramos abundantes alusiones a los pastores. Estos textos nos ayudan a tener presente un abanico de buenos comportamientos: cuidar, acompañar, preservar del peligro, proteger, etc. Por ejemplo, Moisés comenzó siendo pastor de un rebaño y más tarde fue el pastor -prototipo- que condujo al pueblo a la liberación. Algo similar ocurrió con el joven David: Dios eligió a David su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño… para que apacentase a su pueblo…, él los apacentaba con rectitud de corazón, con la pericia de sus manos los guiaba (Salmo 77, 70-72)
Y, al contrario, hay textos que nos avisan del riesgo de conducir el rebaño con crueldad y violencia, no buscar a las ovejas perdidas, no curar a las enfermas, etc. Lo podemos recordar leyendo Ezequiel 34.
¿Cuál era la situación de los pastores en tiempos de Jesús? A diario se veían rebaños pastando en los campos. El oficio de pastor se consideraba despreciable, solían ejercerlo personas pobres y marginadas. Estaba mal pagado, por eso era frecuente que los pastores robaran un cordero para alimentar a su familia, lo que les acarreó fama de ladrones.
Jesús rompió los esquemas, identificándose con la figura del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y arriesga su vida por ellas; las ovejas le conocen y reconocen su voz, etc. Denunció la postura de los falsos pastores de Israel, igual que habían hecho los profetas que le precedieron.
¿Qué provocaron estas palabras en sus oyentes? Que la gente tomara piedras para apedrearlo. La escena del texto de hoy transcurre entre dos situaciones de violencia, verbal y física. A Jesús no le quedó otra salida que poner tierra por medio e irse al otro lado del Jordán.
Miramos ahora nuestra realidad eclesial: Al denominar a los sacerdotes y a la jerarquía “pastores”, se nos ha relegado a los hombres y mujeres laicos al papel de ovejas del rebaño. En consecuencia, se nos pide escuchar y obedecer a estos pastores, hasta el punto de que a muchas personas se les ha anulado la conciencia, porque se ha impuesto la voz y el deseo del pastor (o los malos deseos). Esto sigue presente en la Iglesia y hay que seguir denunciándolo.
¿Qué aporta una oveja a su rebaño? ¿Qué aportamos a la Iglesia, si nos consideramos ovejas? Hoy, tenemos el riesgo de que la imagen de las ovejas de un rebaño nos evoque un grupo de animales con las cabezas bajas, comiendo hierba, dejándose guiar por un pastor que azuza a los perros para reconducir a cada oveja que pretenda alejarse del rebaño… El pastor es el dueño y señor que hace y deshace, porque su trabajo consiste en conducir a unos animales que no saben guiarse a sí mismos.
Hay imágenes bíblicas que sirven para sostener el clericalismo, concebido como pastoreo y ejercicio de poder. Es hora de trabajar con nuevas imágenes que impulsen la corresponsabilidad de laicas y laicos.
Podemos sacar conclusiones…
Miramos hacia el Vaticano: Cuando se suba esta reflexión a la web, se estará celebrando el Cónclave. ¿Serán conscientes los 133 cardenales de que en la elección del Papa no interviene ni una sola mujer, aunque somos mayoría en la presencia y en el trabajo eclesial?
En los días previos a la elección, los cardenales han dialogado sobre el perfil que debe tener el “Pastor”. ¿No hay mujeres significativas en la Iglesia que sean portavoces de los miles y miles de mujeres a las que representan?
¿El motivo de no tener en cuenta a las mujeres es “porque siempre se ha hecho así”? En este caso, la Historia de la Iglesia nos demuestra que se han corregido muchos errores que se cometieron en numerosos cónclaves. Por ejemplo, se han controlado graves injerencias políticas o se ha marcado un ritmo en la elección (no olvidemos que en un cónclave se tardó casi tres años en elegir al papa). Esos errores no se repetirán. Se pueden seguir corrigiendo errores.
¿O el motivo de no escuchar a las mujeres es porque sólo los “pastores”, varones, mayores y célibes, reciben las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Es tan selectiva la inspiración divina que solo se dirige a los varones, y deja a un lado a las mujeres, aunque seamos mayoría en la evangelización en la Iglesia?
Comentarios desactivados en Un Dios separado no existe.
Comentario al evangelio del domingo 11 mayo 2025
Jn 10, 27-30
Un mecanismo característico de la mente es la proyección, que la lleva a crear imaginarios antropocéntricos, es decir, dotados de rasgos humanos. En el campo religioso, tal mecanismo ha dado como resultado la creación de dioses (y diosas) a la medida humana. Dios aparecía así como un ser (o yo) separado, adornado con nuestras mismas cualidades, aunque en grado superlativo.
Las personas sabias, sin embargo, siempre han afirmado otra cosa. Lo que vivió el propio Jesús –“El Padre y yo somos uno”–, lo han vivido los místicos, aunque pocos lo hayan expresado de ese modo. Recojo algunas afirmaciones destacadas: “El fondo de Dios y mi fondo son el mismo fondo” y “Dios y yo somos uno” (Maestro Eckhart); «Amor [así acostumbraban nombrar a Dios las beguinas] y esas Almas son una misma cosa y no dos” (Marguerite Porete); “Mi yo es Dios: no me conozco otra identidad que Dios” (Santa Catalina de Génova); “¡Vedlo! Soy Dios. ¡Vedlo! Estoy en todas las cosas. ¡Vedlo! Hago todas las cosas” (Juliana de Norwich); “En mi ser esencial, Yo, por naturaleza, soy Dios” (Jan van Ruysbroeck).
Pero, por lo general, los seguidores de Jesús no comprendieron el mensaje que se lee en el evangelio de hoy. Lo que hicieron fue “divinizar” a Jesús y pensar que una afirmación de ese tipo únicamente podía referirse a él, ignorando algo básico desde la comprensión no-dual: lo que es Jesús, lo somos todos.
Hace poco tiempo recibí un correo de un hombre a quien no conozco, en el que, refiriéndose a los años de su juventud pasados en un seminario, expresaba lo siguiente: “Lógicamente de esto hace muchos años, pero en mi interior no veía a Dios como una persona distinta a nosotros sino todo lo contrario, pero no podía decirlo ni insinuarlo en aquellos entornos… Pero yo creía que Dios no podía ser alguien tan distante y distinto a nosotros mismos. Sentía lo mismo que tú expresas en tus libros, pero no le sabía poner nombre: NO DUALIDAD”.
Un dios separado no existe, porque en la realidad no existe separación alguna. Esto es un dato reconocido por la filosofía (piénsese en Alfred Whitehead) y por la misma ciencia (la física cuántica y su principio de interrelación: los experimentos del premio Nobel de física en 2022, Alain Aspect y las explicaciones de Carlo Rovelli). No existen cosas (separadas), sino procesos, es decir, interrelación absoluta. Nada puede quedar fuera de la única Totalidad. Todo es relación, es decir, todo es amor.
Comentarios desactivados en En la vida y también en el cónclave, Cristo es el Buen Pastor
Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:
Evocaciones desde el buen pastor
01.- El Buen Pastor.
Desde la Reforma del Concilio Vaticano II el cuarto domingo de Pascua está dedicado siempre a Xto como Buen Pastor. Por eso todos los años, en este domingo, leemos algún párrafo del cp 10 de San Juan, el capítulo del Buen Pastor, del rebaño, el redil, la puerta, etc. La imagen central del IV domingo de Pascua es, pues, la del Buen Pastor, el redil, las ovejas, (Juan, 10). Yo soy el buen pastor.
En el transfondo de la imagen de Cristo como Buen Pastor subyace la mentalidad pastoril de aquellos tiempos y pueblos de la cultura bíblica, (Nosotros todavía hoy podemos pensar en Aránzazu, Aralar, la cañada real, etc.):
La metáfora del pastor está muy presente en la Biblia, también en los evangelios
Jesús llora ante el pueblo, que vivía como ovejas sin pastor, (Mc 6,30-34).
Jesús defiende las ovejas frente a los depredadores (asalariados, salteadores).
El salmo 22, que hemos cantado, es una espléndida oración a partir de la experiencia de Dios como Buen Pastor: Dios es nuestro Pastor.
El Pastor sugiere y confiere Vida: yo les doy vida eterna y no perecerán. (v 28).
En más de una ocasión hay crítica fuerte de los falsos pastores (dirigentes) que se apacientan a sí mismos: son los sacerdotes del Templo que se despreocupan por completo de la multitud de enfermos que yacían junto a la puerta del Templo. (Ez 34,3).
02.- El Buen pastor da vida definitiva.
El Señor, JesuCristo, Buen Pastor cuida, protege a sus ovejas, busca a la oveja perdida, transmite vida.
La imagen del Pastor tiene también alguna semejanza con la de la vid y los sarmientos. Los sarmientos recibimos la savia y la vida del Señor, vid verdadera, (Jn 15). San Juan insiste en el encuentro, en el conocimiento que Cristo tiene de nosotros: conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen.
De ahí que el evangelio de San Juan insista en permaneced en mí y yo en vosotros. Mis ovejas escuchan mi voz y yo les doy Vida y no perecerán. Las ovejas siguen al buen Pastor.
Inspira gran confianza saber que el Señor es el Pastor que guía y apacienta nuestra existencia. Aunque en la vida pasemos por valles oscuros: enfermedades, crisis, problemas, dificultades es de gran consuelo saber que nuestro buen Pastor es Cristo.
03.- Somos pastores.
En cierto sentido también nosotros somos pastores en la vida: los padres sois pastores de vuestros hijos, de la familia; los médicos son también pastores de sus pacientes; los maestros de sus alumnos, los políticos son pastores del pueblo, un buen cura es pastor de su parroquia, de su gente, un buen amigo es también, en cierto sentido, un buen pastor…
Es una noble misión en la vida acompañar, apacentar…
Seamos buenos pastores en la vida.
04.- El papa como pastor.
Probablemente para cuando celebremos esta Eucaristía ya habrá sido elegido el nuevo obispo -pastor- de Roma, el papa.
Por los vericuetos de la historia y de la política el obispo de Roma, el papa, ha terminado siendo un jefe de estado de la ciudad del Vaticano. (Estados pontificios, Renacimiento, la Unidad italiana del siglo XIX). A esta lectura del primado de Roma se le puede llamar “estatalista”. El papa es un jefe de estado…
Pero si volvemos la mirada al Evangelio (Juan 21), el papa es quien apacienta las ovejas del rebaño del Señor. Apacienta mis ovejas le dijo Jesús a Pedro. En cierto sentido, pues, el papa es un pastor y quiera Dios que sea un buen Pastor.
Yo no sé si el papa es un jefe de estado, como cristiano creo que ha de ser un buen Pastor.
En nuestros años de seminaristas jóvenes cantábamos cuando el obispo entraba en la iglesia la antífona: pastor bone in populo: pastor bueno en medio del pueblo. Nos hará bien que el papa sea un buen pastor.
Pero no nos olvidemos nunca que el supremo pastor, el buen Pastor es JesuCristo. La voz -la palabra- más importante en la Iglesia sea la de JesuCristo.
05.- Tú me conoces.
Yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí.
El Buen Pastor nos conoce y es bueno que nos conozca y nos apaciente. El Señor nos sondea y nos conoce, (salmo 138). Él nos guía hacia fuentes tranquilas, hacia las verdes praderas del Reino, (Salmo 22).
No tengamos miedo a que Dios nos conozca, El Buen Pastor cuidas siempre de sus ovejas y cuando nos descarriamos sale a buscar la oveja perdida, (Lc 15).
“No tengamos miedo a un Pastor, que Él mismo va a ser el cordero que da la vida por nosotros”.
Él conoce nuestra psicología, nuestras limitaciones, nuestro pecado profundo, pero no nos condena. El buen Pastor nos recoge y nos lleva al aprisco. El buen Pastor nos guía hacia las lejanías silenciosas en las que intuimos a Dios.
06.- Sigamos al Buen Pastor: no errantes, sino peregrinos.
La vida es peregrinar. Somos peregrinos no seres erráticos, que deambulamos de aquí para allá, (como nos condenó Nietzsche), somos caminantes, peregrinos (per agrum: por los campos de la vida y de la historia, por la mies del Señor) hacia el redil del Señor: hacia las “verdes praderas del Reino”,
El que compuso el salmo 22 sabía por experiencia que en la vida pasamos por valles oscuros. Esto es así por ley de vida y por ley de los hombres: vamos a sufrir crisis, quizás injusticias, enfermedades, envejecimiento, culpabilidades, problemas de todo tipo, y muerte. Pero no temamos, porque Tú vas conmigo.
Comentarios desactivados en “Ser como el Buen Pastor en el ministerio de la evangelización que se nos ha confiado”, por Consuelo Vélez
De su blog Fe y Vida:
IV Domingo de Pascua 11-05-2025
Este pasaje retoma a Jesús como buen pastor pero el énfasis está en que el mismo amor del Padre por las ovejas, es el de Jesús por ellas.
Jesus conoce sus ovejas y les comunica la vida eterna
La garantía de que nadie les hará daño a las ovejas, es que el Padre que se las ha dado, no lo permitirá, ya que, él y su Padre son uno
Que nuestra evangelización de testimonio de este Buen Pastor que arriesga todo por sus ovejas hasta que todas lleguen a la vida bienaventurada a la que están llamadas
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa»
(Juan 10, 27-30)
Este cuarto domingo de Pascua nos ofrece un texto muy breve. Retoma lo que el mismo evangelio de Juan había narrado en el capítulo 10, sobre Jesús como Buen Pastor y del cuidado del pastor con sus ovejas, muy distinto al de un asalariado que, cuando ve llegar el peligro, las abandona. Aquí se nos presenta un resumen de tal pasaje, pero mostrando la relación entre Jesús y su Padre y, como, el mismo amor del Padre por las ovejas, es el mismo amor de Jesús por ellas. Jesús recibió la misión de su Padre y él la está cumpliendo con toda prontitud, conociéndolas y dándoles la vida eterna. Ellas reconocen su voz y le siguen. Y la garantía de que nadie les hará nada y nadie las arrebatara, es que el Padre que se las ha dado, no lo permitirá, ya que, él y su Padre son uno.
Este texto es un texto teológico como todo el evangelio de Juan. De ahí que se refiera a la vida eterna y a esa unidad entre Jesús y su Padre. El significado, por tanto, ya se refiere a los bienes definitivos que esperamos en la vida cristiana: la vida de comunión con Dios, la participación en el misterio de amor de nuestro Dios Trinidad.
Este tiempo de Pascua nos revela, por tanto, la alegría del Jesús resucitado entre nosotros, encomendándonos su misma misión: anunciar la buena noticia del amor de Dios para con todos sus hijos e hijas, amor que siempre cuida, protege y conduce a la vida plena. Que nuestra evangelización de testimonio de este Buen Pastor que arriesga todo por sus ovejas hasta que todas lleguen a la vida bienaventurada a la que están llamadas.
(Foto tomada de: https://elcatolicismo.com.co/iglesia-hoy/formacion/jesus-es-el-senor-es-el-buen-pastor)
Comentarios desactivados en “Las manos del Buen Pastor”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF
De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):
Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –
Sus manos
Como ovejas al matadero, cientos de civiles indefensos, hermanos de la misma y única humanidad, son asesinados por una guerra no mencionada, por ideologías ancladas en el pasado, por razones geopolíticas que no dan importancia a la vida de las personas, daños colaterales de sus proyectos de poder.
Sí, ante la locura homicida de quienes usan la guerra como agresión, que viola todas las reglas, en desprecio del sentido común y, en este caso, de un (supuesto) credo compartido, somos como ovejas conducidas al matadero. Inútiles. Perdedoras. Confundidas.
Pero no estamos solos.
Otro, conducido al matadero, que hemos celebrado solemnemente durante la Semana Santa, ahora se yergue victorioso. Y esta certeza es nuestro horizonte: no tenemos miedo, el Señor ha vencido al mundo (Jn 16,33).
Con amor, con entrega. Y esto podemos hacerlo, obstinadamente, compartiendo esa paz del corazón que nos da el Resucitado y que se convierte en elección de vida, pensamiento, acción.
Juntos, siguiendo al Buen Pastor.
Un Buen Pastor tenaz
Todos tenemos en mente la espléndida imagen del Pastor que deja las noventa y nueve ovejas en el redil para ir a buscar la oveja que se ha perdido y, después de encontrarla, la carga sobre sus hombros y la lleva con las demás (Lc 15,4-8).
Reseteamos, por un momento, esa imagen.
Porque el Pastor de San Juan es de otra pasta.
No es el Buen Pastor, es el Pastor Auténtico.
Es un verdadero luchador que defiende a las ovejas del ataque de los lobos y de la indolencia de los mercenarios. Muy parecido al heroico adolescente David, que no tenía miedo de cazar con su honda al león y al oso que atacaban al rebaño (1 Sam 17,34-35).
Una acentuación que completa la de San Lucas. Jesús es el misericordioso, el compasivo, revela el rostro tierno de Dios, sin duda. Pero también es decidido, dispuesto a morir por sus ovejas, como hemos tenido ocasión de celebrar en los días de la Pascua de Resurrección.
La fe es para los fuertes, no para los débiles. Está llena de ternura, pero también de convicción y determinación pacíficas. Requiere convicción, constancia y firmeza.
Así se presenta el Señor: como un aliado, el hombre fuerte que nos defiende de la desesperación, del caos, del victimismo.
Y anuncia solemnemente cómo formar parte de su rebaño.
Escuchar la voz
Para formar parte de su rebaño, primero hay que escuchar su voz con constancia, conocer al Señor y hacerse conocer por Él, seguirlo.
En este Tiempo Pascual, la Liturgia vuelve a situar en el centro de nuestra reflexión la acogida de la Palabra, esa Palabra capaz de sacudir los corazones de los tristes discípulos de Emaús, esa Palabra que, acogida con la inteligencia del Espíritu, ayuda a leer los acontecimientos de la Historia en la lógica de Dios.
Palabra que debe ser acogida, conocida, rezada, vivida.
Porque esa Palabra nos permite leer nuestra vida y los acontecimientos, incluso conflictivos e incomprensibles, que estamos viviendo, la violencia, el dominio del liberalismo inhumano, la indiferencia, en la lógica de Dios.
Pero esta lectura meditada debe hacerse con constancia, para aprender a reconocer la voz del Señor, y debe acogerse con autenticidad, con el profundo deseo de adaptarse a lo que dice.
Volviendo a poner en el centro la meditación de la Palabra de Dios y una lectura orante de la Escritura.
La vida eterna
Escuchar la voz del Señor, seguir sus indicaciones, nos hace tomar conciencia de la vida eterna que está en nosotros. La vida eterna, es decir, la vida del Eterno, la vida misma de Dios.
La grey está formada por hombres y mujeres que han descubierto su propia alma, que la custodian, que la cultivan.
En estos términos, solo Dios sabe de quién está compuesta la grey.
Incluso las personas que no sienten que pertenecen a una Iglesia, o que aparentemente viven lejos de ella, pueden cultivar su interioridad con pasión y verdad, y sentir, fuerte y tenaz, el agarre del Señor.
Seguir a Cristo significa, en cierto momento, experimentar la radicalidad expresada por el Maestro, una afirmación llena de compromiso: nadie puede arrebatarnos de su mano.
Ni los demás con sus juicios.
Ni la violencia de todos los terroristas del mundo.
Ni la decepción de nuestras vidas.
Ni siquiera nuestros errores y nuestros pecados.
La caridad de Dios es más fuerte que cualquier cosa. Nada nos separará de Él (Rm 8).
Nos hemos descubierto amados, hemos elegido amar. Sabemos en quién encontrar fuerza y amor.
Para conocer al Padre
Seguimos a Cristo, el auténtico pastor, fuerte, confiamos en Él, nos dejamos guiar.
De Él, no de otros. De Él, no de otra cosa.
No de nuestros apetitos, no de modas, no de miedos, no de culpas, no de una visión errónea de nosotros mismos, no de límites, no de sombras.
De Él. Y hacerlo nos lleva al pleno conocimiento de Dios.
Porque solo Cristo conoce a Dios en plenitud.
Nosotros no creemos en Dios, sino en el Dios de Jesucristo.
En este Domingo la Iglesia nos invita a rezar por nuestros ministros ordenados y consagrados y que muchos acojan la llamada a ponerse al servicio de las comunidades, sobre todo en estos tiempos frágiles (y no se necesitan hombres fuertes, sino hombres también frágiles que conozcan al Pastor Fuerte, Cristo).
Entonces hay que ser muy, muy claros: el único Pastor, en la Iglesia, es Cristo.
Y todas las ovejas lo siguen, incluso aquellas que tienen ministerios en la Iglesia, es decir, un servicio para el bien común.
Y a nuestro presbítero no le pedimos que sea un superhombre, un hipercoherente, sino un discípulo, ante todo. Para que él también pueda decir: «Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo» (1 Cor 11,1).
Esto es lo que necesitamos, ahora más que nunca: ministros ordenados que sean ante todo seguidores de Cristo.
Cristianos con nosotros. Ministros ordenados para nosotros.
Para decirle con obras y, si fuera necesario, con palabras, al mundo que somos amados.
Joseba Kamiruaga Mieza CMF
***
Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el IV Domingo de Pascua, 11 de mayo de 2025
Comentarios desactivados en Un Papa en el caos. Volver al evangelio de los “pobres”
Del blog de Xabier Pikaza:
Si quieren ser signo de Jesús, los papas tienen que salir de la gran casa organizada de una iglesia que tiende a pactar con el sistema, para situarse con Pedro en el caos del gran suburbio de la historia, donde están los perseguidos y expulsados de la sociedad, que son los portadores de las llaves de Dios. be completarse o cambiarse [1]. Imagen. Iglesia de Agurain
| Xabier Pikaza
Una teoría sobre el caos y los pobres.
Muchos piensan que el papado actual navega impertérrito sobre el diluvio del mundo (cf. Gen 6), como si la barca de Pedro (un Arca de Noé) tuviera un lugar y respuesta preparada para todo, dentro de un gran orden sagrado. Pero otros contestan que la barca papal se mueve a la deriva, en medio de un caos o desorden de pobres que se extiende hasta el infinito (¡de pobres que se ahogan!), mientras la máquina imperial, capitalista, impone su unidad destructora, utilizando signos sagrados (como hacía Roma según el Apocalipsis).
Ciertamente, el orden económico y social funciona bastante bien (para algunos), pero es un violencia con orden, conforme a la eficacia del sistema que quiere resolverlo todo por la fuerza, apelando para ello a las armas y el dinero (a la organización, al poder). Por eso, bajo la apariencia de ese orden (y en gran parte a consecuencia de su lógica de dominación), se ha extendido sobre el mundo la mayor pobreza, que no es algo natural, sino que nace de la opresión del sistema. Allí donde se ha absolutizado un tipo de sistema en línea nacional (nazismo), de imposición social (comunismo) o de organización capitalista (neoliberalismo), se multiplican los pobres (expulsados, perseguidos).
Esos pobres de los que está lleno nuestro mundo dan la impresión de que son puro caos, algo que sobra, de forma que se ha dicho que son como los «daños colaterales», necesarios para que el sistema funcione. Pero, en contra de eso, debemos afirmar que, según el evangelio (cf. Lc 6, 21-23), el caos de esos pobres es mucho más importante y creativo que el orden del sistema de donde ya no puede surgir nada que sea humanamente valioso.
Sabemos por la experiencia más honda de la Biblia (de Daniel al Apocalipsis), que los imperios unificados en forma sistema se destruyen a sí mismos, mientras que los pobres pueden abrirse a la esperanza. El sistema no tiene futuro, sino que se cierra en sí mismo, como un todo fatídico de muerte. Por el contrario, el caos de los pobres puede germinar como semilla de Reino (cf. Mc 4), haciendo posible una nueva mutación (no imposición) humana, en línea de libertad. Por eso, no podemos resolver los problemas del caos desde el orden del sistema, sino desde la misma pobreza rica de evangelio, sabiendo que ella tiene las llaves de Dios según Cristo.
Esta visión de la riqueza y comunión que brota de los pobres constituye un elemento esencial de la apocalíptica judía, tal como ha sido actualizada en el mensaje de Jesús, superando el sistema sagrado del templo, que cerraba a Dios en un orden sacrificial. Crucificado por el sistema (por el orden del imperio y del templo), el Cristo de Jn 12, 32 afirma que atraerá y unirá a todos los hombres en amor, desde la impotencia y caos de la cruz. De esa atracción y unión queremos hablar aquí, evocando las nuevas visiones del caos que nos hablan de la posibilidad del surgimiento de vida que se manifiesta precisamente allí donde parece que no existe orden alguno. En ese fondo queremos recuperar la experiencia del mensaje de Jesús, sabiendo que la «lógica del Reino», que es la lógica de la roca sobre el caos, no está hecha de imposición (dinero y armas), sino de «comunión» gratuita, por comunicación de amor, no por sistema [2].
El Papa (cada cristiano) ha de volver al lugar donde habitan y sufren los hombres y mujeres que han perdido la seguridad que concede este mundo para descubrirse totalmente desnudo y sin nada, con otross que no tienen nada. Sólo entonces podrán encontrar las llaves de Dios que pueden convertir el caos en puerta del Reino, como dice Ap 5: Sólo el Cordero degollado puede abrir el libro de los sietes sellos de la imposición del mundo. Desde ese fondo podemos distinguir dos matices de caos [3]:
Reflexión bíblica. Dios palabra, Dabar, en el caos.
El término «caos» puede tomar varios sentidos, vinculados casi siempre con el des-orden y la falta de «palabra», esto es, de racionalidad, como estadio que los mitos suelen situar en el origen de las cosas, antes que hubiera surgido aquello que ahora existe. «En el principio… la tierra estaba sin orden y vacía. Y las tinieblas se extendían sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz» (Gen 1, 1-2). La tierra primera era un caos, sin norma, sin ley ni sentido. Pero Dios se elevó y alentó, diciendo su palabra y la tierra se hizo «tob», buena y hermosa, un lugar donde pueden vincularse en armonía mar y tierra, plantas y animales, con los hombres que expresan el sentido de conjunto de la creación.
El orden es Dios como gracia, no una imposición de los poderosos. Sólo del caos flexible se puede pasar al orden de la creación positiva de Dios, que no es imposición, sino palabra distendida, compartida. Pues bien, llegando hasta el final en esa línea, Jesús de Nazaret ha descubierto el amor de Dios en el caos de los pobres y expulsados, de los enfermos e impuros de su tiempo, como vimos en el cap. 1º. Desde ese fondo podremos hablar de la roca de Pedro que se mantiene firme sobre el caos del infierno que amenaza (cf. Mt 16, 18-19).
Jesús anunció y proclamó el evangelio en el caos (enfermos, expulsados, posesos…….
Conforme al modelo de Jesús, el orden que emerge del caos (orden vinculado al ágape-logos de Jn 1, 14) es amor de encarnación, de tipo fraterno, sin jerarquías impositivas ni violencia, es un orden personal de amor, donde el mismo encuentro mutuo es la unidad, sin necesidad de que por encima de ella se establezcan estructuras o instituciones de poder, como las que ha generado en la historia un tipo de iglesia católica, que es duda admirables y están, sin duda, al servicio de los pobres, pero que no pobre ni de los pobres, sino de un estamento de ricos clericales, contra los que ha luchado Francisco. [4].
En un determinado nivel, el caos podría entenderse y extenderse como cáncer, es decir, como una serie de procesos destructores, que quiebran las estructuras anteriores, sin crear ninguna vida nueva. Pero, miradas las cosas mejor, allí donde parecía que todo era desorden, en el mismo caos surgen formas superiores de armonía, de manera que podemos decir que está actuando allí un orden más alto de vida.
Donde no existía ley, los científicos descubren y formulan una nueva ley que, al menos por un tiempo, es capaz de explicar y encauzar el caos anterior. Allí donde todo se acaba comienza una forma más alta o distinta de vida, un orden capaz de resolver problemas que antes parecían insolubles. Eso significa que la verdad y la existencia sólo se mantienen donde se deshacen y superan los esquemas precedentes, como si la realidad tuviera que volver a un caos para organizarse de nuevo por el amor o la palabra. En este contexto podemos hallar la llave de Dios, los principios más altos de su vida que, en nuestro caso, pueden acabar expresándose en la roca-iglesia de Pedro (Mt 16, 18-19) [5].
Este modelo del caos, en el que parece que todo se destruye, para que surja nuevamente todo, de un modo más alto, ha tomado mucha fuerza en el campo de las ciencias sociales donde se toma no sólo como un elemento de nuestro conocimiento (o del proceso biológico e histórico), sino como expresión del despliegue humano, que se va realizando a través de rupturas y revoluciones.
Contra un modelo ontológico. Contra los restauracionistas
Los círculos más tradicionales del Vaticano defienden, en general, una tendencia restauracionista: quieren una vuelta al estado de cosas antiguo, marcado por el orden jerárquico y la imposición doctrinal, partiendo de la verdad y la estructura establecida de la Iglesia católica actual (la de los últimos 500 años), como si en el fondo nada hubiera cambiado. Esos círculos se creen dueños de las llaves de Pedro (Mt 16, 19: Te daré las llaves…)y las emplean sobre todo para «cerrar» y unificar la iglesia, dentro de un esquema donde el amor-eros viene a presentarse como principio de unidad jerárquica, que se impone desde arriba, evidentemente, con métodos de imposición doctrinal y administrativa al servicio del conjunto de los fieles (de los pobres), pero sin ellos.
Los portadores de este modelo de «superación del caos» a través de cerrojos son, en general, gente buena, miedosa…., pero con una santidad menos evangélica. No actúan desde los pobres, sino sobre los pobres. Pues bien, estoy convencido de que este modelo de restauración (más platónico u ontológico que cristiano) nace muerto y a destiempo, pues ha perdido el agua del evangelio y el contacto con los pobres reales, destinatarios del mensaje de Jesús.
Modelo más evangélico, un caos lleno de ágape
Frente al esquema anterior, que se expresa en el fondo como imposición sagrada, es necesaria el despliegue una creatividad personal e incluso institucional, más acorde a la inspiración del Nuevo Testamento y a la problemática de la sociedad actual, en la línea del ágape. No se trata de salir del caos, para implantar desde arriba un orden que se impone sobre el todo, con métodos de fuerza. Al contrario, se trata de descubrir y desplegar el amor dire to (amor de evangelio, buena nueva de vida) desde el mismo caos, sin crear super-estructuras de poder ideológico o sacral. No se trata de elevarse por encima de los pobres, para enseñarles desde arriba lo que ignoran y para imponer sobre ellos el orden que ellos mismos no tienen, sino al contrario: se trata de dejar que los mismos pobres se amen, desde su pequeñez y enfermedad, desde su miedo y sus vacilaciones, como quería el Jesús del evangelio, descubriendo en ese mismo amor gratuito las llaves de Dios, es decir, los caminos que nos abren al Reino de la humanidad reconciliada.
En esa segunda perspectiva se asienta la propuesta que ahora ofrezco sin apresuramiento, sin buscar soluciones rápidas, porque los ritmos de la historia de Dios no pueden forzarse. He de hacerlo volviendo a la raíz del evangelio, donde el principio de unidad es el mismo amor mutuo de los pobres (enfermos, pecadores, expulsados), que son capaces de descubrir y construir la nueva casa de Dios, es decir, la humanidad reconciliada.
Para imponer un tipo unidad desde el poder no hacía falta evangelio, ni milagro de Dios, ni gracia de Cristo; bastaba una ontología de la imposición sagrada, como la que que sigue vigente en los dictados del sistema actual, que quiere vencer el caos del «terrorismo mundial» a base de más policía y más soldados, en pura línea de imperio, siempre desde arriba (apelando, si hace falta, al eros ontológico, es decir, al servicio a la humanidad). En contra de eso, la novedad de Jesús consiste en ofrecer y buscar la unidad a través del amor directo, gratuito, sin imposiciones ni dictaduras, desde los pobres y los ciegos, lo cojos, mancos y expulsados del sistema. Se trata, por tanto, de volver al evangelio, a la buena nueva de la fraternidad y del amor directo, inmediato, que se expresa en el mensaje de Jesús y en su forma de crear unidad de Reino desde los más pobres.
No hay recetas mágicas, no hay soluciones estratégicas, no hay fórmulas políticas, sino simplemente «creer en el evangelio y convertirse» (Metanoia: Cambio de mentecf. Mc 1, 15), es decir, dejar que la buena nueva de la gracia de Dios, del ágape-verbo de Dios nos trasforme, trasforme a los cristianos, de manera que puedan presentarse humildemente, sin superioridad, como signo de Reino.
El camino de unidad de la iglesia se define, una vez más, como camino de evangelio, como un retorno al mensaje y a la vida de Jesús, desde el centro del Sermón de la Montaña, retomando la experiencia de la pascua. Jesús viene a presentarse de esa forma como aquel que vive «desde la muerte», es decir, como aquel que ha hecho el buen camino del amor gratuito, inmediato, creador de vida, en medio del caos de muerte de su entorno, siendo crucificado por ello
Un tipo de papas han venido a parecerse más a los sumos sacerdotes de Jerusalén y a los gobernadores del imperio que condenaron legalmente a Jesús. Pues bien, frente a esa ley de sacerdotes y gobernadores, que representan el «eros» del sistema, queremos evocar nuevamente la figura del Papa, como representante de la unidad no jerárquica (no imperial) de la iglesia de Jesús, como si fuera un «milagro» viviente, en línea de evangelio [6]. Leer más…
Comentarios desactivados en “Mi Pastor es el Señor”, por Juan Masiá SJ
De su blog Vivir y pensar en la frontera:
Yo soy Puerta, Puente y Palabra
| Juan Masiá SJ
¿Por quién vota el evangelista Juan y el profeta Ezequiel? Escuchemos los ecos de la Palabra inspirada. El Señor dice al pueblo: sabed quién soy yo como Pastor
Yo soy el Pastor ideal (en griego, enfatizado, ho poimén ho kalós, el pastor por excelencia, kalós!, modelo de pastor)
Yo soy el verdadero Pastor, soy el verdadero Guía (en la Biblia, “Rey-Pastor”) , soy el Camino para mi pueblo.
Yo soy el verdadero Evangelizador del Reinado de Dios (en la Biblia, “Profeta”), soy la Luz para mi pueblo
Yo soy el verdadero Mediador (en la Biblia, “Sacerdote o Puente” de Bendición) entre Dios y su pueblo
El pueblo responde al Señor:
Mi Pastor es el Señor . El Señor es el que es mi pastor y mi Camino (mi pastor no es el rey ni el Presidente de mi nación, sino el Señor; no es el jefe de mi tribu, sino el Señor)
Mi Evangelizador es el Señor. El Señor es el que es mi Evangelizador y mi Luz (no es mi profeta preferido, sino el Señor; no es mi orador mediático más seguido, sino el Señor)
Mi Mediador de Bendición y Vida es el Señor (no es “mi obispo papable preferido”, sino el Señor)
El Pastor aclara su relación con las ovejas:
“mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen, les doy vida definitiva, nadie las arrancará de mi mano (Jn 10, 27-29), yo, que soy el modelo de pastor, conozco íntimamente a mis ovejas y ellas me conocen íntimamente a mí, igual que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre; por eso me entrego yo mismo por las ovejas” (Jn 10, 14-15), mis ovejas están llamadas a participar de la única mediación entre el Padre y el pueblo, es decir, el “sacerdocio común de los/as fieles como participación en el único sacerdocio de Cristo (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 10; 2 Tim 2, 5; 1 Pe 2, 9-10).
El Pastor aclara su relación con el Origen de las ovejas:
“El Padre y yo somos uno. El Padre me ha entregado y encargado las ovejas, lo que me ha entregado mi Padre es lo que más importa, nadie puede arrancar nada de la mano del Padre” (Jn 10, 27-30).
Hasta aquí, las palabras del Evangelio que animan al pueblo a dar gracias al Padre por el don del Buen Pastor.
A continuación, el profeta Ezequiel pone en boca del Señor palabras duras contra los “pastores” corruptos o mentirosos o abusadores:
¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!… No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas, no recogéis las descarriadas, ni buscáis las perdidas y maltratáis brutalmente a las fuertes…Me voy a enfrentar con los pastores: les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas para que dejen de apacentarse a sí mismos… Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear—oráculo del Señor” (Ezequiel, 34).
Confortada, al mismo tiempo que estimulada, por el contraste de estas Palabras de Vida, en Juan 10 y Ezequiel 34, la comunidad eclesial extendida por el mundo entero, implora la venida del Espíritu sobre el Cónclave mientras entona sacramentalmente el salmo 22 (23):
Mi Pastor es el Señor (el Único Mediador)
Me guía por el sendero justo (luz del Camino)
Me conduce hacia fuentes tranquilas (agua de Vida)
Prepara una mesa ante mi y mi copa rebosa (Pan y vino de Pascua)
Y desde el Más Acá y Más Allá, donde ya descansa en el seno de la Vida de la vida, nuestro añorado Francisco repite, tras cada estrofa, la antífona de su sueño:
“Sueño con una iglesia que hable más de la Palabra de Dios y menos del Papa; que hable más de gracia y menos de ley; que hable más de Jesucristo y menos de sí misma (Evangelii gaudium n. 38)
Comentarios desactivados en “En juego nuestro ser cristiano”, por Gabriel María Otalora.
De su blog Punto de Encuentro:
| Gabriel Mª Otalora
¿Seguirán las reformas que impulsó Francisco? ¿Volverá el bloque más inmovilista a tomar el control de la institución eclesial? Esto no es un tema principalmente de derechas o izquierdas, y sí lo es vivir el Mensaje de Jesús en el día a día, sin dejarse llevar por la tilde de la Ley despojada de la compasión y misericordia.
El Evangelio no es una ideología que se debe encasillar en las opciones políticas de uno u otro signo. De hecho, la Buena Noticia no está contra ellas por ser ideologías, pues ambos -religión e idiología- asumen la existencia de creencias. Lo que les diferencia es lo que uno cree en el contexto meramente terrenal, y lo que no cree desde lo terrenal en lo trascendente. Si la religión se convierte en una ideología es muy fácil acabar siendo fundamentalista.
Izquierda o Derecha no es lo que absolutiza la religión, en este caso la cristiana. Desde la Revolución Francesa ha ido cambiando el significado de “izquierda” y “derecha”. Ya en el siglo XX, la izquierda ha sido totalitaria (Unión Soviética, China…), donde primaba que “demasiada gente es socialista porque odian al rico en lugar de amar al pobre” (A. S. Neil). Ahora exista otra izquierda con un signo actual más solidario, menos impositivo ni reaccionario, que es en lo que se esfuerzan en mostrarse los partidos de izquierda en la Unión Europea. En cuanto a la derecha, hay un amplio espectro de conservadores y liberales con acentos lo suficientemente dispares como para ver que no existe una única derecha, para mal o para bien.
Jesús no fue de izquierda ni de derecha, es decir, condicionado por una determinada ideología política. Insistir en lo contrario da lugar a interpretar las Escrituras de manera sesgada por opiniones personales que interpretan la realidad y la religión de parte y por encima de lo que el texto, en su contexto, está diciendo (eiségesis). Cristo no es exclusivo de nadie, es de todos y para todos, porque el Amor con mayúscula y sin exclusiones no es una opción partidista.
Hay y habrá siempre cristianos de diferentes espectros políticos. Todos podemos ver semillas y destellos de la Verdad, pero con oscuridades que cuestionan la humildad en el camino, pues de lo contrario no tendría sentido la fe, ni la esperanza, tan ligadas ambas. Por supuesto que la ideología de izquierdas como la de derechas tienen políticas que apuntan a la verdad a través de su trabajo por el bien común… cuando van en esta dirección. Pero una persona cristiana se debe a su fe desde la base del servicio y con el amor de fondo lo que le informe de cómo acercarse a la política, no es la política la que informe cómo hacer norma de fe. La experiencia nos dice que ha habido quien lo ha logrado, y no han sido pocos.
En lo que debemos unirnos los católicos en este momento crucial con el nuevo papado a la vista es la defensa del Evangelio con hechos, encarnado en quienes sufren desamor o desesperanza, o rechazar a quienes intentan socavar la Buena Noticia desde fuera y desde dentro. Las injusticias y el abuso de los más vulnerables, no importa de qué lado del espectro se perpetren, son signos para la liberación también desde el Evangelio.
Se trata de los criterios que usamos para actuar. Por ejemplo, la promoción del bien común en todas sus formas, pero sobre todo con acogida sind¡cera desde el corazón. Eso de no meterse en política apelando a la religión es una vía de escape, porque una cosa es participar de una tendencia política, y otra denunciar las injusticias o defender al débil frente al abusador. Jesús de Nazaret no tomó partido por opciones políticas, pero denunció las injusticias y se involucró en sanarlas, y por eso le asesinaron de la peor manera posible.
Francisco ha tenido que morirse para concitar la presencia de dirigentes y fieles de derechas y de izquierdas… y casi todos ponderando su esfuerzo por liderar desde el servicio, el amor y la misericordia con todos. Ha sembrado más que lo cosechado, como corresponde a cualquier misión que merezca la pena. Nadie es tan puro como para excluir al de al lado… Ahí está nuestro principal pecado en la Iglesia. Todo hemos de evolucionar para encontrarnos, y por eso Francisco ha puesto en marcha la sinodalidad. Si nos quedamos con esto, iremos bien. Espero que el nuevo Papa vaya también en esta dirección y nosotros le sigamos. Está en juego nuestro ser cristiano.
Comentarios desactivados en ¿Cómo reparar las relaciones que se rompen cuando sales del armario?
La publicación de hoy es de Ariell Watson Simon, colaboradora de Bondings 2.0, cuya breve biografía y publicaciones anteriores se pueden encontrar aquí.
La lectura del evangelio de hoy cuenta la historia de dos amigos que vuelven a encontrarse después de una traición. La reconciliación de Jesús y Pedro ofrece esperanza para la restauración de nuestras propias relaciones.
La Pasión y la Resurrección fueron, en muchos sentidos, la “salida del armario” pública de Jesús. Piénsenlo: ya les había contado la verdad sobre sí mismo a sus amigos cercanos, pero lo había hecho con cautela, en sus propios términos y a menudo en un lenguaje codificado. De repente, su identidad empezó a ser debatida públicamente. Cuando Pilato le preguntó si los rumores eran ciertos, no los negó. Y así, la verdad más personal de Jesús fue llevada a la corte de la opinión pública y convertida en blanco de bromas. ¿Te suena familiar esto? “Salir del armario” no es algo nuevo; Se aprovecha de la prensa sensacionalista o de las redes sociales. Jesús conoció de primera mano el dolor de que las verdades personales fueran expuestas al ridículo público.
Jesús encontró consuelo en las pocas personas que estuvieron a su lado y que fueron verdaderos aliados cuando más los necesitaba. Pero no todos los que amaron a Jesús aceptaron el desafío de la alianza. Pedro, que se enorgullecía de ser el partidario número uno de Jesús, se distanció cuando la opinión popular se agrió. Eligió la autoprotección en lugar de la solidaridad.
Cuando leo sobre la traición de Pedro a Jesús, pienso en los seres queridos que desaparecieron de mi vida cuando salí del clóset. Algunos eran amigos jurados de toda la vida que reaccionaron mal. Otros me expresaron su apoyo en privado, pero se distanciaron públicamente porque tenían miedo de cómo su asociación conmigo podría afectar su reputación.
Si soy sincera conmigo misma, yo también he sido traidora. Como persona cisgénero, me resulta muy fácil pasar por alto los titulares sobre la transfobia. El miedo me dice que mantenga la cabeza baja y me proteja, en lugar de solidarizarme con mis hermanos trans. Tal vez Pedro estaba pensando: «De todos modos no puedo salvar a Jesús, así que mejor me salvo a mí mismo«. Cuando los derechos LGBTQ+ se ven atacados, es tentador decir, como lo hizo Pedro: «No estoy con [ellos], ni siquiera los conozco«.
Sospecho que cada uno de nosotros ha sido traidor y cada uno de nosotros ha sido traicionado. ¿Cómo Jesús, que predicaba el perdón, reconstruyó su amistad rota? Jesús no pasa por alto la traición de Pedro ni lo deja libre de culpa. Plantea preguntas difíciles y pide pruebas del cambio de actitud de Pedro.
Probablemente Jesús ya había perdonado a Pedro, pero deja claro que la confianza debe ganarse. Entonces le pide a Pedro tres veces que afirme su amor: una por cada una de las negaciones originales. También pregunta: «¿Me amas más que estos?» Aunque existe un debate académico de larga data sobre el significado de esta pregunta, creo que lo más probable es que Jesús esté preguntando: «¿Me amas más de lo que amas estas otras cosas, como la comodidad, la seguridad y la estabilidad, las cosas que te llevaron a negarme antes?» Y cuando Pedro afirma con firmeza su amor, Jesús le responde diciéndole cómo demostrarlo: «Apacienta mis ovejas». Ambos saben que hablar es barato. El verdadero amor se demuestra a través de acciones. «Si me amáis, haced algo al respecto», parece decir Jesús.
El Evangelio de hoy es sólo el comienzo de este proceso de reconciliación. Pase una o dos páginas más adelante, al libro de los Hechos, para leer el resto de la historia: Pedro demuestra su amor por Jesús como un testigo valiente ante toda Jerusalén y como un líder sabio de la comunidad cristiana.
Si vamos a reconstruir relaciones después de una traición, llevará tiempo. Tal vez deberíamos adoptar el modelo de Jesús como regla general: por cada negación, será necesaria al menos una afirmación, respaldada por acciones, para restablecer la confianza. Sin embargo, si la persona en el lugar de Pedro no asume la responsabilidad por el daño que ha causado, no ha experimentado un cambio de corazón o no está dispuesta a cambiar su postura con valentía y públicamente, entonces este tipo de reconciliación es imposible.
¿Pero qué pasa con aquellas personas en nuestras vidas que quieren hacerlo mejor? ¿Qué aliados potenciales podríamos estar manteniendo a distancia debido a cosas que hicieron o dijeron años atrás, antes de experimentar una conversión de corazón? Seguramente Jesús habría estado justificado al eliminar a Pedro de su vida. Su historia podría haber terminado allí.
El autor Tamim Ansary, en sus memorias ‘West of Kabul, East of New York‘ (Al oeste de Kabul, al este de Nueva York), reflexiona: «Incluso el pasado puede cambiar, dependiendo de lo que suceda después, o al menos el significado del pasado puede cambiar, que es lo que cuenta. Las amistades rotas pueden resultar eternas».
De hecho, lo que ocurrió entre Jesús y Pedro en la orilla aquella mañana cambió el significado de su pasado. Hoy recordamos a Pedro como Apóstol, roca de la Iglesia, fiel a Jesús hasta la muerte como mártir. A la luz del resto de la historia, la traición de Pedro es una mera nota al pie de su legado.
Afortunadamente, Jesús vio en Pedro más que su traición cobarde. Afortunadamente, Dios ve más en todos nosotros. Ojalá tengamos la imaginación, el coraje y la confianza para verlo en los demás.
—Ariell Watson Simon, Ministerio Nuevos Caminos, 4 de mayo de 2025
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes